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OM-38-04 Conferencia del Maestro

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Del 4 de enero 1964

Sepultura del Maestro en el jardín del Bonfin – Francia

Sobre LA TIERRA DE LOS VIVIENTES
Después de la muerte del Maestro Peter Deunov, algunos hermanos y hermanas de la Fraternidad de Bulgaria me escribían para contarme que a menudo visitaban su tumba para recogerse. Pero en las mismas cartas me contaban también los problemas que surgían entre ellos porque no llegaban a entenderse. Entonces, entristecido por ello me decía: «Creen poder reencontrar al Maestro Peter Deunov yendo a visitar su tumba a y se pelean, lo que es la mejor prueba de que no lo han encontrado. Pues sí, creedme mis queridos hermanos y hermanas, acudir a la tumba de un gran Maestro o de un gran santo no basta para comulgar con su espíritu. Si no se hace ningún esfuerzo para mejorarse, incluso es mejor no ir. Efectivamente, es más honesto quedarse en casa.

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Conferencia del Maestro

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Sevres, 4 de Enero de 1964

LA TIERRA DE LOS VIVIENTES
Lectura del pensamiento del día: «Dicen los Salmos: «Marcharé ante el Eterno, sobre la Tierra de los Vivientes.» Puede considerarse que la Tierra de los Vivientes es la tierra, sí, pero las regiones sutiles, etéricas de la tierra... Pues la tierra no es únicamente lo que vemos, el suelo sobre el que caminamos. La tierra es también un mundo sutil donde viven los espíritus luminosos, los ángeles, las divinidades, y es sobre la tierra donde se encuentra aún Jesús. Jesús no ha dejado la tierra, ya que dijo: «Estaré con vosotros hasta el fin del mundo.» Desde luego, dejó la tierra física, pero no la tierra etérica, viviente, luminosa, divina. Y cuando un ser aquí en nuestra tierra llega a purificarse, a elevarse espiritualmente, comienza también a habitar esa tierra de los vivientes. Esa tierra es pues un estado de conciencia gracias al cual entra en comunicación con los grandes Maestros, con los ángeles, con las divinidades, con el Espíritu de Cristo.» La tradición cabalística enseña que hay siete tierras y da un nombre a cada una de ellas. En realidad, siete tierras significan siete estados de la tierra, desde el más sutil al más denso. La tierra, tal y como la conocemos, con las montañas, los ríos, los volcanes, no representa toda la realidad de la tierra; es sólo el estado más grosero de la materia donde los humanos, expulsados del Paraíso, fueron enviados en exilio después de haber cometido la primera falta. Y el Paraíso, del cual fueron expulsados a causa de esa falta, es la verdadera tierra, la Tierra de los Vivientes. En realidad, la tierra posee la misma estructura que el hombre. El hombre también está constituido de siete tierras, es decir de siete cuerpos, y si nos detenemos únicamente sobre el cuerpo físico, nos alejamos del conocimiento del ser humano. Si queremos conocerlo, hay que estudiarlo también en los dominios etérico, astral, mental, causal, búdico, átmico.

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Se ha dicho: «Conócete a ti mismo y conocerás el universo y los dioses.» Sí, porque el universo y el hombre fueron creados sobre el mismo modelo. Entonces, ¡qué ignorancia, qué limitación, qué pobreza la de mirar únicamente el lado físico, visible! Si los humanos se han detenido en su evolución, es porque se han limitado a las percepciones que les han sido dadas por los cinco sentidos. Los Iniciados fueron mucho más lejos: exploraron al hombre, exploraron el universo y constataron las riquezas, el esplendor, la inmensidad, lo ilimitado de la creación. Así pues, la tierra sobre la que caminamos es análoga a nuestro cuerpo físico, y como él, tiene sus cuerpos sutiles: los cuerpos etérico, astral, mental, etc., y mediante sus cuerpos sutiles se vincula con el sol y los demás planetas. En apariencia, está separada de los otros planetas, y todos los planetas están aislados entre ellos por distancias formidables. Pero en realidad, por medio de sus cuerpos sutiles se comunican entre ellos y hacen intercambios. Ciertas entidades dejan la tierra para viajar a los demás planetas y regresan cargadas con nuevas riquezas. Mientras que algunas entidades de otros planetas vienen hasta aquí. ¡Es inaudito todos los intercambios que se producen! Todos los planetas juntos representan un cuerpo, y el sol es el corazón que los hace vivir. El sistema solar representa un ser con sus órganos en el que, como en nuestro organismo, nada está separado, todos los órganos viven y trabajan en comunicación permanente. Esta conexión es la que explica, como lo enseña la astrología, la influencia de los planetas sobre las criaturas. La tierra es pues uno de los órganos de ese gran cuerpo que es el sistema solar. Las entidades que trabajan en sus talleres reciben las influencias de los otros planetas, y es bajo esas influencias que preparan los metales, los minerales, los vegetales. Mucha gente considera a la tierra como un cuerpo sin vida ni inteligencia. ¿Cómo podría entonces captar las energías del sol para alimentar a todas las criaturas que viven en su superficie o en las profundidades de los mares? Toda la vida que se desarrolla sobre la tierra es la obra del Espíritu de la tierra que es un espíritu divino. Ese espíritu trabaja sin cesar con los espíritus de los demás planetas y del sol. Por su lado sutil, la tierra está pues conectada al sol y al resto de los planetas. La tierra piensa, vive, siente, respira, evoluciona, y también influye sobre los humanos. En los horóscopos, la tierra no es mencionada ni se la tiene en cuenta para nada. Sin embargo, somos influidos por ella más que por

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cualquier otro planeta pues, precisamente aquí, la proximidad cuenta. ¿Por qué la luna tiene más influencia sobre nosotros que el sol? Porque está más cerca. Y ya que la tierra está aún más cerca de nosotros, estamos más influenciados por sus diferentes estados. Sí, porque hay momentos en los que ella vela y otros en los que duerme, pero también momentos en los que piensa, en los que es infeliz, o en los que es feliz ... La gente no se preocupa por esas cosas y es un error, pues vivimos en contacto con la tierra, estamos expuestos a sus corrientes. Cada uno de nosotros está influenciado por el estado en el que se encuentra la tierra en el momento de nuestro nacimiento, y no sé porqué esto no se menciona en la astrología. En cuanto a la tierra de la vida eterna, la Tierra de los Vivientes, es allí donde habitan espíritus muy elevados, los santos, los profetas, los grandes Maestros. Cuando Jesús dijo: «Estaré con vosotros hasta el fin de los siglos», ello prueba que no ha dejado la tierra. El Cristo como principio, y al mismo tiempo como expresión física de ese principio en la persona humana de Jesús, no ha dejado la tierra, está ahí, trabaja. Ha dejado la tierra física que conocemos, pero está aun sobre la Tierra de los Vivientes donde trabaja, protege, ilumina y guía a todos los que quieren caminar en la luz. Se dice que después de su muerte Jesús subió al Cielo, y es verdad, está en el Cielo, todo su ser está en el Cielo, pero trabaja sobre la tierra. Hay que comprenderlo bien. Nosotros estamos sobre la tierra, y nuestras antenas están en el Cielo. Mientras que Jesús, todo su ser está en el Cielo, pero su actividad, su «cuartel general» se encuentra sobre la tierra, en el plano etérico de la tierra. Está ahí, en la Tierra de los Vivientes, y está instalado con todos sus servidores a su alrededor. En cuanto a nuestra tierra, es la tierra de los muertos, el valle de las lágrimas y de los sufrimientos. Es un hospital, un cementerio, ¡y qué cementerio! Después de millones de años, ¡cuántos huesos acumulados! Todos esos millares de seres que dejaron sus huesos, su piel y su grasa... y ahí encima hacemos crecer árboles, t1ores, legumbres, construimos casas. No hay un lugar que no sea un cementerio. Luego paseamos, nos acostamos, comemos, bebemos... ¡en cementerios! Únicamente en el plano etérico de la tierra no hay cementerios, y allí es donde los santos, los profetas, los grandes Maestros, fijaron su domicilio.

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Es en el plano etérico de la tierra donde hay que buscar a Jesús. «Pero, diréis, en Palestina, en Tierra Santa donde Jesús vivió, caminó, ¿no pueden encontrarse sus huellas?» No os decepcionéis si os digo que sus huellas han desaparecido casi totalmente. Demasiada gente, cuyos pensamientos y sentimientos no eran ni puros ni luminosos, han pasado después, y lo ensuciaron y contaminaron todo; la tierra ya no es la misma y ya no quedan huellas del paso de Jesús. Sus huellas hay que buscarlas en el plano etérico de la tierra. Jesús vivió en Palestina donde fue crucificado. Durante siglos se ha ido en peregrinaje a su tumba, y los cristianos incluso hicieron interminables guerras a los musulmanes para conservar esa tumba. No profundicemos demasiado para saber si era únicamente la tumba de Jesús 10 que querían defender, ni siquiera si realmente el cuerpo de Jesús fue puesto en esa tumba o Admitamos que lo haya sido, ¡fue sólo su cuerpo, pero no su espíritu! Su espíritu estaba en otra parte, en las regiones luminosas del universo, pero sobre todo en la enseñanza que dejó. Después de la muerte del Maestro Peter Deunov, algunos hermanos y hermanas de la Fraternidad de Bulgaria me escribían para contarme que a menudo visitaban su tumba para recogerse. Pero en las mismas cartas me contaban también los problemas que surgían entre ellos porque no llegaban a entenderse. Entonces, entristecido por ello me decía: «Creen poder reencontrar al Maestro Peter Deunov yendo a visitar su tumba a y se pelean, lo que es la mejor prueba de que no lo han encontrado. Pues sí, creedme mis queridos hermanos y hermanas, acudir 'a la tumba de un gran Maestro o de un gran santo no basta para comulgar con su espíritu. Si no se hace ningún esfuerzo para mejorarse, incluso es mejor no ir. Efectivamente, es más honesto quedarse en casa. No digo que sea inútil ir a Tierra Santa, ni incluso traer algunas piedras o un poco de tierra de esos lugares en donde Jesús vivió. En realidad, lo importante es lo que tenéis en vuestra cabeza. Si consideráis esos objetos con respeto, con amor, uniéndoos a Jesús, desde luego pueden ayudaros, pero esos objetos por sí mismos no pueden aportaros nada, pues han perdido las vibraciones con las cuales estuvieron impregnados. En Tierra Santa, demasiadas cosas se han producido desde hace dos mil años que no han sido santas precisamente, las cuales, en parte, borraron las huellas dejadas por Jesús. Es una ley conocida por los Iniciados: 10 que es puro no puede sobrevivir eternamente

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a la acumulación de impurezas. Por eso siempre ha habido una tradición según la cual los santuarios, los templos, debían poseer un lugar sagrado adonde la multitud no tuviera el derecho de penetrar. Pues, sea cual fuere la santidad de un lugar o las señales puras y luminosas que fueron depositadas por todas partes, sobre los muros, los objetos, todo desaparece si ese lugar es expuesto a las idas y venidas de gente que transporta con ella entidades tenebrosas debido a la naturaleza de sus pensamientos, de sus sentimientos. La presencia de esas entidades aleja a las entidades celestes. Es pues un trabajo a recomenzar cada vez. Las señales dejadas en el plano físico no permanecen eternamente si otras huellas de una naturaleza contraria vienen a superponerse. ¡Pues esas señales son algo tan sutil! Observad las alas de una mariposa: están recubiertas por un polvillo muy fino que les da su aspecto tornasolado; pero tocad esas alas con vuestros dedos y ¡se acabó! Ya no queda nada de su belleza. Los Iniciados han protegido siempre los santuarios y los objetos que contenían para que las corrientes, las presencias del mundo divino no fueran combatidas por otras fuerzas. Pero cuando dejaban esos lugares, o cuando otros se apoderaban de ellos, poco a poco el carácter sagrado de esos santuarios se perdía. Por eso hay muchos lugares en Grecia, en Tracia, en Egipto, en la India, que han perdido sus fuerzas divinas, ya no tienen la luminosidad que poseían en el pasado. Siglo tras siglo, llegó gente que profanó esos lugares, y los habitantes invisibles que estaban ahí para ayudar a los humanos se fueron a otro lado, a lugares más propicios para sus manifestaciones. Las huellas que dejaron ya no son perceptibles en el plano físico; hay que buscarlas en otra parte, en los planos más sutiles: el plano etérico, el plano causal, esas regiones luminosas que el Salmo justamente llama «la Tierra de los Vivientes».

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