UNIVERSIDAD DE LA HABANA

FACULTAD DE FILOSOFIA E HISTORIA

MAESTRIA EN HISTORIA CONTEMPORANEA

TESIS DE MAESTRÍA

TITULO: LA SOBERANIA NACIONAL EN LAS
CONDICIONES DE LA GLOBALIZACION. EL CASO DE MEXICO.

AUTORA: Lic. Hortensia Gracida González TUTOR: Dr. Silvio Baró Herrera

Ciudad de La Habana diciembre de 1998

AGRADECIMIENTOS A mi tutor Silvio Baró Herrera, quien atendió pacientemente mi trabajo. A mis profesores de la Maestría en Historia Contemporánea, de quienes recibí muchas lecciones de su rico acervo histórico cultural. A mis hijos Héctor y Jackelline, realizar con ahínco este trabajo. que su solo recuerdo me motivó a

INDICE
INTRODUCCION......................................................................................... CAPÍTULO I - LA GLOBALIZACIÓN COMO FENÓMENO DE NUESTRO TIEMPO.. . . LA GLOBALIZACIÓN COMO FENÓMENO DE NUESTRO TIEMPO....................................................... CAPÍTULO II- SOBERANIA NACIONAL Y GLOBALIZACION EN EL CONTEXTO MEXICANO......................................................................................... A.- CONSIDERACIONES HISTÓRICAS SOBRE SOBERANÍA NACIONAL................................................ B.- GLOBALIZACIÓN C.- EFECTOS D.- LA
Y SOBERANÍA NACIONAL.....................................................................

..

DE LA GLOBALIZACION SOBRE LA SOBERANIA MEXICANA...........................................

CRISIS DEL CONTRATO SOCIAL: LA REFORMA DEL ESTADO.................................... ............ DE LIBRE COMERCIO DE

E.- EL TRATADO

AMERICA DEL NORTE

Y SUS EFECTOS PARA

MÉXICO.............

F.- SOBERANÍA
G.-

Y SEGURIDAD NACIONAL........................................................ ....................

LA

REVOLUCIÓN CIENTÍFICO

-

TÉCNICA EN LAS CONDICIONES DE LA GLOBALIZACIÓN........................

CAPÍTULO III – RETOS Y PERSPECTIVAS............................................... A.- DIAGNÓSTICO.................................................................................................... .
B.-

PERSPECTIVAS PERSPECTIVAS

INTERNAS...................................................................................

......

La regeneración democrática............................................................ ...........
C.EXTERNAS...................................................................

.....................

CONCLUSIONES................................................................................. REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS........................................................... ANÁLISIS BIBLIOGRÁFICO...................................................................

4

INTRODUCCION
El proceso de globalización, admitido como la tendencia dominante en el desarrollo del capitalismo contemporáneo afecta por igual a los más la educación, y todas las restantes disímiles aspectos de la sociedad humana. A la globalización no escapan la economía, la política, el derecho, esferas de actuación del ser humano. Nuestra atención se centrará precísamente en el impacto del proceso de globalización sobre las relaciones económicas, políticas y jurídicas internacionales. Y ello se debe a que pretendemos analizar la relación entre aquel y la cuestión de la soberanía de los Estados en nuestro contexto latinoamericano, concretándolo al caso de México. La globalización tiene como punto de partida la modificación de las relaciones económicas capitalistas que dominan el mundo; pero ella traspasa ampliamente los vínculos económicos y apunta hacia la supuesta obsolescencia de los estados soberanos, cuyos marcos resultan ya estrechos e inadecuados para el nuevo tipo de interrelación que apunta a configurarse. Como hace notar el filósofo brasileño Octavio Ianni, en su obra Teorias de la Globalización: “... Hay naciones que sufren una especie de obsolescencia, en ciertos casos parcial; en otros, total. El estado-nación, - por ejemplo -, entra en decadencia, como realidad y concepto. No se trata de decir dejará de existir sino que está realmente en decadencia, pasa por una fase crítica, busca reformularse. Las fuerzas sociales, económicas, políticas, culturales, geopolíticas, religiosas y otras, que operan en escala mundial, y desafían al estado-nación con su soberanía como el lugar de

5 la hegemonía”. (1) Y más adelante “La globalización crea imposiciones y establece parámetros, anula y abre horizontes” (2). Esto es particularmente válido para nuestras naciones

latinoamericanas, por la condición de región subdesarrollada; aunque todas las naciones sin excepción, desarrolladas o subdesarrolladas, se enfrentan con el dilema de la reformulación de las condiciones para el ejercicio de soberanía y de las relaciones de poder en el mundo. No obstante, son nuestros países subdesarrollados y sometidos neocolonialmente, a quienes amenaza con mayor gravedad y de modo múltiple, el proceso anteriormente esbozado. A ello se ha de agregar que el análisis de la relación entre globalización y soberanía ha de verse en dos planos: uno, en la globalización como proceso objetivo cuyos efectos erosionantes de la soberanía son independientes de la voluntad de los grupos de poder, (por ejemplo el desarrollo de los medios de comunicación, que penetran las fronteras nacionales y cada vez son más incontrolables. El otro plano viene dado por los proyectos globalistas que enarbolan las grandes potencias del capitalismo central, de propósitos claramente lesivos para la soberanía de los estados nacionales, como lo demuestran las recetas neoliberales que exportan al Tercer Mundo. Hablar de soberanía contempla la perspectiva de supervivencia de los estados nacionales históricamente conformados en Latinoamérica como sujetos de derecho soberanos, mas también como entidades culturales nacionales. Por tanto ¿Es posible preservar la soberanía de nuestras naciones latinoamericanas, - que implica la sobrevivencia de entidades cultural-

6 nacionales -, bajo los efectos de los procesos objetivos y dirigidos que acompañan a la globalización? Nuestra constante inquietud política y académica sobre esta temática nos ha inducido a seleccionar el tema, con la intención de realizar un estudio de caso, por sernos particularmente cercano, el caso de México. Para este fin hemos realizado amplias búsquedas referativas en las que hemos descubierto que los trabajos académicos sobre globalización se concentran en las definiciones generales para profundizar sobre todo en los aspectos económicos y políticos globales, pero en el tema específico de las repercusiones sobre la soberanía, y particularmente para México, solamente existen trabajos muy puntuales o muy generales, más bien en el orden publicístico, por lo que consideramos que una investigación de este tipo podría aportar ideas útiles no sólo en el orden bibliográfico, sino incluso en la perspectiva de la defensa de nuestra identidad nacional y latinoamericana en general. Por tanto se plantea una cuestión básica ¿Estará el estado mexicano en condiciones de estructurar políticas que permitan, por una parte, ajustarse y sacar provecho de las tendencias objetivas de la globalización, y por otra parte, hacer frente a los proyectos hegemónicos del capitalismo central? Nuestra hipótesis de trabajo se centra en que los procesos de globalización implican para México la obsolescencia de la noción clásica de la soberanía nacional, lo que impone la necesidad de la readecuación de su práctica, a fin de preservar su soberanía frente a las amenazas que emanan del capitalismo central, e insertarse eficazmente en las nuevas condiciones internacionales. En consonancia con el problema planteado, nos hemos fijado como

7 objetivo central determinar la relación entre el proceso de globalización y la soberanía mexicana en función de sus probables efectos para el ejercicio de una política económica y exterior independientes. Y como objetivos complementarios: 1. Caracterizar el fenómeno de la globalización como proceso

objetivo incidente en todas las áreas del quehacer humano contemporáneo. 2. Analizar los efectos de la globalización sobre la teoría y la particularmente en el caso

práctica de la soberanía nacional,

mexicano, en el contexto de los cambios internos y de cara al exterior que se operan en nuestro país y también a nivel mundial. 3. Caracterizar los retos y las perspectivas que enfrenta la

conservación de la soberanía nacional mexicana a la luz de los cambios actuales. La globalización, en su doble carácter de proceso objetivo y de programa impulsado por el capitalismo central, cuestiona de manera creciente las prerrogativas tradicionales de los estados soberanos, particularmente en los países latinoamericanos, que a diario enfrentan innumerables retos para su soberanía. Un breve inventario permitiría destacar la política hegemónica de los Estados Unidos, quien se ha erigido en juez que certifica cuando un país es o no democrático, cumple con los derechos humanos o está “limpio” en cuestiones de drogas. Esto, sin dejar de anotar problemas acumulados a lo largo de la historia, como las intervenciones militares, las bases, la injerencia en la política interna, a lo que se agregan tensiones nuevas, propias de la época de la postguerra fría y la globalización, cuando la imposición de las prácticas neoliberales en los

8 asuntos domésticos y la liberalización del comercio internacional, más que beneficiar al Tercer Mundo, abre sus puertas a las transnacionales en detrimento de un desarrollo perspectivo en función de las expectativas e intereses nacionales. Tradicionalmente las agresiones a la soberanía resultaban producto de una fuerza superior o del servilismo de las élites nacionales. En nuestros tiempos, hay que agregar efectos que se producen con independencia de la voluntad de las respectivas élites nacionales. Son estos los efectos objetivos de la globalización, por citar sólo uno: La pertenencia o no a un espacio económico, afecta la soberanía; también, como se ha anotado, los proyectos globalizadores del capitalismo central, - de marcada intencionalidad política -, como la llamada “soberanía limitada” Consideramos los vínculos que trabajo aborda una temática de culturales entre palpitante actores

actualidad, en momentos en que se produce una virtual recomposición de económicos, políticos, los internacionales y al interior de los Estados, referencia a la soberanía nacional presupone a) El impacto de la globalización sobre la soberanía nacional, especialmente en el sentido de su cuestionamiento. b) La incógnita acerca de sí la globalización conducirá a la o mediatizado por una aguda

confrontación teórica y práctica en torno a dicha recomposición, lo que en

desaparición de los Estados nacionales o a su re- creación redimensionamiento.

c) La aparición de nuevas formas de soberanía a instancias del nuevo contexto internacional y la discusión en torno a sí es una noción obsoleta o, en caso contrario, ¿Cómo será la soberanía nacional

9 en el futuro? Son estas problemáticas que se abordarán teniendo en cuenta las disímiles interpretaciones que sobre ellas se producen a nivel internacional y que, básicamente, giran en torno a dos percepciones: Las que se originan en el capitalismo central o en función de él, y las que se originan desde posiciones de izquierdas o tercermundistas. De ahí que nuestra Tesis tenga el objetivo académico, afincada en los problemas y también

político, de sustentar la viabilidad de una idea de soberanía nacional de nuestras naciones latinoamericanas, teniendo en cuenta la incidencia de tendencias objetivas y la posibilidad de aprovecharlas positivamente. El tratamiento del tema de la soberanía nacional ha requerido de un enfoque integrador. Como la soberanía es uno de los principios fundamentales del Derecho Internacional, pero no el único afectado por la globalización, si se incorporan aproximaciones a las relaciones entre globalización y otros principios, como el de la autodeterminación y el de la no-injerencia, soberanía nacional. Subsecuentemente, es necesario precisar que la presente tesis no es un estudio limitado a un aspecto, digamos, la noción de soberanía nacional como concepto del Derecho Internacional, sino más bien un análisis politológico de los diversos factores exógenos: económicos, políticos e institucionales, que en relación con la política interior y exterior del Estado repercuten sobre la soberanía nacional. Existe una amplia gama de estudios e interpretaciones sobre la globalización y sus efectos, que permiten extraer datos y argumentos para consustanciales a la

noción de soberanía, en función de explicar la relación globalización –

10 fundamentar nuestra percepción acerca del tema seleccionado. Debemos tener en cuenta que las fuentes incorporan las más diversas concepciones, por tanto, no sólo políticas e ideológicas, sino también filosóficas; trabajado para realizar una interpretación crítica, hemos

ajustada a nuestra percepción de la realidad mexicana, latinoamericana y mundial. Dentro de las interpretaciones que se manejan a nivel internacional sobresalen, de una parte, concepciones excesivamente centradas en los intereses del capitalismo central, como la del norteamericano Gringich, que “En su contrato con América”, defiende la extinción del Estado, mientras, Hobsbawn, de otra parte, notables politólogos e historiadores como Eric Noam Chomsky y otros numerosos representantes de la

izquierda latinoamericana difunden, en primer lugar, que los problemas de la soberanía nacional no pueden verse igual para los países OCDE que para el Tercer Mundo y que reinvindican el derecho a una nueva noción de soberanía defensora de los intereses populares. En este sentido se destacan los trabajos de Juan Castaignts que asume, sino que se redimensionará, lo mismo que Hobsbawn, Dieter Senghaas, la idea de que el Estado no desaparecerá, y que para el Tercer Mundo es vital su existencia. Más, a decir verdad, todavía es necesario construir no sólo una práctica alternativa, sino también una teoría alternativa de la izquierda que fundamente una inserción productiva del Tercer Mundo en los procesos globalizadores. Cabe destacar que la aproximación de los científicos latinoamericanos a esta problemática, por lo general tiende a buscar respuestas para los desafíos que impone la globalización a nuestra región. Así destacaré, en primer lugar, los trabajos de un grupo de cientistas sociales cubanos, entre ellos Antonio Romero, Luis Suárez, Eugenio

11 Espinosa y Carlos Alzugaray, quienes desde una óptica marxista han elaborado un aparato conceptual muy preciso, que nos ayuda a orientarnos en el complejo mundo bibliográfico. Otro de sus aportes importantes es la diferenciación de la globalización como proceso objetivo y como proyecto político del capitalismo central, cuestión cardinal para orientarse en el proceso. También el profesor ha señalado las vías por las cuales Latinoamérica y el Tercer Mundo podrían insertarse de forma positiva en el proceso. Junto a los datos que ofrece, sus interpretaciones y enfoques metodológicos de la problemática han sido la guía metodológica de nuestra investigación. Nos hemos apoyado también en el brasileño Octavio Ianni y otros autores, que aportan algunas definiciones teóricas sobre globalización valiosas. De Luis Díaz Muller, profesor del Colegio de México; emplearemos sus estudios sobre los derechos humanos en América Latina, donde replantea la confrontación norte - sur en términos políticos y no solamente económicos. También abarca otros aspectos de interés para el tema de la soberanía, tales como los problemas de seguridad nacional y de relaciones regionales e internacionales. Una fuente que será objeto de nuestra atención, y que no obstante sus valores emplearemos en un ejercicio de crítica, son los trabajos del ex Secretario General de las Naciones Unidas, Boutros Ghali, quien en sus trabajos Una Agenda para la Paz y Una agenda para el Desarrollo, fundamenta algunos de los criterios que se manejan a nivel internacional en torno a la llamada “soberanía limitada”. Una característica importante de este trabajo consiste en el manejo de amplio espectro bibliográfico, para poder ofrecer nuestra propuesta de e interpretaciones de su impacto en América Latina, que nos parecen

12 una visión desde nuestra región, en oposición a otros discursos sobre globalización y soberanía, que responden principalmente a criterios generados en y al servicio de los países industrializados, puesto que los problemas de la soberanía nacional no son los mismos para nuestros países latinoamericanos y tercermundistas en general, que para otros contextos como el europeo o el de la América anglosajona. Es así como acudimos tanto a diferentes centros de investigación mexicanos y a diversas revistas especializadas de nuestra región y de otras partes del mundo, porque creemos importante contrastar nuestros criterios con los de otros autores como vía para ofrecer una interpretación ajustada a los intereses de nuestra región. En general, hemos manejado un amplio espectro de fuentes bibliográficas en las que está presente, junto a las diversas interpretaciones, la lucha ideológica contemporánea. La presente Tesis ha sido diseñada en tres partes fundamentales, con el propósito de hacerla útil no solamente para investigadores estudiantes y aún políticos en ejercicio, sino para el público en general, no familiarizado con algunos elementos teóricos que se abordan, pero que en última instancia son sujeto de los procesos que estudiamos. Y como es sumamente importante que la opinión pública conozca estos problemas y pueda incidir sobre la formulación de las políticas nacionales, hemos creído conveniente incluir un primer capítulo que aborde el marco teóricoconceptual de la globalización y una definición de elementos teóricos sobre la soberanía, así como un breve análisis histórico del ejercicio de la soberanía. El siguiente capítulo aborda los problemas que para la soberanía de la nación mexicana han significado hasta el presente los efectos de la globalización y centrando un poco el análisis en las consecuencias presentes o probables de la inserción del país en el North American Free Agreement of Trade (NAFTA) o Tratado de Libre Comercio de América del Norte –(TLC)-. Finalmente se abordarán los

13 retos y perspectivas probables que el nuevo contexto internacional implica para la soberanía mexicana.

CAPÍTULO I - LA GLOBALIZACIÓN COMO FENÓMENO DE NUESTRO TIEMPO.
La globalización como fenómeno de nuestro tiempo En las décadas finales del siglo XX la sociedad humana ha entrado en un proceso que se ha dado en llamar globalización. Este es un fenómeno vinculado al proceso histórico de expansión de las relaciones de producción capitalistas. El modo de producción capitalista, como señalaron los autores del

libro Globalización y Conflicto. Cuba – E. U., es internacional desde sus orígenes porque sus primeros sintomas se mostraron en varias naciones de Europa occidental más o menos simultanéamente. Así, la internacionalización, entendida como la externalización de las relaciones económicas más allá de las fronteras de un Estado, surgen con el advenimiento del capitalismo y le acompaña a lo largo de cada una de las fases por las que ha atravesado. No obstante, lo que recientemente se ha pasado a denominar inherente a la dinámica reproductiva del de capitales y los repartos Este fenómeno daría lugar a la

internacionalización se presenta desde finales del siglo XIX como fenómeno sistémico obligado, capitalismo mediante la exportación

económicos y territorial del mundo.

expansión internacional de las relaciones de producción capitalistas conectando a los países en una división internacional del trabajo en la que unos asumen la función de dominantes y otros, de dominados: Los países coloniales y dependientes, destinados abastecer de materias primas y

14 fuerzas de trabajo baratas. Esta nueva etapa - La etapa de conformación del imperialismo -,

impulsada por la segunda revolución industrial, dió lugar a los monopolios y al capital financiero, cuyo ámbito de operación es internacional. Después de la II Guerra Mundial dichos monopolios desarrollan sus potencialidades a plenitud. De hecho, proliferan los monopolios de nuevo tipo, con gran cantidad de filiales y sucursales por todo el mundo elevando el proceso de internacionalización a un nivel superior. La completa internacionalización de la producción se realiza por medio de la operación de las compañias trasnacionales que afectaron sensiblemente la situación mundial. Aparecen fenómenos como el

redespliege industrial; surgen y se desarrollan los bancos trasnacionales que tanto tuvieron que ver con el endeudamiento del Tercer Mundo. Así, en los años 50, 60 y 70 se opera la trasnacionalización que La búsqueda de espacios

supone un mayor nivel de interrelación entre los países y entre las esferas de la vida económica a nivel mundial. económicos cada vez más amplios por las compañias trasnacionales y una específica división internacional de trabajo son características propias de la trasnacionalización. Otro rasgo distintivo de esta etapa consiste en que si antes el proceso de expansión del capitalismo poseyó un carácter especial, Conferencia de Bretton Woods y en la creación de la ONU. Ahora, desde los años 80 pero sobre todo en los 90 surge un estructural, como lo reflejaría la institucionalización internacional expresada en la

fenómeno nuevo, cualitativamente distinto, aunque prevalece una línea de continuidad, porque se trata de los inicios de un estadío superior de la misma internacionalización del capitalismo: la globalización.

15 Conviene precisar que la evolución del capitalismo se interpreta por muchos científicos sociales - y nosotros lo asumimos - como un proceso histórico en la expansión de las relaciones capitalistas de producción que transita de la internacionalización a la trasnacionalización y de ellas a la globalización, en contraposición a quienes opinan que la globalización es tan vieja como el capitalismo. Pero no se trata de una nueva fase, sino de una etapa

cualitativamente superior dentro de la fase actual. Entenderla como una nueva etapa del desarrollo del capitalismo presupone la comprensión de que se ha producido el agotamiento de las posibilidades históricas de la etapa anterior, globalización. La mencionada crisis se ha manifestado con amplitud y profundidad: el modelo de desarrollo posbélico, - con los perfeccionamientos de la producción que trajeron los avances científico – técnicos de aquellos años y con su proyecto de estado de bienestar -, agotó sus posibilidades de propiciar un crecimiento económico y social sostenido. Ya a fines de los años ’60 comenzó a ralentizarse el desarrollo de los principales países capitalistas. La crisis de 1973 sirvió de colofón y a partir de ella los principales indicadores económicos comenzaron a descender, en una tendencia desaceleradora, hacia el estancamiento y la recesión, manifestándose la ley de rendimientos decrecientes y consolidándose un sector marginal, tercermundista, dentro de las propias potencias industriales, caracterizado por el desempleo y la falta de acceso a los servicios de educación y salubridad. Y a pesar de la baja resistencia de los trabajadores, el capitalismo no logra ajustar los mecanismos económicos, agregándose otros males como el déficit presupuestario crónico, la deuda subsecuentemente el capitalismo entró en una crisis cuya solución implica el paso a la

16 y la corrupción política. Pero también dentro de esta crisis se están dando las premisas de su superación, en particular con la extraordinaria revolución tecnológica (desarrollo en la informática y las comunicaciones), así como la formulación, - o reformulación -, teórica neoliberal que sustenta los cambios desde los centros de poder. Es la revolución ternológica un importante vehículo de la

globalización.

A sus expensas se viabilizan de modo extraordinario la

internacionalización de los flujos materiales e inmateriales. El neoliberalismo, como reformulación pragmática de las nociones

tradicionales del liberalismo, logra articularse como discurso ideológico al proceso objetivo de la globalización, en tanto crea el mito de que el libre juego de las fuerzas del mercado garantiza la realización plena de los propósitos de los individuos y las naciones no sólo en la esfera económica, sino también en el plano social. Por otra parte, entendemos que el mundo de hoy solo se encuentra en un primer escalón de la globalización, caracterizado por un desarrollo contradictorio, donde se ponen de manifiesto, junto con los rasgos de la crisis, los nuevos rasgos de la globalización. En particular se aprecia, por sólo citar algunos elementos, en la rápida descalificación de la fuerza de trabajo, el rápido reemplazo de tecnologías, el surgimiento de productos “sin bandera” en el mercado o el contradictorio proceso de desregulación del comercio internacional. Del mismo modo que en la época de la crisis del feudalismo surgieron los Estados nacionales que suprimieron las trabas feudales hoy, en las nuevas condiciones, las relaciones de producción capitalistas rebasan los ahora estrechos marcos de los Estados nacionales y tienden a

17 transnacionalizarse. Esta percepción la ratifica Octavio Ianni, cuando afirma que “El mundo ya no es exclusivamente un conjunto de naciones, sociedades nacionales, Estados –naciones, en sus relaciones... Simultáneamente, el centro del mundo ya no es principalmente el individuo, tomado singular y colectivamente como pueblo,... Aunque la nación y el individuo sigan siendo muy reales, han sido subsumidos formal o realmente por la sociedad global”. (3) Aunque existen numerosas aproximaciones para definirla, pretender un aporte en este sentido, hemos sin

optado por reunir algunos elementos que nos parecen básicos, comprenderla como marco de nuestro análisis, impactante en toda la vida contemporánea. A nuestro modo de ver, superior del proceso de producción capitalistas.

sino más bien en función de dado su carácter

la globalización constituye un estadío de las relaciones de

internacionalización

Presupone la intensificación de los niveles de

interconexión e interdependencia entre los Estados y otros actores internacionales. De modo semejante, incide en el cambio de los múltiples aspectos de la actividad humana como son, la producción, el comercio, el consumo, las finanzas, la tecnología, los medios de comunicación, la cultura, la política, la sociedad y el medio ambiente. De manera sintética diríamos que afecta a la estructura económica de la sociedad, la superestructura y aún el medio en que transcurre la acción de los hombres. No obstante, su expresión más pujante en la actualidad se expresa en los procesos económicos, financieros y tecnológicos. Viabilizada

18 extraordinariamente por la Revolución Científico – Técnica, tiene como

actor y beneficiario principal a las corporaciones transnacionales. Nuevamente pudiera hablarse de estrechez de los mercados

nacionales que comienzan a ser subsumidos por una economía–mundo. Los Estados nacionales como marco territorial y normativo apuntan a ser superados por un accionar transnacional en el que intervienen nuevos actores tan poderosos o más, que los Estados: las CTN y una serie de organismos internacionales que asumen funciones de supranacionalidad. Encontrándose el mundo en la fase mencionada, la globalización trae aparejadas un conjunto de contradicciones que son expresión de la lucha entre el antiguo orden y el nuevo globalizador que se impone. La existencia de mercados globales, fruto de la integración de los mercados nacionales crea la interdependencia. La creciente interdependencia del mundo está dando lugar a un cambio cardinal en los conceptos de organización de los vínculos internacionales. Asistimos a una especie de desestatalización o más exactamente a un cambio del papel del Estado en el manejo de los vínculos con el exterior. Los Estados nacionales ceden, - de buen grado u obligados por las circunstancias -, parte de su soberanía, (fundamentalmente en el plano de la economía, la información y las comunicaciones) a entidades supranacionales. Internet puede ser un ejemplo de cómo los mecanismos globalizadores traspasan las fronteras nacionales. La interdependencia, junto con los efectos positivos de la mutua complementación, genera otros definitivamente indeseables. El primero de ellos consiste en que todo el sistema internacional y particularmente los Estados, se tornan sumamente sensibles a las influencias mutuas, de modo que una decisión de política interna de un Estado puede tener efectos

19 sobre otros, la competencia se mundializa y las crisis se transfieren rápidamente de un Estado a otro por disímiles vías, como la subida o caída de los precios y de la cotización de las monedas. Otro efecto de este orden es la interdependencia dependencia. A esta etapa de la globalización le es típico un intenso comercio intraindustrial e intraempresarial, en los cuales se pierde el referente nacional de los espacios económicos que se vinculan. Las Corporaciones Transnacionales son el centro del poder asimétrica, que se origina entre naciones de diferente potencial económico y conduce casi ineluctablemente a la

globalizador. El mundo entero es su esfera de acción, mueven increíbles sumas de capital y las más novísimas tecnologías. Emplean materias primas no convencionales e imponen una eficacia que escapa a toda competencia. Los organismos multilaterales tipo FMI, se han adaptado a las exigencias de la globalización y son su principal instrumento político, al promover e imponer las políticas convenientes a los centros de poder, en particular el proyecto neoliberal. Son ellos quienes dictan las políticas que se llevan a efecto en numerosos países del Tercer Mundo, entre ellos México. Los bloques económicos como la Unión Europea y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte constituyen la materialización de los proyectos globalizadores bajo regulación consciente. Se crea un espacio macroeconómico transnacional desregulado para que actúe como marco de acción libre a las leyes del mercado, aunque en esta etapa se produce una intervención activa de los Estados para definir reglas. Los cambios estructurales a que se vio obligada España y algunos que ha hecho México o que está en proceso de realizar, demuestran que no todo es beneficioso,

20 al afectar la sobrevivencia de sectores económicos que en otros países del mismo mercado son más competitivos. Estos procesos integracionistas, como ya han indicado muchos, son integradores hacia adentro y, como regla, excluyentes hacia fuera. En la dinámica de estos procesos podemos distinguir dos tipos de contradicciones: a nivel mundial entidades supranacionales. A nivel mundial distinguimos las contradicciones que se producen y entre los Estados nacionales y las

entre los bloques económicos y entre estos y el Tercer Mundo. Las contradicciones entre bloques se producen, de una parte, por la mera existencia de varios centros de poder económico, y de otra, por la propia situación del mundo: el fin de la bipolaridad no ha traído unipolaridad, si acaso, un consenso neoliberal. En su lugar tiende a configurarse una virtual multipolaridad económica, con la tendencia a ser los bloques económicos y no los Estados quienes se enfrenten. El otro polo de estas contradicciones, con el Tercer Mundo, no sólo se refiere a lo relacionado con los acondicionamientos de ajuste para, supuestamente, entrar en el club de los privilegiados, sino también en la percepción de que el mundo industrializado tiende a cerrarse sobre sí mismo, prescindiendo del Tercer Mundo. Pero esto es solamente una impresión. A lo que quieren cerrarse es al inmigrante y a otras transferencias indeseables Sur–Norte, para continuar expoliando en la medida de lo posible. Las contradicciones entre los Estados nacionales y las entidades supranacionales tipo UE (Unión Europea) tienen otro matiz, son más bien de ajuste. Aparecen las contradicciones entre Inglaterra y la UE, no por el temor de la primera a desnacionalizarse, como pudiera parecer, sino por la cuestión de la soberanía económica, que es muy importante para ellos,

21 sobre todo cuando no pueden liderar el proceso. O las contradicciones con México en el caso del Tratado de Libre Comercio y con España en la UE, por el temor, bien fundado, de convertirse en el traspatio del gran mercado. En este plano se manifiesta la contradicción o grupo de

contradicciones más importantes: la que se genera entre el Estado–nación históricamente conformado y la entidad o entidades supranacionales que tienden a absorberlo y diluir su identidad. En realidad, este es un gran riesgo, sobre todo cultural. El libre movimiento de personas y capitales puede conducir a la

pérdida de identidad, o sustitución de esta por una supra – identidad. Por ello no es extraño ver resurgir con fuerza los nacionalismos y otros procesos: Quebec, Cataluña. Incluso en Inglaterra los laboristas han comenzado a sustituir la estructura actual por otra de tipo federalista, donde los intereses de Escocia y Gales estén mejor representados. A pesar del poco peso real que tienen, hay que anotar la oposición, - a veces sólo retórica -, al Fondo Monetario Internacional. En resumen, la globalización tiende a la supresión de todo tipo de controles y regulaciones, a expensas de un solo factor: el libre juego de las fuerzas del mercado, que supuestamente debe erigirse en el gran regulador social. En este proceso el Estado, como entidad superestructural y la nación, como formación histórica y sociológica, están seriamente amenazados en su visión actual. En el peor de los casos sería el hombre alienado en el mercado universal. O, al contrario, enriquecida su identidad por la cultura universal. "Una de las mayores operaciones de mercadotecnia del

22 capitalismo actual, escribe Heinz Dieterich en Cuba ante la razón cínica -, consiste en comercializar un producto fantasma: el futuro posible”: (4) Este discurso para el Tercer Mundo reza así: “si ustedes trabajan como nosotros, vivirán como nosotros". Y nada mejor que realizarlo a través de las recetas neoliberales. El neoliberalismo es la nueva "creencia ideológica", (Hobsbawn), que aprovecha los cauces de la globalización, para, falsificando a los clásicos del liberalismo como Adam Smith y David Ricardo, vender la idea de que el mercado y la empresa privada son los sistemas de máxima eficiencia distributiva de los recursos, y por tanto, del bienestar común. Así, el "nuevo" discurso político creado por los ideólogos del capitalismo central y repetido como eco por " ingeniosos" intelectuales del Tercer Mundo, comercializa el paradigma neoliberal como el futuro de la sociedad humana, presentándolo como el único camino de inserción en la sociedad global. Algunos van más lejos, confundiendo ex profeso o por ignorancia, el neoliberalismo, que es la nueva teología del imperialismo con la globalización, que es el curso objetivo de la historia mundial. Se trata, en otras palabras, de "...la aparición de tendencias políticas que tratan de

homogeneizar la sociedad humana desde sirven a los intereses de los ‘centros’ ". (5)

paradigmas que

La globalización ha modificado sustancialmente al capitalismo. En términos de economía se aprecia un desplazamiento creciente de actividades desde la producción a los servicios como sector predominante en los países desarrollados. Por otra parte, la percepción de una sola superpotencia económica

23 está siendo sustituida por una triada a la que se suman Japón y la Unión Europea. Los analistas de las relaciones internacionales ubican al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica a aquellos. Y como apuntan los autores del libro Globalización y Conflicto. Cuba - Estados Unidos, "La prosperidad de los países depende cada vez menos de la posesión de recursos naturales más de la acumulación de conocimientos y la capacidad de sus instituciones para organizarlos eficientemente." (6) Esta última idea nos induce a adelantar la apreciación sobre lo difícil y costoso que es para el Tercer Mundo, una inserción efectiva en los procesos globalizadores. Así, el paso del capitalismo a la etapa de la globalización no trae aparejados cambios sustanciales en las estructuras de explotación. La ley general de la acumulación capitalista enunciada por Marx, opera ahora en el plano internacional originando la reorganización de países enteros. dentro de los esfuerzos de Estados Unidos por ocupar una posición comparativamente más ventajosa respecto

CAPÍTULO II- SOBERANIA NACIONAL Y GLOBALIZACION EN EL CONTEXTO MEXICANO.
A.- Consideraciones históricas sobre soberanía nacional. La concepción de la soberanía como atributo de la organización política de la sociedad aparece hacia el siglo XV como un arma política esencial de los Estados absolutistas en su lucha por la supremacía frente al Papado. Es el resultado de la lucha iniciada entre el poder temporal y el

24 poder espiritual en el medioevo, mas también un producto de la evolución de las formas de organización política de la sociedad humana. Las crónicas relatan que al recibir al primer Papa de Avignon, (Clemente IV), el rey francés Felipe el Hermoso le expresó: “Je suit le soverain”, -“Yo soy el soberano”-. Este constituyó el germen de la concepción de soberanía, porque desde ese momento se afirma el poder real frente al Papa y los grandes señores, como un poder supremo. Pero es el francés Jean Bodin, quien con su obra De la República, emplea por primera vez en 1576 el término en estricto sentido político, cuando hablaba de las “summa potestad de los Estados, en forma de poder supremo sobre los súbditos. Su idea, vinculada al monarca absoluto constituye un arma esencial en la lucha de los Estados absolutistas por la supremacía. Este concepto no se ha entendido siempre de la misma manera, sirviendo para legitimar por igual situaciones políticas tan diferentes como el absolutismo y la independencia. Por ello no constituye un concepto absoluto ni extraño a la sociedad: es un concepto histórico y por tanto, mutable. Con la paz de Westfalia el concepto de soberanía nacional quedaría codificado como un principio básico del naciente derecho internacional. En la época de las revoluciones burguesas surgieron las teorías de la “soberanía de la nación” y “soberanía del pueblo”. Una vez en el poder, la burguesía adoptó la teoría de la “soberanía del Estado”, significando la diferenciación entre Estado y pueblo. La soberanía se considera inseparable del Estado y atributo de la

25 unidad política nacional. Según el jurista cubano Miguel Antonio

D`Estéfano Pisani, es “ ...la potestad de un Estado expresada mediante su derecho a decidir libremente sus asuntos internos y exteriores, sin infrigir los derechos de los otros Estados ni los principios y disposiciones del Derecho Internacional Público.” (7) En tanto que para Rodrigo Borja es ... la facultad del Estado para autoobligarse y

autodeterminarse, provisto de un

o sea, conducirse sin obedecer a poderes poder sustantivo, supremo, inapelable,

ni autoridades ajenas a él. En este sentido el Estado está irresistible y exclusivo que actúa y decide sobre su ser y modo de ordenación. Este poder no tiene fuente en el exterior sino que es un poder imanente, que nace y se desenvuelve en el interior del Estado. (8) A la soberanía le son consustanciales dos aspectos: uno interno y otro externo. El interno consiste en la supremacía: la voluntad del Estado no admite contrarresto interior al disponer de un poder supremo, irresistible, no condicionado. Y los demás poderes que existen al interior de Estado se le subordinan. El Estado es soberano cuando impera sobre un territorio: todas las personas y corporaciones insertas en él están obligadas a obedecer sus leyes, incluso las ONGs. El aspecto interno de la soberanía también se vincula a las relaciones de clase. El Estado, en tanto que representa determinados intereses de clase, hace valer la noción de soberanía en función de esos intereses. En el Estado burgués la soberanía viene a ser legitimada por el control que esa

26 clase y sus aliados ejercen sobre el aparato del Estado, de ahí que la noción de soberanía popular sea mediatizada por las estructuras de poder vigentes, generalmente expresadas en la democracia representativa, como en el caso de México. Sin embargo, no profundizaremos en este aspecto, por no ser nuestro objeto inmediato. A los efectos de esta tesis interpretamos la soberanía nacional a partir de la situación realmente existente en la actualidad, es decir, no cuestionamos la condición del Estado mexicano como sujeto de la soberanía nacional, más bien al contrario, partimos de ese supuesto: la soberanía estatal vista como expresión del status quo existente, como expresión de la determinación interna del Estado, con sus actuales relaciones de poder, de clases y lucha de clases. Plantearnos un enfoque de la soberanía desde otra óptica sería más bien especulativo. Lo que no significa que no tenga cabida un cuestionamiento sustancial de la noción de soberanía en relación con el grado de representatividad del Estado. Por otra parte, el atributo externo de la soberanía consiste en la independencia, en virtud de la cual un Estado es independiente de la sujección de otro Estado gozando y en tiene la el más amplio derecho de de autodeterminación, comunidad internacional

personalidad política y jurídica plena. Los límites de la soberanía. Ya a fines del siglo pasado Lenin hizo notar que en la época del imperialismo financiero, se creaban formas transicionales de dependencia estatal, expresadas en lo que comunmente hoy se les denomina neocolonialismo. Por otra parte, los límites de la soberanía de los Estados están condicionados por el hecho de que sus actos no lesionen la soberanía de otros, tal como lo recoge el Derecho Internacional Público. Pero este último carece de instrumentos coactivos y no hay posibilidad de otro vínculo

27 jurídico que el aceptado libremente por los Estados. A pesar de la creciente interdependencia de los Estados, existe la tendencia a subrayar que los compromisos exteriores no deben comprometer la soberanía, debiendo basarse estas relaciones en la igualdad y ventajas recíprocas. En América Latina la noción de soberanía surge con los movimientos independentistas de principios del siglo XIX. En el caso de México, cuando se produce su advenimiento como Estado nacional, -el 28 de noviembre de 1821 -, su condición de soberanía quedaba seriamente cuestionada. Por una parte, al quedar organizado el Estado como un imperio, el pueblo no pudo ejercer su voluntad ni su soberanía; por otra, su independencia, atributo exterior esencial de la soberanía, se vió coartada por los apetitos de las grandes potencias: los jóvenes y pujantes viejas potencias coloniales. Al interior, la Iglesia pugnaba contra los poderes del Estado; en el exterior España y el Vaticano se niegan por largo tiempo a reconocerle independiente. La inmediata vecindad con Estados Unidos le acarreó a nuestra nación las mayores amenazas y las peores consecuencias: en 1835-36 Estados Unidos participa en la guerra de independencia del territorio mexicano de Texas, contra el gobierno de Santa Ana para anexárselo en 1845. En 1848, luego de la guerra contra México se anexa California y en 1853 impone el Tratado de la Mesilla, apropiándose de otra gran faja de territorio. En resumen, con Texas, Nuevo México y Alta California, Estados Unidos se apodera de más de dos millones de kilómetros cuadrados de territorio mexicano, superficie mayor que la del actual Estado mexicano y su porción más rica en recursos: oro, petróleo, bosques vírgenes y Estados Unidos y las

28 potencial hidroeléctrico. Pero la injerencia exterior no se limitó a arrebatarle territorios: las grandes potencias intervinieron en su vida interior. En virtud del Tratado de Londres de 1861, Inglaterra, Francia y España se coligaron en una agresión contra México para obligar a Benito Juárez a reparar los prejuicios que sus medidas financieras, - sobre todo la suspensión de pagos de la deuda -, habían ocasionado a los súbditos de aquellas naciones. España, tomando la iniciativa, envía una expedición desde La Habana, comandada por el general Prim: desembarcan en Veracruz y avanzan hasta Orizaba, donde Prim obtiene de Juárez, (Convención de Soledad), un compromiso de negociación. Inglaterra acepta el compromiso, pero Francia, con mayores

ambiciones, lo rechaza. La retirada anglo-española deja a los franceses dueños de la situación. Napoleón III impone en junio de 1864 a Maximiliano de Austria en México con el título de emperador. Su poder, sin embargo, fue efímero: tres años después Benito Juárez, con el apoyo de la mayor parte de la opinión mexicana vuelve a restablecerse en el poder. Para historiadores occidentales, durante el siglo XIX mexicano “El criollo trabaja para prolongar el régimen español bajo la forma de una monarquía conservadora que salvaguarde sus intereses; el extranjero, por su parte, sueña con una autoridad que garantice la apacible explotación de las riquezas mineras del país: he aquí una doble hipoteca.” (9) Esto se manifestaría, por una parte, en el caudillismo político, y por la

29 otra, en frecuentes intromisiones en la soberanía mexicana por parte de las potencias extranjeras. Esta doble hipoteca, hoy, un siglo después, continúa gravitando sobre la nación mexicana bajo formas diferentes. La Revolución Mexicana iniciada en 1910 representó un cambio trascendental en los rumbos de la nación. La política de recuperación de las riquezas venía a restablecer y reafirmar la soberanía. En este sentido coincidimos con la apreciación de Alonso Aguilar, quien afirma que “La expropiación y nacionalización del petróleo fue otra acción de enorme importancia no sólo para disponer de un recurso productivo básico, sino para impulsar el desarrollo industrial. Y sobre todo fue la respuesta obligada a un grupo de poderosos consorcios extranjeros que, en franca rebeldía y empeñados en no cumplir nuestras leyes, lesionaban gravemente nuestra soberanía nacional.” (10) En las primeras décadas del siglo XX se producen graves

intervenciones por parte de Estados Unidos, pese a los esfuerzos mexicanos por conservar la soberanía. En 1913, la intervención del ministro Henry Lane Wilson en la política interna de México otorga responsabilidad directa a los Estados Unidos por el triunfo del cuartelazo de La Ciudadela durante la Decena Trágica y por el asesinato del presidente Madero y del vicepresidente Pino Suárez. En 1914 desembarcan fuerzas yanquis en Veracruz. Entre 1922 y 1933 se aplica presión contra los gobiernos de México por Coolidge y Hoover. Y es ampliamente conocida la intervención de los Estados Unidos contra los movimientos agrarios encabezados por Villa y Zapata. Después de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días se produce la expansión de la presencia del capital extranjero en México, y más recientemente del transnacional. Por citar un solo sector, el

30 alimentario, según datos de Bernardo Olmedo, 66 corporaciones

transnacionales controlan, - subordinando al capital nacional -, el mayor volumen de la producción agricola y su proceso industrial en México. (11) En el plano de la intervención clásica, lograda, por el hecho de que México es decir, militar o político-

diplomática, esta se ha evitado en gran medida por la cohesión interna es prácticamente el único país latinoamericano que ha logrado mantener un estado democrático de derecho desde 1930 hasta la actualidad, - a pesar del monopolio del poder por el PRI -, garantizando una estabilidad que le ha salvado de dictaduras y del peligro de intervenciones extranjeras. La afirmación anterior no impide reconocer que en los últimos tiempos la soberanía mexicana se ha visto mediatizada por fenómenos tales como la certificación norteamericana respecto a la lucha antidrogas, (lo que no impidió al gobierno de los Estados Unidos realizar recientemente una operación encubierta en territorio mexicano sin el conocimiento de nuestro gobierno, en franca violación de nuestra soberanía y de los tratados existentes al respecto. Como es sabido se descubrió por esta vía una presunta vinculación de bancos mexicanos en el lavado de dinero proveniente del tráfico de estupefacientes). También la implementación, desde mediados de los años 80 de políticas de corte neoliberal, son expresión de la intervención de actores foráneos (estados, organismos internacionales) en la conformación de las políticas nacionales. A manera de resumen de este breve análisis, podemos afirmar que a causa de los avatares históricos en que se ha visto sumida la nación mexicana, la soberanía ha asumido el rango de valor profundamente arraigado en la conciencia del mexicano, lo que constituye un elemento a tener en cuenta en la interpretación globalización. de la relación soberanía –

31 Aspectos actuales. El sistema político mexicano quedó fijado en la Constitución de 1917, instrumento normativo – jurídico e ideológico que consagró el diseño estructural de un Estado poderoso, centralizador e intervencionista, promotor de una economía de mercado y un fuerte poder presidencial, con base en una fracción empresarial de la burguesía y las clases medias que configuran un pacto social permeado de un discurso ideológico asociado a la Revolución y de orientación nacionalista. La cuestión de la soberanía quedará plasmada en la Constitución a través de numerosos artículos que establecen: Art. 25 – Corresponde al Estado la rectoría del desarrollo nacional para garantizar que éste sea integral, que fortalezca la soberanía de la nación y su régimen democrático y que, mediante el fomento del crecimiento económico, el empleo y una justa distribución del ingreso y la riqueza, permita el ejercicio pleno de la libertad y la dignidad de los individuos, grupos y clases sociales, cuya seguridad protege esta Constitución. Art. 27 – La propiedad de las tierras y las aguas dentro de los límites del territorio nacional corresponden originalmente a la nación... Corresponde a la nación el dominio directo de todos los recursos naturales.... Solo los mexicanos por nacimiento o por naturalización y las sociedades mexicanas tienen derecho para adquirir el dominio de las tierras, las aguas y sus accesiones. Art. 33 – Los extranjeros no podrán, de ninguna manera, inmiscuirse en los asuntos políticos del país.

32 Art. 36 – La soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo. Todo poder político dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste... Art. 41 – El pueblo ejerce su soberanía por medio de los poderes de la Unión en los casos de la competencia de ésta, y por los Estados en lo que toca a sus regímenes interiores... (12) Estas son las principales normativas constitucionales con respecto a la soberanía y que en realidad constituyen una base jurídica suficiente para su ejercicio en función de los intereses nacionales, sin embargo y desafortunadamente, el texto constitucional no siempre es respetado en el sentido de su espíritu nacionalista original. Con el curso de los años se configuró en México una economía empresarial basada en la propiedad privada. Con los procesos de acumulación y centralización de capitales, se creó un reducido número de grandes empresas monopólicas, tanto estatales como privadas, que junto a las corporaciones transnacionales hoy dominan la economía. Luego de culminado el proceso de transformaciones revolucionarias 1910 – 1917 – 1940, desde 1940 hasta 1982 se desarrolla el modelo de industrialización sustitutivo de importaciones, que va a tener como denominador común la industrialización dependiente y la subordinación al capital transnacional de origen norteamericano. El régimen de maquila, establecido en 1960 es un fuerte indicador de lo anterior. Merced a una vigorosa política inversionista se experimentó un acelerado crecimiento económico, marcado, no obstante, por crecientes desajustes y el endeudamiento externo. El Estado, altamente proteccionista, tendrá un gran protagonismo, no sólo por regir y regular el orden económico, sino también por estimular la

33 creación de empresas privadas y convertirse él mismo en un gran propietario de centenares de empresas. El movimiento estudiantil de 1968, las represiones y la insurgencia, fueron síntomas que cuestionaron la viabilidad de un modelo desarrollista de carácter excluyente para las mayorías del pueblo. La crisis de 1974 – 1976, pudo sobrepasarla este modelo merced al boom petrolero, pero en 1982 estalla nueva crisis que hace ya inoperante el modelo económico. Con la elección de Miguel de la Madrid en 1982, se produce un viraje radical, iniciando la transición hacia la apertura económica y las políticas neoliberales, importadas y ajenas a la tradición y la historia mexicanas. El ingreso de México al FMI induce a aplicar el axioma de éste: el desequilibrio externo es originado por desequilibrios internos, que se gasta más de lo que se produce, por lo que se impone el ajuste. En consecuencia, el Estado hará formal renuncia de su papel rector y regulador de la economía y en la regulación social, entregando en la práctica estos poderes a aquellos actores extra – nacionales. Paradógicamente, este nuevo rumbo se asocia en el Plan Nacional de Desarrollo de 1983 – 1988 con la idea de mantener y reforzar la independencia de la nación en base a una mayor fortaleza de la economía, supuesto que fallará ampliamente. En definitiva, el proyecto neoliberal no sólo es una creación externa, sino que se le va a imponer al Estado desde el exterior, en franco detrimento de su soberanía. Así lo atestiguan, por ejemplo, las cartas de intención firmadas con el Fondo Monetario Internacional, como la del 10 de noviembre de 1982, en la que el gobierno se compromete a consultar con el Fondo las medidas económicas a implementar, compromiso que afecta

34 la soberanía. (13) No es menos cierto que las élites monopolistas internas también eran solidarias a las presiones de Estados Unidos y del FMI para lograr la apertura. La política exterior mexicana ha tenido como uno de los propósitos fundamentales la defensa y consolidación de la soberanía nacional bajo el presupuesto de que el fortalecimiento de su capacidad negociadora es la condición básica. Sin embargo, ha operado una cierta desarticulación entre las dimensiones económica y política de la política externa que le ha impedido, merced a las concesiones económicas y a la defensa puramente formal de los principios soberanos, constituirse en un interlocutor válido en toda la extensión de la palabra para los Estados Unidos.

B.- Globalización y soberanía nacional. La soberanía de los Estados ha quedado fuertemente cuestionada bajo el impacto de la globalización. Mas debemos tener presente que la noción de soberanía no puede considerarse en términos absolutos. La soberanía de los Estados a lo largo de la historia ha sido bastante relativizada, ya sea por el ejercicio de que ha sido objeto por parte de los gobiernos, que en muchos casos no la hicieron prevalecer debidamente, -gobiernos entreguistas-, como por las características del escenario internacional en que interactúan los Estados en diferentes épocas. Nos estamos refiriendo al hecho de que la existencia de estados con diferentes niveles de poder económico, político y militar, ha determinado generalmente balances de poder en los que unos Estados sometieron a otros a relaciones de dependencia.

35 Así, durante la época de la guerra fría, el mundo se encontraba dividido en dos grandes bloques bajo el liderazgo respectivo de la URSS y de los Estados Unidos y la soberanía de los estados se encontraba subordinada a los factores ideológicos. En el campo capitalista, los Estados Unidos aplicaban mecanismos de intervención para impedir las “fugas”, como en los casos del derrocamiento del gobierno nacionalista de Jacobo Arbenz en 1954 en Guatemala, de Salvador Allende en 1973 y del movimiento Nueva Joya en Granada, por sólo citar algunos ejemplos relevantes. Pero incluso, dentro del campo socialista, en países que realizaban proyectos avanzados de justicia social, la soberanía nacional quedó supeditada para los países del Este a la necesidad de la conservación del sistema, lo que pudo apreciarse en Hungría 1956 y Checoslovaquia, 1968. Y de modo más dramático en la sujeción umbilical de aquellos regímenes al modelo soviético de desarrollo, impidiendo alternativas nacionales. En este caso, problema que la globalización lo que ha hecho es destacar un presentándose antes, básicamente por la

venía

internacionalización de las relaciones de producción capitalistas, afectando sobre todo a los países subdesarrollados. En el caso de México, los problemas de su soberanía ya no implicaron, como en el siglo XIX, serias amenazas territoriales e intervenciones militares, pero sí intervenciones de otro tipo. Aquí vale retomar las apreciaciones del notable historiador Eric Hobsbawn, quien al referirse a los vínculos de México con Estados Unidos traía a colación una famosa frase de Porfirio Díaz: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos “. Efectivamente, sobre la actuación soberana del Estado mexicano

36 gravita poderosamente el peso de la cercanía geográfica y los intereses de los Estados Unidos. Para Eric Hobsbawn “...lo que pase en México es políticamente de gran interés en Washington, y el gobierno norteamericano intervendrá en una u otra forma, pero específicamente, ¿de qué forma?. No invadirían, pero intervendrían económicamente.” (14) Esa presión intervencionista ha estado y estará presente en los marcos de la actuación exterior y aún interior de México. También determinadas medidas de corte doméstico en los Estados Unidos lesionan los intereses del Estado mexicano o de sus nacionales, como las leyes sobre inmigración. Volviendo al contexto de la intensificación de los procesos de globalización, estamos asistiendo a un fuerte y múltiple cuestionamiento de la viabilidad histórica de los estados nacionales y a un debilitamiento real de los mismos. La soberanía como atributo que define al Estado ha sido uno de los principales elementos de su integridad tradicional afectados. En épocas anteriores se producían intervenciones y muchos Estados tenían limitada de modo permanente su soberanía. Pero formalmente se les reconocía tal. Hoy, al contrario, se le cuestiona, en un espectro de opiniones que va desde quienes sostienen la idea de la obsolescencia total del Estado y la necesidad de suprimirlo, (Gingrich, speaker de la Cámara baja del Congreso de los Estados Unidos y su “Contrato con América”), hasta los que, reconociendo los imperativos actuales, hablan de su redimensionamiento, ya sea en beneficio del propio Estado o del orden transnacional. Es importante precisar que el cuestionamiento a la

37 viabilidad de los Estados parte de la creencia ideológica neoliberal según la cual los controles estatales son contrarios a la libertad individual. El investigador Francisco Javier Peñas se ha referido al hecho de que los principios fundamentales del Derecho Internacional: la soberanía, libre determinación y libre determinación, internacionales, la la no intervención están siendo fuertemente la degradación de la no intervención y la

cuestionados, señalando en particular, la contradicción entre soberanía y subordinación de la independencia a otros principios de las relaciones lo que ha puesto en cuestión la propia vigencia del Derecho internacional. En este sentido, ha afirmado que: "Sería quizás demasiado pronto para abandonar una teoría de las relaciones internacionales y un derecho internacional basados en la primacía del Estado y de la soberanía. No hay todavía claridad, pero no sería de extrañar que los Estados, sobre todo los poderosos, en la busqueda de la estabilidad y en la defensa de esa su cultura, se vieran tentados de revisar los principios que han fundamentado la sociedad internacional durante siglos".(15) No obstante, de algún modo está ocurriendo la erosión de esos principios. Así, el Dr. Silvio Baró ha llamado la atención sobre el hecho de que en las Naciones Unidas, so pretexto de los derechos humanos, se ha cuestionado la soberanía y defendido el “derecho” de intervención, bajo el argumento de que la problemática de los derechos humanos borra las fronteras entre lo interno y lo externo. Este tipo de posición se ve un tanto respaldada por la conflictividad en el Tercer Mundo, que propicia la aparición de un sedicente derecho de intervención, bajo la fórmula de intervenciones humanitarias.

38 Nos encontramos, entonces, - escribe el Dr. Baró - , en el

momento en que se desarrollan las argumentaciones dirigidas a justificar las condiciones en que se podría desarrollar una intervención humanitaria. En tal sentido, ya se enuncian las siguientes: (a) violación grave de los derechos humanos fundamentales, (b) situación de urgencia y necesidad de actuar, (c) agotamiento de otros medios de protección, (d) proporcionalidad entre el uso de la fuerza y los objetivos perseguidos, (e) carácter limitado de la operación en el tiempo y en el espacio, y (f) información inmediata de la operación al Consejo de Seguridad.” (16) En este sentido habrá que continuar el debate, internacional, a fin de evitar su entronización con las peores consecuencias para el Tercer Mundo. Se habla también de la presunta desaparición de los Estados, pero, ya son muy pocos los defensores a ultranza de la desaparición próxima de los Estados. Es una idea que no resiste un análisis serio si se mira la realidad actual, donde son muchos los Estados y aún las nacionalidades que reivindican su existencia independiente. Entre tanto, la idea de la sustitución de los Estados por un gobierno mundial sigue siendo prematura y sumamente improbable por la ausencia de entidades internacionales o supranacionales suficientemente representativas y capaces de asumir esa función, pese a que se habla ya de un protoestado mundial representado por el FMI, BM, OTAN, G-7 y otras entidades del mismo corte. La ONU, enfrascada no y se acaba en de un proceso en de el reforma debate que de ya es

indispensable, democráticos

adoptar sumida

mecanismos

suficientemente intereses

encuentra

particulares, especialmente de las grandes potencias en torno a derecho al veto y prerrogativas globales.

39 Existen otros organismos internacionales con poder económico y político suficiente como para ejercer como actores políticos independientes con autoridad supranacional, como los arriba citados: FMI, BM, etc., pero ligados profundamente a los intereses de los Estados Unidos y otras grandes potencias, son incapaces de realizar una política mundial verdaderamente constructiva. Con todo, se ha producido un relativo debilitamiento de los Estados, debido fundamentalmente a la transnacionalización económica, que dificulta el control de las economías nacionales y las relaciones con otros países, que pasan a ser controladas por las CTN. Vista del modo que se analiza en el primer capítulo, la globalización ejerce desde una dos influencia puntos de cardinal sobre la soberanía el proceso que al afectar objetivo impulsa el de el funcionamiento de los Estados en su conjunto. Dicha influencia se verifica referencia: y desde las transformaciones mundiales desde políticas

capitalismo central, de actual sentido neoliberal. Conviene precisar que globalización y neoliberalismo son dos

fenómenos diferentes. La globalización es un proceso objetivo fruto de un alto nivel de liberalismo económico, internacionalización de los flujos y acelerada revolución científico – técnica, entre otros factores. Entre tanto, el liberalismo es un pensamiento político y económico, también una praxis, que aprovechando el proceso objetivo de la globalización, intenta imponer un discurso que pregona la libertad absoluta - del mercado – como ideal de realización de las aspiraciones de los individuos y las naciones, pero que en el fondo responde a los intereses del capitalismo central. A su vez, la globalización en razón de sus orígenes, ejerce un

novedoso impacto sobre el principio de la soberanía de los Estados.

40 Aunque estos referentes tienden a aparecer unidos, intentaremos un análisis separado. En primer término, la globalización objetivo afecta como fenómeno la soberanía desde dentro y desde afuera por aquellas

fuerzas, (CTN de diferente índole, medios de comunicación, nuevos actores como los grupos ecologistas), que insertados al interior de un estado o desde afuera, tienden a operar globalmente. El ejemplo más socorrido que puede emplearse es el de Internet, la cual viabiliza un flujo de información que generalmente escapa al control de los Estados. Por esta vía puede entrar, - junto con valiosa información científica, comercial o cultural -, otro tipo de información no deseable referidas a la pornografía, redes de prostitución, narcotráfico o neofascismo. También a través de ella pueden concertarse convenios comerciales que podrían eludir regulaciones nacionales. Por estas y otras razones está surgiendo una nueva rama del derecho: el Derecho Informático. Este ejemplo también nos sirve para ilustrar la conjugación de los dos referentes arriba mencionados: siendo Internet un producto de alta tecnología generado en los países industrializados, - concretamente Estados Unidos -, se corre el peligro de un nuevo tipo de dependencia: que los países subdesarrollados se vean obligados a aceptar las normas de gestión informática originadas en los centros de poder y también tengan que adquirir de ellos, - como ya ocurre -, hard y software. Un síntoma de lo anterior ya está vigente: la obligación de los usuarios de Internet de mantenerse on line (en línea) aún cuando no estén utilizando los servicios de la red de redes. Ello no sólo representa gastos adicionales en equipo y energía, sino principalmente el peligro de que cualquier intruso pueda penetrar las bases de datos. De ahí la necesidad de que los países subdesarrollados diseñen sus propias redes y las normas de vinculación con el exterior. La TV por satélite y la inmediatez de la información es otra vía de insospechable poder de influencia, no sólo cultural sino también

41 política al interior de los estados. El otro punto de referencia, el de la globalización dirigida, es decir, neoliberal, desde el punto de vista de las relaciones internacionales se expresa en la actuación de los países industrializados, directamente o a través de organismos multilaterales para introducirse en la política interior o exterior de los Estados y modelarla a su conveniencia. Esto se aprecia en un definido fundamento teórico, y en propuestas concretas acerca de la reforma del Estado en sí y en sus relaciones interiores y exteriores, aprovechando el curso objetivo de la globalización. En el plano teórico, el neoliberalismo predica el abandono de las concepciones noekeynesianas y el “retorno al individuo” como sujeto político, lo que significa a la renuncia al estado benefactor, es decir, al estado que se preocupaba por cierta estabilidad, aplicando políticas sociales y que regulaba las relaciones económicas estimulando la inversión y redistribuyendo, hasta cierto punto, la riqueza social. El nuevo estado, según la concepción neoliberal, deberá rediseñarse y asumir el mercado como elemento determinante, autorregulador de todos los vínculos: económicos, políticos, culturales; mediante el abandono paulatino de sus funciones tradicionales, en un proceso que se ha dado en llamar, desregulación. En este mismo sentido, lesivo del concepto tradicional de soberanía operan las tendencias que pretenden un cambio en la correlación entre lo público y lo privado al interior de los Estados, a favor de este último, considerando lo privado más apto para promover la globalización. Sin embargo, antes de analizar algunos elementos de la reforma del Estado, debemos subrayar dos cuestiones cardinales que restan credibilidad y coherencia al proyecto neoliberal.

42 En primer lugar, el “retorno al individuo” como sujeto representa un mito, en tanto que el capitalismo contemporáneo, basado en la vigente ley de acumulación capitalista, ha dado lugar a un contexto en el que predominan las corporaciones transnacionales, que hacen nulas las posibilidades de la libre actuación de los individuos, aparte del hecho de presentar al individuo como un ente abstracto, aislado de comunidades más amplias. En segundo lugar, aunque se pregona el abandono de la intervención del Estado en la economía, es precisamente el Estado el que aplica una activa política intervencionista, desreguladora, que como tal acentúa la influencia del Estado en el rumbo de las naciones. Tanto los ideólogos neoliberales como otros disímiles representantes del pensamiento político contemporáneo, desde la derecha hasta la izquierda, coinciden en afirmar que en las condiciones de la globalización, el Estado no será más que lo que hasta ahora ha sido. En lo atinente a su soberanía, que en el fondo es la condición sine qua non de su existencia, los principales planteamientos giran en torno a su presunta obsolescencia. Este planteamiento tiene que ver tanto con la creciente interdependencia de las naciones como con el problema global de la gobernabilidad y estabilidad de la sociedad transnacionalizada. Partiendo del núcleo duro de la teoría noeliberal, es el mercado y no el Estado el gran regulador social, por lo tanto la noción de soberanía se le subordina, apareciendo una fuerte tendencia a debilitar y aún desacreditar la autoridad de los estados, tanto en el orden interno como el externo. Así lo afirman los autores del libro Globalizacion y Conflicto: Cuba – Estados Unidos: “El discurso político liberal y las acciones que emanan de los

43 centros están orientados a instaurar en el sistema

internacional los mecanismos que aseguren que los estados del Sur se conduzcan acorde con las directrices trazadas, para lo cual tratan de desacreditar – en nombre de la modernidad -, principios que deben regir las relaciones internacionales, como son, la soberanía, la autodeterminación, la no intervención....” (17) Aquí cabe subrayar con los autores, que no es únicamente mediante el discurso político, sino que ya se emprenden acciones en esta dirección, lo que se aprecia en el intento de imponer su modelo de organización política y de derechos “en clara intención de homogeneizar los comportamientos políticos de los Estados” (18) Se trata de debilitar por numerosas vías la soberanía, ya sea mediante órganos supranacionales o de mecanismos de monitoreo. Estas vías están constituyendo ya un gran riesgo para la soberanía de los Estados, pues se ha comenzado a utilizar a la ONU como instrumento para legitimar las nuevas concepciones y prácticas, que tienden a concentrar el poder económico y político del mundo en manos de un pequeño número de países lidereados por Estados Unidos, recurriendo a nuevos conceptos, (enunciados en su momento por el ex – Secretario General de la ONU, Boutros Ghali), como los de “soberanía limitada”, “diplomacia preventiva”, “mantenimiento y construcción de la paz”, ”intervención humanitaria”, “restablecimiento de la democracia”, todos ellos concatenados en sendos proyectos denominados Un programa para la paz y un programa para el desarrollo, publicados en 1992 como documentos oficiales de las Naciones Unidas. Boutros Galhi desarrolló toda una teoría en torno a la idea de la “soberanía limitada”. Reivindicó el derecho de la comunidad internacional,

44 a través de las Naciones Unidas a intervenir en los asuntos internos de los Estados en caso de presuntas violaciones de los derechos humanos por Estados no basados en principios democráticos o por actos que hicieran peligrar la paz y seguridad internacionales. Concibió la “diplomacia preventiva” como la capacidad de la ONU para tomar medidas de presión sobre Estados transgresores, y la “intervención humanitaria” como recurso definitivo para imponer militarmente a dichos supuestos transgresores. El “restablecimiento de la democracia” y el “mantenimiento y construcción de la paz” equivaldrían a la intervención en los asuntos internos de un Estado una vez suprimida la situación anterior (guerra civil, guerra local, dictadura) para moldear las estructuras económicas y políticas acordes a lo que la ONU pudiera entender como satisfactorio. Ello implicaría en la situación actual, la imposición de los criterios de las grandes potencias y de sus intereses geopolíticos, amén de pisotear la soberanía de los Estados del Tercer Mundo, quienes quedarían a expensas de lo que decidieran las grandes potencias y consagraría el derecho de intervención y con él la muerte de la soberanía. Fue aprobado este un precedente oficial muy de importante la ONU, relacionado El espíritu con de el sus

cuestionamiento de la soberanía nacional. como política

Y aunque no se le haya

planteamientos ha estado presente en las intervenciones contra Haití, Somalia y otros Estados. Frente a estas nuevas tendencias el mundo subdesarrollado se encuentra inerme, pues comportan generalmente el uso de la fuerza, con sanciones económicas, presiones políticas e intervención militar. La existencia o surgimiento de situaciones de crisis, donde los

45 derechos de los ciudadanos de un Estado son violados, justifica en cierta medida la adopción de decisiones internacionales. Sin embargo, hasta ahora, la experiencia ha demostrado que la comunidad internacional no puede, - carece de fuerza -, para enfrentar estas situaciones; son en la práctica los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, y particularmente Estados Unidos, quienes intervienen y deciden, por encima de la comunidad internacional y de los derechos soberanos de los Estados. En el fondo de este tipo de enfoque a la soberanía, subyace el problema de la gobernabilidad del sistema internacional. Se pretende imponer la “soberanía limitada” en aras de crear un mundo estable para los intereses de las grandes potencias, que son los mismos que los de las transnacionales. Pero además de ceder soberanía, y ante la acumulación de un conjunto de problemas globales, (sociales, medioambientales), se esgrime la tesis de la corresponsabilidad de los estados, o sea que todos, desarrollados y subdesarrollados tienen igual responsablidad por los problemas del medio ambiente, tráfico de drogas, etc., de lo que se deriva que los países subdesarrollados tendrían que hacer un esfuerzo semejante, - que significa mayor en términos económicos -, en la solución de problemas que ha generado el mundo industrializado. Muy maltrecha queda la soberanía de los países subdesarrollados cuando se habla de igualdad soberana, por cuanto esta viene a expresarse en proporción al poder económico, de modo que el concepto interdependencia, objetivamente necesario, tiende a ser mediatizado por la capacidad del Estado para ejercer sus derechos frente a otros más poderosos, lo que genera asimetrías en convenios de apariencia mutuamente ventajosos y equitativos. El presidente Fidel Castro, en su intervención televisiva posterior a la

46 visita del Papa a Cuba se refirió ampliamente al tema: ... los Estados desaparecerán, es decir, los Estados nacionales creados en un período de la historia desaparecerán. Están desapareciendo desapareciendo. desapareciendo hegemonía unipolar, del del ya, La ya orden es como y un una parto de difícil, los pero están venía de la han mundo soberanía Estados inevitable del que

secuela

imperialismo las

norteamericano, instituciones

ellos

establecido, que merman y erosionan cada vez más la independencia de los Estados y de los países, en primer lugar de los medianos y pequeños. (19) A su modo de ver, los Estados nacionales desaparecerán como una ley natural de la historia para dar lugar a “una sola familia humana”, lo que se ajusta a la concepción marxista del progreso social. Esto, consideramos, es un proceso de larga duración, y Fidel lo tiene en cuenta, para afirmar que se acelera con la globalización: “ Vemos multiplicarse las comunicaciones de todo tipo, la velocidad de esas comunicaciones: cuales van ejerciendo una aéreas, marítimas enorme en y los terrestres, electrónicas, telefónicas, radiales, televisivas, las influencia acontecimientos.” (20) Añade que estos fenómenos están ligados a los avances de la ciencia y la técnica y al desarrollo caótico y desordenado de la civilización humana, para afirmar que el mundo del porvenir no puede ser ese mundo egoísta, irracional e insostenible que se nos anuncia, porque es necesario hacerle frente al neoliberalismo, oponiéndole resueltamente la solidaridad, -“la globalización de la solidaridad” -, y el reparto equitativo de los bienes que crea el hombre.

47 Desde la óptica del mundo subdesarrollado, los procesos vividos en la actual década evidencian un serio deterioro de la soberanía de los Estados, principalmente vinculadas a a la causa de imposiciones de ajustarse exteriores, a generalmente cánones necesidad determinados

económicos y políticos, en aras de acceder a una relación aparentemente equitativa con el mundo industrializado. Sin embargo, esta relación resulta asimétrica: igualdad soberana aparente, apertura a las transnacionales que ahogan a los productores nacionales y extraen las riquezas del país. Esta situación amenaza con convertir a los Estados periféricos en meros instrumentos de una política global generada en los países del capitalismo central. Ciertamente, es necesario abrirse al mundo, aceptar la interdependencia, asumir colectivamente la solución de los problemas globales, pero sin perder de vista las necesidades y proyectos de cada nación. La soberanía no desaparecerá a corto o mediano plazo, pero sí cambiará la forma de su expresión y realización; tendrá que redimensionarse. La independencia debe conservarse en los nuevos marcos de la interdependencia creciente. Interdependencia no debe significar renuncia a la soberanía, sino cesión convenida y mútuamente beneficiosa de espacios de soberanía, con la garantía de una retribución real y no engañosa, como la que representan a veces, convenios de apariencia equitativa. Ello depende en gran medida de la voluntad de las fuerzas gobernantes, que deben realmente expresar la voluntad general de la nación, porque, en el orden de las relaciones económicas, los conceptos de autonomía en las decisiones son enterrados bajo el peso de la creciente interdependencia, que debe entenderse literalmente cuando se habla de naciones con un nivel económico semejante, pero cuando se refiere a naciones del Norte y del Sur, esta interdependencia suele ser asimétrica, con el gran riesgo de convertirse en dependencia.

48 Las contradicciones Estado nacional – CTN. La

transnacionalización económica ha conducido

a la apertura de los

mercados, el libre comercio, el flujo internacional de capitales, la creación de zonas de libre comercio, la eliminación de barreras arancelarias y administrativas al comercio internacional, la integración en bloques económicos, el libre flujo de mercancías, servicios y capitales, el amplio uso del dinero electrónico, todo ello con el subsecuente fortalecimiento de las CTN, que se han convertido en émulos del Estado. Las funciones soberanas del Estado, principalmente en el terreno económico, pero también en el político, se han visto subsumidas en los nuevos mecanismos de la economía globalizada. El Estado ha perdido, - o ha cedido – potestades en materia de aranceles, movimiento de capitales, control de cambios, reglamentación a la inversión extranjera, lo que ha sido asumido por los grandes mercados financieros, monetarios, bursátiles y comerciales, que tienden a unificarse por encima de los Estados. El capital internacional en forma de CTNs y de “organismos multilaterales” tipo FMI, ha encontrado su propia “soberanía”. Es libre de moverse internacionalmente, elige al Estado en que invierte, salta las fronteras nacionales y emigra en cuestión de minutos hacia mercados más prometedores. Cuando un país no ofrece condiciones “atractivas” para la inversión, el capital puede bloquearlo, retirar las inversiones existentes o incluso ocasionarle dificultades comerciales y financieras, y el Estado no puede evitarlo: ha perdido el control sobre buena parte de su economía y de su capacidad para diseñar políticas económicas independientes al ser menoscabada externamente su soberanía, y también por la imposibilidad de encarar proyectos de desarrollo aislados del contexto internacional. Las facultades de gobierno sobre la economía han ido a parar a los directivos de las CTN, que son las que planifican la industria y el comercio

49 a nivel mundial y toman decisiones que en la práctica resultan de obligatorio cumplimiento para todos. Un ejemplo muy revelador de estas realidades es lo ocurrido a un país de una solidéz económica indudable como Suecia: las empresas Volvo y Ericson amenazaron con invertir 50 mil millones de coronas fuera de Suecia si el país no se integra a la Unión Europea. “¿Qué podemos hacer?, -dijo Lars Anell, embajador ante la UE-, “Suecia necesita a Ericson, Ericson no necesita a Suecia.” (21) Así, el poder del Estado está siendo suplantado por la planificación y operación de las CTN, que bien articuladas entre sí disponen en las cosas económicas y con frecuencia, también políticas. Pero el conflicto no puede considerarse concluido, ni mucho menos que el Estado desaparecerá o perderá totalmente sus atribuciones. En primer lugar, porque, como sostiene Eric Hobsbawn, “...la creación de una economía mundial neoliberal sin el Estado sólo puede alcanzarse a través del Estado.” (22) Es decir, que es el propio Estado el que impulsa las políticas neoliberales desde una posición fuerte, prácticamente sin contrarresto; es él mismo quien renuncia a la intervención en la economía, aunque para el Tercer Mundo funcione más como imposición externa; pero de todos modos, es el Estado quien dirige esos cambios. Y en segundo lugar, porque las CTN necesitan de un marco político donde actuar, un marco que establezca garantías legales, estabilidad y orden social. Y esto lo puede crear y mantener sólo el Estado. Es sobradamente conocido que en países donde se producen crisis políticas, guerras civiles o inoperancia del Estado, las transnacionales no invierten. De modo que las contradicciones Estado-CTN tienen un límite: el de

50 la gobernabilidad. Mientras no exista otra forma de regulación política, jurídica y administrativa, digamos, un gobierno mundial, el Estado no está amenazado ni en su existencia ni en el ejercicio de determinados aspectos de su soberanía. Como sostienen notables personalidades del mundo científico, entre ellos Eric Hobsbawn y desaparecerán, Noam Chomski, las soberanías nacionales no las nacionalidades. Ocurrirá un tampoco

redimensionamiento necesario, porque incluso las CTN necesitan los marcos legales y de estabilidad que sólo garantizan los Estados. Se impone la necesidad de que los estados del Tercer Mundo ejerzan un control efectivo de sus recursos naturales, que se implementen políticas distributivas más equitativas, y a nivel político, la fortaleza de Estado y la búsqueda de la unidad, mediante agrupaciones de estados con intereses semejantes para enfrentar las relaciones asimétricas. Hará falta tambiém una política interna mundial que aborde los problemas globales de la agenda tercermundista, especialmente los derivados de la transnacionalización económica. La soberanía podrá asumir las consecuencias de la interdependencia en le medida en que los mutuos condicionamientos no afecten los intereses nacionales de los respectivos actores, lo que implica la reforma de todo el orden internacional vigente. C.- Efectos de la globalizacion sobre la soberania mexicana. Es sabido que después de la Segunda Guerra Mundial el principal reto para la soberanía mexicana ha sido la penetración económica, particularmente norteamericana. Con la globalización dicha penetración se intensifica, amenazando con subsumirla en un espacio económico, - y político -, transnacionalizado, gobernado por las CTN y los organismos

51 multilaterales como el FMI y el Banco Mundial, tras los que se encuentran ineluctablemente, los intereses de los Estados Unidos. Sin embargo, México viene a ocupar un lugar privilegiado dentro de la estrategia de los Estados Unidos hacia América Latina en la postguerra fría. México es objeto de mayores atenciones y “privilegios” de parte de los Estados Unidos. Pero, desafortunadamente, no principalmente en función de los intereses mexicanos. Nuestra posición geográfica nos hace perfectamente elegibles en términos de oportunidades y otorgamiento de prioridades. La cercanía a un gran centro de poder es el primer elemento que facilita el interés de los inversionistas, con los alicientes adicionales de los bajos costos de producción, (salarios más bajos, materias primas más baratas, menores gastos en transportación) y las facilidades de todo tipo otorgadas por el Estado. Pero aún más importante es el hecho de que Estados Unidos aplica una política de Estado deliberada hacia México, en el sentido de otorgarle esas prioridades, pues quiere convertirlo en la gran barrera que absorba todos los efectos negativos de una mayor polarización mundial de las riquezas y sirva para contener las presiones migratorias y de otro tipo provenientes del Sur. De modo que el papel hegemónico que se abroga Estados Unidos no sólo en el Continente, sino en el ámbito mundial, coloca a México en una posición intermedia, solamente beneficiosa para los Estados Unidos. La rápida intervención de los Estados Unidos y los organismos financieros multilaterales para salvar a nuestro país de la bancarrota financiera en 1994, es un indicador suficiente para demostrar el interés de los Estados Unidos por su estabilidad. Este tipo de intervención a su vez

52 compromete aún más a los gobernantes mexicanos con los Estados Unidos y revela el carácter profundamente asimétrico de esta relación. El agotamiento y crisis del modelo desarrollista existente en México en décadas anteriores determinó la necesidad de formular un modelo alternativo de desarrollo que a la vez permitiera al país insertarse en la economía globalizada a partir de que sólo mediante esa inserción en esos procesos mundiales es posible acceder al desarrollo. La materialización de estos propósitos vino a concretarse con la apertura al exterior y la adopción de fórmulas noeliberales. Es sumamente importante subrayar que este rumbo no fue el resultado de una proyección de las perspectivas nacionales hacia la situación exterior, sino más bien consecuencia, de una parte, de la imposición de estas políticas por el FMI y el Banco Mundial, y de otra, por la simpatía de la clase política y empresarial del patio hacia las potencias económicas, particularmente Estados Unidos. No se adoptó un proyecto consensuado que tuviera en cuenta las aspiraciones nacionales sino los intereses de los grupos de poder económico, aunque se presentó el proyecto, - en sintonía con el discurso neoliberal internacional -, como la vía maestra del desarrollo, como el único camino para garantizar progreso y bienestar a todos los ciudadanos. Este discurso también se articuló con el de la Revolución Mexicana: soberanía, progreso, bienestar. En su introducción al libro La Sociedad Global, el destacado politólogo mexicano Luis Javier Garrido, sostiene que desde los años ´50 un grupo de políticos e intelectuales que sólo tenían en común el hecho de encontrarse al servicio de los grandes consorcios, - denominado Grupo Mont Pèlerin -, se dio a la tarea de instrumentar un nuevo proyecto cuyo objetivo esencial era ponerle fin, en nombre del mercado, a la intervención estatal en la economía. Según Garrido, formaron parte de este grupo los

53 mexicanos Antonio Ortíz Mena, dos veces secretario de Hacienda y su cuñado, el secretario de Industria y Comercio; Raúl Salinas Lozano, padre de Carlos Salinas de Gortari, quien sería el principal impulsor del neoliberalismo en México. En este contexto se habla entonces de una “nueva política” del capitalismo central hacia el Tercer Mundo que en la práctica será el “nuevo injerencismo”, aunque de “nuevo” no tenga otra cosa que el cambio de control los paradigmas en que se basa: ya no interesa el control territorial ni la injerencia militar como instrumentos principales, basta el grandes potencias y de las CTN. Todo el proceso de reformas que de manera accidentada transcurre en México en los últimos años, está permeado por esos dos grandes factores exteriores que desde los centros capitalistas se promueven: es el mercado y no el Estado el regulador social por excelencia; y la fórmula homogenizadora democracia-multipartidismo-derechos pueden interpretarse como “...acciones de presión que éstas, (las potencias centrales), realizan con vistas a debilitar a los Estados nacionales o adecuarlos en función de los intereses de la globalización.” (23) Estas motivaciones externas han sido determinantes del proceso de reforma del Estado en México, que en sus diferentes vertientes busca adecuar el país a los acondicionamientos externos en lo económico, político y social. (Consultar al respecto epígrafe dedicado a este tema.) Creemos legítima la readecuación o redimensionamiento del Estado para adaptarse a las condiciones de la globalización: pero este proceso pierde legitimidad cuando se realiza, como es el caso, soberanía pretexto humanos, que económico y parcialmente político para asegurar los intereses de las

54 del progreso nacional, cuando en realidad responde a intereses foráneos. La inserción de México en el TLC es otro elemento que subvierte la soberanía. Se inscribe en las tendencias del capitalismo central hacia la creación de entidades supranacionales que suplanten el papel del Estado, en este caso en el orden económico comercial, pero con profundas repercusiones políticas, al privar al Estado de la capacidad instrumentar políticas independientes. Aunque en el discurso político las autoridades siempre se han manifestado por el control soberano de los recursos de la nación y del ejercicio de su capacidad política, tal como establece la Constitución, en la práctica, con la instrumentación de las políticas neoliberales y con el TLC, especialmente al abrir aún más el país a la inversión extranjera, se ha intensificado la cesión del control de los recursos naturales y humanos. Su explotación se revierte en beneficios para las transnacionales y muy pocos para el país. Subsecuentemente, cede soberanía en dos planos: al renunciar en la práctica al control de esos recursos y al permitir su explotación intensiva e indiscriminada por entidades extranjeras. Y un abdican elemento fundamental: el Estado, o sus representantes, cediéndola a terceros. Muy sintomático es, por ejemplo, para

voluntariamente a su prerrogativa de ejercer la capacidad decisoria, el proceso de reforma a la ley sobre los sindicatos, actualmente en curso, que, como se reconoce públicamente está condicionado por los compromisos asumidos en el Tratado de Libre Comercio. El TLC supone para México una interdependencia asimétrica respecto a sus socios, económicamente mucho más poderosos. Aún duplicándose en breve tiempo el PNB de México, no alcanzaría a ser suficiente para elevar su capacidad negociadora, puesto que en un lapso semejante, la economía de sus socios también se habría duplicado.

55 Otra consecuencia del Tratado de Libre Comercio que debilita a México en sumo grado es que condiciona sus relaciones con terceros países, pese a que se afirme lo contrario. Y en este contexto, por sus compromisos crecientes con el Norte, tiende a verse imposibilitado de realizar una política común con otros países subdesarrollados para promover la agenda tercermundista. La disyuntiva a esta cuestión aparece reflejada en una reciente intervención de la secretaria de Relaciones Exteriores ante la Asamblea General de la ONU, donde abogó por la búsqueda de soluciones multilaterales a los problemas derivados de la globalización, como el “efecto dominó” de la crisis asiática, en lo que se revela un lenguaje, si bien realista, más contemporizador que reivindicativo, al asociar las inevitables ayudas que una crisis implica, con los costos que se derivan para los donantes. La inserción de México en los procesos globalizadores, por las características que asume, puede crear situaciones impredecibles para el país. El mencionado “efecto dominó” de la crisis financiera asiática es una de las consecuencias negativas de la interdependencia en las condiciones de libre acción de las fuerzas del mercado y un elemento de riesgo que pende sobre la economía mexicana. En otro plano, la revolución científico-técnica contemporánea,

originada en los países del capitalismo central, modifica totalmente las perspectivas del futuro. La posesión de determinados recursos naturales y energéticos ya no es garantía absoluta o suficiente del desarrollo: se imponen las nuevas tecnologías y los nuevos materiales, el dominio de las mismas y del know how, que dan lugar a una industria totalmente diferente de la actual, convirtiendo a nuestra actual planta industrial en parcialmente obsoleta. Por último, pero no menos importante, si afirmamos con Marx que la

56 política es la expresión concentrada de la economía, y sostenemos que el poder político en México es un poder oligárquico, cuando el poder económico va trasladándose al control transnacional, el poder político no puede menos que gravitar ineluctablemente en esa dirección, hacia la conversión del Estado en un “Estado gerente” (Chomski), sin fines, mero intermediario entre el productor y el verdadero dueño: las CTN. Si entendemos por soberanía, en primer lugar la soberanía económica y política, bajo este punto de vista se impone la lucha de los sectores cada vez más marginalizados en defensa de la soberanía nacional, que es condición primaria, básica, no sólo de la preservación de nuestra identidad nacional, también de nuestro derecho y de nuestras esperanzas de desarrollo. Como puede observarse, hemos venido analizando los problemas vinculados a la soberanía desde sus vertientes económicas y políticas principalmente. No intentamos un estudio exhaustivo desde el punto de vista del Derecho, - aunque en momentos se aborda -, porque en la política de poder contemporánea el Derecho ocupa un lugar secundario: se ha impuesto el pragmatismo, la lucha de intereses. Y el Derecho se interpreta, - o se manipula -, según las conveniencias de los actores. D.- La crisis del contrato social: la reforma del estado. Como se indicó en el epígrafe anterior, el problema de la reforma del Estado. Los múltiples efectos que produce la globalización y los el Estado mexicano busca

adecuar el país a condicionamientos externos, y en este sentido se inserta

condicionamientos que trazan las políticas neoliberales han puesto en serio cuestionamiento al Estado en sus funciones tradicionales. Se necesita adecuarlo para que no sea un obstáculo a los flujos de la globalización y

57 también se imponen generalmente desde el exterior políticas neoliberales encaminadas a minimizar su papel. En esta relación causal queda implicada la soberanía, en el sentido de un serio cuestionamiento, lo que sugiere la necesidad de abordar el curso actual de la reforma del Estado en México en relación a su impacto sobre la soberanía. El “contrato social” vigente en México se configuró tras la Revolución de 1910. En las décadas inmediatamente posteriores se consolidó el estado post-revolucionario mediante la unión política de las organizaciones obreras con el partido oficial y los grupos empresariales. La Reforma Agraria, la expropiación petrolera y el modelo de desarrollo capitalista instrumentado fueron pivotes fundamentales de este consenso. Un papel relevante correspondió al sindicalismo mexicano, que aceptó integrarse al bloque de poder, contribuyendo a la estabilidad, al absorber la disconformidad social. Como contrapartida a ese apoyo sindical, el Estado adoptó medidas de premio, como la creación del Instituto Mexicano del Seguro Social, IMSS, en 1943 y el Instituto de Seguridad y Servios Sociales para Trabajadores del Estado, ISSSTE, en 1960. De esta forma se creó una complementariedad objetiva entre el Estado y los sindicatos, no exenta de complicidades y compromisos con patronos y funcionarios. “La atipicidad del sistema político mexicano, - escribe José Miguel Candía -, se explica en gran parte, por la persistencia que adquirió la subordinación de las dirigencias obreras y de otros grupos sociales populares a los dictados y condicionamientos que se originan desde el Estado”. (24) De otra parte, sustentaba esta situación, la sustitución de las clases rentistas por una burguesía de nuevo tipo, moderna, que creció al amparo del estado interventor y proteccionista promotor de la industrialización.

58 La estabilidad lograda estuvo basada en la legitimidad y

representatividad del Estado surgido de la guerra civil, en la misma medida en que rompía con las rígidas estructuras de poder heredadas del colonialismo, en los planos económico, político y social, a niveles mucho más radicales que en la mayoría de los países latinoamericanos. La “revolución institucionalizada” dio lugar en México a un Estado de tipo corporativo, fuertemente centralizador y “asistencial”, con alta capacidad decisoria en los asuntos interiores y exteriores. Pero el compromiso histórico fundado en el régimen de monopolio político del PRI, con el tiempo se ha tornado obsoleto. El cambio de las condiciones económicas y la reorientación de las políticas gubernamentales cuestionan el sistema de alianzas que permitieron aquel consenso, imponiéndose ahora el reto de formular nuevas reglas del juego. La aparición pública en 1994 del Ejército Zapatista de Liberación Nacional ha sido una clara demostración de esta necesidad. Los cambios iniciados a mediados de los años ´80 con las medidas de ajuste y la reformulación del modelo de desarrollo, marcaron una nueva etapa totalmente diferente de lo que había caracterizado al México postrevolucionario. Comenzaron a abandonarse el modelo de industrialización sustitutiva, el protecionismo y las políticas del ”welfare state”. La reforma del Estado viene a insertarse en los procesos globales: la expansión del modelo neoliberal, y los cambios en el clima político nacional e internacional. Colocado entre los extremos del “welfare state” y el “laissez faire”, la reforma del Estado es un proceso que opta por el último extremo,

59 encarando las facetas económica, política y social. Para Alejadro Lambreton, la reforma del Estado en México “ ... es la piedra de toque para poder alcanzar plenamente la modernidad y el desarrollo...Resulta vital, porque nuestro país ha estado inmerso en una crisis recurrente desde 1982, generada previa, en parte por los excesos populistas de la década también que en por los las inconsistencias dos de un puso últimos sexenios pero

neoliberalismo

demasiado énfasis en la apertura hacia fuera y muy poco en la equidad hacia adentro.”. (25) Esta es una apreciación muy justa, aunque planteada en términos de expectativas. El autor, con una gran dosis de utopismo plantea una reforma que conduzca al bienestar de toda la sociedad, cuando en la práctica se está viendo que en su esencia el nuevo proyecto estratégico está destinado a lograr una inserción funcional de nuestro país en el mundo transnacionalizado dominantes. Pero una cuestión cardinal sobresale dentro del discurso oficial: la necesidad de reconstruir la legitimidad del poder, fundar un nuevo contrato social acorde con las tendencias mundiales en boga, teniendo muy en cuenta que el Estado se desliga cada vez más de los compromisos sociales (empleo, seguridad social), que estuvieron en la base del consenso anterior y que la apertura económica y privatizacion, (incluso de funciones del Estado), está significando una creciente marginalización de importantes sectores sociales. El elemento principal de la reforma del Estado es hoy la reforma política. El monopolio del poder por el PRI es seriamente cuestionado y hay y en función de las clases y sectores

60 quienes suponen que la democracia mexicana se perfecionaría si se lograra la alternancia de partidos, lo que en el contexto actual del estado corporativo es poco menos que imposible, por el control que a nivel del Estado y de la sociedad aún conserva el PRI. Ante estos retos, la dirigencia del PRI se ha propuesto “refundar” al Partido, cambiando la ideología del “nacionalimo revolucionario” por el “liberalismo social”, transfiriendo a los ciudadanos los mecanismos de participación y selección de candidatos para mantener el poder con base en la alianza histórica con el pueblo mexicano. Gustavo Gordillo, subsecretario de Reforma Agraria lo resumió así: “Una de las grandes apuestas del proyecto modernizador es lograr transitar del corporativismo estatal, caracterizado por la supeditación de las fuerzas sociales a un corporativismo societal”. (26) Los demás partidos, especialmente el PRD fundan su proyecto más en el combate a la línea neoliberal oficial que en propuestas alternativas. Hay aquí más lucha política que programas. Las demás prioridades de la reforma política para el gobierno son, el nuevo federalismo, fortalecimiento del poder legislativo, reforma electoral y nueva relación Estado – indígenas. Son metas, además, la atenuación del centralismo, frenar los vínculos clientelares en las relaciones territoriales y descentralización administrativa. ¿Darán esas medidas mayor poder decisorio al pueblo? , en otros términos, ¿Significarán la implementación de un ejercicio más democrático del poder? El discurso oficial propone un mayor ejercicio de la soberanía popular. Veamos. El problema del federalismo radica en la necesida de que se canalicen

61 de manera más óptima, recursos suficientes a los estados y municipios, pero también hace falta crear los mecanismos institucionales que garanticen su uso eficiente. En algunos estados se ha reproducido una especie de caudillismo, lo que determina la necesidad de superar estos vicios, de modo que el freno a la influencia excesiva de los gobernadores debe apoyarse en la creación de instancias que garanticen la distribución de los presupuestos hasta las localidades. Con referencia las comunidades indígenas, tradicionalmente la

relación con ellos, de signo “civilizatorio”, ha significado el ataque a sus tradiciones y costumbres, bajo el criterio de que todos los ciudadanos son iguales ante la ley. La cuestión central es hoy si se otorga o no, autonomía a las comunidades indígenas, lo que puede significar, de una parte, el respeto a sus costumbres, pero de otra, la exclusión social. Con relación a la democracia directa, es decir, establecer los mecanismos de consulta popular como el referendum y el plebiscito, mediante una reforma constitucional, opinión pública” círculos oficiales opinan que este otorgaría derecho directo de derecho debe ser limitado por lo que denominan el “carácter voluble de la y porque este sistema participación a los ciudadanos, suplantando el régimen de partidos y aún las atribuciones del Congreso. Aunque éstas objeciones son evidentemente exageradas, sociedad, cosa que está muy lejos de lo posible. Y un asunto de gran importancia es el de la reforma electoral, en lo que se refiere a otorgar derecho al voto a los ciudadanos mexicanos en el extranjero, que tiene que ver principalmente con los residentes en los EE.UU. Existen algunas limitaciones como la imposibilidad de elaborar un padrón confiable, los problemas del control de las propias elecciones y el dejan

traslucir el temor que tiene la clase política de perder el control de la

62 carácter extraterritorial que tendrían las decisiones que tomara cualquier tribunal en la solución de un conflicto de este tipo. Es decir, los tribunales mexicanos, en caso de conflicto, tendrían que pronunciarse sobre unas elecciones realizadas dentro del territorio norteamericano, y, eventualmente también las autoridades norteamericanas podrían verse involucradas en la solución de problemas entre mexicanos. Por último, en el plano social, asumiendo la heterogeneidad cultural del país, se reconoce que las políticas culturales han entrado en un proceso de franca declinación, esto es particulararmente válido en el plano educativo y teniendo en cuenta la penetración, por via del consumo, de valores culturales extranjeros. De aquí se ha inferido la necesidad de una reforma educativa. Las ideas más recientes al respecto fueron formuladas en el Plan Nacional de Desarrollo, 1995 – 2 000 del presidente Zedillo. Partiendo de la necesidad de adecuar el sistema educativo a las demandas del cambio y modernización del Estado, se plantea la modificación de los contenidos de la enseñanza, mejorar la capacitación de los agentes educativos y perfeccionar el apoyo didáctico con vistas a profundizar la calidad de la enseñanza, en una sociedad donde la adaptación a los procesos productivos cambiantes y a los retos de la apertura, constituyen imperativos esenciales. En este contexto se plantea la necesidad de formar cuadros

científicos y técnicos altamente calificados, que contribuyan a la formación de los jóvenes, al desarrollo de investigaciones sobre la realidad nacional, sobre los avances científicos internacionales, en la adecuación de las nuevas tecnologías a la realidad nacional, al estudio de la cultura y las artes, consideradas en el contexto de la soberanía nacional y del desarrollo sustentable. Sobre estos proyectos la psicóloga Mirta Bicecci señalaba el peligro

63 que se corre de “reducir el saber a las leyes de mercado, donde todo el problema se reduce a un valor económico” (27) El Estado es una institución necesaria para el desarrollo de las potencialidades de la sociedad. El individuo y el Estado están ligados de manera que sus intereses deben converger. A lo largo de la historia, la convergencia del concepto jurídico de Estado con la noción sociológica de nación dio lugar a la idea moderna del Estado nacional. Y por cuanto, a través del Estado el individuo debería alcanzar sus fines más elevados, no podría imponérsele límites a aquel para promover los intereses individuo, lo que dio lugar a la noción de soberanía del Estado. Es así como toda reforma del Estado implica a la soberanía, en tanto la política del Estado debe establecer un equilibrio entre soberanía y libertad. En un mundo caracterizado por una creciente interdependencia de las naciones en los marcos de la globalización, cada país debe lograr un balance entre la práctica de la acción estatal y los nuevos escenarios para esa acción, de lo que se deriva la necesidad de reformas. La reforma del Estado, en las vertientes analizadas, constituye la preparación de México para la asimilación de nuevas formas productivas y la apertura exterior. Replanteando entonces la pregunta realizada más arriba, hemos de reconocer que el conjunto de las reformas proyectadas ataca vicios y limitaciones de todo el sistema institucional mexicano, pero no están dirigidas, como se pretende, a garantizar el bienestar, la justicia y la equidad. Una mayor participación del pueblo en los asuntos públicos busca fomentar un nuevo consenso social que desligue al Estado de compromisos asistenciales, a la vez que asegurar la gobernabilidad, uno de los del

64 problemas básicos del mundo de hoy y exigencia de los grandes inversionistas y acreedores. También hay que considerar los llamados a ajustarse a las “normas” internacionales de democracia. La reforma del Estado, en su conjunto, tiene importantes efectos para el ejercicio de la soberanía. Muchas decisiones que se tomen a nivel local pueden tener efectos nacionales y aún exteriores. En este orden, el ejercicio de la soberanía, la capacidad de decisión a diferentes niveles de la sociedad, puede asegurar su defensa, pero también que aquella se diluya en regímenes de atribuciones. La reforma, indudablemente afectará la capacidad del ejercicio centralizado por el Estado de la soberanía. Pero es un reto que hay que enfrentar, y diríamos, una forma nueva de rediseñar al Estado y a la propia noción de soberanía. Sin embargo, ello entraña extraordinarios riesgos, no por el hecho de que se vayan a democratizar las capacidades de decisión sino, sobre todo, porque es el interés de los grupos políticos que en un momento dado predominen aquí o allá, y en última instancia el interés económico de los poderosos, el que con más probabilidades se impondrá. La reforma del Estado es un proyecto de riesgo, pero no para los grupos de poder, es un riesgo para el ejercicio de la voluntad soberana de la nación en su conjunto, que solamente podria expresarse mediante un régimen que realmente tuviera en cuenta las necesidades del pueblo y de toda la nación. Pero para un consenso de este tipo se requeriría una transformación radical, en la esencia y no en la forma, de la institucionalidad actualmente vigente. E.- El Tratado de libre comercio efectos para México. La globalización de la economía mundial ha acarreado para México de America Del Norte y sus

65 profundos cambios, en particular, la creación del TLC, como respuesta regional a las exigencias de la interacción competitiva a nivel global, ha implicado reformas de largo alcance no solo de la estructura del estado mexicano, sino también del contrato social existente hasta entonces. La firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), constituye un paso decisivo, - para bien o para mal -, en la inserción de México en el mundo globalizado. Las complejas características de la vida moderna han hecho del Estado una entidad insuficientemente dotada para afrontar aisladamente las demandas del desarrollo económico y humano. Esto es especialmente cierto en el Tercer Mundo, por la estrechez de los mercados, bajo poder de consumo, altas tasas de crecimiento demográfico, marginación social, escasez de capitales y marcos nacionales. Por ello ha ganado fuerza la idea de la integración económica como instrumento del desarrollo, que busca introducir sistemas modernos de producción para un espacio económico más amplio. La integración económica supone la remoción de las barreras arancelarias y otras que interfieren el libre movimiento de los factores de la producción, (personas, bienes, capitales, tecnología, servicios), entre países. Esto pone en cuestionamiento la soberanía. ¿Hasta qué punto la creación de un poder supranacional dotado de órganos propios y de un sistema jurídico de obligatoria observancia por los Estados supone una contradicción con la soberanía estatal? ¿La formación de una entidad comunitaria de esta clase con facultades para tomar decisiones es subdesarrollo científico-técnico, todo lo cual redunda en un estrangulamiento económico imposible de superar en los

66 incompatible con la soberanía? Hay consenso respecto a que la integración es necesaria y aún ineludible. Pero la formación de un organismo colectivo, bajo un sistema jurídico específico, la integración, no debe limitar, sino reafirmar la soberanía, en tanto cada Estado haya limitado voluntariamente los alcances de su poder a cambio de las ventajas económicas que la supeditación a un orden integrador le pueden ofrecer, siempre que la relación de interdependencia tenga en cuenta las asimetrías. Este proceso, en el caso de México, fue preparado por un conjunto de premisas entre las que debemos destacar, en primer lugar, que históricamente los vínculos económicos exteriores de México se han centrado en las relaciones con Estados Unidos, a pesar de que el estado mexicano ha intentado afirmar vínculos con otras regiones, que neutralicen un tanto el peso abrumador de esta relación. Es interesante anotar que: “Al optar por el TLC norteamericano, el

gobierno mexicano escogió el camino pragmático y viable, ya que si bien ha habido iniciativas continentales, ninguna ha tenido éxito” .(28) Efectivamente, en lugar de optar por la integración con Latinoamérica, con la que existen mayores identidades, problemas y expectativas comunes, se optó por un bloque de naciones poderosas como vía de incorporación a la globalización productiva, asumiendo la tesis de los “Falsos profetas del determinismo económico, - según Cuauhtémoc Cárdenas -, quienes aseguran que no tenemos en un bloque internacional otra opción sino enrolarnos determinado”(29) Lo cierto es que la incorporación al TLC obedece a estas tendencias integracionistas, de las que nadie quiere quedar fuera, alentados por los

67 éxitos europeos y asiáticos. El gobierno mexicano razonó conveniente unirse al bloque norteamericano antes que arriesgarse al aislamiento o aventurarse a una integración con América Latina. Otra importante premisa de la incorporación de México al TLC reside en las transformaciones económicas realizadas. Desde mediados de los años 80 México abandonó la economía altamente regulada, optando por la liberalización y la desreglamentación. Los mercados financieros fueron desregulados , la agricultura y la industria fueron expuestas a mayor competencia mediante la reducción de las barreras comerciales, se privatizó la propiedad pública en gran escala y la mayor parte de los bancos comerciales. En 1992 se realizó una reforma agraria que permitió a los inversionistas adquirir tierras de los pequeños propietarios, todo lo cual abrió la economía mexicana a la competencia extranjera. La adhesión al Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio, (GATT) en 1986, la renegociación de su deuda externa en 1990 y, circunstancialmente, la escasez de capitales, fueron también elementos coadyuvantes a la negociación del Tratado. Así, en junio de 1990 se anunció por México, Estados Unidos y Canadá la intención de negociar un tratado de libre comercio. El proceso de negociación, una vez comenzado, se vio demorado por múltiples obstáculos, entre ellos, el cabildeo en el Congreso de los Estados Unidos y las presiones al gobierno mexicano para que cediera en aspectos que eran considerados por la parte mexicana claves para su soberanía, especialmente lo referido al petróleo. En este sentido, las declaraciones del secretario mexicano de Comercio, Jaime Serra Puche, el 2 de agosto de 1992, en referencia a que sólo se aceptaría un tratado que beneficiara el interés nacional, fueron interpretadas por los observadores como una respuesta a dichas presiones.

68 La conversión del TLC en tema de campaña electoral en los Estados Unidos y el incidente del secuestro por agentes de la Agencia norteamericana, DEA, del médico Humberto Alvarez antinarcóticos

Machaín en territorio mexicano, revelan algunas de las vicisitudes del proceso, aunque una nota significativa la daba el congresista Byron Dorgan, quien declaró que el gobierno mexicano había gastado más de 100 millones de dólares en cabildeos en el Congreso de los Estados Unidos para promover el Tratado. Concluidas las negociaciones el 12 de agosto de 1992, no fue hasta el 7 de octubre cuando los ejecutivos de los tres países Mulroney, Salinas y Bush, asisten a la inicialización del proceso de aprobación. En varios cientos de páginas el Tratado de Libre Comercio detalla sus disposiciones. En el preámbulo los tres países confirman su compromiso de promover el empleo, el crecimiento económico y la competitividad internacional de las empresas de sus respectivos países. Declaran que la zona de libre comercio se establece conforme al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, (GATT), y que sus objetivos son, entre otros, eliminar las barreras comerciales, incrementar las oportunidades de inversión y regional y multilateral. Se agrega que los países miembros lograrán estos objetivos mediante el cumplimiento de los principios y reglas del Tratado, como los de trato nacional y trato de nación más favorecida, así como transparencia en los procedimientos. Para efectos de interpretación se establece que prevalecerán las disposiciones del Tratado de Libre Comercio sobre otros convenios, con excepción de los convenios ambientales, que prevalecerán sobre el TLC. fomentar la cooperación trilateral,

69 La parte mexicana ha declarado que el Tratado de Libre Comercio no obstruye sus relaciones con terceros, aún cuando uno de los primeros obstáculos puestos por el Congreso de los Estados Unidos durante las negociaciones fue el de las relaciones de México con Cuba. El Tratado de Libre Comercio prevé la eliminación de todas las tasas arancelarias sobre los bienes que sean originarios de los Estados Unidos, México y Canadá, estableciendo para ello reglas de origen. Se consideran bienes originarios aquellos producidos con materiales provenientes en su totalidad o mayoritariamente de América del Norte. Se establece un período de transición para la eliminación de aranceles durante el cual, se supone, las empresas y los mercados nacionales habrán ido ajustándose a las nuevas condiciones de competencia, lo cual, como es obvio, resulta más oneroso y también riesgoso para las empresas mexicanas, que se ven obligadas a realizar las mayores inversiones. Ante las dudas suscitadas por el Tratado de Libre Comercio, en particular respecto a una presunta pérdida de soberanía , el premier canadiense Bryan Mulroney expresó en 1991: “...solo un niño pensaría que va a obtener algo sin dar interdependencia”(30) Esta posición, a fuer de pragmática es realista. Pero depende del contexto, depende de la capacidad de los sujetos en la negociación. Canadá y Estados Unidos pueden negociar como iguales. Este no es el caso de México frente a ellos. Al respecto, el secretario de Comercio de México, Jaime Serra Puche expresó: “Conozco esa declaración del Mulroney. Yo creo que no es cierto, un Tratado de Libre Comercio como el que nosotros estamos definiendo no cede soberanía. Ceder soberanía equivale, por ejemplo, a lo que hicieron nada a cambio. Esto es lo que se llama

70 los europeos... (31) Esta afirmación es aún cuestionable. Si bien no se hicieron

compromisos respecto a terceros, la propia existencia del Tratado de Libre Comercio tiende objetivamente a condicionar las relaciones con terceros, en el sentido de ser un convenio ya vigente y por otorgar el trato de nación más favorecida, lo que, de hecho, coloca en segundo plano cualquier otra relación. Durante las negociaciones, el tema de los hidrocarburos fue uno de los más difíciles y también el más sensible para la sociedad mexicana. El recuerdo de los excesos de las empresas extranjeras y de la consecuente expropiación y nacionalización todavía es un tema vigente en México. Aún cuando la Constitución mexicana fija nítidamente las restricciones en este terreno, se temía que los negociadores mexicanos cedieran soberanía en este rubro. Hubo fuertes presiones para que México aceptara los contratos de riesgo, considerados tradicionalmente como inconstitucionales en lo referente al petróleo. Ellos finalmente aceptaron los contratos de desempeño. Según los contratos de riesgo, un contratista asume los gastos y si la prospección es exitosa, pasa a ser propietario de un porcentaje del petróleo descubierto. El contrato de desempeño establece un pago monetario en relación con el petróleo descubierto. De esta forma, afirman los especialistas, México sucumbió a las presiones de los Estados Unidos, pues sin comprometer la propiedad del subsuelo, - ni entrar en conflicto con su Constitución -, permite a empresas norteamericanas y canadienses participar en obras de exploración y perforación, recibiendo ganancias en dinero, es decir, disfrutando de los beneficios que aporta el petróleo. En otros planos el Tratado de Libre Comercio prevé fortalecer el

comercio de bienes energéticos, a la vez que prohibe establecer precios

71 mínimos o máximos al comercio de hidrocarburos. Las restricciones a la importación o exportación se reducirán a planes de estabilización de precios o a la conservación de recursos naturales agotables. El estado mexicano se reserva la propiedad de los bienes e inversiones básicas en hidrocarburos, pero permitirá la inversión privada en bienes petroquímicos no básicos y en generación de electricidad para autoconsumo. México no aceptó la cláusula de abasto seguro para sus socios, que le obligaría a suministrar todos los hidrocarburos que requirieran los Estados Unidos y Canadá en tiempos de crisis o de gran demanda. El Tratado, aunque se denomina comercial, tiene entre sus objetivos primordiales para México, la atracción de capitales. Al respecto elimina importantes barreras a la inversión, otorgando amplias garantías a los inversionistas . Se consideran inversiones todas las formas de propiedad y participación en las empresas, a la propiedad tangible e intangible y a aquella derivada de un contrato. Cada país otorgará a los inversionistas de un país del TLC y a las inversiones que realicen, trato no menos favorable que el que otorga a sus propios inversionistas, (trato nacional) o a los de otros países, (trato de nación más favorecida), así como plena seguridad y protección, acorde con el Derecho Internacional. Ningún país les podrá imponer niveles de desempeño (niveles de exportación, contenido nacional mínimo, trato preferencial a proveedores nacionales), excepto las compras del sector público. Estas previsiones obviamente que favorecen a los inversionistas norteamericanos y canadienses, en razón de sus condiciones tecnológicas y financieras generalmente superiores, lo que implica, en el fondo, un trato asimétrico, no equitativo.

72 La libre convertibilidad y transferencia de las ganancias que establece el Tratado puede ser una vía de fuga de capitales. Entre las restricciones principales que se establecen se encuentran el respeto a la capacidad de las Partes para adoptar medidas en interés de la seguridad nacional y el derecho a restringir el comercio, en circunstancias limitadas, para proteger su balanza de pagos. Estas últimas regulaciones son un reconocimiento fáctico de la soberanía internacional contemporánea. Por otra parte, es necesario subrayar que México sí tuvo que dar algo a cambio. La prueba está en la autorización de los contratos de desempeño , que son una ficción jurídica para “respetar” la Constitución, o en el simple hecho de que para viabilizar lo acordado en materia de inversiones ha sido necesario revisar las facultades de la Comisión Nacional de Inversiones Extranjeras, lo cual es una influencia inducida sobre la capacidad del gobierno mexicano para formular sus políticas internas. No obstante, aunque solamente sea en teoría, tenía razón el presidente Salinas cuando afirmó que “La independencia de la nación no se garantiza edificando muros reales o imaginarios ni refugiándose en actitudes o estrategias, que, válidas en su momento, resultan inoperantes en el umbral del próximo milenio”. (32) El TLC crea riesgos reales para la soberanía mexicana. Y no sólo en el plano económico; también en el territorial, el político y aún el cultural, al crear un efecto gravitatorio, - o más bien acentuarlo -, hacia la parte más poderosa y potencialmente influyente en la mayoría de los aspectos de los estados y una demostración tácita de que ella continuará aún operando en la sociedad

73 enunciados. La integración de las economías, proceso ya en marcha

anteriormente, - integración silenciosa, según Huchim -, por la estrecha vinculación previamente existente, que se intensifica con el TLC, se perfila como previsible a largo actualmente en curso. Antes del Tratado de Libre Comercio México ya era el tercer socio plazo si sigue la lógica de los procesos

comercial de los Estados Unidos, después de Canadá y Japón. Dos tercios del comercio mexicano se efectúan con Estados Unidos, alcanzando en la década de los 80, los 40 mil millones de dólares. El 70 % del turismo que entra a México es norteamericano. Al negociarse el Tratado de Libre Comercio se habló de un espacio económico único, quedando el Tratado diseñado como zona de libre comercio, que puede apuntar hacia una integración mayor, dadas las tendencias de la economía mundial y por el hecho de que, política exterior. Creemos que el TLC, tal como afirman sus defensores, promoverá el crecimiento económico de México. Pero crecimiento económico no implica generalización del bienestar, como tampoco un mayor peso político de nuestra nación dentro de esta triada. Las siguientes cifras dan una idea de la desventaja de la economía de México respecto a sus socios, según datos de comienzos de los 90: Estados Unidos tiene una extensión de 9 millones, 373 mil kilómetros cuadrados; Canadá, 9 millones 976 mil y México, un millón, 972 mil, para una población de 250, 27 y 85 millones de habitantes respectivamente; entre tanto, el PNB de Estados Unidos es de 5 billones 200 mil millones de al firmar el Tratado, México institucionaliza la orientación estadounidense de su

74 dólares; el de Canadá, 531 mil 600 millones y el de México, 201 mil 400 millones de dólares. Si se analiza el PNB per cápita, tenemos que el de Estados Unidos es de 20 mil 904 dls.; el de Canadá, 20 mil 214 dls., mientras el de México se ubica muy por debajo, con 2 mil 356 dls., sin contemplar las desigualdades distributivas. (33) De hecho, México entra al TLC en una situación terciaria bien alejada de sus socios, y justamente por ello, - y a pesar del discurso acerca de la igualdad de oportunidades -, México entra en una situación dependiente de la tecnología, de las finanzas y de los programas macroeconómicos de sus socios. Se verá subordinado por fuerza de las cosas a aquellos poderosos intereses. Esto sin obviar el hecho de que son las CTN las reales y verdaderas beneficiarias, que se instalarán en mayor número en México aprovechando materias primas baratas y bajos salarios, escasos controles estatales y, pese a todo, una legislación ambiental no sólo poco exigente, sino probablemente muy susceptible de ser violada. No puede negarse que se incrementarán los puestos de trabajo y la circulación monetaria, pero todo el proceso tiende a convertirnos en un gran maquilador, productores a bajo costo para la exportación, con pingües ganancias para las transnacionales y la depredación de nuestros recursos naturales, humanos y ambientales. En este contexto, nuestro gobierno muy poco podrá hacer en términos de manejo soberano de la economía, que no sea ajustarse a las crecientes demandas de las grandes empresas. Habrá mayor industrialización, pero no habrá industria nacional, que quedará ahogada en las poderosas redes transnacionales. Y si no hay industria nacional tampoco habrá un sector social con

gran poder económico e independencia capaz de defender intereses que llamaríamos nacionales, frente a tan poderosos interlocutores. Serían, en

75 todo caso, una capa de intermediarios entre el estado y el capital transnacional. A esta capa de gerentes, técnicos y economistas corresponderá jugar un papel esencial en lo que respecta a los intereses nacionales. Al respecto solo cabe dejar planteada la interrogante de si serán capaces de actuar en este nuevo contexto defendiendo los intereses nacionales, que es lo mismo que la soberanía. La territorialidad es un atributo básico de la soberanía y ha

significado históricamente, todo un sistema de controles fronterizos que tradicionalmente han aplicado los estados. Estos controles, en el contexto de la globalización tienden a desvalorizarse y devienen más bien en obstáculo a la creciente interrelación entre las naciones. En este sentido el Tratado de Libre Comercio supone como metas esenciales la supresión de barreras comerciales y el estímulo a la inversión extranjera. Ello implica la disminución del control estatal sobre los flujos comerciales y de capitales transfronterizos, así como cierta desterritorialización de la soberanía en términos económicos, al permitirse las inversiones extranjeras en la mayor parte de los sectores económicos y en cualquier zona del territorio nacional. También el estado dejará de captar impuestos por concepto de regulaciones comerciales. Otro aspecto muy interesante, en este mismo sentido, consiste en que el Tratado de Libre Comercio permite, según Fidel Castro, “...la libre circulación de capitales y de mercancías, pero no de personas” (34) En este plano se revela un aspecto de desigualdad del Tratado en relación, particularmente con México. Es conocida la presión migratoria que ejercen los ciudadanos mexicanos sobre la frontera sur de los Estados Unidos por razones económicas. El Tratado de Libre Comercio no abordó este problema, sin embargo, estaba presente en el contexto de las negociaciones, al punto que, en respuesta a los detractores del Tratado, en Estados Unidos se esgrimió el argumento de que el mismo contribuiría a

76 eliminar este problema: así lo afirmó Bush durante una reunión en la Casa Blanca ante los miembros de la Legión Americana. Ante el temor expresado de que el Tratado de Libre Comercio generara desempleo en el suroeste de Estados Unidos, expresó que el acuerdo mejoraría el estándar de vida en México y, como consecuencia, generaría más demanda de productos estadounidenses y disminuría la presión migratoria de los mexicanos. (35) Por su parte, el presidente Salinas afirmó en otra ocasión que una mayor inversión en México generaría mejores oportunidades de trabajo y un flujo más reducido y ordenado de trabajadores. (36) Efectivamente, existe la creencia de que al crear puestos de trabajo adicionales en México, el TLC ayudará a resolver este engorroso problema. En este sentido, el Tratado, al no establecer la libre circulación de personas, - como acordaron las Comunidades Europeas -, de hecho la limita. Mas esta limitación opera principalmente para los ciudadanos mexicanos, es decir, para la clase trabajadora, porque los empresarios de uno y otro lado tendrán amplias posibilidades de movimiento, quedando así la inmensa mayoría de los mexicanos limitados en sus posibilidades de movimiento o emigración por razones económicas. Y debe entenderse que aún cuando las condiciones económicas de México mejoraran producto del Tratado, Estados Unidos continuará ejerciendo un atractivo importante por la sustancial diferencia de niveles de vida, que no se elevará en México a un nivel semejante en un futuro previsible. Los efectos de la inserción de México en el mundo globalizado comenzaron a verse desde mediados de los 80 en que se transitó de una economía altamente regulada a otra totalmente liberalizada y desregulada. Estas tendencias tienden a intensificarse con la firma del Tratado de Libre Comercio.

77 Este nuevo diseño de la economía ha conducido a un amplio espectro de oportunidades y amenazas para las diferentes regiones y grupos sociales; los ricos son más ricos y los pobres, más pobres, y en mayor número. Unas regiones se potencian, en otras su base económica tiende a hacer crisis. En los 90 la parte más rica de la población se benefició con la privatización de la industria estatal y las inversiones agrícolas; los sectores industriales y comerciales orientados al mercado norteamericano, también se han beneficiado. Se están creando nuevos empleos en la zona maquiladora (norte) y de cultivos comerciales (costa del Pacífico). Pero la pobreza continúa aumentando: del 19 % en 1984 al 21 % en 1989, (en las zonas urbanas se acercó a 8 millones). Después del colapso financiero de 1994 más de un millón de mexicanos perdieron su empleo. De modo que todo el mundo no gana. Aparentemente México ganará en términos de ingreso neto como resultado del Tratado de Libre Comercio. Pero detrás de esta proyección general se encuentran los perdedores. Entre los especialistas prevalece la opinión de que los principales perdedores serán los productores de maíz, que es un alimento básico del país. En México el maíz no solo es un importante elemento económico de sobrevivencia de grandes grupos de población: forma parte además, de la cultura y juega un papel fundamental en el modo de vida rural. Cerca de la mitad de las tierras de cultivo de México se dedican al maíz. La mayoría de los productores mexicanos de maíz, - pequeños productores -, tienen una economía deficitaria, trabajan en tierras pobres, con acceso limitado a créditos, insumos y equipos. Se calcula que en las mejores zonas, el rendimiento medio de la producción de maíz es una

78 quinta parte del de los estados del medio oeste de los Estados Unidos, con los que habrá que competir a medida que se vayan eliminando las restricciones comerciales. ¿Qué espera a estas personas? Según un estudio realizado, por esta causa perderán su empleo 700 – 800 mil personas, es decir, un 15 % de la población económicamente activa en la agricultura. (37) Actualmente más del 30 % de la población del campo vive por debajo de los niveles mínimos de ingreso y con mínimo acceso a viviendas, servicios de agua y electricidad. Para el México rural todo tiende a declinar; cae el salario real, crece el desempleo, que no es compensado con los nuevos empleos; es improbable que el empleo en actividades no agrícolas compense estos problemas, y si pudiera hacerlo, muchas personas no estarán capacitadas conocimientos técnicos. Como resultado, algunas zonas rurales serán potenciadas y otras entrarán en crisis profunda. Las familias se verán obligadas en muchos casos a abandonar sus medios tradicionales de subsistencia, aplicando estrategias cada vez más desesperadas, incluida la emigración a zonas de agricultura comercial, a las ciudades o a los Estados Unidos. ¿Qué tiene que ver todo esto con la soberanía? . Creemos que mucho. La dislocación social que conlleva, la pérdida del modo de vida tradicional, el desarraigo, constituyen un gran riesgo para la sociedad. Puede que muchos logren reinsertarse en otros contextos. Pero el riesgo mayor es la marginación y la aculturación. Para el aborígen el maíz era un elemento trascendental en la vida. Para el mexicano de hoy sigue siendo parte sustancial de su dieta y muchos están empleados en su producción y procesamiento. ¿Podremos imaginarnos a un campesino mexicano desempleado comprando tortillas fabricadas en Denver o Kansas City? La para optar por empleos que requieren algunos

79 desnacionalización económica es un riesgo para la integridad social y para la identidad nacional, condiciones básicas para que pueda mantenerse la conciencia de soberanía. Con el Tratado de Libre Comercio se ha logrado una exitosa revolución macroeconómica, acompañada de sectores de la economía. La indiscriminada apertura ha fracasado: Creció exponencialmente la inversión extranjera, pero a la vez, la pequeña y mediana industria nacionales fueron ahogadas, como era previsible, por la competencia extranjera. Las importaciones provenientes de condiciones más competitivas han sustituido a las producciones nacionales sin dificultad. Las finanzas del Estado se han consolidado pero la caída del valor del peso frente al dólar vuelve a incidir, lenta pero inexorablemente. Crece el desempleo y se polariza más la riqueza. El Estado continúa retirándose del control de la economía y a pesar de los impactos negativos, no parece encontrar otra alternativa que seguir aplicando mayores dosis de la misma medicina. Se está produciendo una gradual enajenación de la soberanía, pero no en función de las reglas del Tratado de Libre Comercio sino más bien por la cesión del ejercicio de la guía estatal a las CTN. F.- Soberanía y seguridad nacional. El análisis de los factores que convergen con la soberanía nacional implica abordar su interacción con la noción de seguridad nacional, pues a través de ella se reafirma la primera. Antes de prevalecer las tendencias globalizadoras, seguridad nacional, en su acepción tradicional, la noción de se interpretó impactos negativos para importantes

principalmente vinculada a los aspectos políticos – militares. Sin embargo,

80 esta percepción se ha modificado sustancialmente En el plano de la seguridad nacional, bajo los efectos de la globalización, la situación ha comenzado a cambiar para todos los Estados. En la época de la guerra fría, los problemas de la defensa se interpretaban desde una óptica nacional, aún cuando muchos Estados estaban integrados a organismos de defensa colectivas. Pero hoy en día, la noción de defensa “nacional” se pone cada vez más en duda, sobre todo en el plano militar. Por una parte, los costos de la tecnología militar avanzada son cada vez más altos; por otra, se está produciendo una disociación entre las nociones de defensa y seguridad: las respuestas militares ya no garantizan por sí solas, ni principalmente, la seguridad del Estado. La defensa, vista como las capacidades y opciones de protección del Estado en sus aspectos políticos – militares no asegura totalmente la seguridad. La solidez económica del Estado y el control de las tecnologías, no solamente militares, sino que diríamos principalmente productivas, Hoy los secretos mejor son las que realmente garantizan la seguridad.

guardados son los de las tecnologías de producción. De hecho, la defensa de la soberanía nacional ha dejado de medirse en términos estrictamente políticos y militares. Al alejarse el peligro de la guerra total, que no significa que haya desaparecido, ni que los aspectos militares de la defensa sean anticuados, los problemas de la seguridad se desplazan de manera abrumadora al terreno económico y tecnológico. Una somera explicación del cambio de los paradigmas de defensa y segridad pudiera encontrarse, por una parte, en que tras el derrumbe de la URSS y el campo socialista, no existe un enemigo identificado; por otra, a causa de las profundas transformaciones económicas que han originado

81 una economía – mundo, donde la capacidad operativa de los estados

reside principalmente en su poder económico. De ello se ha derivado, por una parte, que los aspectos económicos centren el interés de la actividad diplomática a nivel internacional, por otra, la aparición de dos agendas internacionales: la que promueve el capitalismo central con su peculiar modo de ver los problemas mundiales, y la del Tercer Mundo. Para los países industrializados, las prioridades que imponen en su “nueva “ agenda internacional, se vinculan a problemas reales: narcotráfico, deterioro del medio ambiente, flujos migratorios. Así, los países industrializados están tratando de desplazar las tradicionales demandas del Tercer Mundo relacionadas con la lucha por un nuevo orden económico internacional, contra la pobreza, por la solución de los problemas de la deuda y por el desarrollo, como prioridades fundamentales. Por tanto, el reto es doble para los países del sur: en el exterior,

buscar solución a los problemas enunciados y al interior, la cuestión se torna más compleja por cuanto un control transnacionalizado de los recursos económicos, priva al Estado de la capacidad para garantizar su propia seguridad y lo coloca en una situación inestable, al depender su eficacia interna y estabilidad, de múltiples factores internacionales, tales como la competencia y el estado de las finanzas de otras naciones con las que se relaciona en sus intercambios exteriores. En este complejo escenario se ubica la nueva estrategia

intervencionista que enarbolan los promotores de la “soberanía limitada”, entendida como el derecho de terceros a intervenir, por motivos específicos, en los asuntos internos de los Estados. Ello tiene su origen, por

82 una parte, en la inseguridad del actual sistema internacional; por otra, en las tendencias a la homogeneización política y a la fijación de parámetros equivalentes para todos los Estados, particularmente en referencia a las nociones de democracia y derechos humanos. Con razón afirma Dieter Senghhas que “... cuando en los debates actuales se hace referencia a la “obsolescencia de la soberanía nacional como un fenómeno de alcance mundial, debemos darnos cuenta que esta es una manera de ver las cosas muy centrada en la OCDE”. (38) Para Senghaas la soberanía nacional es un referente de distinto valor cuando se habla del Tercer Mundo o cuando tenga que ver con el mundo industrializado. En el primer mundo no está cuestionada en el sentido que lo está para el tercero, como lo muestra la Unión Europea, donde las cesiones de soberanía tienden más bien a potenciar los intereses nacionales en un ente colectivo. Para el Tercer Mundo la soberanía es una condición de sobrevivencia y de expectativas de desarrollo. Según este autor, determinadas políticas internas de los Estados pueden repercutir de modo significativo en otros países, por ejemplo, determinadas turbulencias políticas, guerras, pueden generar flujos migratorios y otros efectos, con lo que las consecuencias las pagan otros. Por tanto justifica, en determinados casos, la intervención, bajo el principio de que cuando se produce un efecto indeseado debe eliminarse la causa, esto es, intervenir para asegurar que la interdependencia entre Estados no sea nociva. En teoría, este esquema es válido, sin embargo, la experiencia actual muestra que, - además de lo complicado de identificar cuando sería lícito intervenir -, generalmente entran en juego intereses geopolíticos de

83 terceros, casi siempre las grandes potencias. En cuanto a los aspectos propiamente nacionales de la seguridad, la estabilidad social y económica, la gobernabilidad y un ajustado régimen de relaciones con el exterior, son los elementos determinantes. El gran dilema reside en que la propia noción de soberanía se modifica y la seguridad nacional depende cada vez más de las cuestiones externas. Para México, legatario de una larga tradición pacifista y de no injerencia en los asuntos internos de otros Estados, esta forma de presentar el problema no es totalmente satisfactoria; reducir la jurisdicción nacional en el área de seguridad comportaría perder la soberanía. Por ello es válido el criterio oficial de que “...no podemos aceptar, sobre la base de pretendidos valores humanitarios universales, iniciativas de corte claramente injerencista (porque) diluyen la soberanía de los Estados en abierta contradicción con la Carta de la ONU (y pueden) encubrir iniciativas que responden a intereses unilaterales, ajenos a la voluntad común.” (39) En este plano, la reforma del actual orden internacional representado por la ONU y la concentración en la agenda tercermundista, es la opinión de México acerca de lo que debería hacerse. Luego, los principios del derecho internacional, tales como el de la autodeterminación y el de la no injerencia en los asuntos internos son también seriamente afectados en la relación soberanía – seguridad nacional bajo el prisma de la globalización. La interconexión económica, la interdependencia hace que las decisiones de un Estado, incluso en el ámbito de la política interna, afecten a terceros, manifestándose un cuestionamiento a la capacidad del

84 Estado para ajercer la autodeterminación en la deficición de sus políticas. También aparece la violación franca al principio de la no ingerencia, lo que se aprecia particularmente en la imposición de políticas por el FMI, o en los largos debates en torno a las atribuciones del Tribunal Penal Internacional. En México después de la Segunda Guerra Mundial el estado, en su vertiente exterior, no se ha visto seriamente amenazado. El nivel de estabilidad le dio cohesión interna al Estado, lo que operó como factor de disuasión: la integridad territorial no se ha visto amenazada, como tampoco su capacidad para realizar la política exterior, que en términos geopolíticos se tradujo en un importante factor de estabilidad hemisférica. También es cierto que para la nación no existieron riesgos exteriores potenciales. (El sistemático apoyo del Estado mexicano a la Revolución Cubana y su oposición al bloqueo, su reconocida vocación por el respeto a los principios del Derecho Internacional y sus recientes iniciativas en los procesos de paz centroamericanos validan la afirmación anterior). México ha entrado al TLC, - si lo entendemos como proceso integracionista -, y este carece de mecanismos de defensa conjunta de la seguridad nacional; sin embargo, pertenecemos al TIAR, el cual, sin ser necesariamente excluyente respecto al TLC, plantea otros compromisos y otras responsabilidades. Tampoco es ocioso anotar que con el TLC México ha dado una orientación prioritaria a los vínculos con los Estados Unidos, lo que tiene una importancia capital y es comparable a los acuerdos franco – alemanes de los años 50. La acentuación de esta orientación compromete tanto a la seguridad nacional como a la capacidad de México de jugar el rol hasta el presente desempeñado en América.

85 En relación a las “agendas internacionales” el gobierno mexicano opina que: “Si bien nadie duda de su importancia, estos nuevos temas no deben relegar a un segundo plano preocupaciones tradicionales, aún no resueltas de la comunidad internacional, como son el funcionamiento eficaz de un legítimo régimen de seguridad colectiva, o la cooperación internacional para la solución de problemas económicos y sociales acuciantes, en particular la pobreza extrema...”(40) Con relación a los intervencionismos en boga, la crisis asiática viene demostrando de manera dramática la fragilidad del sistema internacional y los nuevos peligros exteriores, no ya de una invasión militar, sino de orden puramente económico, financiero o tecnológico. También en el plano de la propiedad intelectual o de la denominación de origen de los productos, existen riesgos que afectan los intereses económicos nacionales y por tanto la seguridad. A manera de ejemplo ilustrativo, el profesor de la UNAM Federico Bolaños ha comentado que los países industrializados sacan del Tercer Mundo gratuitamente variedades de arroz, maíz o trigo, resistentes a las enfermedades o altamente productivas, para luego competir sutil, de ventajosamente en el mercado contra esos mismos Estados, como le ha ocurrido a México con el maíz, en una nueva forma, muy países en el plano del desarrollo. Como se indica en otra parte, la estrategia de la política exterior mexicana ha mostrado una dicotomía entre los objetivos políticos y económicos. Para México un imperativo exterior esencial ha sido el de la explotación, que además coadyuva a mantener incapacitados a nuestros

86 conservación de su soberanía, sin embargo, su política exterior se ha orientado cada vez más hacia Estados Unidos, haciendo al país más sensible a los intereses de los Estados Unidos, a la vez que la penetración por la vía económica hace ilusorio y aún utópico el discurso político oficial sobre la preservación de la soberanía. La soberanía nacional mexicana estará cada vez más condicionada a la interdependencia con Estados Unidos, consecuentemente, su seguridad nacional tiende a subordinarse también a los imperativos norteamericanos, especialmente en este contexto del cambio de los paradigmas de seguridad nacional. En un mismo sentido de seguridad nacional corresponde analizar con un poco de detalle los efectos de la RCT contemporánea sobre la soberanía de los Estados. g.- La revolución científico - técnica en las condiciones de la globalización. Si el control de los recursos por el Estado es una de las condiciones del ejercicio de la soberanía, ello es válido también en el plano de la tecnología. La llamada tercera revolución industrial que se produce en la actualidad, tiene como característica fundamental la sustitución del sistema de producción en masa de tipo fordista por la producción flexible que se define por la innovación continua en aras de adaptarse a las condiciones de la competencia y la demanda. Los nuevos descubrimientos, que han impactado prácticamente todas las esferas de la actividad del hombre, se agrupan básicamente en la microelectrónica, biotecnología y los nuevos materiales, tienen importantes efectos en el desarrollo de las fuerzas productivas.

87 Estas nuevas realidades, cuyos efectos positivos son innegables, generan, por otra parte, serios problemas para los países del Tercer Mundo: − el alto costo de la investigación - desarrollo. − desterritorialización y fragmentación de los procesos productivos. − obsolescencia de la planta industrial basada en la producción masiva. − escasas posibilidades financieras para adquirir tecnologías de punta. − pérdida relativa de la importancia de la posesión de recursos naturales y energéticos por el surgimiento de los nuevos aplicación de eficientes producción. materiales y la diversificación del aprovechamiento de fuentes de energía renovables, así como por la patrones de consumo material y energético en la

Todo ello ha permitido a las naciones industrializadas "ganar un nivel de independencia respecto de los suministros y otras influencias provenientes de las naciones subdesarrolladas." (41) Como consecuencias directas se produce una creciente disminución de la participación de los estados del Tercer Mundo en la producción y el comercio mundiales, pérdida de capacidad negociadora y dependencia del mundo industrializado por su monopolio de las tecnologías. Esto se produce por la incapacidad del Tercer Mundo para a).- financiar la investigación - desarrollo; b).- modernizar sus industrias a los niveles necesarios; c).- pérdida de la capacidad exportadora agrícola o tradicional por el crecimiento de la eficiencia en las naciones industrializadas, con lo que se pierden las ventajas comparativas.

88 Según el PNUD, las naciones industrializadas realizan el 95 % de los gastos de investigación - desarrollo, poseen cerca del 90 % del personal científico - técnico del mundo, (Obtenido también por la vía del "robo de cerebros"), y además lideran la apropiación de los frutos de la RCT. De este modo, para acceder a las nuevas tecnologías el Tercer Mundo se ve obligado a someterse a los dictados y acondicionamientos del mundo industrializado. En una interesante propuesta, un publicista mexicano proponía el retorno a las tradiciones productivas de la nación, pero no en el sentido del gandhismo, de retorno al pasado, sino en el de emplear estas tradiciones productivas potenciándolas con los logros mundiales de la RCT. Esta propuesta, que no deja de ser racional, es a todas luces insuficiente, porque la rapidez del desarrollo tecnológico y las ventajas comparativas que brinda en su conjunto nos coloca en la disyuntiva de consumir la tecnología producida en otras partes del mundo o quedarnos atascados en el atraso. Otros efectos nada desdeñables de la RCT tienen que ver con el campo de los medios de comunicación y con la cultura. La microelectrónica ha revolucionado los medios de comunicación y además de sus efectos en la optimización de los procesos productivos y en la interconexión de los mercados financieros, ha transformado radicalmente la cultura, que se desplaza de la escritura a la imagen,

dando lugar a procedimientos miméticos que crean una realidad virtual que se vuelve global y normativa frente a las sociedades nacionales, (Chomski). En México, cuando la opinión pública discutía los posibles efectos del Tratado de Libre Comercio, se insistía en el peligro de la pérdida de la

89 identidad nacional. Este es un riesgo no solamente derivado del TLC, sino de todo le proceso globalizador y en dos vertientes: una objetiva, impuesta por la interrelación creciente del mundo y la mezcla de culturas, la otra se refiere a los proyectos culturales homogeneizadores del capitalismo central que intentan imponer estándares de comportamiento por medios sofisticados con posibilidades normativas. Sin embargo, aunque este peligro existe, somos de la opinión de que inevitablemente, y como parte del curso de la historia, se producirá una "universalización" de las culturas, pero las raíces siempre serán nacionales. Un activo muy importante de nuestra nación es la fortaleza de su identidad cultural y nacional. México supo absorber lo hispano sin abandonar lo precolombino. Poseemos una cultura multiétnica, llena de color y fuerza, capaz de asimilar aportes sin desvirtuarse. Entre tanto, la cultura de nuestro vecino norteño no acaba de asimilar otra que no sea la blanca anglosajona. El pueblo mexicano también se ha forjado un elevado concepto de la soberanía nacional en su lucha histórica por la independencia nacional, de ahí el profundo arraigo de esta noción, y su condición de fundamento esencial de la conservación de nuestra identidad. Identidad nacional y soberanía son dos nociones consustanciales. Solamente la conciencia de sí de un pueblo, le permite afirmar la soberanía. Esta conciencia, por muchas influencias exteriores que se produzcan, no abandonará los valores que le son tan caros, como la música, los hábitos alimentarios y el modo de ser, que aún modernizado, continuará bebiendo de la tradición para reproducirse en las nuevas generaciones. Todo ello, aunque se expresa de modo natural, no puede dejarse de considerar al formular las políticas nacionales, que en el plano cultural y a través de lo educativo y de los medios de comunicación, deberán potenciar

90 la identidad nacional, empleando los medios de la RCT, como vía convergente de fortalecimiento de la soberanía nacional.

CAPÍTULO III – RETOS Y PERSPECTIVAS
a.- Diagnóstico. Un análisis realista de la situación actual de la nación mexicana revela que siendo un país con los mayores potenciales económicos y humanos del subcontinente latinoamericano, su pueblo no disfruta de una real soberanía, al estar las riquezas y el poder en manos de una oligarquía ligada y dependiente del extranjero. México es uno de los países de mayor Producto Interno Bruto del Continente (237 mil millones de dólares en1990) que lo colocan en el número 14 entre las primeras 20 potencias económicas del planeta Countries, NIC, y es considerado entre los New Industrialized o Países de Reciente Industrialización por sus índices

macroeconómicos, pero exhibe también altos niveles de pobreza: más del 40 % de la población se encuentra por debajo de los límites nutricionales. (42). “El caso de México, - escribe Bolaños -, es verdaderamente

patético, la ganadería constituye hoy en día la actividad más importante del sector primario, 90 millones de hectáreas se han dedicado a la producción de carne, lo que la convierte en la causa principal de la degradación ambiental de país. Sin embargo, su participación en la dieta del mexicano es mínima”.(43) De modo que no es un país, sino “dos países” en un mismo territorio: un pequeño número de personas inmensamente ricas y de otra parte, la inmensa mayoría del pueblo con bajos salarios, desempleo, (que ronda en los ocho millones), y ausencia de servicios elementales de agua, sanidad y

91 seguridad social. En este contexto, y aunque se proclame, ¿De qué soberanía disfruta el mexicano promedio, si su país es controlado por las transnacionales? Las cesiones de soberanía que el gobierno ha realizado son ilegítimas por innumerables causas. En primer lugar, por ser impuestas desde afuera, por poderes ilegítimos. El Fondo Monetario Internacional y otras instituciones afines, no disponen de poderes democráticamente asumidos ni autoridad supranacional conferida. Sin embargo, ejercen esos poderes y autoridades en función de la política del capitalismo central con los agravantes del engaño premeditado y la obligatoriedad de cumplir unas disposiciones que ellos formulan que presuntamente garantizarían resolver los problemas presentes y futuros de la nación. En segundo lugar, el poder político en México es un poder oligárquico que responde a los intereses de la clase empresarial, estrechamente ligada al capital transnacional, y aunque proclama servir a los intereses nacionales, sirve a los intereses de esos sectores oligárquicos nacionales y extranjeros. Estamos en presencia pues de una democracia desvirtuada en su esencia. El poder realmente existente no es una democracia burguesa representativa donde estarían representados una suma de interese diversos, es el poder de los sectores económicamente poderosos. En tercer lugar, todo el paquete de medidas neoliberales no es el

fruto de un estudio reposado de los problemas que aquejan a la sociedad mexicana y sobre esta base la proyección de un programa que responda a las expectativas nacionales, es la imposición de las determinaciones del capitalismo central y en función de sus designios. En cuarto lugar, las medidas instrumentadas fueron adoptadas de

92 forma autoritaria, no hubo consulta popular, no hubo consenso. Solamente a posteriori se trató de legitimar el rumbo, presentándolo como la única vía posible, la más rápida y eficiente para la realización de las aspiraciones nacionales del futuro: una sociedad moderna, avanzada, de bienestar. Finalmente, los resultados, aún parciales, de esas políticas están ya a la vista. Muchas cosas pueden diagnosticarse y aún cuantificarse: el desempleo, la quiebra de cientos de pequeñas y medianas empresas frente a una competencia extranjera incontrastable, la invasión del país por inversores extranjeros, especialmente de los Estados Unidos, en suma, desnacionalización de la economía y pauperización cada vez mayor del pueblo, junto a la caída del poder adquisitivo. Según datos de la CEPAL, hasta 1996 habían invertidos en México 70 mil millones de dólares y el país recibió un incremento sustancial de la Inversión Extranjera Directa, IED, captando 8 566 millones de dólares, el 19,7 % de la IED a la región latinoamericana. Este notable crecimiento se atribuye a la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. (44) ¿Y cómo se refleja esta aparente bonanza al interior del país? En una reciente Audiencia del secretario de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural ante la Cámara de Diputados, los partidos de la oposición señalaron que “... el campo mexicano se encuentra en crisis, devastado y sumido en la pobreza... el TLC de Norteamérica propició una apertura indiscriminada que ha dañado al agro.” (45) En el mismo evento los legisladores se pronunciaron por proteger a la industria láctea nacional, ahogada por la importación indiscriminada. Pero hay otros efectos que no pueden diagnosticarse, ni aún trazar un

93 curso predecible. Una economía abierta, cada vez menos regida por el Estado, con las condiciones de México, país potencialmente rico pero sin una infraestructura industrial y sobre todo tecnológica de alta competitividad; sin una clase empresarial suficientemente poderosa, pone a la nación en una situación imponderable, sensible a los efectos más negativos de la transnacionalización. Las CTN no buscan el progreso del país, buscan ganancias. Y si la estabilidad económica actual se pone en duda, se retiran los capitales y la economía se sumerge en la crisis. En resumen, de mal para peor. Si lesiva es la penetración transnacional, más gravosa es la situación que se crearía si el país fuese “descalificado” por razones económicas o políticas. Es el círculo vicioso del capitalismo dependiente. Si analizamos los reportes de los círculos oficiales, todo parece ir bien, solo se trata de situaciones transitorias, propias de un período de readaptación. Quisiéramos poder creer que esto es cierto. Pero un análisis perspectivo nos indica que nuestra nación y no solamente su soberanía corre grave peligro. Nos hemos lanzado cual inerme velero al tempestuoso mar del mercado global, azotado por temporales financieros y surcado por potentes acorazados de alta tecnología. Este panorama apocalíptico, (para nosotros, que es decir la mayoría de la nación), solo tiene un puerto seguro: el de la recuperación de las claves de nuestra soberanía. El modelo neoliberal seguido en México en los últimos años ya está dando indicios de agotamiento, al ser un concentrador de riquezas frente a una pobreza cada vez mayor en millones de mexicanos, ajenos a la cuantiosa especulación globalizada que realiza el capital financiero. Se manifiestan problemas crecientes de desempleo, caída del ingreso,

94 inseguridad diaria, agobio de múltiples pequeñas empresas, arruinadas por una competencia desleal, al amparo del Tratado de Libre Comercio, puntal del proyecto neoliberal mexicano. Como justamente señala Fernando Carmona, en un estudio reciente del Instituto de Investigaciones Económicas de la UAM, “... en un mundo en que los agentes básicos del cambios son las CTN y en donde la soberanía de los países latinoamericanos se ha perdido, ya que sus políticas económicas son supervisadas desde Washington o New York, es necesario rescatar dicha soberanía nacional a fin de alcanzar el desarrollo y potencialidades de sus habitantes, y esto en el caso de México, significa además la posibilidad de dar algún bienestar a la mayoría de los mexicanos.” (46) Recuperar la soberanía no presupone cerrar el país a cualquier influencia externa. Esto no sería en absoluto conveniente. Tampoco sería posible ni deseable, frente a las realidades internas y externas. ¿Cuáles serían las alternativas? Creemos que existen dos caminos. Uno de ellos, el primero, sería la reestructuración de las relaciones económicas y políticas internas y externas en base al modelo socioeconómico vigente, para “renacionalizarlo”. El otro sería la adopción por el pueblo mexicano histórica. Un diagnóstico del proceso de globalización arroja también un conjunto de verdades ya evidentes que es necesario reconocer para poder incorporar el contexto exterior al análisis de las perspectivas nacionales. de otra opción

95 Con frecuencia los analistas usan el calificativo de “lo realmente existente” para referirse a los procesos del mundo contemporáneo. Esta redundancia no podemos considerarla un vicio del lenguaje en términos politológicos, sino un resultado del estado actual del pensamiento y de la percepción de la realidad: con demasiada frecuencia se confunden modelos teóricos e ideas sobre la organización, presente y futuro del mundo con “lo realmente existente”. De ahí que se continúe insistiendo en esta perspectiva. Y el mundo realmente existente ofrece perspectivas muy diversas. Todo depende del prisma o la latitud desde donde se mire. La disyuntiva de este conjunto de mundos posibles fue reflejada de modo muy gráfico por un líder tercermundista en la ONU: ante las maravillosas perspectivas que ofrece la revolución tecnológica actual y futura, recordó que todavía existen millones de personas en el mundo que nunca han tomado en sus manos un teléfono. Por mucho que se hable de democracia, derechos humanos, desarrollo humano y distribución equitativa de las riquezas, la política de poder sigue siendo el fundamento de las relaciones entre los actores internacionales. El axioma es: a más poder, mayor capacidad para realizar las estrategias exteriores. ¿Y qué sucede en la realidad? Con la globalización se está

produciendo una inaudita concentración del poder económico en manos de los países del capitalismo central. Bajo esta lógica, la revolución científico – técnica, las corporaciones transnacionales Esas naciones se han colocado a y los organismos multilaterales actúan en gran medida como agentes de esa concentración. niveles de desarrollo prácticamente inalcanzables para el resto del mundo, tanto por el volumen de inversiones que se requeriría como por el problema de la sustentabilidad planetaria.

96 Pero, ironías del capitalismo, ese primer mundo lleva también un “Tercer Mundo” dentro: los marginados de la sociedad postindustrial. Hay que analizar también el hecho de que, aunque el poder de las transnacionales crece incomensurablemente, los problemas de la caducidad del Estado y la obsolescencia de la soberanía no son, no se

consideran pertinentes para el mundo industrializado. Ellos pueden permitirse ceder soberanía, - por ejemplo en la Unión Europea -, sin que sus intereses fundamentales se vean afectados, antes al contrario, en la lógica de la política de poder, la acción mancomunada organismos supranacionales, ya sea la Unión Europea o mayores a los que exhibieron antes. “Si analizamos el estado actual del sistema mundial y del Estado global, - escribe Noam Chomski -, observamos que todas sus esferas de de de reproducción jerárquica, hoy esenciales están y organizadas vencedores manera 1492, antidemocrática día un a través de el Fondo

Monetario Internacional, otorga a estos centros capitalistas poderes aún

explotativa. El orden mundial creado a imagen de los constituye régimen internacional, cuya cúspide de poder político, económico, cultural, social y militar se encuentra (47) El otro polo es el de la pobreza, la marginación, la nueva colonización, no con la cruz y la espada, sino con la multimedia y el reciclaje mental. No en vano, opina Chomski, la escuela de la sociedad global intenta crear el trabajador adaptable a cualquier enchufe empresarial, y en última instancia, desechable. en manos de una pequeña oligarquía, o mejor dicho, plutocracia internacional.”

97 ¿Puede ser viable un sistema basado en tales desequilibrios? Contra toda lógica, parece que sí. El capitalismo mercantilista explotó durante 500 años al mundo colonial. El capitalismo transnacional se propone construir su reino de mil años, sustituyendo en la mente colectiva del Tercer Mundo “lo realmente existente” por una realidad virtual. El nudo gordiano de la transnacionalización es, sin embargo, la interdependencia. ¿Qué se configura? Por una parte, interdependencias más o menos simétricas entre o intra centros de poder; por otra, la interdependencia asimétrica, tecnicismo eufemístico que identifica a la nueva dependencia, no ya a una metrópoli, sino a cualquier actor internacional, (Estados, organismos multilaterales), dueños de poderes espurios, pero suficientes para doblegar cualquier soberanía. Las CTN edifican su propia “soberanía”, pero los Estados nacionales aún conservan un resquicio para pervivir: la necesidad de garantizar gobernabilidad y orden legal suficientes en los espacios nacionales para la operación libre de riesgos de las corporaciones transnacionales y para evitar que el orden internacional se subvierta en contra de los poderes establecidos. b.- Perspectivas internas. La regeneración democrática El cuadro anteriormente esbozado no es obligatoriamente el que se impondrá, ni ineluctablemente irreversible: tarde o temprano las premisas del cambio habrán de producirse. Realicemos entonces una exploración virtual de los caminos que nuestras naciones tienen ante sí. Desechemos el de la sumisión, que en

98 caso de instrumentarse solo puede ser históricamente pasajero. Enfocando la perspectiva de la regeneración democrática del sistema político vigente asumimos como punto de partida el criterio de los autores de La Sociedad Global, quienes sostienen que la democracia liberal en el Tercer Mundo adolece de una deficiencia esencial: su lejanía con respecto a los planteamientos originales de sus padres fundadores. Así, la noción de que las leyes nacen de la lucha de opiniones y argumentos ha sido sustituida por el cálculo político y los intereses de poder. Para el caso de México esto fue fácticamente reconocido por el presidente Zedillo en 1997: “...no tenemos la vigencia del estado de derecho que se requiere para que México se desarrolle.” (48) El primer punto del paradigma democrático liberal son las elecciones libres. Antes de llegar a ellas tenemos que limpiar el fraude electoral, el caciquismo y el comercio de influencias políticas. El siguiente elemento es el de la representatividad de los partidos. El PRI, el PAN, y según la opinión pública, parcialmente el PRD, son partidos electorales, que basan sus estrategias en la lucha por el poder político, al margen de que ellos están públicamente bien identificados: los dos primeros con la clase política y empresarial y el último, con los sectores populares. No es cuestionable su representatividad sectorial, lo que sí puede criticarse es que desde los institutos políticos realicen, - y lo hacen -, una política de partido, en lugar de representar a la nación, como reza el credo liberal. Las elecciones no pueden ser un cheque en blanco al caudillo de turno, que defenderá en el discurso a la soberanía y en la práctica la pisoteará. Alternancia es una palabra que suena como música a los oídos de los

99 líderes de la oposición en México. Durante décadas la democracia mexicana ha funcionado como un Estado corporativo unipartidista. Se cree ahora que la alternancia implicará avances democráticos excepcionales: verdad a medias que puede desilusionar. Es más, el monopolio político del PRI fue factor de estabilidad durante décadas, a pesar de todo. La alternancia debe ocurrir para expresar un estado superior de la democracia mexicana que suprima el control clánico – familiar sobre la administración pública y abra nuevas alternativas. Los “ex” casi siempre se expresan con sinceridad, y así lo hizo Fernando Gutiérrez Barrios, ex – ministro del Interior del gobierno Salinas: “...no es posible una democracia electoral sin una democracia social, ni tampoco es válido afirmar que el factor distintivo de la democracia es la alternancia en el poder. Cierto, es un elemento, pero no sustantivo ni definitorio. Lo importante es acatar la voluntad soberana del pueblo...” (49) En su última frase está la clave de la regeneración democrática: “La soberanía popular, - escribe Chomski -, que es el

fundamento de cualquier sistema democrático, existe en los regímenes latinoamericanos básicamente en el papel. El verdadero poder reside en un pequeño círculo de banqueros, capitalistas y políticos nacionales, quienes están asociados a los correspondientes de las metrópolis.” (50) La soberanía nacional no puede ser plena si no se respeta el concepto de la democracia; si el poder es de carácter oligárquico, esa oligarquía lo ejercerá para sí, no para la nación, que será mero escaño desde el cual perpetuarse. Solamente mediante el rescate de la soberanía popular, aún en sus límites liberal burgueses genuinos, puede encontrar su articulación

10 y expresión la soberanía nacional. 0

Para ello sería necesario que las elecciones y el cambio político dejen de ser manipulados por las élites a conveniencia. Harían falta campañas electorales con posibilidades equitativas para todos los actores y que ninguno use el privilegio del control de Estado; que las opciones electorales representen la amplitud de intereses de todos los sectores de la sociedad, sin excluir a los indígenas; que las promesas electorales sean cumplidas y el poder no sea vía de legitimación o de consagración de una élite sobre toda la sociedad. Habría que lograr una mayor participación ciudadana, un ejercicio efectivo de su derecho a la participación política, mediante instrumentos de consulta popular que permitan validar y legitimar las grandes decisiones. (Una tendencia importante del actual proceso de globalización es precisamente que la toma de decisiones esenciales sobre el futuro de la sociedad y del Estado se realiza por las élites del poder). La regeneración democrática implicaría un mayor control de la ciudadanía sobre las políticas distributivas y un retorno a la responsabilidad del Estado en la protección al ciudadano en sus derechos económicos, políticos, culturales y de las minorías. Las políticas de inversión extranjera y privatizaciones deberían estar sujetas a un control social por afectar sensiblemente la seguridad del ciudadano. En el mismo sentido debería tratarse el problema de la propiedad monopólica. En México, a pesar de que el monopolio está prohibido por la constitución, existen no sólo grupos monopolistas, también dos corporaciones transnacionales de origen mexicano que se ubican entre las primeras del mundo. Ejemplos de estas sociedades son “Televisa” y “TV Azteca”.

10 La democratización de los medios de comunicación como vehículo apremiante. Véase como define Emilio Azcárraga, dueño de “Televisa” de su cadena. “México es un país de una clase modesta muy jodida (...) que no va a salir de jodida. Para la televisión es una obligación llevar diversión a esa gente y sacarla de su triste realidad y de su futuro difícil.” (51) Estas proyecciones sobre una presunta regeneración de la democracia mexicana no serían completas si no se acompañan de la sustitución del modelo económico neoliberal actual por un modelo alternativo de corte social. Un ejercicio menos mediatizado que el actual de la voluntad soberana del pueblo, crearía condiciones Mucho más propicias para la defensa de la soberanía nacional. Entonces no serían los intereses de las potencias centrales o de sus agentes los que determinarían la política interior y exterior, sino loa auténticos intereses nacionales. La opción de un cambio de paradigma. Muchos creen que la idea socialista quedó enterrada bajo los escombros del Muro de Berlín, pero esto no es cierto. Una sociedad basada en los ideales proclamados por el marxismo no está descartada como bienestar para todos. Hemos esbozado anteriormente un proyecto de regeneración proyecto de futuro. lo confirma la propia inviabilidad del capitalismo como sistema incapaz de garantizar 1

cultural y de expresión de los intereses de las mayorías, es una necesidad y propietario de una fortuna de 5 400 millones de dólares, la función “social”

democrática de México como una primera opción para el rescate de la soberanía. Pero sabemos que tal proyecto, con ser un paso de avance,

10 2 tendría limitaciones sustantivas por el propio hecho de que el capitalismo, especialmente en el Tercer Mundo, por su carácter de régimen de explotación, y por su condición dependiente, no garantizará amplias expectativas de equidad social y soberanía popular. La contradicción entre los limites de las riquezas naturales de la Tierra y la aspiración a unos niveles de consumo equivalentes a los del primer mundo para todas las naciones, hace imposible su universalización, aún descontando los esfuerzos que habría que realizar para lograrlo. Además, está la distancia real: en Estados Unidos un crecimiento del 1 % del PNB, reportaría 200 dólares adicionales al ingreso anual per cápita, que es de unos 20 mil dólares. Para el caso de, un crecimiento anual del 1% representaría un ingreso anual per cápita de 20 dólares, desde un nivel actual de unos 2 000. por tanto, si pretendiéramos que México alcanzara a los Estados Unidos en algunos índices globales, tendríamos que emplear gran número de años, inmensos recursos y contar con que la economía de aquel país se estancara. Pero el problema real es otro: el del acceso de millones de personas a los medios básicos de subsistencia que el actual sistema no ha garantizado, pese al notable crecimiento macroeconómico y que en virtud de las leyes objetivas del capitalismo, no existen ni remotas posibilidades de que se logre. Lo que sí se puede lograr es una moderación en la redistribución de la riqueza, mediante adecuados controles estatales y sociales; lograr un “capitalismo sustentable” próximo a los proyectos cepalistas y de la izquierda alternativa neoliberales. latinoamericana, más viable que que el aunque limitadamente, salvaje de sería las una capitalismo recetas

10 Pero si la noción de la inviabilidad del capitalismo es correcta, entonces el camino sería efectiva orientación popular. Sería impropio fabricar una receta de socialismo a la mexicana. Lo pertinente es subrayar que tal opción debe presuponer la liquidación del régimen de dominación económica y política de la clase capitalista al interior, y de la burguesía transnacional al exterior. Solamente entonces se lograría conjugar soberanía estatal con soberanía popular, articular un régimen político del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, disponer de los recursos económicos, humanos y naturales de forma equitativa y soberana para encarar la tarea de construir una sociedad de bienestar y justicia, donde el paradigma sea el bien del hombre y no como en la actualidad, la acumulación capitalista de riquezas. c.- Perspectivas externas. Un país es genuinamente soberano cuando tiene entre otras, la capacidad para formular y realizar una política exterior independiente, que le permita potenciar su proyecto nacional y promover los valores y aspiraciones de paz, bienestar y desarrollo de sus ciudadanos. Tales condiciones fortalecen la soberanía a la vez que se amplía la capacidad de determinar el rumbo del Estado. El marco normativo de la política exterior de nuestro Estado lo constituye el artículo 89, fracción X de la Constitución, que establece como principios los de “... la autodeterminación de los pueblos; la no-intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación para el 3

sustituirlo por un nuevo proyecto social de

10 desarrollo; la lucha por la paz y la seguridad 4

internacionales.” (52) Cuando México firmó la Carta de la ONU, aceptó encomendar a este organismo, la realización de los fines del mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, afirmando su vocación pacifista. Desde entonces, el Estado mexicano se opuso a la vulneración de la convivencia pacífica, a los intentos de algunos Estados de anteponer, de manera unilateral, sus propósitos particulares o su legislación interna al derecho internacional. Ello se traduce en el necesario reconocimiento a la igualdad jurídica de todos los Estados, que hace posible el establecimiento de normas jurídicas aceptables para todos, que rijan las relaciones internacionales. De este modo, el derecho internacional, libremente acordado entre los Estados, debe operar como una garantía más a su soberanía. Este axioma vendrá a ser cuestionado en la etapa actual de la globalización. Desde la administración de Salinas comenzaron a operarse cambios sustanciales en la política exterior, que junto a la defensa de los principios históricos acentuó su intención negociadora con los centros políticos, financieros, comerciales y tecnológicos internacionales, para promover, según el discurso político de entonces, la mejor reinserción del país en el contexto internacional en función de los propósitos nacionales de desarrollo. El abandono del modelo sustitutivo de importaciones y la amplia apertura económica al exterior, fueron elementos clave de la nueva estrategia. Así, el Primer Plan Nacional de Desarrollo identificó entre sus objetivos replantear las relaciones con los Estados Unidos para maximizar los beneficios de la vecindad y reducir sus inconvenientes. A la vez,

10 diversificar los vínculos con otras regiones, especialmente América 5

Latina, Europa y la Cuenca del Pacífico, en interés de contrarrestar el peso de los vínculos con Estados Unidos. Además, intensificar los vínculos con los países que existían intereses especiales o coincidencias, tales como Canadá, Japón, China, Corea, Alemania, Francia, España, Italia, Gran Bretaña, países centroamericanos, Chile, Colombia, Venezuela y Cuba. Sobre la base de estas orientaciones estratégicas se produjo la convocatoria a la Primera Cumbre Iberoamericana, el acercamiento a los países OCDE, la constitución del Grupo de los Tres con Colombia y Venezuela, la cooperación económica con la Cuenca del Pacífico y el respaldo a la reforma de la ONU. Las relaciones con Estados Unidos se modificaron sustancialmente. El reconocimiento de los crecientes intereses compartidos fue la base de un entendimiento entre los dos gobiernos. Se decidió que las diferencias que se produjeran en un aspecto de las relaciones bilaterales no debían distorsionar la marcha de las relaciones en otras esferas. (Curiosamente, son generalmente las acciones de los Estados Unidos las que han provocado diferendos). Se impuso así un manejo pragmático de las relaciones bilaterales. Esta orientación permitió la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Con la desaparición del sistema mundial bipolar, el gobierno el nuevo orden

mexicano asumió una importante definición conceptual: internacional solamente podría edificarse sobre la base del “... pleno acatamiento de los

principios

de

la

autodeterminación de los pueblos y de no-intervención en los asuntos internos de los Estados, la proscripción de la amenaza o del uso de la fuerza en las relaciones internacionales y la cooperación internacional para el desarrollo.” (53)

10 México continuó siendo congruente en la aplicación de estos principios de política exterior, tomando distancia de la norteamericana hacia América Latina. Si en la década del ’60 se le señalaba a México la incongruencia de respaldar unas relaciones internacionales basadas en el derecho, en tanto se producía una desvinculación entre las políticas interna y exterior, en los años ’80, la política exterior se diversifica hacia el logro de los objetivos internos mediante una activa diplomacia económica. Sin embargo, va a aparecer una dicotomía entre los aspectos económicos y políticos de su estrategia exterior: mientras se acentúa la proclamación de la defensa de la soberanía nacional, las relaciones económicas exteriores de van los a subordinarse, Unidos y de de facto los -, a los condicionamientos Estados organismos 6

política

multilateales, en función del importado proyecto neoliberal. En los momentos en que se proclamaba la defensa de la soberanía y los derechos soberanos de otros Estados, se estaba cediendo soberanía, no solamente mediante la apertura económica indiscriminada, sino fundamentalmente al importar un modelo de desarrollo y aceptar condicionamientos de todo tipo que subordinan mucho aspectos de la propia política interna a designios e intereses extranjeros, so pretexto de la inserción en el proceso de globalización productiva. La opinión pública mexicana se ha hecho eco sistemático de las consecuencias de este rumbo. Titulares tales como este: “La trampa de la globalización: los grandes inversionistas internacionales dirigen ya la economía mundial” o “¿Qué nos queda de Patria?”, recogen una visión nada optimista, no ya del futuro de la soberanía, sino del futuro de toda la nación. Y el Fondo Monetario Internacional se permite monitorear la política interna de México. Un artículo del Diario

10 UnomasUno cita el Informe 1997 del FMI, en el que se apoyan las mercado”. (54) No obstante, el Gobierno insiste en proclamar de manera prioritaria la defensa de la soberanía. En el Plan Nacional de Desarrollo 1995 – 2 000 se ha plAnteado como objetivo número uno: “Fortalecer el ejercicio pleno de la soberanía nacional, como valor supremo de nuestra nacionalidad y como responsabilidad primera del Estado mexicano”. (55) Para cumplir este objetivo se propone fortalecer la capacidad del Estado para garantizar la seguridad nacional, la vigencia del estado de derecho y la presencia de las instituciones de la República en todo el territorio nacional; realizar una activa política exterior que garantice la presencia de México en el mundo y defienda nuestra posición en las relaciones internacionales; proyectar la identidad pluricultural de México y asegurar un crecimiento económico rápido asegurar nuestra soberanía nacional. Estas proyecciones nos parecen impecables en tanto tengan una materialización práctica, porque si asumimos la globalización como proceso objetivo, podemos entonces convenir en que el Estado puede accionar para utilizar sus tendencias en beneficio nacional, que debe ser, y aparentemente es, la orientación política exterior del Estado. Sea cual fuere la determinación interna del Estado, reformado o no, existe un contexto internacional de características establemente conformadas, dentro del cual se debe accionar para el logro de los y sostenido como vías para 7

políticas de tipo monetarista “... que inducirá a una mayor disciplina de

objetivos nacionales. En ese marco objetivo, el de la globalización productiva, importa plantearse, en aras de salvaguardar la soberanía, algunos propósitos esenciales:

10 1.- Luchar por la transformación del injusto orden económico y político internacional. Esta aproximación presupone no 8

acatar

pasivamente las influencias exteriores, más bien al contrario, luchar por la democratización de las Naciones Unidas y de los organismos multilaterales que hoy por hoy son instrumentos de los países del capitalismo central. 2.- Rechazar por injerencistas, los modelos de desarrollo, las políticas de ajuste y el acondicionamiento a las certificaciones de diversa índole al país. 3.- Aprovechar las posibilidades de la diplomacia multilateral para promover la agenda tercermundista, especialmente en lo que se refiere a la lucha contra la pobreza, la creciente desigualdad social y por el desarrollo económico. 4.- A pesar de los crecientes compromisos con los Estados Unidos, México no puede aislarse del Tercer Mundo y en particular de América Latina, debe continuar su tradición legitimista y promover la unidad de esfuerzos y la integración económica en la región. 5.- Aunque no existe un riesgo inmediato de absorción por la cultura anglosajona, deben implementarse políticas culturales que sirvan de contrarresto al abrumador influjo de la cultura homogeneizadora y alienante que difunde el capitalismo central. 6.- En tanto el poder económico sigue siendo elemento esencial y expresión de la capacidad de acción en el concierto internacional, este debe potenciarse sobre bases nacionales, pero aún pobre, un país que tenga en estima su dignidad, nunca podrá ser subyugado. El cuadro apocalíptico que trazan algunos publicistas no está lejos de la realidad, por tanto se impone el ejercicio de la voluntad política, no exclusivamente de los sectores gobernantes, sino de toda la nación, para

10 que los propósitos de defensa de la soberanía nacional puedan realizarse, ajustándonos a las exigencias del mundo contemporáneo. 9

CONCLUSIONES
En la etapa actual de la globalización, la intensificación de las interdependencias ha puesto en cuestionamiento la existencia de los Estados nacionales en su forma tradicional en todo el mundo, se está produciendo un desplazamiento de la capacidad del Estado para generar y ejercitar el poder hacia entidades supranacionales identificadas en sujetos distintos: las CTN, acuerdos de integración y los organismos multilaterales. Algunos autores ven en ellos la expresión de un protoestado mundial y su respectiva burguesía. La soberanía es el principal elemento socavado por estos procesos, que se está transfiriendo desde los Estados nacionales a sujetos colocados por encima de ellos, obedeciendo no sólo a las necesidades de desarrollo del capitalismo, sino también a políticas impulsadas desde el capitalismo central, de claras intenciones hegemónicas. En este proceso, de múltiples facetas, la soberanía nacional parece haber perdido pertinencia. La transnacionalización económica, el cambio en los paradigmas de defensa y seguridad, la multiplicación de los contactos, la inmediatez de las comunicaciones, originan la necesidad de viabilizar los intercambios, limitando la capacidad del Estado para generar soberanía. El Estado renuncia, o es privado, de la capacidad de controlar, planificar y regular la economía, lo que se expresa en la privatización de funciones, desregulación, liberalización comercial y financiera, apertura de las fronteras, estandarización a normas transnacionales. Todos estos cambios comportan cesión de soberanía, voluntaria o involuntariamente.

11 0 De todos modos, aún en ellos puede apreciarse una fuerte intervención del Estado para dirigir estos procesos, indicativo muy claro de que más que un suicidio se está produciendo un redimensionamiento. La soberanía nacional en su interpretación tradicional, - control de un territorio, capacidad de actuar sin contrarresto, independencia -, se disgrega. Y los gobiernos no son otra cosa que un actor más en las relaciones transfronterizas. Las nociones de “asuntos internos” y “exteriores” se trastocan. El Derecho y la ley internacional devienen mera fórmula, subsumida en los intereses y apremios de los principales actores del capitalismo central. En las nuevas circunstancias el Estado no fenece: la sociedad política sigue siendo el conglomerado más importante de ejercicio del poder. Donde no hay Estado el mercado no funciona; es, con todo, su marco regulador. Sus instituciones políticas y jurídicas son necesarias para la protección de inversiones y garantizar gobernabilidad. Las CTN requieren de un marco de actuación estable. El Estado garantiza el “equilibrio” entre los intereses transnacionales y los sujetos de su soberanía, equilibrio que puede expresarse, y se expresa, en la conversión del Estado en un instrumento, - más o menos coercitivo -, para imponer los intereses del capital transnacional. Otro ámbito no descartado de la función del Estado es el de la conducción de las políticas desreguladoras en medio de las cuales el Estado apunta a convertirse en Estado gerente, simple intermediario del poder transnacional. Nuestro estudio, que por razones de tiempo y posibilidades se limita a México, sin poder usar más que circunstancialmente experiencias de otros países y regiones para validar nuestras conclusiones, nos permite asumir como válidas y plenamente operativas, las conclusiones teóricas arriba compendiadas para el caso de nuestro país.

11 Si otorgamos credibilidad al discurso político de los gobernantes 1

de México y asumimos la preeminencia en él de los intereses nacionales sobre los de clase, o si hiciéramos lo contrario, el resultado sería el mismo: por efectos que se derivan de la interacción dinámica de los factores internos y externos, la soberanía de México ha sido seriamente dañada en su noción clásica, de acuerdo a las pertinencias de la globalización neoliberal, pero sin dar lugar a un nuevo concepto de soberanía ajustada en función de los intereses nacionales. ¿Por qué afirmamos esto? Sin que sea una afirmación absoluta, que niegue efectos positivos y posibles correctivos, el rumbo político y económico realizado por las últimas administraciones no se ha revertido en cambios cualitativamente positivos para el ciudadano común y para la nación en su conjunto. El rumbo neoliberal, más que importado fue impuesto desde afuera. La economía mexicana se encuentra atada a los intereses transnacionales. Respecto a Estados Unidos, en lugar de mutua complementación tenemos una dependencia absoluta: de su mercado, de sus tecnologías, de sus capitales y hasta de su capacidad para respetar el derecho ajeno. La soberanía estatal ha quedado subsumida, a través del paquete neoliberal, en la “soberanía” de las CTN, del FMI, de la OCDE y de los Estados Unidos, a los que se ha otorgado la capacidad de incidir de modo sustantivo sobre las políticas internas y exteriores de México. En nuestro caso, la cesión de atribuciones soberanas no ha comportado la implementación de reglas comunes, aunque en apariencia así sea, e incluso se tengan en cuenta en el Tratado de Libre Comercio las asimetrías. Es algo que va más allá, que no se limita a meros derechos comerciales o “igualdad de oportunidades”, el Estado mexicano ha cedido buena porción de su capacidad para regir los destinos nacionales,

11 entregándola al gobierno de los Estados Unidos y al FMI. 2

¿Cómo recuperar las claves de nuestra soberanía? ¿Cómo liberarse de los compromisos de la interdependencia, que en realidad es dependencia? ¿Cómo asumir un nuevo modelo de soberanía ajustada a la globalización, pero también a los intereses nacionales? Es imposible subvertir el actual “orden” internacional. No es probable siquiera una “revolución ética” al interior del país ni en el escenario internacional. ¿Podremos contar con un viaje gratis de la dependencia a la interdependencia, que es un imperativo contemporáneo? En efecto, la actuación aislada en la arena mundial comporta los mayores riesgos; la acción común es el medio más idóneo de potenciar a los actores individuales: la interdependencia es un imperativo sustantivo. llegar a ella? Más que respuestas, quedan incógnitas. Pero es necesario romper con la inercia que impone el discurso neoliberal. Para rescatar una soberanía interdependiente más que multiplicar el PNB, es importante delimitar aquello que la nación debe defender: un presente más equitativo, un futuro sustentable. Dejarse arrastrar por los modelos de pensamiento neoliberales emanados del capitalismo central equivale al suicidio nacional. Es necesario conservar un Estado fuerte, política y económicamente, que no significa dictatorial, sino sustentado en el consenso y con capacidad negociadora; debe rescatarse en toda su plenitud el control de los recursos naturales, e implementar políticas distributivas más equitativas. Es imprescindible rescatar la cultura nacional, amenazada por los modelos homogenizadores de la globalización en curso. El hombre ha de universalizarse, pero la base tiene que ser su cultura nativa, no puede ser ¿Cómo

11 aculturado. Los proyectos educativos deben operar en esta dirección, los procesos productivos, incapaz de actuar para sí. Construir una fórmula teórica alternativa desde un ejercicio 3

así como para impedir que el ciudadano del futuro sea un ente adaptable a

investigativo sería una pretensión absurda, si bien los anteriores pueden considerarse elementos normativos indispensables para la nueva, o redimensionada, noción de soberanía.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
1.- Octavio Ianni – Teorías de la Globalización.,Siglo XXI Editores, México, 1996, p. 163. 2.- Idem., p. 64. 3.- Octavio Ianni - Teorías de la Globalización, Siglo XXI Editores, México, 1996, p.3. 4.- Noam Chomski y Heinz Dieterich - Cuba ante la razón cínica, Editorial Nuestro Tiempo, México DF, 1994, p. 161 5.- Gracila Chailloux Laffita, Rosa López Oceguera y Silvio Baró Herrera Globalización y Conflicto. Cuba - Estados Unidos, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1997, p. 5. 6.- Idem anterior, p. 21 7.- Citado por Fernando Diego Cañizares – Teoria del derecho Ed. P y Ed, 1997, p196. 8.- Rodrigo Borja – Enciclopedia de la politica. Fondo de Cultura Económica, México, 1997. 9.- Maurice Crouzet – Historia General de las Civilizaciones. Ed. Revolucionaria, La Habana, 1966, t 6 , p 404) 10.- Alonso Aguilar – Defensa de nuestra soberanía nacional, Ediciones

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Nuestro Tiempo, México, 1989, p. 40) 11.- Bernardo Olmedo – Capital transnacional y consumo. U.N.A.M.,1986) 12.- Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Colección Porrúa, Editorial Porrúa S.A., 103ª edición, México , 1994, pp. 21 - 23,36,39. 13.- El Trimestre Económico, Fondo de Cultura Económica, México ,Nº. 198, pp. 1132. 14.- Ruddy Santana- “Entrevista a Eric Hobsbawn sobre el Estado y el Neoliberalismo”. Revista Economía Informa, Facultad de Economía, UNAM, No. 256, abril de 1997, p.44. 15. - Cit. por Silvio Baró - “Hacia nuevas normas y principios en las relaciones internacionales”. Inédito. 16. - Silvio Baró - “Hacia nuevas normas y principios en las relaciones internacionales”. Inédito. 17. - Gracila Chailloux Laffita, Rosa López Oceguera y Silvio Baró Herrera Globalización y Conflicto. Cuba - Estados Unidos, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1997, p. 42 18. Gracila Chailloux Laffita, Rosa López Oceguera y Silvio Baró Herrera Globalización y Conflicto. Cuba - Estados Unidos, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1997, p. 54. 19. Periódico Trabajadores, La Habana, 9-2-98, p. 5 20.- Idem, p5. 21.- Citado por Noam Chomski y Heinz Dieterich – La sociedad global. Editora Abril, La Habana, 1997, p. 73. 22.- Ruddy santana – “Entrevista a Eric Hobsbawn sobre el Estado y el Neoliberalismo,” Revista Economía Informa, IIE, UNAM, México abril de 1997, p. 42. 23.- Graciela Chailloux, Rosa López y Silvio Baró – Globalización y Conflicto.

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Cuba – Estados Unidos. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1997, p149.

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24.-José Miguel Candía - “Sindicatos Mexicanos: del esplendor populista al TLC”. Revista Problemas del Desarrollo, oct. – dic. De 1993, p. 138. 25.- Alejandro Lambreton - Revista Examen, N° 1 de 1998, p. 19. 26.- La Jornada, México, 3 de junio de 1990. 27.- Memoria del X Encuentro de Investigación Educativa. Instituto Mexicano de Ciencias de la Educación, Morelia, 1995, p. 20. 28.- Eduardo Huchim - TLC. Hacia un país distinto, Editorial Patria S.A. de C. V., México, 1992, p. 127. 29.- Idem., p. 126. 30.- Idem p. 24. 31.- Idem, p 25. 32.- Idem, p. 39. 33.- Idem, p. 145-146. 34.- Fidel Castro – Discurso con motivo del 45 Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, Santiago de Cuba, 26 de julio de 1998. 35.- TLC, p. 95. 36.- Idem, p 50. 37.- Kevin Watkins – “Ganadores y perdedores en México”, En : Globalization and Liberalism. The implications for poverty, distribution and inequality . New York, 1997. 38.- Andrés Rozental – La Política Exterior de México en la era de la Modernidad, Fondo de Cultura Económica, México, 1993, p. 105. 39.- Dieter Senghaas – “¿Cómo concebir un gobierno global? Revista Diálogo y Seguridad. Nº 1, dic. 1994, p. 161. 40.- La política exterior de México, p. 103.

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41.- Gracila Chailloux Laffita, Rosa López Oceguera y Silvio Baró Herrera La Habana, 1997, p. 73. 42.- Federico Bolaños – “Nuestra América circa 1992”, Revista Problemas del Desarrollo. Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, Vol XXIV, octubrediciembre de 1993, pp. 79-80. 43.- Idem, p. 81. 44.- CEPAL: “Informe sobre Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe, 1997. En: Notas sobre la economía y el desarrollo. CEPAL, Nº 614, Abril de 1998. 45.- Diario Unomasuno, México, 22 de sept. de 1998. p. 3. 46.- Colectivo de Autores – La economía mexicana al filo del cambio. Instituto de Investigaciones Económicas, UAM, Editorial Nuestro Tiempo, México, 1998, p. 27. 47.- Noam Chomski y Heinz Dieterich – La Sociedad Global. Editora Abril. La Habana, 1997, p. 152. 48.- Diario La Jornada, México, 8 de marzo de 1997. 49.- Citado por Noam Chomski y Heinz Dieterich – La Sociedad Global. Editora Abril, La Habana, 1997, p. 191. 50.- Idem., p. 202. 51.- Idem., p. 173. 52.- Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Colección Porrúa, México, 1994, 103° edición, p. 69 –70. 53.- Andrés Rozental – La Política Exterior de México en la Era de la Modernidad, Fondo de Cultura Económica, México, 1993, p.15. 54.- “Apoya el FMI convertir en deuda pública el Fobaproa”. Diario Unomasuno, México, 28 de septiembre de 1998.

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Globalización y Conflicto. Cuba - Estados Unidos, Editorial Ciencias Sociales,

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55.- Cuauhtémoc Anda Gutierrez – Estructura socioeconómica de México

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, (1940 – 2 000), Editorial Limusa, Noriega Editores S.A., México, 1998, p. 291.

ANÁLISIS BIBLIOGRÁFICO.
− A Global Agenda. Issues before the 51st. General Assembly of the UU. NN. − Recoge algunos datos del desarrollo económico y social de México sobre la base del Indice de Desarrollo Humano, IDH. − Aguilar, Alonso - Defensa de nuestra soberanía nacional y popular. Ediciones Nuestro Tiempo, México, 1989, 110 pp. En este libro el autor realiza un análisis histórico de la evolución de las luchas por la defensa de la soberanía nacional mexicana para abordar las problemáticas sociales de los años ´80. − Anda Gutiérrez, Cuauhtémoc - Estructura socioeconómica de México, (1940-2 000) Editores Limusa, Grupo Noriega Editores, México, 1998, 330 pp. El profesor Anda Gutiérrez ha escrito este libro como base de la asignatura homónima que se imparte en el nivel medio. En la obra se abordan los fundamentos teóricos para el estudio de la disciplina, y un análisis de la evolución de la estructura socio-económica de México desde 1940 con proyecciones al futuro. Aborda algunos elementos sobre el Estado y el proceso de reforma. − Bedenski, León - “La dimensión espacial del proceso de globalización económica”. Instituto de Investigaciones Económicas, Facultad de Economía, Universidad Nacional Autónoma de México. Vol. XIV, oct.-dic./1993, pp. 33-36. El autor es Director del Centro de Estudios económicos de la Universidad de las Américas. Aborda algunos elementos básicos de la definición de concepto globalización, centrando su análisis en los aspectos económicos. − Bicecci, Mirta - “Educación para el siglo XXI, ¿Hacia dónde?”. Memoria del X Encuentro de Investigación Educativa. Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación, Morelia, México, 1995, pp. 28-29. La autora, psicoanalista, abordando la riqueza de aristas desde donde se puede enfocar el proceso educativo, alerta contra los determinismos que imponen los planes del

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gobierno para la educación en términos exclusivamente socioeconómicos.

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− Bolaños y Serrato, Federico A. – “Nuestra América circa 1992”. Problemas del Desarrollo, Revista Latinoamericana de Economía, órgano oficial del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, No. 95, Vol. XXIV, oct.-dic./1993, pp. 61-85. El autor, profesor Titular de Historia Contemporánea de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, realiza un análisis de la situación económica de América Latina, destacando la riqueza en recursos naturales de países como Brasil y México, que, sin embargo, muestran bajos niveles de disfrute nacional de esos recursos por la vía del saqueo exterior y la desigual distribución, concluyendo en el carácter inmoral, injusto e ineficiente del sistema capitalista de la libre empresa. − Candía, José Miguel - “Sindicatos Mexicanos: del esplendor populista al Tratado de Libre Comercio”. Problemas del Desarrollo, Revista Latinoamericana de Economía, órgano oficial del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, No. 95, Vol. XXIV, oct.-dic./1993, pp. 133-151. El autor analiza la evolución histórica del sindicalismo mexicano desde el corporativismo hasta el reacomodo de sus estrategias con vistas a adaptar la sociedad mexicana a los retos de la modernización neoliberal. − Castaingts Teillery, Juan - “El TLC como resultado de un mundo triádico”. Problemas del Desarrollo, Revista Latinoamericana de Economía, órgano oficial del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, No. 95, Vol. XXIV, oct.-dic./1993, pp. 37-41. Castaignts, profesor – investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, sostiene que el Tratado de Libre Comercio es la respuesta de los Estados Unidos ante los desafíos de la triada (Estados Unidos – Japón – Europa), surgida en la nueva recomposición de los poderes mundiales. Afirma que no desaparecerán los Estados nacionales, ni las nacionalidades, pero que se pasará por un período de nuevas definiciones, caracterizado por fuertes tensiones sociales. − Castro, Fidel – Comparecencia en la TV cubana después de la visita del Papa a Cuba, 2 de febrero de 1998. Diario Trabajadores, La Habana,9 de febrero de

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1998. El presidente cubano aborda algunos problemas relacionados con la historicidad del Estado y de la soberanía, argumentando que los mismos desaparecerán en una larga perspectiva, como tendencia del desarrollo de la sociedad humana. − __________- Discurso en Santiago de Cuba por el Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, 26 de julio de 1998. Aborda el TLC para indicar que no establece libre flujo de personas. − CEPAL - “Informe sobre inversiones Extranjeras en América Latina y el Caribe”. CEPAL, Notas sobre la Economía y el Desarrollo. No. 618, abril/1998. Este Boletín ofrece un análisis del comportamiento de la Inversión Extranjera Directa, (IED), en América Latina y el Caribe durante los últimos años, anotando los efectos estimuladores del Tratado de Libre Comercio para México. − Chailloux Lafitta, Graciela; Rosa López Oceguera y Silvio Baró Herrera. Globalización y Conflicto. Cuba – Estados Unidos. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1997, 292 pp. Los autores son científicos sociales con experiencia de trabajo investigativa y docente, así como amplia labor publicística en Cuba y en el extranjero. En su libro se realiza un estudio teórico y metodológico del proceso de globalización, con numerosas definiciones conceptuales, apropiadas para comprender el proceso y aplicables al análisis de todos los contextos de la globalización. − Chávez, Marcos - “La aldea globalizada deshecha por la especulación”. Boletín Mexicano de La Crisis. Semanario Político, 19-25 de septiembre de 1998, pp. 12-14. El autor cuestiona la “fantasía de la aldea global”, “arrasada por la especulación de los mercados financieros”. − Chomsky, Noam y Heinz Dieterich - La sociedad Global. Casa Editora Abril; La Habana, 1997, 224 pp. Chomski es un notable lingüista y politólogo norteamericano de izquierda. Heinz Dieterich, doctor en Ciencias Sociales y Económicas de la RFA, profesor de sociología de la UAM. El libro contiene una aguda crítica al neoliberalismo desde la óptica de intelectuales con vasta cultura y dominio del discurso de los centros de poder, ofreciendo

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proyecciones del futuro en base a una interpretación de los posibles derroteros de la globalización y de las fuerzas sociales que dentro de ella actúan. − Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Colección Porrúa, Editorial Porrúa, 103ª, edición, México, 1994. − Cox, Robert W. - “Globalización, Multilateralismo y posibilidades de elección”. Realidad Económica, Revista del Instituto Argentino para el desarrollo Económico, (IADE), No. 1109, 1-15 de agosto de 1992, pp. 88-92. Robert W. Cox es profesor de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de York, Toronto, Canadá. Es coordinador del Programa sobre Multilateralismo de la Universidad de las Naciones Unidas. En el presente trabajo analiza como las nuevas agrupaciones, (mujeres, “verdes”, grupos religiosos), saltando por encima de los canales tradicionales del sistema estatal, introducen sus demandas en el debate global, creando nuevos desafíos a las élites estatales y convirtiendo a los estados en entidades no totalmente soberanas, sino como un nivel más de autoridad. − Crouzet, Maurice - Historia General de las Civilizaciones. Ediciones revolucionarias, La Habana, 1966, Tomo VII. Este libro es una historia general cuyo tomo VII está dedicado al siglo XX. De él hemos tomado aspectos relacionados con la historia de México en sus vínculos con otras naciones y en referencia la soberanía. − Dieter- Keim , Karl - “Regiones en trancisión”. Simposio Mexicano-Alemán, Guadalajara, marzo de 1994. Diálogo Científico. Revista del Instituto de Colaboración Científica, Tubinga, RFA. Vol. 5, Nº. ½ de 1996, pp. 144-146. El Dr. Dieter – Keim es profesor del Instituto berlinés de Investigaciones Regionales y Planeación Estructural. Analiza las semejanzas de las trancisiones en México y Alemania del Este en lo referente a la adaptación rápida a las nuevas condiciones globales. − “El agro en crisis...”. Audiencia del secretario de Agricultura en la Cámara de Diputados. Informe de Prensa. Diario UnomásUno, México, 22 de octubre de

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1998, pp. 3-5. Los representantes de la oposición en la Audiencia señalan láctea nacional. − Ghali, Boutros - Un Programa de Paz, NN. UU. , Nueva York, 1995. − ___________ - Un Programa de Desarrollo, NN. UU., Nueva York, 1995. Constituyen los principales documentos internacionales en que se abordan por primera vez y en forma amplia, las nociones de soberanía limitada, diplomacia preventiva, intervención humanitaria, establecimiento de la paz, etc., en un esfuerzo por crear un fundamento teórico y político a estas nuevas orientaciones estratégicas que se instrumentan en la política mundial. − González Compeán, Miguel - “La reforma del Estado ¿Para quién?”. Examen, Revista del PRI, México DF, Nº. 99/ 1998, pp. 22-26. El autor es presidente del Instituto de Capacitación y Desarrollo Político. Argumenta los problemas que justifican la reforma del Estado, como el indígena y el del federalismo. − Hayashi Martínez, Laureano - “El postgrado nacional y las perspectivas de la modernización”. Economía Informa, Revista de la Facultad de Economía de la UNAM, Nº. 261/97, pp. 35-41. El autor, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM, aborda la reforma educativa como parte del proceso de reformas y preparación del país para insertarse en el proceso de globalización productiva, da ahí las directrices de la reforma educativa en función de preparar académica y profesionalmente a los jóvenes. − Hinojosa, Juan José _ “Lecciones del ‘Grito´”. Revista Proceso, Nº. 1142, México , 20 de Septiembre de 1998. pp. 40-41. El autor realiza una retrospectiva histórica desde el Grito de Dolores a la actualidad para constatar las vicisitudes y frustraciones por las que ha pasado el pueblo mejicano para alcanzar una todavía incompleta soberanía popular. − Huchim, Eduardo - TLC. Hacia un país distinto. Nueva Imagen, Editorial Patria, S.A., México, 1992, 265 pp. En el libro se documenta la historia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte desde sus orígenes hasta su inicialización, incluyendo un análisis de las perspectivas que el mismo ofrece a

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los graves efectos del TLC sobre la agricultura mejicana y sobre la industria

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México. Incluye explicación del contenido del Tratado.

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− Ianni, Octavio - Teorìas de la Globalización. Siglo XXI Editores, México, 1996. El politólogo brasileño Octavio Ianni traza un cuadro del proceso de la globalización, enfocándolo desde la óptica del Tercer Mundo y realizando un balance de las influencias del proceso para nuestra región. − “La fuerza diplomática”. Comentario editorial. Diario UnomasUno, México, 22 de octubre de 1998, p. 3. Recoge elementos de las intervenciones de la Secretaria de Relaciones Exteriores de México ante la LIII Asamblea General de la ONU, donde realizó propuestas de ejercicio de la diplomacia multilateral para enfrentar los efectos nocivos de la interdependencia. − Laidi, Zaki; coordinador - Pensar el Mundo después de la Guerra Fría. Presses de la Fundation Nationale des Sciences Politiques, París, Publicaciones Cruz O. S. A., Colección Perfil, México DF, 1993, 266 pp. Es una obra colectiva realizada por un grupo de especialistas del Centro de estudios y de Investigaciones Internacionales de la Fundación Nacional de Ciencias Políticas de Francia y profesores universitarios, bajo la dirección de Laidi, que aborda la transformación del espacio internacional a partir del fin de la guerra fría, analizando la interacción de viejos y nuevos problemas políticos, en medio de “una realidad mundial cada vez más inasible”. Los autores realizan un estudio global y por regiones, intentando revelar las claves de la nueva etapa de las relaciones internacionales. Es de nuestro interés en esta obra el capítulo I, Sentido y poder en el Sistema Internacional, de Zaki Laidi, como autor principal, quien ya en el prefacio analiza la quiebra de muchos pronósticos y teorías, como el “fin de las ideologías” y “fin de la historia”, aunque respecto a esto último, lo acepta en el sentido de “promesa hegeliana finalizada”. En el mismo orden asume la tesis de Francois Furet, sobre el “fin del ciclo histórico abierto por la Revolución Francesa. Luego, en el capítulo I analiza los rasgos del orden internacional anterior y posterior al fin de la guerra fría, especialmente este último, abordando la multipolaridad y aspectos relacionados con el Estado nacional, como la disociación entre defensa y

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nación, así como la erosión del Estado, aunque continúe siendo un poderoso actor del sistema internacional, como sostiene. − Lambreton Narro, Alfredo - “Equilibrio en la reforma del Estado “. Examen, Revista del PRI, México DF, Nº. 99/1998, pp. 16-21. Lambreton es Coordinador de Asesores del CEN del PRI. Expone el punto de vista del gobierno y del PRI sobre la reforma del Estado, que es considerada piedra angular para alcanzar la modernidad y el desarrollo. El autor enfoca los problemas de la soberanía y critica los “excesos populistas de los `80 y las inconsistencias de un neoliberalismo que puso demasiado énfasis en la apertura hacia fuera”. − Ortíz, Arturo - La economía mexicana al filo del cambio. Instituto de Investigaciones Económicas, UAM, Ediciones Nuestro Tiempo, México, 1998. Es un estudio donde se señala que se dan síntomas de agotamiento del modelo neoliberal mexicano, al ser un gran concentrador de la riqueza, frente a una pobreza social cada vez mayor. Concluye en la necesidad de recuperar las claves de la soberanía nacional. − Quijano, Anibal - “América Latina en la Economía Mundial”. Problemas del Desarrollo, Revista Latinoamericana de Economía, órgano oficial del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, No. 95, Vol. XXIV, oct.-dic./1993, pp. 43-59. El autor es un economista peruano, miembro de la Comisión Consultiva de la Revista. Parte de que actualmente América Latina es exportadora neta de capitales, en un contexto de concentración del poder económico en el Norte, para concluir con la tesis de que sin la redistribución de los recursos a nivel mundial y al interior de los Estados, no habrá desarrollo. − Ramírez, Gustavo - “Reforma autoritaria a la Ley Federal del Trabajo”. Boletín Mexicano de La Crisis. Semanario Político, 19 al 25 de sept. de 1998, pp. 1720. El autor analiza las principales propuestas de reforma a la LFT, exponiendo los condicionamientos internos, (de los partidos) y externos (Acuerdo de Cooperación Laboral de América del Norte y TLC), augurando de ellos el fracaso de las negociaciones. − Ramírez López, Berenice P. - “América Latina frente al proceso de

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globalización. Retos y potencialidades. Problemas del Desarrollo, Revista Económicas de la UNAM, No. 95, Vol. XXIV, oct.-dic./1993, pp. 87-110. La autora es investigadora del IIE. Señala que la globalización, lejos de homogeneizar, acentúa las diferencias productivas; analiza los flujos mundiales de inversiones y comercio para concluir que en la región se está estructurando un modelo de desarrollo con fuerte orientación exterior, pero exportador de materias primas y manufacturas de bajo valor agregado y que los procesos de integración en la región están diseñados en función de necesidades extra-regionales. − Rangel, José - “Estados Unidos: Hegemonía vs. Globalización”. Problemas del Desarrollo, Revista Latinoamericana de Economía, órgano oficial del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, No. 95, Vol. XXIV, oct.-dic./1993, pp.25-32. El autor, investigador Titular y Secretario Académico del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, argumenta que la hegemonía mundial de Estados Unidos ha comenzado a ser sustituida por la competencia entre bloques, según unos, o por la responsabilidad compartida, según otros; bajo el denominador común de la globalización. Señala que en este contexto se considera la incorporación rápida a los procesos de integración como vía para obtener beneficios maximizados, pero que características como el estado trancisional del sistema internacional, el grado de incertidumbre y la obsolescencia de una parte sustantiva de la acción del Estado, pueden traer consecuencias negativas. Cita el caso de México, donde, en su opinión, la indiscriminada apertura y la voluntad política de ceder a las demandas de los centros capitalistas, ha llevado a un fracaso de la política macroeconómica con las secuelas de desempleo y avasallamiento por importaciones altamente competitivas. Aunque el autor mezcla las nociones de globalización (como proceso objetivo y como programa del capitalismo central), sus análisis resultan valiosos. − Rosental, Andrés - Entrevista a Eric Hobsbawn sobre el Estado y el Neoliberalismo. Economía Informa, Revista de la Facultad de Economía de la

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Latinoamericana de Economía, órgano oficial del Instituto de Investigaciones

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UNAM. Nº. 256, abril de 1997, pp. 41-46. Santana, dominicano, Candidato los historiadores más importantes de Occidente, Profesor Emérito de la Universidad de Londres. Hobsbawn aborda los factores que apuntan al debilitamiento de los Estados, como la transnacionalización económica y las políticas neoliberales. Señala los aspectos en que se han debilitado los Estados y afirma que estos no desaparecerán. − Senghaas, Dieter - “¿Cómo concebir un Gobierno Global?”. Diálogo y Seguridad. Revista de Instituto Internacional de Estudios Sobre la Paz, Oslo. Nº. 1 Diciembre de 1994, pp. 157-170. El autor es profesor de Investigaciones para la Paz, los Conflictos y el Desarrollo, de la Universidad de Bremen, RFA. en su artículo, dedicado al tema que anuncia, aborda los problemas de la limitación de soberanía y la intervención exterior, justificándolos parcialmente a partir del criterio de que cualquier acción interior de un Estado puede tener consecuencias negativas al exterior, lo que afecta un curso favorable de la interdependencia. Su óptica desde el paradigma liberal de la Teoría de las Relaciones Internacionales propone como condición “civilizar” la política internacional. Sostiene que en el Tercer Mundo la soberanía continuará siendo muy importante para enfrentar el control abrumador de las economías más productivas y el control soberano de los recursos naturales es indispensable para ello, pero no es una garantía porque las políticas económicas pueden conducir a resultados negativos. También presupone la necesidad de Estados fuertes en el Tercer Mundo para poder ejecer la soberanía. − Wiñazky, Alberto - “La crisis del desarrollo capitalista y las nuevas relaciones internacionales de producción”. Realidad Económica, Revista del Instituto Argentino para el Desarrollo Económico. Nº. 109 1-15 de agosto de 1992, pp. 93-100. El autor analiza como el sistema capitalista vive un proceso de reestructuración que implica un cambio en el patrón de desarrollo de postguerra, lo que incide en los estados nacionales: se relativiza su importancia, las fronteras se hacen vulnerables. Aborda así mismo el signo empobrecedor y reaccionario del nuevo proyecto del capitalismo.

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a Dr. en Economía por la New School for Social Research. Hobsbawn es uno de

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− Zemelman, Hugo M. - “Sobre bloqueo histórico y utopía en Latinoamérica”. Problemas del Desarrollo, Revista Latinoamericana de Economía, órgano oficial del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, No. 95, Vol. XXIV, oct.-dic./1993, pp. 15-24. El autor es profesor del Centro de Estudiso Sociológicos del Colegio de México. En este artículo analiza como la globalización va produciendo un nuevo modelo de sociedad caracterizado por la creciente concentración del ingreso y, en consecuencia, crecientes desigualdades sociales, situación que aunque se intenta sea aceptada, es necesario enfrentar desde una óptica volitiva para evitar que la integración, en lugar de un espacio de pluralidad, se limite a ser mera tecnología de poder.

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