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LA GESTIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL

Apuntes y casos en el contexto rural andaluz

LA GESTIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL

Apuntes y casos en el contexto rural andaluz

GRANADA

2008

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Publicaciónpromovidapor:

Asociación para el Desarrollo Rural de Andalucía (ARA) Autovía Sevilla-Coria del Rio, km. 3,5

41920 San Juan de Aznalfarache (Sevilla)

Tel. 954179210 Fax. 954179218 e-mail: ara@andaluciarural.org

Centro de Documentación «Andalucía Rural» Avda Pérez del Álamo, s/n

18300 Loja (Granada)

Tel. 958325033 958 327005 Fax. 958 327100 e-mail.cdar@cdar.org http:// www.andaluciarural.org http:// www.revistatierrasur.com http://www.cdar.org

Colaborayfinancia:

Consejería de Agricultura y Pesca (Junta de Andalucía) Plaza de Tabladilla, s/n

41013 Sevilla

Tel. 955 03 20.00 Fax. 955 03 21 34 e-mail:consejeria.cap@juntadeandalucia.es http://www.juntadeandalucia.es/agriculturaypesca

PresidenteARA:

D. Miguel Castellano Gámez - GDR Poniente Granadino (Granada)

Vicepresidente 1º:

D. Antonio Manuel Cano García - GDR Sierra Sur de Jaén (Jaén)

Vicepresidente2º:

Dña. Ana Romero Romero - GDR Andévalo Occidental (Huelva)

Vicepresidente 3º:

Dña. Isabel Niñoles Ferrández - ADR Campiña Sur de Córdoba (Córdoba)

Secretaría:

Dña. Encarna García Fernández - GAL Guadalteba (Málaga)

Tesorero:

D. Antonio Maestre Acosta - GDR Comarca del Bajo Guadalquivir (Sevilla)

Vocales ARA: D. Juan Antonio Martín Benítez - GDR Comarca de Antequera (Málaga), Dña. Belén Navarro Navarro - GDR Comarca de Guadix (Granada), D. Luis Romero Acedo - GDR P.N. de los Alcornocales (Cádiz), D. Manuel Leyva Jiménez - GDR Sierra Morena Cordobesa (Córdoba), Dña. Mª del Carmen Bermúdez Zamudio - GDR Sierra de Cádiz (Cádiz), Dña. Mª Juana Pérez Oller - GDR Sierra de Cazorla (Jaén), Dña. Francisca Díaz Roldán - GDR Estepa Sierra Sur (Sevilla), D. José Manuel Ortiz Bono - GDR Alpujarra-Sierra Nevada, Dña. Agueda Cayuela Fernández - GDR Filabres Alhamilla (Almería), D. Juan Antonio Millán Jaldón - GDR Costa Occidental de Huelva (Huelva).

Director Gerente de ARA: Ignacio Mª García Saura. Equipo técnico ARA: Consuelo Llano González, Ramona Ramos Llorens, Yolanda Aguilera Delgado y Julio Morcillo Merino.

Edita: Asociación para el Desarrollo Rural de Andalucía (ARA) Coordinacióncientíficayeditorial:JuanAlonsoSánchezMartínez(GDR.PonienteGranadino-vocal-)yMiguelCastellano Gámez (Presidente de ARA) Maquetación:Tadigra(Granada) Cubiertas: Ramón Soler García Impresión: Imprenta Comercial, Motril (Granada)

© de la edición: Asociación para el Desarrollo Rural de Andalucía (ARA)

© de los textos y de las ilustraciones: Los/as autores/as

DepósitoLegal:¿¿¿???

Publicación no venal, para distribución institucional e intercambios.

Los/as autores/as DepósitoLegal: ¿¿¿??? Publicación no venal, para distribución institucional e intercambios.

Presentación

José Román Montes

Director General de Desarrollo Rural (Junta de Andalucía)

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La conservación y puesta en valor del patrimonio cultural andaluz viene siendo objeto, desde hace varias décadas, de diversas políticas regionales y sectoriales del Gobierno andaluz. La política de desarrollo rural, orientada a la movilización de todo el potencial endógeno que albergan los territorios rurales, ha prestado desde sus inicios una importante atención al patrimonio, en tanto que es considerado elemento susceptible de promover e impulsar el desarrollo de los pueblos de Andalucía. El patrimonio, entendido no sólo como cultural, sino también como natural, es un recurso endógeno de enorme presencia, riqueza y variedad, que contribuye de forma notable al mantenimiento de la calidad y el nivel de vida en el mundo rural, capaz de convertirse en factor generador de nuevas iniciativas de desarrollo econó- mico y social. Los poderes locales cada vez están más comprometidos con la valorización del patrimonio. A la vez, entidades promotoras en los territorios como son los grupos de desarrollo rural (GDR), vienen realizando actuaciones para propiciar un mayor uso social de estos importantes activos, para facilitar la corresponsabilidad entre la administración y la población en su protección y puesta en valor, así como para incentivar la implicación del sector privado, empresas y fundaciones, en su gestión. El patrimonio cultural requiere de una gestión creativa, profesionales especia- lizados, conocedores de los valores intrínsecos de los bienes culturales para que la promoción de los monumentos, paisajes, tradiciones de los pueblos andaluces haga compatible su función social y su función económica como medio que garantiza su permanencia en el futuro. Son muchas las actuaciones destinadas a hacer efectiva la conservación y difu- sión de los bienes patrimoniales, que exigen una renovación y reinvención constan- tes. A los territorios no les basta con la mera disponibilidad de recursos patrimoniales, sino que deben dedicar esfuerzos a que el ciudadano o el visitante pueda establecer relaciones distintas con ese patrimonio cada vez que se acerque a él. Sólo así las comarcas y los municipios conseguirán mantener su atractivo. El medio rural andaluz cuenta con notables ejemplos de gestión creativa de su patrimonio cultural, muchos de ellos fruto de la cooperación entre entidades de distintos ámbitos. El saber-hacer y la capacidad de repensar la mirada sobre el patrimonio de sus entidades gestoras constituye en sí un importante capital social, que aumenta su valor cada vez que es compartido y conocido por nuevas personas. Ése es el propósito de esta publicación.

aumenta su valor cada vez que es compartido y conocido por nuevas personas. Ése es el

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El patrimonio cultural, un recurso desde el pasado para el presente y el futuro de las zonas rurales

Miguel Castellano Gámez.

Presidente de la Asociación para el Desarrollo Rural de Andalucía (ARA) Alcalde de Loja (Granada).

En la actualidad acumulamos, tanto en la esfera pública como en la privada, una importante experiencia en el uso del Patrimonio Cultural como potente elemento de desarrollo local. Durante estos años hemos vivido muchas iniciativas, algunas exi- tosas y otras no tanto, en la utilización de los diferentes recursos patrimoniales, así como dentro de las estrategias para el desarrollo de los territorios rurales. Hoy nadie duda de la importante contribución del sector cultural a la economía de los territorios rurales. Es más, el binomio patrimonio cultural – desarrollo rural se ha convertido en pieza clave en todos los planes y estrategias dirigidos a propiciar un desarrollo sostenible del medio rural con el doble objetivo de fijar la población al territorio y mejorar su calidad de vida. En este contexto es de destacar la importante aportación que se está haciendo desde el ámbito del desarrollo rural, y muy especial- mente desde los programas Leader y Proder, a la conservación y puesta en valor del patrimonio cultural en los territorios rurales. El principal objetivo de las políticas de desarrollo rural es fijar la población fomentando el equilibrio de los sistemas económicos junto con la sostenibilidad ambiental y la cohesión social en el territorio. La trascendencia de la puesta en valor del patrimonio cultural en este sentido es doble. Por un lado, como importante fuente de recursos culturales y económicos, y por otra en el fomento y definición de la identidad territorial en los habitantes de las comarcas, siendo dicha identidad una motivación añadida para la articulación socio económica en cada zona y nexo de unión para los diferentes actores de los territorios. Las diferentes acciones de recuperación y uso del patrimonio cultural contribuyen al avance de cualquier territorio o, lo que es lo mismo, se convierten en un paso obligado de la estrategia de puesta en valor todos los recursos con los que se cuenta desde el punto de vista de su contribución al bienestar de la sociedad. Cualquier inventario de los recursos existentes en el medio rural certifica la existencia de multitud de testimonios de nuestro pasado, testimonios que nos hablan de un rico legado en tradiciones, cultura e historia. Desde manifestaciones de lo que denominamos cultura material de la más variada tipología y antigüedad hasta las que conforman lo que denominamos cultura inmaterial. Esta diversidad de recursos culturales constituye un gran tesoro acumulado en un ámbito del que tenemos la necesidad de conocer y reconocer sus potencialidades para convertirlas en oportuni- dades de desarrollo. La iniciativa comunitaria LEADER y el programa PRODER han apostado por el uso del patrimonio cultural como un elemento clave para el progreso del medio rural a

programa PRODER han apostado por el uso del patrimonio cultural como un elemento clave para el

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partir de diferentes acciones de puesta en valor y uso. Sobre todo desde los programas relacionados con la cultura y el turismo. De todos es conocido el positivo efecto de LEADER y PRODER en el fomento del turismo, que se ha convertido en algunas áreas en la principal actividad económica del medio rural. Estrechamente vinculado a la actividad turística figuran las interven- ciones en el patrimonio histórico y artístico de los pueblos andaluces en la mayoría de los casos impulsados por las administraciones local y autonómica. La iniciativa comunitaria LEADER PLUS —que está a punto de finalizar— se ha

centrado en la diversificación de la economía de las zonas rurales mediante la apli- cación de programas comarcales, vertebrados en torno a la mejora de la calidad de vida en las zonas rurales, la utilización de las nuevas tecnologías, y la valorización de los recursos naturales y culturales. Dentro de esta iniciativa, la valorización de los recursos naturales y culturales ha estado muy presente en todos los ejes temáticos, así como en el régimen de ayudas que ha permitido la aprobación de proyectos turísticos de ocio vinculados al aprove- chamiento y puesta en valor del patrimonio histórico y artístico, así como la creación de centros de información comarcal, o de pequeñas empresas que ofrecen servicios turísticos de carácter medioambiental y cultural, entre otros. La cooperación ha sido un ámbito de especial incidencia y que ha contribuido a

la singularidad del modelo andaluz. En este marco, los Grupos de Desarrollo Rural (en

adelante GDR) han contado con dos importantes instrumentos de colaboración; los Grupos de Cooperación y las Acciones Conjuntas de Cooperación.

A través de la colaboración entre GDR, no sólo andaluces, sino también del resto

de España y de Europa, se ha producido un fructífero intercambio de ideas, de manera que han dado lugar a algunas de las experiencias más innovadoras en desarrollo rural.

Por mencionar algunas, se ha trabajado para que las empresas situadas en el entorno de parques naturales consigan el reconocimiento «Marca Parque Natural», se han aunado esfuerzos para la puesta en valor del patrimonio troglodítico, en la implan- tación de sistemas de calidad en establecimientos turísticos, se han recogido las manifestaciones culturales y el saber popular de las zonas rurales al tiempo que se ha trabajado en la creación de la «Marca de Calidad Territorial», un distintivo de calidad para multitud de productos y servicios, y otras muchas acciones innovadores

y de gran interés. En este período, los cincuenta Grupos de Desarrollo Rural han

subvencionado cerca de 800 actuaciones de recuperación del patrimonio que han recibido de los programas de desarrollo rural 30,5 millones de euros. Desde las experiencias iniciales a la actualidad, las oportunidades en torno al patrimonio han servido para que la preocupación por el mismo aumente evitándose así graves procesos de deterioro o pérdida. Asimismo se ha producido una mayor implicación del sector privado en la recuperación, conservación y difusión del patri-

monio, como consecuencia de las experiencias puestas en práctica inicialmente por

el sector público y, sobre todo, por la creciente concienciación sobre la protección y

conservación del patrimonio y sus usos en proyectos de diferente naturaleza.

Y es que debemos, poco a poco, tomar conciencia de la enorme fragilidad de los

bienes culturales y de la necesidad arbitrar las medidas necesarias que permitan una gestión apropiada y sostenible del patrimonio cultural de las zonas rurales.

La planificación para las zonas rurales para el próximo periodo de ayudas 2007- 2013 viene determinada por el Reglamento Europeo para el Desarrollo Rural (FEADER).

el próximo periodo de ayudas 2007- 2013 viene determinada por el Reglamento Europeo para el Desarrollo

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En este documento, la Comisión Europea manifiesta que la forma de intervención que había caracterizado a las sucesivas iniciativas comunitarias de desarrollo rural, es decir, el enfoque Leader, ha generado buenos resultados y, en consecuencia, debe ampliarse su alcance. De esta forma y durante el nuevo marco de ayudas, la intervención que los Grupos de Desarrollo Rural andaluces —liderados por ARA— llevarán a cabo será una inter- vención integral que, lejos de circunscribirse a la diversificación económica de las zonas rurales, contendrá actuaciones sobre el patrimonio, el medio ambiente, el tejido asociativo y los grupos desfavorecidos de población, entre otros muchos. En este contexto nos enfrentamos de nuevo al reto sobre los usos del patrimonio cultural como herramienta para el desarrollo. Conviene, por tanto, realizar una serie de reflexiones acerca de las nuevas posibilidades que se presentan para conseguir oportunidades de desarrollo de las sociedades rurales a partir de los recursos patri- moniales con los que contamos e, incluso, con aquellos que todavía tenemos que conocer.

La experiencia de los marcos anteriores

La estrategia de la Unión Europea respecto a la problemática de las zonas rurales desfavorecidas se ha desarrollado como consecuencia, sobre todo, de los cambios en la Política Agrícola Común (PAC), tendente a una producción no excedentaria y en sintonía con, los cada vez más globalizados, mercados mundiales. Para ello, la UE puso en marcha distintos instrumentos y mecanismos de apoyo a iniciativas nacionales y regionales a través de programas como LEADER y PRODER y de los Fondos Estructu- rales. En su momento, resultó muy novedoso la aplicación de los programas de diversi- ficación por unas entidades privadas, integradas a su vez, por un importante número de agentes de los territorios y que financiaban fondos públicos, llevaban a cabo estra- tegias participativas de desarrollo de las zonas rurales y que se implicaban en proyectos de cooperación para traer a sus zonas las experiencias más innovadoras. Nada de esto es ya experimental, sino que son planteamientos compartidos por ayuntamientos, sindicatos, asociaciones de todo tipo y por el conjunto de la población rural. Desde sus orígenes, los programas de desarrollo rural vienen apoyando todas aquellas medidas que han prestado especial atención a la puesta en valor de los recursos naturales y culturales como parte de las estrategias capaces de generar no solo la conservación de elementos que poseen valores endógenos, sino incluso como recursos a emplear en la puesta en marcha de iniciativas empresariales relacionadas con las industrias de ocio y turismo, sin olvidar la promoción cultural y la difusión de los valores del territorio. La posibilidad de financiar estas actuaciones unidas a la obligatoriedad de con- templar los elementos patrimoniales en sus planes estratégicos ha supuesto un movimiento de dimensiones importantes en el conocimiento, reconocimiento y puesta en valor de los diferentes elementos patrimoniales y especialmente de aquellos menos valorados tradicionalmente. Así, los primeros Grupos de Acción Local (GAL) —encargados de gestionar la iniciativa comunitaria LEADER— contemplaron en sus respectivos planes estratégi-

(GAL) —encargados de gestionar la iniciativa comunitaria LEADER— contemplaron en sus respectivos planes estratégi-

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cos la intervención en el patrimonio cultural desde diferentes puntos de vista y, sobre todo, teniendo en cuenta los elementos quizá más evidentes de la riqueza patrimonial de un territorio. Podríamos distinguir distintos modos de actuación a tenor de los objetivos que se pretendían:

A) Identificación de un territorio a partir del Patrimonio.

B) Definición de productos turísticos.

C) Acciones relacionadas con los equipamientos rurales.

D) Elaboración de productos de carácter cultural.

E) Acciones de difusión y publicidad.

Los diferentes pasos en la ampliación y extensión de los programas de desarrollo han supuesto cada vez más en los siguientes periodos de programación, un aumento de la

capacidad de intervención en el Patrimonio Cultural así como en el acumulo de experien- cias que han venido a cualificar y mejorar el trabajo en el uso de los bienes culturales. No es mi intención hacer una enumeración de las diferentes experiencias que se han llevado a cabo, porque a lo largo de esta publicación el lector podrá conocer algunas de las más significativas. Más bien al contrario, quiero plasmar algunas ideas que pueden ser de utilidad para comprender las relaciones entre el Patrimonio Cultural

y las políticas de desarrollo rural, así como dar algunos apuntes que creo que pueden mejorar una relación no sólo conveniente sino necesaria. De cara a enmarcar el objeto de la cuestión volvamos a retomar los distintos modos de intervención.

A) Identificación territorial

El patrimonio cultural constituye un valioso instrumento para la definición de los territorios, puesto que es el testimonio que nos llega de la intervención del hombre sobre el medio a través de la historia en un determinado marco espacial y temporal. Por ello, es utilizado para la construcción del discurso de definición del territorio sobre el que actuará el GAL. Las señas de identidad de un territorio y de una sociedad son esenciales, incluso desde la óptica de la delimitación administrativa del territorio de cara a la captación de recursos financieros del desarrollo rural. La conformación de los propios Grupos de Desarrollo se ha producido utilizando en muchos casos un discurso de carácter histórico. Se podría decir que, fruto de esta necesidad, ha surgido la virtud de intervenir sobre el patrimonio cultural como reafirmación y recuperación de esas señas de identidad territorial que sirven para unificar un espacio

y aglutinar en un proyecto colectivo a unas gentes. Así pues, el patrimonio sirve para buscar la sintonía de esfuerzos de una sociedad que comparte una historia en común.

B) Elaboración de productos turísticos

En una tierra como la nuestra, en que el turismo es la gran industria y alternativa económica a otros sectores en reconversión, las posibilidades de creación de produc-

es la gran industria y alternativa económica a otros sectores en reconversión, las posibilidades de creación

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tos que sirvan a la implantación de este sector en el medio rural son prioritarias. En este sentido, está claro que, dentro de este sector, el turismo rural recurre a los elementos de carácter patrimonial como una estrategia fundamental para crear nuevos productos turísticos de esta naturaleza. Las posibilidades de muchos recursos patrimoniales han sido exploradas para convertirlos en elementos significativos de la oferta turística de las zonas rurales: los testimonios del pasado, especialmente los testimonios monumentales, arquitectó- nicos y arqueológicos, pero también los relacionados con el paisaje cultural, etnogra- fía, etcétera. El turismo entendido de manera global —o específicamente el segmento del ya denominado turismo cultural— cuenta en el patrimonio con un recurso esencial para conformar la oferta de un territorio. En este sector, la oferta monumental y cultural que ofrecen los pueblos andaluces, constituye un reclamo fundamental para atraer

al turista. Según un estudio reciente, el 36,5% de los turistas de interior expresa como

motivación principal de su viaje visitar monumentos seguido de la naturaleza. Los programas de Desarrollo Rural han sondeado las posibilidades que tiene cada territorio para llevar a cabo iniciativas turísticas que vengan a diversificar la econo- mía y aporten posibilidades de crear riqueza y empleo en otros sectores diferentes de los tradicionales. Son muchos los ejemplos de utilización y puesta en valor de elementos patrimoniales para servir desde alojamientos hasta convertirse en recla- mos para los visitantes, ávidos de conocer la historia a través de testimonios más

o menos significativos de la misma. En ocasiones se ha criticado al turismo por cuanto existen ejemplos que evidencian

que la presión turística no ha beneficiado a un bien cultural en concreto. No obstante,

lo cierto es que, en la mayoría de los casos, el patrimonio obtiene directa o indirecta-

mente los recursos que le permiten su supervivencia gracias a su uso turístico. Su aprovechamiento no esta reñido, ni mucho menos, con la existencia de un control en el uso de recursos tan frágiles como estos y en la idoneidad de adecuar su gestión a las necesidades del bien cultural y a la demanda turística. Todos los planes de desarrollo rural tienen entre sus contenidos la utilización del patrimonio cultural con fines turísticos, ya que esta relación cumple con muchos de los objetivos que las políticas de este tipo pretenden, especialmente el de ser accio- nes que sirven a la búsqueda de alternativas a la economía tradicional de estos municipios rurales. Se posibilita así que los habitantes rurales no sólo tengan unas rentas complementarias sino en algunos casos son básicas para permitir la subsis- tencia en el medio y la consecución de unas cotas de bienestar aceptables.

C) Creación de Infraestructuras culturales

Determinados elementos patrimoniales, fundamentalmente los de carácter ar- quitectónico, presentan unas interesantes posibilidades para que su intervención y conservación se convierta no en un fin en sí mismo, sino en un medio de cara a tener unos equipamientos que sirvan para cubrir necesidades importantes y ofrecer ser- vicios a veces básicos para la comunidad. Se trata de utilizar el patrimonio, sobre todo arquitectónico, como soporte tras su rehabilitación o restauración; esto es, como sede de servicios de la más diversa naturaleza, tanto pública como privada. Hay que

o restauración; esto es, como sede de servicios de la más diversa naturaleza, tanto pública como

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tener en cuenta cómo el importante déficit de equipamientos e infraestructuras en los municipios rurales ha impulsado actuaciones de esta naturaleza, haciendo que el pasado venga a suplir necesidades del presente, sobre todo como contenedores de estos servicios.

D) Productos culturales

La intervención patrimonial responde habitualmente a hechos relacionados con otros sectores. Del mismo modo, el desarrollo rural tiene muy en cuenta las acciones de tipo cultural. La Cultura debe ser símbolo de progreso de una sociedad y no necesita, claro está, justificarse únicamente por una rentabilidad de carácter económico. Quiero insistir con ello en que, evidentemente, es necesaria en sí misma, sin por ello olvidar que, en el ámbito del desarrollo rural, hay aspectos que responden a otras prioridades. En la actualidad, en lo meramente cultural, incluso surge con fuerza un nuevo concepto que nos habla de las industrias culturales, adentrándonos igualmente en la perspectiva de carácter economicista para justificar el interés de unas inversiones que crean riqueza. Al igual que nadie cuestiona que las actuaciones medioambientales o las sociales son generadoras de empleo y riqueza, la cultura se postula como motor de oportu- nidades laborales y lucrativas. De ahí que empiecen a cobrar fuerza en las estrategias de desarrollo de los territorios rurales los proyectos que en torno a la cultura plantean iniciativas empresariales con la intención de cubrir una demanda creciente de cultura y ocio por parte de la sociedad. La historia de muchos estados y naciones se ha escrito en el medio rural; en el otro lado, la cultura urbana, que es una creación relativamente reciente. Resulta paradójico que la mayor parte de nuestro pasado haya caído en el olvido en las zonas rurales como consecuencia de la carencia de recursos para hacer frente a su conser- vación y, lo más importante, a raíz del desuso y desinterés de una población decre- ciente y más pendiente de otras cuestiones relacionadas con su propia subsistencia. Se plantea ahora pues la posibilidad de que el patrimonio rural se convierta cada vez más en pieza clave en el retorno de la población a partir de que esos testimonios del pasado sean importantes en la búsqueda de la calidad de vida anhelada. Esa voluntad genérica de aprovechar los recursos patrimoniales para, por un lado, propiciar su conservación y uso y, por otro, socializar la utilización del patrimonio para que la sociedad sea la receptora de los beneficios que reportan los bienes culturales se convierte en la estrategia empleada en el desarrollo rural. En el fondo de lo que se trata es de mantener un equilibrio entre el concepto del reconocimiento y conserva- ción patrimonial y su uso y disfrute; en ello radica la bondad del modelo a emplear. En Andalucía se han puesto en práctica es estos últimos años un importante número de proyectos que vienen a demostrar de forma eficaz como las políticas de desarrollo rural han servido para poner en valor muchos bienes culturales y por otro lado, como estos bienes culturales han servido a los objetivos propuestos por las mencionadas políticas. Algunos de estos proyectos se han convertido en modelos de actuación que sirven de ejemplo, aunque también hay que reconocer que, en otros casos, no se han producido los resultados deseados.

que sirven de ejemplo, aunque también hay que reconocer que, en otros casos, no se han

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El perfil medio del proyecto patrimonial desarrollado en nuestra tierra por los GDR sería el del bien de carácter monumental arquitectónico que es rehabilitado de cara

a servir de soporte para la puesta en marcha de un Centro de Interpretación, de un

museo o de un servicio de carácter turístico. Además de esta actuación, diríamos, genérica en todos los GDR, también pode- mos encontrar proyectos subvencionados que se acercan a parcelas patrimoniales menos trabajadas y que, de hecho, han sido objeto de atención gracias al trabajo de los Grupos de Desarrollo. Me refiero con ello al patrimonio etnográfico, que, sobre todo desde el punto de vista de la recuperación de la historia del mundo rural, ha alcanzado un cada vez más importante papel. Junto a este elemento, el patrimonio digamos ‘intangible’ y la recuperación de las tradiciones y manifestaciones rurales ha permitido acercarnos quizás a uno de los ámbitos patrimoniales más olvidados. Por otro lado, también conviene citar el tratamiento que se ha hecho de otras cuestiones como el paisaje rural, que ha conseguido reencontrarnos con la esencia del devenir histórico a través de su evolución histórica. El trabajo en cooperación realizado tanto por los distintos territorios de la comu- nidad andaluza como por otras comunidades de nuestro país y los proyectos de carácter transnacional han servido de igual manera para llevar a cabo importantes iniciativas culturales, con una dimensión que excede de lo más cercano para ampliar

a través de la colaboración los objetivos y desarrollar itinerarios de carácter cultural

utilizando como línea argumental, en muchos casos, un determinado periodo o bienes que tienen características comunes. Como se puede observar, se ha pasado desde una fase inicial de proyectos piloto de los GDR en materia patrimonial, pasando por la elaboración de planes estratégicos

a nivel territorial en los que el patrimonio tiene un papel muy destacado, hasta la etapa de la cooperación como culminación de un ejercicio de trabajo territorial que se extrapola como modelo a otros territorios. Una de las grandes consecuciones de las políticas de desarrollo rural en materia patrimonial ha sido universalizar el hecho de prestarle atención a nuestros bienes patrimoniales y entender que los mismos pueden ser de gran importancia para el desarrollo socioeconómico de un territorio. Todo ello, sin olvidar, como hemos ma- nifestado, la importancia de los valores intrínsecos de carácter cultural. Gracias a esta atención se puede afirmar que muchos de nuestros bienes se han salvado de un olvido y un desuso que llevaría a su desaparición. Para llegar a entender este planteamiento basta con explicar la importancia que tiene el dinero invertido en proyectos culturales por los distintos GDR, una circuns- tancia ésta que suple el déficit de inversión que las necesidades de intervención en el patrimonio plantean. Es lógico pensar que la existencia de una financiación impor- tante para los proyectos de índole patrimonial hayan dirigido muchos planteamientos de trabajo allí donde existían los recursos para poder ejecutarlas, con lo que no sólo podríamos hablar de una intervención originaria de las políticas de desarrollo rural sino, además, de una política orientada a encontrar las fuentes de financiación necesarias o complementarias para ponerlas en práctica a través de estas políticas.

las fuentes de financiación necesarias o complementarias para ponerlas en práctica a través de estas políticas.

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A modo de conclusión

Como indicamos en el título de este artículo el Patrimonio Cultural tiene grandes posibilidades de convertirse en un recurso para el progreso de los territorios rurales. Si, como estamos convencidos, lo rural tiene que ser símbolo de calidad de vida, es imprescindible que nuestro patrimonio sea recuperado para un uso adecuado a los fines del desarrollo de las poblaciones rurales; para ello es necesario valorar los distintos aspectos que se deducen de la experiencia en la actuación sobre el mismo. Tenemos que aprender de los errores y aciertos cometidos en estos años, tenemos que buscar cuáles son las mejores intervenciones para los mejores usos. Parece pues necesario que prospectemos las posibilidades existentes a partir de conocer nuestro Patrimonio, nuestras posibilidades de actuación y las expectativas de uso en base a necesidades y demandas. Los recursos son y serán siempre limitados y su optimización requiere del oportuno análisis de posibilidades de uso y conservación. Muchas veces el Patrimonio se valora como una carga para la sociedad en base

a una lectura sesgada, que incluye sólo los elementos más negativos del mismo. Sin embargo, es un error pensar esto si no tenemos en cuenta las posibilidades que encierra para el avance de nuestros pueblos. Se trata de cumplir el marco legal y moral en el deber de conservación pero, además, hemos de convencernos de las posibili- dades que nos brinda nuestro Patrimonio Cultural como una oportunidad de presente

y futuro. Siempre que he escrito de éste y otros temas relacionados con el Desarrollo Rural, afirmo que es imprescindible la coordinación de las distintas políticas sectoriales que trabajan en el campo no sólo de los Bienes Culturales sino de cualquier materia que, como es el caso del Desarrollo Rural, tiene un carácter transversal. Por ello, este tema requiere del consenso y el acuerdo necesario entre todos los agentes que intervienen. Únicamente desde esta coordinación imprescindible es posible prevenir problemas que surgen en el transcurso de la intervención sobre unos bienes que están sujetos

a un marco legal de tutela y que requieren el cumplimiento de unos trámites obligados. El Desarrollo Rural ha posibilitado una atención y unos recursos que son de gran importancia para el futuro de nuestro Patrimonio Rural. En este sentido, debemos sentirnos satisfechos aquellos que nos vemos en el compromiso doble de trabajar por el futuro de nuestras gentes y de nuestros recursos, siempre de manera sostenible pero con las miras puestas en la mejora de las condiciones de vida de la sociedad rural. Ella, en definitiva, ha sido a lo largo de los siglos la productora de este legado patrimonial, que le pertenece y que tiene la obligación de trasmitir a las generaciones venideras. El futuro que viene de la mano del reglamento FEADER nos debe de servir para seguir trabajando en este nuevo marco 2007-2013, con mayor intensidad y con mayor efectividad sobre nuestro Patrimonio Cultural. Por eso, desde ARA hemos querido contribuir a ello con la edición de este libro, que permite aportar unas bases para la reflexión y la práctica de cara al nuevo escenario que muy pronto tendremos que administrar los GDR. El reto no es pequeño, pero es digno de ilusionar porque pretendemos hacer posible que nuestros ciudadanos tengan todos los elementos para encontrar un futuro mejor en sus pueblos. En definitiva, debemos conseguir que estas sociedades no sólo desarrollen su trabajo o hagan su vida en el mundo rural sino que, ante todo, disfruten y se sientan orgullosos de ser rurales.

su trabajo o hagan su vida en el mundo rural sino que, ante todo, disfruten y

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El patrimonio local y el proceso globalizador. Amenazas y oportunidades. Tendencias futuras en la gestión local del patrimonio

Víctor Fernández Salinas

Universidad de Sevilla

Carlos Romero Moragas

Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (Junta de Andalucía)

Construyendo nuevos paradigmas de desarrollo a partir del patrimonio

a) Mundo global, mundo de paradojas

Entre las paradojas más citadas de los procesos globalizadores está aquella de que éstos tienden a unificar, a acercar y en definitiva a homogeneizar y a banalizar los mensajes, los símbolos, las pautas, las culturas. Sin embargo, y puesto que uno de los axiomas básicos del escenario globalizado es competir, es paradójico el hecho de que cuanto más salvaguarda una sociedad su personalidad, cuanto más genuino es su producto y se basa en raíces propias, auténticas e irrepetibles, mejor compite este producto en los mercados globales. Si se admite el axioma de que las sociedades no deben quedarse incomunicadas y aisladas, el reto está en globalizarse sin perder la personalidad cultural (GRAHAM, B.; ASHWORTH, G.J. y TUNBRIDGE, J.E., 2000). El patrimonio es todo recurso territorial que genera identidad. Esta frase en apariencia sencilla, resume todo un proceso de crecimiento conceptual, y por lo tanto de reconocimiento intelectual, social y legal, de una serie de bienes que abarca desde los yacimientos arqueológicos a los patios de vecinos de Cádiz, desde la catedral de Baeza a los graffiti de tantas paredes de pueblos y ciudades andaluces. Se trata pues de un mundo el del patrimonio que se inserta, en el momento de su mayor comple- jidad, en otro mundo también complejo como el de los procesos de globalización socioeconómica internacional. Sin embargo, ni son mundos desconectados, ni puede gestionarse el patrimonio al margen de la globalización, entre otras cuestiones porque es la globalización quien ha encontrado al patrimonio y no al revés. El reto de globalizarse sin perder la personalidad no puede ser encarado sin que una sociedad asuma localmente la gestión de su patrimonio; en la medida en que éste se controle desde lugares alejados, como sucede a menudo, el entendimiento del patrimonio se difumina y el riesgo de ser manipulado es mayor. De todos es sabido cómo los recursos patrimoniales se degradan a menudo cuando el turismo los adapta a sus intereses desde despachos alejados de los destinos turísticos. Por lo tanto, no habrá buena conservación y provecho a partir del patrimonio si las claves y las condiciones no se imponen desde el territorio. Además, también es necesaria una declaración de principios. En una sociedad progresista, el interés por el patrimonio va más allá de asegurar su buen estado de conservación y unos horarios de visita a los monumentos principales. En los inicios del tercer milenio el interés por el patrimonio se legitima en:

de visita a los monumentos principales. En los inicios del tercer milenio el interés por el

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La salvaguarda de la autenticidad. No hay patrimonio si no es auténtico y, lo que es más grave, el patrimonio puede dejar de serlo si se convierte en un mero objeto de consumo turístico, estandarizado y preparado para ser utilizado por visitantes con poco criterio y muchas ganas de hacer fotos. La autenticidad la aseguran sobre todo las poblaciones locales, quienes son, además de los depo- sitarios, los herederos directos de la cultura que dio origen a la mayor parte de sus bienes patrimoniales. Es más importante preservar la autenticidad del patrimonio que su materialidad. La autenticidad está muy cerca de otros valores

que también revalorizan el patrimonio (singularidad, carácter, expresión pro- pia, etcétera.), pero es difícil de medir y de valorar. Por lo tanto, el principio de autenticidad es clave en la responsabilidad local de la gestión patrimonial.

La defensa de lo público. Defender lo público se ha convertido en un acto sospechoso. A menudo, las instituciones (públicas y también privadas) señalan la importancia de los valores colectivos, pero el mundo que impone la globa- lización identifica el mercado como el fiel de todas las balanzas. La libertad en el intercambio de bienes materiales e inmateriales (de productos, de capitales, de ideas) es libre, no así el de las personas. Aquello que regula estos flujos crecientes en el planeta es el mercado, que supuestamente valora la relación entre calidad y precio de cada mercancía y le asigna un determinado rango de competencia. Desde el patrimonio se ofrecen claves para, de un lado, no confundir precio con valor y, de otro, para ponderar si la puesta en valor de los bienes culturales tiene el retorno social que le es debido como recurso colectivo. Respecto a lo primero es básico reconocer que: a) el valor es una dimensión cualitativa inherente a cualquier objeto, pero especialmente a los culturales; b) que es en buena parte subjetiva, pero que, c), es básica para reconocer la importancia del patrimonio desde lo local. El precio de la madera, sea esta de Doñana o de cualquier bosque, será el mismo en todos los mercados y variará únicamente en relación con la aptitud de ese material para arder o ser transformado en muebles; en cambio, el valor de los pinos de Doñana trasciende con mucho el precio de su madera, ya que se enraíza en los sen- timientos más profundos de las poblaciones cercanas y de algunos de sus ritos más atávicos. Por lo tanto, la defensa de los valores públicos es fundamental para legitimar el interés por el patrimonio desde lo local.

El patrimonio como factor de desarrollo. La cultura y sus recursos son bienes que pueden potenciar el desarrollo, pero se está hablando de un concepto de desarrollo que supera el modelo de crecimiento económico para incorporar otras dimensiones importantes, tales como la distribución de la riqueza, la capacidad creativa, la autonomía para tomar decisiones, etcétera. Los mo- delos de desarrollo no son universales ni inamovibles. El desarrollo no es una meta, sino un camino que continuamente cambia de objetivos y que, en consecuencia, obliga a la redefinición de estrategias y de métodos para ser más eficiente con los recursos. El modelo de desarrollo se fabrica desde el territorio y es competencia de sus poblaciones establecer sus características, señalando como límites la sostenibilidad del sistema (económica, social y

, contribuir al desarrollo local es una de las razones básicas por las que el patrimonio mantiene un papel protagonista en las sociedades actuales.

cultural) y los derechos humanos y ambientales (BASES

1996). Por lo tanto,

papel protagonista en las sociedades actuales. cultural) y los derechos humanos y ambientales ( BASES 1996).

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Teniendo en cuenta estos tres argumentos sobre el patrimonio, se pueden cons- truir modelos socioeconómicos que compitan en el mundo global. En atención a todos ellos se infiere que no hay recetas universales (no hay dos modelos de desarrollo iguales, igual que no hay dos territorios iguales) y que cada sociedad puede y debe concretar sus aspiraciones en su propio modelo. Hay una globalización general y muchos modelos de desarrollo; la globalización potencia los modelos socioeconómi- cos basados en el consumismo y en la universalidad de los mensajes (I´m lovin´it), pero la calidad de vida habla de modelos complejos y de formas de alcanzarlos no lineales, sino multidireccionales, especialmente en dirección abajo arriba. El bien- estar se define desde lo local y sólo en la medida en que se consiga generar sentido crítico para reconocerse a partir de los valores propios se superarán las paradojas de la globalización. Ésta, como la esfinge, plantea adivinanzas. En la medida en que los territorios sepan encararlas con la inteligencia propia, se podrán considerar territo- rios ganadores, pero sobre esto último se avanzará más adelante.

b) ¿Patrimonio o patrimonios?

Ya se ha dicho que el patrimonio es todo recurso territorial que genera identidad. Frente al proceso de gran diversificación patrimonial experimentado a lo largo del siglo XXI, los últimos decenios ofrecen la convergencia que desde la percepción individual a la colectiva resalta la importancia de las vías subjetivas en la identifi- cación del patrimonio. De esto se infiere que el patrimonio no está en los objetos, sino en las cabezas de los individuos. El patrimonio es una construcción sociocultural que se realiza en los complejos circuitos de la mente. Las explicaciones históricas (el patrimonio es algo que nos llega del pasado) se sustituyen por otras actuales y de clara esencia cultural (el patrimonio es una apropiación presente y selectiva del pasado). El patrimonio es tal en la medida en que sirve de referente identitario en el más rabioso presente. No hay patrimonio del pasado, el patrimonio sólo lo es tal si se valida y simplemente es en el presente. De aquí que cada vez tenga menos sentido diferen- ciar entre patrimonio cultural y patrimonio natural. Todo el patrimonio es cultural, dado que el reconocimiento de cualquier bien, aunque sea la decisión de proteger un entorno natural jamás hollado por el género humano, es un acto cultural. La diferen- ciación puede resultar ventajosa desde el punto de vista operativo, pero desde el conceptual, los mecanismos mentales que nos llevan a valorar una ermita o un bosque son muy similares. El argumento de la convergencia conceptual y aplicada de los patrimonios cultu- rales y naturales es además especialmente importante para la perspectiva local, ya que en el territorio aún tiene menos sentido desligar ambos campos. Para los habi- tantes locales, tiene tanta importancia la ermita como el bosque que la rodea, y no se puede entender el valor de uno sin el otro. Esta línea de argumentación lleva además a valorar nuevos conceptos patrimo- niales que tienen su principal punto de referencia en el territorio: los itinerarios culturales y los paisajes. Los primeros estructuran el espacio y explican cómo los intercambios de ideas, mercancías y personas han moldeado, asemejado y al mismo tiempo diferenciado los diferentes escenarios culturales del planeta. Los itinerarios son vías (terrestres y marítimas fundamentalmente) a partir de las cuales se pueden

del planeta. Los itinerarios son vías (terrestres y marítimas fundamentalmente) a partir de las cuales se

El patrimonio local y el proceso globalizador. Amenazas y oportunidades. Tendencias

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rastrear los orígenes y la exportación de las identidades (las rutas del Mediterráneo,

la ruta de la Seda, el camino de Santiago, el Camino Real y el Galeón de Manila, entre

tantos otros) y ofrecen una mirada desde el patrimonio que explica en buena medida quiénes somos unos y otros como resultado de idas y vueltas, de mezclas, de com- praventas y de conquistas. Los paisajes, por su lado, actúan como totalizadores históricos (OJEDA RIVERA, J.F., 2003), como procesos históricos con diferentes dinamismos y ritmos que también nos describen en nuestra esencia más íntima. En los paisajes se proyecta una sociedad como en la mejor de las radiografías. El paisaje

actúa como la imagen en el espejo del rostro de un territorio. Las aspiraciones, las derrotas y los logros colectivos se reflejan en las distintas escalas del paisaje (desde la estatua que homenajea a un prócer local al mosaico que ofrece el bocage o minifundio agrario atlántico del norte de España). Si la arquitectura popular andaluza se ha llenado de balaustradas, alicatados cerámicos o marmóreos y de tejados con parches de fibrocemento, está mostrando los efectos de un cambio social rápido y

a menudo con poco criterio. Trabajar con patrimonio en la actualidad, especialmente en su perspectiva como factor de desarrollo, implica trabajar con mapas y con múltiples capas sobre estos mapas. Sólo la superposición de estas capas con bienes patrimoniales y de su inte- rrelación con otros recursos del territorio (vías de comunicación, redes fluviales, zonas litorales, poblaciones, sitios históricos, etcétera) ofrecerán claves que orien- ten la ordenación territorial y establezcan la calidad territorial como eje básico del desarrollo.

c) Territorios ganadores, territorios inteligentes

La literatura sobre desarrollo territorial ha identificado al menos desde finales de los años ochenta, pero sobre todo en los noventa, un tipo de territorios que manejando eficientemente sus recursos se han situado de forma ventajosa en el contexto socioeconómico globalizado (BENKO, G. y LIPIETZ, A., 1994). Se trata de territorios ganadores en la medida en que se contrastan con otros que, incluso habiendo tenido situaciones muy favorables desde el punto de vista económico en un pasado reciente, no han sabido adaptarse a las fluctuantes y cambiantes reglas del contexto actual. Durante los últimos años, visiones menos basadas en lo económico

y

más sensibles a otros parámetros con los que medir esa victoria de algunos países

y

regiones, han derivado en denominaciones más generosas e interesantes, tales

como la de los territorios inteligentes (VEGARA, A. Y RIVAS, J.L. de las, 2005), que movilizan sus recursos (entre ellos los patrimoniales) para generar mejoras de la calidad de vida de sus habitantes.

Uno de los aspectos básicos en la configuración de territorios inteligentes es la

existencia de capitales sociales arraigados en el tejido socioeconómico de las comu- nidades y pueblos y que se basa, entre otros principios, en la confianza mutua. Para ello, y siempre con el fin de que el patrimonio se convierta en factor de desarrollo,

es fundamental que en un contexto como el andaluz y el español se produzcan cambios

sustanciales en los modelos de gobernanza local. La gobernanza es un concepto relativamente nuevo, al menos tal y como lo trata la literatura especializada reciente, relacionado con los necesarios cambios institucionales de las administraciones pú-

la literatura especializada reciente, relacionado con los necesarios cambios institucionales de las administraciones pú-

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blicas para encarar de forma democrática las reglas de juego de la globalización. En otras palabras, el propio concepto de participación democrática ha cambiado y cada vez es menos aceptado el modelo por el que tras una votación efectuada cada cuatro o cinco años, los ciudadanos delegan en los políticos y en los técnicos de las institu- ciones públicas todas las tomas de decisiones. Gobernanza, o el cercano concepto de gobierno relacional, significa dar más relevancia a todos los agentes sociales, darles más voz y conseguir que todo el tejido social se involucre y participe en la planificación, sobre todo en la local. La partici- pación en estos procesos de planificación, y de implementación de los planes, ami- nora la incertidumbre para conseguir los objetivos fijados y, sobre todo, hace suyos también los planes a toda la población. Entre las ventajas de la buena gobernanza también se citan una mayor eficacia respecto a la inversión pública, mayor calidad de los servicios y, volviendo atrás, un aumento significativo de los capitales sociales, especialmente en las escalas locales. Esto se consigue cuando los agentes protago- nistas de un sistema territorial se organizan en redes. La importancia de las redes es un argumento muy presente en los discursos de desarrollo, sobre todo de desarrollo local, desde los últimos años noventa (VÁZQUEZ BARQUERO, A., 1999), aunque con abundantes precedentes. Las redes potencian los intercambios, el conocimiento, la confianza y en definitiva, los capitales sociales ya citados; aumentan el nivel de preparación, refuerzan el sentimiento de unidad territorial y trasnsmiten una imagen más potente hacia el exterior. Estas cuestiones, con ser básicas para acometer de forma realista y adecuada los nuevos procesos de desarrollo local, no dejan de ser difíciles en el contexto español. Entre los aspectos más negativos de nuestro sistema cabe destacar:

— La debilidad institucional de los municipios, su escaso papel como coordina- dores de los procesos de desarrollo (pese a que nadie mejor que ellos conoce el contexto socioeconómico local de España)

— Los problemas tradicionales de financiación, lo que les hace depender en demasía del crecimiento inmobiliario para financiar sus gastos e inversiones.

— La desconfianza que existe en los órganos centrales de la administración (tanto estatal, como autonómica) para delegar, no responsabilidades, que ya las tienen los ayuntamientos, sino las competencias reales para el desarrollo de políticas de mayor vuelo en todo tipo de campos.

Este último punto tal vez sea el más grave y el que motiva que, frente a otros países europeos y de rango de desarrollo similar a España, la parte del gasto público municipal sea muy inferior al de otras administraciones (estatal y autonómica). Lleva mucho tiempo anunciándose la necesaria revolución municipal, pero ésta aún no se ha producido. Para que el patrimonio se convierta en factor de desarrollo son necesarios los puntos anteriores (cambios institucionales y cambios socioeconómicos), pero tam- bién es importante hacer mención a un aspecto poco desarrollado en patrimonio y siempre valorado en las políticas de desarrollo: la innovación (PADRÓ WERNER, J., 2003). Patrimonio e innovación han sido concebidos como dos conceptos antagóni- cos, difíciles de combinar y pertenecientes a dos mundos dispares. Sin embargo, las políticas de creación de nuevos productos culturales a partir del patrimonio, tanto en

mundos dispares. Sin embargo, las políticas de creación de nuevos productos culturales a partir del patrimonio,

El patrimonio local y el proceso globalizador. Amenazas y oportunidades. Tendencias

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las políticas generales, como en las locales, ha llevado a valorar de forma al menos incipiente la innovación como una cuestión de gran importancia cuantitativa y cua- litativa en la gestión del patrimonio. No se trata sólo de valorar la creatividad como un elemento también patrimonial, sino de incorporarla directamente a la gestión, especialmente en las cuestiones relativas a los nuevos patrimonios (arqueología industrial, patrimonio intangible, paisaje, y a la propia interpretación del patrimonio, entre otros).

d) Por una búsqueda de indicadores de calidad en servicios ligados al patrimonio cultural

La búsqueda de la calidad en la generación de productos y servicios es una de las preocupaciones más relevantes del sistema económico, al menos desde los años ochenta. En el sector turístico, que en el caso del turismo cultural está tan próximo al mundo del patrimonio (HERRERO PRIETO, L.C., ed., 2000), se han desarrollado muchos y diferentes programas y métodos de acreditación de la calidad, tanto a nivel nacional como internacional. AENOR, ISO9001, ISO14001, SERVQUAL, Q del Instituto Español para la Calidad Turística, SICTED (Sistema Integral de Calidad Turística en Destino) y un largo etcétera de medidas bien diferentes señalan la calidad o un determinado modelo de calidad, aspecto éste de gran importancia para los recursos turísticos. Además, algunas guías especializadas (Guía Roja Michelin, Guía del Grupo Gourmets, etcétera), completan con un riguroso sistema de valoración, la calidad de establecimientos hoteleros y de restauración. Estas medidas, en cambio, son difíciles de aplicar a los recursos culturales y sin embargo es importante acreditar la calidad de su puesta en valor. No se está hablando de acreditar la calidad de los valores del patrimonio (que nadie pretende comparar), sino la de su protección, planificación y gestión. La acreditación de la calidad en el patrimonio requeriría de un plan adecuado de indicadores, una de las aspiraciones de organismos internacionales como UNESCO y que menos satisfacciones ha aportado a los investigadores y gestores del patrimonio en los últimos años. Es pues necesario no cejar en el empeño y tratar de obtener indicadores combinados de calidad en los servicios del patrimonio que permitan:

— Evaluar la sostenibilidad e idoneidad de los sistemas de puesta en valor patrimonial.

— Conocer los umbrales de capacidad de acogida, tanto de los bienes patrimo- niales tomados de forma singular, como de los territorios.

— Mejorar el conocimiento de la aportación potencial del patrimonio al desarrollo local y redefinir en tiempo real las estrategias para su obtención.

Sólo con un sistema de acreditación de la calidad en los servicios a partir del patrimonio se podrían conseguir reconocimientos que mejorasen la marca territorial e incrementasen la visibilidad, tanto del patrimonio como del territorio en el que se ubica. Existen ya iniciativas de interés en Andalucía, entre ellas la del Condado de Jaén, dentro del proyecto Marca Calidad Territorial, un esfuerzo para impulsar una

entre ellas la del Condado de Jaén, dentro del proyecto Marca Calidad Territorial , un esfuerzo

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marca territorial que beneficiará a toda la comarca, entre otras muchas españolas unidas en el proyecto. Aunque no se haya entrado aún a valorar la calidad de los servicios patrimoniales, al menos se trata de una iniciativa que combina trabajo en red, innovación, e interés por la calidad 1 . También sería importante aprovechar los nuevos reconocimientos territoriales que están apareciendo en España con las aportaciones de las leyes patrimoniales autonómicas desde principios del actual milenio. Aragón inició una nueva fase con la creación de la figura de parque cultural, que de alguna manera entronca con la tradición nacida en los años setenta referida a los ecomuseos y que derivó más tarde en los territorios museos y en los citados parques culturales. Estos últimos son reconocidos por las administraciones centrales de cultura, pero casi siempre tienen como antecedentes territorios concretos con una importante trayectoria en la puesta en valor del patrimonio (Parque Cultural de Albarracín, Parque Cultural del Río Vero, etcétera). Andalucía ha incorporado en la nueva Ley de Patrimonio aprobada a finales de 2007 categorías de protección nuevas y de marcado carácter territorial (zonas patrimoniales que pasarán a ser parques culturales cuando posean órganos recto- res). Aún es pronto para adelantar resultados, pero sin duda sería de gran importancia que estas nuevas figuras no vengan a complicar un panorama ya bastante confuso de figuras de protección de diferente carácter que se imponen al territorio y que son percibidas por sus habitantes como cortapisas a todo tipo de iniciativas (económicas, urbanísticas, etcétera). Sólo si estos parques se desarrollasen a partir de una coope- ración real con los agentes locales, si Cultura diera el paso para convertirse, más allá de una institución que da o no el visto bueno a propuestas arquitectónicas y urbanís- ticas, en un auténtico mediador en el territorio entre los agentes que trabajan y apuestan por el patrimonio (especialmente los grupos de desarrollo local) y se avan- zara hacia una gestión integrada y conjunta de bienes culturales y naturales, podría- mos empezar a hablar de territorios inteligentes en los que el patrimonio actúa realmente como factor de desarrollo.

Tendencias futuras en la gestión local del patrimonio

a) Redefiniendo patrimonio, territorio y desarrollo de cara al futuro.

Desde una concepción amplia y a la vez más precisa de la que abría este trabajo, el patrimonio es entendido como el conjunto de bienes materiales e inmateriales, heredados de nuestros antepasados, que han de ser transmitidos a nuestros descen- dientes acrecentados. El territorio es el punto de encuentro del hombre con su patrimonio. Por tanto el patrimonio es el resultado de la dialéctica entre el hombre y el medio, entre la comunidad y el territorio. El patrimonio no está sólo constituido por aquellos objetos del pasado que cuentan con un reconocimiento oficial, sino por todo aquello que nos remite a nuestra identidad. Desarrollo es garantizar el mayor bienestar de la sociedad, la plena expansión de su cultura, el fortalecimiento del sentido de los valores humanos y sociales que

1.

Ver

www.calidadterritorial.com

de su cultura, el fortalecimiento del sentido de los valores humanos y sociales que 1. Ver

El patrimonio local y el proceso globalizador. Amenazas y oportunidades. Tendencias

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constituyen su estrato más profundo, la participación efectiva de la población en su propio progreso y la apertura a las demás culturas. El desarrollo sólo es posible si es

equilibrado en la utilización de los recursos y en la distribución social y territorial de sus beneficios económicos, sociales y culturales. Por tanto el concepto de desarrollo nos habla de equilibrio en la distribución de la riqueza, autonomía en las decisiones

y calidad de vida. Desarrollo es también respeto por la cultura. No hay desarrollo sin personas, ni personas sin patrimonio cultural. El sector del patrimonio está creciendo de manera significativa y está siendo objeto de mayor atención por la ciudadanía. Pruebas tangibles del avance del sector

y del aumento de su interés son la progresiva ampliación del propio concepto de

patrimonio por parte de la sociedad y la multiplicación de las estructuras dedicadas

a la preservación, estudio y difusión de los bienes culturales y naturales. A los plan-

teamientos tradicionales del patrimonio se suman hoy en día nuevas actividades y servicios destinados a un público cada vez más numeroso y más experimentado. Pero simultáneamente el patrimonio cultural padece graves problemas de admi- nistración, gestión y financiación. Ello provoca inevitablemente un progresivo au- mento de las inversiones y gastos de mantenimiento. Los poderes públicos reconocen que los retos que tienen planteados hoy en día sobrepasan sus posibilidades y que es imprescindible plantear nuevos modelos, nuevos compromisos y soluciones durade- ras y viables. Los responsables de la administración y gestión del patrimonio cultural deben dar respuestas rápidas y eficaces a las exigencias planteadas por una sociedad en constante evolución y, en concreto, respecto a las relaciones con la economía, la planificación territorial, el turismo, la educación, el desarrollo de nuevos modelos de organización y gestión, y la diversificación de las formas de financiación. Parte de la complejidad del patrimonio radica, no solo en la amplitud de su signi- ficado, sino también en la diversidad de actividades que abarca la actuación integral sobre el mismo. En cinco apartados podemos agrupar la acción global sobre el patrimo- nio para intenta dar respuestas a la complejidad de su gestión en el ámbito local:

El

primer grupo de acciones a poner en marcha tiene que ver con el conocimien-

to histórico y cultural del patrimonio en nuestra localidad. Nos referimos básicamente a la investigación histórica, la historia del arte, la arqueología

y

la antropología, así como la diversidad de ciencias y técnicas auxiliares de

cada disciplinas: teledetección, arqueometría, las técnicas de datación, la paleografía, etcétera. Para su fomento es frecuente la organización de pre- mios de investigación histórica, la firma de convenios con universidades y grupos de investigación, la publicación de trabajos de investigación, la orga- nización de jornadas especializadas, la recuperación de la memoria histórica, etcétera. En algunos municipios con un intenso pasado, la arqueología puede

ser todo un área local de gestión especializada.

El segundo grupo de actividades en el que intervenir son aquellas clásicas relacionadas con el inventario, catalogación, planificación territorial y los instrumentos legales de protección de patrimonio. Nos referimos más concre- tamente al urbanismo y todo lo vinculado a los sistemas de documentación, como pueden ser los sistemas de información geográfica y otras tecnologías de la información. La actividad desplegada por los profesionales del patrimo- nio tiene que ver con la elaboración del planeamiento general y de protección

por los profesionales del patrimo- nio tiene que ver con la elaboración del planeamiento general y

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y sus catálogos, las cartas arqueológicas, los inventarios de cualquier tipo de patrimonios y sus bases de datos asociadas, los expediente de declaración de Bienes de Interés Cultural, etcétera.

— El tercer grupo de actividades a tener en cuenta son las vinculadas con la conservación física del patrimonio cultural y abarcarían campos tan diversos

y especializados que irían desde la restauración paisajística, pasando por la

y los objetos

de arte en multitud de soportes materiales. En ella cobran especial protago-

nismo disciplinas profesionales especializadas como la arquitectura o la conservación-restauración de bienes muebles. En el caso de la intervención

a escala urbana éstas suelen formar parte de las oficinas de urbanismo lo que

se escapa en la mayoría de las veces de los cometidos de las áreas de cultura pero que son claves en la determinación del futuro del patrimonio cultural de cualquier localidad. Son frecuentes las actividades relacionadas con la con-

servación/restauración de edificios catalogados, las rehabilitación de in-

con

módulo de actividades relacionas con la recuperación del patrimonio, los

muebles varios, la gestión de escuelas taller, talleres de empleo

recuperación de ciudades o barrios patrimoniales, edificios

), la inter-

y por supuesto, toda

la actividad de conservación y restauración de colecciones de patrimonio

mueble.

proyectos de regeneración urbana (barrios, espacios públicos

vención paisajística (riberas, carreteras, canteras

),

— En el cuarto apartado queremos agrupar todas aquellas actividades relaciona- das con la dimensión social, económica y política del patrimonio, su puesta en valor, difusión, administración y gestión. Hablamos de comunicación, peda- gogía, interpretación del patrimonio, sociología y la antropología social, eco- nomía y empresa, administración y gestión, márketing, turismo, etc. Son las más claramente relacionadas con lo que entendemos hoy día por gestión cultura del patrimonio y algunas de estas actividades son de carácter horizon- tal y las podemos ver destinadas a cualquiera de las actuaciones anteriores. Un ejemplo sería la exposición pública de una serie de piezas de arte restau- radas o también la programación de actividades de dinamización destinada

a diferentes tipos de público local (escolares, familias tercera edad

),

tam-

bién la gestión de proyectos de desarrollo turístico cultural, los estudios de público o la atención a los medios de comunicación.

— Por último, en un quinto grupo clasificaríamos a aquellas instituciones clásicas especializadas del patrimonio cultural: museos, archivos y las bibliotecas, con sus colecciones, series documentales, fondos y programaciones propias, y también sus disciplinas profesionales: museología, archivística y biblioteco- nomía, que combinan prácticas relacionadas con el conocimiento, conserva-

ción, protección, comunicación y gestión del patrimonio.

A todo lo anterior hay que sumar la visión política del patrimonio cultural. Además de su materialidad y la problemática que de ello se deriva para su conocimiento, protección y conservación, si al patrimonio lo entendemos como un factor cultural de primera magnitud, tiene otras dimensiones fundamentales para la sociedad contem- poránea que están bastante necesitadas de atención. Nos referimos a la imprescin- dible interconexión que debe tener la cultura y la política cultural con su entorno:

Nos referimos a la imprescin- dible interconexión que debe tener la cultura y la política cultural

El patrimonio local y el proceso globalizador. Amenazas y oportunidades. Tendencias

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— La dimensión social del patrimonio debe reflexionar sobre las relaciones necesarias que en un Estado social de derecho debe haber entre el bienestar ciudadano, su calidad de vida y el valor de la identidad, todo ello desde la proximidad del pueblo o del barrio.

— La dimensión económica del patrimonio y de la cultura debe entender qué significa poner en uso para la promoción económica valores culturales o patrimonio; el concepto de calidad en turismo cultural, la dimensión económi- ca de la creatividad a partir de raíces culturales y la promoción económica de la cultural.

— La cultura y el patrimonio cultural, como servicios a la comunidad, deben ser entendidas con mirada de equilibrio territorial, deben lograr para todo el territorio equipamientos y servicios culturales homologables y equivalentes. Habría que determinar los desequilibrios territoriales a todas las escalas en materia de servicios culturales de proximidad: bibliotecas, difusión cultural, servicios técnicos para el patrimonio, etc. para poder dar respuestas acepta- bles desde las políticas culturales.

— Una de las bases fundamentales de la cohesión social con el inmigrante debe ser la cultura y el patrimonio. Todo inmigrante trae una cultura de origen, una identidad. La política cultural debe actuar para reafirmar a cada persona en aquellos valores de su cultura que puedan ser compartidos y dignificarlos. Buscar en el patrimonio histórico y la cultura en general todo aquello que nos une; buscar nuevos valores que todos podamos compartir.

Se trataría en suma de ocuparnos de las personas igual que de las «piedras», trabajar la dimensión humana del patrimonio y profundizar sobre su cohesión social, el equilibrio territorial, la calidad de vida para todos y los servicios de proximidad a las personas. Dependiendo de la importancia de la localidad o de su patrimonio, cada una de las actividades arriba desglosadas pueden ser objeto de mayor o menor atención por parte de los profesionales y muchas de ellas requieren de personal exclusivamente cualificado para realizarlas, mas allá de un gestor cultural de perfil generalista. No obstante es necesario que alguien les dé sentido de unidad de acción e intención dentro de lo que entendemos por política cultural para que se reconozcan mutuamente y dentro del mismo objetivo de desarrollo local. Esta riqueza y variedad de acciones y actores que, directa o indirectamente, pueden abordar y aportar soluciones al patrimonio cultural, es también la causa de la dispersión y atomización de los proyectos, redes e instituciones que actúan sobre el sector, perdiéndose en muchos casos la visión de conjunto. Muchas de estas actividades no radican en el área de cultura de una localidad, ni siquiera dependen de patrimonio y suelen estar distribuidas por todo el elenco de concejalías, perdiendo visibilidad y presencia.

b) Centralidad = planificación + participación.

El 8 de mayo de 2004, durante el IV Foro de Autoridades Locales para la Inclusión Social de Porto Alegre celebrado en Barcelona en el marco del primer Foro Universal

Autoridades Locales para la Inclusión Social de Porto Alegre celebrado en Barcelona en el marco del

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de las Culturas, se aprobó por numerosos gobiernos locales de todo el mundo la denominada Agenda 21 de la Cultura. Este documento es un referente para reforzar

y renovar las políticas públicas de cultura y fue adoptado como guía recomendada

tanto por la Federación Andaluza de Municipios y Provincias como por las diputa- ciones andaluzas. La Agenda 21 de la Cultura nos puede servir como referente para desarrollar nuestro discurso en relación con las nuevas tendencias en la gestión local. 2 Una política cultural en patrimonio de alcance necesita centralidad y visibilidad

y ello significa liderazgo político en las más altas instancias del gobierno local para

que se adopte el firme compromiso de hacer de los temas culturales una dimensión clave de sus políticas urbanas. Para ello son necesaria dos acciones básicas e inte- gradas: la planificación y la participación. La planificación es aquí entendida como un proceso de debate, redacción y aprobación de un documento, sobre las prioridades en cultura de una ciudad, reali- zado por todos los agentes culturales de un territorio con la ciudadanía y la adminis- tración pública. Es un proceso que relaciona los agentes, los objetivos, las actividades, los recursos y los resultados esperados de un proyecto. Significa recoger las diferentes demandas realizadas por las personas y las organizaciones de un territorio, incluyendo tanto los agentes culturales como el conjunto de la ciudadanía; identificar y utilizar los recursos culturales; ofrecer respuestas basadas en el rigor analítico, la coherencia territorial y el consenso con la sociedad civil; establecer procedimientos de aplicación

e instrumentos de evaluación de los acuerdos conseguidos. El proceso se inicia normalmente con un estudio o diagnosis de los recursos culturales de la ciudad y de las tendencias del entorno económico, social y territorial. La estrategia cultural local se formula por escrito, en un documento, debatido y aprobado por el plenario municipal o por instancias como consejos o comisiones con participación ciudadana. El documento normalmente consta de una misión, unos objetivos y unas acciones. También establece una corresponsabilidad entre gobierno local, agentes culturales y sociedad civil. Normalmente la estrategia cultural local incluye un calendario para la aplicación, unos indicadores de seguimiento y evaluación de cada objetivo y de cada acción, y unas instancias de monitorización. El concepto de planificación en cultura ha gozado de amplia difusión en los últimos quince años. Se ha empleado para promover las políticas culturales locales a partir de los valores (memoria, creatividad, conocimiento crítico, diversidad, ritualidad ) que la cultura aporta a los individuos y a las comunidades. También se ha utilizado para subrayar la transversalidad y la significación de la cultura en otras políticas locales, como el empleo y la inclusión social, y para introducir consideraciones cultu- rales en toda política pública. La cultura debe incorporarse al proceso de planificación en los diferentes niveles de gobierno. Conseguir que participe de la manera más amplia posible en los procesos socioeconómicos del desarrollo. Es necesario situar la cultura en el núcleo de la toma de decisiones, capaz de planificar y gestionar la política cultural de un territorio desde una visión integral.

2. La Agenda 21 de la cultura así como otros documentos de desarrollo más recientes se pueden consultar en la página web www.agenda21culture.net

así como otros documentos de desarrollo más recientes se pueden consultar en la página web www.agenda21culture.net

El patrimonio local y el proceso globalizador. Amenazas y oportunidades. Tendencias

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Cuando hablamos de planificación también nos referimos, en primer lugar, a un instrumento que invite al debate público. La elaboración de un documento de plani-

ficación cultural (un plan local de cultura, un plan estratégico de cultura

que se genere una visión a largo plazo de la cultura y su papel en el futuro desarrollo de la localidad. A su vez ofrece centralidad y visibilidad a las políticas culturales y es una herramienta de primera mano para la participación ciudadana en su elaboración y posterior gestión. Se trata también de que lo cultural esté coordinado e imbricado en los planes estratégicos de ciudad u otros procesos de planificación local integrada

(Agenda 21 Local, Pacto Local para el Desarrollo, Plan Local Integrado

el plan del departamento y/o la concejalía de cultura, aportando una perspectiva cultural al conjunto del proyecto de la ciudad, con objetivos y acciones que muestren cómo la cultura tiene un impacto en, y recibe la influencia de, actividades en áreas como la educación, la sanidad, el urbanismo o la economía. Si desde la cultura se debe responder a muchos de los retos de la sociedad y si

la cultura tiene que estar en el centro de las políticas locales, es preciso que los departamentos de cultura se doten de herramientas fuertes, de planes ambiciosos que expliciten la vocación de influir en el resto de herramientas de planificación local. Esta ambición transversal puede llevar a la cultura a erigirse como el cuarto pilar del desarrollo, junto con el económico el social y el ambiental. En cuanto al concepto de participación, en los últimos años, la complejidad de la realidad, el paso de una administración productora de servicios a una administración catalizadora y relacional y el dinamismo de la sociedad civil, entre otros factores, han reforzado la necesidad de articular mecanismos de participación y cooperación local. La participación es una acción complementaria a la planificación y una herramienta básica de gestión en una democracia real. En el campo cultural, hay ya una amplia tradición de interlocución entre el sector público y las organizaciones del sector privado y del sector asociativo. Hay que asegurar la participación ciudadana, la democracia participativa, la transparencia informativa y la comunicación en la ela- boración y posterior puesta en funcionamiento del plan. El gobierno local en cultura debe ser un catalizador de procesos, reforzando la sociedad civil, promoviendo consensos y estableciendo corresponsabilidades, fo- mentando la participación democrática de la ciudadanía, la administración y los expertos en el debate, la formulación, la planificación, el desarrollo y la evaluación de las políticas públicas de cultura. El patrimonio cultural es ante todo un asunto de interés comunitario y público. Hay que alcanzar acuerdos que permitan gestionar el carácter público del patrimonio cultural. 3 Un instrumento estable de participación puede ser el denominado consejo de cultura o instancia pública para los temas culturales de la ciudad. En el consejo de cultura normalmente participan los agentes culturales de la ciudad, en su diversidad,

tanto sectorial (patrimonio, artes, bibliotecas

su dimensión (agentes grandes o

iniciativas pequeñas), su adscripción (pública, privada, asociativa

) posibilita

) y no sólo en

),

)

u otras varia-

3. Ideas clave sobre la Agenda 21 de la cultura. Jordi Pascual. En nous accents 2006. PLA ESTRATÈGIC DE CULTURA DE BARCELONA. Consultar en: http://www.bcn.es/

plaestrategicdecultura/pdf/Agenda21cultura_cast.pdf

ESTRATÈGIC DE CULTURA DE BARCELONA. Consultar en: http://www.bcn.es/ plaestrategicdecultura/pdf/Agenda21cultura_cast.pdf

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bles. Normalmente el consejo debate, y emite opiniones, sobre los temas culturales más relevantes de la ciudad.

Bibliografía

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Madrid. VEGARA, A. Y RIVAS, J.L. de las (2005), Territorios inteligentes , Alcobendas (Madrid), Fundación Metrópoli.

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Bases jurídicas de la intervención de los poderes locales en la gestión del patrimonio

Eduardo José Molina Soto.

Departamento de Régimen Jurídico del Patrimonio Histórico. Consejería de Cultura. Junta de Andalucía.

El modelo de Estado que configura nuestra vigente Constitución de 28 de diciem- bre de 1978 se estructura en la descentralización de funciones y competencias entre distintas Administraciones Públicas, como establece el artículo 137 1 , correspondién- dole al ámbito local un papel destacado en el juego constitucional como prueba el que se dedique todo el capítulo segundo del Título Octavo sobre organización territorial del Estado al enmarque normativo de la Administración local. Precisamente la Carta Magna sitúa como Administración Pública a los poderes locales y esto hace que le sea de aplicación directa e inmediata lo dispuesto en los artículos 9, apartado 2º y 46. El apartado segundo del artículo noveno establece «corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integran sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social». Este artículo se incardina en el Título Preliminar y su situación no es por azar como ninguna en todo el texto constitucional, sino que se encuentra dentro del núcleo más importante, el de los principios superiores del orden constitucional, junto al Título Primero y al Octavo de la Carta Magna. La interpretación del mismo plantea dos cuestiones relevantes que han sido puestas de manifiesto por la profesora Mª del Rosario Alonso (Alonso: 1992, pp. 59 y 62-70) al incidir, en primer lugar, en que estamos ante un objeto «para el adecuado desarrollo de la personalidad del hombre y, por tanto, como un instrumento de Cultura(…) responsabilidad que incumbe a todos los poderes públicos sin excepción »; y, en segundo lugar, en que « es una distribución (de competencias) distinta la que se opera con relación a la Cultura en sentido global que la que se opera con relación a las distintas facetas del fenómeno cultural(…) la Cultura, en sentido global, es un asunto que difícilmente admite el tratamiento competencial de las demás materias, pertenece por esencia a las

atribuciones institucionales de cualquier ente representativo(

A su vez, el artículo 46 2 de la Constitución de 1978 se encuentra dentro del capítulo

tercero del Título Primero, relativo a los principios rectores de la política social y

)».

1. «El Estado se organiza territorialmente en municipios, en provincias y en la

Comunidades Autónomas que se constituyan. Todas estas entidades gozan de auto- nomía para la gestión de sus respectivos intereses.»

2. Dice así: «los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el

enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos de

la conservación y promoverán el enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos de

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Bases jurídicas de la intervención de los poderes locales en la legislación del patrimonio

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económica, que serán objeto de cumplimiento como finalidad de su actuación por cualquier Administración Pública 3 , aunque no formen parte strictu sensu de los de- rechos y libertades propias de los individuos, regulados en el capítulo segundo. No es objetivo del presente trabajo hacer un análisis minucioso de este precepto 4 , sino el dejar patente que el patrimonio en sus distintas facetas y los bienes que lo integran, públicos o privados, deben tener garantizados su conservación y enriquecimiento por los poderes públicos sin excepción. Como desarrollo de la Constitución en materia de competencias de las corpora- ciones locales, nos encontramos en primer lugar con la Ley 7/1985, de 2 de abril, reguladora de las Bases de Régimen Local, que tiene un preámbulo ricamente escla- recedor del papel actual de dichos entes territoriales, pues afirma que «la voluntad del pueblo español ha sido la de enriquecer su trama organizativa, multiplicando sus centros de decisión, sin mengua de la superior unidad de su realidad unificadora. La definición de los Municipios y Provincias se hace de forma suficiente, aunque no prolija, en el texto supremo. La autonomía municipal debe ser el principio rector de la regulación de cada entidad. El criterio para evitar contradicciones con otras instancias radica en la determinación de sus intereses respectivos. Qué cosa sea el interés respectivo no ha sido desarrollado por la Constitución, aunque sí ha deter- minado los asuntos de interés de la Comunidad Autónoma y del Estado. Con esos elementos y con los datos que se desprenden de la realidad misma de las cosas, es posible construir las instituciones locales manteniéndolas en el lugar que debe corresponderles en un Estado complejo como el actual; y a las Cortes Generales compete enriquecer y concretar el diseño básico de las entidades locales como una de las piezas de la entera organización territorial del Estado. Presupone, pues, una perspectiva territorial, es decir, global y no sectorial. Su desarrollo representa poner en pie una institución territorial y, consecuentemente, su estatuto subjetivo y la ordenación de la capacidad potencialmente universal de dicha institución. Todos los sectores de la realidad a que se extiende la acción pública se encuentran, por ello, aludidos y en mayor o menor medida afectados. Se está, en definitiva, ante una Ley que atañe a la construcción misma del Estado y al diseño de uno de los ordenamientos jurídico-administrativos que en él se integran… tampoco es posible entender hoy los poderes públicos como estructuras monolíticas, construidas en cascada de mayor a menor y dotadas de funciones relativamente estables y diferen- ciadas por serlo también el mundo al que se enfrenta. Muy al contrario, la realidad social, cultural, tecnológica y económica ha roto definitivamente las situaciones singulares de relativo aislamiento y hoy la sociedad se nos muestra como un todo continuo…Esa continuidad del tejido social hace im- posible marcar unas fronteras nítidas a los intereses cuya tutela respectiva se

3. 4.
3.
4.

España y de los bienes que lo integran, cualquiera que sea su régimen jurídico y su titularidad. La ley penal sancionará los atentados contra este patrimonio».

Como se encarga de puntualizar el artículo 53, apartado 3, del mismo texto.

Análisis brillante de este artículo es el ofrecido por José María Abad en su estudio

«El principio jurisprudencial del derecho social a la cultura: análisis y manifestacio-

nes», que incluye opiniones de expertos en la materia como A. E. Pérez Luño y numerosa jurisprudencia. Necesaria resulta la consulta del comentario sobre esta cuestión realizado con lúcido juicio por Mª del Rosario Alonso (1992, Págs. 70-75).

del comentario sobre esta cuestión realizado con lúcido juicio por Mª del Rosario Alonso (1992, Págs.

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encomienda a los distintos poderes que destacan así su condición de formar parte de un conjunto institucional de arquitectura compleja en que las partes adquieren sentido en función del todo, pero articulándose entre sí no por principios formales, sino por criterios materiales que tratan de adaptar las competencias a los intereses reales en juego». En lo que respecta al Patrimonio Histórico el artículo 25, en su apartado segundo, de esta ley establece la competencia del municipio, en todo caso, en los términos de la legislación del Estado y de las Comunidades Autónomas. Tres puntualizaciones deben hacerse aquí: que no admite la ley excepciones a la asunción de la competencia pues prescribe que se hará «en todo caso»; que usa la terminología de «Patrimonio histórico-artístico», propio de la legislación anterior a la actualmente vigente, cues- tión que se explica por el hecho de ser esta una ley aprobada unos meses antes de la Ley de Patrimonio Histórico Español; y que hay una remisión total a la regulación estatal y autonómica en la materia para saber cual es la competencia en particular que asume el municipio 5 . No obstante, la Ley 7/1985 sí hace referencia a competencias indirectamente relacionadas con el Patrimonio Histórico en sus artículos 21 y 22 al regular las com- petencias de alcaldes-presidentes y de plenos respectivamente. Así el artículo 21.1 letra p) preceptúa que es competencia del alcalde «La adquisición de bienes y dere- chos cuando su valor no supere el 10 % de los recursos ordinarios del presupuesto ni los tres millones de euros, así como la enajenación del patrimonio que no supere el porcentaje ni la cuantía indicados en los siguientes supuestos: 1. La de bienes inmuebles, siempre que esté prevista en el presupuesto. 2. La de bienes muebles, salvo los declarados de valor histórico o artístico cuya enajenación no se encuentre prevista en el presupuesto», por lo que los bienes muebles que tengan una declaración de valor histórico o artístico —entiéndase Bien de Interés Cultural u otras de las categorías autonómicas existentes— no podrán ser enajenados mediante actuación del alcalde sino por parte del pleno cuando no se haya previsto en el presupuesto municipal, limitándose las facultades de disposición de la máxima figura de la cor- poración local. Por su parte, el artículo 22 establece en su apartado segundo, letra c) que es competencia del pleno «La aprobación inicial del planeamiento general y la aprobación que ponga fin a la tramitación municipal de los planes y demás instru- mentos de ordenación previstos en la legislación urbanística», tramitación en la que la actuación de la Administración Cultural tendrá una importancia relevante a tenor de la legislación nacional y autonómica de Patrimonio Histórico. A su vez, la letra g) del mismo apartado otorga al pleno competencia para «La aceptación de la delega- ción de competencias hecha por otras Administraciones públicas» y en materia de Patrimonio Histórico la Ley, esencialmente la autonómica, prevé importantes dele- gaciones de competencias originariamente atribuidas a la Administración de la Co- munidad Autónoma. Un paso más dentro de la normativa de carácter local supone la Ley 7/1999, de 29 de septiembre, de Bienes de las Entidades Locales de Andalucía, que despliega una

5. Esta opción legal ha sido muy criticada por parte de la doctrina, como de hecho

nos da noticias en su estudio Concepción Barrero (1990, Pág. 416) en nota al pie nº

422.

de la doctrina, como de hecho nos da noticias en su estudio Concepción Barrero (1990, Pág.

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serie de normas que afectan a la actuación de las corporaciones locales teniendo en cuenta la naturaleza de patrimonio histórico-cultural en relación a sus bienes. Así para adquirir bienes a título oneroso se permite el procedimiento negociado

y no sólo el concurso en caso de que así lo requieran sus características de singularidad

y especificidad histórica, cultural, artística o técnica (artículo 10.2, letra a). Es más se exige informe del órgano autonómico competente, cuando se trate de adquisición de bienes históricos o artísticos cuya transmisión deba ser notificada a la Adminis- tración autonómica según la legislación vigente 6 . Esta misma remisión a la normativa específica se exige por el artículo 16, apartado tercero, cuando se trate de enajena- ción de bienes declarados de interés cultural y demás que formen parte del patrimonio histórico español o andaluz 7 . Para la cesión de uso, el artículo 36.3 permite a las entidades locales valorar motivaciones de índole cultural por encima del criterio general de máxima rentabi- lidad que exige el apartado segundo. No obstante, son los artículos 51, 52 y 58 los más relevantes en esta Ley respecto al Patrimonio Histórico. El apartado segundo del artículo 51 establece que «las actuaciones de conservación, mantenimiento, custodia

y mejora que correspondan a las entidades locales respecto de los bienes integrantes

del patrimonio histórico de Andalucía deberán sujetarse a lo previsto en su normativa específica», viniendo el artículo 52 a acotar de manera más específica y pormeno- rizada esta obligación en su apartado cuarto al prescribir que «Las entidades locales

titulares de bienes inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía estén obligadas a obtener la previa autorización de la Consejería de

Cultura, para realizar cualquier cambio o modificación en bienes inmuebles inscritos

o en su entorno, para realizar obras de todo tipo y para cambiar el uso o modificar

los bienes muebles, instalaciones y accesorios que recoja la inscripción, de confor- midad con la regulación específica del patrimonio histórico de Andalucía» 8 . Esta obligación de obtener autorización no difiere de la que tienen los titulares particulares

de este tipo de bienes. Por su parte, el artículo 58 establece, dentro de la obligación general de formalizar un inventario general consolidado de todos los bienes y derechos de las entidades locales, la de que forme parte de él un inventario parcial del patrimonio histórico, con el fin de que dichos bienes queden singularizados y estén sujetos a un mejor control. La normativa precedente tiene por objeto la regulación de los entes locales tanto en su naturaleza, actuaciones y competencias como en el régimen jurídico de sus bienes, pero con respecto al Patrimonio Histórico los aspectos regulados son inciden-

6. Artículos 38 de la Ley 16/1985 de PHE, 18 de la Ley 1/1991 de PHA y 17 del

proyecto de nueva ley de Patrimonio Histórico para Andalucía.

7. Es decir, que, aparte de los expresamente declarados BIC, cualquiera de los

afectados por la exposición genérica —sin necesidad de acto expreso administrativo

por parte de la Administración Cultural— de los artículos 1.2 de la citada Ley 16 / 1985, 2.1 de la Ley 1/1991 y 2 del proyecto de nueva Ley andaluza sobre Patrimonio Histórico.

8. Dicha autorización se encuentra, por razón de las características o circunstan-

cias del bien patrimonial, regulada en los artículos 33, 35, 37, 52 y 59 de la Ley 1/ 1991 y 44, 46, 47, 54, 55 y 64 del Reglamento de Protección y Fomento del Patrimonio Histórico de Andalucía, aprobado por Decreto 19/1995 de 7 de febrero (BOJA nº 43 de 17 de marzo).

del Patrimonio Histórico de Andalucía, aprobado por Decreto 19/1995 de 7 de febrero (BOJA nº 43

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tales y se hace necesario el estudio y comentario del marco normativo strictu sensu relativo a todos los aspectos que conforman el Patrimonio Histórico. En Andalucía la situación se ha de denominar de inusual al menos, pues tras la entrada en vigor de la Ley 16/1985, de 25 de junio, de Patrimonio Histórico Español la Comunidad Autónoma, de acuerdo al artículo 13.27 del fenecido Estatuto de Autonomía de 1981, se lanzó a la labor de redactar una normativa propia, que quedó encarnada en la Ley 1/1991 de 3 de julio, del Patrimonio Histórico de Andalucía, norma anterior —en su formulación— a la famosa Sentencia del Tribunal Constitucional 17/ 1991 de 31 de enero, que vino a interpretar de manera más precisa el ámbito competencial de las distintas Administraciones Públicas. Esta circunstancia produjo

la existencia de dos sistemas legales paralelos aplicables en Andalucía, con las vir-

tudes, pero también con las complejidades de su puesta en práctica 9 . La futura ley, actualmente proyecto que está a punto de terminar su tramitación en el Parlamento de Andalucía y al que, como integrante de la comisión de redacción, estamos unidos

estrechamente, pondrá fin a esta situación; quedando únicamente como legislación

aplicable a la competencia autonómica sobre el Patrimonio Histórico la Ley andaluza, siendo supletorio el papel de la Ley 16/1985 en aquellos supuestos no regulados por

la norma autonómica y plenamente aplicable ésta última a las actuaciones relaciona-

das con las competencias exclusivas del Estado en la materia. Por ello, no sólo entraremos a comentar el Ordenamiento Jurídico vigente en el momento de redactar estas líneas, sino también la próxima novedad legislativa, dada su inminente entrada en vigor. Como desarrollo de lo previsto en la Constitución en su artículo 46 antes citado,

y más precisamente en el artículo 149.1 28ª que establece que el Estado tiene

competencias exclusivas sobre «defensa del patrimonio cultural, artístico y monu- mental español contra la exportación y la expoliación» se aprueba la Ley 16/1985 de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español 10 , que sustituyó a la decana ley repu-

blicana de 13 de mayo de 1933, y que ha supuesto un hito en la regulación de esta materia tan sensible en su permanencia. El artículo 2, en su segundo apartado, del texto legal de 1985 establece que «En relación al Patrimonio Histórico Español, la Administración del Estado adoptará las medidas necesarias para facilitar su colaboración con los restantes poderes públicos y la de éstos entre sí, así como para recabar y proporcionar cuanta información fuera precisa a los fines señalados en el párrafo anterior», por lo que la Administración

9. Resumen breve, pero clarificador, de esta situación y de algunos de sus efectos nos lo aporta en su trabajo Carlos López Bravo (1999, Págs. 14-16). Una visión general en las diferentes autonomías nos es facilitada por el excelente estudio de Juan Manuel Alegre (2004, Págs. 49-66, especialmente en lo concerniente al caso andaluz en Págs. 57-58). 10. Sigue siendo estudio esencial de referencia para comprender el texto completo de la reforma que supuso respecto del Patrimonio Histórico la Ley de 1985 la obra de José Luis Álvarez Álvarez Estudios sobre el Patrimonio Histórico Español de 1989, desde sus fases previas parlamentarias, incluido el cotejo con el texto de proyecto de ley abortado de 1981. Nuevo trabajo de referencia legislativa con abundante jurisprudencia sobre el particular supone el Código del Patrimonio Cultural de 2007, obra de Luis Antonio Anguita Villanueva.

sobre el particular supone el Código del Patrimonio Cultural de 2007, obra de Luis Antonio Anguita

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estatal se erige en coordinadora entre el resto de Administraciones Públicas, incluidas las corporaciones locales, para el ejercicio cumplimiento de los preceptos de la Ley y, por ende, del mandato constitucional a los Poderes Públicos. La Administración Local tiene, por tanto, un interlocutor válido y especializado en el actual Ministerio de Cultura, al que puede acudir bien directamente, bien por conducto de los órganos pertinentes de la Comunidad Autónoma, sobre todo en cuestiones relacionadas con las materias de competencia exclusiva de dicha Administración –exportación e im- portación de bienes, expoliación del Patrimonio en los términos del artículo 4º o museos, archivos y bibliotecas de titularidad estatal-, potestad que le es reconocida por el Ordenamiento Jurídico en cuanto Administración Pública 11 . Por su parte el artículo 6 establece que «A los efectos de la presente Ley se entenderá como organismos competentes para su ejecución: a) Los que en cada Comunidad Autónoma tengan a su cargo la protección del Patrimonio Histórico». Este artículo, en el que se reparten esencialmente las competencias para la ejecución de los preceptos legales, se ha venido interpretando tradicionalmente en el sentido de que por organismos competentes de la Comunidad Autónoma se han de entender únicamente los correspondientes a la Administración Autonómica 12 , pero nada em- pece que se pueda referir a todos los poderes públicos, incluidos los locales, como luego aclara indirectamente el controvertido artículo 7 o la Ley 1/1991 en sus artículos 3 y 4 en el caso de Andalucía. Con ello se quiere subrayar que los poderes locales tiene un papel fundamental y activo en la aplicación del Derecho sobre el Patrimonio Histórico, lo que les hace sujeto de potestades, pero también de obligaciones, de las que se puede exigir responsabilidades en caso de incumplimiento o dejación. Ya se ha adelantado que el artículo 7 13 tiene un carácter controvertido, pues se ha venido entendiendo que el papel que la Ley deja a los ayuntamientos es meramente

11. La Ley 30/1992 de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones

Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, de obligado y general cumplimien-

to en todo el territorio nacional, establece en su artículo 4 dedicado a los principios de las relaciones entre las Administraciones Públicas que «1. Las Administraciones públicas actúan y se relacionan de acuerdo con el principio de lealtad institucional y, en consecuencia, deberán: (a) Respetar el ejercicio legítimo por las otras Admi- nistraciones de sus competencias. (b) Ponderar, en el ejercicio de las competencias propias, la totalidad de los intereses públicos implicados y, en concreto, aquellos cuya gestión esté encomendada a las otras Administraciones. (c) Facilitar a las otras Administraciones la información que precisen sobre la actividad que desarrollen en el ejercicio de sus propias competencias. (d) Prestar, en el ámbito propio, la cooperación y asistencia activas que las otras Administraciones pudieran recabar para el eficaz ejercicio de sus competencias. 2. A efectos de lo dispuesto en las letras c) y d) del apartado anterior, las Administraciones públicas podrán solicitar cuantos datos, documentos o medios probatorios se hallen a disposición del ente al que se dirija la solicitud. Podrán también solicitar asistencia para la ejecución de sus competencias.»

12. Véase así el comentario de José Castillo (2004, Págs. 35-36), o el de Luciano

Parejo (1998, Págs. 65-66). 13. Su texto preceptúa que «Los Ayuntamientos cooperarán con los organismos competentes para la ejecución de esta Ley en la conservación y custodia del Patri- monio Histórico Español comprendido en su término municipal, adoptando las medi- das oportunas para evitar su deterioro, pérdida o destrucción. Notificarán a la

término municipal, adoptando las medi- das oportunas para evitar su deterioro, pérdida o destrucción. Notificarán a

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residual y pasivo, dejando a merced de Estado y Comunidad Autónoma el concretar en qué consiste el grueso de estas competencias 14 . Sin embargo, la actuación en el ámbito local resulta totalmente activa y de primer orden, pues al hablar de la técnica de cooperación el precepto no relega a simple convidado de piedra al ayuntamiento, sino que empuja a la coparticipación en las tareas legales a todas las Administraciones Públicas, pues como recuerda el Fundamento Jurídico Noveno de la Sentencia 17/ 1991 del Tribunal Constitucional de 31 de enero «es una manifestación y aplicación concreta de lo que con carácter general se dispone en el artículo 46 de la Constitu-

ción». La propia ley, en el resto del articulado que atañe al poder local, lo hace sujeto activo de facultades, pero también de obligaciones que tendrán su consecuente dentro del elenco de infracciones que el texto contiene. Ya el artículo 9, en su apartado segundo, relativo al procedimiento para la declaración de un bien como de Interés Cultural, preceptúa que en el caso de bienes inmuebles se dé audiencia al ayuntamiento del municipio donde aquel radique. La importancia de la corporación municipal en este procedimiento de declaración viene refrendada en el artículo 12 y en el 13 del Real Decreto 111/1986 de 10 de enero 15 , pues se exige en todo caso que sea notificada de la apertura del expediente —lo que le permite desde el principio aportar alegaciones y documentación pertinente, dis- frutando de la condición de interesado—, además de que se le otorgue la audiencia prescrita por la Ley. La fundamentación de esta obligación radica en que en todo caso,

la Administración que tiene un papel más activo y cercano en el territorio respecto

al Patrimonio Histórico es cotidianamente la local, siendo precisamente el conoci-

miento del medio físico y de las particularidades en cada caso concreto muy tenidos en cuenta para adecuar la protección buscada por los procedimientos de declaración

a la realidad efectiva de los inmuebles que se pretendan proteger 16 . Es más, como se verá más adelante, algunos de estos procedimientos van a condicionar de forma

Administración competente cualquier amenaza, daño o perturbación de su función social que tales bienes sufran, así como las dificultades y necesidades que tengan

para el cuidado de estos bienes. Ejercerán asimismo las demás funciones que tengan expresamente atribuidas en virtud de esta Ley».

14. Véase el comentario antes citado de Luciano Parejo (1998, Pág. 66). Alonso

Ibáñez (ob. cit., Págs. 111-121) hace una reflexión de calado sobre esta cuestión.

15. El artículo 12, apartado segundo del Real Decreto reza así: «La incoación se

notificará a los interesados cuando se refiera a expedientes sobre bienes muebles, monumentos y jardines históricos y, en todo caso, al Ayuntamiento del municipio en cuyo término éstos radiquen si se trata de inmuebles». A su vez el artículo 13, apartado primero, preceptúa que «La instrucción del expediente se ajustará a lo es- tablecido en la Ley 16/1985 y en su tramitación serán de aplicación las normas gene- rales del procedimiento administrativo. Cuando se refiera a inmuebles se dispondrá la apertura de un período de información pública y se dará audiencia al Ayuntamien- to interesado». 16. Tal es la importancia de este hecho que la propia ley lo establece como contenido obligatorio en las declaraciones de inmuebles como bienes de interés cultural en su artículo 11.2 «La resolución del expediente que declara un bien de interés cultural deberá describirlo claramente. En el supuesto de inmuebles, delimitará el entorno afectado por la declaración y, en su caso, se definirán y enumerarán las partes integrantes, las pertenencias y los accesorios comprendidos en la declaración».

se definirán y enumerarán las partes integrantes, las pertenencias y los accesorios comprendidos en la declaración».

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relevante la actuación de la corporación local en algunos aspectos, esencialmente urbanísticos, y debe ser ésta la que cobre el protagonismo en esta materia. En este orden de cosas, la incoación de un expediente de declaración de un inmueble trae efectos inmediatos sobre las licencias otorgadas o en tramitación, pues el artículo 16 del texto legal, en su apartado primero, establece que «La in- coación de expediente de declaración de interés cultural respecto de un bien inmue- ble determinará la suspensión de las correspondientes licencias municipales de parcelación, edificación o demolición en las zonas afectadas, así como de los efectos de las ya otorgadas. Las obras que por razón de fuerza mayor hubieran de realizarse con carácter inaplazable en tales zona precisarán en todo caso, autorización de los organismos competentes para la ejecución de esta Ley». Dos aspectos deben des- tacarse respecto a este precepto: en primer lugar se busca que los valores histórico- culturales que se pretenden proteger con la declaración no sean menoscabados con actuaciones posteriores a la incoación del procedimiento, puesto que le restaría virtualidad, por lo que la ley acude a la técnica de anticipar los efectos jurídicos de la declaración conclusa al momento del inicio del procedimiento, con evidente fina- lidad cautelar, incluyendo la suspensión de los derechos reconocidos pendientes de ejercitar o ejercitándose —licencias otorgadas en ejecución—; en segundo lugar, en cualquier supuesto —sea el previsto de fuerza mayor en la Ley o en el resto de los supuestos— se necesitará autorización de la Administración Cultural para cualquier intervención sobre el inmueble por mínima que esta sea y ello dará lugar en su caso a la modificación de los condicionantes de la licencia otorgada, llegando incluso a su denegación posterior. El interesado que se sienta perjudicado en sus intereses o derechos puede pedir responsabilidad patrimonial a la Administración, que procederá conforme a la regulación establecida para estos casos 17 . Los artículos siguientes son los de más honda significación y trascendencia en el ámbito municipal y representan la prueba de que la Administración local no es sólo mera receptora pasiva de la normativa sobre Patrimonio Histórico, sino partícipe activo de primer orden y verdadero protagonista en la conservación de este tipo de bienes. El artículo 20 es uno de los más complejos de los contenidos en el texto legal. Sus cuatro apartados merecen ser estudiados pormenorizadamente y han sido objeto de análisis continuado por la Jurisprudencia y la doctrina científica. El primer apartado establece que «La declaración de un conjunto histórico, sitio histórico o zona arqueológica, como bienes de interés cultural, determinará la obligación para el municipio o municipios en que se encontraren de redactar un Plan

17. El marco ha quedado establecido a nivel legal, cumpliendo el mandato constitu- cional del artículo 33.3 que establece que «nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto en las leyes», en la Ley 30/1992 de 26 de noviembre, citada anteriormente, en sus artículos 139-144, y a nivel reglamentario mediante el Reglamento de los procedimientos en materia de responsabilidad patrimonial de las Administraciones Públicas, aprobado por Real De- creto 429/1993, de 26 de marzo. Sobre esta cuestión puede consultarse el estudio centrado en la indemnizaciones de los catálogos urbanísticos de Santiago González- Varas (2005, Págs. 217-230).

centrado en la indemnizaciones de los catálogos urbanísticos de Santiago González- Varas (2005, Págs. 217-230).

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especial de protección del área afectada por la declaración u otro instrumento de planeamiento de los previstos en la legislación urbanística que cumpla en todo caso las exigencias en esta Ley establecidas. La aprobación de dicho Plan requerirá el informe favorable de la Administración competente para la protección de los bienes culturales afectados. Se entenderá emitido informe favorable transcurridos tres meses desde la presentación del Plan. La obligatoriedad de dicho Plan no podrá excusarse en la preexistencia de otro planeamiento contradictorio con la protección, ni en la inexistencia previa de planeamiento general». Varios comentarios deben hacerse sobre su contenido:

— Existe obligación para el ayuntamiento de la redacción de un plan específico que tenga la finalidad de proteger y conservar, conforme a los contenidos mínimos que establecen el apartado segundo de este artículo y el artículo 21.1, sin perjuicio de la legislación urbanística aplicable.

— Esta obligación se predica respecto de tres de las categorías que establece la Ley en su artículo 15: conjunto histórico, sitio histórico y zona arqueológica 18 . Por tanto, esta obligación no rige respecto de las otras figuras de protección contempladas en la Ley: monumento y jardín histórico. Además, teniendo en cuenta lo prevenido en el artículo 11.1 sobre aplicación provisional del régimen de protección a los bienes afectados por la incoación del expediente, no sólo habrá que realizar el planeamiento en el caso de bienes ya declarados, sino también en el de los que sólo tienen la resolución por la que se incoa el procedimiento y éste está aún en tramitación.

— Para que el plan sea válido se requiere informe de la Administración Cultural autonómica y éste ha de ser favorable. Sin ese informe el plan no se entiende con contenido de protección 19 . El transcurso del plazo sin que se emita informe tiene como efecto el que se entienda evacuado favorablemente, empezando a contar desde el momento en que la Administración informante lo recibe oficialmente.

18. Conviene recordar la definición legal de cada categoría referida. Conjunto histórico «es la agrupación de bienes inmuebles que forman una unidad de asenta- miento, continua o dispersa, condicionada por una estructura física representativa de la evolución de una comunidad humana por ser testimonio de su cultura o constituir un valor de uso y disfrute para la colectividad. Asimismo es conjunto histórico cualquier núcleo individualizado de inmuebles comprendidos en una unidad superior de población que reúna esas mismas características y pueda ser claramente delimitado». A su vez, sitio histórico «es el lugar o paraje natural vinculado a acontecimientos o recuerdos del pasado, a tradiciones populares, creaciones cultu- rales o de la naturaleza y a obras del hombre, que posean valor histórico, etnoló- gico, paleontológico o antropológico». Zona arqueológica «es el lugar o paraje natural donde existen bienes muebles o inmuebles susceptibles de ser estudiados con metodología arqueológica, hayan sido o no extraídos y tanto si se encuentran en la superficie, en el subsuelo o bajo las aguas territoriales españolas». Sobre los conjuntos históricos resultan muy útiles las reflexiones de Martín Bassols (2000, Págs.

91-110).

19. Aquí se estará a lo prevenido en el artículo 32 de la Ley 1/1991 y a lo establecido en la Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía, Ley 7/2002 de 17 de diciembre, especialmente sus artículos 14.1 b), 31, 32, 33 y 34.

Urbanística de Andalucía, Ley 7/2002 de 17 de diciembre, especialmente sus artículos 14.1 b), 31, 32,

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— El plan especial suele ser desarrollo del Plan General de Ordenación Urbana, pero no hay impedimento en que el propio PGOU tenga el suficiente contenido de protección para que sea informado y, por tanto, validado a los efectos del artículo 20, que por otro lado es bastante flexible respecto al tipo de instru- mento a aplicar.

El apartado segundo establece los contenidos mínimos que han de poseer estos planes 20 , contenido que la Ley 7/2002 en su artículo 14 formula con carácter abstracto al preceptuar que «tendrán el contenido necesario y adecuado a su objeto». El apartado tercero establece el régimen transitorio aplicable en tanto no exista planeamiento que cumpla este artículo y así establece que «hasta la aprobación definitiva de dicho Plan el otorgamiento de licencias o la ejecución de las otorgadas antes de incoarse el expediente declarativo del conjunto histórico, sitio histórico o zona arqueológica, precisará resolución favorable de la Administración competente para la protección de los bienes afectados y, en todo caso, no se permitirán alinea- ciones nuevas, alteraciones en la edificabilidad, parcelaciones ni agregaciones». Es decir, cualquier actuación sobre el área sujeta a protección por alguna de esas tres categorías estará sujeta a previo estudio y autorización por parte de la Administra- ción Cultural autonómica 21 . En este régimen transitorio se descarta la posibilidad de que se produzcan nuevas alineaciones, cambios de edificabilidad o en el parcelario afecto al área protegida. Con ello se pretende hacer cumplir la finalidad de la decla- ración como bien de interés cultural del territorio que se protege, impidiéndose modificación alguna que no esté incluida en el futuro plan de protección y que por la vía de hecho, mediante actuaciones parciales, se desvirtúe aquel fin. Más adelante se verá que el plan tendrá, al respecto, fuertes condicionantes en la materia. El apartado cuarto de este artículo 20 establece que «desde la aprobación defi- nitiva del Plan a que se refiere este artículo, los Ayuntamientos interesados serán competentes para autorizar directamente las obras que desarrollen el planeamiento aprobado y que afecten únicamente a inmuebles que no sean monumentos ni jardines históricos ni estén comprendidos en su entorno, debiendo dar cuenta a la Adminis- tración competente para la ejecución de esta Ley de las autorizaciones o licencias concedidas en el plazo máximo de diez días desde su otorgamiento. Las obras que

20. Este apartado segundo del artículo 20 dice así:

apartado anterior establecerá para todos los usos públicos el orden prioritario de su instalación en los edificios y espacios que sean aptos para ello. Igualmente contemplará las posibles áreas de rehabilitación integrada que permitan la recupe- ración del área residencial y de las actividades económicas adecuadas. También

deberá contener los criterios relativos a la conservación de fachadas y cubiertas e instalaciones sobre las mismas».

21. El vigente Reglamento de Organización Administrativa del Patrimonio Histórico de

Andalucía, aprobado por Decreto 4/1993 de 26 de febrero, establece en su artículo 5.23 que el órgano competente es el Director General de Bienes Culturales. No obstante, esta competencia ha sido delegada por Resolución de 1 de junio de 1999 de dicha Dirección General (BOJA de 26 de junio) en los Delegados Provinciales de la Consejería de Cultura. Este órgano provincial se asesora en su decisión por la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico, conforme al artículo 27 del Reglamento de Organización citado.

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se realicen al amparo de licencias contrarias al Plan aprobado serán ilegales y la Administración competente podrá ordenar su reconstrucción o demolición con cargo

al organismo que hubiera otorgado la licencia en cuestión, sin perjuicio de lo dispues-

to en la legislación urbanística sobre las responsabilidades por infracciones». Por tanto, automáticamente una vez aprobado y en vigor el plan de protección, las competencias más importantes respecto de la acción sobre el patrimonio histórico en el territorio lo tiene de forma protagonista y en exclusiva el poder local y no ya la Administración Cultural, a la que se deberá informar de las distintas actuaciones que se autoricen en el área protegida 22 . En ningún caso, al no existir plan al respecto, el ayuntamiento tiene competencias sobre monumentos y jardines históricos, pero sobre sus entornos se estará a lo dispuesto por la Ley 1/1991 en su artículo 38. El artículo 21 de la Ley 16/1985 contiene prescripciones o prohibiciones que el plan de protección tendrá que seguir. El apartado primero establece que «en los instrumentos de planeamiento relativos a conjuntos históricos se realizará la cata-

logación, según lo dispuesto en la legislación urbanística, de los elementos unitarios que conforman el conjunto, tanto inmuebles edificados como espacios libres exte- riores o interiores, u otras estructuras significativas, así como de los componentes naturales que lo acompañan, definiendo los tipos de intervención posible. A los elementos singulares se les dispensará una protección integral. Para el resto de los elementos se fijará, en cada caso, un nivel adecuado de protección», por lo que a lo comentado anteriormente sobre el contenido de este tipo de planes habrá que añadir la catalogación de los elementos que configuran los conjuntos históricos 23 . El apartado segundo de este artículo dispone «excepcionalmente, el Plan de protección de un conjunto histórico podrá permitir remodelaciones urbanas, pero solo en caso de que impliquen una mejora de sus relaciones con el entorno territorial

o urbano o eviten los usos degradantes para el propio conjunto». Estamos ante una

de las limitaciones establecidas por la ley respecto del contenido del planeamiento. Las remodelaciones urbanas sólo se permiten en dos casos y siempre con el carácter de excepcional: cuando provoquen una mejora en su entorno o para evitar usos perniciosos que vayan contra los valores protegidos con la declaración de conjunto histórico. La aclaración y acotación de esta limitación la ofrece el mismo artículo en su tercer apartado, precepto con enorme consecuencias prácticas sobre el desarrollo de actuaciones en el conjunto histórico. Establece que «la conservación de los conjuntos históricos declarados bienes de interés cultural comporta el mantenimiento de las estructura urbana y arquitectónica, así como de las características generales de su ambiente. Se considerarán excepcionales las sustituciones de inmuebles, aunque

22. Sobre las limitaciones y condiciones de este artículo 20, véase el trabajo citado

de Luciano Parejo, especialmente Págs. 76-79.

23. Respecto a los catálogos de este tipo de elementos resulta muy interesante el

trabajo preliminar de Mª del Rosario Alonso (2004) y su estudio más completo y defi- nitivo (2005), donde se contiene la evolución histórica de esta figura y una com- parativa de la normativa de las distintas comunidades autónomas, junto a un elenco de la jurisprudencia sobre el particular. También las enseñanzas sobre su ejecución y la problemática que puede entrañar son recogidas en el estudio ya citado efectuado por Santiago González-Varas.

y la problemática que puede entrañar son recogidas en el estudio ya citado efectuado por Santiago

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sean parciales, y sólo podrán realizarse en la medida en que contribuya a la conser- vación general de carácter del conjunto. En todo caso, se mantendrán las alineacio- nes urbanas existentes» 24 . El principio general, como ya adelantaba el apartado anterior, es el de mantenimiento de la trama urbana y del ambiente que le es propio, tal como ha quedado protegida con el expediente de declaración. Las alineaciones urbanas no podrán modificarse en ningún caso, como tampoco podrán sustituirse ni siquiera parcialmente las edificaciones que conforman dicha trama, excepto si con ello se contribuye al mantenimiento del resto y aún así siempre con carácter excep- cional. El artículo 23 25 es un recordatorio a los ayuntamientos sobre la necesidad de obtener autorización previa de la Administración Cultural para el otorgamiento de licencias de obras, en el caso de que no exista plan de protección y en el resto de los supuestos en que la Administración autonómica mantiene sus competencias sin delegar. Asimismo recuerda los efectos jurídicos de su incumplimiento: a la ilegalidad de las obras que no cuenten con esta autorización —obras que podrán ser reconducidas

a su estado anterior por la Administración—, hay que sumar la posible aplicación del

precepto que regula las infracciones administrativas 26 , sin descartar en casos pun- tuales acudir al Código Penal. El artículo 24 establece que los expedientes que se lleven por ruina de inmuebles afectados por una declaración de bien de interés cultural —incluidos los conjuntos,

sitios y zonas arqueológicas y aunque exista plan de protección— deberán notificarse

a la Administración Cultural para que pueda intervenir como interesada. Su apartado segundo recuerda que en ningún caso, aunque exista firmeza en la declaración de ruina, se podrá demoler el inmueble sin previa autorización de dicha Administración, que conserva siempre tal competencia. Este extremo debe quedar bien claro en la resolución que declare la ruina y, por tanto, nunca podrá expedirse licencia de derribo sin la previa concesión de la autorización de la Administración Cultural. El apartado tercero establece que el ayuntamiento en tanto no exista tal auto- rización deberá proceder a tomar las medidas oportunas para evitar daños a las personas o los bienes, pero no podrá autorizar ninguna demolición parcial por segu-

24. Respecto de este apartado resulta imprescindible consultar la Sentencia del

Tribunal Supremo de 5 de marzo de 1999. Concepción Barrero (1999, Págs. 301-308) realiza un comentario clarificador sobre esta cuestión.

25. Dice así: «1. No podrán otorgarse licencias para la realización de obras que,

conforme a lo previsto en la presente Ley, requieran cualquier autorización admi- nistrativa hasta que esta haya sido concedida. 2. Las obras realizadas sin cumplir

lo establecido en el apartado anterior serán ilegales y los Ayuntamientos o, en su caso, la Administración competente en materia de protección del Patrimonio Histó- rico Español podrán ordenar su reconstrucción o demolición con cargo al responsable de la infracción en los términos previstos por la legislación urbanística».

26. El artículo 76.1 establece «Salvo que sean constitutivos de delitos, los hechos

que a continuación se mencionan constituyen infracciones administrativas que serán sancionadas conforme a lo dispuesto en este artículo: c) El otorgamiento de licencias

para la realización de obras que no cumpla lo dispuesto en el artículo 23. e) La realización de cualquier clase de obra o intervención que contravenga lo dispuesto en los artículos 16, 19, 20, 21, 25, 37 y 39».

de cualquier clase de obra o intervención que contravenga lo dispuesto en los artículos 16, 19,

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ridad sin haber obtenido autorización al respecto de la Administración autonómica. Se pretende con ello evitar el que por la vía de las demoliciones parciales de emer- gencia se alcance el fin prohibido por la norma de demolición total sin previa auto- rización. La ley prevé como infracción –sin descartar el que se cometa ilícito penal- tales demoliciones no autorizadas previamente cuenten o no con licencia municipal 27 . Este artículo 24 está en relación con el 37 del mismo texto legal que permite a la Administración Cultural impedir un derribo o suspender una obra en un inmueble afectado por una declaración —o simplemente la incoación del procedimiento por aplicación del artículo 11, como ya se expresó más arriba— de bien de interés cultural, incluso actuar de esa manera aunque no exista tal declaración, pero en tal caso se deberá incoar procedimiento de declaración o permitir la continuidad de la actuación suspendida. Para esto último se requiere un acto expreso de la Administración Cultural, no siendo automático el levantamiento de la suspensión por el transcurso del plazo. Lo que sí puede proceder es pedir responsabilidad patrimonial a dicha Administración si no se levanta el impedimento una vez vencido el plazo y no habién- dose incoado el procedimiento de declaración como bien de interés cultural. Este mismo artículo 37 en su apartado tercero 28 abre la puerta a la vía de la expropiación de inmuebles tanto por la Administración Cultural como por los muni- cipios, que sin embargo no tienen prioridad en su ejercicio. Debe quedar claro que ha de existir una de las posibles causas de expropiación que el precepto tasa en tres casos: peligro de destrucción o deterioro o uso incompatible con los valores protegi-

27. El artículo 24 preceptúa «1) Si a pesar de lo dispuesto en el artículo 36, llegara

a incoarse expediente de ruina de algún inmueble afectado por expediente de

declaración de bien de interés cultural, la Administración competente para la ejecución de esta Ley estará legitimada para intervenir como interesado en dicho

expediente, debiéndole ser notificada la apertura y las resoluciones que en el mismo

se adopten. 2) En ningún caso podrá procederse a la demolición de un inmueble, sin

previa firmeza de la declaración de ruina y autorización de la Administración com- petente, que no la concederá sin informe favorable de al menos dos de las Institu- ciones consultivas a las que se refiere el artículo 3. 3) Si existiera urgencia y peligro inminente, la entidad que hubiera incoado expediente de ruina deberá ordenar las medidas necesarias para evitar daños a las personas. Las obras que por razón de fuerza mayor hubieran de realizarse no darán lugar a actos de demolición que no sean estrictamente necesarios para la conservación del inmueble y requerirán en todo caso, la autorización prevista en el artículo 16.1, debiéndose prever además en su caso la reposición de los elementos retirados». A su vez el ya citado artículo 76 prevé como infracción, además de la mencionada en su apartado e), la del apartado g) —que tiene la condición de muy grave por razón de la cuantía de la multa imponible— «el derribo, desplazamiento o remoción ilegales de cualquier inmueble afectado por un expediente de declaración de bien de intereses cultural». 28. El artículo 37.3 establece «Será causa justificativa de interés social para la expropiación por la Administración competente de los bienes afectados por una declaración de interés cultural el peligro de destrucción o deterioro, o un uso incompatible con sus valores. Podrán expropiarse por igual causa los inmuebles que impidan o perturben la contemplación de los bienes afectados por la declaración de interés cultural o den lugar a riesgos para los mismos. Los municipios podrán acordar también la expropiación de tales bienes notificando previamente este pro- pósito a la Administración competente, que tendrá prioridad en el ejercicio de esta potestad».

previamente este pro- pósito a la Administración competente, que tendrá prioridad en el ejercicio de esta

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dos de bienes afectos a una declaración de bien de interés cultural; impedimento o perturbación de la contemplación de bienes afectados por una declaración por parte de inmuebles no protegidos que produzcan estos hechos; o riesgo producido por inmuebles no protegidos sobre inmuebles afectados por una declaración. En todo caso se requiere previamente al inicio del procedimiento de expropiación una declaración de interés social 29 , que debe ser realizada por el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía. El artículo 69 de la ley estatal establece una serie de beneficios fiscales sobre el patrimonio histórico que afecta a los tributos propios de los poderes locales 30 , en consonancia con lo que establezcan el texto refundido de la Ley reguladora de las Haciendas Locales 31 y las respectivas Ordenanzas Municipales. Como ya se adelantaba más arriba, la regulación del Patrimonio Histórico en Andalucía está en proceso de experimentar una modificación trascendental que se sustancia en la nueva ley de patrimonio histórico andaluz, aprobada por el Parlamento de Andalucía el 14 de noviembre de 2007, que en el momento de redactar el presente trabajo aún no se encuentra en vigor y que sustituye a la aún vigente Ley 1/1991 de 3 de julio. Teniendo en cuenta esta situación de transición entre las dos normas autonómicas, nos ceñiremos a comentar brevemente los artículos vigentes de la Ley 1/1991 y a presentar los cambios más significativos que la nueva normativa supone con respecto a los poderes locales. La ya decana ley de 1991 dedica varios e importantes artículos a los poderes locales, siguiendo en algunos casos el tenor y el espíritu de la Ley 16/1985, por lo que puede ser tachada de continuista, modificando el sentido de la ley estatal en algunos aspectos. El artículo 3 prescribe que «1. Corresponde a la Comunidad Autónoma de Anda- lucía la competencia exclusiva sobre el Patrimonio Histórico Andaluz, sin perjuicio de las competencias que correspondan al Estado o estén atribuidas a la Administra- ción Local. Además, corresponde a la Comunidad Autónoma la ejecución de la

29. Por aplicación de los artículos 9 y 10 de la vigente Ley de Expropiación Forzosa

de 16 de diciembre de 1954.

30. Su redacción dice así: «1) Como fomento al cumplimiento de los deberes y en

compensación a las cargas que en esta Ley se imponen a los titulares o poseedores de los bienes integrantes del Patrimonio Histórico Español, además de las exenciones fiscales previstas en las disposiciones reguladoras de la contribución territorial urbana del Impuesto extraordinario sobre el Patrimonio de las Personas Físicas, se establecen los beneficios fiscales fijados en los artículos siguientes. 2) Para disfrutar de tales beneficios, salvo el establecido en el artículo 72.1, los bienes afectados deberán ser inscritos previamente en el Registro general que establece el artículo 12, en el caso de bienes de interés cultural, y en el inventario general a que se refieren los artículos 26 y 53, en el caso de bienes muebles. En el caso de conjuntos históricos, sitios históricos o zonas arqueológicas, sólo se considerarán inscritos los inmuebles comprendidos en ellos que reúnan las condiciones que reglamentariamen- te se establezcan. 3) En los términos que establezcan las ordenanzas municipales, los bienes inmuebles declarados de interés cultural, quedarán exentos del pago de

los restantes impuestos locales que graven la propiedad o se exijan por su disfrute o transmisión, cuando sus propietarios o titulares de derechos reales hayan empren- dido o realizado a su cargo obras de conservación, mejora o rehabilitación en dichos inmuebles. 4) En ningún caso procederá la compensación con cargo a los Presupues- tos Generales del Estado en favor de los Ayuntamientos interesados».

31. Real Decreto Legislativo 2/2004, de 5 de marzo, artículo 62.

del Estado en favor de los Ayuntamientos interesados». 31. Real Decreto Legislativo 2/2004, de 5 de

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Legislación Estatal en la materia, en cuanto tal ejecución no resulte expresamente atribuida por el ordenamiento jurídico a la Administración del Estado. 2. Por acuerdo del Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía, y mediante convenio con las corporaciones locales interesadas, podrá delegarse en estas el ejercicio de competen- cias en la materia, propias de la Administración de la Comunidad Autónoma». Si bien el grueso de las competencias son atribuidas a la Administración Autonómica, se reconoce que la Administración Local tiene de por sí titulo competencial atribuido desde el origen, además del que le pueda ser delegado por dicha Administración Cultural. El artículo 4 es prueba de esta atribución originaria que la Ley les reconoce al establecer que «1.Corresponde a los ayuntamientos la misión de realzar y dar a conocer el valor cultural de los bienes integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz que radiquen en su término municipal. Les corresponde asimismo adoptar, en caso de urgencia, las medidas cautelares necesarias para salvaguardar los bienes del Patrimonio Histórico Andaluz cuyo interés se encontrase amenazado. Todo ello sin perjuicio de las funciones que específicamente se les encomiende mediante esta Ley

o en virtud de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico español. 2.

Las Administraciones Públicas de la Comunidad Autónoma de Andalucía colaborarán estrechamente entre sí en el ejercicio de sus funciones y competencias para la defensa del Patrimonio Histórico, mediante relaciones recíprocas de plena comunicación, cooperación y asistencia mutua. Las corporaciones locales pondrán en conocimiento

de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente las dificultades y necesidades que se les susciten en el ejercicio de sus competencias en esta materia, así como cualquier propuesta que pueda contribuir a la mejor consecución de los objetivos de esta Ley» El artículo 4 del nuevo texto legal establece «1. Las Administraciones Públicas colaborarán estrechamente entre sí en el ejercicio de sus funciones y competencias para la defensa, fomento y difusión del Patrimonio Histórico, mediante relaciones recíprocas de plena comunicación, cooperación y asistencia mutua. 2.Corresponde

a los municipios la misión de colaborar activamente en la protección de los bienes

integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz que radiquen en su término municipal, en especial a través de la ordenación urbanística, así como realzar y dar a conocer el valor cultural de los mismos. Asimismo podrán adoptar, en caso de urgencia, las medidas cautelares necesarias para salvaguardar los bienes del Patrimonio Histórico Andaluz cuyo interés se encontrase amenazado, sin perjuicio de cualquier otra función que legalmente tengan encomendada. 3. Además de los supuestos de dele- gación de competencias previstos en la Ley, por acuerdo del Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía, mediante convenio con las entidades locales interesadas, podrá delegarse en éstas el ejercicio de competencias en la materia propias de la Administración de la Junta de Andalucía, dentro del marco establecido en el Estatuto de Autonomía para Andalucía». De la simple lectura se observa que en general se ha seguido la redacción de la ley que se sustituye, pero con algunos matices importantes:

se introduce el aspecto crucial en la nueva ley de la ordenación urbanística como fundamento de la protección y conservación del patrimonio 32 ; y, por otro lado, se abre

32. En el preámbulo de la nueva ley se explica sobre su contenido que «destaca el deber de colaboración entre las Administraciones Públicas, enfatizando el papel que han de desempeñar los municipios en la defensa y protección del Patrimonio Histórico a través del planeamiento urbanístico».

los municipios en la defensa y protección del Patrimonio Histórico a través del planeamiento urbanístico».

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el abanico de las posibilidades de descentralización que el nuevo Estatuto de Auto- nomía 33 permite mediante la delegación de competencias autonómicas, aunque no esté recogida expresamente esa posibilidad en el texto de la ley. El artículo 9 de la Ley 1/1991 regula el procedimiento de inscripción en el Catálogo General del Patrimonio Histórico. En él se establece la obligación de dar audiencia a los ayuntamientos donde se ubiquen los bienes inmuebles afectados por la declara- ción. Por su parte, el artículo 9 de la nueva ley de patrimonio histórico refuerza el carácter de interesado de los ayuntamientos en los procedimientos de inscripción, con una regulación muy pormenorizada según el tipo de bien que se pretenda prote- ger 34 . Novedad trascendental en el ámbito de gestión urbanística en relación con bienes histórico va a suponer el nuevo artículo 13, cuyo contenido es muy significativo al prescribir que «1. Se constituye el Inventario de Bienes Reconocidos del Patrimonio Histórico Andaluz, al objeto de facilitar su identificación como integrantes de dicho Patrimonio, correspondiendo a la Consejería competente en materia de patrimonio histórico su formación, conservación y difusión. 2. Formarán parte de este Inventario los bienes inmuebles y los espacios vinculados a actividades de interés etnológico a los que en virtud de resolución de la Dirección General competente en materia de patrimonio histórico se les reconozca como integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz. Dicha resolución se publicará en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía y contendrá, al menos, la identificación, descripción y localización de los bienes reconocidos. Asimismo, formarán parte de este Inventario los bienes inmuebles en los que concurran alguno de los valores enumerados en el artículo 2 de esta Ley, así como aquellos espacios vinculados a actividades de interés etnológico contenidos en los catálogos urbanísticos, una vez que hayan sido incluidos en el registro administrativo

33. Aprobado mediante la Ley Orgánica 2/2007, de 19 de marzo.

34. El artículo 9, apartados 3 y 4, de la nueva ley preceptúa que «3) En el proce-

dimiento para la inscripción de los Bienes de Interés Cultural, en el caso de bienes inmuebles y de actividades de interés etnológico, será preceptivo un trámite de información pública, así como de audiencia al Municipio del término donde radique el bien o la actividad y a otros organismos públicos afectados. En la inscripción de Monumentos y Jardines Históricos se dará, además, trámite de audiencia a los particulares directamente afectados en sus derechos. En el caso de bienes muebles sólo será preceptivo el trámite de audiencia a los particulares directamente afec- tados. 4) En el procedimiento para la inscripción de bienes de catalogación general, se seguirán las siguientes reglas: (a) En el caso de bienes inmuebles y de actividades de interés etnológico, será preceptivo un trámite de información pública, así como de audiencia al Municipio del término donde radique el bien o la actividad. En la inscripción de bienes inmuebles individualizados se dará, además, trámite de audien- cia a los particulares directamente afectados en sus derechos. (b) En el caso de bienes muebles, o de bienes del Inventario General de Bienes Muebles del Patrimonio Histórico Español será preceptivo un trámite de audiencia a los particulares direc- tamente afectados en sus derechos. (c) En todo caso se requerirá informe favorable de alguno de los órganos consultivos reconocidos en esta Ley. Transcurridos dos meses desde la solicitud del informe sin que éste hubiera sido emitido, se entenderá emitido favorablemente».

dos meses desde la solicitud del informe sin que éste hubiera sido emitido, se entenderá emitido

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previsto en la normativa urbanística. A tal fin la Consejería responsable del citado registro comunicará a la Consejería competente en materia de patrimonio histórico las inscripciones que en el mismo se produzcan. No formarán parte de este Inventario los bienes que se inscriban en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz. 3. Los municipios cuando elaboren o modifiquen sus catálogos urbanísticos, incluirán necesariamente en los mismos aquellos bienes inmuebles y espacios del Inventario, reconocidos por resolución de la Dirección General competente en materia de patri- monio histórico, que radiquen en su término municipal». Varios comentarios merece el nuevo precepto:

— Los bienes que se incluyan en este nuevo inventario de bienes reconocidos no estarán inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, por lo que no gozarán de la protección que otorga la Ley a los así inscritos, más allá de la general para el conjunto de bienes del patrimonio histórico que son definidos en el artículo 2. La protección será, por tanto, de naturaleza urba- nística, derivada de su inclusión obligatoria en los catálogos urbanísticos que se redacten dentro de los planes de protección de los municipios.

— Exclusivamente está configurado el precepto para bienes inmuebles —ya que los espacios vinculados a actividades de interés etnológico participan también de tal naturaleza.

— Se integrarán mediante acto administrativo de la Dirección General de Bienes Culturales con forma de resolución, teniendo en cuenta los dictámenes o estudios técnicos que le hayan servido de base. Se hará público por la inserción en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía.

— Los que formen ya parte de los catálogos urbanísticos y estén incluidos en el registro habilitado a tal efecto en la Consejería competente en la materia — actualmente la de Obras Públicas—, serán automáticamente incluidos en el inventario. Se configura así el inventario como un registro de doble dirección:

los que pertenezcan al mismo serán objeto de inclusión en los catálogos urbanísticos y, a su vez, los incluidos en éstos pasarán a formar parte del inventario.

El artículo 18 de la aún vigente ley de 1991 establecía la posibilidad de que los ayuntamientos pudieran ejercer los derechos de tanteo y retracto sobre bienes inscritos en el Catálogo o subastados, bien en su nombre por la Consejería de Cultura, bien directamente por ellos con el matiz de que la preferencia para el ejercicio la tiene la Administración Autonómica. El artículo 17 de la nueva ley sigue el esquema de la anterior, aclarando en su apartado 3º que el precio deberá ser abonado en su caso por la entidad beneficiaria 35 .

35. Dice así la nueva redacción: «3. Durante el indicado plazo la Consejería com- petente en materia de patrimonio histórico podrá ejercitar el derecho de tanteo para sí o para las entidades locales y otras entidades de derecho público o entidades privadas sin ánimo de lucro que tengan una destacada finalidad cultural, quedando en tal caso la Consejería o la entidad beneficiaria obligada a abonar el precio por el que se iba a enajenar el bien de que se trate».

Consejería o la entidad beneficiaria obligada a abonar el precio por el que se iba a

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Como ya preveía la Ley 16/1985, la legislación andaluza también regula la vía de la expropiación forzosa sobre bienes inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico con una serie de causas tasadas para la expropiación: posibilitar la contem-

plación de bienes catalogados, facilitar su conservación o eliminar circunstancias que atenten contra sus valores o su seguridad. El artículo 20 de la ley de 1991 establece

a su vez que los municipios podrán acordar también tal vía de expropiación, previa

notificación a la Comunidad Autónoma, que tendrá preferencia en su ejercicio. El artículo 19 permite que la expropiación sea total o parcial. El nuevo texto legal de 2007

introduce en su artículo 18 el mismo contenido de los dos preceptos anteriores. Una de las grandes novedades que la nueva ley presenta es su artículo 19 dedicado

a la contaminación visual o perceptiva, puesto que ni la anterior ley andaluza de 1991, ni la Ley estatal de 1985, ni en general la regulación autonómica, recogen este concepto 36 , que es definido y acotado legalmente. Establece asimismo una obligación para los ayuntamientos de incorporar en los planes urbanísticos y ordenanzas corres- pondientes medidas que eviten este problema, pero con unos apartados mínimos. Esta regulación tendrá una especial incidencia en aquellos municipios que cuenten con conjuntos históricos, sitios históricos o zonas arqueológicas.

Precisamente el artículo 27 define las distintas tipologías de protección de bienes inmuebles, que varían en su definición de le ley estatal. Así en el caso de conjuntos históricos se dice que son «las agrupaciones homogéneas de construcciones urbanas

o rurales que sobresalgan por su interés histórico, arqueológico, artístico, científico,

social o técnico, con coherencia suficiente para constituir unidades susceptibles de clara delimitación» donde resaltan las características de homogeneidad, coherencia

y clara delimitación en el territorio. La nueva ley, en su artículo 26 define con matices

36. Este importantísimo precepto, sobre todo en la acción cotidiana en el ámbito

local, establece en sus distintos apartados: «1) Se entiende por contaminación visual

o

perceptiva, a los efectos de esta Ley, aquella intervención, uso o acción en el bien

o

su entorno de protección que degrade los valores de un bien inmueble integrante

del Patrimonio Histórico y toda interferencia que impida o distorsione su contempla- ción. 2) Los municipios en los que se encuentren bienes inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía deberán recoger en el planeamiento urbanístico o en las Ordenanzas Municipales de Edificación y Urbanización medidas que eviten su contaminación visual o perceptiva. Tales medidas comprenderán, al menos, el control de los siguientes elementos: (a) Las construcciones o instalaciones de carácter permanente o temporal que por su altura, volumetría o distancia puedan perturbar su percepción. (b) Las instalaciones necesarias para los suministros ener- géticos. (c) Las instalaciones necesarias para telecomunicaciones. (d) La colocación de rótulos, señales y publicidad exterior. (e) La colocación de mobiliario urbano. (f) La ubicación de elementos destinados a la recogida de residuos urbanos. 3) Las personas o entidades titulares de instalaciones o elementos a los que se refiere este artículo estarán obligadas a retirarlos en el plazo de seis meses cuando se extinga su uso«. Por su parte, relacionada con este precepto se establece por la Disposición Transitoria 2ª que «en el plazo de tres años a contar desde la entrada en vigor de la Ley, los municipios que se encuentren en el supuesto contemplado en el artículo 19 de la misma, deberán elaborar un plan de descontaminación visual o perceptiva que deberá ser aprobado por la Consejería competente en materia de patrimonio histórico».

visual o perceptiva que deberá ser aprobado por la Consejería competente en materia de patrimonio histórico».

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distintos el conjunto histórico 37 , al tener en cuenta la geografía que lo caracterice e introducir los valores industrial, paleontológico o etnológico como fundamento de su protección, eliminando el requisito de la homogeneidad, característica que no siem- pre se cumple en la práctica en este tipo de bienes. Respecto a los sitios históricos, el citado artículo 27 de la ley de 1991 establecía que se considerarían tales los «lugares susceptibles de delimitación espacial unitaria que tengan un interés destacado bajo el aspecto histórico, arqueológico, artístico, científico, social o técnico», donde destacaba el requisito de su ámbito territorial unitario, cuestión que se ha eliminado en la nueva regulación de 2007 38 , acercándose a la definición de la ley estatal que se consideró más acabada técnicamente para comprender todos los lugares de esta naturaleza, pero incluyéndole los mencionados valores industrial, paleontológico o etnológico. Las zonas arqueológicas se configuraban en la Ley 1/1991 como «aquellos espa- cios claramente delimitados en los que se hayan comprobado la existencia de restos arqueológicos de interés relevante», añadiendo la nueva ley «o paleontológicos de interés relevante relacionados con la historia de la humanidad». Tanto en la ley aún vigente como en el nuevo texto legal la definición se hacía en contrapunto a otra figura, de naturaleza cautelar y no de protección, novedosa en la regulación del patrimonio: la zona de servidumbre arqueológica 39 , regulada en los artículos 48 y 49 tanto de la ley de 1991 como del nuevo texto legal. La nueva normativa aprobada presenta una nueva tipología que tiene como fundamento el territorio: la zona patrimonial 40 . El texto las define como «aquellos territorios o espacios que constituyen un conjunto patrimonial, diverso y complemen- tario, integrado por bienes diacrónicos representativos de la evolución humana, que poseen un valor de uso y disfrute para la colectividad y, en su caso, valores paisajís- ticos y ambientales». En el texto late la idea de la interrelación de intereses públicos en un mismo espacio territorial, con la vista puesta en la gestión integral del mismo mediante el instrumento de parque cultural, en la que los ayuntamientos pueden tener un protagonismo singular. Así el artículo 79 de la nueva ley establece que «los Parques Culturales son aquellos Espacios Culturales que abarcan la totalidad de una o más Zonas Patrimoniales que por su importancia cultural requieran la constitución de un órgano de gestión en el que participen las administraciones y sectores implicados».

37. «Son Conjuntos Históricos las agrupaciones de construcciones urbanas o rurales

junto con los accidentes geográficos que las conforman, relevantes por su interés histórico, arqueológico, paleontológico, artístico, etnológico, industrial, científico, social o técnico, con coherencia suficiente para constituir unidades susceptibles de clara delimitación». 38. Dice el apartado correspondiente que «Son Sitios Históricos los lugares vincu- lados a acontecimientos o recuerdos del pasado, a tradiciones, creaciones culturales o de la naturaleza y a obras humanas, que posean un relevante valor histórico, etnológico, arqueológico, paleontológico o industrial».

39. Sobre su significación e importancia en la práctica puede consultarse mi trabajo

sobre protección de restos arqueológicos en Andalucía (Molina, 2006, Págs. 92-93).

40. Puede consultarse sobre esta cuestión el excelente trabajo de Javier Verdugo

(2005, Págs. 94-105), que además es inspirador de esta regulación como técnico de

la comisión de redacción del borrador de anteproyecto de ley.

además es inspirador de esta regulación como técnico de la comisión de redacción del borrador de

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Tanto el texto de 1991 como la nueva redacción legal de 2007 contienen una serie de preceptos, mayoritariamente de carácter patrimonial urbanístico, con una honda significación y efectos para los poderes locales. Es una regulación particularmente compleja que en el caso de la nueva ley ha supuesto la adaptación a la normativa vigente en materia de planeamiento que en Andalucía encarna principalmente la Ley 7/2002 de Ordenación Urbanística. El artículo 30 41 del texto aún vigente establece la posibilidad de adecuar el planeamiento urbanístico a la protección llevada a cabo mediante inscripción espe- cífica de bienes inmuebles en el Catálogo General o en aplicación de la normativa estatal de protección del patrimonio histórico, incluyendo la posibilidad de instar de la Consejería de Obras Públicas el que inicie el procedimiento de elaboración forzosa para su adecuación a la protección patrimonial otorgada, pudiéndose llegar a instar del Consejo de Gobierno la suspensión del planeamiento afectado y la aprobación de normas subsidiarias —extremo éste que no ha sido llevado a la práctica. Los artículos 31 y 32 42 regulan la expedición de informes preceptivos por parte de la Administración

41. El texto del artículo establece «1) La inscripción específica de bienes inmuebles

en el catálogo general del Patrimonio Histórico Andaluz, podrá llevar aparejada la adecuación el planeamiento urbanístico a las necesidades de protección de tales bienes. 2) Cuando resulte necesario para garantizar el cumplimiento de lo previsto en el párrafo anterior o en el artículo 20 de la Ley 16/1985, de 25 de junio, la Consejería de Cultura y Medio Ambiente instará a la consejería competente en materia urbanística para que ponga en marcha el procedimiento de elaboración, modificación o revisión forzosa del planeamiento en los términos previstos en la legislación urbanística. 3) Con el fin de facilitar la elaboración del planeamiento urbanístico que resulte necesario y asegurar su adecuación a los objetivos de esta Ley, la Consejería de Cultura y Medio Ambiente podrá establecer directrices para la formación, modificación o revisión del mismo. 4) En el supuesto de que la protección de bienes inscritos específicamente en el catálogo general del Patrimonio

Histórico Andaluz o sometidos al régimen de bienes de interés cultural así lo exija,

el Consejero de Cultura y Medio Ambiente podrá instar, conjuntamente con el de

obras públicas y transportes, al consejo de Gobierno para que proceda a la suspen- sión del planeamiento urbanístico y la aprobación de normas complementarias y subsidiarias de planeamiento en los términos previstos en el artículo 51 del texto

refundido de la Ley sobre régimen del suelo y ordenación urbana, aprobado mediante Real Decreto 1345/1976, de 9 de abril».

42. Prescriben dichos artículos «Artículo 31.- 1) En la tramitación de planes terri-

toriales o urbanísticos, así como de los planes y programas de carácter sectorial, que afecten a bienes inmuebles objeto de inscripción específica en el catálogo

general del Patrimonio Histórico Andaluz o declarados bien de interés cultural, será oída la Consejería de Cultura y Medio Ambiente una vez que los documentos hayan adoptado su redacción final y antes de ser sometidos a aprobación definitiva. 2) El trámite previsto en el párrafo anterior será igualmente de aplicación a la revisión

o modificación de planes y programas. 3) Con el fin de facilitar la coordinación

interadministrativa se notificará a la Consejería de Cultura y Medio Ambiente la iniciación del procedimiento de elaboración, modificación o revisión de los planes o programas a que hace referencia el apartado 1 de este artículo, y se incluirá a esta Consejería entre los órganos a consultar en el supuesto de que sea preceptiva la realización de trámites de información pública o institucional. Artículo 32.- 1) A los efectos de dar cumplimiento a lo previsto en el artículo 20 de la Ley 16/1985, de 26 de junio, y el artículo 30 de esta Ley, la ordenación urbanística de los conjuntos

20 de la Ley 16/1985, de 26 de junio, y el artículo 30 de esta Ley,

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Cultural en la tramitación de planes, que tendrán en principio un efecto distinto, según el contenido y la naturaleza del plan. El dato de mayor relevancia es que el plan tenga contenido de protección patrimonial para conjuntos, sitios históricos, zonas arqueológicas —enlazando la legislación autonómica con la Ley 16/1985, particular- mente con la regulación antes comentada de su artículo 20— o lugares de interés etnológico. En este caso, el artículo 32 exige informe favorable —con carácter vin- culante— de la Consejería de Cultura y regula el sentido positivo del silencio por el transcurso de tres meses sin haberse evacuado. Ofrece una relación de instrumentos de planeamiento que pueden cumplir los fines de protección, pero deja con buen criterio una cláusula abierta para otras figuras que se creen por la legislación urba- nística. Se establece el principio general de que dicho planeamiento de protección se haga en una sola ocasión y para toda el área afectada, introduciéndose la posibilidad excepcional de la zonificación por espacios homogéneos –son los casos de las grandes ciudades como el conjunto histórico de Sevilla o con conjuntos con una especial problemática. Preceptúa el momento procedimental en que el informe debe ser evacuado y las materias sobre las que habrá de informar. Si no estamos ante supuestos de planes con contenido de protección que afecten a algunas de las distintas tipologías señaladas, el artículo 31 dispone la obligación de que la Consejería de Cultura sea escuchada al respecto cuando afecten a bienes inmuebles incluidos en el Catálogo General o declarados bienes de interés cultural – por lo que el informe será preceptivo, pero no necesariamente vinculante. La nueva ley ha reformado de manera importante este marco jurídico estable- cido, adaptándose de una manera más adecuada a la actual regulación urbanística

históricos, sitios históricos, zonas arqueológicas o lugares de interés etnológico, tanto catalogados como declarados de interés cultural, podrán llevarse a cabo mediante los siguientes instrumentos: (a) Planes especiales de protección o de reforma interior. (b) Planes generales de ordenación urbana. (c) Normas subsidiarias o complementarias de planeamiento de ámbito municipal. (d) Planes parciales. (e) Cualquier otro instrumento de planeamiento que se cree por la legislación urbanís- tica, siempre que, ajustándose en todo caso a las exigencias establecidas en esta Ley, cumpla funciones equivalentes a los anteriormente enumerados. 2) La elabo- ración y aprobación del planeamiento a que hace referencia el apartado anterior se llevará a cabo de una sola vez para el conjunto del área o, excepcionalmente y previo informe favorable de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente, de modo parcial por zonas que merezcan una consideración homogénea. 3) En la formación, modifi- cación o revisión del planeamiento a que hace referencia este artículo se señalarán los criterios para la determinación de los elementos tipológicos básicos de las construcciones y de la estructura o morfología urbana que deban ser objeto de potenciación o conservación. 4) El informe de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente en relación con los instrumentos de planeamiento previstos en este artículo tendrá carácter vinculante y se producirá con posterioridad a la aprobación provisional de los mismos y antes de su aprobación definitiva. El plazo para la emisión de dicho informe será de tres meses, contados a partir de la recepción de la documentación correspondiente; transcurridos los cuales, se entenderá emitido con carácter favorable. 5) La revisión o modificación del planeamiento urbanístico en las áreas a que hace referencia el apartado 1 de este artículo se someterá, igualmente, al informe vinculante de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente, en idénticas condiciones a las exigidas para la aprobación del mismo.»

de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente, en idénticas condiciones a las exigidas para la

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vigente, muy diferente a la que existía cuando se aprobó la Ley de 1991. Ahora se le dedica un capítulo especial a esta materia, el capítulo II del Título III, sobre planea- miento de protección y prevención ambiental, que contiene los artículos 29 a 32. El nuevo artículo 29, titulado de los Instrumentos de ordenación y planes con incidencia patrimonial establece que «1. Los instrumentos de ordenación territorial o urbanística, así como los planes o programas sectoriales que incidan sobre bienes integrantes del Patrimonio Histórico identificarán, en función de sus determinacio- nes y a la escala que corresponda, los elementos patrimoniales y establecerán una ordenación compatible con la protección de sus valores y su disfrute colectivo. En el caso de planes urbanísticos, los elementos patrimoniales se integrarán en el catá- logo urbanístico. 2. A tal fin, las entidades promotoras de su redacción solicitarán información a la Consejería competente en materia de patrimonio histórico sobre los bienes integrantes del Patrimonio Histórico dentro del ámbito previsto. Ésta remitirá la información solicitada en el plazo de un mes, relacionando todos los bienes identificados y su grado de protección, los cuales deberán ser objeto de un tratamien- to adecuado en el plan o programa correspondiente, pudiéndose aportar directrices para su formulación. 3. Los planes urbanísticos deberán contar con un análisis arqueológico en los suelos urbanos no consolidados, los suelos urbanizables y los sistemas generales previstos, cuando de la información aportada por la Consejería competente en materia de patrimonio histórico, recabada conforme al apartado anterior, haya constancia o indicios de la presencia de restos arqueológicos. El contenido del análisis arqueológico se determinará reglamentariamente. 4.Aproba- do inicialmente el plan o programa de que se trate, cuando incida sobre bienes incoados o inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía, en el Inventario de Bienes Reconocidos o sobre Zonas de Servidumbre Arqueológica, se remitirá a la Consejería competente en materia de patrimonio histórico para su informe, que tendrá carácter preceptivo cuando se trate de instrumentos de orde- nación territorial y carácter vinculante cuando se trate de instrumentos de ordenación urbanística o de planes o programas sectoriales. El informe deberá ser emitido en el plazo de dos meses. En caso de no ser emitido en este plazo, se entenderá favorable. 5. Si en el procedimiento de aprobación del plan se produjeran modifica- ciones en el documento informado que incidan sobre el Patrimonio Histórico, el órgano competente para su tramitación volverá a recabar informe de la Consejería competente en materia de patrimonio histórico, que dispondrá del mismo plazo establecido en el apartado cuarto. En caso de no ser emitido en ese plazo, el mismo se entenderá favorable. 6. Lo previsto en este artículo será igualmente de aplicación para la revisión o modificación de planes o programas». Se establece en primer lugar una obligación para los distintos planes de contener una referencia mínima del patrimonio histórico sobre el que incidan, llegando a tener que ser incluidos en sus catálogos urbanísticos. Se exige un tratamiento adecuado en el plan, de acuerdo a las directrices que en su caso pueda realizar la Administración cultural, que queda obligada a facilitar la información sobre la protección de cada uno de los bienes afectados, particularmente respecto de la existencia de restos arqueo- lógicos, dadas las cautelas impuestas en el precepto por la ley. El resto del artículo es una transposición de lo comentado antes respecto de la ley de 1991. Por su parte el nuevo artículo 30 establece «1. La inscripción de bienes inmuebles en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz llevará aparejada la obli-

La inscripción de bienes inmuebles en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz llevará aparejada la

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gación de adecuar el planeamiento urbanístico a las necesidades de protección de tales bienes en el plazo de dos años, con aprobación definitiva de la innovación si fuese necesaria, desde la publicación de la inscripción. Dicha obligación no podrá quedar excusada por la existencia de un planeamiento contradictorio con la protec- ción de los bienes inscritos, ni por la inexistencia de planeamiento que contemple

a los bienes inscritos. 2. Los planes urbanísticos que afecten al ámbito de Conjuntos

Históricos, Sitios Históricos, Lugares de Interés Etnológico o Zonas Patrimoniales, se ajustarán a los contenidos establecidos en el artículo 31. En estos casos, el plazo

a que se refiere el apartado anterior podrá prorrogarse, previa petición razonada y

siempre que en la misma se establezcan el tipo de planeamiento urbanístico y plazo para su cumplimiento. 3. La elaboración y aprobación de los planes urbanísticos se llevarán a cabo de una sola vez para el conjunto del área o, excepcionalmente y previo informe favorable de la Consejería competente en materia de patrimonio histórico, de modo parcial por zonas que merezcan una consideración homogénea. 4. Aproba- dos definitivamente los planes, los municipios podrán solicitar que se les delegue la competencia para autorizar obras o actuaciones que afecten a los bienes inscritos y

a sus entornos, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 40». Lo más importante y novedoso de este artículo es la incorporación de la obligación de un contenido mínimo que habrán de tener los planes. También resulta de especial relevancia el cambio en el sistema de delegaciones de competencias respecto del patrimonio histórico: si con la Ley 16/1985 en lo prescrito por su artículo 20.4 en relación con el artículo 32 de la ley andaluza de 1991 se producía una delegación automática de competencias dentro de los conjuntos históricos, sitios históricos y zonas arqueológicas una vez aprobado el plan con contenido de protección informado favorablemente por la Administración autonómica, ahora esta delegación deja de tener este carácter y serán los municipios los que podrán pedir dicha delegación que toma un carácter reglado, como veremos al analizar el nuevo artículo 40. El nuevo artículo 31 establece ese contenido cuando afecte a ámbitos de Conjun- tos Históricos, Sitios Históricos, Lugares de Interés Etnológico y Zonas Patrimoniales a través de un listado de materias y condicionantes urbanísticos: «a )La aplicación de las prescripciones contenidas en las instrucciones particulares si las hubiere. b) Las determinaciones relativas al mantenimiento de la estructura territorial y urbana. c) La catalogación exhaustiva de sus elementos unitarios, tanto inmuebles edifica- dos como espacios libres interiores o exteriores u otras estructuras significativas, así como de sus componentes naturales. Para cada elemento se fijará un nivel adecuado de protección. d) La identificación de los elementos discordantes con los valores del bien, y establecerá las medidas correctoras adecuadas. e) Las determi- naciones para el mantenimiento de los usos tradicionales y las actividades económi- cas compatibles, proponiendo, en su caso, medidas de intervención para la revitalización del bien protegido. f) Las prescripciones para la conservación de las características generales del ambiente, con una normativa de control de la contaminación visual o perceptiva. g) La normativa específica para la protección del patrimonio arqueoló- gico en el ámbito territorial afectado, que incluya la zonificación y las cautelas arqueológicas correspondientes. h) Las determinaciones en materia de accesibilidad necesarias para la conservación de los valores protegidos». Con ello se pretende dar una mayor claridad y avanzar en las determinaciones que la legislación urbanística vigente permite para la mejor protección del patrimonio

y avanzar en las determinaciones que la legislación urbanística vigente permite para la mejor protección del

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histórico. El precepto contiene en su apartado segundo una especialidad para el caso de conjuntos históricos «Los planes urbanísticos que afecten a Conjuntos Históricos deberán contener, además de las determinaciones recogidas en el apartado anterior, las siguientes: a) El mantenimiento de las alineaciones, rasantes y el parcelario existente, permitiéndose excepcionalmente remodelaciones urbanas que alteren dichos elementos siempre que supongan una mejora de sus relaciones con el entorno territorial y urbano o eviten los usos degradantes del bien protegido. b) La regulación de los parámetros tipológicos y formales de las nuevas edificaciones con respeto y en coherencia con los preexistentes. Las sustituciones de inmuebles se consideran excepcionales, supeditándose a la conservación general del carácter del bien prote- gido». Se recoge de esta manera la tradición de la Ley 16/1985 sobre limitaciones en la trama urbana. El último apartado de este artículo 31 permite que sea el propio Plan General de Ordenación Urbana el que contenga estas determinaciones sin necesidad de que exista un planeamiento específico de desarrollo, en coherencia con lo regulado en los artículos precedentes 43 . Las autorizaciones de intervenciones sobre inmuebles afectados por algún ex- pediente de protección, así como una serie de prohibiciones y sus excepciones relacionados con los mismos se regulan en el nuevo artículo 33. Se trata de un precepto que regula la tradición más asentada sobre protección de inmuebles —en los dos primeros apartados—, ya heredada por la Ley 16/1985 de la Ley de 13 de mayo de 1933, aunándola a la que ha sido hasta ahora la regulación andaluza en materia de autorizaciones sobre bienes afectos a la categoría de inscripción específica 44 . Las novedades de la nueva ley respecto a la legislación precedente son:

43. «Los Planes Generales de Ordenación Urbanística podrán incorporar directamente

los requisitos de los apartados 1 y 2, o bien remitir, a través de sus determinaciones, a la elaboración obligatoria de Planes Especiales de Protección o planeamiento de desarrollo con el mismo contenido, estableciéndose un plazo máximo de tres años para la aprobación de estos últimos, a contar desde la aprobación definitiva de los Planes Generales de Ordenación Urbanística».

44. El artículo 33 de la Ley 1/1991 establece: «1. Será necesario obtener previa

autorización de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente, además de las restantes licencias o autorizaciones que fueran pertinentes, para realizar cualquier cambio o modificación que los particulares o la propia Administración deseen llevar a cabo en bienes inmuebles objeto de inscripción específica o su entorno, bien se trate de obras de todo tipo, bien de cambios de uso o de modificaciones en los bienes muebles, en la pintura, en las instalaciones o accesorios recogidos en la inscripción. 2) En el supuesto de inmuebles objeto de inscripción genérica, la Consejería de Cultura y Medio Ambiente, podrá exigir la suspensión de actuaciones o transformaciones de los mismos por espacio de treinta días hábiles, con el fin de decidir sobre la conveniencia de incluirlos en alguna de las tipologías básicas de inscripción especí- fica. 3) La aplicación del régimen de protección previsto por esta Ley a inmuebles sobre los que se están desarrollando actuaciones en el momento de incoarse el procedimiento para su catalogación determinará la suspensión de las actividades hasta tanto se obtenga la autorización de la Consejería de Cultura y Medio Ambien- te, independientemente de los permisos o licencias que hubieran sido concedidas con anterioridad. 4) La denegación de la autorización llevará aparejada la necesidad de proceder a la revocación total o parcial de la licencia concedida. 5) Las responsa-

llevará aparejada la necesidad de proceder a la revocación total o parcial de la licencia concedida.

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— se amplía la prohibición de desplazamiento o remoción de los bienes de interés cultural a los inmuebles inscritos en el Catálogo General del Patrimonio His- tórico.

— las solicitudes de autorizaciones de intervención sobre bienes afectos por una inscripción como bienes de interés cultural tendrán un plazo de tres meses para ser contestadas. De no hacerse en el plazo legal, el efecto del silencio admi- nistrativo será desestimatorio.

— se establece un plazo de caducidad para las autorizaciones en bienes inscritos si transcurriera un año sin haberse iniciado las mismas pudiéndose prorrogar su vigencia una sola vez por un nuevo plazo no superior al inicial —lo que el

bilidades que, en su caso, pudieran derivarse se imputarán a la administración cultural, salvo en el supuesto de que el procedimiento se haya incoado a instancias de otra Administración Pública». Por su parte el artículo 33 de la nueva Ley de 14 de noviembre de 2007 preceptúa que «1) Todo inmueble inscrito en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz es inseparable del lugar donde se ubica. No se podrá proceder a su desplazamiento o remoción, salvo que resulte imprescin- dible por causa de fuerza mayor o de interés social y, en todo caso, previa auto- rización de la Consejería competente en materia de patrimonio histórico. 2) Queda prohibida la colocación de publicidad comercial y de cualquier clase de cables, antenas y conducciones aparentes en los Jardines Históricos y en las fachadas y cubiertas de los Monumentos, de acuerdo con lo establecido en el artículo 19. Se prohíbe también toda construcción que altere el carácter de los inmuebles inscritos como Bien de Interés Cultural o perturbe su contemplación, sin perjuicio de las excepciones que puedan establecerse reglamentariamente. 3) Será necesario obte- ner autorización de la Consejería competente en materia de patrimonio histórico, con carácter previo a las restantes licencias o autorizaciones que fueran pertinentes, para realizar cualquier cambio o modificación que los particulares u otras Adminis- traciones Públicas deseen llevar a cabo en inmuebles objeto de inscripción como Bien de Interés Cultural o su entorno, tanto se trate de obras de todo tipo, incluyendo remociones de terreno, como de cambios de uso o de modificaciones en los bienes

muebles, en la pintura, en las instalaciones o accesorios recogidos en la inscripción. Será preceptiva la misma autorización para colocar cualquier clase de rótulo, señal

o símbolo en fachadas o en cubiertas de Monumentos, en los Jardines Históricos y

en sus respectivos entornos. 4) La Consejería competente en materia de patrimonio histórico dispondrá de un plazo de tres meses, contados a partir de la recepción de toda la documentación exigida reglamentariamente, para resolver sobre la solicitud de autorización. Transcurrido dicho plazo sin haberse notificado resolución expresa, el interesado entenderá desestimada la solicitud de autorización. La autorización se entenderá caducada si transcurriera un año sin haberse iniciado las actuaciones para las que fue solicitada, sin perjuicio de que su vigencia pueda prorrogarse, a solicitud de la persona interesada, por una sola vez y por un nuevo plazo no superior al inicial. 5) Será necesario comunicar a la Consejería competente en materia de patrimonio histórico la realización de cualquier obra o intervención en bienes de catalogación

general, con carácter previo a la solicitud de la correspondiente licencia. En el plazo de treinta días a contar desde tal comunicación, la Consejería valorará el proyecto

y formulará en su caso las medidas correctoras que se estimen imprescindibles para

la protección del bien, y que la persona interesada deberá cumplir, así como cualesquiera otras recomendaciones técnicas que se consideren convenientes. 6) La solicitud de autorización o la comunicación, establecidas, respectivamente, en los apartados 3 y 5 de este artículo, deberán acompañarse del proyecto de conservación regulado en el Título II, correspondiente a la intervención que se pretenda realizar».

del proyecto de conservación regulado en el Título II, correspondiente a la intervención que se pretenda

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ayuntamiento deberá hacer constar en la licencia que otorgue al tener como fundamento la autorización cultural—, evitándose así que una autorización concedida pueda usarse cuando las circunstancias del bien son diferentes y la autorización se hubiera dado en otros términos.

— los bienes afectos por una catalogación general —inscripción genérica en la ley de 1991— quedan sujetos al deber de comunicar cualquier actuación sobre ellos, pudiendo la Administración cultural hacer correcciones de obligado cum- plimiento y recomendaciones.

— se establece la obligación de acompañar junto con el resto de la documentación un proyecto de conservación, pues se pretende no sólo que se garantice la preservación de los valores protegidos durante una intervención puntual, sino el mantenimiento de esos valores mediante un proceso continuado en el tiempo.

Parte de lo preceptuado en el artículo 33 de la Ley 1/1991 —suspensión de actuaciones y de licencias concedidas en caso de incoación de procedimiento de protección, revocación parcial o total de las mismas en caso de denegación de autorización— se pasan a regular con el nuevo texto de 2007 en los artículos 35 y 36 45 . Al hilo de lo comentado sobre autorizaciones, en armonización con la ya citada Ley 7/2002 de Ordenación Urbanística de Andalucía, en particular su artículo 172, regla 2ª, la exigencia de aportar la solicitud de licencia municipal para obtener la autorización administrativa y la de que los ayuntamientos remitan a la Consejería de Cultura las solicitudes de autorización previamente a la concesión de la licencia de obras, reguladas respectivamente en los apartados 1º y 2º del artículo 34 de la Ley 1/1991, desaparece en el nuevo texto de la ley andaluza. No obstante, el apartado 3º de este artículo seguirá en vigor en el apartado 1º del nuevo artículo 39 46 .

45. Su contenido es el siguiente: «Artículo 35. Suspensión de obras o actuaciones. En

cualquier caso, la Consejería competente en materia de patrimonio histórico podrá

ordenar la suspensión de obras o actuaciones en bienes integrantes del Patrimonio Histórico, por espacio de treinta días, con el fin de decidir sobre la conveniencia de incluirlos en alguna de las modalidades de inscripción en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz. Artículo 36. Suspensión de licencias y paralización de actuaciones. 1) La incoación del procedimiento para la catalogación de un inmueble como Bien de Interés Cultural, determinará la suspensión de las actuaciones que se estén desarrollando sobre el mismo, y de las licencias municipales de parcelación, edificación o demolición en las zonas afectadas, así como de los efectos de las ya otorgadas, hasta tanto se obtenga la autorización de la Consejería competente en materia de patrimonio histórico. 2) La denegación de la autorización llevará apare- jada la necesidad de proceder a la revocación total o parcial de la licencia conce- dida».

46. El apartado tercero del artículo 34 de la Ley 1/1991 establece que «serán ilegales

todas las actuaciones realizadas en contra de lo dispuesto en este artículo o sin atenerse a las condiciones impuestas en la autorización de la Consejería de Cultura

y Medio Ambiente». Por su parte, el artículo 39, en su apartado primero, del nuevo texto de noviembre de 2007 dispone que «serán ilegales las actuaciones realizadas

y nulas las licencias otorgadas sin contar con la autorización o, en su caso, la comunicación previa previstas en el artículo 33, apartados 3 y 5, o sin atenerse a las condiciones impuestas en la autorización». Se observa un cambio en los efectos

apartados 3 y 5, o sin atenerse a las condiciones impuestas en la autorización». Se observa

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El artículo 35 del texto de 1991 regula la obligación de obtener autorización cultural aunque no exista obligación de pedir licencia municipal. El nuevo texto legal lo hace en su artículo 34. Dos novedades importantes plantea este último artículo:

se amplía el deber de obtención a los bienes de catalogación general y no sólo a los afectados por una inscripción como bien de interés cultural —antes inscripción espe- cífica—; además el plazo pasa de 2 meses a tres meses para su resolución —1 mes en el caso de catalogación general— y los efectos ya no serán estimatorios sino desestimatorios. La Ley 1/1991 regula en sus artículos 36 y 37 los supuestos de ruina y demolición de inmuebles, respectivamente. Se establece que en todo caso la Consejería de Cultura tendrá la condición de interesada en los expedientes de ruina y que la firmeza de ésta no significa que quede autorizada demolición alguna que en todo caso necesita autorización de la Administración cultural, sin perjuicio de las medidas preventivas que adopten los ayuntamientos. La nueva Ley de 14 de noviembre de 2007 le dedica a esta cuestión una sección completa con rúbrica propia dentro del capítulo dedicado a protección de bienes inmuebles. En concreto sus artículos 37, 38

y el apartado 3º del artículo 39 recogen lo preceptuado en la materia por aquellos

preceptos, con algunas novedades: se parte en primer lugar del principio de prohi- bición de demoliciones en bienes afectados por algún expediente de protección, con la excepción de las derivadas de proyectos de conservación autorizados por la Admi-

nistración cultural, pero se permite que sea el ayuntamiento el que las autorice si así se contempla expresamente en el planeamiento de protección aprobado e informado favorablemente y estamos ante inmuebles incluidos en Conjuntos Históricos, Sitios Históricos, Lugares de Interés Etnológico o Zonas Patrimoniales que no gocen de protección individualizada o se encuentren en entornos de bienes de interés cultural. Los artículo 38 y 39 de la Ley 1/1991 regulan la posibilidad de delegar en los ayuntamientos competencias sobre patrimonio histórico, que tiene en origen atri- buidas la Administración cultural. El artículo 38 se refiere a la competencia para autorizar obras o actuaciones en inmuebles incluidos en la delimitación del entorno de bienes individualizados protegidos por una inscripción específica en el Catálogo General del Patrimonio Histórico o por una declaración como bien de interés cultural. El artículo 39, por su parte, regula la delegación de competencias para autorizar actuaciones dentro de los conjuntos históricos no declarados bien de interés cultural, es decir, inscritos en el Catálogo General con una inscripción específica —esta posi- bilidad no se ha plasmado en la práctica hasta el momento. No ha de confundirse ninguno de ambos supuestos con la delegación de competencias que obra al publicarse el planeamiento de protección con informe cultural favorable, según lo regulado por

el artículo 20 de la Ley 16/1985 y que ya se ha tenido ocasión de comentar más arriba.

En ambos casos de los artículos 38 y 39 la delegación no tiene el carácter automático de la Ley estatal, sino que está sujeta a dos condiciones: para su concesión, se exige

está sujeta a dos condiciones: para su concesión, se exige de las actuaciones con licencias otorgadas

de las actuaciones con licencias otorgadas sin respetar tal obligación: de ilegales —sancionables, conforme al artículo 112. 2 y 3, a ilegales y nulas las licencias otor- gadas— por tanto, desde el primer momento el efecto legal para el acto administrativo del ayuntamiento es la pérdida de toda eficacia jurídica, sin perjuicio de las respon- sabilidades en que haya podido incurrir.

es la pérdida de toda eficacia jurídica, sin perjuicio de las respon- sabilidades en que haya

Bases jurídicas de la intervención de los poderes locales en la legislación del patrimonio

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que exista planeamiento urbanístico de protección que garantice los valores prote- gidos del bien; y, derivado del artículo 56.2 in fine del Reglamento de Protección y Fomento del Patrimonio Histórico de Andalucía, aprobado por el Decreto 19/1995, la existencia de personal técnico competente para el cumplimiento de las funciones que se delegan, que deberá acreditarse. La delegación quedará sin efecto en caso de derogación o modificación del planeamiento de protección que le sirvió de fundamen- to y podrá revocarse, previa audiencia del ayuntamiento interesado si no se cumplen sus condiciones o se otorgan licencias en contra del planeamiento y del expediente de protección con el que tenga relación. Las fases de autorización cultural delegada y de licencia de obras deberán estar separadas en expedientes distintos aunque cabe su tramitación acumulada. Tanto la delegación como su revocación deberán publicar- se en BOJA (artículos 57 a 61 del citado Reglamento de Protección y Fomento). La nueva Ley de 14 de noviembre de 2007 regula la delegación de competencias en los ayuntamientos con notables novedades, aunque partiendo de los mismos principios de la Ley 1/1991 y su reglamento de desarrollo, en el artículo 40 47 . Ahora la competencia para autorizar actuaciones en ámbitos y bienes protegidos, incluidos los supuestos que contemplaba el citado artículo 20 de la Ley 16/1985, podrá dele- garse por la Administración cultural, previa acreditación por el ayuntamiento solici- tante de la existencia de un planeamiento de protección informado favorablemente

47. 1) Aprobados definitivamente los planes a que se refiere el artículo 30, los municipios interesados podrán solicitar la delegación de la competencia para auto- rizar directamente las obras y actuaciones que desarrollen o ejecuten el planea- miento urbanístico aprobado y que afecten únicamente a inmuebles que no sean Monumentos, Jardines Históricos o Zonas Arqueológicas ni estén comprendidos en su entorno o en el ámbito territorial vinculado a una actividad de interés etnológico. 2) No obstante, podrá delegarse también la competencia para autorizar obras o actuaciones en los inmuebles incluidos en la delimitación de los entornos de los Bienes de Interés Cultural cuando los referidos entornos se encuentren suficiente- mente regulados por el planeamiento urbanístico con normas específicas de protec- ción. 3) A efectos de lo dispuesto en los apartados anteriores, los municipios interesados deberán remitir a la Consejería competente en materia de patrimonio histórico una copia del plan aprobado debidamente diligenciada y contar con una Comisión técnica municipal que informe las obras y actuaciones, presidida por la persona titular de la alcaldía o concejal delegado en materia de urbanismo e integrada, al menos, por personas con titulación suficiente para el ejercicio de la

Arquitectura, la Arquitectura Técnica, la Arqueología y la Historia del Arte. En la solicitud deberá acreditarse la composición de dicha Comisión. 4) La Consejería competente en materia de patrimonio histórico, una vez verificada la composición de

la Comisión técnica municipal, podrá delegar el ejercicio de la competencia solici-

tada mediante Orden de su titular en la que se incluirá la obligación de comunicar las autorizaciones o licencias concedidas en el plazo máximo de diez días desde su otorgamiento. No procederá la delegación de competencias en los supuestos de autorización de demoliciones establecidos en el artículo 38 de esta Ley. 5) En caso de incumplimiento por el municipio del plan aprobado, la Consejería competente en materia de patrimonio histórico podrá revocar la delegación. 6) La derogación, revisión o modificación del planeamiento urbanístico existente en el momento de la

delegación supondrá la revocación de ésta, a no ser que aquéllas se hubieran llevado

a término con el informe favorable de la Consejería competente en materia de patrimonio histórico».

hubieran llevado a término con el informe favorable de la Consejería competente en materia de patrimonio

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y de una comisión técnica municipal 48 —a imagen de las Comisiones Provinciales de

Patrimonio Histórico— que estará formada, al menos, por titulados en Arquitectura, Arquitectura Técnica, Arqueología e Historia del Arte y presidida por el alcalde o concejal de urbanismo, que informará las autorizaciones y las licencias de obras que se concedan. La delegación de competencias ya no es automática en ningún caso

— la Ley estatal sólo se aplicará supletoriamente, excepto en los casos de competencia

exclusiva del Estado— y aun cumpliendo los requisitos establecidos, puede no conce- derse tal delegación, que se hará mediante Orden de la Consejería publicada en BOJA.

No se delega la competencia para autorizar demoliciones conforme a lo prescrito en el nuevo artículo 38.

El artículo 40 de la Ley 1/1991 establece el recordatorio de que la obtención de

la autorización cultural no exime de la obtención del resto de autorizaciones o licencias

que correspondan. Por su parte, el artículo 41 de dicha ley y de la nueva de noviembre de 2007,

posibilitan establecer el procedimiento de «ventanilla única» en caso de obras u otras actuaciones sobre inmuebles afectados por expedientes de protección. El único cambio es en el tipo de expedientes: inscripción específica o su entorno en la de 1991, bien de interés cultural o su entorno en la de 2007 49 . El artículo 42 de la Ley 1/1991 cierra la temática del control sobre inmuebles protegidos: posibilita la paralización de los cambios o modificaciones no autorizados

o

que incumplan las límites impuestos, pudiéndose posteriormente legalizar las obras

o

bien, dado el carácter contrario a los valores protegidos, ordenar la demolición de

lo construido o la reconstrucción de lo demolido indebidamente con las reposiciones necesarias, sin perjuicio de los procedimientos sancionadores o de otra naturaleza que se pudieran instruir. Estos extremos son regulados en el artículo 39 de la nueva ley autonómica, precepto que ha sido comentado más arriba 50 .

48. Resulta interesante la propuesta de creación de comisiones informativas espe-

cíficas de patrimonio locales que formula Juan Alonso Sánchez (1999, Pág. 47).

49. Dice así la nueva Ley en su artículo 41: «Por Decreto del Consejo de Gobierno

podrá establecerse un procedimiento único que, respetando las competencias de las

diversas Administraciones intervinientes, permita la obtención de todas las autori- zaciones y licencias que fueren necesarias para realizar obras, cambios de uso o modificaciones de cualquier tipo que afecten a inmuebles inscritos como Bien de Interés Cultural o su entorno».

50. El artículo 42 de la Ley de 1991 preceptúa que «Los órganos competentes de la

Consejería de Cultura y Medio Ambiente ordenarán la paralización inmediata de los cambios o modificaciones que se estén realizando en los bienes inscritos, cuando no exista autorización de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente o se incumplan los condicionamientos impuestos en la misma. 2. En el expediente que se instruya para averiguar los hechos y sancionar a los responsables, la Consejería de Cultura y Medio Ambiente podrá, bien autorizar las obras o modificaciones paralizadas, bien ordenar la demolición o la reconstrucción de lo construido o destruido sin autori- zación, bien ordenar las reposiciones necesarias para recuperar la situación anterior, todo ello al margen de la imposición de las sanciones pertinentes. Por su parte el nuevo artículo 39 de la Ley de 2007 establece: «La Consejería competente en materia de patrimonio histórico ordenará la suspensión inmediata de los cambios o modifi- caciones que se estén realizando en los bienes inscritos, cuando no haya recibido comunicación previa de los mismos o no los haya autorizado o, en su caso, se

bienes inscritos, cuando no haya recibido comunicación previa de los mismos o no los haya autorizado

Bases jurídicas de la intervención de los poderes locales en la legislación del patrimonio

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En el ámbito específico del patrimonio arqueológico, además de lo ya comentado sobre zonas de servidumbre, respecto de las que los ayuntamientos deberán intro- ducir en los planeamientos medidas de protección y que tendrán que poseer el informe

cultural favorable —artículo 49 de la Ley 1/1991—, se establece el deber de notificar

a la Consejería de Cultura la aparición de hallazgos casuales de restos arqueológicos

en un plazo de cinco días —artículo 50 de la mencionada Ley—, reducido a veinticuatro horas en el nuevo artículo 50 de la Ley de 2007. En ambos preceptos se faculta a los ayuntamientos a suspender, en caso de necesidad, los trabajos que hayan dado lugar

a dichos hallazgos, con obligación de comunicación inmediata a la Consejería de

Cultura. El plazo de suspensión sin derecho a indemnización para el afectado aumenta de un mes a dos meses en la nueva Ley. Importante resulta también el contenido del artículo 93 del nuevo texto legal que preceptúa que «en poblaciones o áreas que por la importancia de su Patrimonio Histórico así lo requieran podrán constituirse órganos de gestión en los que participe tanto la Consejería competente en materia de patrimonio histórico como las enti- dades locales 51 . 2. La constitución de estos órganos interadministrativos se realizará con arreglo a cualquiera de las modalidades previstas en la legislación local o urbanística, teniendo en cuenta las funciones que hayan de encomendárseles. 3. Podrá atribuirse a estos órganos el ejercicio de funciones de las entidades locales y de aquellas competencias de la Consejería susceptibles de delegación». Estos órganos son de naturaleza diferente a los mencionados más arriba para la gestión de los parques culturales. Papel también destacado de los poderes locales es el atribuido en el artículo 103 de la Ley 1/1991, que establece que las corporaciones locales deberán estar repre- sentadas en el Consejo Andaluz de Patrimonio Histórico, máximo órgano consultivo de la Junta de Andalucía en la materia, con funciones de asesoramiento, informe y coordinación –artículo 104- sobre: aprobación de planes y programas regionales en patrimonio histórico, delegaciones de competencias del patrimonio histórico en corporaciones locales y creación de órganos de gestión locales del patrimonio histó- rico. Su regulación en los mismos términos se hace en la nueva ley en sus artículos 94 y 95. Lo mismo sucede respecto a las Comisiones Provinciales del Patrimonio Histó- rico, donde las corporaciones locales deben estar representadas —artículos 106 de la Ley 1/1991 y 97 de la nueva ley de 2007.

incumplan los condicionamientos impuestos en la autorización. 3. En el expediente que se instruya para averiguar los hechos, la Consejería competente en materia de patrimonio histórico podrá autorizar las obras o modificaciones, ordenar la demo- lición de lo construido o la reconstrucción de lo destruido sin autorización o sin haber efectuado la comunicación previa u ordenar las reposiciones necesarias para recu- perar la situación anterior, todo ello con independencia de la imposición de las sanciones pertinentes. En el caso de que en el curso de un procedimiento sancionador por hechos que puedan comportar infracción sancionable conforme a la presente Ley se advierta la necesidad de adoptar las medidas referidas con anterioridad, se procederá a iniciar un procedimiento administrativo específico a tal efecto». 51. Una visión desde el ámbito local de la experiencia sobre el empleo en la gestión de los distintos patrimonios que inciden en el territorio es la que facilita Juan Alonso Sánchez (2005, Págs. 60-70).

de los distintos patrimonios que inciden en el territorio es la que facilita Juan Alonso Sánchez

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Respecto a las medidas de fomento, la legislación andaluza no olvida incluir a las corporaciones locales entre sus posibles beneficiarios. Así el artículo 93 del texto de 1991 —artículo 87 en la nueva ley— concede prioridad a los ayuntamientos para que la Junta de Andalucía les ceda el uso y disposición de inmuebles del patrimonio histórico para su mejor mantenimiento y vitalidad. Además, se establece una política de ayudas y subvenciones de la Comunidad Autónoma para apoyar la actuación de las corporaciones locales en materia de patri- monio histórico, según establece el artículo 95.5 de la Ley 1/1991. El artículo 89.2 del nuevo texto legal es más explícito al incorporar que «cuando razones excepcio- nales lo justifiquen, podrán concederse de forma directa las subvenciones que tengan por objeto la conservación y restauración de bienes individualmente inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, la redacción de planes urbanís- ticos a que se refieren los artículos 30 y 31 de la Ley, así como la redacción de cartas arqueológicas municipales». Si en materia de infracciones la Ley de 1991 acotaba unos pocos supuestos, comentados más arriba, en los que las corporaciones locales podían ver su actuación incluida, el nuevo texto de 2007 aumenta el catálogo de infracciones predicables de la actuación de los ayuntamientos, dado el aumento de la importancia de estos entes locales respecto al patrimonio histórico, en sus artículos 106 a 108. Por último alguna de las disposiciones adicionales de la nueva ley tiene efectos importantes sobre la actuación y gestión del patrimonio histórico por parte de los entes locales. Así la Disposición Adicional 4ª establece con carácter supletorio y provisional un entorno de protección con los requisitos de que «los monumentos declarados histórico-artísticos conforme a la legislación anterior a la entrada en vigor de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, y los bienes afectados por el Decreto de 22 de abril de 1949, sobre protección de los castillos españoles, que gozan de la condición de Bienes de Interés Cultural, a los que no se les hubiera establecido individualmente, tendrán un entorno de protección constitui- do por aquellas parcelas y espacios que los circunden hasta las distancias siguientes:

a) Cincuenta metros en suelo urbano. b) Doscientos metros en suelo urbanizable y no urbanizable. 2. Este entorno podrá ser revisado mediante expediente de modifi- cación de la declaración del Bien de Interés Cultural». Por su parte la Disposición Adicional 6ª establece que «1. Los bienes muebles del Patrimonio Histórico Andaluz en los términos del artículo 2 de esta Ley que se encuentren en posesión de la Administración de la Junta de Andalucía, las Entidades locales y las Universidades, quedan inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como bienes incluidos en el Inventario General de Bienes Muebles del Patrimonio Histórico Español. 2. Los bienes inmuebles del Patrimonio Histórico Andaluz y los elementos de los mismos de piedra, yeso, madera, forja, fundición, cerámica, azulejería y vidrio en los términos del artículo 2 de esta Ley que se encuentren en posesión de la Administración de la Junta de Andalucía, las entidades locales y las universidades, quedan inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como bienes de catalogación general». Como se ha podido apreciar en la líneas precedentes es muy amplio y variado el campo de actuación de los poderes locales en la gestión del patrimonio histórico, papel relevante que no sólo ha sido mantenido en la regulación autonómica andaluza, sino que ha sido acrecentado con la nueva regulación recientemente aprobada por el

la regulación autonómica andaluza, sino que ha sido acrecentado con la nueva regulación recientemente aprobada por

Bases jurídicas de la intervención de los poderes locales en la legislación del patrimonio

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Parlamento de Andalucía, con el fin de que la administración pública más cercana al ciudadano y por ende al patrimonio histórico, ostente el protagonismo que sin duda esta materia le tiene reservado.

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de los bienes culturales», Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico , nº 53 (2005), pp.

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Identificación de recursos y diagnóstico del territorio. El punto de partida de las estrategias de desarrollo patrimonial y turístico

Jordi Padró y Manel Miró.

STOA (www.stoa.es)

Los planes de interpretación y desarrollo turístico del patrimonio local

El proceso de análisis y diagnóstico de los recursos culturales y naturales de un territorio determinado debemos situarlo en el contexto de la elaboración de planes y proyectos que aborden, con una perspectiva estratégica y operativa, la interpre- tación del patrimonio y el desarrollo turístico. Estamos hablando de proyectos que, partiendo del patrimonio de un lugar (cultural y natural, tangible e intangible), definen las principales líneas estratégicas e interpretativas para el desarrollo turístico terri- torial, de forma coherente con el principio de sostenibilidad, con el fin de mejorar la competitividad de dicho territorio, a la vez que ponemos en valor un patrimonio. En este tipo de actuaciones es preciso reconocer que el turismo no es la panacea ni la única opción para el empleo y el fomento de la economía, pero debemos tener en cuenta las expectativas de crecimiento del sector terciario; las opciones de estable- cer, por ejemplo, un maridaje entre sector primario y terciario en zonas rurales, y las posibilidades de creación de producto y generación de empleo. Si nos centramos en los procesos de planificación interpretativa para el desarrollo que se llevan a cabo en el ámbito rural, a menudo partimos de lugares que disponen unos recursos naturales y culturales todavía poco aprovechados que, de acuerdo con unas estrategias de interpretación y desarrollo sostenible adecuadas, pueden contri- buir de forma considerable a la mejora de las condiciones de vida. Así pues, un plan de interpretación y desarrollo nos definirá cómo aprovechar y poner en valor la riqueza natural y cultural de un lugar, cómo estructurarla y transmitirla de forma atractiva e interesante y cómo adaptarla a las necesidades de la demanda, para generar produc- tos comercializables. Se trata de planificar la conversión de unos recursos del terri- torio en productos turísticos, culturales, educativos…, que ofrezcan al visitante una experiencia de calidad. Este tipo de proyectos deben intentar descubrir y poner en relieve la especifici- dad, calidad y singularidad de los lugares, e intentando siempre conseguir el equilibrio entre tres intereses, que pueden colisionar entre sí:

— Preservar la calidad del legado histórico y cultural, del paisaje y de los ecosis- temas.

— Ofrecer servicios y experiencias de calidad a los visitantes.

— Incidir positivamente en la calidad de vida de la población local y generar efectos en el desarrollo local.

— Incidir positivamente en la calidad de vida de la población local y generar efectos en

Identificación de recursos y diagnóstico del territorio. El punto de partida de las

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Se trata, pues, de planificar las actuaciones en el territorio que nos permitan activar un patrimonio para potenciar el turismo (rural, cultural, ecológico, activo…) mediante la creación de productos singulares, arraigados profundamente en el terri- torio; mejorar las infraestructuras y condiciones de vida locales, potenciar las pro- ducciones autóctonas, etc. En este sentido, la potenciación del turismo basado en el concepto de desarrollo sostenible se presenta como fórmula adecuada para preservar el patrimonio y la idiosincrasia local, a la vez que organizamos un sistema de infraestructuras, servicios complementarios y prestaciones que revaloricen el propio entorno. Desde el punto de vista de la demanda, el turista que busca conocer la idiosincrasia auténtica y singular de un territorio característico, espera encontrar un espacio bien conservado, el contacto con la naturaleza, la tranquilidad, la calidad de los productos de la tierra Al mismo tiempo, se trata de un turista no sólo contemplativo, sino de un turista que realiza numerosas actividades en torno al espacio natural y al medio rural. De acuerdo con estos criterios, es necesario tener en cuenta en todo el proceso planificador que estamos trabajando en clave de consumo turístico y con el objetivo de crear produc- tos, es decir, se debe planificar a partir de cuatro parámetros principales:

1. El contexto social, económico y cultural en que se sitúa el proyecto

2. Los públicos que consumirán los productos.

3. Los recursos en que se apoyarán.

4. El atractivo de las experiencias que allí se vivirán.

Así pues, el éxito del plan dependerá en gran medida del encaje en la realidad y en las necesidades del territorio, del acierto al definir los públicos objetivos, de la elección adecuada de los recursos y del acierto en diseñar el atractivo de esta experiencia. Con relación al primero de los parámetros planteados, un proyecto de estas características debe tener en cuenta las demandas de la población local. Valorar la situación de partida e identificar los intereses y propuestas -a veces contrapuestos- de los diversos sectores, culturales y turísticos, tanto públicos como privados, es indispensable para la posterior puesta en marcha de un proyecto que precisará de la participación de todos ellos para su posterior comunicación, comercialización y ges- tión. En referencia al segundo de los parámetros, la definición de los públicos, enten- demos que tras realizar la correspondiente segmentación por motivación y proceden- cia, es necesario añadir una caracterización de los procesos de consumo (es decir, cómo son los que harán un tipo de visita determinada, realizarán una ruta completa, escogerán sólo un tramo, los que escogerán algunos sitios, etc.). En lo referente al tercero de los parámetros, la elección de los recursos, a pesar que el atractivo turístico de un recurso es un concepto cargado de subjetividad, creemos que se pueden establecer unas categorías a partir de la ecuación:

Atractivo = Singularidad + Notoriedad + Interés

Allí donde singularidad hace referencia a la rareza de los recursos, notoriedad hace referencia al grado de conocimiento popular que se tiene del recurso e interés

la rareza de los recursos, notoriedad hace referencia al grado de conocimiento popular que se tiene

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hace referencia al reconocimiento científico o académico del recurso; y todo esto en función de una selección previa de los públicos, ya que los recursos no son atractivos en abstracto sino que lo son para un tipo de personas determinadas. Por este motivo, previamente, habrá sido necesario escoger los públicos objetivos. Finalmente, en referencia al cuarto de los parámetros, el atractivo de la expe- riencia, en Stoa utilizamos las técnicas de la interpretación del patrimonio, adaptan- do esta metodología de origen anglosajón a la realidad y a las necesidades euromediterráneas. La interpretación nos plantea hoy en día la necesidad de «fabricar un sentido», para que el visitante pueda contrastar aquello que descubre con lo que pueda conocer. A partir del patrimonio de un lugar, la interpretación pretende sensibilizar al visitante, ofrecerle las claves fundamentales para descubrir el territorio. Por ello tratamos de planificar un conjunto de experiencias que ofrezcan al público un significado y una vivencia, a partir de un patrimonio determinado, y desarrollar nuevos e innovadores servicios de tipo cultural, educativo y turístico. Así pues, la propuesta metodológica que presentamos para la elaboración de planes de interpretación y desarrollo turístico de los recursos culturales y naturales de un territorio se fundamenta, por un lado en la metodología de la planificación estratégica y, por el otro, en el planteamiento de la interpretación patrimonial. Ambas herramientas (planificación estratégica e interpretación) se funden tal y como se puede observar en el siguiente esquema en el que se sintetizan los procesos y resultados en cada una de las fases de este tipo de proyectos territoriales de dina- mización patrimonial y turística:

 

Públicos

Contexto

Recursos

Temas

 

Análisis del punto de partida

Recogida y estudio de datos

Recogida y estudio

Identificación y

Búsqueda

valoración de

bibliográfica y

   

de datos Entrevistas

recursos

documental

FASE 1

   

Factores de

   

ANÁLISIS Y DIAGNÓSTICO

Diagnosis

Caracterización de

regresión y

Diagnosis de los recursos

Identificación de los temas y argumentos

los públicos

potenciales de

   

desarrollo

   
 

FASE 2

Caracterización y

posicionamiento

Estrategia de

Concreción de

objetivos de

Definición de las prioridades de adecuación

Definición del concepto clave y

CONCEPTUALIZACIÓN

estratégico

segmentación

desarrollo local

     
 

estructura temática de la interpretación

 

Estructuración y

ADECUACIÓN DEL TERRITORIO, LOGÍSTICA DE LA ACOGIDA, INFORMACIÓN E INTERPRETACIÓN. PROPUESTA DE ESPACIOS INTERPRETIVOS,

organización de la oferta

 

FASE 3

Diseño de productos

 

PORTAFOLIO DE PRODUCTOS

 

DESARROLLO OPERATIVO

Mecanismos para la acción

Estrategia de

Efectos en el desarrollo local

Sistema de gestión

Estrategia de

comercialización

 

comunicación

Fase 1: Análisis y diagnóstico

Consiste en la aproximación a la realidad enfocada en los cuatro grandes ámbitos planteados: la demanda, el contexto social, económico y cultural, los recursos cultu- rales y naturales y los temas a transmitir. Sirve para saber con qué se cuenta y qué déficits hay. La labor a realizar se centra en la recopilación y análisis de la información necesaria para el desarrollo del proyecto. Por un lado es preciso obtener datos sobre

y análisis de la información necesaria para el desarrollo del proyecto. Por un lado es preciso

Identificación de recursos y diagnóstico del territorio. El punto de partida de las

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el consumo cultural y turístico e identificar el público real y potencial de la oferta patrimonial. Nos interesa asimismo conocer el entorno del proyecto: el medio físico, la estructura de la población, los datos socio-económicos básicos, la dinámica social y cultural, el entramado asociativo, la opinión de la población local, etc. Por otro lado, es preciso identificar y realizar una valoración de los recursos culturales y naturales del territorio y obtener información sobre las temáticas más relevantes que trans- miten dichos recursos. De todo ello obtendremos la información de partida que nos permitirá caracterizar los públicos e identificar los principales aspectos del territorio sobre el que debe fundamentarse la definición y diseño del proyecto, así como las influencias externas que pueden afectar su desarrollo. Podemos identificar los fac- tores de regresión (amenazas y puntos débiles) y los potenciales de desarrollo (puntos fuertes y oportunidades) y conoceremos cuáles son los recursos y las temáticas que deberemos promover.

Fase 2: Conceptualización

La definición de la propuesta conceptual en un proyecto de dinamización del patrimonio consiste en un trabajo de reflexión sobre las potencialidades y los recursos del territorio para que éstos puedan ser definidos en un concepto. Es decir, se trata de desarrollar las potencialidades de los recursos para convertir los objetos patrimo- niales en un producto. Las conclusiones de la diagnosis nos han permitido detectar las necesidades y las posibilidades de unos testimonios culturales y medioambienta- les determinados. Es a partir de ellas que será preciso concretar los conceptos, objetivos y líneas estratégicas que será necesario desarrollar. En el proceso de conceptualización planteamos las ideas y directrices que susten- tarán el proyecto de desarrollo. Se trata de concretar, a partir del resultado del trabajo de campo, los objetivos y criterios de actuación, determinar los criterios de interpre- tación y comunicación de la oferta patrimonial y definir las características y límites del posicionamiento a adoptar, así como elegir los segmentos de mercado que habrá que priorizar a la hora de comunicar la oferta. Por tanto, la definición de la propuesta conceptual conlleva un proceso de re- flexión a partir de la información recogida en la diagnosis que nos lleva a sintetizar los elementos que definen el territorio y a establecer el «concepto clave de interpre- tación», es decir, determinar, sobre la base de la singularidad y la calidad de los principales elementos patrimoniales del territorio, un común denominador y un hilo conductor que nos ayuda a poner orden y dar coherencia a los recursos del territorio. Ello nos permitirá fabricar un sentido que facilitará al visitante la comprensión de lo que está viendo y nos permitirá aglutinar bajo un mismo concepto la presentación, comunicación y explotación del patrimonio. Este hilo conductor nos va a servir de referencia; pero se trata, indudablemente, de una elección: definir un concepto clave de interpretación supone apostar por una lectura determinada de un territorio y de sus elementos culturales y naturales. Implica decantarse por una opción determinada, en un proceso de búsqueda de un discurso argumental coherente y, a la vez, atractivo, que pueda aglutinar y dar sentido a una realidad, y pueda interesar al público inquieto. A partir del concepto clave, entendido como el eje conductor que ordena y da coherencia a todo un conjunto patrimonial, resaltando las características propias y

como el eje conductor que ordena y da coherencia a todo un conjunto patrimonial, resaltando las

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distintivas de dicho conjunto, podremos seleccionar los temas y argumentos que nos permitirán definir y facilitar la percepción del territorio por parte de los públicos potenciales. Para ello es preciso posicionar el producto patrimonial preguntándonos cómo es visto y cómo quiere ser percibido por los públicos objetivo.

Fase 3: Desarrollo operativo del proyecto

A partir del proceso de conceptualización, se pueden definir distintos ámbitos de actuación, en los que se deben desarrollar las acciones a realizar para poder potenciar

e integrar los distintos elementos patrimoniales y poner en marcha una serie de

actividades y servicios derivados. Hay que pensar, por tanto, en cuáles van a ser los

dispositivos de interpretación necesarios para cada elemento o conjunto de elemen- tos patrimoniales (propuestas de creación de centros patrimoniales, señalización, creación de servicios de información y acogida…), el diseño de productos concretos, los canales de comunicación y comercialización, el sistema de administración y gestión, etc. Basándonos en las conclusiones de la conceptualización, deben definirse las acciones a acometer, a partir de las líneas estratégicas y directrices definidas, encaminadas al desarrollo sostenible y la promoción integrada de la oferta turística

y estructuradas en diversos frentes: interpretación (planificación de la presentación, comunicación y explotación de los recursos: rutas, itinerarios, servicios y equipa- mientos); protección y conservación del patrimonio (acciones normativas y de sen- sibilización, medidas de preservación); acondicionamiento turístico del territorio

(adecuación del espacio turístico

si no diseñamos un portafolio de productos (culturales, educativos, turísticos…)

adecuados a los distintos segmentos de nuestra demanda. Finalmente deberemos establecer los mecanismos para la implementación del proyecto: estrategia de comu- nicación y de comercialización y el modelo de gestión: estructura de gestión, formas de financiación, beneficios inducidos, fomento de la economía local, recursos huma- nos, indicadores de gestión…

).

La planificación no será realmente operativa

El proceso de análisis y diagnóstico en los planes de interpretación y desarrollo

Visto el planteamiento general y el contenido de los planes de interpretación y desarrollo turístico del patrimonio, en este artículo vamos a centrarnos con más profundidad en la primera fase de los mismos y, sobre todo, en cómo abordar los procesos de identificación y valoración de los recursos culturales y naturales de un territorio determinado para que esta información nos sirva realmente para poder construir un proyecto de desarrollo turístico sostenible. En esta fase es fundamental encauzar muy bien el proceso de recogida de información y procesamiento de la misma. Hay que tener muy en cuenta que no estamos realizando una tesis doctoral ni una enciclopedia del territorio, ni un deta- llado inventario científico. Se trata de descubrir, obtener y seleccionar la información necesaria que nos va a conducir al conocimiento de la realidad, para tener una idea

obtener y seleccionar la información necesaria que nos va a conducir al conocimiento de la realidad,

Identificación de recursos y diagnóstico del territorio. El punto de partida de las

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certera del punto de partida del proyecto. Es preciso, por tanto, saber seleccionar bien la información, saber captar los aspectos esenciales referidos a los recursos y temá- ticas, al contexto y a la demanda; saber identificar claramente las fortalezas y debilidades del territorio, en todo aquello que tiene o puede tener una relación directa

o indirecta con el patrimonio y el desarrollo turístico.

En cada proyecto la casuística será diferente. A veces se dispondrá de datos cuantitativos y rigurosos trabajos estadísticos, o habrá medios económicos suficien- tes para poder llevar a cabo encuestas, o tendremos acceso a información muy

detallada; en otras ocasiones tendremos que partir de fuentes secundarias, de datos limitados… El proceso de elaboración de las conclusiones del diagnóstico también podrá ser más o menos participativo, contando con mayor o menor implicación y debate de los agentes implicados y las fuerzas vivas locales. Pero en todo caso debemos tener la capacidad de seleccionar la información clave; centrar nuestra atención hacia aquellos aspectos realmente relevantes; prescindir de todos los datos

superfluos y poco significativos, que no nos van a aportar nada en el proceso posterior de conceptualización y posicionamiento de nuestro proyecto ni en la fase operativa de concreción y desarrollo de las propuestas. Es preciso, por tanto, captar y procesar debidamente lo esencial. Por ello, por ejemplo, preferimos no utilizar el concepto de «inventario de recursos», cuando realmente lo que estamos realizando es una identificación de los recursos culturales

y naturales susceptibles de ser utilizados en el marco de un proyecto estratégico de

dinamización patrimonial y desarrollo turístico. Por tanto, no se trata en estos casos de realizar un inventario exhaustivo del patrimonio, lo que excedería con mucho del alcance de este tipo de proyectos, sino de identificar y valorar de forma práctica y realista las posibilidades turísticas y de puesta en valor de los elementos patrimonia- les más significativos; aunque es cierto que la existencia previa de inventarios patrimoniales es necesaria para abordar la labor planificadora de la interpretación y desarrollo del patrimonio. Este proceso de identificación y priorización de recursos tiene por objetivo permitir una base sólida sobre la que plantear el tratamiento más adecuado del territorio y su patrimonio para crear productos turísticos. En el análisis y recopilación de información en la que se sustentan este tipo de proyectos, se debe realizar un esfuerzo para conseguir un acercamiento a la realidad patrimonial desde diferentes ópticas y lecturas. También se deben tener en cuenta otros aspectos importantes para el desarrollo del proyecto, como el grado de la vinculación e identificación entre patrimonio y comunidad, o la evaluación actual de los usos culturales, sociales, educativos y turísticos de los recursos patrimoniales.

El trabajo de campo y la obtención de la información

En el punto de partida de un plan de interpretación y desarrollo patrimonial se combinan distintas herramientas y procesos de trabajo para obtener la información adecuada que nos va a permitir llevar a cabo el diagnóstico:

y procesos de trabajo para obtener la información adecuada que nos va a permitir llevar a

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