1.- "Al principio creó Dios el Cielo y la Tierra.

La Tierra era una masa informe y vacía y las tinieblas cubrían la superficie del abismo». Pero, «dijo Dios: ‘Haya luz’ y hubo luz. Y vió Dios que la luz era buena y la separó de las tinieblas ». Así pues, Dios creó la luz el primer día, el Sol el cuarto día, y al Hombre el último día de creación. He aquí, pues, en este relato mítico, la Luz, presentada como independiente del foco que la emite y del sujeto que la ve.

2.- Los griegos se preocuparon más por saber de la visión del hombre que por la naturaleza de la luz, y esto era acorde con su voluntad primera de aprehender las facultades y funciones de los seres humanos. En el siglo V a.C. hay una necesidad ansiosa de saber la relación entre el ojo y la cosa vista, claro está, obligadamente a través del intermediario: la Luz.

3.- Esta exposición está altamente inspirada en el libro Historia de la Luz de Vasco Ronchi (1897-1988), físico florentino y experto en óptica. En su primer capítulo, sobre la Óptica en Grecia, hace las siguientes observaciones: a) La gran dificultad de estudiar los textos antiguos, sometidos a sustanciales cambios de intérpretes y traductores. Así por ejemplo en lo referenta a Aristóteles, dice: "Sus teorías no son muy claras y los comentadores han encontrado allí todo lo que han querido". b) No hay que juzgar con desdeñosos y sabiondos ojos de hoy las teorías de aquellos ilustres pensadores.

4a.- En relación con la última de las observaciones de Ronchi, he aquí el texto de otro ilustre pensador del siglo XX: Martin Heidegger: "En la actualidad, cuando empleamos la palabra ciencia ésta significa algo tan esencialmente diferente de la doctrina y scientia de la Edad Media como de la episteme griega. La ciencia griega nunca fue exacta, porque según su esencia era imposible que lo fuera y tampoco necesitaba serlo. Por eso carece completamente de sentido decir que la ciencia moderna es más exacta que la de la Antigüedad. Del mismo modo, tampoco se puede decir que la teoría de Galileo sobre la caída libre de los cuerpos sea verdadera y que la de Aristóteles, que dice que los cuerpos ligeros aspiran a elevarse, sea falsa, porque la concepción griega de la esencia de los cuerpos, del lugar, así como de la relación entre ambos, se basa en una interpretación diferente de lo ente, y en consecuencia, determina otro modo de ver y cuestionar los fenómenos naturales.

4b) A nadie se le ocurriría pretender que la literatura de Shakespeare es un progreso respecto a la de Esquilo, pero resulta que aún es mayor la imposibilidad de afirmar que la concepción moderna de lo ente es más correcta que la griega. Por eso si queremos llegar a captar la esencia de la ciencia moderna, debemos comenzar por librarnos de la costumbre de distinguir la ciencia moderna frente a la antigua únicamente por una cuestión de grado desde la perspectiva del progreso". de "La época de la imagen del Mundo"(1938)

5.- Existieron, anteriores a Platón, tres corrientes emanacionistas: 5a) Los pitagóricos adoptaron la tesis de una emisión que saliendo del ojo llegaba al objeto. Architas de Tarento (amigo y contemporáneo de Platón), pitagórico, consideraba que la visión provenía exclusivamente de un "fuego" invisible, que salía del ojo e iba a tocar los objetos. Posteriormente, Euclides haría suya esta teoría por su facilidad para ser geometrizada.

5b) Los atomistas de la escuela democritea defendieron la tesis de que la emanación provenía de la cosa hacia el ojo. Leucipo de Mileto (contemporáneo de Empédocles) y maestro de Democrito: "todas las modificaciones se producen por contacto; todas nuestras percepciones son táctiles, por tando para que llegue a nuestra "alma", los objetos nos envían imágenes, los eidola, especie de simulacros materiales que rodean a los cuerpos y llegan hasta nosotros para traernos a nuestra alma las formas y los colores de los cuerpos de que emanan".

5c) Empédocles (490-430), defendió una combinación de los dos flujos, la tesis de que la visión se debía a una emanación de los cuerpos, que se recibía en el órgano de la vista no bastaba. La visión sería el producto de un "fuego externo" que llegaría a los ojos como el sonido a las orejas o el olor a la nariz, pero sería necesario, paralelamente a esta acción externa una emisión desde dentro del ojo hacia afuera. Habrían entonces dos flujos, uno exterior, existente por sí mismo, objetivo, de naturaleza corpuscular, que portaría consigo, el orden, la forma y los colores del objeto, pero que no bastaría para la visión. Tienen que haber también rayos emitidos por el ojo, que se encontrarían con los rayos exteriores en un espacio intermedio.

6.- PLATÓN: FUEGO EN LOS OJOS Según Vasco Ronchi no se puede adjudicar una precisa teoría sobre la visión a Platón, que se limitaría a exponer en sus Diálogos las diversas opiniones de su tiempo. En efecto hay pocas concordancias entre la definición de luz atribuida a Gorgias en el Menon y la idea de luz-movimiento que resulta del Teeteto, o de la explicación que da en el Timeo. En cualquier caso, Platón no se fía de lo que ven los ojos humanos, que tantas veces nos engañan con sus apariencias y prefiere contemplar la Verdad, con los ojos del Alma, que fluye de la luminosa fuente del Bien.

6a) En el Teeteto: Habla Sócrates: "(...) entonces, cuando el ojo y un determinado objeto se han acercado y han producido la blancura y la sensación correspondiente, que no se hubieran producido si el ojo hubiera caido sobre otro objeto, o reciprócamente, entonces estas dos cosas moviéndose en el espacio intermedio, esto es, el fuego visual que parte de los ojos, y la blancura que partiendo del objeto produce el color conjuntamente con los ojos, el ojo se encuentra entonces lleno de fuego visual; él percibe, y pasa entonces de ser fuego visual a ojo que ve"

6b1) En el Menon: Menon.- ¿Y del color, Sócrates, qué dices? Sócrates.- ¡Eres un desconsiderado, Menón! Sometes a un anciano a que te conteste a estas cuestiones y tú no quieres recordar y decir qué afirmó Gorgias que es la virtud. M.- Pero no bien que me hayas contestado eso, Sócrates, te lo diré. S.- Aún con los ojos vendados, Menón, cualquiera sabría, al dialogar contigo, que eres bello y que también tienes tus enamorados. M.- ¿Por qué? S.- Porque cuando hablas no haces otra cosa que mandar, como los niños consentidos, que proceden cual tiranos mientras le dura su encanto; y al mismo tiempo, habrás notado seguramente en mí que no me resisto a los guapos. Te daré, pues, ese gusto y te contestaré.

6b2) M.- Hazlo, por favor. S.- ¿Quieres que te conteste a la manera de Gorgias, de modo que puedas seguirme mejor? M.- Lo quiero ¿por qué no? S.- ¿No admitís vosotros, de acuerdo con Empédocles, que hay ciertas emanaciones de las cosas? M.- Ciertamente. S.- ¿Y que hay poros hacia los cuales y a través de los cuales pasan las emanaciones? M.- Exacto. S.- ¿Y que, de las emanaciones, algunas se adaptan a ciertos poros, mientras que otras son menores o mayores? M.- Eso es. S.- ¿Y no es así que hay también algo que llamas vista? M.- Sí. S.- A partir de esto, entonces, "comprende lo que te digo", como decía Píndaro; el color es una emanación de las figuras, proporcionado a la vista y, por tanto, perceptible. M.- Excelente ma ha parecido, Sócrates, esta respuesta que me has dado.

6c1) En el Timeo, Platón distingue entre los fuegos, o entre las partes del fuego, una de las cuales originaría la luz: "Ciertamente, era necesario que la parte delantera del cuerpo humano se diferenciara y distinguiera de la trasera. Por ello, primero pusieron la cara en el recipiente de la cabeza, le unieron los instrumentos necesarios para la previsión del alma y dispusieron que la parte delantera, naturalmente, poseyera el mando. Los primeros instrumentos que construyeron en ella fueron los ojos portadores de luz y los juntaron al rostro por lo siguiente: idearon un cuerpo en relación con aquella parte del fuego que sin quemar produce una suave luz, la propia de cada día.

6c2) De esa manera, hicieron que el fuego puro que reside en nosotros, hermano de ese fuego exterior, fluyera puro a través de los ojos, para lo cual comprimieron todo el órgano y especialmente su centro hasta hacerlo liso y compacto para impedir el paso del más espeso y filtrar sólo el puro. Cuando la luz diurna rodea el flujo visual, entonces, lo semejante cae sobre lo semejante, se combina con él y, en línea recta a los ojos, surge un único cuerpo afín, donde quiera que el rayo proveniente del interior coincida con uno de los extremos. Y así, de esta similitud el conjunto tiene cualidades homogéneas y siempre que entre en contacto con un objeto o un objeto con él, trasmite sus movimientos a través de todo el cuerpo hasta el alma y produce esa percepción que denominamos visión.

6d.- Cuando al llegar la noche el fuego que le es afín se marcha, el de la visión se interrumpe, pues al salir hacia lo desemejante muta y se apaga por no ser ya afín al aire próximo que carece de fuego. Entonces deja de ver y se vuelve portador del sueño, pues los dioses idearon una protección de la visión, los párpados. Cuando se cierran, se bloquea la potencia del fuego interior que disminuye y suaviza los movimientos interiores y cuando estos se han suavizado nace la calma, y cuando la calma es mucha, el que duerme tiene pocos sueños. Pero cuando quedan algunos movimientos de mayor envergadura, según sea su cualidad y los lugares en los que quedan, así es el tipo y la cantidad de las copias interiores que producen y que, al despertar, recordamos como imágenes exteriores.

7.1.- ARISTÓTELES: LA ACTIVIDAD DE LO QUE ES TRANSPARENTE Un siglo más tarde, el gran Aristóteles, cree que estas hipótesis no son satisfactorias y esboza la suya: Para el fenómeno de la visión, no tiene por qué haber movimiento de un agente al otro, entre el ojo y el objeto visionado, sino una simple modificación del medio interpuesto entre ellos. Los libros de Aristóteles en los que se encuentran fundamentalmente sus opiniones sobre la luz, la visión y los fenómenos ópticos son :

7.2.- De anima, De sensu y en los Meteorológicos La teoría aristotélica de la visión podría resumirse brevemente del modo siguiente: la visión –y también el resto de las sensaciones– se realiza a través de un medio que en este caso es lo transparente o diáfano. La transparencia en cuanto posibilidad o potencia pertenece a diversos cuerpos, por ejemplo el aire o el agua. La actualización o acto de la transparencia es la luz; ésta es, por tanto, un estado de lo transparente como tal y no un movimiento: su aparición es instantánea. El color, en fin, actúa sobre lo transparente en acto que, a su vez, actúa sobre el órgano correspondiente.

7a).- Aristóteles rechaza las teorías precedentes sobre la luz y la visión; para él, la luz no es ni una emanación corpuscular y la visión no es producida por ninguna emanación material desde el ojo al objeto ni desde éste a aquél. Su atención se centra en el medio, que considera imprescindible, como se pone de manifiesto en el tratado Acerca del alma (De anima), donde escribe: Una prueba evidente de ello es que si colocamos cualquier cosa que tenga color directamente sobre el órgano mismo de la vista, no se ve. El funcionamiento adecuado, por el contrario, consiste en que el color ponga en movimiento (en acción !) lo transparente –por ejemplo el aire– y el órgano sensorial sea, a su vez, movido por éste último con quien está en contacto.

7a.2) No se expresa acertadamente Demócrito en este punto cuando opina que si se produjera el vacío entre el órgano y el objeto, se vería hasta el más mínimo detalle, hasta una hormiga que estuviera en el cielo. Esto es, desde luego, imposible. En efecto, la visión se produce cuando el órgano sensorial padece una cierta afección; ahora bien, es imposible que padezca influjo alguno bajo la acción del color percibido, luego ha de ser bajo la acción de un agente intermedio; por fuerza ha de haber, pues, algo intermedio y, por tanto, hecho el vacío, no sólo no se verá hasta el más mínimo detalle, sino que no se verá nada en absoluto

7b).- Aristóteles, consciente de que la luz no es realmente visible y de que no se ve en la oscuridad, introduce la noción de transparencia en estos términos: Y llamo "transparente" a aquello que es visible si bien –por decirlo en una palabra– no es visible por sí, sino en virtud de un color ajeno a él. Tales son el aire, el agua y multitud de sólidos: no son transparentes, en efecto, ni en tanto que agua ni en tanto que aire, sino porque en ellos se da una cierta naturaleza, la misma que se da en el cuerpo eterno situado en la región más alta del firmamento. Para Aristóteles, pues, lo transparente es visible en tanto que comunica al observador el color de los cuerpos situados al otro lado; lo transparente no es algo que se ve sino algo a través de lo que se ve.

7c).- La luz, por otra parte, aparece definida como un estado de lo transparente, –estado que resulta de la presencia del fuego o de cualquier otro cuerpo luminoso–; es, en un lenguaje propio del sistema aristotélico –la actualización de la transparencia–, la adquisición de ese estado en el que la transparencia no es mera potencialidad sino plena actualidad de modo que los objetos separados del observador por el medio, resultan visibles. [...] La luz, a su vez, es el acto de esto, de lo transparente en tanto que transparente. Por el contrario, en los cuerpos transparentes en potencia se da la oscuridad [...] lo oscuro no es sino lo transparente pero no cuando es transparente en acto, sino cuando lo es en potencia: es que la misma naturaleza es unas veces oscuridad y otras luz.

7d).- Finalmente el color, que no es otra cosa que aquello que recubre la superficie de los objetos visibles y que tiene el poder de poner en movimiento lo transparente en acto –entendido el movimiento como capacidad para producir nuevos cambios cualitativos en el medio–, aparece definido con estas palabras: [...] Todo color es un agente capaz de poner en movimiento a lo transparente en acto y en esto consiste su naturaleza. He ahí por qué el color no es visible si no hay luz, mientras que a la luz, el color de cualquier cosa resulta visible.

8).- En relación a la primera de las teorías, la pitagórica, hay que decir que fue la que tuvo más éxito en los siglos inmediatemente posteriores. Quizás por ello, es la que ha sufrido las críticas más feroces por parte de los físicos "listillos" de los últimos tiempos, que han visto en ella, ahistóricamente, la pobreza de los conocimientos físicos de la ciencia antigua. Sin embargo, esta teoría tuvo una gran influencia en el desarrollo de la óptica, y encontramos esos conceptos vivos y fecundos en personajes como Euclides, Hiparco y Ptolomeo. Alguien dirá, por ejemplo, que precisemos lo que Architas entendía por "fuego" invisible que sale de los ojos. Y podríamos contestarle que expresiones de este tipo han sido empleadas sin pretensiones científicas, pero con un significado que no es únicamente sentimental, por los poetas de todas las épocas. La literatura habla con frecuencia del "fluido" lanzado por los ojos de las brujas, de las bestias feroces, de las serpientes o de los amorosos. ¿Podemos permitirnos entonces pensar que en todo esto no haya nada de verdadero? (pregunta que se hace Vasco Ronchi)

9.- La visión es un fenómeno óptico extremadamente complejo en el que intervienen necesariamente factores GEOMÉTRICOS, FÍSICOS, FISIOLÓGICOS Y PSICOLÓGICOS, a los que corresponden otras tantas ramas de la óptica, todas ellas ricas de teorías y de experiencias y, todavía hoy, llenas de misterio. En este primer e instructivo periodo griego de la historia de la luz observamos una mezcla de esos cuatro factores y comprobamos la separación y preponderancia de uno de ellos: el GEOMÉTRICO. Como en el posterior caso de Galileo la geometría superará y encubrirá los otros factores.

ARISTÓTELES. Tratados Breves de Historia Natural. Gredos. Madrid, 1998. ARISTÓTELES. Meteorológicos. Gredos. Madrid, 1996. ARISTÓTELES. Acerca del Alma. Gredos. Madrid, 1982. MAITTE, Bernard. Storia dell'arcobaleno. Donzelli ed. Roma, 2006. PARK, David. The fire within the eye. RONCHI, Vasco. Histoire de la Lumière. Ed. Jacques Gabay. Paris, 1996. TRINH XUAN THUAN. Les voies de la lumière. Folio. Paris, 2007.

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