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a c t ua l ida d

p ol í t ic a

MEDIOAMBIENTE Y ECONOMÍA EN SANTA CRUZ

Aclarando el panorama

Y ECONOMÍA EN SANTA CRUZ Aclarando el panorama SOBRE ÁREAS PROTEGIDAS, RESERVAS FORESTALES Y OTROS BOSQUES

SOBRE ÁREAS PROTEGIDAS, RESERVAS FORESTALES Y OTROS BOSQUES DE PROTECCIÓN

Las confusiones respecto a las diferen- tes categorías de protección existentes en nuestro país son una constante en el discurso político desde hace mucho tiempo, pero quedaron al descubierto de una forma superlativa con el conflic- to del TIPNIS (Territorio Indígena y Par- que Nacional Isiboro Secure) y, por tan- to, es necesario ir aclarando el panorama de las implicancias jurídicas asociadas a las diferentes categorías de protección que existen en Bolivia; categorías que li- mitan las condiciones de usos de ciertos espacios territoriales desde hace bastan- te tiempo, y que hoy salen a la luz pro- ducto de los conflictos socio-ambientales que venimos viviendo. Para empezar es necesario que se entienda el concepto genérico de Orde- namiento Territorial que rige en el país desde el año 1990, es decir hace más de 20 años atrás. El principio para enten- derlo de manera sencilla es “cada cosa en el lugar debido y de la forma adecua- da”.

Así como en nuestras casas existe un espacio para dormir, otro para recibir a las visitas, otro para ir al baño, otro don- de podemos tener un negocio —como una venta o un taller— y, si es posible, dejamos otro sólo para distracción, — como nuestro jardín—, de la misma ma- nera se realiza una distribución a nivel del país. Los usos de los espacios se defi- nen de acuerdo a nuestras posibilidades, tratando de evitar que unos interfieran con otros —por ejemplo, nadie constru- ye el baño en medio de la cocina. En el país tenemos un vasto territorio que debe satisfacer las necesidades eco- nómicas, sociales y ambientales de to- dos los bolivianos. Para esto se definen las áreas urbanas para vivir, las agrope- cuarias para producir y las de protección para mantener la salud de los ecosiste- mas, que a su vez mantienen la capaci- dad productiva y hacen posible el de- sarrollo de las ciudades. Por ejemplo, la caña de azúcar que se consume en forma de azúcar refinada en las ciudades, se

POR RICARDO SAUCEDO B.

El autor es Experto en Derecho Ambiental

produce en el norte cruceño gracias a las condiciones ambientales que ahí exis- ten, y estas condiciones ambientales es- tán resguardadas y respaldadas por las grandes masas de bosques del Parque Nacional Amboró y la Reserva Forestal de ‘El Choré’. Aquí es necesario que conozcamos que la legislación boliviana —al igual que la del resto del mundo— ofrece di- ferentes modalidades de protección en base a las necesidades de conservación o de uso sostenible de un determinado territorio. ¿Cómo funciona eso?, Bolivia ha de- finido por vía de su Constitución —la actual y las pasadas— que los recursos naturales son de dominio originario del Estado. Es decir que el Estado define en qué condiciones se aprovechan o se con- servan, y mediante ley o decreto supre- mo se le asigna a determinados espacios, diferente categoría o niveles de protec- ción. Esto en base a las normas genera- les establecidas en la Ley de Medio Am-

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biente y el Reglamento General

de Áreas Protegidas.

Entonces, en nuestro país te- nemos áreas protegidas que pue- den ser clasificadas en 7 dife-

rentes categorías, siendo la más flexible el “Área Natural de Ma- nejo Integrado” (ANMI), como

es el caso del ANMI San Matías

con más de 2 millones de hectá-

reas, pero que no implica que es- tas sean intocables, sino que las actividades ganaderas, forestales

o de aprovechamiento de fau-

na silvestre se las debe realizar

en base a normas especiales que

buscan mantener la sostenibili- dad de los ecosistemas.

ANMI San Matías
ANMI San Matías
la sostenibili- dad de los ecosistemas. ANMI San Matías tir de la nueva CPE es el

tir de la nueva CPE es el nivel central de gobierno y las municipalidades quienes las crean. Por esta razón encontraremos Áreas Protegidas Nacionales (17 en to- tal) Áreas Protegidas Departamentales y las nuevas Áreas Protegidas Munici- pales. Las AP Nacionales han estado ad- ministradas desde 1998 por el Servicio

Parque Nacional Amboró
Parque Nacional Amboró

Nacional de Áreas Protegidas (SERNAP), y cada prefectura (ahora gobernaciones) y munici- pio ha creado su propia institu- cionalidad. Pero, en esta lógica de “cada cosa en el lugar debido y de la forma adecuada” también exis- ten las “Reservas Forestales”. En Santa Cruz existen tres; El Choré, Guarayos y Bajo Paraguá. La ra- zón de creación de estas reservas forestales fue económica, pues apuntan a mantener el potencial de producción forestal del país evitando que se conviertan en tierras agrícolas. Entonces las li- mitaciones de uso aquí están re-

Reserva Forestal Itenez
Reserva Forestal Itenez

De hecho en el área prote- gida antes mencionada, hay es-

tancias ganaderas, comunidades que aprovechan madera y caza selectiva de lagartos para la exportación de sus cueros. Por otra parte, la categoría más rígi- da es la de “Parque Nacional”, cuyo ob- jetivo es mantener intactos los ecosiste- mas que ahí se encuentran. Pero, como en casi todo el territorio del país existen pueblos indígenas y/o campesinos, y el hecho de crear un área protegida no im- plica la expulsión de estos de sus espa- cios ancestrales, es que dentro cada área protegida existe una zonificación que de- termina cuales son las posibles interven- ciones humanas que pueden darse; esto hasta que se llega al “área núcleo”, que

es el corazón mismo del área protegida y

que por su propia definición no permite alteración alguna. La destrucción de un área núcleo implica la desaparición de

la razón de existir del área protegida, el

momento en que se la destruye, ese es- pacio pierde su valor de conservación y por lo tanto su protección no tiene senti- do.

Hasta el año 1998 las áreas protegi- das eran creadas por el nivel central de gobierno y las prefecturas, pero a par-

feridas únicamente a la activi- dad económica que debe primar (forestal), y como el aprovecha- miento forestal implica mantener el bos- que en pie, a veces se confunde esto con “áreas protegidas”, como lo que suce- de en El Choré, cuando los campesinos agricultores dicen: “porque quieren que nos salgamos nosotros, si los madereros no se salen”. La respuesta es porque es justo ahí donde ‘sólo debe haber madere- ros’. Hoy en día hay autoridades que des- conocen totalmente el régimen de áreas protegidas y bosques de protección que existe en el país desde hace más de 20 años y los grandes esfuerzos y recursos invertidos por el país para lograr niveles básicos de respeto a estos espacios pro- tegidos. El Conflicto del TIPNIS ha de- jado como ‘saldo positivo’ la revaloriza- ción de las áreas protegidas y le dice a la clase política que la población en gene- ral las reconoce como suyas y le importa su destino. Por tanto, en una lectura in- teligente, el gobierno debería reconocer el valor constitucional que tienen como patrimonio natural de la nación ya que la existencia de las mismas hace posible el que podamos seguir produciendo ali-

mento y abasteciendo ciudades.

mismas hace posible el que podamos seguir produciendo ali- mento y abasteciendo ciudades. 20 Mojón 21

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