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OM-05-03

Conferencia Especial del Maestro

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
DOS CONFERENCIAS SOBRE EL AGRADECIMIENTO

SER AGRADECIDO DAR LAS GRACIAS

Sala De Izgrev Paris

“Ya hemos dicho que el agradecimiento, el reconocimiento, la gratitud son el más elevado secreto de la Iniciación, ya que son elementos que transforman los venenos.” O.M.A.

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PENSAMIENTO DEL MAESTRO

DAR LAS GRACIAS Ser agradecidos

La magia no es una práctica tan oscura y complicada como imagina la mayoría de la gente. La magia blanca, como la magia negra, se basa en la ciencia de las vibraciones y de las diferentes calidades de vibraciones. El mago negro impregna los objetos y los seres con vibraciones maléficas, nocivas, provocando accidentes y enfermedades. Por el contrario, el mago blanco transmite a los objetos y a los seres vibraciones armoniosas, que favorecen lo mejor que hay para todos. Sea consciente de ello o no, aquél que se acostumbra a introducir en todas partes influencias benéficas se convierte en un verdadero mago blanco. Y aquél que emite voluntariamente o por ignorancia vibraciones que siembran el desorden, que crea disonancias, peleas, separa a los seres, es un mago negro. Sabiendo esto, a cada uno le corresponde ahora tomar una determinación. El reconocimiento, la gratitud son fuerzas que desintoxican el organismo, neutralizan los venenos y renuevan los materiales. Así pues, aprended a dar las gracias. Cada día, varias veces al día, repetid: «Gracias, gracias, Gracias, gracias, gracias... »

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¿Por qué los humanos son tan ingratos? Ingratos hacia el Creador, ingratos hacia toda la naturaleza, ingratos entre sí. .. Sólo recuerdan de su existencia diaria lo que les falta o les ha disgustado y entonces no ven que haya razón alguna para dar las gracias. Y sin embargo, es al contrario, hay mucho que agradecer. El discípulo que quiere avanzar por el camino de la evolución debe aprender el agradecimiento, porque gracias a él un día obtendrá la llave de la transformación de la materia. Tratad de comprender bien esto: si sabéis dar las gracias, la naturaleza de los elementos que entran en la composición de vuestra materia será diferente, más sensible, más sutil, más resistente, y sentiréis que vuestros órganos psíquicos e incluso físicos realizan un mejor trabajo. No olvidéis pues de dar continuamente las gracias a todo lo que acontece en vuestra vida diaria. El Maestro

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Conferencia del Maestro

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Sèvres, 6 de Abril de 1957

SER AGRADECIDO NO HAY NADA MAS EFICAZ
Si os dijera cuantas veces el Maestro Deunov nos ha dicho de ser agradecidos, si, incluso, aunque en apariencia, las cosas las veamos malas, ya que muchas cosas buenas nos arrastran en nuestro hundimiento. Entonces pues, en esta ignorancia, debemos siempre agradecer. Si supiéramos anticipadamente lo que va a suceder, quizás tuviéramos derecho a sumirnos en la tristeza. Pero cuantas veces habéis verificado que lo que perecía primero malo, nos haría contentos a continuación. Y así, os encontrabais después, liberados, purificados, aligerados. Vosotros ibais a pasar sin verlo cerca de un tesoro y lo desaprovechasteis. Algunas veces el mundo invisible nos envía perseguidores para así hacernos recorrer caminos, senderos con la finalidad de que descubriéramos cosas magnificas en el camino que nos están esperando. Sin estas dificultades vividas, nos hubiéramos quedado en la ignorancia, débiles y miserables. Pero el tesoro nos esperaba y finalmente lo encontramos. Eh aquí, la verdadera filosofía. Cuando se conoce vale la pena abandonar todas las otras, y así cada día proteger esta filosofía afín de que se convierta para nosotros en una nueva cultura. Cuando nos sucede algo, tenemos que tener la costumbre de decir: quizás esto sea para mí bien? Cuando no lo sabemos no tenemos derecho a quejarnos. Debemos pues agradecer. Ya hemos dicho que el agradecimiento, el reconocimiento, la gratitud son el más elevado secreto de la Iniciación, ya que son elementos que transforman los venenos. Sobre este tema recibo

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continuamente cartas de los hermanos. Y las mismas me hablan no de sombreros… ni de comidas etc. y si de reconocimientos. Me dicen: lo hemos probado y hemos verificado en qué manera suaviza las cosas, las mejora. Siempre debemos agradecer al Cielo. Cada agradecimiento disuelve algo malo y esto se convierte en dulzura. Lo he verificado: inclusive agradecer por haber venido a reencarnarse en Francia. Es la casa correccional, el reformatorio. En Bulgaria, era la casa correccional para todos, salvo para mí. Y aquí, en Francia la ha sido para mí. Debemos dar las gracias. Me pregunto a menudo por que los humanos están siempre buscando los grandes medios, y ni siquiera vemos lo que encuentran, cuando tienen tantas y tantas cosas a su alrededor. Debemos pararnos sobre las cosas que hemos encontrado pequeñas en apariencia, pero que son mas grandes Es un consejo para el agradecimiento! Pero es rechazado por la gente. Dicen: “Dame dinero, pero no me des un consejo.” Y esto que los Iniciados encuentran que no hay mejor remedio químico para transformar la inquietud, la decepción, la angustia etc. Inclusive si sois un hombre fracasado, dad las gracias por esto, ya que como tenéis un espíritu travieso y estáis haciendo siempre cálculos, sois protegidos y pasáis por inocente al ser un fracasado. Ya os he explicado que si el hombre era un borracho en otra encarnación, era el genio del mal. Así pues bebiendo, su cerebro se embotó, se debilitó. Diréis: Debemos salvarlo. No en absoluto; estando siempre así, esta como cloroformado, adormecido en el mal. Antes pues de liberarlo, preguntad mejor al cielo si será por su bien. Si le haréis acaso un bien? Ya que vosotros queréis liberarlo cuando paso muchos años en este estado en donde se encuentra atado. Diréis: “Con su filosofía no se sabe nunca cuando se es bueno o malo”. Pero debéis reflexionar. Diréis;

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“Porque habla de esta manera?”. Pues para que el asunto funcione. Tomad el caso de que tengáis un ser querido. Un día decís que es magnífico y el día siguiente que es un malvado y así funciona. Pero lo que es más importante y esto no lo hemos dicho, es que no debemos pedir de ser los más dichosos. Debéis acostumbraros a gradecer cada día. Hacedlo incluso mecánicamente. Os y debéis acostumbrar y decir: “Gracias Señor, gracias mi Señor” “Gracias Dios mío” Y después cuando tengáis tiempo nos acordaremos que hemos agradecido. Esto queda registrado, ya sea que lo digáis concienzudamente o no. Conocí un guardagujas en Bulgaria. Con un amigo, viajando llegamos en una pueblo pequeño sin saber donde debíamos ir a dormir. Así pues fuimos ayudados por un guardagujas que era un borracho. Por la mañana me levante temprano para poder ver como se comportaba. Esta borracho perdido, y a pesar de todo hacia bien su trabajo, si inconscientemente. Trabajaba incluso dormido. Hable un poco con él; Me explico que se había habituado tanto a su trabajo que incluso lo hacía con precisión aun estando bebido. No lo he podido olvidar. Era un hombre bravo y muy bueno. Algunas veces de personas sobrias no se puede obtener nada de ellos. Entonces tomad la costumbre de ser agradecidos, aun automáticamente y cuando tengáis tiempo entreteneros en ver de la manera que habéis sido agradecidos. Ya lo veis el hombre estaba bebido pero los trenes funcionaban debidamente, incluso los saludaba cuando pasaban. Pero mejor que no vayáis a imitarle. Si, nosotros a menudo somos como él, guardagujas, y ponemos mal las vías de nuestros trenes. Las personas son como trenes y así todos somos en ciertamente guardagujas. Podéis dar incluso consejos tan catastróficos. A veces dais un consejo a dos personas y se pelean a causa de vuestro consejo. Esto significa que sois unos malos guardagujas.

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La segunda cuestión, no desear ser demasiado feliz. Ya que siempre hay contrastes en la tierra. Vosotros iréis mucho hacia la izquierda y el péndulo regresara más tarde mucho a la derecha. No debéis sobrepasar los imites, ya que el día siguiente o incluso el mismo día, si reímos demasiado, lloraremos después. Ya os he explicado todas estas cosas: lo contrario de los grandes bienestares vividos sigue inevitablemente. Debéis quedaros entre los límites. Todos desean el gran amor, y nadie desea el pequeño amor que se manifiesta cada día. Y entonces llegamos a conocer las grandes catástrofes. Que debemos pedir pues y que no debes pedir? Yo no busco la felicidad y es así como la tengo. Vosotros diréis que esto son paradojas. Decid lo que queráis pero son el secreto de los Iniciados. Renunciad a la felicidad y la obtendréis. Queréis encontrar el gran amor, huid de él, así os perseguirá día y noche. Es como la sombra; corréis detrás y se salva delante de vosotros. Huis de ella y os persigue. Lo mismo cuando buscáis la libertad, os convertís en esclavos de ella... Limitaros y seréis libres. Buscad la limitación en el dominio inferior, entonces seréis libres en el lado superior. Querer hacer todo lo que se decide, es ser esclavo. No busquéis mas la felicidad, ella se escapará. Huid del gran amor, y estará a vuestro lado cada día. Limitaros para ser libres. Estas tres cosas, yo las he entendido y trabajo en ellas. Entonces haced lo mismo. Por todas partes no vemos más que personas que desean liberarse pero por otro lado, no consiguen terminar sus deberes. Por ejemplo: un hombre insiste en pedir la mano de una mujer. Después la rechaza para ir a por una de más joven. No tiene derecho hacerlo. Le ha quitado toda su juventud y desea liberarse, olvidando sus promesas y las palabras que en su día pronuncio para obtener su mano. Las mujeres hacen otro tanto. Entonces donde se encuentra el deber? En la limitación que nos imponemos para cumplir nuestras promesas. La liberación, es

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liquidar, pagar lo que debemos. Las personas entienden así la libertad? Pero dentro de su cabeza tiene una libertad a ellos que no tiene ninguna relación con la libertad que entienden los Iniciados. He aquí la razón, por la cual yo no quiero liberarme. Os daré otro pequeño ejemplo: Estoy con vosotros; entonces, ciertamente es que tengo algo que pagaros. Así pues, pensando así, me libero. Vosotros debéis decir también: “Yo estoy con el hermano Mikhaël, así es que ciertamente le debo algo”. Yo pagaré mis deudas con él y seré libre. Diréis: ¡Vd. no nos debe nada¡ ¡Dejádmelo pensar a mi manera, esto me beneficia y me hace bien. Entonces, vosotros también debéis de pensar de esta manera. Si lo hacéis veréis como salís enormemente beneficiados. Es cuestión de probarlo, de otra manera nunca lo sabréis.

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Conferencia del Maestro

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Sobre la risa del Sabio Izvor 243-XII
Paris 1962

DAR LAS GRACIAS, FUENTE DE LUZ Y DE ALEGRIA
Vais por la calle y sin un motivo determinado, de repente os sentís invadidos por una especie de dilatación que hace más ligero vuestro paso. Entonces, no sólo halláis un interés, un encanto en todo aquello que hasta entonces no habíais remarcado, sino que los transeúntes os parecen tan simpáticos que tenéis ganas de sonreírles para compartir con ellos esta alegría, este gozo súbito que ha venido a visitaras. No busquéis su causa, porque la alegría sin causa es la verdadera alegría, al igual que la tristeza sin motivo es la verdadera tristeza. No digo que no existan motivos objetivos para estar alegres o motivos objetivos para estar tristes. Pero la verdadera alegría es una disposición del alma que, más allá de las dificultades, los obstáculos y las penas, hace sentir la vida como un don de Dios y rebosa agradecimiento. Mientras que la verdadera tristeza es un estado psíquico, que ciega al ser ante todas las cosas hermosas y buenas, hasta el punto de que sólo percibe por todas partes motivos para afligirse. Si queréis recibir a menudo esta visita de la alegría, cultivad el agradecimiento, el agradecimiento hacia el Creador, hacia la naturaleza y hacia los humanos. Entonces, aunque no tengáis ningún motivo para alegraros, la alegría vendrá a sorprenderos, como cuando vuestros amigos os dan la agradable sorpresa de una visita inesperada. Diréis que para sentir la necesidad de dar las gracias, se debe tener un motivo. No, dar las gracias basta, sin preguntaras

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por el motivo de decir gracias. Si queréis sentir esta alegría sin un motivo que da a vuestra existencia un sabor, un color y una luz, aprended a dar las gracias también sin motivo. Ciertamente, no faltan los motivos para dar las gracias: podéis dar las gracias a Dios por la vida que habéis recibido, esta vida que os permite descubrir tantas riquezas; podéis dar las gracias por la felicidad de tener salud, una familia, amigos... Y pensad también en todos los encuentros desgraciados, en todos los accidentes que pueden ocurrir durante un día y a los que habéis escapado. Cuándo regresáis sanos y salvos de un trayecto en coche, por ejemplo, ¿pensáis en dar las gracias? ¡Pueden ocurrir tantos accidentes durante un trayecto, y a veces ha faltado tan poco! Al pronunciar la palabra «gracias», es como si hicierais brotar en vuestra alma una fuente de luz, de paz y de alegría. Y esta fuente inunda todas vuestras células. Poco a poco, sentís que algo en vosotros se vivifica, se fortalece, se ilumina. Y si un día tenéis que hacer frente a grandes pruebas, no sólo no os hundiréis, sino que todavía seréis capaces de continuar dando las gracias; y es esta capacidad de dar las gracias en las pruebas la que os ayudará a superarlas. ¡Cuántas cosas buenas provienen de un sentimiento de agradecimiento, y cuantas malas se derivan de una ingratitud! Porque esto va mucho más allá de este sentimiento que sentís en un momento determinado. Desde el instante en que introducís en vosotros un sentimiento de agradecimiento y lo alimentáis para hacerla crecer, éste no se limita a existir pasivamente. Debido a la ley de afinidad, atrae con sus vibraciones impresiones, sentimientos que se le asemejan. Todas las bendiciones os vienen por tanto de esta pequeña cosa: un movimiento de agradecimiento.

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En todo lo que os sucede, tanto penas como alegrías, hay algo que debéis descubrir para vuestro desarrollo, vuestra comprensión de la vida. Y la gratitud es la llave que abre las puertas del verdadero saber. Por esto por la mañana, al despertaras, antes de pensar en cualquier cosa, decid: «Dios mío gracias por haberme dado hoy aún la vida, a fin de que pueda servirte y cumplir tu voluntad para tu gloria y la venida de tu Reino en la tierra.» Con estas palabras solamente, os ponéis bajo la protección del Cielo, dais una buena orientación a todo lo que haréis durante el día y encontráis la actitud correcta que hay que tener ante todos los acontecimientos que puedan surgiros. Porque no basta con decir: «Gracias, Señor» en el momento en que os enteráis de una noticia agradable o recibís algo que os beneficia. En todo lugar y constantemente debéis aprender a dar las gracias. La verdad es que, en el momento en que se producen los acontecimientos, no podemos saber si, con el tiempo, resultarán ser buenos o malos para nosotros. ¡Cuántas circunstancias que la gente creía afortunadas fueron finalmente la causa de su hundimiento, mientras que las pruebas, a la larga, resultaron ser muy beneficiosas! En el instante en que se producen, no podemos juzgar sobre felicidad o desgracia; para pronunciamos debemos esperar las consecuencias lejanas de cada acontecimiento. La sabiduría consiste por tanto en considerar las dificultades y las pruebas como perseguidores que la Providencia envía para que pisen nuestros talones y nos obliguen a caminar por senderos dónde haremos grandes descubrimientos. Sin estos perseguidores, permaneceríamos inmóviles y continuaríamos siendo ignorantes y débiles. ¡Cuántos tesoros nos esperan así! Aquél que frente a cada inconveniente comienza a quejarse o a rebelarse, pasará cerca de estos tesoros sin verlos.

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Esta filosofía debe convertirse para vosotros en una segunda naturaleza. Ante cada situación desagradable o dolorosa, acostumbraros a deciros que al final del camino quizás os esté esperando una dicha. Puesto que de momento no sabéis qué sucederá a continuación, no perdáis vuestro tiempo en quejas o rebeliones, más bien dad gracias al Cielo. Al decir «gracias», liberáis en vosotros unas energías que os ayudarán a afrontarlas. Este es el poder del agradecimiento: se adhiere al instante al obstáculo que se está alzando ante vosotros y neutraliza el veneno que vuestra tristeza, vuestra cólera, vuestro desánimo comienzan a destilar. No hay nada más difícil que opinar sobre la naturaleza de los acontecimientos que se están produciendo. Esto es cierto para lo que nos sucede y para lo que sucede a los demás, porque no conocemos ni el pasado ni el futuro. Os encontráis, por ejemplo, ante un ser que está siendo presa de un vicio que le destruye: éste puede ser el alcohol, las drogas, el libertinaje, el juego, etc. Decís que debéis ayudarle a liberarse. Estáis movidos evidentemente por buenos sentimientos y os esforzáis por sacarlo de ahí. No lo conseguís y os lamentáis. Entonces, pensad que, quizás, este vicio que le atenaza le impide cometer actos más graves. En efecto, hay seres que están habitados por el genio del mal: en una existencia anterior cometieron actos criminales; en esta existencia, las leyes del karma les han condenado a ser esclavos de una pasión, y esta pasión les desvía de actividades que podrían resultar ser más peligrosas. Completamente esclavizados por esta pasión, no están en condiciones de hacer daño, están como anestesiados. Efectivamente, es muy difícil interpretar las situaciones y acontecimientos del presente, porque no se conoce el pasado ni el futuro. Esta idea es análoga a la que Voltaire desarrolló en un cuento filosófico: «Zadig o el destino».

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Pero volvamos a vosotros y al mejor método para que hagáis frente a las dificultades. Como no conocéis las causas de lo que os ocurre, acostumbraros a dar las gracias al Cielo. Incluso aunque no tengáis objetivamente ninguna razón de reconocimiento, decid: «Gracias Señor... », «Gracias Dios mío». Es necesario que esto lo hagáis de forma natural, sin que hagáis intervenir a vuestra voluntad, exactamente como respiráis. En Bulgaria, hace mucho tiempo, un día viajaba con un amigo. Se hizo de noche y llegamos hasta una estación sin posibilidad de ir más lejos. Un guardagujas que trabajaba ahí, nos ofreció entonces alojamiento en la estación. Al día siguiente por la mañana, cuando desperté, le observé como hacia su trabajo. Tenía aspecto de estar ebrio, pero realizaba muy concienzudamente su tarea y saludaba amistosamente a los conductores de los trenes que pasaban. Hablé un poco con él, le hice preguntas, y me explicó que estaba tan acostumbrado a este trabajo desde su juventud que podía continuar haciéndolo con precisión, aunque hubiera bebido. Era un hombre formidable y no le he olvidado. Como veis, a veces no se puede lograr nada de la gente sobria, y es mejor tratar con un hombre ebrio que ama su trabajo. Evidentemente no os aconsejo que le imitéis en cuanto a su tendencia a la bebida. Pero, como él, habituaros a ejecutar vuestras tareas diarias concienzudamente. Y vuestra tarea diaria, es siempre estar agradecidos al Señor, suceda lo que suceda. Lo hagáis conscientemente o no, dad las gracias, porque de cualquier modo esto queda grabado. Agradeciendo os purificáis e ilumináis la atmósfera en vosotros y a vuestro alrededor. Así pues, dad las gracias enseguida, espontáneamente, automáticamente; después tendréis todo el tiempo para recordar por qué y cómo habéis dado las gracias.

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Sí, dad las gracias siempre y por todo,... incluso por el bien que hacéis. Os decía que jamás debéis esperar que vuestras buenas acciones os sean reconocidas. Esto a veces es difícil: aunque no esperéis recibir nada a cambio, al menos esperáis que os agradezcan el haber obrado bien. Sin embargo, esto no siempre sucede así; a veces incluso os dirigen reproches. Para superar las decepciones, la tristeza que podéis entonces sentir, debéis mostrar agradecimiento de haber podido ser útiles. Por tanto, cuando hacéis algo bueno por los demás, no son ellos quienes deben daros las gracias. Sois vosotros quienes debéis darles las gracias por haberos dado la oportunidad de manifestar no sólo vuestra bondad, vuestra generosidad, sino también vuestra sabiduría, vuestra inteligencia, y aún otras cualidades y capacidades que se deben poner en marcha cuando se quiere hacer un favor. Para caminar verdaderamente por la senda de la luz, debemos conocer muchas verdades que la mayoría de los humanos menosprecian. Piensan que nos ocupamos ahí de nimiedades sin importancia. Pues sí, nimiedades, pero el universo entero está formado de nimiedades: átomos, electrones que ni se ven. Estas nimiedades son los elementos indispensables para crear y sustentar la vida. Por ejemplo: sentís una carencia, una ausencia, sufrís y estáis dispuestos a quejaros. En este instante, deteneos y revisad todo lo que poseéis. ¿Por qué el constatar una necesidad, una carencia debe de repente oscurecer vuestra mirada? Dad gracias a Dios cada día porque sale el sol... Dadle gracias por el aire, el agua, la luz... Dadle gracias por todo lo que podéis ver, oír, saborear, comprender. Dadle gracias por haberos dado la facultad de entrar en relación con Él y con todas las entidades celestiales. Diréis: « ¡Pero Dios no necesita nuestra gratitud!» Sí, la necesita para nosotros, no para Él. Necesita que estos seres que ha creado y que viven en Él tomen conciencia de lo que poseen, porque son

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sus hijos, sus herederos. No reconocer la sabiduría y el amor de Dios produce disonancia en la armonía cósmica. Saber dar las gracias es la prueba de que se es consciente, que se ha visto, que se ha comprendido. Por esto la gratitud es una virtud tan esencial. Si los humanos no saben dar las gracias, es porque dormitan, porque no han aprendido a mirar, a escuchar, a sentir a los seres y las cosas. Psíquicamente, sus cinco sentidos están anestesiados. Cuando se despiertan por la mañana, ¿cuántos se acuerdan de decir?: « ¡Estoy vivo! Señor, envíame un rayo de tu gracia para que consiga tomar conciencia de todo lo que Tú me has dado.» Y después, cuando os aseáis ante el espejo, ¿cómo no maravillaros de tener una frente, ojos, cabellos?... ¿En qué pensáis cuando os miráis al espejo por la mañana?... Y en el momento en que abrís el agua del lavabo o de la ducha, ¿en qué pensáis?... Y después, veis a vuestra mujer, a vuestros hijos... Quizás digáis que no tenéis. De acuerdo, pero cuando salís de casa, os encontráis con alguien. ¿En qué pensáis cuando le veis?... Todos los seres que viven a vuestro lado, así como los que encontráis, están ahí para hacer que reflexionéis, para afinar vuestra sensibilidad. ¿Cuándo aprenderéis a alegraros y a dar las gracias por todas las inagotables riquezas de la vida, con el fin de volveros vosotros mismos más vivos? Aquél que sabe alegrarse recogerá una piedra del camino y dirá: « ¡Mirad lo que he encontrado!» Para él, esta piedra es una prueba de la creación del mundo: apretándola con su mano, siente los miles de millones de años transcurridos y las fuerzas que han intervenido sobre ella antes de convertirse en esta piedra en el camino. ¡Estas son las experiencias que hay que hacer! ¿Alguna vez os habéis preguntado cómo podéis participar en la vida de la naturaleza? Veis salir y ponerse el sol, la luna y las

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estrellas. Veis pasar las estaciones, pero ¿qué habéis aprendido de este paso de las estaciones? Primavera, verano, otoño, invierno, las cuatro estaciones son las puertas que se abren sobre los misterios del nombre de Dios, las cuatro letras, Iod Hé Vav Hé,

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‫ , ת ו ת‬que están en relación con los cuatro elementos.
En la rueda del zodiaco, la primavera comienza con Aries, signo de fuego; el verano con Cáncer, signo de agua; el otoño con Libra, signo de aire; y el invierno con Capricornio, signo de tierra. La entrada en cada estación se realiza por lo tanto bajo el signo de uno de los cuatro elementos. A Aries, el fuego, corresponde la letra Iod ‫ ;י‬a Cáncer, el agua, corresponde la letra Hé ‫ ;ת‬a Libra, el aire, corresponde la letra Vav ‫ ;ו‬Y a Capricornio, la tierra, corresponde la segunda Hé ‫ .ת‬Cada cual en su estación, los cuatro elementos encuentran el campo libre para manifestarse. Así, uno después de otro, en un año, el fuego, el agua, el aire y la tierra vienen a decir su palabra. ¿Por qué los humanos se sienten tan a menudo como extraños en la tierra? Porque no saben lo que deben hacer para que ella les conozca. La tierra les alimenta, les sostiene, van y vienen en cualquier dirección por carreteras y caminos sin jamás acordarse en darle las gracias y su amor. ¿Queréis que la tierra os reconozca? Cuando caminéis por la naturaleza, deteneos de vez en cuando, colocad vuestra mano sobre ella, acariciadla y decidle: « ¡Oh Tierra, mi madre, cómo aprecio tu solidez y tu generosidad! Con mi respeto, mi agradecimiento y mi amor deseo devolverte algo de todo lo que me das.» Es así como os daréis a conocer ante ella y no os sentiréis más como un pobre desgraciado abandonado en un suelo extraño, sino en vuestra patria como hijos e hijas de Dios.

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Y en este momento, acordaos también de respirar profundamente, conscientemente, dirigiéndoos al Ángel del aire. Decidle: «¡Oh Ángel del Aire bien amado, tú que eres un servidor de Dios, hermoso y poderoso, atraviésame con tu soplo, arrastra las impurezas de mis pulmones, de mi corazón, de mi cerebro e introduce en mí la armonía, con el fin de que me convierta en un servidor, como tú.» y como el Ángel del aire está en todas partes, dirigiendo todas las corrientes que atraviesan la atmósfera, deslizándose en cada intersticio, es muy sensible, os oye. Entonces da órdenes para que se os traigan algunos efluvios de este fluido muy sutil, denominado éter, y sentís como si vuestro ser se dilatara y se elevara en el espacio. El universo en el que vivimos no nos está cerrado, hacemos con él intercambios de toda clase: intercambios físicos, psíquicos, espirituales. Consciente o inconscientemente vibramos, respiramos con él, en él. Este universo es un todo vivo, inteligente, organizado y sobre todo jerarquizado. Sí, jerarquizado, desde las regiones más densas, más oscuras, hasta el mundo divino que es pura luz. Y como el ser humano está construido a imagen y semejanza de este universo, hallamos en nosotros las mismas regiones, con los mismos materiales, las mismas energías y las mismas entidades. Entonces, ahora se formula la pregunta: ¿cuál debe ser nuestra actitud con respecto a esta jerarquía? Quizás no lo veis, pero esta cuestión es de una extrema importancia. Porque si los humanos se encuentran con tantas dificultades, si se exponen a tantos sufrimientos, es debido a que no han encontrado la actitud adecuada con respecto a esta jerarquía en ellos que esa imagen de la jerarquía cósmica de la cual Dios es la cima. Pero, ¿qué es una actitud? Un resultado, una síntesis de lo que somos. Revela el estado de nuestro cuerpo físico, pero

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también de nuestros cuerpos psíquicos y espirituales, así como la calidad de las energías que circulan y trabajan en ellos. Esta actitud nos da forma, nos modela; nos une a las diferentes regiones del espacio, y si está hecha de respeto, de amor, y sobre todo de reconocimiento, atrae hacia nosotros las corrientes y los espíritus del mundo de la luz.

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