Guía de Padres

CONTENIDO
CAPÍTULO LA GUÍA DE PADRES 1 2 3 4 5 6 I 7 II 8 III 9 IV 10 V 11 VI 12 13 VII VIII IX 1 2 3 I 4 II 5 III 6 IV 7 8 V 9 VI 10 VII 11 VIII 12 IX 13 X XI XII 1 2 XIII 3 XIV 4 5 6 I 7 II 8 III 9 IV 10 V 11 12 VI VII VIII IX CÓMO USAR LA GUÍA ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA FAMILIA APRENDER A VIVIR JUNTOS Ser padres en la etapa escolar. La oportunidad de estar cerca Necesidades de padres e hijos Manejar los sentimientos. Escuchar a nuestros hijos Comunicación en la familia. Hablar a nuestros hijos Resolver problemas y conflictos en la familia Rivalidad entre hermanos Divertirnos juntos El descubrimiento de la amistad y el sentido de pertenencia Familia, tradiciones y comunidad APRENDER A CONOCER Y A HACER Entrar a la escuela primaria. El niño de primero a tercero La preadolescencia. El niño de cuarto a sexto Hábitos que hacen más fácil y agradable la vida diaria Hábitos que nos mantienen sanos Compartir las tareas de la casa El apoyo de los padres en el desempeño escolar Familia y escuela. Un equipo a favor del niño Diferentes maneras de aprender y resolver problemas Enseñar al niño a pensar Tareas escolares Exámenes y calificaciones El gozo de leer y escribir Las matemáticas son divertidas Juegos y deportes APRENDER A SER El cuidado de la autoestima El camino hacia la libertad Los padres y los valores Educación de la sexualidad. Información enmarcada en valores La disciplina. Una expresión del amor Consecuencias naturales y consecuencias lógicas Mentir y robar La televisión y otras pantallas Juego y creatividad PARA TERMINAR BIBLIOGRAFÍA PÁGINA 4 5 6 7 8 11 14 19 23 28 32 36 42 46 47 51 54 58 64 67 70 74 78 82 85 93 97 100 103 104 109 112 115 121 124 128 132 136 141 142

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LA GUÍA DE PADRES
Todos los padres quisiéramos que nuestros hijos crecieran sanos y felices Deseamos que nuestros hijos lleguen a ser adultos responsables, satisfechos, amorosos y felices; intentamos darles la mejor formación, pero a veces no sabemos cómo hacerlo. Para criarlos y educarlos tenemos que prepararnos, ampliar nuestros conocimientos, reflexionar sobre nuestros valores, pensar qué ejemplo les damos y encontrar la mejor manera de apoyar el desarrollo de sus sentimientos, habilidades y virtudes. ¿Por qué publicar la Guía? Los padres necesitamos cada vez más conocimientos para cumplir de manera adecuada uno de los trabajos más importantes y complejos que hemos de realizar: la educación de nuestros hijos. La Guía intenta contribuir a la satisfacción de esta necesidad. Saber más sobre el sentido de la educación, sobre las distintas formas de animar a los niños a usar su inteligencia, a relacionarse con otras personas y a expresar sus sentimientos y su creatividad nos ayuda a actuar con mayor eficacia y a sentirnos satisfechos como padres. Los libros son fuente de información y un estímulo para reflexionar. Nuestro criterio se amplía, se enriquece y se nutre con las ideas de los demás. A lo largo de los años, muchos educadores han estudiado cómo son los niños, cómo actúan y se desarrollan, cómo aprenden, qué necesitan y de qué manera se relacionan con otros. Lo que hoy se sabe acerca del aprendizaje y el desarrollo infantil nos invita a revisar nuestras ideas y prácticas educativas. Sabemos que la formación de la personalidad y de las capacidades intelectuales comienza cuando el niño nace; que las emociones influyen de manera muy importante en el rendimiento escolar; que el aprendizaje no se recibe pasivamente sino que se construye a partir de las experiencias y de las relaciones con las personas; que el niño necesita el cariño, el estímulo y el apoyo permanente de sus padres. Sabemos que existen diferentes maneras de guiar y de estimular a los niños, de hacerlos sentir seguros y contentos consigo mismos. La Guía recoge los descubrimientos y experiencias de algunos educadores y los ofrece a los padres para que aprovechemos lo que nos parezca útil, para que intentemos disfrutar más de nuestros hijos y ser mejores acompañantes en su camino a la madurez durante los años claves de su formación. La Guía: lo que sí es Esta Guía tiene como objetivo ofrecer a los padres un instrumento que ayude a aclarar algunas ideas y sentimientos sobre la tarea de educar, a comprender mejor a los hijos y a construir un ambiente en el que todos los miembros de la familia convivan en armonía. Pretende darnos herramientas para promover la unión y los valores familiares, para fortalecer el diálogo y lograr una relación de confianza, respeto, aceptación y cariño entre padres e hijos. La Guía presenta opciones para que cada padre y madre tomemos lo que nos sea útil, para que ensayemos maneras nuevas de actuar que faciliten nuestra labor educativa y nos permitan aprender junto con nuestros hijos. La Guía ofrece algunas orientaciones para ayudarnos a observar y escuchar con atención y respeto a los niños y niñas, y nos da sugerencias para proporcionarles los estímulos y el apoyo que necesitan a medida que crecen. Sugiere actividades sencillas que podemos realizar para convertir el espacio familiar en un sitio interesante, divertido, seguro e inspirador para todos. La Guía: lo que no es La Guía no es un sustituto del criterio de los padres ni un recetario para aplicarse al pie de la letra. No existe un libro con la solución a todas las situaciones que viven las familias y seguramente no existirá nunca. Nadie tiene todas las respuestas. Además, los padres actuamos siguiendo nuestros impulsos personales, costumbres y conocimientos y decidimos lo que hay que hacer en cada caso según las circunstancias, las necesidades y la personalidad de nuestros hijos. La Guía no trata sobre la atención de la salud, la alimentación o la higiene de la niña o el niño. El médico o la institución que los atienden debe hacer el seguimiento de su evolución y recomendar los cuidados, las vacunas y la alimentación que necesitan en las distintas etapas de su desarrollo. La Guía tampoco se refiere a las necesidades especiales y específicas de los niños con alguna limitación o discapacidad, ni a problemas graves como el maltrato o el abuso. Estos temas deben atenderse con ayuda profesional. Cuando contemplamos el panorama completo del desarrollo del niño o la niña comprendemos mejor el sentido de los retos y logros de cada etapa La personalidad del niño es sumamente compleja. Integra aspectos muy diferentes: físico, emocional, intelectual, social, creativo y espiritual. Los padres tenemos que atender cada uno de ellos y saber que se relacionan, se entrecruzan unos con otros y se desarrollan juntos. La Guía trata los distintos elementos de la personalidad del niño y los presenta en tres apartados: Aprender a vivir juntos, Aprender a conocer y a hacer, y Aprender a ser. En el desarrollo del niño, los aprendizajes incluidos en estos tres apartados constituyen una unidad indivisible, sin embargo, cada uno tiene sus particularidades y, para comprenderlos mejor, conviene tratarlos por separado. La Guía es una invitación a ampliar nuestros conocimientos y a reflexionar sobre los distintos temas para saber qué esperar y decidir qué hacer a medida que crecen los niños. Si entendemos mejor y ponemos atención a los avances de nuestros hijos, podremos prestarles la ayuda necesaria en cada momento y prepararlos para que ellos sigan avanzando y aprendiendo por su cuenta durante toda su vida. Esta guía está dedicada a los padres de niños en edad escolar, es decir, a los padres de niños que tienen entre 6 y 12 años de edad Si bien en el periodo escolar los cambios son continuos, se pueden distinguir dos etapas: la primera, de los 6 a los 8 años, y la segunda de los 9 a los 12. Es conveniente conocer el proceso de desarrollo de nuestro hijo y lo que podemos hacer para favorecerlo. Las etapas de desarrollo se describen de manera general, pero cada niño es diferente y único. La información sobre desarrollo infantil que aquí se ofrece es una guía para aprender a observar a nuestro hijo y comprender sus procesos individuales de crecimiento. A diferencia del pequeño en edad preescolar, el niño que cursa la escuela primaria tiene mayor capacidad para responder a las ideas e iniciativas de sus padres, para participar en actividades de su familia y de su comunidad. Los padres de niños en edad escolar tenemos la oportunidad de guiarlos por medio del diálogo, del convencimiento, del juego, de la cooperación y del ejemplo. Es esta la edad debemos sembrar intereses, actitudes y valores que los ayuden a convertirse poco a poco en personas autónomas, responsables, solidarias y amorosas; en ciudadanos activos y capaces de convivir en un ambiente de respeto a la dignidad y a los derechos de los demás.

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Guía de Padres

CÓMO USAR LA GUÍA
La Guía de Padres está compuesta por tres apartados: 1. Aprender a vivir juntos 2. Aprender a conocer y a hacer 3. Aprender a ser Cada apartado incluye una introducción y varios capítulos. La estructura de los capítulos intenta inducir una actitud activa en los padres al leer la Guía. Los capítulos incluyen varias secciones: ejercicio, información y recomendaciones. Todos los capítulos se acompañan de ilustraciones. Ejercicio de reflexión Al principio de cada capítulo, se plantea un ejercicio de reflexión con preguntas y algunas sugerencias para ayudar a hacer conciencia sobre las propias actitudes, maneras de reaccionar, información e ideas acerca de la educación y el desarrollo del niño. Como no se trata de un examen y las respuestas no son correctas o incorrectas, ni tienen que entregarse a nadie, se sugiere contestar con la mayor verdad y honestidad posibles, y hacerlo antes de leer el texto del capítulo.

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
¿Qué significa para usted ser madre? ¿Ser padre? ¿Para qué educa usted a su niño?

Información Después del ejercicio de reflexión se presentan algunas ideas y reflexiones sobre el tema. Es pertinente aclarar que cuando la Guía habla del “niño”, la intención, desde luego, es incluir a los niños y a las niñas, pero también facilitar la lectura y no cansar a los lectores con la continua aclaración. Cuando es necesario precisar, o se tratan temas relacionados con las diferencias de género se hace la distinción expresa.
Con el fin de ayudar a su hijo a apreciar y disfrutar su niñez, cada semana, junto con él, anote en una libreta los mejores momentos que haya vivido y también las circunstancias difíciles por las que pasó. También escriba cómo se siente usted ante sus cambios y reacciones. Estas notas le servirán para estar más cerca de su hijo, pues a él le encantará platicar con usted sobre los momentos agradables que pasaron juntos y la manera en que resolvieron los problemas. También puede pedirle a su hijo que escriba su propio diario y colabore en esta libreta con su punto de vista.

Recomendaciones Al final del capítulo, se encuentra una lista de sugerencias que se consideran convenientes. No todas las recomendaciones se pueden aplicar al mismo tiempo. Quizá sea conveniente escoger una o dos, probarlas, y después tomar otras dos.
Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Aprenda a observar a su niño, esté pendiente de lo que le gusta y lo que necesita. Comente sus observaciones con su pareja o con alguna persona de su confianza. Descubra cuáles son las capacidades naturales de su hijo y proporciónele los medios necesarios para que logre cultivarlas. Dígale lo que siente al verlo crecer. Dele señales de que lo aprecia, lo disfruta y se siente orgulloso por sus avances. No se aleje ni se desentienda de su hijo. En la etapa escolar lo necesita mucho.

Ilustraciones Los dibujos destacan las principales ideas del capítulo.
Un niño puede ser fuente interminable de sorpresas y diversión

Se sugiere comentar las ideas de la Guía con la pareja o con alguna persona de nuestra confianza; también formar grupos de discusión con otros padres. Compartir nuestros puntos de vista, dudas e inquietudes, así como reflexionar juntos, nos reconforta y nos enriquece.

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ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA FAMILIA
La familia es la primera y más importante influencia para el niño o la niña La familia, ese pequeño grupo de personas que comparten un hogar y una visión del mundo, es el modelo fundamental del niño; a través de la convivencia diaria le transmite —directa e indirectamente, conciente e inconcientemente— sus costumbres, creencias, maneras de actuar, de pensar, de resolver conflictos, de relacionarse. La familia protege al niño, lo alimenta, lo cuida; le da seguridad, confianza y cariño; lo guía, le enseña, lo estimula y lo educa. La familia le hace sentir que pertenece, que tiene un lugar propio y que es único y valioso. Nuestro hijo va a enfrentar la vida, en gran parte, con los recursos que logre obtener en la niñez. Sus logros se apoyarán en la confianza y seguridad en sí mismo que le ayudemos a desarrollar, en los conocimientos y destrezas que vaya adquiriendo con nuestro estímulo, en la habilidad de decidir y de ser responsable que sepamos alentar, en su autonomía, en los valores que asimiló, en el afecto que recibió y aprendió a dar, en su capacidad de relacionarse con otros, de compartir y de ser solidario. Cada familia es diferente Las familias son distintas según las personas que las forman y las condiciones de cada una. Una familia puede estar formada por una mamá y un hijo; un papá, una tía y una hija; una abuela y un nieto; un papá, una mamá y varios hijos, una pareja con hijas o hijos adoptados, una pareja sin hijos, etcétera. Hay familias grandes o pequeñas; algunas se reúnen con frecuencia y otras se ven de cuando en cuando; algunas organizan fiestas, otras se platican historias o se ayudan cuando es necesario; algunas se pelean por cualquier asunto y otras prefieren no hablar de los problemas que les afligen. En algunas familias las personas encuentran difícil resolver sus desacuerdos; otras tienen mayor capacidad de reconocer los conflictos, enfrentarlos y solucionarlos por medio del diálogo, de aceptar sus diferencias y enriquecerse con ellas. Para algunas familias es natural expresar los sentimientos y escuchar a los demás, se sienten bien al demostrar su afecto a través de caricias y palabras cariñosas; otras familias son más reservadas, las manifestaciones afectivas no les resultan cómodas y buscan mostrar su amor de maneras distintas. Cada familia tiene su propio estilo de disfrutar, compartir, comunicarse y quererse. Todas las familias son valiosas y todas pueden mejorar su funcionamiento. En cualquier tipo de familia los niños tienen el derecho y también la posibilidad de crecer felices, de aprender y de desarrollar sus capacidades Ninguna persona es perfecta, las familias tampoco lo son. Todos sufrimos limitaciones en nuestros conocimientos y recursos, a veces nos equivocamos o perdemos el control, pero todos tenemos también la capacidad de superar los errores, el cansancio o el enojo, de aprender nuevas formas de convivir con los demás y de ser solidarios. Lo que importa es que los padres, los abuelos, los tíos, o quien quiera que sea la persona adulta encargada de la educación de los niños en una familia, seamos concientes de la trascendencia de nuestro papel como educadores y nos ocupemos de nuestros niños con inteligencia, respeto y sobre todo con amor. Así como las personas evolucionan, las familias también van cambiando Las familias pasan por diversas etapas: funcionan de manera diferente cuando los hijos son pequeños, cuando entran a la escuela o llegan a la adolescencia. Todas las personas y las familias necesitan detenerse en el camino de cuando en cuando para reflexionar sobre las nuevas circunstancias que se van presentando y modificar, si es conveniente, su modo de actuar y relacionarse. En cada etapa, nuestro hijo o hija requiere distintos cuidados, ayuda, atención y guía que van transformándose a medida que madura y se hace independiente. En cada etapa también nosotros vamos cambiando y hemos de satisfacer nuestras necesidades personales al mismo tiempo que fortalecemos los vínculos familiares y encontramos nuevas formas de compartir y apoyarnos unos a otros. Los padres enseñamos a los hijos con nuestra propia vida El trabajo principal de los padres en la educación de nuestros hijos e hijas es el que hacemos sobre nosotros mismos; lo que les transmitimos es lo que somos en verdad. Los niños aprenden normas, valores y comportamientos cuando observan nuestra forma de actuar, de tratarnos unos a otros, de expresar nuestros sentimientos, de poner límites y atender las necesidades de los demás, de manifestar cariño, de hacernos responsables y comprometernos con otros y con la comunidad. Ser el modelo de nuestros hijos supone una gran responsabilidad y un esfuerzo constante; nos exige revisar las creencias y costumbres que han pasado de generación en generación hasta llegar a nosotros, cuestionarlas con sentido crítico y arriesgarnos a buscar una mejor manera de vivir. Muchas veces tendremos que superar dificultades, desafiar personas, controlar impulsos. Para lograrlo, se requiere un gran amor a nuestros hijos y tener muy claro lo que queremos lograr con su educación. Los ideales orientan nuestros pasos y nos dan fuerza para seguir luchando Es necesario tomar una decisión ante las dificultades de todo tipo que vivimos los padres, ante el agotamiento, el fracaso o la tristeza. O nos dejamos vencer por las circunstancias o bien mantenemos en la mente y el corazón nuestros anhelos y valores, y aprovechamos los obstáculos para crecer y para dar a nuestros hijos un ejemplo de valentía, de esperanza, de amor. Esta Guía propone actitudes, acciones y soluciones que parecerían no tomar en cuenta las complicaciones de la vida cotidiana y las condiciones difíciles que padecen las familias Y sin embargo, estas sugerencias han surgido de la experiencia de muchos padres que, como todos nosotros, han enfrentado problemas serios y se han equivocado muchas veces. Al ser concientes de sus errores y tratar de corregirlos, ellos encontraron maneras útiles y benéficas de relacionarse con sus hijos y apoyarlos en su proceso de desarrollo. Quizá no siempre sea posible llevar a cabo las sugerencias aquí planteadas, pero sostener una aspiración y entender que lograrla en alguna medida significa dar a nuestros hijos una vida más plena y más feliz, nos puede dar el aliento suficiente, no para ser perfectos, pero sí para intentar ser mejores padres cada día.

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APRENDER A VIVIR JUNTOS
Aprender a convivir es una de las principales tareas de la educación Para llegar a nuestra plenitud como seres humanos necesitamos de otros. Aprender a vivir juntos es indispensable para realizar cualquier actividad. Gran parte de la labor que se realiza en cualquier asociación social, educativa o empresarial requiere que varias personas, con habilidades distintas, se pongan de acuerdo y formen un equipo de trabajo. La paz y un mejor futuro para nuestra especie dependerá de que logremos desarrollar en nosotros y en nuestros hijos habilidades para aceptar las diferencias, entendernos, colaborar unos con otros y gozar de la convivencia. El primer ambiente social en que el niño se desenvuelve es su hogar Si ahí existe un clima de consideración y afecto, el niño aprenderá a expresarse, a relacionarse, a satisfacer sus necesidades y a responsabilizarse paulatinamente de sus acciones y decisiones. Los padres le damos al niño las primeras enseñanzas de convivencia y comunicación. Nuestra atención y cariño, nuestras palabras, los límites que le marcamos, le sirven de modelo para sus futuras relaciones. Si intentamos ser más abiertos y sensibles, el niño aprenderá a relacionarse con los demás en forma sincera y respetuosa; a escuchar y a expresar emociones, a ponerse en el lugar del otro, a apreciar los puntos de vista diferentes a los suyos y a enriquecerse con el diálogo. El dominio del lenguaje le permite una comunicación más plena y eficaz El niño en edad escolar es capaz de expresar con claridad lo que necesita y lo que desea, y también puede comprender lo que otras personas necesitan y desean. Ya tiene la suficiente madurez para resolver de manera inteligente y pacífica los enfrentamientos que surgen comúnmente entre las personas. Los padres podemos enseñarle a dialogar, a solucionar conflictos, a ceder cuando es razonable y a defender lo que es importante para él. Estas habilidades le darán seguridad para relacionarse con personas —niños y adultos— diferentes a los miembros de su familia. A medida que crece, los círculos de relación del niño se van haciendo más amplios La escuela va ocupando un lugar cada vez más importante en su vida. En la escuela aprende a participar en grupos y a colaborar con otros, a practicar la generosidad. Ahí surgen sus primeros intentos para establecer vínculos personales significativos y de iniciarse en la amistad, una de las experiencias humanas más gratas y significativas. En el ambiente escolar, el niño entra en contacto formal con su cultura y la de otros grupos humanos En la escuela, su mundo se extiende tanto en el espacio como en el tiempo: ahí el niño se entera cómo vivían y qué pensaban los hombres de otras épocas, y conoce las costumbres de personas que viven en distintas regiones del planeta. Si recibe una buena guía, el niño podrá valorar los puntos de unión por encima de los aspectos que los que separan, comprenderá que las diferencias nos enriquecen y las similitudes nos hermanan. En la escuela el niño aprende a relacionarse con otros niños que tienen diferentes maneras de ser y de pensar, y en ocasiones, diferentes costumbres a las de su familia. Cuando el niño encuentra su lugar en la familia, en la comunidad y en el mundo, descubre también su responsabilidad hacia los demás Los padres podemos fomentar actividades que motiven a nuestro hijo a ir más allá de sus intereses individuales, e invitarlo a luchar juntos en favor de la naturaleza, la comunidad, el arte, la salud y de otros seres humanos menos favorecidos que nosotros. Trabajar por los demás le ayudará a sentirse valioso y útil, y lo orientará hacia el servicio y la solidaridad.

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I. Ser padres en la etapa escolar. La oportunidad de estar cerca
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
¿Qué significa para usted ser madre? ¿Ser padre? ¿Para qué educa usted a su niño? Con el fin de ayudar a su hijo a apreciar y disfrutar su niñez, cada semana, junto con él, anote en una libreta los mejores momentos que haya vivido y también las circunstancias difíciles por las que pasó. También escriba cómo se siente usted ante sus cambios y reacciones. Estas notas le servirán para estar más cerca de su hijo, pues a él le encantará platicar con usted sobre los momentos agradables que pasaron juntos y la manera en que resolvieron los problemas. También puede pedirle a su hijo que escriba su propio diario y colabore en esta libreta con su punto de vista.

Ser padres significa dar tiempo, comprensión y cariño a nuestro hijo En la etapa escolar, el niño necesita enormemente que sus padres estemos con él, que le demostremos nuestro amor con acciones, caricias y palabras, que lo tomemos en cuenta y lo orientemos; que manifestemos interés por su desempeño en la escuela y le demos apoyo y aliento en los momentos difíciles. Algunos padres piensan que al entrar a la primaria, la educación de sus hijos pasa a ser responsabilidad de la escuela, y entonces se desentienden de él: "Yo ya hice todo lo posible, ahora les toca a los maestros”. Esto no es cierto y no debe ser. Un niño desatendido por su familia no cuenta con el sustento necesario ni con la confianza para realizar un trabajo satisfactorio en la escuela, y tampoco para superar los retos de un mundo cada vez más complejo. Ser padres nos compromete a favorecer el aprendizaje y el desarrollo del niño El niño de primaria requiere un ambiente estimulante y las oportunidades y medios para cultivar al máximo sus capacidades naturales. En la edad escolar, sin darnos cuenta miramos a nuestro hijo con menor atención, pues su desarrollo no es tan evidente como cuando era pequeño. Sin embargo, esta fase resulta una de las más interesantes en la evolución de su aprendizaje. Junto con ella, anote en una libreta los mejores momentos Los padres hemos de aprender a observar a que haya vivido nuestro hijo, dialogar con él y estar abiertos para disfrutar lo que dice y lo que hace. Aun cuando la capacidad del niño para pensar por sí mismo va en aumento y el aplomo para expresar sus ideas y para cuestionar nuestras opiniones puede causarnos cierto asombro e incomodidad, todavía quiere saber qué pensamos y necesita nuestra respuesta. Ser padres nos hace responsables de ayudar a nuestro hijo a convertirse en una persona autónoma En la etapa escolar, el niño trata de complacer a los adultos que quiere, y hace cualquier cosa por semejarse a sus héroes. Los padres todavía somos uno de ellos. Por eso tenemos que estar concientes de lo que le enseñamos, no sólo por lo que decimos, sino también por la manera en que actuamos

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y nos relacionamos. El niño entiende las palabras, pero también las miradas y los silencios, el tono de voz, los gestos y los ademanes, nos observa todo el tiempo y adopta muchas de nuestras conductas y actitudes. Además de ser modelos para nuestro hijo, es fundamental enseñarle a reflexionar sobre sus valores, a tomar decisiones y asumir las consecuencias de sus acciones, así como a esforzarse para lograr las cosas por sí mismo. Ser padres significa propiciar la vida social de nuestro hijo Mientras que, por un lado, el niño necesita nuestro ejemplo, apoyo y amor, por otro, se independiza cada vez más. Nuestro papel es darle confianza para relacionarse, ayudarlo a adaptarse a la escuela, hacer amigos y llevarse bien con los demás; hacerlo sentir útil a su familia, comprometido con su comunidad y responsable de mejorar su entorno en la medida de sus capacidades y posibilidades. Ser padres requiere preguntarnos qué queremos lograr con la educación que damos a nuestro hijo Para educar al niño debemos tener lo más claro posible qué clase de persona queremos que sea, establecer metas claras y buscar la manera de alcanzarlas. Decir: “Yo educo a mi hijo como me educaron a mí” resulta insuficiente, pues la vida y los problemas de hoy requieren respuestas nuevas. Ser padres exige prepararnos para cumplir lo mejor posible nuestra tarea más importante Saber educar no es una habilidad instintiva que podemos dejar al azar, y tampoco basta el sentido común para educar a un niño. Esto no significa que necesitemos estudios muy elevados para ser buenos padres, pero sí debemos reflexionar e instruirnos para disponer de herramientas que nos lleven a actuar con mayor eficacia. Educar a un hijo es educarse también a sí mismo Cuando un niño llega a la primaria, los padres hemos completado un periodo fundamental en su educación. Ahora comienza una nueva etapa en la que hemos de encontrar formas diferentes de guiarlo. algunas de las pautas de educación que habíamos utilizado en la etapa preescolar y establecer con nuestro hijo nuevas responsabilidades y formas de diálogo. Nuestro pequeño se ha convertido en un niño ávido de conocer y requiere ser tomado en cuenta en mayor número de actividades. Podemos aprovechar este periodo para aprender acerca de los temas que nos entusiasman y ser para él adultos interesantes que le informan, le responden y lo cuestionan, que le ofrecen una conversación rica y le muestran una vida personal atractiva.

Un niño puede ser fuente interminable de sorpresas y diversión Sus risas, sus juegos, sus reflexiones y su curiosidad, nos dan ocasiones de disfrutar cada día, de aprender y de explorar el mundo junto con él. De nosotros depende vivir la paternidad como una carga o como un compromiso lleno de satisfacciones y alegría.

Un niño puede ser fuente interminable de sorpresas y diversión

Podemos aprovechar este periodo para aprender acerca de los temas que nos entusiasmen

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Esté pendiente de su crecimiento físico

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Aprenda a observar a su niño, esté pendiente de lo que le gusta y lo que necesita. Comente sus observaciones con su pareja o con alguna persona de su confianza. Descubra cuáles son las capacidades naturales de su hijo y proporciónele los medios necesarios para que logre cultivarlas. Dígale lo que siente al verlo crecer. Dele señales de que lo aprecia, lo disfruta y se siente orgulloso por sus avances. No se aleje ni se desentienda de su hijo. En la etapa escolar lo necesita mucho. Diviértase con su niño, goce el privilegio de acompañarlo en su desarrollo. Reflexione sobre los objetivos que persigue al educar a su niño. Dedique tiempo para aprender acerca de los temas que le interesen y platique de ellos con su hijo. Aproveche todos los momentos apropiados para abrazarlo y decirle cuánto lo quiere.

Descubra cuáles son sus capacidades naturales

Dele señales de que lo aprecia

Dedique tiempo para aprender acerca de los temas que le interesen

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II. Necesidades de padres e hijos

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Los seres humanos tenemos diversas necesidades. Algunas son muy evidentes (como la sed o el sueño), y de otras no nos damos cuenta tan fácilmente. Conviene ser concientes de lo que nos hace falta para buscar la satisfacción en los diferentes aspectos de nuestra vida. ¿Cuáles son las necesidades que usted ha logrado cubrir satisfactoriamente? ¿Qué hizo para satisfacerlas? ¿Cuáles necesidades no están cubiertas en su vida? ¿Qué sentimientos le producen la falta de satisfacción de estas necesidades? ¿Le ha pedido a alguien que le ayude? ¿Cuáles son los cuidados que, según usted, requiere su hijo? ¿Siente que le da lo que necesita de usted?

Todos los seres humanos, niños y adultos, tenemos necesidades que debemos satisfacer para sentirnos bien Estas necesidades no son lujos o caprichos sino aspectos indispensables para vivir como personas sanas y felices. Las necesidades requieren ser satisfechas para librarnos de enfermedades y desequilibrios emocionales, y también para avanzar hacia nuestra realización plena. Existen dos clases de necesidades: básicas y de autorrealización Las necesidades básicas se experimentan como algo que nos hace falta para vivir; las necesidades de autorrealización, como un deseo de crecimiento y desarrollo. Las necesidades básicas pueden ser fisiológicas —nutrirnos, descansar, hacer ejercicio, cuidar nuestra salud— y emocionales —ocupar un lugar en la familia, pertenecer a un grupo, tener amigos, amar y sentirnos queridos, comunicarnos, considerarnos valiosos, tener el reconocimiento y respeto de otras personas. Cuando hemos resuelto adecuadamente las necesidades básicas, nos sentimos motivados para desarrollar nuestras capacidades y talentos, para cumplir nuestra vocación y ser solidarios con otros. Experimentamos deseos de divertirnos, disfrutar nuestro trabajo, darnos tiempo para aprender lo que nos interesa, hacer planes para el futuro y encontrar sentido a nuestra Para un niño, el desarrollo es un proceso excitante, atractivo y emocionante vida. Es indispensable satisfacer por igual ambas clases de necesidades Aunque, por lo general, las necesidades básicas requieren ser resueltas con más urgencia, las necesidades de autorrealización no pueden ignorarse si queremos una vida sana y completa. La persona que satisface estas necesidades suele disfrutar mucho más la vida. Esto es muy claro en los niños. Para ellos es tan importante comer como jugar y aprender. Para un niño, el desarrollo es un proceso excitante, atractivo y emocionante Los niños sanos y seguros disfrutan el crecimiento, se sienten contentos si adquieren nuevas habilidades y cuando expresan sus

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fuerzas y talentos. Hay en ellos un deseo de crecer, de “ser grandes”, de dejar atrás lo que ya dominan para medirse con nuevos retos. Los padres debemos dedicar gran parte de nuestro tiempo, energía y recursos en favor de nuestros hijos En la etapa escolar, los niños todavía no son autosuficientes para atenderse a sí mismos y obtener todo lo que requieren. Su desarrollo depende de que estemos pendientes de su bienestar. Para cuidar bien de nuestros hijos, tenemos que estar bien nosotros Tener una vida sana, equilibrada y estimulante es un beneficio muy grande que repercute en nuestros hijos. Aunque en ocasiones pareciera que las exigencias cotidianas nos impiden satisfacer nuestras necesidades, para ayudar a los demás tenemos que ayudarnos también a nosotros. Nadie puede dar lo que no tiene. Si descuidamos nuestras necesidades, vamos acumulando molestias, resentimientos y frustraciones Al renunciar a la propia satisfacción y alegría, corremos el riesgo de enfermarnos o agotarnos, de sentirnos frustrados, decaídos, de mal humor, enojados o violentos; de perder energía y capacidad de pensar y actuar correctamente. Y en este estado podemos lastimar a nuestros hijos de muchas maneras. Además, si les resolvemos todo, los niños pueden volverse dependientes y egoístas.

Esté atento a las necesiades de su hija

No descuidemos nuestras necesidades pues vamos acumulando molestias

El sacrificio no siempre es una virtud Si queremos que nuestros hijos aprendan a resolver sus necesidades vitales y a respetar las de los demás, no hay que desatender las nuestras. Todos los miembros de la familia, chicos y grandes, hombres y mujeres, deben ocuparse de sí mismos, del cuidado de la casa y de apoyar a los demás. El mejor regalo, además del amor y el cuidado, es el ejemplo de una persona independiente, satisfecha, alegre y feliz El mejor regalo que los padres podemos dar a nuestros hijos, además del amor y el cuidado, es el ejemplo de una persona independiente, satisfecha, alegre y feliz; una persona que se siente útil, que disfruta la vida y es buena amiga de sí misma.

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Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Esté atento a las necesidades de su niño. Escúchelo. Aclaren juntos lo que le hace falta. No descuide su propio bienestar. Dese todo el descanso y la atención que sea posible. Pida ayuda a su familia o a otras personas cuando se sienta cansado o agobiado. Dedique un momento del día para estar a solas y para hacer lo que le gusta. Platique en familia sobre lo que necesita cada uno y busquen la manera de ayudarse unos a otros. Dedique a su pareja y a cada uno de sus hijos un momento del día en forma exclusiva. Abrace y déjese abrazar y acariciar por su familia. Propicie que todos se sientan queridos y aceptados. Frecuente a sus amigos. Dedique un rato cada semana a desarrollar sus talentos y a servir a otros. Busque en familia maneras de conciliar las necesidades de cada uno con las de los demás. No se sacrifique si eso lo hace sentir frustrado o enojado.

Dese todo el descanso y la atención posible

Dedique un momento del día para estar a solas

Abrace y déjese abrazar y acariciar por su familia

Frecuente a sus amigos

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III. Manejar los sentimientos. Escuchar a nuestros hijos
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Los sentimientos son parte fundamental de nuestra vida y se manifiestan en todas nuestras actividades y relaciones. Un aspecto importante del manejo de los sentimientos es identificarlos, ponerles un nombre. Junto con su familia, anote en pequeñas tarjetas o papeles veinte sentimientos, uno en cada tarjeta. Si es necesario, recurran a un diccionario, no dude en hacerlo. Agrúpelos por “familias”: ¿Cuáles se parecen a la tristeza? ¿Cuáles son similares al enojo? ¿A la frustración? ¿Al miedo? Note en qué se distinguen, y si unos son más intensos que otros. Trate de encontrar situaciones en las que sea natural sentir esas emociones. Tenga a la mano otras tarjetas para anotar sentimientos nuevos e ir haciendo más grande su lista. Cuando aparezcan emociones confusas en la familia, va a ser muy útil consultar su lista de sentimientos con su hijo, para identificarlos y afrontarlos.

La capacidad de una familia para expresar y compartir los sentimientos es señal de su salud y armonía Tanto los adultos como los niños buscamos dentro del seno familiar el apoyo emocional que nos fortalezca y nos guíe para poder enfrentar las exigencias del mundo externo. Cuando la familia es capaz de permitir y comprender la expresión de sentimientos como el miedo, el amor, el enojo, la ternura, la tristeza o los celos, el niño se sentirá seguro y capaz de relacionarse con otras personas. No hay sentimientos buenos ni malos Los sentimientos nos sirven para relacionarnos con el mundo. Cada uno tiene su valor, su utilidad y su significado, incluso a veces los sentimientos son indispensables para la supervivencia. Por ejemplo, el miedo nos pone en alerta ante el peligro y nos permite protegernos, la ira nos impulsa a defendernos y a luchar por lo que queremos. Si lográramos experimentar las emociones Los adultos como los niños buscamos apoyo emocional dentro adecuadas en cada situación, fueran agradables del seno familiar o dolorosas, y las aprovecháramos para enriquecer nuestra vida, perderían su aspecto negativo y podríamos aceptarlas y expresarlas todas. Lo importante es darles una dimensión apropiada sin exagerarlas ni negarlas. Una cosa es expresar el sentimiento y otra lastimar o destruir Reconocer lo que sentimos es útil y necesario, pero no tenemos que convertirlo en conductas que hagan sufrir a otros. Está bien sentir cualquier emoción, pero no realizar cualquier acción: sólo somos responsables de lo que hacemos. Para el niño, aprender a manejar sus emociones es tan importante en su desarrollo individual y social, como aprender a pensar. Necesita conocer y aceptar sus sentimientos pero no dejarse llevar por ellos. Tiene que saber eliminar la tensión y la angustia para

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poder llevarse bien con sus compañeros y ocupar su mente en el conocimiento y la creación. Un niño preocupado o triste no tiene la misma energía para aprender que un niño tranquilo y contento. PARA
CUIDAR LA VIDA EMOCIONAL DE NUESTRO HIJO PODRÍAMOS

INTENTAR:

Ser concientes de lo que sentimos Los padres tenemos que conocer, sentir y expresar nuestras emociones para poder enseñar a nuestro hijo a conocer, sentir y expresar las suyas. Hacer caso a los sentimientos del niño Reconocer los sentimientos de nuestro hijo implica escucharlo con atención, mirarlo a los ojos, dejar de hacer cualquier otra cosa mientras nos habla. Es necesario que él sepa que para nosotros sus alegrías, tristezas o enojos son importantes. Si su emoción es muy intensa, el niño puede preferir que nos quedemos en silencio junto a él, simplemente acompañándolo o que lo dejemos solo. Cuidar el lenguaje de nuestro cuerpo Cruzar los brazos y las piernas, levantar las cejas, mirar hacia arriba, fruncir la boca, significa que estamos cerrados a la comunicación. En cambio, expresiones como: “Ajá”, “Sí”, “Mmm”, “Ya veo”, inclinarnos hacia el niño, asentir con la cabeza, tocarlo y abrazarlo o mostrar una postura que le indique “Te estoy escuchando”, lo invita a confiar en nosotros. Ser sensibles a los mensajes corporales de nuestro hijo Si observamos con cuidado su mirada, la expresión de su rostro y su modo de caminar, podremos darnos cuenta de lo que está sintiendo. “Tu voz suena triste, ¿quieres hablar de eso?” “Tu gesto me hace pensar que hay algo que te molesta, ¿qué puedo hacer para que te sientas mejor?” Si tenemos dudas acerca de lo que desea expresar nuestro hijo, podemos poner sus palabras en forma de pregunta para asegurarnos de que entendimos bien “Me parece que...” “¿Lo que quieres decir es...?” “¿Tienes miedo de que...?” No se trata de reproducir sus mismas palabras como una grabadora, sino mostrarle que tratamos de comprenderlo. Si nuestro hijo exclama: “¡Detesto a mi maestra!”, y nosotros repetimos: “Detestas a tu maestra”, él nos contestará molesto: “Eso es lo que acabo de decir”. En cambio, podemos hacer el esfuerzo de identificar sus sentimientos y contestar: “Estás muy enojado con ella”, “Sientes que no aprecia tu trabajo”. De esta manera el niño entiende mejor lo que le está pasando y se siente comprendido. Compartir sus deseos y hacerlos propios Darle explicaciones lógicas de por qué no es posible comprarle un balón, nos lleva a una discusión inútil. En cambio, decirle: “Me encantaría regalarte el balón, sé que lo disfrutarías muchísimo. Hoy no puedo comprarlo, pero voy a anotarlo en mi lista de pendientes”, le hará sentir que comprendemos sus deseos y queremos satisfacerlos, lo cual le permitirá aceptar más fácilmente la limitación. No negar o descalificar los sentimientos del niño Mientras más tratamos de alejar sus sentimientos diciéndole: “En realidad no sientes enojo, lo que te sucede es…” o “No llores”, “No grites”, más se apegará a ellos y menos podrá manejarlos y superarlos.

Ponernos en su lugar Por ejemplo, si su madrina le teje un chaleco para su cumpleaños, él puede sentirse desilusionado y mostrar enojo: “Es un regalo horrible, lo voy a tirar a la basura”. En vez de decirle: “Está precioso, no seas malagradecido”, nuestra reacción podría ser: “Sé que a ti no te gustan los chalecos y que esperabas otro regalo. Sin embargo, es necesario que aprendas que los regalos siempre se agradecen y que las personas nos los obsequian con cariño”. De esta manera no pasamos por alto sus emociones, y al mismo tiempo lo educamos. Aceptar sus sentimientos sin juicios Es recomendable evitar criticar a nuestro hijo, burlarnos o prohibirle que muestre emociones “negativas”. Cuando nos dice: “Estoy furioso. Los compañeros de mi equipo no me ayudaron a hacer el trabajo”, y le respondemos: “Tú tienes la culpa por escoger esos amigos inútiles”, le damos a entender que no nos importan sus sentimientos, así que no intentará decir más.

Escúchelo con atención mientras le habla

Si observamos su modo de caminar, podremos darnos cuenta de lo que está sintiendo

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Escucharlo puede ser más útil que ofrecerle una solución

En cambio, al darle señales de que lo entendemos, como asentir con la cabeza o decir: “Te parece injusto” o “Te sientes poco apoyado”, el niño percibe que reconocemos lo que siente y que aceptamos su emoción. Así que puede animarse a seguir hablando. En realidad, el niño no necesita que estemos de acuerdo con él ni que lo aprobemos. Incluso un juicio positivo como decirle: “Tienes toda la razón”, no lo anima a identificar lo que siente ni a buscar posibles soluciones. Dar un nombre a sus sentimientos El niño siente consuelo al escuchar la palabra que describe lo que está experimentando. Nombrar su sentimiento le ayuda a reconocerlo y entenderlo: “Me parece que te sientes decepcionado...” “Me imagino que estás preocupado...” Desde luego se requiere mucha práctica y atención para ver más allá de lo que el niño dice y para encontrar el nombre preciso a su sentimiento. No es lo mismo estar molesto que furioso, desilusionado que frustrado, triste que angustiado. Para darle una respuesta adecuada, necesitamos ser sensibles a una amplia variedad de emociones y tener un vocabulario que nos permita describirlas. No tienen que ser palabras complicadas pero sí lo más exactas posible. Estar siempre de su lado Es difícil imaginar lo que el niño siente cuando, en vez de tratar de comprenderlo, lo culpamos y defendemos a la persona que provocó su sentimiento. Si nos dice: “¡Estoy furioso! La maestra no recibió mi trabajo sólo porque lo entregué un día tarde”, y le respondemos: “Las tareas deben entregarse a tiempo. Esa es tu responsabilidad, ella tiene razón”, no nos estaríamos poniendo de su lado. Apoyarlo sería: “Debes sentirte mal por no haber podido presentar tu investigación después de trabajar tanto”. Poco a poco, en la conversación, él mismo llegará a la conclusión de que existen ciertas reglas y es necesario ajustarse a ellas.

No darle consejos Por lo general, los niños quieren que sepamos cómo se sienten y qué piensan, no que les demos consejos. Sólo con estar atentos podemos ayudar al niño a aclarar sus emociones y sus ideas para que él llegue a sus propias conclusiones. Escucharlo puede ser más útil que ofrecerle una solución. No interrogarlo Los sentimientos se sienten, no se piensan. Por eso las preguntas tampoco son una buena opción. “¿Por qué lloras?” “¿Qué te pasa?” Las preguntas agregan un problema al problema. Además de su tristeza o desaliento, el niño tiene que buscar una explicación. En ese momento no puede pensar con claridad. A veces no sabe por qué siente lo que siente, y si lo sabe, no siempre tiene ganas de decirlo. Si simplemente lo acompañamos y tratamos de reflejar su sentimiento: “Supongo que pasó algo que te hizo enojar”, el niño se sentirá comprendido y, cuando esté listo, hablará con libertad. No exagerar nuestras expresiones El niño percibe cuándo nuestro interés es sincero y cuándo no lo es. Si le damos la respuesta adecuada pero con frialdad o fastidio, su confianza hacia nosotros se mermará. Si reaccionamos exageradamente: “¡Es algo terrible!” “Pobrecito, debes estar deshecho!”, el niño podría sospechar que estamos actuando, o bien, sentirse abrumado por tener que cargar con nuestra aflicción además de la suya. Recordar que detrás de la ira siempre hay otro sentimiento Tratemos de averiguar qué está detrás del enojo de nuestro hijo: ¿Se siente solo, herido, triste, celoso, inseguro? ¿Tiene miedo? Necesitamos observarlo y escucharlo con atención hasta encontrar la razón por la que está enojado y darle lo que necesita: compañía, consuelo, seguridad, protección.

Dejemos que muestre emociones “negativas” y ayudémoslo a identificarlas

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No tratar de reflejar los sentimientos si son demasiado Además, si el sentimiento del niño tiene que ver con nosotros, dolorosos o si el niño no está preparado para enfrentarlos. nos costará más trabajo mantener la calma. Si nos dice: “¡Qué bueno que no me saqué esa porquería de “¿Por qué siempre tengo que recoger la mesa?”. Nuestra trofeo!”, el sentimiento oculto puede ser de fracaso, frustración respuesta puede ser: “Te sientes molesto, sientes que no es o envidia, pero es difícil que en ese momento el niño tenga justo”. la capacidad de aceptar sus sentimientos. -“Claro que no es justo, a mi hermano siempre le toca lo más A casi nadie le gusta hablar de lo que le duele o le fácil”. avergüenza. Debemos saber respetar su silencio y -“¿Te gustaría que los dos tuvieran las mismas obligaciones?”. nunca forzarlo o invadir su intimidad -“Sí, y no voy a recogerla si él no ayuda”. Darle la libertad de hablar hasta donde él decida y en el A veces, las respuestas del niño nos desafían a seguir tratando momento que esté listo, sin presionarlo para que nos cuente de que él se sienta comprendido, para después ayudarlo a más de lo que quiere. considerar otros puntos de vista y tener una percepción del Los padres debemos tener la paciencia y el respeto para problema más equilibrada. esperar el momento oportuno en el cual nuestro hijo esté listo para la comunicación. Y él debe tener siempre la libertad Se necesita mucha paciencia —con nuestro hijo y con de aceptar o no nuestro apoyo. nosotros mismos—, constancia, respeto y aceptación, Proponerle distintas opciones para expresarse para mantenernos dispuestos a entenderlo con una Cuando el niño está muy alterado, una actividad física como actitud amorosa y serena correr, golpear el piso con los pies, lanzar una pelota, gritar, Algunas veces sus reacciones y sus respuestas no se parecerán pegar a un muñeco o un cojín, puede aliviar la tensión. Un en nada a lo que los libros dicen. Otras, no lo entenderemos recurso excelente es dibujar o escribir los sentimientos. ni se nos ocurrirá qué decirle, pero a medida que practiquemos, En cambio, frases como: “Deja de gritar”, “Ya cálmate”, nuestra sensibilidad se irá desarrollando y será más fácil “Contrólate”, no sirven para tranquilizarlo. ayudarlo. Nuestro niño responderá de manera positiva si Evitar actitudes que cierren la comunicación percibe un interés sincero y un sentimiento amoroso. Si por ejemplo nuestro hijo regresa de la escuela preocupado porque sus calificaciones no fueron buenas: -Quitando importancia a lo que sucedió y haciendo promesas: “No te preocupes, eso les sucede a todos. Seguro que el mes próximo te irá mejor.” -Amenazándolo: “La próxima vez que repruebes te sales del equipo de fútbol!” -Comparándolo: “Deberías aprender de tu primo. Ha sido el primero de su clase desde que entró a la escuela.” -Ignorándolo: “Vete a tu cuarto y no te quiero oír”. Siempre podemos encontrar una manera positiva para hacer sentir a nuestro hijo que estamos de su lado “Esto no debe gustarte nada”, “¿Cómo te Podemos encontrar una manera para hacer sentir a nuestro hijo que estamos de su lado sientes con esas calificaciones?”, “¿Por qué crees que sucedió?”, “¿Cómo crees que puedes resolverlo?”, “¿Qué piensas hacer para mejorar?”, “¿Cómo te puedo ayudar?” Escucharlo no significa que aprobamos su conducta, simplemente le demostramos que nos importa y que estamos dispuestos a apoyarlo y a colaborar con él. Después de hablar con nosotros, es probable que el niño tenga más claridad para ver las cosas y encontrar soluciones. Una cosa es leer ejemplos resumidos de posibles conversaciones con un niño, y otra, tener a nuestro hijo enfrente bañado en lágrimas No podemos esperar que estas sugerencias funcionen a la perfección desde la primera vez. Quizá nos sintamos incómodos haciendo algo a lo que no estamos acostumbrados o nos parezca poco natural y que el niño pueda resistirse a este tipo de diálogos.

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Haga caso a los sentimientos de su hija

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Reconozca sus emociones. Nómbrelas y expréselas de manera clara. Haga caso a los sentimientos de su hijo, escúchelo con interés, paciencia y cariño. Deje de realizar cualquier otra actividad y procure estar presente en cuerpo y mente mientras escucha a su hijo. Cuide su lenguaje corporal, póngase en una posición que indique que está usted escuchando de verdad. Enseñe a su hijo a reconocer y a expresar sus emociones. No juzgue al niño por sus sentimientos. Acepte de manera natural todas sus emociones.

No permita que el niño lleve a cabo acciones agresivas

Trate de ponerse en el lugar de su hijo y de imaginar cómo se siente. No dé consejos ni busque soluciones al problema de su hijo a menos que él lo pida y lo necesite. Por lo general, él desea simplemente que usted lo escuche. Si tiene dudas acerca de lo que el niño quiere decir, repita sus palabras en forma de pregunta para asegurarse de que lo entendió bien. Procure aumentar el número y la variedad de palabras que usa para describir los sentimientos. No permita que al mostrar sus emociones, el niño lleve a cabo acciones agresivas o destructivas en contra de sí mismo o de los demás. Recuerde que detrás del enojo siempre hay otro sentimiento. Trate de averiguar cuál es.

Detrás del enojo siempre hay otro sentimiento. Trate de averiguar cuál es

Cuando su niño esté afectado por una emoción, no lo interrogue en ese momento, no lo critique ni lo haga sentir culpable. Busque siempre una manera positiva de hacer sentir al niño que está de su lado y quiere apoyarlo. No hable con nadie del problema del niño a menos que él esté de acuerdo. Tenga paciencia si no logra, desde el principio, ayudar a su niño a manejar sus sentimientos.

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Guía de Padres

IV. Comunicación en la familia. Hablar a nuestros hijos
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
La comunicación es un aspecto fundamental en la vida familiar, y por eso conviene ser conscientes de cómo escuchamos y cómo nos expresamos. Durante un día completo, observe qué le dice a su hijo y cómo le habla, cuáles son sus primeras palabras en la mañana, cómo lo despide cuando se va a la escuela, cómo le pide un favor, de qué platican a la hora de la comida, durante la tarde o cuando se van a dormir, qué tipo de comunicación se da, cuál es su tono de voz, sus gestos, sus ademanes y cuál es la respuesta de su niño cuando usted le habla. ¿Cómo podría mejorar su comunicación? Anote tres ideas para lograr esa mejoría.

La comunicación no es un mero intercambio de palabras sino un acto de confianza, sinceridad y comprensión Una buena comunicación se logra si escuchamos con atención e interés, y si hablamos con claridad y franqueza. Para comunicarnos necesitamos estar dispuestos a exponer honestamente nuestras opiniones, pero también a aceptar puntos de vista diferentes a los nuestros. El elemento clave de la buena comunicación es el respeto Respeto no significa que estemos siempre de acuerdo, sino que nos escuchemos, que tanto los padres como los hijos expresemos ideas y sentimientos sin temor a ser rechazados o juzgados. La principal barrera que se opone a la buena comunicación es nuestra tendencia a evaluar, aprobar o reprobar las afirmaciones de los demás. Es muy importante observar cómo nos comunicamos Existen varias formas de comunicación, y quizá las hayamos usado todas, pero hay alguna que empleamos con mayor frecuencia. Una comunicación agresiva nos lleva a ofender y a utilizar gritos, palabras hirientes y hasta golpes para controlar a nuestro hijo. Estas conductas le pueden causar daños físicos y psicológicos, y además van creando en él hostilidad y resentimiento. El ambiente familiar se daña con la agresión. Cuando falta el respeto todos No es conveniente evaluar, aprobar o reprobar las afirmaciones salimos lastimados. de su hijo No es válido decir: “Yo soy así, enojón y violento. Eso es lo que aprendí”. Todas las persona somos libres para cambiar y responsables del tipo de relación que establezcamos con nuestro hijo. Un niño merece ser tratado siempre con dignidad y consideración para que viva seguro y aprenda a comunicarse. En la comunicación pasiva evitamos intervenir en cuestiones conflictivas, con el fin de evitar roces o problemas. Al decir: “Como tú quieras” o “Me da igual”, y al renunciar a la autoridad, perdemos el respeto de nuestro hijo y lo hacemos sentir inseguro, pues no le damos la enseñanza y el apoyo que aún requiere de nosotros. Una manera muy destructiva de ser pasivos es ignorar a nuestro hijo, ser distantes, comportarnos como si no tuviera que ver con

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No hablemos del niño, hablemos con él

nosotros. Es triste cuando el niño se esfuerza por conseguir nuestra atención, nos habla, nos llama, y ni siquiera lo miramos. En la comunicación afirmativa respetamos y nos damos a respetar. Elegimos el momento oportuno para expresar lo que necesitamos, exponemos nuestros principios, ideas y sentimientos, pero también consideramos las necesidades, ideas y sentimientos de nuestro hijo. Ser afirmativos con nuestros hijos significa también compartir con ellos los asuntos que les afectan, explicarles algún hecho que ha ocurrido o una decisión que hemos tomado, por ejemplo, la próxima llegada de un hermanito, o la determinación de la madre de trabajar fuera de casa, o bien, consultarles y pedir su opinión sobre si construimos una nueva habitación o arreglamos su recámara, o si es necesario cambiarlos de escuela. Conviene que los niños sepan que la familia completa está invitada a participar en las discusiones de los asuntos importantes; que lo que cada uno de nosotros haga o piense es parte de la vida de todos los demás. Para lograr una relación sana y satisfactoria en la familia, debemos cultivar este estilo de comunicación. Un aspecto clave de la comunicación familiar es escuchar Escuchar significa poner todos los sentidos para comprender lo que el otro expresa. Las recomendaciones del capítulo 3 pueden a ayudarnos a aprender a escuchar a nuestro hijo y a ampliar nuestros recursos de comunicación. Así como es necesario aprender a escuchar, también tenemos que aprender a hablar con nuestro hijo A veces, las conductas del niño nos incomodan o nos disgustan. Cuando esto sucede, es importante expresar nuestras necesidades con claridad y encontrar la manera de enviar mensajes para que sean tomados en cuenta.

He aquí algunas sugerencias para lograrlo: Identificar el tipo de mensajes que enviamos a nuestro hijo Es común que demos órdenes: “Ya levántate”, “Acábate la sopa”; interroguemos: “¿Qué hiciste en toda la tarde?”; amenacemos: “Si no terminas la tarea, ni sueñes en salir a jugar”; aconsejemos: “Deberías prestarle el rompecabezas a tu hermana, así ella te deja usar sus pinturas ”; critiquemos: “¡Es el colmo que seas tan sucio! ¿Nadaste en el lodo o qué?”; demos sermones: “Los niños aplicados y responsables son los que logran algo en la vida...” Este tipo de mensajes no tienen que ver con nosotros, no comunican nuestras ideas, nuestros sentimientos o nuestras necesidades. Así no hablamos con el niño, sino hablamos de él. Ser concientes de lo que queremos comunicar y lo que deseamos obtener El mensaje debe referirse a nuestros sentimientos y necesidades; debe expresar lo que nos está afectando. Si estamos hablando por teléfono, lo que queremos es silencio para poder escuchar, no que el niño esté quieto; si vamos a tener visitas, queremos que la casa esté ordenada y limpia, no que nuestro hijo deje de jugar. El objetivo de nuestro mensaje sería la comprensión y ayuda de nuestro hijo. Expresarnos con claridad a fin de que el niño nos entienda La comunicación eficaz es específica, concreta, y nos permite lograr lo que deseamos. Se limita a expresar nuestros sentimientos, aclarar lo que queremos que suceda y a explicar nuestros motivos. Es importante incluir tres aspectos en la comunicación: 1) Describir la conducta del niño: “Cuando la ropa y los juguetes están regados en el suelo…” 2) Expresar nuestros sentimientos ante las consecuencias de esa conducta: “me siento incómoda…” Seamos conscientes de lo que queremos comunicar y lo que deseamos obtener

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3) Establecer el efecto o la consecuencia de lo que hace: “porque es importante para mí vivir en una casa limpia y ordenada...” La palabra porque es muy importante. Cuando el niño entiende la razón de un comportamiento puede encontrar una buena razón para llevarlo a cabo. A veces los niños nos dan sorpresas muy gratas. Si decimos: “La mesa está limpia. Me gustaría que quedara igual cuando termines tu tarea para que podamos cenar a gusto”. Él puede contestar con un simple: “Mmm”, pero lo hace. Es probable que la comunicación funcione si hemos aprendido a escuchar a nuestro hijo. La efectividad del mensaje depende de la calidad de nuestra relación con él Cuando el niño siente que lo queremos y nos interesa lo que siente, es posible que esté más dispuesto a escucharnos y a ser sensible a nuestras necesidades. La manera en que nos expresamos corresponde realmente a nuestro sentimiento. No sirve tratar de fingir una serenidad que no sentimos. Si el niño está corriendo en la azotea, tenemos que expresar el miedo de que se caiga. Podemos ser firmes y poner límites sin ser ofensivos o irrespetuosos. No demos órdenes al niño, a menos que sea necesario. Si lo obligamos a someterse siempre a nuestros mandatos, puede volverse pasivo y esperar que alguien le diga qué hacer, o bien desobedecer y desafiar nuestra autoridad. Un buen mensaje centrado en nosotros puede entenderse como una solicitud de ayuda: “Anoche terminé de trabajar muy tarde; quisiera dormir un poco más y no puedo hacerlo con tanto ruido”. Ponemos en manos del niño la decisión de ayudarnos. Tampoco le damos siempre la solución. Le dejamos la responsabilidad de pensar cómo resolver las cosas. Los niños suelen ser ingeniosos y encuentran arreglos que no se nos hubieran ocurrido. Podrían decidir irse a jugar a casa del vecino o comunicarse con notas escritas o con señas. Escuchemos con interés las razones que tiene para no cooperar. A veces el niño prefiere seguir haciendo lo que le gusta y no está dispuesto a considerar nuestros deseos. Decimos:“Tus zapatos tienen tierra y están ensuciando el piso”. Él responde: “No están ensuciando”. Lo entendemos: “Te estás divirtiendo y no tienes ganas de interrumpir el juego para limpiarlos”. Y él nos comprende: “No. Bueno, voy a darles una sacudida”. Al niño le resulta más fácil cambiar si sabe que entendemos que le cuesta hacer el esfuerzo. Al escucharlo, bajamos sus defensas para negarse a ayudarnos. No caiga en la tentación de usar la fuerza o el castigo. “Si no limpias tus zapatos en este momento, no vas a ir al día de campo el domingo”. Esta respuesta no es paciente con el niño ni tampoco con nosotros que estamos intentando cambiar la manera de comunicarnos. El deseo del niño de ayudarnos y ser solidario se propicia día a día con afecto y respeto.

Debemos estar concientes de que estos mensajes no siempre dan resultado No garantizan que el niño va a mostrarse cooperativo y considerado y que va a cambiar su conducta voluntaria e inmediatamente, pero pueden funcionar mejor que otras maneras de comunicarnos con él: constituyen una forma respetuosa de hablar, no ofenden al niño, no lo lastiman o lo avergüenzan, y no lo juzgan o lo hacen sentir culpable. Usar mensajes claros y respetuosos no sólo cambian la conducta del niño sino que transforman también a los padres Actuar así nos da más fuerza para enfrentar situaciones, nos pone en contacto con nuestros verdaderos sentimientos; nos hace más honestos y claros para percibir nuestras necesidades y para aceptar que son importantes y tenemos el derecho de defenderlas; nos permite conocer mejor a nuestros hijos y reduce la tentación de maltratarlos o castigarlos. Es muy agradable descubrir lo dispuestos que están los niños a ayudar y a hacernos sentir bien, cuando conocen nuestros sentimientos y necesidades. Ser firmes y poner límites no significa ser ofensivos o irrespetuosos

Los niños suelen ser ingeniosos y encuentran arreglos

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Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Comuníquese con su pareja y sus hijos siempre en forma respetuosa. Los niños aprenden de sus padres todo el tiempo. No descuide el lenguaje de su cuerpo. Procure que sus gestos, la expresión de los ojos, el movimiento de las manos o el tono de voz no contradigan sus palabras. Aproveche el momento oportuno para expresar a su familia, de manera clara y directa, cuáles son sus ideas, necesidades, preferencias y deseos. Nunca insulte a su hijo ni levante el tono de voz. Los gritos hacen que el niño se bloquee, se encierre en sí mismo y no pueda entender lo que le decimos. Trate de aceptar puntos de vista diferentes a los suyos y de admitir que puede estar equivocado. Invite a su niño a participar en las discusiones importantes y en los asuntos que le afectan. No insulte a su hijo ni lo ignore. Mantenga con él una comunicación abierta, clara y respetuosa. Tenga claro qué quiere comunicar y qué desea lograr con su mensaje. Hable de usted, no de los demás. Procure que su comunicación sea clara, específica y concreta. Construya su mensaje según estas sugerencias: describa la conducta del niño, exprese sus sentimientos ante esa conducta y establezca la consecuencia. Si el niño se niega a cooperar, escuche sus razones antes de juzgarlo o sacar conclusiones. No caiga en la trampa de usar la fuerza o el castigo. Trate de aceptar puntos de vista diferentes

No descuide el lenguaje de su cuerpo

Aproveche el momento oportuno para expresar sus ideas

Procure que su comunicación sea clara

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Guía de Padres

V. Resolver problemas y conflictos en la familia
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Los problemas y los conflictos forman parte inevitable de la vida y de la convivencia. Lo importante es nuestra actitud al asumirlos y nuestra habilidad para resolverlos. ¿Qué tipo de problemas suelen enfrentar sus hijos? ¿Y usted? ¿Qué hacen para solucionarlos? ¿Surgen alguna vez conflictos en su familia? ¿Entre cuáles miembros de la familia suelen darse estos conflictos? ¿Qué razones los provocan con mayor frecuencia? ¿Cómo los resuelven?

Los padres desearíamos que nuestros niños vivieran lejos de cualquier problema Por lo general, tratamos de proteger a nuestros hijos de la frustración o del dolor sin darnos cuenta de la gran capacidad que tienen para resolver las situaciones difíciles a las que están expuestos. Antes de que lo intenten, nosotros ya tenemos la solución, les damos una ayuda que no necesitan o tomamos decisiones que ellos son capaces de asumir. Cuando hacemos nuestros los problemas de los hijos y tomamos la responsabilidad de resolverlos, nos echamos a cuestas no sólo una carga sino también una tarea que no los ayuda. Cuando aceptamos que el problema del niño es de él y no nuestro, podemos apoyarlo mucho mejor. Enfrentar dificultades es parte de su crecimiento Desde que nace, el niño tiene que ir superando diversas condiciones para sobrevivir: tiene que aprender a comer y a respirar, pues nadie puede hacerlo por él. Conforme el niño crece, va desarrollando la capacidad de solucionar problemas de la misma manera como va desarrollando otras habilidades. Cada vez que el niño logra superar un obstáculo acumula recursos para enfrentar el siguiente. Los niños disfrutan resolviendo retos Los niños escogen diferentes estrategias, las prueban, y ellos mismos deciden si son eficaces o tienen que buscar otras distintas. Es una delicia observar a un grupo de muchachos construyendo su guarida entre las ramas de un árbol, decorando la escuela para una fiesta o ensayando para presentar una obra de teatro. Los padres podemos ayudar a nuestra hija a desarrollar Casi siempre disfrutan más la preparación habilidades para resolver problemas que el resultado final. Los padres podemos ayudar a nuestro hijo a desarrollar habilidades para resolver problemas si le damos la oportunidad de enfrentarlos y una orientación adecuada Es importante estar disponibles y escuchar al niño cada vez que tenga una dificultad, para mantener una relación de confianza, pero no resolver el problema por él. Nuestro papel es estimularlo a superar obstáculos, no eliminarlos de su camino. ¿Qué pasos debemos seguir para solucionar problemas? Identificar el problema El solo hecho de reconocer y definir el problema con claridad, plantearlo en forma sencilla,

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concreta y específica, es un gran paso para Hablar con nosotros y sentirse comprendida puede ayudarla su solución. La clave es escuchar al niño con a poner en claro los sentimientos verdadera atención y tratar de descubrir lo que realmente lo aflige, pues a menudo lo que parece ser el problema no lo es. Hablar con nosotros y sentirse comprendido puede ayudarlo a poner en claro los sentimientos y a comprender mejor su dificultad. Analizar el problema Es decir, examinarlo más a fondo para descubrir su verdadera causa: “¿Quisieras que revisemos el problema?” “¿Qué sucede?” “¿Cuál podría ser la causa?”. Es importante ayudar al niño a identificar cuál es su parte en el asunto. Al asumir su responsabilidad, en vez de culpar a otros, adquiere el poder de hacer algo para resolverlo. Explorar las posibilidades de solución con el niño “Si quieres lograr esto, ¿qué tienes que hacer?”. Nuestro trabajo como padres es ayudar al niño a descubrir que cada problema puede tener muchas soluciones; animarlo a expresar cualquier idea que llegue a su mente, no Enseñémosle a agradecer la ayuda y la importa qué tan loca o impráctica parezca. A esta fase se le participación de los demás en la solución llama “lluvia de ideas”, y la única regla es no criticar ni descalificar ninguna aportación. Si al niño no se le ocurren buenas ideas, podríamos darle algunas sugerencias como: “Qué crees que pasaría si...”, pero hay que hacerlo después de que él haya hecho sus propuestas, y reducir las sugerencias al mínimo. Elegir una solución “¿Cuál idea será mejor...?” Conviene discutir y comparar con el niño las diferentes opciones para que él escoja la que le parezca más adecuada; ayudarlo a evaluar cada acción que necesita llevar a cabo y preguntarle: “¿Qué crees que suceda si haces esto... o esto otro?” La solución de problemas es un proceso en el que las respuestas no son correctas o incorrectas. Cada una implica distintos aspectos positivos y negativos, y es una decisión personal optar por una solución o por otra. Establecer un compromiso El niño tiene que encontrar el momento para actuar, la forma de hacerlo, el lugar y la situación apropiados: “¿Qué decidiste No siempre resultan las cosas como pensamos. Tampoco hacer?” “¿Cuándo lo vas a hacer? ¿Dónde? ¿Cómo?” existen garantías de que la solución que eligió el niño sea De él depende esforzarse honestamente para resolver sus perfecta. Los problemas y las soluciones tienen que revisarse dificultades; de nosotros, ayudarlo a anticipar los obstáculos y resolverse. Cuando descubrimos que el primer intento no posibles; a tener claro qué recursos tiene para llegar a la fue satisfactorio, conviene plantear otra solución y modificarla solución, qué personas están involucradas en el problema y las veces que sea necesario. quiénes pueden ayudarlo. Reconocer y agradecer la ayuda y participación de los Cuando se establece un compromiso, es necesario fijar un demás en la solución plazo para revisar los resultados obtenidos y verificar si el Desarrollar la gratitud permite al niño apreciar y darse cuenta problema de verdad se resolvió: “¿Cuándo podemos discutir del afecto y solidaridad que lo rodea, lo hace sentirse de nuevo este asunto?” acompañado. Examinar los efectos de las acciones Cuando los problemas se resuelven de esta manera, se pueden Es recomendable preguntar qué ha sucedido, qué ha hecho estrechar y profundizar las relaciones con los demás, haciendo el niño, si ya solucionó el asunto, cómo sabe que ya resolvió que todos se sientan satisfechos. el problema y qué consecuencias tiene el haberlo resuelto.

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Sólo es posible aplicar esta forma de solucionar las dificultades si el niño quiere hacerlo y si está sereno No se pueden resolver problemas en medio de una emoción fuerte, por eso es importante que seamos oportunos y que no lo presionemos. Si el problema es suyo, él es quien debe decidir si está dispuesto a enfrentar el proceso de solucionarlo; si el problema interfiere con nuestras necesidades, entonces los padres somos los indicados para buscar la solución. Cuando dos o más personas tienen puntos de vista diferentes sobre un problema, surgen los conflictos Un conflicto es una situación tensa entre dos o más personas, en la que sienten que sus necesidades no están satisfechas. Los conflictos se deben a que ambas partes creen tener la razón pues sólo consideran su propio punto de vista y desconocen lo que el otro piensa, siente y necesita. Los conflictos son una parte natural y sana de la convivencia; si los enfrentamos, se convierten en oportunidades de conocernos, acercarnos y apoyarnos. Algunas familias acostumbran hablar de los problemas y tratan de solucionarlos, otras los dejan pasar, pretenden que no existen o los posponen, esperando que desaparezcan solos. Es natural que los niños y los padres nos resistamos a enfrentar un conflicto Cuesta trabajo pasar por el proceso incómodo, y a veces doloroso, de aceptar nuestra responsabilidad, de buscar soluciones que satisfagan a todos y de comprometernos a cambiar nuestra conducta. Cuando los conflictos familiares se resuelven en el momento en que surgen, es más fácil solucionarlos pues no se mezclan con otros asuntos; en cambio, cuando no se atienden, la tensión va aumentando hasta que un día alguien explota y el conflicto se hace más grave. A los padres nos toca hacer el esfuerzo de resolver los conflictos con los niños Si queremos una buena relación con nuestros hijos necesitamos trabajar todos los días, no dejar cabos sueltos, ni asuntos sin resolver. En un conflicto cada uno defiende sus necesidades, pero los padres tenemos que aprender a armonizarlas. Cuando imponemos nuestro punto de vista usando la fuerza o cuando el niño se resiste a negociar y lo dejamos hacer lo que él quiere, en realidad el conflicto no se resuelve. Si uno gana, el otro pierde, y es común que éste quede herido o resentido. Un conflicto se resuelve verdaderamente cuando todos ganan. Para resolver un conflicto, es necesario crear un ambiente de entendimiento Antes de emplear una nueva estrategia para resolver los conflictos es indispensable que el niño la conozca y esté dispuesto a utilizarla. Necesitamos darle detalles de los pasos a seguir y explicarle cuáles son nuestras razones y qué queremos lograr. Se trata de que toda la familia sea tomada en cuenta en la búsqueda de una solución.

El primer paso es establecer de quién es el problema. Es necesario identificar quién tiene alguna necesidad insatisfecha, quién está teniendo dificultades o desea algo que no se está cumpliendo. El niño tiene un problema cuando olvidó su cuaderno de tareas en la escuela, perdió el suéter, rompió su juguete o sacó malas calificaciones. En este caso, no hay que crear además un conflicto al hacer nuestra su dificultad, sino ayudar a nuestro hijo a resolverla usando los pasos descritos antes. Otras veces, el niño tiene satisfechas sus necesidades pero su comportamiento nos afecta: deja sus cosas tiradas en el piso, maltrata un mueble, grita cuando estamos hablando, nos interrumpe. Entonces el problema es nuestro y es necesario comunicarle nuestros sentimientos y necesidades —en ocasiones de manera enérgica—, para que esté dispuesto a buscar la solución junto con nosotros: “Tenemos que arreglar este asunto pues me siento incómodo e insatisfecho” “Sé que no quieres hablar de esto, pero sería conveniente que charláramos” “No podemos dejar las cosas así, no estoy contento”. Un requisito para llegar a un acuerdo es escuchar con interés a nuestro niño y hablarle de nuestras necesidades. La tensión va aumentando hasta que un día alguien explota

Se trata de que toda la familia sea tomada en cuenta en la búsqueda de una solución

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A veces las posiciones se perciben tan opuestas que Evitemos las posiciones extremas y opuestas parece imposible encontrar una solución en la que todos nos pongamos de acuerdo Los padres necesitamos salir en la noche, no podemos dejar solo a nuestro hijo y él se niega a quedarse a dormir en casa de su tía. La dificultad está en considerar solamente las soluciones en conflicto —ir o no ir a casa de la tía, salir o no salir esa noche—, y no las necesidades en conflicto. Cuando nos escuchamos y ponemos nuestra atención en lo que cada uno verdaderamente necesita, pueden surgir acuerdos. Si las necesidades de ambos están claras, somos capaces de encontrar mejores soluciones. Al sentirse comprendido, nuestro hijo puede entender que no se trata de que sólo él modifique su conducta, sino que nosotros también estamos dispuestos a cambiar. Si compartimos el problema, tenemos que compartir también la solución. Puede ser que el niño no quiera dormir lejos de casa porque su grupo de amigos al día siguiente va a reunirse muy temprano a planear la posada de la escuela y él quiere participar. Los padres no podemos cambiar la fecha del compromiso. Es conveniente invitar a nuestro hijo a buscar juntos una solución aceptable para todos. Es recomendable que sea el niño quien proponga las primeras opciones, pero que no sea el único; todos tenemos que sentirnos libres para inventar respuestas: se trata de provocar una “lluvia de ideas”, y mientras más, mejor. Las opciones podrían ser: pedir a la tía que sea ella quien vaya a nuestra casa a acompañar a nuestro hijo; regresar más temprano y pasar por él a casa de la tía; pedirle al vecino que lo invite a dormir. Cuando las necesidades están claras, aparecen las soluciones. Entonces es posible analizarlas y tomar juntos la mejor decisión. Solucionar en conjunto los conflictos aleja a los niños de posiciones como: “Todo o nada” o “Tú o yo”. Es recomendable que sea ella quien proponga las primeras opciones

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Permítale enfrentar los problemas solo

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
No intente proteger a su hijo de situaciones difíciles, no le ayude si no lo necesita, y no tome decisiones que él pueda asumir. Comparta con él algunos de sus problemas personales y muéstrele su manera de resolverlos. Ayude a su hijo a desarrollar habilidades para resolver problemas y dele la oportunidad de enfrentarlos. Haga la prueba de seguir junto con su niño los pasos para resolver problemas descritos en este capítulo. Cuando surja un conflicto, no imponga su punto de vista usando la fuerza o la autoridad; tampoco acepte que su hijo ignore las necesidades de los demás.

Comparta algunos de sus problemas personales y cómo los resolvió

Trate de solucionar y negociar los conflictos con su hijo escuchándose mutuamente y buscando juntos un arreglo aceptable para ambos.

Ayúdelo a respetar las necesidades de los demás

No imponga su punto de vista usando la fuerza o la autoridad

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Guía de Padres

VI. Rivalidad entre hermanos

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Cuando dos o más personas comparten la vida cotidiana, es natural que surjan conflictos. La convivencia entre hermanos no es la excepción. Recuerde cómo se llevaba con sus hermanos y hermanas cuando era niño. ¿Estaban mucho tiempo juntos? ¿A qué jugaban? ¿Había pleitos entre ustedes? ¿Se apoyaban unos a otros? ¿Alguno de los hermanos era el consentido? ¿Qué relación tienen ahora?
En la estrecha convivencia de los hermanos es muy frecuente la aparición de pleitos y desacuerdos La rivalidad y los celos entre hermanos también es un hecho normal al que hay que hacer frente con inteligencia, sensibilidad, cariño y buen humor. El origen fundamental de la rivalidad entre los hermanos es la competencia por el afecto y la preferencia de los padres. Es común que todos los hermanos se sientan celosos. En general, los pleitos entre hermanos se originan por cuestiones aparentemente sin importancia Un pleito entre hermanos puede comenzar por no querer compartir los juguetes; por conseguir la “mejor” silla; por ser el último en bañarse; por escoger el programa de televisión; por la forma en que tratamos a cada uno; por los diferentes permisos que damos al hijo mayor y al más pequeño, o por las cosas que les compramos o no les compramos. Hay que tomar en cuenta que los celos tienen que ver con las emociones, no con los objetos o privilegios Si un niño piensa que favorecemos a su hermana porque le dimos el mejor regalo en su cumpleaños, el que le regalemos a él algo mejor no cambia en nada su creencia. Es su sentimiento lo que tenemos que atender. Cuando un niño está celoso, lo mejor es ayudarlo a que se exprese francamente: “Sé que te gustaría quedarte despierto otro rato, como tu hermano, pero es tu hora de ir a la cama; tú necesitas dormir más que él”. “Te molesta que tu hermana use tus juguetes sin permiso"; "Estás enojada porque salí a dar una vuelta con tu hermano y quieres que esté contigo". Una vez que el niño se siente comprendido, La forma de resolver los conflictos entre hermanos es la misma podemos empezar a pensar, junto con él, en que se utiliza para solucionar los conflictos con otra persona las posibles soluciones. La forma de resolver los conflictos entre hermanos es la misma que se utiliza para solucionar los conflictos con cualquier persona Es aconsejable seguir los mismos pasos: escuchar para identificar el problema, analizarlo, generar varias soluciones, elegir la mejor para todos, establecer compromisos. Después, revisar los resultados y dar las gracias a los que ayudaron a resolverlo. No importa quién empezó el pleito, los dos hermanos tienen un problema y es necesario solucionarlo para que ambos vuelvan a estar en paz. Averiguar cómo se originó la dificultad sólo lleva a los niños a echarse la culpa el uno al otro. Cada uno tiene responsabilidad en el conflicto y también responsabilidad en la solución.

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Si los niños no toman la iniciativa para resolver sus diferencias, los padres tenemos que intervenir para ayudarlos; no es conveniente dejar un conflicto sin arreglar. Como el problema no es nuestro, los niños tienen que encargarse de resolverlo En este caso, los padres sólo hemos de ayudarlos pero no imponer soluciones. Si siempre tratamos de arreglar sus conflictos, les quitamos la oportunidad de aprender a resolverlos entre ellos. Para facilitarles el proceso de solución, tenemos que escuchar con atención —y sin tomar partido— a ambos niños para que ellos empiecen a escucharse entre sí y su comunicación vaya cambiando: Lidia: Manuel no me quiere prestar su bicicleta. Hoy es el día de andar en bici en la escuela. Madre: Es el día especial de las bicicletas, ¿no es cierto? Y tienes muchas ganas de ir. Lidia: Sí. Todos los de mi salón van a ir. Sólo yo no tengo en qué andar. Manuel: No se la presto porque no sabe cuidarla. Ayer la dejó afuera mojándose con la lluvia. Mira, está toda enlodada. Madre: Te preocupa que esté sucia, que se oxide y se eche a perder. Manuel: Pues claro. Cuando son capaces de escucharse, los niños entienden la posición del otro hermano y están más dispuestos a buscar la manera de resolver el conflicto. Al final, ellos acaban hablándose directamente el uno al otro sin que sea necesaria nuestra intervención. Nuestra presencia imparcial y nuestra manera de escuchar a cada uno sin juzgarlo, les hace sentirse libres para inventar y proponer soluciones. Lidia: Te prometo que hoy sí voy a cuidártela. Manuel: De todos modos no se puede usar así como está. Le hace falta una buena arreglada y se la voy a dar esta tarde. Lidia: Yo la puedo lavar ahorita, y, si quieres, puedo limpiar las llantas. Acuérdate qué bien te ayudé el otro día. Manuel: Bueno, pero cuando regreses la vuelves a lavar y la dejas debajo del tejado. Cuando tienen a la vista las posibles soluciones —entre más, mejor—, es normal que ya se encuentren más tranquilos para discutirlas, analizarlas y decidir juntos cuál es la mejor. Así les será más fácil aceptar un compromiso. Si las discusiones se desarrollan de manera abierta, y buscamos resolverlas, se convierten en excelentes oportunidades de aprendizaje En la vida siempre habrá pleitos y conflictos, pero al usar consistentemente el proceso de solución de problemas, tanto a los niños como a los padres nos resulta cada vez más fácil y empieza a formar parte de nuestra manera natural de enfrentar las dificultades. A pesar de que no es posible eliminar totalmente los conflictos, sí podemos prevenir que se desborden o que ocurran con frecuencia Desde luego, es importante ser concientes de que somos modelos para nuestros hijos. Si ven que nos tratamos con

Los niños tienen que encargarse de resolver sus problemas

Si ven que nos tratamos con cariño y respeto como pareja, aprenderán a ser sensibles

cariño y respeto como pareja, si observan que los atendemos a ellos y a otras personas con afecto y consideración, aprenderán a ser sensibles a las necesidades de otros y a convivir en armonía. Equilibrar las necesidades en conflicto de dos o más niños requiere esfuerzo y reflexión Necesitamos tratar a todos los hijos con justicia y equidad, pero no podemos darles exactamente lo mismo. Cada niño o niña es una persona única, con necesidades propias y una edad y personalidad distinta. Tenemos que pensar muy bien para decidir qué es importante proporcionar a cada uno de los hijos en un determinado momento, y no dar demasiadas explicaciones al otro niño de por qué hicimos o le dimos esto a su hermano o hermana. Debemos evitar justificaciones como: "No puedo comprarte los patines porque tu hermana necesita zapatos". El niño podría sentir que no sólo lo privamos del objeto que desea, sino también de nuestro afecto. Es mejor plantearle la situación de otra manera: "Tienes muchas ganas de esos patines, yo

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Las comparaciones afectan a nuestros hijos

Las comparaciones no ayudan a nuestros hijos No nos damos cuenta de cómo promovemos la competencia entre nuestros hijos al elogiar a uno o al criticar a otro: “Carmelita es tan inteligente que saca puros dieses, en cambio Luis no puede con la escuela”. Tampoco hay que poner de ejemplo a un niño ante sus hermanos: “Deberías ser como Ricardo; él no deja todo tirado ni ensucia la ropa como tú”. La competencia entre los hermanos puede tener un efecto negativo sobre sus habilidades y talentos. A los que hacemos menos, las comparaciones les provocan desánimo y les impiden avanzar a su propio ritmo, y a los que elogiamos, los hacemos sentir culpables o les imponemos una presión que no siempre pueden soportar. Los niños son diferentes y así debemos aceptarlos. Tampoco hay que dar por hecho que los hermanos van a ser inseparables, sólo porque son hijos de los mismos padres Algunos padres insistimos en que nuestros hijos “se lleven bien” y participen en las mismas actividades, aun cuando sus intereses sean totalmente distintos. No queremos admitir que cada niño es una persona individual y puede sentirse identificado o no con otra persona individual. Si evitamos forzar a nuestros hijos a estar juntos todo el tiempo, a compartir los mismos amigos y los mismos juegos, más adelante nos sorprenderemos de lo cercanos y leales que pueden llegar a ser el uno con el otro. La relación entre dos hermanos es cosa de ellos y son ellos quienes deben decidir cómo la manejan. Nuestro papel como padres es crear la atmósfera de equidad, comprensión y afecto para que florezcan los vínculos entre todos los miembros de la familia.

quisiera dártelos, pero ahora tengo que hacer otros gastos; vamos a ahorrar juntos para poder comprarlos". La cuestión no es explicar los hechos sino escuchar al niño, comprender sus emociones y ponernos de su lado. A veces los padres no podemos evitar sentir preferencia por alguno de los hijos Si intentamos negar nuestra inclinación o nos dejamos llevar por ella, haremos la vida muy difícil, no sólo a los hermanos afectados, sino también al preferido. Los hijos perjudicados se sentirán resentidos y lastimados, y el niño favorecido se sentirá culpable de quitar a sus hermanos el afecto de sus padres. Es necesario ser honestos con nosotros mismos y admitir que en un determinado momento, nos sentimos más atraídos por uno de nuestros hijos que por los otros. Darnos cuenta de esta situación, humana y normal, nos da claridad para apreciar la relación única que mantenemos con cada uno de nuestros hijos, y nos ayuda a proporcionar a todos la atención y cuidados que requieren. El niño necesita atención personal y merece que le dediquemos un tiempo exclusivo Este momento, sólo para él, lo hace sentirse especial y le da la oportunidad de estar cerca de nosotros sin tener que competir con sus hermanos. Lo importante es que, cuando estemos con él o ella, preparemos actividades adecuadas a su edad, a sus intereses y a sus habilidades. Cuando hacemos sentir a cada hijo que es amado, ni más ni menos que sus hermanos, pero de forma única, es natural que disminuyan las rivalidades en la familia, pues cada niño se sentirá tan seguro y atendido en la posición que ocupa que no necesitará buscar un lugar a costa de sus hermanos ni ser mejor que ellos.

La relación entre dos hermanos es cosa de ellos

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Ignore los chismes entre sus hijos

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Acepte como natural la rivalidad y los celos entre hermanos. Escuche a su niño cuando se sienta celoso y permita que se exprese. Recuerde que los celos tienen que ver con emociones, no con objetos. Ignore los chismes entre sus hijos, ocúpese de la situación y no del niño que causó el problema. No se preocupe de quién empezó el pleito, ayude a los dos hermanos a solucionar el conflicto. Utilice los pasos para resolver conflictos cuando surjan rivalidades entre sus hijos. No permita que un conflicto entre los miembros de la familia se quede sin resolver.

Sea lo más imparcial posible

No ofrezca soluciones ni consejos a sus hijos cuando intentan arreglar sus diferencias, sólo escúchelos y trate de entender a ambos. Sea lo más imparcial posible, no apoye ningún punto de vista ni tome partido por nadie. Intente ser un buen modelo para sus niños. Trate a su pareja, a sus hijos y a otras personas con respeto y consideración. Encuentre un equilibrio para tratar a todos los hijos con justicia y equidad, aunque no pueda darles exactamente lo mismo. Sea honesto y admita su preferencia por alguno de sus hijos, para estar atento a las necesidades de todos sus hijos y evitar situaciones injustas.

Encuentre un equilibrio para tratar a sus hijos con justicia y equidad

Dedique atención personal y un tiempo exclusivo a cada niño. No compare a sus hijos ni ponga a uno de ellos como ejemplo frente a los demás. Permita que los niños decidan si quieren o no estar con sus hermanos. Enseñe a sus hijos que es más importante compartir que competir por lo que queremos, principalmente por el cariño y la atención de los padres.

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Guía de Padres

VII. Divertirnos juntos

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
La vida familiar no consiste sólo en resolver conflictos; gran parte del tiempo que compartimos puede emplearse simplemente en disfrutar el hecho de estar juntos. Durante un día normal, observe y anote cuáles son las actividades que realiza con sus hijos. ¿Qué hacen para disfrutar y divertirse juntos? ¿Qué tanto se ríe con su familia? ¿Cuáles son los mejores momentos del día?

La etapa escolar nos da a los padres excelentes oportunidades para divertirnos con nuestros hijos Cuando entra a la primaria, un niño ya es suficientemente independiente como para bañarse, vestirse, ordenar sus cosas, ayudar en las tareas domésticas, jugar solo y tomar muchas decisiones. Esto cambia nuestra relación y nos permite periodos más amplios de convivencia para participar en actividades que todos disfrutemos. Es una buena época para que los padres disfrutemos con el niño actividades que todavía quiere hacer con nosotros. El reto es que le resulten agradables y atractivas. El tiempo que pasamos juntos padres e hijos se aprovecha mejor cuando lo planeamos A veces no sabemos qué hacer el fin de semana o en las vacaciones, y podemos perder un tiempo precioso para convivir con nuestros hijos. Resulta menos fácil organizarnos para el ocio que para el trabajo, pues pensar lo que haremos en los tiempos libres requiere de mayor imaginación y creatividad. Sin embargo, acostumbrarnos a preparar actividades fuera de la rutina, como visitar a familiares o amigos, organizar paseos y recorridos a lugares interesantes, practicar un deporte, participar en los festejos tradicionales y en las convivencias escolares, da a nuestros hijos sorpresas, alegrías y placeres inesperados. El campo nos da ocasiones estupendas para divertirnos juntos, por ejemplo, trepar a un árbol y comer sobre las ramas (podemos usar una canasta y una cuerda para subir la comida), inventar personajes que viven aventuras emocionantes en el monte o dibujar mapas para encontrar tesoros. Aunque los juegos que surgen todos los días de manera espontánea pueden resultar muy divertidos, los padres podemos preparar, por La etapa escolar nos da a los padres excelentes oportunidades lo menos una o dos veces a la semana, alguna para divertirnos con nuestros hijos actividad original que nos permita pasar un rato agradable. Los juegos tradicionales y los deportes son un recurso valioso para entretener a los niños Podemos jugar con ellos a las escondidas, al lobo, a la roña, a los encantados, al avión, a las canicas o cualquier juego con la pelota, como quemados o futbol. Los juegos cooperativos en los que todos ganan o todos pierden refuerzan la unión familiar. Por ejemplo, alguien piensa en un objeto, animal o personaje. Los demás hacen preguntas, y él sólo puede contestar sí o no, hasta que alguien descubra qué es. También podemos jugar al reportero: entrevistar a los miembros de la familia; hacer preguntas sobre la escuela, el trabajo, sobre hechos importantes de su historia, cuáles han

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Nuestras tradiciones y costumbres se enseñan de una generación a otra

Organizar fiestas sin ningún motivo particular cantar juntos, bailar, cambiar la letra a las canciones, decirlas con mímica, recitar poemas al revés. Buscar juegos que a todos nos gusten. Por ejemplo, esconder un objeto y guiar hacia él a los “buscadores” con la indicación “caliente” o “frío” según se acerquen o se alejen de él. O “dictar” un dibujo igual al que nosotros trazamos en papel sin que nadie lo viera. Por ejemplo, si hicimos un gato, podemos decir: “Dibuja un círculo, agrega dos pequeños triángulos en la parte superior del círculo, ahora, un círculo mayor debajo del primero...”. Y ver quién hace el dibujo más parecido al nuestro. Otro juego es escribir o dibujar con el dedo, en la espalda o los pies del niño, para que identifique de qué se trata. El niño puede encontrar diversión en todo lo que hace Con un poco de imaginación, incluso las tareas domésticas, como lavar los platos o limpiar la casa, pueden convertirse en juego. Podríamos trabajar en equipo “contra reloj” para levantar todo lo que quedó fuera de su lugar marcando el tiempo que nos lleva. ¿Vamos haciéndolo más rápido cada vez? Tal vez un día estemos de humor para hacer la limpieza en cámara lenta, hacer relevos pasándonos el plumero o la escoba unos a otros o lavar al ritmo de la música. El momento de cocinar y de comer en familia es ideal para una convivencia gozosa Podemos buscar formas originales de arreglar la comida en los platos o decorarla con flores; quizás alguna vez queramos usar colores vegetales y cocinar un arroz azul o una pasta morada; preparar una cena especial en los cumpleaños. Para que una noche cualquiera se vuelva memorable, basta hornear y decorar galletas entre todos (unas galletas Marías fritas en mantequilla y revolcadas en azúcar glass hacen unos Crear situaciones creativas le da encanto a la convivencia

sido sus momentos más felices, cómo era la vida cuando eran chicos; qué quieren hacer cuando crezcan; cuáles son sus deseos; qué les molesta; quiénes son sus amigos. La hora de irse a dormir es un momento privilegiado de convivencia. La costumbre de contar y leer cuentos cuando el niño ya está en la cama crea un ambiente de intimidad y comprensión. Nuestras tradiciones y costumbres se enseñan de una generación a otra. Éste es un buen momento para que los padres enseñemos a nuestros hijos los juegos y juguetes tradicionales de nuestro país. Crear situaciones creativas le da encanto a la convivencia Para divertirnos en familia no hace falta ni dinero, ni muchos elementos; necesitamos simplemente algo de creatividad, estar juntos y disponernos a disfrutar. Un día cualquiera puede volverse especial si le agregamos un poco de imaginación. Algunos ejemplos: Mensaje sorpresa esconder en la lonchera una nota con un chiste, una adivinanza o una invitación: “Ya quiero que regreses. Inventé un juego nuevo”. Tertulia romántica decir versos, platicar o cenar a la luz de las velas. Tarde de nostalgia buscar fotografías viejas de la familia y compartir lo que cada uno sepa acerca de la persona fotografiada. Otra opción es ocultar una parte de la foto y tratar de adivinar de quién se trata sólo por los ojos, las manos o el peinado. Función de gala si hay una película que toda la familia quiere ver en la televisión, arreglar de modo especial los asientos, preparar palomitas, invitar a algún amigo. Noche de aficionados cantar, bailar, hacer teatro, presentar una función de títeres (hechos en casa con trapos o calcetines). Campamento usar sábanas, cojines, escobas, mesas, sillas, etcétera, para levantar tiendas de campaña dentro de la casa.

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El momento de comer es ideal para una convivencia gozosa

polvorones deliciosos para la merienda). Se trata de usar lo que tengamos a nuestro alcance para crear momentos gratos. Otra posibilidad es cubrir la mesa con un mantel de papel blanco y darles crayolas a los niños. Ese día se vale pintar y comer. Si logramos mantener limpio el papel y nos gustan los dibujos, podríamos colgarlo como una obra de arte familiar. Organizar una cena de disfraces puede mantener ocupados a los niños toda la tarde si cada uno inventa su traje y lo prepara con papeles de color, colores, plumas, trapos, toallas o lo que esté a mano. Tiene que ser sorpresa para los demás. Podemos aprovechar cualquier situación de espera o un viaje largo en el autobús para jugar o contar cuentos: Narrar una historia inventada entre todos. Uno empieza con una frase: “Había una vez un pirata...”, y otro continúa: “que tenía un palacio en el fondo del mar...”. Los demás van agregando acontecimientos y detalles hasta que se da por terminada la narración. Cada niño puede intervenir varias veces. Coleccionar palabras decidimos un tema, por ejemplo, países, objetos, animales, calles o personajes de programas de televisión. Repasamos en silencio el abecedario en nuestra cabeza. Cuando uno de los niños grite: “¡Basta!”, decimos cuál letra estábamos pensando en ese momento. Por ejemplo “O” con el tema “animales”. Un niño dice: “oso”, otro encuentra la palabra “orca”, “ocelote”, “hormiga”. “Hormiga es con hache. No vale”. Cuando no encontremos otro animal, cambiamos de letra. Cadena de nombres el primer jugador dice el nombre de una fruta o verdura: “limón”; el siguiente dice un nombre con la última letra: “naranja”; el que sigue agrega: “aguacate”, el siguiente, “elote”, y así hasta que ya no encuentren nombres. La última persona que encuentre un nombre, dirá cuál es el siguiente tema.

Si vamos a tener que esperar en algún lado, conviene llevar con nosotros una libreta y un lápiz para jugar timbiriche, gato, submarinos, ahorcados, tripas de gato o laberintos. El tiempo pasa muy rápido cuando sabemos utilizarlo. La variedad de actividades que compartimos en familia nos permite llegar a conocernos mejor y a estar más cerca unos de otros Al final del día, es muy agradable repasar con los hijos lo que hicimos juntos, cuáles fueron los mejores momentos y qué meta logramos. Podemos también agradecernos unos a otros la alegría que nos dimos.

Podemos aprovechar cualquier situación para jugar

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La diversión es una parte indispensable para la salud

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
No piense en la diversión como pérdida de tiempo, es una parte indispensable para la salud y para que la vida merezca vivirse. Póngase de acuerdo con toda la familia sobre las actividades que planean hacer durante el día. Cumpla, en lo posible, los compromisos que haya establecido con el niño. Si llegara a fallar, explíquele a su hijo las razones y fije una nueva fecha. Observe a su niño para saber qué es lo que más disfruta. Sorprenda a su familia con actividades diferentes. Inventen sus propios juegos: organicen cantos, bailes, rondas, representaciones con disfraces.

Cumpla los compromisos que haya establecido

Cocinen juntos. Que su hijo ayude con actividades seguras como pelar chícharos, revolver el agua de limón o batir los huevos. Si usted le enseña a manejar las situaciones que pueden ser peligrosas como cortar con un cuchillo o encender la estufa, él se sentirá muy bien. Pero supervíselo cuando esté en la cocina. Consulte los periódicos y entérese de las actividades que se organizan en su comunidad para los niños. Muchas de ellas son gratuitas. Aprovéchelas. Cuando participen en juegos de mesa cuide de no ganar siempre usted, pero también de no dejar que su niño siempre sea el vencedor. Deje que el azar y la pericia creciente de su hijo le den gratas sorpresas. Propicie momentos y actividades agradables para estar juntos. Cuando su hijo sea grande, siempre recordará con cariño su vida familiar.

Observe a su niño para saber qué es lo que más disfruta

Cocinen juntos. Pero supervíselo cuando esté en la cocina

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Guía de Padres

VIII. El descubrimiento de la amistad y el sentido de pertenencia
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Uno de los mayores bienes que podemos tener es un amigo. La amistad es algo que se cultiva y se disfruta. ¿Qué es para usted la amistad? ¿Quiénes son sus amigos? ¿Hace cuánto tiempo los conoce? Trate de describirlos. Platique con su hijo sobre sus relaciones con los amigos, cómo han enriquecido su vida cada uno de ellos, qué han hecho por usted y en qué los ha apoyado usted a ellos. ¿Conoce a los amigos de su hijo? ¿Le simpatizan? Pídale que le cuente acerca de ellos.

Al llegar a primaria, el niño empieza a hacer verdaderos amigos En sus primeros años, el pequeño se relaciona con otros niños para satisfacer sus necesidades, pero a partir de los seis o siete años ya es capaz de percibir las necesidades de los demás, tomar en cuenta el punto de vista del otro e interesarse por la igualdad, la justicia y la reciprocidad: “Si yo te presto mis colores, tú me dejas andar en tu bici”. “Si me convidas de tu torta, yo te doy parte de mi naranja”. La relación ya no es unilateral, ahora el niño busca al mismo tiempo su satisfacción y la de su amigo. A lo largo de la vida escolar, la amistad va cambiando de una situación de juego a una relación en que las emociones son el elemento primordial Al principio, los intereses de los chicos varían mucho y las amistades también son inconstantes. Tienen dificultades para tener más de un amigo a la vez: “Ya no me quiero llevar contigo, ahora prefiero a...”. Con el paso del tiempo, las aficiones se hacen más estables y los vínculos se vuelven más fuertes y duraderos. Los niños desarrollan la necesidad de establecer una relación estrecha, se encariñan, tratan de estar juntos siempre que pueden, se apoyan mutuamente, disfrutan de su compañía y sufren cuando se disgustan entre sí. En la preadolescencia, entre los nueve y diez años, los niños y niñas empiezan a tener mejores amigos Con estos amigos los niños comparten secretos y se dan información que nadie más conoce. Esto le da a la relación un encanto y una alegría Al llegar a primaria, el niño empieza a hacer verdaderos amigos que hace mucho bien al niño. Su mejor amigo lo acompaña, está dispuesto a prestarle sus cosas, se interesa por su bienestar, es leal, servicial, no lo acusa y puede confiar en él. El mejor amigo, con sus conflictos, emociones y alegrías, es parte fundamental del desarrollo del niño y lo prepara para sus relaciones de adolescente y para la intimidad adulta con los amigos y la pareja. Pero el niño no sólo tiene amigos, también forma parte de grupos A partir de la edad en que entra a la escuela primaria, los juegos del niño se vuelven más estructurados y requieren más participantes. Tiene que haber perseguidores y perseguidos, buenos y malos, pilotos y pasajeros. En este momento, el juego grupal es una experiencia de participación muy poderosa y llena de sentido.

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Ser miembro de un grupo le da al niño una sensación de pertenencia y lo hace sentir seguro y aceptado Al inicio de la etapa escolar, los niños forman grupos con objetivos poco claros y con miembros que cambian continuamente, pero a partir de los nueve o diez años, los grupos se vuelven más estructurados y permanentes, y aparecen las pandillas. Los miembros son generalmente del mismo sexo y dejan fuera intencionalmente a los del sexo contrario. Inventan requisitos especiales para pertenecer; tienen que pasar pruebas para ser aceptados; establecen reglamentos y mantienen normas morales estrictas. Ante todo, les preocupa el sentido de justicia. En esta edad los niños se comprometen y se identifican con sus compañeros de una manera muy intensa. Empiezan a descubrir en su experiencia el sentido del “nosotros”, pero al mismo tiempo que adquieren una identidad con su grupo, detectan las diferencias de los que no son parte de él. Pertenecer a una pandilla los hace enfrentarse con otros grupos. Es común que se organicen verdaderas guerras en las que se vale casi todo. Los grupos ejercen una presión muy fuerte en los niños La influencia del grupo por lo general es positiva y motiva al niño a realizar actividades interesantes, divertidas y generosas. Sin embargo, a veces lo obliga a comportamientos con los que no siempre se siente tranquilo ni cómodo, y el niño los acepta porque necesita pertenecer y ser aceptado. En grupo, los niños llegan a ser tan crueles o irresponsables como no se les ocurriría ni podrían serlo en forma individual. Los padres tenemos que dar a nuestro hijo la libertad de experimentar libremente la amistad, y al mismo tiempo, sabiendo que aún es influenciable y absorbe con facilidad ideas y valores de su entorno, vigilar su seguridad, estar al tanto de quiénes son sus compañeros, qué es lo que hace con ellos, y sobre todo, fortalecer su personalidad y su capacidad de juicio. Los padres debemos trabajar intensamente en la autoestima de nuestro hijo para prevenir que se sienta indefenso ante la presión del grupo Un niño seguro y satisfecho puede ser firme, defender sus convicciones y atreverse a decir “no”, si considera que algo es inapropiado. Y podrá decir “no” si ha aprendido a hacerse responsable de sus actos y a tomar decisiones, si no le hemos exigido una obediencia absoluta y le hemos demostrado confianza y aceptación. Sin embargo, cuando el niño empieza a formar parte de un grupo no conveniente, es necesario marcar límites Si su seguridad está en riesgo, hemos de decirle directamente que no puede reunirse con ciertos niños: “Lo siento mucho, pero no tienes permiso de ir a casa de Diego, porque no se sabe cuidar ni sabe cuidar a sus amigos”. Es muy probable que el niño se rebele y alegue que él tiene el derecho de juntarse con quien se le antoje. Una posible respuesta sería: “Entiendo que esto te moleste, pero hay ciertas cosas que te pueden causar daño y que voy a tratar

de evitar”. Esto le muestra al niño nuestra firmeza y autoridad, y al mismo tiempo nuestro amor por él y nuestra preocupación por su bienestar. Al hablar de los amigos o miembros del grupo de nuestro hijo, debemos tener cuidado de no denigrarlos ni criticarlos El niño está identificado con sus amigos, hagan lo que hagan. Lo que nos corresponde es explicar las razones por las que es inconveniente una determinada conducta, sin calificar al amigo o amiga que la llevó a cabo: “Que lástima que Lupita y Arturo decidieran robar en la tienda, eso perjudica a otros y puede ocasionarles a ellos problemas serios”. De esta manera separamos la conducta de la persona y no agredimos a los amigos que él aprecia. Es importante tratar de permanecer siempre del lado de nuestro hijo independientemente de su conducta: “El que tú y tus amigos arrojaran piedras a la ventana del Sr. López le ha causado muchos trastornos. Entiendo que es difícil no hacerlo cuando todos los demás están metidos en eso de

Los padres tenemos que dar a nuestro hijo la libertad de experimentar la amistad

Cuando el niño forma parte de un grupo no conveniente es necesario marcar límites

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Conocer a los padres de los amigos de nuestro hijo nos da una idea de cuáles son los valores y las reglas de las otras familias

romper vidrios, pero, ¿puedes pensar en alguna forma de decirle a tus amigos que no quieres hacer algo, cuando ellos te están presionando? ¿Qué crees que deberías hacer ahora, respecto al señor López? Me parece adecuado que estés dispuesto a disculparte. ¿Piensas que hay otra manera de que el grupo compense el daño? ¿Quieres que te ayude en algo?”. El niño tiene que resolver un problema complejo: asumir con responsabilidad las consecuencias de su comportamiento, demostrar su lealtad a los amigos y asegurar su pertenencia al grupo. Conocer a los padres de los amigos de nuestro hijo nos da una idea de cuáles son los valores y las reglas de las otras familias Esto nos ofrece además la oportunidad de llegar a acuerdos para fijar límites y permisos a todos los niños del grupo y descalificar frases como: “A Juanita sí le dan permiso...”, porque sabemos que a Juanita no le dan permiso. La costumbre de llevar y recoger a nuestros hijos de los lugares donde se reúne con sus amigos, le hace sentirse cuidado y nos permite conocer los ambientes en los que participa. También podemos promover la participación del niño en grupos que realizan actividades positivas Los niños que se proponen metas y objetivos valiosos y que han sido animados por sus padres para conseguirlos, tienen menos probabilidades de verse involucrados en comportamientos que puedan poner en riesgo su seguridad y su salud.

Al niño le toma mucho tiempo aprender a expresar y manejar sus emociones adecuadamente, y en el camino es normal que se den pleitos y conflictos, seguidos de reconciliaciones A los seis o siete años niños y niñas todavía responden con manazos y jaloneos si se sienten molestos o frustrados, y lloran fácilmente por las agresiones de sus compañeros. Con el crecimiento, disminuyen los golpes y aumenta la agresión verbal, sobre todo entre las niñas. Pueden usar palabras ofensivas, criticar o ignorar a algún compañero o compañera para hacerlos sentir excluidos. A menos que sean demasiado frecuentes o les causen angustia, no hay que preocuparse demasiado con las peleas de los niños. Es recomendable evitar involucrarnos directamente en el problema de nuestro hijo y enseñarle a resolver los conflictos buscando acuerdos, sin agredir ni lastimar. Todos los niños tienen dificultades con sus amigos de vez en cuando, pero cuando la situación de rechazo se hace permanente, puede trastornar la vida de un niño y hacerla desdichada La señal de que existe un verdadero problema es que el niño sufre y se angustia por estar solo. Los amigos son un apoyo importante para su autoestima. Un niño sin amigos se siente triste y pierde confianza en sí mismo aun cuando tenga logros en otros campos. A pesar de sus esfuerzos por formar parte de un grupo, el niño puede ser rechazado si no tiene las habilidades necesarias para relacionarse adecuadamente: si es agresivo verbal o físicamente, si molesta a los demás, si desorganiza o interrumpe los juegos, o si se muestra demasiado débil o inseguro. Quedar aislado del grupo o ser rechazado por los amigos

Un niño sin amigos se siente triste y pierde confianza en sí mismo

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Ayúdelo a desarrollar las capacidades de convivencia

Quedar aislado del grupo o ser rechazado por los amigos puede ser una de las experiencias más dolorosas de la niñez Las consecuencias emocionales del aislamiento pueden ser graves y duraderas. Los niños rechazados necesitan ayuda, pues si no solucionan la situación, pueden volverse aún más introvertidos, o bien, agresivos y desmedidamente competitivos.

¿Qué podemos hacer los padres para ayudar a nuestro hijo a hacer amigos? Los padres tenemos poco que hacer directamente en estas situaciones, pero sí podemos ayudar a nuestro hijo a superar sus dificultades de relación. Tal vez nos resulte útil probar algunas de las siguientes recomendaciones: Mantenernos cerca de él escucharlo, tratar de comprenderlo y hacerle sentir que cuenta Ayúdela a sentirse segura. No la obligue con nosotros; averiguar las causas de su aislamiento a través de lo que él mismo nos diga y hablando con su maestro. Tratar de no sobreprotegerlo ni exigirle demasiado; el niño necesita tener encuentros sociales, pero no debemos forzarlo a vivir situaciones muy difíciles, pues eso le impedirá superarlas. Reforzar su autoestima es fundamental; crear condiciones para que él adquiera seguridad y confianza; animarlo y darle apoyo para desarrollar las habilidades para las que tenga más facilidad y ayudarlo a distinguirse en algo especial. Así conseguirá sentirse más seguro y logrará el respeto, primero de sí mismo, y luego de sus compañeros. En el segundo capítulo del apartado Aprender a ser (pág. 103) se dan algunas sugerencias para

fortalecer su autoestima. Enseñarle a desarrollar las capacidades de convivencia necesarias para funcionar adecuadamente en un grupo: ser honesto en el juego, participar con entusiasmo en las actividades comunes, proporcionar atención, cuidados y afecto a sus compañeros, así como apoyarlos en sus problemas. Tenemos que utilizar todos los recursos a nuestro alcance para enseñar a nuestro hijo a expresar sus sentimientos de una manera clara y adecuada, a relacionarse sin agredir ni perjudicar a otros. Hacerle ver que en lugar de competir: “A que salto más alto que tú”, “Seguro te gano en las canicas” o “Yo tengo un avión más grande que el tuyo”, puede acercarse al otro niño con suavidad, observarlo y percibir cómo se siente en ese momento: “Qué buen salto, casi llegas a los tres metros” “Me gustaría jugar contigo a las canicas” “Qué divertido es volar aviones”. Ayudarle a manifestar abiertamente su simpatía y afecto por los amigos hacerles saber que disfruta de su compañía, comentar lo que le resulte interesante o divertido y dar muestras de afecto como una palmada o un chocar de manos. Invitarlo a practicar en familia las habilidades para escuchar poner atención a lo que dice el otro, no hacer otra cosa mientras le habla, mostrar que comprende los sentimientos de su compañero. En el capítulo III de este apartado (pág. 13) se ofrecen sugerencias para aprender a escuchar. Practicar con él la resolución de conflictos seguir juntos los pasos necesarios y procurar que esto se vuelva un hábito natural en todas sus relaciones, de modo que logre resolver sus desacuerdos y defender sus derechos respetando los de los demás. El capítulo V de este apartado (pág. 23) sugiere formas de solucionar problemas y conflictos. Ayudarle a desarrollar su capacidad de conversar hablar de todo lo que interese a los miembros de la familia: ideas, sentimientos, experiencias, problemas, logros, sueños y

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Propiciar situaciones que favorezcan la convivencia con otros niños fuera de la escuela

Si el sufrimiento del niño ante el rechazo es muy intenso y no logra superar su dificultad para relacionarse, es necesario buscar ayuda profesional Poner en práctica estas sugerencias puede ayudar a nuestro hijo, pero hay que tener en cuenta que la responsabilidad de encontrar y hacer amigos es del niño, que la amistad es su decisión.

metas. Es necesario encontrar tiempo para platicar con él: en la comida, al irse a dormir, mientras viajamos de un sitio a otro. Es recomendable propiciar pláticas interesantes en familia y con otras personas, fomentar lecturas y experiencias valiosas que le den temas de conversación. Propiciar situaciones que favorezcan la convivencia con otros niños fuera de la escuela y que lo hagan sentir útil es conveniente dar a nuestros hijos oportunidades de establecer una red de relaciones amplia y de compartir diferentes actividades con otros chicos. Podría ser participar en un equipo deportivo, en las fiestas tradicionales de la comunidad, en actividades de protección a la naturaleza, así como realizar acciones que beneficien a otros como escuchar, consolar, proteger, apoyar, compartir, cooperar y dar. Sin forzarlo ni exigirle, vamos fomentando en el niño un interés sincero por otras personas y un aprendizaje de las habilidades sociales Dar ejemplo hacerle ver cómo nos integramos en un grupo de amigos, en un equipo deportivo o en la asociación de padres de familia de la escuela. Si es posible, participar en grupos en los que convivan padres e hijos, ya sea dentro de la escuela o en otras instituciones. La forma en que nos relacionamos es un modelo para el niño. Por eso, es conveniente invitarlo a participar en algunos encuentros con nuestros amigos para que se dé cuenta del afecto que les tenemos. En esas ocasiones podremos enseñarle cómo hacer sentir bien a otras personas, cómo comportarse en un conflicto, cómo aceptar las críticas o cómo apoyar a quien lo necesita. Procurar que el ambiente en el hogar sea afectuoso y acogedor a los amigos de nuestro niño les gustará visitar nuestra casa si se sienten bienvenidos, libres y en confianza, si son tratados con respeto y generosidad.

Podremos enseñarle cómo hacer sentir bien a otras personas

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Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Fomente la relación de su hijo con otros niños. No trate de ser un amigo más para su hijo. Usted tiene otro papel. No intervenga en la relación de su hijo con otros niños, pero esté al tanto de quiénes son y qué hace con ellos. Conozca a los amigos de su hijo y anímelo a invitarlos a casa. Procure que se sientan bienvenidos y en confianza. No se preocupe demasiado por las peleas de su hijo, a menos que sean demasiado frecuentes o le causen angustia. Esté atento a la calidad de las relaciones de su niño, observe si tiene problemas serios para hacer amigos y averigüe las causas de su aislamiento. Utilice todos los recursos a su alcance para enseñarle a manejar sus sentimientos, a ser sensible a las necesidades de otras personas y a solucionar conflictos. Propicie pláticas interesantes en familia, fomente lecturas y experiencias que le den temas de conversación. Ponga todo su empeño en el fortalecimiento de la autoestima de su hijo. Dele oportunidades de compartir diferentes actividades con otros niños fuera de la escuela y de realizar acciones que beneficien a otros. Muéstrele qué tan valiosa es para usted la amistad. Permita que participe en algunos encuentros con sus amigos y que se dé cuenta del afecto que les tiene. Marque límites con firmeza cuando el niño se vincule a un grupo problemático. Demuéstrele que se interesa por su seguridad y bienestar. Si su hijo participó en algún hecho inapropiado, ayúdelo a reflexionar y a buscar una compensación a lo que hizo. Platique con él sobre los principios y valores importantes para él. Hágalo pensar si vale la pena abandonarlos por seguir los deseos de alguien más. No critique ni califique a los amigos de su hijo. Sólo explique las razones por las que es incorrecto su comportamiento. Conozca a los padres de los amigos de su hijo. Lleguen a acuerdos para fijarles límites y permisos.

Fomente la relación de su hijo con otros niños

No califique a los amigos de su hijo

Ponga todo su empeño en el fortalecimiento de la autoestima

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Guía de Padres

IX. Familia, tradiciones y comunidad
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Saber de dónde venimos, quiénes son nuestros antepasados, qué lugar ocupamos en la familia y en la comunidad, nos ayuda a construir nuestra historia y nos da el sentimiento de pertenecer a algo valioso que hay que cuidar. ¿Participa en forma regular en actividades de servicio a la comunidad junto con su hijo? ¿Hace algo para cuidar el medio ambiente? ¿Con qué frecuencia se reúne con sus familiares? ¿Qué sabe usted de las historias de la familia? ¿Las platica con su hijo? Si no tiene un álbum de fotos y recuerdos de la familia, haga uno junto con su pareja y su hijo. Elabore un árbol genealógico. Investigue quiénes fueron los abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, tanto de usted como de su pareja, cuántos hijos tuvieron, con quién se casaron. Recupere todas las historias interesantes de la familia.

A medida que crece, la vida social del niño va abarcando círculos más amplios. Uno de esos círculos es la familia extensa Es fundamental que el niño conozca a su familia, que se relacione con sus abuelos, primos, tíos y otros parientes de una manera personal, que los busque, les pregunte y los quiera. Estos vínculos pueden llegar a ser muy importantes para él. Las fiestas tradicionales, los bailes, las ceremonias y los aniversarios son ocasiones excelentes para que el niño conviva con sus familiares y se haga consciente de que pertenece a una familia y ocupa una posición dentro de ella. La familia es un testigo vivo de la historia del niño, de sus orígenes y sus tradiciones. Cuando los hijos son adoptados, la historia de la familia que lo adopta le proporciona origen, apoyo, seguridad y confianza. Las costumbres, anécdotas y usos familiares permiten al niño hacerse una idea del espíritu de continuidad que se da a lo largo de las generaciones Conforme va creciendo, el niño empieza a interesarse por su procedencia. Necesita saber de dónde viene, cómo se formó su familia. Quiere conocer los cuándo, los porqué, los cómo y los dónde. Compartir la costumbre de platicar y revisar de vez en cuando los álbumes de fotografías y ver cómo éramos de pequeños, reconocer al abuelo en su juventud, saber qué aspecto tenía el bisabuelo que no conoció, da a nuestro hijo momentos de verdadera alegría. Es recomendable dar oportunidades a nuestro hijo de escuchar a los abuelos narrar sus andanzas juveniles, sus juegos y travesuras de la niñez; de saber cómo se vivía en tiempos de los bisabuelos; en qué trabajan los adultos de la familia, cómo eran las calles, los hogares, los coches; de qué manera se relacionaban muchachos y muchachas, dónde se veían y qué hacían los domingos.

Es recomendable permitir que nuestro hijo escuche a los abuelos

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Además de escuchar, al niño le gusta contar a sus familiares sus propios relatos; tiene gran necesidad de elaborar versiones personales de los hechos y de hacer suyas las historias que va conociendo. Así va construyendo su historia, se pone en contacto con los valores que vienen del pasado y lo hacen ser lo que es, y adquiere la conciencia de que forma parte de una tradición que él tendrá que continuar.

Interesarnos unos por otros nos ayuda a todos

El niño tiene mucho que recibir de su familia, pero también mucho que dar El niño aprende en su familia a pensar en los demás, a entender la necesidad de ocuparse de otras personas, a acompañarnos y a participar en las atenciones y cuidados a los miembros de la familia: puede acompañar a la abuela si está sola o cortar flores para su cumpleaños; hacer un dibujo para adornar la casa del primo recién casado; escribir una carta al tío que trabaja en otra región y que quizá se sienta solo. Interesarnos unos por otros nos ayuda a todos, nos acerca a los demás y nos da un sentido de familia y comunidad. Nuestro hijo también es miembro de una comunidad Al niño le afecta todo lo que sucede en la sociedad en la que vive y, por lo tanto, tiene el derecho a opinar sobre lo que ahí sucede; a ser tomado en cuenta, a compartir con los otros miembros de esa sociedad las acciones que tienen que ver con la vida comunitaria. Los niños no sólo desean conocer el mundo, necesitan también actuar en él Es natural que los niños se esfuercen por formar parte de lo que les interesa y les atañe; que busquen colaborar con otros niños y adultos, y se organicen para luchar no sólo por sus propios intereses, sino por objetivos mucho más vastos y generosos. Toda comunidad presenta necesidades que sus miembros tienen que atender La responsabilidad de los padres es dar las facilidades y alentar a nuestros hijos a participar en la solución de esas necesidades. Por eso debemos compartir con ellos el compromiso de estar al tanto de los problemas y carencias de nuestro medio, así como motivarlos a conocer lo que sucede a su alrededor, a proponer acciones y a comprometerse a realizar la parte que les corresponde. Desde luego, los padres también tenemos que actuar, mantener el compromiso con el grupo que elegimos, y no dejarlo para “cuando se pueda”. El niño también es parte del planeta La Tierra es la casa de todos y de todos es la responsabilidad de cuidarla. Lo que hagamos ahora tiene un impacto que afectará la realidad futura de una manera que no podemos prever.

Es necesario inculcar en nuestro hijo una conciencia ecológica

Es necesario inculcar en nuestro hijo una conciencia ecológica. Es un asunto de supervivencia cuidar el ambiente natural y por ello debemos enseñarle a ahorrar el agua —un recurso del que depende la vida y que se está agotando sin que nos demos cuenta—, a sembrar árboles, a proteger a los que ya existen, a aprovechar la electricidad de una manera racional, a no tirar basura en la calle, en el río o en el campo, a respetar a los animales, a convertir el patio de cachivaches en un jardín, etcétera.

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Debemos enseñarle a aprovechar la electricidad de una manera racional

Si queremos una verdadera transformación de las condiciones y la calidad de vida en nuestro país y en nuestro planeta, tenemos que favorecer la participación de nuestros hijos en los asuntos comunitarios En la participación comunitaria no se trata sólo de impulsar proyectos, sino de promover el crecimiento de quienes participan en ellos. Los niños se transforman al ayudar a otros. Las actividades de servicio les enseñan a ser comprensivos, generosos, asertivos, sensibles, fuertes, colaboradores y organizados. Pero no sólo los niños se transforman. Al colaborar en un ambiente de igualdad y respeto, también se modifican los vínculos entre niños y adultos. Los padres descubrimos que podemos dejar atrás prácticas autoritarias y que es posible avanzar juntos por caminos que nos llevarán a disfrutar de nuestra mutua compañía y a acercarnos a nuestros sueños. Hacer algo por los demás es una manera de agradecer lo que otros nos han dado y la ayuda que hemos recibido Los actos que hacemos en favor de alguien más se enlazan en una cadena interminable. No podemos imaginar hasta dónde llegan los beneficios, hasta qué punto transforman la vida de otras personas —algunas que incluso no conocemos ni conoceremos nunca. Si hacemos un hábito el ayudar a los demás, nuestros niños también lo harán. Tenemos que empezar ahora, aprovechar esta etapa de la vida de nuestros hijos en que la solidaridad, la bondad y la justicia son naturales en ellos, para encaminarlos a la creación de un mundo más amable, compasivo y alegre.

Hacer algo por los demás es una manera de agradecer lo que otros nos han dado

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Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Propicie que su hijo conviva con sus familiares de una manera personal. Fomente la participación de su hijo en las celebraciones de la familia, pero no lo fuerce a asistir a todas. Póngase de acuerdo con su pareja sobre cuáles son las actividades a las que es importante que todos asistan. Hágaselo saber a su hijo con anterioridad. Investigue y cuéntele a su niño las historias familiares. Anímelo a escribirlas o a platicarlas a alguien más. Organice reuniones en las que los mayores puedan narrar anécdotas y compartir sus recuerdos. Procure estar al tanto de la vida de sus familiares. Si alguno necesita apoyo o compañía, hable con su hijo y su pareja sobre la manera como podrían ayudar. Reflexione con su niño acerca de lo que significa la solidaridad y sobre la necesidad de ocuparse de otras personas. Acostúmbrese a enviar notas, cartas, pequeños regalos a las personas que usted quiere. También a su hijo. Permita a su niño opinar sobre lo que sucede en su familia y en su comunidad. Dele oportunidad de decidir en los asuntos que le afectan. Invite a sus hijos a buscar proyectos en los que cada uno pueda aportar sus ideas y habilidades. Participen juntos en un ambiente de igualdad y respeto. Inculque en su hijo una conciencia ecológica. Enséñele a cuidar el ambiente natural, a mantenerlo limpio y a aprovechar racionalmente los recursos. Promueva en su niño el sentido de gratitud. Desarrolle en la familia el hábito de hacer algo por los demás. Invite a sus hijos a mejorar su entorno.

Organice reuniones en las que los mayores puedan narrar anécdotas

Procure estar al tanto de la vida de sus familiares

Acostúmbrese a enviar notas

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APRENDER A CONOCER Y A HACER
Aprender a conocer no significa adquirir un gran número de conocimientos sino aprender a aprender Quiere decir desarrollar la inteligencia para comprender mejor el mundo, ser capaz de actuar y trabajar en él y comunicarse con los demás. No se trata solamente de instruir al niño en las materias que creemos que debe saber ni insistir en lo que debe pensar, sino también de enseñarle cómo pensar y darle las herramientas que le permitan seguir aprendiendo durante toda la vida. Los contenidos que el niño adquiere son menos importantes que las actitudes y destrezas que desarrolla a partir de esa información Lo que importa no es obtener ciertos conocimiento que mañana quizá serán inútiles sino adquirir las capacidades y habilidades para estar abierto a lo nuevo, entenderlo, analizarlo, imaginar soluciones, crear e innovar. En lugar de obligar al niño a acumular datos, como por ejemplo: “¿Cuándo se inventó la luz eléctrica?” es mejor ayudarlo a desarrollar su pensamiento: “¿Cómo ha afectado nuestra vida el uso de la electricidad?” Hacer que el niño relacione los aprendizajes con su vida. El niño es un ser curioso por naturaleza y es el personaje activo en su aprendizaje, la causa principal de su propio desarrollo Los niños desean aprender, por eso exploran tan activamente su entorno. Poseen un impulso natural que los hace curiosos, les lleva a preguntarse sobre las cosas, a relacionar unas con otras, a buscar explicaciones. Los niños buscan aprender, no que les enseñemos. Nuestra responsabilidad es construir sobre ese impulso natural por conocer Debemos nutrirlo, estimularlo y crear situaciones en las que puedan practicar y perfeccionar sus habilidades. Convencernos de que una buena enseñanza consiste, más que en darles conocimientos, en señalarles el camino para llegar a ellos. Nuestro papel es animar a nuestros hijos a que, a medida que avancen en su formación, se hagan responsables de su aprendizaje. Que puedan calificar y evaluar ellos mismos su progreso y que, incluso fuera de la escuela, se entusiasmen por aprender de forma permanente, aprovechando diversos medios de aprendizaje en la convivencia con su familia, sus amigos y su comunidad. ¿Cómo guiarlos en este camino si nosotros mismos no lo hemos recorrido? Educar a nuestros hijos es la mejor oportunidad de educarnos a nosotros mismos. Para que ellos se interesen en resolver problemas, para que aprendan a pensar lógicamente, a expresar sus ideas con claridad, a esforzarse a pesar de los reveses, nosotros tenemos que aprender a hacer lo mismo. Junto con ellos, hombro con hombro, atrevernos a vivir por primera vez circunstancias que nos son extrañas, introducirnos en temas desconocidos, fijarnos metas y trabajar para alcanzarlas. Nuestro propio desarrollo les dará el entusiasmo por aprender y la esperanza de conseguir lo que se proponen. El apoyo más significativo que tenemos los padres en la tarea de educar a nuestro hijo es la escuela El niño pasa gran parte de su vida en la escuela. A sus maestros les confiamos y les debemos una importantísima parte de su formación y desarrollo intelectual y social. Para que este apoyo beneficie a nuestro hijo, es indispensable nuestro compromiso de asegurar su asistencia todos los días, de enterarnos de lo que sucede en el salón de clases, interesarnos por lo que le enseñan, hablar con su maestro, conocer a sus amigos y compañeros. Padres y maestros debemos formar un verdadero equipo, ayudarnos mutuamente, pues compartimos una meta común: dar al niño la mejor educación posible.

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I. Entrar a la escuela primaria. El niño de primero a tercero
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
El paso de la escuela preescolar a la primaria es un gran cambio en la manera como el niño debe aprender y comportarse. Nuestras actitudes hacia la escuela y el aprendizaje serán una influencia muy importante para nuestro hijo. ¿A usted le gusta estudiar y aprender? ¿Le parece difícil o aburrido? ¿En este momento se dedica a estudiar o aprender algo? ¿Desde su punto de vista, cuál es la mejor manera de conseguir que un niño aprenda? ¿Sabe lo que le enseñan a su hijo en la escuela? ¿Le resulta interesante? ¿Quisiera conocer más sobre esos temas?

La etapa de desarrollo que va de los seis a los doce años tiene como eje central la participación del niño en la escuela, por eso se le llama etapa escolar En este periodo, y gracias a la escuela primaria, el niño se abre al mundo de los conceptos, símbolos e instrumentos de comunicación que utiliza su cultura. Es la época en la que su mente da el paso de lo concreto, es decir, del aprendizaje por medio de la manipulación de objetos, a lo abstracto, es decir, al trabajo con las ideas. El niño llega a representar una célula, un continente o una operación aritmética sin haberlos percibido con los sentidos. Sin embargo, este extraordinario desarrollo intelectual sucede con tanta suavidad que no nos llama la atención. Cuando era pequeño, sus primeras palabras eran un prodigio para nosotros, pero ahora su capacidad para comprender las cosas, para establecer relaciones y para expresarse ha progresado tanto que lo que diga nos parece natural. La etapa escolar se divide en dos fases que podemos distinguir con claridad: la primera, de los seis a los ocho años; y la preadolescencia, de los nueve a los doce Un niño que entra a la escuela es muy distinto del que sale de sexto grado, pero su avance es gradual y no existen acontecimientos externos que marquen con exactitud el paso de una fase a otra. Al pasar a la primaria, el niño entra de lleno en el proceso formal del sistema escolar Cuando nuestro hijo era pequeño le permitíamos todo porque su principal tarea era jugar, pero ahora ha llegado el momento de estudiar. El niño tiene que empezar a cumplir con tareas y obligaciones estrictas; la escuela es más grande, los grupos más numerosos, el horario más largo y en las clases tiene que dominar ciertos conocimientos y presentar exámenes. Es fácil imaginar el estado de ansiedad y de temor que estos cambios pueden causar en nuestro niño, pero también es sencillo encontrar la manera de ayudarlo. Además de comprenderlo y escucharlo, podemos hacer que la casa siga conservando su ambiente de juego para que el aprendizaje no pierda su magia y su diversión, y que el estudio sea visto como un reto estimulante y atractivo. Tanto el juego como el trabajo son fundamentales para la formación del niño:

El niño tiene que empezar a cumplir con tareas y obligaciones estrictas

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mientras más estímulos y conocimientos tenga, más rico será su juego, y mientras más juegue, más interesado estará en aprender y en realizar proyectos. Desde luego que se requiere esfuerzo y disciplina para llevar a cabo el trabajo de la escuela, pero también puede ser enormemente gratificante y satisfactorio El papel de los padres es animar a nuestro hijo a superar con imaginación y sentido del humor las exigencias que se dan en cualquier labor, y ayudarle a obtener el mayor placer posible de sus actividades escolares. Por fortuna, en esta primera fase del periodo escolar, el niño cuenta ya con los recursos suficientes para responder a los requerimientos de la escuela. En su desarrollo físico, la niña y el niño han ganado dominio de su cuerpo A esta edad, los niños son más fuertes, más rápidos, están mejor integrados, coordinan mejor sus movimientos y tienen buen equilibrio. Les gustan los ejercicios físicos en los que ponen a prueba sus destrezas y su fuerza muscular: saltan la cuerda, nadan, lanzan objetos, corren, dan vueltas, bailan y juegan con pelotas. Niños y niñas disfrutan los desafíos, como pasear sobre muros elevados, trepar a los árboles o quedar suspendidos en posiciones riesgosas. Le dan mucha importancia a ejecutar proezas físicas y desdeñan el peligro. Esta inclinación hace indispensable que organicemos espacios seguros para sus juegos, mientras van desarrollado la conciencia del peligro y aprenden a medir la diferencia entre lo que quieren y lo que pueden hacer.

observaciones, planteándose problemas, generando teorías y poniendo a prueba su ingenio. Si nos esforzamos en aprender y luego en enseñar a nuestros hijos, por ejemplo, a reconocer las diferentes variedades de plantas, o en explicarles de dónde provienen el papel, el azúcar, el pan, las telas, o cuáles son las costumbres de los insectos y los mamíferos, ampliamos sus conocimientos, y además les ayudamos a desarrollar su aptitud para poner atención a lo que escuchan y a lo que ven. Esto les será muy útil en la escuela.

En su desarrollo físico, la niña y el niño han ganado dominio de su cuerpo

Sus manos también son mucho más hábiles Los niños pueden manejar bien los botones de la ropa y los cierres; ya han aprendido a amarrar las agujetas de los zapatos; son capaces de dominar el lápiz, copiar figuras, fabricar papalotes, carros, casas o barcos con bastante calidad; les gusta tejer, A esta edad les interesa el por qué de las cosas hacer figuras de barro o plastilina y armar todo tipo de cosas. Rondan por los rincones para hacerse de materiales para construir y usan correctamente las herramientas (con nuestra supervisión). El niño de primaria se desvive por encontrar las causas y las razones de lo que sucede a su alrededor A esta edad, el niño aprende de manera fácil y natural, le interesa el porqué de las cosas, cómo funcionan y para qué. La mayor parte de su energía está dirigida al desarrollo de sus capacidades y a la conquista del mundo. Los padres debemos dar a nuestro hijo, no sólo la libertad de investigar, sino también los materiales con qué experimentar. En esta fase de su desarrollo, los niños aprenden a pensar manipulando objetos y materiales interesantes, expresando sus fantasías y

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Tiene una fuerte necesidad de sentirse aceptado y valorado por sus amigos

de compañeros se vuelve decisivo. Elige a sus amigos y tiene una fuerte necesidad de sentirse aceptado y valorado por ellos. Es más conciente de su apariencia, se compara con los demás niños y quiere parecerse a ellos. Ser diferente le causa inseguridad. Busca responsabilidades que le den satisfacción personal, le entusiasman los proyectos en grupo y se hace cada vez más capaz de cooperar con los demás y aceptar ideas ajenas. Le encanta colaborar en las actividades de la escuela y en campañas para fines que le convenzan, ya sean deportivos, artísticos, culturales o simplemente de diversión. Aunque el niño es cada vez más independiente y autónomo, los padres seguimos siendo figuras muy importantes para él. Ya no hay que dedicar tanto tiempo como antes a cuidarlo, pero sigue necesitando intensamente nuestro cariño, guía, seguridad y aceptación.

En la primaria, el niño necesita escuchar y hablar, pero también leer y escribir bien La lengua escrita es el conocimiento más revolucionario de su educación, la herramienta más importante para expresarse, comunicarse y adquirir conocimientos. La lectura y la escritura lo ayudarán a avanzar en el resto de las materias. Los libros le abrirán una ventana a realidades y fantasías hasta entonces desconocidas. En ellos encontrará la solución a muchos problemas, la información sobre los temas de estudio y el gusto de seguir, a su propio ritmo, un pensamiento o una historia. Leerle muchos cuentos en voz alta, comentarlos en familia, descubrir el mensaje oculto detrás de las palabras, lo animará a esforzarse en el aprendizaje del idioma escrito. El papel de los padres no es enseñar a leer a nuestro hijo, pero sí enseñarle a querer leer. La edad escolar es un periodo de relativa estabilidad emocional Como gran parte de la energía del niño está volcada hacia el conocimiento del mundo, sus sentimientos se encuentran en cierta calma. Aunque sus reacciones todavía son desproporcionadas —corre, entra, sale, grita y no es capaz de controlar algunos de sus impulsos— el niño suele ser agradable, tiene seguridad en sí mismo y empieza a mostrar algunos rasgos de madurez. Es una buena época para hablar con él acerca de sus sentimientos y para reforzar la confianza en sus capacidades y en sus recursos personales. En los primeros años de primaria, el niño comienza a cambiar su centro de interés de la familia al grupo de iguales Necesita establecer relaciones personales fuera del hogar y la escuela se convierte en el centro de su vida social. El grupo

El papel de los padres es enseñarle a querer leer

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Ayude a su hijo a disfrutar el estudio

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Ponga atención a la evolución física, intelectual y social de su hijo. Observe a su niño con cuidado y pregúntese siempre por qué hace lo que hace, para qué le sirve hacerlo, qué le gusta y qué necesita. Estimule en casa los intereses del niño. La primaria es una época en la que va de descubrimiento en descubrimiento. No permita que su hijo pierda el gusto por aprender, curiosear y descubrir. Ayúdelo a disfrutar del estudio. Reconozca el esfuerzo de su hijo y sus logros. Hágale sentir que lo que él hace en la escuela es importante e interesante para usted. Aproveche la convivencia diaria para aprender y compartir con él lo que aprende. No deje de jugar con su hijo. Cree un ambiente amable en casa, el juego todavía es indispensable para él.

Aproveche la convivencia diaria para aprender

Todos los días léale algún cuento o un texto atractivo, aunque él sepa leer. Hable a su hijo del trabajo que usted desempeña. No le haga ver su trabajo como un sacrificio que realiza para que él tenga lo que necesita. No espere que los niños de ésta, ni de ninguna otra edad, sean perfectos. Dele oportunidad para correr, saltar y encaramarse, y al mismo tiempo cuide que sus espacios de juego sean seguros. No lo mantenga ligado a usted como cuando era pequeño. Anímelo a hacer amigos y a ampliar su círculo social. Planifique actividades que ayuden a su hijo a independizarse, pero permanezca cerca de él para apoyarlo. Respete su propio ritmo de aprendizaje. No lo compare con otros niños.

Todos los días léale algún cuento

Hable a su hijo del trabajo que desempeña

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II. La preadolescencia. El niño de cuarto a sexto
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
La evolución de la manera de pensar y comportarse del niño en la etapa primaria puede tomarnos por sorpresa. Ahora, para él es tan importante expresar sus dudas y hacer preguntas como defender sus opiniones y decidir por su cuenta. ¿Le interesan los temas que su hijo le plantea? ¿Se siente preparado para discutirlos con él? ¿Le molesta que su niño lo cuestione y muestre desacuerdos con usted? ¿Se siente preparado para aceptar la autonomía de su niño? ¿Le cuesta trabajo aceptar que crezca y se independice?

El carácter del niño de los nueve a los doce años ha alcanzado un cierto grado de equilibrio y madurez Ahora su personalidad es más definida. Es entusiasta, inquieto, curioso, espontáneo, travieso e incansable. Habla mucho, con soltura, y muchas veces con un ingenio que nos asombra y nos deleita. Su disposición para pensar y razonar está en constante evolución y su extraordinario sentido del humor —que utiliza con inteligencia— hace su compañía muy placentera. Es una etapa clave para formar y reforzar actitudes positivas hacia el conocimiento y hacia el gozo de vivir Al preadolescente le gusta explorar, curiosear, descubrir, divertirse y reír. Le encantan las adivinanzas, las rimas graciosas y los chistes. Se apasiona por muchas cosas: un juego en particular —trompo, yo-yo, canicas—, el personaje de algún programa de televisión, su mejor amigo, una fruta, un animal. Se mete a fondo en lo que le interesa. Le fascina discutir y hacer demostraciones de memoria o ingenio, le gusta participar en juegos de competencia. Es una edad estupenda para aprovechar su deseo de investigar y para fomentar su afición a la lectura. Todavía disfruta los cuentos de hadas, pero ahora prefiere relatos más verosímiles, de aventuras y de acción. Se interesa por los sucesos del pasado lejano, por la historia, las biografías, la vida en otros tiempos, y por novelas sencillas con un argumento emocionante y divertido. Es una etapa clave para formar y reforzar actitudes positivas hacia el conocimiento Su pensamiento se vuelve más organizado, sistemático y preciso Hay un desarrollo continuo de sus capacidades mentales. Es más sensible a las contradicciones y busca explicaciones lógicas para los fenómenos, lo cual le ayuda a percibir y entender el mundo con mayor objetividad. Quiere que respondamos con seriedad a sus preguntas, que le demos respuestas racionales y que no menospreciemos su capacidad de entendimiento. En esta segunda fase de la primaria, el niño ya es capaz de utilizar el pensamiento para resolver problemas Su atención es más prolongada, su vocabulario más rico, tiene mejor memoria y puede leer y escribir con cierta facilidad. Estas habilidades le sirven como herramientas para pensar y solucionar asuntos de todo tipo. El niño usa su mente para imaginar y entender los hechos, ya no necesita ver y manejar los objetos

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concretos de la realidad para resolver problemas. Aumenta su capacidad para anticipar resultados y consecuencias; es capaz de hacer planes para encontrar soluciones, puede plantear varias posibilidades, tomar en cuenta diferentes aspectos de una cuestión y llegar a conclusiones. El éxito en sus logros escolares lo hace sentirse seguro y satisfecho, pero al mismo tiempo, puede perder el ánimo si tiene que preparar un examen difícil o se le juntan las tareas, pues trabaja mejor cuando divide el trabajo en pequeñas partes. Aunque todavía necesita que lo orientemos para alcanzar mejores resultados en la escuela, nos necesita cada vez menos El preadolescente está próximo a ser una persona que se basta a sí misma Conforme transcurren los años de primaria el niño se vuelve más autónomo, se maneja solo la mayor parte del tiempo, sabe cómo actuar, posee sus propias motivaciones y confía en que puede resolver sus asuntos sin necesidad de sus padres. Tiene un ánimo valiente, decidido y resuelto para muchas cosas. No suele tener miedo al riesgo físico, a la velocidad ni a actividades que conlleven riesgos. Por lo general logra contener las lágrimas, soporta el dolor físico sin quejarse y es capaz de resistir el frío, el calor o cualquier condición que sea una “prueba” de su madurez. Hacia los nueve años, empieza una época con más posibilidad de conflictos y explosiones temperamentales Aparecen los cambios repentinos en los estados de ánimo del niño; sus intereses cambian constantemente, y la intensidad de sus entusiasmos y enojos carece de proporción con las causas que los provocan. No tolera fácilmente la frustración. Para él no existe el término medio: las cosas son "blancas" o "negras", muy divertidas o absolutamente aburridas, estupendas o pésimas, fabulosas o terribles. Aún es inestable e inmaduro para manejar sus emociones; puede estar alegre, cooperativo y entusiasta por la mañana e irritable y hostil por la tarde. Comienza a ver a los adultos con otros ojos y a rebelarse contra la autoridad de sus padres El niño demuestra menos admiración y mayor sentido crítico hacia nosotros. Al darse cuenta de que puede pensar y actuar por su cuenta, critica nuestro comportamiento y nuestras ideas. En ocasiones se muestra voluntarioso y nos contradice; afirma que ya es demasiado grande para hacer lo que sus padres queremos, que no tiene por qué obedecer en todo y que él tiene derecho a tomar sus propias decisiones. Esto es una señal de salud y de crecimiento, quiere decir que comienza a experimentar en su interior la nueva libertad de la elección responsable. No obstante, sigue conservando un fuerte sentimiento de lealtad y apego hacia su familia, y necesita estar seguro de nuestra protección cuando una situación es demasiado complicada para él.

Es normal que quiera demostrar que puede soportar el frío o el calor

Al niño le empieza a importar su aspecto físico

A medida que se acerca a la pubertad se interesa más en su persona y es capaz de mayor sensibilidad ante los sentimientos ajenos Al niño le empieza a importar su aspecto físico. Aunque sigue siendo descuidado con su higiene y desordenado con sus cosas, se preocupa por la forma de vestir y de peinarse. Está más conciente de sus defectos que de sus cualidades. A veces se siente insatisfecho, aunque también experimenta placer por descubrirse. Se plantea con frecuencia si sus inquietudes son normales y se pregunta por los intereses de otros. Tiene curiosidad por saber cómo son y qué piensan los que le rodean, y es más hábil para entender las emociones y necesidades ajenas, sobre todo si son de su grupo de iguales. Es notable el desarrollo de sus conceptos éticos, la claridad en sus valores, la comprensión de las reglas, el rechazo a la mentira, a la falta de compañerismo y solidaridad, al egoísmo y la injusticia. Los padres tenemos que cuidar con mucha atención la coherencia de nuestros pensamientos, palabras y acciones, pues sus cuestionamientos son cada vez más severos. Estamos ante los primeros signos de la adolescencia.

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Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Propicie y disfrute las conversaciones con su hijo, compartan ideas y ríanse juntos. Trate de estar al día para mantener un ambiente interesante en casa. Ésta es una etapa clave para reforzar actitudes positivas del niño hacia el conocimiento. No menosprecie la capacidad de entendimiento de su hijo. Conteste con seriedad a sus preguntas. Reconozca el esfuerzo de su hijo y aprecie sus logros. Ayude a su hijo a organizar su tiempo. Enséñele a dividir las tareas en pequeñas partes para alcanzar mejores resultados. Haga expediciones a la biblioteca con él. Fomente la lectura. Siga leyendo a su niño. Es una costumbre que vale la pena mantener siempre en la vida familiar.

Esté al día para mantener un ambiente interesante en casa

Aprecie la independencia de su hija Aprecie la independencia de su hijo, confíe en él. Respete su necesidad de estar solo. Considere la rebeldía del niño como una señal de salud y crecimiento. No se ofenda si su niño critica su conducta o sus palabras. Cuestionar a sus padres es parte importante de su desarrollo. No tome como algo personal los enojos de su hijo. Con cariño y tranquilidad, ayúdelo a manejar sus emociones, para que pueda expresarse sin dañar a los demás. Manténgase cerca de su hijo y dele el apoyo y la protección que necesita en las situaciones difíciles. Cuide la seguridad de los espacios de juego de su hijo. Enséñele a cuidarse sin sobreprotegerlo. Dele libertad para trabajar, investigar y jugar. Respete su necesidad de estar solo No se ofenda si su niña critica su conducta

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III. Hábitos que hacen más fácil y agradable la vida diaria
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Observe las acciones que su hijo realiza a partir del momento en que despierta por la mañana. Anótelas en orden. Registre todos sus movimientos hasta la hora en que cada miembro de la familia se dirige a sus ocupaciones. Al día siguiente repita el ejercicio. ¿Qué cosas hace de la misma manera y en el mismo orden? Esos son sus hábitos. Observe que no tiene que pensar ni decidir si se levanta del lado derecho o izquierdo de la cama, si enciende la luz, si se baña o se lava las manos, si desayuna o no, si se peina o deja su pelo tal como amaneció. Calcule los minutos y el esfuerzo que ahorra al tener tantos asuntos resueltos. Cuando su niño esté haciendo la tarea, coloque una venda sobre sus ojos. Pídale que, a ciegas, tome el lápiz, la goma, el libro de español, la regla y su cuaderno, y que guarde todo en la mochila. Observe si sabe dónde está cada cosa y si tiene un lugar especial en la mochila para poner sus útiles. Si ha establecido hábitos de orden, lo va a conseguir más fácilmente y en menor tiempo.

Formar hábitos significa crear espacios de libertad Formar hábitos es enseñar a los niños a satisfacer sus necesidades de acuerdo con cierta organización, siguiendo un orden y un horario establecidos con anterioridad. Cuando el niño hace algo de la misma manera, a la misma hora y en el mismo sitio una y otra vez, acaba por realizarlo de manera automática y sin esfuerzo. Ya no tiene que pensar y decidir todos los días las mismas cosas. Saber qué es lo que va a pasar, a qué hora, cuándo y dónde, le da seguridad. Si después de comer es hora de jugar y a cierta hora debe hacer la tarea, luego jugar, ver la televisión, bañarse, escuchar un cuento, leer un libro e irse a dormir, el niño avanza confiado y sin tensión por un terreno conocido. Las rutinas estructuran la actividad del niño, lo ayudan a alcanzar sus metas diarias y le dan la libertad de utilizar su energía y su Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar tiempo en lo que él quiera, y en lo que más le guste. Cada familia tiene sus propias necesidades y sabe qué cosas son importantes para la convivencia Los padres tenemos que definir junto con nuestro hijo los hábitos que hemos de seguir en nuestro hogar, discutirlos y permitir que él haga propuestas. Cuando los acepte y se convenza de sus beneficios, podremos llegar a un compromiso para establecerlos. Lo más difícil no es establecer los hábitos, sino mantenerlos Es importante que seamos firmes y constantes, que no actuemos de una forma hoy y de otra mañana. Si establecimos que sólo se lava la ropa que encontremos dentro del cesto, la que no está ahí se quedará sucia. Cuando el niño crezca y se haga un adulto responsable, útil y ordenado, nos lo va a agradecer.

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El orden es un hábito fundamental para el niño Vivir en un ambiente desarreglado puede ser perturbador para la mayoría de las personas. El orden exterior nos da orden interior, permite estructurar mejor las ideas y las actividades, encontrar sin esfuerzo las cosas que necesitamos, nos ayuda a ganar tiempo y hace la vida más agradable. Esto lo podemos comunicar a nuestro hijo con nuestro ejemplo.

Explíquele por qué le conviene establecer ciertas rutinas

Es muy importante enseñar a nuestro hijo a ser organizado, pues el orden en el trabajo facilita su aprendizaje y su desempeño escolar Los primeros días en la escuela suelen ser un paraíso: el niño empieza el año con estuche nuevo, cuadernos limpios y ánimo entusiasta. Pero esta felicidad puede durar muy poco. Si no establecemos los hábitos adecuados, en unas cuantas semanas veremos que pierde los lápices, confunde los cuadernos u olvida los libros. Le cuesta más trabajo estudiar, aprender y entender lo que escribió. La etapa escolar es ideal para desarrollar su fuerza de voluntad, enseñarle a terminar lo que empieza y a realizar bien su trabajo. Para ello se necesita el orden. Introducir al niño en el mundo del orden no se da de la noche a la mañana: requiere de nuestra paciencia y nuestro esfuerzo constantes Un buen comienzo es definir un sitio específico para guardar la ropa, los zapatos, los juguetes y los útiles escolares. Si no tenemos suficiente espacio, podemos colocar cajas al alcance de los niños y marcarlas con etiquetas que indiquen su contenido. Es importante enseñar a nuestro hijo a devolver a su lugar el objeto que acaba de utilizar; así, cuando lo necesite de nuevo, no tendrá problema para encontrarlo. Conviene reconocer y apreciar el comportamiento del niño cuando es ordenado para animarlo y reforzar su conducta. Muchas veces ponemos nuestra atención en los actos negativos de nuestro hijo y olvidamos que apreciar las actitudes positivas es un mejor estímulo para él. Es importante entender que es el niño quien debe ordenar sus cosas y su tiempo A veces nos cansamos y arreglamos el desorden del niño o supervisamos continuamente el cumplimiento de sus deberes. Esta actitud lo hace dependiente y lo acostumbra a que nosotros resolvamos su desorden, le ayudemos a encontrar lo que perdió, o nos responsabilicemos de sus obligaciones. Por el momento, le facilitamos la vida pero no lo ayudamos a formarse. Él tiene que hacerse cargo de sus cosas. Una táctica que puede funcionar es hacer que observe el desorden desde afuera; preguntarle sin reclamos: “Tú, ¿cómo lo ves?” “¿Es fácil encontrar lo que necesitas?”. Invitarlo a que él mismo

Un hábito muy apreciado en la vida social es la cortesía

lo perciba. Después, hay que ponernos de acuerdo en la forma de arreglarlo, poner un límite, fijar consecuencias y respetar el pacto con firmeza y constancia. Otro hábito del que no se habla mucho pero que es muy apreciado en la vida social es la cortesía La cortesía es una forma de respeto y consideración. La etapa escolar es un momento muy adecuado para enseñar al niño a interesarse por los demás y expresar ese interés de distintas maneras: ser puntual, escuchar con interés, contestar cortésmente, esperar su turno, no interrumpir a otros, dar muestras de gratitud (notas, dibujos, pequeños regalos), dejar pasar, abrir la puerta, ayudar a cargar, ceder el asiento, etcétera. Los niños amables y atentos con los demás hacen sentir bien a otras personas y las predisponen positivamente.

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Los niños amables y atentos con los demás hacen sentir bien a otras personas

Existen otras actividades que podríamos colocar en la categoría de hábitos y que realizamos por placer Aunque a veces los padres no les damos mucha importancia, actividades como leer, escuchar música, hacer deporte, ver televisión y conversar, en realidad tienen un gran peso para lograr un desarrollo armónico en el niño, y es necesario encontrar un balance entre las actividades que el niño realiza por hábito.

Hagamos del deporte un hábito

Enséñele con el ejemplo

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Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Sea constante y firme. Los hábitos se logran con la repetición. No intente imponer hábitos con brusquedad ni con castigos. No lo logrará y hará sufrir a su hijo. Respete la rutina y los horarios establecidos para que el niño se acostumbre a ellos. Felicite a su hijo cuando cumpla a tiempo con sus responsabilidades. Organice junto con su hijo el orden de las actividades en familia. Sea claro y explique las razones por las que conviene establecer ciertas rutinas. Cuando quiera iniciar el aprendizaje de un hábito, escriba o dibuje una gráfica junto con el niño y póngala en un lugar visible; de esta forma será más sencillo recordarlo. Incluya la lista de las actividades que se deben realizar, los tiempos, lugares y la forma de llevarlas a cabo. No trate de enseñar todos los hábitos a la vez. Vaya incorporándolos poco a poco, empezando por los que usted considere más importantes. No cambie las reglas del juego ni se olvide de aplicar las consecuencias en caso de que no se cumplan. No ordene las cosas de su hijo si él es capaz de arreglarlas. Enséñele con el ejemplo cómo ser ordenado. No se desespere; enseñar hábitos a los niños toma tiempo y trabajo. Trate de que en su familia se respete la recomendación: “Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar”.

No intente imponer hábitos con brusquedad ni con castigos

Felicite a su hijo cuando cumpla a tiempo con sus responsabilidades

Establezca en su familia hábitos de cortesía Establezca en su familia hábitos de cortesía. Pida al niño que encuentre formas de hacer sentir bien a los demás. Bríndele usted su buen ejemplo; trate a su hijo y a las demás personas con amabilidad y respeto.

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Guía de Padres

IV. Hábitos que nos mantienen sanos

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
¿Qué hábitos considera usted que son importantes para mantenernos saludables? ¿Qué hábitos de alimentación tienen sus hijos? ¿Disfruta la hora de la comida con su familia? ¿Tiene usted buenos hábitos de descanso? ¿Sigue un horario para ir a dormir y levantarse? ¿Su hijo se resiste a irse a la cama? ¿Qué actividades realiza su niño antes de dormir? ¿Se levanta descansado y despierta sin problemas? ¿Qué hábitos de higiene ha fomentado en su hijo? ¿Qué medidas ha tomado usted para cuidar la seguridad de su hijo dentro y fuera de casa?

Existen diversos hábitos que están íntimamente relacionados con la salud y el bienestar de nuestro hijo La salud del niño de primaria es mucho más estable que en etapas anteriores. Ahora, necesita establecer hábitos que le permitan crecer y desarrollarse normalmente. Una alimentación correcta, un sueño reparador, un poco de ejercicio todos los días, una higiene adecuada y el cuidado de su seguridad, son costumbres que le servirán toda la vida y lo conducirán a una existencia saludable. ALIMENTACIÓN Los niños necesitan alimentarse bien, pues no sólo reponen tejidos y queman energía, sino que además, crecen. Una buena alimentación es la base para conservar la salud. Un niño bien alimentado tiene más defensas contra las enfermedades, y en caso de padecerlas, se recupera más rápido. Una alimentación deficiente disminuye la capacidad de aprendizaje y el rendimiento físico de los niños. Muchos estudios han demostrado que los niños que asisten a la escuela sin desayunar tienen problemas para concentrarse, están inquietos, o bien, cansados e irritables. Por eso es importante ofrecer a nuestro hijo una dieta balanceada que incluya todo tipo de nutrientes. Los niños que asisten a la escuela sin desayunar tienen problemas para concentrarse ¿Qué es una dieta balanceada? El niño requiere consumir una combinación de diversos alimentos para poder obtener la variedad de sustancias que necesita su organismo. Los expertos clasifican los alimentos en tres grupos: 1) Verduras y frutas 2) Cereales 3) Leguminosas y alimentos de origen animal La idea fundamental de esta clasificación es que los alimentos de un mismo grupo tienen el mismo valor, y por lo tanto, podemos escoger entre ellos los que más nos gusten o los que podamos obtener. Además, los alimentos de grupos diferentes son complementarios, es decir, no basta tomar un solo tipo de nutrientes, necesitamos consumir alguno de cada grupo. El Plato del Bien Comer, incluido en este capítulo, ilustra de manera clara y sencilla

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cuáles son los alimentos de cada grupo y en Los niños engordan por una dieta incorrecta y por falta de qué cantidad deben consumirse. actividad física En la edad escolar, los huesos del niño están en formación. Por eso es recomendable promover el consumo de alimentos ricos en calcio (tortilla de nixtamal, lácteos, charales, sardinas, brócoli). Y al final de la primaria (en las niñas alrededor de los diez años), se inicia una etapa de mayor crecimiento, por lo que aumentan las necesidades de nutrición y tienen que comer más. Existen algunos problemas de salud relacionados con la alimentación que se presentan con frecuencia en los niños escolares y que los padres podemos prevenir. Uno de ellos es la anemia, que afecta el crecimiento y el aprendizaje. Para evitarlo, los niños de todas las edades, deben consumir alimentos ricos en hierro (hígado, moronga, carnes rojas, huevo, frijol, lenteja, haba, garbanzos, huauzontle, hojas de chaya, quelites, hongos, espinaca, acelga, cacahuates, nueces), y comerlos junto con alimentos que contengan Vitamina C (verduras como chile poblano, chícharos, Es tan importante nutrirse como disfrutar de la comida habas verdes, y frutas como guayaba, zapote negro, mango, La comida no sólo nutre el cuerpo. El ambiente que creamos mandarina, papaya, fresa, toronja, naranja, tejocote, melón), alrededor de la mesa tiene mucho que ver con la actitud que que favorecen el aprovechamiento del hierro. el niño va a desarrollar frente a la alimentación y frente a la Un problema cada vez más frecuente es el sobrepeso y la vida. Vale la pena hacer un esfuerzo para que la comida en obesidad. La obesidad es una enfermedad en sí, pero además familia sea placentera y constituya un espacio para la predispone a otras enfermedades graves. Los niños engordan comunicación, para hablar de temas divertidos e interesantes, por una dieta incorrecta y por falta de actividad física. Es para compartir y gozar. importante medirlos y pesarlos regularmente para conocer Los invitados a la mesa hacen más rica y profunda la los efectos que la alimentación tiene en ellos y asegurarnos convivencia; la televisión no. Debemos mantenerla apagada de que estén creciendo adecuadamente. mientras comemos juntos. Muchos niños en la etapa escolar se vuelven difíciles para comer Algunos días devoran todo lo que les presentamos y otros apenas prueban bocado. Los padres tenemos que respetar el apetito y aceptar los gustos del niño, pero evitando que, por comer golosinas entre comidas, el niño no desee comer alimentos nutritivos. Es conveniente que él se involucre cada vez más en su alimentación y poco a poco se responsabilice de ella. Nos evitaremos muchos malos ratos si dejamos que nuestro hijo decida entre el tipo de alimentos que debe consumir, qué quiere comer y en qué cantidad. Conviene servirle poco y permitirle pedir más si desea. Si no le gustan ciertas verduras, podemos molerlas con el jitomate y dárselas en la sopa de fideo, o bien, darle fruta. Si no le gusta el hígado, podrá sustituirlo con queso o frijoles. Esto no quiere decir que no le ayudemos a probar nuevos sabores, pero ser flexibles nos permitirá gozar mucho más el tiempo que compartimos alrededor de la mesa. ¿Y entre comidas? La mayoría de los niños necesitan comer con más frecuencia que los adultos. Es bueno que tomen un pequeño almuerzo a media mañana y una merienda a media tarde, en los que incluyamos verduras y frutas lavadas y de temporada. No dejemos que por comer golosinas no coma los alimentos nutritivos

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El que duerma en la cama de los papás no los beneficia ni a él ni a ustedes

Si nuestro hijo insiste en tomar golosinas, podemos dejar que coma algún dulce o fritura en ciertas ocasiones, siempre y cuando no se convierta en un hábito. SUEÑO En la edad escolar, los niños detestan la hora de ir a la cama Es muy común que los niños se resistan a terminar su día. Sin embargo, el sueño es una necesidad. Mientras dormimos, se regeneran órganos, huesos y tejidos, se crean anticuerpos y se produce la hormona del crecimiento, que es la encargada de estimular precisamente el crecimiento del niño. Los niños en la etapa escolar deben dormir entre ocho y diez horas diarias. Si no lo hacen, al día siguiente se sentirán incómodos, decaídos y de mal humor, además, es probable que tengan problemas de atención en la escuela. Cuando un niño entra a la escuela primaria, es frecuente que surjan en él algunos temores Es común que al momento de entrar a la escuela no haya superado todavía los miedos de la etapa preescolar: a los animales, a la oscuridad, a los fenómenos naturales o a la violencia. Y además, puede sentir miedo de no poder con los estudios o al rechazo de sus compañeros. El niño se deshace de sus temores mediante sueños; por eso algunas noches tiene pesadillas. Los padres debemos estar atentos y darles la importancia que tienen. Si nuestro hijo nos llama en la noche, acudamos enseguida. Podemos acariciarlo y hablarle con suavidad, dejar que nos platique de su miedo, encender la luz y acompañarlo un rato hasta que se tranquilice. Debemos proporcionarle un ambiente tranquilo y seguro en casa durante el día, y acompañarlo a la cama con cuentos felices para que se duerma con pensamientos agradables.

El sueño es un hábito que se aprende a través de ciertas rutinas -Fijar una hora para acostarse. Respetar los horarios. Si un día se duerme más temprano y otro más tarde, no logrará crear el hábito. Una posible solución a eso de: ”Otro ratito” o “Ya nada más acabo de...”, es decirle al niño con anticipación: “Falta media hora para irte a dormir. Ve preparando tus cosas”. -Establecer un periodo de tranquilidad antes de dormir. A esta hora conviene evitar los juegos físicos y, para ayudarlo a relajarse, establecer la hora del baño después de la cena o leerle un cuento en la cama. -Asegurarnos de que se encuentra cómodo y tranquilo. En la medida de lo posible, la habitación donde duerme debe estar bien ventilada y aislada de ruidos y luces brillantes. Reducir al máximo la televisión antes de dormir. Algunos programas pueden producir inquietud en el niño. -Evitar que nuestro hijo se vaya a la cama con el estómago vacío o que la cena sea demasiado pesada. Estas dos situaciones pueden alterar su sueño o generarle pesadillas. Los alimentos o bebidas como refrescos de cola, té negro, café e incluso chocolate, no son recomendables, porque contienen suficiente cafeína para mantenerlo despierto. -Acostumbrar al niño a dormir solo. El que el niño pase la noche en la cama de sus papás no lo beneficia, y además impide a los padres gozar de su descanso e intimidad. HIGIENE Hay algunos hábitos de higiene que debemos enseñar a nuestros hijos si queremos que gocen de buena salud Son pocos los niños de esta edad que por su propia voluntad deciden mantenerse limpios; bañarse y cambiarse de ropa no es algo que les preocupa.

Si nuestro hijo nos llama en la noche, acudamos enseguida

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A los padres nos toca presentarles la higiene como un estado de bienestar y no como una obligación pesada y molesta. Es indispensable El baño frecuente este hábito favorece el que nuestra piel y cabello respiren mejor y no se presenten infecciones; además, nos hace sentir renovados y nos da una mejor apariencia. Lavarse las manos antes de comer o después de ir al baño debemos recordar constantemente al niño que esta medida previene muchas enfermedades del sistema digestivo. Cepillarse los dientes después de cada comida este hábito es la mejor medida para evitar caries. Durante la etapa escolar, los niños pierden los dientes de leche y comienzan a aparecer sus dientes definitivos. Es necesario cuidar de ambos. SEGURIDAD Una de nuestras responsabilidades importantes es cuidar la seguridad de nuestro hijo Al niño de primaria le gustan los desafíos. Según algunas estadísticas, la principal causa de hospitalización de los niños en edad escolar la constituyen los accidentes fuera de casa. Por eso, en esta etapa, debemos estar pendientes de su seguridad y enseñar al niño a ser cuidadoso y responsable. El niño debe aprender a atravesar la calle, respetar los señalamientos de tránsito y orientarse en las calles de su comunidad. Si el niño maneja una bicicleta debe saber conducirla adecuadamente, llevar puesto un casco, no llevar pasajeros y respetar los reglamentos de seguridad. Si tenemos automóvil es necesario que demos un buen ejemplo manejando con cuidado y respetando las reglas de tránsito. El uso del cinturón de seguridad es obligatorio en todo el país y los niños menores de doce años deben ocupar los asientos traseros donde están más seguros. Otras situaciones que merecen nuestra atención Si el niño practica algún deporte es necesario supervisarlo y asegurarnos de que cuente con el equipo adecuado para protegerlo. Es necesario hablar con el niño para hacerlo conciente de los riesgos y peligros que pueden tener ciertas actividades como: -Jugar cerca de excavaciones, pozos, construcciones o sitios abandonados. -Acercarse al mar, depósitos de agua o ríos si no sabe nadar o si no hay alguien que lo cuide. -Jugar solo en la calle o en parques públicos. El niño debe aprender a tener ciertas precauciones. -Manejar cerillos, gasolina o algunos otros productos inflamables, pues pueden producirle quemaduras graves o provocar incendios. También es importante prevenirlo sobre el uso de cohetes y fuegos artificiales.

-Utilizar herramientas sin conocer su funcionamiento y sin que se encuentre un adulto con él; por ejemplo, una plancha, la estufa, el taladro, una podadora, un soplete, etcétera. -Si por alguna razón tenemos un arma de fuego en casa, es necesario mantenerla descargada, bajo llave, y guardar las municiones por separado. También es importante tener cuidado con los cuchillos, navajas, espadas, etcétera. -Es recomendable no dejar al alcance de los niños tiner, medicamentos, cloro u otros productos tóxicos. -Una situación que, por desgracia, pone en peligro a los niños de primaria es la venta de drogas. Aun cuando nuestro hijo pueda manejarse solo, es recomendable, además de hablar con él claramente sobre la drogadicción, sus riesgos y consecuencias, acompañarlo a la entrada y salida de clases y de los lugares en los que se reúne con sus amigos.

Es indispensable el baño frecuente

Revise el Plato del Bien Comer

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Respete el apetito de su hijo

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Sea flexible. Una rutina se establece con constancia, no con rigidez. Respete las necesidades de su hijo lo más posible. Organice una dieta correcta para su niño y para toda la familia. Básese en El Plato del Bien Comer. Ofrézcale una alimentación variada. Empiece con poca cantidad de un alimento nuevo junto con platillos que le son familiares. No lo presione a que coma, por más sutilmente que lo haga (premios, trueques, ruegos). A la larga se consigue el efecto contrario. Respete el apetito de su hijo y déjelo decidir la cantidad que desea.

Haga de la hora de la comida un momento de convivencia

Si su niño no quiso comer, hágalo esperar hasta la siguiente comida. Él debe saber que hay horarios para comer y que se deben respetar (aunque puede haber excepciones). Trate de que la hora de la comida sea un momento de convivencia agradable para toda la familia. No encienda la televisión mientras estén comiendo. No utilice la comida para disciplinar a su niño. Dejarlo sin comer o sin cenar no hace bien a su salud. El niño tiene derecho a ser alimentado. Establezca hábitos de sueño. Fije con su niño la hora de acostarse, de levantarse y las actividades que lo relajen y lo preparen para dormir.

No encienda la televisión mientras estén comiendo

No utilice la comida para disciplinar a su niño

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No exponga a su hijo a situaciones violentas. Si su hijo tiene miedo a la oscuridad, mantenga encendida una luz suave para que se sienta más tranquilo. Los miedos y las pesadillas son reales. Los niños los viven con mucha intensidad. Entienda a su niño y platique con él las veces que sea necesario. Busque cuentos e historias que ayuden al niño liberar su temor y hablar de él. Tome en serio las pesadillas de su niño y atiéndalo de inmediato cuando lo llame en la noche. Trate de acompañar a su hijo a la cama y léale cuentos felices para que se duerma con pensamientos agradables. Si nota ansiedad o una preocupación y temor general en su niño, revise si el ambiente familiar o escolar le está causando tensión o angustia.

Si su hijo tiene miedo a la oscuridad, mantenga encendida una luz suave

Busque cuentos e historias que ayuden al niño Recuerde que el amor es la mejor protección contra el miedo. Enseñe a su hijo a respetar los hábitos de higiene como bañarse, lavarse las manos, cepillarse los dientes. Recuerde que los hábitos de higiene se aprenden principalmente por imitación. Ponga el ejemplo. Sin infundirle miedo, enseñe a su hijo a ser responsable en el cuidado de su seguridad. No tenga al alcance del niño armas, sustancias u objetos peligrosos. Hable con su hijo sobre los riesgos de las drogas y acompáñelo a la entrada y salida de la escuela.

Los hábitos de higiene se aprenden principalmente por imitación

Hable con su hijo sobre los riesgos de las drogas

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Guía de Padres

V. Compartir las tareas de la casa

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
En su familia, ¿se ha establecido el hábito de distribuir las tareas domésticas entre todos los miembros? Si no es así, ¿quién cree usted que debe encargarse de ellas? ¿Por qué? Si los miembros de su familia colaboran en las tareas de la casa, ¿en qué forma lo hacen? Escriba una lista de las actividades que los miembros de la familia desarrollan en la casa. El siguiente ejemplo podría ser una guía:
Actividad Darle de comer al perro Poner la mesa Responsable Martín Juan y Marta Tiempo que le dedica Cinco minutos Diez minutos Frecuencia Dos veces al día Dos veces al día

Una vez hecha la lista, comenten en familia si es equilibrada y qué va a pasar cuando alguien no cumpla con la actividad que le corresponde.

La vida en familia da al niño la oportunidad de prepararse para la vida social y la solidaridad En casa se aprende a compartir esfuerzos y a trabajar en equipo. Participar en las tareas familiares le enseña al niño que su cooperación es necesaria para los demás y que ser miembro de una familia implica obligaciones y derechos. Colaborar con los demás fomenta en nuestro hijo habilidades y valores importantes como la equidad y la responsabilidad. Cuando el niño sabe que una parte del funcionamiento de la casa depende de él, crece su sentido de unión, compromiso y confianza en sí mismo. Además, valora y comprende mejor el esfuerzo y la importancia del trabajo de los demás. Cuando resolvemos los problemas de nuestros hijos, no los ayudamos a madurar ni a ser independientes Los padres —sobre todo las madres— que sirven a sus hijos y les solucionan las cosas Cuando resolvemos los problemas de nuestros hijos, no los que ellos podrían hacer, les quitan la ayudamos a madurar ni a ser independientes oportunidad de sentirse autosuficientes para atenderse a sí mismos y de compartir la alegría de hacer cosas juntos. Si un niño nunca ha tenido que contribuir en las tareas domésticas es muy difícil que al llegar a la adolescencia colabore con nosotros de manera espontánea. Para que nuestro hijo llegue a ser una persona útil y responsable debemos enseñarle a cumplir con sus deberes. Los niños de primaria pueden hacer su cama, arreglar sus cajones, preparar sus útiles para la escuela, barrer el patio, dar de comer a la mascota, regar las plantas, secar y acomodar los trastes de la cocina. Todos los miembros de la familia, hombres y mujeres, deben participar en los cuidados de la casa Hacer distinciones entre niños y niñas no ayuda en nada a la armonía familiar y provoca

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actitudes de machismo y desigualdad. Las obligaciones deben distribuirse de acuerdo con la habilidad o la edad de los niños, no con relación a su sexo. Cuando los tratamos igual, la vida entre hermanos se equilibra y es más agradable. Educar en la equidad se logra cuando los niños ven a todos los miembros de la familia contribuir en los deberes de la casa: papá, mamá, hermanos y cualquier otra persona que viva en casa. Pagar a los niños su trabajo les da un estímulo externo e inmediato, pero no los forma en la responsabilidad y en el espíritu de equipo y solidaridad. Los niños son hijos y miembros de la familia, no son empleados.

Pagarles su trabajo no los hace responsables

Para facilitar la colaboración de los niños es útil establecer de común acuerdo un programa de actividades Para favorecer que funcione el programa es recomendable: -No hablar de las tareas domésticas como algo desagradable. -Definir el tipo de tareas que pueden realizar y cuáles son adecuadas para la edad y las habilidades de cada niño. -Permitir que el niño participe en la selección de sus obligaciones diarias, semanales, etcétera. Las actividades pueden intercambiarse cada mes entre los niños. Así sentirán que nadie es favorecido. -Crear una rutina que ayude a nuestro hijo a recordar sus obligaciones. Colocar la lista de deberes y algunos recordatorios escritos en un lugar visible es una buena medida. A nuestro hijo le gustará marcar en la lista las obligaciones que ya cumplió. -Realizar acuerdos claros y detallados y fijar una consecuencia cuando no se cumplan. Si no guarda sus juguetes, no podrá usarlos al día siguiente; si no arregla sus cajones, no tendrá ropa limpia que ponerse; podrá salir a jugar con sus amigos cuando haya sacado la basura. -Evitar las órdenes. A casi todos los niños les gusta trabajar, pero les molesta que los mandemos. En vez de decir: “Recoge la recámara”, podemos usar frases afirmativas que describan hechos, proporcionen información y no den lugar a enfrentamientos: “La ropa limpia va en el closet, la que está sucia en la canasta”, “El basurero debe estar vacío”, “El perico no tiene agua ni comida en la jaula”. -Mientras menos hablemos, mejor. A veces basta una sola palabra para recordar al niño su obligación: “La luz”, “El gato”, “Tu mochila”. Él ya sabrá qué hacer. -Una nota cariñosa es una manera agradable de comunicarnos: “Después de leer, hay que poner los cuentos en el librero. Gracias. Tu mamá” “Ya sé que tuviste mucho trabajo de la escuela, pero tu compromiso de esta semana es levantar la mesa. ¿Quieres que lo hagamos juntos? Tu papá”. -Si nuestro hijo tiene alguna dificultad para realizar su quehacer, podemos ayudarlo pero no realizar las tareas por él. Si lo hacemos, el niño optará por no esforzarse.

-No pedir que cumpla con demasiadas tareas a la vez. Debemos darle el tiempo suficiente para realizar el trabajo y no exigirle que sea perfecto. -Cuando nuestro hijo deje de cumplir con sus deberes por distracción o porque prefirió hacer otra cosa, podemos explicarle qué debió hacer y cuál es la consecuencia por no realizarlo. Las excusas como: “Se me olvidó”, “Después lo hago”, “Hoy no me tocaba”, pueden utilizarse para reflexionar con él sobre el compromiso de cada uno. Cumplir con la consecuencia que fijamos ayudará al niño a responsabilizarse: “Ya son las cuatro y no has ordenado tus útiles. No te dará tiempo de salir a jugar”. -Valorar su intención y su buena disposición más que los resultados. Si no dejó la habitación tan limpia como esperábamos, pero se ha esforzado, hay que felicitarlo. El respeto y el reconocimiento de sus padres motiva al niño a continuar colaborando. En la educación de los niños nada es garantía, pero propiciar este tipo de comunicación ayuda a crear un ambiente de respeto y de cooperación. Es necesario tener en cuenta que el niño necesita tiempo para realizar el trabajo de la escuela, para jugar, ver a sus amigos y dedicarse a sus aficiones Las tareas domésticas no deben impedirle realizar estas actividades. Respetar al niño y educarlo para la responsabilidad y la autonomía significa permitirle distribuir su tiempo y considerar su opinión acerca de las obligaciones que le asignamos.

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Evite confusiones en las tareas asignadas

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Establezcan en familia el programa de tareas domésticas. Coloque la lista de deberes en un lugar visible. Felicite a su hijo cuando cumpla con sus responsabilidades. Evite confusiones en las tareas que se asignan a cada uno. Aclare las instrucciones y dé tiempo al niño para que las cumpla. Aplique consecuencias cuando falle en su responsabilidad. No haga los trabajos que le corresponden a su hijo. Explíquele la utilidad y las razones de cada tarea.

No haga los trabajos que le corresponden a su hijo

No haga distinciones entre niños y niñas. Eso acarrea muchos problemas presentes y futuros entre sus hijos e hijas. No pida al niño realizar tareas para las que no está preparado. No dé a su hijo un pago económico por las tareas que realiza en el hogar. Valore el esfuerzo y la intención del niño además de los resultados. Analice las tareas domésticas que debe hacer su niño para que no le quiten tiempo de trabajo escolar, de juego y de descanso.

Niños y niñas deben participar por igual en las labores de la casa

No dé a su hijo un pago por las tareas que realiza

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Guía de Padres

VI. El apoyo de los padres en el desempeño escolar
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
A los padres no nos toca ser maestros de nuestros hijos, pero sí ayudarlos a desempeñarse lo mejor posible en la escuela. ¿Qué significa para usted la educación escolar? ¿Qué cree que debe hacer la escuela por su hijo? ¿Qué piensa que le corresponde hacer a usted para ayudar a su hijo en el trabajo escolar? ¿Sabe qué está aprendiendo su hijo? ¿Qué es lo que le interesa? ¿Qué le cuesta trabajo?

El niño necesita la ayuda de sus padres para superar los desafíos de la escuela Al enviar a nuestro hijo a la escuela adquirimos el compromiso de apoyarlo en el camino de su aprendizaje y socialización. No podemos renunciar a nuestra responsabilidad y dejar su aprendizaje totalmente en manos del maestro. Si queremos verlo salir adelante, tendremos que asegurarnos de que asista todos los días a clases, crear las condiciones que lo animen a trabajar y decidirnos a participar en las actividades de la escuela. Para participar en la vida escolar podemos asistir a las juntas, pláticas o festejos a los que se nos invita, dar sugerencias y comentarios críticos y respetuosos, ayudar como voluntarios, acompañar al grupo de niños en visitas o excursiones y, sobre todo, asegurar la asistencia constante de nuestro hijo. El niño aprende mejor cuando siente que nos importa lo que hace, que lo amamos y lo apreciamos Una condición indispensable para el buen desempeño escolar de nuestro hijo es mostrarle nuestro interés genuino por lo que aprende y nuestro orgullo por sus avances. El niño realiza gran parte de las tareas escolares en casa, y es ahí donde requiere la compañía fuerte, activa, respetuosa y permanente de sus padres para facilitarle el trabajo hasta que él pueda hacerse cargo totalmente. Las exigencias y los desafíos del aprendizaje se hacen cada vez más complejos Por eso nosotros mismos tenemos que prepararnos para ayudar mejor al niño. Necesitamos encontrar maneras de facilitar su aprendizaje, entre las que pueden estar leer con él, enterarnos de lo que sucede en nuestra comunidad y en el mundo a través del periódico, la radio y la televisión, platicar acerca de las noticias o los programas más interesantes para todos. Nuestra misión es ayudar a nuestro hijo a aprender de manera autónoma Hemos de enseñar al niño a alcanzar sus metas a través del esfuerzo, la constancia y el orden; alentarlo a resolver por sí mismo sus asuntos; dejarlo experimentar, descubrir y explorar; enseñarle a perseverar y terminar lo que ha empezado.

Tenemos que prepararnos para ayudar mejor al niño

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Nuestra actitud hacia el aprendizaje también influye en la manera como nuestro hijo enfrenta el trabajo escolar Si pensamos que la educación es un proceso necesario y disfrutable; si nos entusiasmamos por aprender cosas nuevas como bordar, hacer carpintería, tomar un curso de nutrición o de historia, y si leemos con gusto, probablemente él se contagiará de nuestro interés por el conocimiento. Es una buena costumbre reservar un rato cada día para platicar en familia acerca de las cosas interesantes que cada uno aprendió y de las inquietudes y dudas que surgieron a partir de este aprendizaje. Es fundamental que los niños hagan preguntas y que los padres aprendamos a contestarlas Aun cuando sus preguntas nos parezcan graciosas, obvias o disparatadas, en el fondo, el niño se está haciendo un cuestionamiento serio sobre cómo suceden y cómo funcionan las cosas, igual que los científicos. “¿Por qué se caen las cosas hacia abajo?” “¿Cómo crecen las plantas?” “¿Cómo se vuelve agua el hielo?”, “¿Por qué el cielo es azul y no amarillo como el sol?” “¿Por qué las nubes blancas se vuelven negras cuando va a llover?” “¿De dónde sale el ruido de los truenos?”. Como lo más probable es que no podamos responder a muchas preguntas de nuestro hijo, lo mejor es decirlo claramente e invitarlo a investigar juntos. Una primera opción sería devolver la pregunta al niño: “Tú, ¿por qué crees?” “¿Cómo piensas que se puede?” o “¿Qué crees que sucedería si...?” “¿Qué te imaginas?”. Y después, orientarlo para que él busque información que lo lleve a confirmar o modificar su respuesta. Podemos ayudarlo a consultar el diccionario, la enciclopedia, acompañarlo a la biblioteca, animarlo a preguntarle a otra persona. Lo importante es alentar a nuestro hijo a seguir investigando. Lo que descubre por sí mismo queda grabado en su mente con mucho mayor fuerza que lo que le explicamos.

Nuestra actitud hacia el aprendizaje también influye

Es fundamental que los niños hagan preguntas

Lo importante es alentar a nuestro hijo a seguir investigando

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Platique con su niño acerca de lo que está aprendiendo

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Haga lo posible para que sus hijo se sienta tranquilo y querido. Así podrá rendir mejor en la escuela. Nunca hable del estudio, de la escuela o de los maestros en forma negativa. Platique mucho con su niño acerca de lo que está aprendiendo y de lo que le parece divertido e interesante. Establezca, junto con su hijo, un horario y un lugar de estudio. El lugar donde realiza el niño sus tareas debe ser silencioso, limpio y bien iluminado, de preferencia con luz solar. No intente tomar el papel del maestro, pero tampoco le deje a él la responsabilidad completa del aprendizaje de su hijo. Asegúrese de que su niño asista todos los días a la escuela. No permita que abandone los estudios. Participe en las actividades y festejos de la escuela; si es posible, colabore con la asociación de padres de familia. Ofrezca a su niño apoyo y estímulos para mantener su interés y compromiso con el aprendizaje. Trate de prepararse para poder ayudar a su hijo cuando las exigencias de los estudios se hagan más complejas. Diviértase y disfrute el aprendizaje de su hijo.

Establezca un horario y un lugar de estudio

Participe en las actividades de la escuela

Ofrezca a su niño apoyo para mantener su interés en el aprendizaje

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Guía de Padres

VII. Familia y escuela. Un equipo a favor del niño
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Aun cuando los padres somos los principales responsables de la educación de nuestros hijos, el papel que tienen la escuela y los maestros es esencial para su desarrollo. ¿Cree usted que es importante mantener constante comunicación con la escuela y el maestro de su hijo? ¿Cómo cree usted que debe ser la relación con el maestro de su hijo? ¿Por qué motivos usted solicitaría una entrevista al maestro? ¿Le gustaría participar en reuniones y actividades de la escuela? ¿Por qué?

La educación es un proceso que funciona mejor cuando todos los participantes colaboran entre sí La mejor educación se obtiene cuando padres, niños y maestros trabajan juntos y en armonía. Para ayudar al niño a desarrollar todas sus capacidades y a superar los retos que le plantea la escuela, es importante establecer una comunicación permanente con el maestro y compartir información sobre los avances, los intereses, los talentos, las limitaciones y los problemas de nuestro hijo. Los padres necesitamos conocer lo que pasa en el salón de clases y el maestro lo que sucede en casa. Es conveniente ponernos en contacto con él, no sólo cuando existe un problema sino también cuando las cosas marchan bien; felicitarlo si algún proyecto nos parece especialmente positivo y mandarle notas para agradecer algún esfuerzo especial. Mantener con el maestro una relación de confianza y colaboración enseña al niño a apreciar y a sentirse solidario con su escuela Los niños aprenden mejor de las personas que respetan. Cuando los padres nos referimos al maestro con aprecio, enseñamos a nuestro hijo a estimarlo y creamos una actitud positiva hacia él. Hablar mal del maestro no beneficia al niño. Es recomendable entrevistarnos varias veces con el maestro durante el año escolar Además de presentarnos con el maestro o la maestra al principio del curso es importante realizar visitas de seguimiento a lo largo del ciclo escolar. Si existiera algún acontecimiento o problema que afecte a nuestro hijo es necesario solicitarle una cita lo antes posible. Antes de la entrevista, conviene ponernos de acuerdo con el maestro para que ambos tengamos tiempo de prepararla adecuadamente. Podemos escribir los temas y asuntos que nos gustaría tratar, las preguntas y las observaciones que queremos hacerle, tanto en lo que se refiere a los estudios, como a la adaptación, sociabilidad y comportamiento del niño. Nuestro hijo es el personaje principal de la entrevista Es indispensable platicar con él antes de la reunión para evitar que se preocupe, explicarle que queremos ayudarlo a estar más contento y a mejorar en la escuela, preguntarle si hay

Cuando los padres nos referimos al maestro con aprecio, enseñamos a nuestro hijo a estimarlo

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algún tema que él quiere que platiquemos con el maestro y si existe algún asunto que no desea que comentemos. Es muy importante asistir a la entrevista con una actitud abierta Hemos de procurar que la reunión se lleve a cabo en un clima de respeto y amabilidad, aun cuando se traten cuestiones delicadas. El maestro también está interesado en el desarrollo de nuestro niño.

Podemos hablar al maestro sobre el comportamiento en casa

Si hemos observado a nuestro hijo con atención, podemos hablar al maestro sobre: -Su personalidad y carácter -El comportamiento en casa con nosotros y con sus hermanos -Su estado de ánimo en los últimos días -Sus intereses y preferencias -Sus áreas de dificultad -El esfuerzo y la responsabilidad que muestra hacia el trabajo de la escuela -El tiempo que dedica a estudiar y a hacer tareas -Los estímulos educativos que le damos -Lo que hace en su tiempo libre y cómo vemos la relación con sus amigos Podemos solicitar al maestro información sobre: -El comportamiento y las actitudes de nuestro hijo en el salón de clases -La calidad de sus relaciones con el maestro y con sus compañeros -Su avance en los estudios y las dificultades que presenta -Su participación en clase y su trabajo en equipo -Su responsabilidad en el cumplimiento de las tareas -Maneras de colaborar para apoyar al niño en las áreas en las que tiene dificultad -Es importante establecer un plan de acción Después de la reunión: -Es importante platicar con nuestro hijo sobre el contenido y resultado de la entrevista, ya sea que él haya estado presente o no -Proponerle el plan de acción que diseñamos con el maestro, explicarle en qué consiste y cuál será el beneficio para él -Pedirle su opinión y ponernos de acuerdo con él para poner en marcha el plan -Hacer un seguimiento y revisar si está teniendo buenos resultados Es común que los niños se quejen de la escuela, y la mayoría de las veces estas protestas no tienen mayor importancia Sin embargo, cuando vemos que nuestro niño no está contento, que se resiste o tiene miedo de ir a la escuela, que ha cambiado su conducta o presenta dificultad en los estudios, tenemos que asegurarnos de que no exista un problema serio.

Averigüemos por qué nuestro hijo es infeliz en la escuela

Un niño puede mostrarse infeliz o inseguro en la escuela por diversas razones: Es difícil la relación con sus compañeros y se siente marginado o rechazado. No se entiende con su maestro, piensa que se enoja sin razón, que lo trata injustamente, lo avergüenza, lo maltrata o no le hace caso. El trabajo escolar le resulta demasiado arduo. La dificultad puede deberse a problemas de aprendizaje, lagunas de conocimiento, o bien, a conflictos emocionales como el tener baja autoestima. Necesita llamar la atención de sus padres. Porque siente que no nos ocupamos de él o porque alguna situación en la familia lo angustia: problemas económicos o emocionales de los padres, una separación, una muerte, una mudanza, etcétera.

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Sea cual fuere la situación, los padres debemos escuchar a nuestro hijo Para conocer el punto de vista de nuestro hijo es importante dejar que hable libremente de lo que le sucede y tratar de entender sus preocupaciones y sus sentimientos. No podemos considerar sus inquietudes como pequeñeces o cosas insignificantes; para él son verdaderos problemas que no sabe cómo enfrentar. A los padres nos corresponde guiarlo para que él encuentre la solución y tome decisiones: “¿Cómo crees que puedes resolver este conflicto?” “¿Qué crees que debes hacer?” “¿Ya platicaste con tus compañeros o con tu maestro acerca de lo que te molesta?” “¿Qué quieres que haga?”. Si su problema es importante y se justifica nuestra intervención debemos solicitar una entrevista con el maestro Muchas veces el maestro no conoce la situación. Ponerlo al tanto resulta muy positivo. Hay que centrar la plática en el análisis del problema, definir un plan para solucionarlo y sobre todo hacer que el niño sienta que todos estamos interesados en su bienestar. Si las quejas del niño hacia el maestro son justificadas, los castigos son injustos o severos, lo trata de manera irrespetuosa, se encuentra amenazado o está siendo objeto de algún tipo de maltrato, debemos hablar no sólo con el maestro, sino también con el director de la escuela lo antes posible, exponer los hechos con serenidad, y encontrar una solución que garantice la seguridad y el bienestar de nuestro hijo. En otras ocasiones la escuela es la que se queja del niño Su conducta causa problemas. Falta al respeto a sus compañeros y maestros, no cumple las reglas o es agresivo. Tiene problemas para ser aceptado por sus compañeros. El maestro puede manifestarnos su preocupación cuando el niño es demasiado tímido o inseguro y eso le causa el rechazo del grupo. Su rendimiento académico es bajo. No participa en clase, no hace la tarea o tiene dificultad para aprender. Cualquiera que sea la queja, los padres tenemos que intervenir Ante el comportamiento inadecuado de nuestro hijo debemos investigar lo que está sucediendo; platicar con él y con su maestro y tratar de llegar a la raíz del conflicto. Seguramente el niño se siente mal, frustrado o triste y requiere nuestra ayuda para poder resolver la dificultad y asumir responsablemente las consecuencias de sus acciones. Si el problema es académico, necesitamos pedir orientación al maestro sobre las posibles causas de la dificultad del niño y sobre lo que nosotros podemos hacer en casa para ayudarlo. Cuando se requiera, tenemos que buscar el apoyo de un especialista en problemas de aprendizaje. La vida escolar es una experiencia comunitaria en la que todos participamos y perseguimos el mismo fin: la buena educación del niño.

Establezca una comunicación respetuosa con el maestro

Si su hijo tiene una dificultad en la escuela hable con el maestro

La vida escolar es una experiencia comunitaria en la que todos participamos

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Establezca buena comunicación con el maestro

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Al iniciar un nuevo periodo escolar solicite información en la escuela sobre los planes de estudio, la reglamentación y las actividades planeadas. Establezca buena comunicación y una relación de respeto con el maestro. Hable con él sobre la manera como usted puede ayudar al niño en el desempeño escolar. Nunca critique al maestro o a la escuela en presencia del niño. Haga sentir al maestro que agradece su esfuerzo y aprecia su trabajo. Recuerde que la relación de ayuda que usted establece con el maestro y la escuela puede crear una base estable para que el niño reciba una mejor educación. Cuando su hijo tenga alguna dificultad en la escuela con sus compañeros o con su maestro, escúchelo, investigue lo que está pasando y trate de descubrir cuál es el verdadero problema. Si su hijo ha sido objeto de algún tipo de maltrato, hable enseguida con el maestro y con el director de la escuela hasta obtener una solución que garantice la seguridad y el bienestar del niño. Si su hijo tiene dificultades académicas, atiéndalas de inmediato. Las lagunas que presente ahora serán un obstáculo serio a su aprendizaje futuro si no se resuelven oportunamente.

Nunca critique a la escuela en presencia del niño

La relación que usted establece con la escuela crea una base estable para el niño

Cuando su hijo tenga alguna dificultad con sus compañeros, investigue lo que pasa

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Guía de Padres

VIII. Diferentes maneras de aprender y resolver problemas
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Cada persona tiene diferentes capacidades y talentos. ¿Sabe cuáles son sus mayores habilidades? ¿Qué es lo que más le gusta hacer? ¿Qué es lo que hace mejor? ¿Se ha dado cuenta de cuáles son los talentos de su hijo? ¿En qué actividades es más capaz? ¿Cuáles le cuestan trabajo?

Cada niño aprende a su manera, tiene su tiempo, su propio ritmo, facilidad en algunas áreas y dificultad en otras Al observar a los niños jugar, interactuar, curiosear o estudiar, nos damos cuenta de que cada uno actúa de forma distinta. Hay niños que recuerdan mejor lo que escuchan; otros, lo que ven; otros, lo que hacen con las manos. A algunos la música les ayuda a concentrarse, otros hacen dibujos para recordar; unos son buenos para matemáticas; otros, para los deportes; unos son muy hábiles para discutir; otros, para observar los fenómenos naturales. Muchas teorías se han desarrollado para tratar de comprender y explicar cómo aprendemos y pensamos Una de esas teorías sostiene que existen distintos estilos de aprendizaje o formas de acercarnos a la realidad; otra teoría afirma que hay diferentes inteligencias o capacidades en cada persona. Ambas pueden sernos útiles para observar a nuestros hijos y darles el apoyo que requieren. ESTILOS DE APRENDIZAJE Un estilo de aprendizaje es el método que una persona utiliza para adquirir conocimientos No es lo que una persona aprende, sino cómo lo aprende. Cada niño tiene su manera única y particular de conocer y relacionarse con el mundo. Esa manera es su estilo de aprendizaje, su sistema para representar la realidad en su mente. Esta teoría propone tres estilos básicos: Visual el niño aprende mejor usando la vista: leyendo, observando imágenes, registrando formas, subrayando o escribiendo con diferentes colores. Auditivo al niño le resulta más sencillo entender y recordar lo que escucha. Al estudiar, prefiere repetir en voz alta la información. El niño aprende mejor usando la vista, el oido y la acción Si alguien le lee, puede concentrarse con facilidad. Movimiento corporal el chico necesita moverse, hacer algo mientras aprende. Escribir, manejar objetos, sentir texturas o formas. Por lo general, nos relacionamos con el mundo a través de la vista, el oído y la acción; usamos los tres métodos, pero hay uno con el cual aprendemos mejor. Si observamos con atención a nuestro hijo, podremos identificar cuál es su método favorito y tendremos elementos para sugerirle una manera de estudiar especialmente adecuada para él. Pero además, podremos darle oportunidades de explorar y utilizar los demás estilos. El niño tendrá más probabilidades de retener un aprendizaje cuando lo refuerza con imágenes, sonido y movimiento.

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VARIAS INTELIGENCIAS Piensan y aprenden mejor cuando están en movimiento Existen distintas formas de ser inteligente Según esta teoría, el desarrollo de la inteligencia no consiste sólo en memorizar o en adquirir conocimientos, sino también en ser capaces de resolver problemas o de crear productos valiosos, y hay varias maneras de hacerlo. Los seres humanos tenemos capacidades que se orientan a distintas actividades. Estas capacidades o inteligencias son independientes unas de otras, por lo que en algunas podemos ser buenos y en otras no tan buenos. Los niños que tienen una habilidad predominante para: Usar el lenguaje son excelentes para expresarse, ya sea oralmente o por escrito. Pueden describir los objetos y las situaciones con detalle, les encanta jugar con las palabras, leer, escribir, hablar y escuchar. Inventan rimas, cuentan historias y dan discursos. Estos niños aprenden a través de los relatos que les contamos, de escuchar lecturas o conferencias y de leer libros. Les gusta contemplar la naturaleza, hacer planes, soñar despiertos Resolver problemas lógicos y matemáticos pueden manejar conceptos abstractos, son buenos para observar y deducir, para hacer cálculos aritméticos y operaciones mentales. Estos niños piensan en forma lógica, les gusta enfrentar problemas y los solucionan con rapidez. También les encanta investigar las relaciones de causa y efecto, realizar experimentos, seguir el proceso paso a paso y sacar conclusiones. Muchas veces llegan a un resultado y no pueden explicar cómo lo hicieron, pues su razonamiento no tiene que ver con las palabras. Escuchar y reproducir sonidos musicales tienen buen oído y aprenden con facilidad a tocar instrumentos si los tienen a su alcance. Cantan a todas horas, siempre están tarareando o silbando. No necesariamente se convierten en cantantes o músicos, pero tienen una habilidad natural para responder a las melodías. Estos niños aprenden mejor si escuchan música para acompañar su trabajo, y a veces traducen la información a canciones o ritmos (por ejemplo, las tablas de multiplicar o Pensar y aprender mejor cuando están en movimiento las capitales de los Estados de la República). cuando manipulan y tocan objetos, cuando actúan los Percibir visual y espacialmente lo que les rodea pueden problemas. orientarse con facilidad, pensar en tres dimensiones y construir Conocerse a sí mismos son capaces de identificar sus imágenes mentales. Usan mapas para transportarse de un sentimientos y sus motivaciones, de comprenderse y trabajar sitio a otro y son capaces de entender las diferentes sobre sí mismos. Suelen ser solitarios y a veces tímidos. Les perspectivas desde las cuales se observa un objeto. gusta contemplar la naturaleza, hacer planes, soñar despiertos, También tienen sentido de la belleza les encanta la crear fantasías, analizar lo que les sucede y escribir diarios. fotografía, la escultura, la pintura. Son buenos para dibujar, Piensan mejor cuando están solos para aprender necesitan hacer esquemas, diseñar, decorar y combinar colores. ir a su propio ritmo, prefieren los proyectos independientes Para aprender usan dibujos, diagramas, gráficas, cuadros, y el trabajo personal. mapas. Entender a otras personas pueden percibir y comprender Utilizar el cuerpo para resolver problemas o producir los sentimientos de otros y aceptar puntos de vista diferentes algo tienen buen control de sus movimientos, son hábiles a los propios. Son sociables y solidarios, les gusta ayudar y para manejar instrumentos o herramientas. Les encanta trabajar en equipo. Les encantan las discusiones de grupo, moverse, actuar, bailar y disfrutan de los deportes, las los deportes colectivos, las actividades y proyectos de grupo. artesanías y la construcción de objetos.

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Hay a quienes les encantan las discuciones de grupo, los deportes colectivos

Suelen tener capacidades de liderazgo. Para aprender, prefieren trabajar en grupo, compartir sus ideas e investigar con sus compañeros. Algunos investigadores han encontrado más capacidades humanas, como la de clasificar seres vivientes y reconocer relaciones en la naturaleza, o la de plantearse preguntas fundamentales sobre la existencia. Seguramente, con el tiempo irán descubriendo algunas más. Lo que realmente importa es identificar cuáles son las capacidades de nuestro niño y darle oportunidades para desarrollarlas Cada niño presenta una mezcla de estas capacidades o inteligencias y en algunas será más hábil que en otras. Pero ninguna capacidad es suficiente si la usa sola; casi cualquier actividad requerirá de la combinación de varios tipos de inteligencia. Por ello es importante estimularlas todas. Por fortuna, todas las capacidades pueden desarrollarse. Trabajar en cada una de ellas le traerá beneficios al niño: en las que le resulten difíciles, para superar los obstáculos; en las que tenga facilidad, para orientarlo hacia lo que le resulte más satisfactorio y le ayude a construir sobre sus fuerzas y talentos.

Hay quienes clasifican a los seres vivientes y reconocen relaciones en la naturaleza

Trabajar las que resulten difíciles para superar los obstáculos

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Haga pruebas para definir cuál es el estilo con el que su hijo aprende mejor

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Haga pruebas para definir cuál es el estilo con el que su hijo aprende mejor: visual, auditivo o de acción. Procure que su niño se apoye en el estilo de aprendizaje que le resulte más natural, pero anímelo a utilizar los demás. Todos juntos le harán aprender más fácilmente. Observe a su hijo para identificar sus capacidades y sus inclinaciones personales, y también para saber en qué áreas necesita apoyo. Dele a su niño todas las oportunidades que pueda para desarrollar sus talentos.

Procure que su niño se apoye en el estilo de aprendizaje que le resulte más natural

Obsérvelo para identificar sus capacidades

Dele a su niño todas las oportunidades que pueda para desarrollar sus talentos

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Guía de Padres

IX. Enseñar al niño a pensar

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
El pensamiento no es una destreza con la que se nace. Los niños tienen que aprender a pensar a medida que crecen. Algunas preguntas que estimulan el pensamiento son: ¿Por qué? ¿Tú, qué piensas? ¿Cuál es la diferencia entre...? ¿Qué sucedería si...? ¿Cómo crees que sucedió? ¿Con qué frecuencia le hace este tipo de preguntas a su hijo? ¿Se las hace a sí mismo?

Una de las habilidades fundamentales que un niño o niña deben aprender es cómo pensar Los padres podemos ayudar a nuestros hijos en este aprendizaje creando para ellos un ambiente que los estimule, procurando que vivan experiencias variadas, dándoles la oportunidad de curiosear, de descubrir cosas, de compartir y discutir sus ideas con nosotros, poniéndoles retos que los animen a ejercitar su capacidad intelectual. Para mejorar la calidad de su proceso de pensamiento, los niños deben desarrollar diferentes habilidades. Por ejemplo: observar, comparar, clasificar, inferir e imaginar soluciones a los problemas, entre otras. Observar Todo lo que conocemos pasa a nuestra mente a través de los sentidos. Lo que vemos, oímos, tocamos, olemos o probamos es la información que necesitamos para pensar. Si animamos a nuestro hijo a poner atención a las cosas y a los acontecimientos que vive a cada momento, le ayudaremos a aprovechar sus experiencias. Algunas sugerencias son: -Preguntarle, y también preguntarnos a nosotros mismos, cosas como: ¿Qué imagen aparece en las monedas de diez pesos? ¿Qué objetos están colgados en las paredes de su salón de clases? -Poner varios objetos sobre la mesa, dejar que los vea por un minuto. Cubrirlos con un mantel o un periódico y pedir que escriba el nombre de los que recuerde. Podemos empezar con unos diez objetos e ir aumentando el número. Organizar concursos de memoria en la familia Los juegos de memoria con tarjetas les gustan mucho a los niños suele ser divertido. -Hacer un dibujo, dejar que el niño lo observe. Luego sin que él vea, agregar algún elemento y pedirle que nos diga qué es lo nuevo. -Los juegos de memoria con tarjetas les gustan mucho a los niños. Debe haber dos tarjetas con dibujos iguales, o con la misma palabra. Podemos hacer la cantidad de pares que decidamos. Los revolvemos y los colocamos hacia abajo, acomodados en hileras. Cada jugador voltea dos tarjetas. Si son pares se las lleva; si no, las vuelve a poner en su lugar, de nuevo hacia abajo. El niño tiene que estar atento y recordar dónde está cada dibujo o cada palabra para ir reuniendo pares. -Armar rompecabezas junto con el niño. -Dibujar de memoria el plano de nuestra casa, o hacer un mapa para ir a la escuela o a la casa de un amigo. Mientras más detalles, mejor.

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Comparar y clasificar La capacidad de clasificar es muy importante para pensar Cuando el niño observa las cosas con detenimiento puede descubrir en qué se parecen y en qué son diferentes. Agrupar los objetos según un determinado criterio o punto de vista es clasificar. El niño puede clasificar objetos por su tamaño, su forma, color, uso, posición, o por cualquier categoría que él mismo elija: Las personas divertidas, los animales domésticos, los dulces más sabrosos. La capacidad de clasificar es muy importante para pensar, es una habilidad básica para las matemáticas. Clasificar es descubrir en varios objetos una característica que se da en todos pero de una manera distinta. Cuando encontramos la categoría “fruta” en una manzana, una piña y un plátano, estamos haciendo un trabajo mental que no es, de ningún modo, sencillo. Formar colecciones, ordenarlas y clasificarlas es un buen pretexto para hacer algo juntos y para ayudar a nuestro niño a comparar. Podemos juntar estampas, piedras o corcholatas, monedas viejas; lo que importa es que él -Hacer ruido con diferentes objetos y pedir a los jugadores reconozca semejanzas y diferencias y que sepa agrupar los que los reconozcan. objetos. -Cuando le contamos o le leemos una historia a nuestro hijo, También podemos pedir a nuestro hijo que recorte imágenes de vez en cuando podemos detenernos y preguntarle: “¿Por de una revista o escriba en pequeños papeles nombres de qué crees que hizo esto?”, “¿Cómo crees que se siente con objetos. Sin ver, deberá tomar dos papeles y encontrar en lo que le pasó?” qué se parecen. -También es interesante observar juntos una imagen y tratar El reto es encontrar muchos puntos de vista para comparar: de describir qué sucede ahí, qué relación tienen los personajes, “Un avión y un sombrero tienen alas, son hechos por el cómo se sienten. Los por qué son muy importantes. hombre, son materiales, son útiles, son buenos para viajar...”. Causa y efecto Inferir Está muy relacionada con la anterior. Desde muy pequeño, Inferir quiere decir llegar a una conclusión tomando en cuenta el niño aprende que si realiza una acción, sucederá algo. Si los datos de que disponemos. La pregunta que ayuda a golpea una cacerola con una cuchara, escuchará un ruido, si nuestro hijo a inferir es: “¿Qué crees que pasó?”. El niño arroja la pelota hacia arriba, la verá elevarse. debe observar los hechos y crear una explicación satisfactoria. No siempre es tan claro el efecto que sigue a una causa. Si descubre una pelota cerca de un vidrio roto puede pensar que alguien tiró un pelotazo contra la ventana. El niño no sabe con certeza que eso ha sucedido, pero llega Hay juegos sencillos que desarrollan sus habilidades de pensamiento a conclusiones lógicas gracias a su experiencia y a lo que observa. Las inferencias nos ayudan a encontrar una explicación a lo que sucedió, y también a predecir lo que probablemente va a pasar, pero no son conclusiones definitivas. Es necesario revisarlas con cuidado para no tomar decisiones equivocadas. Podemos proponerle al niño algunos juegos para practicar: -Las adivinanzas tradicionales o las que encontramos en algunos libros. -Con un pedacito de plastilina, se presiona algún objeto de la habitación y se obtiene una marca. Al verla, el niño tiene que adivinar a qué objeto corresponde. Luego se cambian los turnos y al otro le toca adivinar. -Un participante anota el nombre de un animal o de un objeto sin que nadie lo vea. Los demás le hacen preguntas para averiguar de qué se trata. Él sólo puede contestar sí o no: “¿Es un ser vivo?” “¿Un animal?” “¿Tiene plumas?” “¿Vive en las montañas?”

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Detenga la lectura y pregúntele “¿Qué crees que suceda?”

Normalmente los hechos son más complejos y el niño tiene que entrenar su pensamiento para poder encontrar la causa de algo que está sucediendo o para predecir el efecto de lo que quiere hacer. Es así como aprende a tomar decisiones. Para practicar: -Leer un libro con él y, en los momentos en que las cosas se ponen emocionantes, preguntarle: “Ahora, ¿qué crees que suceda?”. También hacer concursos para adivinar el final de la historia. -Jugar en familia a: “¿Qué sucedería si...?”. Se trata de encontrar, por lo menos, diez consecuencias. Pueden ser lógicas o fantásticas, lo que importa es que el razonamiento sea correcto y creativo. -Aprovechar los permisos para explicar, junto con nuestro hijo, los por qué y las probables consecuencias de lo que nos pide. Pensamiento creativo Con nuestra ayuda, los niños pueden aprender a ser creativos. Al final de la Guía, en el capítulo del apartado Aprender a Ser, se toca el tema de la creatividad. Resolución de problemas Algunos educadores consideran que los seres humanos sólo pensamos cuando existe alguna dificultad a la que tenemos que hacer frente. El tema V del apartado Aprender a Vivir Juntos (pág. 23) está dedicado a la solución de problemas.

Jugar en familia a “¿Qué sucedería si…?”

Aproveche los permisos para explicar las probables consecuencias de lo que nos pide

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Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Ayude a su hijo a desarrollar la capacidad de pensar. No se preocupe si las respuestas son correctas o incorrectas. Observe y pregunte a su hijo cómo llegó a ellas. No critique ni corrija a su niño. Él necesita sentirse libre para explorar y correr riesgos. No resuelva los problemas de su hijo. Pregúntele: “¿Qué crees que debes hacer?”. Dele tiempo para que él descubra las cosas; oriéntelo, piense en posibilidades, bríndele sugerencias, no soluciones. Llévelo a museos, a escuchar música, a presenciar fiestas, bailes, paseos, a ver el paisaje, a observar los edificios antiguos. Todas las experiencias se guardarán en su memoria y enriquecerán su vida.

Ayude a su hijo a desarrollar la capacidad de pensar

No critique ni corrija a su niño

No resuelva los problemas de su hija

Llévelo a museos

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Guía de Padres

X. Tareas escolares

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Uno de los asuntos que más ocupan a los padres son las tareas escolares de sus hijos. ¿Para qué cree usted que sirven las tareas? ¿Piensa que su hijo aprende cuando hace sus deberes? ¿Cree que las tareas que le encargan a su hijo en la escuela están bien pensadas? ¿Realmente ayudan a su hijo? ¿Cuánto tiempo cree que un niño de primaria debe trabajar en su tarea? ¿Cómo ayuda a su hijo en sus deberes escolares?

La tarea puede constituir una fuente de conflictos entre padres e hijos o un motivo de acercamiento Ocupa un tiempo que muchas familias y, sobre todo, muchos niños quisieran utilizar en otras actividades. Sin embargo, se han realizado estudios que muestran algunos hechos a favor cuando está bien pensada: -Los niños que hacen su tarea obtienen mejores calificaciones que los alumnos de su mismo nivel y capacidad que no cumplen con ella. -La tarea refuerza lo que el niño aprendió en la escuela. -La tarea promueve la independencia y la autodisciplina. El niño tiene que posponer lo que le gustaría hacer en un determinado momento y realizar un trabajo que requiere atención, orden y esfuerzo. -A través de la tarea, el niño desarrolla hábitos de estudio y los padres tenemos oportunidad de ayudar mejor a nuestro hijo y de conocer sus aptitudes al observar cómo realiza los trabajos escolares, en qué áreas tiene dificultad y en qué otras puede avanzar más fácilmente. Al apoyar a nuestro hijo debemos tener muy claro que somos sus padres, no sus maestros El niño requiere la ayuda de su familia para afianzar los conocimientos que le enseñan en la escuela y para fortalecer las actitudes que lo hagan sentir capaz, satisfecho e interesado. Pero de ningún modo los padres podemos convertir nuestra casa en escuela. Esto puede crear confusión en el niño y causar conflictos con el maestro. No tomemos el papel de los maestros Tampoco somos alumnos, así que no nos toca hacer el trabajo Algunos padres suelen hacer la tarea de su hijo con tal de que el niño cumpla en la escuela. Esto no lo beneficia ni le permite madurar. El niño aprende a través de lo que le exige la tarea, pero además, adquiere independencia y autonomía al responsabilizarse de su trabajo. Cuando no cumpla con su obligación tendrá que sufrir las consecuencias y aprender de la experiencia. Algunos niños pueden regularse a sí mismos, otros requieren orientación para establecer hábitos de estudio En ambos casos, la idea es que, con el tiempo, alcancen la independencia y dejen de necesitarnos.

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Si se acuesta para hacer la tarea seguramente se quedará dormida

demasiado trabajo. Es necesario, entonces, hablar con el maestro y con las autoridades de la escuela para encontrar juntos una manera de aliviar al niño de su carga y, al mismo tiempo, ayudarlo a aprender mejor. Por otro lado, el niño tiene que aprender a usar y distribuir su tiempo Los padres podemos ayudarle a planear y a organizarse para aprovechar mejor el tiempo. A veces, conviene dividir el trabajo en varias sesiones. Combinar periodos cortos de trabajo con tiempos más breves de descanso. Por ejemplo: veinte o treinta minutos de trabajo y diez de descanso, alternados, hasta terminar.

Durante los primeros años de primaria, tendremos que cuidar que nuestro hijo realice su trabajo y termine lo que tiene que hacer. A medida que madure, él irá haciéndose cargo. Para que nuestro hijo cuente con buenas condiciones para estudiar, los padres debemos planear y decidir, junto con él, cómo, dónde y cuándo hacer la tarea. Si el niño participa en la decisión y puede controlar de algún modo las circunstancias en que realiza su trabajo, se sentirá más responsable y comprometido. El lugar de trabajo procuremos que sea siempre el mismo. Por ejemplo: una mesa o escritorio limpio, con buena luz y ventilación, alejado del ruido, la televisión y las distracciones externas. La mejor postura para estudiar es sentado a la mesa. Mantener la columna recta le ayuda a mantener la mente activa. Si se acuesta a leer, su mente se relaja junto con su cuerpo y lo más probable es que, después de un rato, lo encontremos dormido. El material antes de sentarse a trabajar, el niño debe reunir todo lo que va a necesitar; así no tendrá que levantarse y distraerse para conseguirlo. El horario el mejor momento para trabajar es cuando el ambiente está más tranquilo y con menos distracciones. Sin embargo, los gustos del niño son importantes; algunos niños prefieren trabajar temprano y quedar libres para jugar el resto de la tarde. Otros necesitan un rato de distracción antes de poderse concentrar en la tarea. Las tareas no deben ocupar la parte principal de la vida del niño Nuestros hijos necesitan jugar, divertirse, usar su cuerpo, descansar, hablar con sus hermanos y con sus padres y soñar despiertos. Cuando los niños pasan más de una hora o dos haciendo sus deberes, puede ser que la escuela les esté encargando

Si el niño se siente incapaz de realizar su tarea o se siente frustrado por no entender cómo debe hacerla, necesitamos acompañarlo y tratar de averiguar por qué le sucede eso A todos nos disgustan las cosas que están más allá de nuestras posibilidades, pues sentimos que fracasamos. Si el niño no entiende cómo hacer la tarea, si el trabajo le resulta demasiado difícil, es necesario encontrar una solución que salve su autoestima. Podemos preguntarle al maestro qué significa para él un trabajo bien hecho, qué es lo que espera de la tarea, cómo podemos enriquecerla en casa y cuáles son los conceptos básicos que el niño ha de comprender para seguir adelante. Si las dificultades continúan, es recomendable buscar ayuda profesional.

Acompañémoslo si se siente frustado

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Que su hija disponga de tranquilidad y tiempo suficiente para trabajar

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Destine en su casa un lugar fijo en donde el niño pueda realizar sus trabajos escolares. Haga una lista de los materiales que necesita su hijo para trabajar y pídale que la revise diariamente antes y después de hacer la tarea. Favorezca el orden en casa: que su hijo disponga de tranquilidad y tiempo suficiente para trabajar. No haga la tarea del niño. Lo esencial es que él adquiera el hábito y la responsabilidad de cumplir con sus deberes. Muestre interés por las tareas de su hijo para que se sienta animado a trabajar. Acompañe a su niño. Anímelo a descubrir lo estimulante del aprendizaje.

No haga la tarea del niño

No use premios o castigos para asegurar el trabajo escolar. Más bien, haga notar a su hijo lo satisfecho que uno se siente al realizar un trabajo de calidad. No convierta la tarea en un motivo de lucha, sino de comunicación. Si es posible, tenga en casa un diccionario y ayude al niño a utilizarlo para conocer el significado de las palabras que son nuevas para él. Muestre al niño con claridad y detalle en qué consiste un trabajo bien hecho. Los niños tienen que aprender que el esfuerzo a medias no nos deja satisfechos. No sacrifique el juego y la diversión del niño. La tarea es sólo una parte de su vida. Si el niño tiene más tarea de la que puede realizar, hable con su maestro.

Tenga en casa un diccionario

Si tiene más tarea de la que puede realizar, hable con su maestro

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Guía de Padres

XI. Exámenes y calificaciones

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
¿Cómo se sentiría si en este momento tuviera que presentar un examen sobre la manera como ha educado a sus hijos? ¿Está preparado para que otros lo juzguen, lo comparen con otros padres y le pongan una calificación? ¿Le gustaría el reto? ¿Sufriría alguna ansiedad o nerviosismo? ¿Qué tan importantes son para usted las calificaciones de su niño? ¿Ha notado si su hijo tiene dificultades en algunos aspectos de su trabajo escolar? Descríbalos.

La escuela da a los padres información sobre el desempeño del niño a través de las calificaciones Las calificaciones nos dan cierta idea de cómo está progresando nuestro hijo en la escuela, el nivel de esfuerzo que realiza, el dominio que tiene sobre ciertos aprendizajes y cuáles son sus logros y dificultades. Las calificaciones son importantes en la medida en que serán su tarjeta de presentación en otras escuelas o instituciones, y de ellas dependerá que siga estudiando. Además, el niño que logra buenos resultados en la escuela se siente satisfecho; el éxito le produce alegría, confianza y bienestar interior. Los padres debemos propiciar que nuestro hijo consiga aprobar con buenas notas, pero también apoyarlo para que valore sus logros y su esfuerzo sin depender de opiniones ajenas. Aun cuando las calificaciones resultan útiles, son indicadores incompletos El desempeño y los conocimientos de un niño no siempre coinciden con lo que muestra su boleta de calificaciones. Debemos considerar también otros criterios para valorar los avances en el aprendizaje de nuestro hijo. Los padres tenemos que observarlo con mucho cuidado para poder apreciar su comprensión de cada materia, su interés por aprender, su motivación para esforzarse y trabajar, sus inclinaciones e intereses, sus habilidades y limitaciones personales. ¿Qué hacer ante las malas calificaciones? Antes de juzgar la situación, es necesario averiguar los motivos del bajo rendimiento de nuestro niño. Las causas pueden ser muy variadas. Quizá, teniendo la capacidad, obtenga malas notas porque no está motivado, no estudia lo suficiente o no se esfuerza lo necesario. Seguramente existen algunas razones de ese desinterés, por lo que conviene preguntarle y preguntarnos qué le sucede, cuáles son sus dificultades y qué podemos hacer para ayudarle. También podría suceder que sufra problemas emocionales, que sea indisciplinado, le falten bases para resolver los problemas (si no ha aprendido a sumar bien, la multiplicación le será muy difícil), o bien, que no sepa cómo estudiar y llegue mal preparado a los exámenes. Aunque se considera que los exámenes no dan la medida exacta de los conocimientos de los alumnos, son el método de evaluación que más se usa. Pensemos lo que pensemos de ellos, los exámenes son parte de la vida del niño y tiene que aprender a resolverlos.

Los padres debemos apoyarlo sin depender de las opiniones ajenas

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Para sentirse tranquilo y lograr buenos resultados en la escuela, el niño tiene que desarrollar ciertas habilidades, tanto para preparar los exámenes como para contestarlos Un examen no puede prepararse bien si sólo se estudia el día anterior y se trata de memorizar en una tarde toda la información del curso. Con esta práctica, el niño se indigesta de datos, los olvida muy pronto y se enfrenta a la prueba con nerviosismo. El conocimiento es un proceso que ocurre todos los días y que requiere una gran variedad de elementos: asistir a clases, poner atención, interesarse, hacerse preguntas, relacionar los nuevos conocimientos con lo que ya se sabe. Los exámenes casi siempre están planteados de tal forma que los niños que hayan cumplido con su trabajo durante el año puedan aprobarlos. Crear mapas mentales puede ayudar al niño a estudiar Un mapa mental es una imagen que representa no sólo la información, sino también las relaciones entre las distintas ideas. Generalmente, los mapas mentales se diseñan en una hoja blanca e incluyen colores, flechas, símbolos, dibujos y palabras claves que ayudan a recordar los conceptos con facilidad. El procedimiento es el siguiente -En medio de la hoja, se escribe o se dibuja la idea central.

-De la imagen central salen ramas con las ideas principales. Las ramas se pueden dibujar con diferentes colores y sobre cada una se coloca un dibujo o se escribe una palabra clave en letra de imprenta. -Las ideas secundarias se escriben sobre líneas más delgadas que salen de las ramas principales y se dibujan del mismo color que éstas. -El conjunto de las ramas forma una estructura en la que todos los elementos están conectados. -Cualquier idea nueva que se agregue puede encontrar lugar en la estructura. Los mapas mentales generan nuevas ideas en el niño, le ayudan a estudiar de una manera creativa y a organizar sus trabajos en pocos minutos. Cada niño desarrolla mapas mentales según sus gustos. Los mapas mentales despiertan la imaginación, facilitan las asociaciones, desarrollan la memoria, ayudan a organizar, a analizar y a entender mejor la información. Es conveniente que el niño guarde los mapas mentales que va dibujando para utilizarlos al preparar sus exámenes. Revise el ejemplo de mapa mental que se presenta a continuación.

MAPA DE CÓMO PREPARAR EXÁMENES

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La clave para preparar las pruebas es el repaso Casi todos los niños necesitan volver a una idea varias veces para comprenderla bien. Revisar el material de estudio permite al niño descubrir cosas que no había entendido. Al comenzar a estudiar un tema nuevo, es bueno volver atrás. Cuando el niño tiene claro lo que ha visto anteriormente puede aprender con más facilidad lo que sigue. Hacerse el hábito de repasar va a dejarle suficiente tiempo de reposo y diversión los últimos días antes del examen. Estar descansado también es parte de la preparación. Para resolver un examen, el niño debe saber seguir instrucciones y administrar su tiempo Seguir instrucciones no es tan fácil como parece. Para enseñarle, hay que proporcionar a nuestro hijo alguna práctica, pidiéndole que nos ayude a preparar una receta o a seguir un instructivo para armar un objeto, hacer funcionar un aparato o entender un juego de mesa. Otra posibilidad es guiarlo para que se forme el hábito de leer con cuidado todas las indicaciones antes de empezar sus deberes escolares. Para ayudar a nuestro hijo a entrenarse en el uso del tiempo, podemos marcarle un tiempo para que resuelva cierta parte de su tarea. Esto lo ayudará a organizarse y a mantener una atención más activa. También resulta útil que el niño practique el control del tiempo en otras actividades, como limpiar su cuarto, recoger sus juguetes, vestirse en la mañana, comer la sopa, lavarse los dientes. No se trata de hacer las cosas lo más rápido posible, sino en el tiempo planeado. También puede suceder que, aun cuando se esfuerce, el niño no logre sacar buenas notas Cuando su nivel de inteligencia es normal y su rendimiento es bajo, es posible que exista algún problema de aprendizaje. Las dificultades en el aprendizaje afectan a un número considerable de estudiantes, y son más o menos fáciles de superar si las detectamos a tiempo y les damos el tratamiento adecuado. Los padres tenemos que estar atentos a ciertas señales que pueden indicar la presencia de problemas de aprendizaje -El niño tiene dificultad para entender y seguir instrucciones o recordar lo que le acabamos de decir. -El niño es sumamente distraído, pierde y olvida constantemente sus útiles escolares u otros objetos. -El niño no puede quedarse quieto, tiene que cambiar de posición constantemente; no es capaz de estar mucho tiempo concentrado en una misma actividad. -Le cuesta trabajo distinguir conceptos como derecha e izquierda o “ayer” ,“hoy” o “mañana”. -Le falta coordinación al caminar, correr, realizar algún deporte, amarrarse las agujetas, sostener el lápiz, etcétera. -No logra dominar las habilidades básicas de lectura, escritura y conceptos matemáticos. -No puede identificar palabras al leer. Escribe los números y letras al revés. En lugar de “d” pone “p”, en lugar de “la” escribe “al”, en lugar del número “6” pone el “9”, en vez de “32” escribe “23”.

-Tiene dificultad para escuchar o pronunciar letras, sílabas o palabras completas, aun cuando no presenta problemas auditivos. Estas dificultades no se superan pidiendo a nuestro hijo que trabaje y se esfuerce más Requieren ayuda y orientación profesional especializada, dependiendo de las causas concretas del problema. Es indispensable dar al niño un tratamiento adecuado lo antes posible, pues al dejar que continúe la dificultad puede acarrearle, además, problemas emocionales como frustración, baja autoestima y trastornos en la conducta.

No dejemos que no tenga ningún control del tiempo

Identifiquemos si nuestro hijo tiene algún problema de aprendizaje

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No exija calificaciones de excelencia a su hija

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
No exija calificaciones de excelencia a su hijo permanentemente, valore de manera completa el desempeño escolar y el esfuerzo que hace. No ofrezca regalos al niño para que saque buenas notas. Mejor hágalo sentir apreciado y reconocido. Si el niño obtiene buenas notas, felicítelo y celebre con él sus éxitos, pero también pídale que valore sus conocimientos y su esfuerzo. Cuando su hijo saque malas calificaciones busque las causas del problema y encuentren juntos una solución. No lo reprenda ni lo humille. No compare las calificaciones de los hermanos o los compañeros; esto solo podría crear rivalidad entre ellos.

Cuando su hijo saque malas calificaciones es mejor buscar las causas del problema

Esté atento al aprendizaje de su hijo. Si presenta algún problema, acuda a un especialista y dele atención inmediata. Sea cual sea el caso, nunca permita que su hijo abandone la escuela. Esté pendiente de que su niño estudie y repase con frecuencia. Organice el horario familiar para que su hijo aprenda a ordenar su tiempo. Invente juegos o actividades en las que su niño tenga que seguir instrucciones precisas: preparar un pastel, llegar a algún sitio, buscar un tesoro escondido. Ayude a su hijo a establecer objetivos diarios de estudio. Si puede, enséñele a usar enciclopedias, diccionarios y cualquier otra herramienta de trabajo. Enséñelo a relajarse antes de presentar un examen.

No compare las calificaciones de los hermanos

Invente juegos o actividades en las que su niño tenga que seguir instrucciones

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Guía de Padres

XII. El gozo de leer y escribir

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
¿Qué es la lectura para usted? ¿Le gusta leer? En este momento, ¿está leyendo un libro que lo emocione o le interese? ¿Tiene algún escritor favorito? ¿Hay una biblioteca cerca de su casa? ¿La visita? ¿Le lee a su niño? ¿Conoce libros para niños?

El gusto por la lectura es un placer que ganamos después de muchos encuentros agradables con los libros Para volverse lector, el niño no sólo necesita desarrollar sus habilidades de lectura en la escuela, sino también hacer que los libros lleguen a formar parte de su vida. Si no le interesa lo que lee, dejará la lectura cuando no se la exija el maestro. Los padres no somos los responsables de enseñar a leer a nuestros hijos, pero sí jugamos un papel primordial para despertar su deseo de leer. El reto es que la lectura sea una actividad profunda, placentera y llena de sentido para nuestro hijo Para lograrlo tenemos que: -Poner a disposición del niño, hasta donde sea posible, una variedad amplia de textos; visitar la biblioteca —si existe en nuestra comunidad—; pedir libros prestados al maestro o intercambiarlos con otros padres, así como escoger lecturas y cuentos de su libro de texto que le interesen y lo emocionen. -Prepararnos como lectores y convertirnos en modelos para el niño. Encontrar obras que tengan sentido para nosotros y formar grupos con otros adultos para compartirlas. -Conocer libros infantiles. -Establecer la costumbre de la lectura en familia. Leer en voz alta para nuestro niño, leer con él, escucharlo leer y dedicar un tiempo para estar juntos y leer en silencio, cada uno con su propio libro. Para el niño, aprender a leer es un momento mágico Por fin descubre el secreto del lenguaje escrito: puede saber “qué dice ahí”. Cuando empieza a leer, el niño experimenta placer y satisfacción al descifrar las palabras, pero esa excitación Pida los libros prestados al maestro o intercámbielos con se puede perder muy pronto si los textos que otros padres le ofrecemos son aburridos o no tienen relación con sus experiencias e intereses. Si aún no lo hemos iniciado en el gusto por los libros, es la gran oportunidad para enseñarlo a ser lector. Los padres tenemos que hacer que su lectura sea una actividad divertida, valiosa, interesante y significativa. Al leer cuentos a nuestro hijo y platicar con él sobre la historia, le estamos abriendo puertas a experiencias insospechadas El niño se acerca a los sentimientos humanos, se pone en contacto con el humor, el sufrimiento, el valor, la amistad, la esperanza. Al conmoverse con el personaje, aprende a expresar otros matices de sus emociones; al iluminarse con una idea, se arriesga a manifestar su punto de vista. También él tiene algo valioso y único que decir.

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Cuando el niño empieza a leer por su cuenta y a disfrutar los libros necesita un espacio y un tiempo para leer solo, en silencio, sin interrupciones Es importante respetar su intimidad. Su lectura es una conversación con el autor y también un encuentro con él mismo. La sensación de libertad que obtiene al vivir las peripecias de los personajes le da la posibilidad de convertirse en todos ellos; puede escapar de su pequeña vida cotidiana y transportarse al extenso universo imaginario que no es otro que su mundo interior. El libro le da al niño la oportunidad de crecer, le descubre no sólo mundos nuevos, sino también posibilidades de sí mismo que no había sospechado. El libro le revela no sólo lo que es, sino lo que puede llegar a ser. Cuando se inicia en el placer de la literatura, el niño entra en un proceso que no termina nunca. Con cada libro, hasta el fin de sus días, seguirá aprendiendo a leer.

en voz alta. Él todavía no puede leer “de corrido”, pero sí es capaz de disfrutar las aventuras y las historias complejas. -Le gustan los cuentos fantásticos y los relatos sobre la vida de niños como él, las narraciones sobre animales, o sobre monstruos, los libros creativos y chistosos. Los preadolescentes -Son más independientes y tienen gustos más definidos. Quizá les interese alguna revista sobre fútbol, motocicletas, animales o manualidades. Si un libro los atrapó, buscarán obras del mismo escritor o sobre el mismo tema. -Aunque los cuentos de hadas todavía los emocionan, en general prefieren los relatos más realistas. Les interesa la historia y la vida en otros tiempos y en otros lugares, las biografías, las novelas de aventuras, de suspenso, amor o miedo.

Algunas sugerencias para animar a leer Les emocionan los relatos realistas, las -Hagamos emocionante la presentación de un nuevo libro. biografías, las novelas de aventuras o suspenso Platiquemos de él como de un personaje desconocido o de un objeto misterioso, y tratemos de crear un momento de suspenso antes de iniciar la lectura. -Es necesario establecer reglas claras y sencillas para manejar los libros; por ejemplo: lavarse las manos, tratarlos con cuidado, pasar las páginas una por una y con suavidad. El niño debe saber que un libro no se corta, se rompe o se maltrata. -Si el libro pertenece a la biblioteca, el niño deberá devolverlo a tiempo y en perfecto estado para que otras personas también puedan usarlo. Es conveniente que él mismo escoja el libro que quiere leer. -Estaremos mejor preparados para animara nuestro hijo si leemos libros para niños y nos divertimos con ellos. -Hagamos de los libros una parte importante de nuestra vida personal. Leamos también libros para adultos. -No dejemos de leer a nuestro hijo aun cuando él ya sepa hacerlo. A los niños grandes también Ningún tema es aburrido si está tratado de manera interesante y a su nivel les gusta que les leamos. Qué leer En los primeros años de primaria: -Libros de distintos géneros y temas. No sólo los cuentos interesan a los niños. Su curiosidad es muy grande y quieren saber de todo. Ningún tema es aburrido si está tratado de manera interesante y a su nivel. Puede ser que el niño quiera escuchar su cuento favorito una y otra vez. Hay que darle gusto, pero también presentarle libros nuevos. -Los libros de imágenes con pocas palabras que le leíamos al niño cuando era pequeño se convierten ahora en materiales que él puede dominar por su cuenta. Eso le da una gran satisfacción. -Los libros demasiado difíciles para su capacidad lectora son perfectos para leérselos

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Él quiere expresar sus ideas, darnos un mensaje

hojear el libro con él y ver las ilustraciones para predecir lo que va a suceder: “¿Por qué el conejo tiene esa expresión tan divertida? Seguro está preparando una trampa al coyote”. Leer y escribir forman parte de un mismo proceso Son lo mismo que escuchar y hablar con alguien. El niño no sólo quiere escuchar, también quiere decir. Lo mismo sucede con el lenguaje escrito. Él quiere expresar sus ideas, escribir su nombre, darnos un mensaje. Es importante apoyar este deseo, fomentar sus primeros textos y ayudarle a poner por escrito lo que quiere decir. No importa que escriba “bonito”, lo importante es que se comunique y se sienta orgulloso de su mensaje. Los niños pueden “editar” sus propios libros Para fabricar un libro, podemos cortar a la mitad varias hojas blancas de papel. Recortar un fólder o una cartulina ligeramente más grande que las hojas para formar la cubierta. Doblar a la mitad y engrapar por el doblez. Escribir el título y el nombre del autor (el niño) en la cubierta. En el interior, se puede disponer el texto en un lado y en el otro las ilustraciones. A los preadolescentes quizá les resulte interesante escribir un diario. Registrar lo que sucede cada día o cada semana será un recuerdo agradable.

Cuándo leer Es conveniente fijar un tiempo para leer en voz alta. El hábito se forma mejor si lo hacemos a una hora fija. Puede ser después de comer, antes de dormir, la mañana del domingo o cualquier momento en que estemos tranquilos. Bastan diez o quince minutos todos los días —o lo más frecuente que sea posible— para los más chicos, y media hora quizá para los preadolescentes. La mejor señal de su interés será que nos pidan al final del cuento o del capítulo: “¿Me lees otro ratito?”. Cómo leer -Es importante preparar y practicar la lectura. Leer el cuento con anticipación para saber de qué se trata, y también para evitarnos sorpresas al leerlo a nuestro hijo. -Dar expresión a la voz cuando leemos. Hacer sentir la emoción de cada personaje. Divertirnos haciendo que cada uno “hable” con una voz diferente. -Leer como si estuviéramos haciendo una confidencia. Lo que estamos narrando es algo muy interesante sobre otras personas, un secreto entre nosotros. -Imaginarnos lo que vamos leyendo, ponerle cara al protagonista, ver en nuestra mente dónde vive, de qué tamaño es, cómo está vestido. Sólo así, el niño también podrá recrearlo en su cabeza. -Cambiar el volumen y el ritmo de la lectura según la acción y hacer pausas para mantener la atención; incluso podríamos imitar el sonido de la lluvia, el soplar del viento o el motor de un carro. En un momento emocionante podemos leer despacio para crear suspenso y cuando la acción va más de prisa, podemos leer rápidamente. -No dejar el libro a la mitad. Si es muy largo, es preferible terminar el capítulo. -Si el niño está aprendiendo a leer, podemos deslizar el dedo bajo las palabras para que siga la lectura. También podemos

Imaginemos lo que vamos leyendo y así, el niño también podrá recrearlo en su cabeza

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Lea lo que más le guste

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Trate de conocer libros para niños y póngalos al alcance de su hijo. Entre más variedad, mejor. Usted lea lo que más le guste. Busque otras personas para compartir sus lecturas. Establezca el hábito de leer en familia. Lea en voz alta a su niño y dedique un tiempo del día para estar juntos y leer en silencio. Lleve a su hijo a bibliotecas y librerías para que elija los libros que desee leer. Dele al lenguaje escrito la importancia que tiene. Es la base para aprender el resto de las materias. No presione a su niño para que lea o escriba “bien”. Sólo apóyelo y anímelo. Respete el tiempo que su hijo decida leer en silencio. No lo interrumpa. Propicie actividades de escritura en casa como notas, recados, recetas, tarjetas de felicitación. No corrija la escritura de su niño; lo importante es que él tenga un medio para comunicarse.

Establezca el hábito de leer en familia

Respete el tiempo que su hija decida leer en silencio

Apóyelo y anímelo aunque su escritura tenga fallas

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XIII. Las matemáticas son divertidas

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Por lo general no nos damos cuenta de la presencia de los conceptos matemáticos en nuestra vida. ¿Cómo usa en casa las matemáticas? Describa tres actividades de su vida diaria que estén relacionadas con ellas. ¿A su hijo le gustan las matemáticas? ¿Juega con los números? ¿Cómo?
Las matemáticas son indispensables no sólo para las ciencias, sino también para nuestra vida diaria Usamos las matemáticas al comprar en el mercado, al medir los ingredientes para hacer un guiso, al recorrer una distancia, construir un mueble o una casa, al pesar la producción de una cosecha, al anotar los puntos en un juego deportivo, y en muchas otras actividades. Los niños constantemente, y sin pensarlo, utilizan las matemáticas En sus juegos emplean conceptos numéricos: “Todavía faltan dos niños para completar nuestro equipo de futbol”, “Si te doy cinco canicas sólo me van a quedar tres”, “Quiero ver a mi abuelita, pero vive como a 100 kilómetros de aquí”, “¿Cuánto cuesta ese juguete?”, “Tenemos que repartir los dulces entre todos”. El problema de algunos niños con las matemáticas es que no entienden para qué sirven ni qué tienen que ver con su vida. Los niños, sobre todo en los primeros años de la primaria, necesitan manejar objetos para entender los conceptos relacionados con los números. Los padres podemos ayudar a nuestro hijo para que el aprendizaje de las matemáticas resulte práctico y divertido Se trata de crear un ambiente de juego alrededor de los números y, de preferencia, sin relación con la tarea ni la escuela. En nuestro hogar, en la calle, en el parque o en el autobús, podemos encontrar ocasiones en las que nuestro hijo observe y analice de manera divertida cómo las matemáticas organizan el entorno. Algunas ideas para disfrutar las matemáticas Pares o nones Pedir al niño que observe qué cosas pueden estar solas y cuáles necesitan pareja. Los zapatos, los ojos, los patines, los cristales de los lentes, las ruedas de la bicicleta y los aretes, por ejemplo, tienen que ir en pares. La cabeza, la mesa donde comemos, el lápiz o el peine, no necesitan un compañero. En las placas de los coches puede haber números pares o nones; en los billetes también. Podemos hacer concursos para encontrar pares de perros, de árboles o de bebés. Hay otro tipo de pares. Sus componentes no son iguales pero también van juntos: el clavo y el martillo, el peine y el pelo, la olla y la estufa, la sopa y la cuchara, el lápiz y el cuaderno. Clasificar y ordenar Juntar objetos por su parecido, hacer colecciones. En el tema IX de este apartado,

Los niños constantemente utilizan las matemáticas

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Enseñar a pensar al niño (pág. 78), se habla de la importancia de aprender a clasificar y se sugieren actividades. Orientarse en el espacio Mirar arriba a la derecha, debajo de la cama, atrás de la estufa, a la izquierda de la silla... Encontrar el tesoro: dar cuatro pasos a la derecha y dos hacia atrás. Buscar arriba del árbol, en la rama de la izquierda... Contar, cantar y calcular Contar los pasos que damos de la casa a la tienda; las ventanas del edificio, los escalones que subimos, las patas de todos los muebles de la casa... Hacer concursos en la calle para ver quién puede contar más gatos, borregos, árboles, pájaros, coches verdes o personas con el pelo blanco. “Para jugar, tenemos veinte canicas y somos cinco, ¿cuántas nos tocan a cada uno?”. “Vamos a comprar naranjas. Cuestan cincuenta centavos cada una y necesitamos seis. ¿Cuánto tenemos que pagar?”. Un concurso: esconder monedas de diferente valor en las plantas, detrás de los muebles, en una canasta o en cualquier sitio para que los niños las busquen. Luego cada uno suma el total de su dinero. “Sólo tenemos una manzana y nos la vamos a comer entre cuatro. ¿Cómo la partimos?”. “Hay que servir un vaso de agua hasta la mitad”. “Necesitas aprender la tabla del 3, vamos a cantar: tres por una, tres; tres por dos, seis...” Podemos jugar dominó, damas, serpientes y escaleras o cualquier juego con dados. Medir y pesar El tiempo ¿Cuánto te tardas en hacer la tarea?; ¿En dar una vuelta al patio?; ¿En llegar a la escuela, pero sin correr?; ¿Cuántos segundos puedes aguantar sin respirar?. ¿Cuántos días faltan para las vacaciones? ¿Qué hiciste hace tres días?. El espacio ¿Cuántos pasos mide la cocina? ¿Cuánto mide Juguemos el perro con todo y cola? Cada mes, pongamos marcas de tu estatura en la pared para ver cómo vas creciendo. ¿Cómo medimos un cuadrado? Partiendo de la escuela, ¿hasta dónde es un kilómetro? Un concurso: ¿Cuántos metros habrá desde la puerta hasta el árbol? Que cada quién calcule a simple vista; luego medimos con una cinta métrica o una regla y gana el que haya dicho el número más cercano a la realidad. Podemos medir el largo de las trenzas de la niña, el plástico que se necesita para forrar un libro, el cordón para amarrar un paquete...

Contar, cantar y calcular

El volumen De un litro de leche, ¿cuántos vasos salen? ¿Cuánto lugar ocupa un kilo de frijoles? El peso ¿Cuánto pesan seis limones? ¿Cuántos jitomates caben en dos kilos? Fijarnos bien en la balanza del mercado.

a orientarse en el espacio

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Haga notar al niño cómo se relaciona su vida con los conceptos matemáticos

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Haga notar al niño cómo se relaciona su vida con los conceptos matemáticos. Anímelo a calcular mentalmente cuestiones sencillas de todos los días. Permita, siempre que sea posible, que él cuente los billetes y las monedas que necesita para pagar. Pídale que le explique cómo llegar a casa de su primo, o a la escuela. Si tiene que caminar a la derecha y dar vuelta a la izquierda... Enséñelo a pesar ingredientes de cocina, a clasificar objetos por su forma o tamaño y a medir su estatura. Marque en el calendario las fechas importantes como cumpleaños, fiestas y vacaciones. Juegue con su hijo. Aproveche cualquier ocasión para divertirse con los números. No trate de ser el maestro de matemáticas de su niño. Simplemente apóyelo y propicie experiencias que lo hagan utilizarlas y divertirse con ellas.

Anímela a calcular mentalmente cuestiones sencillas

Permita que él cuente los billetes y las monedas

Marque en el calendario las fechas importantes

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Guía de Padres

XIV. Juegos y deportes

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
¿Cómo se siente usted después de realizar alguna actividad física como caminar, correr o bailar? ¿Practica usted algún deporte? ¿Por qué le gusta hacerlo? ¿O por qué no? ¿Qué deportes le gustan más a su hijo? ¿Cuáles puede practicar en su comunidad? ¿Los toma en serio, o sólo son una diversión?

La actividad física es un aspecto fundamental en la vida del niño Los niños usan su cuerpo siguiendo un impulso natural y espontáneo que los lleva a caminar, correr, saltar o trepar. Durante la etapa escolar, el niño requiere el ejercicio para fortalecer sus músculos y sus huesos. La práctica constante de la actividad física, como jugar a la pelota, nadar, correr y bailar, es indispensable para su crecimiento y desarrollo. El buen control de su cuerpo hace que se sienta seguro, independiente y satisfecho consigo mismo. La imagen que el niño se hace de su poder y capacidad depende en gran medida de la variedad y la flexibilidad de los estímulos que le ofrezcamos para probarse físicamente La naturaleza es un estímulo excelente para la actividad física de los niños y las niñas. Pueden trepar a los árboles, escalar un monte o nadar en el río. Si no vivimos cerca del campo, vale la pena hacer un esfuerzo para llevar a nuestro hijo de vez en cuando a pasear en ambientes naturales. También podemos visitar parques con juegos, colgar una llanta vieja como columpio, amarrar una cuerda gruesa con nudos para que trepe, colocar una tabla sobre dos apoyos para que haga equilibrio, y todo lo que se nos ocurra o se le ocurra a él. También su capacidad de usar las manos necesita desarrollarse. Para eso existen muchos juegos tradicionales: palillos chinos, dardos, canicas, matatena, trompo o yo-yo. Las posibilidades son muy ricas y abundantes. La actitud del niño hacia el juego físico va cambiando con el paso del tiempo En los primeros años de la etapa escolar, el niño juega por el gusto de hacerlo, desarrolla sus capacidades sin presiones externas, con confianza y placer. A medida que crece, las condiciones en las La naturaleza es un estímulo excelente para la actividad física de los niños y las niñas que realiza el ejercicio se van haciendo más controladas. El niño es cada vez más hábil y coordinado, y participa con mayor frecuencia en juegos organizados, sobre todo deportes. Va desarrollando habilidades físicas y emocionales que le permiten un control estricto del cuerpo y lo fortalecen para enfrentar la competencia inevitable en los encuentros deportivos. El niño se somete voluntariamente a una disciplina y a entrenamientos rigurosos con la ilusión de ganar. El deporte es una alternativa sana y divertida para canalizar energía, convivir y jugar con los compañeros Si se manejan adecuadamente, los deportes no sólo ayudan al niño a desarrollarse físicamente, sino que también lo apoyan en el desarrollo de su comportamiento y sus valores.

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Los deportes Promueva -Contribuyen a desarrollar las destrezas físicas del niño. -Le ofrecen la satisfacción de descubrir las posibilidades de su cuerpo. -Le dan oportunidad de relacionarse con los demás y de hacer nuevos amigos. -Le enseñan a formar parte de un equipo, a esforzarse por conseguir un objetivo común y a jugar limpio. -Fomentan valores humanos como la solidaridad, el compañerismo, la valentía, la entrega y la justicia. -Le permiten adquirir una disciplina personal y grupal. -Le ayudan a comprender que la preparación y el esfuerzo son necesarios para lograr una meta. -Le enseñan a respetar, por un lado, las reglas del juego y, por el otro, las consecuencias de no hacerlo. -Le enseñan a ganar y perder, y a expresar sus emociones (de alegría ante la victoria o de tristeza frente a la derrota). -Contribuyen a elevar su autoestima, pues puede encontrar en el ejercicio una forma de conseguir logros y sentirse reconocido. Existe una larga lista de deportes que los niños pueden practicar Según sus características personales, sus gustos e intereses, el niño puede participar en deportes individuales o grupales; ambos lo benefician y promueven valores. Los deportes individuales fomentan en los niños la disciplina, la constancia y la responsabilidad ante un objetivo. La natación, la gimnasia, el atletismo, las artes marciales o el tenis, estimulan el esfuerzo personal y el espíritu de superación, y ayudan al niño a responsabilizarse de su entrenamiento y a entender que la práctica constante ayuda a mejorar su rendimiento. Los deportes de equipo ayudan a los niños a pensar no solamente en el éxito personal, sino en el logro de una meta común. El futbol, voleibol o beisbol persiguen el triunfo del equipo. No importa quién es el que mete los goles o anota el punto, sino el sentido de compañerismo, el apoyo mutuo y el espíritu deportivo. En un encuentro deportivo alguien tiene que ganar Ganar un juego puede dar seguridad y confianza a los que ganan pero también puede desalentar y hacer sentir incapaces a los perdedores si no están preparados emocionalmente. Por eso, durante los primeros años de la escuela y mientras no estén listos, es mejor que los niños usen sus habilidades físicas en juegos de cooperación y expresión.

que su hijo respete a los contrarios

Sea cual fuere el deporte que nuestro hijo o hija realice, debe aprender a jugar limpio Enseñar al niño a aceptar el resultado de un partido, ganar o perder es muy importante para su formación personal. Podemos reconocer que, frente a la agitación de una competencia, se hace difícil para el niño mantener el control. Sin embargo, es esencial inculcar en él la honorabilidad, la caballerosidad y el respeto hacia el contrincante, así como recordarle que el éxito se encuentra en jugar y participar, y no en ganar o perder. Como en cualquier otro aspecto de la educación de nuestro hijo, los padres debemos participar con entusiasmo en sus actividades deportivas El niño necesita que sus papás lo acompañemos, que disfrutemos con él, que nos sintamos orgullosos de sus triunfos. Siente consuelo si compartimos su pena cuando pierde, y se entusiasma si vivimos con él la alegría de ganar. Nuestro apoyo emocional y nuestro entusiasmo le dan confianza y seguridad. Por eso es conveniente que asistamos a sus eventos deportivos. El niño desea que lo veamos jugar y que comentemos con él el partido. También podemos aprender acerca del deporte que él practica o incluso jugar con él. Quizás al principio tengamos que hacer un esfuerzo para organizar nuestro tiempo y dedicar atención a sus aficiones, pero el resultado será gratificante no sólo para el niño, sino también para nosotros.

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Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Seleccione y ofrezca a su niño oportunidades para realizar actividades físicas variadas. Anime y acompañe a su hijo en la práctica de algún deporte. Asista a sus encuentros deportivos y comente con él el partido. Cuando gane, felicítelo y aprecie su participación y esfuerzo. Cuando pierda, anímelo; de las derrotas también se aprende. Infórmese sobre el deporte que practica su hijo, lea libros, pregunte sobre los objetivos y las reglas del juego. Si es posible, practique con él ese deporte. No lo compare con sus compañeros o sus hermanos. No lo presione para que compita. Promueva el respeto a los contrarios.

Si es posible practique con él

Cuando pierda, anímela

Los deportes individuales fomentan la disciplina, la constancia y la responsabilidad

No lo presione para que compita

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APRENDER A SER
Una de las mayores alegrías que puede experimentar una persona es tener la libertad de ser ella misma Cuando somos capaces de vivir en armonía con la naturaleza y de ser espontáneos, nos sentimos contentos, ligeros, satisfechos y nos manifestamos a los demás de manera afectuosa y abierta. En esos momentos en que somos sencillos, sinceros y creativos, todo funciona mejor, sentimos entusiasmo, gratitud, y nos acercamos al amor. Por eso, un aspecto fundamental de la educación de nuestros hijos es guiarlos para que se realicen y expresen lo que verdaderamente son. Cada niño es único y valioso, tiene derecho a ser aceptado, a gozar y a desplegar la riqueza de su ser y ofrecerla a los demás Los padres hemos de respetar y apreciar la personalidad, las cualidades y limitaciones de cada niño, sus gustos, necesidades y deseos; darle la libertad de pensar, sentir, jugar y fantasear para que sus capacidades y talentos alcancen la plenitud, para que su existencia resulte útil, feliz y llena de sentido. En nosotros recae la responsabilidad y el gran privilegio de cuidar —y enseñarle a cuidar— su cuerpo, su inteligencia y su sensibilidad. Nosotros somos los encargados de favorecer su contacto con el conocimiento, la belleza y la espiritualidad; de enseñarlo a relacionarse solidariamente y a perseverar en las adversidades; de llevarlo de la mano —sin caminar por él— hasta que sea independiente y pueda tomar en sus manos —hasta donde es posible— el control de su vida. Con nuestra guía respetuosa, el niño va descubriendo qué es el mundo, quién es él, qué quiere hacer con su vida y cuáles son sus valores Esos descubrimientos le darán un pensamiento y un juicio propio, le ayudarán a decidir por sí mismo lo que debe hacer en las diferentes circunstancias de su vida, y le darán un sentido de pertenencia y compromiso con su familia, comunidad y planeta. Un mundo en constante cambio necesita la contribución de cada uno de sus habitantes El progreso de las sociedades se basa en la diversidad de sus miembros, en que cada uno aporte sus ideas, su esfuerzo y sus sueños particulares. Para ello, es indispensable cultivar y fortalecer la autoestima y la autonomía de las personas, sean niños o adultos; esforzarnos para que el entusiasmo, el trabajo, la imaginación, la creatividad y los sueños de todos transformen nuestro mundo en un mejor sitio para vivir.

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I. El cuidado de la autoestima

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Las palabras tienen un gran poder para fortalecer o debilitar la autoestima de una persona. Observe cómo se habla a sí mismo. ¿Se trata con respeto o se devalúa? Se dice cosas como: “¡Qué bien lo hice!” o “Me equivoqué otra vez, ¡qué tonto soy!”, “Es un reto que me entusiasma” o “Es muy difícil, no voy a poder”. Esté atento a la manera como habla a su niño. ¿Lo trata con consideración o lo critica? Le dice: “Eres un torpe. Nunca haces nada bien” o “Vuelve a intentarlo, seguro que lo vas a lograr”. Durante todo un día, lleve en la bolsa dos pequeñas hojas de papel de diferente color. Cada vez que se sorprenda pensando mal, agrediéndose o culpándose a sí mismo, corte un trocito de una de las hojas. Si nota que piensa o dice algo agradable sobre usted, corte un pedacito del mismo tamaño de la otra hoja. Al final del día compare qué papel quedó más pequeño. Otro día haga lo mismo, pero recortando un papel cuando piense mal de su hijo, lo juzgue o lo insulte, y cortando otro cuando lo anime y le diga algo agradable. Después de una semana, repita el ejercicio. Vea si los papeles resultaron diferentes a los de la primera vez. Dese cuenta si sus palabras —y sus pensamientos y sentimientos— mejoran al ser conciente de ellos. No olvide que tiene la obligación de cuidar a su hijo y de evitar agredirlo.

La autoestima es el valor que nos damos a nosotros mismos

Autoestima es el valor que damos a nosotros mismos Es conocernos, aceptarnos y querernos, es estar contentos con lo que hacemos y con lo que somos. La autoestima nos hace sentir que nuestro trabajo es importante, que podemos lograr lo que nos proponemos y que tenemos algo que ofrecer a los demás. La persona con autoestima alta se percibe como un ser único y valioso Una persona segura de sí no trata de aparentar lo que no es; aprecia sus talentos y también reconoce sus limitaciones, sabe pedir ayuda y puede reírse de sí misma. Una persona con buena autoestima trata de hacer las cosas lo mejor que puede, pero no necesita ser perfecta; no se compara con los demás ni requiere la aprobación ajena para sentirse bien. Si se equivoca, acepta sus errores, aprende de ellos e intenta otras maneras de alcanzar su objetivo. Una persona con autoestima sana toma decisiones y se responsabiliza de ellas; hace

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lo que considera correcto y es capaz de decir “no” sin sentirse culpable. Cuida de su bienestar y es sensible a las necesidades de los que le rodean; expresa sus emociones, sabe escuchar y es capaz de resolver con serenidad y confianza los conflictos que se le presentan. La persona con autoestima débil cree que no es valiosa Una persona insegura se desprecia y desconfía de sí misma; tiene miedo de mostrarse tal cual es, así que suele tratar de impresionar a los demás y alardear de cualidades que no posee. Sus relaciones son difíciles y conflictivas, y como es incapaz de apreciar a los demás, los envidia o los desprecia. Una persona que no se valora, evade las obligaciones y deja pasar las oportunidades, pues cree que no las merece o no puede con ellas. Evita tomar decisiones, y al tener que aceptar lo que otros eligen, se siente enojada y frustrada. La persona con baja autoestma es rígida, se aferra a lo que siempre ha hecho, y cuando fracasa en algo, niega sus equivocaciones o bien se desespera, se culpa o se paraliza. Carece de fuerza para luchar por sus metas. La mayoría de los seres humanos vivimos una mezcla de alta y baja autoestima Ninguna de las dos situaciones se da en estado puro. Tenemos épocas en que nos sentimos más valiosos y útiles que en otras. Es natural. Lo importante es ser concientes de que tenemos en nuestras manos el poder de transformarnos. Y también, que tenemos la oportunidad de ayudar a construir y mantener una alta autoestima en nuestros hijos.

a darse cuenta de que posee los recursos para conseguir lo que se proponga. Él tiene que encontrar su camino para llegar a ser una persona valiosa para sí y para los demás, pero todavía requiere de nuestro apoyo para reconocer sus capacidades y hacerlas valer. Los padres tenemos cuatro herramientas básicas para apoyar a nuestro hijo en la construcción y fortalecimiento de su autoestima La primera herramienta, indispensable para aplicar las otras tres, es el cuidado de nuestra propia autoestima. La segunda consiste en estar atentos a la forma en la que valoramos al niño y a las expresiones y palabras que usamos para referirnos a él. La tercera es darle oportunidades para probarse y superar retos por sí mismo, de apoyarlo sin sobreprotegerlo.

No califique a su hijo, puede dañar su seguridad

La formación de la personalidad del niño está íntimamente relacionada con su autoestima Los comportamientos y actitudes de los niños, e incluso su mismo desarrollo, dependen de cómo se ve a sí mismo. La autoestima es la base sobre la que se apoya el niño para alcanzar la plenitud de sus capacidades, para crecer sano y feliz, para ser productivo y creativo. De la autoestima depende en gran No sobreproteja a su hijo parte su rendimiento escolar y sus relaciones sociales. Cuando el niño entra a la escuela primaria empieza a interactuar con el mundo sin la protección de sus padres La aprobación de los compañeros comienza a jugar un papel fundamental en la autoestima del niño, pero para ser aceptado, tiene que sentirse seguro y desarrollar destrezas y habilidades de todo tipo. A partir del tercer año de primaria, el niño es capaz de darse cuenta de sus fuerzas y limitaciones reales: sabe en qué puede sobresalir y qué le cuesta trabajo; se mide con otros y comprende que para lograr lo mismo que un compañero con mayor talento, necesita esforzarse más. En esta etapa es fundamental fortalecer la autoestima de nuestro hijo en casa, ayudarlo

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La cuarta, y la más importante, es nuestro amor. Una alta autoestima se basa en tres certezas: Soy alguien querido, soy valioso y soy capaz. PRIMERA HERRAMIENTA: NUESTRA PROPIA AUTOESTIMA Para ayudar a nuestro hijo a construir una autoestima alta es indispensable trabajar en nuestra propia valoración A ninguna edad hay que dar por sentada la autoestima. Las críticas y reveses (como las dificultades económicas, los problemas en las relaciones, las pérdidas o enfermedades) la ponen en riesgo. Por eso es necesario que revisemos con frecuencia la idea que nos hacemos de nosotros mismos, que la modifiquemos si no nos satisface y que nos arriesguemos a luchar por lo que en verdad anhelamos. Cultivar nuestra autoestima le hará un enorme bien a toda la familia. SEGUNDA HERRAMIENTA: LAS PALABRAS Las palabras tienen un impacto del que muchas veces no nos damos cuenta Según una leyenda africana, en una región al sur de ese continente, crecían árboles de raíces débiles, pero de madera tan dura que era muy difícil cortarlos con hacha. Para derribarlos, una persona subía hasta la punta y gritaba: “Árbol, eres desagradable, no sirves para nada; nos molestas, nos estorbas...” Y seguía insultándolo hasta que el árbol caía por sí solo, vencido y marchito. Cuando maltratamos a nuestro hijo, no lo vemos caer porque lo que se marchita está dentro de él. El niño termina por creer lo que decimos de él Las palabras que le dirigimos a nuestro hijo deciden en un alto grado la clase de persona que llegará a ser. En la etapa escolar, sus raíces no han acabado de crecer, aún son frágiles y poco profundas, por eso las críticas, amenazas o burlas tienen un gran impacto en el concepto que está formándose de sí mismo. Si lo etiquetamos: “Eres un inútil, un torpe, un irresponsable”, acabará comportándose de acuerdo con esos atributos y crecerá pensando que vale muy poco. En cambio, si le comunicamos nuestro aprecio y aceptación, el niño se sentirá valioso, querido y satisfecho. Los padres podemos reforzar la autoestima de nuestro hijo al hacerle notar sus aciertos en lugar de señalar todos sus errores Si, por ejemplo, nuestro hijo despertó solo y se vistió para ir a la escuela, pero se retrasó porque tuvo que buscar su cuaderno y su lápiz, podríamos decir: “Qué bueno que te arreglaste con tanto empeño, ya sólo falta arreglar tus cosas en la noche para no perder tiempo a la hora de salir”. Insistir en lo positivo da al niño una visión favorable de sí mismo. Esto no significa hacerle halagos falsos, pues el niño se da cuenta de la realidad Al niño le molesta escuchar: “Qué precioso dibujo hiciste. Eres un artista”, cuando él sabe que su trabajo es defectuoso y ha sido realizado sin esmero. También se siente incómodo cuando lo calificamos: “Eres muy listo” o “Eres un niño bueno”.

Nuestro hijo necesita que le ayudemos a percibir sus logros y a apreciar lo que es real y tangible, no nuestras opiniones o juicios, incluso si éstos son favorables. El elogio suele afectar de manera negativa la autoestima. Si un niño ha sido educado con halagos, se hace dependiente de las opiniones ajenas, requiere la aceptación de otros para confiar en su habilidad y es incapaz de formarse un juicio propio acerca de lo que realiza. No es lo mismo elogiar a nuestro hijo que animarlo y estimularlo. La diferencia es sutil pero muy importante Cuando lo estimulamos, no mencionamos nada acerca de su persona, simplemente describimos sus acciones y le mostramos lo complacidos o agradecidos que estamos por ellas: “Es estupendo que hagas tu tarea todas las tardes. Te debes sentir satisfecho” “Gracias por ayudarme a poner la mesa” “Tu trabajo sobre las ballenas me hizo saber muchas cosas interesantes que desconocía”.

Refuerce la autoestima del niño señalando los aciertos en vez de los errores

No lo amenace ni se burle de él pues sus palabras tienen un gran impacto

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Si el niño se siente inseguro manifestémosle nuestra confianza recordándole sus habilidades

Lo que el niño cree que es capaz realizar —y lo que no— es una fuerza muy poderosa para limitar sus capacidades o hacerlas crecer. No es necesario que el niño sea perfecto Los padres desalentamos a nuestros hijos cuando les planteamos metas demasiado altas o imposibles de alcanzar (sacar puros dieces, meter más goles que los demás, no ensuciar los zapatos en la escuela). Si le exigimos que actúe por encima de sus capacidades o de su edad, se sentirá frustrado, incompetente, y dejará de intentar cualquier cosa que no esté seguro de hacer a la perfección. Las felicitaciones negativas como: “Está bien, pero si tú quisieras, mejorarías tus calificaciones” o “Ya era hora de que arreglaras tu cuarto” lo desaniman, pues le hacen sentir que nunca es suficientemente bueno.

TERCERA HERRAMIENTA: OPORTUNIDADES DE SUPERAR RETOS El sentirse capaz de hacer bien las cosas refuerza la autoestima del niño Cada vez que nuestro hijo intenta y logra algo, su confianza se fortalece. Cuando consigue andar en bicicleta, aprender a leer, caerle bien a sus amigos o hacer una investigación para la escuela, se siente bien y seguro de su capacidad. Mientras más competente se considere, más satisfecho estará y más se arriesgará a resolver situaciones en las que pueda equivocarse. En la edad escolar tenemos que dar atención especial y un gran apoyo a nuestro hijo, pues son años críticos en su desarrollo El niño necesita oportunidades de ejercitarse en distintas actividades y de probarse en retos que pueda superar. A los padres nos corresponde animarlo a vencer las dificultades y a persistir en sus intentos de mejorar; encontrar sus cualidades únicas, saber para qué tipo de actividades es más hábil y darle las facilidades para desarrollar sus talentos. El niño aprende a confiar en sí mismo si sus padres confiamos en él No ayudamos al niño si hacemos lo que él es capaz de realizar o si intervenimos cuando él trata de encontrar la solución. El apoyo innecesario es una crítica oculta: “No eres capaz de hacerlo bien, así que lo hago yo”. Si él nos pide ayuda o nos pregunta qué hacer, en vez de darle respuestas o consejos, conviene hacerlo reflexionar: “¿Qué crees que pasaría si...?”, “¿Cuál sería tu decisión en caso de ...?”, “¿Piensas que ayudaría el que...?”. Si el niño se siente inseguro, hay que manifestar nuestra confianza y recordarle las habilidades que ha demostrado en otras ocasiones: “Tú resolviste anteriormente aquella situación, así que tienes la capacidad de hacer esto”.

Las situaciones que lo hacen sentir útil fortalecen su autoestima El niño necesita saber que es capaz de ayudar y que su apoyo es apreciado. En casa existen infinidad de ocasiones para colaborar: regar las plantas, darle de comer al perro, jugar con su hermanita. Si los padres fomentamos y agradecemos su disposición a contribuir al bienestar de la familia, él considerará natural cooperar también con sus compañeros y con los maestros de la escuela, o formar parte de grupos en los que realice acciones a favor de otras personas. CUARTA HERRAMIENTA: EL AMOR En la primaria, el niño necesita sentir que pertenece y tiene un lugar en su familia, que ahí es importante, único e insustituible. El niño necesita estar seguro de que nuestro amor no depende de lo que haga sino de lo que es; de que, aunque le pongamos límites, y en ocasiones no aceptemos su conducta, estaremos siempre dispuestos a apoyarlo y a recibirlo en nuestros brazos.

No le exijamos metas por encima de sus capacidades

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Pregúntese si se considera usted una persona valiosa

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Pregúntese si se considera usted una persona valiosa y si tiene algo único que ofrecer a los demás: le transmitirá estos sentimientos a sus hijos. No busque la aprobación de otros para sentirse bien. Recuerde que usted es el único responsable de su bienestar. Si su hijo tiene algún problema en su rendimiento escolar, trate de averiguar si él cree que no es capaz o valioso. Entérese de qué tanta aprobación recibe de sus compañeros. Ayude a su niño a reconocer sus capacidades y sus dificultades, para que pueda trabajar con ellas y esforzarse por superarlas. Propóngale distintas actividades a través de las cuales pueda desarrollar sus talentos.

Es normal que su hijo busque la aprobación de sus compañeros

Revise lo que piensa y lo que dice de su hijo. Háblele con cariño y respeto. Describa y reconozca las acciones positivas del niño y exprese lo satisfecho o agradecido que se siente por ellas. No le haga halagos falsos a su hijo. Valore el esfuerzo del niño además de sus logros. Anímelo a vencer las dificultades y a persistir en lo que se propone. Confíe en su hijo y comuníquele su confianza. Fomente la libertad de su hijo para actuar, decidir y responsabilizarse de lo que hace. No haga por el niño lo que él es capaz de hacer, ni intervenga cuando él trata de encontrar la solución a algún problema. Busque situaciones en las que su hijo pueda ayudar a otros y sentirse útil.

Si el rendimiento de su hijo es bajo, averigüe como anda su autoestima

Entérese de qué tanta aprobación recibe de sus compañeros

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Guía de Padres

II. El camino hacia la libertad

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Es responsabilidad de los padres ayudar a nuestros hijos a prepararse para la libertad y la autonomía. Enumere cinco cualidades que, según usted, debe poseer una persona libre y autónoma. ¿Se considera usted una persona autónoma? ¿Toma sus propias decisiones en asuntos importantes para usted? ¿Qué es lo que obstaculiza su libertad? ¿Qué hace para superar las limitaciones a su libertad?

Una persona que ejerce su autonomía es capaz de pensar, decidir y actuar por sí misma Una persona autónoma es alguien que se conduce de acuerdo con sus valores y convicciones; que sabe distinguir la conducta aceptable y la que no lo es; que es responsable de sus actos y no permite que los demás decidan por ella. La verdadera autonomía está acompañada de responsabilidad Una persona autónoma es responsable, toma en cuenta las consecuencias de sus acciones; no hace lo que se le antoja en el momento en que se le ocurre y tampoco echa la culpa a otros de lo que le sucede; reconoce con claridad sus necesidades y las satisface, pero también considera las necesidades y puntos de vista de las personas afectadas por su conducta. La autonomía no puede estar separada del respeto y la consideración La persona autónoma es amable y generosa, expresa su interés sincero por el bienestar y derechos de los demás a través de sus acciones: comparte, ayuda, estimula y atiende. El desarrollo de la autonomía es un proceso que se da junto con la evolución de todos los demás aspectos de la vida y requiere madurez, aprendizaje y experiencia. El niño tiene que recorrer un largo camino para llegar a ser autónomo En el viaje hacia su autonomía, el niño va descubriendo quién es él, hacia dónde se dirige, qué quiere lograr y cuáles son los valores que le servirán de guía. El niño tiene que aprender cuándo puede decidir y cuándo debe El niño posee un impulso natural a hacer las obedecer cosas sin ayuda y a resolver por sí mismo sus asuntos. Quizá se equivoque muchas veces, tal vez se sienta confundido y temeroso o tenga que enfrentar el dolor y la frustración, pero esta tendencia sana y poderosa a la independencia lo acercará al logro de su autonomía. En la etapa escolar, nuestro hijo todavía requiere de ciertos límites que lo hagan sentir seguro El niño de primaria tiene que aprender a distinguir lo que en verdad quiere de lo que otros esperan que haga, pero también necesita reconocer cuándo es posible obtener lo que desea y cuándo tiene que esperar o renunciar; en qué circunstancias puede decidir y en cuáles tiene que obedecer.

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Aun los niños más independientes requieren guía y apoyo. Necesitan la autoridad de sus padres para encontrar el equilibrio entre su libertad y su responsabilidad. Durante los primeros años de primaria, la justicia es el criterio con el que el niño juzga lo que está bien y lo que está mal Cuando es pequeño, el niño acepta obedecer las normas si todos los demás lo hacen. Su justicia es la Ley del Talión: “Si me hacen, yo hago”, “Si me pegas, te pego”. A medida que crece, descubre lo que él considera sus derechos, y se da cuenta de que lo mejor es respetar las reglas, ya que también lo benefician a él. Aprender a convivir bajo ciertas normas es crucial para la vida social del niño, por eso es fundamental mantenernos firmes y no aceptar discutir las cuestiones trascendentes. Pero, en cambio, es recomendable dejarlo decidir en sus asuntos personales, como la organización de su tiempo, la manera como se peina y se viste, las actividades que prefiere, los amigos que elige o la hora de hacer su tarea. Es formativo que nuestro hijo vaya asumiendo riesgos en cuestiones que no impliquen un peligro o un costo elevado para él o para otras personas; que sepa que cada vez que escoge se produce una consecuencia que él tendrá que asumir. Podemos guiarlo para que sus elecciones sean adecuadas, pero tenemos que dejarlo decidir, permitir que se equivoque y aprenda de sus errores.

Las reglas del grupo de amigos se vuelven importantes y le interesa cumplirlas para ser aceptado. Es un buen momento para discutirlas en familia y ayudarle a pensar si realmente está de acuerdo con ellas y si en verdad corresponden a sus valores. A medida que su pensamiento madura, el niño es capaz de hacer juicios más elaborados en los que toma en cuenta no sólo la acción en sí o sus consecuencias, sino también las intenciones del que la realizó Este tipo de razonamiento lo hace más comprensivo y flexible. Aunque aún está lejos de alcanzar el ideal de la independencia y la ética madura, se encuentra en un momento que podemos aprovechar para abrir un horizonte más amplio a su libertad. Educar para la autonomía supone que los padres nos esforzamos para actuar con libertad, responsabilidad e independencia Los niños aprenden observando a sus padres. Una de las mejores formas en que podemos enseñar a nuestros hijos a comportarse de manera responsable e independiente es mediante el ejemplo. Es necesario tratar de comprometernos cada vez más con nuestros proyectos, decidir con responsabilidad y hacernos cargo de nuestra vida.

En la etapa escolar, el niño empieza a negociar para obtener lo que quiere y pide explicaciones de cada una de las reglas que debe obedecer “¿Por qué he de visitar a los abuelos?”, “¿Por qué tengo que irme a dormir tan temprano?” “¿Por qué tengo que limpiar la mesa y mi hermana no?”. Es normal que el niño se rebele y que en ocasiones llegue a ser agresivo. Necesita discutir y probar distintas conductas para aprender a reconocer y elegir Déjelo decidir en sus asuntos personales como la organización los comportamientos que lo hacen sentir más de su tiempo satisfecho. Por fortuna, en esta edad ya podemos razonar con él, pues el desarrollo de su inteligencia le permite comprender puntos de vista diferentes a los suyos. Esto significa que comienza a aparecer un elemento importante de la ética madura: la preocupación por el bienestar del otro. En la última fase de la etapa escolar, el niño empieza a elaborar ideas abstractas acerca de lo correcto y lo incorrecto Al ir creciendo, su noción de justicia cambia. Lo justo depende ahora de cómo lo enfoque. Las negociaciones se convierten en discusiones sobre principios; ahora sí analiza las reglas para defender sus derechos: “Soy una persona libre y yo decido si estudio o no”.

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Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Ayude a su niño a tomar en cuenta sus necesidades pero también las de los demás. Guíelo, pero déjelo tomar sus propias decisiones en asuntos que no lo pongan en peligro. Observe a su hijo, reconozca sus motivos para actuar y permita que avance a su propio ritmo hacia la autonomía. No le exija un comportamiento modelo ni una actitud totalmente madura. La madurez se va adquiriendo poco a poco. Enseñe a su hijo a llegar a acuerdos con inteligencia y equidad. No le solucione lo que él pueda resolver. Permítale aprender a través de su propio esfuerzo. En lugar de proteger a su hijo, facilítele las herramientas que le permitan superar las dificultades y alcanzar sus metas. Sea firme. Enseñe a su hijo qué puede decidir y en qué circunstancias debe obedecer. Sea un buen ejemplo para su hijo.

Permítale aprender con su propio esfuerzo

No le exija un comportamiento modelo

Déjelo decidir en asuntos que no lo pongan en peligro

Sea un buen ejemplo para su hijo

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Guía de Padres

III. Los padres y los valores

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Los valores son nuestra guía para actuar y para relacionarnos con los demás. Ser concientes de nuestros valores nos da una mayor capacidad para educar a nuestros hijos y para tomar decisiones adecuadas respecto a lo que creemos es lo mejor. Pida a sus hijos y a los miembros de su familia que elijan (por separado y sin ponerse de acuerdo) los cinco valores más importantes que se viven en su hogar. Cada uno anote en un papel esos valores. Al terminar, compártanlos y observen si son los mismos. Platiquen sobre las coincidencias y las diferencias. ¿Cuáles son los valores en los que todos están de acuerdo? ¿Cuáles son los valores que escogieron sólo los padres? ¿Cuáles propusieron sólo los hijos? Encuentren acciones de cada miembro de la familia que expresen los valores que eligieron.

Un valor es algo que pensamos que merece la pena, que es deseable y bueno para nuestra vida Los valores son una referencia, una guía que nos ayuda a encontrar y a dar sentido a la existencia. Los valores nos motivan a actuar y a vivir de determinada manera, a buscar lo mejor para nosotros y para quienes nos rodean. Definir nuestros valores con detalle y profundidad nos da poder sobre nuestros actos, desconocerlos nos deja a merced de otros. Establecemos los valores a partir de nuestro concepto de lo que es el ser humano y de un ideal hacia donde queremos dirigirnos. Una persona que piensa que el ser humano está orientado al servicio y al amor no tendrá los mismos valores que alguien cuyo objetivo es el poder sobre otros. Los valores se ordenan según la importancia que demos a cada uno de ellos Cuando tenemos que decidir entre dos valores que en apariencia son contradictorios, necesitamos jerarquizarlos para tratar de solucionar el conflicto. Por ejemplo, cuando un niño tiene que optar entre decir la verdad y ser solidario Los padres transmitimos valores a través de nuestras actitudes con sus amigos, tendrá que elegir entre el valor honestidad y el valor amistad; entonces deberá reflexionar si la verdad protegería a sus amigos de algún riesgo grave, si esa verdad sería fundamental para otra persona o grupo, o si proteger a sus compañeros de algún castigo realmente los beneficia. La familia es la influencia principal del niño en el desarrollo de sus valores Los padres transmitimos valores, conciente o inconcientemente, a través de las conversaciones que sostenemos, de los límites que marcamos y sobre todo, de nuestras actitudes y comportamientos. Los valores de una persona se conocen por sus acciones. Si los valores que defendemos con palabras no son los mismos que expresamos con nuestra conducta, el niño nota inmediatamente las contradicciones y puede perder confianza y respeto por lo que le enseñamos.

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Los valores se viven, se proponen, pero no se pueden imponer Los valores que orientan la vida de cada familia son recibidos de manera diferente por cada uno de los hijos. Un niño es único y responde a los valores de manera personal. Nuestro hijo no necesariamente adopta nuestros valores por la sencilla razón de que lo sean. Necesita examinarlos, criticarlos, reflexionar sobre ellos. Incluso la rebeldía es una forma de aclarar sus valores personales. Desobedecer, probar, retar a los adultos es un intento normal y sano del niño para investigar quién es él, cuál es su lugar y cómo convivir con otros. El ejemplo es indispensable para transmitir valores, pero a partir del periodo escolar, también es necesario conversar con el niño acerca de nuestras creencias y convicciones En este periodo, el niño está deseoso de discutir con nosotros sus ideas y experiencias, así que los padres tenemos una oportunidad excelente para comunicarle lo que pensamos sobre el significado de la vida y para compartir con él nuestros ideales, nuestra historia y experiencia. Esta etapa es propicia para buscar con nuestro hijo los valores que hacen posible una mejor convivencia entre las personas y para reflexionar por qué es importante ponerlos en práctica. Los niños escolares ya están preparados para entender que los valores y las decisiones que se desprenden de ellos están basados en ideas que todos podemos comprender y compartir Las vivencias de todos los días nos dan oportunidades para reflexionar sobre los valores, pero además, los padres podemos proponer a nuestros hijos algunos juegos y actividades para profundizar en las ideas y actitudes hacia los valores de la familia. -Podría ser un buen ejercicio tratar de definir algunos valores junto con nuestros hijos. Cada uno dice qué significa para él, por ejemplo, la generosidad: “Es compartir nuestro tiempo y nuestras cosas” “Es ayudar a otros” “Es trabajar a favor de los demás sin esperar ningún pago”. En familia, vamos aclarando, con frases sencillas, los distintos aspectos de un valor. -Otra posibilidad es recordar cómo hemos aplicado un valor en una situación concreta. Cada persona cuenta en qué ocasión puso en práctica el valor: cuándo, con quién, qué hizo, cómo, por qué lo hizo. Puede también contar una situación en que alguien le demostró ese valor o en la que él no fue capaz de ponerlo en práctica. Si tomáramos como valor la responsabilidad, algunos ejemplos quizá serían: “Yo me comprometí a ver una hora de televisión cada día. Sin que nadie me vigilara, apagué el aparato al terminar el programa” “Rompí de un pelotazo el vidrio del vecino. Hablé con él para ponerme de acuerdo sobre el tiempo en que podría pagarlo”. -Los niños disfrutan los concursos. Podríamos pedirles que, en cinco minutos, anoten en una hoja de papel todos los valores que se les ocurran. Después ver quién reunió más valores, o cuáles fueron los mejores valores según el grupo.

-Después de leer o contar un cuento o una historia, podríamos platicar sobre los valores que manifiestan los personajes. Los héroes y los villanos actúan según principios muy diferentes. Es interesante descubrir qué busca realmente cada uno. En qué se parecen sus valores y en qué son diferentes. ¿Existe algún valor que compartan héroes y villanos? -Un juego que resulta divertido y aleccionador consiste en que cada miembro de la familia escoja un personaje y defienda los valores de ese personaje (aun cuando él no esté de acuerdo con ellos). -Otra actividad posible es contraponer un antivalor. Pensar juntos en qué se equivocan los que no respetan, por ejemplo, la honestidad o la sinceridad. Reflexionar sobre cuáles son los pensamientos, actitudes y acciones que se oponen a esos valores; en qué situaciones de la vida en la familia, la escuela o la comunidad han observado que se practica el antivalor, y qué pensamientos, actitudes y acciones se pueden promover para reconstruir el valor. -Resulta muy enriquecedor hablar con personas de la comunidad sobre algún valor que el niño escoja. Preparar preguntas como: “¿Qué es el respeto o la gratitud?” “¿Para qué sirve?” “¿En qué situaciones lo ha vivido la persona?” “¿Con quién?” “¿Qué historias puede contar sobre ese valor?” “¿Cómo sería el mundo si todos vivieran ese valor?” -Nuestra familia podría ser impulsora de valores en la comunidad. Junto con nuestros hijos, y tal vez algunos vecinos, organizarnos para promover, por ejemplo, la solidaridad o el civismo. Averiguar qué problemas existen en nuestra colonia o comunidad, cuáles son sus causas, qué soluciones serían factibles, y qué podemos hacer nosotros. Sería muy útil aplicar los pasos de solución de problemas para planear campañas de limpieza de parques, siembra de árboles, apoyo a asilos, vacunación de perros; mandar cartas y solicitar entrevistas a las autoridades y a asociaciones civiles, hacer propuestas y ofrecer nuestra colaboración. Éstas son sólo algunas ideas. Los padres y los niños podemos encontrar muchas más.

Nuestra familia podría ser impulsora de valores en la comunidad

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Respete cómo su hijo aplica sus valores en la vida cotidiana

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Defina sus valores con el mayor detalle y profundidad posible. Intente definir su idea de lo que debe ser el ser humano. Ordene sus valores en orden de importancia. No trate de imponer valores a su hijo. Propóngalos con el ejemplo y guíe a su hijo en la búsqueda de sus propios valores. Entienda la rebeldía ocasional de su hijo como un intento normal y sano de descubrir los valores por sí mismo. Busque con su hijo los valores que permitan una mejor convivencia en la familia, la escuela y la comunidad.

Entienda la rebeldía ocasional

Busque espacios para conversar con su hijo sobre los valores. No dé discursos ni sermones. Converse con su hijo, reflexione junto con él, y respete su opinión sobre la forma de aplicar los valores en la vida cotidiana. Enseñe al niño a respetar las diferentes formas de ser y de pensar de los demás.

Respete su opinión

Enséñele a respetar las diferentes formas de ser

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Guía de Padres

IV. Educación de la sexualidad. Información enmarcada en valores
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
En nuestra cultura, la sexualidad es un asunto que se acompaña de una fuerte carga emocional. ¿Cómo se siente usted al hablar de temas sexuales con su hijo o hija? Según usted, ¿quién debe impartir la educación sexual? ¿Cuál es el mejor momento para iniciarla? ¿Qué debe saber su hijo o hija sobre sexualidad?

La educación de la sexualidad va mucho más allá de proporcionar al niño información acerca del sexo, de decirle cómo nacen los bebés y cómo son concebidos Si la educación sexual sólo consistiera en la información sobre estos temas, podríamos liberarnos de nuestra responsabilidad y delegarla a la escuela. A partir del quinto grado de primaria, en la mayoría de las escuelas se imparte educación sexual como parte del programa. Sin embargo, los niños necesitan, además de los conocimientos sobre el tema, la orientación de sus padres para entender la sexualidad como esa parte de sí mismos que los caracteriza como hombres o mujeres con sentimientos y responsabilidades. La educación de la sexualidad está íntimamente relacionada con la vida en familia Es un proceso de información y formación que se inicia con las experiencias que, desde la cuna, tienen los niños con la ternura y las caricias de sus padres, con la libertad de expresar los sentimientos, el conocimiento de su cuerpo y la confianza en una comunicación familiar abierta y receptiva. La sexualidad está estrechamente unida a los valores, a la capacidad de decidir, a la autonomía, la autoestima, los sentimientos, la espiritualidad y sobre todo al amor. Conocer la importancia del amor en la sexualidad da a los niños la mejor motivación para evitar más tarde comportamientos que podrían hacerles daño a ellos o a otras personas. La sexualidad está vinculada a la educación de la responsabilidad La educación sexual debe ayudar a nuestro hijo a desarrollar la capacidad de responder con sus acciones de una manera adecuada y oportuna, y a cuidar su dignidad y la de las personas con las que se relaciona. El reto es proporcionar al niño o la niña las herramientas para que decida con conciencia, y evitar que llegue, sin darse cuenta, a situaciones que no desea; es ayudarle a prepararse para una sexualidad plena en su vida adulta que involucre el La sexualidad es una expresión de compromiso y amor desarrollo de todas sus capacidades como hombre o como mujer. La sexualidad es una expresión de compromiso y amor El niño que ve a sus padres tratarse con cariño y respeto, solucionar sus conflictos sin agredirse, apoyarse y disfrutar la vida juntos, aprende lo fundamental de la relación entre un hombre y una mujer, y le resultará natural vivir estos valores en la relación que establezca con la persona que lo acompañará en la vida. Si no tenemos pareja, este aprendizaje puede darse a través de las relaciones entre los miembros de la familia, hombres y mujeres, de la consideración y amor con que nos tratemos y de la libertad que demos al niño de expresar sus sentimientos, sus dudas y sus inquietudes.

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Los niños están expuestos a una profusa información sobre la sexualidad

Hablar de sexo con los hijos se ha convertido en una necesidad fundamental para la seguridad y la felicidad de los niños No educarlos conciente y abiertamente sobre la sexualidad los hace vulnerables a las presiones de su medio, puede llevarlos a una actividad sexual sin responsabilidad, a embarazos adolescentes, al abandono de sus estudios y proyectos, al aborto o a enfermedades. Nos toca a los padres ayudar a nuestros hijos a formar su criterio y a prevenir en lo posible todas estas desgracias. La época en que nuestra influencia sobre los hijos tiene mayor profundidad es antes de que lleguen a la adolescencia. Nuestra eficacia depende de que logremos establecer una comunicación estrecha con ellos, que nos ganemos su confianza y les enseñemos a decidir, y también de que nos eduquemos para comunicarles un enfoque de la sexualidad positivo, respetuoso y responsable. Antes de hablar con nuestros hijos, es indispensable que los padres revisemos nuestras creencias, actitudes y conocimientos acerca del sexo Debemos observar con sinceridad las respuestas, verbales y no verbales, que les damos en situaciones relacionadas con la sexualidad: la forma en que manejamos el pudor, la manera en que hablamos o no hablamos de los órganos de la reproducción, nuestros sentimientos acerca de nuestro propio cuerpo. Todo eso se transmite a los niños, lo queramos o no. Si nos preparamos, podremos educar mejor a nuestros hijos Vale la pena tomarnos el trabajo de investigar, de consultar libros, de hablar con especialistas para tener ideas claras que nos ayuden a decidir qué hemos de comunicar a nuestros hijos, y cuándo y cómo hacerlo para resolver en casa sus dudas y curiosidades.

Los padres sabemos que no somos los únicos que damos información sexual a nuestros hijos En la actualidad, los niños están expuestos a una profusa información sobre la sexualidad; por eso es tan importante ayudarlos a formar su criterio y a saber reconocer lo que es correcto y valioso para ellos. La información sin orientación no es suficiente para educar. Los medios de comunicación, los amigos, algunos libros y revistas, están muy presentes en la vida de los niños. Pero, en esta etapa, la influencia de los padres todavía es muy importante, tenemos la posibilidad de anticiparnos a la información negativa o inexacta que pudieran recibir, hablando con ellos en el momento oportuno. Incluso podemos aprovechar los medios de comunicación, ver algunos programas con nuestros hijos y conversar acerca de los personajes: ¿Qué valores muestran con sus acciones? ¿Las expresiones físicas de las parejas muestran un verdadero amor y compromiso? También vale la pena invitar a los amigos de nuestros hijos para conocer el medio en que se desenvuelven. ¿De qué platican? ¿Cómo se comportan? ¿Tocan temas relacionados con la sexualidad? ¿Cómo se expresan? La manera de tratar el tema de la sexualidad y los datos que demos a nuestro hijo o hija cambian según su edad y madurez Hasta los siete años, es suficiente contestar a sus preguntas con respuestas sencillas, explicaciones cortas, claras, sin mentiras o imprecisiones, y sin darles detalles que no nos pidan. Los niños a esta edad sienten más curiosidad por las partes de su cuerpo, por las diferencias entre niños y niñas, por el proceso del embarazo y el nacimiento, que por el sexo en sí. Es necesario observar con atención a nuestro niño para saber cuándo y cómo hablar con él, sin darle demasiada información

Es indispensable que los padres revisemos nuestras creencias, actitudes y conocimientos

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cuando aún no le interesa ni está preparado para comprender, pero tampoco esperar demasiado, pues él podría recibir datos equivocados o negativos en otro lado. La educación sexual se basa en la actitud del niño hacia su cuerpo Los padres podemos propiciar en nuestro hijo la admiración por lo complejo y perfecto de su cuerpo. Sin el cuerpo no podría escuchar música, bailar, saltar, reír, comer o escribir; no sería capaz de comunicarse por medio de las palabras, de la mirada o de un abrazo. Cuanto más cuide y aprecie el niño su cuerpo, más positiva será su disposición hacia la sexualidad y más podrá conmoverse con el prodigio que es la creación de un ser humano. Podrá comprender cómo una relación física y sexual nos brinda la alegría de demostrar amor, y también la dicha de poder concebir un hijo. Algunos educadores han encontrado que el momento más propicio de dar la información sexual básica y completa al niño es alrededor de los siete u ocho años Es una edad en que el niño ya puede comprender y es abierto, curioso e inocente. Acepta de buen grado lo que le enseñamos y todavía no siente vergüenza al tocar estos temas. La información debe ser la misma para niños y niñas. Conviene platicar en privado con él o ella, en un lugar tranquilo, sin interrupciones; propiciar un diálogo —no una clase— y preguntarle si sabe de dónde vienen los bebés y cómo entran a la panza de la mamá. También es conveniente reflexionar sobre cómo deben ser los papás que van a recibir un bebé, por qué tienen que ser personas adultas y responsables; por qué es importante que se quieran; por qué el bebé necesita una familia amorosa y protectora. Para darle información, podemos recurrir a algún libro, si está a nuestro alcance, y mostrar los órganos sexuales, explicar cómo se realiza el acto sexual, cómo se unen el óvulo y el espermatozoide, cómo se desarrolla el bebé dentro de su mamá, cómo es el parto y la llegada del niño al mundo. Es importante llamar a cada parte del cuerpo por su nombre correcto. Explicar las diferencias entre el cuerpo del hombre y la mujer; reforzar la idea de que el cuerpo humano es maravilloso y cada órgano cumple con una función específica. Lo importante es insistir en lo bello y natural de este proceso. No se trata de hablar una sola vez y abandonar el tema. A los niños se les olvida, tienen dudas o les van surgiendo inquietudes. Hay que repetir la información y las reflexiones cuantas veces sea necesario. Después de esta plática, es conveniente seguir conversando de otros aspectos de la sexualidad hasta que los chicos pasen la adolescencia. A los ocho años los niños están interesados en los hechos, más tarde necesitarán saber cómo manejar su propia sexualidad, qué deben o no deben hacer. Para hablar con nuestros hijos sobre los cambios que van a experimentar en la pubertad, es conveniente escoger un momento en que todavía no hayan comenzado sus cambios hormonales ni estén preocupados por el sexo Nuestra conversación debe hacerlos sentir “grandes”, importantes y capaces de una gran responsabilidad.

La educación sexual se basa en la actitud hacia su cuerpo

Para darle información, podemos recurrir a algún libro

A niños y niñas podemos preguntarles: “¿Sabes lo que es la pubertad?". La pubertad es lo que hace que el cuerpo de niños y niñas se desarrolle y se prepare para tener bebés; es un proceso de transformaciones físicas por las que un niño se convierte en hombre y una niña en mujer. Es necesario explicarles con claridad cómo y cuándo sucederán esas transformaciones. Está bien que niños y niñas sepan lo que sucede en ambos sexos. Decirles que en las niñas aparece la regla o menstruación, el sangrado que ocurre una vez al mes y es señal de que su cuerpo está madurando y que, cuando ella lo decida junto con su pareja y esté preparada para ello, podrá tener un bebé. También les podemos platicar que en los niños se darán los “sueños húmedos”; aclararles que son normales y les suceden a todos los jóvenes. Los testículos empiezan a producir semen y necesitan deshacerse del esperma que sobra cuando están llenos. Esto sucede generalmente en la noche.

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Explicar cómo niños y niñas, a partir de cierta edad, sienten atracción por las personas del sexo opuesto y experimentan impulsos y deseos hasta entonces desconocidos. Se trata de algo natural, sano y hermoso. Es una buena ocasión para volver a hablarles de la responsabilidad, el respeto a su propio cuerpo, de insistir en las razones por las que una persona debe madurar emocionalmente antes de involucrarse en una relación sexual. Cuando el niño es un poco mayor, de diez a doce años, ya debe haberse familiarizado con el tema de la sexualidad Para este tiempo, los niños suelen conocer el proceso de la reproducción, la manera en que se realiza la concepción, el crecimiento del bebé durante el embarazo y cómo nacen los niños. Ahora también debemos hablarles de los métodos de protección y de control natal, de los problemas que supone un embarazo no deseado o el contagio de alguna enfermedad, como el SIDA. Algunos padres dejan pasar el tiempo sin prevenir a sus hijos, porque piensan que que a ellos no les va a pasar nada o que esos temas no son asunto suyo. No ayudar a nuestros hijos a prepararse y a pensar en este aspecto tan importante de su vida es un descuido que podría causarles mucho dolor innecesario. Recordemos que información es igual a protección.

de manera incorrecta; que algunas partes del cuerpo se mantienen en la intimidad y por eso se llaman partes íntimas. Advertirle que existen personas enfermas que pueden tratar de tocar las partes íntimas de un niño o una niña. Algunas de esas personas son desconocidas, pero otras pueden ser incluso de la familia. ¿Qué es lo que debe hacer el niño o la niña si eso le sucede? ¡Gritar! Podemos enseñarle cómo, y practicar con él o ella a dar gritos y a decir con la voz más fuerte que pueda: “¡No me toques!”. Y a correr a contárselo a sus padres o a quien más confianza le tenga para que lo protejan. Cuando alguien le pida que no le cuente a nadie o lo amenace con hacerle daño a él o a alguna persona de su familia si lo delata, es una señal clarísima de que debe hablarlo. El niño y la niña se van a atrever a hacer esto si confían en nosotros y se sienten protegidos y comprendidos. Desde luego no hay que asustar ni preocupar al niño, sólo advertirle. Pero si llegara a pasar, ya sabe qué hacer y ya tiene la seguridad de que cuenta con nosotros. Los niños nunca tienen la culpa cuando les pasa esto. Los padres o personas cercanas a ellos tenemos que apoyarlos y protegerlos siempre. La educación sexual da a los niños mayores posibilidades de ser felices Además de protegerlos, la educación sexual favorece su desarrollo armónico y libre. Los encauza hacia una actitud natural y positiva hacia la sexualidad y hacia decisiones concientes y responsables. Es tan trascendente este aspecto de la educación de nuestros hijos que no podemos dejarla en otras manos.

En esta edad es probable que los niños tengan muchas dudas y nuevas preguntas Debemos contestarles con claridad y con todas las explicaciones que necesiten. Si sabemos ganarnos la confianza de nuestros hijos, si logramos ser comprensivos y estar abiertos al diálogo, ellos considerarán natural acudir a nosotros para aclarar sus inquietudes. Si empezamos a tratar estos temas con ellos cuando son niños, podremos evitarnos conflictos y problemas con los adolescentes en los que se convertirán. Si en este tiempo les decimos Hablemos de los métodos de protección y de control natal y de los problemas que supone un embarazo no deseado qué hacer, cuando crezcan no tendremos que decirles qué no hacer. Ya sabrán que expresar el amor en la sexualidad es algo tan bello, que debe hacerse con la persona a quien decidan amar con lealtad y responsabilidad. Es fundamental ayudar a nuestra hija o hijo a ser asertivo, seguro, a tener una autoestima alta que le dé la libertad y la fuerza para decir “no” Debemos explicarle que puede experimentar presiones tanto hormonales como sociales y que es importante actuar de acuerdo con sus valores y sentimientos. Su cuerpo le pertenece y nadie debe decidir por él o ella. Desde pequeño, el niño ha de saber que no debe permitir que nadie lo lastime ni lo toque

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Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Analice con sinceridad sus propias actitudes hacia la sexualidad. Infórmese bien sobre temas de sexualidad para conocer su sexualidad y para poder responder a las preguntas de su hijo. Propicie conversaciones sobre diversos aspectos de la sexualidad: ¿Qué es ser hombre y ser mujer?, la igualdad de oportunidades y relación entre ambos sexos. Aproveche los programas de televisión para discutir acerca de los valores que proponen en las conductas sexuales. Hable con su hijo sobre los sentimientos y significados implicados en el acto sexual. Platique con su hijo acerca de la riqueza que da la sexualidad, no sólo a las relaciones de pareja, sino a la vida en general. Conteste las preguntas del niño en el momento que surjan. Después puede completar la información que haya hecho falta. Responda concretamente a lo que el niño pregunta. El exceso de explicaciones confunde y aburre. Permita a su hijo terminar de hablar antes de responderle. Escúchelo. Es importante que usted sepa lo que a él le preocupa o le interesa. Asegúrese de que contestó adecuadamente: "¿Era eso lo que me preguntaste?", "¿Hay alguna cosa que no contesté y que quieras saber?". Cuando hable con su hijo refiérase a las partes y funciones corporales con el nombre correcto. Propicie conversaciones sobre diversos aspectos de la sexualidad

Infórmese bien sobre temas de sexualidad

Conteste las preguntas del niño en el momento que surjan

Permita a su hijo terminar de hablar antes de responderle. Escúchelo

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Verifique los conocimientos que ya tiene su hijo sobre la sexualidad

Antes de dar alguna información, verifique los conocimientos que ya tiene su hijo sobre la sexualidad. Establezca y mantenga una comunicación estrecha con su hijo. Trate de propiciar un ambiente familiar armónico. Si existen conflictos con su pareja, explíquelos al niño con claridad y honestidad. No deje de educar a sus hijos conciente y abiertamente en la sexualidad, ni de transmitirles valores y límites. Observe con atención a su niño para decidir cuándo y cómo hablar con él sobre los diversos asuntos relacionados con la sexualidad. Si el niño no plantea el tema, inicie usted la conversación. Piense si las sugerencias respecto a las edades para conversar con su niño que ofrece este capítulo son adecuadas para usted. No deje de relacionar el sexo con el amor, el compromiso y la responsabilidad. Ayude a su hija o hijo a tener una autoestima alta que le permita decir “no”. Nunca culpe a un niño si ha sufrido un abuso. Denuncie el abuso. Apoye al niño, atiéndalo y consuélelo. Si esto ocurre, busque ayuda profesional para su hijo o hija y para usted.

Si existen conflictos con su pareja, explíquelos al niño con claridad y honestidad

Ayude a su hija o hijo, a tener una autoestima alta que le permita decir “no”

Denuncie el abuso. Apoye al niño, atiéndalo y consuélelo

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Guía de Padres

V. La disciplina. Una expresión del amor

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
La disciplina es indispensable para lograr algo en la vida y para ejercer la autonomía. ¿Para qué utiliza usted la disciplina en su familia? ¿Cómo aplica la disciplina a su hijo? Cuando usted era niño, ¿alguna vez fue golpeado o castigado? ¿Cree que eso le sirvió para aprender a comportarse mejor y ser más responsable? ¿Por qué?

La palabra disciplina viene de discípulo, el que aprende de un maestro El objetivo fundamental de la disciplina es el aprendizaje. En la familia, la disciplina es una manera de enseñar de los padres y una forma de aprender del niño las conductas más productivas y satisfactorias para él y para las personas con las que convive. La disciplina es una expresión de amor a los hijos y una responsabilidad fundamental de los padres Desde la infancia hasta la adolescencia, los niños requieren nuestro ejemplo y disciplina para orientarse en su camino hacia la autonomía. Mientras el niño no cuente con un criterio suficientemente desarrollado, nos corresponde a los padres ejercer la autoridad y llevarlo de la mano hasta que él llegue a ser su propio conductor. Aunque nos sorprenda, los niños necesitan y valoran la disciplina Los niños identifican la disciplina con el amor y la atención, pues reconocen que los padres tenemos más conocimientos y experiencia que ellos. Esperan que los guiemos, les fijemos límites, les digamos con claridad y respeto lo que consideramos adecuado y tomemos la responsabilidad de hacer cumplir las reglas para que ellos se sientan protegidos y seguros. Desde luego que, en ocasiones, los niños se oponen a nuestra autoridad, protestan, desobedecen y se rebelan para ponernos a prueba, para asegurarse de que somos fuertes y nos hacemos cargo de su cuidado. Cuando no encuentran límites, se vuelven cada vez más desafiantes para experimentar hasta dónde les permitimos llegar. Los padres podemos hacer mucho daño a nuestro hijo si renunciamos a ejercer la autoridad Si dejamos que el niño haga lo que quiera, ¿cómo aprenderá a fijarse metas y cumplirlas? ¿Cómo sabrá relacionarse con otras personas? Si permitimos que nuestro hijo nos falte al respeto y nos menosprecie, ¿en quién se va a apoyar para obtener seguridad y guía? Si el niño es incapaz de ver el peligro o la inconveniencia de algunas acciones, los padres tenemos la obligación de cuidar su salud y seguridad, y de enseñarle a tomar decisiones de manera razonada y serena. Pero una cosa es ejercer la autoridad, y otra muy distinta castigar o maltratar al niño El castigo tiene grandes desventajas, es uno de los peores métodos para disciplinar. El castigo emocional, como insultar al niño, gritarle, burlarnos de él, hablar de sus

Los padres podemos hacer mucho daño a nuestro hijo si renunciamos a ejercer la autoridad

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limitaciones con otras personas o amenazarlo, puede limitar la capacidad de usar su inteligencia y dañar su autoestima. Humillar al niño es un acto devastador, es una práctica que lo devalúa y lo hace sentir incapaz, avergonzado consigo mismo y tan inseguro que no podrá cambiar el comportamiento que tratamos de corregir. Otros castigos como prohibirle escuchar música, jugar con sus amigos o practicar su deporte favorito para quitarle lo que más le gusta hacer, no suelen tener relación con su falta y lo privan de esas actividades personales y recreativas que tanta falta le hacen para crecer. Los castigos severos le producen frustración, resentimiento, deseos de venganza, miedo, resistencia a colaborar; hacen que nuestro hijo nos pierda el afecto y el respeto, lo llevan a esconderse, a mentir y lo alejan de nosotros. El castigo físico como pegar, zarandear o pellizcar, es un gran abuso. Nunca hay razón para maltratar a golpes a un hijo Ninguna situación justifica el maltrato. Los golpes, igual que la humillación, pueden impedir momentáneamente un comportamiento, pero no hacen que el niño entienda las razones y la conveniencia de cumplir las reglas, así que en cuanto desaparece la vigilancia, vuelve hacer lo mismo. El niño en realidad no aprende a decidir con autonomía sino sólo a evitar el castigo; se siente tan herido y enojado que no puede pensar en lo inconveniente de sus acciones. Para un niño, el castigo físico significa que no lo amamos, que nos aprovechamos de nuestra fuerza y nuestra posición, y que la violencia sirve para resolver problemas. Una de las formas más agresivas de castigar al niño es retirarle el afecto Decir a nuestro hijo: “Eres un desastre, más valía que no hubieras nacido” “No quiero verte” “Ya no te soporto” es una manera cruel o irreflexiva de castigar que no funciona para educar al niño, pues él no la relaciona con su conducta sino con el desamor y el abandono.

situaciones concretas, de preservar su seguridad, darle confianza, formar su criterio y orientarlo para que actúe sin afectar a otras personas. Por eso la disciplina requiere respeto, confianza y afecto. Quizá pensemos que esta manera de ver la disciplina no es realista y que supone un ambiente familiar ideal en el que todo el tiempo se vive el amor, el equilibrio y la sensatez Por supuesto que no es así. Todos los padres perdemos el control y reaccionamos impulsivamente de vez en cuando. Quizá aprendimos a actuar de manera agresiva siendo niños, porque nosotros mismos recibimos golpes y castigos. Necesitamos reconocerlo y ser concientes del daño y el dolor que eso nos causó, para no repetirlo con nuestros hijos. Si llegamos a gritar o a darle una nalgada a nuestro niño, tenemos la posibilidad de aceptar el hecho, pedir perdón y hacer lo posible por remediarlo. Las disculpas tienen un efecto educativo cuando los golpes o gritos no se repiten con frecuencia. Lo que importa es que los padres realmente tengamos la intención y hagamos el esfuerzo por cambiar las prácticas irrespetuosas y controlar nuestras tendencias violentas. ¿Cómo encontrar una disciplina que eduque a nuestro hijo y le exprese nuestro amor al mismo tiempo? Uno de los métodos con el que muchos padres han obtenido resultados positivos es la aplicación de consecuencias naturales y lógicas. Cuando propiciamos que el niño viva el efecto de su comportamiento, estamos aplicando una consecuencia. Los niños a quienes se enseña a asumir el resultado de sus acciones aprenden a hacerse responsables, a tomar decisiones y a ajustar su conducta a lo que ellos mismos consideran justo y positivo.

Humillar al niño es un acto devastador: no lo hagamos El cariño de los padres debe ser incondicional. El niño necesita sentirse querido a pesar de sus errores o sus faltas Esto no significa dejarlo hacer lo que se le antoje, se trata de corregirlo con cariño, de encontrar maneras positivas de enseñarle a ser responsable. El niño debe saber que lo disciplinamos precisamente porque lo amamos. La disciplina debe tener como meta que el niño aprenda a ponerse límites a sí mismo, a tomar decisiones y a marcarse metas Los límites y las reglas que marcamos a nuestro nuestro hijo tienen la función de educarlo, de mostrarle cómo vivimos los valores en las

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Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Trate de definir los valores en los que se apoya la disciplina que usted decidió aplicar en su familia. Especifique claramente qué se puede hacer y qué no dentro del ámbito familiar. Revise si las reglas que aplica en casa son justas y razonables. No renuncie en ningún momento a su autoridad y a su responsabilidad como padre. En ninguna situación utilice la violencia, pues el niño también la usará para resolver sus problemas. Trate a su hijo con cariño y respeto para que colabore con usted por amor y convencimiento, y no por miedo. Exprese sus sentimientos con energía pero sin agredir a su hijo. Cuando se enoje, dígalo con claridad y dese un tiempo para tranquilizarse. Procure aplicar la disciplina cuando esté sereno. Acepte sus errores y pida disculpas cuando sea necesario. Su hijo se sentirá reconfortado si usted trata en verdad de no repetir conductas violentas o irrespetuosas. No le diga: “Lo hice por tu bien”. Procure ser coherente con lo que usted hace y lo que le pide a su hijo que haga. Nunca imponga un castigo severo que haga sufrir a su niño ni le prohíba las actividades que más le gustan, pues las necesita para crecer y desarrollarse. Evite ofender, humillar y mucho menos golpear a su niño. Trate de imaginar los sentimientos y pensamientos de su hijo ante un castigo, un golpe o un insulto. No enseñe a su hijo con el ejemplo que la violencia y la fuerza son recursos para resolver los problemas. Haga que su niño se sienta querido a pesar de sus fallas.

Revise si las reglas que aplica son justas

No renuncie a su autoridad ni a su responsabilidad

No utilice nunca la violencia

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Guía de Padres

VI. Consecuencias naturales y consecuencias lógicas
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Anote ocho reglas que su hijo debe seguir. ¿Cuáles son importantes y no admiten discusión? ¿Cuáles se pueden negociar? ¿Qué sucede cuando su hijo no cumple las reglas establecidas?

¿Qué son las consecuencias naturales? Aplicar consecuencias naturales es dejar que el niño observe y viva las consecuencias de sus actos, que experimente la “realidad”. Los padres no tenemos que intervenir, sólo dejar que sucedan las cosas. Cuando las consecuencias de sus acciones son agradables, el niño tiende a repetirlas, y cuando son desagradables, es probable que las evite. Por supuesto, se necesita prudencia y sentido común al utilizar las consecuencias naturales. Si se permite al niño correr en la calle entre los autos, la consecuencia natural podría ser que lo atropellen. Cuando las consecuencias ponen en peligro al niño, debemos evitarlas a toda costa, pero cuando simplemente son incómodas para él, es bueno hacerse a un lado y dejar que ocurran. Por ejemplo, si el niño no se levanta temprano en la mañana y tarda en arreglarse, los padres podemos darle la opción de estar listo a tiempo o de llegar tarde a la escuela. La consecuencia sería que no lo dejen entrar a clases. O si el niño no come a la hora en que se sirve la comida, tendrá que esperar a la cena. El hambre sería la consecuencia. En algunas ocasiones no son suficientes las consecuencias naturales, porque no afectan directamente al niño sino a otras personas. Entonces tenemos que crear consecuencias lógicas Si el efecto de la conducta del niño no resulta incómoda para él, pero sí daña a alguien más, tenemos que buscar otras consecuencias para aplicarlas a su comportamiento. Esas consecuencias tienen que ser lógicas, es decir, tienen que estar directamente relacionadas con lo que él hizo. La razón que justifica aplicar consecuencias lógicas es que nuestro hijo comprenda cómo afectan sus acciones a los demás y que reflexione sobre la necesidad de cambiar su comportamiento. Las consecuencias lógicas tienen que ser positivas, es decir, tienen que ayudar al niño a hacer algo útil para solucionar el problema que causó. Si entró a la casa con los zapatos enlodados, la consecuencia lógica será limpiar el piso; si usó el vestido de su hermana y lo ensució, tendrá que lavarlo o prestarle un vestido suyo. Si estamos en desacuerdo con nuestra pareja, no lo expresemos frente al niño pues lo confunde Existen algunas condiciones para aplicar las consecuencias lógicas -En primer lugar, es indispensable una relación de amor y comprensión con nuestro hijo. Antes de aplicarlas tenemos que hacer un esfuerzo para establecer un ambiente de respeto y afecto. -Si compartimos la educación de nuestro hijo con nuestra pareja o con otra persona tenemos que llegar a un acuerdo respecto a la manera de aplicar las consecuencias. La oposición entre los padres o las figuras de autoridad confunde al niño, lo desorienta respecto a lo que es adecuado o no y le impide hacerse responsable de sus acciones. -Es fundamental elegir una consecuencia que tenga relación y corresponda a la magnitud de lo que hizo el niño.

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Si tomó las herramientas de la familia sin La consecuencia no debe causar un dolor excesivo en el niño permiso y las dejó fuera de su lugar, va a tener que ordenarlas y guardarlas, en lugar de ver televisión. Pero no es razonable que se quede sin televisión toda la semana. -Tener cuidado de que la consecuencia no cause un dolor excesivo en el niño. No debemos privar al niño de algo que sea muy importante para él. Si ha estado preparando la posada de la escuela con sus compañeros, tendremos que buscar una consecuencia diferente que prohibirle asistir. Un castigo tan severo puede hacer que se sienta maltratado y resentido. -No gastar la energía y la autoridad en asuntos que no valen la pena, pues no tendremos la fuerza suficiente para lo fundamental. Sólo debemos confrontar al niño cuando se den cuestiones importantes, y con reglas justas y razonables que él pueda comprender y cumplir. Si las normas se aplican en pequeñeces y de manera rígida, es más fácil que se rebele y pierda el respeto a nuestra autoridad. En las cuestiones que se puedan negociar, los padres hemos podemos revisar más tarde la regla, considerar si han cambiado de dar orientación y permitir a nuestro hijo participar en la las circunstancias o la madurez del niño, y entonces ponernos toma de decisiones: “¿Qué crees que debemos hacer para de acuerdo con él para modificarla. resolver este problema?” “¿Cómo podríamos ponernos de -Explicar las razones por las que su conducta lleva a las acuerdo en esta situación?” consecuencias que estamos aplicando. Debemos hacer ver -La serenidad es la clave para aplicar las consecuencias. Es claramente al niño cómo alguien más ha sido afectado por conveniente combinar la firmeza y el cariño; expresar con el lo que él hizo. tono de voz nuestra buena voluntad y nuestros deseos de -Propiciar un acuerdo entre el niño y los que han sido que nuestro hijo aprenda lo que es mejor para él, pero perjudicados por él. también demostrar firmeza para que cumpla las reglas y Cuando el niño logre entender el punto de vista de los demás, compromisos establecidos. sentirá deseos de remediar el daño por su propia voluntad. -Hablar poco y claro. Los sermones o discursos hacen que el “Perdiste la pluma de tu hermano. ¿Qué puedes hacer para niño se “desconecte” y deje de escuchar. Simplemente que vuelva a tener sus útiles completos?” expliquemos: “Yo necesito silencio para trabajar, puedes estar -No juzgar al niño sino describir la acción. En vez de calificarlo: callado o jugar en otro lugar”. “¡Eres un descuidado! Si no tuvieras la cabeza pegada, ya la -Dejar al niño decidir es fundamental en la aplicación de habrías perdido”, podemos decirle simplemente: “Perdiste tu consecuencias lógicas. Es recomendable permitir que el niño libro, ¿cómo vas a estudiar y hacer tu tarea?” elija entre varias posibilidades. Nosotros proponemos las opciones, el niño escoge libremente y nosotros aceptamos Una vez definida la regla no discutamos, ni nos dejemos convencer su decisión: “Reprobaste el examen de matemáticas. Mientras te pones al corriente, necesitas estudiar más; puedes tomar media hora del tiempo de televisión todos los días o la mañana del sábado. Tú decide”. “O bañas al perro y le das de comer o se lo tendremos que dar a alguien que sepa cuidarlo”. -Fijar límites y permitir que el niño decida qué hacer respecto a ellos. Tenemos que aceptar que el niño prefiera no respetarlos y asumir las consecuencias. “Cuando hagas tu tarea, puedes ir a casa de tu amigo. No la has hecho, no puedes ir” “A las ocho hay que estar en la cama para que te siga leyendo el libro. No estás acostado, mañana seguiremos la lectura”. -No discutir ni dejarnos convencer. Por más que proteste o ruegue nuestro hijo, una vez que hayamos definido una regla y su consecuencia, tenemos que ser firmes en su cumplimiento. Sólo debemos dejar claro que es el niño quien decidió no respetar la regla. Si los argumentos del niño son razonables,

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No tratemos de encontrar culpables

-Cuando en una situación participa un grupo de niños, no tratemos de encontrar culpables. Es mejor propiciar que entre todos resuelvan el problema y compartan la responsabilidad. “Rompieron las plantas con la pelota, ¿qué van a hacer para arreglarlas?” -Aplicar las consecuencias siempre de la misma manera. Ser constantes y congruentes. Cuando un día estamos atentos a que nuestro hijo viva una consecuencia y al siguiente nos olvidamos, el niño se sentirá desorientado y le costará más trabajo aprender a tomar decisiones. -Aplicarlas cuando acaba de suceder el hecho. De esta manera, el niño tiene oportunidad de obtener un aprendizaje inmediato. Pero también es recomendable buscar el momento adecuado, cuando estemos tranquilos y podamos comprender la naturaleza del problema, para hacer una buena reflexión. -Procurar que el niño aprenda de sus acciones. Equivocarse es un medio excelente para aprender. Si aprovechamos la experiencia, el niño saldrá reconfortado y con la autoestima fortalecida. Una excelente manera de prevenir problemas de disciplina es crear en casa un ambiente agradable en el que haya muchas cosas interesantes que hacer Mientras el niño esté ocupado en lo que le gusta, menos conflictos ocasionará. Los niños aburridos, los que no tienen estímulos atractivos a su alrededor, son los que presentan conductas conflictivas con mayor frecuencia. Conviene planear juegos entretenidos que inviten al niño a investigar y a aprender. Cuanto más podamos organizar el entorno del niño y proponerle actividades divertidas, menos va a retarnos y a rebelarse.

Es conveniente recordar que la aplicación de consecuencias naturales y lógicas, o cualquier otro recurso para disciplinar, sólo da resultado si hemos establecido una relación de respeto y afecto con nuestro hijo La disciplina funciona cuando hemos creado la costumbre de pasar tiempo juntos, de expresar nuestra aceptación, confianza y amor al niño; cuando la utilizamos para educar, no para ejercer el poder; cuando sabemos que el fin último de los padres es desaparecer como autoridades, abrir horizontes a nuestro hijo y dejarlo convertirse en el único dueño de su vida, en un ser humano cariñoso, feliz, satisfecho y útil a los demás.

La aplicación de consecuencias naturales y lógicas sólo da resultado en una relación de respeto y afecto

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Comente las reglas

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Marque a su hijo límites claros y congruentes y defina las consecuencias lógicas en caso de que no sean respetados. Antes de fijar una norma, piense si es razonable. Pero cuando la haya establecido manténgase firme en su cumplimiento. Al fijar una norma, describa exactamente qué acción espera del niño y defina dónde, cómo y cuándo debe cumplirse. Comente las reglas con el niño para que las entienda y comprenda el porqué de cada una. Asegúrese de que su hijo comprendió la regla. Pídale que él la explique con sus palabras. Ayude a su hijo a distinguir entre las reglas importantes que debe cumplir y las cuestiones en las que puede decidir.

Asegúrese de que su hijo comprendió la regla Negocie los límites y modifíquelos de acuerdo con la edad y la madurez de su hijo. Escriba las normas junto con el niño y póngalas en un lugar visible. Ejerza la disciplina de manera constante y congruente. No puede permitir un día un comportamiento y al día siguiente prohibirlo. Ayude a su hijo a relacionar sus actos con las consecuencias que éstos provocan. No lo sobreproteja. Permítale afrontar las consecuencias y aprender de su propia experiencia. Sea prudente al dejar que el niño experimente las consecuencias naturales. Juegue con él a: “¿Qué pasaría si…? Inventen posibles efectos de ciertas acciones imaginarias. Escriba las normas junto con el niño Aproveche cada situación para convertirla en una experiencia educativa. Aplique consecuencias que ayuden a su hijo a hacer algo útil para arreglar el problema. No aplique consecuencias que no tengan que ver con la acción del niño. No incurra en la severidad. No provoque un dolor excesivo en el niño cuando aplique consecuencias lógicas. Establezca en casa un ambiente ordenado y agradable en el que haya estímulos interesantes y cosas divertidas que hacer. Mantenga con su hijo una relación respetuosa, cercana y cariñosa.

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Guía de Padres

VII. Mentir y robar

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
La honradez y la verdad son valores que el niño aprende de sus padres. Vivirlos en las experiencias concretas de la vida familiar es un aprendizaje invaluable para él. ¿Qué piensa usted de las mentiras? ¿Cree que se justifican en alguna ocasión? ¿Por qué? ¿La honestidad es un valor importante en su familia? ¿Alguna vez ha tomado usted algo que no le corresponde?

Descubrir a nuestro hijo mintiendo o robando es algo que suele causarnos preocupación Si reaccionamos en forma violenta y exagerada complicamos la situación y no ayudamos al niño a corregirse. En cambio, puede sernos útil retomar los conceptos de la autoestima, la disciplina, la autonomía y los valores para comprender el significado de estos comportamientos y manejar mejor la situación. MENTIR La sinceridad es un valor y por lo tanto necesita expresarse claramente en las acciones cotidianas de la vida familiar En la edad escolar, el niño ya es capaz de comprender lo que significa la verdad en las relaciones entre las personas. Es recomendable aprovechar las oportunidades de la convivencia para manifestar qué tanto apreciamos este valor. Los juegos propuestos en el capítulo III Los padres y los valores podrían servirnos en este caso. Hay muchas razones por las que un niño puede mentir En la edad escolar las mentiras más frecuentes son las que dice el niño para protegerse, para cubrir algo que hizo mal, para resolver sus problemas, evitar un castigo, obtener un beneficio o para no tener que hacer algo que les disgusta. También mienten para llamar la atención. Inventan historias y las cuentan con emoción para tenernos pendientes de sus palabras: “...Y entonces me subí hasta lo más alto del árbol y vi cómo un gato enorme se disponía a devorar a unos pajaritos recién nacidos. Yo luché con él y los salvé. Luego uno de ellos se cayó del Si le gusta engañar a otros para divertirse, hay que explicarle nido, pero yo lo atrapé con una sola mano...”. por qué conviene decir la verdad A un niño que acostumbra exagerar sería adecuado recomendarle escribir sus historias, pero también distinguir entre lo que en realidad pasó y lo que él agregó. Si le gusta engañar a otros para divertirse, hay que explicarle por qué conviene decir la verdad, es decir, deberá saber que ser sincero hace que los demás confíen en nosotros. En los primeros años de primaria todavía es apropiado el cuento del pastorcito que acostumbraba gritar para divertirse: “¡Ahí viene el lobo. Se va a comer a mis ovejas!” y que de tanto mentir, el día que el lobo realmente apareció, nadie le creyó. A los niños les gusta esa historia. Una de las razones por las que el niño miente es que escucha a sus padres decir mentiras Nuestra actitud ante la verdad es muy importante. A veces, los adultos mentimos

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por comodidad o para no quedar mal. Pedir al niño que mienta por nosotros: “Dile que estoy enfermo, que no puedo ir”, lo desconcierta, y compromete su formación ética. ¿Cómo va a defender la verdad, si es cómplice de nuestras mentiras? Otras veces mentimos para no herir los sentimientos de los demás. Si la tía nos da un regalo que nos desagrada y le decimos: “Está precioso, muchas gracias. Lo voy a poner en medio de la sala para que luzca”, el niño sabría que no estamos diciendo la verdad, y eso nos coloca en una situación difícil, aun cuando se trate de mentiras piadosas. Es mejor intentar otro tipo de respuestas: “Qué amable eres por traernos un regalo. Agradezco mucho tu generosidad”.

Cuando mentimos para no herir los sentimientos de los demás cofundimos a nuestro hijo

Existen situaciones delicadas en las que decir la verdad puede causar daño o dolor a alguna persona En esos casos, tendremos que ayudar a nuestro hijo a analizar con detenimiento la situación y a revisar el orden de importancia de sus valores para tomar la decisión. Si el niño vio a su amigo copiar en un examen del que depende que pase el año, y la maestra, sorprendida por los buenos resultados, le pregunta si él sabe si hizo trampa, el niño tendrá que valorar las consecuencias para su amigo, la lealtad que le debe y la honestidad con su maestra. Al reflexionar sobre estos casos complicados va formando su criterio y se va acercando a la plena autonomía. Cuando el niño reconoce una falta o acepta una mentira es porque espera nuestra confianza y comprensión Si el niño nos dice: “Ya me entregaron calificaciones en la escuela, pero las escondí porque reprobé español”, debemos apreciar el valor de su honestidad y ayudarlo a buscar la solución al problema: “Qué bueno que te atreves a admitirlo,

¿por qué crees que te fue mal? ¿Qué piensas hacer? ¿En qué puedo ayudarte?” Si se siente apoyado por nosotros es probable que siga siendo sincero y admita sus errores para que le ayudemos a corregirlos. Debemos ser muy cuidadosos para no acusar al niño de algo que no sabemos si hizo o no Sospechar y desconfiar de nuestro hijo, acorralarlo para que nos diga la verdad sin darle oportunidad de expresarse, o amenazarlo y castigarlo sin estar seguros, es algo que el niño vive como una gran injusticia. Si nos equivocamos en nuestra acusación, tenemos que admitirlo ante el niño y pedirle una disculpa. Si el niño miente con frecuencia y se aleja de la realidad, es importante analizar las causas de su conducta Tenemos que comprender cuáles son los motivos que lo llevan a mentir y qué sentido tiene para él esconder la verdad. Quizá estamos presionándolo en exceso o le estamos pidiendo resultados demasiado altos en la escuela o en las obligaciones en casa. Si es así, debemos eliminar las exigencias, dejar de corregirlo en cosas sin importancia y animarlo a que exprese sus sentimientos. Si el niño continúa mintiendo en forma constante o en asuntos serios, conviene buscar apoyo profesional. ROBAR Existen recursos que los padres podemos utilizar para prevenir que nuestro hijo llegue a robar Es normal que un niño pequeño tome algo que le llame la atención, porque no tiene un sentido de la propiedad bien desarrollado, pero en la etapa escolar, el niño ya sabe que tomar lo que no es suyo es una conducta inapropiada. Los padres tenemos la responsabilidad de enseñar a nuestro hijo las maneras adecuadas para conseguir lo que queremos.

Sin escandalizarnos ni asustar al niño debemos actuar con firmeza

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Es importante darle explicaciones claras y tranquilas

Si cree que algún hermano o hermana tiene más atención, privilegios o regalos que él, o no se siente suficientemente querido, va a tratar de compensar su tristeza y su enojo con el objeto robado. Si aún no ha desarrollado suficiente claridad en sus valores y su autoestima es baja, puede robar por sentirse en desventaja respecto a sus amigos, o bien, ceder a la presión del grupo de compañeros para ser aceptado y demostrar su valentía. Entender los motivos por los que el niño ha robado nos ayuda a reaccionar con tranquilidad y a aprovechar la experiencia para su aprendizaje No podemos dejar pasar el hecho. En cuanto nos demos cuenta del robo es indispensable actuar de inmediato. Sin escandalizarnos ni asustar al niño con una reacción exagerada como decirle que es un ladrón o un criminal que va a terminar en la cárcel, debemos actuar con firmeza, dejar claro que no podemos aceptar lo que sucedió, describir su comportamiento y llamarlo por su nombre. Él sabe que tomar lo que no es suyo es robar. Debemos aplicar consecuencias y ayudar al niño a poner remedio a lo que hizo Es recomendable hacer sentir al niño que queremos apoyarlo, preguntarle cuál es su propuesta para solucionar el asunto y dejar que él se haga responsable. Aun cuando sea penoso, tendrá que devolver personalmente el objeto a su dueño y pedir disculpas. Esto es indispensable. Seamos consistentes cada vez que esto suceda, y cuando el problema ha sido resuelto, no volvamos a hablar del tema. En general, el niño deja de robar si los padres actuamos adecuadamente, pero cuando el problema continúa es necesario preguntarnos qué está expresando su conducta Quizá nuestro hijo esté tratando de conseguir algo que él siente que le hace falta. Lo más probable es que sea cariño o aprobación. En lugar de enojarnos con él y hacerlo sentir mal, hay que darle lo que necesita. El amor de sus padres es algo fundamental para el niño; no debe dudar de él, haga lo que haga. Si su conducta no se corrige podemos pedir el apoyo de un especialista; él podrá ayudarnos a encontrar las razones por las que el niño roba y aplicará un tratamiento si es necesario.

Es importante darle explicaciones claras y tranquilas de por qué debemos respetar las cosas de los demás: “Si te quedas con el libro de la biblioteca, vas a privar a otros niños de disfrutarlo, y si eso hicieran todos, tú tampoco tendrías qué leer más adelante”. Conviene aclarar que no es correcto tomar algo que pertenece a otra persona sin su permiso: ”¿Que sentirías si tu hermana tomara tu colección de estampas y las recortara para pegarlas en su cuaderno?” Es necesario establecer reglas sencillas en la familia y enseñar a nuestro hijo a respetar lo que no es suyo, a pedir lo que necesita, a trabajar por lo que desea, a administrar el dinero y a comprender que no siempre es posible tener lo que queremos. La conciencia social del niño toma como modelo la de sus padres Es necesario darle la oportunidad de observar cómo vivimos la honestidad en nuestra vida cotidiana. Si al pagar nos dan cambio equivocado a nuestro favor, podemos explicarle que esa diferencia le causa un perjuicio al vendedor y por eso hay que devolverle lo que no nos corresponde. Si encontramos una cartera en la calle con los datos del dueño, es necesario que sepa que no nos quedaremos con ella, sino que habremos de localizar a la persona que la extravió, para entregársela. El niño en la etapa escolar puede robar por varias causas Si de pequeño no lo corregimos cuando tomaba algo que no era suyo, o si nos ha visto tomar cosas que no nos pertenecen, como traer cosas del trabajo para usarlas en casa, o llevarnos algo del mercado sin pagar, le resultará natural apropiarse de objetos ajenos.

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Corríjalo con serenidad, firmeza y respeto

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Si su hijo dice alguna mentira o toma alguna cosa que no le pertenece, corríjalo con serenidad, firmeza y respeto. Explíquele por qué es conveniente decir la verdad. Es necesario tener la confianza de los demás. Trate de no mentir o decir cosas inexactas. Usted es el modelo de su hijo. Nunca pida a su hijo que mienta por usted. Exprese mediante sus acciones cotidianas los valores de honestidad y sinceridad. Construya en su familia un ambiente de afecto, comprensión, respeto y confianza para que el niño no tenga que protegerse o cubrir lo que hizo mal.

Nunca pida a su hijo que mienta por usted

Aproveche la afición de su hijo a inventar historias, para que exprese su creatividad al escribirlas o dibujarlas, dejando claro cuál es la realidad y qué es lo que él agregó. Nunca insulte a su hijo ni lo califique de mentiroso o ladrón, tampoco utilice amenazas. No acuse al niño si no está seguro de que hizo algo incorrecto. Cuando el niño reconozca una falta o una mentira, exprese su aprecio por su valor y ayúdelo a resolver el problema. Sea sensible a las necesidades de su hijo, anímelo a pedir lo que quiere o a realizar un esfuerzo para obtenerlo. Nunca deje de corregir a su hijo cuando ha tomado algo que no es suyo. Aplique consecuencias lógicas, ayúdelo a devolver lo robado y a pedir disculpas.

Aproveche la afición de su hijo a inventar historias

Cuando el problema ha sido resuelto, no vuelva a hablar del tema. Si el niño miente o roba con frecuencia es importante analizar las causas de su conducta y, si es necesario, consultar a un especialista.

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Guía de Padres

VIII. La televisión y otras pantallas

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
¿Qué lugar ocupa la televisión en su casa, en su vida y en la de sus hijos? Si la televisión se descompusiera en su casa, ¿cómo se sentiría? ¿Qué haría? Atrévase a hacer la prueba de desconectar la televisión durante una semana. ¿Qué hace usted, su pareja y sus hijos en un día normal? Ponga en una tabla similar al ejemplo las actividades que realiza, hora por hora, cada uno de los miembros de su familia. Dese cuenta de cuánto tiempo está encendida la televisión en su hogar.
NOMBRE HORA ACTIVIDAD ¿ESTÁ ENCENDIDA LA TELEVISIÓN? ¿QUÉ PROGRAMA ESTÁ PASANDO?

La televisión es un medio que ha adquirido un papel central en la vida de muchas familias Aunque existen opiniones a favor y en contra de la televisión, nadie niega su enorme influencia. Quizá, más que discutir si es “buena o mala”, nos conviene ponerle límites, concentrarnos en usarla adecuadamente y aprovecharla para educar a nuestros hijos. La televisión es un entretenimiento que exige muy poco La televisión es la diversión más a la mano con la que contamos y es normal que la utilicemos como un refugio de nuestros problemas y una manera de descansar del trabajo del día. Si no somos concientes o carecemos de aficiones interesantes, podemos quedar atrapados en la facilidad de apretar un botón y dejarnos entretener por horas y horas. Mirar así la televisión provoca el mismo fenómeno que la droga: crea adicción; es una conducta repetitiva que se transforma en un hábito muy difícil de eliminar. Determinar las horas en que el televisor está encendido es un asunto de toda la familia Si los padres nos decidimos a controlar nuestro tiempo personal ante los programas televisivos es más fácil que los niños estén dispuestos a limitar el suyo. Para que funcione, una regla debe aplicarse a todos los miembros de la familia. Los niños que pasan demasiado tiempo como espectadores dejan de realizar otras actividades fundamentales para el desarrollo de su cuerpo y de s u inteligencia Para crecer sanos, los niños necesitan una variedad muy amplia y diversa de actividades: jugar, correr, trepar, investigar, leer, escuchar cuentos, dibujar, etcétera. Nuestro hijo se olvidará por un buen rato de la televisión si tiene otras opciones que valgan la pena.

Los niños que pasan demasiado tiempo como espectadores dejan de realizar otras actividades

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Independientemente de lo bueno o malo que sea un programa, el niño se mantiene pasivo ante el televisor Cuando el niño está frente al televisor observa los hechos sin juzgar o analizar lo que sucede ante sus ojos. Las imágenes son tan rápidas que no le dan oportunidad de hacer alguna reflexión. Por eso es necesario ayudar al niño a relacionar la información recibida con sus conocimientos anteriores y propiciar que se detenga a pensar o a hacerse preguntas cuando termina la transmisión.

El niño se mantiene pasivo ante el televisor

Bien utilizada, la televisión puede ser un valioso medio educativo La televisión puede dar al niño la posibilidad de ampliar sus conocimientos, mostrarle situaciones a las que de otro modo no tendría acceso; le permite gozar con imágenes del mundo que sólo unos cuantos han tenido el privilegio de contemplar directamente. Éste es un valor que hay que aprovechar. Pero hacer de la televisión una experiencia positiva y estimulante requiere de un verdadero compromiso de los adultos. Para educar al niño como espectador conciente y crítico, es necesario que los padres también nos eduquemos Conviene revisar nuestras costumbres respecto a los medios de comunicación. ¿Qué clase de programas vemos? ¿Son divertidos e interesantes? ¿Nos benefician y nos dejan algo positivo? ¿Qué mensajes estamos recibiendo? ¿Queremos esos valores para nuestra familia? Los padres tenemos la responsabilidad de crear en nosotros y en nuestros hijos una actitud selectiva y crítica. Es recomendable decidir un plan semanal que incluya los programas favoritos de televisión de cada uno Los niños necesitan —aunque no lo sepan y a veces no lo admitan— que los ayudemos a elegir las series que les ofrezcan algo que valga la pena y que los diviertan de una manera inteligente; que al menos una parte del tiempo las veamos con ellos para ayudarles a interpretarlas y que los motivemos a tomar la información que les muestra la pantalla como estímulo para profundizar en lo que más les interese. En las horas que pasan frente al televisor los niños aprenden, mucho más de lo que nos damos cuenta, acerca de la vida y los valores La televisión le descubre al niño, desde muy pequeño, todos los aspectos de la vida adulta: ambición, engaño, dolor, enfermedad, muerte, sin ningún filtro y muchas veces en una versión distorsionada. El grado de madurez emocional de la mayoría de los niños es aún limitado para poder manejar escenas de sexualidad, sufrimiento y violencia. Muchos mensajes que para los adultos son indiferentes, pueden producir en el niño preocupaciones, dudas, miedos o pesadillas.

La televisión puede dar al niño la posibilidad de ampliar sus conocimientos

Aunque nadie ha podido comprobar que la televisión hace violentos a los niños, sí los hace menos sensibles al dolor y la crueldad Los programas supuestamente graciosos refuerzan comportamientos que pueden herir a otras personas. Algunos cómicos critican, menosprecian y ponen en ridículo a los demás, sin ninguna sensibilidad. El niño puede acostumbrarse a este tipo de humor y utilizarlo en su vida sin pensar en las consecuencias. Las series de acción acostumbran al niño a ver que los problemas se resuelven con golpes o balazos. Así, la violencia le resulta cada vez más normal y cotidiana. Al ir perdiendo sensibilidad, necesitará de estímulos más fuertes para emocionarse.

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Bien utilizada la televisión puede convertirse en un medio de unión

Utilizada así, la televisión puede convertirse en un medio de unión, entendimiento y comunicación en la familia. Otros medios electrónicos Con los juegos de video sucede algo similar a la televisión: no es que sean buenos o malos por sí mismos, sino que su uso puede ser apropiado o inadecuado. La mayoría de los juegos suelen desarrollar ciertas habilidades. Para jugar, el niño tiene que controlar con precisión los movimientos de las manos, seguir instrucciones cuidadosamente, observar con atención, generar estrategias para solucionar los problemas que se van presentando y controlar la tensión que provoca la rapidez con que aparecen los obstáculos. Sin embargo, cuando estos juegos se usan en exceso, estas destrezas se van haciendo mecánicas y el niño pierde oportunidades de medirse en otros retos y de relacionarse con otros niños. En su uso moderado y racional está la oportunidad de aprovechar sus beneficios. La computadora y el Internet suelen considerarse a últimas fechas como la solución a todos los problemas Esto es falso. La computadora es una simple herramienta que facilita algunas tareas, pero el trabajo de pensar, elegir, tomar decisiones, analizar, estructurar, investigar y sintetizar, solamente puede hacerlo la persona que la usa. La computadora podría ser un apoyo para el niño, pero no es imprescindible. Existen muchas otras maneras de obtener información y de explorar el mundo. Lo importante es apoyar a nuestro hijo para que se beneficie con todos los recursos que estén a su alcance.

Es imposible proteger a nuestro hijo de las impresiones y mensajes que recibe mediante la televisión, pero sí depende de nosotros cómo use este medio Nuestra responsabilidad es enseñar al niño a ver críticamente la televisión, comentar los programas con él y estimularlo para que use su propio criterio. Podemos ayudarlo a percibir, analizar, rechazar, aceptar y aprovechar la información que recibe. La televisión tiene un enorme potencial educativo y social para promover valores La televisión puede ser un estímulo para cuestionar las creencias y los prejuicios de nuestro grupo social; para conocer otros modelos de convivencia u otros enfoques de la realidad; para promover la tolerancia y el respeto a las diferencias. En un ambiente de juego podemos organizar discusiones con nuestro hijo relacionadas con la manera de actuar de los personajes: “¿Crees que su actuación corresponde a lo que sucede en vida real?” “¿Conoces a alguien que se comporte de esa manera?” “¿Estás de acuerdo con la decisión que tomó el personaje?” “¿Qué hubieras hecho en su lugar?” “¿Cómo crees que se sintió cuando sucedió eso?” “¿Qué otra solución podrías encontrar?” “¿No podría la muchacha buena de la telenovela encargarse ella misma de su vida en vez de depender de otros?” “¿Qué hubiera pasado si…?” “¿Cómo se sentirá el héroe después de matar y golpear a sus enemigos?” “¿Será la mejor manera de resolver los conflictos?” “¿Cómo imaginas que se siente alguien que es agredido?” En la etapa escolar, a los niños todavía les interesa lo que pensamos sus padres. Es una gran responsabilidad reflexionar con cuidado lo que decimos, tratar de fundamentar nuestras ideas, aclarar nuestros valores, y además expresarlos de tal manera que no resulten una imposición sino otro punto de vista en la conversación.

La computadora es una de las muchas herramientas para obtener información

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Si usted ve mucha televisión, recuerde que su hijo va a seguir el ejemplo

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Revise sus hábitos para ver televisión. Usted es el ejemplo que su hijo va a seguir. Establezca, junto con su hijo, un horario para ver la televisión. Ayúdelo a decidir cuáles son los programas que en verdad le interesan y cuáles son apropiados para él. Cuide que la televisión no le impida realizar otras actividades. No use la televisión como niñera de sus hijos. Invente y proponga otras actividades como pasear, pintar, leer libros, organizar juegos o lo que se le ocurra. Examine con atención los modelos y los valores que proponen los programas que ve su niño. Compárelos con los que usted quiere transmitirle. Vea con su hijo algunos programas de televisión. Coméntenlos y analícenlos en un ambiente informal. Así su hijo aprenderá a hacer juicios sobre lo que tiene calidad y lo que no, lo que es correcto e incorrecto, lo que es fantasía y realidad. Reflexione con cuidado lo que dice a su hijo, trate de fundamentar sus ideas y aclarar sus valores. Deje que él llegue a sus propias conclusiones. Evite que su niño vea programas para los que no está maduro. Los contenidos de violencia, sexo, dolor o muerte pueden producirle trastornos emocionales como miedo o angustia. Sensibilice a su niño respecto a los efectos de la violencia tanto en su vida cotidiana como en lo que sucede en el mundo. Complemente los datos que da la televisión con lecturas, pláticas, experimentos, etcétera. Procure exponer a su hijo a emisiones de calidad. Si están a su alcance, aproveche la computadora, el Internet y los juegos de video para que su hijo desarrolle diversas habilidades, pero limite el tiempo de uso.

Establezca un horario para ver la televisión

Esté atento a que la televisión no le impida realizar otras actividades

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Guía de Padres

IX. Juego y creatividad

EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Jugar es una actividad necesaria a cualquier edad para disfrutar de una vida plena y satisfactoria. ¿Qué es el juego para usted? ¿Qué tan frecuentemente juega usted con otros adultos? ¿Y con su hijo? ¿Qué tipo de juegos? ¿Los disfruta? ¿Ha observado el juego de su hijo? ¿A qué juega cuando está solo? ¿Qué juegos comparte con otros niños?
El juego es la ocupación fundamental de un niño Hasta hace poco se creía que jugar era una actividad inútil, un simple entretenimiento para descansar del estudio o de otras actividades más serias y productivas. Hoy se sabe que el juego es indispensable para asegurar el pleno crecimiento y desarrollo del niño. El niño juega por una necesidad interna que pone en movimiento todas sus capacidades, por un impulso natural de explorar, descubrir y crear. El juego ofrece al niño un sentimiento de libertad y de dominio que lo ayuda a construir su personalidad y a fortalecer su autoestima El juego es una actividad libre, espontánea y flexible en la que el niño asume el control, decide las reglas y puede cambiarlas en cualquier momento. El niño se entrega al juego con todo su ser, con todas sus capacidades y conocimientos, con toda su concentración y su energía. En el juego expresa sus ideas, deseos, sentimientos, miedos, afectos y fantasías, y obtiene satisfacciones que ninguna otra actividad le puede dar. El juego nutre la vida del niño, le es vital para aprender a manejar su cuerpo, a relacionarse y colaborar con otros, a conocer el mundo, a crear y construir, a imaginar y razonar. Las diferentes clases de juego favorecen cada uno de los aspectos de su desarrollo. EL JUEGO PARA CONOCER Cuando entra a la escuela primaria, el niño no está listo para renunciar al juego ni a los juguetes. El juego sigue siendo una manera de vivir y de aprender muy importante para él. Suele disfrutar todavía sus juguetes de cuando era más pequeño, aunque los maneja en una forma más compleja y usando más el pensamiento. No vale la pena tener prisa para que los deje, nunca hay que decirle: “Eres demasiado grande Cuando entra a la escuela primaria, el niño sigue disfrutando para...”. los juegos y los juguetes En los primeros años de la etapa escolar, su capacidad de lenguaje aún no está suficientemente desarrollada para aprender exclusivamente con palabras. Sólo cuando éstas se relacionan con algo concreto y físico tienen un significado claro para él. Los objetos todavía le son indispensables para aprender. El niño necesita una gran cantidad de experiencias de juego en las que use las manos, los ojos y los oídos, como la base para desarrollar su pensamiento. A medida que crece, el niño logra un avance fundamental: organiza y ordena en su mente los hechos y los objetos A partir de los ocho o nueve años, empieza a apartarse de los juguetes y a jugar con ideas, a dejar la fantasía infantil para explorar el campo de la lógica.

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Al acercarse a la adolescencia, su pensamiento se hace más complejo y su juego se vuelve más intelectual. Le encantan los juegos en los que utiliza la memoria, la inteligencia y la planeación; los juegos de mesa como las damas y damas chinas, el dominó y los submarinos, así como los juegos con palabras como crucigramas, adivinanzas o ahorcados. Requiere cada vez materiales más sofisticados para leer, escribir, construir, investigar o realizar experimentos. Mientras más variadas sean sus aficiones, más ocupado estará, más aprenderá y más activa será su inteligencia. EL JUEGO PARA EJERCITAR EL CUERPO El juego ofrece al niño la oportunidad de utilizar su cuerpo y de probar sus destrezas físicas. El capítulo XIV Juegos y deportes, en el apartado Aprender a conocer y a hacer, trata este tema. EL JUEGO PARA IMAGINAR El juego imaginativo del niño está en su máximo esplendor entre los seis y nueve años. Tanto a niñas como a niños les divierte recrear situaciones familiares. Se disfrazan y actúan como vaqueros, bailarinas, policías, detectives, piratas, novias, enfermeras, bomberos, astronautas o domadores. Su juego tiene un tema, un argumento y sigue una secuencia ordenada. A partir de los nueve años, el niño utiliza la actuación para explorar los papeles de la vida adulta. Es una etapa en que los niños disfrutan hacer dramatizaciones; podrían también construir el teatro, pintar los decorados y colgar cortinas del techo para cerrar y abrir el escenario. Les encanta danzar, cantar y representar papeles adultos. Organizan funciones para su familia y sus amigos. Ahora necesitan un público para exhibir las obras que escriben, preparan y ensayan; buscan comunicar y expresar, pero también les interesa ser aprobados y aplaudidos. Es una buena idea guardar la ropa que ya no usan nuestros familiares, sombreros, trapos, toallas o sábanas viejas para transformarlas en capas y túnicas; estambre para confeccionar pelucas y barbas; calcetines, diademas y listones, y poner todo en una caja que esté disponible para ellos. Si es posible, podemos colocar un espejo grande en la pared o en la puerta, de tal manera que puedan examinar sus creaciones. EL JUEGO PARA CREAR El juego es la actividad creativa por excelencia. Al jugar, el niño experimenta, prueba e inventa. Por medio del juego, desarrolla un estilo de pensamiento libre y flexible por el que busca entender y hacer las cosas de un modo original. Los niños son creativos por naturaleza; sin embargo, su creatividad puede perderse Cuando los niños son pequeños, su manera de ver el mundo es fresca y espontánea, crean fantasías y se expresan con entera libertad, pero si no cuidamos y apreciamos su creatividad, al llegar a los últimos años de primaria, algunos niños abandonan el entusiasmo de inventar y lo convierten en un deseo de quedar bien con sus padres, sus maestros o sus amigos.

Les encanta danzar, cantar y representar papeles adultos

El juego es la actividad creativa por excelencia

Esto puede suceder si corregimos frecuentemente a nuestro hijo, si le impedimos actuar o descalificamos sus ideas. El mensaje implícito en estas acciones es: “No pienses por ti mismo. No eres capaz. Mejor haz lo que yo hago y di lo que yo digo”. El resultado será que, al acercarse a nuevos proyectos, normalmente lo hará con temor o con dudas y nos preguntará: “¿Cuál es la manera de hacer esto?” “¿Cómo quieres que lo haga?” “¿Está bien así?” Esta pérdida puede evitarse: la creatividad se cultiva, se estimula y también se enseña El desarrollo creativo del niño requiere libertad y muchos estímulos, amplias oportunidades de juego y todo tipo de materiales para crear e inventar. La pintura es uno de los mejores medios que el niño tiene para crear, comunicar sus ideas y expresar sus emociones. Los materiales que necesita para pintar son, entre otros, papeles, cartones, crayones, lápices de colores, pinturas líquidas, pinceles y brochas.

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Para modelar y construir le sirven cajas vacías, pegamento, tijeras, barro, plastilina

La música, en sus diferentes géneros, es un estímulo que alegra y conmueve al niño; está presente en sus cantos, juegos y en su placer por escuchar y crear sonidos. Para modelar y construir le sirven cajas vacías, pegamento, tijeras, barro, plastilina, trapos, hilos, listones, trozos de madera, cajas de huevo, envases de leche, vasitos de gelatina, botones, ligas, etcétera. Es recomendable poner todos estos materiales al alcance del niño, sin decirle qué hacer con ellos, dejarlo que invente y que realice proyectos a su manera. Muchas actividades que llevan al niño a ser creativo requieren de la creatividad y la alegría de los padres Nosotros debemos divertirnos tanto como nuestro hijo, y buscar maneras de inventar y crear. Aquí hay algunos juegos que podemos proponer a nuestro niño: A preguntas serias inventar respuestas disparatadas: -¿Cómo viaja nuestra voz por la línea de teléfono? -¿Cómo vuela un pájaro? -¿A dónde se va el sol durante la noche? -¿Por qué es duro el caparazón de las tortugas? -¿Qué son los sueños? Podríamos tener preparadas algunas respuestas para animar a nuestro hijo a inventar las suyas: “Los sueños son las aventuras que vivimos en la noche cuando nos salimos del cuerpo” o “Aparecen cuando abrimos un libro de la biblioteca que tenemos en la cabeza y empezamos a leer”. Antes de jugar, conviene averiguar algo sobre la respuesta “lógica y científica” pues al final el niño podría preguntarnos: “Ahora, dime la verdad: ¿cómo es que soñamos?” Desde luego, hay que empezar por responder con otra pregunta: “¿Tú qué crees?” -Plantear problemas y buscar soluciones. Es una lluvia de ideas, por lo que, no se vale criticar o juzgar lo que se les ocurra a los participantes.

“Te sacaste la lotería. ¿Qué vas a hacer con el dinero?” “Eres un científico y te han encargado una fórmula secreta. Por un error, bebes un poco y empiezas a crecer. Tratas de salir por la puerta pero ya no cabes, sigues aumentando de tamaño. ¿Qué haces?” “¿Qué harías si te persigue un tigre y la única manera de escapar es cruzar el río lleno de cocodrilos?” -Entrevistar a un personaje imaginario. Dejemos que nuestro hijo escoja ser el personaje o el entrevistador. Si nosotros hacemos las preguntas, tratemos de que sean abiertas, es decir, que no puedan ser contestadas con una sola palabra: “¿En qué consiste tu trabajo?” “¿Cómo lo haces?” “¿Quiénes son tus ayudantes?” “Cuando has estado en grave peligro, ¿cómo has logrado salvarte?” “¿Tienes algún poder extraordinario? Si él es el entrevistador, debemos escoger personajes muy definidos: una cobra que vive en una canasta y baila al ritmo de la música; un perro ovejero; un fotógrafo de bebés recién nacidos; la mesa en que come una familia con doce hijos; el Gato con botas; Caperucita; un astronauta que viaja a Marte cada mes, etcétera. -Podemos inventar muchos otros juegos: Sería divertido diseñar un objeto, inventar adivinanzas, organizar concursos, narrar la historia de una persona que viaja con nosotros en el autobús o se cruza por nuestro camino, contar algo fantástico que nos sucedió el día anterior; las posibilidades son infinitas. EL JUEGO PARA TRABAJAR Y CONSTRUIR Muchas de las actitudes hacia el estudio y el trabajo se definen en la etapa primaria con el juego Algunos de los intereses vocacionales o las aficiones empiezan en la edad escolar. Los niños aún no tienen las habilidades para realizar un trabajo adulto, así que actuarlo en el juego

Algunos de los intereses vocacionales o las aficiones empiezan en la edad escolar

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les aclara la manera de desempeñarlo. Al visitar fábricas, talleres, mercados, una estación de bomberos o una granja, obtienen información con la que después pueden jugar. Los materiales de construcción, como bloques o piezas que se ensamblan, siguen siendo muy apropiados para los niños en los primeros grados de primaria. Sus proyectos siguen siendo muy satisfactorios y se vuelven cada vez más elaborados. La segunda parte de la primaria constituye una fase intermedia entre la infancia y la adolescencia Los niños necesitan acercarse al mundo de los mayores y tienen urgencia de relacionarse con cosas reales, fabricar objetos que sirvan de verdad: el papalote que construyen tiene que volar, la comida que preparan es para comerse, los objetos de adorno deben decorar la sala. Arreglar las plantas, sembrar frijoles o zanahorias, pintar la reja, hacer la compra en el mercado, todo eso que para nosotros es trabajo, para ellos es un juego y una aventura. Estas actividades los preparan en algunos aspectos fundamentales del trabajo del adulto, como resolver problemas complejos, aportar ideas, desarrollar conocimientos y obtener logros. Como ya han desarrollado muchas habilidades, necesitan cada vez menos nuestro apoyo.

Los niños tienen urgencia de relacionarse con cosas reales y fabricar objetos que sirvan

No importa la manera en que esté organizada la vida del niño entre la escuela, la casa y otras obligaciones, siempre es necesario un tiempo para que comparta con otros niños actividades sin ninguna otra finalidad que la diversión. Nuestros hijos tienen que vivir plenamente el juego y la alegría de la niñez para poder convertirse en adultos espontáneos, creativos, ligeros y felices Cuando los padres comprendamos y apreciemos el valor de esta maravillosa, enriquecedora y espontánea actividad que es el juego, daremos a nuestros hijos todas las facilidades y los recursos a nuestro alcance para estimularla.

EL JUEGO PARA RELACIONARSE Y HACER AMIGOS Ningún niño puede disfrutar de una vida social adecuada a menos que haya adquirido la habilidad de jugar con otros niños A los niños de primaria, el grupo les resulta cada vez más significativo y necesario para jugar. Se unen para realizar lo que les interesa, para ser aceptados o simplemente para sentir la seguridad de pertenecer a un grupo. Ya no dependen de los adultos, sino que ellos mismos organizan equipos para emprender juegos en los que utilizan y desarrollan sus habilidades físicas, El grupo les resulta cada vez más significativo y necesario para mentales y sociales, comparten sus fantasías jugar y sus ideas, coordinan sus puntos de vista, se reparten papeles y actividades, colaboran, se ponen de acuerdo en las reglas y aplican sanciones para quien no las respete. Este tipo de juegos es el que va a persistir en la adolescencia y en la edad adulta.

Los juegos de los niños de primaria son una manera de estar con los compañeros y explorar juntos su creciente independencia Si le preguntamos a un niño de once años qué va a hacer en la tarde, nos dirá: “Voy a ver a mis amigos”. La compañía de otros niños es para ellos la actividad, y el juego muchas veces consiste sólo en hablar o no hacer nada. A simple vista podría parecer que están perdiendo el tiempo y, sin embargo, están absortos en algo que es realmente importante:

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No obligue a su niño a cambiar el juego por actividades más serias

Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones
Dele a su hijo diferentes materiales para jugar. Todo sirve para desarrollar su imaginación, su creatividad y su inteligencia. Permita que el niño exprese en el juego sus ideas y sentimientos con toda libertad. No lo interrumpa cuando esté jugando. El juego es lo más importante que hacen los niños para aprender. No obligue a su niño a cambiar el juego por actividades más serias como el estudio. Dé a cada cosa su lugar y su tiempo. Favorezca experiencias de juego en las que su hijo use las manos, los ojos y los oídos; pues son la base para desarrollar su pensamiento. Procure dar juegos a su hijo en los que pueda utilizar la memoria y la inteligencia. Algunos son baratos y otros sólo requieren lápiz y papel. Dele a su hijo oportunidades para experimentar, leer, escribir, construir e investigar. Reúna todo lo necesario para que su niño juegue a disfrazarse y a hacer teatro. Propicie visitas a fábricas, talleres y otros sitios que despierten el interés del niño por aprender. Propicie que su hijo practique alguna actividad física; es indispensable para su crecimiento y la seguridad en sí mismo. Llévelo al campo de vez en cuando y déjelo correr, trepar y explorar. Enséñele a jugar con juegos y juguetes tradicionales como canicas, trompos y matatenas. Conozca a los amigos de su hijo y propicie que se reúna con ellos. Sugiérales nuevos juegos para que pasen un buen rato juntos.

Procure darle juegos en los que pueda utilizar la memoria

Reúna todo lo necesario para que su niño juegue a disfrazarse

Permita a su niño expresarse con entera libertad; deje que él plantee sus propias ideas. Cuide y aprecie la espontaneidad de su niño para que conserve su entusiasmo por inventar. Dé a su hijo la libertad y las oportunidades de imaginar y crear que estén a su alcance. Ofrézcale toda clase de estímulos. Favorezca su contacto con el arte, su apreciación de las cosas sencillas y la exploración de su medio ambiente. Ponga a su disposición materiales abundantes y variados que le permitan crear y expresarse. No juzgue las expresiones artísticas de su hijo. Favorezca el contacto del niño con diferentes tipos de música. Juegue y diviértase con su hijo todo lo que pueda.

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Guía de Padres

PARA TERMINAR
En el primer apartado de la Guía de padres, Aprender a vivir juntos, hemos encontrado sugerencias para comunicarnos con nuestro hijo y compartir la vida en familia con mayor alegría y profundidad. Quizás hayamos encontrado maneras nuevas de escucharnos, de expresar nuestras necesidades y sentimientos y de resolver los conflictos en un ambiente de afecto y comprensión. Tal vez hayamos adquirido algunas herramientas para construir una relación más satisfactoria y amorosa con nuestros hijos. Hemos reflexionado sobre la amistad, sus beneficios y sus dificultades; sobre la manera de ayudar al niño a hacer amigos sin interferir en sus relaciones. Exploramos los diversos contextos a los que se va abriendo la experiencia de un niño: los grupos de compañeros, la familia extensa, la comunidad y el planeta. Recibimos la invitación a participar juntos, padres e hijos, en la creación de un mundo más justo y armonioso. Los capítulos del apartado Aprender a conocer y a hacer nos han hecho recomendaciones para establecer hábitos que hagan más agradable y sencilla la vida cotidiana, y que propicien la salud y el bienestar de la familia. Nos han ofrecido herramientas para estimular y acompañar a nuestro hijo en su trabajo escolar; para observarlo con cuidado, descubrir sus talentos e identificar sus limitaciones de modo que podamos darle lo que necesita para desarrollarse con plenitud. El tercer apartado de la Guía, Aprender a ser, nos ha ofrecido reflexiones que pueden ser útiles para ayudar a nuestro hijo a crecer como persona, a convertirse en un ser auténtico, libre, responsable y autónomo. Nos ha propuesto ideas que quizás nos hicieron sentir mayor respeto y aprecio por nosotros y por cada uno de los miembros de la familia, y nos pusieron en alerta para cuidar, con nuestras palabras y estímulos, la autoestima del niño. Hemos encontrado ideas que podrían orientarnos en la definición de nuestros valores personales y en la manera de compartirlos con nuestro hijo; en el uso de la disciplina como enseñanza, como un apoyo para que el niño vaya haciéndose cargo de sus decisiones, que asuma las consecuencias de sus actos y llegue a convertirse en el único dueño de su vida. Hemos reflexionado soble el complejo tema de la sexualidad, sobre las diferentes posibilidades de dar a nuestro hijo o hija la información necesaria junto con la orientación para desarrollar su capacidad de decidir responsablemente y de prepararse para una relación de pareja más plena, comprometida y feliz. La última parte de la Guía es una invitación a crear, gozar y participar junto con el niño en esa actividad fundamental para el niño que se encuentra en su esplendor en la edad escolar: el juego. Jugar y crear con nuestro hijo es uno de los mayores privilegios para los padres, es contemplar un bello espectáculo, es vivir una aventura impredecible, siempre nueva, siempre emocionante.

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Guía de Padres

BIBLIOGRAFÍA
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COORDINACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN Y AUTORA DE LOS TEXTOS Norma Romero Ibarrola

ASESORÍA E INVESTIGACIÓN: Alicia Molina Argudín Gloria Arango Mejía Araceli Otero Alba Patricia Romero Ybarrola Carolina Villalobos Horner Maite Plazas Belausteguigoitia María Fernanda Otero Alba Bárbara Newman Romero Everardo García

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TITULAR: Editorial Infantil y Educación, S.A. de C.V. con la colaboración remunerada de Norma Romero Ibarrola.

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