Año 7.

Número 31

Diciembre 2011 - Enero 2012
Precio por ejemplar

G. 5.000

Dr. Luis De Gásperi 3223. Asunción-Paraguay Teléfono 550 459. Celular (0981) 642 358/ vvs544@yahoo.com.ar vsuarez544@hotmail.com

Todo se inclina (1992). Rosa Muñoz (Madrid, 1963): Copia cromógena directa, soporte de poliéster.

está con el desarrollo en la diversidad cultural

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Escribe: Delfina Acosta

MAÑANA ES OTRO DÍA Los lirios que se caen y las hojas girando circulares hacen triste aún el agua limpia que yo bebo. Imaginé un venado en la ventana y ahora estoy mejor y sin embargo me sé ya de memoria aquel inútil piar del avecilla abandonada. Y luego al mediodía las hormigas querrán venir por ella, y tantas rosas que se abrirán en vano pues no sabe, no, no sabe el hombre valorar su garbo, y sólo por la paga el jardinero podando está el rosal, no fue su padre poeta, y él se encuentra casi ciego. ¡Pero mañana el viento traerá en cada arbusto aroma a nuevo día!

UN MUNDO PERFECTO Fumaba yo caída ya la noche en el pequeño cementerio y daban las doce y los jazmines se entreabrían entonces y unas leves mariposas salían de los huesos de una tumba. Los muertos silenciosos se torcían trepados al ciprés que el viento frío movía y un felino enamorado de la rojiza Luna me acechaba. No sé por qué razón recuerdo ahora mis citas con los muertos. Crece el día y llegan a mis ojos los colores alegres que a mi vida le faltaron. En paz estoy con todos. Silba un ave un canto sin error. Por un instante el mundo pareciera ser perfecto.

EL BOSQUE DE LA VIDA Busqué la guía de los hombres. Fui por el carril del mundo pero igual salieron a mi encuentro fogonazos y lámparas portadas por personas que erraron el camino y me pedían la vía exacta hacia la Cruz del Sur. Volviéronse en mi contra las señales. Las puertas que buscaba se ausentaron. Y enfermas de silencio las aldabas no respondían nunca a mis urgencias. Pero las garzas me indicaron tibias pisadas en las playas y los búhos caída ya la noche con chistidos al bosque de la vida me llevaron. Allí sentí el aliento del lucero. Y el beso de una estrella abrió mi boca.

JARDÍN MISTERIOSO Se trata de una mantis religiosa llevada por insectos himenópteros a oscuro nido estando viva aún. Un niño entretenido la contempla. También se trata de un gusano verde de un género por mí desconocido subiendo por la rama de un rosal. La maravilla es parte de la náusea. El asco y la belleza son las caras de la moneda que Jesús dio al César. En mi jardín las voces se confunden. Solloza el sauce, y el piar quebrado de unos pichones cruza cierta brisa. Pero las flores pujan por abrirse. Y alguna primavera está llamando. ¡Y vientos de alegría son mis ojos!

Mirando al mar (1993). Rosa Muñoz (Madrid, 1963).

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SUMARIO
La paradoja del dominador dominado (teoría educativa) La negra Sulunga Antígona El final de la Odisea La muerte de Agapito

Importante movida cultural
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Se va el 2011, gran parte del año se vio envuelto en la vorágine de las celebraciones con motivo del bicentenario patrio. En ese contexto, el país se mantuvo activo y hasta podría decirse a la altura de las circunstancias. Pero más allá de los doscientos años de independencia nacional y de las bambalinas que quedaron en el camino, se podría considerar que el año en curso Escribe: Victorio V. Suárez Escribe: Victorio V. Suárez transcurre sin muchos sobresaltos y con la consabida práctica de revivir ilusiones y esperanzas en las retinas. Se puede considerar al 2011 como un año de variados perfiles que potencian una visión cultural más contemporánea. Vale apuntar, como ejemplo, que han crecido las representaciones teatrales, como así también la cantidad de publicaciones de libros para todos los gustos: narrativa, poesía, ciencias políticas y sociales. En fin, se está incrementando una mayor responsabilidad intelectual avalada por un medio exigente donde escenarios, galerías y ferias de libros brindan la tónica de aperturas positivas hacia algunas capitales departamentales del país, hasta hoy arrinconadas y excluidas del circuito cultural nacional, ya sea por la indiferencia de un poder centralizado o por la desidia imperante en el ánimo de los gestores culturales que operan en las ciudades del interior. No obstante, a pesar de las dificultades el interés en la cultura va creciendo. PREMIO NACIONAL DE LITERATURA Y EDITORAS Quedará como algo muy importante de este año que el Premio Nacional de Literatura recayó en una mujer: Renée Ferrer. Tal vez no fue premiada su mejor obra, pero más allá del poemario que fue distinguido, hay que reconocer que la galardonada desarrolla una meritoria labor literaria desde la década del sesenta (a cuya promoción pertenece). Por otra parte, ya que está terminando el año, vale mencionar como un hecho positivo la tarea de varias editoriales nacionales que siguen apostando a los escritores paraguayos; se destacan plenamente en este ámbito: Servilibro, Criterio Ediciones, Fausto Cultural y Arandurã. De igual manera hay que

La fuerza intelectual de una gran poeta 16 El fantasma de un solitario al fondo Hilos de libertad Rata de biblioteca

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STAFF y Redacción Dirección General
Lic. Victorio V. Suárez vvs544@yahoo.com.ar Columnistas: Lita Pérez Cáceres, Delfina Acosta, Gloria Marecos, Guido Rodríguez Alcalá, Dirma Pardo de Carugati, Genaro Riera Hunter Rubén Viveros Corresponsal en España Vicente Peiró Barco Marketing y distribución Silvia Duré Coordinación y producción Rosa del Rocío Villalba Amelia Guiomar Villalba Diseño gráfico Cecilia Rivarola Impresión QR Producciones Gráficas

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mencionar especialmente el apoyo que el Fondec ha brindado a las diversas expresiones artísticas, especialmente a las ediciones de libros que nuevamente durante el año se vieron favorecidas por la subvención en donación otorgada por el Fondo Nacional de la Cultura y las Artes, institución que ha crecido en materia de criterios de evaluación y organización para desplegar sus actividades. Es cierto, queda aún mucho por hacer y ojalá el ritmo cultural no se pierda en el barullo político del 2012 que, según como estamos viendo, arrancará con delirante nerviosismo y premura con motivo a las elecciones generales que se llevarán a cabo en el 2013. ODIOS Y CONTRADICCIONES Se van calentando los motores, aunque algunos ya arrancaron con las primeras promesas de redención para el país. Si bien se llegó al embrión del cambio en el 2008 y se avanzó en cierta forma, sería necio negar que el país atraviesa situaciones donde imperan el sabotaje, la inseguridad, la ineptitud y la falta de perspectivas para concretar alcances más significativos. Los nostálgicos vuelven a afilar sus colmillos y lo mismo hacen aquellos sectores que llegaron al poder. Hay un caldo de cultivo donde imperan el odio y las contradicciones. Y lo peor de todo es que hasta ahora no se distingue la construcción de cimientos más sólidos para consolidar la estructura económica y social que nos sacará del pozo. Resulta siempre ingenua y reiterativa la pregunta: ¿cómo es que no mejoramos con tanta riqueza natural y tan pocos habitantes? Es que no se puede concebir que una nación tan escuálida en población tenga que pasar limitaciones extremas, como si esa fuera la única suerte que le toca vivir al país. No vayamos tan lejos, las prósperas colonias extranjeras afincadas en Paraguay han demostrado que con buena organización y seriedad todo puede cambiar. Sin embargo, en Paraguay no se logró entender esa premisa y cada gobernante que llega se doblega ante el acoso crematístico olvidando su responsabilidad constitucional de buscar el mejoramiento del nivel de vida de todos los que habitan el territorio nacional. Hay caprichos, tonterías políticas y una amalgama de corrupción que desvían siempre del camino que se debe tomar. Se promete y no se cumple, un ejemplo indigno que tiene que ver con esto observamos en el manejo principiante del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, institución que demagógicamente declaró gratuidad de la salud pública. Clamor de boquilla que sólo sirvió para las quejas a causa de la mentira y la falta de tino profesional para manejar los destinos sanitarios de la nación. Para muestra vale un botón, aunque hay tantos botones para exhibir y que derivan de una política desequilibrada y equivocada. Algunos temas que ya comienzan a aflorar de manera descomunal en el día a día y como siempre habrá defensores y detractores. Esto nos dice que la vocinglería se apresta a ocupar de nuevo un escenario descollante desde donde volverán a despilfarrar millones de dólares, mientras las cuestiones prioritarias también transitarán el camino de la postergación. Veremos qué le espera al campo cultural, afectado casi siempre por los caprichos proselitistas de los que se creen dueños del país.

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LA PARADOJA DEL DOMINADOR DOMINADO
(teoría educativa)
Gloria Marecos

Pareciera que con la importancia y el impulso dado por la educación a la razón lógica, ésta se convertiría en la dominadora del pensamiento inteligente y de las acciones consecuentes, sin embargo, el desarrollo unilateral del pensamiento lógico desemboca en lo que podríamos llamar la “Paradoja del dominador dominado”.

Esto se observa en personas con inteligencia lógica desarrollada, pero con actitudes atropelladoras, violentas, abusivas, violadoras, agresivas, irrespetuosas, deshonestas, sin el condimento sazonador, moderador y equilibrador de las emociones sensibilizantes, que otorga el potencial creativo desarrollado paralelamente al pensamiento lógico. Debemos aclarar que no es precisamente el desarrollo potenciado del hemisferio izquierdo, el causante de la anemia y agonía de la inteligencia creadora, no es precisamente que este desarrollo mate al potencial creativo, es definitivamente, la “unilateralidad” en el desarrollo de las facultades cerebrales, la que da lugar al debilitamiento del hemisferio derecho y paralelamente, al fortalecimiento, reflote, florecimiento, expansión y dominio del sistema límbico, que por la fuerza y poder del instinto (necesidades y emociones primarias sin freno), domina a la razón y anula la sensibilidad creadora, la que sin ningún es-

En la realidad, lo que sucede con este impulso lógico unilateral, es que automáticamente, en la medida en que se debilita (por falta de estímulo) el pensamiento creador, se va otorgando facilidad de crecimiento, vía libre, fortaleza y dominio, al sistema límbico, latente en los cimientos del funcionamiento del hemisferio derecho. Y como las emociones límbicas, instintivas y primitivas son muy fuertes, éstas se afianzan, se expanden y se camuflan con el pensamiento lógico en crecimiento y silenciosamente, invaden el territorio intelectual, convirtiéndose en dominadoras y manipuladoras invisibles de la razón.

“Noche transfigurada en Jerusalén”, 1996. Juan Calderón. México.

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tímulo al cual asirse, sin desarrollo somático ni funcional, se debilita y permanece inactiva, dejando espacio libre al accionar del sistema límbico, y sola y expuesta a la dominación, a su par cerebral, la inteligencia lógica. El sistema límbico es el cerebro medio, formado inmediatamente posterior al cerebro reptil, que es la parte más primitiva del cerebro y que apareció en el origen de la vida de los vertebrados, pero que no tiene que ver con el razonamiento ni con el potencial creativo, pues es puro instinto básico de supervivencia, pero que sí tiene que ver con la satisfacción de las necesidades primarias más elementales y arcaicas, como la satisfacción del deseo sexual, de la necesidad de comida, del logro del placer biológico y de dar respuestas agresivas (pelear-huir), propias del funcionamiento del cerebro reptil de los cuadrúpedos, pero que aún siguen instaladas en los suburbios del cerebro humano, agazapadas, esperando, para dar el salto en cuanto la oportunidad se presente. ¿Por qué los abusos, los acosos, las violaciones, las agresiones, los atropellos de todo tipo a la dignidad y a los valores humanos de parte de personas supuestamente inteligentes? Todas son manifestaciones infrahumanas de los instintos primitivos, propios del sistema límbico y reptiliano, que desgraciadamente, todavía tienen oportunidad de someter a la verdadera razón. Este sistema límbico (con sus emociones e instintos básicos de supervivencia potenciados), sin dudas tiene su espacio y su importancia en la base del aprendizaje y de la formación de la personalidad, pero necesita ser regulado con el estímulo y desarrollo del hemisferio derecho del cerebro, pues con el crecimiento del potencial creativo, que en su accionamiento inicial limita, somete y modera a los instintos primitivos y en la medida de su desarrollo, va distanciándolo, otorgando mesura y sensibilidad humanizadora al pensamiento lógico y a la inteligencia total. Es así como la calidad humana va sobreponiéndose a la calidad primitivo-animal que permanecerá anémica e inactiva en sus cimientos. Creo que a partir de aquí, es fácil comprender que con la acción de estimular el desarrollo y fortalecimiento unilateral del pensamiento lógico, preparándolo para dominar, emerge como reacción peligrosa el dominio más poderoso del sistema límbico, primitivo y arcaico, cuyas manifestaciones instintivas fortalecidas, se insertan imperceptibles en el razonamiento lógico, entonces se manifiesta (el sistema límbico) como acciones y actitudes “inteligentes” pero frías, violentas, inescrupulosas, bestiales, insensibles y deshumanizadas, que responden a la satisfacción de los intereses, de las emociones desenfrenadas y de los deseos más mezquinos. Creo que todo esto explica y justifica la seria necesidad de otorgar mayor interés al estímulo y desarrollo de las facultades creativas y sensibilizadoras del hemisferio derecho, para nivelarlo al del hemisferio izquierdo, y entonces aspirar a la formación de una clase de individuo que supere el estado límbico arcaico del cuadrúpedo (dejando a éste en el lugar básico que le corresponde), hasta lograr el ascenso al estado de razonamiento total (lógico-creador) de la calidad humana. Lo dijo la neuróloga italiana Rita Levi Montalcini, Premio Nobel de Fisiología y Medicina (1986). “La culpa de las grandes desdichas de la Humanidad, la tiene el hemisferio derecho del cerebro, sin desarrollo somático ni funcional. Es la zona a la que apelan los dictadores para que las masas se sometan y le sigan”.

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LA NEGRA SULUNGA
Victorio V. Suárez

Tunga Sulunga matunga, la negra se arrulla y quema, tiembla su tajo salta su anca, Sulunga refulge y canta. Anochecer de fisgoneo, floripón de tan tan, la morena se agita, arde la diosa con el betún de su boca. Cabellera crispada, crepita y retumba tumbando la espalda, abriendo las piernas y su fosa de fuego. La negra suspira, acelera, se mueve en el redondel del brocal. La mulata tremenda aprieta y orina, se derrama la negra y retumba y columpia. Cuarenta cópulas sin dormir, la negra culona deshoja su piel de ventarrón, su mirada de ají, su calentura de lata, toda su curvatura de pimiento oscuro, la negra remolona, pezones de aguacate negro, saliva Sulunga la tunga, la fiesta de hervor abismal. Dentadura de marfil, cara de charol, sudor y rubor de aquella mulata eterna. Había crecido en las chatas que avivaban el río y la primera vez dejó un pedazo de himen en el barranco. Sacudía la tierra como una potra espectral, una tropa de marineros cabalgó sobre sus muslos toda una noche y al amanecer seguía buscando

más dulzuras del trapiche. La negra leona, desparramada avidez, de juncos orgásmicos, insaciable vertedero de aventuras madrugadoras. Con su espalda encendió la luna y quebró luceros, juntó sus remolinos en el alba y dinamitó la cruda pasión de los pescadores. El sol dormía en su regazo y quemaba su lengua luminosa en las pirámides de azufre que imantaban ardientes luces en su vulva roja como el destello de la aurora. Boca caracolada, pelo turbio donde clareaban los remadores, orificio descollante, incansable paloma negra que golpeando los desiertos se evaporaba y gozaba. La negra Sulunga, matunga, mulata preciosa que acosa que cuelga que chispea y se derrama. Había nacido en pleno fermento de la Revolución del 47, la trajo al mundo una partera chae en las cercanías del río Paraguay, la miró asombrada y como una gitana legítima anunció enseguida: “Esta negra preciosa dará mucho que hablar”. Años después, la morena Sulunga arremetió en las riberas y en los parques desolados

del Mangrullo, toda su adolescencia se consumió en ritos y gárgaras de placer. En inflamados días de diciembre la negra sempiterna se zambullía desnuda en el río y era capaz de nadar ida y vuelta sin parar. Sus nalgas brillaban como serranías bruñidas y parecían espejos de relumbrón azabache bajo el sol del mediodía. Apenas había atravesado los 15 y la jauría vecinal almidonaba sus deseos mirándola desde los muelles de Ita Pÿtä Punta. A los veinte ya había consumado todas sus manías y tenía tantas huellas que por eso mismo las olvidaba. En la década del 70, antes de llegar a los treinta, abordó un buque de pasajeros y partió hacia Buenos Aires. No la volvieron a encontrar, se esfumó en el horizonte agitado de la Avenida Corrientes. Se fue con su dentadura de marfil y su temperatura irrefrenable. Su gracia aún reposa sobre las lenguas que lamieron aquel betún. Tunga Sulunga matunga, la negra saltaba y sacudía a las 12 en punto las aguas del río Paraguay. Ypora la llamaban. Tunga Sulunga matunga.

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ANTÍGONA
Avanza flanqueada por dos hombres. El uno, un bisoño con algo de poeta, mira de reojo a la mujer, tratando de hallar motivos detrás de su exterior impenetrable. ¿Cómo ha de comprender un mozo sus lealtades ancestrales, viejas como los dioses cuyas estatuas rotas dan testimonio de un mundo desaparecido y presente? El otro, el veterano, ha conocido las incertidumbres del joven antes de perder el hábito de hacerse preguntas. Con sus muchos viajes, conoce gentes y lugares hasta donde puede conocerlos un hombre de su oficio. ¿Justicia? La experiencia lo ha llevado a descreer. Con todo, detesta el sufrimiento innecesario y por eso detesta a la mujer. Inmóviles, los pasantes murmuran maldiciones. ¡Como si él quisiera estar ahí! ¡Como si quisiera cargar, bajo un sol de fuego, tanto metal sobre el peso de los años! Le sobra edad para retirarse, y continúa sólo por decisión del superior. A él debieran dirigir los puños crispados. El golpe de la piedra sobre el hombro le hace volverse. El joven lo mira sobresaltado. ¿Irán a lapidarlos por llevarse a la mujer? El viejo contesta señalando al culpable, que ha ganado ya con increíble agilidad el refugio de los callejones laberínticos de la ciudad antigua como Tebas. Un niño. Nada deben temer de los demás, de los hombres, aunque irritados meros espectadores prudentes de la intervención, impopular como todas las intervenciones de ese género. La experiencia del viejo aparta los temores del joven. Los antecedentes del procedimiento favorecen los miedos del muchacho. Minutos antes ha tronado una tempestad de polvo y humo, sacudiendo la tierra como un terremoto mayor. Pasado el peligro de las explosiones, han encontrado a la mujer en una situación equívoca. El joven propuso seguir de largo; el compañero se apegó a la disciplina. Escoltando a la extraña, el joven admira su altivez real buscando razones para comprenderla. Tarea tan sencilla como adivinar los pensamientos de una cariátide. Después del primer arrebato, esa mujer es una estatua que

Guido Rodríguez Alcalá

marcha, una imagen llevada en una procesión. Los dos soldados se sienten ridículos escoltándola. El joven se alistó alentando sueños de honor y gloria. La paga le resultaba necesaria como la certeza de servir una causa noble. Unas semanas le bastaron para ver sus convicciones trituradas como el pavimento del templo (no puede recordar el extraño nombre) bajo los carros y las máquinas de la destrucción. Con desánimo presencia a cada paso la efusión de una violencia propicia a revivir las figuras amenazantes de la demonología asiria. La guerra, celebrada todavía en el hogar lejano del muchacho, en el territorio sometido suscita sólo malos espíritus.

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El viejo, de haber tenido un techo y una mesa provista, no hubiera recorrido el mundo hostilizando pueblos extranjeros para hacerse acreedor de una venganza evitada con suerte pero no sin secuelas. Se considera un hombre digno de compasión por eso, por una enfermedad inexplicable contraída en la campaña del desierto, y por su absoluta desposesión. Quiere volver a casa, los usureros se la han quitado. Quiere su mujer, la ha perdido hace tiempo; la quiere de cualquier manera y la mera idea de su compañía le hace insoportable la presencia de la infractora. ¿Qué malos vientos la han puesto en su camino? Rumiando esos pensamientos llegan a la presencia del general, a quien sus mismos enemigos llaman rey, para marcar el alcance desmesurado de su poder y su origen espurio. El rey o general ha triunfado y está dispuesto a conservar el mando. Débil por la insuficiencia de la fuerza, gobierna con decretos severos. Ha decidido negarles número, nombre y tumba a los vencidos. ¿Podrá exiliarlos así de las memorias, cuando la contienda ha comprometido clanes y naciones? Sin permitir consejos ni compa-

siones, manda a sus hombres armados entre las multitudes hostiles. Ellos le obedecen de mala gana, sabiendo cuánto ha costado la victoria. A sus desgracias de siempre, los del país deben sumar la desgracia adicional de cosechas perdidas, pozos contaminados, ganado muerto, enteras ciudades destruidas. ¡Cuándo llegará la paz deseada por civiles y soldados! El joven cree comprender el propósito del general. Negando honores a los caídos, aquél no ha pretendido desconocer los deberes básicos de la piedad fraterna, sino evitar sediciones, pues los duelos se prestan a fomentar propósitos muy ajenos al amor familiar. Pero, ¿de qué sería culpable aquella joven arrogante? Las mujeres tienen todas un corazón de más para los suyos, ella sólo obedeció a la naturaleza dando rienda suelta a su dolor. (Trabajo les costó separarla del cuerpo inanimado.) El joven se cree en posesión del valor necesario para exponer sus razones al comandante y juez. ¿Cuál es la verdad? La mujer llorando por su deudo podía ser una de las tantas cuya culpa no iba más allá de que el caído hubiera empuñado las armas, cosa cada vez más fre-

cuente en una guerra cuyo final no ven los mismos estrategas. El viejo comprende los motivos del adversario, cuya resistencia pretende sólo hacerle deponer las armas (¿quién es el enemigo entonces?) que el general le obliga a sostener. Por cierto, la mujer podría ser culpable de auxiliar al rebelde con víveres, información o incluso más; podría ser de las jóvenes ricas transformadas en furias por la prolongación de los combates. En tal caso, el viejo no le reprocha tanto su rebeldía como el haberlo puesto en la necesidad odiosa de entregarla a sus verdugos. Algo de niño tiene el veterano, pero lo comprendió desde el primer momento: si las lágrimas ablandan a los mismos jueces del infierno, aquella no ha de suplicar a sus jueces. Antes increpará a los soldados; desafiará al general; se ufanará de su presencia junto al cuerpo ensangrentado; despreciará la ley invocando un mandato del Todopoderoso. Al prenderla, y pese a toda su rudeza, el veterano ya la vio marchar por el largo pasillo hacia la puerta, amenazadora como la boca abierta de una bestia; detrás la espera la rutina infame de la infame prisión de Abu Grahib.

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El final de la Odisea
“Feliz hijo de Laertes! ¡Odiseo, fecundo en recursos! Tú acertaste a poseer una esposa virtuosísima. “Como la irreprochable Penélope, hija de Icario, ha tenido tan excelentes sentimientos y ha guardado tan buena memoria de Odiseo, el varón con quien se casó virgen, jamás se perderá la gloriosa fama de su virtud y los inmortales inspirarán a los hombres de la tierra graciosos cantos en loor de la discreta Penélope”. Homero. La Odisea. Canto XXIV

Ajeno e indiferente a la tragedia de los hombres, aquella mañana de marzo de 1870, puntualmente, el sol empezó a asomar por detrás de las colinas. Sus primeras luces fueron haciendo visibles unos malformes bultos que habían amanecido tirados sobre la tierra, que no eran sino despojos humanos, algunos aún vivos y otros ya difuntos Ese día en el confín de la patria, en el que habría de ser el último campamento, antes de que llegara el ocaso, el enemigo cerraría un lustro de adversidades y desventuras, con la muerte del hombre que había estado persiguiendo, ese hombre –héroe o villano– común mortal con ínfulas de Dios. Entre los pocos sobrevivientes, Eliseo Lahaye juntó sus pocas fuerzas en un desesperado intento de resistencia cuando llegó la última batalla, pero al ver caer herido al que decía que “moría con su patria”, comprendió que ya no sería útil una valentía absurda y optó por la vida, en una ignominiosa pero salvadora retirada. La luz final del día aún alumbraba la llanura cuando Eliseo se internó en los montes cercanos y, a causa de la gran debilidad, pron-

to cayó exánime. Todavía inconsciente lo recogieron los indígenas que siempre merodeaban la retaguardia. Las mujeres de la tribu lo abrigaron con pieles de animales y le dieron de beber tibios brebajes en vistosas calabazas. El guerrero herido deliraba; en sus sueños llamaba a Petronila, su querida esposa, y a Teófilo, su hijo pequeño: “Tengo que llegar a Itauguá”, decía enloquecido por la fiebre y se quería incorporar. Pero por orden de la curandera, las mujeres con celo lo cuidaban y se lo impedían. Al cabo de un tiempo, recobrado el vigor, impaciente por llegar a su pueblo, convenció a los indígenas y emprendió la marcha hacia el sur encomendándose a todos los santos. La guerra había concluido; la Triple Alianza enemiga escribía “sus páginas de gloria sobre los cadáveres de los vencidos”, último capítulo de la historia que había comenzado con la obstinación del tirano que arrastró a su pueblo al exterminio. Un largo calvario fue el regreso, con penurias de fatiga, de sed y de magra pitanza de limosna. Eran leguas de polvo colorado bajo el sol ardiente o de barro res-

baladizo si llovía. Eliseo tuvo que desandar el camino diagonal de la tragedia, que él mismo y otros esquivados de la muerte, a paladas furtivas, habían ido convirtiendo en cementerio. ¿Cómo olvidar el pasado –ya nunca podría– si todo estaba signado por el horror y la derrota? A su paso hallaba los estragos que dejaron las huestes invasoras, la miseria de las fantasmales ciudades evacuadas, con sus casonas mutiladas por la violencia y el saqueo. Como en una plegaria musitaba: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿qué habrá sido de mi familia, de mi chacra, de mi hacienda?”. Hecho un mendigo, con sus heridas mal curadas y el uniforme en andrajos, iba Eliseo hacia su meta incierta. Era largo el camino, pero el recuerdo sabe acortar distancias y la imagen de su casa, de su pueblo, de su gente (que a veces quería desdibujar el tiempo), se recreaba con fuerza en la memoria. Cada tanto se encontraba con grupos de mujeres y niños, y Eliseo ayudaba en la labranza o a mover alguna carga, a cambio de comida y de posada. Preguntaba mucho pero él contaba poco, temeroso de ser reconocido.

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Muchas veces releía la última carta de su esposa, llegada antes de que se cortaran las comunicaciones: “Te extraño mucho, te esperaré toda la vida si es preciso. Todavía no recibimos orden de evacuar, pero aunque así fuera, cuando todo termine, te estaré esperando en nuestra casa. Ayer comencé a bordar el mantel para el banquete del regreso. Teófilo está bien, lo cuido mucho. Cada día se te parece más. Está por cumplir los siete años”. Las lágrimas y el manoseo de un lustro iban deteriorando aquella carta, pero el soldado la guardaba como un relicario, sobre el pecho, en un bolsillo de su rotosa guerrera. Él también había hecho una promesa a su fiel y paciente esposa cuando fue movilizado. “Voy a volver con vida –le dijo– con la ayuda de Dios y de la Virgen”, agregó poniendo sus dedos en cruz sobre los labios. Y el protegido de los dioses llegaba por fin a Itauguá, su pueblo natal, donde había sido tan feliz. Con intensa emoción fue reconociendo antiguos lugares. Inquieto, sin admitirlo, temía llegar a su casa y no encontrar lo que al partir había dejado. Pasaba una mujer con un canasto en la cabeza y Eliseo, saludando, la detuvo e indagó. “Ahora ya casi todo es normal –contestó la vendedora de naranjas–. Aquí mismo no hubo batalla, pero hubo mucha desgracia, igual”.

Con muestras de dolor contó la mujer que un destacamento enemigo había acampado en las cercanías y que los soldados robaron cuanto quisieron, en ese pueblo sin hombres, defendido por mujeres tejedoras que alternaban la labranza y el bordado. No fue sólo por piedad que no las mataron, sino porque eran buenas labradoras e industriosas y los invasores se alimentaban de sus huertas, de sus dulces caseros y de las aves de sus corrales. Más adelante, ya cerca de su casa, encontró a un mendicante ciego y Eliseo, fingiéndose forastero e ignorante, le preguntó si conocía a la familia Lahaye. Le respondió el lugareño que creía que el señor había partido para la guerra sin retorno, pero sí sabía que la esposa, su hijo y la criada seguían en el pueblo, como siempre. Recordaba el itaugüeño que esa casa, en la época feliz de la bonanza, fue la mejor, la más noble y que en la fiesta de la boda de Eliseo, el unigénito, con la más bella muchacha del lugar, él mismo había asado las reses del banquete. Más quería saber el ex soldado y se animó a preguntar por la señora. “Es una santa mujer –dijo el anciano–, una verdadera reina. La viuda tiene muchos pretendientes, pero ella sigue esperando; no como sus primas, las propias hermanas del Mariscal vencido, que se casaron con los vencedores y se fueron a vivir cómodamente”. Eliseo, henchido de felicidad y orgullo, trataba de fingir casual

Dirma Pardo Carugati

curiosidad. El viejo vecino, aún sin reconocerlo, lo animó a que fuera hasta la casa a conseguir comida, ya que seguro la señora, siempre ansiosa de noticias, le daría unas galletas con cocido. Siguió Eliseo caminando hacia su hogar, ahora con paso ligero, impaciente y decidido. Se sacó el poncho, que a pesar del calor de aquel otoño lerdo se había puesto para ocultar su miserable aspecto, y al hacerlo dejó a la vista su flaco cuerpo apenas guarecido por el haraposo traje de combate. Cuando llegó frente a su casa, su corazón latía aceleradamente y las sienes palpitaban a punto de estallar. Desde la calle vio la antigua enramada del patio enladrillado. El cuadro que tenía ante los ojos se parecía mucho al sueño recurrente durante todos esos años: Petronila. Siempre bella, dedicada a su bordado; Teófilo, su hijo, cabalgaba una escoba de ramajes; la criada revolviendo el contenido de una olla y la comadre (sólo un poco mayor que hace unos años), siempre presente, con su niño dormido entre los brazos. Eliseo no quería romper el hechizo de esa visión, tal vez sólo inventada, pero batió las palmas atrayendo la atención de las mujeres. “¿Pueden dar un poco de agua a un caminante?” –dijo en voz alta.

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La criada trajo un jarro de un cántaro de barro y sin abrir el portón se lo pasó al mendigo. “Déjalo entrar” –dijo el ama compasiva, al ver el rotoso uniforme de la patria, y pensó: Tal vez traiga noticias de Eliseo...”. Petronila ofreció asiento al pordiosero, sin saber que él era su marido, y pidió a la criada que trajera un tazón de mazamorra con canela. Eliseo temblaba. Petronila curiosa, preguntaba..., pero al mirarlo a los ojos fue imposible no reconocer al ser querido y a él le fue imposible, también, por un instante más, callar que era él mismo, que estaba de regreso. Se abrazaron en un llanto común y no podían decir al mismo tiempo todo lo que anhelantes pensaron en esa larga espera. La comadre conmovida por esa tierna escena, también lloraba emocionada. Dejó al niño en la hamaca y trayendo de la mano a Teófilo, que sin entender miraba, le explicó: ”Es tu padre, que vino para siempre”. Diligente la comadre, fiel compañera de Petronila durante el tiempo de soledad y penas, empezó a disponer la casa para el amo. Ordenó la comida sustanciosa y preparó el baño que Eliseo le pedía. Llenó una tina con agua de arroyo, que perfumó con hojas de menta y con azahares. Tras el baño le limpió las heridas con té de hierbas curativas y él se peinó los cabellos con enjuague de verbena. Rasurado el rostro y con sus ropas de cinco años antes, Eliseo se presentó ante Petronila como un joven pretendiente que desea impresionar a una doncella. Ella también se acicaló; sobre los hombros se puso una mantilla de encaje de ñanduti y se soltó las trenzas, sin saber muy bien por qué lo hacía. Con las manos entrelazadas los esposos recorrían los campos y sus corrales. El hijo, feliz, correteaba gritando: ”Mira papá, mira papá”, sólo porque le daba placer poder nombrarlo. Caminaron, contándose mil cosas, hasta que el crepúsculo pintó de rojo-fuego el horizonte y entraron en la casa a preparar las velas. Eliseo armó el pesado lecho, que como otros pocos muebles había escapado a la rapiña. Petronila abrió el arcón donde guardaba sus pertenencias y sacó las mejores sábanas, de las que sobraron luego de que la guerra fuera convirtiendo su ajuar en vendas, pañales y mortajas. Y se hizo noche cerrada. El aire se llenó de luciérnagas y un coro de grillos reemplazó el agudo cantar de las cigarras. La antigua cama nupcial fue otra vez el tálamo de los amantes reunidos. Recatada y púdica, como en su noche primeriza, Petronila se entregaba al abrazo de Eliseo, anhelando que ese encuentro borrase para siempre todo recuerdo ingrato del pasado. Brioso y tierno, apasionado y gentil, él quería rescatar aquel idilio destajado por designios del destino. Sus recias manos, que habían matado tantos hombres en combate, eran ahora delicadas recorriendo el cuerpo de su amada. Era feliz sabiendo que ella lo esperó paciente y resignada. Daba gracias a Dios por ser tan afortunado. Petronila con mil besos le rogaba que nunca más se fuera... De pronto, a la suave presión de las caricias, un tibio maná brotó de sus pezones. Y entonces Eliseo oyó llorar al niño pequeño (que él, ingenuo, creyó era de la comadre) y se dio cuenta de que hacía mucho que lloraba, pues la leal servidora no podía ya calmarlo con té de hojas de naranjo ni otros engaños. Eliseo miró a Petronila y muy despacio. Como probando y no queriendo decir lo que decía, murmuró: ”Es hora de alimentar a tu hijo”. Y su esposa, con rubor, sin levantar los ojos, sin explicar nada, se fue a traer al niño y comenzó a amamantarlo, sentada en la mecedora de esterilla. Con recelo, Eliseo se fijó en el tierno infante de pelo rizado y tez oscura y comprendió que su color era el estigma de su origen. La única ventana abierta dejaba entrar un aire fresco y oloroso. La luz de la vela, a merced de la brisa, bailoteaba en las paredes dibujando fantasmagóricas siluetas. A medida que ardía la candela, iba derritiéndose en el candelero de arcilla, hasta que todo fue sólo cera derramada con un pabilo apenas humeante. Fue larga la noche, parecía interminable. Eliseo, con la cara cubierta por la almohada, fingía dormir, cavilaba, y pasó inmóvil la vigilia. Y llegó la aurora finalmente; un nuevo día empezaba para todos. Se preguntaba Petronila cómo le contaría a su esposo la angustia, el sufrimiento y el oprobio de lo que le tocó pasar en esa guerra. Pero cuando él apareció en el corredor esa mañana, no la dejó hablar; le besó tiernamente una mejilla y sólo dijo: ”Estoy preocupado por mi madre. Voy a verla y contarle que estoy vivo”. Petronila y Teófilo lo acompañaron hasta el portón del frente, lo besaron y abrazaron fuertemente. El niño, triste, levantó la mano en un último saludo y Petronila supo, desde el fondo de su corazón lo supo: nunca más vería a su marido.

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LA MUERTE DE AGAPITO
Nadie sabe cómo nacen las leyendas, pero la que habla de la muerte de Agapito Valiente corre de boca en boca y cada día tiene un elemento nuevo que la hace más atractiva. Hay gente que lo conoció en su juventud y otros que, sin haberlo visto nunca, imaginan su cara, la misma de tantos campesinos sufridos, iguales a todos aquellos yvypora o fantasmas de la tierra, como los bautizara un escritor que los conocía muy bien.

Lita Pérez Cáceres

Ella ya no se oculta, Agapito la vio por primera vez dos días atrás, fugazmente, como a los relámpagos en las noches de tormenta, pero desde el amanecer que está sentada sin moverse, detrás del tronco de un yvyrapyta. Agapito vio algunas veces que su cabellera negra y larga flotaba en la brisa que soplaba ocasionalmente; él no hizo nada porque no tiene tiempo de tener miedo y ni siquiera trata de ocultarse. El hambre le da calambres en el estómago, hace dos días que no come un bocado, Melesio no viene y Agapito está decidido a salir del escondite para conseguir alimentos. Piensa en un asado con mandioca, o en un locro sustancioso o en el chicharó trenzado que preparaba su madre, sueña con comer algo que tenga olor, sabor y consistencia. Agapito está a punto de volverse loco, de pronto desea entregarse, por lo menos en la cárcel le darán de comer, eso sí, primero le romperán los dientes y las costillas y quién sabe qué más... No siente sed, el monte está cruzado por varios arroyos y él ha cargado su caramañola varias veces, pero tragar agua le produce la sensación de un puñal clavado en sus tripas. A pesar que el sol ya está alumbrando hace rato Agapito se arriesga y se acerca hasta el rancho como un pombero, poniendo con cuidado un

pie y luego el otro, si Melesio está durmiendo o si lo abandonó, está a punto de saberlo. Cruza el claro frente a la vivienda y entra a la pieza donde un tufo insoportable lo asalta. Se tapa la nariz, llega tanteando hasta el ventanuco, lo abre y la mezquina claridad que obtiene le muestra un cadáver en la cama, es Melesio. El cuerpo está hinchado, a punto de reventar, parece que murió de muerte natural. Agapito sale y busca algo para comer en la fiambrera, encuentra unas galletas duras y un huevo, pero no podría tragar nada con ese olor que invade todo. Ella lo espía detrás de unas matas de kokû, está parada y su túnica blanca destaca como una bandera en el follaje. Ahora ya no tiene quien lo alimente y lo proteja, Melesio está muerto y si él no quiere morir, debe salir del país. Agapito se siente débil pero se apura y casi corriendo llega hasta el lugar donde pasó los días oculto. Junta algunos de sus objetos, los carga en un bolsón, lleva las galletas y el huevo y sale con destino al Sur. No mira atrás, sabe que ella lo sigue, él no se preocupa, hasta podría ayudarlo en el momento supremo. En el almacén de González`í no se ve a nadie, Agapito llega hasta el boliche, golpea las manos y sale un hombre gordo que se pone pálido al verlo.

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- ¿Marâ rejú koape? ¿Nde tarová pikó nde? (¿Para que viniste aquí, estás loco acaso?) - Melesio o manó ha che a hasase Clorinda pe, e mondó peteí marandú che primo Roberto, hae oî Paraguaype. Che ajuta koéramo kaarú. (Melesio murió y yo quiero pasar a Clorinda, mandá un mensaje a Roberto, en Asunción, y yo voy a volver mañana de noche). González’í asiente con la cabeza y apresura a Agapito para que se marche, teme que, en cualquier momento, entre algún vecino y pregunte por el arribeño. Agapito recoge alimentos y se marcha, también lleva fósforos y una ollita de aluminio, todavía no se da por perdido del todo, todavía no se rinde. Come algo en su refugio, pero el recuerdo del cuerpo hinchado de Melesio le impide seguir, asco y miedo mezclados hacen que todo su sistema de alerta se active. Si Melesio no murió de borracho o de enfermedad, lo habrán matado. ¿Quiénes? ¿Estarán ya cerca de él los que lo persiguen sin descanso? Debe salir de allí lo más rápido posible. No sabe si irse inmediatamente o esperar la respuesta de Roberto. Por lo pronto levanta su minúsculo campamento consistente en unas lonas sobre las que duerme y un mosquitero remendado que cuelga de la horqueta de un árbol, los guarda en el bolso, luego saca las lonas y las extiende nuevamente. Está confundido, puede sobrevivir mucho tiempo escondido, siempre que alguien le procure alimentos, él no puede hacer ruidos ni fuego para calentarse ni para cocinar algún animal que mate. Tiene que hacerse invisible, pero el monte no es tan impenetrable, una vez, un grupo de mariscadores estuvo a punto de descubrirlo. En otra oportunidad, dos indios lo ayudaron porque había metido el pie en una trampa y se despidieron contentos porque les regaló su brújula. Ahora le resta esperar a que anochezca para ir en busca de la respuesta de Roberto. Casi olvida la presencia de ella, si no reconozco que ella está acechando tal vez me salve, lo peor es entregarse antes de tiempo. De pronto sabe el significado de los sueños que tiene hace unos días, va a su difunta madre que le habla tranquila. No entiende lo que su mamá le dice pero se siente bien en el sueño, al lado de esa mujer que tanto ha sufrido. Sí, ella lo está esperando, eso dice en el sueño. Por eso no tengo miedo, porque ya está todo dicho, todo escrito y yo no puedo hacer nada, no puedo cambiar nada, sólo que voy a pelear hasta el último momento. En Asunción, Roberto dudó mucho antes de tomar una decisión. Era Agapito o él. Sus deudas de juego lo habían llevado hasta un callejón sin salida, ahora su única salida era la traición.

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do por los soldados. Él mismo se ve tirado, sangrando, con los ojos abiertos. La muerte lo tiene de la mano y espera, Agapito todavía siente algo, todavía quiere quedarse. Cuando los soldados se convencieron de que el guerrillero estaba muerto buscaron a alguien que lo reconociera, era necesario publicar el hecho para desmoralizar a los que aún continuaban luchando. Trajeron a un primo de Valiente, que vivía en las inmediaciones, pero hacía mucho tiempo que no veía al muerto y no lo reconoció en ese cuerpo retorcido que manchaba la ruta. Después, un policía de la escolta recordó que uno de los hermano de Agapito había salido de la cárcel hacía una semana. Lo buscaron y lo trajeron, tampoco tuvieron resultado, el cuerpo estaba irreconocible porque el jeep del general le había pasado encima varias veces y la cara se había convertido en una masa informe. Los guardaespaldas quisieron refrescar la memoria del hermano de Agapito y le propinaron varios golpes que lo ayudaron recordar que Agapito tenía una cicatriz en el talón izquierdo, de una herida que se había hecho cuando niño. Lo revisaron y la encontraron. Agapito Valiente estaba oficialmente muerto. En ese momento él cedió y aceptó el viaje que ella le ofrecía. Se fueron caminando y pudo escucharse que ella le decía: Ahora estás naciendo en la leyenda. Una leyenda que crece cada día en el corazón de los yvypora.

Agapito Valiente

- Te estuvimos controlando, Roberto, sabemos que Agapito Valiente es tu primo hermano y que siempre lo protegiste. Él está a punto de caer, el Partido Comunista está dividido y una de las facciones le ordenó que salga del país. Te va a pedir ayuda, nuestra gente me informó que su enlace murió. Si te hace llegar algún pedido o cualquier mensaje, tenés que avisarme y decirle que van a encontrarse en algún lugar y vamos a esperarlo –le dijo el general Frías. La cita es en el cementerio de Ytororó, a un costado de la ruta. Roberto conduce nervioso, sabe que es una basura pero no puede remediarlo. En un jeep que viaja detrás de él van el general y sus guardaespaldas. Agapito lo espera en un montecito cercano, sentado en cucli-

llas porque la vegetación no es alta. Ve el coche de Roberto, el auto frena y Agapito silba. Roberto no responde y, en ese momento, coronando la curva avanza el jeep del general hasta el sitio. Agapito sabe que algo está mal, pero no cree que Roberto pueda traicionarlo. Se levanta de golpe para correr hacia el coche, empuñando su revólver. Ella vuela a sus espaldas, su túnica se abre como grandes alas. Roberto le dice que se apure y que suba atrás, porque lo mejor es que viaje encerrado en la valijera. Agapito acepta y al llegar al sitio de la emboscada Roberto frena y baja, sale corriendo del vehículo. El general baja del jeep y abre la valijera, Agapito está preparado y dispara, hiriendo de muerte al militar. Enseguida es masacra-

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ELSA WIEZELL (Asunción, 1927)

LA FUERZA INTELECTUAL DE UNA GRAN POETA
Ha pasado mucho tiempo de aquella publicación en el diario ABC color donde la poeta y pintora Elsa Wiezell realizó algunas referencias sobre el proceso de la literatura en Paraguay, la misma frescura y aciertos de sus declaraciones siguen vigentes, por tal motivo, Arte y Cultura, como tributo a esta gran luchadora de la cultura y la poesía, presenta de manera completa aquellas lúcidas declaraciones hechas al director de esta revista. (24-X-93 - ABC) “Reavivar la cultura para salvarnos del pozo” Sin lugar a dudas, Elsa Wiezell es la poetisa que más publicó en nuestro país; ha combinado siempre su fecunda labor creadora con el estudio y la docencia en la rama de filosofía; sigue escribiendo intensamente y como primicia adelantó el título de su próximo libro: “La tierra de los maizales”.
asumo mi propia existencia y creo que el artista encuentra en su trabajo el sentido verdadero del amor y la vida. —¿De qué manera se produce la creación, pensás primeramente el tema o la poesía llega por impulso espontáneo? —Cuando trabajo, corrijo. Cuando escribo, sufro. Esas son dos facetas en mi proceso creativo. Hay una intuición importante y penetrante. Entonces se produce esa siempre renovada comunicación. —Tus obras denotan gran vigor existencial. La presencia del hombre y la naturaleza ocupan tu atención. —Si no tengo un amor profundo al hombre y a la naturaleza no puedo escribir sobre su realidad. El amor es la sustancia vital de una obra. El amor es la verdadera conquista del artista. Por sobre

—Después de tanto trabajo en el campo poético, ¿qué significa para vos escribir versos? —Al plantearme el quehacer poético elaboro una doctrina espiritual, al mismo tiempo que una nueva valoración en la invención de nuevas relaciones que aporta la realidad. Escribir poesía para mí significa una tarea misional donde la inteligencia participa con la intuición creadora, que a su vez requiere conocimiento técnico del lenguaje para el andamiaje de la invención. —En un medio prácticamente hostil a la poesía, es admirable la forma en que algunos poetas mantienen esa labor misional que estás señalando. —Es difícil, pero muy importante para el verdadero creador. En mi caso personal, con la poesía

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todo, creo que la obra procura tener dignidad. Eso se debe fortalecer en el trabajo. El autor de una obra debe tener la humildad de ser comprensivo con las realidades que maneja en su obra. Esa humildad de aquel que trabaja seriamente nos dará el hilo y el sentido vital que toda obra de arte necesita. Es como la dinámica y el ritmo de una obra que vive y piensa. —¿Tus poemas reflejan la problemática de nuestro país? —Siempre estuve arraigada en nuestro país, no he cerrado los ojos a su dolor e incertidumbre. En mi poemario “Tronco al cielo” (1950) aparecen los primeros síntomas que reflejan esa identidad golpeada. Hoy esa visión no se ha apagado ni en mi último poemario inédito. En “La tierra de los maizales” nuevamente la patria y el hombre paraguayo juegan un rol protagónico con toda esa carga de asfixia y esperas. Necesitamos sembrar la semilla de manera urgente para salvarnos del pozo, tenemos que reavivar la cultura y la esperanza de seguir viviendo como pueblo, como espíritu, con valores éticos. —¿Qué debe tener una obra de arte? ¿Se debe comprometer con algo? —La obra de arte debe tener carácter universal, con intuición estética creadora y solidaria. Descreo en el encargo para escribir poesía, pienso que el único compromiso que debe tener una obra es la verdad. Tampoco creo en la poesía de evasión, hay que buscar la vida, ver y reflejar aquello que nos rodea, para ello el poeta posee su instrumento de transfiguración comunicativo que es la palabra. Honestamente digo que la poesía no está encapsulada en un determinismo sociológico porque la obra poética está sobre la política. Quienes intentaron mezclar las cosas no han sobrevivido.

—¿Se puede hablar de diferencias conceptuales respecto a tu poesía en el tiempo? —He cambiado al parecer el modo. Siempre he sido defensora de los valores espirituales. Nunca escribí para que esto sea algo espectacular, buscando solamente la notoriedad. La literatura no está para eso y la obra ocupa el espacio que le corresponde sin ningún tipo de manipulación. Hay que subir la escalera, ser coherente y decir la verdad. La invasión del consumismo y el triunfo no deben influir en nuestra escala de valores. Yo sé lo que tiene éxito, pero debo cumplir mi misión, no ser arrogante, no dejarme guiar por la espectacularidad. Algunos estiman que mi poesía es panteísta. Eso no es cierto. Tengo una profunda preocupación por la naturaleza y el hombre. He desarrollado temas referentes a la ecología. Estoy atenta a los problemas que nos aquejan y que en este momento tienen notoriedad

LIBRERÍA EDITORA

Intercontinental

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internacional, como el grave deterioro del ecosistema, la marginación, la violencia, etc. Nos estamos muriendo de asfixia, el aire está contaminado, hay pobreza, no hay respeto por la vida. Son temas muy importantes para el poeta actual. —¿Cómo ves la literatura paraguaya actual? ¿Se escribía más anteriormente? —El hoy es de crisis y de incredulidad. Existen utopías basadas en el poder y el dinero. En la actualidad se evidencia una especie de paréntesis, el hombre ya no cree, ha perdido confianza. Pienso que se sigue escribiendo bastante, pero no existe un apoyo a la publicación de libros. Creo que el escritor de nuestros días es la mejor voz cognoscitiva de la realidad. Las sugestiones presentan muchas veces razones dinámicas para una solución de mayor relacionamiento humano. —Yendo un poco más, ¿se puede hablar de un problema cultural. —En nuestro país la cuestión no es acatar dogmatismos de grupitos y maestritos, aquí debemos tomar conciencia y ver nuestras limitaciones tristemente manifestadas en lo que señalaste: problema de índole cultural. Durante los años que enseñé letras en la Facultad de Filosofía, generalmente encontraba alumnos universitarios que no sabían redactar debido a su precaria base cultural-educativa. Esto habla elocuentemente en qué situación estamos. Y ni qué hablar de los textos de estudios con falta de conocimiento gramatical. Todo eso impide el avance. —¿Qué se puede decir de la función de la crítica ante la obra? —Dentro de los diferentes temas, en la velocidad de los cambios de hoy el crítico representa sólo el puente entre la obra y el público. Aporta el conocimiento de lo que es misterio en la obra. Aporta luz en lo que es transformación. —Hemos vivido tiempos difíciles. Actualmente estamos en una especie de cansancio; a pesar de todo, muchos no se han rendido y siguen escribiendo con gran devoción. ¿Cuál es tu opinión al respecto? —Es cierto. Hemos tenido problemas serios en el ámbito expresivo. Eso se agravó con la prepotencia y la arrogancia, que llegaron hasta las artes. Existieron los grupos cerrados con total falta de humildad. No se dio la “labor misional” de la que hablaba aquel gran maestro don Viriato Díaz Pérez. En la actualidad muchos no claudicaron, y son aquellos que entendieron que el verdadero poeta debe ser consecuente con lo que hace para que cualquier cansancio resulte pasajero. —¿Algún poeta que haya llenado tu expectativa? —Hoy no puedo decir. Se trata de un largo camino de distintos amores. Me sigue gustando Borges, porque en él sigo encontrando cosas nuevas. En nuestro país encuentro a Ramiro Domínguez como un versificador de talento admirable. Marialuisa Artecona de Thompson, una gran escritora de versos infantiles. La lista es mucho más larga, pero dar nombres no me complace lo suficiente.

Publicaciones del

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EL BOSQUE CRECE

EL FANTASMA DE UN SOLITARIO AL FONDO
En una situación de confianza rutinaria dialogan dos sujetos, escritorio de por medio. A. No esperes hoy lo mismo de siempre. El reloj del perdón paró. No puedo pagar más lo de siempre. B. ¿Pero qué es lo que te ha sucedido? No me angusties. A. Nada. Simplemente he vivido desorientado y obedeciendo siempre de muy mala gana. B. Mi estimado, yo desde hace años te conozco y te voy a decir algo sencillo: el terror está cuando uno se adormece. Hay que endurecer el corazón. Te lo digo por experiencia. A. Sí, lo sé, por mi propia experiencia. Te lo dije. Mi corazón del perdón hoy paró. Hoy puedo correr sin el vicio. Te cuento algo. Cuando ceno mi cena ya no es como si fuese la Última Cena. No me como hasta el plato. He sorprendido hasta a mi propia necesidad. B. Eso sí que está muy bien. Superaste esa fuerza involuntaria, ese nervio impulsivo de vivir etiquetado… de ser un mero asistente al desenfreno que nos anima. A. Nada es más cierto de lo que decís. La losa de la deuda ha quedado en el pasado. Visitarte era mi castigo. Bastante rico me creía, algo así como un sol independiente, un anciano sin bastón. Gozaba como un búfalo en el pantano. B. ¡No seas loco! Lo que ocurre siempre es porque es necesario que ocurra. No hay nubes negras encima de nuestras acciones, no te culpes por nada. En esta oficina es libertad lo que tenés, los que todos tienen. Yo brillo con cada visita, mis valles los puedo abandonar. Todo gracias a gente como vos. Vivo mis horas buscando atributos como el tuyo. Cada visita como la tuya es mi mañana. A. ¿Libertad? Yo diría que lo que obtengo es aumento de mi vanidad. Sensación de plenitud, un mar de paz. Duermo muy bien durante el día gracias a vos. B. Yo no entiendo bien a qué querés llegar. Siempre fui leal, nunca innoble como el gato. Mis intereses fueron siempre normales. Muchas veces me he dejado persuadir para no aumentarte… A. Yo tomé como una bendición tu comprensión. Sentía muy grande mi boca cuando te suplicaba. Pero ayer me ha sucedido algo increíble. B. ¿Qué cosa extraordinaria te pasó? A. Me crucé con un amigo. B. Eso es normal, no somos solitarios. A. No creas. Muchas veces al amigo lo vemos enemigo, nos sentimos esclavos del reconocimiento. Pero ayer, mi sueño despertó. Su campo me cedió. Me dijo que quería que administre su herencia. Que viajaba y confiaba en mí. B. Vacas y pájaros…
Por Genaro Riera Hunter Ágape Psicoanalítico Paraguayo

A. Más que eso. Hoy vengo a pagarte todo lo que debo. B. ¡Eso sí que no puede ser! No debes devolverme tu deuda, es una virtud inútil. No podés pagarme de esta manera tan desconsiderada. No corresponde que puedas realizar el dejar de deberme. Mi torrente desbordado de paciencia que sirvieron de montañas de mi nuevo mañana, de un mirar al futuro, serian ojos que me verían como hombre partido. Jamás te he pedido que canceles. Somos hermanos, no hay nada que restituir… he perdido gente del corazón… amigos jóvenes… loca dicha… Quien presta, que para mí es dar, apaga el egoísmo enfermo… no me dejes tumbado frente al silencio de los sabios… yo ahí, mi gentil usuario, no podría reclamar más los tapones a mis oídos. Te ruego no me dejes oír la locura del dolor, el alma del mundo. A. Sí, es verdad que nunca has necesitado quedarte solo sin deudor. Eso me consta. Sé muy bien cuando un perro atado ladra en su cueva. Pero como somos creadores, no puedo dejar de gozar al ver tu creación sin cura. Sos vos ahora el divino espectador desenfrenado, actor, esclavo, tirano y creyente, todos los personajes de la escena filantrópica prestamista. Un solitario al fondo.

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Hilos de
Rubén Viveros

Ya hace mucho tiempo desde la última vez que charlé en un café con amigos sobre la vida en Paraguay, mucho tiempo desde que defiendo a una patria que para muchos fue olvidada hasta por los mismos paraguayos, hace mucho que declaro que este pequeño país metido como un punto que se negó a desaparecer a través de los años en el centro de América del sur sigue creciendo, y lo hace a pasos raudos, a veces, y a pasos verdaderamente lentos en ocasiones. Hace algún tiempo que me puse a pensar en todo esto, y empecé a escuchar las quejas, las críticas, el largo cantar de la gente contra un país que parece darles la espalda a cada segundo, que a veces se niega a dar alimento, que a veces enferma, a un país que por ratos podemos ver caer al suelo como un herido que se desangra rápidamente, y por algunos gloriosos segundos, vemos cómo se levanta y brilla. Resplandecen algunas figuras que surgen como chispas de sol, figuras como Roa Bastos o como tantos músicos que recorren el mundo llevando la música paraguaya, o a veces en un partido de futbol donde vemos que son nuestros compatriotas los que más dan en la cancha y tantas cosas más. Entre todo esto, un día en la habitación, revisando ensayos, libros y memorias de gente que dejó parte de su alma en alguna hoja como esta, en una tierra como la que estoy pisando al escribir hoy, el yvy pytá1, caí en la cuenta de algunas cosas. Estamos

desmoralizados. Lo afirmo con la fuerza del hombre que ve día a día a sus compatriotas romperse la espalda por un pedazo de pan, desmoralizados hasta lo más profundo de nuestras carnes. No es sino por eso que nos quejamos tanto de un país, que si bien tiene miles de falencias, las tiene como cualquier otro país del mundo. Pero mientras estos países se dedican a mostrar lo bueno de ellos, nosotros nos dedicamos a mostrar lo malo, y lo peor es que agachamos la cabeza y no ponemos una solución, nos desmoralizamos mutuamente. No basta con culpar a nuestros gobernantes, todos somos culpables. Pero cada uno de nosotros tiene el poder de crecer. No es momento de buscar culpables, es momento de participar en el cambio. Acaso, ¿no podemos ver tan claro como el salto cristal allá enterrado en las selvas de Paraguarí, que nuestro país es un sobreviviente? Un país que persistió aún después de una guerra contra tres potencias de un calibre muy superior al suyo. No podemos ver que tenemos todos los recursos naturales a nuestra disposición y poco a poco vamos siendo uno de los únicos países con ese casi-milagro de la humanidad. Podemos luchar por conseguir más comida, sí, o un mejor sueldo, o una mejor educación, pero para hacerlo tenemos que levantar la cabeza nosotros mismos y empe-

Diciembre 2011/ Enero 2012 / 21 zar a valorarnos por lo que somos, empezar a valorarnos por ser paraguayos. Terminó el tiempo de ver que las injusticias se sucedan unas a otras y agachar la cabeza sin decir nada, de ver a compatriotas humillándose para conseguir un sueldo miserable a fin de mes. Es hora de que los paraguayos levanten la cabeza y digan con orgullo: Soy paraguayo. Necesitamos reivindicar la cultura del Paraguay, reivindicar nuestros derechos. Darnos cuenta de que tenemos el orgullo de haber nacido en una tierra teñida de rojo por la sangre de nuestros compatriotas, sangre que hermanos, abuelos, padres, madres y niños derramaron sobre el suelo patrio por un solo sentimiento, el sentimiento de la libertad. Y sobre todo, darnos cuenta de que la herida hecha en lo profundo del corazón de cada paraguayo sigue abierta… Abierta, febril y sangrante como lo estuvo en un principio, y la única forma de cerrarla es con puntadas dadas por cada uno de nosotros, puntadas dadas con un hilo que parece ser bastante frágil por momentos, con un hilo que sobra en otros países, y que vemos derrochado en algunos. El hilo viene en un pequeño envoltorio de piel lustrosa y brillante y sobre la piel, escrita una palabra que hace que hombres se pongan frente a una línea de batalla sabiendo que morirán primero, que hizo que mujeres fueran a un campo de batalla a luchar con sus hijos disfrazados de adultos, una palabra que une a multitudes, que hace gritar a corazones desesperados, esa palabra es única en su género… Patriotismo.

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Obra de Günter Grass

rata de biblioteca
Juan B. Gill Aguinaga. La Asociación Paraguaya en la Guerra de la Triple Alianza. Editorial Servilibro, 277 páginas. Noviembre de 2011, Asunción-Paraguay.
El año 2011 nos puso delante del espejo de la historia, valiosas publicaciones históricas vieron la luz para esclarecer hechos y también las cosas que ocurrieron en el Paraguay desde su mismo nacimiento como provincia y también como república liberada de América. El Bicentenario sirvió muchísimo en ese sentido. Entre los materiales de lectura muy interesante aparece La Asociación Paraguaya en la Guerra de la Triple Alianza, que ofrece interpretaciones certeras para que podamos entender lo que ocurrió en ese difícil proceso que lleva a nuestro país a la guerra con tres naciones hermanas. En la contratapa del libro leemos: “La guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, episodio trascendental en la historia americana, provocó desde sus comienzos, aún entre sus autores, apasionadas controversias. No obstante el tiempo transcurrido, continúa despertando el interés de los estudiosos. Prueba de ello es el libro de Juan B. Gill Aguinaga, La Asociación Paraguaya en la Guerra de la Triple Alianza, que aclara la discutida participación en la contienda de los paraguayos opositores al régimen de los LÓPEZ.

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Diciembre 2011/ Enero 2012 / 23 Roberto Paredes. STROESSNER LA HISTORIA (parte especial: la crisis general del stronismo). Editorial Servilibro, 227 páginas. Noviembre de 2011, Asunción-Paraguay.
Sin lugar a dudas, el ex dictador que reinó por décadas en Paraguay, Alfredo Stroessner Matiauda, sigue despertando el interés de escritores, investigadores, historiadores y periodistas. En cierta forma, Roberto Paredes reúne en su libro, prácticamente todas estas especialidades para entender a un hombre que condujo los destinos del país con perversidad y manos de hierro. Por tal motivo, STROESSNER LA HISTORIA (PARTE ESPECIAL: LA CRISIS GENERAL DEL STRONISMO) se constituye en un material de lectura más que interesante para aprender a conocer en 12 actos el derrotero de quien en vida fue el dictador más sanguinario del Paraguay. Roberto Paredes nos ofrece una amalgama de pistas interesantísimas para conocer a profundidad las facetas de nuestra historia política contemporánea. Más allá de las apreciaciones directas hacia Stroessner, lo encontramos a este personaje muy a tono con las exigencias que requerían los tiempos que le tocó gobernar. Y no fue para menos, utilizó con saña la persecución y sometió al pueblo a una persecución que duró demasiado y cuyo efecto se sigue sintiendo hasta hoy en el contexto de una democracia que no logró apuntalar los verdaderos cambios esperados. En ese contexto, Paredes a modo de introito nos explica cuanto sigue: “La semblanza trazada se empeña por escapar de trampas difíciles de sortear, sobre todo las que tientan a ver al biografiado con luces de un único color, enteramente negro o enteramente blanco. Huyendo de la detracción o de la apología, dos caras de un mismo engaño, el autor apostó a reflejar la vida del personaje histórico con todos sus matices, convencido de que de ese modo uno se aproxima más a la verdad. De hecho, espera haber contribuido en ese sentido”. En un capítulo especial STROESSNER LA HISTORIA (PARTE ESPECIAL: LA CRISIS GENERAL DEL STRONISMO) abre una serie de perspectivas y análisis sobre la vigencia, la crisis y la caída del dictador que ocurrió en el emblemático año 1989. Un libro que no se debería soslayar pues se constituye en un importante aporte para la bibliografía nacional. DISTRIBUYE Y VENDE SERVILIBRO.

Pa´i Oliva. La gota que horada la piedra. Editorial Servilibro, 227 páginas. Setiembre de 2011, Asunción-Paraguay.
El sacerdote Francisco de Paula Oliva Alonso, más conocido como pa´i Oliva, llegó de su España natal al Paraguay y se constituyó en un personaje importante como referente eclesiástico y social llevando en cuenta la larga lucha que emprendió durante los años de oprobio y persecución que vivió el Paraguay bajo el régimen de Alfredo Stroessner. Creemos que se trata de un acierto la publicación de La gota que horada la piedra, sencillamente porque en el libro aparecen los mejores artículos publicados por el sacerdote en un matutino local. Perseguido por la dictadura supo sobrevivir y dedicarse a la formación de los jóvenes. El libro presenta una amplia gama de artículos y notas alusivas a la sociedad en que vivimos, desde los temas más sencillos a los más complejos va abordando con certeza al encarar los aspectos que tienen que ver con la vida del país. Por eso el mismo autor nos dice: Escribo brevemente sobre todo, por dos teorías que tengo profundamente internalizadas. La teoría de la gota de agua que horada la piedra… Escribiendo todos los días, brevemente, puedo repetir un tema y otro tema y mucho más, porque todos son variantes de nuestra realidad que poco a poco vamos comprendiendo hasta hacerse nuestra”.

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