El niño Goyito

El niño Goyito ha estado recibiendo cartas de Chile durante tres años sobre ciertos negocios interesantes. Aunque tiene 52 años, lo llaman niño Goyito, y así lo llamarán hasta su muerte. Después de muchos titubeos, el asunto se decide: viajará. La noticia corre por toda la parentela y se convierte en motivo de conversación y quehaceres. El preparativo dura seis meses. Todos se dividen el trabajo: Los sastres hacen ropas diferentes por cada cambio estacional; un hacendado de Cañete teje cigarreras; se encargan los dulces a las madres de un convento; las pastillas, a la madre Salomé, etc. Sin embargo, surge la disyuntiva: de si el buque es seguro o no. Para estar seguros se valen de los informes de un catalán, experto en el asunto, quien luego de hacer las pesquisas, informa que el barco es bueno, con lo que se tranquilizan todos. El niño Goyito emprende por fin el viaje tan comentado. En la despedida, lloran las hermanas y también el viajero. Hay, además de llantos, encargos de la gente. Este viaje marcó un hito para la familia del protagonista, como si se tratara de una era universal, pues en el habla cotidiana, todos los acontecimientos se sitúan antes y después del viaje de Goyito. El narrador finaliza exponiendo que, a diferencia de esa manera antigua de viajar de los abuelos, ahora el asunto es mucho más expeditivo, sin tanto barullo. Y precisamente avisa a sus lectores que dentro de unos días se irá a Chile, siendo su partida “forzosa”, aunque estará de vuelta, asegura, en un par de meses. Mensaje: Concebido como una sátira mordaz hacia la sociedad limeña de mediados del siglo XIX, “El Viaje del Niño Goyito” es una crítica hacia la persistencia de las viejas costumbres y la incapacidad humana de crecer como persona y dejar de ser el "niño".

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