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Y LA DEPRESIÓN ENTRE LOS

CRISTIANOS ¿QUÉ?

Isidro Galindo Ortega


COMUNIDAD CRISTIANA DE MÉXICO

Agosto, 2004
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Índice general

1. Introducción 5

2. El éxito de la gente de Dios 7

3. El fracaso de la gente de Dios 11

4. El origen del problema 15

5. Dios se muestra en medio del problema 17

6. La estrategia del enemigo y la de Dios 21

7. Capacidad de meditar 25

8. Ya no más vulnerable 31

9. Unción que protege 41

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4 ÍNDICE GENERAL
Capítulo 1

Introducción

Hace un tiempo me tocó visitar una congregación. Cuando el Señor me permi-


tía estar con ellos, los pastores generalmente buscaban que me acomodara en un
hotel, pero yo trataba de quedarme en la casa de una familia particular, y la razón
por la que me gustaba hospedarme allí era que en esa casa había un avivamiento.
Esa familia era muy entusiasta en las cosas del Señor. No sé si puedes imaginárte-
lo, pero estar allí era entrar en una atmósfera positiva, de fe. Se podía sentir que el
viento de Dios se movía, y allí se respiraba frescura y libertad. Porque el Espíritu
de Dios estaba allí, si llegabas a esa casa preocupado, con pensamientos incorrec-
tos, o desanimado, todo ese estado era transformado inmediatamente en uno de fe,
de confianza, de esperanza, de ánimo, y de respuesta por parte del Señor a todos
tus problemas. Así me pasaba a mí cuando llegaba a ese hogar.
No volví a visitar ese lugar por un espacio de más o menos un año y medio, pe-
ro cuando regresé, le pedí al pastor que me hospedara nuevamente en esa casa. Él
entonces me dijo: “qué bueno que me pides quedarte en esa casa, porque fíjate que
no sé lo que le está pasando a esta familia. La esposa está con dolores tremendos
de migraña; el esposo con fuertes problemas, creo que es úlcera, o inflamaciones
intestinales; a la hija mayor la están tratando porque al parecer tiene una afección
en el cerebro, y su hijo está involucrándose con pandillas y con drogas y con otra
serie de cosas semejantes”.
Para mí esa fue una noticia muy impactante: ver un cambio tan tremendo en
una familia de personas llenas del Señor, para encontrar ahora una familia opri-
mida, lastimada, enferma y con problemas económicos. Estuve orando, porque
amaba a esta familia que había conocido varios años antes y ahora Dios la ponía
en mi corazón para estar intercediendo por ellos.
Una ocasión, mientras estaba en otro lugar, al levantarme por la mañana, vino

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6 CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN

a mí la imagen de esa familia y luego vino a mí una palabra del Señor que me
decía: “estudia 1o Reyes 18 y 19 y allí vas a encontrar respuestas”. La historia
que allí se narra empieza en el capítulo 18, y habla acerca del pueblo de Israel y
del profeta Elías. A través de este pasaje, sin embargo, Dios me llevó a entender
lo que estaba pasando en esta familia. Adicionalmente, la respuesta que Dios me
estaba dando no sólo se refería a lo que estaba pasando con ellos, sino que me
explicaba por qué existen personas que están hasta arriba en las cosas del Señor
y de repente las encuentras hasta abajo, y por qué hay personas que están en un
éxito tremendo en cuanto a sanidad, libertad y gozo en el Señor, y de repente las
encuentras en medio del fracaso, y en un desánimo total.
Capítulo 2

El éxito de la gente de Dios

En el capítulo 18 del primer libro de Reyes, se nos habla del culto a Baal, un
ídolo en los tiempos de Elías, y de cómo este culto se había extendido al punto de
que había una multitud de sacerdotes dedicados a él. A partir del versículo 20, la
Escritura nos habla de cómo Elías desafió a los seguidores de este culto, al pueblo
en general y al rey de Israel, diciéndoles: decídanse: ¿en quién van a creer en
Baal o en Jehová?, y añadió: vamos a ver quién es Dios. Entonces llamó a los
cuatrocientos profetas de Baal, y dice la Escritura que además mandó traer dos
becerros y les dijo: si Baal es dios, hagan que caiga fuego del cielo sobre este
sacrificio, y si Jehová es Dios, yo voy a orar para que caiga fuego del cielo y
consuma el holocausto; no vamos a prender fuego. Si Baal es dios, que él envíe
fuego del cielo y si Jehová es Dios, que él envíe fuego del cielo. ¡Cuál sería la
sorpresa para todos de que, a pesar de que los profetas de Baal hicieron todo lo
que podían o lo que sabían hacer, no pasó nada! Llegó entonces el turno de Elías, y
el versículo 37, nos dice que él dijo: respóndeme, oh Jehová, para que este pueblo
conozca que tú, oh Jehová, eres Dios y que tú haces volver el corazón de ellos.
Yo nada más quiero que tú pienses esto: Están reunidos cuatrocientos profetas
de Baal junto con un pueblo lleno de ídolos, hombres y mujeres que adoraban al
dios Baal, y de repente se para un hombrecito; él solo, y les reta diciéndoles: les
voy a demostrar que mi Dios es el verdadero Dios. Un desafío total. Analiza esta
historia y observa si es tan sencillo para una persona presentar un reto semejante.
Yo creo que vas a llegar a la conclusión de que no. Bueno, pues Elías lo hizo.
Él se sentía solo, y aparentemente estaba solo. Pero él ora y dice: respóndeme, oh
Jehová, respóndeme para que este pueblo reconozca que tú, oh Jehová, eres Dios y
que tú haces volver el corazón de ellos, y en el v. 38 dice que: entonces cayó fuego
de Jehová y consumió el holocausto, la leña, las piedras, el polvo; lamió el agua

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8 CAPÍTULO 2. EL ÉXITO DE LA GENTE DE DIOS

(a) hombre carnal (b) creyente (c) ocultista

Figura 2.1: La cabeza en distintas personas

que estaba en la zanja, y al verlo toda la gente, se postraron sobre sus rostros.
¡Toda la gente! ¿Cuántos nos dice aquí que se postraron sobre sus rostros? Toda
la gente. Y toda esta gente exclamó: ¡Jehová es Dios, Jehová es Dios! Entonces,
dice la Palabra que Elías dijo: qué no escape ninguno. Los prendieron, y Elías los
hizo descender al arroyo de Cizón, y allí los degolló.
Entendamos a fondo qué fue lo que pasó allí. Vamos a Efesios 1:22. Ahí dice
que a Jesús lo puso por cabeza por sobre todas las cosas para la iglesia, la cual es
su cuerpo. Cuando tú no conoces a Dios, y no hay influencia espiritual de ningún
tipo en ti, estás de la manera que se muestra en la Fig. 1(a). Esto es, cuando eres
carnal, cuando no eres espiritual de ningún lado. Ahora, cuando eres espiritual,
de cualquier lado, aparece una cabeza y eres semejante a lo que se muestra en la
Fig. 1(b) o la Fig. 1(c). En la Fig. 1(b) representamos a un creyente y la cruz aquí
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simboliza a Jesucristo. Entonces, siguiendo lo que me dice la Escritura, cuando


conocemos a Jesucristo ¿dónde está la cabeza? Pues es Jesucristo, y hay una li-
gadura de fe para que esto se establezca. Ahora, lo mismo pasa en personas que
se dedican al satanismo, a prácticas espirituales de ídolos, de brujería, de hechi-
cería. Tal como lo estamos representando en la Fig. 1(c), con estas personas pasa
lo mismo. Entonces, ¿quién era la cabeza para estos profetas de Baal? Pues Baal
mismo, y ¿quién está atrás de Baal? Un demonio, ¿quién era realmente entonces
la cabeza de ellos? Un demonio. Entonces, ¿a través de quién pensaban ellos?, ¿a
través de quién respiraban ellos?, y ¿a través de quién comían ellos? Pues de un
demonio. Entonces, ¿qué pasa cuando les cortan la cabeza? Toda esa dependencia
de y creencia en Baal, y del demonio que está detras de él, es cortada; todo ese
servicio a los demonios es quebrantado, es roto. Toda la relación con esos ídolos
y con el diablo, y con esos profetas, había sido destruida.
10 CAPÍTULO 2. EL ÉXITO DE LA GENTE DE DIOS
Capítulo 3

El fracaso de la gente de Dios

El hombre o la mujer de Dios pueden llegar a ser muy suceptibles a las amena-
zas externas. Veamos esto en el caso de Elías y para ello, regresemos a 1o Reyes
19:1 que nos dice: Acab informó a Jezabel de todo lo que Elías había hecho y
de cómo había matado a espada a los profetas. ¿Quiénes eran Acab y Jezabel?
Eran el rey de Israel y su esposa. ¿Cómo era Acab? Era un pusilánime, y su mujer
era completamente dominante. Entonces cuando le dicen a Jezabel: “Oye, ve lo
que hizo Elías: ¡ya te acabó tu negocio!”, se nos dice en el v. 2 que ella mando
un mensajero a decirle a Elías que así me hagan los dioses y aun me añadan si
mañana a estas horas yo no he hecho tu vida como la vida de uno de ellos.
¿Qué representa Elías en el Antiguo Testamento?, ¿en dónde estaba el Espíritu
Santo en ese momento en el Antiguo Testamento? No estaba en el pueblo de
Israel, porque la sangre de Jesucristo no había sido derramada aún. ¿En dónde
estaba entonces el Espíritu Santo? Pues en el profeta. ¿Quién era la iglesia en ese
momento? Era Elías; en el Antiguo Testamento el profeta representaba a la iglesia.
Entonces, en ese momento, ¿quién era la cabeza de Elías? Era Cristo, y ¿cuál era
realmente la amenaza de Jezabel? Su amenaza era: “Te voy a cortar tu fe de Cristo,
ya no te vas a poder alimentar de Cristo, te vas a desanimar de Cristo, Él ya no va
alimentar tus emociones, ya no vas a estar recibiendo la Palabra de Cristo: ¡te voy
a cortar la cabeza!”.
Cuando a una persona le cortan la cabeza su cuerpo muere. ¿De qué muere?
De sed, de hambre, de carencia de oxígeno. Es decir, si a un creyente le cortan
la fe y lo separan de Cristo, lo que le va a pasar es que ya no habrá alimento,
oxígeno, agua de vida, aire del cielo, atmósfera celestial, palabra de Dios, pan de
vida, dirección, y autoridad. Ya no habrá autoridad en contra del enemigo.
Observa lo que pasó una vez que se profirió esta amenaza. Dice el v. 3 que

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12 CAPÍTULO 3. EL FRACASO DE LA GENTE DE DIOS

Elías tuvo miedo y se levantó y huyó para salvar su vida. Quiero preguntarte: ¿es
lógico que un hombre como Elías esté experimentando miedo?, ¿es lógico que
un hombre que desafió a una nación entera ahora tenga miedo? ¿Sabes lo que
pasó? Que realmente le cortaron la cabeza. Él ya no está buscando la protección
de Dios. En vez de ello, lo que está buscando es salvar su propia vida; ahora él
está luchando por sí mismo.
Te voy a mostrar una escritura que te va a impactar, pero antes, reflexiona
sobre este v. 3 con mucho cuidado: entonces Elías tuvo miedo y se levanto pa-
ra salvar su vida. ¿Para qué huyó Elías? Para salvar su vida. Vamos ahora pues
a Mateo 16:25 donde encontramos que dice: porque el que quiere salvar su vi-
da la perderá. La palabra “vida” que encontramos aquí, en el original griego es
“psuché” que se traduce bien como “vida” o bien como “alma”. Entonces este ver-
sículo muy bien se podría traducir: porque el que quiere salvar su vida perderá su
alma. Pero, ¿qué es el alma? El alma es el conjunto de emociones, sentimientos,
pensamientos, voluntad, deseos, etc. Entonces, cuando alguien ha perdido su al-
ma, en realidad ha perdido el control de sí mismo. Esto es, lo empiezan a gobernar
pensamientos, emociones, y deseos fuera de control. Tiene sentimientos fuera de
control: de repente está alegre, y luego está triste, luego está contento, después
está reposado, luego está ansioso. Igual, pasa súbitamente de unos pensamientos
a otros: piensa que va a triunfar, y luego, que ya fracasó, quiere hacer esto, des-
pués ya no lo quiere: se para, se sienta, etc. ¿A quién le pasa eso?, ¿quién entra en
esa inestabilidad emocional? La persona que, desconectándose de Cristo, quiere
cuidar su vida por sí misma en lugar de ponerse en las manos del Señor.
Veamos en seguida lo que dice 1o Reyes 19:3: Entonces él tuvo miedo, y se
levantó y huyó para salvar su vida. Fíjate, cuando él buscó salvar su vida por sí
mismo, en realidad se cortó el cuello; se separó de Cristo. En el v. 4 dice: y él se
fue un día de camino por el desierto. Luego vino, se sentó debajo de un arbusto de
retama y ansiando morirse dijo: ¡Basta ya, oh Jehová! ¡Quítame la vida, porque
yo no soy mejor que mis padres! ¿Qué es lo que ansiaba Elías? Morirse. ¿Sabes
cómo se llama este estado emocional? Es la enfermedad moderna de la depresión.
Veamos cómo está actuando en ese momento la depresión en el caso de Elías.
Dice que Elías le dijo a Dios: ¡Ya basta Señor: Mátame!, ¡quítame la vida!. Un
cristiano con esa actitud, es una persona que está en algo terrible: por un lado tiene
una fuerte necesidad de resolver sus problemas, pero por otro lado, la otra parte
de su ser, la que ya está fuera de control, dice: “ya no quiero nada”. Un cristiano
que entra en este estado es uno que inconscientemente rechaza la bendición de
Dios. Ora anhelando la bendición de Dios, pero otra parte de él no la quiere. La
quiere, pero de repente ya siempre no. Una parte de él desea ser bendecido, pero
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otra parte de él no desea la bendición. Algunos síntomas prácticos de un cristiano


que está así son: (1) Por ejemplo, un problema fuerte de obesidad que se produce
por una forma de comer ansiosa. (2) Otras veces, estas gentes se convierten en
compradores compulsivos. (3) En otras ocasiones, una persona así pasa de un es-
tado de extremo gozo a un estado de tristeza extrema. (4) También una persona
afectada por este problema, puede pasar de un miedo terrible a una violencia tre-
menda. (5) Entre esta gente es común encontrar también alguna persona que de
repente le dice a alguien que le ama y al siguiente momento expresa su deseo de
matarle o hacerle daño. Claro, estos ejemplos te pueden parecer extremos. Pero,
también hay cristianos a los que les pasa esto: no sanan; las enfermedades se les
vuelven eternas. Los conflictos de relaciones aumentan muchísimo. Finalmente,
se vuelven personas a las que todo, absolutamente la mayoría de las cosas que
están al rededor de su vida, les duelen.
Relacionarte con una persona que está en depresión en un alto grado, es algo
muy difícil, porque casi seguramente cualquier cosa que digas o hagas le va a
ofender. Algo dijiste que ya le molestó. Algo hiciste que ya le hizo entrar en
crisis.
¿Por qué estamos hablando de esto? Porque Dios quiere que tú seas exitoso,
pero no puedes ser exitoso por ti mismo. Tienes que ser exitoso por Dios. ¡Hay
tanto trabajo, hay tantos proyectos en el ministerio, en el servicio a Dios, y en los
negocios que Dios ha preparado para ti! Por eso Dios quiere liberarte de esto.
Cuando una persona cae en un problema como el de Elías, de depresión, es
fácil que sea atrapada también por alguna adicción, porque las adicciones, aun-
que sea a la comida, a la cocacola, al alcohol, o a cualquier otra cosa, son una
forma de suicidio. En una parte de una persona en esta situación, quiere resolver
sus problemas, pero en otra, quiere hacerse daño. Eso se refleja también en las
relaciones familiares y de amigos cercanos. ¿Qué es lo que deseaba Elías cuando
se sentó debajo del arbusto? Morirse, y ¿qué fue lo que le dijo a Dios? Le dijo:
“¡Quítame la vida!”. ¿Recuerdas, cuando Jesús mencionó los dos mandamientos
que resumen a todos los demás? ¿Cuál es el segundo? Amarás a tu prójimo como
a ti mismo. Yo te pregunto: ¿una persona que le está pidiendo a Dios que le quite
la vida, cómo va a amar a su prójimo como a sí mismo? ¿Qué es lo que quiere para
sí mismo? Quiere matarse; quiere morir. ¿Qué supones entonces que es lo que va
a querer para su prójimo? ¿Te das cuenta entonces por qué a veces hay personas
tan violentas, tan sensibles, y tan conflictivas? Estas personas finalmente toleran
enfermedades: tienen muchos de estos síntomas que manifiestan la depresión: no
pueden dormir, no pueden descansar, etc.
14 CAPÍTULO 3. EL FRACASO DE LA GENTE DE DIOS
Capítulo 4

El origen del problema

Primeramente tenemos que entender dónde inicia la depresón. ¿Cuál es el ori-


gen de la depresión? Este padecimiento se origina en que seas separado de Cristo.
¿Cuál es la esencia de la depresión? Es eso: que te separen de Cristo. ¿Qué le
sucede a una persona a la que le separan de Cristo? Va a tratar de salvar su vida
por sí misma, y ¿qué es lo que le va a pasar al alma de esta persona? Se saldrá
fuera de control: sus emociones, sus sentimientos, sus deseos, y su futuro. ¿Có-
mo se vuelven sus relaciones? Se vuelven demasiado conflictivas. Consciente o
inconscientemente estará haciendo cosas para destruirse.
¿Cómo empezó esto en el caso que estamos examinando? Una vez que en-
tendamos cómo empezó, encontraremos cómo Dios lo resuelve. En el v. 1 del
capítulo 19 del primer libro de Reyes, se habla de Jezabel. Te voy a dar su defi-
nición muy práctica: ella era una bruja, una espiritista, y adoraba ídolos; esto es,
ella era una ocultista.
Vamos ahora a Apocalipsis 9:20: Los demás hombres que no fueron muertos
con estas plagas ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, para dejar
de adorar a los demonios. Hablemos de un chamuquillo cualquiera. ¿Tú crees
que él va a lograr que la gente le adore? No. Él tiene fama de malo, sanguinario,
canijo, hacedor de males; la gente no lo quiere. Lo que va a hacer entonces es
decirle al hombre: “mira hazte algo en lo que puedas poner tu confianza: tu mente,
tus relaciones, tus amistades, tu cónyuge, tu capacidad intelectual, tu fortaleza, tu
habilidad para algo”, y hay gente que tiene su confianza en su habilidad, en su
fuerza, en su capacidad intelectual, en su capacidad de defenderse, su esposo,
su esposa, sus amistades, su dinero, su coche; ahí está su confianza. Cuando el
diablo logra hacer que el hombre ponga su confianza en algo o en alguien, él
se esconde ahí para darle ciertos resultados. Pero, ¿qué es eso? El hombre se ha

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16 CAPÍTULO 4. EL ORIGEN DEL PROBLEMA

construido un ídolo. Fíjate lo que dice el pasaje de Apocalipsis: ni dejaron de


adorar a los demonios y a las imágenes de oro, y de plata, y de bronce, y de
piedra, y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni caminar. El problema es
que las personas que han levantado ídolos en su vida se vuelven sensibles a la voz,
inspiración y manipulación del que está atrás de esos ídolos.
Pensemos en una persona acostumbrada a los ídolos. Una que adora ídolos.
Por esa razón, esa persona es manipulada e inspirada de tiempo en tiempo por
demonios (ver Fig. 1(c)). Lo creas o no, eso pasa muy seguido. Jezabel representa
a una persona así. Ahora, ¿qué pasó con Elías? Le hizo caso a lo que salió de la
boca de Jezabel. ¿De dónde venía esa boca?, ¿por quién era manejada esa boca
en realidad? Por Satanás. ¿Por qué? porque Jezabel era adoradora de ídolos, su
voz era inspirada por Satanás. ¿Cuál fue el error que cometió Elías entonces? Oír,
poner atención a esa voz. ¿Por qué pudo pasar eso? Porque, desde su niñez Elías
creció rodeado por personas que estaban acostumbradas a esto, que platicaban
o jugaban con él en medio de ese ambiente de idolatría, y él les escuchaba y
convivía con ellos diariamente: su familia, sus amigos, sus vecinos, etc. Toma
nota, porque esta situación puede ser muy semejante a lo que pasa y ha pasado en
tu propia vida. Pregúntate por ejemplo, ¿qué pasa en tu oficina?, ¿qué pasa con
tus amistades? Muchas personas tienen prácticas de ese tipo y, quizá, muchas de
ellas son tus amistades. Pero también hay canciones, hay películas, hay revistas
con esta inspiración y, de la gente que te rodea hay mucha que va abriendo su oído
a este tipo de voces.
Capítulo 5

Dios se muestra en medio del


problema

Dios sabe perfectamente lo que nos acontece. Él sabe de este problema, y des-
de luego que tiene una respuesta para nosotros. ¿Cuál es la clave de su respuesta?
Que Dios restaurare totalmente el discernimiento para bloquear cualquier voz que
venga de personas manipuladas por adoración de ídolos o por prácticas de hechi-
cería o cualquier tipo de prácticas ocultistas explícitas o implícitas. ¿Qué necesito
hacer? En primer lugar, arrepentirme. Pero, fíjate ahora la respuesta que Dios nos
da en su Palabra, en el 1er. libro de Samuel capítulo 5. ¿Recuerdas que en el An-
tiguo Testamento Dios había hecho un pacto con Israel? El Señor les dijo: Yo voy
a ser tu Dios, Israel, y tú vas a ser mi pueblo. Ese pacto quedó en un arca, y en el
lugar en que se encontrara el arca ahí estaba la presencia de Dios, porque el arca
contenía un compromiso. ¿De quién era el compromiso? Era un compromiso de
Dios, y ¿qué decía ese compromiso? Decía: Yo soy tu Dios y tú eres mi pueblo. En
nuestro tiempo, ¿en dónde está esa arca? ¡En Jesucristo! Jesucristo tiene el pacto;
Él tiene el compromiso de Dios de ser mi Dios y de que yo sea su pueblo. En 1o
Samuel 5, se nos dice que el arca había sido robada de Israel y que los filisteos
la llevaron consigo. Observa el v. 2. Los filisteos tomaron el arca de Dios y la
introdujeron en el templo de Dagón, y la pusieron junto a Dagón. ¿Quién era este
Dagón? Era el dios de los filisteos. Era un ídolo. Cuando en ese templo se introdu-
jo el arca, en el v. 3, se nos dice que cuando los de Asdod se levantaron temprano
al día siguiente, he aquí que Dagón estaba caído en tierra sobre su rostro, frente
al arca de Jehová. Entonces tomaron a Dagón y lo pusieron otra vez en su sitio.
El v. 4 agrega: Pero al levantarse temprano al día siguiente, he aquí que Dagón
estaba caído en tierra sobre su rostro, frente al arca de Jehová; y la cabeza y

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18 CAPÍTULO 5. DIOS SE MUESTRA EN MEDIO DEL PROBLEMA

las manos de Dagón estaban cortadas, sobre el umbral. Sólo el tronco le había
quedado a Dagón. ¿Qué me enseña esta escritura a mí? Me muestra el poder del
pacto que tenemos con Dios a través de Jesucristo, donde yo lo tomo a Él como el
que me establece en una relación de pacto con Dios. Igual que en el caso del arca
capturada por los filisteos, cuando yo coloco a Jesucristo en las distintas áreas de
mi vida, Él viene y derriba los ídolos y limpia cada lugar en el que yo le he puesto.
Entonces, algo tienes que hacer para aplicar todo esto. Antes que nada, define,
entiende tu pacto con Dios. Establécete en una correcta relación de pacto con Dios.
Cualquier persona que tiene depresiones tiene que revisar su relación con Dios.
Tiene que entrar en pacto con Dios. Tiene que tomar a Jesucristo y darle el lugar
que le corresponde en su mente, en sus emociones, en sus deseos y en su corazón.
Medita hoy en el impacto que se produce cuando Jesucristo es invitado, es traído,
y es introducido en un área de tu vida donde no le has dado oportunidad de ser el
Señor. Un día invitamos a Jesucristo y le dijimos “Señor entra a mi corazón”. Sin
embargo, una vez que ha entrado a menudo no le hemos dejado ser Señor de la
mente, de las emociones, de los sentimientos, de mis acciones, de mis relaciones,
en mi dinero y de mi cuerpo. Pero cuando yo le pido a Jesucristo que sea Señor de
mi cuerpo y le introduzco en esa parte de mi cuerpo que no le he dado oportunidad
de tocar, o le doy oportunidad al Señor o le pido que venga a esa área de mi vida
emocional, o sentimental, o de relaciones donde Él no es el Señor todavía, algo
pasa. Fíjate bien, dónde Jesucristo entra, quebranta la idolatría y limpia el lugar,
corta las manos, corta la cabeza. Por lo tanto, ya no hay más voz, ya no hay más
manipulación, ni más acciones, ni más andar al estilo de las inspiraciones de la
idolatría social que se mueve donde nosotros estamos.
Hay un impacto que, desde hoy, por lo que se nos ha revelado en la Escritura,
creemos que Jesucristo va a producir en el lugar donde lo establezcamos como
Señor.
¿Cuántas personas están habituadas a esos estilos de vivir, porque en el pa-
sado practicaron la hechicería? ¿Cuántos, en sus tiempos pasados consultaron
psíquicos, consultaron espiritistas, o tuvieron amistad con personas involucradas
en espiritismo, o en brujería? Posiblemente muchas de estas personas fueron tus
amigos; muchos de ellos íntimos amigos. ¿Cuántos de nosotros en el pasado es-
tuvimos habituados a este tipo de relaciones y a este tipo de influencias? Pero aún
más, ¿cuántos de nosotros hemos estado sujetos a la sutil influencia, aparentemen-
te inofensiva, de la televisión, del cine, de revistas, del Internet o los periódicos,
inbuidos en este tipo de mentalidad? Ahora hemos conocido al Señor, ahora Él
nos ha limpiado y ha venido a hacernos suyos. Sin embargo, ha pasado que pro-
bablemente nosotros no le hemos dejado tocar áreas de nuestra vida para que sea
19

Señor y establezca esa área en pacto con Dios. Cuando una área de mi vida, por
el señorío de Jesucristo, por la salvación que trae viniendo Jesús, es establecida
por Él en pacto con Dios, entonces toda influencia y toda manipulación producida
por el chamuquillo que anda por ahí, es quebrantada. Porque si algunas personas
se acercan y de alguna manera manipulan la información, como lo hizo Jezabel
con Elías, ya no podrán influir en mí. ¡Ya no lo podrán hacer! Porque Jesucristo
le ha cortado la cabeza, le ha cortado las manos y le ha cortado los pies a todo ese
ambiente espiritual maligno.
Recordemos además una escritura: Sin santidad nadie verá al Señor (Hebreos
12:14). ¿Qué es santidad? La santidad es pureza. Esto es, no mezclas: no mezclas
en mi mente, no mezclas en mis sentimientos. Resulta que, cuando en mi vida se
establece la santidad, yo puedo ver con claridad: lo que Dios dice; lo que Dios
hace, porque sin santidad nadie verá al Señor, pero con santidad mi visión de
lo que Dios es, mi visión de lo que Dios hace se restaura y me puedo mover
con Dios y puedo hacer a un lado lo que no es de Dios. Hoy le digo a Dios que
quiero que, desde este día, mi vida, cada área de mi pensamiento, cada área de
mis sentimientos, cada área de mi corazón y cada área de mis acciones, entre en
pacto con Dios y sea limpiada por la grandeza de su presencia y sea imbuida en
santidad. ¿Quieres tú también esto para ti?
¡Para mí es impresionante ver a Dios tan grande! Llegó y destruyó. Llegó y
dijo: “diablo, aquí nada más cabe uno, y ese, el que se queda, soy Yo”.
Este es el tiempo cuando Dios está diciéndole a los Elías de hoy: “Elías, ¿qué
haces allí? Sal de ahí. Quiero usar tu vida. ¡Vamos a transformar al mundo! ¡Elías
que estás haciendo allí metido en esa cueva si tienes un Dios tan poderoso!”.
¡Si tengo un Dios tan poderoso, un Dios tan grande como el Señor, no voy a
estar allí deprimido tratando de salvar mi vida por mí mismo, con emociones fuera
de control, con pensamientos fuera de control, con actitudes, adicciones, gustos y
relaciones fuera de control porque he perdido mi alma! ¡No! ¡La recupero! Resta-
blezco, reconozco, y por la sangre del pacto, me coloco en ese pacto nuevamente.
En cada área de mi vida: mente, oídos, ojos, manos, sentimientos. Los recupero:
“Sentimientos, hoy Jesucristo, el arca de Dios es introducida en ti. Emociones,
hoy, Jesucristo, el arca, el pacto, el compromiso de Dios para ti, emociones, es
restaurado. Mente, hoy, Jesucristo, el arca de Dios, el compromiso de Dios de ser
tu Dios, mente, de ser tu Dios; cuerpo, de ser tu Dios; manos, de ser tu Dios, es
restaurado, por la sangre del pacto y por mi decisión de que Jesucristo sea intro-
ducido en todas las áreas de mi vida donde yo no lo había dejado entrar, hoy lo
introduzco. ¡Hoy lo introduzco! Y aunque yo haya sido como un filisteo y haya
andado como un filisteo, adorando a otros dioses en el pasado, hoy Jesucristo es
20 CAPÍTULO 5. DIOS SE MUESTRA EN MEDIO DEL PROBLEMA

introducido en el templo y todo lo que es contrario cae en el nombre de Jesús a


partir de hoy. Mañana yo veré mi vida sin ídolos, sin confusión, sin mezclas, sin
voces extrañas. Veré mi vida en orden y al diablo caído debajo de mis pies en el
nombre de Jesús”.
¡Jesucristo trayendo la presencia de Dios en plenitud en tus emociones! No nos
creamos tan santos del pasado. Nos hemos habituado a los ídolos. Hemos hecho
cosas que ni te imaginas. Hemos tocado cosas que ni te imaginas. Nos hemos
ensuciado en el pasado como ni tenemos idea. A veces a través de amistades, de
películas, de música, nos hemos estado habituando a los ídolos. ¡Pero hoy es un
nuevo día en Cristo Jesús!
El impacto de su santidad hoy es grande. La santidad de Él viene arrasadora,
imponente, impactante. Él ha decidido hoy limpiarte; restaurar la pureza para que
tú puedas ver, porque sin santidad nadie verá al Señor.
Hoy está entrando el pacto, Cristo, el arca, con su gloria, con la presencia de
Dios, en áreas en las que no había entrado; allí está entrando, porque tú le diste
permiso. Tú le dijiste “soy totalmente tuyo”, y Él dijo: “eres mío”, y Él añadió:
“hoy restauro la pureza en tu vida”. Dios entra y se manifiesta como Dios y Señor
en tu mente. Dios entra y se hace Dios de tu sexualidad, por ejemplo. No quiere
Dagones, no quiere mezclas.
¡La depresión muere en el nombre de Jesús!. Pero no es que se fue solamente,
sino que murió totalmente ¡En el nombre poderoso de Jesús! Amén.
Capítulo 6

La estrategia del enemigo y la de


Dios

¿Cómo es posible que un hombre como Elías, tan poderosamente usado por
Dios, con un ministerio tan impresionante, que hizo volver el corazón de toda
una nación al Señor cuando toda ella estaba involucrada en la idolatría, cómo es
posible que él cayera en tal depresión? Introducimos otra vez este tema, porque
en las siguientes secciones veremos otro ángulo del problema que plantea.
La forma que utilizó Elías para hacer volver el corazón de esa nación hacia el
Señor, fue a través de hacer descender fuego del cielo. Eso es porque él tenía una
palabra poderosa que era confirmada por Dios, en este caso, enviando fuego del
cielo. Dice la Escritura que el fuego de Dios, alumbra, y libera; pero el fuego de
Dios también alimenta y da calor. En lo que estamos revisando, algo muy impor-
tante es que este fuego de Dios hizo volver la nación entera al Señor. La Escritura
dice que cuando venimos al Señor se da una relación entre Cristo y nosotros. Es
una relación de ser injertados en la vida misma de Jesús y en donde Él es la ca-
beza y nosotros somos el cuerpo. Ese injerto, que se da en la presencia de Dios,
le sucedió al profeta Elías de tal manera que él podía disfrutar de aire espiritual,
de alimento espiritual, de visión espiritual, y de audición espiritual. Esa cabeza,
que es Jesús mismo, hace que la iglesia participe del cielo, y, en este caso Elías
participaba de todo esto. ¿Por qué digo esto? Bueno, preguntémonos: ¿dónde está
la cabeza?, es decir, ¿dónde está Cristo ahora? Él está en el cielo. ¿Qué es lo que
está viendo el Señor Jesús en el cielo? Todo lo que Dios hace. ¿Qué es lo que
Él respira en el cielo? Él respira atmósfera del reino de Dios. ¿Qué es lo que él
come en el cielo? Todo lo que el Padre le da, y todo eso nos lo imparte a través
del injerto que se produjo al hacernos su cuerpo, mientras que Él es la cabeza. Eso

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22 CAPÍTULO 6. LA ESTRATEGIA DEL ENEMIGO Y LA DE DIOS

nos mantiene poderosos, nos mantiene en fe, y nos hace personas que creen lo que
Dios dice, esto es, lo que está en su Palabra. Ahora bien, ¿cuál fue el problema
que tuvo Elías? Le cortaron la cabeza. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que
le separaron de Cristo. Cuando le separan de Cristo, él entra en una visión huma-
na; en un intento humano de salvar su vida de los peligros del ministerio y eso
le hace atravesar por una depresión cuando pierde el control de sus emociones, el
control de sus pensamientos, y el control de sus deseos. Y todo se da porque Elías
quiso salvar su vida al desconectarse de Cristo. Es decir, él intenta humanamente
salvar su vida, pero dice la Palabra que el que quiere salvar su vida perderá su
alma ¿Qué es alma? Entre otras cosas: emociones. Por otra parte, ¿qué es una de-
presión? Es emociones, sentimientos, pensamientos, actitudes, y conductas fuera
del control de Jesús, pero en cambio controladas o manipuladas por el contexto
de una atmósfera llena de tinieblas. Una atmósfera que nos hace percibir, que nos
hace sentir, y que nos hace analizar las cosas en una forma distorsionada; esto es
en resumen la depresión.
En Hebreos 1:7, la Escritura muestra algo muy importante: yo convierto a
mis ángeles en viento y a mis sirvientes en llama de fuego. En otra traducción
dice: ciertamente de los ángeles dice que él hace a sus ángeles espíritus y a sus
ministros llama de fuego. Algo más, en el Salmo 34:7 dice: el ángel de Jehová
acampa al rededor de los que le temen y los defiende.
Tomemos un varón de Dios de nuestros tiempos, uno que ama a Dios y a quién
Dios quiere defender. ¿Qué es lo que Dios tiene o establece al rededor de este va-
rón?, porque aquí dice que Dios pone ángeles al rededor de los que le aman, de los
que le temen y los defiende. Yo te quiero hacer una pregunta, tomando a Elías en
el contexto del Antiguo Testamento y a este varón de Dios, en el del Nuevo Tes-
tamento: ¿cuál es la diferencia en cuanto al fuego de Elías y al de este varón? Te
voy a decir cuál es. Elías oraba, los cielos se abrían y el fuego descendía. En cam-
bio, este varón, que muy bien podrías ser tú, no abre los cielos, ni hace descender
fuego del cielo, ¡porque los cielos ya están abiertos! Jesús los abrió, y fuego no
desciende, ¡porque ya está al rededor de él! El ángel de Jehová está al rededor de
él, y el ángel es llama de fuego. ¿Dónde dice eso? En el pasaje que acabamos de
leer en Hebreos 1:7. ¿Por qué fue Elías peligroso?, y ¿por qué fue tan atacado?
Porque era un hombre que hacía descender fuego del cielo. ¿Por qué este varón
del que hablamos es un hombre peligroso para el enemigo? Porque él está rodea-
do por el fuego de Dios y así como Elías hizo volver el corazón de una nación
al Señor, este varón, por lo menos, puede hacer volver el corazón de su ciudad al
Señor. ¿Por qué? Porque hay un fuego al rededor de él, y ese fuego igulamente
está rodeando a cada persona que ha recibido a Jesús y que ha sido bautizada en
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el Espíritu Santo. Y tú mi hermano o mi hermana eres ese varón o esa mujer de


Dios, y hay un fuego al rededor de ti porque los ángeles del Señor están allí, al
rededor de ti. Pero lo que tú y yo necesitamos entender es que somos el blanco
de un ataque; de un ataque del enemigo que, por cierto, no tiene el propósito de
golpearte, porque no puede. El varón y la mujer de Dios son más poderosos que
él, porque tienen el nombre de Jesús. Ese ataque del enemigo no tiene el propó-
sito de enfermarlos, porque Dios no les llamó a ser sanados, sino que más allá
de eso, Dios sembró en sus vidas sanidad. Las maquinaciones del diablo tampo-
co consisten en quebrantar sus finanzas, porque todo les pertenece a ellos, como
lo dice el Señor. Entonces, ¿dónde se centra el ataque del diablo? El ataque del
diablo se centra en separarles de Cristo, porque si les corta la cabeza y los separa
de Cristo, la visión de ellos será totalmente humana, e intentarán salvar sus vidas,
y al tratar de salvar sus vidas realmente las perderán, entrarán en depresión, que-
darán arruinados y nunca servirán a Dios en la gloria y en la dimensión que Dios
quiere. Ellos entonces empezarán a padecer problemas emocionales, problemas
de prosperidad, problemas de salud, problemas de relaciones y una serie de cosas,
tal como le sucedió a Elías.
24 CAPÍTULO 6. LA ESTRATEGIA DEL ENEMIGO Y LA DE DIOS
Capítulo 7

Capacidad de meditar

¿Cuál es el asunto fundamental para que a Elías le pudieran cortar la cabeza?


¿Dónde estuvo el problema? Bien, si le cortaron la cabeza y le separaron de Cristo,
necesariamente tuvo que haber un instrumento con el que se hiciera esto; una
espada, por ejemplo. Espiritualmente, la Biblia nos dice que la espada es una
palabra. Así, se nos muestra que la Palabra de Dios es la espada de Dios. Elías, sin
embargo, no fue cortado por la espada de Dios, sino que fue cortado por la espada
del enemigo, por una palabra de éste. ¿Quién dijo la palabra que cortaría a Elías?
¿quién habló? Fue Jezabel, una mujer que el diablo usó e inspiró para entregarle
a Elías. Ella habló, con esa espada asestó su golpe y él obró en consecuencia, y
de la razón por la que Elías hizo esto es de lo que vamos hablar en los siguientes
párrafos. Trataremos de ver por qué lo hizo y cómo lo hizo.
Primeramente, leamos Oseas 7:11: Efraín fue como una paloma incauta, sin
entendimiento. En este texto, Efraín representa al pueblo de Israel en el Antiguo
Testamento y en el Nuevo Testamento nos representa a nosotros. El pueblo de
Dios, la iglesia, los cristianos, somos entonces muchas veces como una paloma
incauta, ingenua, que perdemos la claridad de nuestro entendimiento. Ahora, por
qué tiene importancia esta escritura. Para entender esto, veamos la Biblia Plenitud
en el Salmo 1 donde dice: En su palabra medita de día y de noche, aquí trae una
nota donde nos indica que “medita” o “meditar” viene del vocablo hebreo “ha-
gagh” y significa: reflexionar, gemir, murmurar, cavilar. Fíjate bien, esta palabra
que significa reflexión, meditación, también significa gemir. Ahora vamos a Isaías
38:14 que dice: como grulla y como golondrina me quejaba, y gemía como pa-
loma. Lo que me está diciendo aquí es que las palomas gimen, ahora la palabra
“hagah” se traduce de dos formas: una es meditar, como en el Salmo 1, y la otra
es como el gemir de la paloma, como dice aquí en Isaías, pero se trata de la misma

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26 CAPÍTULO 7. CAPACIDAD DE MEDITAR

palabra, “hagah”. Por otra parte, recordemos que cuando Jesucristo recibió el Es-
píritu Santo, el día de su bautismo, éste no vino visiblemente como fuego, ni como
agua, ni como viento, ni como aceite, sino como una paloma, y esto nos habla de
que esa paloma estaba capacitando a Jesucristo para dos cosas, si aplicamos el
significado de la palabra, una es para gemir como paloma y la otra es para medi-
tar la palabra de Dios. Ahora, ¿qué significa la palabra meditar? Significa, entre
otras cosas, reflexionar; significa entrar en un proceso de análisis, de reflexión,
de observación profunda. Te voy a decir algo más. La Biblia dice que el Verbo,
la Palabra, en Jesús se hizo carne. Es decir, las emociones, los sentimientos, los
pensamientos, los deseos del Señor Jesús, no eran como: “ah debo pensar así, ah
debo sentir así”. No, todos ellos eran parte de su propia naturaleza. Entonces, la
figura de la paloma nos habla de recibir de parte de Dios una capacidad para me-
ditar para acercarnos así a lo que se nos está entregando. Otra vez, ¿qué significa
la palabra meditar? Significa reflexionar y cuando yo analizo, reflexiono, medito,
escudriño, desmenuzo la Palabra y la observo profundamente ¿qué la hago? La
hago carne. Es decir, la hago parte íntegra de mí. Dime, ¿qué es la carne? Esto
es carne: tócate. Ahora, parte de tu carne o de tu materia también es esto: sudor.
¿Sabes cómo liberaba Pablo a los endemoniados? Con la Palabra, pero con la pa-
labra que estaba en su sudor, hecha carne1 . Esto es, si yo he meditado la Escritura
mi materia, mi carne, todo yo me convierto en palabra. Así que si te toco física-
mente, te sanas. Por eso, ¿sabes cómo, en una ocasión, el Señor Jesucristo sanó
a una persona? Le escupió y sanó. Parte de su carne, de su materia, porque allí
estaba la Palabra creativa; ¡la palabra que hizo al mundo saltó en su saliva! En
conclusión, la palabra se hace carne cuando meditamos. Por eso el Espíritu Santo
no siempre viene como fuego, no siempre viene como agua, no siempre viene así.
A veces viene como paloma para enseñarme a gemir, lo que significa, a meditar
en la Palabra de Dios.
La Biblia dice enconces, que en algunas ocasiones la iglesia no es una paloma
aguzada, lista, reflexiva en el discernimiento de la Palabra, sino incauta, cándida
y sin entendimeinto (Oseas 7:11). Entonces, ¿qué quiere decir esto?, ¿qué es in-
cauto? Es precipitado, inocente, ingenuo, no listo. Bueno, dice la Escritura que
algunas veces la Iglesia es así. Vamos a ilustrar esto mediante algunos ejemplos.
Primeramente veamos un ejemplo positivo. Tomemos a un ovejita de la congre-
gación, Paco, digamos. Yo le digo: “Paco dice la Escritura que por la llaga de
Jesucristo tú fuiste sanado”. Él escucha esto, sale la paloma, empieza a gemir o
meditar y mientras él lo hace, la palabra se hace carne y la llaga, la herida, la
1
Para entender más este concepto, te invito a que leas más adelante el Capítulo 9.
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enfermedad se convierte en carne sana. Ahora veamos el mismo proceso, pero


negativo en este caso. Tomemos otra vez a Paco, pero ahora con Aarón, que es
un chamuquillo, y que viene y le dice: “Paco, tú sabes que yo te aprecio, pero
no sirves para nada, ¿para qué te digo lo contrario?, eres un bruto”. Entonces, el
chamuquillo se va, y si él no se pone listo, agarrará esta palabra y comenzará a
meditarla: “¿seré un bruto?, ¿de verdad no serviré para nada?, ¿será cierto?”, y
nuevamente a los dos días: “mmm, creo que sí, soy un bruto”. ¿Qué pasó? Resulta
que él meditó, y la palabra se hizo carne. Creémelo, ya se hizo un bruto. En es-
te mismo tenor, Cristo dice de la iglesia en Cantar de los Cantares “Paloma mía,
amiga mía, hermosa mía”, y al llamarla “Paloma mía” le está diciendo: “tienes la
capacidad de meditar, de reflexionar lo que escuchas y de hacerlo parte de ti, parte
de tu carne”. Ahora, si el creyente no es aguzado, y si él tiene una confianza en el
otro, Aarón, porque resulta que es su “amigo” y no se pone atento en lo que oye, y
el otro le empieza a decir: “ah, ¿a poco crees en Cristo? Ah, ¡no hombre! Cristo es
‘el Maestro’. No hombre, yo creo más en él que tú, yo lo admiro, como maestro”.
Sin embargo, para el creyente, Jesús no es maestro: es Dios. ¡Es Dios! Pero la es-
trategia del enemigo es hacerle dudar de todo lo que es su fe. Te doy otro ejemplo.
Conocí a un hombre que tenía un vecino que movía la ouija. Un día el vecino fue
y le dijo: “Oye, quiero decirte, tú sabes que yo me dedico a algo que no te gusta.
Yo muevo la ouija. Anoche yo recibí por este medio que tu esposa te engaña”. Él,
en principio le contestó: “¡estás loco!”. Al día siguiente este vecino le comentó
otra vez: “Oye, volví a recibir que tu esposa te engaña”, y añadió, “si no me crees,
pregúntale a Fulanito de Tal si soy acertado o no”. Este hombre cometió entonces
el error de irle a preguntar a Fulanito, quien le respondió: “¡No hombre, ese cuate,
tu vecino, sí que está picudo, eh! Me adivinó. Toda mi vida me la adivinó”, y él se
quedó pensando: “¿Será cierto? ¡Ah! ¿será cierto?”. ¿Qué hizo? La naturaleza de
paloma lo agarró y empezó: "Currucutucutú, currucutucutú, currucutucutú, ...." a
meditar, ¡a meditar, a meditar! Al ratito él ya estaba haciendo todo lo necesario
para que su esposa lo botara y lo engañara. Pero, ¿dónde empezó el problema?
El problema empezó por una palabra inspirada por las tinieblas que él cometió el
error de tomarla y hacerla carne; parte de su vida.
No estamos hablando aquí del pasado, de problemas de tradiciones religiosas.
Tampoco de lo que se haya practicado en el pasado, como hechicería. Tampo-
co estamos hablando de un demonio metido en el creyente. De lo que estamos
hablando es de una palabra inspirada por las tinieblas que éste agarra y la hace
carne, la incorpora como parte de su vida. Parte de él. Y es que nosotros tenemos
esa capacidad de meditar en nuestra naturaleza. Por eso, cuando no sabemos que
tenemos esta capacidad, le damos mucho vuelo a la mente, la soltamos demasia-
28 CAPÍTULO 7. CAPACIDAD DE MEDITAR

do y no nos aseguramos de que esa reflexión, esa meditación esté realmente en


la Escritura. Por eso la Biblia también advierte: bienaventurado el varón que no
anduvo en consejo de malos, ni en camino de pecadores, ni en silla de escarnece-
dores se ha sentado. Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en ella medita,
exclusivamente, ni un minuto más: de día y de noche. Nada más eso, no quiere
Dios que medites más que eso: nada más día y noche, nada más. Entonces, quiere
decir que el varón que es prosperado, que es plantado junto a corrientes de agua,
que es fructífero, que da fruto, que está bebiendo del Espíritu, como el que descri-
be el Salmo 1, es un hombre que toda su vida la hace pasar por la Escritura. Que
no ocurre que su mente queda “en blanco”, esto es que se quede sola meditando.
Porque él sabe que si saca la Palabra de su mente, él se convierte en su propio
enemigo, y pronto habrá en su vida una esquizofrenia espiritual.
¿Sabes qué es la esquizofrenia? Es una división de la mente. Una parte estará
todavía con Dios, y otra parte estará ya infectada, tal como le pasó a Elías. ¿Qué
fue lo que hizo Jezabel? ¿Qué le dijo? “¡Elías, te voy a cortar la cabeza!”, y mien-
tras que Elías decía: “no es cierto”, se acercó un demonio y le dijo: “¡ja! ¿no es
cierto?, ¿ya contaste a cuántos profetas de Dios les corté la cabeza?”. Elías pudo
haber empezado a meditar en esto: “Sí, es cierto, ¡a Fulano, y a este otro amigo y
a aquel, les cortó la cabeza!” y pudo haber empezado, triste, a analizar, y en ese
caso entonces ¡ya se arruinó! Así que, ¿dónde está el problema? El problema es
una falta de disciplina, una falta de decisión de hacer lo que dice el Salmo 1: que
la Palabra de Dios sea tu delicia y que en ella medites de día y de noche. En Josué
1:8 también se nos anima diciendo que en la Ley de Jehová medita de día y de
noche, y agrega que eso hará prosperar tus caminos y todo lo que hagas te saldrá
bien. ¿Por qué? Porque no serás tú, sino más bien será la Palabra hecha carne en
ti a través de la meditación, haciendo todo exitosamente, ¡en el nombre de Jesús!
Por todo esto, no me debo descuidar. De este modo, mientras yo me mantengo
con cuidado, soy prosperado en todas las cosas, porque medito, medito, medito
la Palabra de Dios, y todo lo que oigo, todo lo que percibo lo hago fluir a través
del filtro de la Palabra. Entonces si el diablo me dice “tú vas a terminar enfermo
de cáncer”, yo tomo la Palabra en Isaías 53:5 y me digo que el diablo dice esto,
pero la Palabra dice esto otro. “¡Diablo zonzo, lo único que hiciste fue ponerme
a meditar y descubrir más profundidad en Isaías 53:4,5”. Luego, si más adelante
me dice: “tu ministerio no sirve para nada”, entonces eso me hace meditar en
Josué 1:5,7 que dice: en todos los días de tu vida ningún enemigo te podrá hacer
frente, y me apropio e incorporo esta palabra a mi carne. “¡Diablo zonzo, lo único
que hiciste fue ponerme a meditar la Escritura y hacerla carne”. El Verbo se hace
carne, por eso la Palabra dice: no seas incauto. Que la Palabra sea tu delicia, no la
29

sueltes, no seas como Elías. Recuerda, si una persona es sumamente ágil y fuerte y
trata de golpearme, para detenerle uso mi fuerza. No para golpearme a mi mismo,
sino para defenderme y detener al otro. Pues bien, cuando te sueltas de la Palabra,
lo que haces es golpearte a ti mismo.
El problema está en que esto es una decisión. Dice la Biblia: Nunca se aparte
de tu boca esta Palabra; más bien, medita en ella día y noche (Josué 1:8). Así que,
toma tu lengua y dile: “esto es lo que debes confesar para que me hagas vencedor
en el nombre de Cristo Jesús:
"En el nombre de Jesús decido ser victorioso: agarrando la Palabra. Meditando
en ella. Haciéndola carne en mí. Ahora soy más que vencedor”, y al Señor dile:
“Señor, hazme obediente, hazme obediente, en el nombre de Jesús.”
30 CAPÍTULO 7. CAPACIDAD DE MEDITAR
Capítulo 8

Ya no más vulnerable

Reiteremos una vez más lo que empezamos a ver a partir de 1o Reyes 19:1. En
primer lugar vimos que cada creyente ha sido convertido en un Elías del Nuevo
Testamento. ¿Qué fue lo que hizo Elías? Hizo descender fuego del cielo en un
tiempo en que el pueblo de Israel estaba absoluta y totalmente involucrado en la
idolatría. Vimos que la razón por la que tú y yo somos un Elías en el Nuevo Tes-
tamento, es que la Palabra de Dios dice que Él llama a sus ángeles a ser como un
viento y como una llama de fuego, y dice además que Dios pone a su ángel al re-
dedor de los que le temen y les guarda. Es decir que hay un fuego alrededor de ti.
Ese fuego es algo que tú puedes sentir en este mismo momento de una forma muy
intensa. Pero déjame decirte algo, la diferencia con el Antiguo Testamento, como
lo vimos anteriormente, es que Elías oraba, los cielos se abrían, el fuego descendía
y el corazón de la gente era libre para venir al Señor; su corazón era libre para ser
bendecido. Pero en el Nuevo Testamento no estamos orando para que los cielos se
abran y descienda fuego, sino que estamos dando gracias a Dios porque los cielos
ya están abiertos y porque el fuego ha descendido y está alrededor de cada uno de
nosotros. Pero, al igual que en el caso de Elías en el Antiguo Testamento, hay una
persecución. Vimos también que esa persecución del diablo, de las tinieblas, no es
para enfermarte, porque no puede hacerlo. Tampoco es para hacerte daño física-
mente, porque no puede hacerlo mientras tú tengas fe. Tampoco es para destruirte,
porque no puede, pues un Dios poderoso te rodea. Más bien, la persecución tiene
el propósito de cortarte la cabeza, es decir, separarte de Jesús. Esto es, la estrategia
del enemigo es animarte a que tú tomes una espada mentirosa, como la que tomó
Elías, y que, usándola contra ti mismo, te separes de Jesús. Vimos que el diablo se
acerca no para destruir, no para enfermar, no para lastimar, no para empobrecer.
En vez de ello, se acerca para sugerirte una mentira, de tal modo que tú la atrapes,

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32 CAPÍTULO 8. YA NO MÁS VULNERABLE

la medites, la hagas parte de ti y, finalmente, te cortes la cabeza. Esto es, que te


separes de Jesús, por lo menos en algún área de tu vida.
Para centrar nuestra atención en lo que profundizaremos ahora, vamos a re-
gresar un poquito. Elías era un hombre poderoso, un hombre de fe, un guerrero,
un gigante en la fe, un hombre ungido, un profeta de Dios. Sin embargo, Satanás
se acercó a Elías y, a través de Jezabel, le hizo llegar una mentira: una amenaza.
Puede ser que Elías no estuviera listo y que en realidad fuera sensible a ser ame-
drentado por esta amenaza. De este modo, el diablo le puede haber dicho además:
“Elías, ¿dudas que te voy a cortar la cabeza?, ¿dudas que te voy a hacer peda-
zos?”, y ante una respuesta de Elías tal como: “¡Sí, lo dudo!”, el diablo le pudo
haber replicado: “¿Te acuerdas de lo que les hice a todos tus profetillas?”, y en-
tonces Elías, sin saber lo que había pasado con los profetas del pueblo de Dios que
habían muerto; sin entender, sin saber, sin comprender lo que había pasado, em-
pieza a meditar más en serio en la amenaza y termina, dice la Escritura, corriendo
para salvar su vida. Y dice en Mateo 16:24: el que quiera salvar su vida perderá
su alma. Entonces, cuando alguien se separa de Cristo y empieza a buscar su vida,
esto es, intenta por sí mismo resolver su vida, finalmente perderá su alma. Así lo
dice la Palabra. Esta gente puede haber tomado una decisión así, en momentos
de decepción de Dios, de sentirse decepcionado de la iglesia o de sus hermanos
en Cristo, o de los pastores, o de su familia, o de quien sea que se relacione con
Dios. Pero, nuevamente, ¿qué es el alma? Es emociones, sentimientos, pensamien-
tos, anhelos, deseos, inteligencia. Cuando alguien ha hecho esto que hizo Elías:
buscar salvar por sí mismo su vida, porque se siente decepcionado de Dios, del
pueblo, y de otros siervos, entonces pierde sus emociones, sus pensamientos, y
su mente sale fuera de control. Tal como le pasó a Elías en este caso, sus pen-
samientos estaban hasta arriba y de pronto se fueron hasta abajo; sus emociones
estaban hasta arriba y repentinamente cayeron hasta abajo. Su alegría estaba hasta
arriba y de pronto se sumió en la más profunda tristeza. Todo era un caos: depre-
sión. ¿Cuál fue el final de Elías? Dijo: “¡Dios, mátame, ya no quiero vivir!”. ¡Qué
triste!, ¿no? Porque en ese momento, él estaba declarando algo que, ahora sí, le
estaría dando libertad al diablo para destruirlo, y esa es la finalidad de la depre-
sión: que tú le des al diablo toda la oportunidad que quiere para destruir tu vida;
ya sin fe y desconectado de Dios, que haga escarnio de ti. Como lo vimos antes,
todo el asunto surgió porque él se puso primero a escuchar la amenaza de Jezabel,
que era la voz del diablo, en vez de escuchar la voz del Señor. Mucha gente en
el pasado ha consultado brujos, adivinos, psíquicos, espiritismo, horóscopos, etc.
Algunas de estas personas ya se entregaron a Cristo, ya fueron liberados de todo
eso, pero tienen memoria. Si tú eres uno de ellos, entonces el diablo, buscará sacar
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aquellas cosas de tu memoria para ponerte a pensar en lo que te dijo cuando fuiste
a estas prácticas. Si no practicaste directamente alguna de estas cosas, el diablo
buscará, entonces, engancharte a través de la idolatría, o intentará hablarte a través
de amigos que están conectados con él.
La pregunta que nos va a guiar en esta parte es: ¿qué me hace vulnerable,
siendo yo cristiano y andando con Jesús, a que el diablo me recuerde o me hable
algo que me va a hacer daño y que me va a poner en peligro de ser decapitado, lo
que me llevaría a perder mi alma y a ser sumergido en la depresión?
Para entender la clave de lo que nos hace vulnerables veremos lo que viene en
Mateo 16:21 y los versículos siguientes. Allí dice: desde entonces comenzó Jesús
a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho
a manos de los ancianos de los principales sacerdotes y de los escribas y ser
muerto y resucitar al tercer día. Eso es lo que el Señor Jesús empezó a platicar y
a declarar a los discípulos, diciendo que le era necesario, o dicho de otra manera:
estoy obligado, enganchado en obediencia a tener que ir a Jerusalén para que me
suceda esto, ahora. Les dijo: voy a sufrir, voy a padecer. ¿Qué más les dijo que le
pasaría? Que moriría, pero que resucitaría al tercer día. Su mensaje completo lo
podemos resumir como: Primero, me es necesario, me es urgente ir a Jerusalén,
para sufrir, para padecer en manos de los ancianos; segundo, me van a matar,
y tercero, voy a resucitar al tercer día. Ahora vamos al versículo 22 donde dice:
Entonces Pedro, tomándole aparte comenzó a reconvenirlo. En otra traducción
dice: Pedro, le tomó aparte y comenzó a reprenderle. ¿Qué empezó a hacer Pedro?
Empezó a reprenderle. ¡Puedes imaginarte!
Tú sabes bien quién es Jesús. No es sólo un maestro. No es sólo un profeta.
No es sólo un evangelista. No es sólo un pastor. No sólo es una vida espiritual.
No sólo es una roca. ¡Es Dios! Así de simple: ¡es Dios! Antes que nada existiera,
Él ya estaba. En el principio de todas las cosas, Él ya existía, Él ya estaba. Todo
vino de Él, por Él y para Él. Fíjate, los cielos son su casa. Yo me acuerdo que
cuando era pequeño llegaba y a mi casa y mi mamá me decía: “¡cuidado! No
vayas a ensuciar la casa”. Con Jesús es diferente, cada vez que entra al cielo, le
dicen a los cielos: “¡cielos, límpiense porque va a entrar el Señor Jesús!”. A mí,
por el contrario, me decían: “límpiate, no vayas a ensuciar”, y aquí le dicen a la
casa: “casa límpiate, porque allí viene el Sublime, Santo, y Puro”. ¿Sabes quién
le dice eso a los cielos? Alguno de los ángeles que se encargan ahí del aseo del
cielo. ¿Sabes qué le contestan los cielos? No te preocupes, Él es tan limpio, tan
santo y tan puro, que cuando Él entra nos limpia con su presencia. ¡Qué bárbaro,
Señor eres lo máximo! Bueno, pues a esa persona de la que estamos hablando, a
la persona más sublime, a la persona más gloriosa, al Señor Jesús, el cabezón de
34 CAPÍTULO 8. YA NO MÁS VULNERABLE

Pedro le reprende o le regaña diciéndole: Señor, ten compasión de ti mismo, jamás


te suceda esto. A lo cual, Jesús le responde: Pedro, eres un Satanás. Quiero que
recuerdes que estamos leyendo la Biblia. No es un cuento, ni es una leyenda, ni es
mitología. Es la Biblia, y la Biblia es precisa en lo que nos dice. Así como lo lees,
lo escuchas y lo ves, así sucedió. ¿Qué fue lo que el Señor Jesús le dijo a Pedro?,
¿qué significa la palabra Satanás? Significa: adversario, enemigo, oponente. Y
yo le pregunto a Pedro: “Pedro, dime el secreto, ¿cómo se convierte uno en un
enemigo de Dios?”, y Pedro me contesta: “es muy sencillo, nada más busca la
autocompasión, nada más busca la auto conmiseración. Nada más aprende a estar
diciendo: ‘¡Ay, pobrecito de mí; ay, cómo sufro; ay, me hicieron esto; ay, cómo
me duele; no, yo no voy a ir; ay, ay, ay!’ ”. En resumen, el ministerio del quejido.
Cuando tú te encuentras a una persona que siempre, siempre, se está quejando de
algo, estás encontrándote con un enemigo tuyo, y una persona que está a punto
de convertirse en enemigo de Dios. ¿Así de sencillo? Sí, la autocompasión, la
auto conmiseración, la lástima de ti mismo, te convierte en un oponente. ¿Eres
una persona que tiene una larga lista de cosas de las que te estás continuamente
quejando? Entonces estás a punto de convertirte en un oponente: en un enemigo
de Dios.
Ahora, yo le pregunto, ya no a Pedro, sino al Señor: “A ver, explícame más:
¿por qué fuiste tan duro con Pedro?”. Bien, antes de decirte la respuesta que el
Señor me dio de este asunto del por qué fue tan drástico, tan fuerte, tan duro con
Pedro, déjame explicarte que estamos encontrando aquí una clave: si has padecido
de depresión, antes de ella hay una mentira del diablo que tú agarraste. Es decir,
antes de la depresión, hemos escuchado y hemos meditado una mentira del diablo.
La pregunta clave de lo que hemos estado viendo es: ¿qué me hace vulnerable
a escuchar y recibir lo que el diablo dice? La respuesta a esto es: la autocompa-
sión. Una persona quejumbrosa, quejosa, que no está dispuesta a perder, que no
está dispuesta a ceder, a entregar para obedecer a Dios, está dominada por la au-
tocompasión; pronto estará escuchando mentiras y terminará en depresión, y su
ministerio empezará a ir cuesta abajo. Regreso nuevamente a lo que estábamos
y planteo nuevamente la pregunta: “Señor, ¿por qué fuiste tan duro, tan drástico
con Pedro?”. Pedro le dijo al Señor Jesús: Señor ten compasión de tí, y la pa-
labra griega para “compasión” es “jileos” o “hileos” que significa: ser propicio,
o tener misericordia. Luego, lo que Pedro dijo puede entonces traducirse como
“que Dios tenga misericordia de ti” o “que Dios sea propicio a ti”. Analicemos
esta expresión. Aquí, en el versículo 22, le está diciendo: Señor Jesús, Dios ten-
ga misericordia de ti. Te quiero preguntar: ¿cuándo o en qué casos necesita Dios
tener misericordia de alguien? Cuando hay un error que necesita ser perdonado:
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Dios tenga misericordia de ti. Eso fue lo que el bárbaro de Pedro le dijo al Señor:
¡Dios tenga misericordia de ti! ¿Qué lleva implícito esta declaración de Pedro en
contra de Jesús? Lleva implícito que el Señor Jesús la está regando; que está co-
metiendo un error. Fíjate bien lo que el diablo está usando allí. Está usando un
espíritu religioso de acusación en contra de Jesús para hacerlo sentir mal porque
Él quiere ir y dar su vida por todos los pecadores. Fíjate hasta que profundidad te
puede llevar la autocompasión. ¿Cómo usa el diablo la autocompasión? Primero
la usa para que tú no estés dispuesto, pero cuando tú estas dispuesto, cuando ya
venciste la autocompasión en una primera etapa, buscará hacerte culpable, para
que te detengas. Esa es la manera como el diablo trabaja con la autocompasión.
¡Qué terrible es esto!
Vamos a ver algo más. ¿Cómo es una persona que tiene mucha autocompa-
sión? En 2a Timoteo 3:1 dice: También deben saber esto que en los últimos días
se presentarán tiempos difíciles. La palabra que se traduce aquí como “difícil”
en el griego es “chalepos” y significa: peligrosos, salvajes, dolorosos, dañinos,
fieros, duros de tratar. Esto es, los tiempos a los que se refiere el apóstol esta-
rán marcados por esas características, pero esas características serán producidas
por hombres que vivan en esos tiempos. Luego nos da lo que parece ser una lista
de esas diferentes personas: Habrá hombres amantes de sí mismos, avaros, va-
nidosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin
afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedo-
res de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, amantes de los placeres más
que de Dios. Sin embargo, la versión Reina Valera Actualizada (RVA) traduce:
porque habrá hombres amantes de sí mismos y del dinero. Esta traducción pone
un punto allí y luego comienza la lista. Esto quiere decir que esta traducción está
definiéndote la autocompasión. ¿Qué quiere decir esto? Voy a decirte cómo son
estos hombres amantes de sí mismos, o autocompasivos, o auto conmiserantes.
¿Cómo son? Después del punto lo dice: son vanagloriosos, soberbios, blasfemos,
etc. Si no estuviera el punto como lo presenta la RVA, “amantes de sí mismos”
sería parte de la lista, pero no es parte de la lista; más bien, la Biblia te está de-
finiendo cómo son las personas autocompasivas; cómo se convierten en personas
peligrosas, dañinas, fieras, difíciles de tratar, ásperas, ¿Por qué dice esto? Estos
son los síntomas de una persona depresiva. Resumiendo, ¿qué es lo que vimos
ahora aquí? Vimos el camino que lleva desde la autocompasión, desde la auto
conmiseración hasta la depresión; hasta los síntomas, las señales de carácter de
una persona que empezó con autocompasión, con auto conmiseración, y termina
siendo una persona deprimida. ¡Fíjate qué impresionante!
Mateo 16:22 dice: Pedro le tomó aparte y comenzó a reprenderle diciendo:
36 CAPÍTULO 8. YA NO MÁS VULNERABLE

Señor ten compasión de ti mismo, jamás te suceda esto. Entonces él, el Señor Je-
sús, volviéndose le dijo: Pedro, quítate de delante de mí Satanás, me eres tropiezo,
porque no piensas en las cosas de Dios sino en las cosas de los hombres. Jesús
le dijo: ‘si alguno quiere venir en pos de mí niéguese a sí mismo, tome su cruz
y sígame’. Aquí hay un punto a resaltar: si alguno quiere venir en pos de Jesús
debe negarse a sí mismo. ¿Qué es esto? Es no aceptar la autocompasión, y ¿qué
es lo contrario a la autocompasión? Lo contrario es lo que nos dice la Palabra en
Hebreos 12:2: puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual
con el gozo puesto delante de él fue a la cruz, menospreció el oprobio, murió, fue
a la cruz y ahora está sentado a la diestra del Padre. ¿Quién hizo esto? Jesús. ¿A
qué nos invita el Señor Jesús ahora? Nos dice: niégate a ti mismo. Pero ¿cómo?,
nos preguntamos y Él nos dice: como yo lo hice. ¿Cómo lo hizo Él? Con gozo.
Déjame ponerte un ejemplo. Un hombre estaba muy triste porque dejó perder una
oportunidad de trabajo que le aumentaba mucho su sueldo. Pero, él, al perder esa
oportunidad de trabajo permaneció sirviendo al Señor. Ahora es un pastor. Ahora
está al frente de una congregación. ¿Qué fue lo que pasó? Bueno, él tenía que dejar
pasar una oportunidad económica. ¿Qué significa esto? Bueno, dejar de tener un
coche mejor, quizá dejar de comprar una casa más cómoda, vivir un poquito más
apretado en la economía, quizá que alguno de sus hijos no pueda ir a un colegio
más caro sino que tenga que ir a un colegio más económico. ¿Por qué? Porque él
se negó a sí mismo por un propósito de Dios. ¿Sabes lo que Dios dijo? Dijo: éste
no es mi enemigo, éste es mi amigo, y esa es la clave de hoy. ¿Quieres ser amigo
de Jesús? Niégate a ti mismo, toma tu cruz y síguelo. Este hombre al principio
estaba medio triste, preocupado; hablé con él y le dije:
– ¿Qué pasó?
– Es que, pues estoy teniendo carencias – me explicó.
– Bueno, ¿te falta de comer? – le pregunté.
– No.
– ¿Te falta vehículo?
– No.
– ¿Te falta una casa?
– No.
– Entonces, – le pregunté – ¿por qué estás triste?
– Porque mis hijos, – me contestó – podrían estar mejor.
– Bueno, ¿sabes lo que hiciste? – le repliqué – Te negaste a ti mismo, y ense-
ñaste a tus hijos a negarse a sí mismos.
– ¿Tus hijos te han preguntado? – añadí.
– Pues sí. – me contestó él – Uno de mis hijos y mi esposa me preguntaron
37

que si yo pensaba que había sido lo correcto haber dejado aquella oportunidad.
Yo les dije que así lo había entendido de Dios. Mi hijo entonces me dijo: “Bueno,
papá ora por nosotros para que tengamos esa misma convicción que tú tienes”.
Entonces yo oré por ellos y ahora están contentos.
– Y entonces, – le cuestioné – ¿no hay problema?
– No, no hay problema ahora, – me indicó – pero yo estoy triste, porque mis
hijos podrían estar mejor.
– Mi hermano, – afirmé – tener compasión de sí mismo es convertirte final-
mente en enemigo de Dios,
– y negarte a ti mismo – agregué – es convertirte en amigo de Jesús. ¿Sabes lo
que hiciste? Observa a tus hijos, y por favor no les digas nada de lo que te estoy
diciendo, ni a tu esposa tampoco. Obsérvala, fíjate como enfrenta ella situaciones
difíciles siempre con gozo.
– ¡Sí! Sí es cierto. – comentó él con entusiasmo – ¡Qué bárbaro, nunca la veo
triste!
– En cambio, – le aclaré – antes de haber dejado esa oportunidad siempre se
estaba quejando, y eso es porque tú eres el pastor de tu casa, y tú le enseñaste con
tu ejemplo a no ser autocompasivo y a negarte a ti mismo.
– Además, – agregué – te voy a decir otra cosa que entiendo ahorita: observa
a tus hijos y pregúntales que prefieren el domingo, dales las llaves de tu coche
y diles: “váyanse al cine”, y ¿sabes a dónde van a ir? Al grupo de jóvenes el
domingo, y se van a poner a orar.
– ¡Sí! Sí es cierto – exclamó él – ¡claro! ¡son amigos de Jesús!
Escucha con atención lo siguiente. Si tú has estado a punto de estar en depre-
sión. Si eres una persona normalmente triste. Si eres una persona violenta. Si eres
una persona de pocos amigos. Si se te dificulta, aparte de eso, entrar en comunión
con Dios, y tú le dices: “Señor, ¡ayúdame a cambiar mi carácter, ayúdame a tener
más comunión contigo!”. Déjame decirte lo que va a hacer el Señor: te va a dar
la oportunidad de tener que dejar algo por causa del reino de Dios. Te va a dar
la oportunidad de que tú estés dispuesto a perder algo para bendición de la obra
de Dios. Estoy seguro que dirás: “Voy a dejar esto, porque así lo quiere el Se-
ñor”, y después de que lo hagas tu carácter cambiará, serás una persona de grande
amistad, y tercero, tu comunión con Dios será profunda. Siempre estarás contento.
Porque, hay un enemigo; se llama autocompasión. Hay un enemigo; se llama “el
quejido”. Hay un enemigo: “jarrito de Tlaquepaque”. Hay un enemigo: “‘¡ay, ay,
ay! ¡ay, no! No ya yo no. ¡Ay no, tan noche no!’ ”. Desvélate orando. Desvélate
alabando al Señor. Pasa hambre; pasa momentos en los que no comas por servir a
Dios. Deja de ir al cine, y toma ese dinero y envíalo de ofrenda a algún misionero.
38 CAPÍTULO 8. YA NO MÁS VULNERABLE

Niégate y serás feliz.


Te diré algo más, y esto que sigue es una bomba. Cuando tú te niegas a ti mis-
mo. Cuando tú dejas de tener lástima. Algo tomaste y lo perdiste, o más bien lo
entregaste por el reino de Dios. Es decir, aceptaste una ofensa, aceptaste un des-
precio, quizás te robaron, o quizás te lastimaron, o quizás te quitaron algo, y tú,
por causa del reino de Dios, lo entregas y dices: “ahí está, lo entrego”. O sufriste
por el evangelio, o perdiste amigos por el evangelio, o se te descompuso tu coche
sirviendo al Señor. Bien, cuando tu pierdes algo entras en una categoría: pobre.
Perdiste algo, dejaste algo, ya no lo tienes: eres pobre. Y fíjate en la promesa pa-
ra los pobres en Santiago 2:5 amados hermanos míos, no os ha elegido Dios a
los pobres de este mundo para ser ricos en fe y herederos del reino que Él ha
prometido a los que le aman a Él. ¿A quiénes? A los que le aman. Si a ti te han
quitado algo, no tengas lástima de ti; eres bienaventurado, eres bienaventurado,
¡eres bienaventurado!, ¡así lo dice la Palabra! Dice Mateo 5:3, Bienaventurados
los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados
los que lloran, porque ellos serán consolados. No dice: “¡Ay, ay de los mansos,
porque ellos serán lastimados! ¡Ay de los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ellos sufrirán el resto de su vida! ¡Ay cómo sufren los misericordiosos!
¡Ay cómo sufren los de limpio corazón! ¡Ay cómo sufren los pacificadores! ¡Ay
cómo sufren los perseguidos! ¡Ay!”. ¡No! La Palabra dice: ¡Felices, bienaventu-
rados, los que no están en la autocompasión, sino que se meten, negándose a sí
mismos, a sufrir por causa del reino de Dios!. ¡Bienaventurados los pobres en
espíritu porque de ellos es el reino de los cielos! ¡Bienaventurados los que lloran
porque ellos serán consolados! ¡Bienaventurados los mansos poruqe ellos reci-
birán la tierra! Los que no respingan. Los que no reaccionan cuando les están
quitando algo, sino que son mansos. Los que pudiendo reaccionar y golpear a dos
o a tres, se agarran la mano y dicen: “Dios te bendiga; que esto que me has quita-
do te sirva a ti”. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque
ellos serán saciados. “¡Ay, es que todos son muy malos conmigo! ¡Ay, nadie me
quiere!”. Y viene el Espíritu Santo y dice: “y ¿por qué lloras?, si te estoy dando
la mejor oportunidad de tu vida cabezón”. Dice: Bienaventurados los misericor-
diosos. Los que perdonan, porque recibirán misericordia. Bienaventurados los de
limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que hacen la paz;
los pacificadores, los que agarran la mano que está en pleito con la otra que está
en pleito y las unen, y oran para que haya paz siempre; los que no están en con-
tienda sino que buscan paz. Bienaventurados ellos, porque serán llamados hijos
de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos
es el reino de los cielos. ¿Sabes lo que es el reino de los cielos? Es los ángeles
39

viniendo a hacer milagros, señales, prodigios, a manifestar el poder de Dios en el


cielo y la tierra, por causa de que hay gente perseguida. Escúchalo bien, biena-
venturados los perseguidos por causa de la justicia; los que son perseguidos por
causa de predicar la justicia. Los que son perseguidos; los que sufren por hacer lo
justo, lo recto; los que pierden algo por mantenerse en justicia. Bienaventurados
los que son derechos, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados
sois cuando os vituperen y os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros
por mi causa, mintiendo. Bienaventurados, bienaventurados, ¡Bienaventurados!,
dice la Palabra, cuando hablan mal de ti, cuando hablan mentiras, dice, ¡gozaos y
alegraos porque vuestra recompensa es grande en los cielos! Déjame decirte que
hay una recompensa. ¿En dónde? En los cielos. Y ¿sabes lo que está haciendo Je-
sús? Está bajando el cielo aquí. Bienaventurados los que están en esa lista, porque
nunca tendrán depresión. Bienaventurados los que están en esa lista, porque su
fe siempre será muy poderosa. Bienaventurados los que están en esa lista, porque
no platican con el chamuco nunca; lo mandan a volar. Por último, bienaventura-
dos los que están en esa lista, porque el reino viene de parte de Dios a saludarlos
diciéndoles ... los ángeles vienen, de parte de Dios y les dicen: “oye, te traigo
saludos de tu amigo, Jesús”.
Hoy vamos a tomar la decisión de expulsar la lástima de nosotros mismos,
y le vamos a decir al Señor: “Señor no quiero sufrir por incrédulo. No quiero
sufrir porque me falte fe; por zonzo. Porque no conozca la Palabra. Porque no
crea tus promesas. Pero quiero sufrir, y sufrir con gozo, por causa de ti Señor,
por servirte a ti con todo mi corazón y el resto de mi vida. Sí, el resto de mi vida
sirviendo al Señor. Sí ¡quiero servirte Padre! ¡No me importa sufrir en nombre
de Jesús! ¡No me importa tener que perdonar! ¡No me importa tener que tolerar!
¡No me importa tener que soltar las cosas! Pero, quiero sufrir con gozo, quiero ser
bienaventurado”.
Bienaventurado es “buena” “ventura” y esto es “buena suerte”. Bienaventura-
do es tener el evangelio persiguiendo mi vida, dándome permanentemente buenas
noticias de parte de nuestro amigo amado, el Señor Jesucristo. ¡A Él sea la glo-
ria, la honra y la alabanza por siempre! Hoy es un día de fe, de desafío: ¿crees
la Palabra o no la crees? Yo quiero decirte que esta Palabra dijo que un Hombre
moriría y resucitaría y se cumplió. ¡Sí, se cumplió! Esta Palabra dice que el cielo
y la tierra pasarán pero esta Palabra nunca pasará.
Hay personas que están leyendo esto, que han tomado malas decisiones por
causa de no querer batallar, por causa de no querer sufrir lo necesario por el reino
de Dios. Hoy, Dios te permite considerar esto, para que tú te arrepientas. Esas
son personas que han soltado su ministerio, que han soltado su llamado, que han
40 CAPÍTULO 8. YA NO MÁS VULNERABLE

soltado esa unción, que han soltado lo que Dios tenía para ellos. Si tú estás en este
grupo de personas, te invito a hacer la siguiente oración, de arrepentimiento:
“Señor este día yo te pido perdón con todo mi corazón. Perdóname Señor Je-
sús. Desecho toda auto conmiseración, toda lástima de mí mismo, toda autocom-
pasión. Estoy dispuesto a sufrir por ti, no importa cual sea el precio, no importa lo
que tenga que dejar, pero quiero tu reino, quiero tu gloria, en el nombre de Jesús”.
El Señor te dice: “Mi hijo, mi hija, yo te devuelvo lo que habías dejado. Cuan-
do tú lo soltaste yo fui y lo recogí, y decidí luchar por ti para regresártelo hoy, así
que tómalo dice el Señor, no has perdido nada, es tuyo nuevamente”.
Capítulo 9

Unción que protege

Te voy a invitar a que leas Lucas 22:39-53. Esta escritura nos dice que el Se-
ñor Jesús fue al Monte de los Olivos. ¿Qué es un olivo? Es un árbol cuyo fruto es
usado para producir finalmente aceite. De ese aceite es del que se confeccionaba
el aceite de la unción en el Antiguo Testamento. Esto nos habla de que Jesús fue
a ese lugar en busca de unción. Jesús fue a encontrarse con Dios. Pero algo pasó,
con lo que quizá Jesús no contaba, y voy a pedirte que vayamos hasta el verso
53. Ahí dice que el Señor Jesús, al salir del Monte de los Olivos, era consciente
de que ahí se había encontrado con el reino de las tinieblas. Entonces, el Señor
Jesucristo se encontró, frente a frente, en el Monte de los Olivos con las tinieblas.
Él había ido allí a tomar del poder de Dios, para ir, en lo que tenía que pasar, no
con debilidad, sino con gozo, con sumo gozo. Después del Monte de los Olivos,
la Palabra dice que el Señor Jesús cuando fue al Calvario, fue como un hombre
poderoso, no se quejó, no suplicó, sino que puso su gozo delante de Él y fue a la
cruz (Hebreos 12:2). No rogó. La Palabra dice que puso su rostro como un peder-
nal (Isaías 50:5-7). Es decir, su rostro se convirtió en una roca, en algo que no sería
vencido por ninguna tormenta ni tempestad provocada por las tinieblas. ¿Dónde
el Señor Jesús encontró esa fuerza? La encontró en el Monte de los Olivos. Allí
fue a orar para tomar del Cielo toda la investidura, todo el poder para ir como es
digno del Redentor del mundo, del Dios que se hizo carne, mostrando el poder
y la grandeza de la gracia de Dios, manifestada en la carne débil y frágil con la
que Jesús fue vestido cuando se hizo hombre. Antes de que Jesús pronunciara lo
que dice en el versículo 53 de Lucas 22, Esta es la hora de las tinieblas, podemos
encontrar el v. 39, donde dice: Cuando Jesús saliendo se fue como solía al Monte
de los Olivos y sus discípulos también le siguieron, cuando llegó a aquel lugar les
dijo: ‘orad para que no entréis en tentación’. En Mateo 26:36 también dice que

41
42 CAPÍTULO 9. UNCIÓN QUE PROTEGE

Jesús llegó con ellos al lugar llamado Getsemaní o Monte de los Olivos y les dijo:
sentaos aquí hasta que yo vaya y ore, y el v. 37 dice: tomó consigo a Pedro y a
los hijos de Zebedeo y comenzó a entristecerse y a angustiarse, y el v. 38 agrega:
entonces les dijo: ‘mi alma está muy triste hasta la muerte’. Vamos a entender
esta expresión. Otra vez, ¿qué es el alma? Es sentimientos, emociones, deseos,
pensamientos, decisiones. Ahora, en la Biblia, ¿qué significa muerte? Significa
separación. Cuando la Palabra dice que la paga del pecado es muerte y agrega
por cuanto hemos pecado estamos separados, destituidos de la gloriosa presen-
cia de Dios. Entonces, ¿qué es muerte? Es separación de Dios. ¿Qué dijo el Señor
Jesús en el Huerto de Getsemaní? Mi alma está angustiada hasta la muerte. Esto
es, mi alma está angustiada hasta la separación. ¿Puedes captar la situación por
la que está pasando Jesús? Porque, ¿qué es espiritualmente la muerte? La muerte
física se entiende como que ya te vas al panteón. Pero, ¿qué es la muerte del alma?
En el caso de la muerte del alma, la gente puede seguir caminando, puede seguir
teniendo actividad, pero su alma se encuentra totalmente separada de Dios. ¿Esto
qué quiere decir? Quiere decir que mi alma se siente sola, sin Dios. Revisemos
nuevamente el concepto de “depresión” como lo habíamos mencionado al princi-
pio de este libro. ¿Qué es? Es un alma fuera de control, es cuando se ha ‘perdido’
el alma. En esta ocasión lo que Jesús está diciendo en el Getsemaní es: “siento
mi alma sin Dios, sin el Espíritu Santo”. Ahora hay tristeza, hay angustia. Quie-
ro preguntarte: cuando Jesús fue por la unción al Monte de los Olivos, ¿empezó
con gozo? Por cierto que no. Jesús sabía que iba a enfrentar un momento difícil
y fue a ese lugar para ser llenado de la unción, pero ya en ese sitio, ¿con qué se
encontró? Con las tinieblas diciéndole: “No vamos a dejar que seas ungido, no te
vamos a dejar que bebas de la unción. No te vamos a dejar que seas investido de
poder”. ¿Te das cuenta? Entonces, se armó un ataque de las tinieblas para tratar
de evitar esa investidura de la unción. Bueno, esto es lo que muchos cristianos
que se dedican a orar han ignorado. He conocido iglesias que buscan el mover de
Dios, que buscan la manifestación del Espíritu Santo, que buscan la unción y con
lo que finalmente terminan es con una fuerte depresión espiritual. Terminan con
gente desanimada, gente frustrada, gente triste, gente amargada, y se preguntan
“¿por qué?, si hemos estado buscando el mover de Dios, hemos estado buscando
la unción, ¿por qué nos pasa esto?”. ¿No de repente te has encontrado tú mismo
diciendo también: “bueno, pero si yo venía contento, pero, si yo venía a orar ani-
mado y, pero, si ayer me la pasé orando toda la tarde, ¿por qué ahorita me siento
de la patada?”? ¿Te ha tocado eso? Esta es la razón: porque el diablo no quiere
que tú llegues a ese momento de tomar la unción. Porque vamos al monte de la
oración, que es el Monte de los Olivos, que es el monte donde nos encontramos
43

con ese derramamiento de la unción. Y quiero decirte algo: no hay manifestación


de Dios si primero no hay un derramamiento del aceite de la presencia de Dios
metido en nuestros huesos, en nuestra carne, en nuestros pensamientos. Una im-
pregnación de la unción, del aceite de Dios. Pero ahí mismo, en esa búsqueda de
la unción también vas a encontrar esa oposición férrea del enemigo. ¿Se captó?
Por eso esta enseñanza es importantísima para ti que estás hambriento de Dios.
Para que no te vayas a quedar finalmente desanimado y triste.
Ahora, sigamos adelante con lo que pasó en el caso de Jesús. Vamos a leer
otra parte que viene en el v. 40: cuando él volvió a sus discípulos, ¿Cómo los en-
contró?, ¿fervientes?, ¿encendidos?, ¿adorando? No, los encontró dormidos, y les
dijo: no habéis podido velar ni una sola hora conmigo, velad y orad para que no
entréis en tentación, el espíritu a la verdad está dispuesto pero la carne es débil.
Por segunda vez se apartó y oró. El v. 43 dice que volvió otra vez y los halló
durmiendo. ¿Cómo los encontró? Durmiendo, porque los ojos de ellos estaban
pesados, cargados de sueño. Dice que dejándolos se apartó de nuevo y oró. Pero
queremos ver algo que viene en Lucas 22:42: oró en voz fuerte diciendo: Padre si
quieres aparta de mí esta copa pero no se haga mi voluntad sino la tuya. El v. 43
dice que entonces le apareció un ángel del cielo para fortalecerle, y angustiado
oraba con mayor intensidad. Dice que angustiado oraba con mayor intensidad.
Observa lo siguiente en el v. 44. ¿Qué es lo que dice allí que pasó mientras él oraba
intensamente? Dice que empezó a sudar. Mientras él estaba sudando dice que sus
gotas de sudor eran como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Yo te
quiero preguntar esto, fíjate bien: ¿puedes imaginar lo que eso significó? Él estuvo
orando, orando, orando, orando, orando, orando, ¡orando intensamente! Se sentía
mal, y entonces oraba más. Se sentía más triste, y entonces oraba más. Se sentía
desanimado, y entonces oraba aún más. ¡Y entonces de sus poros empezó a brotar
un sudor fruto del trabajo espiritual que Jesús estaba haciendo! Y de repente todo
Jesús estaba bañado con su sangre. En ese momento, cuando eso pasa, se levan-
ta y dice: “Cruz espérame, allí voy ¡y no te tengo miedo! y voy con la dignidad
de lo que soy: ¡el Hijo de Dios!”. Cuando estaba meditando en esto, la pregunta
que me hacía era: ¿cómo sucede esto? Porque bueno, yo no sé, pero creo que lo
que el Señor Jesús estaba sudando era sudor, no dice que era sangre; era un sudor
como gotas de sangre. Pero, no obstante, lo que el enemigo vio fue la cobertura
de la sangre sobre Jesús. Ahora, yo le pregunté al Señor: ¿cómo sucede esto? y el
Señor me llevó a 2o Reyes 3:26,27: Y cuando el rey de Moab vio que era venci-
do en la batalla, tomó consigo setecientos hombres que manejaban espada, para
atacar al rey de Edom; mas no pudieron. Entonces el rey de Moab arrebató a su
primogénito que había de reinar en su lugar, y lo sacrificó en holocausto sobre el
44 CAPÍTULO 9. UNCIÓN QUE PROTEGE

muro. Fíjate con quién se está enfrentando el pueblo de Israel: con el rey de Moab.
¿Qué hizo el rey de Moab? Sacrificó a su hijo. ¿En qué categoría pondrías al rey
de Moab? Era un brujo, era un espiritista, era un satanista. ¿Contra quién se va a
enfrentar el pueblo de Israel? Contra un satanista. Contra un brujo. Bien, ahora le
voy a preguntar a la Palabra cuál fue la primera lucha que tuvo que atravesar el
pueblo de Israel en este enfrentamiento con las tinieblas que se nos narra aquí. Y
la primera lucha que el pueblo de Israel enfrenta es lo que viene en el v. 9: Salie-
ron, pues, el rey de Israel, el rey de Judá, y el rey de Edom; y como anduvieron
rodeando por el desierto siete días de camino, les faltó agua para el ejército, y
para las bestias que los seguían. ¿Qué les faltó? Les faltó agua. ¿Sin qué elemen-
to se quedaron? Sin agua. Entonces, ¿cuál es el primer signo que aparece cuando
una persona se está enfrentando o es parte de una guerra frontal con las tinieblas,
como la guerra que enfrentó el Señor Jesús en el Getsemaní? El primer signo es
sequedad espiritual; es sentirse seco espiritualmente. ¿Qué significa esto? Vamos
al Salmo 42 que dice: Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas ...
Una pregunta: ¿cuándo brama un ciervo? Cuando tiene sed, y dice: como el ciervo
brama por las corrientes de las aguas, así mi alma tiene sed de ti, oh Dios. Mi
alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante
de Dios? Cuando un cristiano enfrenta una guerra espiritual entre las primeras
señales que va tener es sentirse, al igual que Jesús en el Huerto del Getsemaní:
seco por dentro. Cuando un cristiano enfrenta una guerra espiritual por cualquier
razón, cuando está luchando contra las tinieblas en oración, la primera señal que
puede enfrentar, fruto de la guerra espiritual, es sentirse seco, sentir su alma sin
esa comunión con Dios, tal como la sintió el Señor Jesús. Jesús dijo: mi alma está
angustiada hasta la muerte. En el Salmo que acabamos de leer David decía: mi
alma tiene sed de ti oh Dios. Entonces, cuando una persona, un cristiano, no sabe
esto, lo que va a pasar es que va a quedar en ese estado y de ahí no se va a mover.
Porque dice el v. 2 del Salmo: ¿cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?.
¿Qué es lo que te indica eso? Que en medio de esa guerra, David empezó a tomar
pasos, alejándose de Dios. Fíjate, dice: ¿cuándo vendré y me presentaré delante
de Dios? Ahora, volvamos a 2o Reyes 3:9: Salieron, pues, el rey de Israel, el rey
de Judá, y el rey de Edom; y como anduvieron rodeando por el desierto siete días
de camino, les faltó agua. ¿Qué significa esto? En lo espiritual significa que per-
dieron su comunión con Dios. Esto es, se sentían secos. Dice que entonces fueron
por el profeta Eliseo. Veamos el v. 14, donde nos narra la primera impresión de
Eliseo cuando llegó con estos reyes: y Eliseo dijo: Vive Jehová de los ejércitos, en
cuya presencia estoy, que si no tuviese respeto al rostro de Josafat rey de Judá, no
te miraría a ti, ni te viera. Esto es algo que le dice directamente al rey de Israel,
45

pero pon atención aquí porque la Escritura nos está mostrando que hay un profe-
ta llamado Eliseo, un hombre de Dios, que es sensible a lo que está sucediendo
en lugares celestiales, en los terrenos espirituales1 . Si tú te fijas aquí, Eliseo es-
taba siendo como excitado a sentir coraje. Eliseo estaba siendo como motivado a
sentir coraje en contra del rey de Israel. ¿Por qué? Porque el rey de Israel había
cometido graves errores. ¿Por qué se percibió esa sequedad espiritual? Porque es-
taban siendo acusados. El diablo está recordando, recuperando de la memoria, los
errores. El profeta de Dios entiende lo que está pasando, pero no se deja dominar
por esa molestia contra del rey de Israel. Sino que Eliseo, profeta de Dios, no se
deja vencer por esa acusación, y finalmente intercede en favor de ellos. Manda
traer un músico, y entonces viene la mano de Dios sobre él, y cuando esto pasa,
el Señor dice: aquí en el desierto, donde no hay agua, hagan depósitos de agua,
porque mañana, sin lluvia, sin viento, sin nubes, mañana van a ver agua. Ahora,
es importante notar que cuando viene el rey de Israel en guerra contra Moab, que
es un brujo, lo primero que sufre el rey de Israel es una sequedad. Es sentirse sin
agua espiritual, separado de Dios. ¿En dónde venía realmente tejido el problema?
El fondo es que se trata de una acusación. ¿Por qué? Porque este hombre no se
había arrepentido de sus problemas; no se había arrepentido de sus errores. En-
tonces van con un profeta. El profeta se da cuenta de la acusación, pero no se
deja mover por el enojo. Empieza a interceder, y Dios le dice: mañana va a haber
agua. Cavan, y al otro día los depósitos estaban llenos de agua. Vamos a leer en
v. 17: Porque Jehová ha dicho así: ‘No veréis viento, ni veréis lluvia; pero este
valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestra bestias y vuestros gana-
dos’, y sigue en el v. 20: Aconteció, pues, que por la mañana, cuando se ofrece
el sacrificio, he aquí vinieron aguas por el camino de Edom, y la tierra se llenó
de aguas. Cuando todos los de Moab oyeron que los reyes subían a pelear contra
ellos ... Ahora esto lo voy a parafrasear de una manera práctica, para que lo enten-
damos en el contexto de la iglesia: cuando oyeron los satanistas, los brujos, los
espiritistas, que la iglesia del Señor subía a hacer guerra espiritual contra ellos,
todos los satanistas de la ciudad se juntaron, desde los que apenas podían ceñir
armadura en adelante y se pusieron en la frontera para defender su territorio.
Cuando se levantaron por la mañana, brilló el sol sobre las aguas y los brujos,
los espiritistas, los satanistas, vieron desde lejos las aguas rojas como la sangre.
1
Esto es semejante a lo que la Escritura nos muestra en Zacarías 3. Allí se nos presenta un
sacerdote y a uno de sus lados estaban los demonios acusándolo, mientras que en el otro, los
ángeles se encontraban justificándolo. Cuando los demonios acusan, traen de la memoria todo lo
que se encuentra en el pasado. Y cuando ellos acusan a alguien, además hay gente aquí en la tierra
que, en paralelo, también le acusa.
46 CAPÍTULO 9. UNCIÓN QUE PROTEGE

¿Qué significa esto?, ¿qué eran esas aguas? Eran el río de la presencia de Dios
que venía a satisfacer la sed del alma de Israel. ¿Se entendió? ¿Qué era lo que
podría detener esas aguas? Los pecados, los errores y las acusaciones en contra
de Israel de parte de Satanás. ¿Qué es lo que podía impedir que esas acusaciones
y culpas detuvieran el río de la presencia de Dios? La sangre de Cristo. Por eso
cuando viene la presencia viene envuelta con la sangre de Cristo. Porque ella es la
sangre del pacto. Porque ella es la sangre que da garantía a la unión del pacto entre
Dios y un pueblo defectuoso, que comete errores, como tú y como yo. ¡La sangre!
Cuando nosotros estamos bebiendo de la presencia, estamos bebiendo del fruto de
la sangre. La sangre viene con un regalo dentro de ella: el río de la presencia de
Dios para satisfacer toda necesidad de esa misma presencia de Dios.
Elías se cortó la cabeza. Vino depresión, vino sequedad. La sangre lo restaura
y lo conecta al fluir de Dios. La sangre. ¡La poderosísima sangre de Cristo trae
un regalo! y cuando la bebemos, ella lleva adentro: comunión, intimidad, fluir
del Espíritu Santo. En lo físico, cuando he estado tomando, cuando he estado
bebiendo cualquier líquido, y después corro, hago ejercicio, hago esfuerzo. ¿Qué
va a pasar? Voy a sudar, y ¿qué es lo que va a contener ese sudor? Lo mismo
que tomé. De igual modo, si he estado bebiendo de la sangre, todo lo que trae
envuelto esa poderosísima sangre se va a manifestar a través de los poros de mi
piel: comunión con Dios, intimidad con Dios. ¿Cuando sudo qué manifiesto? Lo
que viene envuelto con la misma sangre.
Primero, yo tengo sed: “¡Te necesito Dios!, este pecador, este culpable, este
acusado, este necio, este insensato, este cabezón te necesita ... te necestia! Me
siento seco. Estoy en medio de una guerra espiritual, el diablo me está acusando,
y yo te necesito.” Y la sangre viene y trae abundante presencia, y trae abundante
fluir. Y yo bebo, bebo, bebo, y cuando he quedado satisfecho, ahora voy a la
guerra. Ya no estoy seco. Ya no estoy débil. Y allí en medio de la guerra, cuando
viene el enemigo, oro intensamente, y empiezo a sudar como sudó Jesús en el
Getsemaní, y entonces empieza a brotar ese sudor, y entonces ese sudor: estoy
bañado, estoy todo bañado en sudor. Pero ¿qué es ese sudor? La protección de la
sangre preciosa de Cristo Jesús.
¿Dónde está el problema? Cada vez que enfrento guerra espiritual me voy a
sentir seco. ¡Qué bueno! Porque esto me motivará para ir a la presencia de Dios.
Cuando enfrento guerra espiritual me siento seco. ¡Qué bueno, qué bueno, qué
bueno! Para que me acerque más a Él y beba, beba, beba de la sangre, beba del
Espíritu, beba de la comunión, ore, adore, exalte y le diga: “Señor te necesito,
dame más, dame más, dame más”. ¿Para qué? Para tener armadura y poder de
Dios que yo pueda sudar cuando voy a enfrentar la batalla. Para que cuando el
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diablo vea el sudor que está sobre mí vea el reflejo de aquello a lo que le tiene
pánico: la sangre que le derrotó en el Monte Calvario.
Si alguien me dice: “pastor he estado orando y no logro nada, cada vez me
siento más golpeado”. Yo le contesto: “pues necesitas sudar”, y él me dice: “pues
ya estuve orando y no me sale sudor”. Entonces le diré: “¡es que estás deshidratado
cabezón, es que estás bien deshidratado, estás en plena depresión!”. Hay que beber
de la comunión con Dios. David lo supo y dijo: Señor mi carne te desea, mi alma
tiene sed de ti. De madrugada te buscaré porque tengo sed.
– Señor, es que trabajo. Señor, es que aparte voy a muchas células. Señor es
que aparte tengo que atender a mi familia.
– Bueno, ¿Cuánto duermes? – me responde Él.
– Ya nada más duermo cuatro horas – le contesto.
– Perfecto. – agrega Él, con amor – Duerme solamente dos, y las otras dos te
la pasas bebiendo y al otro día hasta sin ejercicio vas a estar sudando.
Entonces el diablo dirá: “¡ay caramba! éste me salió bravo, mira nomás está
sude y sude, ¡está totalmente cubierto con la armadura de Dios! ¡Nooooo, el yelmo
ya se le formó!, ¡el cinturón ya se le formó, oh no!, ¡Ay, los zapatos del apresto
del evangelio de la paz ya se le formaron también! ¡Ay! ¿Qué voy a hacer? ¡La
coraza de justicia ya se le formó también con el sudor! ¡Uy se le está chorreando
el sudor por el brazo; ya se le formó el escudo y la espada también!”.
Sígueme en esta oración y dile: “Señor, ayúdame, ayúdame hoy”. Estamos lle-
gando al momento de las decisiones más importantes, porque no solamente tene-
mos que aprender la Palabra, tenemos que tomar decisiones, por eso dile: “Señor,
esta noche yo hago un pacto contigo. Yo te pido y tú me das. Yo hago mi parte:
pedirte. Tú haces tu parte: me das. Y lo que yo te voy a pedir es que no permitas
que yo ande sediento. No permitas que sólo ande pensando en acercarme a ti, y
no lo haga, sino que me acerque a ti verdaderamente. Esta noche yo te pido Señor
que me conectes para orar contigo, para tener comunión. Enséñame a beber de las
aguas de la vida. Enséñame a beber de la preciosa sangre de Cristo. Enséñame a
beber de esa agua de vida de tu presencia. Porque mi carne te desea y mi alma tie-
ne sed de ti Señor. ¡Mi alma tiene sed hoy! ¡Hoy Señor te necesito! Como el ciervo
brama por las corrientes de las aguas así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi
alma tiene sed. ¡Mi alma tiene sed de ti Señor! ¡De las aguas de tu presencia, de
la comunión con tu Espíritu!, ¡Espíritu Santo ven ahora envuelto con esa preciosa
sangre! ¡Sangre bendita de Jesús, sangre preciosa, se como ese tubo espiritual;
como ese conducto espiritual que viene del trono y lleva dentro ríos, ríos, ríos
del Espíritu Santo para satisfacer mi alma, mis emociones, mis sentimientos, mis
deseos, mis anhelos! ¡Señor gracias!, ¡gracias Jesucristo!, ¡gracias Rey de Gloria!
48 CAPÍTULO 9. UNCIÓN QUE PROTEGE

Estoy bebiendo, mi alma está bebiendo. No. No estoy haciendo guerra espiritual
ahorita. No, no estoy haciendo guerra espiritual, sino que estoy bebiendo, estoy
bebiendo de las aguas en este preciso momento. Estoy adorándote, adorándote
Señor. ¡Adorándote!”. Amén.