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OM-42-09

Conferencias del Maestro

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV

CAMINAD MIENTRAS TENGAIS LUZ
“La existencia es una larga cadena de momentos que debemos vivir conscientemente los unos después de los otros.” “Todos los esfuerzos que hacéis quedan grabados en lo alto, en el libro de la Vida, y gracias a estos esfuerzos, ¡Cuántas bendiciones se preparan para vosotros! Cuándo las recibáis, os preguntareis: ¿Por qué estos regalos?” y se os responderá:”Porque con vuestro trabajo, os habéis elevado hasta las regiones de la luz y asimismo habéis aportado la luz y la paz a seres que se hallan sumidos en el desamparo y la oscuridad”. No puedo deciros nada más. Continuad, continuad, caminad por la senda de la luz. ¿Qué habrá al final de este camino? Lo descubriréis cuando lleguéis y os maravillareis”

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CAMINAD MIENTRAS TENGAIS LUZ Listado conferencias
Capitulo 1 Para no tener que decir jamás: ¡si lo hubiera sabido!.

Capítulo 2 « Que tu mano izquierda ignore lo que hace tu mano derecha». Capítulo 2ª Las dos manos de dios. Capítulo 3. Programa para el día y programa para la eternidad. Capítulo 4 «No os preocupéis del mañana».

Capítulo 5. Solo el presente nos pertenece. Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10 Capítulo 11 Antes de que el sol se ponga. El paso al mas allá. La vida sin límites. El significado de los ritos funerarios. Nuestras relaciones con los espíritus familiares. Que es la voluntad de dios.

Capítulo 12 Al servicio del principio divino. Capítulo 13 Capítulo 14 Subir al altar del señor. ¡Seguid caminando!

Capítulo 15 En el umbral de un año nuevo.

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Conferencia del Maestro

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Paris - Izvor 244-TITULO 1

PARA NO TENER QUE DECIR MÁS: ¡SI LO HUBIERA SABIDO! Los humanos son perfectamente capaces de comprender intelectualmente donde está el bien y el mal, tanto en lo que se refiere a sí mismos como respecto a los demás, pero continúan cometiendo los mismos errores. Es difícil de aceptar, pero es así. Se les explica, comprenden, aprueban, pero hacen lo contrario de lo que aseguran haber comprendido. ¿Por qué? Porque no basta con dirigirse a su intelecto, es preciso tocar otras fibras de su ser. No nos podemos fiar mucho de alguien que dice: «Sí, comprendo», porque si sus sentimientos y sus deseos le empujan hacia una dirección distinta, es allí a donde se dirigirá. Por tanto no me hago ilusiones, sé que las posibilidades de un Maestro espiritual son limitadas: su tarea consiste en iluminar a los seres, hacer que comprendan cómo pueden salir de las ciénagas en las que se han sumergido y describirles las magníficas regiones que les esperan si lo consiguen, pero el Maestro continúa siendo impotente en lo que se refiere a cambiar sus gustos y sus necesidades. Esto, sólo los discípulos tienen el poder de hacerla, sintiendo que es ahí donde hallarán su salvación. Y en realidad, aunque consigan sentirlo, esto no es suficiente. Efectivamente, aunque deseen con todo su corazón comprometerse en el camino de la luz, surge una tercera dificultad, la más terrible: algo en ellos, llamado costumbre, se opone a este cambio de orientación. Os daré un ejemplo muy simple. Por la televisión dan un programa sobre el hambre en África: todos los espectadores

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comprenden que se debería hacer algo, porque es inhumano permitir que poblaciones enteras sufran de esa manera. Incluso muchos se sentirán conmocionados y el espectáculo de estos sufrimientos, inundará sus ojos de lágrimas. Pero ahora, si se les dice: «He aquí lo que podéis hacer para que estas poblaciones tengan con qué alimentarse», ¿cuántos aceptarán abandonar su tranquilidad y sus costumbres? ¿Cuántos se decidirán a destinar el dinero que reservan para sus comodidades y para sus placeres, incluso aunque sólo sea una parte, para aliviar a estos desgraciados? Pues bien, esto es lo que se produce también cuando se trata de cambiar de vida: el pensamiento y el sentimiento pueden estar de acuerdo, pero de ahí a que la voluntad consiga vencer los malos hábitos, la pereza y el egoísmo, varía mucho. Cuando me oyen hablar o leen mis libros, sé que algunos piensan: « ¡Oh, pobre! ¿Cómo puede creer que sea fácil llevar a los humanos hacia el camino de la sabiduría, de la justicia y del amor?... » No, no creo que sea fácil, no soy tan ingenuo, hablo para iluminar a aquellos que han venido a escucharme, porque todo cambio interior comienza con la comprensión, pero sé muy bien que el resto no depende de mí: no puedo hacer que amen la verdad aquellos que prefieren las ilusiones. E incluso para aquél que descubre la verdad, que ama la verdad, se puede decir que es aquí cuando comienzan realmente las dificultades. Estas dificultades, las he descubierto primero en mí. Comprendí que se puede recibir la luz, amar la luz, pero cuando se trata de lograr que la materia psíquica se someta a esta luz con el fin de ser impregnada por ella, ¡Dios mío, cuánto tiempo, qué difícil es! Por un instante, es dócil y maleable, pero de repente se resiste, se rebela y toma ventaja. Entonces, se debe volver a empezar. Pero no hay que desanimarse, porque poco a

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poco, esta materia termina cediendo. Puesto que la comprensión está ahí y el amor está ahí, un día se producirá la realización. En cualquier caso, lo que es seguro es que sin comprensión ni amor, es inútil esperar la menor realización. Comprender donde está el bien y desear este bien quizás no sea fácil, pero siempre es menos difícil que la tercera etapa: la aplicación. Cada cual puede fácilmente admitir que es preferible permanecer sobrio, ser fiel a su marido o a su mujer, dominar los impulsos de cólera, obrar honradamente y desear sinceramente conseguido, pero he aquí que cuando llega la tentación, ¿cómo evitar sucumbir ante ella? Para resistir es preciso que la cuestión esté clara en los tres planos, el intelecto, el corazón y la voluntad, y lo más difícil es adiestrar a la voluntad para cambiar sus costumbres. Una mala costumbre es como un cliché que se graba en nuestros cuerpos sutiles. Una vez grabado, se reproduce infinidad de veces. Incluso aunque nos arrepintamos enseguida de nuestra falta, esto no sirve de nada, la repetimos... y después de nuevo nos arrepentimos... Es como una cadena sin fin de faltas y remordimientos. Luchar, llorar, arrepentirnos, la mayoría de las veces es ineficaz, porque el remordimiento también ha grabado su cliché, y entonces aparece cada vez después de la falta, pero no ayuda a corregida. Es como si falta y remordimiento fueran dos entidades entre las que no existe ningún contacto. Se suceden una a la otra, nada más. Diréis: « ¡Pero es porque el hombre es débil!» Sí, es débil; y es débil porque es ignorante. El día que tenga luz, logrará triunfar sobre sus malos hábitos. ¿Y qué debemos hacer entonces? Sustituir el cliché, es decir sustituir las malas costumbres esforzándonos, poco a poco y conscientemente, en tener otros pensamientos, otros sentimientos,

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y sobre todo en hacer otros gestos. Estos serán unas nuevas grabaciones, nuevos cliché s que conseguirán neutralizar a los otros. No los borrarán, porque en la naturaleza nada se borra, pero se sobrepondrán a ellos y serán los que actúen. Un día un hombre me confió que se sentía irresistiblemente atraído por todas las jóvenes; se daba cuenta de lo peligroso que esto era, pero no sabía cómo podía luchar contra esta tendencia y me pidió consejo. Y esto es lo que le dije: «Trate de buscar una joven que le deje más bien indiferente, ahí usted podrá dominarse más fácilmente, y podrá conscientemente acostumbrarse a mantener la distancia. Después, encontrará a otra, y luego a otra, y continuará obrando correctamente. Así, poco a poco, grabará en usted una nueva actitud, y ésta es la que dominará, y cuando se encuentre ante una de esas jóvenes que antes le hacían perder la cabeza, mantendrá una conducta irreprochable. Pero permanezca vigilante, continúe ejercitándose con aquellas que no le tienten.» En cambio, ¿qué se hace generalmente? Exactamente lo contrario: nos lanzamos hacia las personas y las cosas que nos son agradables, y nos alejamos de las otras. Para vencer una tentación, una debilidad, debéis intentar sustituir el objeto peligroso por otro que sea inofensivo para vosotros; los nuevos clichés que de esta manera grabéis os protegerán. Pero incluso si no estáis expuestos a tentaciones que os perderían si sucumbierais a ellas, siempre debéis pensar en crear nuevos clichés, mejores, para progresar. Y ¿sabéis qué es el diablo? - ¡digamos el diablo! - ¿quien a menudo impulsa a los seres al arrepentimiento para que continúen progresando por el camino erróneo con fuerzas renovadas, con un ardor renovado? Pues no, seguramente no lo sabéis. Lamentándoos, llorando, estáis reforzando el deseo por otro lado; es como si de estas lágrimas y estas lamentaciones, los deseos

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extrajeran fuerzas para desencadenarse de nuevo. En efecto, así es la naturaleza humana, y aquél que no conoce sus rodeos y sus trampas, continúa cometiendo errores. ¡Cuántas personas creen que obran de acuerdo con el bien que comprenden y que aman! En realidad, están haciendo exactamente lo contrario, pero es imposible que lo admitan. ¿Por qué? Porque imaginan que basta con aceptar mentalmente un ideal y desear realizarlo para conseguirlo. Pues bien, no, desgraciadamente no, incluso es ahí donde empieza la parte más difícil. He aquí porque una de las primeras cualidades del discípulo es la lucidez. Es preferible portarse bien, pero portarse mal no es aún lo más grave. Lo más grave es no ser consciente de ello. Aquél que es incapaz de ver que ha obrado mal termina siendo sometido a contradicciones insalvables. Sufre fracasos, es rechazado por los demás y no comprende por qué: creía ser irreprochable, estaba convencido de que los demás le aprobarían, incluso le admirarían. Está trastornado por lo que le sucede, imagina que el mundo entero se ha unido contra él, lo que influencia muy negativamente en sus pensamientos y sus sentimientos: se rebela, y durante esta rebelión, pierde su luz y pierde su amor. Todo ello porque se niega a admitir que no ha logrado hacer el trabajo en el tercer plano: la realización. Es casi inútil comprometerse con la vida espiritual mientras no se haya comprendido hasta qué punto es tenaz la naturaleza inferior del hombre, y en qué medida el trabajo que se debe realizar con ella requiere vigilancia, humildad y abnegación) Muchas personas creen que como han encontrado una enseñanza espiritual, se transformarán rápidamente. Pues no, ¡el dominio de la vida psíquica es mucho más difícil de lo que imaginan! Existe

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no obstante en cada ser humano esta capacidad de renovación, de regeneración, de divinización, pero éste es un proceso muy lento, y lo que cada uno puede realizar en esta existencia depende del trabajo ya iniciado en anteriores encarnaciones. Para aquél que no es consciente de las dificultades que inevitablemente surgen en la vida espiritual, es imposible progresar; y todavía es más imposible ayudar a los demás: ante los escasos resultados se desanimará muy rápidamente. Un instructor, un guía espiritual explica, repite, tiene la impresión de ser comprendido; pero he aquí que aquellos que dicen seguirle hacen justamente lo contrario de lo que parecían haber comprendido. Con el tiempo, ¿cómo no cansarse, desanimarse, e incluso irritarse? La cualidad de un instructor debe ser la estabilidad, la paciencia, la indulgencia. Esta estabilidad, esta paciencia y esta indulgencia tan indispensables, tienen su ejemplo en el sol. Por lo tanto, como el sol, un guía espiritual debe dar su luz, y después aquellos a quien ha iluminado hacen lo que pueden... Cada día miro el sol y veo que no se indigna, que no oscurece, que no se desanima con el pretexto de que los humanos no saben apreciar y utilizar su luz. Entonces, me digo que yo tampoco debo indignarme, ni desanimarme, ni oscurecerme. No necesito que me expliquen lo difícil que es ayudar a los humanos a mejorar. Incluso aunque digan ser sus discípulos, a menudo creen que saben más que su Maestro, lo que es bueno para ellos. Quieren vivir sus experiencias y lo hacen. Algún tiempo más tarde, cuando han sido bien maltratados y decepcionados por la vida, finalmente comprenden. Entonces, quieren hacer partícipes a los demás de este saber recién adquirido, pero ¿por qué los demás tendrían que escucharles?

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Ellos también quieren vivir sus experiencias. Y he aquí porqué la sabiduría que unos han alcanzado a costa de tantos esfuerzos, es raramente aprovechada por los demás. Es preciso que los humanos hayan sido bien triturados y mordisqueados por la vida para admitir que los sabios tienen razón. Así pues, ellos también se han vuelto, a su vez, sabios. Pero no son muchos los que intentarán beneficiarse de su sabiduría. Por esto cada nueva generación repite los errores de la anterior. Esto es cierto para los individuos, y también es verdad para las colectividades. ¿Quién desea en realidad aprender las lecciones de la historia? Se os proporciona una luz, ella ilumina vuestro camino. Decidíos a caminar. Jesús decía: «La luz estará todavía entre vosotros por poco tiempo. Caminad mientras tengáis luz, para que las tinieblas no os sorprendan.» Esta luz de la que habla Jesús no es evidentemente la del día por oposición a la oscuridad de la noche; representa las buenas condiciones internas y externas que nos son dadas para progresar. ¡Cuántas personas, cuando se encuentran en dificultades y sometidas a pruebas, de repente toman conciencia de su ignorancia, de su debilidad y se dicen: «¡ Si hubiera sabido!... » Hubieran podido saber, porque en cierto momento les fueron dadas todas las condiciones para aprender, ejercitarse, reforzarse; pero desperdiciaron estas buenas condiciones: la vida espiritual requiere esfuerzos, y otras actividades, otras preocupaciones les parecieron en aquél momento más importantes. «Y ahora, ¿es demasiado tarde?» os preguntáis. No, nunca es demasiado tarde, el camino de la vida es largo, infinito y otras condiciones os serán proporcionadas en esta existencia o en otra. Procurad entonces no

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perderlas para que no tengáis que deciros una vez más: ¡si lo hubiera sabido!...

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Las 14 conferencias QUE FALTAN se pueden solicitar al Centre OMRAAM – Y se reciben en PDF. Los envíos son siempre gratuitos. Solo debéis identificaros dando Nombre completo, país y conocimientos del Maestro. Datos necesarios para nuestro departamento de estadística. Gracias por vuestra comprensión.

REFERENCIAS BÍBLICAS «Amasad tesoros en el cielo» - Mateo 6: 19 «Aquel que beba del agua que yo le dé» - .Juan 4: 13-19 Arcángel (El) Mikhaël lucha contra el dragón - Apoc. 12: 7-10 Bestia (La) que asciende del mar - Apoc. 13: 1- 10 Bestia (La) que asciende de la tierra - Apoc. 13: 11-18 «Cuando des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace tu mano derecha» - Maleo 6: 3 Dios le da instrucciones a Josué para que invada la ciudad de Jericó - El libro de Josué 6: 1-7 Dios ordena a Noé que construya una arca Génesis 6: 13-22 Dios pide a Abraham que abandone su patria Génesis 12: 1 Dios pide a Moisés que saque a su pueblo de Egipto - Exodo 3:7-10 Dragón (El) lanza agua contra la Mujer - Apoc.12: 13-17 «Eterno (El) habló al pez» - .Jonás 2: 11 Jesús y la Samaritana - Juan 4: 1-30 Jonás: su historia – Jonás 1 y 2 «Luz (La) estará todavía entre vosotros por poco tiempo» - Juan 12: 35 «Maestro, te seguiré a todas partes adónde vayas» - Lucas 9: «Mi Padre trabaja y yo también trabajo» - Juan 5: 17

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«No os preocupéis por el día de mañana» - Mateo 6: 34 «No toméis nada para el camino» - Lucas 9: 3 «Observad a los pájaros del cielo» - Mateo 6: 26 «Oh Eterno, yo soy tu servidor» - Salmo 116: 16 Parábola de las cinco vírgenes prudentes y de las cinco vírgenes necias - Mateo 25:13 Parábolas de los sirvientes - Mateo 18: 23-35 Lucas 12: 37-39 Parábola del hijo pródigo - Lucas 15: 11-31 «Que no se ponga el sol sobre vuestra cólera» Pablo, Efesios 4: 26 Salomón hizo construir el templo de Jerusalén. 1 Reyes 6: 1-38 «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» - Mateo 5: 48 Siete (Los) espíritus que se alzan ante el trono de Dios – Apoc. 1: 4 «Si presentando tu ofrenda junto al altar» - Mateo 5: 23-27 «Vanidad de vanidades, todo es vanidad» Eclesiastés 1:2 «Y recuerda a tu Creador en los días de tu juventud» - Eclesiastés 12: 1

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