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García

Campoy

«CONCHA TIENE MUCHAS GANAS DE VIVIR»

García Campoy «CONCHA TIENE MUCHAS GANAS DE VIVIR» Carlos Iglesias Rangel EL ‘HIJO’ SECRETO DE ERNST

Carlos Iglesias Rangel

EL ‘HIJO’ SECRETO DE ERNST KOPLOWITZ

Es venezolano, tiene 50 años y vive en Suiza. Dice ser fruto del romance entre Koplowitz y Albertina Rangel. Lleva años reclamando su filiación. PÁGINA 14

Rangel. Lleva años reclamando su filiación. PÁGINA 14 PÁGINA 6 EL MUNDO / LA OTRA CRÓNICA

PÁGINA 6

EL MUNDO / LA OTRA CRÓNICA / 14 /01 / 2012

LOC 154

6 EL MUNDO / LA OTRA CRÓNICA / 14 /01 / 2012 LOC 154 DOÑA SOFÍA
6 EL MUNDO / LA OTRA CRÓNICA / 14 /01 / 2012 LOC 154 DOÑA SOFÍA
6 EL MUNDO / LA OTRA CRÓNICA / 14 /01 / 2012 LOC 154 DOÑA SOFÍA
DOÑA SOFÍA DE GRECIA LA MUJER MÁS SOLA DEL REINO ● La reveladora bio- grafía
DOÑA SOFÍA DE GRECIA
LA MUJER
MÁS SOLA
DEL REINO
La reveladora bio-
grafía sobre la vida
de Doña Sofía, escri-
ta por Pilar Eyre
Rechazó a hijos
de armadores griegos
La primera crisis
matrimonial se pro-
dujo en 1976 / PÁGINA 2
Carlota de Mónaco / SU NUEVO AMOR ES UN CÓMICO CUARENTÓN / PÁGINA 9
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2 LA OTRA CRONICA

EL MUNDO SÁBADO 14 ENERO 2012

PRIMER PLANO

Impreso por . Prohibida su reproducción.

PRIMER PLANO Impreso por . Prohibida su reproducción. GRAN PROFESIONAL. El buen hacer de Doña Sofía

GRAN PROFESIONAL. El buen hacer de Doña Sofía (73 años) ayudó a Don Juan Carlos a apuntalar su trono. / EFE

SOFÍA DE GRECIA

UNA MADRE MÁS REINA QUE ESPOSA

‘La soledad de la reina’ retrata los sinsabores de la vida de Doña Sofía, desde su infancia de privaciones a sus problemas conyugales. Pilar Eyre, su autora, lo resume para LOC

PILAR EYRE

E
E

n el inmenso avión de las fuerzas aéreas se respira mucha tristeza.

Hundida en su asiento, sola, una mujer de 42 años de rostro cansado y abultadas oje- ras, repite sin palabras: «Adiós, ma- má». Respetuosamente el coman- dante baja las luces y la reina se echa a llorar. Constantino está en

Londres, Irene en la India. Y Juani- to, ay, Juanito. Es 6 de febrero de 1981. La reina de España llora por

su madre, que la está esperando, muerta, extranjera y sola, en una ca- ja de caoba oscura con herrajes de plata colocada en el salón de Zar- zuela y el rostro cubierto con un ve- lo para ocultar las huellas terribles de la operación de párpados. Pero también llora por ella misma. ¡Ha si- do tan duro el camino! ¡Cuántas So- fías se han ido muriendo! Sobre una mesa de comedor, el 2 de noviembre de 1938, nació esta mujer de destino prodigioso, prince- sa pobre de un país pobre, y hasta

los ocho años tuvo la vida errante de los exiliados. Europa se desangraba durante la Segunda Guerra Mundial pero nadie quería acoger a la fami- lia real griega, que no tenía dinero, ni influencias, ni futuro. «¡No los quiero aquí!», bramaba Faruk, rey de Egipto. Qué diferente el exilio de la Familia Real española, siempre en buenos hoteles o elegantes residen- cias en Cannes, Roma, Suiza o Esto- ril, mientras los griegos malvivían en cabañas de Sudáfrica llenas de ratas que metían la cabeza en los tarros

de crema de Federica. A veces co- mían las hierbas que crecían a los la- dos del camino, tenían pulgas y chinches y debían hacer pañales pa- ra los pequeños con trapos viejos y papeles de periódico. Sofía se metía corriendo en la cama de la niñera y se tapaba los oídos para no oír las bombas. ¡No, que nadie me hable de la dureza del exilio de don Juanito! El aislamiento y el de- sarraigo convirtieron a Sofía en una niña intro-

vertida y huraña, apabu- llada por la extraordina- ria personalidad de sus padres. El rey Pablo, del que se dijo que había mantenido unas relacio- nes homosexuales en su juventud que noveló in- cluso Truman Capote en su libro Plegarias Atendi- das, fue un gran místico que creía en la transmi- gración de las almas y pensaba que en otras vi-

das. Federica y él ya se habían amado ¡Su madre, Federica, fue una experta en física cuántica! Era la mano que mecía el trono, mereció ser portada de Time y fue quien dijo a su hija:

«¡Las princesas no lloran!»; y «Tú te casarás con un príncipe real». ¿Amores de juventud? Por su- puesto, debajo de la apariencia im- pasible de Sofía, late un corazón apasionado y algo ingenuo. Los hi- jos de los armadores, los reyes del mar, los Ambatielos, Goulandris, Li- vanos, pretendieron su mano pero Federica los descartó de un pluma- zo. Eduardo de Kent, primo de la rei- na de Inglaterra, fue durante un tiempo un posible candidato hasta

que se casó con otra. Pero Sofía de- bía padecer un gran amor no corres- pondido: Harald de Noruega.

remedio que tirar la toalla. Humilla- da públicamente, apesadumbrada y con el corazón roto, se fijó en Juani- to y Juanito se fijó en ella. Los pa- dres ya habían hablado, Federica, «el mejor soldado de Europa», se- gún la definía Truman, había invita- do a los condes de Barcelona a Cor- fú para que se recuperaran de la trá- gica muerte de don Alfonsito.Quizás

de la trá- gica muerte de don Alfonsito .Quizás El matrimonio fue feliz hasta la muerte

El matrimonio fue feliz hasta la muerte de Franco. Después, según un amigo:

«Al rey se le ofrecían todas»

Sofía se enamoró de Harald de Noruega pero la dote que ofreció el gobierno griego fue insuficiente

también los dos príncipes se recono- cieron como iguales y no únicamen- te por la pureza de sus sangres: am- bos eran víctimas de padres ambi- ciosos pero debían labrarse su futuro en soledad. El compromiso fue tan inespera- do que los amigos de Portugal creían que era Irene la novia escogi- da por Juanito. Un Juanito de larga experiencia, a pesar de contar sólo con 21 años. A su amante, la ardien- te y escandalosa condesa Olginha de Robilant, le enseñó el anillo de pedida de Sofía en la última noche que pasaron juntos en una sórdida pensión romana:

—Lo he comprado con mi dinero. ¡Ingenua mentira! En realidad los rubíes pertenecían a una botonadu- ra de su padre. Los preparativos de la boda fue- ron atroces, incluso con violencia fí- sica. Las pretensiones de Federica fueron tales que más tarde el duque de Alba, que actuaba en nombre de Victoria Eugenia, explicó:

—La reina de Grecia casi llegó a pegarme un bofetón. Federica le decía con desprecio a Juanito:

—Eres un desgraciado… eres una m…, menos que nada… La pareja posó para los periodis- tas en el jardín de la Vieille Fontaine de Lausanne. En el comedor, Federi- ca y Victoria Eugenia se enfrentaron violentamente por la posición de ca- da una en las fotografías. Se casaron el 14 de mayo de 1962 entre fuertes tensiones: Franco vigi- laba desde Madrid con orden expre- sa de que a don Juan no se le reci- biera con el Himno Real sino con un pasodoble mientras Alfonso de Bor- bón planeaba cual ave de rapiña so- bre el hipotético trono español. Por su parte, Juanito iba con el brazo ro- to y Sofía tuvo que tomar pastillas para tranquilizarse. La noche de bo- das la pasaron en el camarote prin- cipal adornado con iconos rusos y cuadros impresionistas del único ya- te negro del mundo, el Creole, que les cedió Niarchos. Aunque proba-

blemente no aprovecharon mucho ¡el yeso que Juanito tenía en el bra- zo se había pegado a la piel y su

hombro estaba en carne viva! La intimidad matrimonial duró tanto como vivió Franco. ¡Sofía tenía muy claro lo que se esperaba de ella!

AMORES DE JUVENTUD Esa etapa de su vida es sobre la que más se ha mentido, la reina ha expli- cado con sequedad que apenas co- nocía al príncipe noruego. Señora, ¿para qué están las hemerotecas? Sofía se enamoró de este dios Thor aficionado a la vela, como ella, pero muy limitado de mente, de esa for- ma persistente y tenaz que sólo tie- nen los grandes tímidos. Su padre,

el rey Pablo, llegó incluso a reclamar

al parlamento griego una dote de nueve millones de dracmas para la boda de su hija, que el primer minis- tro Karamanlis redujo a la mitad, una cantidad que pareció ridícula al padre de Harald. Éste estaba muy enamorado de una modistilla con tendencias suicidas, Sonia Ha- raldsen. Y al mismo tiempo mante- nía una fuerte relación sexual con una atractiva azafata. Estas aventu- ras, explicadas en el tono comedido propio de los años 50, llenaban la in- cipiente prensa del corazón de la época, aunque las revistas noruegas siempre se manifestaron en contra de la candidatura de Sofía. Cuando parecía que el compromi- so entre Sofía y Harald iba a anun- ciarse, durante la boda precisamen- te del duque de Kent en Londres, el 8 de junio de 1961, irrumpió Sonia,

que había ahorrado dinero para es-

te viaje haciendo de dependienta. Le

dijo a Harald que si se emparejaba a

Sofía, se tomaría un tubo de pastillas

y el príncipe noruego se enfrentó a

su padre y le dijo que su decisión es- taba tomada: se casaría únicamente con Sonia. Aquí Sofía no tuvo más

EL MUNDO SÁBADO 14 ENERO 2012

LA OTRA CRONICA 3

EL MUNDO SÁBADO 14 ENERO 2012 L A O T R A C R O N

Que diera varones a la dinastía y que fuera una buena compañera en

trono de España, pero Franco nun- ca se volvió atrás en su decisión.

la

larga marcha de su marido hacia

Pesó en su ánimo el cariño que le te-

el

trono, aunque para ello debieran

nía a la princesa:

vivir como prisioneros en una Zar- zuela erizada de micrófonos. El mis- mo Franco comentaba de los que en

—Doña Sofía es muy inteligente, no le gusta la inmoralidad de la cor- te, es muy austera.

la intimidad llamaba los Juanitos:

—Son muy buenos los dos, llevan

vida de reclusos, intachables…

Pero todo terminó el día de la muerte del caudillo, el 20 de noviem- bre de 1975. El decálogo de Armada acabó en el más remoto de los cajones —es de su- poner que de vez en cuando Sofía lo desem-

polvaría y se abrazaría a él— y Juanito se dio cuenta de que él también era un Borbón, con todas sus consecuencias. Me lo contó un íntimo amigo suyo:

—¿Quién podía resistir- se? ¡Se le ofrecían todas! Yo pregunté:

—Fue cuando estuvo

con… —¿Una sola? ¡1.500! La primera vez fue un sábado, a las 11h. Enero, 1976. He aplicado a este suceso, y a los otros del mismo esti- lo, los rigurosos métodos de investi- gación que aprendí como reportera

en Interviú hace muchos años y puedo reconstruir minuto a minuto el día de autos. La reina les dijo a

sus hijos:

a minuto el día de autos. La reina les dijo a sus hijos: Tras la primera

Tras la primera decepción

en 1976, la soberana cogió

a sus hijos y se marchó

a la India con su madre

Cuando Doña Sofía se acerca, el Rey dice a sus amigos: «Cuidado que viene

la Reina. ¡Rompan filas!

Doña Carmen confesaba que el

aspecto aniñado de Doña Sofía y su mirada maliciosa le habían robado

el corazón a su marido. ¿Que había

que halagar a Franco y a la señora? Sofía asistía a las meriendas azules

de doña Carmen, rezaba el rosario con ella delante del brazo incorrup- to de Santa Teresa, despotricaba contra la nobleza afecta a don Juan

y abominaba de las costumbres mo-

dernas. Incluso pedía consejo sobre

la educación de sus hijos. También

tocaba la fibra sensible del matrimo- nio y les decía a los principitos ante

aquel al que en Estoril llamaban enano despreciable:

—Al general llamadlo abu. Claro que Franco no se olvidaba de preguntar nunca a su embajador

en Portugal por don Juan:

—¿Qué hace en Villa Giralda el borrachín aquel? En el porche, donde estaba segu- ro que nadie les escuchaba, Juanito

le confesaba a su mujer:

—Qué duro es bandearse entre los dos viejos. Se refería a su padre, que emitía soflamas inflamadas contra Franco

desde Estoril, y al Caudillo, pero So- fía se ponía un dedo en los labios y

le hacía callar. Habían descubierto

que el portero de Zarzuela pasaba información a El Pardo. Aunque cuando Franco hablaba de sus Juanitos ponía mirada soña- dora, desconfiaba de la sangre ca- liente de los borbones y le ordenó a Armada que redactara un código de conducta que sus pupilos debían se- guir obligatoriamente: «Rezar… ha- cer deporte, no contar chistes…no aceptar regalos, no tener amigos…».

Y el último punto, el que más gusta-

ba a Sofía: «Vida personal impeca- ble, que la princesa sea la principal ocupación del marido…». Los años de hibernación, 13, fue- ron, paradójicamente, los únicos fe- lices en la vida de Sofía. Juanito no hacía nada sin consultárselo a ella, no salían nunca el uno sin el otro. Lo recordaba ella más tarde con nostal- gia: «Juanito y yo hablábamos de política todo el día». Juntos se en- frentaron al peligro para sus intere- ses que representaba Alfonso de Borbón Dampierre, que se casó con

la nieta de Franco. En la sombra do-

ña Carmen empezó a conspirar pa- ra que Carmencita se sentara en el

—Venga, vamos a darle una sor- presa a papá, que está cazando. La sorpresa se la llevó ella. En los

montes de Toledo. La primera reacción, coger pasa-

je para irse a la India, con su madre.

Pero antes tuvo que apurar el cáliz

de su vergüenza: ir a una presenta- ción de embajadores por la mañana

y asistir a un partido de fútbol entre

el Atlético de Madrid y el Real Ma-

drid por la tarde. Ahí se puso la máscara de reina, la sonrisa impasi- ble, los ojos entrecerrados, que ya no se ha quitado nunca. Los periódicos, desconcertados, dieron noticias contradictorias de es- te viaje. Sólo Felipe hablaría en el

colegio de aquella semana:

—Había mosquitos… hacía mu- cho calor… sólo salíamos de noche. Es de suponer el consejo que le daría la reina Federica a su hija:

—¿Qué vas a hacer si te separas y renuncias al trono? ¡Mírame a mí!

¿Te gustaría pasar por lo que yo he pasado, vivir como estoy viviendo? La que fue reina de Grecia vivía castamente en un ashram en Ma- dras junto a un maestro llamado Mahadevin. Aquello marcó un antes

y un después en la vida conyugal de

Juan Carlos y Sofía. Se hicieron re- formas en Zarzuela, el dormitorio de la reina se puso en el primer piso, el del rey en el segundo. Y nunca más. Quizás no han sido 1.500. Hay

que reconocer que también hay mu- cha leyenda urbana al respecto, pe- ro ha habido muchas y algunas han llegado a salir en biografías y en pe- riódicos. El mismo rey confesaría en

la intimidad con ironía: «Hay que te-

ner cuidado con estas chicas meti- das a artistas». Pero don Juan Car- los, que conoce a los españoles co- mo si los hubiera parido, sabe que ser mujeriego puntúa a su favor. Po- co antes de escribir este libro, un ilustre monárquico le alertaba sobre una campaña en su contra. Don Juan Carlos repuso con desenfado:

—¿Y qué van a decir de mí, que tengo novias? A mí que más me da ¡al menos eso será cierto!

novias? A mí que más me da ¡al menos eso será cierto! DETRÁS DEL REY. La

DETRÁS DEL REY. La reina Sofía camina junto a Don Juan Carlos en un acto de 2008 celebrado en Mallorca. / EFE

DE CERCA / JAIME PEÑAFIEL

¡DIOS SALVE A LA REINA!

En 1993, Imelda Navajo, directora de La Esfera de los Libros, publicaba en Temas de Hoy, la editorial que entonces dirigía, una trilogía mía sobre la Familia Real. Los protagonistas de cada

volumen: don Juan Carlos (¡Dios salve al Rey!); doña Sofía ¡Dios salve a la Reina!) y Felipe (¡Quién salvará al Príncipe!). Tres títulos que resultan premonitorios. Porque hoy, más que nunca, he de desear ¡larga vida a Su Majestad! para que el futuro del príncipe esté garantizado. Mientras a doña Sofía, que después de su torpe actuación en lo de Urdangarin, atraviesa los momentos más tristes de su vida, lo de ¡Dios salve a la reina! es un lógico deseo. ¿No entendía que, apoyando al yerno, perjudicaba el futuro de su hijo? ¿Dónde queda la «gran profesional», como don Juan Carlos la definió en sus conversaciones conVilallonga? A diferencia de algunos periodistas cortesanos, pienso que ha sido un gran error de la reina anteponer la

devoción a la obligación. En el libro al que me he referido, escribía que doña Sofía era hija de su madre pero que también había aprendido de sus errores. Por el contrario, una mujer segura y firme dotada de visión política. Va a ser que no. Su obligación, en estos momentos, es estar junto al rey y el príncipe. Sacrificando, si necesario fuera, a su propia hija. La vida de doña Sofía no ha sido un lecho de rosas. A nivel sentimental, no siempre feliz. Aunque su amor por don Juan Carlos fue un gran amor, 50 años de matrimonio son muchos para que una relación no se deteriore. Pero ignoro cuándo la reina comenzó a sentirse tan sola. Espero que el 14 de mayo, en sus bodas de oro, no suceda lo que en 1991. Aquel día se publicó una foto suya a lomos de una mula por los senderos andinos mientras el rey veía los toros desde una barrera. ¡Dios salve a la reina!

Su actitud ejemplar en el 23-F lo convirtió en un dios, y a los dioses no se les piden cuentas de sus actos, Manuel Prado lo dijo muy claro:

«Aquella noche se consolidó de ver- dad la monarquía de don Juan Car- los ¡El príncipe Felipe, para lograr lo mismo, necesitará también su 23- F!». A pesar de lo que nos ha conta- do su biógrafa oficial, la reina esa noche entró en pánico y llegó a pe- dirle al rey que conquistara a fuego el Congreso. Pánico al exilio, a la po- breza, a las ratas, al futuro. El rey sabe que a partir del 23-F todo le está permitido y la reina, des- graciadamente, también lo sabe. La maledicencia ha alcanzado asi- mismo a Sofía, un arquitecto, un músico, un presidente, un indio… De la mayoría ella no sabe nada ¿Quién se va a atrever a contárselo? Habla mal el español porque apenas lo practica, no tiene amigas íntimas, ya le avisaba Victoria Eugenia:

—¡Cómo tener amigas, si cual- quiera de ellas quizás está acostán- dose con tu marido! Únicamente puede contar con su prima Tatiana, que vive en París, y sus hermanos, la tía Pecu (por Pe-

culiar), Irene, y

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4 LA OTRA CRONICA

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PRIMER PLANO

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Constantino. Pe-

ro sí ha resultado un golpe muy du- ro que los largos años de sacrificio no le hayan sido reconocidas por nadie. Su desgraciada vida conyugal ha marcado de forma cruel e injus- ta su proyección pública. Se la ha relegado a causas que no despiertan emoción, apenas se da publicidad a sus actuaciones. ¡En el cielo de la Zarzuela sólo puede brillar un astro! Mientras el rey es un profesional de la seducción, la presencia de la reina resulta pesada y molesta para la camarilla de su marido, que es el primero en burlarse cuando la ve aproximarse a largas zancadas, cu- bierta de abalorios y con esas faldas largas que tratan de cubrir unas piernas que ella considera demasia- do gruesas. Guiñando un ojo, el rey advierte a sus compañeros de vela en el puerto de Mallorca: «Cuidado que viene la reina. ¡Rompan filas!».

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ÚLTIMA TRAICIÓN Cuando sus amigos le preguntaban confidencialmente a Sabino Fernán- dez Campo si la reina conocía las ac- tividades amorosas de su marido con detalle, éste contestaba:

—Claro que sí, pero no sabe si son muchas o muy viajadas. La reina no ha tenido más reme- dio que abdicar de su papel de espo- sa, pero no de madre, aunque tam- bién aquí ha recibido muchas críti- cas. Las infantas han sido educadas como chicas normales, por lo tanto escogieron a plebeyos para casarse con la aprobación de Sofía. ¡La reina no quería que fueran tan desgracia- das como lo había sido ella! Se decía que malcriaba a su hijo y que en un momento dado se le exi- gió que dejara su educación en ma- nos más expertas. Es en la única ocasión que se ha rebelado, furiosa:

—Entonces ¿a mí que me queda? El rey, que no tenía la conciencia muy limpia, termino transigiendo, aunque ahora le culpa de no haber sabido crear una familia. Y eso que Sofía es más madre que reina. Y sin ella quererlo, es más rei- na que esposa. Cuando operaron al rey de un nódulo benigno en el hospital Clinic de Barcelona, el 8 de mayo de 2010, los españoles crucifica- ron a su reina porque no estaba al lado de su marido. Los perio- distas sabíamos perfectamente porqué no iba la reina al hospital y porqué el rey no quería recupe- rarse en su casa, sino en la Clíni- ca Planas. Al final, debido al cla- mor popular, Doña Sofía no tuvo más remedio que tragarse su or- gullo, acudir al hospital, subir a la habitación, bajar de nuevo y posar dócilmente para los fotó- grafos. Mientras, todos vimos que un ascensor subía al piso donde estaba su majestad. Con una persona. La reina se fue sola al aeropuerto y esperó sola el avión de línea regular. Esa noche llamé a mi editora y le dije: «Quie- ro escribir un libro sobre Sofía». -¿Y cómo lo vas a llamar? -¡La soledad de la reina!

-¿Y cómo lo vas a llamar? -¡La soledad de la reina! ‘La soledad de la reina’

‘La soledad de la reina’ (La Esfera de los libros), de Pilar Eyre, está a la venta a partir de la próxima semana.

Pilar Eyre, está a la venta a partir de la próxima semana. OBLIGACIONES EN LOS TOROS.
Pilar Eyre, está a la venta a partir de la próxima semana. OBLIGACIONES EN LOS TOROS.
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OBLIGACIONES

EN LOS TOROS. La reina

Sofía es vegetariana y no puede soportar el sufrimiento animal. Arriba, en una tarde de toros en San Isidro de 1971. Todo valía para ayudar a Juanito en su lucha por llegar al trono. DE CAZA. También destesta la caza aunque aceptó acompañar al entonces príncipe en algunas expediciones cinegéticas. Debajo, en una montería en Andujar (Jaen), que tuvo lugar en 1969.

SOFÍA LA GRIEGA. Doña

Sofía ataviada con el traje típico de Grecia en una simpática imagen de 1954, ocho años antes de su boda con el futuro rey de España. Entonces solo tenía 16 años.

OTRAS ‘PERLAS’ DEL LIBRO

EL NOVIO SORPRESA. Letizia Ortiz

tenía pareja cuando conoció alpríncipe Felipe. Pero según la autora de La soledad de la reina no se trataría de David Tejera, su compañero en CNN+ sino de Kitín Muñoz. Según especula Eyre, la relación duró dos meses, hasta que el aventurero conoció a la princesa Kalina de Bulgaria. Para retirarse galantemente, presentó a Letizia al príncipe, que entonces aún estaría saliendo con Eva Sannum. Esta versión difiere de la oficial que sostiene que los príncipes de Asturias se conocieron en una cena en casa de Pedro Erquicia.

VUELTA A LA ORTODOXIA. Como

su madre, la reina Federica, la soberana tiene un gran interés en la espiritualidad. Doña Sofía va todos los domingos a misa en Zarzuela. Sin embargo, cada vez se la ve más a menudo en la iglesia ortodoxa de Madrid, donde reza con gran devoción. También acude a la iglesia adventista, un culto que le interesa. Resulta divertida una anécdota sobre una cena en la que la reina se encontró con Pitita Ruidrejo. «En El Escorial se aparece la Virgen. ¡Una luz intensísima, una paz!», le dijo. La

reina entusiasmada empezó a preguntar cuándo era y si ella podía ir

y también se le aparecería. El rey

señaló a Pitita: «¡Tu, calla! No le llenes la cabeza de esas tonterías que

se lo cree todo».

LA FORTUNA DEL REY. La reina es

austera aunque siente una gran inseguridad sobre su futuro pues teme que en España pueda vivirse una situación análoga a la de su Grecia natal, de donde su familia tuvo que partir con lo puesto. La reina, según recoge Eyre tras una conversación con José García Abad, no solo sería sabedora de los negocios opacos del monarca sino que también le habría animado a enriquecerse. LAS HIJAS. La reina fue partidaria de que las infantas se casaran por amor. ¡Cómo querer que sus hijas se prestaran a un matrimonio de conveniencia! ¡Para sufrir como bestias! El rey solo quiere que las hagan felices. En el caso de Cristina parece haberlo conseguido junto a Iñaki Urdangarin (el libro no recoge sus actuales circunstancias). Elena no tanto. Tras el ataque cerebral que sufrió Jaime de Marichalar en 2001, los duques de Lugo se trasladaron a Nueva York, donde doña Sofía acudió

a menudo a visitar a su hija. Pero a

don Jaime se le ha agriado el carácter

y doña Elena sufre por los desplantes

de su esposo. En la despedida de una de esas visitas, madre e hija se abrazan largamente. Sofía, mientras se sube al avión se permite un halago:

«Pues tan mal no debo haberlo hecho cuando he tenido una hija como Elena». Cuando los Lugo regresan a España, la infanta pierde al hijo que esperaba. Ya no hubo vuelta atrás en el matrimonio.

LA OTRA CANDIDATA. El rey en su

juventud estuvo muy enamorado de María Gabriela de Saboya, considerada demasiado moderna. Ya casado siguió tratándola. Incluso bailaban el limbo rock delante de Sofía, que intentaba sonreír ante la circunstancias. Cuando el multimillonario Robert de Balkany le pidió casarse, Juanito animó a su ex novia. «No seas tonta te hará muy feliz ¡es muy rico!».