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LA ESENCIA DEL LENGUAJE DR.

ALEJANDRo TomASINI BASSoLS
TOMASINI Bassols, Alejandro, Enigmas Filosóficos y Filosofía Wittgensteiniana, México, Edere, 2002, pp. 17-35.
(Le invitamos a visitar la página del profesor Alejandro Tomasini Bassols en: http://www.filosoficas.unam.mx/~tomasini/home.html

Los folletos "Scholaris - Filosofía Lecturas" son un intento por acercar pequeños textos de difícil acceso, que puedan ser útiles a estudiantes de Filosofía y autodidactas de la Web. Este material es educativo y sin fines de lucro. Algunos folletos no tienen su ficha bibliográfica por tratarse de hojas rescatadas del traspapeleo casero. En esos especiales casos, la portada avisará la falta y se recomendará tomarlo como un folleto informal del tema. Muchas gracias por acercarse a la Filosofía. Si un detalle logra ser útil para la lectura sincera y razonada de alguna tarea escolar o ensayo, entonces el esfuerzo de digitalización habrá cumplido su meta. Visita mi estante virtual en: http://es.scribd.com/tucidides2000 Saludos. Joel Tucídides Madrigal Bailón. "IN CALLI IXCAHUICOPA"

CONSEJO EDITORIAL |osé Ángel Quintanilla D'Acosta Mónica Lobatón Díaz Alejandro Abarca Reyna

editor: José Ángel Quintanilla D'Acosta

Agradecimientos

PRIMERA EDICIÓN, 2002
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En la producción de este libro convergen diversos factores que me parecería injusto o desleal no mencionar. En primer lugar, deseo señalar que mi investigación en torno a diversos aspectos de la filosofía de Wittgenstein se vio beneficiada por el trabajo de exégesis, de reconstrucción y de discusión realizado en cursos y seminarios que durante varios años impartí en la Facultad de Filosofía y Letras de la U N A M . La interacción con mis alumnos me resultó, pues, sumamente estimulante. En segundo lugar, debo decir que constituyó una gran ayuda (y un honor) la Cátedra de Excelencia de Nivel III que me fue conferida por el C O N A C Y T para la redacción del texto. Por último, está el apoyo -alegre y decidido en los buenos momentos, firme y solidario en los malos- que recibí de Nydia Lara Zavala. Es la única persona que revisó conmigo todo el texto y de quien nunca recibí más que comentarios pertinentes y útiles. Del contenido último, naturalmente, soy yo el único responsable.

ISBN 968 7903 38 4
Formación: Héctor L. Olvera Montoya Cubierta: Édere

Impreso y encuadernado en M é x i c o - Printed and bound in M é x i c o

LA ESENCIA DEL LENGUAJE

" L a filosofía — d i j o R . G . C o l l i n g w o o d en su libro Idea de la Historia— es reflexiva. La mente filosofante nunca piensa simplemente acerca de un objeto, sino que, mientras piensa acerca de cualquier objeto, siempre piensa también acerca de su propio pensar en torno a ese objeto. De esta suerte, a la filosofía puede llamársele pensamiento en segundo grado, pensamiento acerca d e l pensamiento". Sí esta caracterización de la filosofía como reflexión de segundo grado hace justicia a toda clase de especulación filosófica o no es un asunto que podemos dejar de lado. En todo caso se trata de una caracterización útil, pues permite explicar por qué podemos hablar legítimamente de filosofía de la historia, filosofía de la religión, filosofía de la mente, etc., y, también, de filosofía del lenguaje. Siguiendo a C o l l i n g w o o d , podemos decir que la filosofía del lenguaje es la reflexión de segundo grado que toma c o m o objeto de estudio tanto el lenguaje considerado como un sistema regulado de signos (sus partes, condiciones de significatividad, funciones y demás) como lo que hacemos cuando lo usamos (comprender, querer decir, dar a entender, etc.). En vista de que los temas en los que vamos a adentrarnos en este capítulo pertenecen al área de la filosofía del lenguaje, sería conveniente tener una idea, clara, aunque sea general, de la clase de discusiones y especulaciones que se efectúan en esa particular rama de la filosofía. Preguntémonos entonces: ¿qué es la filosofía del l e n guaje?
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A u n q u e reflexiones importantes sobre el lenguaje las encontramos a lo largo y ancho de la historia de la filosofía, lo cierto es que dichas reflexiones no fueron desarrolladas ni estaban conectadas de manera sistemática con las disquisiciones de otras áreas (metafísica, teoría del c o n o c i m i e n t o .
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R . G . C o l l i n g w o o d , Idea de ¡a Historia ( M é x i c o : F o n d o de C u l t u r a E c o n ó m i c a , 1972), Por ejemplo, P l a t ó n en su Cratilo, Leibniz en sus Nuevos Ensayos sobre el Entendimiento Humano, J.S. Mili en su Lógica, por no citar m á s que a unos cuantos, tienen reflexiones no sólo importantes sino vigentes en torno a cuestiones como la n e g a c i ó n , el significado de los nombres, las relaciones entre los signos y las representaciones mentales, la naturaleza de las proposiciones y muchos otros temas con estos relacionados.

ética). De hecho, la filosofía del lenguaje es una' rama relativamente nueva de la filosofía y no sería exagerado inclusive afirmar que, estrictamente hablando, nace c o n los escritos del gran lógico alemán, G o t t l o b Frege. En manos sobre todo de sus primeros practicantes, la filosofía del lenguaje empezó c o m o un estudio enteramente propedeútico, casi i n t u i t i v o (más que otra cosa se sintió su necesidad), sometido p o r c o m p l e t o a los intereses de otras áreas filosóficas y desarrollada en aras o en función de ellas. En particular, la metafísica y la filosofía de las matemáticas y de la lógica fijaron el r u m b o que habrían de tomar las investigaciones. Posteriormente, el estudio filosófico del lenguaje adquirió una v i d a p r o p i a y u n a autonomía que ciertamente no tenía cuando vio la l u z . La filosofía del lenguaje se inició c o m o un estudio de las oraciones y de sus partes en conexión c o n conceptos c o m o el de verdad y c o n nociones metafísicas c o m o las de sustancia (cosas, números) y universales (propiedades y relaciones). Esto explica por qué el interés de los primeros filósofos d e l lenguaje se centró p r i n c i p a l m e n t e en los sujetos gramaticales (sustantivos y nombres propios, básicamente) y en los predicados (en especial adjetivos). Puede, pues, decirse que todo empezó c o m o una reflexión acerca de c ó m o significan, esto es, de las clases de significado que tienen las distintas palabras que c o n f o r m a n a las oraciones. Por otra parte, el desarrollo de la lógica atrajo la atención sobre un aspecto crucial del lenguaje: la estructura de sus oraciones. Fue sólo m u c h o s años después que los filósofos reconocieron otra dimensión del lenguaje, a saber, la de la u t i l i dad y el empleo de las expresiones. C u a n d o ya se habían acuñado toda clase de tecnicismos y que los debates habían alcanzado un grado considerable de madurez y sofisticación, se p u d i e r o n trazar las clasificaciones que permiten encuadrar c o n relativa nitidez las distintas clases de estudio realizables en filosofía del lenguaje. Se d i s t i n g u i e r o n , así, tres grandes clases de investigaciones. Tenemos, en primer lugar, la s i n t á c t i c a , que se ocupa de las relaciones puramente formales entre oraciones; en segundo lugar está la s e m á n t i c a , que sería la teoría general de las relaciones entre los signos y aquello a lo que apuntan; por último, encontramos la p r a g m á t i c a , que es la investigación de las conexiones que valen entre los signos y sus usuarios a través de las clases de empleo que éstos les d a n . A h o r a b i e n , esta triple clasificación y algunas intuiciones preteóricas respecto a lo que es y para lo que esencialmente sirve el lenguaje (descripción, comunicación, expresión, etc.) indujeron a los filósofos a p r o p o n e r teorías, u n o de cuyos rasgos es su carácter abstracto y totalmente general. Para la abrumadora mayoría de los filósofos, p o r ejemplo, u n o de los objetivos primordiales de la filosofía del lenguaje es la elaboración de teorías del significado que permitan dar cuenta, en forma sistemática, de clases de

términos o, si ello es factible, de clases de aseveraciones. Surgieron así la teoría fregeana del sentido y la referencia, la teoría russelliana de las descripciones, la teoría pictórica del primer Wittgenstein y la teoría austiniana de los actos de habla, por no mencionar más que algunas de las más i m portantes y representativas de las teorías filosóficas acerca del lenguaje. E m p e r o , frente a estas grandes construcciones, auténticos sistemas filosóficos, se fue gestando, c o m o una variante especial, con rasgos distintivos y en oposición creciente a las teorías convencionales del lenguaje, c o m o una nueva especie de investigación filosófica, la filosofía del lenguaje del seg u n d o Wittgenstein. U n a de las características de esta nueva perspectiva es precisamente el rechazo de los enfoques abstractos y las teorías omniabarcadoras del lenguaje. Esta divergencia entre enfoques totalizadores y p u r a mente formales y el n u e v o pensar wittgensteiniano, divergencia que se irá aclarando a m e d i d a que avancemos, nos conduce, c o m o veremos, por senderos completamente distintos hacia posiciones irreconciliables. Veamos, pues, qué diferencias emergen de la contrastación entre los dos enfoques mencionados en relación c o n la m u y compleja cuestión de la "esencia" del lenguaje.

San

Agustín

Las Investigaciones Filosóficas, c o m o se sabe, se i n i c i a n c o n una cita de la autobiografía de San Agustín, Las Confesiones. En una sección corta de d i cha obra, San Agustín enuncia lo que él recuerda c o m o su proceso de aprendizaje del lenguaje (el latín). En realidad, su idea es de sentido común y el m o d o c o m o el santo la expresa, tanto en ese c o m o en otros textos, tiene a primera vista un m u y alto grado de p l a u s i b i l i d a d . La idea es la
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siguiente: una persona pequeña, un ser h u m a n o de corta edad, aprende a hablar porque logra identificar, a través o por m e d i o de las palabras de algún lenguaje natural, las cosas, los sentimientos y las situaciones de los cuales ya está consciente. El niño, por ejemplo, sabe que tiene hambre, que le duele algo, que quiere un objeto, que lo mezcan, etc. Este "saber" está condensado en su pensamiento, el cual es lógica y empíricamente independiente del latín, del inglés, del c h i n o o del i d i o m a que sea. El niño
a p r e h e n d e las i n t e n c i o n e s de l o s otros y a p r e n d e a expresar las suyas.

El niño tiene deseos, v o l u n t a d , m e m o r i a , inteligencia, por lo que aprender

A este respecto, vale la pena leer, entre otros, el libro Del Maestro, el cual contiene un s i n n ú m e r o de observaciones complementarias a la c o n c e p c i ó n que San Agustín expone en las Confalones.

a hablar se convierte para él en la a d q u i s i d o r ! de u n a técnica gracias a la cual él puede c o m u n i c a r lo que ya sabe pero que, p o r razones enteramente contingentes, no puede todavía dar a conocer, hacer público. Desde esta perspectiva, hablar es estar inmerso en un c o m p l i c a d o (aunque veloz) p r o ceso de traducción, el cual lleva del lenguaje mental y privado del niño al lenguaje natural, público y c o m p a r t i d o , y viceversa. C o m o puede fácilmente apreciarse, cualquier concepción del lenguaje, p o r simple que sea, de inmediato suscita cuestiones que son del d o m i n i o de otras ramas de la filosofía (teoría del c o n o c i m i e n t o , filosofía de la m e n t e , etc.). S i n e m b a r g o , aquí yo q u i s i e r a c o n c e n t r a r m e ante t o d o en la idea del lenguaje a que dan lugar las afirmaciones de San Agustín. Por lo pronto, podemos notar u n a uniformización de las funciones y partes del lenguaje. Las palabras, i.e., las mentales o las de cualquier lenguaje natural, son n o m b r e s (de objetos, sensaciones, colores, sentimientos y demás). Hablar (y, por ende, pensar) es ante todo conjuntar nombres de manera que quede d e s c r i t a una determinada situación, un estado de cosas, un hecho. Por otra parte, el lenguaje sirve también para e x p r e s a r nuestros "estados internos". Ni los pensamientos ni los estados de la mente del s u jeto dependen, para su existencia, de que la persona los exprese. Es sólo para efectos de c o m u n i c a c i ó n que el lenguaje es i m p r e s c i n d i b l e . Pero el sujeto sabe lo que le acontece, inclusive si por alguna razón estuviera p o r completo i m p o s i b i l i t a d o para enunciarlo. Esto, que puede denominarse la 'concepción agustiniana del lenguaje', pretende ser una descripción adecuada (aunque perfectible) de la e s e n c i a del lenguaje. C u a l q u i e r lenguaje natural se compondrá de palabras que sirven para n o m b r a r algo. Ese algo es su s i g n i f i c a d o . Si una palabra es significativa es porque hay algo n o m brado p o r ella. H a b l a r es, pues, yuxtaponer nombres, así c o m o las cosas tienen propiedades que están, por así decirlo, pegadas a ellas (e.g., el coche es rojo: lo rojo está de algún extraño m o d o pegado al coche). Wittgenstein examina esta concepción y las observaciones críticas más importantes que al respecto hace son. 1) Agustín centra su atención en la ubicación de las palabras en las oraciones, no en sus aplicaciones, en su uso. Se priva c o n ello de lo que le permitiría reconocer o distinguir entre clases de palabras. "Agustín no habla de que haya n i n g u n a diferencia entre clases de palabras". Todas las palabras tienen, por ende, la m i s m a función.
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de los casos, de un lenguaje sumamente p r i m i t i v o . " E l concepto filosófico del significado tiene su lugar en una idea p r i m i t i v a del m o d o c o m o funciona el lenguaje. Pero también puede u n o decir que es la idea de un lenguaje más p r i m i t i v o que el nuestro".
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3) la descripción que Agustín ofrece es sumamente parcial e i n c o m pleta. "Agustín, podríamos decir, efectivamente describe un sistema de comunicación; sólo que no todo lo que llamamos lenguaje es este sistema"." 4) Agustín incurre en una inmensa petición de p r i n c i p i o : e x p l i c a el lenguaje en términos de aquello que sólo el lenguaje hace p o s i ble. "Agustín describe el aprendizaje del lenguaje h u m a n o c o m o si el niño llegara a un país extraño y no comprendiera el lenguaje del país, es decir, c o m o si él ya tuviera un lenguaje, sólo que no ese. O, u n a vez más, c o m o si el niño ya pudiera pensar, sólo que todavía no hablar. Y 'pensar' significaría aquí algo c o m o 'hablar consigo mismo'".
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C o m o veremos posteriormente, el papel del lenguaje en la v i d a h u m a n a es m u c h o más determinante o decisivo de lo que la concepción intuitiva y primaria del lenguaje que Agustín propone permite entrever. Lo curioso del caso es que a pesar de estar expuesta a objeciones más bien obvias y fatales, la concepción agustiniana está presente en doctrinas modernas, técnicas y m u y influyentes, acerca del lenguaje, si bien se le hace a m e n u do pasar p o r un proceso de depuración y sofisticación. E x a m i n a r e m o s rápidamente una de esas doctrinas, antes de ocuparnos de la visión alternativa y refrescante que emana de las Investigaciones Filosóficas. Me refiero en este caso a la célebre Teoría Pictórica que el propio Wittgenstein defendiera en su p r i m e r gran l i b r o .

Tractatus Logico-Philosophicus Nosotros ahora sabemos, después de muchos años de exégesis y de d i s c u siones, que es prácticamente imposible llegar a un acuerdo generalizado respecto a los objetivos que Wittgenstein perseguía en su famoso l i b r o . A no d u d a r l o , en vista d e l carácter abstracto de los p r o n u n c i a m i e n t o s wittgensteinianos, son m u c h o s los interrogantes que quedarán p o r s i e m pre sin una respuesta umversalmente aceptable. Esto, d i c h o sea de paso,

2) la descripción de Agustín es una idea p r i m i t i v a , es decir, el resultado de generalizaciones y observaciones superficiales, y, en el mejor
L. Wittgenstein, Philosophka] ¡nvcstigations (Oxford: Basil Blackwell, 1974), sec. 1.

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Ibid, sec. 2. !bid., sec. 3. Ibid., sec. 32.

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hace de la lectura del libro algo todavía más excitante. A h o r a bien, entre las no pocas doctrinas contenidas en el l i b r o " hay una, conocida c o m o 'Teoría Pictórica', que versa sobre nuestro objeto de reflexión, i.e., el lenguaje, y p o r m e d i o de la cual se aspira a darnos lo que por el m o m e n t o podríamos identificar c o m o la 'esencia del s i m b o l i s m o ' . La teoría en cuestión puede ser vista de m u y diverso m o d o . P o r lo pronto, se puede sugerir que p o r m e d i o de ella Wittgenstein pretende: a) describir lo que de hecho sucede y está a la vista en los lenguajes naturales; b) ofrecer directivas para extraer lo que tan sólo está implícito en los lenguajes naturales; c) describir un lenguaje lógicamente correcto, al cual los lenguajes naturales se asemejan; d) ofrecer directivas para construir lenguajes cada vez más perfectos Independientemente de las complicaciones de interpretación a que d e n lugar las proposiciones del Tractatus, la pregunta clave para intentar entenderlas es sencilla y la podemos formular c o m o sigue: ¿cómo es posible el lenguaje? o, alternativamente, ¿qué tiene que ser el caso para que ciertos hechos (oraciones) puedan servir c o m o m e d i o de representación de la realidad? La idea central en la propuesta de Wittgenstein es simultáneamente ingeniosa y profunda y de hecho constituye un caso particular, refinado en grado s u m o , de la teoría agustiniana del lenguaje. Para enunciarla, debemos i n t r o d u c i r ciertas nociones técnicas, así c o m o dar expresión a ciertas posiciones no transparentes del texto. Son varios los supuestos metafísicos requeridos p o r la doctrina tractariana del lenguaje. Está en p r i m e r lugar el p r i n c i p i o fundamental de la ontología del Tractatus, a saber, que en el m u n d o lo único que hay son hechos. Hablar de hechos es aludir a una cierta c o m plejidad. Un hecho es un conglomerado, un conjunto, un enjambre de cosas, organizadas de cierta manera. Un segundo supuesto de Wittgenstein es, p o r consiguiente, que las cosas no pueden aparecer por sí solas, en estado " p u r o " : siempre que nos topemos con una cosa ésta tendrá a l g u n a p r o p i e d a d o mantendrá alguna relación c o n otras cosas, es decir, formará parte de algún hecho. Esto a su vez i m p l i c a que lo único que podemos representar por m e d i o de un lenguaje son hechos. Por otra parte, aquello

p o r m e d i o de lo c u a l nos representamos hechos (las proposiciones de nuestro lenguaje) debe tener algo en común c o n lo representado y estar de alguna manera regulado. Un lenguaje no es u n a masa caótica de signos. Nuestra pregunta entonces es: ¿qué deben tener en común el lenguaje y la realidad y qué condiciones tiene que satisfacer un conjunto de signos y reglas para que podamos hablar en absoluto de un "lenguaje"? " L a lógica" —se nos d i c e — "permea e l m u n d o : los límites d e l m u n do son también sus límites". No puede haber un pensamiento ilógico (¿qué sería eso?) y, p o r consiguiente, tampoco puede ser i n s t r u m e n t o , esto es, el lenguaje, ser ilógico, puesto que entonces lo único que permitiría construir serían sinsentidos. Pero dado que tanto el pensamiento c o m o el lenguaje versan sobre el todo de los hechos, entonces la realidad m i s m a también tiene que ser "lógica". Esto significa que tiene que ser inteligible; lo es, en la m e d i d a en que es representable. C a d a vez que h a b l a m o s , lo que hacemos es representarnos un sector de realidad; en otras palabras, lo que hacemos es r e t r a t a r un hecho d e l m u n d o . Lo que c o n el lenguaje hacemos es, pues, r e t r a t a r hechos, lo cual es posible porque hechos y retratos tienen algo en común. " L o que c u a l q u i e r retrato, de c u a l q u i e r forma, debe tener en c o m ú n c o n la realidad para p o d e r representarla — c o r r e c t a o i n c o r r e c t a m e n t e — del m o d o que sea, es la forma lógica, Le., la forma de la r e a l i d a d " . Es gracias a que tienen algo en c o m ú n que la representación es en p r i n c i p i o posible. A h o r a bien, ¿es eso todo lo que se requiere para p o d e r hablar de un "lenguaje"?
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Los retratos de hechos, efectuados en el lenguaje que sea (latín, jeroglíficos, notación musical, lenguaje de sordomudos, etc.), deben c u m p l i r ciertos requisitos, entre los cuales destacan los tres siguientes: 1) para cada objeto de la situación debe haber un nombre en lo que es su retrato, es decir, la oración, 2) debe haber tantos elementos en la situación c o m o en su retrato, y 3) el retrato es verdadero si sus objetos están articulados o estructurados c o m o los objetos de la situación. L o s tres p r i n c i p i o s m e n c i o n a d o s s o n , r e s p e c t i v a m e n t e , e l p r i n c i p i o denotativo de significatividad, el p r i n c i p i o de idéntica m u l t i p l i c i d a d lógica y el p r i n c i p i o de i s o m o r f i s m o . M u c h a s otras cosas podrían añadirse para completar esto que no es sino el núcleo de la teoría general de la represen-

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En el Tractatus se encuentran aclaraciones decisivas sobre temas tan diversos como la estructura de la realidad, la verdad, la identidad, la n e g a c i ó n , ia naturaleza de la l ó g i c a , el status de los enunciados de las m a t e m á t i c a s , las teorías científicas, la religión, el yo, el color, la ética y lo m í s t i c o .
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L. Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus ( L o n d o n : Routledge and Kegan Paul, 1978), 5.61 (a). íííici.. 2.18.

tación, pero por el m o m e n t o con lo dicho nos basta. Por lo pronto, tenemos ya una cierta idea de lo que es representar algo. Representar algo es construir o elaborar un pensamiento acerca de algo p o r m e d i o de un sistema de signos (que puede ser de lo más variado) sometido, iriter alia, a los p r i n c i p i o s recién mencionados. No obstante, lo que a nosotros realmente nos interesa es el m o d o peculiar de representación que efectuamos por m e d i o del lenguaje natural, es decir, cuando los signos en cuestión son palabras. Lo que realmente nos i m p o r t a son los pensamientos construidos e intercambiados por m e d i o de su vehículo más idóneo, esto es, el lenguaje natural. Se requiere, p o r consiguiente, aplicar los p r i n c i p i o s m e n c i o n a dos y precisar o matizar esto que no es sino un esbozo sumamente general o abstracto de la esencia del s i m b o l i s m o . Lo que p o r m e d i o del lenguaje natural construimos y emitimos son proposiciones. U n a proposición es un pensamiento que quedó, p o r así decirlo, vestido de palabras. " E n una proposición un pensamiento encuentra una expresión que puede ser percibida por los s e n t i d o s " . " A h o r a b i e n , aunque hay una conexión "interna" (i.e., necesaria) entre el lenguaje y el pensamiento, no podemos asumir simpliciter que corresponden p o r c o m pleto uno al otro. H a y proposiciones que pueden ser analizadas y que expresan el m i s m o pensamiento que las proposiciones a que el análisis da lugar. Por ejemplo, la proposición 'tu cuñado es mexicano' dice exactamente lo m i s m o que 'el esposo de tu hermana es mexicano'. Accedemos al m i s m o pensamiento p o r dos vías distintas. Lo que realmente nos i m p o r t a son las palabras que, una vez efectuado el análisis lógico, corresponden a los objetos del pensamiento. " E n una proposición puede expresarse un pensamiento de manera que los elementos del signo p r o p o s i c i o n a l corresp o n d a n a los objetos del pensamiento". Esas palabras que resultan ser inanalizables, es decir, indispensables para la expresión del pensamiento, son signos simples. Wittgenstein los llama 'nombres'. A p l i q u e m o s ahora a los nombres y a las proposiciones en las que aparecen, es decir, p r o p o s i ciones elementales, todo lo que hasta aquí hemos d i c h o .
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para cada n o m b r e hay un objeto, hay tantos nombres c o m o objetos y los nombres y los objetos están estructurados del m i s m o m o d o . Por eso puede un hecho lingüístico ser un retrato de otro, i . c , por eso puede servir c o m o m e d i o para decir algo. El significado de los nombres, en el sentido estricto o técnico del término, es el objeto denotado. Significar es eso: señalar, apuntar, atrapar lingüísticamente un objeto, sin describirlo. Ejemplificando: si decimos 'el gato está sobre el tejado' y asumimos que se trata de una proposición elemental, esto es, una proposición en la que aparecen e x c l u sivamente nombres (en el sentido técnico de la palabra), entonces se ve que la proposición en cuestión es un retrato de un hecho, viz, el hecho de que el gato está sobre el tejado. Es para enunciar ese hecho que se construyó d i c h a proposición. Así, al n o m b r e 'gato' corresponde el objeto "gato" y al n o m b r e 'tejado' el objeto "tejado", en tanto que el m o d o c o m o se y u x t a p o n e n las palabras en la oración, esto es, en concordancia c o n ciertas reglas lingüísticas, m u e s t r a el m o d o c o m o el gato y el tejado se relacionan ("estar encima de"). H a y tantos objetos en la proposición c o m o en el hecho descrito, representado o, c o m o dice Wittgenstein, retratado. Y, s u p o n i e n d o que la proposición es verdadera, puede apreciarse que, dadas las reglas de construcción de enunciados, la estructura de la proposición es la m i s m a que la d e l hecho. Por eso puede la proposición ser un retrato de un hecho objetivo d e l m u n d o . Por otra parte, así c o m o no es lógicamente posible que haya objetos aislados, sino que tienen que formar parte de algún hecho, así también los nombres, aunque son significativos en el sentido de que denotan de manera independiente un objeto, de todos m o d o s s o n signos que se vuelven significativos sólo cuando son usados en p r o p o s i ciones. De esta manera, y siguiendo en ello a Frege al tiempo que se distancia en este punto de Russell, Wittgenstein afirma que "sólo en el nexo de una proposición tiene significado un n o m b r e " .
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U n a proposición elemental es un retrato de una situación s i m p l e . H a blar es, c o m o ya se dijo, retratar hechos. El lenguaje no tiene otra función. C u a n d o nosotros decimos algo verdadero, nuestra proposición es un retrato de un hecho simple (mental, físico, histórico, político, etc.), porque
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, 2

fbUL, 3 .] (a).
/¡)irf.,3.2. C o m o no podemos examinar todo lo enunciado en el inmensamente rico libro que es el Tractatus, b á s t e n o s con decir aqui que la filosofía del lenguaje allí contenida excluye, de manera notoria, la posibilidad de que se hable significativamente de hechos cuando nos las habernos con la ética, las m a t e m á t i c a s , la estética y la religión.

Echemos ahora un rápido vistazo a otro aspecto de la teoría del l e n guaje d e l Tractatus. Los nombres, c o m o se dijo, tienen significado, pero las proposiciones n o . Lo que las proposiciones tienen es s e n t i d o . Para cada objeto hay un n o m b r e que lo denota, pero para cada hecho o situación o estado de cosas hay dos proposiciones: una que es verdadera y otra que es falsa. La proposición d i c e que algo, un objeto, tiene tal o cual p r o p i e d a d , y m u e s t r a que así es, es decir, muestra su sentido. La proposición no contiene al hecho que retrata o describe puesto que, si así fuera, todas las p r o p o s i c i o n e s s i g n i f i c a t i v a s serían v e r d a d e r a s y eso es o b v i a m e n t e falso. Wittgenstein, en esta primera etapa, pensaba que en p r i n c i p i o u n o podría

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tener una representación completa de la realidad recurriendo única y exclusivamente a proposiciones elementales, esto es, proposiciones que no contienen más que nombres en concatenación. En resumen: el lenguaje no tiene otra función que la de retratar hechos, esto es, enunciar situaciones objetivas, que pueden ser de la más variada índole. De ahí que la característica fundamental de las "unidades" del lenguaje sea la de ser verdaderas o falsas. La esencia del lenguaje nos la da la Teoría Pictórica, puesto que ésta nos aclara qué tiene que ser el caso para que el lenguaje sea posible. Si la doctrina se aplica a los lenguajes que conocemos o si se aplica a un lenguaje ideal todavía por construir o si no contiene más que especificaciones para construirlo o para extraer lo implícito de los lenguajes que c o n o c e m o s , todo e l l o es asunto de debate, apasionante s i n d u d a alguna pero en gran m e d i d a secundario para nuestros propósitos. Independientemente de lo anterior, está ya claro p o r qué la filosofía del lenguaje se convierte en algo de primera importancia: por un lado, es la vía para la comprensión de la estructura y el c o n t e n i d o del m u n d o , puesto que si, por ejemplo, la Teoría Pictórica es correcta, se nos abren las puertas para la investigación de los objetos del m u n d o , que no son otra cosa que las sustancias; por el otro, la teoría del lenguaje dirige nuestra atención hacia el m u n d o del c o n o c i m i e n t o y de la mente y es la guía para aprehenderlos y c o m p r e n d e r l o s cabalmente. No cabe la m e n o r d u d a de que tanto los puntos de vista de San Agustín c o m o lo que se nos dice en el Tractatus representan una concepción (más o mejor elaborada quizá en un caso que en otro, pero de todos m o d o s c o m partiendo fuertes intuiciones) p o p u l a r e intuitivamente atractiva. La idea general es que el lenguaje es un m e d i o tanto para la representación de hechos c o m o para la expresión del pensamiento, que tiene funciones específicas y que tiene un orden a prion. Intentemos ahora recoger algunas de las c r í t i c a s m á s devastadoras de esta p e r s p e c t i v a , realizadas p o r el Wittgenstein m a d u r o , para empezar así a reconstruir los temas centrales de su posición alternativa.

ra sucinta, algunas de las objeciones que el segundo Wittgenstein eleva en contra de la concepción agustiniana del lenguaje. Lo primero que habría que señalar es que es preciso no dejarse engañar, en lo que a clases de palabras atañe, por formas canónicas de expresión y de aclaración de significado. En todos los casos podemos emplear expresiones c o m o 'el significado de x es Ése es un m o d o cómodo de recoger el significado de cualquier palabra, pero si no está uno en guardia puede fácilmente confundirse y pensar que la aclaración del significado de las palabras tiene que ajustarse a lo que sugiere ese único esquema explicativo. Puede desde luego decirse que el significado de '3' es 3, el de 'casa' casa y el de 'Juan' J u a n , pero decir eso, aunque formal o gramaticalmente es correcto, no nos avanza en nada en cuanto a la comprensión de lo que realmente significan esos términos. Formulaciones abstractas c o m o esa, que se pueden aplicar sistemáticamente en todos los casos, no sólo no permiten ver sino que ocultan la variedad de aplicaciones de las palabras y, p o r lo tanto, c o m o veremos más abajo, de significados. La concepción agustiniana del lenguaje parece ser el resultado de una confusión y de u n a ultra-simplificación así. C o n c e d i e n d o que hay diferentes clases de palab r a s , la p r e g u n t a que t e n e m o s q u e p l a n t e a r es: ¿son éstas clases determinables a pnoñl Si así fuera, teorías c o m o la de Frege no sólo serían plausibles, sino imprescindibles. Si hay las categorías de n o m b r e , concepto, etc., y necesariamente éstas se reflejan de algún m o d o en la gramática, entonces en p r i n c i p i o una teoría abstracta del significado es posible y deseable. E m p e r o , ello no parece ser el caso. Es importante reconocer de u n a vez por todas que los significados de los distintos signos no son algo que ellos acarreen consigo, no son algo c o n lo cual "nacieron", y que es sólo un prejuicio lo que nos compromete c o n la idea de que las categorías gramaticales tienen implicaciones metafísicas. A qué clase o categoría de palabras pertenece un término dado es algo determinable sólo a posteñori, pues "cómo agrupemos palabras en clases dependerá del objetivo de la clasificación y de nuestra propia inclinación". Es, pues, un error i n m e n s o clasificar los términos en función de los lugares que ocupan en la oración o de la clase gramatical a la que pertenecen. No quiere esto decir, evidentemente, que el lenguaje natural (i.e., su gramática) esté equivocado, sino tan sólo que no recoge de manera transparente el funcionamiento de las palabras. Esto se aclarará más abajo, c u a n d o e x a m i n e m o s la p r o p u e s t a wittgensteiniana de los juegos de lenguaje.
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investigaciones

Filosóficas

Es o b v i o que una filosofía del lenguaje completa abarca m u c h o s temas acerca de los cuales tendrá que decirnos algo.' A algunos de ellos p o r lo menos nos enfrentaremos en las demás secciones de este capítulo. No obstante, es posible ofrecer primero una caracterización general del lenguaje en la cual se vayan incrustando posteriormente los resultados concretos de diversas y más detalladas discusiones. Antes de reconstruir la labor positiva desarrollada en nuestro libro guía, sería conveniente exponer, de mane-

H a y dos nociones importantes, relacionadas entre sí, que p e r m i t e n ciertos desarrollos filosóficos. Me refiero a las categorías de sujeto de la
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proposición y de nombre p r o p i o . En la filosofía tradicional, y en la c o n cepción agustiniana del lenguaje también, tienden a asimilarse sólo que, en vista de las complicaciones que una identificación así acarrea, a m e n u do se requiere emplear expresiones suplementarias. Por ejemplo, se habla d e "nombres p r o p i o s e n s e n t i d o l ó g i c o " o d e "auténticos" sujetos. E l Tmctatus, c o m o v i m o s , habla de nombres en este sentido. La idea subyacente, aunque de ramificaciones insospechadamente complejas, es s i m p l e : las oraciones significativas se c o m p o n e n de expresiones significativas (y hay un número infinito de oraciones), por lo que los sujetos gramaticales de dichas oraciones son también significativos. Por otra parte, se supone en general que si una palabra es significativa es porque tiene un significado y se asume, tácitamente, que tener significado no es otra cosa que denotar un objeto. Así, pues, en la concepción tradicional los nombres son s i g n i f i cativos en la m e d i d a en que denotan objetos. El p r o b l e m a es que hay m u chos casos de nombres que no denotan, es decir, de nombres vacíos, a pesar de que las oraciones en las que aparecen s o n s i g n i f i c a t i v a s . Tiene, pues, que limitarse el alcance de la tesis original. La concepción agustiniana es lo suficientemente elástica c o m o para permitir o englobar tanto la versión de la teoría según la cual todos los sujetos gramaticales son " n o m b r e s " c o m o la versión de acuerdo c o n lo cual sólo son significativos los nombres que denotan. En cualquiera de sus modalidades, sin embargo, Wittgenstein la echa por tierra. C o n s i d e r e m o s , primero, los nombres propios. Es obvio que el significado de un nombre no puede ser el objeto denotado, por la sencilla razón de que el objeto puede desaparecer, destruirse, extinguirse, morir, etc., y nada de eso afecta al significado. No decimos que porque se murió Cantinflas se murió el significado del nombre 'Cantinflas'. Por lo tanto, no podemos tranquilamente afirmar que el significado de, e.g., 'Cantinflas' es Cantinflas. Hacerlo seria confundir el signficado de un nombre con su portador. Russell, por ejemplo, tenía una excelente salida para este problema: él habría d i c h o que ese supuesto contra-ejemplo no refuta la tesis de que el significado de un n o m b r e es un objeto. Lo único que se habría mostrado es, en el mejor de los casos, que lo que nosotros ingenuamente pensábamos que eran n o m bres en el fondo no lo son. Su salida es sumamente ingeniosa: él sostenía que los nombres, c o m o 'Cantinflas', encubren una o múltiples descripciones. En este caso, p o r ejemplo, una de ellas es 'el cómico mexicano más c o n o c i d o ' . Aquí ya no aparece ningún nombre p r o p i o y se elude así el p r o b l e m a : asumiendo que Cantinflas ya no vive, de todos m o d o s la oración sigue siendo significativa, pero la razón es que eso que parecía ser un n o m b r e no lo es. De hecho, la oración en cuestión no contiene nombres genuinos. Si los incluyera, éstos tendrían que n o m b r a r o denotar objetos.

Así, el progreso que se efectúa c o n Russell consiste en que se aplica la antigua teoría del significado de los nombres a una clase restringida, m u cho más r e d u c i d a , de términos, la clase de los así llamados 'nombres p r o pios en sentido lógico'. Sólo ellos serian auténticos sujetos. El ejemplo paradigmático de nombre propio en sentido lógico es el demostrativo 'esto'. Pero aquí sí ya no habría escapatoria: c u a n d o el hablante use 'esto' tendrá que apuntar a un objeto, el cual será el significado del nombre. De lo c o n trario su emisión será enteramente asignificativa. La d i f i c u l t a d c o n la radical posición russelliana es doble: p r i m e r o no explica realmente los mecanismos del lenguaje, los cuales permiten introd u c i r y u t i l i z a r términos sabiendo de antemano que no tienen referente y, segundo, cambia el status de las categorías lingüísticas y crea un auténtico caos en las explicaciones. En contra de la tesis russelliana de que 'esto' es un " n o m b r e g e n u i n o " , Wittgenstein argumenta: '"en la m e d i d a en que hay u n esto la palabra 'esto' también tiene u n significado, independientemente de que esto sea simple o complejo'. — P e r o eso no torna a la palabra en nombre. Al contrario: porque no se usa un nombre c o n el gesto de a p u n tar, sino que se le explica por m e d i o de é l " . Esto es claro. Si alguien no sabe que mi amigo se llama 'Napoleón', yo le explico el significado d e l nombre 'Napoleón' usando el demostrativo 'esto' y apuntando o señalando al portador del n o m b r e . Pero 'esto' no es el nombre de nada. Es más bien un mecanismo lingüístico para explicar el significado de palabras que en las oraciones aparecen c o m o sujetos y a las que, por e l l o , se les clasifica c o m o "nombres". Esto es m u y distinto de lo que Russell sostenía.
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A s i m i s m o , al emplear expresiones numéricas, no avanzamos en lo más mínimo p o r decir, verbigracia, que 'tres' es el nombre del número tres. Lo más que esto último puede querer decir es que 'tres' es sujeto de oraciones en las que se usan numerales. Esto, sin embargo, no permite extraer la conclusión de que entonces 'tres' es el nombre de un objeto que, c o m o no es físico, tiene que ser de otra naturaleza (una entidad abstracta, lógica, eterna, etc.). 'Tres', 'esto', 'Cantinflas', 'que' y cualquier otra palabra pued e n ser sujetos de oraciones. Desde este p u n t o de vista, meramente superficial y formal, las palabras están uniformadas o uniformizadas. El problema es que contemplarlas así nos evita tener el apercu que se requiere para esclarecer y comprender su significado real. Es de eso que habremos de ocuparnos ahora. La concepción del lenguaje contenida en las Investigaciones Filosóficas, rival irreconciliable de la agustiniana en todas sus variantes, es aprehendible

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mediante unas cuantas nociones nuevas, introducidas en la filosofía (algunas de ellas por lo menos) por Wittgenstein. A u n q u e algunos de los argumentos en favor de ella los daremos cuando abordemos temas c o m o el de la definición ostensiva, podemos empezar a construir el cuadro general, sin olvidar que será preciso completarlo c o n aclaraciones suplementarias. Veamos, pues, cómo se articula d i c h o cuadro. Tal vez lo primero que habría que decir es que para Wittgenstein las palabras son instrumentos. "Piensa en los utensilios de una caja de herramientas: hay un martillo, pinzas, un serrucho, un desarmador, una regla, pegamento, clavos y tuercas. — L a s funciones de las palabras son tan diversas c o m o las funciones de esos objetos. (Y en ambos casos hay s i m i l i t u d e s ) " . Así c o m o el martillo sirve tanto para clavar c o m o para separar dos cosas pegadas o golpear a alguien, así las palabras (o inclusive una y la m i s m a palabra) sirven para múltiples cosas. Wittgenstein promueve esta concepción de las palabras porque (segundo elemento del cuadro) él reemplaza las teorías del significado en términos de objetos (físicos o mentales) por el p u n t o de vista de que el significado de u n a palabra es su u s o , lo que de hecho hagamos c o n ella. Esta concepción del significado se aplica, huelga decirlo, a toda clase de s i m b o l i s m o : al matemático, al de la b i o l o gía, al lenguaje natural y así indefinidamente. Esto se aclarará, p a r c i a l m e n te al menos, c u a n d o introduzcamos un tercer elemento fundamental del cuadro que del lenguaje Wittgenstein nos está p i n t a n d o . Me refiero a la idea del lenguaje c o m o algo expansivo, algo que crece y se desarrolla y no algo estático, fijo, establecido de una vez por todas. Esto, sin embargo, requiere ser matizado.
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interesa destacar es algo que sólo puede quedar aprehendido si se usa u n a noción no gastada, nueva, una noción que permita explicar p o r qué no p o d e m o s hablar, por qué no tiene sentido hablar en ningún m o m e n t o de un estado acabado del lenguaje, del lenguaje completo. La noción-que a Wittgenstein le va a servir para estos efectos es la noción de j u e g o de l e n g u a j e . Es esta una noción compleja que requiere ser presentada c o n cuidado. Un juego de lenguaje es un conjunto de términos que queda caracterizado en función de las acciones de los hablantes y c o n las que las palabras en cuestión están conectadas. Desde este p u n t o de vista, el lenguaje resulta estar indisolublemente ligado a las prácticas humanas. En realidad, la identidad de los juegos de lenguaje es una función de dichas actividades. La pregunta '¿cuántos juegos de lenguaje hay?' es equivalente a la pregunta '¿cuántas actividades hay?'. En realidad, ambas preguntas son absurdas o, si se les acepta c o m o legítimas, de inmediato puede verse que son i n c o n testables. Dice Wittgenstein: "Llamaré a estos juegos 'juegos de lenguaje' y en ocasiones hablaré de un lenguaje p r i m i t i v o c o m o de un juego de l e n guaje. (...) Llamaré también al todo, consistente en lenguaje y en las acciones c o n las cuales está entrelazado, el 'juego de lenguaje'".'"Desde esta perspectiva, simplemente no hay tal cosa c o m o El Lenguaje, con una esencia determinada, c u m p l i e n d o funciones previsibles o adivinables. Eso que llamamos 'lenguaje' es más b i e n un conglomerado indeterminado (no caótico) de juegos de lenguaje. Lo que hay son juegos de lenguaje, u n i d o s entre sí por ciertas convenciones y regulaciones, válidas para todos pero que no a n u lan sus respectivas funciones. A h o r a b i e n , la noción de juego de lenguaje trae aparejada a otra n o ción c r u c i a l del pensamiento wittgensteiniano. Me refiero a la noción de f o r m a de v i d a . Las formas de vida son las actividades, socialmente sancionadas, asociadas c o n los juegos de lenguaje. Juego de lenguaje y forma de v i d a son dos caras de u n a m i s m a m o n e d a . Hay, pues, tantas formas de v i d a c o m o juegos de lenguaje. Estas nociones, aunadas a la de significado c o m o uso, i m p l i c a n que la comprensión del significado de las palabras sólo es asequible cuando comprendemos lo que las palabras involucradas permiten hacer, su utilidad real en nuestras vidas, en la praxis humana, esto es, las actividades significativas, socializadas y transformadoras de los hombres. Es claro, por lo tanto, que aunque de hecho los usuarios de un lenguaje tomamos parte en m u c h o s juegos de lenguaje compartidos, c o m u n e s , también

El desarrollo del lenguaje que tengo en mente no es el del léxico. De esta clase de desarrollo cualquier teoría del lenguaje puede dar cuenta. Me refiero al desarrollo de f u n c i o n e s desempeñadas por o en el lenguaje. Aquí el error que hay que evitar es el de identificar ias funciones del lenguaje c o n las sugeridas por la gramática superficial. De acuerdo c o n ésta, lo único que se podría hacer c o n el lenguaje sería afirmar, negar, preguntar y exclamar. E l l o es i n d i s c u t i b l e , si lo único que se tiene en mente son las funciones que la gramática, superficial reconoce y clasifica. U n a tesis así suena c o m o algo viable solamente si se piensa, c o m o en el Tractatus, que el lenguaje está ya prefigurado o, si se prefiere y para ser más exacto, que está dada a prioii la forma general de la proposición y que la gramática recoge fielmente dicha forma lógica. Pero esto es justamente lo que las investigaciones están cuestionando. El desarrollo del lenguaje que a Wittgenstein

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hay otros de acceso más restringido, puesto que no todos participamos en las mismas actividades. Por ejemplo, todos tomamos parte en juegos de lenguaje asociados c o n la c o m i d a ('prepara algo sabroso', 'se tostó el p a n otra vez', etc.), pero no todos tomamos parte en los juegos de lenguaje de las ecuaciones diferenciales o en el de los arpegios y las arias. Por c o n s i guiente, no todas las formas de v i d a son de hecho compartidas, aunque en p r i n c i p i o todas son compartibles. Aquí se vuelve i m p o s i b l e no citar una sección completa, un tanto larga pero sumamente ilustrativa, del libro de Wittgenstein, la cual recoge muchas de las ideas que hemos estado aireando: "Pero, ¿cuántas clases de oraciones hay? Digamos, ¿afirmación, interrogación e imperativos? — H a y innumerables clases; innumerables clases de usos diferentes de lo que llamamos 'símbolos', 'palabras', 'oraciones'. Y esta m u l t i p l i c i d a d no es algo fijo, dada de una vez p o r todas, sino que nuevos tipos de lenguaje, nuevos juegos de lenguaje, c o m o podríamos decir, vienen a existir y otros se vuelven obsoletos y se les o l v i d a . (Podemos tener una idea general de esto p o r los cambios en matemáticas). El término 'juego de lenguaje' sirve para poner de relieve el hecho de que el hablar un lenguaje es parte de u n a actividad, de una forma de v i d a . E x a m i n a la m u l t i p l i c i d a d de juegos de lenguaje en los siguientes ejemplos y en otros. Dar órdenes y obedecerlas. Describir la apariencia de un objeto o dar sus medidas. C o n s t r u i r un objeto a partir de una descripción (un dibujo). Reportar un evento. Especular acerca de un evento. F o r m u l a r y probar una hipótesis. Presentar los resultados de un experimento en tablas y diagramas. Inventar u n a historia y leerla. A c t u a r en el teatro. Cantar en coro. A d i v i n a r acertijos. Hacer un chiste; contarlo. Resolver un p r o b l e m a de aritmética aplicada. Traducir de un lenguaje a otro. Solicitar, agradecer, maldecir, saludar, orar.' Es interesante comparar la m u l t i p l i c i d a d de los instrumentos en el lenguaje y los modos en que son usados, la m u l t i p l i c i d a d de clases de palabras y

oraciones, c o n lo que los lógicos han d i c h o acerca de la estructura del lenguaje ( i n c l u y e n d o al autor del Tractatus Logico-Philosophicus)".
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Es importante recordar que, a final de cuentas, la filosofía del lenguaje de Wittgenstein consiste en una propuesta, una invitación para "ver" el lenguaje de una manera que es novedosa y totalmente diferente a las formas usuales de hacerlo. La apuesta es simplemente que es mejor, más fructífero verlo c o m o él p r o p o n e , entre otras razones porque, c o m o podremos apreciar mejor a m e d i d a que avancemos, este m o d o de concebirlo y de examinarlo es lo único que en p r i n c i p i o permite escapar de los enredos filosóficos. A d o p t a r el aparato conceptual wittgensteiniano es ponerse a sí m i s m o en posición de describir el lenguaje desde la perspectiva de su u t i l i d a d y, p o r consiguiente, desde la perspectiva de su significado real; esto a su vez nos proporcionará elementos para detectar, diagnosticar y evitar la formación de enigmas y problemas filosóficos, los cuales son siempre el resultado de interpretaciones tergiversadas del uso n o r m a l de las expresiones de nuestro lenguaje. S o n múltiples los ejemplos de juegos de lenguaje que Wittgenstein ofrece, los cuales tienen entre otras características la de revestir el aspecto de la c o t i d i a n i d a d , de lo n o r m a l , de lo que todos c o n o cemos y podemos juzgar. Son lo opuesto de los ejemplos filosóficos usuales, artificiales y poco representativos. Considérese, por ejemplo, el juego de lenguaje de los albañiles: dos operarios, A y B, que se c o m u n i c a n p o r m e d i o de unos cuantos términos ('loza', 'ladrillo', 'piedra', 'aquí', 'allí', 'uno', 'dos', 'tres', etc.). A grita: 'cinco ladrillos allí' y B lleva de un lugar a otro cinco ladrillos. El juego de lenguaje puede irse expandiendo, añadiendo, por ejemplo, colores. Lo que se exhibe entonces es la red de acciones c o n la que están conectadas las diversas palabras y en v i r t u d de las cuales éstas a d q u i r i e r o n su significado Por m e d i o de ejemplos simples de juegos de lenguaje se ilustra la propuesta general, pero esos ejemplos no pretenden ser ni un descubrimiento genético ni una descripción de lo que se vio en tal o cual lugar. "Nuestros juegos de lenguaje, claros y simples, no son estudios preparatorios para una futura regularización del lenguaje c o m o si se tratara de primeras aproximaciones, ignorando la fricción y la resistencia del aire. Los juegos de lenguaje están establecidos más b i e n c o m o objetos de comparación, que se supone que echan l u z sobre los hechos de nuestro lenguaje no p o r m e d i o ú n i c a m e n t e de s i m i l i t u d e s , s i n o también de d i s i m i l i t u d e s " . En esta concepción, nombrar deja de ser una misteriosa acción mental gracias a la cual se le dota de v i d a a un signo y se le conecta c o n un objeto. N o m b r a r es algo m u c h o más prosaico que lo que los filóso20

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fos han i m a g i n a d o : n o m b r a r es algo así c o m o Etiquetar objetos. Se trata de un paso preparatorio para lo que ha de venir después, a saber, la u t i l i z a ción del n o m b r e en oraciones bien formadas. U t i l i z a r un n o m b r e (en c o n f o r m i d a d c o n reglas y alguna acción determinada), o sea, d e c i r algo, es hacer un m o v i m i e n t o en el juego de lenguaje. Es c o n la noción de m o v i m i e n t o en el juego de lenguaje c o n la que Wittgenstein reemplaza la antigua noción de proposición. Es sólo cuando se hacen movimientos en juegos de lenguaje que los signos revelan su significado y qué significado tengan es algo que dependerá de las prácticas en conexión c o n las cuales hayan sido acuñados y puestos en circulación. Sería conveniente, antes de abandonar el tema, m e n c i o n a r otro aspecto de la concepción del lenguaje que Wittgenstein ofrece. Me refiero a su rechazo de la idea, de sentido común y propia también de la concepción agustiniana, de que es posible deslindar tajantemente entre el lenguaje y la realidad. Se supone, por ejemplo, que p o r lo menos mediante ciertas palabras, mediante algunos términos especiales, se establece una conexión pec u l i a r , inefable, entre el lenguaje, el p e n s a m i e n t o y la r e a l i d a d . Las Investigaciones niegan esto. Para Wittgenstein, el lenguaje incluye no sólo palabras, sino también lo que él denominó 'instrumentos del lenguaje'. S o n parte del lenguaje, por ejemplo, las muestras de colores p o r m e d i o de las cuales se le enseña a un niño el lenguaje de los colores o, mejor d i c h o , juegos de lenguaje c o n palabras para colores. Para c o m p r e n d e r esto lo que hay que observar es que el papel desempeñado p o r una muestra de colóles exactamente el m i s m o que el de u n a palabra que se está enseñando a pronunciar. En ambos casos, hay algo que, para el aprendiz, funciona c o m o paradigma a seguir lingüísticamente. "¿Qué pasa c o n los ejemplares de c o l o r que A le muestra a B? ¿Pertenecen acaso al lenguaje! Bueno, es c o m o se quiera. No pertenecen al lenguaje de palabras; sin embargo, cuando yo le digo a alguien: 'Pronuncia la palabra " l a " ' , contará al segundo 'la' c o m o parte de la oración. Así, pues, juega un papel por completo similar al de la muestra de color en el juego de lenguaje (8), esto es, es un ejemplar de lo que el otro tiene que decir. Es de lo más natural, y lo que menos confusión provoca, i n c l u i r a las muestras entre los instrumentos del lenguaje". Así, pues, la "conexión" entre el lenguaje y la realidad se hace en el lenguaje. Esto, naturalmente, es de implicaciones incalculables.
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omniabarcador, abstracto y a priori. Se asume que hay algo así c o m o El Lenguaje, el cual tiene una determinada forma o esencia. Los significados de las palabras dependen de las categorías bajo las cuales caigan. Las palabras son nombres y los nombres significan objetos. Las proposiciones son conjuntos articulados de nombres. Para la propuesta alternativa, en c a m b i o , el lenguaje es algo v i v o , en constante expansión, conformado p o r un sinnúmero o por un número indeterminado de juegos de lenguaje. El significado de los términos está dado p o r el uso que de ellos se haga y lo peor que se puede intentar hacer es asimilar los usos y reducirlos unos a otros. Las palabras s o n utensilios y el fundamento último de la significación las prácticas colectivas. P o d e m o s decir de alguien que conoce el significado de un término ('Charlot', 'entropía', '71', '#', etc.) cuando sabe hacer movimientos lingüísticos c o n d i c h o s signos, cuando éstos le resultan útiles. Este c o n o c i m i e n t o , claro está, es independiente de la capacidad de formular explícitamente las reglas que los rigen. C o n esto en mente, podemos pasar a examinar nuestro siguiente tópico.

A manera de conclusión de un p r i m e r acercamiento al tema, podemos decir lo siguiente: hay dos grandes concepciones del lenguaje, la agustiniana y la wittgensteiniana. La primera se caracteriza por su carácter f o r m a l ,
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