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Babelia

NÚMERO 1.046. EL PAÍS, SÁBADO 10 DE DICIEMBRE DE 2011

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JÓVENES QUE SÍ LEEN, Y MUCHO

SUMARIO

Babelia
EN PORTADA Amelia Castilla Entrevista con Laura Gallego A. Castilla Con el abrigo en otra percha Elisa Silió EL LIBRO DE LA SEMANA Rosa Montero

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Christopher Paolini

Sueños, mitos y leyendas
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Una tribu de letras Los signos evidentes de crisis que se perciben en otros géneros no han
alcanzado todavía a la literatura infantil y juvenil. Fantásticos o realistas, los nuevos e hiperactivos adolescentes pasan de los clásicos y buscan nuevas novelas de iniciación. El 82,6% de los niños de 10 a 13 años lee libros en su tiempo libre. Portada: ilustración de Isidro Ferrer (www.isidroferrer.com) 6 7 8

El temor de un hombre sabio, de Patrick Rothfuss Verbalia, el juego, de Màrius Serra y Oriol Comas Nuria Barrios Libros premiados en 2011 Victoria Fernández La magia del ‘pop-up’ Rosa Mora El cuento tecnológico Andrea Aguilar IDA Y VUELTA El porvenir de Emma Rouault Antonio Muñoz Molina PENSAMIENTO Desmiento los rumores Javier Gomá Lanzón Radicales libres, de José María Ridao Luis Fernando Moreno Claros SILLÓN DE OREJAS El espléndido botín… Manuel Rodríguez Rivero / Max
Jean Dujardin y Bérénice Béjo en The artist, de Michel Hazanavicius.

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CINE The artist, de Michel Hazanavicius Rocío García / Joaquín Canovas Belchí PURO TEATRO El álbum de oro de Alfredo Sanzol Marcos Ordóñez DIOSES Y MONSTRUOS También ahora hay clásicos Carlos Boyero

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Extra

Babelia
EL MUSEO DESINVENTADO
Exponer y ordenar una colección implica dotarla de un argumento. El Reina Sofía, el Macba y la Fundación Barrié de la Maza, de A Coruña, replantean la muestra de sus colecciones, mientras un libro intenta convertirse en museo.

LA FANTASÍA ES un género inmenso, que lo abarca todo, y me encanta. A partir de él un autor puede contar casi cualquier tipo de historia. Después de todo, La Odisea y La Ilíada son obras de fantasía, también Beowulf, El sueño de una noche de verano, Cien años de soledad, Harry Potter y muchas otras, libros y películas sin relación aparente. Yo escribo fantasía épica. Escribo esas historias que los humanos han estado contando desde el principio de los tiempos y que, creo, seguiremos contando mientras existamos. ¿Por qué han perdurado estos cuentos? Porque se ocupan de temas universales: hablan de hacerse mayor, de grandes viajes y aventuras en lugares desconocidos, y de cuestiones de moralidad y mortalidad. Todos hemos experimentado este tipo de cosas en nuestras propias vidas y, si bien una novela de fantasía puede tender a exagerarlas, siguen siendo elementos con los que cualquier persona se puede identificar, independientemente del lugar y del momento en el que viva. Por supuesto que hay tendencias dentro del género. Actualmente los vampiros y los hombres lobo son los más populares. Pero no son más que la fachada de un edificio que esconde mucho más. Y ese edificio sigue siendo el mismo. La fantasía nos permite externalizar algo que, de otro modo, nunca saldría a la superficie. Por ejemplo, si un personaje tiene miedo a las arañas, en una fantasía puedo hacer que se encuentre con una araña gigantesca para así obligarlo a enfrentarse a su miedo de una forma mucho más visceral que en la ficción realista. De hecho, creo que la fantasía suele ser más precisa a la hora de describir el mundo que nos rodea que la ficción realista. Las vidas que llevamos en nuestras cabezas están llenas de imposibles: imaginaciones desenfrenadas y emociones intensas que definen nuestra forma de ver el mundo. La fantasía trata directamente con esas imaginaciones, algo que ningún otro género puede hacer, quizás con la excepción de la ciencia-ficción. No obstante, hay una diferencia entre la fantasía y la ciencia-ficción. Cuando la ciencia-ficción rompe las leyes de la física trata de proporcionar una explicación razonable que justifique por qué esa ruptura puede ser posible (y, por tanto, en realidad no supone quebrantar el orden natural). Cuando la fantasía rompe las leyes de la física su única explicación es “porque” o “es mágico”. A un observador indiferente puede parecerle que no es para tanto, pero se trata de una fisura fundamental en la filosofía de ambos géneros. La fantasía se ocupa de los sueños, los mitos y las leyendas, y no tanto del funcionamiento exacto del universo físico. En cambio, la ciencia-ficción se nutre de nuestra inagotable curiosidad por la naturaleza de nuestro entorno, así como de nuestra constante cavilación en torno a lo que podría ser. Dicho esto, ambos son géneros de sobrecogimiento y asombro, y si tuviera que limitarme a ellos, seguiría siendo un escritor feliz. No es que no quiera escribir historias de otros géneros en un futuro. Quiero. Pero cualquier historia puede narrarse desde el mundo de la fantasía o la ciencia-ficción, y un escenario imaginario suele insuflar nueva vida y energía a una historia convencional. Desde ese punto de vista, mi propia serie, el ciclo El legado, puede considerarse una ficción histórica de una época y un lugar que nunca existieron. Precisamente así es como he abordado la serie, como si estuviera documentando algo que ya había pasado. Además, también traté, sencillamente, de contar una historia entretenida. Legado, el cuarto y último libro del ciclo El legado, encierra un montón de cosas emocionantes: humor, batallas, aventura, amor verdadero y, por supuesto, dragones. No será el último libro que escriba sobre el mundo de Eragon, pero sí que es el final de esta historia concreta. No esperaba que terminar este libro me fuese a afectar tanto, pero cuando escribí la última escena, la última página, me sobrevino una corriente de calor y empecé a temblar como si estuviera resfriado. La sensación fue tan intensa que tuve que dejar de trabajar en las últimas frases —aunque sabía que no estaban del todo bien— y retomé la tarea semanas después, terminada la edición. Apenas cambié nada. Sólo añadí una palabra: oscuro. Pero ese único adjetivo lo cambiaba todo. Hacía que la frase fuese perfecta. Estoy muy orgulloso de la serie completa, pero especialmente de este cuarto y último libro, Legado. Creo que es lo mejor que he escrito y espero que a los lectores les parezca un final apropiado y sorprendente para la historia.
Traducción de Virginia Collera. Christopher Paolini (California, 1983) acaba de publicar Legado / Llegat (traducción de Carol Isern y Jorge Rizzo / J. Vidal i Tubau, P. Bombardó y C. A. Saburit. Roca Editorial. Barcelona, 2011. 809 páginas. 24 euros).

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EL RINCÓN

“Vivimos grandes cambios de mentalidad y no siempre para avanzar”, afirma Maite Carranza. Foto: Gianluca Battista

Entre libros paseados y vividos
Maite Carranza sigue rompiendo moldes en la literatura juvenil, como muestra su flamante Premio Nacional
“LA PORTADA RUSA es hortera; y esta, la sueca, muy naíf; la más acertada, la portuguesa, que está… por aquí… ¿ves?”. Uno intuye que la flamante premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil ha aprovechado la cita para hacer zafarrancho en su estudio; como mínimo, en estas estanterías donde, en doble fondo, Maite Carranza (Barcelona, 1958; www.maitecarranza.com) tiene las traducciones (25 lenguas) del casi medio centenar de títulos de su bibliografía. El espacio es reflejo de la pugna entre su cartesianismo calvinista (“leo dos libros por semana, pero los de placer nunca durante el día; ¿ahora? Juego de tronos: amo la fantasía”) y el inevitable lío de una mujer vivaracha, quizá hiperactiva. La delatan los libros de cuando era pequeña, historias de animales personificados de la editorial Molino, deshilachados, que ahora encuaderna azorada. Los volúmenes se ven usados, comprados en su momento: “Son libros paseados y vividos”, dice ella, “nada bibliófila”. Reina el amarillo de la colección Les Millors Obres de la Literatura Catalana, y abajo, La materia oscura, de Philip Pullman, junto a Memorias de Idhún, de Laura Gallego: el territorio joven. Un buen número: “Hay que saber qué hacen mis colegas”, dice, y recomienda a Tommy Wieringa: “Un punto Salinger”. Pero no solo ese bloque da un aire juvenil al estudio. Ayudan las figuras que le

han regalado sus lectores y carpetas de colores… Muchas están encima del ordenador; tras él, un corcho acribillado de fotos. Los anaqueles, también salpicados. “Son mis tres hijos y otras caras amables: estoy muchas horas sola aquí, me ayudan”. ¿Y esa de cuando iba a las dominicas? “Me gusta recordar de dónde vengo”. Ahí ha gestado Carranza una obra que tiene la adolescencia y la familia como microcosmos de tensiones, hasta en su trilogía superventas La guerra de las brujas. Un retrato de los últimos 30 años. “Vivimos grandes cambios de mentalidad y no siempre para avanzar: redujimos la felicidad al triunfo social; incluso la lucha individual se ha trasladado a la familia”, lanza la antropóloga social de formación. El anaquel sobre el ordenador marea: El encantador de perros, de César Millán, no está lejos de un pack (¡15 títulos!) sobre Isabel la Católica, monografías del oso cantábrico y mapas de Gambia y Senegal, que preceden a novelas de esos países (“dicen más sobre valores y gentes que muchas guías”). Son proyectos: ni el Nacional por Palabras envenenadas la ha detenido. ¿Un galardón que valoró también la valentía del tema, la violencia sexual? “Me pasó lo mismo con mi debut, Ostres tu, quin cacau!: no saber los códigos del género me aportó una mirada diferente que rompió; ahora, igual”. Carles Geli
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ESPECIAL LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL / Análisis

Una tribu de letras
Fantasía o realismo, pero con mucha acción. Los superexcitados niños del siglo XXI se decantan por novelas de iniciación entre las secuelas de Harry Potter o las cuestiones pegadas a la vida. La literatura juvenil apenas sufre la crisis. Por Amelia Castilla
va un género híbrido compuesto por sa- carabajal aconseja cualquier título que NOS SON partidarios de El señor de los anillos y otros gas interminables que suceden en sub- acabe por entregarlos en brazos de la liteflipan con Harry Potter. mundos de leyenda con una épica con ratura para adultos, en un abanico que Hobitts o aprendices de cierta reminiscencia de la Edad Media, abarca clásicos como El guardián entre el magos en Hogwarts gritan aunque se trate de lugares inventados. En- centeno, El niño con el pijama de rayas o y corren como descosi- tre los alumnos de este colegio privado se una historia recientísima como Rumble dos. Claro que enamorarse de un elfo pue- cuentan los chicos que siempre tienen un de la dibujante Maitena, con todos los inde mitigar la soledad en el patio. La imagi- libro de ficción en la mochila y los que no gredientes para ser considerada como nación es un arma invencible, tanto que los tocan y, en este último caso, no se una novela de iniciación. En el otro lado, se ubica los que huyen puede convertir el recreo en algo soporta- debe a falta de estímulos. Los padres, cuya ble, mientras los demás juegan y compar- economía aún no ha saltado por los aires, de la lectura, casi un 40%. Estos últimos, ten bocadillos en el patio del colegio. No se apresuran a comprarles los títulos que aparentemente, se conforman con el ordeimporta que cuchicheen a su lado o que piden, más lo que ellos creen que les venlos chicos se metan con ella. Bien pensado dría bien leer, pero ¿los leen? Por su expemejor epatar contando que su elfo le ha riencia la profesora lo duda. “Los buenos besado y que juntos se han ido a dar un lectores devoran los libros, pero no creo paseo por el bosque. A veces, los amigos que lleguen al 10%”. Surgen también catambién juegan con ella a internarse en el sos excepcionales de niños de primaria bosque. Pero no resulta tan fácil para los leyendo títulos como Rojo y negro o Capemenos soñadores, se empieza cerrando rucita en Manhattan. Como en otros aspectos de la vida, exislos ojos y concentrándose mucho. Mejor con la luz apagada y la puerta cerrada de ten dos bandos bien diferenciados. Frente la habitación. “He visto una fuente ¿estoy a los que no leen nada, emerge una generacerca?”, grita uno de los que buscan, sin ción que lee por todos los demás y un estasuerte, iniciarse en los mundos ocultos, dio intermedio, con un promedio de lectumientras en el iPod suena la voz de Len- ra de entre cinco y seis libros al año. En non en una versión de Imagine. El espacio otro equipo juegan los que optan por una de la cocinita lo ocupa ahora una mesa solución nueva y se quedan en el cómic, nador y el cine, algo que acabará por panueva donde hacer los deberes y en las que para ellos tiene una recompensa inme- sarles factura. “La ausencia de lectura reestanterías, a las aventuras de Stilton y diata a través de los dibujos y de un lengua- vierte en la escritura y el lenguaje, que Kika Superbruja se van sumando tomos je exagerado. Expertos del sector editorial son los elementos que conforman el heredados de las aventuras de Los Cinco, apuntan que en la fase siguiente, los jóve- aprendizaje. Llegarán a la universidad sin el cómic Persépolis y la trilogía Memorias nes de entre 14 y 24 años el porcentaje de saber construir frases, carecerán de vocabulario y no sabrán exprede Idhún, entre otros títulos. sarse”, concluye la maestra En el colegio ya han leído El de Lengua. Lazarillo de Tormes, el QuiLos hijos de padres lectojote o La Eneida. Los besos res (8 de cada 10 de entre 6 y con príncipes azules, las lu14 años) leen una media de chas contra dragones en un 3,3 horas semanales. Para mundo mítico más unas doTemerario. El imperio de marfil. Naomi Novik. Traducción ese círculo Harry Potter o El sis de intriga imprescindiseñor de los anillos juegan el ble, que en un momento de José Miguel Pallarés. Alfaguara. Madrid, 2011. 481 páginas. papel que las aventuras de dado les puede acercar a la 17,95 euros. La isla del tesoro o las obras novela negra, forman parte El secreto de Lucia Morke / El secret de Lucia Morke. Inés de autores como Julio Verne del imaginario literario de MacPherson. La Galera. Colección Luna Roja. 257 páginas. ejercieron sobre generaciouna buena parte de los lecto16,95 euros. nes anteriores. Educados res de entre 10 y 13 años. En El joven templario. Huérfano del destino. Libro III. Michael con la Wii o la Play Station, esa edad, el 100% lee por esP. Spradlin. Traducción de María Jesús Asensio. Bruño. Mahabituales del Rincón del tudios, un 82,6% lee en su drid, 2011. 298 páginas. 15 euros. Vago, habilísimos en manetiempo libre y de ellos el El joven Sherlock Holmes. La joven desaparecida. Shane jar buscadores en Internet y 77,1% lo hace diaria o semaPeacock. Traducción de Susana Andrés. Almadraba. Madrid, acostumbrados a chatear, nalmente, según el baróme2011. 386 páginas. 17,90 euros. los jóvenes del siglo XXI netro de hábitos de lectura del Escuela de frikis. El examen final. Gitty Daneshvari. Ilustracesitan novelas de aprendiGremio de Editores. do por Carrie Gifford. Traducción de Laura Manero. Montena. zaje que se pueden ver más En esa edad, en la que el Barcelona, 2011. 282 páginas. 15,95 euros (electrónico: 10,99). que leer. Siguiendo esa mácuerpo ya ha empezado a El ladrón del rayo (Percy Jackson y los dioses del Olimpo). xima buscan lecturas dontransformarse, su voz suena Rick Riordan. Traducción de Libertad Aguilera Ballester. Salade pasen muchas cosas, y más grave y se sonrojan por mandra. Barcelona, 2011. 288 páginas. 14,50 euros (tapa blandonde la cuestión sexual, cualquier bobada, un 48% da: 12,50; novela gráfica: 136 páginas. 17 euros). con o sin resolver, ocupe lee revistas, un 26,7 tebeos y Cielo Rojo. David Lozano Garbala. Ediciones SM. Madrid, una parte importante. La un 22,5% periódicos. “A los 2011. 475 páginas. 17,95 euros. nueva literatura juvenil esniños les gusta seguir las motá a la altura de los tiempos das; la diferencia no resulta que corren; más que divernada gratificante cuando estir y formar se escribe para tás creciendo. Ellos quieren lo mismo que sus compañeros y si se iden- lectores baja al 68,9%. Una franja en la estimular al instante y en el momento. La tifican con el personaje, cuando acaben que el tránsito de una etapa a otra de la educación tampoco se enfoca a potencon un libro buscarán la continuación”, vida se hace más evidente y un tiempo en ciar la reflexión. Fuera de clase van sobreasegura Ester Blasco, profesora de Lengua que las narraciones, cuyo desenlace lleva cargados de actividades paralelas. Forconsigo la transformación del personaje, man parte del mundo de locura de los del madrileño colegio Estilo. La adolescencia, en lo que tiene de se leen como medicina para el alma. ¿Fun- adultos. Sin tiempo para aburrirse. Todos los datos apuntan que la literatucambio físico y psicológico, forma parte ciona entonces un término tan ambiguo de la misma esencia literaria. Ahora se lle- como literatura juvenil? La librera Ana Es- ra infantil y juvenil sufre la crisis editorial

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Harry Potter o ‘El señor de los anillos’ juegan el papel que los clásicos ejercieron sobre generaciones anteriores

Góticos y épicos

con menor intensidad. Autores de éxito, como Stephenie Meyer, autora de la saga Crepúsculo, Christopher Paolini —su nuevo título de la serie Eragon, Legado, se puso a la venta en noviembre en Estados Unidos con una tirada de dos millones y medio de ejemplares y ahora sale en español con 100.000 copias — o J. K. Rowling, ayudan y mucho a que las cuentas cuadren a final de año. La publicación de novedades de algunos de estos autores de culto se rodea de una parafernalia animada por las redes sociales y las webs de las editoriales: información puntual del estado de la novela y los capítulos que van escritos, pormenores de los protagonistas, detalles de la nueva portada para, a medida que se acerca la fecha de salida, ir lanzando mensajes de “falta menos de una semana”, “apenas un par de días”…, todo ello trufado con entrevistas e información de la vida del autor y, por supuesto, encuentros físicos de fans. Los datos en el sector resultan alentadores. Según el Gremio de Editores, un 12% de la venta se corresponde con el género infantil y juvenil, pero la facturación supone casi las tres cuartas partes del mercado interior. Los datos de 2010 sitúan las ventas en 228,23 millones de ejemplares. El precio medio de un título para adultos ronda los 12 euros frente a los 8,89 de los infantiles. El panorama actual todavía es consecuencia de revolución literaria que estalló en 1997, cuando la editorial Salamandra adquirió los derechos de Harry Potter y la piedra filosofal. Las aventuras del joven mago dieron un vuelco a las costumbres de los adolescentes. De las historias de poco más de un centenar de páginas con argumentos que contaban con el visto bueno y asesoramiento de profesores y psicólogos, pasaron a una saga de más de trescientas páginas por título. El éxito, como ocurre siempre, fue de los lectores, pero las editoriales no perdieron la ocasión de convertirlo en negocio. Leyeron los siete tomos de la saga de curso en curso —solo en España se han vendido seis millones de ejemplares y otros tantos en América Latina— y crecieron con el personaje; muchos agotaron con esa lectura su primera juventud y de ahí se entregaron a otros géneros. Con el éxito del joven mago creció también el poder del marketing como pieza clave del lanzamiento de los libros hasta el punto de identificar lo más vendido con lo mejor. Ahí mismo, las empresas creyeron descubrir un filón argumental en lo que se denomina como fantasy y que no ha parado de crecer desde entonces. Antonio Rodríguez Almodóvar, recopilador de cuentos antiguos, considera el fenómeno como literatura prêt-à-porter. “Funciona porque hay mercado, pero no creará lectores, solo consumo ocasional. La literatura debe tener la pureza de lo espontáneo, no se puede diseñar. Todo se queda en pasarlo bien, no se trata de libros que formen”. Entre tanto, las editoriales siguen debatiéndose entre el reino de los vampiros y la moda de lo políticamente correcto, centrada en la educación en valores.

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Ilustración de Jack Mircala para su libro Eclipse en Malasaña. Una zarzuela negra (Sins Entido).

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ESPECIAL LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL / Entrevista

Laura Gallego “La imaginación es un músculo como otro cualquiera y hay que desarrollarlo”
La autora de Memorias de Idhún y otros best sellers juveniles de la última década, que la han convertido en referencia de la nueva literatura para jóvenes, publica Donde los árboles cantan, historia épica y dramática que no tendrá continuación
den el reino. Hasta aquí el argumento no puede ser más típico, se habrán escrito incontables novelas con esa base que, en su origen, podría ser la caída del Imperio Romano, pero la novela de la autora de Crónicas de la torre salta de la aventura inicial a convertirse en un relato fantástico en el momento en que la protagonista, que ya se ha quitatan tanto, como la trascendencia del amor y su educación sentimental. Antes, en las sociedades primitivas a los niños se les sometía a rituales de iniciación para hacerse hombres”, dice la escritora, cuyos seguidores buscan en sus libros una Edad Media idealizada y donde valores como el amor cortés, la idea del honor o la búsqueda de der para salvar el mundo, un mundo, eso sí, con varias lunas y soles, habitado por elfos, dragones, unicornios y donde no falta la brujería. Las firmas de sus libros se convierten en tal guirigay que se han visto obligados a limitar la firma a un único ejemplar. A través de las redes sociales sus lectores se mantienen conectados. A los que desean ser escritores y le piden consejo les recomienda que perseveren. “La imaginación es un músculo como otro cualquiera y hay que desarrollarlo”. En el tiempo que le deja libre su pequeño bebé, la tesis y los libros, busca acercarse físicamente al sector. No hace mucho viajó a la ciudad sevillana de Dos Hermanas para participar como ponente en el congreso sobre literatura fantástica, que este año tenía como lema “donde los mundos se unen”. No acudió, sin embargo, al III Encuentro Idhunita, que se celebró en Madrid en octubre. Pionera en crear comunidades de lectores, opina que, como casi todo, tiene ventajas e inconvenientes. “Lo mismo te ponen a caldo que te recomiendan lecturas. Hablo de chicos de 12 o 13 años que van muy bien informados y que se comunican entre sí. Ya no basta con ir a las librerías, ahora leen en inglés y siguen los blogs literarios, normalmente se enteran de todo antes de que lleguen los títulos a las mesas de novedades. Ahora es la editorial la que mira lo que sucede en esos foros de opinión. Diría que tenemos unos lectores objetivos a los que todos quieren captar; antes eran los padres o los profesores quienes buscaban contenidos para los chicos, pero ahora los eligen ellos personalmente”. Literatura juvenil, en su opinión, es la que los jóvenes leen. “Tengo 34 años y escribo porque me siguen, ellos tienen todo el derecho a elegir. ¿Qué sentido tiene despreciar sus gustos?”. Lo dice muy bajito, sin apenas levantar la voz. Sus lectores le recomiendan libros y ella los lee. Hace un par de años cayeron en sus manos las aventuras de Sherlock Holmes. Hasta entonces no conocía a Conan Doyle y ahora no puede creer que unos textos tan actuales tengan más de cien años. Donde los árboles cantan no tendrá segunda ni tercera parte, como historias anteriores de esta autora. “En Estados Unidos los autores juveniles escriben hasta que el lector se cansa. Funcionan sagas interminables y trilogías de gran éxito, pero muchas veces se trata de imposiciones de los editores porque los chicos cuando se encariñan con un personaje siempre quieren más”. Ese no parece ser su caso. Hasta ahora se ha negado a ceder los derechos de sus obras para el cine. “No me gusta el resultado de algunas películas como Crepúsculo, al final el personaje creado por el cine se apodera del literario. Harry Potter siempre tendrá la cara de Daniel Jacob Radcliffe. El autor se mantiene en contacto con los lectores y ellos saben que soy la responsable de todo lo que se mueve en torno a mis personajes”. De momento, solo ha aceptado que se versione el mundo mágico de Idhún en cómic, pero adaptado por Andrés Carrión, su pareja.
Donde los árboles cantan. Laura Gallego. SM. Madrid, 2011. 480 páginas. 14,95 euros. Allà on el arbres canten. Traducción de Coral Romà. Cruïlla. Barcelona, 2001. 480 páginas. 14,95 euros. www. lauragallego.com.

Por A. Castilla

lencia, 1977) tiene ojos de niña un poco asustada. De su aspecto, tan sobrio que ni la gargantilla de arabescos en plata destaca entre la camisa azul plomo, y la timidez con que se expresa no se deduce que nos encontramos ante una exitosa escritora de best sellers, una de las creadoras de esa nueva épica, que mezcla aspectos de la Edad Media con las leyendas y la fantasía que tanto les gusta ahora a los chicos. Su trilogía Memorias de Idhún, publicada entre 2004 y 2007, todavía se mantiene como uno de los títulos de referencia junto a las novelas de Harry Potter, Manolito Gafotas o El Principito. Hace apenas unas semanas, recién llegada a Madrid desde Valencia, la ciudad donde vive, irrumpía, respirando hondo, en la rueda de prensa, en un hotel de Gran Vía, donde se presentaba su novela Donde los árboles cantan, como si enfrentarse a una veintena de periodistas tuviera mayor dificultad que convertirse en una de las autoras de referencia de la nueva literatura infantil y juvenil. A los 34 años, esta escritora ha publicado 30 libros, ha sido traducida a 16 idiomas y ha vendido más de un millón de ejemplares. Juicios críticos aparte, ella ha conseguido lo que casi todos los escritores desean, un público fiel. Donde los árboles cantan es la suma de dos historias. La primera, protagonizada por un muchacho de pelo naranja y piel moteada, que procede del gran bosque y que no sabe valerse por sí mismo, dormía entre los documentos de su ordenador sin acabar de tomar forma. La otra surgió mientras estudiaba. Gallego, licenciada en Filología Hispánica, lleva años preparando la tesis sobre el libro de caballerías Belianís de Grecia de Jerónimo Fernández. Fue en una de esas jornadas de concentración en el estudio cuando encontró la mecha de la que nació el personaje que dio forma a su nueva novela: “Se trata de un libro moderno pero escrito desde el punto de vista de un hombre; muchas aventuras en las que participan las mujeres me encogían el alma. Pensaba que si yo hubiera escrito esa historia, las doncellas hubieran tomado partido. Ahí mismo nació Viana, una joven ingenua y sin experiencia en asuntos de hombres que, acompañada de su hábil e inteligente nodriza, conseguirá escapar a su destino fatal”, cuenta, horas después de la presentación del libro que acabó abruptamente ante La literatura juvenil es la que los jóvenes leen, afirma Laura Gallego. Foto: Samuel Sánchez la imposibilidad de entenderse por los gritos, procedentes de la calle, de un grupo de manifestantes de una empresa en do los vestidos de damita y se ha cortado la algo oculto permitirán a los protagonistas, quiebra. Ahora, con la tranquilidad recobra- melena, conoce a Uri, un personaje salido normalmente adolescentes que viven en un da y ante una botella de agua, Gallego recrea del gran bosque y que procede de un lugar mundo que no les gusta, ir por ahí “enderelos bocetos previos de una novela que a las mítico donde los árboles cantan. De lo épico zando entuertos”. Gallego leyó La historia interminable con pocas semanas de ponerse a la venta ya lle- se pasa a lo dramático y ambos luchan junva 20.000 copias despachadas. La editorial tos por cambiar el destino de los suyos, apo- 8 años y El señor de los anillos con 13, libros SM ha realizado una supertirada para los yados en el camino por un nuevo maestro: que ella no duda en recomendar para todas tiempos que corren, 60.000 ejemplares, que Lobo, un renegado que vive desterrado en las edades. “Cuando empecé a escribir, los aguarda impaciente en las librerías el mo- los confines del reino, un montaraz con una talibanes del género juvenil, donde imperasola oreja del que se cuentan muchas histo- ba la novela realista, me miraban como si no mento regalo que suponen las Navidades. escribiera cosas serias”. Lo cuenta sin ninViana, la protagonista de Donde los árbo- rias sobre cómo perdió la otra. Existen tantos argumentos como nove- gún resquemor. Años después, el género siles cantan, educada para convertirse en la perfecta esposa y desposarse con su amor de las. “Son muchas las historias de iniciación gue ganando batallas. De hecho, a Gallego le infancia, un caballero del reino de Nortia, ve que conocemos a través de los cuentos po- sigue un nutrido grupo de lectores que se con dolor cómo su destino cambia para pulares y, en cierto modo, todas se parecen, identifica con su idea de la amistad, su valor siempre cuando los bárbaros del Norte inva- se trata de temas universales y por eso gus- para luchar por lo que quiere y hasta su po6 EL PAÍS BABELIA 10.12.11

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AURA GALLEGO (Quart de Poblet, Va-

ESPECIAL LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL / Reportaje

Con el abrigo en otra percha
La curiosidad y los hijos llevan a muchos autores a adentrarse en la literatura infantil y juvenil. Ray Loriga, Inma Chacón o John Grisham acaban de debutar. Y con ellos, músicos como Santi Balmes, de Love of Lesbian, o Shakira
yan retorciendo, alejándose cada vez más de la orilla”. No pecar de simple obsesionaba a Chacón, obligada a usar un lenguaje sincopado, abreviado, como el que se utiliza en las redes y los SMS. “Me han ayudado mucho. Por un lado, hay una historia lineal, con pequeños saltos hacia atrás; y por otro, diálogos entre los jóvenes que son siempre muy pobres y repetitivos. Por eso, aunque quería escribir con un vocabulario accesible a ellos, he intentado que cuando habla el narrador no se repitiesen las palabras. Enriquecerlo”. Interactuar en la Red con los nativos digitales es una parte importante de la labor de un autor juvenil, pero resulta muy ajeno a los novelistas, acostumbrados a cruzar opiniones con sus lectores en las ferias y alguna conferencia. Loriga se muestra reacio, a diferencia de Chacón, que se ha implicado al máximo. Volverá al género juvenil, encantada con el feed-back con los lectores: “Las críticas siempre son constructivas. Me han dado muchos consejos en sus páginas y foros: otro final, una protagonista de más edad… Es más, si pudiese, volvería a escribir el libro”. El único de los cuatro que trabaja en una continuación es Loriga, que no puede tardar pues los adolescentes son ávidos y maduran. “El lector de 16 años no es la misma persona cuando tiene 18. Probablemente, ni lea ni le interese lo mismo. Son etapas de desarrollo muy violentas y rápidas. Aunque este no es un libro exclusivamente para adolescentes”. Barba pretende seguir sacando un librito cada dos años, mientras Balmes conciliará la música con “una novela marciana para mayores que es lo que la gente espera del cantante de Love of Lesbian”. El título Vidas ejemplares de un antiguo niño prodigio ya da qué pensar y para colmo le acompaña un supuesto disco del protagonista, Por qué me comprasteis un walkie-talkie cuando soy hijo único. Lo opuesto a este cuentito inocente y limpio. En paralelo, otros profesionales se han animado a colgar la chaqueta en ese perchero. El cardiólogo Valentín Fuster (Monstruos supersanos y La pequeña ciencia de la salud) repite; se reedita La conejita Marcela (1980), de Esther Tusquets; Shakira se ha embarcado en Dora la exploradora en la aventura del Día Mundial de la Escuela —no editado en España— impulsada por la cadena Nickelodran y sus fines benéficos. Y, el más esperado, John Grisham, el rey del suspense legal, que convierte en sabueso a un niño de 13 años en Theodore Boone. Joven abogado. Es el mismo y la prensa le recibió con un “puro Grisham”.
El Bebedor de Lágrimas. Ray Loriga. Alfaguara. Madrid, 2011. 328 páginas. 16,50 euros. Arriba el cielo, abajo el suelo. Andrés Barba. Ilustraciones de Saavedra. Siruela. Madrid, 2011. 87 páginas. 18,95 euros. Nick: una historia de redes y mentiras. Inma Chacón. La Galera. Barcelona, 2011. 280 páginas. 16,95 euros. Yo mataré monstruos por ti. Santi Balmes. Ilustraciones de Lyona. Principal de los Libros. Barcelona, 2001. 32 páginas. 13,50 euros. Theodore Boone. Joven abogado. John Grisham. Traducción de Fernando Garí Puig. Montena. Barcelona, 2001. 231 páginas. 16,95 euros. La pequeña ciencia de la salud. Valentín Fuster y David Circi. Planeta. Barcelona, 2011. 224 páginas. 18,90 euros. Mi primer Mario Vargas-Llosa. Fonchito y la Luna / Mi primer Arturo Pérez-Reverte. El pequeño hoplita. Alfaguara. Madrid, 2010. 40 páginas. 13,45 euros. La conejita Marcela. Esther Tusquets. Ilustraciones de María Hergueta. Kalandraka. Sevilla, 2011. 48 páginas. 13 euros, Mi primer Delibes. Lunwerg. Barcelona, 2011. 32 páginas. 12,50 euros.
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Por Elisa Silió

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2010, pocos meses antes de concederle el Nobel, Mario Vargas Llosa confesaba que el género infantil es el más difícil, “porque no es escribir para niños, es escribir como lo haría un niño”. Por ello sudó tinta para dar forma a su cuento Fonchito y la Luna, que presentaba ese día, y hace años tiró otro a la basura. De su complejidad hablaba también Miguel Delibes, tan cercano a ellos: “Escribir para niños es un don, como la poesía, que no está al alcance de cualquiera”. Nadie duda de que la naturalidad es la clave. “No tenerla no significa ser un mal escritor”, precisa Andrés Barba (Madrid, 1975), que va por el tercer libro infantil. “Hay que tener pureza, ausencia de maldad. Por eso Yo mataré monstruos por ti no tiene el sarcasmo de las canciones. Tardé media hora y pensaba: ¡menos mal que no le he dado vueltas durante tres horas! Un adulto lo llena de suciedad”, reconoce Santi Balmes, cantante de la banda indie Love of Lesbian, que tiene como insignia en sus letras la ironía. Acercarse a los adolescentes resulta, a priori, más accesible y las editoriales, conscientes de su tirón comercial —son la franja
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“Suena a perversión, pero literariamente solo me interesan niños de 8-9 años, cuando al fin leen solos”, explica Andrés Barba, autor ya de tres historias
de edad que más lee—, animan a los autores a entrar en este campo. Estos tienen unos recuerdos más fidedignos, comparten gustos con los jóvenes y las estructuras narrativas pueden ser más complejas que las infantiles. Incluso a veces conviven con ellos. “Tengo hijos preadolescentes y supongo que El Bebedor de Lágrimas me acerca a ellos”, sostiene Ray Loriga (Madrid, 1967), que se ha sentido distanciado en su estreno: “Escribir género es como si cuelgas tu chaqueta en el perchero de otro”. Inma Chacón (Zafra, Badajoz, 1954), finalista del Premio Planeta 2011, se ha adentrado en el género juvenil por y a través de su hija: “Su primer amor, con el que luego estuvo cinco años, se enamoró de ella por Internet pensando que era otra persona. Mi hija está muy orgullosa y me parecía que un Cyrano del siglo XXI merecía un libro. Nick. Una historia de redes sociales y mentiras me ha servido para entenderla y espero que a ella para entenderme. Además, quería que volviese a engancharse a la literatura y lo he conseguido”. Lo importante es que la literatura infantil ayude a salvar la lectura para que no desaparezca. Los lectores puros son el germen y hay que cuidarlos. “A lo mejor es una perversión literaria, pero solo me llaman la atención los niños de 8-9 años, cuando empiezan a leer solos. Son libros determinantes, experiencias intensas”, argumenta Barba, que se acercó a la literatura infantil a través de amigos ilustradores. Él no fue aficionado hasta los 19, pero no olvida sus “encuentros en la tercera fase” con Charlie y la fábrica de chocolate (Roald Dahl) y Jim Botón y Lucas el maquinista (Michael Ende). En 2007 debutó con Historias de Nadas, y desde entonces cada dos años saca un título en Siruela. “El canon infantil de Carroll y Dahl no se ha roto, continúa vigente: una estructura de novela adulta —con argumentos que progresan y personajes ambiguos, ni buenos ni

Ilustración de Saavedra para Arriba el cielo, abajo el suelo, de Andrés Barba (arriba), y dibujo de Lyona para Yo mataré monstruos por ti, de Santi Balmes.

malos— para niños, pero sin sentido pedagógico”, piensa Barba. ¿En qué se inspiran los escritores? Como no podía ser de otra manera, sus nebulosos recuerdos de infancia se mezclan con deseos incumplidos o sueños. Lo decía Michael Ende: “Entre el niño que yo solía ser y el adulto que soy no existe abismo alguno”. Así, la idea de Arriba el cielo, abajo el suelo, de Barba —un librito que recuerda en su surrealismo a la película Amanece que no es poco— surgió mientras traducía Alicia en el país de las maravillas: “Carroll se dio cuenta de que inconscientemente había escrito un catálogo de pesadillas infantiles: no ser visto, caer, no volver a casa… Pensé que era bonito darle la vuelta, y que caer sea lo normal y tocar el suelo pesadilla”. Balmes también partió de un mal sueño y un verso de Un día en el parque, ilustrado por Lyona. En él Martina teme a unos monstruos que viven cabeza abajo y su padre la calma. “Hay un tipo de literatura infantil que habla a los niños como si fueran torpes o bobos. Y los niños tienen una lucidez y una lógica que ya quisiéramos los mayores”, asegura Arturo Pérez-Reverte, autor de El pequeño hoplita, y director de la colección Mi Primer… en la que ya han colaborado grandes firmas como el citado Vargas Llosa, Eduardo Mendoza y Javier Marías. Así era en sus libros poblados de humor negro Dahl, socarrón, iconoclasta. Es-

ta falta de prejuicios hacia los pequeños tiene que continuarse con los adolescentes. El mercado está plagado de títulos facilones de escasa calidad y caer en ello, pecando de vagancia, es fácil. Loriga, que se ha documentado hojeando superventas como Crepúsculo, ha hecho encaje de bolillos para no repetir estereotipos y frases hechas en su divertida y diabólica novela que formará parte de una trilogía. Una novata desbocada en un campus universitario americano, unos fantasmas que se dedican al trapicheo y un policía con complejo de Edipo que investiga la decapitación de dos jóvenes son los ingredientes de El Bebedor de Lágrimas. “No he sido condescendiente por escribir para un lector menos preparado. Todo lo contrario, lo he escrito como me sonaba más natural”. Su referencia ha sido la serie Twin Peaks, de David Lynch. “Quiero jugar con los géneros, que se va-

EL LIBRO DE LA SEMANA

Más intérprete que creador
Lleva semanas en la lista de los más vendidos. Lo más atractivo de El temor de un hombre sabio, segunda novela de Patrick Rothfuss, es su prestidigitación verbal
El temor de un hombre sabio / El temor d’un home savi
Patrick Rothfuss Traducción de Gemma Rovira / Neus Nueno y Ernest Riera Plaza & Janés / Rosa dels Vents Barcelona, 2011 1.200 páginas. 26,90 euros (tapa blanda: 24,90. Electrónico: 19,99)
Castaneda, Tolkien… ) y el relato te atrapa desde el principio. Creo que esta segunda parte está más lograda que la primera, aunque escribir una novela de 1.200 páginas sea para mí como lo de los discursos de ocho horas de Fidel Castro, un abuso, una prepotencia y una ceguera total a la hora de reconocer que el otro existe. Se diría que a El temor de un hombre sabio le sobra texto; y no sólo porque a veces la atención lectora desfallezca (en mi caso, sobre todo, cuando se pone a hablar de hadas: en general no me gusta lo maravilloso y prefiero la tensión con lo real que siempre mantiene lo fantástico), sino porque además creo que en el último tercio del libro se le va al garete la historia y el personaje. Kvothe mata a tres decenas de personas, comete actos terribles, crímenes atroces; pero, después de eso, su personalidad sigue igual. Y aunque todo el volumen está lleno de sonoras y a veces enfáticas enseñanzas espirituales al estilo de las Enseñanzas de don Juan de Castaneda, y aunque se supone que su vida es un camino de iniciación en

Por Rosa Montero A EL TEMOR DE un hombre sabio, la segunda novela de Patrick Rothfuss, le falta algo; pero también tiene algo, y ambas cosas, lo que tiene y lo que le falta, son importantes. ¿Sueno quizá enigmática? Pues esperen a leer este inmenso libro (1.200 páginas) y verán lo que es usar un tono sentencioso y misterioso. Cuando abordé la obra anterior de Rothfuss, El nombre del viento, el volumen inicial de una trilogía llamada Crónica del Asesino de Reyes, me costó muchísimo atravesar las primeras cien páginas (tiene 860) porque me parecieron muy flojas; y, si perseveré en la lectura, fue por la recomendación de una amiga en cuyo criterio literario confío. Luego, en efecto, le encontré valores. Sobre todo, un vigor narrativo musculoso y brillante, pese al persistente sabor de déjà vu que el texto te dejaba. Porque el relato, y eso era lo peor, te sonaba demasiado a demasiadas cosas, y en especial a Harry Potter. Eran las aventuras de Kvothe, un adolescente que estudiaba en una universidad de magos. Un chico por supuesto marcado por el destino y con unas dotes brujeriles extraordinarias; como no podía ser menos, estaba perseguido por las consabidas fuerzas oscuras, que, para más descaro en su copia de la obra de J. K. Rowling, encima habían asesinado en su infancia a sus padres. En fin, original, lo que se dice original, no se puede decir que lo fuera. Pero al cabo conseguía contar las cosas de una manera propia, como el músico virtuoso que logra darle un toque único y distinto de una tonada viejísima. Más que un creador, Rothfuss me pareció un estupendo intérprete. Y lo sigue siendo en esta segunda entrega de las aventuras de Kvothe. El éxito del primer libro parece haberle proporcionado a Rothfuss unas buenas dosis de seguridad, lo que ha hecho que lo mejor de él fluya y florezca; y así, los modelos a los que imita resultan menos evidentes (son más y están más repartidos: Ursula K. LeGuin,

Ilustración de Arthur Rackham en Peter Pan in Kensington Gardens. Mary Evans Picture Library / Arthur Rackham

el conocimiento, lo único que parece haber aprendido Kvothe al final de tanto trajín y tanta escabechina son los placeres del sexo (inicia la novela virgen y con 15 años y la termina con 17 y rijoso). Esta es, en fin, una de esas novelas fantásticas juveniles que ahora leen los adultos. Pero no es una más, porque ciertamente Rothfuss tiene una capacidad de prestidigitación verbal fabulosa. Lo mejor: el ingrediente de rencor social que posee Kvothe, tan veraz, tan complejo, tan poco habitual en un personaje fantástico; esa furia amarga por ser pobre, ese odio a los ricos. Y, también, la magnífica capacidad de Rothfuss para crear realidades paralelas, sistemas alter-

Lo mejor: el ingrediente de rencor social que posee Kvothe, tan veraz, tan poco habitual en un personaje fantástico
nativos minuciosos: por ejemplo, explica cómo funcionan los artefactos mágicos y es tan coherente y tan creíble como si estuviera describiendo un motor de explosión; o inventa una filosofía, que atribuye a un tal Teccam, y que resulta verosímil y vigorosa; o anota con cautivador ingenio los usos sociales de una colectividad remota, como, por

ejemplo, un complicadísimo ritual cortés a base del intercambio de anillos de hierro, plata y oro, que podrían ser unas páginas sacadas de la obra de algún antropólogo alienígena; o bien crea un pueblo de costumbres tan distintas de las nuestras como los mercenarios Adem, cuyos rostros siempre permanecen impasibles porque se transmiten las emociones por medio de un lenguaje de signos hecho con las manos. Todo esto es lo más atractivo, lo más original de Rothfuss, ese retumbar de palabras bien dichas, esa imaginación meticulosa y constructora, ese diseño del mundo o de otros mundos. Es tan hábil, en fin, que ni siquiera resulta rimbombante o gravoso ese tono epitafial que hace que medio libro parezca tallado en piedra. Hablé al principio de lo que El temor de un hombre sabio tiene y de lo que le falta. Pues bien: posee una endiablada destreza narrativa. Y le falta grandeza.

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ESPECIAL LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL
ella retoma personajes y escenarios, pone al cuentacuentos Rashid en un nuevo apuro —cae en un profundo sueño, antesala de la muerte—, y crea un nuevo protagonista, Luka, el hijo menor, al que lanza a un peligroso viaje por el Mundo Mágico, donde tendrá que robar el Fuego de la Vida, celosamente custodiado por los temibles Guardianes del Fuego, que salvará a su padre. En vez de la Abubilla, Luka tendrá como medio de transporte la alfombra voladora de la princesa Soraya, Insultana de Ceb, una decidida muchacha de armas tomar, y dos fieles aliados: un perro llamado Oso y un oso llamado Perro. Imaginación desbordante, magia y encantamientos insólitos y emocionantes aventuras, en un relato brillante, espléndidamente narrado, para disfrute de lectores “competentes” (de 12 años en adelante) y adultos aficionados al realismo mágico del autor de la celebrada Hijos de la medianoche (Premio Booker 1981). V. Fernández

Eclipse en Malasaña. Una zarzuela negra
Jack Mircala Ediciones Sins Entido. Madrid, 2010 96 páginas. 17 euros
UN RETABLO gótico-castizo en 39 actos. Jack Mircala, ilustrador y autor de cuentos y poemas, define así su novela gráfica Eclipse en Malasaña. Demasiada concisión para tamaña fantasía. En el popular barrio madrileño se sucede una trama gótica protagonizada por seres históricos sacados de contexto y seres imaginarios metidos en crudezas. Dado que algo así necesita su propio marco incomparable, Mircala recurre a una sabia combinación: acentuar lo extraordinario sobre decorados realistas como la Biblioteca Nacional, la taberna Baztán, el jardín de las Salesas Reales o la iglesia de San Andrés. Sobre ese territorio castizo pululan personajes que evocan a Tim Burton en su estética y a Mary Shelley en su épica. Hay un duelo, un secuestro, tormentos y engaños, y una historia de amor romántico y sobrenatural como mandan los cánones del género literario que irrumpió en Reino Unido en el siglo XVIII. Su protagonista es un ser taciturno y extraviado llamado Siniestro, que ama a una musa etérea llamada Eclipse y que ve sacudido su vagabundeo existencial por poemas arrastrados por el viento y escritos en un banco de la plaza de San Ildefonso por Edgardo Póez, trasunto del atormentado Poe al que Mircala ya homenajeó en su anterior novela gráfica, Siniestras amadas. Hay otros personajes históricos como Marie Curie (aquí, la alquimista malasañera Marieta Corín); Erik Satie, dibujado como organillero del barrio, o el retratista Fritz Lang al que dibuja “cristalizando imagen a imagen, plano a plano, la serena belleza de Lil Dagover, y el brío felino de Pola Negri”. Una bellísima novela gráfica, que tuvo una vida aparte con una exposición de las maquetas originales y que mereció este año el Premio Visual de Diseño de Libros. Tereixa Constenla

Ilustración de Màrius Serra especial para Babelia.

Juego en el país de los verbívoros
Por Nuria Barrios DURANTE MUCHOS años, Màrius Serra llevó las fichas del Scrabble en los bolsillos, haciendo y deshaciendo frases, atento a nuevos hallazgos verbales. ¿Una afición? ¿Una costumbre algo estrafalaria? ¿Una patología? Nada más lejos. Un deber, pues Serra es fundador de un país, Verbalia, cuya divisa es: “Jugar, leer, tal vez escribir”. El autor catalán, a quien las patillas y las canas confieren un notable parecido con Gibbs, el contramaestre del Perla Negra en Piratas del Caribe, obedece a rajatabla su divisa. Es un reconocido ludolingüista, autor de numerosos ensayos, premiados libros de narrativa y miles de crucigramas. Hace poco más de una década publicó en forma de ensayo el acta fundacional de la tierra de los verbívoros: Verbalia (Juegos de palabras y esfuerzos del ingenio literario). Ahora edita junto a Oriol Comas la versión de aquel ensayo en forma de los míticos Juegos Reunidos Geyper, con sus saquitos de fichas, atriles, tableros, lápices y hojas de papel en blanco para anotar la puntuación. “La caja es la cartografía de aquel libro”, cuenta Màrius. El mapa del país de los verbívoros, un territorio tan vasto y fascinante como poco explorado. Oriol y Serra han dedicado tres años a inventar cómo convertir juegos de palabras en juegos de mesa y en testar sus hallazgos. Màrius se centraba en las palabras y Oriol, que es experto y creador de juegos de mesa, en los juegos. “La parte creativa fue una fiesta. Nos divertimos un montón. A veces bastaba introducir una pequeña norma para que un juego se hiciera buenísimo”, declara Màrius Serra. Su hijo, Llullu, protagonista de la hermosa novela Quieto, fue testigo silencioso de aquel alborotado gabinete de creación lúdica. El resultado de la unión de estos dos ludópatas es más de cincuenta juegos de palabras con distintos grados de dificultad y muy atentos al tipo de jugadores, incluido su estado sentimental. Hay juegos para las parejas (ABrazagrama), para gente que domina poco el español (AdiVinagrama), para jugar con niños (ChaValotesílaBo) y con expertos (ByeByegrama), para memoriosos (Másquememosílabo), para grupos (BananaílaBo), para los que nunca terminan los crucigramas (CaVilagrama)… Los hay de cruzar palabras, de crear palabras y frases, de apuestas, de memoria, de seducción, de persuasión, de tirarse faroles… Los juegos se ajustan al tiempo disponible de los participantes. Hay juegos exprés para los que tienen menos de media hora (VelosílaBo) y otros para los que pueden darse el lujo
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de prescindir del reloj (ArBoledasílabo). “En el juego el tiempo queda suspendido. Se crea un mundo paralelo con sus propias reglas; nosotros solicitamos al jugador que entre, pero le ofrecemos distintas propuestas para que suspenda el tiempo con una duración mayor o menor”. Eso sí, todos los juegos tienen algo en común: el placer. “Están ideados para que los jugadores pasen un buen rato”, afirma Màrius Serra. La diversión comienza desde el mismo principio, cuando hay que elegir quién empieza: en caso de empate, por ejemplo, si han nacido el mismo día se dan un beso. Existe una edición de Verbalia en catalán y otra edición en castellano. Durante la presentación de esta última, en la Biblioteca Nacional de Madrid, Màrius Serra y Oriol Comas propusieron jugar a los asistentes y les tentaron con un premio que recibiría el ganador. Muy pronto era tal el entusiasmo de los mismos, escrutando y combinando sus fichas y vociferando sus hallazgos, que aquel espacio, de costumbre tan austero y formal, más parecía la animada sala de un bingo. Màrius Serra y Oriol comas, que aúnan agudas dotes comerciales con la fina penetración del psicólogo, han concebido juegos que seduzcan a la variada tipología de “jugones”. Para el “jugón social”, ese tipo a quien tal vez no le gusta bailar, pero sí la sobremesa con los amigos, y que encuentra en el juego un vehículo para que sucedan cosas. “Los juegos de palabras son perfectos para él: cada palabra connota una situación, sugiere un chiste…”, dice Serra. Para el “jugón familiar”, que establece con el juego un vínculo con sus hijos. “El plan perfecto podría ser pizza más juegos, especialmente en estos tiempos de crisis”. Y también para el “jugón friqui”, “el amante contracultural del rol, el cómic y la cultura serie B”. La divisa de Màrius Serra y Oriol Comas es la siguiente: “¿Sabes leer? ¡Puedes jugar!”. Al fin y al cabo, hablar, leer y escribir implican poner palabras en juego. Màrius Serra sigue llevando fichas para jugar en los bolsillos, pero ya no son las de Scrabble, sino las ligeras fichas de cartón de su caja de Verbalia. Y como los tiempos avanzan que es una barbaridad, no es extraño verle inmerso en el Blufigrama, uno de los cincuenta juegos de la caja, en la versión digital que han sacado para iPad.
Verbalia, el juego / Verbàlia, el joc. Màrius Serra y Oriol Comas. Devir. 40 euros. El libro de Màrius Serra Verbalia está editado en Península en castellano y en Empúries en catalán. www.mariusserra.net.

El maravilloso Mago de Oz
L. Frank Baum Ilustraciones de Robert Ingpen Blume. Barcelona, 2011 192 páginas. 24,90 euros
PARA MÁS de uno El mago de Oz fue su primera experiencia alucinógena. La película de la Metro Goldwyn Mayer, de 1939, ofrecía uno de los banquetes de color e imaginación más gloriosos de la historia del cine. Convirtió a Judy Garland en una estrella adolescente y a sus brillantes chapines rojos en una puerta al infinito mundo de los sueños. Dorothy, la niña perdida de Kansas, emprendía un inquietante viaje a la Ciudad Esmeralda, en el país de Oz, acompañada del león cobarde en busca de valor, el leñador de lata que quiere un corazón y del espantapájaros en busca de un cuerpo. Por su camino (de baldosas amarillas) se cruzaban hadas preciosas, brujas malas y buenas, enanos cantarines y monos voladores. Setenta años después de su estreno es difícil borrar la enorme huella que la película dejó en la cultura popular y quizá por eso es difícil, por no decir que directamente imposible, olvidarse de ella para disfrutar de una nueva interpretación de sus personajes. Las ilustraciones de Robert Ingpen para esta nueva edición del cuento original nacieron tanto del recuerdo del relato como del de la adaptación de Hollywood: “La primera película que recuerdo que me llevaron a ver mis padres en mi Geelong natal fue El mago de Oz”, escribe Ingpen. “A pesar de ser una experiencia emocionante, no me convenció el aspecto de los compañeros de Dorothy, quería que fueran realmente como en la historia, y no simples actores humanos”, añade. Su león es un león, sí, pero por ello no convence ni más ni mejor que el rostro asustado del genial Bert Lahr en su aparatoso disfraz de fiera cobarde. L. Frank Baum escribió El maravilloso Mago de Oz en 1900 y esta edición es una buena oportunidad para conocer las raíces de la historia. El libro fue un éxito, aunaba los elementos de los relatos tradicionales de cuentos infantiles (folclores, mitos, leyendas) con el paisaje del Oeste americano. Baum quería hacer “un cuento de hadas moderno” en el que se prescindía “del dolor y de las pesadillas”. Se equivocó y hoy su libro (quizá porque lo leemos rememorando en cada página el feroz y fascinante descubrimiento que supuso ver la película) es un icono del desencanto, una luminosa metáfora de la conversión del sueño americano en pesadilla. Elsa Fernández-Santos

Luka y el Fuego de la Vida
Salman Rushdie Traducción de Carlos Milla Mondadori. Barcelona, 2011 224 páginas. 19,90 euros (electrónico: 12,99)
SALMAN RUSHDIE (Bombay, 1947), el famoso autor de Los versos satánicos, publicó en 1990 su primera obra para niños, dedicada a su primer hijo, Harún y el Mar de las Historias, un fabuloso relato lleno de fantasía, en el que se cuenta la historia de Rashid Khalifa, el mejor cuentacuentos del mundo, al que un día se le agotan las historias. Su hijo Harún decide ayudarlo a recuperar su don, y para ello viajará, a lomos de la Abubilla, al Gran Mar de las Historias, un lugar maravilloso donde se originan los cuentos. Ahora, veinte años después, Rushdie acaba de publicar Luka y el Fuego de la Vida, secuela de la anterior y dedicada a su segundo hijo. En

ESPECIAL LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL / Los Premiados

Crudeza y humor en los libros premiados
Por Victoria Fernández UNA DURÍSIMA novela sobre abusos infantiles en el ámbito familiar, Paraules emmetzinades (Palabras envenenadas), que ya había sido galardonada con el Premio Edebé de Novela Juvenil en 2010, le ha valido a la autora catalana Maite Carranza (Barcelona, 1958) el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil que otorga el Ministerio de Cultura. Narrada como un trepidante thriller, y con claras referencias a casos reales como el del “monstruo” austriaco Josef Fritzl y el de la niña alemana Natascha Kampusch, que conmovieron a la opinión pública en su momento, la novela confirma la versatilidad de Carranza, una sólida escritora capaz de manejar con gran eficacia registros tan dispares como el humor (¿Quieres ser el novio de mi hermana?, Premio Edebé Infantil 2002), la fantasía —su trilogía La guerra de las brujas (Edebé, 2005-2007) ha sido todo un best seller internacional— y el realismo duro y sin concesiones de Paraules…, justa ganadora del Premio Nacional. Un realismo que parece consolidarse como nueva tendencia en la literatura infantil y juvenil, como apuntaba ya el conjunto de los premios del año pasado, y que los de éste confirman, no sólo con la obra de Carranza, sino también con la de Agustín Fernández Paz, autor gallego de referencia, galardonado con el Premio Iberoamericano de la Fundación SM 2011 por su trayectoria (Contos por palabras / Cuentos por palabras, Premio Lazarillo 1991; O único que queda é o amor / Lo único que queda es el amor, Premio Nacional 2007), y con otras tres novelas premiadas, cuyos argumentos coinciden, curiosamente, en la rememoración de la guerra y sus horrores: los maquis de la posguerra española, en Diente de león, de Mónica Rodríguez, premio Ala Delta (Edelvives), y dos episodios de la II Guerra Mundial, en El faro de la mujer ausente, de David Fernández, premio Alandar (Edelvives), sobre el desembarco de Normandía, y la ocupación nazi en Noruega, en La noche más oscura, de Ana Alcolea, premio Anaya. En cuanto a los premios de ilustración, cabe señalar la coincidencia en el

Una cosa negra
Emilio Urberuaga Narval. Madrid, 2011 28 páginas. 15 euros A PARTIR DE 5 AÑOS. BRUNO, “una cosa negra”, va por el mundo buscando amigos para jugar. Dispuesto a cualquier cosa con tal de ser aceptado, Bruno se transforma en dromedario, en camello, en oveja, en gaviota, en pez, en cocodrilo, en cebra, en jirafa… Pero aunque intenta imitar y adaptarse al comportamiento de los distintos animales, no puede evitar ser “una cosa negra y rara”, que todos rechazan. Por suerte, encontrará a Diana, “una cosa blanca y rara”, un alma gemela, que aceptará entusiasmada su propuesta de amistad. Magníficos dibujos y tierno humor, en un bonito álbum ilustrado, para familiarizar a los pequeños con las distintas especies animales y también para aprender a contar hasta 10. Un segundo nivel de lectura, con niños algo mayores, invita a entrar en el debate de temas como el rechazo, la diferencia, la soledad… V. F.

Ilustración de Emilio Urberuaga incluida en Pícolo y Núbola (Narval).

Cómo reconocer a un monstruo
Gustavo Roldán Thule. Barcelona, 2011 24 páginas. 9,60 euros
A PARTIR DE 8 AÑOS. “SI NOS encontramos ante algo que pudiera ser un monstruo, es mejor asegurarse de que realmente lo sea”. Así reflexiona el diminuto personajillo protagonista de este libro cuando se topa con una cosa grande y peluda, ante la que siente terror. Pero consigue superar el miedo y decide inspeccionar concienzudamente al presunto monstruo, para asegurarse de que, efectivamente, lo es. Página a página, el intrépido explorador va descubriendo, por partes, al monstruo: que si sus patas, que si su panza, que si su cola… en un divertido juego de bromas y equívocos, que el autor plantea con mucho ingenio a base de unos dibujos geniales y auténticamente simpáticos, apoyados en sencillos textos de lectura fácil. Premio Junceda al libro infantil ilustrado de ficción 2011. V. F.

humor, y en el “tono” amable y divertido que caracteriza la obra de los ilustradores premiados. En primer lugar, el incontestable premio Nacional, Emilio Urberuaga (Madrid, 1954). Conocido en el “mundo mundial” por ser el creador de la imagen de Manolito Gafotas, la serie de Elvira Lindo (Alfaguara), ha ilustrado más de medio centenar de preciosos libros para niños (Discurso del oso, en Libros del Zorro Rojo; El libro de las fábulas, en Combel; Galletas chinas, en Serres; ¡Me como esa coma!, en Serres; Dos fils, en La Galera) y es también autor e ilustrador de títulos como La selva de Sara (Edelvives), ¿Qué hace un cocodrilo por la noche? (Kókinos), Pluma y Tapón (Anaya) y Una cosa negra (Narval). En enero publicará Pícolo y Núbola (Narval). Excelente ilustrador y genial caricaturista, la obra de Urberuaga tiene, además, un cálido “toque” especial, mezcla de ingenuidad, ternura y buen humor, que sólo podría comunicar alguien que, como él mismo dice, disfruta enormemente con su trabajo. Algo que parece desprenderse también de los libros del siempre provocador y divertido Gustavo Roldán, premio Jun-

ceda Infantil por Cómo reconocer a un monstruo (Thule) o del debutante Iban Barrenetxea, premio Euskadi por Bombástica Naturalis (A Buen Paso), su deslumbrante diario de un botánico loco.
Paraules emmetzinades / Palabras envenenadas. Maite Carranza. Edebé. Barcelona, 2010. 254 páginas. 9,60 euros. Contos por palabras / Cuentos por palabras. Agustín Fernández Paz. Xerais / SM. Vigo / Madrid, 1991. 140 páginas. 8,20 euros. O único que queda é o amor / Lo único que queda es el amor. Agustín Fernández Paz. Xerais / Anaya. Vigo / Madrid, 2007. 175 páginas. 13,75 euros. Diente de león. Mónica Rodríguez. Edelvives. Zaragoza, 2011. 160 páginas. 8,80 euros. El faro de la mujer ausente. David Fernández. Edelvives. Zaragoza, 2011. 208 páginas. 9,90 euros. La noche más oscura. Ana Alcolea. Anaya. Madrid, 2011. 278 páginas. 10,50 euros. Discurso del oso. Julio Cortázar / Emilio Urberuaga. Libros del Zorro Rojo. Barcelona, 2008. 24 páginas. 12,50 euros. Una cosa negra. Emilio Urberuaga. Narval. Madrid, 2011. 28 páginas. 15 euros. Cómo reconocer a un monstruo. Gustavo Roldán. Thule. Barcelona, 2010. 24 páginas. 10 euros. Bombástica Naturalis. Iban Barrenetxea. A Buen Paso. Mataró, 2011. 48 páginas. 19 euros.

A PARTIR DE 10 AÑOS. RECOPILACIÓN de las invenciones del “eminente científico” Bombastus Dulcimer (la Pera Aerostática, el Olivo Trabuco, la Calabaza Carruaje…) y de las consecuencias, casi siempre disparatadas, que sus inventos han tenido para el conjunto de la humanidad. Un original y sorprendente acercamiento a la botánica, partiendo del humor y de la imaginación más desbordada, que se presenta como una enciclopedia, con breves textos en orden alfabético y escueto lenguaje descriptivo, a los que acompañan unas ilustraciones extraordinarias (espléndidas láminas a doble página) que “narran” por sí mismas miles de historias relacionadas con cada invento. Precioso álbum, con el que Iban Barrenetxea acaba de conseguir una de las prestigiosas placas de la Bienal de Bratislava y el Premio Euskadi de Ilustración. V. F.

autor norteamericano recrea, con ingenio y mucha sorna, el encuentro y la convivencia (no siempre fácil) de Adán y Eva en el Paraíso, en una edición especial ilustrada por Francisco Meléndez, uno de los ilustradores españoles más reconocidos durante las décadas de los ochenta y noventa (premio Nacional de Ilustración 1987 por La oveja negra y demás fábulas; medalla de plata en Leipzig 1990, por El verdadero inventor del buque submarino; segundo premio Nacional de Ilustración 1992, por Leopold, la conquista del aire). Sus delicadas y cuetas como “¿desea usted encontrar su pareja?”, “urge manicura” o “necesítase limpiacristales profesionales”, y demostrando su gran capacidad de fabulación y su gusto por subvertir la “normalidad” cotidiana, Fernández Paz ha urdido una estupenda serie de cuentos —fantásticos, divertidos o misteriosos, que de todo hay en el conjunto— que primero provocan la curiosidad, luego sorprenden y, finalmente, complacen al lector. V. F.

Contos por palabras / Cuentos por palabras
Agustín Fernández Paz Xerais / SM. Vigo / Madrid, 1991 140 páginas. 8,20 euros
A PARTIR DE 12 AÑOS. OBRA GANADORA del Premio Lazarillo 1990, se trata de un original conjunto de ocho cuentos breves, de temática variada, pero con un nexo común: todos ellos están basados en los “anuncios por palabras” que aparecen en la prensa. Partiendo de frases tan es-

Los diarios de Adán y Eva
Mark Twain Ilustraciones de Francisco Meléndez Libros del Zorro Rojo. Barcelona, 2011 80 páginas. 18,90 euros
A PARTIR DE 14 AÑOS. EL GENIAL relato breve de Mark Twain (1835-1910), en el que el siempre inquietantes ilustraciones, a lápiz, para esta edición, le valieron el Premio Junceda Iberia 2011, que otorga la Asociación de Ilustradores Catalanes (APIC). V. F.
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Bombástica Naturalis
Iban Barrenetxea A Buen Paso. Mataró, 2010 48 páginas. 19 euros

ESPECIAL LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

La magi del ‘pop
Por Rosa Mora
E QUÉ ESTÁN HECHAS las niñas flamencas? “Las niñas flamencas están hechas de lunares que caen del cielo”. Pasas página, “de volantes que despegan del suelo”. Sigues, “de zapatitos con mucho taconeo”. Tiras de una lengüeta y las niñas bailan. Y así hasta el final, donde puedes montar tu propio tablao y colocar en él a las niñas flamencas. El texto ¿De qué están hechas las niñas flamencas? es de Montse Ganges y las ilustraciones de Susana Subirana. Con este libro, publicado por la editorial Combel, debuta como ilustradora de pop-ups. Noemí Mercadé, la directora de la editorial, explica que para la construcción de este libro han contado con la colaboración de un ingeniero de papel, Yeray Pérez, de Murcia. ¿Pero qué son los popups? Son libros tridimensionales, animados, interactivos, móviles, desplegables, que combinan y transforman imágenes, que tienen teatrillos, ruedas giratorias, lengüetas, efectos en relieve y en movimiento… Capaces de provocar curiosidad, sorpresa y entusiasmo. Casi todas las editoriales que tienen una línea infantil y juvenil publican pop-ups. MacMillan Iberia, por ejemplo, tiene clásicos como La princesa y el guisante, El mago de Oz, Peter Pan o Alicia en el País de las Maravillas. SM tiene una colección de Clásicos del Pop-Up. El sabueso de los Baskerville es uno de sus títulos. Alfaguara ha sacado, entre otros, El topo que quería saber quién le había hecho aquello en la cabeza. Kókinos también tiene una Alicia en el País de las Maravillas, La pequeña oruga glotona o Adivina cuánto te quiero. Todas importan este tipo de libros. Según Kókinos, “en España faltan infraestructuras para hacerlos y no compensan económicamente”. Combel es una de las pocas que sí los hace. “Empezamos con La llegenda de Sant Jordi y con Los tres Reyes de Oriente. Sabíamos que no los íbamos a encontrar fuera”, explica Mercadé. Combel publica todos sus libros en castellano y en catalán. “El secreto es hacer tiradas largas y exportar, vendemos mucho a Francia y a otros países. Los imprimimos en China. La manipulación es complicada y en muchos casos se tiene que hacer a mano y libro a libro. Hemos intentado imprimir aquí los más sencillos, pero los precios resultan imposibles. Ahora estamos trabajando en aplicaciones por ordenador, como complemento de los popups”. En Combel manejan una especie de Biblia: Los elementos del Pop-Up, del estadounidense David A. Carter, “un auténtico ingeniero de papel”. El libro explica paso a paso los elementos que intervienen en la creación de un pop-up. “Autores y editores hemos aprendido juntos”, dice Castañé. Patricia Geis, que estudió Bellas Artes y diseño gráfico en Nueva York, empezó haciendo portadas y luego se pasó al pop-up. Ha publicado un libro

Montar un tablao, cambiar de traje a las meninas, navegar por un libros desplegables y tridimensionales que combinan texto, imágen
delicioso, ¿Te has lavado los dientes? Contiene un armarito de baño, donde puedes encontrar todo lo necesario, la pasta de dientes, la seda dental, un espejo, el cepillo. El crío del libro muestra la lengua (gracias a una lengüeta), cómo se enjuaga e incluso cómo escupe el agua. Geis colabora asiduamente en dos colecciones estupendas: ¡Mira qué Arte!, sobre pintura, en la que ha hecho la Mona Lisa, de Leonardo da Vinci. Con las más exquisitas técnicas del pop-up, cuenta la historia del cuadro, fijándose en cada parte, su desaparición, su posterior aparición… Mediante una lengüeta puedes mover las cejas de Mona Lisa y ver cómo cambia su expresión. Al final, da los elementos necesarios para que cada lector haga su propia interpretación. Las meninas, de Velázquez, nos permite, gracias a la magia del pop-up, verlas por delante y por detrás. La sorpresa final: podemos cambiar los trajes de las infantas y construir una cámara oscura. “Todos nuestros libros tienen, además de una parte estética, un objetivo pedagógico”, afirma Mercadé. En la colección ¡Mira qué Artista!, dos títulos sensacionales, también de Geis: Alexander Calder y Warhol. “El de Calder me costó mucho. Quería construir un móvil pero renuncié porque no había más remedio que utilizar alambre y puede ser peligroso”. Los dos libros están llenos de sorpresas. Geis explica cómo hace popups, teniendo en cuenta que siempre se trabaja con una doble página. “Primero tengo que tener claro lo que quiero hacer. Para visualizarlo, dibujo en un papel o en el ordenador lo que me gustaría conseguir. Después, el proceso es totalmente artesanal. Con papel, cartulina, cinta de pintor y tijeras hago una primera prueba. Voy recortando o añadiendo trocitos de papel o cartulina donde haga falta, sujetándolos con cinta de pintor para poder mover las piezas y cambiarlo de sitio, manipularlo y recolocarlo fácilmente. Lo pruebo en una cartulina doblada por la mitad y voy

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El gigantesco libro de los gigantes (Bruño).

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A PARTIR DE 3 AÑOS

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A PARTIR DE 3 AÑOS

a -up’
abriendo y cerrando, a ver si se pliega bien, si se levanta bien…”. “Después de probar, fallar, probar, fallar, probar y si finalmente sale bien, tomo todas las medidas con una regla y dibujo el original en el ordenador. Entonces imprimo el troquel en una cartulina, lo corto con precisión con un cúter y lo monto con cuidado, con sus solapas, encolado, etcétera. Una vez montado hay que seguir perfeccionándolo hasta que quede óptimo. Se necesita un poco de matemáticas y conceptos de geometría, mecánica, visualización espacial y saber resolver los problemas que te vas encontrando. Es un proceso que requiere mucha paciencia y concentración, pero a la vez es como un juego y es muy divertido”. Àngels Navarro es licenciada en psicología y especialista en terapia a partir del juego. Acaba de publicar Letra a letra: un mundo de fantasía e imaginación en el que lo más inesperado se convierte en una letra del alfabeto español. Contiene 27 juegos de percepción, imaginación, lenguaje y observación. Otra de las joyas de Combel es Las mil y una noches, en el que, con texto de Lluís Farré e ilustraciones de Mercè Canals, nos cuenta la leyenda de Sherezade. Combel también importa: una de las novedades para Navidad es Charlie y la fábrica de chocolate, de Roald Dahl, con ilustraciones de Quentin Blake: el inventor y chocolatero más famoso del mundo abre las puertas de su fábrica de chocolate. Cinco niños se pasean entre gigantescos caramelos y dulces de toda clase, incluido un río de chocolate. Otro libro que encandila a los pequeños es La caja de los tesoros, de Jordi Cervera e ilustraciones de Sebastià Serra. Narra las aventuras de María y del detective Guatson (un conejo) que recorren una casa de sorpresa en sorpresa. “Nuestros libros son de cero a 99 años”, bromea y exagera Noemí Mercadé. Pero algo hay de cierto. Los disfrutan tanto pequeños como mayores.

Berta aprende a bailar
Liane Schneider Ilustraciones de Eva Wenzel-Bürger Adaptación de Teresa Clavel Salamandra. Barcelona, 2011 24 páginas. 5,95 euros
SALAMANDRA edita ahora en España la colección Mi Amiga Berta, compuesta por relatos divertidos y entrañables sobre la vida cotidiana de los más pequeños: Berta aprende a bailar, encuentra un gatito o visita una granja. Desde los años noventa, Berta se ha convertido en un personaje muy conocido por los niños alemanes, como lo fue hace 30 años Teo para los ahora padres. E. Silió

Juega con el libro del avión
Gillian Doherti Ilustraciones de Stefano Tognetti Traducción de Gemma A. de la Sierra Ubsorne. Madrid, 2011 13 páginas. 19 euros
MONTAR en avión y pasear por un aeropuerto puede ser una aventura llena de emoción y, a veces, hasta dar un poco de miedo. Este libro compuesto por duras hojas de cartón incluye un aeroplano de juguete con el que recorrerlas y descubrir desde por qué pasan las maletas por los rayos X hasta cómo se aterriza. Todo de la mano de Samuel y su familia. Carmen Mañana

Un huerto en casa
Georgina Duran Ilustraciones de Helena Delgado Combel. Barcelona, 2011 24 páginas. 19,50 euros
“PARA TODOS los niños que, como mi hijo Genís, quieren saber de dónde sale una lechuga”. La dedicatoria de la autora da idea del contenido de este originalísimo cuento que enseña cómo plantar un huerto en tu propia casa, elegir las semillas adecuadas y, claro, cosechar. Ayuda en el aprendizaje con una rueda interactiva, 24 cartas de hortalizas y herramientas, y cuatro hojas de seguimiento con pegatinas. E. S.

e chocolate… es posible con los ectos en relieve y en movimiento

A PARTIR DE 6 AÑOS

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A PARTIR DE 6 AÑOS

El gigantesco libro de los gigantes
Saviour Pirotta Ilustraciones de Mark Robertson Bruño. Madrid, 2011 24 páginas. 18,95 euros
SIN DUDA es este uno de los libros más curiosos y singulares de 2011. Un gigante desplegable de metro y medio deslumbra a cualquier niño, casi siempre de menor altura que este. Su vestimenta escocesa se abre a un mundo de sorpresas. Y el cuento que le acompaña rememora otras historias en las que personajes como Simbad el marino o Finn McCool se enfrentan a gigantones. E. S.

Cambalache
Roberto Castro Ilustraciones de Margherita Micheli OQO. Pontevedra, 2011 36 páginas. 12,90 euros
LA OVEJA Catalina quiere leer Los tres cerditos. Pero nada más abrir el libro, su silla favorita se rompe. En una suerte de cuento de la lechera versión ovina la cambia por un taburete, y luego este por un sofá, y por una mecedora…, pero nada es tan cómodo como su vieja silla y necesita terminar la historia de los cerditos ya porque está “cada vez más emocionante”. ¿Lo logrará? C. M.

Tío elefante
Arnold Lobel Traducción de Xosé M. González Barreiro Kalandraka. Sevilla, 2011 64 páginas. 12,90 euros
“TENGO MÁS

arrugas que hojas tiene un árbol”, dice el tío Elefante, y lo cierto es que ya le rechinan la espalda, los pies y las rodillas. Pero junto a él, el pequeño elefante pide deseos a una lámpara mágica, compone una canción, se disfraza, aprende a distinguir muchas flores y también a contar. Cuenta casas, cacahuetes y todos los fantásticos días que pasa a su lado. C. M.

A PARTIR DE 6 AÑOS

A PARTIR DE 8 AÑOS

A PARTIR DE 8 AÑOS

Luna Llena
Antoine Guilloppé Concepto gráfico de Solène Lavand Traducción de Pau Joan Hernández MacMillan. Madrid, 2011 40 páginas. 19,90 euros
ESTE PRECIOSO libro ilustrado con troqueles propone al lector una excursión nocturna por el bosque. Sus criaturas —lobos, búhos, conejos— están inquietas. Algo pasa entre la maleza. Pero para descubrir el misterio que encierra la oscura noche, habrá que pasar todas las páginas, que funcionan como positivos y negativos fotográficos. C. M.

Mucki y el príncipe Pío
Trinidad Andrés Labrador Ilustraciones de Kim Amate Langenscheidt. Madrid, 2011 48 páginas. 8,90 euros
LANGENSCHEIDT se ha propuesto que aprendamos a cuidar el entorno. Su cebo es un perro, Mucki, que debe hacer frente a problemas y, de paso, ofrecer actividades y experimentos. En este caso Mucki acude en socorro de una avefría desplomada sobre el asfalto. Con este pretexto el niño dibuja el plumaje, mejora su agudeza visual, aprende qué es una placa solar y hasta los puntos cardinales. E. S.

Se rueda
Tim Grabham Ilustraciones de Garry Parson Edebé. Barcelona, 2011 19,80 euros
UNA CAJA-claqueta encierra todo lo necesario para aprender a hacer películas con el móvil o la cámara digital, desde atrezo recortable hasta un CD con efectos sonoros. En el manual del director se explica qué es una escaleta, cómo son los distintos planos, y se recomiendan títulos representativos de los distintos géneros cinematográficos. Para inspirarse en los grandes del celuloide. C. M.
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Las mil y una noches (Combel), de Lluís Farré y Carmen Gil.

ESPECIAL LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL / Reportaje

Lectores electrónicos, tabletas, ordenadores… y libros de papel. Los niños disponen de múltiples soportes para la lectura. Fotografía facilitada por Alfaguara Infantil y Juvenil

El cuento tecnológico
Libros y juegos acortan distancias en el universo electrónico. La revolución digital se adentra en el universo infantil y descubre nuevas posibilidades a través de libros digitales, lectores electrónicos y aplicaciones para tabletas y teléfonos
pueden ser descargadas en teléfonos y tabletas, incluyen normalmente audio y movimiento de las imágenes y fomentan la interacción con el pequeño lector. “Se trata de que los niños lean de una forma más divertida y para ello se incluyen efectos. También actividades educativas como puzles”, explica Enrique Tapias, director general de Genera Mobile, compañía puntera en el desarrollo de aplicaciones con sede en Sevilla. Hace un año y medio entraron en el mercado de la literatura infantil y además de lanzar sus propios títulos trabajan con otros clientes como Planeta, Edebé y Disney. Los librosaplicaciones de Genera Mobile incluyen clásicos como Los viajes de Gulliver o El flautista de Hamelin y títulos nuevos como Pequeña princesa urbana. Todos están traducidos a varios idiomas y van dirigidos a distintas franjas de edad para niños hasta 11 años. “Al lanzar los primeros libros comprobamos que no había ningún sitio de referencia, ninguna tienda digital específica para estos libros infantiles creados para plataformas móviles”, dice Tapias. Ese fue el germen de TouchyBooks (que pronto pasará a llamarse Taptales), una aplicación-librería infantil con más de un millón de usuarios, donde se agrupan todos los títulos que Genera Mobile permite comprar y descargar. En su lista de novedades navideñas destaca El mago de Oz en versión 3D, una nueva interpretación del formato clásico de libro móvil o pop-up. La entrada de programadores y actores independientes en el mundo editorial infantil a través de las aplicaciones es notable y esto se traduce en un cierto caos para el consumidor a la hora de decidir entre una y otra aplicación de un mismo cuento. Como en una librería infantil tradicional en la que a menudo conviven muchas Caperucitas para distintas edades, en las tiendas de aplicaciones ocurre algo parecido. Itbooks, con sede en Valencia, es uno de los nuevos actores que ha adaptado este cuento además de Los tres cerditos y Cenicienta a un formato interactivo. Su superventas es sin embargo una historia propia: Colorín Coloreado, dirigida a niños de entre 3 y 7 años. digital”, explica Iría Álvarez, responsable del área digital de Prisa Ediciones. En este grupo se encuentran la serie de aventuras de Flambus Green en la serie infantil, y en juvenil El Bebedor de Lágrimas, de Ray Loriga, y Erebos, de Ursula Poznanski. “Las ventas aún son poco significativas, pero tratamos de trasladar al formato digital todos los títulos que sea posible del catálogo”, explica Teresa Petit, directora literaria de los sellos Montena y Beascoa. Superfieras. Hormigosaurios, de Joaquín Londáiz, es por el momento su superventas infantil. En el campo juvenil, a mediados de este mes lanzarán un e-original muy esperado: La primera teoría del amor, de Francesco Gungui, un relato en el que narra cómo se conocieron los protagonistas de su novela Siempre estarás tú, de la que lleva vendidos cerca de 20.000 ejemplares en edición impresa. Petit alerta sobre los efectos que la innovación tecnológica puede tener en los libros infantiles. “En muchos casos se trata de otra manera de leer. Antes las imágenes apoyaban un texto soberbio y ahora se corre el peligro de que con tantas distracciones esto se pierda. Todo dependerá de cómo se hagan”, afirma. Lo cierto es que el mercado del libro infantil digital aún está lejos de las cifras de ventas de libros para adultos. Los libros infantiles digitales para niños menores de ocho años representan menos del 5% de ventas totales en el mercado estadounidense frente al 25% de ventas electrónicas de algunos libros para adultos, según The New York Times. Y aunque en España cerca de la mitad de los niños de 10 a 13 años leen en formato digital —y de ellos el 12% lee libros y el 2,5% utiliza para ello un e-reader— (según el Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros de la Federación de Gremios de Editores, FGEE), los mismos padres que compran sus lecturas en versión electrónica se resisten a dejar de pasar las páginas en papel de los cuentos. Y así la fascinación que producen los dispositivos electrónicos en los niños y la soltura con la que se manejan en este medio chocan con un cierto escepticismo o nostalgia analógica por parte de los padres. ¿Por cuánto tiempo? Por Andrea Aguilar
ERÁN LOS LIBROS encuadernados una reliquia del pasado cuando los niños de hoy se hagan mayores? La pregunta está en el aire, pero mientras tanto una nueva generación de lectores tiene innovadoras y tentadoras opciones de acercarse a los cuentos de siempre y relatos recientes a través de las pantallas de lectores electrónicos, tabletas y teléfonos. Estos juguetes 2.0 para adultos multiplican su oferta de entretenimiento lúdico y lector también para los niños. El nuevo frente literario digital muestra su cara más variada, ágil y creativa en su versión infantil. Hay libros que hablan en varios idiomas, libros sobre los que pintar y repintar sin usar un solo lápiz, libros que se mueven como dibujos animados y sobre los que al deslizar los dedos cambia el decorado. ¿Pero se trata realmente de libros? ¿Entre tanto estímulo visual y auditivo se perderá la afición a la lectura? Las opciones son tantas que no falta quien se pregunta en qué consiste exactamente un libro infantil electrónico y cómo se diferencia de otros juegos y actividades en formato digital. Las fronteras están algo difusas, y la respuesta no siempre es clara. La clasificación básica distingue entre libros y aplicaciones. Las diferencias entre ambos modelos tienen que ver principalmente con cuestiones técnicas, con la edad de los lectores y con los canales de venta y distribución. Las aplicaciones solo

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El nuevo frente literario digital muestra su cara más ágil y creativa en su versión infantil

Pero más allá del libro-aplicación, sus posibilidades lúdico-educativas y sus efectos especiales, las editoriales, tras navegar las complicadas aguas legales del mundo digital, han optado dentro de lo posible por volcar sus catálogos infantiles y juveniles a las pantallas. Este formato de libro electrónico que se ajusta al mismo canon que el del mercado adulto es conocido como Epub. La principal diferencia frente al libro impreso es simplemente el uso de pantallas. Alfaguara Infantil cuenta con 14 títulos, entre los que destacan la serie de Judy Moddy y la colección de Fairy Link. En Alfaguara Juvenil han lanzado la exitosa serie de Crepúsculo, de la que además de e-books hay cuatro aplicaciones. Este título es sin duda el superventas de la editorial. Estas Navidades estarán disponibles clásicos de Roald Dahl como Charlie y la fábrica de chocolate y Matilda. “Apostamos por el lanzamiento simultáneo de novedades en papel y

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IDA Y VUELTA

Imagen de la película Madame Bovary (1949), de Vincente Minnelli, sobre la novela de Flaubert, con Jennifer Jones, James Mason y Alf Kjellin. Álbum

El porvenir de Emma Rouault
Por Antonio Muñoz Molina
UIZÁS CON LAS mejores novelas pasa como con las caras de las personas más queridas, que no hay modo de saber recordarlas, y nos sorprenden siempre cuando de nuevo las tenemos delante. La cara es diferente, más detallada todavía en pormenores y significados. La novela es como si nunca la hubiéramos leído. Asombra la insuficiencia del recuerdo, la jactancia tonta de haber dado por supuesto un conocimiento que se nos escapa, incluso de hablar con aplomo

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sobre algo que en gran parte habíamos olvidado. Lo que distingue a las mejores novelas es su capacidad perpetua de metamorfosis. Al llamarlas clásicas se les atribuye de manera instintiva una inmovilidad de mármol. El término obras maestras las falsifica al convertirlas en monumentos solemnes, y por lo tanto ajenos al presente, más adecuados para la reverencia y la retórica que para la lectura verdadera, pretextos para discursos y centenarios. En un par de noches de insomnio provocado por el jetlag he terminado Madame Bovary. En el aturdimiento de un despertar a media mañana el fulgor de la lectura permanece como el recuerdo de haber vivido una de esas noches memorables de la primera juventud que duraban hasta después del amanecer. James Joyce exigía un lector ideal que sufriera un insomnio ideal. No creo que Flaubert, tan exigente con su propia escritura, tan propenso a prolongar el trabajo hasta la madrugada, se hubiera conformado con menos. Como todo el mundo, yo pensaba que conocía bien Madame Bovary. Pero lo que yo creía conocer o recordar era una parte mínima y bastante engañosa de esa novela que tiene todavía un impacto mayor porque parece que hubiera sido escrita ayer mismo, como esos cuadros de hace décadas o siglos que nos sobresaltan con el ímpetu de sus colores y la audacia de su composición. La historia que uno cree que recuerda, sobre la que incluso es capaz de disertar con aplomo de experto —la mujer imaginativa que huye a través del adulterio de un matrimonio mediocre y padece luego el castigo de una muerte terrible— resulta ser solo una parte de la novela. Su enunciado simple de melodrama deja de lado una riqueza de personajes y situaciones que mantiene tan alerta al lector como los juegos sutiles del punto de vista. La primera sorpresa de Madame Bovary es que Emma Bovary tarda en aparecer, y que su muerte no es el final de la novela. Lo que hace Flaubert con el punto de vista narrativo es tan moderno, tan sofisticado, que uno ha de mantenerse alerta para no perder el rastro. Casi a cada momento cambia el encuadre y la atención ha de ajustarse como la lente de

una cámara a las modificaciones bruscas de cercanía y distancia. Uno cree recordar una novela escrita en tercera persona, con ese escrúpulo de objetividad que consideran tan manido los expertos: en realidad, es una extraña primera persona la que cuenta la historia, que arranca muy lejos de lo que será luego su centro, en el aula de un internado donde el narrador sin nombre, cuando era niño, vio llegar a un alumno nuevo, ese grandón torpe del que todos se burlan. Madame Bovary es la novela de ese chico que no cuadra en la escuela y parece destinado a no tener mucha suerte en la vida, a ser luego un estudiante de medicina mediocre sin dinero ni amigos, a conseguir un puesto ni siquiera de médico sino de oficial de sanidad en un pueblo sin lustre, a casarse con una viuda mayor que él que le acerca cada noche los pies helados en una triste cama conyugal. Una vez le avisan de madrugada para que vaya a atender a un agricultor próspero que se ha roto una pierna. Cuando llega a la granja lo recibe la hija joven, que tiene los ojos claros y la mirada directa, las manos demasiado largas y delgadas para ser atractivas, que sabe dibujar bien y tocar el piano y es muy aficionada a los libros, Emma, Emma Rouault. La exviuda amargada y enferma muere al cabo de solo catorce meses de matrimonio. El viudo tosco, tímido, con pocas ambiciones y menos porvenir, tiene de pronto la oportunidad de casarse con esa mujer joven que le había parecido tan inaccesible que ni se atrevía a desearla. Extasiado de haberla merecido, colmado de una felicidad erótica que no sabía que existiera, mira a su esposa tocar el piano. Entonces hay un quiebro súbito y esa música la escucha de lejos alguien que pasa de noche por las afueras del pueblo, un oficial de juzgado. En una carta a Louise Colet Flaubert habla de la extraña felicidad de desaparecer en la ficción y ser al mismo tiempo todos los personajes: el marido tosco, la esposa, cada uno de sus amantes, cada personaje episódico. Pero no hay secundarios en esta novela, del mismo modo que no los hay en la vida real, pues no hay nadie que no sea el centro de su propia historia. Por eso el relato desborda a la figura de Emma

con una amplitud que yo no recordaba, y acaba dejándola atrás, porque ese es el destino de cualquiera, y no hay un telón que caiga para subrayar un final trágico, como en las novelas y en las óperas que a ella la seducían. Pero tampoco había sabido recordar de verdad su presencia magnífica: entra en la habitación donde espera su amante y dice Flaubert que “se desnuda brutalmente”; en una noche de carnaval y desesperación deambula sola hasta el amanecer tapada con una máscara; su mano blanca aparece un momento entre las cortinillas del coche de alquiler en el que recorre desde hace varias horas la ciudad encerrada con su amante. Y para matarse no bebe un veneno, tal como uno imagina: vuelca un frasco de arsénico en polvo y se lo come a puñados. Por contraste con esa inmediatez física, y con la dificultad de las palabras para nombrar los extremos del deseo y el dolor, se ven más claras las insuficiencias y las mentiras de la literatura, la degradación infecciosa del charlatanismo político. En Madame Bovary hay una demolición permanente de esas retóricas verbales y visuales que en cada época sostienen la conformidad social, más eficaces todavía porque casi todo el mundo las obedece sin saberlo. En toda gran ficción hay un examen y una crítica del propio acto de contar. En Flaubert el estilo es un ácido arrojado a la cara misma de la palabrería, pues someterse a ella lo condena a uno a vivir en la mentira, incluso cuando cree actuar en rebelión. El hermoso instinto de felicidad de Emma Rouault queda malogrado por un orden social siniestro y por una afición excesiva a la literatura. Y si no estuviera siempre tan ebria de novelas, versos, y óperas, tal vez habría sabido averiguar a tiempo que su desgracia no la traerá el amor, sino los engranajes crueles del dinero, que entonces, igual que ahora, actúan con perfecto sigilo bajo el ruido de la literatura, de la política, de la religión, de la propaganda. Emma Bovary es tan contemporánea nuestra que sucumbe bajo el peso monstruoso de una deuda que no puede pagar.
antoniomuñozmolina.es

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PENSAMIENTO

Desmiento los rumores
El ministerio político cede su prioridad al cultural. La responsabilidad del intelectual es alimentar la conciencia del hombre de mañana
Por Javier Gomá Lanzón
ADA MÁS EFICAZ para inventarse una noticia que negarla con rotundidad. Recuerdo que, “en aquel tiempo”, disfrutaba desmintiendo en el círculo de mis amigos de distancia media el (imaginario) rumor que me atribuía una relación sentimental con alguna bella de la época: “Nada que comentar sobre Aitana Sánchez Gijón”, decía yo, insinuante; “al día de hoy, Judith Mascó y yo no mantenemos contacto”; o a veces, con más atrevimiento: “Por favor, no me preguntéis más sobre mi amistad con Brooke Shields”. Revistiéndome de dignidad y de discreción daba a entender que un sentido quizá anticuado de la caballerosidad me retraía de hablar de estas cuestiones privadas. Seductor y caballero a un tiempo gracias a un sobrio desmentido. Ahora considero mi deber salir al paso del insistente rumor que me hace miembro del nuevo Gobierno. Aunque me llamen loco, no aceptaré ser ministro. Y os diré la razón: estoy escribiendo un libro. Imagino la expresión de extrañeza dibujada en el rostro del lector. “¿A quién le importa tu libro?”, se preguntará estupefacto. En comparación con el poder, la notoriedad, la influencia, las ventajas tangibles e intangibles y, si tiene uno ese capricho, la capacidad de servicio público que van aparejados al cargo de ministro del reino de España, la publicación de un libro más en la ya inflacionaria producción editorial de este país parece una tontada. Como alguien afirmó, en España la gente no tiene tiempo para leer libros porque cada uno está demasiado ocupado escribiendo el suyo. Miles de volúmenes dormitando en los anaqueles de las librerías esperan ser comprados por algún lector ocioso y, en contraste, nada hay más codiciado en el mundo que un asiento en el Consejo de Ministros, por el que rivalizan a cuchillo legiones de candidatos. ¿Y tú, infeliz, piensas en añadir otro título más al ISBN? La literatura es importante porque expresa valores de más altura, como la belleza, el sentimiento o la comprensión del mundo. Pero los valores de altura deben subordinarse, nos dicen, a los de más peso, como los administrados por la economía o la políti-

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“Libertad, igualdad, dignidad, democracia…, conceptos que estructuran los deseos de nuestra identidad, los forjaron literatos de los últimos siglos”. Foto: Sally Gall / Gallery Stock

ca. La altura ha de ceder ante el peso. La política —que, en su más noble versión, se aplica a satisfacer necesidades sociales— es, en la opinión de muchos, una ocupación grave de personas serias y la literatura un lujo que adorna nuestras vidas. Y esta percepción la confirman muchos hombres de letras. Hay ejemplos recientes de excelentes escritores que durante un tiempo asumen responsabilidades políticas; pero hay otros que, aunque escriben y publican, lo único que en realidad anhelan es un cargo y se comportan con respecto a su carrera literaria como esos actores que, por razones alimenticias, trabajan de camarero en un restaurante de Los Ángeles a la espera de su primer papel en una producción de Hollywood: a una llamada, ese literato deja la pluma tan rápido como el camarero abandona su bayeta y todo el mundo los comprende y aplaude. Hay otra manera de contemplar las cosas. La política, sí, se orienta a satisfacer los deseos humanos, pero es la literatura la que conforma y moldea esos deseos. Todos los hombres, incluso los más rústicos, tienen una interpretación del mundo a partir de la cual comprenden y sienten la realidad. Más aún, la psicología nos ha enseñado que los hombres ni siquiera podemos percibir los objetos por los sentidos sin previamente interpretarlos: vemos, tocamos, oímos y ole-

mos esos objetos a través del tamiz de una cultura que presta inevitablemente a los actos perceptivos un sentido de carácter simbólico. Por eso, al mirar hacia la Vía Láctea, el griego cree ver gotas de leche derramada del seno de la diosa Hera succionado por Hércules, mientras que nosotros, que hemos sustituido la cosmovisión mítica por otra científica, ya sólo observamos en esa galaxia un conglomerado planetesimal de hidrógeno y helio. Libertad, igualdad, dignidad, democracia, derechos, paz, emancipación, autonomía moral, individuo: estos conceptos, que, entre otros, estructuran los deseos de nuestra identidad moderna, tienen autoría, no han llovido del cielo. Los forjaron literatos de los últimos siglos cuyas ideas, recibidas primero en la pequeña comunidad de lectores de sus libros, fueron después divulgadas y masificadas, y acabaron cristalizando en la actual imagen del mundo, la que todos compartimos por el hecho de ser hijos de la misma cultura. Y si los literatos del pasado son los creadores de los deseos de los hombres del presente, se sigue de ello que los literatos del presente han de asumir la tarea de configurar los deseos de las generaciones venideras. ¿Quién lo hará si no, dada la especialización profesional de las sociedades contemporáneas? La responsabilidad del intelectual de hoy es alimentar la conciencia

del hombre de mañana a fin de que sienta una predisposición natural a la convivencia: su altísimo ministerio consiste en la educación sentimental del futuro. Desde esta perspectiva, el ministerio político cede su prioridad al ministerio cultural. Permítaseme por un momento una inversión de todos los valores vigentes: ¿para qué hay ingenieros? Para que los literatos podamos cruzar los puentes sin perder nuestro precioso tiempo. ¿Los científicos? Para que cuiden de nuestra salud y prolonguen los años de nuestra inestimable existencia sobre la tierra. ¿Los arquitectos? Para que nos construyan casas confortables en las que escribir nuestros importantes libros. ¿Los políticos? Para que, ocupándose de sus tareas menores, nos permitan cultivar en nuestros textos aquellos valores que, por tener más altura, acaban teniendo también más peso. Los políticos son los actores secundarios en un gran teatro protagonizado por los hombres de letras, configuradores de la conciencia venidera. Estoy escribiendo un libro y el universo entero está en vilo y pendiente del resultado. ¿Y tú quieres que cambie mi papel protagonista por uno de reparto? Estás loco. Una vez más, desmiento rotundamente los rumores. Posdata. Si me llamaran para servir a mi país, podría terminar mi libro en un par de semanas como máximo.

Enciclopedia de estricta humanidad
Radicales libres
José María Ridao Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores Barcelona, 2011 432 páginas. 22 euros
ciales del siglo XX, asimismo radicales y libres; ideas no encorsetadas por la ortodoxia o el monopolio de un dios único. El autor de El pasajero de Montauban escribe con brillante sobriedad y pulso firme; hay ironía en muchos de los broches con los que cierra sus certeros ensayos, si bien serán la más profunda seriedad junto a la preocupación por las ideas que dignifican o masacran a los seres humanos las que parecen haberlos inspirado. Los clásicos y la gran literatura de todos los tiempos están muy presentes en este libro de ideas claras, tan sugerente y compacto: san Agustín, Swift, Rabelais o Balzac son algunos de los autores que pueblan la primera parte del volumen, ‘El pasado con Baedeker’. En las siguientes, con títulos tales como ‘El arte de la destrucción’, ‘Manuales de supervivencia’ o ‘Héroes y locos’, Ridao, diplomático de profesión y arabista, demuestra ser un verdadero intelectual humanista, incansable en su curiosidad por cuanto existe de importante en las ciencias humanas; tanto la Antigüedad clásica como la más reciente literatura testimonial y política del siglo XX son campos que domina a la perfección. Sus análisis de la actualidad sorprenden por su minuciosidad y precisión, las mismas con las que están elaboradas sus pausadas reflexiones literarias sobre toda la literatura testimonial de las últimas décadas: memorias de reclusos en campos de concentración, como Antelme o el de David Rousset, gitano en Buchenwald; o testimonios de la destrucción como los de Sebald o Ledig junto con el de Yizhar Smilanski, el soldado israelí que fue el primero en denunciar una masacre de palestinos. Pero también encontramos reflexiones sobre Svevo o Lampedusa, Vasili Grossman o el angoleño Mena Abrantes, autor de El príncipe perfecto. Son tantos nombres im-

Por Luis Fernando Moreno Claros EL ÚLTIMO LIBRO de José María Ridao (1961) contiene multitud de reflexiones y breves ensayos misceláneos hilvanados como un tupido tapiz intelectual; igual que “radicales libres” atómicos, estos textos reaccionan en cadena provocando y estimulando el pensamiento. Desde Aswan, en el Nilo, hasta Luanda, en Angola, pasando por París o Berlín, en compañía de las obras de la gran literatura europea o el cine, Ridao aporta su visión de una particular historia de las ideas políticas y so-

prescindibles que el lector quedará sorprendido por su amplitud y trascendencia. En el fondo de este misceláneo contenido —reseñas de libros (algunas publicadas previamente en EL PAÍS), comentarios atinados sobre la más novedosa literatura del Holocausto o la última guerra de Yugoslavia— laten ideas nucleares: en principio, la crítica de lo establecido al quebrar tópicos tales como que hay guerras (o acciones terroristas) “morales”, en las que las víctimas colaterales carecen de importancia por el bien de la causa; que existe un choque de civilizaciones y que todos los árabes son islamistas fanáticos, o que los campos de extermino los inventaron los nazis. Ridao se reafirma en posiciones de estricta humanidad según las cuales la dignidad del ser humano en sí es lo único que importa; caigan Estados o la economía mundial, siempre habrá individuos libres exentos de prejuicios que lucharán por denunciar y erradicar la injusticia allí donde la vean, sea perpetrada por árabes, israelíes, estadounidenses o afganos. Un libro excelente que merece la pena leer.
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SILLÓN DE OREJAS

Por

Manuel Rodríguez Rivero

Ilustraciones de Max.

El espléndido botín de los corsarios
cuya primera entrega estaba destinada, en opinión de sus editores originales (Bloomsbury), a lectores preadolescentes de entre 9 y 11 años, provocó una revolución en el concepto de público de la literatura juvenil. Como ya ha ocurrido con otras célebres sagas (El señor de los anillos, La materia oscura), el éxito comercial de las aventuras del mago de Hogwarts tuvo mucho que ver con que el abanico de edad del target inicial fuese radicalmente pulverizado por un entusiasta lectorado no ya joven, sino marcadamente adulto. Inicialmente fueron los padres los que sintieron curiosidad por lo que leían sus hijos, pero en seguida se puso en marcha el boca a oreja transgeneracional. Nuestra época, en la que la lectura adulta y exigente es con frecuencia rechazada por quienes ya tienen su dosis diaria de ficciones satisfecha por las series

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A SAGA DE Harry Potter (1997- 2007),

televisivas, resulta particularmente proclive a esa transmigración de los lectores, que hoy se alienta desde ciertos sectores de la edición. La llamada ficción crossover, que utiliza materiales procedentes de géneros diversos, resulta especialmente apropiada para esa hibridación del lectorado (ahí tienen, por ejemplo, la saga Crepúsculo). El último autor español en incorporarse a ella ha sido Ray Loriga, cuya novela El Bebedor de Lágrimas (Alfaguara) inicia lo que los peritextos editoriales consideran, un tanto desorbitadamente, “la saga literaria más ambiciosa de todos los tiempos”. Loriga, un buen narrador doblado en guionista, mezcla (a veces desde cierta distancia irónica y culta) elementos de thriller y de romance gótico (incluyendo almas en pena de antiguos amores contrariados) en dos diferentes planos: el de la realidad y el de la leyenda. Los ingredientes son los de siempre: el amor, la muerte,

la aventura, el misterio. Y todo para jóvenes y para los que creen que lo pueden seguir siendo, aunque sea vicariamente. Por lo demás, entre los otros libros juveniles que pueblan estos días las mesas de novedades destaco ¡Rumbo a Poniente! (Rey Lear; título original: Westward Ho!), un clásico de la novela victoriana de piratas por aquí poco leído. Su autor, Charles Kingsley (1819-1875), un pastor protestante tan reformista como furibundamente antipapista, sitúa la acción en la época de Isabel I, cuando los corsarios ingleses (aquí, héroes inmarcesibles) Drake y Raleigh atacaban a los galeones españoles para esquilmarlos. Todo ello en una historia de aventuras marinas tardorromántica, adobada con un fortísimo sentimiento antiespañol que para el lector de hoy resulta casi estimulante. Entre sus personajes encontramos esforzados y nobles corsarios, damiselas en apuros, siniestros inquisidores, muchachas indias y el supervillano traidor (pero a la postre arrepentido) Don Guzmán de Soto, más malo que un dolor. Como la novela se convirtió en un long seller —hasta el punto de que con su título (incluida la exclamación) fue bautizado un pueblecillo costero de Devon deseoso de atraer el turismo—, sus efectos antiespañoles en el imaginario británico prolongaron un par de generaciones más los de la “leyenda negra”. En el fondo, resulta hasta halagador que los hijos de la Gran Bretaña nos considerasen tan malvados. No, sé: da como orgullo retrospectivo.

QUERIDOS IMPROBABLES: quizás el título que más caja haga durante esta temporada navideña no sea precisamente ninguno de los que figuran en las listas de más vendidos, sino el soporte en que puedan leerse todos ellos. ¿Que cuál? Mucho me temo que con el publicitado Kindle a sólo 99 eurillos (solo 5 más que la imponente edición de Cuentos completos de Maupassant publicada por Páginas de Espuma), la solución es tan sencilla como adivinar el color del caballo blanco de Santiago. La tableta lectora de Amazon (en la que cabe una biblioteca de 1.300 volúmenes) cumplirá, como regalo de moda entre la clase media, el mismo papel que en el pasado reciente desempeñaron las revolucionarias cafeteras de cápsula. Y no importa que, por ahora, el stock disponible de libros en español de la compañía de Jeff Bezos sea muy limitado: además del propio, Kindle puede leer otros formatos de e-book. Y para los que no puede hacerlo fácilmente, Internet proporciona suficiente información sobre el modo en que pueden ser convertidos (vía Calibre, por ejemplo) en otros compatibles. Y, ojo, eso es algo que también saben los piratas, cuyo número no cesa de crecer entre usuarios (o simples geeks) españoles menores de 50 años. El domingo asistí, en casa de una experta usuaria informática
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Gratuidades

(además de excelente cocinera), a una apabullante demostración de la inagotable oferta corsaria de letra impresa. Sospecho que, adelantándose a posibles regulaciones (otra patata caliente que Circunflejo ha transferido al Gran Mudo, dejando a la esforzada ministra Sinde compuesta y sin reglamento) que pongan límite a la piratería, se está produciendo una auténtica orgía de descargas ilegales (ellos prefieren llamarlas “gratuitas”) de libros como El prisionero del cielo (Ruiz Zafón, Planeta), El puente de los asesinos (Pérez-Reverte, Alfaguara), Libertad (Jonathan Franzen, Salamandra), Steve Jobs (Walter Isaacson, Debate), todos ellos superventas disponibles en los abrevaderos de descargas ilícitas. Sé incluso de un informal club de lectura en el que sus componentes (todas mujeres, cuarentonas, de clase media, con empleo y suficiente nivel adquisitivo) discuten quincenalmente, lector electrónico en mano, acerca de libros por los que no han pagado. Por lo demás, la novela (y especialmente las más vendidas) es el género más pirateado. Y otra constatación: una buena parte de los libros que no se pagan no llegan a leerse nunca; simplemente se descargan por juego o por una extraña pulsión acumuladora (“si es gratis, ¿por qué no hacerlo?”). Se trata de un proceso mental alimentado por una especie de pensamiento mágico semejante al que impulsaba a los cazadores magdalenienses a pintar en la oscuridad de las cuevas los animales que deseaban atraer: si me bajo el libro (gratis) es, en cierto modo, como si ya lo hubiese leído o, al menos, como si ya lo fuera a leer. Supongo —solo supongo— que, además de la crisis, algo tendrán que ver esas descargas incontroladas en el menor rendimiento en librerías de los best-sellers citados más arriba. En fin, y por si alguno de mis improbables alberga dudas sobre mi posición (siempre hay gente dispuesta a culpar al que se limita a constatar un hecho), yo sigo (por ahora) con mi vieja cafetera Alessi y con mis anticuados y voluminosos libros analógicos. A pesar de que a veces se me recaliente el brebaje y se me desprendan las páginas de los volúmenes mal encuadernados (que son muchos).

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CINE / Reportaje

El último creyente en el poder del cine sin palabras
The artist, película revelación del año, se adentra en la elegancia del más clásico cine de Hollywood. Su director,Michel Hazanavicius, tardó años en convencer a los productores para rodar este filme mudo, que suena para los Oscar
The artist se coloque finalmente entre las favoritas a los próximos premios Oscar, incluido el de mejor película. Para eso habrá que esperar al 26 de febrero de 2012, día en el que se celebrará la ceremonia de los prestigiosos galardones. De momento, hay que mirar hacia atrás. Nada menos que diez años, que son los que Hazanavicius ha empleado en levantar el proyecto. Si no le fue fácil convencerse a sí mismo de que estaba preparado para ello, cómo iba a hacerlo con los demás. Eso es lo que se preguntaba una y otra vez. “Me propuse adquirir confianza como realizador, a lo que contribuyó el hecho de estar rodeado de dos actores de mi confianza (Dujardin, un gran colaborador, con el que ha trabajado en sus dos anteriores filmes, y Béjo, su esposa), del jefe de cámara, del músico. Sentí que con esa gente a mi alrededor lo podía hacer. Solo me faltaba encontrar al productor lo suficientemente loco para que apoyara el proyecto”, explicaba el realizador en San Sebastián. Y en estas apareció Thomas Langmann, productor francés de títulos como Astérix y Obélix o la más reciente de La guerra de los botones, que no solo se tomó en serio lo que le proponía Hazanavicius, sino que creyó con pasión en la historia. ¿Qué le llevó a desviarse de la senda de la comedia y adentrarse en la aventura del cine mudo? “Me gusta sorprenderme a mí mismo. Mi forma de trabajar está basada en el deseo de hacer una determinada película. Quería hacer una película muda porque los grandes directores míticos a los que más admiro, Hitchcock, Fritz Lang, John Ford, Lubitsch o Billy Wilder, procedían del cine mu-

Por Rocío García fueron corteses pero contundentes. ¿Una película muda, en blanco y negro? ¿Hoy? Los pensamientos, nunca verbalizados, de que estaban ante un hombre poco cuerdo llegaron con claridad a Michel Hazanavicius. Ni tan siquiera él en esos momentos creía mucho en esa locura. Lo más difícil fue convencerse a sí mismo de que aquella película soñada durante tanto tiempo merecía la pena, que no era algo irrealizable, que habría público que pagaría una entrada por verla. Un proyecto casi anacrónico, que iba en contra de todas las tendencias actuales, en pleno fervor por Avatar y el 3D. Toda una aventura en contra del mercado y de las opiniones mayoritarias. Debe ser muy, pero que muy cabezota Hazanavicius porque después de diez años de darle vueltas al proyecto, de llamar puerta tras puerta de productores del mundo entero y toparse siempre con negativas, por fin encontró lo que él mismo califica de productor “loco”. Y de ahí, de la conjunción de esas dos locuras, la de un director y un productor, nació The artist, el filme revelación del año, Palma de Oro al mejor actor para Jean Dujardin en el último Festival de Cannes y que ha arrasado con todos los galardones del público allí por donde ha pasado, en el certamen de San Sebastián y en el de Sevilla. The artist, una película muda y en blanco y negro, todo un homenaje al mejor y más delicioso cine clásico de Hollywood, se estrena en España el próximo viernes. El filme cuenta, en el Hollywood de 1927, el triunfo y el ocaso de George Valentin, una estrella del cine mudo, al que la vida le sonríe, que no es capaz de adaptarse a la era del sonoro. Una joven extra, Peppy Miller, interpretada por Bérénice Béjo, que conoce el éxito entonces, acude en su ayuda. Dos destinos entrelazados. Michel Hazanavicius (París, 1967) es un hombre delgado y algo tímido. Todavía meses después de su gran puesta de largo en Cannes, durante su visita al Festival de Cine de San Sebastián, el pasado mes de septiembre, se le ve algo desbordado con el éxito de su cuarto largometraje, con el que ha roto radicalmente con el tono cómico de sus anteriores trabajos. OSS 117: El Cairo, nido de espías y OSS 117: Perdido en Río, divertidas parodias a la francesa sobre James Bond, que obtuvieron un gran éxito de taquilla en Francia y fuera de ella. Todo indicaba que su recorrido futuro iría por ese mismo camino de la comedia. Pero saltó la sorpresa. The artist se proyectó en Cannes al final del certamen y conmovió a crítica y público. Todos se rindieron ante el espectáculo de esta pequeña, o gran, joya. Desde aquel día, Hazanavicius y su película han conocido la gloria del público, pero también la del mercado. El todopoderoso Harvey Weinstein, distribuidor del filme en Estados Unidos, fundador de Miramax, está realizando una agresiva campaña para que
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Bérénice Béjo y Jean Dujardin (Palma de Oro en el Festival de Cannes), en un fotograma de The artist, película de

“Quería hacer una película muda porque Hitchcock, Lang, John Lubitsch o Wilder procedían del cine mudo” “Tenía miedo de hacer una historia demasiado infantil, que la gente la encontrara ridícula”

do”. Y escogió el melodrama, convencido de que es el género que mejor soporta el paso del tiempo, ideal para contar una sencilla historia de amor, que no fuera demasiado fácil ni tampoco complicada, que fuera divertida y, sobre todo, dirigida a un público normal, que-

riendo respetar en todo momento las películas que él amaba. “Esa ha sido para mí la parte más complicada, hacer un filme popular. Tenía miedo de hacer una historia demasiado infantil, que la gente la encontrara ridícula”. Creció cinematográficamente con los clásicos. Al lado de su casa, en París, había un pequeño cine que proyectaba los grandes clásicos en versión original y allí se refugiaba Hazanavicius, pero también acudía a los grandes bulevares de la ciudad francesa a disfrutar con los filmes de cowboys, o las comedias o las películas más populares y comerciales. No le hacía ascos a nada. Sin considerarse un gran especialista en el género mudo —ahora ya sí lo es—, lo que más le atraía como espectador era el lado sensual y emocional de las historias que veía. Y es en ese cine sensorial donde descansa toda la estructura y también la magia de The artist. “En lo más profundo de mi empeño está la posibilidad de hacer un cine exclusivamente visual, contar una historia a través exclusivamente de imágenes, sin diálogos”. Se documentó de manera tenaz con libros, biografías de actores o directores, con la única intención de alimentar el contexto de la época, de unos personajes. En The artist, según reconoce el director, hay ecos de Gloria Swanson, Greta Garbo o Joan Crawford. ¿Tuvo problemas para convencer a los dos actores? “Con la actriz no hubo ninguno porque es mi mujer, fue muy fácil de convencer. Con Jean tenía miedo de que el guión, que había escrito pensando en él, le pareciera un poco infantil. Así que le dije que lo leyera y

que si no le gustaba, no pasaba nada. Tan amigos. Le gustó mucho la historia y se implicó de manera muy cómplice”. ¿Piensa seguir por la senda del cine mudo? “Si tengo una buena idea, ¿por qué no? Creo que The artist va a cambiar mi forma de hacer cine. Los grandes directores de Hollywood a los que he admirado han propuesto siempre diferentes maneras de hacer cine y también una manera elegante de contar las historias. Tengo un gusto especial por la elegancia y la claridad, aunque es verdad que hay otras películas que necesitan todo lo contrario. Como hay tantas maneras de hacer cine, lo más importante es encontrar la mejor manera de contar cada historia”. ¿Tuvo miedo de que The artist fuera un fracaso comercial? “No reflexiono de esa forma. Hago las películas para mí, las que me gustaría ver. Intento respetarme como realizador, pero también como espectador”. ¿Es buena la presión como creador tras un éxito como este y más si se está moviendo de esa manera en Hollywood? “Hay mucha presión, pero intento protegerme. Ahora pienso que el momento más importante de un filme es aquel en el que decides cuál vas a hacer. Por eso quiero proteger ese momento al máximo y no hacer nunca la película que otros quieren. No puedo subirme en esa ola”. ¿Cómo cambiará su carrera? “Mi carrera ha evolucionado, pero mi vida también. Visto desde el exterior, quizá me gustaba más la vida que tenía antes, por eso no quiero cambiarla totalmente. El hecho de tener una película que se vende internacionalmente te da una liber-

Estrellas en el lienzo de plata
Por Joaquín Canovas Belchí EN ESTOS últimos años, gracias a los festivales especializados y a la programación de las filmotecas, con la proyección de destacados filmes mudos oportunamente restaurados, los espectadores han tenido la oportunidad de conocer mejor una producción cinematográfica que solo por comodidad historiográfica y utilidad clasificatoria viene definida como cine mudo. Exhibiciones generalmente acompañadas de música en directo —como hace de forma habitual y poco reconocida el madrileño cine Doré, sede de Filmoteca Española— han servido para familiarizar al espectador con esa vocación de sonoro que solo la técnica limitaba. De esta forma, un público cada vez más preparado se ha visto seducido por la riqueza, la variedad y la modernidad de estas producciones, lo que ha permitido la difusión de este espectáculo fascinante y envolvente que nos acerca a un pasado revestido de contemporaneidad. Durante sus primeros treinta años, el cine contó con la imagen como único medio de expresión; bajo esta fundacional premisa, el lenguaje visual experimentó un desarrollo extraordinario para lograr establecer una plena comunicación con el espectador, contarle historias y hacerle sentir emociones. A pesar de que a partir de 1927 comienza a incorporarse el sonido, la imagen conservó una importancia primordial en la creación fílmica, y fue capaz de articular un lenguaje artístico nuevo, autónomo, coherente, popular y altamente rentable. En su primera edad dorada en los años veinte, el cine terminó por asentarse como espectáculo hegemónico de la nueva cultura de masas. Es evidente el interés que suscitó en el mundo capitalista, que no desaprovechó la ocasión para encumbrar un nuevo negocio y una floreciente industria que, además, supuso un nuevo arte dotado de una madurez expresiva, genérica y lingüística, de la que todavía somos deudores. chos de sus protagonistas, obligados a adecuarse a la nueva realidad o desaparecer para siempre. Así le sucedió a esas estrellas incapaces de evitar la chirriante voz de pito que tanto desconcertó al primer público del cine sonoro y ocasionó su ruina; aunque, sin duda, mucho más dramático resulta el olvido que padecieron aquellas viejas glorias solo vivas en la mente de sus antiguos amantes reconvertidos en sumisos siervos de su decadencia, como le ocurrió a Norma Desmond / Gloria Swanson en la mítica El crepúsculo de los dioses / Sunset Boulevard. La vida de las estrellas del mudo estaba regida por unas normas básicas que nunca debían ser transgredidas: el actor tenía que comportarse en su vida de acuerdo con su imagen en la pantalla, la existencia extracinematográfica de la estrella no podía entrar en conflicto, al menos en el plano moral, con su imagen de ficción. Las dos esferas tenían que potenciarse recíprocamente. A cambio, el actor se convertía en el amo del nuevo paraíso, donde todos los componentes del filme, desde el guión hasta la fotografía, desde la elección de planos hasta el decorado, eran puestos a su servicio. A ello contribuía de forma entusiasta el público: no parecen existir modos de disfrute del cine que prescindan del actor, la presencia de la estrella es la conditio sine qua non para el espectáculo. Finalmente, el actor-divo se convertía en el punto focal de toda la industria cinematográfica: además de recibir cifras exorbitantes, ejercía un control artístico sobre su propio trabajo sin parangón en toda la historia del cine. Aun así, las estrellas necesitaban un director que las encumbrara a la cima del éxito y la popularidad. Tras Griffith, aclamado padre del lenguaje cinematográfico, llegarían otros muchos que redimensionaron el papel jugado por el director en el seno de la industria: con Cecil B. DeMille, el director es un creador de talentos, capaz, gracias a sus películas, de transformar de la noche a la mañana a una anónima figurante en una diva de primera magnitud (lo hizo con Gloria Swanson). Como él, otros muchos cineastas (Erich von Stroheim, King Vidor, Raoul Walsh, Frank Borzage o Charles Chaplin) influyeron decisivamente en la consolidación industrial del cine y la depuración de un lenguaje cada vez más seductor. Ejemplo, Una mujer de París, dirigida por Chaplin en 1923, muestra de forma admirable las inmensas posibilidades del cine mudo. Su economía expresiva, con su magistral uso del fuera de campo, y su radical ironía habrían de influir en los directores más atentos y exigentes. Un afán perfeccionista que caracterizó también la obra de muchos de los emigrados europeos que aterrizaron en Hollywood, como el alemán F. W. Murnau, el poeta de la cámara considerado el más grande cineasta debido al gran impacto de Nosferatu (1922), El último (1924) o Fausto (1926), películas de una potencia plástica y concreción narrativas extraordinarias.
Joaquín Canovas Belchí es catedrático de Historia del Cine en la Universidad de Murcia.

avicius que se estrena la próxima semana en España.

tad que no tienes cuando tu carrera se restringe a tu país. De repente, tienes acceso a grandes presupuestos, distribuidores internacionales…”. The artist se rodó en 35 días en Hollywood y con dinero francés. Buscaron unas localizaciones exquisitas y visita-

“La música ha acompañado todo el proceso de realización, desde la escritura” “Hago las películas que me gustaría ver. Intento respetarme como realizador, pero también como espectador”

ron todos los míticos estudios, en los que rodaron los más grandes, como Chaplin en La quimera del oro o Luces de la ciudad. Incluso la casa de la protagonista Peppy Miller es la de Mary Pickford, una de las máximas estrellas del cine mudo. Todo muy emocionante, según re-

cuerda su realizador. Sin olvidar la música, ese elemento imprescindible en una película sin diálogos, obra de Ludovic Bource. “La música ha acompañado todo el proceso de realización, desde la escritura. Escuché todas las canciones del Hollywood más clásico, los temas de todos los grandes compositores, como los de Leonard Bernstein, y se los iba pasando a los músicos. También les sugerí que visionaran el mayor número posible de filmes clásicos mudos para que vieran cómo funcionaba la música. Durante todo el rodaje, oíamos los temas compuestos para crear una atmósfera favorable a los actores. La composición fue realizada por bloques narrativos y no por escenas. En esos bloques yo marcaba los puntos importantes, la tristeza, la alegría… Fue complicado porque la música debía respetar mi forma de estructurar la historia y al mismo tiempo encontrar su propia sensibilidad. Todo eso en un tiempo muy corto”. The artist navega de forma majestuosa y divertida por los silencios, esos silencios tan difíciles de encontrar hoy en el cine y también en la vida. Hazanavicius lucha por los silencios. “Son tan necesarios en la vida…”.
The artist se estrenará en España el próximo día 16. Director: Michel Hazanavicius. Actores: Jean Dujardin y Bérénice Béjo.

Michel Hazanavicius.

Sin embargo, el paso del mudo al sonoro supuso, junto a una revolución tecnológica, un acontecimiento que convulsionó la industria del cine y trastocó la posición privilegiada de mu-

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PURO TEATRO

Por

Marcos Ordóñez

Escena de En la luna (con Juan Codina, Palmira Ferrer, Nuria Mencía, Luis Moreno, Jesús Noguero y Lucía Quintana en el reparto), de Alfredo Sanzol, en el teatro de la Abadía de Madrid. Foto: Ros Ribas / Teatro de la Abadía

El álbum de oro de Alfredo Sanzol
Pleno del autor y director (14 aciertos rotundos) con En la luna (teatro de la Abadía): teatro popular, inteligente, sutil, emotivo. Gran compañía y fenomenales trabajos de Nuria Mencía, Lucía Quintana y Jesús Noguero

A

se ha ido a la luna como si se hubiera ido de vacaciones a Quintanavides (Días estupendos) o a una disco de los setenta (Sí, pero no lo soy): la mirada es la misma, la mirada de un niño muy sabio, comprensivo y burlón, perpetuamente extrañado y maravillado, pero esta vez su telescopio tiene más aumentos y abarca más territorios, y le permite ver adulterios paternos, atracos que no son lo que parecen, tumbas reabiertas, hermanos que se reconcilian de repente tras treinta años sin hablarse y muchos otros enigmas. Dicho de otra manera: En la luna, el espectáculo que acaba de estrenar en la Abadía, es “como antes, pero mejor que antes”, que diría Pirandello; una panoplia de sus saberes, un doble disco (15 piezas 15) que por su variedad temática y tonal hace pensar en el Blanco de los Beatles, y en Vida y color, aquel álbum de cromos que alegró la infancia de muchos críos de la Transición. O en una antología de relatos: de no haber optado por el sketch dramático, Sanzol hubiera sido un formidable autor de cuentos, mitad Roald Dahl mitad Pere Calders. En la luna se abre con un irresistible apólogo, “al itálico modo”, entre De Filippo y las macchiette de Raffaele Viviani: la historia del pobre hombre que pinta un planisferio en El Pardo y le llaman para llevar el ataúd de Franco. Doble dilema: esquivar el bulto (“cuando vivía Franco siempre temí que pensaran que no era bastante franquista, y ahora que ha muerto van a pensar que lo soy”) o acudir y tratar de cobrar la pasta que le deben en pleno entierro. Azcona también, por supuesto: puro Azcona, por el placidesco dibujo del protagonista y de su sulfúrica esposa. En el segundo episodio, El abrigo, aparece, diáfana, una de las figuras de estilo de su autor: el personaje lateral que, inopinadamente, pasa a primer término. El sketch arranca con

LFREDO SANZOL

un ama de casa que no llega ni a mitad de mes hasta que irrumpe una niña feriante abandonada por sus padres (“¿cómo se van a ganar la vida, si soy yo la que sabe bailar claqué?”). Frase memorable, que nos teletransporta al planeta Mihura: no cuesta imaginar que cuando esa moza salga de escena se encontrará con el protagonista de Tres sombreros de copa y recorrerán juntos los caminos. En El atraco, un padre de familia se enfren-

Estrategia sanzoliana: la situación cómica de la que brota una amenaza creciente sin que podamos prever hacia qué lado se decantará la balanza Nuria Mencía retorna a los escenarios con una gama de personajes que parecen escritos a la medida de su enorme y personalísimo talento
ta a unos policías sobre los que revolotea el insistente fantasma del GAL. Otra estrategia sanzoliana: la situación cómica de la que brota una amenaza creciente sin que podamos prever en ningún momento hacia qué lado se decantará la balanza. Esa línea se depura al máximo

en Los cabritillos, un cuento cruel en el que el mal no siempre está donde se le espera, que hubiera podido firmar el Gonzalo Suárez de Trece veces trece, y una lección acerca de cómo crear un inquietante suspense a partir de un clásico infantil. La segunda pieza maestra del conjunto es La fiesta, donde una de las adolescentes mejor perfiladas que he visto jamás (Nagore, la respuesta navarra a la Franny Glass de Salinger) muestra su berroqueño código ético, donde la relación entre madre e hija es mucho más oscura de lo que parece y donde los asistentes a la velada acaban celebrando un violento hecho político (no diré cuál) porque les permite salir por pies de la tensísima reunión. No sería difícil imaginar que, en un universo paralelo (y anterior), Nagore se convierte en la abuela carlista de La pistola, otra soberbia muestra del talento de Sanzol para trazar retratos completos y complejos en pocos minutos y, abatiendo nuestros prejuicios, hacernos comprender puntos de vista que hubiéramos considerado indefendibles: para esas cosas se inventó el teatro. En esa línea, el mejor Brecht (es decir, el Brecht menos panfletario) hubiera aplaudido La fosa por su construcción dialéctica: ahí es nada abordar en un breve sketch el asunto de la memoria histórica de un modo poliédrico y sorprendernos cuando el personaje más inesperado, tras escuchar todas las versiones, lleva a cabo una decisión moral. ¡Y qué fantástica novela comprimida es Interviú, qué soberbio retrato de un abismo matrimonial, con el maravilloso personaje de la esposa rechazada, casi la versión hardcore de la protagonista de La hora de la fantasía, que —no contaré más— lleva al éxtasis a su marido sin que éste sospeche su intervención! El lado más surreal de Sanzol aflora en El ventilador, en el que un grupo de juerguistas humillan a un selénico perso-

naje que quiere vender su cochecito de infancia para comprar un ventilador hindú: algo así como si Anouilh hubiera escrito un episodio de The Twilight Zone. O El elixir, digno de Calders, que conjuga un jarabe a base de serrín que cura el cáncer, una tremenda historia de madre e hijo y un duelo con mortíferas espadas de madera. Rematan el espectáculo dos piezas tan sobrias como emotivas: Papá, de lo mejor que se ha escrito sobre paternidad y herencia, prolonga en otra clave el precioso discurso de la madre embarazada de Días estupendos, y Nacimiento narra, en un breve y certero apunte, la llegada al mundo (es decir, a la luna) del vástago del autor (y, claro, de su madre, célebre actriz). Hablando de actores: están todos fenomenales. Soberbios Jesús Noguero, Juan Codina (más gozosamente Saza que nunca), el casi angélico Luis Moreno, la briosísima Palmira Ferrer, una Lucía Quintana más radiante, múltiple y natural que nunca, y esa criatura realmente lunar, de la estirpe de Lali Soldevila, llamada Nuria Mencía, que al fin retorna a los escenarios con una gama de personajes que parecen escritos a la medida de su enorme y personalísimo talento. Sólo dos pegas, dos minucias: creo que a Palmira Ferrer, por lo demás óptima, le sobran el tono gritón y los aspavientos “italianos” del primer episodio, y creo también que el mínimo sketch de El cura es un apunte simpático pero un tanto prescindible. Corran a la Abadía: verán un espectáculo inteligente y sutil, que habla de todos nosotros, que divierte y emociona. Sanzol lo ha vuelto a conseguir: En la luna es una muestra suprema de teatro popular que no remasca sus intenciones y que jamás subestima a su público.
En la luna. Texto y dirección de Alfredo Sanzol. Teatro de la Abadía. Madrid. Hasta el 8 de enero de 2012. www.teatroabadia.com.

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DIOSES Y MONSTRUOS

Por

Carlos Boyero

También ahora hay clásicos
Jeff Tweedy ejerce de pausado boss entre individuos con pinta de normales, pero la música de Wilco suena como algo excepcional. Y ecléctico e inclasificable. A ratos suena a country, a rock, a pop, incluso a jazz
sin posibilidad lacerante sentimiento de un señor vesti- dome en la soledad de mi casa sobredo- A mi desconfiada pregunta de qué tipo de desmentirle o de negociar su do de señora que respondía al nombre sis de John Coltrane y de Bill Evans, de música hacían me respondían con lócertidumbre que todo estaba ya de Antony me removía fibras íntimas, oteando con ansiedad futuras visitas de gicas vaguedades, me aseguraban que no escrito. Ocurrió hace cuatro- me provocaba el ensimismado desgarro Bob Dylan, Lou Reed, Bruce Springsteen, eran etiquetables, que tenía que juzgarcientos años. Doscientos más tarde a que solo transmiten los verdaderamente Leonard Cohen, en fin, los de siempre, los por mí mismo. Y con las debidas precauciones fui al pintoresco Circo Price otro escéptico se le ocurrió lo mismo. Se grandes. Incluso me atreví a ver y escu- los eternos hechiceros de mi alma. Pero ha ocurrido un milagro. Amigos para ver y oír a un individuo pequeño y supone que incluía algo nuevo que se char de cerca a individuo tan exótico, a hubiera escrito en esos dos siglos. Y así costa de perderme la prórroga de la más jóvenes (mi concepto de juventud es ge- barbudo que responde al nombre de Jeff Tweedy y que ejerce de pausado hasta la eternidad. Algo que tamboss entre individuos con pinta de bién sería aplicable a la música, a normales. Su música, sin embargo, la pintura, al teatro, al cine. Buees excepcional. Y ecléctica, inclasino, al cine no, ya que la criatura ficable, personal. A ratos suena a solo tiene cien años y todavía hay country, a rock, a pop, incluso a margen para que Keaton, Lubitsch, jazz. Desde One sunday morning, Ford, Hawks, Buñuel, Wilder y la primera y preciosa canción que gente así tengan continuidad. Por interpretan, el instinto y la evidenmi parte, convencido frívolamencia me repiten que me voy a enate de que no existe nada nuevo morar perdurablemente de esta bajo el sol, me he limitado en el gente, que son como los de antes, terreno de la música a escuchar que son uno de los nuestros. interminablemente discos que se Y con la pasión del enamoragrabaron entre los sesenta y los miento y el fervor de los convernoventa y a seguir exclusivamente sos desde hace un mes solo escula obra y los conciertos de músicho a Wilco. No solo reviviendo cos que bordean o superan la selas sensaciones de un domingo tentena y de otros que la palmapor la mañana, que cierra su últiron prematuramente. mo y espléndido disco The whole Ningún miedo a que el apocalove. También Sky blue sky, que lipsis me pillara en la vieja y únicontiene la maravillosa Impossica compañía de estos, transmible Germany, una canción que sores de los mejores sonidos del puede hacerte flotar y provocar universo, incluidos los de la calle una lágrima. Y el extraño A ghost y los del corazón, de sensaciones is born. Y el complejo Yankee Hosin límite de caducidad. Digamos tel Foxtrot. Y poseyendo la certeza que cerré mi grifo melómano a de que nunca serán flor de un día, partir de los Clash, Police, Joe de un mes, de un año. Jackson y Elvis Costello. Exagero. Con otros juglares amados, los También disfrute del Prince de de toda la vida, crees jugar sobre Sign O’ the times, Purple rain y seguro, cuando te informan de Parade aunque detestara la apaque Tom Waits vuelve al estado riencia de ese rey de la modernidad. Y al principio, esos señores Jeff Tweedy, en un concierto de Wilco el pasado septiembre en Columbia. Foto: Kyle Gustafson / The Washington Post / Getty Images de gracia con su último disco, Bad as me. Que no es tan áspero tan pesados, efectistas y concienni tan dodecafónico como alguciados llamados U2 me conmovienas perlas anteriores, que no tiene nada ron durante un perdurable rato con el impresionante final de la Copa de Euroque envidiar a esas obras maestras titulaespléndido The Joshua tree. El Green de pa que ha existido, con el Liverpool y el das Rain dogs y Franks wild years. Pero los ecologistas R.E.M. tampoco estaba Milan empatados a tres goles. Y allí obno es cierto. Es heterodoxo y también mal. Con el existencialismo grunge de servé y sentí las perturbadoras cancioencuentras una canción notable como nes, el magnetismo musical que desprenNirvana ya no pude. Pay me. Lo cual no sirve para certificar Y estaba instalado tan ricamente en día un individuo adornado con ropaje y una resurrección esplendorosa. Los que mi adorado paleolítico y desoyendo los bolsos de abuelita. Sigo oyendo sus dissabemos de qué va la historia, los que cantos de sirena sobre los prodigios de la cos, aunque con prejuicios y confusión, hemos considerado desde los comienactualidad cuando alguien me conven- ya que me enteré de que era el músico zos a este señor como algo nuestro, rogació de que escuchara a un tipo irremedia- que mejor conectaba con la sensibilidad mos a los dioses que vuelva a crear canblemente triste y volcado en las zonas de Isabel Coixet y consecuentemente ciones imperecederas como Downtown oscuras del amor llamado Damien Rice, sus canciones formaban parte de la bantrain, In the neighborhood y Cold cold cuya banda sonora era lo único memora- da sonora de sus atormentadas y líricas ground. Y si no es así, tampoco llorareble de la irritante película Closer. Y, efec- películas. Y me repito que algo falla. mos. Porque siempre nos quedará la betivamente, su disco O era hipnótico. Pero También me puede dar un infarto si en esa excelencia no tuvo continuidad. En el futuro cine de Garci aúllan Van Morri- neroso, todos andan entre los treinta y lleza en el recuerdo. los cuarenta), cuyas opiniones y gustos lo siguiente ya no había sorpresa, solo son o Tom Waits. Curado de la necesidad de escuchar respeto y valoro, me habían puesto la Wilco ha publicado recientemente The whole love repetición. Su lamida de heridas empezaba a resultar tan previsible como tediosa. en directo o en diferido a los artistas del cabeza loca desde hace tiempo con las (PIAS) y ha actuado el pasado mes de noviembre También noté que la voz prodigiosa y el aquí y ahora, seguí a lo mío, administrán- excelencias de una banda llamada Wilco. en España. www.wilcoworld.net.
LGUIEN ASEGURÓ

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El instinto y la evidencia me repiten que me voy a enamorar perdurablemente de esta gente, que son como los de antes, que son uno de los nuestros

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