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OM-38-06

Revelaciones del Fuego y del Agua

Temas del Maestro OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
"Encendéis una vela… Su llama os iluminará durante el tiempo en que será alimentada por la cera que quema. Esta combustión es en cierto modo un sacrificio. Sin sacrificio no hay luz. El fuego necesita alimento, y la cera de la vela es precisamente este alimento. Esto ya lo sabéis. Pero lo que no sabéis, es que el ser humano puede ser comparado a una vela porque posee todos los materiales necesarios para alimentar la llama en su interior. Estos materiales son los de su naturaleza inferior: el egoísmo, la agresividad, la sensualidad, etc. Debe sacrificarlos para alimentar su llama.”

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INDICE CAPITULOS I El agua y el fuego, principios de la creación. II Los secretos de la combustión. III Descubrimiento del agua. IV El agua, la civilización. V La cadena viviente; sol – tierra – agua. VI El trabajo del herrero. VII La montaña, madre del agua. VIII Del agua física, al agua espiritual. IX Alimentad vuestra llama. X El fuego, factor de realización. XI El ciclo del agua. 1- Le reencarnación. 2- Amor y sabiduría. XII La llama de una vela. XIII Como encender y entretener el fuego. XIV El agua, médium universal. XV El espejo mágico. XVI El árbol de luz. XVII La bajada del Espíritu Santo. XVIII Imágenes para acompañar vuestra Vida. Este libro de la colección Izvor nº 232 no ha sido editado todavía en edición Española. Se adjunta solo un capitulo, se deseáis recibirlos todos, son más de 100 páginas debéis solicitarlo y se os remitirá en PDF. Dar nombre completo, país de origen y conocimientos del Maestro Omraam Mikhaël Aïvanhov – Ver aviso para peticiones España o Colombia. Gracias

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LAS REVELACIONES DEL FUEGO Y DEL AGUA
IZVOR 232

I EL AGUA Y EL FUEGO PRINCIPIOS DE LA CREACCION
El libro de la Génesis empieza por el relato de la creación del mundo. Pero antes de describir como han aparecido todos los elementos del universo: el sol, la luna, las estrellas, la vegetación, los animales, el hombre… Moisés escribió una frase que sólo los Iniciados pueden comprender la significación y la profundidad:”Y el espíritu de Dios se movía por encima de las aguas.” ¿Por qué por encima de las aguas? Porque el agua representa la materia cósmica original que el espíritu de Dios, el fuego primordial, ha penetrado para fertilizarla. Al contrario de lo que se cree en general, no es la tierra como elemento que expresa y manifiesta lo mejor las propiedades y las cualidades de la materia sino el agua. Estas cualidades son la receptividad, la adaptación y la maleabilidad. El agua es pues el símbolo de la materia prima que ha recibido los gérmenes fertilizantes del espíritu, es ella la matriz de la vida. La vida ha salido del agua gracias al principio del fuego que ha puesto esta materia en movimiento. Sin la acción del fuego, ninguna vida es posible, el agua en sí, la materia, no poseen la vida, es el fuego que se la ha infundido. La vida en la tierra ha nacido también de la acción del fuego sobre el agua. Llevados por los rayos del sol, los primeros gérmenes de vida han bajado sobre la tierra, han viajado hasta alcanzar el agua de los océanos que los ha acogidos como una madre llena de amor y que los ha hecho crecer gracias a la luz y al calor del sol. Cuando se ha entendido que el agua es el símbolo de la materia universal a partir de la cual el universo ha sido creado, será más fácil interpretar los versículos siguientes de la Génesis, cuando Moisés

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describe como Dios separó las aguas de debajo de las de arriba: “Dios dijo: que haya un firmamento en medio de las aguas y que separe unas aguas de las otras. Y Dios hizo una extensión y separó las aguas que estaban por debajo del firmamento de las que estaban sobre este. Y así fue, Dios llamó el firmamento cielos. Estas aguas de arriba, que la Ciencia iniciática llama también “luz astral”, “agente mágico”, representan el océano primordial en el cual todas las criaturas están inmersas y donde encuentran su alimento. Se podría decir además que es para recordar estas aguas primordiales que el niño todavía en el vientre de su madre está envuelto en líquido. Vivimos en la inmensidad cósmica exactamente como los peces en el mar, pero, a menudo, las impurezas que obstruyen nuestras aperturas interiores impiden que estemos alimentados y vivificados por esta agua que nos envuelve por todas partes. El agua y el fuego representan pues los dos principios de la creación. Su actividad en el universo está simbolizada con la cruz, símbolo de una gran riqueza de sentidos, que se encuentra en todas las civilizaciones. La línea horizontal representa a la actividad femenina, el agua, que tiene siempre tendencia a expenderse en la superficie del suelo ocupando cuando más sitio mejor, buscando incluso intersticios donde infiltrarse y desaparecer bajo tierra. La línea vertical representa el principio masculino, el fuego, que al contrario tiene tendencia a concentrarse y elevarse hacia las alturas. El agua se relaciona pues con la profundidad, la superficie, y el fuego con la altura. Estas dos direcciones opuestas, horizontal y vertical, sintetizadas por la cruz, son las que representan mejor la actividad de los dos principios masculino y femenino en la creación y en las criaturas. El universo está repleto de este símbolo. La mayor parte de los cristianos sólo ven en la cruz el recuerdo de la muerte de Jesús, sin darse cuenta que limitando así su significado, lo empobrecen. No se puede negar que la muerte de Jesús en una cruz haya sido un acontecimiento importante en la historia de la humanidad. Pero como símbolo, la cruz sobrepasa de mucho este acontecimiento y él que se esfuerza en ahondar a la luz de la enseñanza de los dos principios masculino y femenino, el agua y el fuego, entra en contacto con los más grandes misterios de la creación.

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Para mí, de todos modos, les puedo decir que nada ha tenido más influencia en mi vida que el agua y el fuego, inclusive las imágenes de mi infancia que me han marcado más, están relacionadas con el agua y el fuego. He nacido en un pueble de la Macedonia, al pie de la Babouna Planina (lo que significa “la Montaña de la Abuela) cuya cúspide es el Monte Pélister. Me quedan unos recuerdos de algunos años pasados en este pueblo y principalmente de haber descubierto a los 4/5 años, en un lugar cerca de la casa donde vivíamos, un chorrito de agua brotando de la tierra. Estaba tan fascinado por esta agua que salía transparente, límpida que estuve horas mirándola. Esta imagen ha quedado anclada en mí profundamente, y todavía ahora vuelvo a sentir estas sensaciones maravillosas que viví delante de este pequeño manantial. Muchas veces me pregunté, siendo tan joven ¿qué había visto yo en esta agua? No solamente sentí esta fascinación con el agua pero también con el fuego. Pero el fuego era más peligroso para mí, pues para verlo a menudo encendía fuegos así que era mejor no dejar unas cerillas a mi alcance! Si, por qué el agua y el fuego? Porque son, en la naturaleza, la expresión la más bonita, la más poderosa, la más significativa de dos grandes principios cósmicos, masculino, y femenino, con los cuales iba a trabajar luego toda mi vida. Por cierto, si estudiáramos con detenimiento la vida de ciertas personas, constataríamos que sus preocupaciones, los temas sobre los cuales deberían trabajar más tarde eran, ya están señalizados en algunas sensaciones, experiencias o comportamiento en su infancia. Pensaréis: “Pero no nos han dicho nunca que el agua y el fuego eran tan importantes!” Pues bien, será que no habéis leído atentamente los Evangelios y especialmente el Evangelio de San Juan cuando relata la conversación entre Jesús y Nicodemo. Nicodemo era doctor de Israel y una noche vino a encontrarse con Jesús para hablar con Él. Es a quien Jesús contestó esta frase sobre la cual numerosos teólogos se han interrogado:”Si un hombre no nace de agua y de espíritu, no podrá entrar en el Reino de Dios.”Este versículo presenta similitudes con el de la Génesis citado anteriormente:”Y el espíritu de

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Dios se movía por encima de las aguas.” En ambos casos se trata del mismo fenómeno, el nacimiento: nacimiento del universo y nacimiento espiritual del hombre por los cuales se vuelve a encontrar los mismos elementos: el fuego (el espíritu) y el agua (la materia). Del mismo modo que el universo ha nacido del fuego y del agua, para entrar en este estado de conciencio superior llamado Reino de Dios, el hombre debe nacer él también del fuego y del agua, porque transpuestos en el plan espiritual, el fuego es la sabiduría y el agua el amor. Con estas escasas palabras dadas como respuesta a Nicodemo, Jesús nos ha enseñado que poseía, Él también, esta ciencia del agua y del fuego, siendo la ciencia de los dos principios cósmicos masculino y femenino. El agua y el fuego, ya lo hemos visto, se oponen en su orientación: el fuego sube y subiendo se concentra y todas las llamas convergen en un punto; el agua, al contrario, baja y bajando tiene tendencia a expenderse. Sin embargo, cuando se observa bien el movimiento del uno y del otro uno se da cuenta que, en realidad, existe entre ellos una cierta similitud. ¿Os habéis dado cuenta cómo la caída de una cascada o de un torrente se parece a un fuego invertido? Y un fuego que quema se parece a una cascada que volvería a subir hacia el manantial. Hace años, una hermana me había regalado una película hecha por ella, sobre cascadas; cuando lo proyecte delante de los hermanos y hermanas, a un momento dado le he hecho rodar hacia atrás, sólo para ver… Fue increíble, el movimiento del agua era exactamente el mismo que el fuego. Podéis hacer vosotros mismo esta experiencia y ya lo veréis… Es como si el agua era fuego condensado que baja en las profundidades de la tierra, y el fuego del agua abrasada que se eleva hacia las alturas. Se podría decir que el agua y el fuego son una misma sustancia que se presenta bajo dos aspectos diferentes. Pero precisamente estos dos aspectos son muy instructivos, nos dan a conocer, por ejemplo, los dos métodos de conocimiento: el método horizontal que consiste a investigar en la superficie y el método vertical que consiste a arrancarse de la superficie en busca de la verdad hacia arriba. El primer método es el del agua el segundo es el del fuego.

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Quien haya escogido el método del agua se puede preparar a un largo y arduo aprendizaje. Son bien conocidas las aventuras del agua: atraviesa terreno de cualquier clase, se carga de sedimentos e impurezas, se ahonda dentro de la tierra donde será sometida a fuertes presiones en la oscuridad. Sí, el destino del agua en la tierra y debajo de la tierra no es del todo envidiable. Él que haya escogido este camino debe sufrir situaciones difíciles. Será atropellado, maltratado, aplastado por los acontecimientos y sufrirá. Al final llegará a decir: “Ya lo he entendido, ya me he aprendido la lección a través esas peregrinaciones” muchas veces está el límite. Pues bien, ha aprendido algo y el método del agua se asevera bueno. El método del fuego es de lejos preferible, os arranca de las condiciones de la tierra para proyectarle hacia arriba: entráis dentro de la luz que os hace descubrir al momento, todo el saber. Cuando Jesús decía: “Sed prudentes como la serpiente y sencillos como la paloma”, quería decir que era necesario utilizar los dos métodos: el del agua (la serpiente de la cual Moisés dice en la Génesis que es la más inteligente de los animales del campo), y el método del fuego (la paloma). He aquí las dos vías del conocimiento: la serpiente que se arrastra sobre la tierra como el agua que progresa de forma sinuosa; y la paloma que echa a volar en el cielo como el fuego que se eleva. El conocimiento de la paloma es el conocimiento del fuego, el del Espíritu Santo: os ilumina. De la misma manera que el fuego y el agua son antagónicos en sus direcciones, lo son también en su naturaleza. Porque si queréis unir el agua y el fuego, se destruyen. Aparentemente, son enemigos: el agua que produce la vida puede apagar el fuego, y el fuego que produce también la vida hace desaparecer el agua transformándola en vapor. Para que puedan hacer un trabajo conjuntamente, no hay que tirar agua sobre el fuego, hay que buscar la manera de combinar las dos fuerzas. ¿Cómo? Pues bien, poned agua en un recipiente y colocarlo encima del fuego. El agua empieza a temblar dentro del

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cazo, se va hinchando, hierve, protesta y va pidiendo más sitio, quiere salirse, empuja las paredes que le encierran… Una fuerza se libera pues del agua. ¿Donde estaba esta fuerza? ¿De dónde viene? Del agua misma y gracias al fuego que la ha generado. Deducimos que cuando el fuego se mantiene a “una distancia respetuosa “del agua, no la aniquila, más bien, al contrario, la exalta y hace salir de ella todas sus fuerzas que desde entonces, pueden ser puestas al trabajo. En realidad el agua y el fuego no son enemigos, se quieren mucho… pero estando separados físicamente, sino se detestan. El fuego dice al agua: “no te acerques sino me vas a apagar” y el agua le contesta: “Y tú me vas a reducir en vapor, vete”. Pero si ponemos una separación entre ellos, podemos oírles hablar, intercambiar palabras de amor. Es tan agradable, esas conversaciones del agua y del fuego, ¿lo habréis notado? Tomad el tiempo, alguna vez de escuchar el ruido del agua hirviendo. Cuantos inventores, ingenieros, mecánicos trabajan con el agua! Construyen máquinas en las cuales el fuego pone en acción la fuerza del agua. Sí pero si saben muy bien utilizar el fuego y el agua, físicamente, en sus cocinas o en sus fábricas, en sus vidas personales es diferente, no saben exaltar el agua por el fuego, a menudo los mezclan y lo pierden todo. Es lo que se puede ver, por ejemplo, entre las parejas: el hombre representado por el fuego, la mujer por el agua, y como los dos son ignorantes que deben poner un tabique (es una imagen) entre ellos dos, se ve al marido apagado y a la mujer evaporada. Os preguntaréis: “ Pero que significa este tabique?”. Es ante todo, la conciencia que estamos juntos no sólo para el placer pero para hacer un trabajo y conseguir un ideal común. Es solamente con esta condición que la unión del hombre y de la mujer será creadora sino, a un momento a otro, acabarán destruyéndose el uno al otro. Pues bien, no es suficiente observar y utilizar técnicamente las transformaciones del agua, hay que sacar lecciones útiles para nuestra vida personal y sobre todo para nuestra vida espiritual.

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Conocemos el agua en sus diferentes estados físicos: sólido (el hielo), líquido, gaseoso (el vapor). Y es el fuego, dependiendo de su grado de temperatura que determinará sus diferentes estados. El fuego que transforma el agua en vapor es, simbólicamente, el espíritu que actúa sobre la materia para hacerla más ligera, más sutil, más pura. Por esto podemos decir que el ser humano es comparable a una olla de agua calentada por el fuego con la única diferencia que el fuego está por debajo mientras que el espíritu está por encima, pero el resultado es el mismo. Si hay vida en la olla, es gracias al espíritu. Cuando el hombre muere, la olla sigue siempre allá aunque el fuego ya no esté…pero nada se mueve ya. ¿Qué os parece esta metáfora? Excelente, verdad ?... o más bien suculenta ya que hablamos de ollas! El fuego es el símbolo del espíritu, del principio masculino que trabaja con el agua que es la materia. Todos poseemos ese fuego. Por eso podemos aplicarnos esta ley: exponer nuestras debilidades, nuestros defectos al fuego del sol espiritual, para que esta materia sin brillo, tosca empiece a derretirse y desagregarse. Es también esto, la ciencia alquímica.

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