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OM-07-III El Maestro OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV Nos habla de LA JUVENTUD Y SU REVOLUCION EN LA ERA DE ACUARIO

En el mes de mayo del año 1968 fue cuando en Paris, hubo la primera revolución estudiantil. Luego evidentemente en el transcurso de los años, estas revoluciones de estudiantes, las hemos visto en otras ocasiones y en otros países. Mejor dicho, hoy casi se puede decir las tenemos a diario en todos los países. España el primero. El Maestro se inspiró en estos acontecimientos de revueltas y descontento estudiantil para ofrecernos en el verano del mismo año, una serie de conferencias que detallamos a continuación. Al analizar su lectura, se puede decir que la misma es tan actual hoy en el 2009 de lo que lo fue hace ahora 50 años. Siguen 5 conferencias sobre LA JUVENTUD Y SU REVOLUCION, todas en Julio de 1968.

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Conferencias del Maestro

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Bonfin , 6 de Julio de 1968

Era de Acuario

La Juventud y la revolución
Actualmente la juventud pasa unos años en la Universidad, estudia, lee mucho. ¡Y esto es magnífico! Sí, pero cada vez se instruye más a expensas de la educación, y esta juventud no aprende a desarrollar su carácter, no sabe cómo comportarse y moralmente va a la deriva. Los conocimientos intelectuales no tocan la profundidad del ser humano, quedándose en la superficie, y por otra parte ¡con qué placer los estudiantes olvidan inmediatamente todo aquello que han aprendido! No han estudiado más que para tener un diploma que les proporcione enseguida posibilidades materiales, el poder, el prestigio... Estos conocimientos no les transforman. Ahora bien, es la transformación lo que debe pedir la juventud. Y aquí se le indicarán los métodos, las experiencias, porque para transformarse, debe intervenir otro elemento. Nada externo es verdaderamente capaz de transformar a un hombre. Incluso si leéis todos los libros sagrados, todas las Biblias, todos los Coranas, si no le añadís otro elemento interior, no os transformaréis jamás. La transformación se realiza únicamente por nosotros mismos, por nuestra participación, nuestra voluntad, nuestra decisión, nuestro deseo. Estas son fuerzas que despiertan todas las cualidades y las posibilidades que Dios ha depositado en nosotros desde la creación del mundo. Ahora se instruye al mundo entero, incluso a los pueblos más primitivos, y eso está bien, pero no podemos dejar de señalar que esta instrucción va acompañada de disturbios y de sublevaciones. Sí, cuando un pueblo comienza a ser instruido, se subleva... · ¿Cómo es posible que el saber, el desarrollo intelectual- que por lo menos son cosas buenas – sean la causa de tantas guerras y desgracias? En realidad, la causa no. está en el saber, sino en la naturaleza del saber. Cuando se abren los ojos de la gente, lo que primero ven es la injusticia social: los demás son ricos, poderosos, mientras que ellos son pobres, débiles. Entonces, evidentemente, los celos,

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la indignación, se despiertan en ellos. Desean toda clase de cosas que hasta entonces no habían deseado, y como no saben la forma de obtenerlo, se agarran a ello de la forma más simple: la violencia. He aquí cómo la instrucción arrastra el despertar de todos los deseos. Diréis: «Pero entonces ¿hay que mantener a la gente en la ignorancia y la oscuridad?» No, no estoy de acuerdo con la ignorancia, pero tampoco estoy de acuerdo con este saber que sólo despierta el lado inferior del hombre. Pero dejemos a un lado los pueblos primitivos a los que se da instrucción y ocupémonos de los pueblos civilizados. ¿Qué es lo que vemos cada día más? Bajo el pretexto de una gran intelectualidad, la mayoría se deja arrastrar al abismo. No saben cómo está construido el ser humano, piensan que tienen todos los derechos y que todo les está permitido... Sí, pero llegará el momento en que desencadenarán en ellos mismos fuerzas tan negativas, que se encontrarán atrapados y serán destruidos sin poder escapar. Avanzan hacia el peligro con una audacia extraordinaria, y con la conciencia tranquila, os explican que precisamente allá, en los abismos, es donde experimentan las sensaciones más fuertes; es en la destrucción y el fracaso donde encuentran el éxtasis. He aquí cómo presentan las cosas: buscan conscientemente el abismo. Es una nueva corriente de locura muy especial que se desliza ahora en la humanidad. Nos preguntamos si no será necesario efectuar investigaciones médicas en ciertos individuos. Lo que es más grave es que arrastran a otros por este camino, y como ni las autoridades ni la justicia van a inquietarles, estarán libres para producir todos los desórdenes y arrastrar a millares de personas a la ruina. Pero Dios mío, ¡no hay que lanzarse a la aventura con tanta tranquilidad! Hay que tener por 10 menos un poco de miedo. Pues no, no tienen miedo, caminan con sus grandes ojos bien abiertos hacia el abismo. Este es el mayor peligro que corre la humanidad. Las guerras, las enfermedades, no son tanto de temer como esta tendencia filosófica errónea que va a hundirles más que las epidemias, el hambre o las guerras. Evidentemente, si presento mis puntos de vista ante la juventud, no querrán oírlos y me clasificarán incluso de burgués... (¡Aunque aún no he comprendido lo que es ser un burgués, y por qué la juventud está tan en contra!... Si alguien me lo quiere explicar...) Así pues, la juventud no querrá comprender que mi filosofía está basada en el conocimiento del

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universo, en las leyes que lo rigen y que rigen también al ser humano. No es suficiente hablar así de cualquier cosa con la convicción de que todo es verdad, que cualquier idea tiene cabida en la tierra. No, no podemos tomamos la libertad de ensayar cualquier cosa, de desencadenar no importa qué movimiento, sin que esto produzca consecuencias bien precisas. No estamos separados de la naturaleza, formamos parte de ella, vivimos, respiramos, dependemos de ella; de la misma manera que puede influenciamos, también nosotros podemos influenciarla. Por ello no podemos hacer 10 que nos viene en gana, debemos vigilamos, controlamos, entrar en comunión con el gran Todo y no querer dominarlo, utilizarlo. El Sol, las estrellas, los planetas, se mueven según leyes fijas, creadas por la Inteligencia Cósmica; sólo el hombre se permite ir contra el orden, el equilibrio, y la armonía del Todo. Por otra parte ni tan siquiera reconoce que este Todo le sobrepasa por su inteligencia. ! No, es él, el príncipe, el señor que va a someter el mundo a su gusto ¡ Fijaos sólo en lo que ocurre en el campo del arte: todo está contra la naturaleza. ¡Y a esto se le llama arte abstracto! No me opongo a las abstracciones, pero ¿acaso es necesario representar a los seres humanos o a los paisajes en forma abstracta: líneas raras en las que no se descubre nada, donde todo parece volver al caos? Sin embargo, la vida nos presenta numerosos ejemplos que muestran cómo deben suceder las cosas. Construís una casa... ¿qué se ve ante todo? Montones de chatarra, ladrillos, tablas, cemento, arena... poco a poco, los fundamentos, después empiezan a aparecer los muros... Luego, un día, todos estos montones han desaparecido y se ve una casa con postigos pintados, cortinas, flores en las ventanas, etc. ... Al principio era el caos, y al final es una obra acabada, estética. Cuando preparáis un plato, primeramente todo está amontonado sobre una mesa de forma poco atrayente, y al final, cuando sacáis el plato del horno, bien cocido y le añadís algún pequeño adorno... ¡qué aspecto! ¡Y el hombre... primero no es más que una gota de líquido, después poco a poco se va formando, y un buen día aparece un estupendo niño! Es el proceso natural que vemos por todas partes en el universo: del caos debe salir el orden, la belleza, la perfección. Y es precisamente lo contrario lo que se está produciendo en el momento actual, y especialmente en el arte: los humanos vuelven al caos. Miramos un cuadro y nos

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preguntamos qué representa: un hombre, un caballo o un barco... ¡no hay ninguna diferencia! La Inteligencia de la naturaleza, por el contrario, trabaja en el sentido de la diferenciación:' una sola célula que se divide, y al cabo de unos meses, he aquí que aparece un ser humano con toda su riqueza y su complejidad. ¿Acaso debemos ahora tomar el camino inverso y llegar a ser unicelulares? No, esto sería la decadencia, y es ahí donde ciertos artistas que no están instruidos ni iluminados quieren arrastramos, en tanto que el verdadero fin debe ser la perfección de una obra. La naturaleza no cesa de trabajar para acabar todo lo empezado y perfeccionar al ser humano, los animales, las flores, los cristales ... Pero en esta época nuestros grandes pontífices de la poesía, de la pintura, y de la música, quieren llevarnos al caos: palabras puestas unas al lado de las otras, pero sin relación entre sí, ruidos raros que pasan por música ¡En cuanto a la pintura y a la escultura ... ! unos cuerpos disimétricos, unos miembros desmesuradamente largos o gruesos ... todo esto es muy negativo desde el punto de vista mágico, porque los humanos que leen, que escuchan, que miran esas «obras de arte», retroceden a las épocas más lejanas y más obscuras de la tierra. Está escrito en el Génesis: «Al principio Dios creó el cielo y la tierra; y la tierra estaba vacía y sin forma, las tinieblas cubrían el abismo y el espíritu de Dios se movía por encima de las aguas.» Pues bien, precisamente, el espíritu de Dios se movía para organizado todo. Y ahora que hemos salido del caos no se trata de volver a él. ¿Está claro? Entonces, ¿por qué en lugar de ofrecer un sitio a los artistas que traerán el Reino de Dios, se les da a aquéllos que separan y envilecen a la humanidad? ¡Y tienen éxito! Cualquiera que escriba un libro descarado, venderá millones de ejemplares y será traducido a todas las lenguas. Pero aquél que escribe algo sensato no tendrá ni siquiera un par de lectores, porque el mundo entero está sobrecogido por esta locura de experimentado todo, y esto se expande como un reguero de pólvora, ¡es extraordinario! Pues bien, que hagan lo que quieran, personalmente yo seguiré con mi filosofía, lo principal para mí, y dejaré a los demás que ensayen todos los sistemas, todas las teorías, incluso las más inverosímiles. Solamente hay que saber esto, y es que acabará mal, porque en estas condiciones, no hay ni reglas, ni leyes, y en consecuencia, no hay sociedad. Es por ello que me

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entristezco al ver todo esto. Porque no es un individuo aislado, aquí o allá, que pierde la cabeza; esto es colectivo, totalmente colectivo. Entonces, ¿cómo detener esta progresión? Y nadie nos viene a ayudar, esto a los demás les da igual. Pero a mí esto me afecta, el destino del mundo también me afecta, es mi única preocupación, no tengo ninguna más, día y noche no pienso más que en eso: el destino del mundo, el camino a seguir. Sé muy bien que los estudios están a punto de desquiciar a la juventud, de matarla espiritualmente: por eso no es tan culpable como se dice. Son los adultos que han dado pésimos ejemplos. Los jóvenes son víctimas de toda esta cultura en la que se bañan, de las películas que ven, de los libros y periódicos que leen, de las conversaciones y de los discursos que oyen. Están formados, labrados, impregnados, por teorías inverosímiles de escritores, de artistas, de hombres políticos, que no tienen ninguna conciencia de sus responsabilidades. Sin embargo, éstos nunca han reflexionado cuán poderosas son la palabra, la escritura o la imagen, y que pueden desquiciar, desequilibrar al público. Actualmente si la juventud no quiere respetar ya a nadie, se debe a los adultos que la educan, que la guían: no han sabido estar a la altura de las circunstancias. Entonces, ahora sólo les queda una cosa por hacer: verse reflejados en la juventud como en un espejo, y no sentirse orgullosos, sino decirse: «Somos nosotros quienes hemos fabricado estos niños tal como son»... aceptar la lección, y corregirse. Esto no quiere decir que apruebe completamente a la juventud. A los adultos y a los jóvenes les meto a todos en el mismo cesto: les falta la luz, y por lo tanto necesitan ir a instruirse en la Ciencia iniciática. Los jóvenes no tienen derecho a mostrarse irrespetuosos con los adultos. ¿Acaso saben gran cosa de la existencia? ¿Acaso ya han demostrado que son seres excepcionales, capaces de hacerlo mucho mejor que sus padres?.. Mientras tengan algo que aprender, mientras no hagan sus pruebas, deben comportarse con respeto, seguir estudiando. Y luego, cuando hayan triunfado en sus exámenes y sean capaces de asumir cargos importantes, pues bien, entonces ¡que cambien todo lo que quieran! Un día Paganini daba un concierto en Nápoles. La sala estaba repleta, todo el mundo estaba maravillado de su virtuosismo - ya sabéis que era un violinista prodigioso - Sólo un joven, allá, entre el público, no

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aplaudía, y Paganini notó mientras tocaba que mostraba en sus labios una sonrisita incluso sarcástica. Se enfadó tanto, que en el momento en que toda la sala le aclamaba y le requería a escena, gritó: « ¡No volveré a saludar, hasta que no me traigáis a ese chico!» Se lo llevaron; le dijo: «Me gustaría saber, joven, por qué no solamente no me aplaudís, sino que además sonreís con aire burlón. Esto no me gusta, explíquese. - Oh, Maestro, dijo el otro, perdóneme, nadie os respeta tanto como yo en toda la tierra. Sonrío de despecho. Antes de venir a escucharos, me creía un gran músico, porque yo compongo, pero después de haberos oído tocar, ya no tengo ninguna ilusión, estoy desesperado -¿Cómo te llamas? - Vincenzo Bellini» (el futuro compositor). Entonces Paganini, desarmado, empezó a animarle y le ayudó después hasta que se convirtió en un gran músico. He aquí una historia interesante, ¿no es cierto?

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Bonfin , 10 de Julio de 1968

Era de Acuario

La Juventud y la revolución
Yo no acuso a la juventud de haber tomado una dirección equivocada, pero digo que se alimenta de ideas y de ejemplos que no son precisamente de admirar. No es necesario destruir todas las tradiciones, porque hay cosas buenas en la tradición que son el resultado de experiencias milenarias. Los humanos han vivido, han buscado, han sufrido, y a través de todos sus intentos y de sus sufrimientos, por lo menos han descubierto un cierto número de reglas que han permitido edificar la cultura, la civilización. Ciertas formas deben ser cambiadas, ya se sabe, pero no es preciso demolerlo todo, en especial cuando no se conoce nada mejor para sustituirlo. ¿Acaso destruyo yo la tradición? No, apoyo la tradición, con la única condición de adaptarla a nuestra época. Mientras que la juventud, al no tener una visión justa de la que es la realidad actual, ni de lo que debería ser, y seguir únicamente sus impulsos, se ha lanzado a ciegas: se cambia esto, se va a demoler aquello, sin pensar en las consecuencias. Así pues, la juventud quiere hacer la revolución, cambiarlo todo, pero ¿acaso se ha preguntado si se puede cambiar todo lo que uno quiere, si no hay leyes inmutables que ninguna criatura tiene derecho a transgredir? La vida tiene sus leyes, que estudian la química, la física, la biología, etc.,... y quiérase o no, no se pueden transgredir sin peligro de destruirse a sí mismo. Esto también es cierto para el mundo moral: éste tiene leyes que no se pueden transgredir, so pena de destrucción. Sí, existen principios inmutables, y querer negar estos principios, es abocarse a las tinieblas y a la muerte. Naturalmente, la juventud se justifica siempre diciendo que no está satisfecha de lo que han aportado los adultos. Y lo comprendo. Tampoco yo estoy satisfecho. Pero no voy a ponerme del lado de la juventud, porque sus reivindicaciones, la libertad de hacer cualquier cosa, no son ni ideales ni divinas.

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¡La libertad! ... Naturalmente repetimos: «Libertad, Igualdad, Fraternidad» En realidad sólo existe la fraternidad, pero ni la igualdad, ni la libertad son posibles. Sí, ¡ninguna libertad! ¿Cómo podemos hablar de libertad cuando dependemos de nuestros deseos, de nuestros placeres, de nuestra familia, de las condiciones, y además nos encontramos sometidos a la época en que vivimos? Sólo el Señor es libre, y cuando el hombre llega a identificarse con El, a fundirse en El, entonces es libre. Fuera del Señor, ¡no hay libertad! Libertinaje, sí, fijaos cómo se ha comprendido la libertad: no tener ningún respeto por nada ni por nadie. Pero el peligro entonces está en que el vecino hace lo mismo. La injusticia, la violencia, no solamente os está permitida a vosotros, los demás responden de la misma forma, y esto no se había previsto. Os gusta la violencia, bueno, lo comprendo, yo también quizás tenga algunos instintos de este tipo; quizás me gustaría incendiar el mundo entero... ¿por qué no? Pero esto no es una razón para hacerlo. Los humanos se permiten ser violentos pero luego se extrañan si los demás actúan de la misma forma. Hay que saber que todo acto arrastra a los demás a acciones de la misma naturaleza. Sed generosos con una persona, y algo se despertará en él. Dirá: « ¡Ah, ah! Está bien, también yo voy a demostrarle que soy grande, noble, generoso... » Y entonces empieza una batalla de amor ¡Y esto es magnífico! Pues sí, he aquí lo que los humanos no han comprendido: la ley del eco, del choque con retórico. Dicen: « ¡a aquél le voy a partir la cara!» Bueno, que vayan, pero ¡después verán lo que ocurre, · y se extrañarán de que haya una respuesta fulminante! La juventud encuentra justificado hacer lo que quiere con los demás. Pero si los demás hacen otro tanto con ella, va a lamentarse de que las cosas no funcionan. Pues sí, no hay que olvidar nunca que la ley hará actuar al otro de la misma manera. No puede hacer otra cosa, debe responder, porque fuiste tú quien desencadenaste la acción. Querer aplastar a todo el mundo imaginándose que no habrán repercusiones, no, no es posible: más pronto o más tarde la ley os devolverá lo que habéis dado. Si no respetáis a nadie, nadie os respetará. No esperéis ser respetados si no respetáis a los demás. Si queréis que se os respete, sois vosotros quienes primero debéis mostrar respeto. ¡Si hay una ley que he comprobado es ésta! Durante toda mi vida he mostrado respeto por los demás, y ahora lo estoy viendo, la ley actúa: me respetan, ¡y me pregunto a

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menudo por qué! Pues porque me he pasado toda mi vida respetando a los demás. Ciertamente he puesto en marcha algo y ahora este algo vuelve hacia mí. " La juventud cree poder transgredir las leyes, porque se imagina que son leyes creadas solamente por los adultos. ¡Pues no! Con frecuencia detrás de las leyes de los hombres, están las leyes de la naturaleza. Todas las reglas, por ejemplo, concernientes a la sexualidad, los jóvenes las encuentran anticuadas, viejas, «burguesas», «reaccionarias», cómo dicen. Entonces, quieren destruirlas para dar paso a todo lo que es instintivo, pasional. No saben las consecuencias que ello producirá en todos los campos. Para no mencionar más que lo relativo a la salud física, es preciso que sepan que naciones enteras han sido borradas de la tierra por las enfermedades venéreas, y que no se imaginen que los progresos de la medicina, los antibióticos etc., les protegerán. Cuando un pueblo pierde todo control, todo dominio, y deja que cada uno dé libre curso a sus pasiones, a su sexualidad, ya está firmando su sentencia de muerte. La humanidad posee por lo menos una experiencia milenaria que no es de despreciar, y cuando la juventud actual piensa que el orden social está hecho para proteger a los ricos y para volverla desgraciada, se equivoca. Desde hace millares de años, los humanos han visto que podían vivir juntos, pero estableciendo ciertas reglas, y que es imposible para una cultura, para una civilización el sobrevivir, si no está fundada sobre ciertas leyes. Lo contrario, es el retorno a la jungla. Naturalmente, algunos violan estas leyes o se aprovechan de ellas, pero ¿es ésta una razón para destruirlo todo? Entonces, si los jóvenes se dejan llevar por los desórdenes, por los excesos, por el libertinaje, se comportan como niños que van a escondidas de sus padres a comerse todo el pote de confitura. ¡Peor para ellos! ¡Sufrirán de indigestión! Los sabios lo han comprendido desde hace tiempo; por ello han dado ciertas reglas de abstinencia, de dominio, de sabiduría. Recientemente veíamos por todas partes inscripciones que invitaban al desorden y a la disolución: «Vivir sin ley»... «Gozar sin trabas» ... «Amor a profusión» ... «Primeramente desobedece» i Pero si es el mundo al revés! Los estudiantes hablan, discuten, reivindican, exigen, pero desconocen las consecuencias remotas de lo que piden, de lo que quieren; no reflexionan en el encadenamiento de las circunstancias. Los

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Iniciados son los únicos que se han preocupado verdaderamente por los problemas surgidos de las consecuencias remotas de un pensamiento, una palabra, un gesto. Si los jóvenes tuvieran más discernimiento, si supieran que en el mismo momento que rechazan estas reglas se debilitan, porque desencadenan en sí mismos espíritus infernales, quizá no reclamarían todas estas libertades. Es una ley: cuanto menos controléis vuestros pensamientos, vuestros deseos, vuestros caprichos, más esclavos os volvéis. Decís que hay que satisfacer todo lo que se nos pase por la cabeza... Bien, pero es el camino directo hacia la esclavitud. Esclavitud de vosotros mismos, o más bien de fuerzas internas muy primitivas que os abatirán y os dominarán completamente. No podréis ser reyes en vuestro propio reino en tanto que no os controléis, porque la debilidad, la enfermad o la locura os acechan detrás de esto. Si no fuese así, desde hace tiempo los sabios nos habrían aconsejado satisfacer todas nuestras apetencias. Sólo que saben que éste es el camino directo hacia el infierno y hacia la destrucción. Pero ahora está de moda el destruir. En las Universidades, algunos han arrancado puertas y ventanas, mutilado estatuas... Cada vez gusta más el destruir, a la juventud le divierte destruir. E incluso aquí, el otro día algunos pillastres han venido a arrancar todas las flores que se habían plantado en la Roca. ¿Qué educación han dado los padres a sus niños? Se debe enseñar a los niños a no destruir, a tener respeto por todo, por los seres vivientes, por las plantas, por los objetos. Diréis: « ¡Oh, eran solamente algunas flores!» Sí, pero se empieza por arrancar las flores y se termina por arrancar los corazones, las almas, las conciencias, se arranca todo lo que es divino. Es verdad que vivimos en una sociedad en la que hay que modificar muchas cosas. Pero esto no hay que hacerlo violentamente. Por otra parte, nunca se logran verdaderos cambios por la violencia, siempre es peor después. Entonces, ¿cómo transformar la sociedad? Por nuestra forma de vivir. Cambiándose primeramente a sí mismo, se puede cambiar al mundo entero. Tratamos de formar un puñado de hombres decididos, conscientes, un núcleo formidable que probará que toda la humanidad puede convertirse en una fraternidad, en una familia. Por lo tanto primero debemos trabajar

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en nosotros mismos para dar un magnífico ejemplo, e incluso para imponemos, si queréis, pero sin violencia, únicamente por la nobleza, la grandeza, la luz, la belleza que emanará de nosotros mismos. El deseo de ser fuertes, poderosos, empuja a demasiados jóvenes a obrar sin tomar conciencia de que la verdadera fuerza se encuentra en ellos mismos, en su capacidad de dominarse, de controlarse, de gobernarse, de mostrarse nobles, grandes, perfectos. Los Iniciados también quieren convertirse en fuertes y poderosos, pero ellos sí que han comprendido la verdadera grandeza, mientras que algunos jóvenes, dando libre curso a sus inclinaciones, buscando el poder en la violencia, la destrucción, en realidad se debilitan y se vuelven esclavos de sus instintos, de sus vicios. Creedme, mis queridos hermanos y hermanas, no me inclino por ninguna parte. Amo a la juventud, a los adultos, pero pienso que tanto unos como otros están faltando: los adultos porque no saben cómo educar a la juventud, ni, sobre todo, darles un buen ejemplo; y los jóvenes porque quieren resolver todos los problemas por la rebelión, la violencia, destruyendo todo lo que han hecho los adultos. Aconsejo pues a la juventud y a los adultos, que vengan a instruirse en la Fraternidad Blanca Universal, porque sólo ella posee una filosofía que puede resolver todos los problemas, ya sean económicos, sociales, políticos... ¡incluso militares!

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Bonfin , 15 de Julio de 1968

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La Juventud y la revolución
Los jóvenes quieren revolucionarse, suprimir todas las tradiciones, y para dar una idea de lo que son capaces de hacer en este sentido, parece ser que se han ido al arco de Triunfo, a depositar excrementos en la Tumba al soldado desconocido. ¡Ved cómo saben apreciar el sacrificio de unos hombres gracias a los cuales están ahí, con vida y en libertad! ¡Cuando uno piensa en todos esos seres que han trabajado por las leyes fundamentales de la dignidad humana, que han luchado, que han dado su vida para que el hombre sea libre, respetado! ... ¡y ahora querrán demoler todo esto! No puedo creer que haya alguien que les justifique y les anime. Es verdad que la juventud puede cambiar el mundo, pero con la condición de demostrar una verdadera superioridad: una superioridad de conducta, de lenguaje, de inteligencia. Hay otras cosas mejores que hacer para cambiar el mundo que ir a ensuciar la tumba del soldado desconocido, que ha vertido su sangre para que Francia sea libre. ¿Cómo no reconocerlo e inclinarse ante ello? Si la juventud trabajase realmente para la grandeza del hombre, para que se colmen sus necesidades divinas y no sólo aquellas necesidades inferiores que desde hace millares de años no dejan de satisfacerse, habría aparecido ante todos como un nuevo profeta, y el mundo entero se encontraría en el alba de una nueva vida, de una nueva civilización. La juventud está a punto de fracasar en su misión porque no está iluminada, su ideal es demasiado prosaico. Si hay un placer en perspectiva, puede que se mueva, pero los esfuerzos no le dicen nada. No veo que tenga un ideal elevado de grandeza, de perfección, y se permite un comportamiento que está incluso por debajo del hombre normal. En general, las personas intentan por lo menos controlarse, obedecer algunas reglas; hacen tonterías, pero enseguida se arrepienten e intentan repararlo y no vuelven a empezar. Pero para los jóvenes no existe reparación alguna, no hay límites; cabalgan hasta los confines del vicio, del desorden.

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Cuando alguien tiene un ideal sublime, se le nota, se expresa por su actitud, por sus palabras, por las preguntas que hace. Pero aquí, ¿cuál es su ideal? ¿Acaso trabajan para el bien de Francia? Pues no, si trabajaran para el bien de Francia, no la habrían colocado en esta situación. En realidad, trabajan para satisfacer sus necesidades inferiores. ¡Cuántos franceses se han sacrificado para que su país sea libre, para que sea grande, respetado y rico! Pero ellos han querido presentarlo ante el mundo entero como algo lamentable. ¡Y con qué descaro se les veía actuar y expresarse! Ante todos estos profesores, decanos, ministros, policías, escritores, hubiese sido preciso que mostraran al menos su superioridad moral, en cuyo caso sus reivindicaciones se habrían tomado inmediatamente en consideración. Pero no, les han insultado ¡y se comportaron como si su actitud fuese un ejemplo a imitar! Sin embargo, que los demás hagan lo mismo con ellos, no lo aceptarán: sólo ellos tienen derecho a mostrarse violentos y groseros; los demás no tienen derecho. ¡Pero esto no es lógico! Si dais ejemplo a los demás, hay que aceptar que os imiten. Os mostráis groseros, y se convierten en groseros; no hay que lamentarse. Haced lo que queráis, pero aceptad que los demás se comporten exactamente igual que vosotros, porque ello es normal, es de justicia. Sí, es la falta de lógica lo que a mí me asusta. ¿Cómo pueden imaginarse que lograrán sus fines de cualquier manera? Creen que llegarán, ya sea por la violencia o por el horror. No han reflexionado ni por un segundo que podríamos disgustamos con ellos. No, e incluso se han extrañado que el mundo entero no les haya aplaudido. ¡Pobre juventud, qué ignorancia! Naturalmente tiene anhelo, energías, tiene necesidad de expresarse, pero ¿ha reflexionado sobre la naturaleza de esta fuerza que se manifiesta a través de ella, de dónde viene y si debe obedecer1a? Pues no, no se cuestiona ninguno de estos problemas. Es preciso que se exprese. En realidad toda esta juventud que grita, que reclama, no sabe lo que hace. Hay que iluminar1a, eso es todo; un día comprenderá que hay otras formas de obrar y que se ha extraviado. Ahora, ¿cómo van a transformar la sociedad todos estos energúmenos? ¿Cortando árboles, arrancando el pavimento de las calles, quemando coches, rompiendo escaparates? Destrozado todo, ¿es esto inteligente? ¡Son capaces de incendiar París, y como Nerón tomarán un instrumento musical para cantar y divertirse viendo cómo se quema! Así pues, esta situación es muy grave.

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Personalmente, no me siento orgulloso de la juventud; aunque sus demandas estuviesen justificadas, hay otras formas de pedir. «Sí, ¡pero los profesores no querían escucharles! » Hay por lo menos otros métodos para hacerse comprender: por la grandeza, por la inteligencia... De esta forma podemos imponemos al mundo entero ... Pero querer romperlo, quemarlo todo, no. Por otra parte, incluso si se les da lo que piden, no estarán satisfechos, porque piden siempre cómo satisfacer sus necesidades inferiores, y la acción de saciar estas necesidades no satisface nunca completamente al ser humano. Cuando hayan obtenido la libertad sexual que reclaman, ¿encontrarán la felicidad, la paz, y la salud? No, van a desconcentrarse y convertirse en candidatos para asilos de alienados. ¡Ah, no, no! no pueden convencerme, la juventud no puede convencerme con sus reclamaciones y su forma de obrar. Convencerán a cualquier idiota, pero a mí no. Incluso en lo que concierne a los programas, no es seguro que los cambios que reclaman los estudiantes signifiquen realmente una mejora. Es verdad que hay algo que tiene que cambiar, pero ¿saben siempre los jóvenes lo que es útil o nocivo en estos programas? Quieren suprimir lo que no les gusta o lo que les parece demasiado difícil. Sí, verdaderamente siento curiosidad por saber lo que quieren suprimir o conservar. La cuestión no está solamente en reclamar, sino en saber por qué se reclama tal o cual cosa. Y los que deben satisfacer las demandas de los estudiantes tampoco saben lo que deben aceptar o suprimir. En estos casos se orientan casi siempre por la influencia del momento, cuando deberían orientarse por principios superiores; así para resolver, digamos, ciertos problemas inmediatos, creamos otros para el futuro. Hay que mirar a lo lejos para evitar muchos accidentes. Evidentemente, sé que muchos chicos y chicas de nuestra Fraternidad se han dejado arrastrar por toda esta agitación. Hay que solidarizarse, se dice... Incluso cuando se trate de algo extravagante ¡ hay que solidarizarse! Pues bien, personalmente encuentro que no debemos solidarizamos ni con la violencia ni con las locuras. Existen las leyes de la responsabilidad, y un día u otro los implicados serán castigados por el mundo invisible por haber aprobado actos insensatos. No es necesario, se podía estar por encima, porque nuestra Enseñanza está por encima de todos estos enredos. Pero también ellos se han sumergido en esta corriente, sin pensar en que cuando uno se deja arrastrar por una corriente que no es pura, se ensucia. Así pues, todos los que han

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participado de una u otra forma en este asunto, se han ensuciado, y yo, me veo obligado a lavarles. Mis jóvenes hermanos y hermanas de La Fraternidad: les tengo que lavar porque han recogido partículas de muy mala calidad... Naturalmente, no se dan cuenta, porque les falta el discernimiento, pero yo lo veo. Si la juventud de la Fraternidad tiene que ser exactamente igual a esta juventud excitada que se lanza a las agitaciones y a las locuras, ¿de qué sirve la Enseñanza? Es preciso que nuestra Fraternidad se diferencie completamente de la mentalidad de los demás, que dé un ejemplo, no siguiendo sus razonamientos y dando prueba de ello. ¿Cómo mostrará la Fraternidad que ha encontrado la luz, si los hermanos y hermanas no se preparan desde ahora para estar a la altura de las circunstancias? Cuando se producen acontecimientos, incluso acontecimientos minúsculos, los hermanos y hermanas se comportan como si nada hubieran aprendido y esto es triste. Hay que mantenerse por encima de todos estos desórdenes, dar algo de luz, intentar ayudar a los demás, aconsejarles, apaciguarles. Y si nadie os escucha, dejadles que se estrellen ellos solos. Porque sostener los desórdenes y los alborotos, es grave, y seríais responsables de haber ayudado a las fuerzas del mal y no a las del bien. Personalmente, no tengo interés ni en uno ni en otro bando. Estoy por encima de estas agitaciones, y me hubiese gustado que mi Fraternidad también hubiese estado por encima, dominando la situación. Pero qué le vamos a hacer, todavía no hemos llegado a este punto, y muchas personas han descendido para luchar en un campo o en otro. ¿Cuándo comprenderán mis hermanos y hermanas que no deben obrar así, que deben ser modelos, y, pase lo que pase, cualesquiera que sean los acontecimientos políticos, deben dominar desde arriba e incluso asesorar a los demás? Que los demás hagan estupideces lo comprendo, pero no los hermanos y hermanas, porque tienen suficiente luz y experiencia como para comprender que deben estar por encima de las disputas. Sé perfectamente que en realidad la neutralidad no existe: en todo lo que está pasando en el mundo, estamos obligados a intervenir de una forma u otra. Y también yo, aunque no participe externamente, porque mi papel no consiste en intervenir en la vida política y en involucrarme en ella, internamente no puedo dejar de participar en los acontecimientos. No aconsejo a los hermanos y hermanas que vayan a manifestarse por las calles, gritando y gesticulando, pero me alegró mucho saber (mientras estaba de viaje durante estos sucesos) que se

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había hecho una gran manifestación en los Campos Elíseos para apoyar al jefe del Estado. Esto no contradice lo que os acabo de decir. Siempre nos afectan las cosas que ocurren. No puedo dejar de unirme a todo lo que considero bueno en el mundo; mi espíritu participa en todas partes, a pesar de que no diga nada. Siempre quiero enviar por lo menos algunas partículas de mi ser para apoyar las causas que son divinas. Aunque no quiera mostrarme haciendo discursos, en mi alma, en mis pensamientos, en mi fuero interno, es como si estuviera allí: yo voto, hablo y explico. Todo mi ser se moviliza hacia allá. Os digo que no descendáis hasta las disputas porque raramente se trata de causas verdaderamente divinas. -Pero si se trata de una empresa divina, no reprocharé a nadie el que esté presente. Sí, hay que imponerse, triunfar, ser fuerte, pero en ninguna parte de la Ciencia iniciática he leído que la verdadera fuerza consista en destruir y saquear. En la Ciencia iniciática se enseña que la verdadera fuerza está en saber mantenerse en el centro, donde reinan la luz y el calor, es decir la inteligencia y el amor. Personalmente durante toda mi vida he querido acercarme a este centro para ver cómo son realmente las cosas, y precisamente porque me he acercado, he comprendido. Si me alejo dos días de este centro, también para mí el desorden llega a ser algo normal, ¿por qué entonces romperse la cabeza? Es por ello que comprendo a la gente. Pero ellos no se comprenden, no saben dónde están, ni por qué. Personalmente, sé dónde están porque en mi cabeza todo está organizado y clasificado. Para cualquier persona encuentro su lugar, cuán lejos o cerca está del centro, del mundo divino. Sí, mis queridos hermanos y hermanas, el centro y la periferia... ¡Cuantas veces os he hablado de este símbolo del círculo con su punto central! Los humanos lo llevan inscrito en sus ojos y también en otras partes de su cuerpo. Pero a pesar de que llevan en sí este libro de sabiduría, no lo comprenden. ¡Después de millones de años que lo llevan consigo, no lo han descifrado! Hay pues una periferia, un centro, y hay que ir hacia el centro porque en el centro está la paz. Mientras que en la periferia hay desorden, y os proyectáis en alguna parte, en pedazos. Este centro, en el hombre, es el punto más elevado de él mismo, su alma, su espíritu; y la periferia son las agitaciones, las molestias, todo lo que el hombre encuentra cuando su conciencia se desplaza para ir hacia todo lo que no es precisamente su alma o su espíritu. La mayor parte de los humanos pasan el tiempo acercándose y alejándose del centro: un poco de paz y de serenidad, después las molestias... De nuevo un poco de paz, etc... Muy

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pocos son capaces de quedarse ahí, en el centro, en la cima, sin alejarse nunca más. Os he explicado a menudo la metáfora de la mina. Sí, naturalmente esta imagen es divertida, pero la cuestión de las fuerzas centrífugas y centrípetas es un principio de física que lo encontraremos también en la vida interior. Es por ello que tenemos siempre que vigilamos y decimos: «Veamos, ¿dónde me encuentro hoy? ¡Ah! me he extraviado en la periferia... ¿Qué me espera? Nada bueno, naturalmente, y es mejor volver nuevamente hacia el centro.» Cuando empecéis a percibir que hay demasiado desorden en vosotros, tenéis que saber lo que os espera: tarde o temprano vais a ser perturbados, triturados o proyectados hacia alguna parte, vais a friccionar con alguien o alguien friccionará con vosotros. Porque así es. Naturalmente, para explicar vuestro estado, el médico os dirá que tenéis demasiado de esto o insuficiencia de lo otro, el cura que no vais a la iglesia, el hombre político que no pertenecéis a su partido... Cada cual explicará las cosas según su profesión o su manía favorita, pero yo os digo, sencillamente, que os habéis alejado del centro. Quizás no comprendéis nada y sin embargo este lenguaje lo explica todo; es mejor que el médico, el cura o el político, porque resume toda una filosofía « ¡Mira amigo mío, te has alejado demasiado del centro! » Sí, mi lenguaje viene de lejos, de lo alto. No es vuestro lenguaje, con todas estas palabras y estas frases que me siento obligado a adoptar para hacerme comprender por vosotros. Preferiría hablaros mi lenguaje, que es el de los símbolos: un lenguaje geométrico, cabalístico, astrológico, pero es un lenguaje desconocido que nadie comprendería. Es para ser comprendido por lo que me sirvo de vuestro lenguaje y por lo que tomo ejemplos de todo aquello que vosotros habéis visto, oído, leído. Pero yo tengo un lenguaje especial. Sé pues con antelación que si digo a alguien: «Te has alejado demasiado del centro», no comprenderá nada. Sin embargo es la mejor explicación de su estado. Hay pues que acercarse cada vez más al centro, a nuestro centro, y es lo que hacemos cada día, varias veces al día, mediante las meditaciones y los ejercicios, y sobre todo por la mañana a la salida del sol. Cuanto más nos acercamos al sol - simbólicamente - más aumenta la luz, el calor, la vida. Todos aquéllos que se alejan del centro, del sol espiritual, se preguntan por qué tienen frío, por qué están en la oscuridad, por qué la vida les abandona. Pues bien, les diré simplemente: «Os habéis alejado y tenéis que

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acercaros para tener luz, calor y vida. - ¡Pero estamos vivos! - ¡Ah no, aún no! Estar vivo es ser luminoso, cálido, e impartir bendiciones por todas partes. ¿Dónde están estas bendiciones?.. » No sabemos lo que es la vida, lo confundimos todo, el mundo entero está en una confusión parecida a la torre de Babel, nadie se comprende. La juventud querría imponerme su lenguaje. Pero su lenguaje es la anarquía, la destrucción, mientras que mi lenguaje es el Reino de Dios, es la sinarquía, el orden, la felicidad, la alegría, la plenitud. Se me quiere enseñar otro lenguaje, un lenguaje revolucionario, Fidel Castro o Mao- Tse- Tung. ¿Qué es este lenguaje? ¡Vean esto!... Mi lenguaje viene de otra región, y tengo mis criterios para pronunciarme sobre la conducta de alguien. Veis cómo os muestro cada vez más dónde se encuentran mis instrumentos de medida, mis reglas de cálculo, mis balanzas, mis microscopios, mis telescopios, y pronto comprenderéis que debierais tenerlos vosotros también. Sólo que tenéis que venir sin reticencia, venid suavemente, amablemente, confiad en mí, os llevaré a mis laboratorios, donde peso, tomo medidas, pongo los elementos en probetas para ver qué revelan exactamente, como cuando se analiza la sangre, la orina, etc. ... También yo tengo esos instrumentos y constato que los humanos están alejándose; cada vez se encuentran menos caracteres, seres que manifiesten una verdadera nobleza, una verdadera grandeza. Encontramos por todas partes criaturas miserables que hablan y se agitan, criaturas alejadas de la luz a la que han reemplazado por fantasmagorías, por ideologías extravagantes en las que se pierden. Sí, treinta personas, cincuenta filosofías. Cada vez más, el mundo se está convirtiendo en un hospital, nadie está de acuerdo con su vecino: ya sea el aire, el calor, la alimentación, 10 que hace bien a uno, daña al otro, e inversamente. Considerad únicamente la familia: cada cual es diferente; pero en el sentido negativo, en las debilidades, en las enfermedades. Que seamos diferentes, de acuerdo, pero en la línea progresiva. Pues no, es en la enfermedad donde las personas se diferencian: uno tiene el tifus, otro el cólera, y el otro la gripe española - simbólicamente hablando - ¡Y qué ocurre con las fiebres! Toda la familia tiene fiebre, pero distintamente; el padre, la madre, los niños, todos tienen fiebre, pero cada uno una fiebre distinta. Entonces, mis queridos hermanos y hermanas, ¿empezáis a comprenderme? Es preciso que la juventud haga algo, pero se entiende algo

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mejor que los adultos. Por ahora, no es mejor. Por lo menos los adultos van al trabajo regularmente. Alguna vez hacen huelgas, es cierto, pero por lo menos hacen funcionar todos los engranajes del país. Mientras que la juventud se vuelve realmente delincuente. Querría tenerlo todo en sus manos pero no sabe controlarlo. Los adultos adoptan una actitud mejor y por lo tanto la juventud debe someterse. Si un día los jóvenes son capaces de superar a los adultos, podrán permitirse el lujo de dar consejos, pero no antes. No se trata de un problema de edad, sino de superioridad. Incluso si se trata de una persona muy joven, si es superior, debe tomarse como guía. La edad nunca ha permitido dirigir si se está embrutecido. Lo único que cuenta es la capacidad. ¿Qué edad tenía Jesús cuando los Reyes Magos vinieron a arrodillarse ante él ofreciéndole oro, incienso y mirra? y ¿qué edad tenía cuando enseñaba en el templo ante los doctores de la Ley? Para los Iniciados es la grandeza, es la elevación, la pureza lo que cuenta. ¡En cuanto a los estudiantes, puesto que no han mostrado esta grandeza, se han comprometido!

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OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Bonfin , 16 de Julio de 1968

Era de Acuario

La Juventud y la revolución
Consideremos únicamente la cuestión de las banderas negras. He pedido a algunos amigos - porque soy muy ignorante en cuanto al significado de las banderas - lo que representaba estas banderas negras, y me han respondido que simbolizaban la anarquía. Entonces, veamos: ¡la anarquía! ¿Y es buena la anarquía? ¿Se puede comer?.. ¿Se puede beber? ¿Quién puede explicármelo? Diréis: « ¡Dios mío, qué ignorante es, no sabe qué es la anarquía!» Lo que yo no sé, sobre todo, es cómo va a vivir la gente si todo está desorganizado o destruido, si no hay leyes, ni instituciones, ni gobierno. De momento se puede estar satisfecho de destruido todo, es un placer, esto lo comprendo, uno se siente orgulloso de sí mismo y embriagado de la propia fuerza. Pero al menos, hay que reflexionar sobre la manera en que se va a desarrollar la vida en estas condiciones. Naturalmente, se podría vivir en un mundo sin gobierno, sin magistrados, pero con la condición de que los humanos fuesen perfectos. En este momento todos se comportarían naturalmente de una forma razonable, tan magnífica, que ni los reglamentos, ni los controles, ni los castigos serían necesarios. Pero como los humanos están muy lejos de este estado de perfección, es indispensable que la sociedad esté organizada y controlada. La organización actual de la sociedad no es ideal, es cierto, pero es el resultado de millares, millares y millares de años de experiencia y de sufrimientos, y sin duda es mejor de lo que fue en algunas épocas pasadas. Y durante mucho tiempo se harán ensayos, investigaciones, cambios, hasta el día en que la humanidad encontrará un gobierno ideal, una sociedad ideal. Muchos filósofos, empezando por Platón en la «República», se han ocupado de esta cuestión; no vaya citar todos estos filósofos, pero hasta ahora nadie ha logrado realizar esta sociedad ideal, y el mundo continúa viviendo como puede, basado en adquisiciones más o menos sólidas. Por

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eso actualmente se produce tanto desorden y algunos quieren trastocarlo todo. También yo prefiero un cambio, lo sabéis muy bien, pero es necesario que este cambio traiga verdaderamente mejoras para todas las criaturas, lo cual desgraciadamente no sucede. Si se cree que es suficiente provocar explosiones y erupciones volcánicas para enderezar una situación, verdaderamente es que uno es un bruto y no aconsejo a mis amigos que vayan a animar o a ayudar a obtener el éxito a todos estos anarquistas. Hay que dejarles, se romperán la cabeza solos. Que haya revolucionarios, lo comprendo: Lenin, MaoTse- Tung, Fidel Castro y otros... Pero estos individuos por lo menos no lo han destruido todo. Por otra parte, desde que hay revoluciones, ¿qué ha cambiado verdaderamente? Todo sigue como antes; la diferencia está solamente en que en lugar de ser esta cabeza la que se impone, es la otra. Algunas palabras también han cambiado un poco, algunas frases publicitarias, algunos cantos, pero siempre encontramos los mismos vicios, el mismo miedo, la misma corrupción, los mismos crímenes. Los anarquistas no pueden construir nada. Los revolucionarios sí, pero con la condición de mostrarse superiores por su inteligencia, por su bondad, con el fin de mejorar la situación y no de convertirla aún en más intolerable. Porque la historia nos lo ha mostrado: se puede ser un verdugo, imponerse y aniquilar a los demás, pero esto no dura mucho tiempo. Porque la ley es ésta: un tirano produce siempre, por su conducta, seres de su misma especie que le destruyen. Ya sabéis lo que se dice: quien siembra vientos recoge tempestades. Si estos supuestos revolucionarios fuesen capaces de observarse, se darían cuenta de que en estos momentos de desorden, todo su organismo está a punto de grabar vibraciones violentas, caóticas, y que esta falta de conciencia, de respeto, este desprecio por los demás, se está inscribiendo definitivamente en sus células. Pero no se observan, y no saben que la Naturaleza, que posee una inteligencia, una memoria, les prepara una lección para más tarde. Se casarán, tendrán hijos que se les parecerán, que serán violentos e irrespetuosos como ellos. Ellos mismos serán las víctimas, y gritarán... Pues sí, la justicia es así. ¿Los jóvenes quieren anarquía? Bueno, está muy bien, solamente que las leyes son terribles: la anarquía se adueñará también de su casa, y más

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tarde sufrirán las mismas reacciones por parte de sus hijos o de su entorno. En este momento gemirán: « ¡Oh, qué injusticia! ¡Yo no me merezco esta clase de niños! » ¿No se los merece? Y ellos, ¿cómo habían sido en el pasado? En este momento comprenderán, pero será demasiado tarde. La ley de reacción existe tanto en el mundo psíquico como en el mundo físico. Cuando las consecuencias de sus actos recaen sobre su propia cabeza, entonces la gente empieza a reflexionar. Si debo hablaros de un ser que verdaderamente ha dado un ejemplo excepcional, no buscaría entre los Grandes Iniciados del pasado, sino que me detendría en uno que conocéis todos: Sócrates. Cuando fue condenado a muerte, sus discípulos quisieron salvarle, haciéndole escapar de la prisión, pero él se negó diciendo que un buen ciudadano obedece las leyes de su ciudad. Estamos obligados a citar de nuevo el ejemplo de un hombre que nada ha escrito pero que, durante veinticuatro siglos, ha sorprendido a todos los espíritus, seguramente gracias a Platón que era su discípulo; y por otra parte Platón y su discípulo Aristóteles alcanzaron la cumbre de la filosofía, ningún filósofo posterior ha podido realmente superarles. Pero, ¡qué hombre tan extraordinario este Sócrates! Tenía la cara de un sátiro, y reconocía que este rostro era el de un hombre muy vicioso; que lo había sido realmente, pero que ya no lo era porque había logrado vencer sus vicios. Por lo tanto, más mérito aún, ¿lo veis? Pero ya conocéis toda la vida de Sócrates: cómo se había casado con Jantipa (de quien os he hablado a menudo), cómo se paseaba por las calles de Atenas, y que fue allí, en las calles, en los mercados, donde enseñaba filosofía hablando con los ciudadanos e importunándoles con sus cuestiones. Tuvo grandes éxitos, pero había mucha gente a quien molestaba su integridad, su franqueza, convirtiéndose en sus enemigos. Entonces, para perderle, pretendieron que corrompía a la juventud y le condenaron a beber la cicuta. Sócrates hubiese podido ciertamente escapar a la muerte, pero no 10 quiso, y fue precisamente porque era consciente de su inocencia, por lo que aceptó tan tranquilamente su condena. ¡Con qué valentía y con qué calma vivió aquellos momentos! Sin duda habéis leído cómo se despidió del carcelero que le anunciaba que había llegado el momento de beber la cicuta, cómo pidió al hombre que le traía la copa lo que tenía que hacer, y

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cómo hizo exactamente 10 que le había dicho. Y la conversación que tuvo con sus discípulos antes de morir. Después de tantos siglos, la muerte de Sócrates ha quedado como algo único en la memoria de los hombres.

Diréis: «Sí, pero seguramente le guiaban». Ciertamente, todos los sabios son guiados. A un sabio que conoce la verdad y respeta las leyes divinas, ¿cómo queréis que el mundo invisible le abandone? Sócrates estaba acompañado por una entidad que llamaba su «demonio» (pero el sentido de esta palabra nada tiene que ver con el Diablo y el Infierno de la religión cristiana) Este «demonio» era pues un espíritu muy elevado que le aconsejaba y le guiaba. Todos los sabios tienen un guía parecido, e incluso a veces varios. Si la juventud aceptara instruirse, encontraría en sí misma todas estas verdades y estas leyes que los sabios han descubierto desde hace siglos, observando los hechos de la naturaleza y comparándolos inmediatamente con lo que observaban en ellos mismos. La conclusión de todos los sabios es que la vida está basada en las leyes de la armonía, del desprendimiento, del amor, y que si no se respetan esas leyes, todo se disgrega. Es así como se han descubierto las leyes de la moral. Y lo que me gusta precisamente de Sócrates, es que había comprendido que lo esencial es la manera de vivir. Era distinto de los demás filósofos y de los sofistas de su tiempo que pretendían saberlo todo de la física y de la metafísica, y poder hablar de todo. Todo su estudio concernía al hombre; fue él quien hizo suyo el lema de esta inscripción del templo de Delfos que ha sido tan célebre: «Conócete a ti mismo». Todos los verdaderos Maestros tienen la misma filosofía. Lo que es verdad y bueno para uno, es bueno para todos: la misma moral, el mismo sistema filosófico, con algunas diferencias de detalles según lugar o época, pero los principios fundamentales son los mismos. Los Iniciados jamás aceptan la anarquía, porque saben que la enfermedad, el desorden, la destrucción, se instalarían dentro de ellos, y que perecerían. Desde el momento en que se empieza a abrir el corazón a los gérmenes de la desunión, se producen unas corrientes, unas fuerzas invisibles, que empiezan a devastar todo nuestro ser. No enseguida, ciertamente, sino que poco a poco nos vamos disgregando totalmente. Incluso la salud depende de esta obediencia a un orden universal. Poco

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importa que se llame a este orden sinarquía, jerarquía o monarquía divina. En el momento que el hombre comienza a asentar este orden en sí mismo, todo se calma, se equilibra, se armoniza, se embellece, se ilumina, se refuerza, resucita, y vibra entonces al unísono con todo el cosmos, con las regiones celestes; llega a ser una fuente, una luz, algo que irradia, que mana, que resplandece. He aquí el hombre superior, el hombre ideal en el que debemos convertimos un día y no en una puerta abierta a todas las corrientes nocivas que están ahí bajo forma de filosofía o de ideología anarquista; ya sea un individuo, una familia, una sociedad, un país, al abrirse esta corriente se destruyen: la leyes implacable, y es esencial el dar en la vida una gran importancia a esta ley. ¡Bienaventurados los que han comprendido! Tienen todos los poderes para desencadenar potencias ilimitadas en su ser, para ver inmediatamente el trabajo de estas fuerzas eternas que obran en ellos para liberarles, transformarles. Entonces, esos pocos alocados que enarbolan ahora una bandera negra queriendo destruir la sociedad, deben saber que no triunfarán. La sociedad hay que mejorarla, pero por el ejemplo, el trabajo, la abnegación; y si se hace así, tarde o temprano las cosas cambiarán. De lo contrario, no tendremos nunca un verdadero cambio, y entonces lo único que se puede decir es: «Cuanto más cambio, más lodo». ¡No hay que inventar nuevos sistemas... sistemas revolucionarios! No hay nada que inventar, todas las soluciones están ahí, presentadas desde hace tiempo por la Naturaleza, y sólo tenemos que descubrirlas.

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OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Bonfin , 18 de Julio de 1968

Era de Acuario

La Juventud y la revolución
Si me decís que la juventud posee fuerza, cualidades, os responderé que lo sé mejor que vosotros... y que en el futuro cambiará y dará algo distinto, también lo sé mejor que vosotros. Pero hablo en relación al día de hoy; estudio y analizo ciertas manifestaciones actuales, no hablo del porvenir. Aquí, quizás, os puedo incluso revelar detalles que no conocéis, pero éste no es el problema. Pronto, todas estas rebeliones juveniles se olvidarán, todo volverá a su cauce normal. Es un episodio, habrá otros; por lo tanto no tengo la intención de perder el tiempo con ello. Pero aprovecho todos los acontecimientos para haceros comprender ciertas leyes, eso es todo. Porque aún se producirán otros acontecimientos - incluso muchos más y más graves - y si no empezáis desde ahora, no sabréis nunca cómo comprenderlos, cómo reaccionar, y qué partido tomar. Ahora bien, también esto es muy importante, porque una vez que lo hayáis decidido es como un voto, y vuestro nombre está ya escrito en alguna parte, está anotado que os comprometéis en talo cual corriente. Y es preciso que sepáis de qué corriente se trata, qué efectos os va a producir. Es muy importante el saber dónde estáis, por quién votáis y a quién servís. Pero los humanos no se preocupan por conocer las relaciones y las afinidades que hay entre las decisiones que toman y talo cual mundo. Una decisión equivale a haber metido vuestro tren en unos raíles, y este tren os llevará a menudo allá donde no pensabais. Sí, una decisión que tomáis hoy sobre cualquier asunto, pone en marcha resortes, toda una maquinaria. En tanto que esto no se conoce, somos siempre las víctimas, los infelices, los aplastados. Con esta ceguera es difícil llegar a ser dueño de la situación. Personalmente, al conocer todo esto, querría que participarais de mis conocimientos y de mis experiencias para que os beneficiéis de ello. Porque la vida es formidable, y si en todas las cosas que ocurren se

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pudieran conocer las raíces, las fuerzas subterráneas que se han puesto en movimiento y las ramificaciones lejanas, entonces sería formidable. La juventud tiene necesidad de un instructor que le revele lo que es la vida y cómo debe vivirla para que las fuerzas, las cualidades, los dones que están ahí, depositados en ella, puedan manifestarse verdaderamente en su plenitud. Entonces, sí, la juventud podrá deslumbrar al mundo entero, mientras que ahora va por un camino resbaladizo. No es suficiente haber leído algunos libros y obtenido algunos diplomas para ser el más capaz. En la vida las verdaderas capacidades dependen primeramente del carácter y no de la instrucción. Algunas personas apenas saben leer y escribir pero poseen una sabiduría y una comprensión extraordinarias. Cada vez más los humanos piensan que deben inclinarse ante ellos, debido a sus títulos universitarios. Pues no, se equivocan porque ahí hay algo más importante que la instrucción. Diréis: «Pero los pobres estudiantes no tienen la culpa, no son ellos quienes han decidido las asignaturas, los programas, los diplomas.» Evidentemente, ya lo sé, y hay que cambiar todo esto. Habría que hacer una limpieza del sistema de instrucción actual: modificar los programas, los exámenes, rechazar algunas asignaturas, no conservar más que lo esencial, pero sobre todo dar otra orientación a los estudios. Siempre he dicho que las escuelas y las universidades enseñan a los jóvenes a servirse de su intelecto para triunfar a toda costa en el mundo, engañar a los demás, desbancarles, pero nunca a transformarse a sí mismos. Si son ambiciosos, temerosos, orgullosos, sensuales, avaros, siguen siéndolo. Nosotros proponemos otro tipo de escuela donde no se enseñe a recitar nombres, fechas, fórmulas, sino a conocer la naturaleza humana, a cambiar su carácter, a transformarse, a mejorarse. Desgraciadamente, no habrán muchos aficionados a nuestra escuela, porque trabajarse a sí mismo, es más difícil que abrir un libro y repetir enseguida lo que contiene. Naturalmente, aquí, en la tierra, la instrucción puede ayudamos a tener prestigio, una situación, dinero, pero no os ayudará nunca a abriros camino hacia otros mundos. Cuando abandonéis la tierra, las entidades celestes no tomarán vuestros diplomas universitarios en consideración, os juzgarán con otros pesos y medidas. Mirarán lo que sale de vosotros como amor, bondad, luz, y si constatan que vuestros diplomas no han servido más

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que para volveros más orgullosos, más vanidosos, - lo que sucede con frecuencia - ¡vais a ver qué castigo! Habría que ser otro Dante para decir en qué Círculo del Infierno serán precipitados todos estos sabios que estaban tan imbuidos de su ciencia. A los ojos de la Inteligencia Cósmica, los valores humanos no son los verdaderos valores. Los humanos pesan, gobiernan, deciden según sus criterios sin tomarse la molestia de saber si han subestimado o sobrestimado ciertos valores. Se da una importancia extraordinaria a la instrucción, y sin embargo si pido a alguien cuánto ha necesitado para obtener el diploma me dirá: tres años, cinco años... o siete años para los médicos, y esto parece mucho. Pero para tener paciencia, bondad, generosidad, sabiduría ¡no son algunos años sino varios siglos los que se precisan! Obtener los diplomas humanos es fácil, pero para desarrollar algunas cualidades morales se necesitan siglos. Entonces ¿por qué subestimar las cualidades que un hombre ha trabajado durante tanto tiempo? ¿Acaso los estudios vuelven mejores a los seres? En absoluto, incluso con frecuencia ocurre lo contrario. Entonces ¿de qué sirve ir a las universidades si no es para mejorarse? Todos están dirigidos hacia su propio provecho, todos quieren tener éxito, la gloria, y en especial la comodidad, el placer. Pero cuando un día abandonen la tierra, no quedará ninguna huella de todas las adquisiciones materiales o intelectuales que hayan hecho aquí. Lo dejarán todo y cuando llegue el momento de presentarse ante los espíritus celestes, sentirán vergüenza de toda la fealdad y oscuridad que han atesorado en la tierra. Personalmente, he estudiado en otra escuela, y es allá donde os quiero llevar para trabajar sobre algo que valga la pena, que perdure eternamente. Y cuando volváis a la tierra, en lugar de encontraros despojados, poseeréis dones excepcionales. Si queréis progresar debéis creerme, y de cualquier forma un día os veréis obligados a creerme; cuando os vayáis al otro lado me creeréis, pero será ya demasiado tarde y sólo podréis decir: « ¡Pues era verdad! ¡Si lo hubiese sabido!» Y tendréis que volver a la tierra para reparar vuestras equivocaciones. Entonces ¡cuánto tiempo perdido y cuántos esfuerzos sin sentido! Os digo aquí una verdad absoluta que no soy el único en haber experimentado. Millones lo han hecho antes que yo. Si hay algo en lo que

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creo es en esto. Dudo de todo, menos de esto. Es una verdad absoluta que condiciona toda mi actividad, todos mis pensamientos. Suprimid esta verdad y la vida no tiene ya ningún sentido. Estoy seguro de que algún día me comprenderéis. Lamento decir que todo el mundo, actualmente, siente que le falta algo. Naturalmente les falta algo, pero no saben qué y piensan que lo encontrarán siempre mediante adquisiciones materiales. No, lo que necesitan proviene del alma y del espíritu, pero como los hombres no reconocen la existencia del alma y del espíritu, es siempre al cuerpo físico al que intentan satisfacer. Ahora bien, el alimento del cuerpo no es el alimento del alma, ni del corazón o del intelecto. Os he explicado esto en las conferencias sobre el cuadro sinóptico. Mientras que los humanos rehúsen aprender algo sobre este campo del infinito y de la eternidad, que es el del alma y del espíritu, en el fondo de sí mismos se sentirán siempre insatisfechos. Naturalmente, esto se ve, no están preparados para encontrar este alimento del alma y del espíritu; el que está preparado encuentra enseguida lo que necesita. ¿Habéis visto los patitos?.. Recién nacidos se zambullen en el agua y nadan, porque están equipados para ello. Y otros animales que no están preparados, se ahogan si se les mete en el agua. Así pues, desgraciadamente, los humanos no están preparados para encontrar lo que les hace falta para su alma y su espíritu, hay que prepararles, y eso es lo que querría: prepararles para encontrar otros valores y apreciados. Por eso es necesario que me ayudéis a repartir las riquezas de esta Enseñanza. Es una lástima que toda esta luz sólo sirva para iluminar a un puñado de hombres. E incluso este puñado de hombres está aún demasiado absorto en trabajos y actividades que les entorpecen: no tienen tiempo de vivir la vida espiritual, están demasiado enfrascados en otras cosas. Cuántos me han dicho: «¡ Oh! qué magnifico es todo lo que decís, se siente que es verdad, pero no hay tiempo: la familia, el trabajo, las relaciones, estamos sobrecargados de ocupaciones». Y creen que así están justificados. Pero yo, con mis criterios, mis medidas, digo: Si tuviesen intuición, si hubiesen sido almas muy avanzadas en el pasado, no se habrían comprometido en ocupaciones que les limitan, se hubiesen mantenido libres. Puesto que se han comprometido tanto, es que no han

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realizado la evolución necesaria en encarnaciones anteriores como para permitirles ahora beneficiarse de toda esta formidable ciencia. ¿Por qué algunos, desde muy jóvenes, se preparan sintiendo que deben mantenerse libres para el Señor, para el Espíritu, para el servicio de la humanidad? Es debido a que guardan en sí una reminiscencia del pasado o que antes de encarnarse han prometido a las entidades divinas que permanecerían fieles a un ideal. Hay casos de este tipo que os puedo revelar. Los demás se creen siempre justificados dejándose hundir en la materia. Dicen: « ¡Qué quieres, amigo, así es la vida!» Pero yo que veo más allá, encuentro que no deberían sentirse justificados, porque están inmerso s en sus negocios, porque están hambrientos de posesiones y de goces, lo que prueba que les falta la luz. Perdonadme que os diga esto, pero la verdad es la verdad; la situación de todos los que se han dejado atar, encadenar, hundir, no dice nada bueno en su favor. Deberían haberse mantenido libres para un trabajo gigantesco, solemne, grandioso y glorioso. ¿Por qué no están cuando se les llama? Ocurre exactamente como en la parábola de Jesús. Un hombre dio un gran festín al que había invitado a todo el mundo. Y he ahí que a la hora del festín, todos los invitados tenían un pretexto para no acudir: uno había comprado unos bueyes y tenía que probarlos... el otro había comprado un terreno y debía ir a visitarlo... un tercero acababa de casarse... entonces el dueño de la casa, encolerizado, envió a sus servidores a buscar en la ciudad a todos los mendigos, los lisiados, los ciegos, para invitarles al festín. Y todos vinieron a comer, a beber, porque los otros, digamos los elegidos, no estaban libres. Es poco más o menos lo que ocurre actualmente. Muy pocos están libres para consagrarse al trabajo divino. ¡ Si la gente supiera solamente que su felicidad, su luz, su desarrollo, su liberación, se encuentra en las actividades que tiene miedo de escoger, mientras que las que han abrazado con toda su alma no hacen más que proporcionarles disgustos y pesares! j Cuántas personas he visto que tienen miedo del Espíritu Santo y que brindan con el Diablo! No saben que es la Logia negra la que les engaña. Se desliza en su subconsciente: «Desconfiad: la luz, el Señor... no se sabe nunca, mientras que aquí hay comida y bebida, estaréis muy bien». Siguen estas sugerencias y son desdichados. Hay que acabar con esta historia. Se lee en los Evangelios que

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el Reino de Dios no es para los temerosos sino para los audaces. Y en los tiempos antiguos, en los misterios de Egipto, estaba dicho: «Saber, querer, osar y callarse». De estos cuatro preceptos, osar era el más difícil de seguir. Saber. .. Hay muchos que saben. Querer... hay muchos que quieren. Pero para osar... no hay nadie, todos tienen temor. Para hacer locuras, se es audaz, y para volver a encontrar al Señor y comulgar con El, temblamos, no nos atrevemos.

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