algunos militantes de Al Qaeda, lo que ha hecho posible para el presidente Bush el lanzamiento de una campaña de terror […].

No estamos esperando noviembre para saber si en EEUU existirá finalmente el socialismo. Lo que queremos saber es si existe aún algo que se pueda acercar a la democracia, si existe aún un margen, aunque sea restringido, de autonomía de la opinión pública respecto a los

colaborar con las diversas aristocracias globales. Una vez más, Estados Unidos viene a hallarse en la situación del monarca que no puede financiar sus guerras y que se ve obligado a pedir fondos a la aristocracia. Pero los aristócratas […] no financiarán las guerras a menos que su voz y sus intereses sean atendidos en el proceso de la toma de decisiones. En resumen, el monarca puede usurpar el poder

automatismos férreos del poder mediático-militar. La ignorancia es contagiosa en los EEUU. Ellos no saben. No saben nada de lo que está ocurriendo en el mundo, no saben dónde está el mundo, no saben qué cosa está ocurriendo en Iraq, no saben cuántos son los muertos norteamericanos comparados con los iraquíes […]. He pasado un tiempo en librerías […]. Había estantes enteros, dedicados a denunciar al grupo criminal que se ha hecho dueño de la Casa Blanca […]. ¿Pero qué porcentaje de electores norteamericanos lee libros? Lo que esperamos saber en noviembre es solamente esto: si el volumen de la ignorancia ha sofocado toda dinámica, o si en cambio los EEUU es aún un lugar que pertenece a la humanidad. Ya lo veremos. Franco Bifo Berardi, “Plástica Facial” [disponible en www.madrid.indymedia.org] Estados Unidos no puede ir por su cuenta. Washington no puede ejercer un control monárquico sobre el orden global sin la colaboración de otras potencias dominantes. Esto no significa que lo decidido en Washington sea en modo alguno secundario o poco importante, significa que siempre será preciso ponerlo en relación con toda la red de poder global. Si se concibe Estados Unidos como una potencia monárquica en el escenario mundial, entonces, y empleando la vieja terminología, el monarca ha de negociar continuamente y

y declarar la guerra de manera unilateral (y, de hecho, provocar grandes tragedias), pero finalmente le llegará la factura. En estas condiciones, la aventura unilateral representa una fase transitoria. Sin la colaboración de la aristocracia, en realidad el monarca no tiene poder. Antonio Negri y Michael Hardt, Multitud. Guerra y democracia en la era del Imperio, Debate, Barcelona, 2004, pp. 88-89. Las aristocracias globales, quede bien claro, no representan en modo alguno a la multitud. El proyecto de las aristocracias, incluso con una nueva Carta Magna, no tiene como objetivo la democracia, sino una forma diferente de control imperial. La multitud es, y necesariamente seguirá siendo, antagonista de esas aristocracias. Dicho esto, hay que entender que la crisis de las aristocracias frente al unilateralismo estadounidense sitúa en el horizonte global oportunidades estratégicas para unas proposiciones democráticas. Hay alianzas posibles, por ejemplo, entre las aristocracias industriales y las multitudes productivas […] con vistas a poner fin al estado global de guerra. Negri y Hardt, pp. 366-367.

En este momento hay una lucha entre componentes internos del Imperio […]. El Imperio es una articulación de poderes planetaria, y contradictoria en su interior […]. Quien ha atacado las Torres Gemelas también forma parte del Imperio. En la constitución material de este imperio se encuentran todas las organizaciones del capitalismo ilegal, el crimen legalizado, la mafia financiara, las transacciones ocultas, los paraísos fiscales, el lavado de dinero negro. Todo esto no es una anomalía del Imperio, sino una de las máquinas propulsoras del neoliberalismo. Al Qaeda es una mafia en todos los sentidos, una organización capitalista que tiene un pie en la legalidad y otro fuera, como hay muchísimas otras […]. Así que Bin Laden no es un enemigo del Imperio, es una facción del Imperio que está combatiendo a otra facción, esta es una guerra de mafias. Lo que está sucediendo es una evolución natural de las dinámicas con las que ha nacido el Imperio: ha nacido de forma conflictiva, con muchas contradicciones en su interior, porque no existe un gobierno mundial y por eso no hay un arbitraje entre las distintas fuerzas en juego, todo se deja en manos del uso prevaricador de la fuerza. En este momento hay un enfrentamiento entre dos puños de hierro en perjuicio de la población civil y de todos nosotros, en perjuicio de la riqueza del planeta. Wu Ming 1 [Roberto Bui], “Un día de sol en Kreuzberg y una grabadora”, en Wu Ming, Esta revolución no tiene rostro, Acuarela, Madrid, 2002, pp. 70-72. Pienso que los 90 fueron años de espera, un interregno mientras que el verdadero después del Muro comienza recién con Bush y la invasión a Irak. […] La redefinición de ese orden comenzó con la guerra en Irak, no con Clinton en los 90 que fue una tierra intermedia, un período de espera, como un entreacto. […]. Personalmente, en cuanto al concepto de imperio, tengo muchas dudas porque me parece un intento de fotografiar la situación post muro, la del fin del socialismo, tomando la administración Clinton como modelo. ¿Cuáles serán las nuevas palabras que deberán adoptarse para nombrar el nuevo orden mundial? Lo comprenderemos justamente a partir del desarrollo de las cosas post Irak, en los próximos años, en la relación con China. ¿Cómo decirlo? Estamos recién en el inicio de una redefinición de las formas de dominio mundial. Es muy prematuro ponerles una etiqueta como "Imperio".

Paolo Virno, “Crear una nueva esfera pública, sin Estado”, entrevista de Héctor Pavón, Clarín, 24-12-2004 [disponible en www.madrid.inymedia.org]. En cuanto a Europa, la victoria de la izquierda en España y en Francia es ciertamente importante para los movimientos […]. Europa es un campo de batalla, el ámbito donde hacer madurar relaciones de fuerza favorables. ¿Cuál es, en este sentido, el desafío para el movimiento global? Presentarse como único sujeto político capaz de intentar un "armisticio" con el terrorismo islámico. Y, además, como único sujeto político capaz de presentar una propuesta de amplio alcance (y justamente por eso realista) sobre la deuda pública, la abolición de la propiedad privada sobre la inteligencia social, la cuestión palestina. En resumen: el movimiento tiene como objetivo impedir el nacimiento de eso que ha sido llamado -apresuradamente- "imperio". Paolo Virno, “Ante un nuevo siglo XVII”. Entrevista de Verónica Gago, Brecha, julio del 2004 [disponible en www.brecha.org ]. A partir del final de la Guerra Fría, el soberano capitalista estadounidense comenzó a penetrar en las tierras del exenemigo, a desplazar y redefinir los límites […]. De este modo, se ha configurado un horizonte político nuevo y global. El soberano ha asumido un papel imperial […]. La operación está, sin embargo, todavía inconclusa […]. Se trata sobre todo de las tres grandes potencias que, en el flujo geopolítico imperial, no pueden ser anuladas y que, antes o después, podrían constituir un peligro: Europa, Rusia y China. Obviamente, la voluntad hegemónica y el proyecto estratégico del soberano imperial estadounidense han previsto poner bajo presión a estas tres potencias […]. El poder mundial no se comparte con nadie y la América posterior al 11 de septiembre parece haber elegido definitivamente la vía de la organización unilateral del orden global, liquidando de esta forma a sus socios, subordinando y articulando la alianza con ellos siempre dentro de “cooperaciones voluntariosas” diversas y contingentes […]. El predominio norteamericano en el orden global se ha impuesto de hecho en términos militares, pero el predominio militar no basta para garantizar el orden mundial. El dinero

es al menos igualmente importante: Estados Unidos no conseguirá nunca imponer su mando unilateral si no logra establecer un acuerdo con las otras potencias financieras del planeta. Pero este acuerdo resulta difícil —imposible mientras el unilateralismo norteamericano no sea atenuado o derrotado. Por otra parte, la seguridad mundial nunca será posible sin que se asegure el desarrollo económico de los países más pobres. Antonio Negri, "¿Cómo queda el Imperio después de la invasión en Irak?", revista Rebeldía, México, julio 2003 [disponible en www.rebeldia.org]. Podemos pensar que en los próximos años se dará una recomposición “constitucional” del Imperio. Con toda probabilidad, en los próximos años, Chirac, Schroeder o quien sea se podrán de acuerdo con Bush; la alianza entre monarquía y aristocracia imperial se recompondrá […]. Creo que dentro del pasaje que estamos viviendo hay algunos elementos irreversibles. El primero es la guerra, la concepción de la guerra preventiva. “Guerra preventiva” no significa “guerra imperialista”, sino “policía imperial”; significa la transformación de los ejércitos en estructuras policiales dispuestas a intervenir, a partir de este centro mundial recompuesto, para ordenar en términos de desarrollo capitalista todos los espacios del mundo. No hay ya una guerra entre naciones o el “imperialismo” de una nación fuerte respecto a una nación débil, sino que hay una red de poderes policiales que intervienen dondequiera que sea. Antonio Negri, “La nueva fase del Imperio”, conferencia dictada en Padua el 29 de julio de 2004 [disponible en www.rebelion.org].

la neuroprogramación. Una porción creciente de la sociedad occidental se sometió a una sobreexcitación nerviosa ininterrumpida hasta llegar al colapso […]. En 1999 Alan Greenspan habló de «exuberancia irracional de los mercados». Sus palabras eran un diagnóstico clínico antes que financiero […]. Y el hundimiento financiero ha sido la manifestación y la consecuencia de un hundimiento psíquico. El equilibrio cada vez más frágil del cerebro colectivo sometido a un estrés intolerable se descompone lentamente, a partir de abril de 2000, hasta que, el 11 de septiembre de 2001 llega el acontecimiento catalizador. En los meses siguientes se fabula con una recuperación en la que nadie cree: la depresión está en el alma. El capital global parece haber perdido la cabeza. Tras el crack argentino las políticas liberales dejan de ser creíbles. Sólo con la fuerza pueden seguir imponiéndose. Sin embargo, precisamente el centro del proceso de globalización, Estados Unidos, ha enfilado una calle de nacionalismo, de proteccionismo económico, de integrismo maccarthista, de paranoia agresiva. ¿Qué ha sucedido en la mente de la clase dirigente estadounidense? ¿Cómo explicar el belicismo psicopático que se difunde como un presagio de desventura en los tiempos de la presidencia Bush? Algunos creen que es posible huir de la depresión metiéndose inyecciones de anfetaminas: intentan producir un subidón adrenalínico lanzándose a la aventura de la guerra. Quieren sustituir la euforia que se ha desvanecido por el electroshock del terror. Franco Bifo Berardi, “Abandonad las ilusiones, preparaos para luchar” [disponible en www.madrid.indymedia.org]. La enorme mayoría de la población norteamericana no lee

La catástrofe de las bolsas ha restado energía a los sectores innovadores y ha restaurado el dominio de la vieja economía petrolera que está llevando al mundo al horror insensato de la guerra. […]. El frenesí que se desencadenó a mediados de la década de 1990 en las finanzas, en el consumo, en los estilos de vida fue también el efecto de la ingesta sistemática de fármacos euforizantes y de sustancias para

nada, a lo sumo noticias sobre lo que ocurre en el pueblo. Durante la Convención demócrata he estado siguiendo las noticias de la televisión. En el transcurso de una semana de zapping furibundo no he sentido jamás nombrar un país, una ciudad, un nombre, un acontecimiento que no perteneciera a los Estados Unidos de América. Con una excepción, Pakistán, que ha sido nombrado con ocasión del arresto de

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