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Del silencio al eco

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Guillermo Gómez Muñoz

Bilbao 2006

Para mi padre. Para Esti.

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Palabras preliminares para un silencio
Estos versos susurrados han sido apenas un intento por acercarme a lo que podría denominarse una poética del silencio. El silencio como soledad. El silencio como armonía. El silencio como desnudez. ¿Y el silencio como poesía? Estos susurros han querido ser silencios en sustancia y forma pero la vida, con sus idas y sus vueltas, ha hecho de ellos un eco lacerante y estruendoso. Porque la poesía es vida y la vida es eco, un eco que invade y coloniza las paredes, los armarios, los cajones de estas habitaciones con eco.

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Antífona de entrada: Las plantaciones de nubes de Dios
Para Nora, porque fue ella quien primero comprendió la importancia de las plantaciones de nubes. En el principio sólo existía la palabra, y la palabra era semilla sembrada en la tierra y el cielo. La semilla que cayó en tierra firme fue fecunda y la vegetación cubrió los valles, las llanuras y los montes. Verduras, hortalizas y árboles frutales lo invadieron todo, todo lo ocuparon. Al mismo tiempo, la semilla que cayó en el agua murió ahogada. Sólo unas pocas sobrevivieron dando lugar a las algas y los nenúfares. Finalmente, la semilla que en su caída a la tierra se perdió en el cielo se convirtió en nubes. Campos de nubes silvestres ocuparon el cielo y lentamente lo cubrieron por completo. No llovía. No hacía sol. El mundo se vistió de una eterna penumbra. Entonces Dios necesitó remodelar su creación. Para cuidar de los campos terrestres y de las aguas creó al hombre y al resto de seres vivos. Y el hombre descubrió la agricultura. Pero a Dios aún le quedaba por resolver una cuestión. ¡Qué gran dilema! ¿Cómo cuidar de las plantaciones de nubes? Ninguno de los seres creados hasta el momento era capaz. La primera solución fue radical: Dios arrasó los campos de nubes. Un cielo despejado infinito se abrió ante los ojos de los seres vivos. Los niños ya no recordaban el color del sol y muchos se sumieron en la sombra perpetua de tanto mirarlo durante los primeros días. Pero Dios pronto comprobó que su solución primera no era satisfactoria. La tierra, golpeada por los abrasadores rayos solares y sin la protección de las nubes, pronto adquirió un tono amarillento. Verduras, hortalizas y árboles frutales se secaron en pocas semanas; el nivel de las aguas comenzó a descender estrepitosamente; y la tierra, agrietada, lanzó su grito desesperado e impotente hacia los cielos. Dios, desde su morada, al escuchar una oración tan triste no pudo contener las lágrimas. Y su llanto regó durante varios días la faz de la tierra. Entonces Dios decidió remodelar nuevamente su creación para corregir los errores cometidos. Y Dios dijo a los seres vivos: “Naceréis, viviréis y con la muerte retornaréis a mí, el origen de todo, y yo os buscaré un lugar en mis plantaciones de nubes para que cuidéis de ellas, las reguéis y seguéis cuando florezcan.”

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Y Dios oyó el llanto de los hombres. “¿Por qué lloráis?”, preguntó. Un hombre joven se distanció del resto y en la soledad de la montaña respondió: “Padre bueno, ¿por qué te has llevado a mi madre lejos de mí?” El joven escuchaba expectante, ansioso por encontrar una respuesta a su manantial de preguntas. Pero Dios callaba. Y el hombre, entristecido, comenzó a descender de la cumbre. El calor del atardecer hacía de su descenso un paseo pausado y pesaroso. Los últimos rayos del sol y el cielo encapotado creaban una sensación de bochorno insoportable. El campo intentaba resistir el calor y la sequía refugiándose bajo la sombra de los árboles. Pero no todas las flores podían guarecerse. Durante su descenso, el joven se fijó particularmente en una rosa. El calor bochornoso de los últimos días había podido con su vitalidad y juventud. Sus pétalos, su tallo e incluso sus espinas lloraban la triste savia que corría por sus venas. El joven escuchó su llanto angustiado y se detuvo. Y su llanto angustiado lo escuchó el cielo. Y el cielo habló. Una fina lluvia comenzó a caer sobre la montaña, como una dulce caricia, como un beso de palabras de consuelo. El joven levantó entonces la vista hacia las nubes, las plantaciones de nubes de Dios, a donde todos retornamos tras el último aliento, y comprendió el sentido del silencio. Una lágrima cayó entonces por su mejilla, miró a la rosa y sonrió.

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Después de ti

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Para Abi, flequillo de poesía y pintura, dama de noche.

Tu soledad es mi frontera
la alambrada que desangra mi escalera de esperanza y manos desnudas entre tu soledad y mi lago subcutáneo hay ciento treinta y cuatro besos de emergencia quinientas una caricias de reconocimiento cuatro manos azules dos cuerpos más allá de tu soledad al otro lado saltadas las alambradas sin papeles con mi soledad a cuestas sangrantes las manos hay un océano sin horizontes estás tú desnuda sin tu soledad a cuestas sin maquillaje un tú que sólo intuyo a veces 5

cuando después del amor lloras

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Después, tú
Después del invierno y la tormenta después del rayo la rosa y el puñal después de la gripe y el insomnio después de la ausencia siempre estás tú después del horizonte y los pañuelos más allá del viento y las fronteras después del barro y la ventisca después del miedo siempre estás tú después de mis manos mi pelo mi sonrisa después de mis ojos y mi voz cuando todos mis ojalás ya se marchitan después de mi silencio después de mí siempre estás tú.

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Sonata para piano sin teclas
I Insomnio,… Desperté esta noche en silencio mientras dormías y busqué tu mirada amarilla bajo tus párpados, tu mirada oasis, tu mirada noche, y en ocasiones nieve, y en ocasiones sombra, tu corazón bajo tus párpados cerrados, lo busqué entre el oleaje pálido de nuestras sábanas remolinas, zarpé en su búsqueda a medianoche y naufragué. No estaba allí tu mirada mientras dormías. La noche era cielo y estrellas y nubes y viento y farolas encendidas. La noche, afuera. Y dentro, mirando unos párpados cerrados eterno es este insomnio frío y solitario, sin noche sin nieve ni oasis ni sombra. II …silencio… Porque estás frente a mí y aún estás lejos, porque te veo cerca y no te siento, porque eres tú, 8

porque no eres más que tú, mentiría si dijera que te quiero. Y sin embargo, te quiero, desde la otra orilla, te quiero, a ti que estás frente a mí, sonriente, vacilante y difusa, te quiero, porque eres tú, aunque no seas sino tú, un tú lejano y ausente, frente a mí, te quiero y no te quiero pero tal vez te quiera, frente a ti, en silencio, sin quererte demasiado, y en silencio, frente a mí, quizás me quieras. Por eso, si me quieres en silencio, como yo te quiero frente a ti, abre los ojos, ese viento en el que viajan tus sonrisas, ese océano sin playas ni botes salvavidas, esa seductora incitación al naufragio, y siente la tierra por tu carne, un rastro de lluvia por tu pelo –mi mirada de barro que te observa– , 9

laberinto y patria en que mis manos temerosas se perdieran complacientes si no fuera porque tú, sonriente y vacilante, frente a mí, sin mirarme y en silencio, no eres sino un tú, lejano, frente a mí, difuso, frente a ti, ausente y en silencio. III …y niebla. Escrita en los silencios de mis sábanas te guardo cada noche en mis desvelos. ¿Me sueñas tú en tus párpados cerrados? ¿Me añoras, a mí, insomne, junto a ti? Mi sueño secuestrado despabila mis turbios pensamientos, mi cansancio. Mis párpados abiertos delinean desnuda, tu contorno, frente a mí. Te intuyo entre mis sábanas mojadas con lluvia de los charcos moribundos que anegan las aceras y los parques con pútridas esencias de dolor. Amor mío, qué haces en mi cama dormida y sin hablarme, desnuda, frente a mí. Esta noche, amor mío, no tenemos veinte años sino veinte soledades y una lágrima, 10

diecinueve largas noches de silencio y quinientas rutinarias madrugadas. Somos niebla pasajera que se escurre entre sábanas de seda con harapos, sólo niebla, silenciosa, sólo niebla entre mis labios amarillos y tus párpados. De este modo, cuando llega la mañana nos decimos hasta luego sin rencores y, cual bruma sobre el mar, desamparados volamos hacia otras sábanas de arena.

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Eclipse solar
La historia se ha estancado entre tus párpados cerrados como eclipse solar a mediodía como vida sin rumbo y sin sentido. La noche se ha cernido sobre el mundo, esta noche primigenia de los tiempos. Las farolas ya no lucen como antes y la gente, sin la guía de tus ojos, ya no anda, ya no ríe, ya no sueña. Esta noche que nos hunde en la miseria nos desangra, poco a poco, sin remedio, poco a poco.

Yo quisiera saber por qué, por cuándo. ¿Acaso fue mi barro el que provocó tu lluvia que inunda y anega las aceras? ¿Acaso fue mi miedo? ¿Acaso fue tu angustia? ¿Acaso fue un silencio mal entendido? Te suplico: no eternices esta ausencia de tu voz entre pestañas abrazadas, no nos prives de tus besos sin labios, de tus manos sin dedos, tus caricias peregrinas y sublimes. Finaliza cuanto antes este eclipse, esta noche de tus párpados, esta alcantarilla de tiniebla. 12

Hágase la luz, por amor, te lo suplico. Hágase la luz y retorne tu sonrisa, como golondrina errante con la primavera.

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Búsqueda
Busqué la tierra –tu carne– en mi poesía y encontré el verso desnudo e indeciso. Seguí buscando. Busqué la lluvia –tu alma– en mi poesía y encontré el verso sediento y cuarteado. Seguí buscando Busqué la brisa –tu voz– en mi poesía y encontré el verso sutil y silencioso. Seguí buscando. Busqué la llama –tu amor– en mi poesía y encontré el verso brillante y luminoso de tu mirada. Y terminó mi búsqueda.

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Carta de desolvido
“una carta de amor no es el amor

sino un informe de la ausencia”
Mario Benedetti: La vida ese paréntesis

Te escribo desde el desolvido esa nube más acá del horizonte ese sueño que te recuerda esa noche te escribo desde la vigilia esa nana esas ovejas esas sábanas desafinadas ese frío sin ti / solo conmigo esas lágrimas de desencanto ese silencio sin ti ese silencio te escribo desde la nostalgia esa orfandad de mi piel sin tus caricias / solo conmigo ese cepillo de dientes sin tu sonrisa / solo conmigo ese tango seductor sin bailarines / solo conmigo porque mi piel está llena de memoria te escribo desde el desolvido saberme un exiliado en tu frontera solo con mi amor / solo conmigo.

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Deseo
De tus pies a tus labios, un crepúsculo de piel morena, luz del sol de estío, ardiente como un páramo en llamas, hermosa como el sí que desata el inflamable deseo. De mis labios a mis pies, sólo un témpano de hielo, a la sombra de todo sol, esperando que llegue el día de libar las tropicales frutas, de habitar entre tus pies y tu pelo. No sin miedo, lo juro, me acerqué aquella noche. No sin miedo, seguro, me dejaste acercarme. El día se evaporó como cualquier día. La noche prometía no ser cualquier noche. Y entre tus pies y tus labios y entre tus labios y tu pelo me deslicé aquella noche; aquella noche, no otra cualquiera. Y sin querer pero queriendo y con temor pero arriesgando, te acaricié desde tus piernas hasta tus labios encendidos. Y te besé quizás sabiendo que ése era mi último beso. Y como hielo, me derretí sobre tu piel, tu piel ardiente e infinita, como una lágrima sobre tus labios.

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Aquella noche que no fue una noche cualquiera, fue tal tu pasión o tu amor o tu fuego que yo sólo fui un rastro de huellas o tímidas pisadas o gotas de fina lluvia sobre tu cuerpo.

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Alba
Cuando la primera luz de la mañana abre las ventanas de la noche fría que mantuvo el alma de la luna en vilo, nunca sabe qué encontrará al otro lado, en las habitaciones que despiertan, en las que nunca se durmieron. Ramos de rosas, rojas y marchitas. Últimos suspiros de placer, primeros aullidos de furia. Océanos embrutecidos –revolución de sábanas–, mares de poesía, playas de luz. Enhiestos surtidores de sombra o rabia o vida. Pétalos, como huellas sobre sábanas blancas, caídos en el ardoroso frente, rastro de antiguos besos nocturnos que ahora duermen o descansan o velan. Amor o pasión o placer o vigilia o sueño. Cuando la primera luz de la mañana abre las ventanas de la noche fría, cierra los ojos para no asustarse.

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Puntos cardinales
Toda ciudad presenta sus puntos cardinales, sus tablones de anuncios contra la soledad, su alcantarillado contra la desesperanza, sus aceras desiertas, sus semáforos rojos. Semejante compendio traza un plano preciso, que en las noches sin luna es la única vela que nos guía a buen puerto, lejos del horizonte hambriento y los naufragios nocturnos y mortales. Es preciso decir que no siempre es posible evitar el naufragio: los planos también se equivocan. Pero hay una cuestión francamente innegable: No hay ciudad que no tenga sus puntos cardinales: su soledad, al norte; al este, su esperanza; sus miedos, al oeste; y al sur, tu corazón.

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Nosotros Vs Nosotros mismos

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Desorientado
Con mi dignidad a cuestas, apenas con mis huesos, con mis pies entumecidos, mis manos insensibles y callosas, mi corazón de roca y hierbabuena y mi mirada de árbol, cansado de chocar contra la misma tapia con diferentes rostros, me olvido por un tiempo de que existes. Me ahogaba entre tus labios y mis labios. Tus dedos me nublaban la mirada. Mi ansia de horizonte y de infinito me lanza hacia el encuentro con la carne, con la tierra y la palabra de tantos hombres… ¿Dónde estáis? ¿En el camino o en las cunetas? ¿En el silencio o en la algarada? ¿En mis ciudades o todavía lejos? ¿Dónde estáis? Necesito una brújula de lágrimas. Necesito un plano, algún nombre, algunas señas, algún faro u horizonte o estrella, que me guíen en mi búsqueda, en medio de la soledad y entre las olas del océano.

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El silencio de Dios
“Al principio Dios creó el cielo y la tierra” Génesis 1, 1 ¡Oh Señor, retumbe de nuevo el eco de tus alas sobre mi océano estancado y en penumbra hágase la luz en las tinieblas donde tropiezan mis pasos indecisos haya un firmamento sobre mi barro al que elevar mi plegaria matutina brote la esperanza sobre el polvo siémbrense las semillas del mañana iluminen tus astros mis días de felicidad y mis noches de insomnio llénese mi firmamento de tu aleteo de tu chapoteo mis mares de infinito muja tu ganado en mis campos y el barro entre mis manos tome forma! ¡Oh Señor, que ahogue tu silencio un hombre nuevo nacido del cansancio y el hastío de tantos hombres que amase tu voz el nuevo barro y brote del maíz el nuevo día! 22

Pero Dios era silencio. Como el amor suspiro. Beso como la poesía.

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Lluvia de enero
Esta lluvia que nutre tus entrañas, oh tierra, es el llanto desgarrado de los hombres. Este viento que silba entre tus olas, oh mar, es el grito de sombra de la historia. Esta luna que arde entre las nubes, oh noche, son bocados de aire del hambriento. Estos árboles que escoltan el camino, oh mundo, son mi ejército sin armas ni rencores. Yo soy el grito en el silencio y el silencio entre los gritos. Yo soy la luz entre las sombras y la noche de los besos. Yo soy la lengua que no calla, yo soy el verso que no cesa; el negro sobre el blanco en la injusticia que crece como el eco en las montañas y nutre de esperanza las tristezas.

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Romance de los caminantes (de principios de siglo)
“si no ves más allá de tu horizonte, estaremos perdidos.” Ismael Serrano: Ya ves Sin querer pero queriendo, sin buscar pero encontrando, caminamos sin futuro ni presente ni pasado por este sendero abrupto de luz y llanto asfaltado y alegrías peregrinas y pródigos desencantos. Caminamos indecisos sin saber adónde vamos. Caminamos sin camino ni pastor, desorientados. Deambulamos por el mundo construyendo paso a paso otro mundo diferente sin saber si lo logramos. Sin lograr lo que queremos, nunca nos desalentamos: vista al frente, caminantes, vista al frente, sin descanso, sin futuro ni presente, caminantes, sin pasado. Una bruma matutina ciega nuestros ojos claros; todo lo enturbia y anega, todo lo tiñe de blanco, con su sonrisa mezquina que nos empuja al desánimo. 25

La irrupción de la derrota ante nuestros ojos claros revaloriza la vida, da sentido a nuestro canto. Caminante sin camino, no te asusten los obstáculos. Caminante, somos muchos los que andamos a tu lado. No te inquietes, no te alejes de la huella que trazamos: uno solo en plena noche muere de frío o de espanto; sin embargo, todos juntos, todos juntos nos cuidamos: somos luz cuando anochece, cuando nieva, abrazo cálido, manantial en el desierto que sana al desamparado. El sentido de la vida consiste en seguir andando con el corazón abierto, y hacia atrás sin dar un paso, sólo así sobrevivimos a la niebla y al cansancio que de forma silenciosa nuestra luz van devorando. Somos hijos de la tierra, nietos de hombres africanos, padres de niñas asiáticas, hijos de europeos rancios. Escuchamos de la historia el quejido desgarrado 26

cada noche que la luna nos observa allá en lo alto y las estrellas relucen y el cielo está despejado. Nos impregna los oídos con su desgarrado llanto, nos enoja, nos despierta, nos llama a seguir luchando, esta historia que es la nuestra aunque no nuestro pasado. No es memoria, sino vida; no es recuerdo, sino canto. Es por eso que nosotros siempre estamos caminando a la búsqueda de un mundo menos ajeno y más cálido. Somos la viga en el ojo, somos romance sonámbulo, somos camino sin rumbo, caminantes de ojos claros.

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Estrellas noctámbulas
“¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón.” Fito Páez En el corazón traigo, marcadas con sangre, once estrellas noctámbulas: de los hombres oprimidos, el grito; de los desconsolados, el llanto; de los moribundos, la vida; de los hambrientos, el pan; de los labios, el labio que los besa; En el corazón traigo, marcadas con sangre, once estrellas noctámbulas. Las ofreceré a la luna abierta de los pobres para que las guarde. de los desaparecidos, el rastro; de los desengañados, la fe; de los iracundos, la calma; de los sedientos, la lluvia; de los presos, el mar y el horizonte.

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“y hacia Belén…, ¡la caravana pasa!” Rubén Darío

El reino de este mundo
está sembrado de lágrimas de árboles milenarios, de tumbas y fosas comunes, de sangre, de pan podrido, de sombra y de alambradas fronterizas.

Por contra, el reino de los cielos tiene anchas avenidas luminosas, ángeles de níveas alas, lunas llenas, cometas y estrellas fugaces.

El reino de este mundo es gris, pero tus ojos, castaños e infinitos, nos guiarán hasta el arco iris.

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Habitaciones con eco

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La soledad de las cosas
Qué soledad y qué calma inundan se respiran en los rincones de mi habitación cuando yo me voy cuando yo no estoy qué ausencia qué soledad y qué calma cuando el silencio de mi ausencia se hace mesa con libros y sin codos silla vacía estantería desierta de manos que hurgan en la intimidad de sus libros alfombra sin pisadas cama sin dueño almohada sin sueños ni pesadillas lámpara dormida ausencia qué soledad y qué calma en los rincones de mi rutina qué vacío qué penumbra cuando yo los dejo qué silencio…

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Habitaciones con eco
Ya nadie me esperará despierto cuando yo vuelva. Se habrá vaciado mi casa de caricias y recuerdos. Un eco, a veces tranquilo y a veces empapado de una siniestra niebla silenciosa, invadirá mis paredes, que el humo de un fuego antiguo ha ennegrecido con su amargo llanto. Los ojos que en otro tiempo se enredaban entre mis pestañas hoy no peinan mi cabello, ni lloran cuando lloro. Hoy, que ya es mañana, se pudren mis ojos solitarios, desnudos sin aquéllos que los arropaban. Ayer fuiste mi última canción sin disonancias, el beso que la luna un día me dio. Hoy eres la luna, que ha perdido su sonrisa devorada por la noche detenida de mañana. Por eso, ya nadie me esperará despierto cuando yo vuelva, mi casa dejará de ser mi casa y mis labios buscarán entre mis versos uno de tus besos antiguos con que amueblar las soledades de mis habitaciones con eco.

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La primavera, afuera
“Primavera que no llega…” Jarabe de Palo “Después de un invierno malo y una mala primavera, dime por qué estás buscando una lágrima en la arena.” Fito & Fitipaldis La hierbabuena ha comenzado a brotar de los tallos que el invierno con su mano de ventisca y su guadaña mutiló para dar vida, con el canto de las primeras alas del amanecer sobre los cables de tensión junto a mi ventana. Su canto, sus cuerpos diminutos, débiles, siempre entre la luz y la muerte, siempre entre el invierno y la vida, me despiertan. Los brotes en las ramas, el canto de las golondrinas, me hacen pensar en los campos verdes y floridos, los potros apareándose, el agua del deshielo, el rubor de las mejillas. Un día nuevo.

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Y sueño, y creo, y soy la nueva tierra que nace con vida nueva, y pienso, y digo: ¿dónde estás escondida? Y busco entre las ropas de la cama y abro los armarios y vuelco los cajones y busco y sueño. Y abro la ventana para descubrir la calle sin escarcha la brisa verde los ojos enamorados de los pájaros. Pero tú no estás en las miradas. Mi habitación sigue vacía, solo entra el sol de la mañana y el eco de un ayer de nieve y la niebla de un sueño podado y bien podado. Mis rincones están llenos de tu ausencia, mis cajones, de tus ropas con remiendos, mis silencios, de tu risa que no cesa como el rayo. Los capullos de las rosas me hablan de tus pechos. La hierbabuena, de tu pelo con fragancia de poesía. Pero nadie conoce las señas de tu soledad, tu horizonte, desde mis costa sin barcos, ni dársenas ni muelles. Eres la luz al final del túnel, pero un túnel que no cesa, como el eco, 34

en los rincones, de tu ausencia. Como el viento, yo te busco entre las rosas, mientras fuera, brota impávida, la primavera.

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Poema para una mujer rubia
Eres un amanecer limpio de las lágrimas de ayer del silencio de mañana de la tristeza de la melancolía. . Pero el agua corre turbia por los ríos y esa gota se ahogará en su corriente ensuciando la mañana. Porque las lágrimas de ayer el silencio de mañana la tristeza y la melancolía son más fuertes y el miedo atrae al dolor ese dolor antiguo y también nuevo. Y fuera, las nubes anuncian tormenta y el agua huele mal. Eres una gota de agua que cae sobre la hierba en esta mañana limpia del dolor y del miedo.

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“Soy un fue, y un será, y un es cansado.” Francisco de Quevedo y Villegas

Soy las luces y las sombras de mi historia.
Lo que fui, ya no lo soy. ¿Quién seré? Un desconocido. Cual suspiro de aliento que ya expira, cual la niebla que borra el horizonte, lo que soy es ya historia.

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Eco
Cuando solo la lluvia nos envuelva con su abrazo mojado y misterioso cuando solo la tierra nos acoja con un beso de barro y una lágrima cuando el fuego consuma nuestros cuerpos y seamos rescoldo mortecino y seamos ceniza cuando el viento arrastre las cenizas y seamos ausencia de ayer ausencia de hoy y de mañana entonces seremos eco para quienes nos amaron como el eco que hoy pinta las paredes y pinta las alfombras las ventanas los armarios las ventanas de nuestras habitaciones con eco de ausencia lacerante ausencia de silencio lacerante hoy que el eco pinta las habitaciones con eco eco

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Demasiado ruido
“Hubo una epidemia de tristeza en la ciudad. Se borraron las pisadas…” Ruido. Joaquín Sabina Hay ruidos que se enquistan en el alma, perennes epidemias de tristeza, y tiñen con su música y crudeza de negra noche muerte aquella calma antigua y peregrina, que la infancia sostuvo entre sus manos diminutas a base de miradas impolutas, a base de silencio y de ignorancia. Son ruidos melancólicos y tristes, recuerdos de otro tiempo, de otra lluvia, que quiso acariciar lo que ahora vistes con pétalos marrones, hojas rubias marchitas. Solamente un beso tuyo rosáceo vestirá de vivo arrullo este ruido desgastado.

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¿Y después?
“Después de puesta la vida

tantas vezes por su ley al tablero”
Jorge Manrique: Coplas a la muerte de su padre

Después de las miradas inocentes, después de las sonrisas descaradas, después de los inviernos cálidos, después de los insomnios dulces, después de los ramos de rosas, llega la primera lágrima. Después del insomnio amargo, después del dolor intenso, las tristes lágrimas se secan. La rutina se instala en los espejos y abraza y besa y acaricia los ojos y las bocas que no aman sino un mísero recuerdo. Después de la rutina llega el desencanto. Después del desencanto, la cobardía. Y tras la cobardía, en ocasiones, algunos recuperan su dignidad. En definitiva, para decirlo de una vez por todas, después del amor queda la soledad. Pero, después de la soledad, ¿qué es lo que queda?

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La cama está vacía
sólo queda el eco. Un último estertor se ha llevado las lágrimas y el sueño. La cama está vacía. Pero han quedado las sábanas blancas y una ventana abierta. Fuera brota la mañana.

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Epílogo: Punto final
“Abrázame, abrázame y no me digas nada que esta tristeza no me abandona y este miedo duele más.” Doctor Deseo Después del fuego y la ceniza después del frío después del miedo cuando el término se aproxima y las palabras sobran y las ideas se enredan después del último troqueo y el encabalgamiento abrupto y la cesura indiscreta después de la rima tímida y asonante cuando el ritmo se detiene después de la palabra definitiva ahora que soy tan pequeño solo queda el punto final de los finales que es un abrazo necesario e ineludible que es un silencio que es un poema.

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Índice

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