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OM-45 LA RIQUEZA , EL DINERO LA ECONOMIA , EL ORO Y LA LUZ

POR EL MAESTRO OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV

OMRAAM Institut Solve et Coagula Reus

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OM-45LA RIQUEZA Y EL DINERO
8 de Agosto de 1942 LA MENTALIDAD DE LOS RICOS     24 avril 1944  LE SORT DES RICHES SERVEZ DIEU DÈS LA JEUNESSE   22 juin 1947  LA CHALEUR ET LA RICHESSE     29 avril 1952  LIBÉRONS‐NOUS DES ANIMAUX PRÉHISTORIQUES     8 septembre 1955  LA SOCIÉTÉ NOUVELLE ET SES CRITÉRIUMS     30 juillet 1956  MAÎTRE ET SERVITEUR    22 de Marzo de 1962 EL ORO Y LA LUZ 17 de marzo de 1974 LA VERDADERA ECONOMÍA 23 de Noviembre de 1975 EL DINERO NO DA LA ALEGRIA 18 de Julio de 1978 EL DINERO Y LA POBREZA 28 de Julio de 1978 LA VERDADERA ECONOMIA LA FORMA DE VIVIR 15 de Agosto de 1978 LA POBREZA , LA RIQUEZA Y LA REENCARNACION 1 de octubre de 1978 EL ANGEL DEL FUEGO Y LA ECONOMIA   Las Conferencias en rojo, están pendientes de traducir – mientras quienes lo deseen  y lo soliciten, se les puede mandar en Francés.    

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Conferencia del Maestro

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Paris 8 de Agosto de 1942

La mentalidad de los ricos
Página del Maestro Petar Deunov: Y ahora dirigíos hacia las ideas fundamentales. Dad entrada a todo lo divino en vosotros mismos. Si tú das entrada a lo divino en ti mismo tú te convertirás en Maestro de ti mismo. Tú puedes amar sin ni tan siquiera preguntarte si tú amas. Si tú deseas ABSOLUTAMENTE, absolutamente hablar de tu amor, tú vivirás en la humanidad. Tú eres maestro de la situación: Tu amas. Si los hombres no te aman esto significa que los hombres no manifiestan todavía lo divino. Si alguien dice que no tiene a nadie a quien amar, no dice la verdad. Cuando este hombre fue creado, Dios fue el primero a amarlo; Después, tan pronto nació su padre y su madre lo han amado. Toda su vida ha comido y ha bebido y miles de seres con esto se han convertido en sus víctimas por amor a él. Después de esto, como el hombre se atreve a afirmar que nadie, lo ha amado? Pensar y amar de esta manera prueba una degeneración. Es la mentira más grande que el hombre debe sacarse de encima... Si verdaderamente nadie te ama, eres tu quien debe amar, es tu turno de amar. Tú debes ahora manifestar tu amor. Cuando tu abras manifestado lo divino en ti, indiscutiblemente los hombres de amaran. Si verdaderamente no han nadie para amarte, es que delante de ti solo hay un huérfano sin madre, ni padre, ni hermanos, ni hermanas. Toma este huérfano y adóptalo. Tú eres un hombre rico y dispones de millones, Toma este huérfano cerca de ti y será tu hijo y tu servidor. El te ayudara y te servirá en todo. Pero si tu empiezas a reflexionar y a dudar y preguntarte si tú debes tomarlo cerca de ti, si merece este sacrificio, ect. etc., Si tu reflexionas así, es que no puedes ser todavía su Padre; el encontrara otro que lo aceptara enseguida sin reflexionarlo tanto.

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Los ricos son unos verdaderos desastres de cacharros viejos!. Poseen el dinero, casas, propiedades, y se quejan de no ser amados. Y bien! Entonces que tomen un niño cerca de ellos y verán cómo le ama. Pero como no desea darle nada, deseas solo guardarlo todo para ti, y encima deseas que te amen. Yo conozco a ancianos o mujeres que enferman en sus casas como si estuvieran en una torre de marfil en donde nadie tiene el derecho de entrar. Y ellos se quejan de su soledad! Acaso se les ha ocurrido de consagrar una tarde a los demás?. No, ni tan siquiera esto. No me sorprende que el cielo tenga todavía amor hacia estas personas. El cielo debe ser de una riqueza inextinguible para poder continuar a dar el amor a tales egoístas, que ricos y colmados a tal punto de no saber la cantidad de su fortuna, gimen y son desgraciados, sin nunca preguntarse esta cuestión: ¿“Que hago yo para los demás”?. Había un hombre que nunca en transcurso de su vida, había hecho don de algo a nadie, a excepción de una zanahoria que un día dio a un pobre. Pero un día este hombre murió, y como era de prever, se fue al infierno. Al cabo de un tiempo, puso a lamentarse, diciendo que se estaba mejor en la tierra. Donde ocupaba un rango social más bien alto. Que disponía de todo lo que deseaba, cuando ahí en el infierno, todo le faltaba. Y así chillaba desesperadamente: “Yo quiero que me saquen de aquí, chillaba”. San Pedro que escuchaba sus gemidos y sus lamentaciones, y ya un poco harto de oír tantas quejas, busco un medio para poder sacarle de esta situación, San Pedro en el fondo siempre es un buen Santo!. Y así empezó a buscar en sus archivos, a ver cuales había podido ser sus buenas acciones y así ver si encontraba alguna en que poderse apoyar para sacarle de esta situación. Pero por mucho que buscaba no encontraba nada que le permitiera poder sacar de allí donde estaba. Pero a fuerza de buscar y buscar, por fin descubrió, que un día había hecho entrega de una zanahoria a un pobre. Pues fuera de esto, no había hecho nada más que ganar dinero para sí mismo sin dar nada a nadie. Que hizo San Pedro? Tomo la zanahoria en cuestión, y la ató de una larga cuerda bien solida y así la hizo descender hasta los infiernos, hasta por encima de la cabeza de su dador. Cuando este vio la zanahoria encima del, la tomo con las dos manos con toda su fuerza. San Pedro entonces, se puso a tirar de la cuerda a fin de alzarlo junto con la zanahoria y con ella, el pecador lleno de gritos de alegría. En este momento todos los que estaban a su alrededor se

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precipitaron hacia el pecador, para ellos también asirse a él a fin e ser también elevados y salvados, ellos también gracias a esta cuerda, pero el hombre furioso, chilló: “Dejadme, esta es mi zanahoria, no es la vuestra”. Cuando San Pedro escucho estas palabras, San Pedro soltó la cuerda y dejo toda la pila humana recaer de nuevo en el infierno y el rico egoísta con todos los otros. Ya lo veis, este hombre no tenia porque reivindicar la propiedad de la zanahoria. Es así como actúan la mayoría, es así como rezan. Me pregunto verdaderamente como el cielo continúa a dar a estos avaros, a los duros, a los egoístas, a todo estos seres que faltan tanto de amor. Pero yo conozco las leyes, yo se que ellos pagaran muy caro. Decir que los egoístas, los avaros, los acaparadores se permiten todavía de acusar a Dios, y encima de hacerle reproches! Estas personas que el Maestro Petar Deunov dice: “Tu eres rico. Adopta un niño” Esto no significa que todos deban adoptar un niño….

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Conferencia del Maestro

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Sèvres, 22 de Marzo de 1962

EL ORO Y LA LUZ
El dinero no es la causa de todo tipo de seducciones como se cree en general. Una parte del hombre, encuentra a través del dinero el medio de expresar sus apetencias. Suprimid el dinero, poned cualquier cosa en su lugar, en tanto el hombre esté lleno de debilidades, de deseos inferiores, de pasiones, cualquier cosa que hagáis, obtendréis el mismo resultado. No es pues el dinero el culpable, sino el hombre que no está iluminado y que no sabe cómo tratarlo, cómo servirse de él, ni por qué razón y con qué fin. El dinero, en sí, no es ni bueno ni malo, es neutro. Es un medio formidable en las manos de cualquiera, esto es seguro, y por tanto da la posibilidad de destruir a la gente o bien de salvarla. La cuestión está pues en saber cómo considerar el dinero ... Es un medio formidablemente poderoso, porque los humanos le han dado un valor; pero un buen día pueden quitarle este valor, darlo a cualquier otra cosa, y empezará la misma historia, las mismas tragedias, las mismas seducciones, los mismos subidas... ¡ O las mismas caídas! Puesto que los humanos han dado valor al dinero y este valor permite la satisfacción de una cantidad de necesidades, todos se concentran en este medio para procurarse aquello que necesitan; es normal, es natural. Solamente que por lo menos hay que saber cómo considerar el dinero. Cuántas veces os lo he dicho: tomad el dinero, metedlo en la caja fuerte o en vuestro bolsillo, ¡pero jamás en vuestra cabeza! Porque es como una cortina, como una pantalla opaca que os impedirá ver con claridad. Si os lo ponéis ante vuestros ojos como un ideal a alcanzar a cualquier precio, si os lo metéis en vuestra cabeza como un guía, os dará malos consejos y os perderéis ; no veréis jamás las buenas cualidades de los humanos, no seréis ni delicados, ni generosos, ni indulgentes, os volveréis duros, implacables, crueles. Pero no tener dinero, tampoco es bueno. Algunos, para ser espiritualistas, han querido vivir en la miseria y se han convertido en una carga para la sociedad, gente inútil, ¡ lo cual no es un ideal! En tanto que

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estemos en la tierra y que las cosas estén organizadas como lo están hasta ahora, se necesitará dinero. Quizás en el futuro habrá más dinero, la moneda será el amor; sí, porque el amor es una moneda superior al oro. Pero aún es pronto para que la humanidad llegue a estas concepciones, y puesto que el dinero existirá· aún durante cierto tiempo, será necesario aprender a pensar correctamente sobre este asunto, para no caer nunca en las seducciones. Hay que saber cómo considerar las cosas, eso es todo. No es malo tener dinero. ¿Cómo ayudaréis a los demás si no tenéis dinero? Tenéis amor en el corazón, está bien, pero materialmente nada podéis hacer para los demás si sólo tenéis vuestro amor... Estoy a punto de hablaros como si os debiera persuadir, pero no debo preocuparme en cuanto a eso, está muy clareen vuestras cabezas: todos" vosotros estáis de acuerdo en que hay que tener dinero. Sí, pero la cuestión está en cómo comportarse con el dinero, en cómo empleado. Si dais dinero a alguien que no domina sus pensamientos, sus sentimientos, sus deseos, lo primero que hará será usado para abusar de él hasta arruinarse. Con este dinero va a destruir a todos sus enemigos, obtener todas las mujeres, etc. La cuestión no está en el dinero, éste sólo os da la posibilidad de satisfacer vuestros deseos, y si hay malos deseos en vuestro corazón, no es el dinero el culpable de esto. Tomad cualquier cosa, el petróleo, el carbón, el gas... Podéis disponer de ellos para destruir o para construir. Y si los utilizáis mal, no son estos objetos los culpables, sino vosotros que no tenéis nada bueno en vuestro corazón. La conclusión que podéis sacar es que primeramente debéis transformaros a vosotros mismos para llegar a serviros del dinero y de todo lo demás, sólo para vuestra elevación y para el bien de la humanidad. El día en que lo logréis, aunque tengáis muchos millones, no sucumbiréis, no caeréis en el infierno, sólo realizaréis las obras sublimes que soñasteis siempre. No hay que dar dinero a la gente débil, pasional, eso se entiende. Pero si dais dinero a los Maestros o a los Iniciados, sólo harán el bien. Así pues, es el hombre el que debe mejorarse, y dejar que el dinero desempeñe el papel que le toca; e1 dinero no es degradante. Cuántas veces he oído a la gente lamentarse: «Ah, el dinero es la causa de todas las desgracias.» Hablan así cuando no lo tienen, todo es distinto cuando lo tienen. Así pues, ante todo son estúpidos al no ver la verdadera causa de las desgracias. Y en

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segundo lugar son deshonestos. ¡Dos defectos terribles! Hay que decir solamente: « ¡Ah! el dinero es muy, muy necesario, maravilloso ¡pero con la condición de que no me arrodille nunca ante él!» Si sólo os concentráis en el dinero, sacrificáis todo lo que hay de hermoso en vosotros. E incluso cuando lo tengáis, habréis destruido ya las mejores cualidades que os permitirían sentir las alegrías y los placeres que la riqueza puede procurar. No los sentiréis más. Es esto lo peligroso: tendréis todo lo que querréis, pero os sentiréis desgraciados, porque habréis destruido en vosotros las mejores sensaciones, algo que hacía que todo lo que gustabais, tuviese los sabores más exquisitos, más sutiles. Esta es la gran desgracia: tener las posibilidades de obtenerlo todo, de saborearlo todo, y ya no sentir placer por ello. Naturalmente, es terrible no tener ni dinero, ni nada. Pero si hay que escoger entre las dos situaciones: poseerlo todo y haber perdido la capacidad de apreciar las cosas, o por el contrario no tener nada y conservar el buen gusto, es preferible la segunda, porque cuando tenéis paladar, con lo más insignificante que cae en vuestra boca, estalláis de alegría y de felicidad. Si hay que escoger, hay que escoger el buen gusto, porque el buen gusto está también unido a la salud. Naturalmente, es mejor tener las dos cosas: el dinero y el buen gusto. Si veo a alguien que está interesado en darme dinero, os aseguro que no voy a enfadarme. Pero no he consagrado mi vida a tener dinero; si me viene no lo rechazo, ya os lo he dicho, no lo desprecio, ¡pero abandonar mi trabajo para ir a buscarlo, no! Poder conservar el buen gusto, esto es lo esencial. Pero este gozo de las cosas, sólo lo puede dar la luz. Cuando encontréis la luz, cualquier cosa que hagáis: que comáis, que trabajéis, que os paseéis, sentiréis que todo adquiere un gusto especial, delicioso. Si no trabajáis con la luz, si no entendéis lo que es la luz, no comprendéis nada de la vida. Todo está contenido en la luz; ella es la que ha creado el mundo, ella es la causa del universo. La luz es un espíritu, un espíritu que viene del sol... Cada rayo es una fuerza formidable que penetra por todas partes en la materia y trabaja sobre ella. Si hay un campo a profundizar, es el de la luz: lo que es, cómo trabaja y cómo debemos trabajar también nosotros con ella. El que abandona la luz para ocuparse del dinero, de los negocios, no está en el buen camino, porque el oro que

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busca no es otra cosa que la condensación de la luz. Sí, el oro es una condensación sobre la tierra de los rayos del sol, reunidos, trabajados por las criaturas que están bajo la tierra. Si hacéis tal honor al oro, al dinero, olvidando la luz, ¿qué ocurre? Olvidáis al padre, olvidáis la causa de todo... Olvidáis por decido así, la dueña de la casa y os fijáis en la criada o la sirvienta, que depende de la dueña de la casa. Entonces, evidentemente, cuando ésta se da cuenta, os cierra la puerta, diciendo: «Es a mí a quien debíais mostrar respeto, a mí a quien debíais dar vuestro amor. ... Pero os habéis olvidado de mí y vais a abrazar a la criada, a la cocinera, allá abajo... Muy bien, ¡ todas las puertas se os cerrarán! » Tenemos dinero y con este dinero abrimos las puertas físicas; pero las otras puertas, las puertas de la paz, de la felicidad, de la alegría, de la inspiración, de todas las cualidades y virtudes permanecen cerradas: ¿De qué puede serviros el tener todas las puertas abiertas si las puertas del santuario están cerradas? Coméis, os paseáis, trabajáis sin ánimo, no sentís ninguna alegría: las puertas espirituales están cerradas. He aquí lo que es comprender la vida y los valores de la vida de forma errónea. Hay que rendir homenaje y amor a la dueña de la casa, a la princesa, y todos los demás estarán a vuestro servicio. La princesa dice a sus sirvientes: «Id, traedle comida y bebida, dadle vestidos, una habitación... » y todos responden: «Sí, Majestad ... sí, Princesa» El oro es la sirvienta a la que se quiere tanto sin pensar de quién depende. El oro depende de la luz del sol, es él quien lo ha formado. Hay que amar por lo tanto en primer lugar a la luz y el oro acudirá enseguida, os seguirá. Cuando salgáis con la princesa, todos los demás estarán detrás para serviros. Mientras que si ponéis el oro en vuestra cabeza, os obnubila y ya no veis nada. Si la idea del dinero entra en vuestra cabeza, se ha terminado, no veis nada más: ni la belleza, ni el esplendor, ni la inteligencia de la creación. Diréis: «Pero ¿qué nos está contando? Se necesita dinero.» A quién lo decís, sé muy bien que el dinero es necesario: pero no hay que metérselo en la cabeza, no hay que tenerlo como guía, como ideal, y basar en él el sentido de la vida. Como medio, como instrumento, como posibilidad, sí, pero el ideal debe ser otra cosa; el ideal debe ser la luz, el fin debe ser la luz. No dejéis nunca que el dinero se convierta en vuestro guía, es un servidor magnífico, pero un mal guía, y os dará consejos terribles que os apartarán del Reino de Dios. Pensad pues en la luz, porque si tenéis la luz

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llegaréis a curaros, llegaréis a dominaros, a comprenderlo todo en la vida, e incluso el oro irá hacia vosotros. Pero si no tenéis luz, habrá siempre otras personas más inteligentes que tomarán lo que tenéis. ¡Cuando se hacen tonterías, ya se sabe...! Pero el mundo entero se instruye en sitios tan vulgares, que se oye siempre repetir: «Pasta, pasta, ¡dadme pasta y lo tendré todo!» Ah, esta lección todo el mundo la conoce, pero la que yo conozco, muy pocos la saben, y por lo tanto tenéis interés en venir a mi tienda. Pues sí, porque yo también tengo una tienda. ¿Y qué se vende en ella? Lo vais a ver. Había una vez un rey que paseaba por el mercado ... Ahora los pobres reyes están limitados, y ya no pueden pasearse por los mercados, pero en el pasado era posible, el rey podía pasear por el poblado y sus vasallos iban a presentarle sus reclamaciones, sus dificultades ... Así pues, este rey se paseaba por el mercado; estaba mirando las vitrinas de los comerciantes cuando oyó gritar: «Vendo sabiduría, vendo sabiduría ... » El rey se aproximó: «Entonces, ¿ tú vendes sabiduría? pero ¿ por cuánto la vendes? - La hay por cien escudos, por mil escudos y por diez mil escudos. - Pues bien, dámela por diez mil escudos. - Por diez mil escudos he aquí lo que hay: Hagas lo que hagas, piensa en las consecuencias. - ¡Oh! ¿Solamente eso? ¡Sí, solamente eso! » El rey rió, pagó por esta sabiduría y partió repitiendo para divertirse: «Hagas lo que hagas, piensa en las consecuencias»... Cuando llegó a palacio ya no pensó más en ello. Después, de golpe, recordó la frase: Hagas lo que hagas, piensa en las consecuencias... «Ah, dijo, qué raro es ese filósofo»; pero, he aquí que al día siguiente, el rey tenía una importante reunión de ministros. Antes de la reunión, su barbero llegó para afeitarle. El rey ya tenía el mentón enjabonado y el barbero se aproximaba con la cuchilla, cuando, de pronto, el rey se acordó de la sabiduría que había comprado la víspera. Mira al barbero y para divertirse le dice: «Hagas lo que hagas, piensa en las consecuencias... » ¿ Y qué vio? El barbero palideció y cayó a sus pies diciendo: «Oh, piedad señor, yo no soy el culpable, sino los ministros que me han forzado.» El rey, estupefacto, comprendió que debía haber algo turbio y aparentó estar al corriente de todo: «Lo sé todo, pero cuéntamelo exactamente. Pues bien, he aquí que al afeitaros, os tenía que cortar el cuello con la navaja. Tengo familia e hijos y me he visto obligado a aceptar porque me han amenazado.

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- Bueno, dime quién. - Majestad, os lo diré, pero prometerme que no me vais a matar.» Os podéis imaginar el final de la historia... Pero ved cómo gracias a la sabiduría que había comprado, el rey salvó su vida. También yo tengo una tienda. Sólo que mi sabiduría es gratuita. Y ved lo que os digo hoy: situad la luz por encima de todo, acercaos a ella y seréis salvos. Ahora, oíd aún dos palabras respecto a la sirvienta, puesto que la hemos mencionado hace poco. ¿Qué hace la sirvienta o incluso la dueña de la casa cuando no tiene sirvientes? Cada día se ve obligada a lavar, a limpiar, a sacar el polvo, a ordenar y a arreglar la casa, colocando algunas flores para hacerla más agradable. Pero los humanos no han comprendido el sentido de lo que hacen cada día. Para mí, es un lenguaje, es el libro de la naturaleza que me gusta mucho leer y que interpreto. Dado que cada cual debe ocuparse de limpiar, ordenar y armonizar su propia casa, ¿por qué no limpiar y poner en orden la propia vida interior cada día con la misma paciencia, la misma regularidad, la misma tenacidad? He ahí, mis queridos hermanos y hermanas, la comprensión que normalmente falta en los humanos: se concentran solamente en el lado físico, sin ver que la limpieza, el orden, deben existir también en la vida mental, que es ahí donde hay que acostumbrarse a poner orden y armonía cada día, infatigablemente, entrar un poco en sí mismo y decir: «Veamos, ¿qué es lo que no funciona?» Y todo lo que está desplazado, fuera de sitio, volverlo a su lugar, no dejar que las cosas nos arrastren, que el polvo se acumule, pues entonces llega un día en que ya es demasiado tarde para remediarlo. Cada día, varias veces al día, hay que intentar restablecer el orden, la paz y la armonía en sí mismo. Los que no lo hacen, nunca dominarán la situación. Cuando una tempestad, un bombardeo o un terremoto causan destrucciones, enseguida se reparan los destrozos producidos. Entonces, ¿por qué no hacer lo mismo cada día, interiormente? Interiormente, hay siempre un poco de tempestad, un poco de lluvia, algunos bombardeos o agujeros por donde los ratones pueden entrar. Hay pues que recomenzar siempre por tapar, limpiar, arreglar echar un vistazo dentro de sí y decirse: «Ah, hoy mis pensamientos, mis sentimientos, no marchan bien, tengo que hacer algo...

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Pero no hacemos nada... N o hacemos nada porque no estamos instruidos en estas verdades de la Ciencia iniciática, o incluso si se está instruido, nos burlamos de estas instrucciones. Y sin embargo, son prácticas que dan posibilidades de gobernar a todas las células, porque hemos comprendido, porque hemos sido conscientes, porque nos mantuvimos fieles, un día todo se arregla, todo marcha conforme a nuestra voluntad. Pues sí, durante los bombardeos, se ha visto como los soldados, los bomberos, salían para apagar el fuego, reparar los puentes, etc.... Esto se hace, es normal, esto ocurre así. Pero en el plano interior no se sabe qué hacer. Ahora veis por qué tres veces, cuatro veces, cinco veces, diez veces al día, intentamos concentramos para remediarlo todo. Si hay una voz dentro que grita demasiado fuerte, hay que decirle: « ¡Cállate, vete a sentarte y escucha!» Hacedlo hasta que lo logréis y cuando al fin lo hayáis conseguido, os sentiréis orgullosos. Pero si lo dejáis todo, esperando que las cosas se Arreglen solas, la tranquilidad puede ser que llegue dentro de algunos años o quizás que no llegue nunca. Entonces, ya veis qué conclusión tan interesante se puede sacar de esta metáfora de la dueña de la casa y de la sirvienta.

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II Bonfín, 18 de Julio de 1978.

«Los pobres no saben utilizar la pobreza como el mejor medio de evolucionar, se rebelan. ¿Por qué? Porque quieren tener el dinero de los ricos. Aparentemente están escandalizados por la riqueza, pero en el fondo la desean con todas sus fuerzas. Y si los ricos comprendieran mejor la situación, lo repartirían todo entre los pobres y los pobres rechazarían estas riquezas diciendo: « ¡No, no queremos nada, estamos tan bien así!» Si tuvieran realmente la luz, los ricos querrían despojarse y los pobres no querrían tener nada más que lo que tienen. Así pues ahora, para estar salvos, los ricos deben encontrar a los pobres y decides: « ¡Os lo suplicamos, tomad!» Y los pobres responder: « ¡Ah, no, de ninguna manera!» Diréis que todo está al revés. Pues sí, es así como vamos a enderezado todo.» Los ricos que ofrecen sus riquezas a los pobres, y los pobres que se niegan a aceptadas. Todo el mundo lo encontrará ridículo. Entonces, ¿por qué lo he dicho? Seguramente para divertirme y para divertir a los demás... Pero si tenéis paciencia vais a oír una explicación muy interesante. Los ricos y los pobres ¿acaso han aprendido a qué se debe su estado? ¿Por qué unos son ricos y los otros son pobres? Si preguntáis a un sacerdote, os responderá que es la voluntad de Dios. ¿Y por qué razón los ricos merecen tener riquezas y los otros están privados de todo? Esto no está claro porque se ha rechazado la reencarnación que da explicaciones para cada estado, cada situación: los que son ricos ahora han trabajado de una forma u otra en las encarnaciones anteriores para tener estas riquezas. Está dicho en la Ciencia iniciática que todo lo que pidáis, lo obtendréis algún día. Tanto si es bueno como si es malo, lo obtendréis. El Señor da a todos los que piden, y si después se rompen la crisma, El no es responsable. Si pedís fardos y os sentís enseguida aplastados bajo su peso, no es culpa del Señor. Es terrible el no conocer las consecuencias remotas de lo que pedís. Si supierais por adelantado cómo pueden desarrollarse las cosas y que una vez realizados vuestros deseos vais a estar enfermos o a sentiros

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desdichados, no pediríais que estos deseos fuesen satisfechos. Por ello, en la Ciencia iniciática, el discípulo comienza por aprender que existen cosas que hay que pedir, y otras que no hay que pedir. Pero que los ricos hayan llegado a ser ricos porque han desarrollado ciertas cualidades, y que han trabajado para obtener estas riquezas, esto es seguro. Porque la leyes verdadera. Diréis: «Sí, pero se han servido del engaño, de la violencia, de la falta de honestidad, de las mentiras.» Es posible, pero incluso sirviéndose de estos medios, estaba escrito que obtendrían la riqueza, porque lo han hecho todo para obtenerla. Evidentemente, lo que no se ha dicho, es si conservarán mucho tiempo estas riquezas, ni si estarán satisfechos, en la paz y la alegría. Pero tendrán lo que han pedido. Han triunfado, pero lo que desconocen precisamente, son las consecuencias. Naturalmente, todos los ricos han llegado a serio por engaño y por falta de honestidad; algunos han llegado a serlo por su trabajo esforzado, o por herencia, o por suerte, gracias a un descubrimiento... No podemos detenemos en cada caso particular.

El problema judío es el mismo. La mayor parte de los asuntos importantes están en sus manos. ¿Quién les ha llevado hasta ahí? Los cristianos. En su ignorancia y su odio, los cristianos han perseguido a los judíos, y todas estas persecuciones les han empujado a desarrollar cualidades excepcionales para poder desenvolverse en medio de las peores condiciones. Naturalmente, una práctica como la circuncisión (que está basada en una ciencia milenaria), por las modificaciones que produce en el funcionamiento de las glándulas endocrinas, ha contribuido a hacer evolucionar a los judíos en una cierta dirección. Pero han sido los cristianos los que, sin darse cuenta, han empujado a los judíos a convertirse en habilísimos hombres de finanzas, y ahora ellos son quienes dirigen el mundo. Naturalmente hay cristianos, y también musulmanes, gracias al petróleo, que se han convertido en inmensamente ricos, pero ninguno tiene las capacidades y esta inteligencia especial de los judíos. Así pues, lo que poseen, de alguna u otra forma merece poseerlo. Ahora hablemos de los Iniciados... Los Iniciados no quieren ser ricos, porque su fin no consiste en asentarse en la tierra, ni dominarla. Un Iniciado quiere ante todo convertirse en luz, en esplendor, por ello no

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quiere cargas que le impedirían consagrarse al trabajo divino. Un Iniciado quiere ser libre, desprendido, para poder trabajar sobre sí mismo, sobre los demás, por eso avanzan, se refuerzan, llegan a ser unos tipos formidables, porque precisamente no tienen ninguna carga. No tiene que guardar su dinero de los ladrones, ni inquietarse por la baja de las acciones en la bolsa, por la caída del franco o del dólar. He ahí por qué todos los que corren locamente tras las riquezas son los necios que no han comprendido que su alma terminará en el vacío. ¿De qué sirve querer tragarse el mundo entero? ¡Si aún se sirvieran de sus riquezas para ayudar a los jóvenes más dotados que podrían convertirse en artistas o en sabios extraordinarios!... Pero no, lo guardan todo para sí, no ayudan a nadie, sólo piensan en abrir sucursales por todas partes, en arruinar a sus competidores... Y como no conocen las leyes, no saben que cuando vuelvan de nuevo a la tierra, serán unos vagabundos.

Sí, porque todos esos vagabundos que nos encontramos, con frecuencia son reencarnaciones de hombres muy ricos que, en una encarnación anterior se mostraron egoístas, duros, avaros. Hay que ser rico, sí, pero para ser útil, no para arruinar a los demás y destruirse a sí mismo. ¡Cuánta gente hay así, que gracias a su dinero, tiran demasiado de la cuerda y hacen cosas innobles! ¡Si supieran el porvenir que se están preparando! Pero este tipo de personas se burlan de todo esto, tienen otras preocupaciones. Por eso el mundo invisible decidirá retirar el tablón sobre el que están colocados y les dejará hundirse. Y todos se hundirán, el tiempo se acerca... El mundo invisible da a cada uno la posibilidad de manifestarse, y todo se va anotando hasta el día en que, habiendo dado suficiente rienda suelta a sus tendencias más inferiores, se le juzga. ¡Y las leyes son terribles! Esto es lo que no saben los humanos. Viven en las tinieblas e inc1usocuando vienen los Grandes Maestros a instruirles, no les creen, les rechazan. Todos estos Grandes Maestros, estos Grandes Iniciados que han consagrado su existencia a encontrar la verdad, que se han sacrificado, que han dado pruebas de su desinterés, de su grandeza, de su bondad, ¡evidentemente la gente piensa que se equivocan! Mientras que los idiotas, los necios, los criminales ¡se creen en posesión de la verdad...! No, mis queridos hermanos y hermanas, de ninguna manera, y os mostraré que no

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sabemos leer en el libro de la naturaleza viva, que no hemos aprendido a leer de la vegetación, de las montañas, de los lagos, de los animales, de los hombres. He ahí un ejemplo entre millares de otros: a la salida del sol, ¿cuáles son los lugares que reciben primero sus rayos: los abismos o las cimas de las montañas? ... Pues sí, las cimas de las montañas. Así pues, los seres más puros, los más nobles y elevados son los primeros que ven, que cantan las verdades; y no se sabe cuántos siglos después los necios aprenderán alguna cosa. Esta imagen de las cimas iluminadas por los primeros rayos de sol es una enseñanza. La naturaleza está ahí, ante nosotros, hay que saberla descifrar, interpretar, y si lo hacemos no nos equivocaremos nunca. La mayoría de humanos desprecian este libro, y por eso están sumidos en errores y aberraciones.

A todos los que quieren comerse el mundo, id a verles algún tiempo después, ¡en qué estado han quedado! Se preparan para terminar en las clínicas y los asilos, porque su sistema nervioso no puede soportar estas tensiones. Se imaginaban que la riqueza les daría la seguridad, el placer, el poder, y es verdad que los da. Pero desgraciadamente también da otra cosa. Están constantemente atormentados e interiormente no tienen dónde acogerse. Mientras que los Iniciados, que sólo desean la luz, el amor, la pureza, viven en la plenitud. Les basta tener un poco de comida, techo y vestido, y el resto del tiempo no se preocupa de otra cosa que de ayudar a los humanos. No hay seres más felices que ellos. Y en lugar de imitarles, todos aquéllos que son pobres se lamentan y pasan el tiempo envidiando a los ricos. No han comprendido que la pobreza les da las condiciones espirituales idóneas para descubrir otro mundo, para consagrarse a un ideal sublime. Son libres, pero como no saben utilizar su libertad, no son mejores que los ricos, también ellos son dignos de compasión. Naturalmente, jamás los ricos dirán a los pobres: « ¡Os lo suplico, tomad!» Ni los pobres responderán: « ¡Ah, no, de ninguna manera!» ¡Esto resulta cómico! Pero nos muestra que el rico está tan aplastado bajo el peso de sus riquezas, que tiene necesidad de descargarse un poco. Mirad cómo camina, tan curvado, con las manos en la espalda; maquinalmente hace cálculos con sus dedos, y como no mira lo que está delante suyo, tropieza y se cae. Y un pobre que sea idealista, camina con la cabeza en las nubes, no

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ve dónde pone los pies y cae en un precipicio. Así pues, esto no es mejor que lo otro. Hay que ser razonable y saber caminar mirando al mismo tiempo hacia arriba y hacia abajo. Esta forma de andar contiene una formidable filosofía. En realidad, si los ricos tuviesen el deseo de llevar una vida más sensata, más equilibrada, decidirían desprenderse un poco de sus cargas. Pues sí, y los pobres, encontrándose muy bien como están, no deberían sentir el deseo de sobrecargar con ellas. Y yo, me encuentro en el mismo caso. Incluso si un multimillonario viene a decirme: «Ten unos cuantos millones», le responderé: «No, no tengo necesidad de ellos. Dadlos a la Fraternidad si queréis, pero personalmente quiero ser libre y continuar mi trabajo.» Me siento el hombre más rico ¿por qué debería empobrecerme? Pero la gente no comprende nada: la verdadera riqueza ¡consiste en ver claro y estar en paz! Porque ¿qué es esta riqueza que se obtiene en detrimento de todo lo que tenemos de más valioso? La verdadera riqueza, proviene de los pensamientos y sentimientos, porque se puede repartir también a los demás sin empobrecerse nunca a sí mismo. Está bien el tener riquezas materiales, pero con la condición de que no os roben vuestra libertad. Ya he explicado esta cuestión en otra conferencia. Los fariseos y los saduceos que querían encontrar un pretexto para que Jesús fuese condenado, le presentaron este dilema: « ¿Hay que pagar el impuesto al César?» Jesús, tomando una moneda en sus manos, preguntó: « ¿De quién es esta imagen? - Del César. - Dad pues al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.» Desde hace dos mil años, los cristianos citan esta frase, pero no han sabido jamás cuánto debían dar al César y cuánto al Señor; y entonces llego yo, el loco, enciendo unas ramas que se queman, y digo: «Mirad: primeramente hay llamas... después gases, aunque menos... después vapores, todavía menos. Pero todo eso se va y sólo queda un puñado de cenizas. Pues bien, es esta ceniza la que vuelve al César, porque vuelve a caer en la tierra.» César es esto: la tierra; César está aquí... Y las llamas, los gases, los vapores que ascienden hasta el cielo, pertenecen al Cielo. Entonces, ved: hay que consagrar las tres cuartas partes de nuestras posesiones, de nuestras actividades, de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos al Señor, y una cuarta parte al César. Está claro. Mientras que en lugar de eso, guardamos todo para el César y nada para el Señor. Es por

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eso por lo que los ricos serán castigados, y si no es en esta encarnación, será en la próxima. Diréis: «Pero no me importa si me castigan en la próxima encarnación, prefiero tenerlo todo en ésta.» Pues bien, sois estúpidos al razonar así. Personalmente, siempre he dicho: si me vienen a ofrecer toda la tierra pidiéndome que renuncie a mi trabajo, no lo aceptaré. Porque sin estas actividades espirituales, estaría muerto, la vida no me apetecería ya. Así pues diré: «Guardaros este dinero y dejadme donde estoy.» Sí, esto lo digo ante el Cielo y me escucha. Pero ¡cuántas personas se han dejado comprar enseguida! He ahí por qué los ricos sólo creen una cosa: que lo pueden comprar todo. Por otra parte es verdad: compran las convicciones, los sentimientos, las conciencias... Si pudieseis saber lo que ocurre por todas partes, veríais el poder del dinero. El oro es todopoderoso en la tierra. Sí, pero no tiene ningún valor en lo alto. Hay otras cosas todopoderosas en lo alto, pero no el dinero. Y he ahí por qué, mis queridos hermanos y hermanas, si tenéis por ideal el convertiros en criaturas extraordinarias, tenéis que rechazar cada vez más ciertos compromisos, ciertas cargas, sabiendo que si no las rechazáis, perderéis de vista vuestra libertad. Hay que saber renunciar, toda la sabiduría está aquí. Pero en todos los terrenos se diría que la gente no tiene otro deseo que convertirse en esclavo. Hace algún tiempo una mujer vino a pedirme si le aconsejaría volverse a casar. ¡Se había divorciado ya seis veces, y me pedía si debía casarse por séptima vez! Yo estaba estupefacto y le dije: «Pero, querida señora, ¿qué hacéis con vuestra libertad?» He aquí que la libertad la molestaba, necesitaba casarse, sentirse desgraciada, divorciarse continuamente... ¿Por qué no apreciar la libertad para emprender nuevas actividades más espirituales? Pues no, se tiene siempre la necesidad de estar atado y las nueve décimas partes de vosotros estáis en este caso: la misma mentalidad que los ricos. En lugar de liberarse para consagrarse a fantásticos descubrimientos, irán a la búsqueda de situaciones u ocupaciones que van a enterrarles y no descubrirán nada sobre la verdadera riqueza. Personalmente, he pasado la mitad de mi vida en la pobreza y las privaciones de todo tipo, y eso me ha permitido el hacer muchas experiencias y ejercicios. Todos piensan que si tuvieran un laboratorio en alguna parte, podrían investigar. No saben que tienen dentro de sí el mayor

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laboratorio y el mejor equipado: su ser entero, y que pasean este laboratorio por todas partes con ellos. Personalmente, cuando comprendí que tenía este laboratorio, hice millares de experimentos y aún ahora continúo. Mientras que si hubiese sido rico, quizás hubiera llevado una vida tremenda de placeres y libertinaje. ¿Por qué no? Es a eso a lo que os empuja la riqueza. Por lo menos, si no sois ricos, estáis protegidos. La riqueza es una gran tentación, hay que ser muy fuerte para llevar, en medio de la opulencia, la misma vida espiritual que se seguiría si no se tuviese nada. ¿Por qué creéis que los ermitaños iban a vivir en los desiertos o se pedía a los monjes el voto de pobreza? Se hacía porque la riqueza no es la mejor condición para alcanzar la verdadera vida espiritual, que exige tanto renunciamiento y tantos esfuerzos interiores.

No oculto mi ambición de convertirme en el hombre más rico de la tierra. Quiero ser el más rico... pero espiritualmente. Diréis que es una ambición desmesurada. No, es un derecho que el Señor nos ha dado a todos el llegar a ser riquísimos, inteligentísimos, poderosísimos. Es incluso una orden, un mandamiento, porque Jesús ha dicho: «Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto.» El Señor es el más rico, el más sabio, el más hermoso, el más poderoso, el más noble, el más puro, y tenemos el derecho - e incluso el deber - de llegar a ser como El. Entonces yo, quiero llegar a ser perfecto. Tengo este derecho, el Cielo me lo da. Los que se pondrán furiosos son los humanos estrechos e ignorantes. Dirán: ¡Qué orgullo! No, querer llegar a ser perfecto no es orgullo, es otra cosa... ¡Ved qué cambios se producen cada día en vuestra forma de pensar!

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Bonfín, 15 de Agosto de 1978. Sí, mis queridos hermanos y hermanas, sin este saber iniciático. ¡Cuántos errores pueden cometerse! Jamás se os dirá que la pobreza y la riqueza se explican frecuentemente a través de las encarnaciones anteriores, y que muchos mendigos y vagabundos son hombres que, en el pasado, utilizaron su riqueza para hacer el mal. Ante esta desigualdad de la fortuna, los cristianos piensan: « ¡Es la voluntad de Dios!» Sí, he aquí cómo nos imaginamos la voluntad de Dios: como un capricho, una injusticia. Un día, Nastradine Hodja entró en un cabaret con una gran bolsa de nueces. Tenía varios nogales en su campo, y por una vez quiso mostrarse generoso, ¡lo que no le ocurría a menudo! Quizás la mitad de las nueces ya no se podían comer, pero ello no importa. Llega pues, pone el bolso de nueces en tierra y grita: «Entonces, camaradas, ¿cómo queréis que reparta estas nueces, como el Señor o como los hombres?» Naturalmente, todos pensaban que el Señor debía ser más justo que los hombres, ¡y pidieron que lo hiciera como el Señor! «Bueno», dijo Nastradine Hodja. Y empezó la repartición: da una nuez al primero, pasa ante unos cuantos a los que no da nada, y ante el último vacía el contenido del saco. Todos gritan: « ¡Eh, Nastradine Hodja, esto no es justo, no es honesto lo que estás haciendo! Pero si ésta es exactamente la forma en que el Señor distribuye las cosas, dice él ¡A unos nada, y a otros todo!» He ahí la comprensión de la Iglesia.

En realidad Dios lo ha repartido todo entre todos: el agua, el aire, el calor, la luz, e incluso en el mundo sutil existe el prana y toda clase de elementos benéficos. Entonces ¿por qué somos pobres y miserables? Porque no sabemos atraer y absorber estos elementos. Sólo los Iniciados saben hacerlo. Todos los demás piensan que la vida es pobre, que el Señor no les ha dado nada. Sí, todo está repartido, todo está a merced de todas las criaturas; sólo que las criaturas son débiles, perezosas, ciegas, estúpidas, y

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por eso siguen inmersas en la pobreza. Son los mismos seres humanos quienes se limitan, se contentan con comer, beber, respirar, es decir se alimentan de elementos sólidos, líquidos, gaseosos, y dejan de lado los elementos ígneos : el fuego, la luz ... Y he ahí por qué la humanidad peligra: porque no se alimenta convenientemente. Para nutrirse convenientemente se necesitan los cuatro elementos; por eso hay que ir a la salida del sol para contemplar, para absorber este fuego y esta luz que están ahí, esparcidos a profusión diariamente. Precisamente el cuarto elemento, el fuego, es el elemento esencial. Podemos abstenemos del elemento sólido durante varios días: algunos detenidos que han querido hacer la huelga de hambre, se han mantenido así durante sesenta días. En cuanto a la bebida, es más difícil, se resiste menos tiempo. Respecto al aire, todavía menos: podemos dejar de respirar, pero apenas tres o cuatro minutos. Y para el fuego... «¡Oh, dirá alguien, he pasado todo un invierno sin fuego! » Sí, es posible, podemos estar sin calefacción en invierno, pero no estoy hablando del calor exterior, hablo del calor del corazón. En el momento en que el corazón pierde su calor, el hombre muere. De los cuatro elementos, el fuego es el más importante para la vida. Y los humanos están malgastando este fuego sagrado, este calor en los placeres, en las estupideces, y así acortan su existencia. Si supieran cómo mantener este fuego, vivirían durante siglos. El hombre puede compararse a un cohete de varias fases. En el momento en que la primera fase agota su carburante, se enciende la segunda, y el cohete prosigue su ruta. En el momento en que va a agotarse la segunda fase, la tercera se enciende, etc.... Así pues, cuando un hombre muere, es porque no ha logrado encender la fase siguiente, pero aún podía vivir porque le quedaba carburante.

Todo está a nuestra disposición, Dios lo ha dispuesto todo en la atmósfera, en los ríos, en los lagos, las montañas, las estrellas. No ha guardado nada para El. Pero como los humanos son incapaces de tomar estas riquezas, se quedan ahí, apartados, tristes. Sin embargo, a través de la meditación, de la contemplación, intentad subir muy alto para atraer todos estos elementos. Están a vuestra disposición, no hay ahí ninguna prohibición. Las prohibiciones están en vosotros porque no sois fuertes, ni

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puros, ni inteligentes. Pero en realidad todo lo que necesitáis está ahí, a vuestra disposición, si sois capaces de alcanzado. Mirad, la luz, el calor, el espacio, las estrellas, todo está a nuestra disposición, pero somos nosotros quienes no llegamos a utilizado. El Señor lo reparte todo, no hay nadie tan generoso como El. Mirad solamente la vida: la vida está ahí, en el agua, en las piedras, en los árboles, y sobre todo en el aire y en el sol, pero morimos porque el organismo no llega a aprehender esta vida. Dios es justo y grande. El nunca dijo que las riquezas debían ser para unos y no para otros; pero si no hemos hecho nada para ser capaces de aprovechadas, El no es responsable. Por eso hay que estudiar, ejercitarse, de lo contrario seguiremos siendo pobres y miserables durante encarnaciones y encarnaciones, y continuaremos acusando al Señor. Lo que a mí me extraña, es que los cristianos puedan aún creer en un ser tan monstruoso como el Señor... tal como Le conciben. Le oran, Le aman, pero en su ignorancia han fabricado un monstruo. Ninguna otra Enseñanza glorifica tanto al Señor como Le glorificamos nosotros. Fuera de nuestra Enseñanza. ¡Id y veréis lo que os cuentan los demás!

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Conferencia del Maestro

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Videlinata (Suiza), 17 de marzo de 1974

La verdadera economía
En el momento actual, los humanos tienden cada vez más a asignar el primer lugar al campo económico, y aparentemente tienen razón. Si no tenéis el dinero necesario para procuraros alimentación o una casa, ¡naturalmente todo se complica!... Pero, en realidad, la economía no lo es todo, porque también ella depende de factores situados en un plano mucho más elevado. El lado económico, si queréis, es el lado muerto; no puede ni desplazarse, ni obrar, ni expresarse; son otros elementos los que deciden desplazado aquí o allá, y según sea la sabiduría o la locura del que lo desplaza, los resultados son completamente diferentes. Cuando la cabeza que debe decidir está enferma, finalmente, arruina la economía. Entonces aparecen los descontentos, las huelgas, las revoluciones... Es una lástima que los humanos se hayan dejado hundir en la materia hasta el punto de olvidar que no es ella lo más importante, sino los factores que obran sobre ella. Suponed que tengáis capital y armas: os sentís muy fuertes. Sólo que sois estúpidos, y he ahí que llega alguien más inteligente que vosotros: os puede destruir porque dispone de un elemento superior a todo lo que poseéis. Sí, la inteligencia triunfa frecuentemente en todos los medios materiales. Todo lo que se produce como hecho en el plano material depende de fenómenos que tienen lugar mucho más arriba, en el mundo de los pensamientos y de los sentimientos. Hablaba un día con una personalidad política muy importante aquí, en Francia, y me decía que el capital es el motor de la sociedad. Le respondí: «No, reflexione. ¿Qué desplaza los capitales de un lado a otro? Son las ideas. Las ideas están en primer lugar, son ellas las que dirigen y desplazan los capitales, que dan forma al mundo». Pero los humanos sólo ven las apariencias, sólo ven el lado material: los capitales, la falta o abundancia de materias primas, etc. No ven que todo esto está dirigido y organizado por un elemento espiritual que se llama la inteligencia, la voluntad... Pues no, se los considera como dos mundos separados. Mientras que no se vea el elemento invisible que obra

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sobre el lado material para influenciar1o, sea en el sentido del bien, sea en el del mal, no se comprenderá nunca nada. La realidad es que no hay nada económico, técnico, industrial, que funcione completamente solo. Cuando se quiere representar al ser humano, nos servimos de distintos esquemas que tipifican cada uno de los aspectos: los sistemas óseo, circulatorio, muscular, nervioso, etc. Ninguno de estos esquemas representa la totalidad del ser huma~ no, sino solamente un aspecto. Y hay aún algunos sistemas que desconoce la ciencia oficial. Nadie, por ejemplo, menciona el sistema áurico con sus corrientes de luz y de colores. Es todo un sistema que dirige al sistema nervioso, así como el sistema nervioso dirige los sistemas circulatorio, respiratorio, etc.... No se ha estudiado pues aún, la totalidad del ser humano. Consideremos también un ejemplo en la medicina. Uno de los grandes descubrimientos de la medicina han sido las glándulas endocrinas que segregan las hormonas y se cree, actualmente, que todo, más o menos, depende de ellas. Pues no, porque si estas glándulas segregan bien o mal es debido a que otros factores influyen en ellas. De la misma forma que las glándulas endocrinas obran sobre el conjunto del organismo, otros factores más sutiles en el sentimiento, en el pensamiento, en el alma o en el espíritu, obran sobre ellas. Un día, la medicina se fijará en esta cuestión, y estudiará también cómo el sol actúa sobre estas glándulas. Al dar una tal preponderancia al campo económico: las materias primas, los capitales, los mercados, las importaciones, las exportaciones y demás... los humanos muestran que se han limitado a los sistemas óseo, muscular, circulatorio. No han ido hasta el sistema nervioso y aún menos hasta el sistema áurico. Y esto es lo que explica que al preocuparse tanto por la economía, (expansionarse, enriquecerse siempre) dejan de lado ciertas reglas, ciertas leyes, ciertas virtudes que corresponden a estos sistemas. Es así como los dirigentes, que ponen principalmente el énfasis en la economía, están a punto de provocar la decadencia de toda la humanidad. Para ser siempre más fuerte y más rico que el vecino, se está obligado a cometer acciones que no siempre son del todo honestas. Sí, se está forzado.

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Así pues, mientras que por un lado aumenta la opulencia, por el otro disminuye el respeto a las leyes divinas, y eso es lo que va a desencadenar las peores catástrofes. Sé muy bien que no se puede aceptar lo que estoy diciendo: porque no se ve. No se ve que para obtener el éxito en el plano económico, se está obligado a cometer continuamente acciones indecorosas y crímenes. Es como en la política o el espionaje: todo está permitido. Se pretende trabajar para el propio país. Sí, pero... ¿y los demás países?.. Son siempre los intereses económicos los que os aconsejarán eliminar la moral. Cuando están en primer lugar, todas las buenas cualidades quedan borradas y reemplazadas por el egoísmo, la violencia, la astucia, la falta de escrúpulos. La vida económica es indispensable, se comprende, pero debe dominarse para que obedezca a otras necesidades, a otros poderes que le son superiores. De no ser así, las mejores aspiraciones son escarnecidas para enriquecer a los egoístas. Hay que empezar a reflexionar para ver claramente que el primer puesto debe corresponder al mundo divino, y que todo el resto está a su servicio. La verdad es que los humanos han confundido el fin con los medios. Saben que hay siempre un fin que alcanzar y unos medios para logrado; pero lo que no han visto es que están a· punto de tomar como medios todas las facultades y los dones que el Cielo les ha dado para alcanzar el fin más rastrero. Para satisfacer sus apetitos más inferiores, sacrificarán lo que hay de mejor en ellos, e incluso el Señor debe someterse para ayudarles en sus desmanes y en sus locuras. ¿Y creéis que se han dado cuenta de esta situación? ¡De ninguna manera! No pierden el tiempo preguntándose: «Pero ¿cómo soy? ¿Qué estoy buscando?» Pues no, se necesita un Maestro para decides: « ¡Pero, mira, amigo mío, cuál es tu meta! ¡Es el infierno! ¿Y los medios? Pues bien, el Señor, los Ángeles, la ciencia, el arte, la religión.» Sí, ¡para alcanzar el infierno! La vida material, la vida económica, es únicamente lo que cuenta para la mayoría de los humanos. Y son tan ignorantes y están tan disminuidos en los planos superiores que se les ve siempre perturbados, enfermos, sin que sepan el por qué. Enseguida, claro está, acusan a los demás: a los vecinos, a la sociedad, a los dirigentes, e incluso al Señor. No comprenden que les falta algo internamente para ver claro, y también fuerzas y buena voluntad para remediar la situación. Ah, no, no, siempre son los demás los culpables de no haberles dado esto o lo otro. Pero en

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realidad, incluso si se les da lo que reclaman, ello no cambia gran cosa, porque cuando se es tan estúpido, tan limitado interiormente, no se sabe aprovechar lo que se tiene y por lo tanto no se mejora, sino todo lo contrario. Cuántas veces hemos visto que al satisfacer todos los deseos, el hombre no se comporta ya noblemente, divinamente, ni tampoco irradia; por el contrario, se vuelve como un animal porque tiene más posibilidades de envilecerse. ¡Antes, por lo menos, la pobreza le retenía un poco! Pero en el momento en que consigue mejorar las condiciones materiales, el camino del descenso hacia el infierno está completamente abierto. No digo que deba mantenerse a los humanos en la pobreza, no, pero digo que es peligroso dar facilidades materiales a todos los que no saben dominarse y que dan preponderancia a la vida material sobre la vida espiritual, porque en este momento se les anima a ser perezosos, débiles y criminales. Un Iniciado que haya estudiado previamente hacia dónde puede arrastrarle la acción de saciar tal o cual deseo, lo que va a despertar en él y hasta dónde le empujará, rechaza satisfacerlos si ve que son un obstáculo para su elevación espiritual. Tomemos solamente un ejemplo de la vida cotidiana: un chico ignorante y débil quiere casarse con una joven, la más encantadora; y se casa con ella. Aparentemente es magnífico, pero he ahí que nunca se ha ocupado de desarrollar la comprensión, el dominio de sí, la nobleza de carácter, y todos sus instintos inferiores empiezan a brotar; la sospecha, los celos, la crueldad... No tiene ni un minuto de paz: vigila a su mujer y a todos los que se le acercan; cree que le engaña y un día, loco de celos, la asesina junto con aquél que sospecha que es su amante, y he ahí que acaba en prisión. Sócrates era mucho más sabio: buscó la mujer más fea y más desagradable de toda Grecia, porque con ella, por lo menos, estaba tranquilo. De cuando en cuando, naturalmente, se producían altercados... gritos y cubos de agua sucia lanzados sobre su cabeza, pero todo esto era externo. Interiormente, estaba tranquilo. Pero ¿quién de vosotros irá ahora a buscar una Jantipa? Nadie: buscaréis una estrella de cine para tener problemas toda la vida. Entonces, repito de nuevo: si no se conoce la naturaleza humana y se quiere a toda costa satisfacer las peticiones de la gente, sólo Dios sabe si se les hace verdaderamente un bien. ¡Y si no se está más bien en camino de

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recibir una pedrada en la propia cabeza! ¿Por qué no instruir a los humanos para enseñarles a analizar si lo que piden, lo que buscan, es verdaderamente lo mejor y lo más benéfico para ellos? ¡Cuántas veces lo que se consideró en principio un progreso, una ventaja, una mejora, resultó luego completamente nocivo! Porque sólo se había considerado lo aparente. Es verdad que el progreso material, industrial, aporta algo. Entrando ahora en una casa no puede uno dejar de maravillarse por. Todo lo que se ve: la calefacción, la televisión, el teléfono, el aspirador, la lavadora o el lavaplatos... Pero entonces, ya que lo tienen todo, ¿por qué los humanos no se han sentido nunca tan insatisfechos, rebeldes, enfermos, como ahora?.. Pero incluso ante este evidente fracaso continúa buscando en la misma dirección. No quieren comprender que, para ser verdaderamente felices, es otra cosa lo que hay que buscar: el amor, la sabiduría, la verdad, y dudar que las comodidades y la vida fácil les aporte algo positivo. La pereza, el egoísmo, la debilidad, es lo que aportan todas esas facilidades. Y desgraciadamente, es esto lo que se desea: la pereza, el placer... no hacer nada y tenerlo todo. ¿Y qué aconsejo yo? Aconsejo ambas cosas: tener todas las facilidades materiales pero mantener día y noche una actividad infatigable, para no aniquilarse y embrutecerse. Diréis que ya he hablado sobre esto. Sí, os he hablado, pero ¿ha dado resultado? ¿Estáis decididos a obrar en este sentido? No, aún no; también vosotros estáis tan concentrados en la materia, en los placeres, que no os queda tiempo para abriros al mundo divino e invitar a las entidades sublimes para que desciendan a trabajar con vosotros. Entonces, mis queridos hermanos y hermanas, esto es muy grave; si no queréis comprender, sufriréis y nadie os podrá salvar. Sólo vosotros podéis salvaros por la luz y por el amor. Entonces, analizad a qué consagráis vuestro tiempo, vuestras energías, vuestra atención. Veréis que no concedéis mucho espacio al mundo divino - el único sin embargo, que os puede purificar, iluminar, resucitar - y que consagráis casi todo vuestro tiempo y vuestras energías al mundo material que, después de haberos dado algunos minutos de alegría, os carga, os aprisiona y os separa. En otra conferencia os decía que el ser humano está constituido por dos tendencias contrarias que os he presentado con la ayuda de dos

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símbolos: el de Erebo y el de lona. En el Génesis, Erebo es el cuervo y lona la paloma que Noé envió para ver si las aguas del diluvio se habían retirado. Estas dos fuerzas que luchan en el hombre, son el movimiento y la inercia, la dilatación y la contracción, la vida y la muerte, y según que predomine una u otra fuerza, el hombre se muestra activo, dinámico, poderoso, o bien débil, mezquino, sin voluntad. En el curso de la existencia, lona se manifiesta sobre todo durante la infancia, la adolescencia y la edad madura, después disminuye y Erebo se manifiesta: el hombre cae poco a poco en la decrepitud y muere. Si Se conociera la ley del amor, de la sabiduría, y de la verdad, si permaneciera en contacto con el Cielo, el hombre podría animar y sostener a lona, incluso cuando empieza a estar limitado por las fuerzas contrarias. Pero los humanos están tan lejos de las realidades espirituales, que ya a partir de su juventud sólo refuerzan a Erebo en sí. A los dieciocho, a los veinte años, ya están viejos, arrugados, reblandecidos, debido a pensamientos y sentimientos inferiores que no cesan de alimentar. Los humanos no piensan y no buscan otra cosa que seguir siendo jóvenes y prolongar su vida, pero no saben cómo hacerla: toman medicamentos, absorben extractos de glándulas, pero estos métodos no son eficaces. Los medios más eficaces son los medios espirituales. ¡Cuántas veces lo he comprobado! Anteayer, por ejemplo, vino una dama muy vieja: su rostro estaba sombrío y triste, pero al escuchar la conferencia, poco a poco se hizo la luz en ella y quedó completamente transformada... ¿Cómo no concluir que la vida espiritual transforma al hombre? También vosotros lo habéis constatado. Esto prueba que hay que intentar alimentar cada vez más en sí mismo los buenos pensamientos, los buenos sentimientos, los buenos anhelos, porque producen unos efectos favorabilísimos, no solamente en la vida psíquica sino también en la vida física. Así pues, si el hombre vive una vida verdaderamente espiritual en la luz, el amor y la paz, puede prolongar la vida de lona. Naturalmente, con todos los conocimientos y toda la buena voluntad, no podréis obtener en esta encarnación una transformación completa, porque antes del nacimiento el desarrollo del ser ya está más o menos determinado. Es posible mejorar un poco en esta encarnación, pero sobre todo, estáis preparando grandes mejoras para la próxima reencarnación.

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Porque en este momento el Cielo tomará en consideración todos vuestros buenos proyectos y vuestros buenos deseos, no tendrá ya en cuenta lo que fuisteis en el pasado: según fuese la existencia que habíais llevado, los Veinticuatro Ancianos habían decretado que tendríais tal organismo, tales capacidades físicas e intelectuales. Gracias a la vida más pura y más armoniosa que lleváis ahora en la Enseñanza, y gracias a las oraciones y meditaciones, podréis mejorar, pero es muy difícil enderezado todo. Lo podremos todo en el futuro, pero no ahora. La utilidad de ser un miembro de la Fraternidad Blanca Universal, está en que aquí tenéis todas las condiciones para mejorar vuestras próximas encarnaciones. De lo contrario, no sólo no mejoraréis nada, sino que vuestra situación puede ser aún peor, estaréis aún más limitados, más enfermos, más desheredados. Tomemos el ejemplo de un hombre rico; si no hace nada bueno con sus riquezas, si se deja llevar por los placeares de la vida ordinaria, Cuando vuelva en una próxima encarnación, no tendrá nada, será un vagabundo bajo los puentes, preparado para recibir golpes como los otros vagabundos. No sabrá que había sido muy rico en el pasado y que si ahora está en la miseria, es porque no hizo· nada por los demás con sus riquezas. Cuántas criaturas vienen al mundo en un estado verdaderamente deplorable sin que se sepa por qué. Esta cuestión nunca ha sido bien explicada ni por la psicología, ni por la medicina, ni por la pedagogía, ni por el psicoanálisis... ni tampoco por la religión. Sólo puede serio por la Ciencia iniciática. Ocurre a veces que las emanaciones y las radiaciones de la vida psíquica, se manifiestan en el plano físico, y durante algunos instantes el hombre queda realmente transfigurado. Enseguida vuelve a tener su apariencia normal, pero si trabaja conscientemente para restablecer, para revivir estos estados maravillosos, se construirá en la próxima reencarnación un cuerpo de un esplendor indescriptible. Así pues, para cualquier cosa que emprendáis, decid primeramente: «Busco la luz, busco el amor, busco la fuerza... ¿La obtendré haciendo esto o lo otro?» Gracias a la Ciencia iniciática podréis tener enseguida la respuesta exacta. De lo contrario os lanzaréis en cuerpo y alma a actividades que os van a matar. Como todos estos hombres de negocios que quieren convertirse en rey del petróleo, rey del acero o de cualquier otra cosa; muchos caen enfermos o acaban por suicidarse. Todas estas cargas, todas estas actividades para

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satisfacer su gula, su necesidad enfermiza de tragarse el mundo entero, desequilibran su sistema nervioso que no es capaz de soportar estas tensiones; no pueden dormir, pierden el gusto de vivir, pierden la salud. Antes de intentar poseerlo todo, hay que estudiar la situación y ver las consecuencias. Pero también sé que en este terreno, no seré ni aceptado, ni seguido, ni comprendido. Los humanos saben lo que saben: tienen sus deseos, sus angustias, ¡y entonces no hay nada que hacer! ¿Y quién estará de acuerdo conmigo? Todos los pobres, todos los miserables, todos los perezosos. Estos estarán de acuerdo conmigo... ¿Pero me habrán comprendido? ¡Ah! ¡Dadles algunas posibilidades de cambio, cambiad sus condiciones, y veréis si me han comprendido! Incluso sobrepasarán a los demás por sus locuras y sus maldades. Si los pobres hablan siempre contra los ricos, es porque también ellos quieren ser ricos, y como no pueden, están obligados a hablar contra ellos. Pero dadles dinero y veréis... ¿Acaso hablo contra los ricos? Jamás. Hablo contra su incomprensión, sí, pero los ricos, los quiero tanto que... ¡si me dan todos sus millones para embellecer la Fraternidad, les abrazaré con todo mi corazón! En todo caso desconfiad de las personas que hablan demasiado contra talo cual persona; es que subconscientemente desean tener lo que ella tiene, o hacer lo que ella hace. Sí, mi análisis es terrible. No vengáis nunca a exponeros a mi análisis. ¡Hay tanto que decir todavía sobre la economía! Cuando una sociedad está demasiado preocupada por sus intereses económicos, se producen toda clase de desequilibrios e inconvenientes porque no hubo suficiente sabiduría para preverlo. Mirad, se quiere exportar lo más posible porque es extremadamente ventajoso, y de una cosa a otra se acaba por vender armas, aviones de combate, a naciones que por sus continuas luchas, pueden comprometer la paz y la seguridad de todo el planeta. Algunos de estos pueblos apenas saben leer y escribir, y se les proporcionar las armas más perfeccionadas. Naturalmente, se ganará mucho dinero, pero por otro lado también lo pagarán muy caro. ¡Señor Dios, qué ceguera! Y así es como la economía será la ruina de muchos países. Sí, mis queridos hermanos y hermanas, ningún problema es más importante que la economía, en esto estoy de acuerdo. Una cosa que los humanos no han comprendido es que no es por abajo por donde hay que

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estudiar el problema para resolverlo, sino por arriba, porque lo que está abajo no es más que el reflejo de lo que está arriba. La naturaleza es la única que conoce la economía, sabe cómo hacer para no perder ni un sólo átomo. Una mota de polvo, cualquier suciedad, todo se utiliza. Mirad: todas las basuras y las inmundicias que los humanos desechan son absorbidas y transformadas por la tierra en sus fábricas subterráneas hasta convertirlas en un alimento para la vegetación. Nada se pierde, nada se desecha. Mientras que los humanos, que están muy lejos de poseer la inteligencia de la tierra, esta inteligencia de la naturaleza, están continuamente preocupados por la cuestión de los desechos. Observad los problemas que presentan los desechos radiactivos y otros· desechos imposibles de destruir. Se ven obligados a depositarios en pasadizos subterráneos, pero representan un terrible peligro para la humanidad. Y un ser que lo estropea todo, que lo gasta todo, que lo dispersa todo, interiormente, psíquicamente, debido a sus pasiones, a sus deseos, a sus pensamientos y a sus sentimientos desordenados ¿qué comprensión puede tener de la economía? Diréis que no veis la relación... Pues sí, no hay separación en ello. He aquí por qué los que están al frente de un país y deciden en los asuntos económicos, antes de hacerlo en el plano físico, deben primeramente aprender lo esencial que no está en los libros de economía: cómo está constituido el hombre, cómo está unido a todo el universo, cómo está jerarquizado este universo, y que todas las empresas humanas deben obedecer a un modelo, a una idea celeste. En este momento, todo lo que hagan, todo lo que ordenen, será perfecto.

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Conferencia del Maestro

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Castelrama (Pirineos) 23 de Noviembre de 1975

EL DINERO NO DA LA ALEGRIA

El ser humano está construido de tal forma que tiende a apoyarse siempre en algo o en alguien. La mujer cuenta con su marido, el marido cuenta con su mujer, los niños cuentan con sus padres, y así sucesivamente. Y contamos también con el dinero, con las circunstancias, el tiempo... En sí, esto no es malo, pero lo que sí es malo, es que nos hayamos acostumbrado a contar siempre con algo exterior. Estamos enfermos, y hay médicos y farmacéuticos. Somos ignorantes, y hay profesores e incluso clarividente s para predecimos nuestro futuro. Se estropea el coche y hay garajes. Estamos aburridos y hay cines, tabernas, salas de baile... La vida está tan bien organizada para dar a los humanos todo lo que quieren, que se han vuelto abúlicos; saben que encontrarán siempre algo o alguien que les resolverá su problema. Pueden esquiar sin prestar demasiada atención: si se rompen una pierna irán a un hospital, y se la enyesarán. Si deben trabajar sobre un andamio ¿por qué verificar si está bien colocado? Si caen, se les recogerá para curarles. Y ¿por qué tener cuidado con sus dientes? Se irá al dentista. Y en cuanto a los vestidos ¿por qué cuidar de no mancharlos? Hay tantos productos de limpieza, ¡eso sobra! O bien tiramos un cigarrillo encendido en el bosque: si produce un incendio, los bomberos irán ha apagado, ¿por qué preocuparse? Es así como la atención, la perspicacia, la dirección, la sabiduría, la inteligencia, disminuyen cada vez más. ¿Por qué desarrollados cuando hay fuera tantos medios para corregir las tonterías que hemos hecho? Todos los investigadores, los técnicos, están ahí, para ayudar a los humanos. En realidad, no les ayudan, porque los humanos se vuelven cada vez más perezosos, débiles, embrutecidos. Puede que estén más instruidos que antes ¡pero también son mucho más negligentes y despreocupados! La cuestión ahora no está en obtener el progreso material y técnico, sino más bien en poder trabajar en el campo interno para conservar' la atención, la prudencia, la dirección, el dominio. Porque si estropeáis un objeto, por ejemplo,

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incluso si se encuentra un producto para reparado, queda siempre un rastro, un defecto; habría sido mejor no estropear este objeto. Y además hay que pensar también que pueden producirse sucesos que nos priven de todas estas comodidades. Mirad lo que pasa con el petróleo: se extraía, se extraía y se derrochaba la energía porque se creía que el petróleo siempre estada ahí, a la disposición de todos ¡y ahora! ... Es maravilloso el progreso, ¡facilita tanto la vida! Creedme, yo no me opongo a él, al contrario, e incluso puedo indicaros los descubrimientos que la ciencia hará en el futuro y que nadie sospecha. Pero por el momento, lo más importante para vosotros consiste en conocer y aceptar las verdades que son capaces de transformaros, de mejorar vuestra vida interior antes de mejorar vuestra vida exterior. Está dicho en la Ciencia iniciática que, a pesar de lo que encuentre exteriormente, el hombre no tendrá nunca la plenitud, porque la plenitud sólo se consigue con el esfuerzo personal, con el esfuerzo de la voluntad, de la inteligencia, de la imaginación. Por otra parte, todo el mundo lo ha notado. En todo aquello que se logra realizar por sí mismo se encuentra una satisfacción, mientras que todo lo que se recibe del exterior sin esfuerzo, incluso el dinero, no da esta alegría, esta felicidad. Todo el mundo lo sabe, pero continuamos esperándolo todo del exterior. Por eso no se arregla nada. Aunque poseáis, aunque se os dé, no abandonéis nunca vuestro trabajo: hasta el último minuto, ¡no abandonéis! No me opongo al progreso, pero el progreso material no es el verdadero progreso. Hay que progresar, pero no hay que apoyarse nunca en lo bajo, sino decirse: está bien, es magnífico, son facilidades extraordinarias, pero la satisfacción hay que buscarla en el trabajo. «Y ¿qué trabajo?» El verdadero trabajo, el trabajo espiritual. Así pues, todos estos aparatos, estos productos para remediar lo que está defectuoso, para reparar, reunir, limpiar, ¡evidentemente, son fantásticos! Pero el otro lado, es decir la atención, la vigilancia para no tener tantas cosas que \reparar ¡ah! de eso no se ocupa nadie. ¿Y por qué ocuparse de ello? Os lo he dicho: las farmacias, los hospitales, los garajes, las lavanderías, las droguerías, están ahí para poder remediar todas las equivocaciones y las estupideces cometidas por los humanos. Se progresa

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en el terreno exterior pero el terreno interior es deplorable. ¡E inmediatamente se habla de economía! La verdadera economía consiste en estar atento y ser razonable; el resto no es otra cosa que derroche. Los jóvenes ¿acaso saben de economía? Gastan sus fuerzas y sus energías en sensaciones, en locuras, ¡y esto no es económico! Quizás sea yo el único que entiende correctamente la economía. Se habla de economía, se estudian las ciencias económicas, y aunque no conozco nada de todo esto, sin embargo sé que la economía no se encuentra en donde la buscan los humanos. ¿Queréis practicar la verdadera economía, tener tesoros, riquezas que podréis gastar enseguida para ayudar a los demás? Está bien, tenéis que convertiros en atentos, iluminados, ser maestros de vosotros mismos, razonables. Esta es la verdadera economía. Nadie la busca ahí, ya lo veis, y las mayores pérdidas, las mayores ruinas, son las que producen los economistas, porque no estudian la verdadera economía. Todos están en camino de arruinarse espiritualmente, moralmente, intelectualmente, e incluso materialmente, porque en realidad no han comprendido la economía. Sólo los sabios son verdaderos economistas. Os daré un ejemplo. Supongamos que tenéis un patrón o un asociado, y en una conversación no habéis estado atentos con él, habéis dicho algunas palabras desgraciadas... Entonces nos encontramos con que las relaciones se rompen, os despide, o se separa de vosotros, y os metéis en procesos, gastos, etc. Decís qué vais a reparado; pero también esto os costará mucho. Así, un día os veréis obligados a comprender que hay que estar muy atento, ser muy razonable, por lo menos con nosotros mismos para no complicar las situaciones. Fuera, Dios mío, siempre hay desorden, disputas... y ante eso no podréis hacer casi nada. No es tan fácil poner orden en el mundo. Pero en todo lo que hace uno mismo, puede ponerse armonía, orden, paz, luz. Si trabajáis así durante años, veréis como todo se arreglará, incluso en el plano material. Porque todo el mundo os amará, os estimará y os buscará para ayudaros y haceros el bien. Pues sí, por la sabiduría se resuelven todos los problemas económicos. Si realmente queréis vivir una vida magnífica os debéis vigilar, y decididlo desde hoy. Evidentemente, para algunos hubiese sido mejor comenzar antes; cuando se es joven todo

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lo que se dice, todo lo que se hace, debe ser maravilloso, armónico, para el bien. ¡Esta es la verdadera economía!

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Conferencia del Maestro

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Sèvres, 18 de Julio de 1978

EL DINERO Y LA POBREZA
«Los pobres no saben utilizar la pobreza como el mejor medio de evolucionar, se rebelan. ¿Por qué? Porque quieren tener el dinero de los ricos. Aparentemente están escandalizados por la riqueza, pero en el fondo la desean con todas sus fuerzas. Y si los ricos comprendieran mejor la situación, lo repartirían todo entre los pobres y los pobres rechazarían estas riquezas diciendo: « ¡No, no queremos nada, estamos tan bien así!» Si tuvieran realmente la luz, los ricos querrían despojarse y los pobres no querrían tener nada más que lo que tienen. Así pues ahora, para estar salvos, los ricos deben encontrar a los pobres y decides: « ¡Os lo suplicamos, tomad!» Y los pobres responder: « ¡Ah, no, de ninguna manera!» Diréis que todo está al revés. Pues sí, es así como vamos a enderezado todo.» Los ricos que ofrecen sus riquezas a los pobres, y los pobres que se niegan a aceptadas. Todo el mundo lo encontrará ridículo. Entonces, ¿por qué lo he dicho? Seguramente para divertirme y para divertir a los demás... Pero si tenéis paciencia vais a oír una explicación muy interesante. Los ricos y los pobres ¿acaso han aprendido a qué se debe su estado? ¿Por qué unos son ricos y los otros son pobres? Si preguntáis a un sacerdote, os responderá que es la voluntad de Dios. ¿Y por qué razón los ricos merecen tener riquezas y los otros están privados de todo? Esto no está claro porque se ha rechazado la reencarnación que da explicaciones para cada estado, cada situación: los que son ricos ahora han trabajado de una forma u otra en las encarnaciones anteriores para tener estas riquezas. Está dicho en la Ciencia iniciática que todo lo que pidáis, lo obtendréis algún día. Tanto si es bueno como si es malo, lo obtendréis. El Señor da a todos los que piden, y si después se rompen la crisma, El no es responsable. Si pedís fardos y os sentís enseguida aplastados bajo su peso, no es culpa del Señor. Es terrible el no conocer las consecuencias remotas de lo que pedís. Si supierais por adelantado cómo pueden desarrollarse las cosas y

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que una vez realizados vuestros deseos vais a estar enfermos o a sentiros desdichados, no pediríais que estos deseos fuesen satisfechos. Por ello, en la Ciencia iniciática, el discípulo comienza por aprender que existen cosas que hay que pedir, y otras que no hay que pedir. Pero que los ricos hayan llegado a ser ricos porque han desarrollado ciertas cualidades, y que han trabajado para obtener estas riquezas, esto es seguro. Porque la leyes verdadera. Diréis: «Sí, pero se han servido del engaño, de la violencia, de la falta de honestidad, de las mentiras.» Es posible, pero incluso sirviéndose de estos medios, estaba escrito que obtendrían la riqueza, porque lo han hecho todo para obtenerla. Evidentemente, lo que no se ha dicho, es si conservarán mucho tiempo estas riquezas, ni si estarán satisfechos, en la paz y la alegría. Pero tendrán lo que han pedido. Han triunfado, pero lo que desconocen precisamente, son las consecuencias. Naturalmente, todos los ricos han llegado a serio por engaño y por falta de honestidad; algunos han llegado a serlo por su trabajo esforzado, o por herencia, o por suerte, gracias a un descubrimiento... No podemos detenemos en cada caso particular.

El problema judío es el mismo. La mayor parte de los asuntos importantes están en sus manos. ¿Quién les ha llevado hasta ahí? Los cristianos. En su ignorancia y su odio, los cristianos han perseguido a los judíos, y todas estas persecuciones les han empujado a desarrollar cualidades excepcionales para poder desenvolverse en medio de las peores condiciones. Naturalmente, una práctica como la circuncisión (que está basada en una ciencia milenaria), por las modificaciones que produce en el funcionamiento de las glándulas endocrinas, ha contribuido a hacer evolucionar a los judíos en una cierta dirección. Pero han sido los cristianos los que, sin darse cuenta, han empujado a los judíos a convertirse en habilísimos hombres de finanzas, y ahora ellos son quienes dirigen el mundo. Naturalmente hay cristianos, y también musulmanes, gracias al petróleo, que se han convertido en inmensamente ricos, pero ninguno tiene las capacidades y esta inteligencia especial de los judíos. Así pues, lo que poseen, de alguna u otra forma merece poseerlo. Ahora hablemos de los Iniciados... Los Iniciados no quieren ser ricos, porque su fin no consiste en asentarse en la tierra, ni dominarla. Un

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Iniciado quiere ante todo convertirse en luz, en esplendor, por ello no quiere cargas que le impedirían consagrarse al trabajo divino. Un Iniciado quiere ser libre, desprendido, para poder trabajar sobre sí mismo, sobre los demás, por eso avanzan, se refuerzan, llegan a ser unos tipos formidables, porque precisamente no tienen ninguna carga. No tiene que guardar su dinero de los ladrones, ni inquietarse por la baja de las acciones en la bolsa, por la caída del franco o del dólar. He ahí por qué todos los que corren locamente tras las riquezas son los necios que no han comprendido que su alma terminará en el vacío. ¿De qué sirve querer tragarse el mundo entero? ¡Si aún se sirvieran de sus riquezas para ayudar a los jóvenes más dotados que podrían convertirse en artistas o en sabios extraordinarios!... Pero no, lo guardan todo para sí, no ayudan a nadie, sólo piensan en abrir sucursales por todas partes, en arruinar a sus competidores... Y como no conocen las leyes, no saben que cuando vuelvan de nuevo a la tierra, serán unos vagabundos.

Sí, porque todos esos vagabundos que nos encontramos, con frecuencia son reencarnaciones de hombres muy ricos que, en una encarnación anterior se mostraron egoístas, duros, avaros. Hay que ser rico, sí, pero para ser útil, no para arruinar a los demás y destruirse a sí mismo. ¡Cuánta gente hay así, que gracias a su dinero, tiran demasiado de la cuerda y hacen cosas innobles! ¡Si supieran el porvenir que se están preparando! Pero este tipo de personas se burlan de todo esto, tienen otras preocupaciones. Por eso el mundo invisible decidirá retirar el tablón sobre el que están colocados y les dejará hundirse. Y todos se hundirán, el tiempo se acerca... El mundo invisible da a cada uno la posibilidad de manifestarse, y todo se va anotando hasta el día en que, habiendo dado suficiente rienda suelta a sus tendencias más inferiores, se le juzga. ¡Y las leyes son terribles! Esto es lo que no saben los humanos. Viven en las tinieblas e inc1usocuando vienen los Grandes Maestros a instruirles, no les creen, les rechazan. Todos estos Grandes Maestros, estos Grandes Iniciados que han consagrado su existencia a encontrar la verdad, que se han sacrificado, que han dado pruebas de su desinterés, de su grandeza, de su bondad, ¡evidentemente la gente piensa que se equivocan! Mientras que los idiotas, los necios, los criminales ¡se creen en posesión de la verdad...! No, mis

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queridos hermanos y hermanas, de ninguna manera, y os mostraré que no sabemos leer en el libro de la naturaleza viva, que no hemos aprendido a leer de la vegetación, de las montañas, de los lagos, de los animales, de los hombres. He ahí un ejemplo entre millares de otros: a la salida del sol, ¿cuáles son los lugares que reciben primero sus rayos: los abismos o las cimas de las montañas? ... Pues sí, las cimas de las montañas. Así pues, los seres más puros, los más nobles y elevados son los primeros que ven, que cantan las verdades; y no se sabe cuántos siglos después los necios aprenderán alguna cosa. Esta imagen de las cimas iluminadas por los primeros rayos de sol es una enseñanza. La naturaleza está ahí, ante nosotros, hay que saberla descifrar, interpretar, y si lo hacemos no nos equivocaremos nunca. La mayoría de humanos desprecian este libro, y por eso están sumidos en errores y aberraciones.

A todos los que quieren comerse el mundo, id a verles algún tiempo después, ¡en qué estado han quedado! Se preparan para terminar en las clínicas y los asilos, porque su sistema nervioso no puede soportar estas tensiones. Se imaginaban que la riqueza les daría la seguridad, el placer, el poder, y es verdad que los da. Pero desgraciadamente también da otra cosa. Están constantemente atormentados e interiormente no tienen dónde acogerse. Mientras que los Iniciados, que sólo desean la luz, el amor, la pureza, viven en la plenitud. Les basta tener un poco de comida, techo y vestido, y el resto del tiempo no se preocupa de otra cosa que de ayudar a los humanos. No hay seres más felices que ellos. Y en lugar de imitarles, todos aquéllos que son pobres se lamentan y pasan el tiempo envidiando a los ricos. No han comprendido que la pobreza les da las condiciones espirituales idóneas para descubrir otro mundo, para consagrarse a un ideal sublime. Son libres, pero como no saben utilizar su libertad, no son mejores que los ricos, también ellos son dignos de compasión. Naturalmente, jamás los ricos dirán a los pobres: « ¡Os lo suplico, tomad!» Ni los pobres responderán: « ¡Ah, no, de ninguna manera!» ¡Esto resulta cómico! Pero nos muestra que el rico está tan aplastado bajo el peso de sus riquezas, que tiene necesidad de descargarse un poco. Mirad cómo camina, tan curvado, con las manos en la espalda; maquinalmente hace cálculos con sus dedos, y como no mira lo que está delante suyo, tropieza y

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se cae. Y un pobre que sea idealista, camina con la cabeza en las nubes, no ve dónde pone los pies y cae en un precipicio. Así pues, esto no es mejor que lo otro. Hay que ser razonable y saber caminar mirando al mismo tiempo hacia arriba y hacia abajo. Esta forma de andar contiene una formidable filosofía. En realidad, si los ricos tuviesen el deseo de llevar una vida más sensata, más equilibrada, decidirían desprenderse un poco de sus cargas. Pues sí, y los pobres, encontrándose muy bien como están, no deberían sentir el deseo de sobrecargar con ellas. Y yo, me encuentro en el mismo caso. Incluso si un multimillonario viene a decirme: «Ten unos cuantos millones», le responderé: «No, no tengo necesidad de ellos. Dadlos a la Fraternidad si queréis, pero personalmente quiero ser libre y continuar mi trabajo.» Me siento el hombre más rico ¿por qué debería empobrecerme? Pero la gente no comprende nada: la verdadera riqueza ¡consiste en ver claro y estar en paz! Porque ¿qué es esta riqueza que se obtiene en detrimento de todo lo que tenemos de más valioso? La verdadera riqueza, proviene de los pensamientos y sentimientos, porque se puede repartir también a los demás sin empobrecerse nunca a sí mismo. Está bien el tener riquezas materiales, pero con la condición de que no os roben vuestra libertad. Ya he explicado esta cuestión en otra conferencia. Los fariseos y los saduceos que querían encontrar un pretexto para que Jesús fuese condenado, le presentaron este dilema: « ¿Hay que pagar el impuesto al César?» Jesús, tomando una moneda en sus manos, preguntó: « ¿De quién es esta imagen? - Del César. - Dad pues al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.» Desde hace dos mil años, los cristianos citan esta frase, pero no han sabido jamás cuánto debían dar al César y cuánto al Señor; y entonces llego yo, el loco, enciendo unas ramas que se queman, y digo: «Mirad: primeramente hay llamas... después gases, aunque menos... después vapores, todavía menos. Pero todo eso se va y sólo queda un puñado de cenizas. Pues bien, es esta ceniza la que vuelve al César, porque vuelve a caer en la tierra.» César es esto: la tierra; César está aquí... Y las llamas, los gases, los vapores que ascienden hasta el cielo, pertenecen al Cielo. Entonces, ved: hay que consagrar las tres cuartas partes de nuestras posesiones, de nuestras actividades, de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos al Señor, y una cuarta parte al César. Está claro. Mientras que

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en lugar de eso, guardamos todo para el César y nada para el Señor. Es por eso por lo que los ricos serán castigados, y si no es en esta encarnación, será en la próxima. Diréis: «Pero no me importa si me castigan en la próxima encarnación, prefiero tenerlo todo en ésta.» Pues bien, sois estúpidos al razonar así. Personalmente, siempre he dicho: si me vienen a ofrecer toda la tierra pidiéndome que renuncie a mi trabajo, no lo aceptaré. Porque sin estas actividades espirituales, estaría muerto, la vida no me apetecería ya. Así pues diré: «Guardaros este dinero y dejadme donde estoy.» Sí, esto lo digo ante el Cielo y me escucha. Pero ¡cuántas personas se han dejado comprar enseguida! He ahí por qué los ricos sólo creen una cosa: que lo pueden comprar todo. Por otra parte es verdad: compran las convicciones, los sentimientos, las conciencias... Si pudieseis saber lo que ocurre por todas partes, veríais el poder del dinero. El oro es todopoderoso en la tierra. Sí, pero no tiene ningún valor en lo alto. Hay otras cosas todopoderosas en lo alto, pero no el dinero. Y he ahí por qué, mis queridos hermanos y hermanas, si tenéis por ideal el convertiros en criaturas extraordinarias, tenéis que rechazar cada vez más ciertos compromisos, ciertas cargas, sabiendo que si no las rechazáis, perderéis de vista vuestra libertad. Hay que saber renunciar, toda la sabiduría está aquí. Pero en todos los terrenos se diría que la gente no tiene otro deseo que convertirse en esclavo. Hace algún tiempo una mujer vino a pedirme si le aconsejaría volverse a casar. ¡Se había divorciado ya seis veces, y me pedía si debía casarse por séptima vez! Yo estaba estupefacto y le dije: «Pero, querida señora, ¿qué hacéis con vuestra libertad?» He aquí que la libertad la molestaba, necesitaba casarse, sentirse desgraciada, divorciarse continuamente... ¿Por qué no apreciar la libertad para emprender nuevas actividades más espirituales? Pues no, se tiene siempre la necesidad de estar atado y las nueve décimas partes de vosotros estáis en este caso: la misma mentalidad que los ricos. En lugar de liberarse para consagrarse a fantásticos descubrimientos, irán a la búsqueda de situaciones u ocupaciones que van a enterrarles y no descubrirán nada sobre la verdadera riqueza. Personalmente, he pasado la mitad de mi vida en la pobreza y las privaciones de todo tipo, y eso me ha permitido el hacer muchas experiencias y ejercicios. Todos piensan que si tuvieran un laboratorio en

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alguna parte, podrían investigar. No saben que tienen dentro de sí el mayor laboratorio y el mejor equipado: su ser entero, y que pasean este laboratorio por todas partes con ellos. Personalmente, cuando comprendí que tenía este laboratorio, hice millares de experimentos y aún ahora continúo. Mientras que si hubiese sido rico, quizás hubiera llevado una vida tremenda de placeres y libertinaje. ¿Por qué no? Es a eso a lo que os empuja la riqueza. Por lo menos, si no sois ricos, estáis protegidos. La riqueza es una gran tentación, hay que ser muy fuerte para llevar, en medio de la opulencia, la misma vida espiritual que se seguiría si no se tuviese nada. ¿Por qué creéis que los ermitaños iban a vivir en los desiertos o se pedía a los monjes el voto de pobreza? Se hacía porque la riqueza no es la mejor condición para alcanzar la verdadera vida espiritual, que exige tanto renunciamiento y tantos esfuerzos interiores.

No oculto mi ambición de convertirme en el hombre más rico de la tierra. Quiero ser el más rico... pero espiritualmente. Diréis que es una ambición desmesurada. No, es un derecho que el Señor nos ha dado a todos el llegar a ser riquísimos, inteligentísimos, poderosísimos. Es incluso una orden, un mandamiento, porque Jesús ha dicho: «Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto.» El Señor es el más rico, el más sabio, el más hermoso, el más poderoso, el más noble, el más puro, y tenemos el derecho - e incluso el deber - de llegar a ser como El. Entonces yo, quiero llegar a ser perfecto. Tengo este derecho, el Cielo me lo da. Los que se pondrán furiosos son los humanos estrechos e ignorantes. Dirán: ¡Qué orgullo! No, querer llegar a ser perfecto no es orgullo, es otra cosa... ¡Ved qué cambios se producen cada día en vuestra forma de pensar!

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OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Bonfin a 28 de Julio de 1978

LA VERDADERA ECONOMIA LA FORMA DE VIVIR
Para cultivar sus facultades, sus cualidades, los humanos han intentado crear todo tipo de condiciones favorables y de comodidades, pero hay un punto que han olvidado, y es la atención. La atención tiene varios aspectos, y se puede vislumbrar no sólo esta atención profunda, sostenida, que es necesaria para hacer correctamente su trabajo, escuchar una conferencia o leer un libro, sino también otro tipo de atención que se llama la observación de sí mismo, conciencia, análisis. Consiste en darse cuenta en cada instante del día e incluso de la noche, de lo que ocurre en vosotros mismos. Es esta atención la que no está desarrollada. Darse cuenta de los gestos,.. Es fácil, todos los que trabajan en las fábricas, en los laboratorios están atentos para no cortarse una pierna o una mano. Pero la atención, la vigilancia interior que preconizan los Iniciados, es casi desconocida, y de aquí se siguen muchos desastres, desgracias, sufrimientos, porque la gente ignora lo que ocurre en sí mismo. Está dicho en los Evangelios: «Vigilad, porque el diablo, cual león rugiente, está presto para devoraros». Tranquilizaos, no veréis ni al león ni al diablo en el plano físico, sino que el campo interior es el que está amenazado. Es ahí donde están los deseos, proyectos, pasiones, codicias, que quieren destruiros. Y si no estáis iluminados y atentos, seréis devorados. ¿Por qué los padres no piensan nunca en desarrollar la cualidad de la atención en sus hijos, incluso cuando son muy pequeños? ¡Cuántos sufrimientos provienen de esta falta de análisis, de observación, de vigilancia en el fuero interno! Es por eso por lo que os he dicho que la verdadera economía comienza allá donde no se os ha ocurrido nunca buscar: en la atención. Uno se queda pasmado al ver el número de medios y de productos que existen

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para reparar lo que se ha estropeado, roto o ensuciado, y no solamente en cuanto a objetos, sino también en cuanto a los seres humanos. ¡Es inaudito! ¡La mitad de la humanidad trabaja para reponer los desaguisados de la otra mitad! Pues bien, he ahí un punto que debería preocupar a los economistas ante todo, y es que la gente cuenta demasiado con los medios externos, diciendo: « ¿Por qué rompemos la cabeza en prestar atención, si hay tantas técnicas y obreros para reparar todo lo que hemos estropeado, incluidos. Nosotros mismos ?» Cuantas más facilidades se tienen, menos se desarrolla la atención, y es así como cae por tierra una economía: porque se está acostumbrado a gastar demasiado para reparar. Pero sé muy bien que este punto de vista no es el de los economistas. Porque nunca han enfocado el problema desde este punto de vista, y tienen además una filosofía completamente opuesta: hay que producir cada vez más, y para que esta producción se venda, es preciso que la gente consuma cuanto más mejor. Se les empuja así al consumo, e incluso al derroche: cuantos más productos compren, tanto mejor. Si se vuelven descuidados y estropean su coche o sus aparatos, tanto mejor, se verán obligados a comprar otros... Si no son razonables y arruinan su salud, también está muy bien, enriquecerán las industrias y los laboratorios farmacéuticos. Naturalmente, de esta forma, los negocios de ciertas personas y de ciertos países funcionan muy bien, pero para el conjunto de la humanidad, para su equilibrio, su salud, su felicidad, esta concepción de la economía es ruinosa, catastrófica. La verdadera economía no se encuentra pues ahí donde la buscamos. Y os diré incluso que la verdadera economía consiste en no dilapidar las fuerzas, las cualidades, las energías que el Cielo nos ha dado. Empieza pues por la sabiduría, la medida, la atención. ¡Actualmente sólo se ven economistas, abundan mucho! Pero la humanidad nunca encontrará la felicidad con estos grandes economistas, porque no ven más que el lado material de la vida y de los problemas. Es ante todo arriba, en la inteligencia, donde debe empezar la economía: en los pensamientos, las palabras, las miradas, en la forma de obrar, en la forma de vivir. .. Porque no es suficiente evitar caerse, herirse, o romperse alguna cosa; hay también que evitar violar las leyes del mundo invisible. Hay en el plano psíquico mecanismos que se ponen en marcha sin

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saberlo, entidades a las que molestamos, leyes que transgredimos, y enseguida se sufren las consecuencias, se es castigado. Se pueden encontrar personas que están muy atentas en el plano físico, y sin embargo caen enfermas. Sí, porque sus pensamientos, sus sentimientos, sus deseos, han desencadenado algunas fuerzas hostiles. Ahora están en la cama y perderán mucho tiempo y dinero para curarse. ¡Cuántos pasan por economistas formidables!’... Sí, teóricamente... Pero id a ver la vida que llevan.¡ Cuántos gastos, y a qué excesos se están entregando! Para la Ciencia iniciática la verdadera economía, empieza por la forma de vivir. Entonces, insisto sobre la atención interior, la atención en cada instante, cada minuto del día o de la noche para saber lo que está ocurriendo dentro de vosotros, cuáles son las corrientes, las influencias que os atraviesan. Personalmente, me he ejercitado tanto en este sentido, que puedo decir en cualquier momento lo que ocurre en mí; me he entrenado para ser consciente de cada idea, cada pensamiento, cada sentimiento, sé el origen, la naturaleza, y si es preciso, tomo precauciones. Hay que estar atento. Cuántas veces he preguntado a alguien: « ¿En qué piensa? - No sé». Nunca se ha observado y entonces, cualquier corriente puede circular a través de él, suciedades, imágenes terribles, ¡y él está inconsciente de todo! ¿Cómo queréis que en estas condiciones pueda crearse un buen porvenir? Podemos crear nuestro futuro por el pensamiento, pero no cuando se es tan inconsciente e inatento. Por eso la educación de los niños debe empezar por la atención. En todas partes, en las familias, en las escuelas, en las universidades, hay que enseñar a la juventud a desarrollar la atención. En cuanto a vosotros, desde el instante que habéis venido a la Enseñanza, he ahí la primera cualidad a adquirir: la atención. ¿Por qué creéis que he querido acostumbraros a comer en silencio y sin hacer ningún ruido con los cubiertos?* Setecientas personas que comen juntas y no se oye nada... Precisamente para desarrollar esta facultad de estar alerta, para que aprendáis a dominar cada uno de vuestros gestos, mover el cuchillo, el tenedor y cortar los alimentos sin que se oiga nada. Si queréis llegar a ser maestros de vosotros mismos, empezad por la comida. Desplazad todos los objetos que están encima de la mesa sin topar con nada, e inmediatamente esta armonía se reflejará en vuestra vida durante el resto de la jornada... Simplemente porque os habéis ejercitado

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cuando estabais en la mesa. Y después, no solamente os aplicaréis en no hacer ruido, sin que además concentréis vuestra atención en los alimentos. Tomáis un bocado y quedáis maravillados: ¡qué fuerza, qué vitalidad, qué energías ha puesto Dios en este bocado! Si supierais comer con atención, en este estado de armonía, durante todo el día podríais enfrentaros a todo tipo de actividades sin sentiros jamás fatigados.

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OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Bonfin, 15 de Agosto de 1978

LA POBREZA , LA RIQUEZA Y LA REENCARNACION
 

Sí, mis queridos hermanos y hermanas, sin este saber iniciático. ¡Cuántos errores pueden cometerse! Jamás se os dirá que la pobreza y la riqueza se explican frecuentemente a través de las encarnaciones anteriores, y que muchos mendigos y vagabundos son hombres que, en el pasado, utilizaron su riqueza para hacer el mal. Ante esta desigualdad de la fortuna, los cristianos piensan: « ¡Es la voluntad de Dios!» Sí, he aquí cómo nos imaginamos la voluntad de Dios: como un capricho, una injusticia. Un día, Nastradine Hodja entró en un cabaret con una gran bolsa de nueces. Tenía varios nogales en su campo, y por una vez quiso mostrarse generoso, ¡lo que no le ocurría a menudo! Quizás la mitad de las nueces ya no se podían comer, pero ello no importa. Llega pues, pone el bolso de nueces en tierra y grita: «Entonces, camaradas, ¿cómo queréis que reparta estas nueces, como el Señor o como los hombres?» Naturalmente, todos pensaban que el Señor debía ser más justo que los hombres, ¡y pidieron que lo hiciera como el Señor! «Bueno», dijo Nastradine Hodja. Y empezó la repartición: da una nuez al primero, pasa ante unos cuantos a los que no da nada, y ante el último vacía el contenido del saco. Todos gritan: « ¡Eh, Nastradine Hodja, esto no es justo, no es honesto lo que estás haciendo! Pero si ésta es exactamente la forma en que el Señor distribuye las cosas, dice él ¡A unos nada, y a otros todo!» He ahí la comprensión de la Iglesia.

En realidad Dios lo ha repartido todo entre todos: el agua, el aire, el calor, la luz, e incluso en el mundo sutil existe el prana y toda clase de elementos benéficos. Entonces ¿por qué somos pobres y miserables? Porque no sabemos atraer y absorber estos elementos. Sólo los Iniciados saben hacerlo. Todos los demás piensan que la vida es pobre, que el Señor no les ha dado nada. Sí, todo está repartido, todo está a merced de todas las

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criaturas; sólo que las criaturas son débiles, perezosas, ciegas, estúpidas, y por eso siguen inmersas en la pobreza. Son los mismos seres humanos quienes se limitan, se contentan con comer, beber, respirar, es decir se alimentan de elementos sólidos, líquidos, gaseosos, y dejan de lado los elementos ígneos : el fuego, la luz ... Y he ahí por qué la humanidad peligra: porque no se alimenta convenientemente. Para nutrirse convenientemente se necesitan los cuatro elementos; por eso hay que ir a la salida del sol para contemplar, para absorber este fuego y esta luz que están ahí, esparcidos a profusión diariamente. Precisamente el cuarto elemento, el fuego, es el elemento esencial. Podemos abstenemos del elemento sólido durante varios días: algunos detenidos que han querido hacer la huelga de hambre, se han mantenido así durante sesenta días. En cuanto a la bebida, es más difícil, se resiste menos tiempo. Respecto al aire, todavía menos: podemos dejar de respirar, pero apenas tres o cuatro minutos. Y para el fuego... «¡Oh, dirá alguien, he pasado todo un invierno sin fuego! » Sí, es posible, podemos estar sin calefacción en invierno, pero no estoy hablando del calor exterior, hablo del calor del corazón. En el momento en que el corazón pierde su calor, el hombre muere. De los cuatro elementos, el fuego es el más importante para la vida. Y los humanos están malgastando este fuego sagrado, este calor en los placeres, en las estupideces, y así acortan su existencia. Si supieran cómo mantener este fuego, vivirían durante siglos. El hombre puede compararse a un cohete de varias fases. En el momento en que la primera fase agota su carburante, se enciende la segunda, y el cohete prosigue su ruta. En el momento en que va a agotarse la segunda fase, la tercera se enciende, etc.... Así pues, cuando un hombre muere, es porque no ha logrado encender la fase siguiente, pero aún podía vivir porque le quedaba carburante.

Todo está a nuestra disposición, Dios lo ha dispuesto todo en la atmósfera, en los ríos, en los lagos, las montañas, las estrellas. No ha guardado nada para El. Pero como los humanos son incapaces de tomar estas riquezas, se quedan ahí, apartados, tristes. Sin embargo, a través de la meditación, de la contemplación, intentad subir muy alto para atraer todos estos elementos. Están a vuestra disposición, no hay ahí ninguna

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prohibición. Las prohibiciones están en vosotros porque no sois fuertes, ni puros, ni inteligentes. Pero en realidad todo lo que necesitáis está ahí, a vuestra disposición, si sois capaces de alcanzado. Mirad, la luz, el calor, el espacio, las estrellas, todo está a nuestra disposición, pero somos nosotros quienes no llegamos a utilizado. El Señor lo reparte todo, no hay nadie tan generoso como El. Mirad solamente la vida: la vida está ahí, en el agua, en las piedras, en los árboles, y sobre todo en el aire y en el sol, pero morimos porque el organismo no llega a aprehender esta vida. Dios es justo y grande. El nunca dijo que las riquezas debían ser para unos y no para otros; pero si no hemos hecho nada para ser capaces de aprovechadas, El no es responsable. Por eso hay que estudiar, ejercitarse, de lo contrario seguiremos siendo pobres y miserables durante encarnaciones y encarnaciones, y continuaremos acusando al Señor. Lo que a mí me extraña, es que los cristianos puedan aún creer en un ser tan monstruoso como el Señor... tal como Le conciben. Le oran, Le aman, pero en su ignorancia han fabricado un monstruo. Ninguna otra Enseñanza glorifica tanto al Señor como Le glorificamos nosotros. Fuera de nuestra Enseñanza. ¡Id y veréis lo que os cuentan los demás!

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Conferencia del Maestro

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Bonfin a 1 de octubre de 1978

EL ANGEL DEL FUEGO Y LA ECONOMIA

Esta tarde, mis queridos hermanos y hermanas, os vais a encontrar ante uno de los mayores misterios de la vida: el fuego. ¿Por qué uno de los mayores misterios?.. El fuego nos enseña que, sin sacrificio, la vida no puede mantenerse. En el momento en que encendéis el fuego, todas estas ramas negras, retorcidas, se transforman en energía, en luz, en calor. Por eso hay que decidirse a encender el fuego en sí mismo, para quemar todos los desperdicios que, al consumirse, se transformarán en luz y calor. En tanto se considere el sacrificio como una privación, un empobrecimiento, es que no se ha comprendido nada. El verdadero sacrificio consiste en la transformación de todos los elementos usados, viejos, impuros, en luz y en calor, es decir en amor y en sabiduría. Porque el calor no es otra cosa que el amor divino, y la luz, la sabiduría divina. Pedid esta tarde al Ángel del fuego para que venga a quemar todas las inmundicias, todas las suciedades que hay en vosotros y las transforme en amor, en sabiduría. Es capaz de hacerlo. De los cuatro elementos, el fuego es el más potente. Naturalmente, la tierra, el agua y el aire también son poderosos, pero no tanto como el fuego, al que nada se resiste. Es así como el fuego divino, el fuego sagrado, se prepara para quemar a todos los enemigos del Reino de Dios, a toda la enemigas de la luz, a todos los enemigos de la Fraternidad Blanca Universal. Está decretado, tarde o temprano seréis testigos de que todos serán quemados, exterminados, destruidos, porque el Reino de Dios debe venir a asentarse en la tierra. En realidad, como está dicho en las Sagradas Escrituras, no será una guerra entre los hombres, sino una guerra entre los espíritus: los buenos contra los malos. No es a los hombres a los que hay que combatir, sino a las influencias, a las entidades que se han instalado en ellos y que trabajan contra la luz. En el momento en que logra liberarse de estos espíritus, el hombre cambia instantáneamente. Así pues, no son los hombres quienes

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serán juzgados, sino las fuerzas, las corrientes, las entidades. Esta es la guerra del futuro. Y como está dicho en el Apocalipsis, el Dragón, que es un símbolo colectivo de todos los desórdenes y de todos los odios de la humanidad, será abatido y vencido. Y ahora, mirando este fuego tan hermoso, tan potente, pedidle que venga a quemar vuestro corazón y vuestra alma. No es peligroso, no os destruirá sino todo lo contrario, os traerá la vida. Os he hablado ya de distintas clases de fuego: el fuego subterráneo, el fuego físico, el fuego infernal, etc.... y también el fuego de las estrellas, el fuego del sol que es el verdadero fuego, el más vivificante, el más puro, al que tratamos de invitar, de atraer cada mañana a la salida del sol. El aura también es un fuego que protege al hombre de los malos instintos, pero Con la condición, evidentemente, de que sea potente, luminosa. No todos los humanos tienen un aura capaz de protegerles: con frecuencia es muy débil, apagada, y entonces permite la entrada de otros seres y elementos nocivos. Y sin embargo, el aura de los grandes Iniciados puede extenderse varios kilómetros, y tiene los poderes de consolar, de calmar, de animar, de iluminar, de curar las criaturas. Concentrémonos ahora en el fuego, enviándole mucho amor, mucho respeto y veneración. El fuego vive, nos conoce, sabe quiénes somos y cuál es nuestra evolución. Si hubieseis aprendido cómo consultarle, os podría iluminar sobre muchas cosas. En el momento de empezar sus ceremonias, los Magos, los Iniciados, encienden cirios o 1amparillas. Es una tradición que proviene de una ciencia muy antigua según la cual 1a presencia del fuego es indispensable para la realización. En las iglesias también se ha mantenido esta tradición de encender los cirios. Por eso os he pedido que escribáis peticiones para darlas al Ángel del fuego. Todos estos papeles están ahora quemados, pero vuestras peticiones están anotadas, registradas en las alturas por los servidores del Ángel del fuego. Si sabéis trabajar en el sentido de los deseos que habéis expresado, se os concederá lo que pedís. Porque allí donde participa el fuego se producen grandes resultados. Cuando tengáis dificultades internas, tristeza, malestar, desánimo, tentaciones, escribid en un papel vuestro deseo de recobrar la tranquilidad, la calma, encended una llama y pedid al Ángel del fuego que queme todos los estados inferiores

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que estáis sintiendo y os concederá lo que pedís. En tanto que ignoramos esta ciencia sagrada, toda la vida nos arrastramos, lloramos, sufrimos sin poder liberamos. El fuego está ahí para ayudamos, pero excepto los Iniciados, ¿quién piensa en servirse de él para la vida espiritual? y ahora que partís para volver a vuestras casas, pensad en conservar el calor que habéis recibido aquí, el fuego sagrado. Raramente se es consciente de estas cosas: cuando se vuelve a casa después de haber pasado algunas semanas aquí, no se piensa en proteger este calor, esta luz, este fuego que está en la base de la verdadera evolución espiritual, del desarrollo. Pero de ahora en adelante pensad en conservar este calor, guardadlo siempre en vuestro corazón, en vuestra alma. Podemos economizar el dinero, los objetos, el tiempo, pero no sabemos economizar lo esencial: el calor, que deberíamos conservar siempre, toda la vida, eternamente. No, no, ¡aún estáis tan lejos! En pocos días malgastáis este calor, y enseguida tembláis de frío. Si supierais mirar el fuego, si supierais con qué pensamiento, con qué amor mirarlo, os revelaría los más grandes misterios: cómo conservar el calor, la luz que habéis recibido. Entonces, quedémonos aún algunos minutos meditando sobre la verdadera economía.

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