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Alianza Musica 1 Fondo Musical Adolfo ido patrocinada por ¢ naje al historiador Pricto en memoria y home’ ajo y fallecié en la capital mexicana. La coleccién ALIANZA MUSICA ha si México por D, Carlos Salazar, creado en ol que vivid, trabi y critico musical espaii Claude Debussy El Sefior Corchea y otros escritos Versién espafiola de: Angel Medina Alvarez Titulo original: y Monsieur Croche ef autres écrits - Edition complete de l’oeuvre critique de Debussy, introduction et notes de Francois Lesure HL60 D3A © Editions Gallimard, 1971 i Editorial, §. A., Madrid, 1987 Calle Milén, 38; 28043 Madrid; teléf. 200 00 45 T.$.B.N.:84+206-8532"1 © Ed. cast.: Alianza Depésito legal: M .27836°1987 Compuesto en Ferndndez Ciudad, 5. L. Impreso en Régar, 3. Printed in Spain ja, Fuenlabrada (Madrid) ‘Ln orientacién rausical (Miisica, octubre de 1902) Indice ere BY §REF-8 MRO IC CIO nc ce cats cay sue Masice ee; Pan cee ate Tope et ad Bae ae eat vas fe vee INGTA DEL eprroR: ie ad ated. Se Ae GE) Seem). aIh le ake he ARTICULOS Pil Fausto de Schumann—Obertura para El Rey Lear, de A. Savard—El tercer iad = Sigfrido—Una sinfonia de Witkowski (La Revue blanche, 1 de abril le 1901) .:. .. Bl cuarto de los nifios de Massorgsky—Una sonata para piano de Paul gee meio sinfénicos de Vaudeville (La Revue blanche, 15 de abril Viernes Santo—La Novena Sinfonia (La Revue’ blanche, 1 de mayo de 1901). Operas (La Revue blanche, 15 de mayo de 1901) ... Chocieos Nikitch—-La misica al aire libre (La. Revue blanche, 1 de junio Be TOE) el eles Sen hae eae, Wh UN eh ne nate nessa en La conversacién con el Sr, Corchea (La Revue blanche, 1 de julio de 1901) ... Acerca de algunas supersticiones y de una dpera (La Revue blanche, 15 de no- Rleribiie cle: LIOLY: is acy ae Coaetietes Son “are ntsvs aed SOURS otal Bed natant ee a = De Eva a Grisélides (La Revue blanche, 1 de diciembre de 1901) ... ... .-- Por qué he escrito Pelléas (abril de 1902)... ... -2- ae cee st etnes eteea La Dag alemana sobre la miisica francesa (Mercure de France, encro je 1903)... El Extranjero de Vincent d’Indy (Gil Blas, 12 de enero de 1903) ... ... 4.5. Considetaciones sobre la misica al aire libre.—Los conciertos—El principe L. F. de Baviera (Gil Blas, 19 de enero de $903) |...) sacle 1 pies Ein la Opera Cémica, Titania (Gil Blas, 21 de enero de 1903)... 2c we es Opera Cémica: Titania —Los conciertos (Gil Blas, 26 de enero de 1903) .:. .:. Fin la Schola Cantorum, Castor y Pélux (Gil Blas, 2 de febrero de 1903) ... El St. F. Weingartner—Reposicién de La Traviata en la Opera Cémica (Gil Blas, 16 de febrero de 1903) ... 1. 2+ ee. eee cee cur see tts ten crepes ot Carta abierta al caballero C. W. Gluck.—En la Sociedad nacional,—Conciertos Lamoureux (Gil Blas, 23 de febrero de 1903) ... --. ce eee tt Para el pueblo—El Sr. Siegfried Wagner en los Conciertos Lamoureux (Gil Blas, 2 de-marzo de 1903) ..ccte ere 25 eer ne es een et ws Acerca de la épera y de sus relaciones con la miisica—En la Sociedad nacional (Gil Blas, 9 de marzo de 1903) 2. 20 sse see see eee ree eet ee eee st tet 7 il ai 101 & La ao artistica del publico contempordneo (La Plume, 15 de marzo Ey oc aes ete eee the eee ae saeh ase Aya e e Conciertos Colonne: Sres. Saint-Saéns y Alfred Bachelet—Conciertos Lamoureux (Gil Blas, 16 de marzo de 1903) ... + se. ss oes en we nat ot days Teatro nacional de la Opera Cémica, Muguette (Gil Blas, 19 de marzo de 1903). A agers de Mugueite—Conciertos Lamoureux (Gil Blas, 23 de marzo El Mozart de Saint-Maur—En la Sociedad nacional—Richard Strauss.—Con- ciertos Colonne (Gil Blas, 30 de marzo de EMIT cc. aap poe eee Ua ea ieee Richard Wagner: Parsifal —El centenario de la Academia de Francia en Roma.— Los conciertos (Gil Blas, 6 de abril de 1903) ... --- geste eee egress oes — espirituales.—Las Beatitudes de César Franck (Gil Blas, 13 de abril Re TOE) eek ered ae ae ce ee aT en erro Es Edvard Hagerup Grieg (Gil Blas, 20 de abril de 1903)... 2. eee cee eee ert Un renacimiento de la opera bufa.—Reposicién de Werther en la Opera Co- mica (Gil Blas, 27 de abril de LOW cies Cerner ian need) ancl atiiege Cartas de Londres (Gil Blas, 5 de mayo de 1903) 2... ee cee cee ot tet Berlioz y el Sr. Gunsbourg (Gil Blas, 8 de mayo de TOO) ee ete eel ee es Enrique VIII de Saint-Saéns (Gil Blas, 19 de mayo de 1903) cee ee eee sie Consideraciones sobre el Premio de Roma desde el punto de vista musical (Miisica, mayo de 1903)... se: een ee ce ae ce ecia as Opiniones sobre la Tetralogia en Londres (Gil Blas, 1 de junio de 1903) ... La Petite Maison de W. Chaumet (Gil Blas, 6 de junio de 1903). cxseeaie-siee Impresiones de un Premio de Roma (Gil Blas, 10 de junio de 19OS) sia Balance musical de 1903 (Gil Blas, 28 de junio de F903¥ oe a a A propésito de Charles Gounod (Musica, julio de 1906) ... -1 --. 2 ror Mary Garden (Musica, enero Be ABOB) cassie hes -ets-ehmertivte coz eee Tate alla A propésito de Hipdlito y Aricia (Le Figaro, 8 de mayo de 1908) ... ..- bs 2Qué hay que ponerle a la misica? (Musica, marzo de 1911)... ee s-- Massenet nos ha dejado,.. (Le Matin, 14 de agosto de 1912) --- ee Jean-Philippe Rameau (noviembre de 1912) ... 2. spree ct Conciertos Colonne (S.LM., noviembre de 1912), icc s+ sweeter: tee opine te Acerca del respeto en el arte (S.LM., diciembre de WILD ictoerieed sess oe t Fin de afio (S.1.M., 15 de enero de I9LAVi mie le Seg al Gee bbe wre Acetca del gusto (S.I.M., 15 de febrero ae TOES cel ck ie ae igs Tne TE Acerca del Precursor (S.1-M., 15 de marzo. de-1913) v.03. tegen eer teen Los conciertos (S.I.M., 15 de mayo de l9 Seat reese merle 2B Juegos (Le Matin, 15 de-mayo de 1913). ei. encnce cots oO eas Con motivo del centenario de Wagner (Les Annales Politiques et Littéraires, BS de mayo de L913) ncccce nap: oar ott ee Ry cae oe: GEE Conciertos Colonne—Sociedad de nuevos conciertos (S.I.M., 1 de noviembre Se POTS vin cectiage on wes, vs eet ee ees aes a tae ae Conciertos Colonne.—Sociedad de nuevos conciertos (S.IM., 1 de diciembre Conciertos Colonne ($.1.M., 1 de. enetoude 1914) ncessiers . Durante la primera parte de su actividad, Debussy conservé la ilusién de escribir algtin dia estudios mas amplios que simples criticas. Conversan- do una tarde con su joven amigo René Peter, :no sofiaba acaso con fundar una revista literaria con colaboradores tan poco esotéricos como Jean Lorrain y Liane de Pougy? Parece que otros proyectos se siguieron con mas setiedad. El 10 de septiembre de 1893, en una época en la que era prac- ticamente desconocido del ptiblico, una revista L’Idée libre, anuncid la préxima apaticién de un articulo de Claude Debussy titulado «De la inuti- ° He publicado la correspondencia Debussy-Laloy, de donde se han sacado frag- mentos para la Revue de musicologie, 1962, pags.. 3-40. ” Lettres a deux amis, 1942, pég. 134. 16 Claude Debussy lidad del wagnerismo». El] mismo anuncio se repitid en los cinco nimeros siguientes, hasta febrero de 1894, Aunque se trataba de una publicacidn que sélo tenfa una débil audiencia, no pasé desapercibida en ciertos medios musicales. Paul Dukas escribié en estos términos a Vincent d’Indy, el 1 de octubre de 1893: «No tengo idea de lo que pueda ser eso. Pero cuando aparezca me lo procuraré. Bien pudiera ser algo serio ya que se dice con tazén que la verdad sale de boca de los nifios. El titulo es bonito, gverdad? y se intuye a su autor una lengua.» El estudio no aparecid y no se ha encontrado rastro del mismo. Es posible que Debussy no escribiera jamds una sola linea de él. Un poco mds tarde, un comentario que hace Pierre Louys a Debussy en una carta del 23 de enero de 1904, revela las intenciones del miisico de escribir una obra de cierta amplitud exponiendo sus ideas artisticas. Tras aconsejarle que no conteste al panfleto de Jean Lorrain, Los Pelléastres, Louys afade: «Responde a una critica musical si est4 firmada por Reyer 0 por D’Indy. Pero no discutas con un periodista. Un artista nunca lo hace. Incluso si tuviéses atin tu columna en el Gil Blas no te diria que la em- pleases con este fin. Tu libro serd tu mejor respuesta, Difundird tus ideas donde merece la pena que se conozcan y se impondrdn de tal manera que ya no podrdn atribuirte intenciones que no han sido jamds las tuyas sin caer en el absurdo» ™. Al menos en eso, por mucho que lo lamentemos, Debussy tuvo la sensatez de reservar a la composicién el tiempo precioso que le habria sido necesario consagrar a esta obra. Los primeros proyectos de publicar una seleccién de articulos parecen remontarse al afio 1906. El 25 de diciembre, Debussy escribe a Laloy: «Pienso, para el futuro, en una serie de notas, de opiniones, etc., que me ha dejado el pobre monsieur Croche que decidiéd morirse. Este hombre, delicado entre todos, pensd que no podia continuar con decencia unas “conversaciones’ en las que la Nada dialogaba con el vago Nada de Nada. Me ha dejado en libertad de obrar, ya sea para publicar estos escritos o bien pata quemarlos. Juntos veremos lo que conviene hacer.» Otro amigo, Ro- bert Gaudet, sin conocer los proyectos en curso, tuvo la misma idea. El 30 de abril de 1909, Debussy le responde: «Es usted muy amable al que- rer reeditar mis antiguos articulos pero ya hace tiempo que Laloy se ocupa de ello; hubiera debido advertirmelo.» Las cosas se prolongan hasta finales de 1913, cuando se deposité el manuscrito en casa del editor Dorbon quien, a comienzos de 1914, recla- maba a Debussy la orden de tirada. Sin prisa, segtin parece, por verlo apare- ll Correspondance de C. Debussy et P. Lowys, 1945, pag. 177. No parece que se pueda deducir de este pasaje un primer proyecto de El sefior Corchea tal como sugiere el editor. f rl Senor Carches y otros escritds 17 cer, el mtisico atin solicita a Laloy una entrevista de‘una hora para ayudarle a dar los tltimos retoques. G. Jean-Aubry ha afirmado, por su parte, que «muy poco tiempo antes de su muerte» Debussy le facilité estas pruebas ” y algunas paginas que Ilevan correcciones autdégrafas se consetvaton por él. La continuacién ya la conocemos. La guerra comenzé cuando se impri- mia el libro en Bélgica. Monsieur Croche no apareciéd hasta 1921 en la coleccién de Biblidfilos de fantasia (en una tirada limitada a 500 ejem- plares). a ie La casi totalidad de la compilacidn procedia de a Revue Blanche y del Gi Blas. Algunos articulos son un agregado de dus o tres fragmentos (por ejemplo, sobre Massenet, la Musica al aire libre, el Premio de Roma). Pocas modificaciones 0 cortecciones se habian hecho en los originales, aun- que las que se pueden sefialar sean significativas. Debussy no habia escati- mado elogios a Camille Chevillard, que habia creado los Nocturnos y El Mar: Pero cada vez mds descontento por la incomprensién que mostraba hacia su miisica, tacha, por ejemplo, un pasaje donde el director figuraba «entre los mas grandes». La estima que en pocas palabras parece demostrar por Thamara, la épera de Bougault-Ducoudray, desapareciéd en la correc- cién. En cuanto a Till Eulenspiegel, por el contrario, suprimié unas criticas sobre la orquesta de Richard Strauss. En otra ocasién se elimina un pasaje particularmente tajante sobre las dperas veristas o bien se sustituye el nombre de un personaje no muy destacado por el impersonal «uno». No obstante, estos arrepentimientos son poco numerosos en Monsieur Croche. Son bien conocidas las diatribas wagnetianas, las declaraciones blasfe- mas sobre el Premio de Roma, los prejuicios contra Gluck y en favor de Rameau. Pero, en diversas crénicas que se afiaden aqui a las que hizo céle- bres Monsieur Croche, Debussy se enfrenta con muchos otros temas de ac- tualidad: la administracién de los teatros liricos nacionales, los nifios pro- digios (el Mozart de Saint-Maur), polémicas musicales (el caso Fanelli) y semimusicoldgicas (el caso Rust). Se aprecian también algunas alusiones a la musica que acompafia la cinematografia naciente. No es partidario de la cultura de masas sobre la que tuvo que dar su opiniédn, que fue: «Una difusién del arte demasiado generalizada sdlo conduce a una mayor medio- cridad.» (15 de marzo de 1903.) f } Su opiniédn sobre la musica contempordnea, sobre todo si se trata de Saint-Saéns o de Alfred Bruneau, no tiene término medio. A veces, como con Ropattz y Bordes, dirige el elogio hacia las cualidades humanas 0 pro- fesionales del compositor de maneta tan evidente, que ningtin lector sagaz '2 Revue musicale, 1 de diciembre de 1920, pag. 191. 13 Fueron presentadas, en 1962, en la exposicién Debussy de la Biblioteca Nacional (ntim. 315 del catalogo). 18 Claude Debussy podria engafiarse acerca de su verdadera opinién. Y en el caso particular de Vincent d’Indy, sobre el que tanto se ha escrito, usa delicadezas que son apenas menos visibles, hablando de probidad, respeto, o de «expresién cristianamente caritativa». Por doquier su espiritu constantemente cdustico, irénico, ni siquiera perdona las necrologias (véase la de R. Planquette). Mas que en el sefior Teste o en Jules Laforgue, la manera propia del De- bussy critico hace pensar en la de Willy (H. Gauthier-Villars). Ese tono ligero para tratar cosas serias, ese ingenio burlén que le hace compatar a Schubert con Paul Delmet, 0 asociar el arte de Fauré con la hombrera caida de la sefiora Hasselmans, compensan ampliamente un indiscutible ‘abandono estilistico, Al terminar la lectura, el conjunto de estos escritos se nos aparece de una coherencia y de un vigor extremos, salvo en un punto: el espiritu na- cionalista, que pone de manifiesto cuando se refiere a la tradicién musical de su pafs. Al juzgar las obras de sus compatriotas jévenes a quienes suplica con ardor que tengan en cuenta la leccidn de Rameau apenas encuentra modelos que proponer: Couperin, Namouna, un poco de Massenet y de Offenbach, constituyen una tradicién nacional harto mezquina. Su naciona- lismo se manifiesta mas bien como una posicién de principios y cuando, en 1915, esctibe «Por fin, solos...», nos preguntamos si no es él quien queda solo, consigo mismo. El texto de este tiltimo articulo contiene, ademas, una frase que reclama una atencién especial, ya que aparece después de la enumeracidn de todas las contaminaciones sufridas, segin él, por la tradicién francesa: «jHemos sufrido la sobrecarga de la orquesta, la tortura de las formas, el lujo basto y el color chillén... y estébamos en visperas de firmar naturalizaciones mucho mds equivocas todavia cuando los cafiones pidieron bruscamente la palabra!» No cabe duda de que esta dltima alusién apunta a la mtisica de Schénberg, que sabemos conocia y hacia la cual reproché a Stravinsky. Se han agrupado aparte, al final de este volumen, las conversaciones y entrevistas que han podido recuperarse. Es necesario distinguir las respues- tas por escrito a diversas encuestas que se han insertado en su lugar crono- Iégico con los demds articulos de las entrevistas redactadas por los perio- distas a partir de algunas notas. Pocos de estos habian llamado a su puerta antes de que las representaciones de Pelléas llamasen la atencién sobre él. No menos de una veintena de estas entrevistas se han localizado entre 1902 y 1914. En su mayorfa son posteriores a 1910, fecha de la publicacidn del panfleto El caso Debussy por Caillard y De Bérys que irrité al mitisico y le hizo sentir la necesidad de permanecer en contacto con el publico. Las expresiones que se le atribuian se alejaban a menudo del inimitable tono propio del miisico. Por eso nadie se extrafiarfa de que, en ciertos casos, — Ilegara a negar haberlas escrito parcialmente. Una de las frases presentada El Sefior Corchea y otros escritos 19° con gran frecuencia como tipica de su estética «La miisica debe tratar humildemente de agradar», figura precisamente en una entrevista publicada por P. Landormy y de la que Debussy se queja a Laloy: «Es extraordinario lo mal que oye ese supuesto miusico.» Mas tarde, a propdsito de una con- versacién sobre la escuela verista italiana, envia a Comoedia una carta en la que pone las cosas en su sitio. No obstante, me ha parecido que algunos juicios expresados en textos, incluso estando ligeramente deformados, com- pletaban con utilidad las opiniones recogidas en los articulos. El hecho de haber abierto la puerta a los periodistas mds de quince veces implicaba, después de todo, una especie de previa aceptacién por parte de Debussy. Dos entrevistas muy cortas no se han incluido aqui: una a propésito de una condecoracién «Pour le mérite» que el emperador Guillermo II habria rehusado otorgar a Debussy al mismo tiempo que a Rodin (Paris- Journal, 2 de febrero de 1911): «Diga claramente que yo no espero nada de Alemania ni siquiera de todo lo que es oficial en mi pafs. Trabajo como un negro. JNo es suficiente para mi conciencia?» La otra entrevista se insertaba en el marco de una encuesta realizada por Henry Malherbe sobre «La miisica rusa y los compositores franceses» (Excelsior, 9 de marzo de 1911): «La miisica rusa, se le hace decir, me interesa sobremanera... El afio pasado, un joven compuso, como debutante, un ballet, El pdjaro de fuego, que se representéd en Paris. Pues bien, esta primera obra es algo exquisitamente original» ™, Todos estos escritos de Debussy necesitan aclaraciones en muchos pasa- jes: acontecimientos y personajes olvidados o difuminados. Nos hemos limi- tado a un minimo y hemos evitado la acumulacién de notas criticas. El ob- jetivo del mnisico no era tanto informar a sus lectores como orientarles al margen de convencionalismos de obligarles a desechar sus juicios rutinarios. En cambio, se han indicado siempre las concordancias con la recopilacién anterior de Monsieur Croche. Acaso algunos afioren la obra que habia Ile- gado a serles familiar. Su unidad estaba construida en realidad sobre un petsonaje a cuyo ropaje nunca se acostumbré Debussy totalmente y cabe esperar que las ideas del mtisico aparezcan aqui mds completas y veridicas en su imagen cotidiana. Francors Lesure 4 Tampoco se incluyeron algunas lineas de respuesta a una encueste de la revis- ta SIM (1 de marzo de 1914) sobre «la mtisica de baile en la iglesia». En contrapar- tida, no pude localizar una entrevista concedida a un periddico vienés en el transcurso de su estancia en Austria ni descubrir un ejemplar del Livre d’or de la maison Aeolian (1909), en el que est4 editada una «opinién de Claude Debussy». En fin, no hemos incluido aqui «una entrevista al sefior Claude Debussy» publicada por P.-J. Toulet en la revista Les Marges, en octubre de 1912 (que fue reeditada en sus Notes de littératu- re y que nos indicéd amablemente el sefior Dietschy), satirizando ingeniosamente a los periodistas curiosos. Debussy anuncia en ella su partida para Lusacia, uu pais donde se talaron todos los abetos, donde ya no queda pasta para papel ...jni periodistas! Nota del editor Para conrodidad del lector hemos colocado el titulo de las obras mas importantes inalizadas por Debussy en la cabecera de algunos articulos en las que no constaba. Remitirse al indice para una informacién mas exbaustiva, La grafia de diversos nombres propios ha sido rectificada y unificada. 21 El «Fausto» de Schumann.—Obertura para «El Rey Lear» . de A. Savard.—E] tercer acto de «Sigfrido».— Una sinfonia de Witkowski Como me han llamado para hablar de muisica en esta revista, me per- mito explicar en pocas palabras cémo tengo intencién de hacerlo. Mucho més que criticas, se encontrardn en esta seccién impresiones sinceras y- lealmente sentidas; la critica se asemeja con demasiada frecuencia a brillan- tes variaciones del tipo de: «Usted se ha equivocado porque no hace como yo», o bien: «Tiene usted talento, yo ninguno, esto no puede continuar asi...» Intentaré ver, a través de las obras, las multiples motivaciones que las han hecho nacer y la vida interior que encierran; gno es esto mucho més interesante que el-juego que consiste en desarmarlas como curiosos relojes? Los hombres casi no se acuerdan que se les prohibid, siendo nifios, abrir el vientre de los mufiecos... (lo cual ya es un crimen de leso misterio): contintian queriendo meter su estética nariz donde nadie les llama. Aunque ya no revientan mufiecos, explican, despiezan y, friamente, matan el mis- terio: resulta mds cémodo y ademas permite charlar. ;Dios mio!, una incomprensién notoria excusa a unos; otros, mds feroces, actian con premeditacién: es muy necesatio defender su querida mediocridad... Estos Ultimos tienen una fiel clientela. Hablaré muy poco de las obras consagradas, bien por el éxito, bien por la tradicién; de una vez por todas, Meyerbeer, Thalberg, Reyer..., son hombres de talento, lo cual no tiene por otra parte mayor importancia. Los domingos, en que Dios es amable, no escucharé ninguna miisica; presento de antemano todas mis disculpas... Que se acepte, en fin, atenerse al término «Impresiones», en el que confio porque me deja la libertad de preservar mi emocidn de toda estética pardsita. 25 26 Claude Debussy Conciertos Colonne: el «Fausto» de Schumann. Podriamos confrontar este Fausto con algunos otros Faustos: Megarian a decirse cosas lamentables que no servirian a nadie, ni siquiera a Goethe. A propésito de Schumann, ¢ha comprendido alguien cémo pudo consentir que aquel notario, elegante y habil que era Mendelssohn, influyera en su puro genio? Particularmente en Fausto, se tropieza a menudo con Men- delssohn; prefiero a Mendelssohn sélo, porque uno sabe a qué atenerse. Conciertos Lamoreux: Obertura para «El Rey Lear» de A. Savard’, primera audicion; el acto tercera de «Sigftido». La obertura para E] Rey Lear de A. Savard tiene, para mi gusto, un acento excesivamente wagneriano: los platillos estornudan en las narices de las flautas, impertinencia completamente wagneriana; el tema del Rey Lear tiene ese encanto majestuoso que sdlo se encuentra en el Goetterburg. Por otra parte, da testimonio de una bella musicalidad, sobre todo en la parte donde se dibuja la dulce figura de Cordelia; se dirfa que el final es voluntariamente brusco, ¢Hay acaso miisica detr4s de esta obertura? Seria verdaderamente deseable. Las ejecuciones fragmentarias de la Tetralogta, oftecidas por el sefi C. Chevillard, se han valorado de forma ea prose itt en ainnied de un gusto pulido y de un tacto perfecto. La gente que adopta aires de entendido para hablar de la Tetralogia, no resistiria quizd una audicién integral de ese Bottin * musical. Por otra parte, el sefior C. Chevillard tiene un don orquestal casi tinico que anima exttaordinariamente la chatarra, re- cubierta de pieles de animal con que se revisten los personajes de Sigfrido, con lo que, supliendo con la imaginacién el decorado real, tan pobremente legendario, éstos aparecen mds humanos. Es de agradecer también que el sefior Chevillard se abstenga de la pantomima tauromaéquica habitual en ciertos directores de orquesta inter- nacionales. Esas maneras de ir a clavar banderillas en la cabeza de un corno inglés o de amedrentar con un gesto de matador a los pobres trom- bones, resultan muy desconcertantes. El sefior Chevillard se contenta con dar a sus oyentes la seguridad de que comprende la partitura: esto es muy simple y muy dificil de alcanzar. Lo olvidaba... el sefior S. de Greef tocé maravillosamente un concierto para piano de Saint-Saéns (obra consagrada). 1 Augustin Savatd (1861-1943), alumno de Massenet, Premio de Roma de 1886 ent por aquel entonces de los cotos de la Opera. ; Bottin: anuario del comercio (editado por Didot-Bottin). (N. del T.) El Sefior Corchea y otros escritos 27 Sociedad Nacional: concierto orquestal del 16 de marzo. Una sinfonia del sefor G.-M. Witkowski fue acogida con entusiasmo *. Me parece que, desde Beethoven, la demostracién de la inutilidad de la sin- fonia esté hecha, Lo mismo que.en Schumann y en Mendelssohn no es mas que una respetuosa repeticién de las mismas formas, pero ya con menos fuetza. No obstante, la «novena» es una sefia genial, un deseo magnifico de agrandar, de liberar Jas formas habituales ddndoles las dimensiones arméni- cas de un fracaso *. j La verdadeta leccién de Beethoven no consiste, pues, en conservar la antigua fotma; tampoco en obligarnos a poner los pies en las huellas de sus primetos pasos. Hay que mirar al cielo libre por las ventanas abiertas: me da la impresién de que se han cerrado poco menos que para siempre; algu- nos logros geniales en el género no salvan los ejercicios alambicados y petri- ficados a los que se llama, por costumbre, sinfonias. La joven escuela rusa intenté rejuvenecer la sinfonia tomando ideas prestadas a «temas populares»: logré cincelar joyas centelleantes, pero, gno hay aqui una desproporcién molesta entre el tema y lo que se le obligaba a dar de si?... No obstante, muy pronto la moda del tema popular se exten- dié por todo el universo musical: se removieron las provincias mas peque- fias, de Este a Oeste; se arrancaron estribillos ingenuos de viejas bocas campesinas, aténitos de encontrarse vestidos con armoniosos encajes. Te- nian aspecto de estar violentos, pero unos contrapuntos impetiosos les inti- midaron para que olvidasen su apacible origen. * Es necesario concluir que, a pesat de todas las transformaciones inten- tadas, la sinfonfa pertenece al pasado por toda su elegancia rectilinea, su otdenacién ceremoniosa, su ptblico filoséfico de empolvadas pelucas? ¢Qué se ha puesto en vez de su viejo marco de oro desvaido sino el cobre desobe- diente de las modernas instrumentaciones? La sinfonia del sefior Witkowski esté construida sobre un coral bretén. La primera parte es la presentacién habitual del tema sobre el que va a trabajar el autor; comienza después la obligada dislocacién...; la segunda parte es algo asf como el laboratorio del vacio...; la tercera parte pierde se- veridad dentro de una alegria completamente bretona, atravesada por frases 1 Georges Witkowski (1867-1943), cadete de Saint-Cyr, discipulo de d’Indy, Ya habta dado a conocer algunas de sus obras en Lyon, pero lo que le revelé ante la critica fue su primera sinfonfa op. 14. Fundaria en 1902 la Sch8la de Lyon. * Algunos han pretendido, por el contrario, que Beethoven hizo de la palabra «la cima y el broche final de su edificio sonoro» y que el final de la «novena» preparaba asf el drama Iirico. ¢No es ésta una opinién adaptable a le fétmula wagneriana, y «el broche final del edificios no es la intervencién del coro de mil voces humanas salu- dando a la misica que domina como tinica reina? ® Claude Debussy de fuerte sentimentalismo; el coral bretén se ha retirado durante este tiem- po —es mds conveniente—; pero reaparece, y la dislocacién continta, cosa que interesa visiblemente a los especialistas, que se secan la frente, y el ptiblico solicita la presencia del autor... Después de todo, es la parte mejor conseguida. El sefior Witkowski tiene en ella un lenguaje més espon- tdaneo y mds persuasivo; ademds su experiencia es innegable, sin debilidad, incluso cuando se alarga; escucha voces ciertamente «autorizadas»: ellas le impiden, me parece, oft una voz més personal, Después de esto, apenas se puede hablar mds que de los Poemas daneses para canto y orquesta de Fritz Delius: son canciones muy suaves, muy blan- cas, musica pata mecer a los convalecientes de los barrios ricos... Siempre hay una nota que se queda rezagada sobre un acorde; igual que, sobre un lago, una flor de nemifar cansada de ser mitada por la luna, o también... como un globo pequefio bloqueado entre las nubes. iQué inefable es esta musica! Fue cantada por la sefiorita Andray-Fair- fax con una voz ensofiadora y melancédlicamente distinguida. La sefiorita Andray-Fairfax imagind, mientras que la musica sonaba lastimeramente, un juego de comparaciones entre el ptiblico y la arafia del salén, ganada, todo hay que decirlo, por ésta. Este juego encantador parecia preservar a la delicadeza de las melodfas del ruido barbaro de los bravos. Es curiosa, pot otra parte, esa necesidad instintiva, que tiene su origen en la edad de piedra, de golpear nuestras manos, una contra otra, profiriendo gritos de guerra, pata manifestar nuestros mayores entusiasmos... No hay que ver ninguna intencién de critica en esta observacién, ni la pretensién de juzgar a la humanidad; simplemente, me hacia falta terminar estas «impresiones». La Revue Blanche, 1 de abril de 1901 3 «El cuarto de los nifios» de Mussorgsky '—Una sonata para piano de Paul Dukas.—Conciertos sinfénicos del Vaudeville El dltimo domingo de marzo (domingo de Ramos), los conciertos domi- nicales intercambiaban a Wagner... sin resultado; en casa del sefior Colonne, el ment eta variado; en casa del sefior Chevillard, un solo plato, ipero tetralégico! El cielo se vengd haciendo caer sobre los desventurados dilet- tanti todas sus reservas de Iluvia. El que reina en los cielos ges 0 no es wagneriano? como decia... (glo conocen, verdad?). «El Cuarto de los nifios», texto y musica de M. Mussorgsky. Este titulo se refiere a una suite de siete melodias cada una de las cuales describe. una. escena infantil, Es una obra maestra. Mussorgsky. es poco - conocido en Francia; cabe la disculpa, es cierto, de que tampoco lo es en Rusia; nacié en Karevo (Rusia central) en 1839 y murié en 1881, en una cama del hospital militar Nicolas de San Petersburgo. Se ve por estas dos fechas que no tuvo tiempo que perder para hacerse un genio; no lo perdié y dejara en el recuerdo de las gentes que lo aman, o que le amarén, sefiales imborrables. Nadie ha hablado de lo mejor de nosotros mismos con un acento mds tierno y mds profundo; es tinico y permanecerd por su arte sin recetas, sin férmulas anquilosadas. Jamds una sensibilidad tan delicada se ha traducido por medios tan simples; parece el arte de un salvaje cutioso que descubriese la miisica a cada paso de su emocién; no se trata nunca de una forma o, al menos, esta forma es tan multiple que es imposible empa- rentarla con las formas establecidas —se podria decir administrativas; esto se realiza a base de pequefios toques sucesivos, enlazados por un vinculo 1 Parcialmente en El sefior Corchea, capitulo IV. 29 30 i Claude Debussy misterioso y por un don de luminosa clarividencia; también Mussorgsky, de vez en cuando, produce sensaciones de sombra trémula e inquieta que en- vuelven y oprimen el corazén hasta la angustia. En El Cuarto de los nifos oimos la plegaria de una nifia antes de dormirse, donde se notan los gestos, la turbacién delicada de un alma infantil, ¢ incluso esos modales deliciosos con que los pequefios interrogan a los mayores, con una especie de verdad — enfebrecida en el acento que no se encuentra mds que en ellos. La Cancion de cuna de la mufieca parece haber sido adivinada palabra a palabra, gracias a una asimilacién prodigiosa, a esa facultad de imaginar paisajes de una intima hechiceria, propia de los cerebros infantiles; el final de esta cancién de cuna es tan dulcemente ensofiador que la pequefia narradora se duerme — con sus propias historias. Aparece también el nifio insoportable, a caballo — sobre un palo, que transforma el cuarto en un campo de batalla: rompiendo — un brazo por aqui, una pata por all4 a unas pobres sillas indefensas; jsc acabé la alegria!... No es grave... dos segundos sobre las rodillas de su mamd, el beso que cura y... la batalla vuelve a empezar, las sillas ya no saben, una vez mds, donde guarecerse. Todos estos pequefios dramas son refetidos, insisto, con una extrema _ sencillez; a Mussorgsky le basta un acorde que pareceria pobre al sefior... (jhe olvidado su nombre!) o una modulacién tan instintiva que seria irreco- nocible pata el sefior... (jes el mismo!). Volveremos a hablar de Mussorgs- — ky; merece nuestra devocién. La sefiora Marie Olénine ! canté sus melodias, en un reciente concierto de la Sociedad Nacional, de una maneta que habria satisfecho al propio Mussorgsky, si se me petmite afirmarlo en su nombre. — Una sonata para piano de Paul Dukas. 0 E] sefior Paul Dukas acaba de sacar a Ja luz una sonata para piano. Si bien esta novedad en nada va a perturbar la marcha del mundo, no deja de set un acontecimiento. Implica un desinterés raro en una época como la nuestra, donde la mnisica tiende cada vez mds a setvit de acompafiamiento _ a anécdotas sentimentales 0 trégicas y asume el papel, un poco sospechoso, _ de charlatdn de feria a la puerta de la batraca donde se esfuerza el siniestro «Nada». Los que aman verdaderamente la musica, se adentran pocas veces en las — barracas; tienen un simple piano y vuelven a empezar llenos de emocién 1 Maria Olénine d’Alhein descubrié a Mussorgsky al publico francés en unas conferencias-conciertos organizadas por Pierre d’Alheim. Debussy hace aqui alusién a un concierto de la Sociedad Nacional, el 20 de marzo de 1901, en el que estuvo acom- pafiada por Alfred Cortot y donde La Chambre d’enfants (traduccién del sefior Hettan- ge) se ofrecié en primera audicién. TW) Sefior Corchea y otros escritos 31 _ determinadas paginas, lo cual embriaga seguramente tanto como el «justo, _ potente y sutil opio» y constituye el arte de evocar los minutos dichosos ‘menos debilitados. El sefior Paul Dukas parece haber pensado en estos tiltimos» al escribir su sonata: la suerte de emocidn hermética que se traduce en ella y esa unién rigurosa en el encadenamiento de las ideas, reclaman imperiosamente una fntima y profunda comunién con la obra (este lado imperioso define de una forma especial casi todo el arte del sefior Paul Dukas; incluso cuando sdlo es episédico); ges el resultado de una ardiente paciencia en el ajuste de las piezas y cabe temer que no poda- mos seguirle facilmente en un concierto? Esto no disminuye su belleza ni gu ensuefio. Que el cerebro que concibiéd esta sonata uniese las ideas de construccién e imaginacién, no nos autoriza a suponerle complicado; seria deliberadamente absurdo. El sefior P. Dukas sabe lo que encierra la musica; no es solamente una cosa brillante y sonora que divierte el ofdo hasta el enervamiento: fécil concepcién donde se juntan, sin chocar demasiado, tan- tas muisicas que se creen... diferentes... Para él es un tesoro inagotable de formas, de posibles recuerdos que le permiten domar sus ideas a la medida de su mundo imaginativo. Es duefio de su emocidn y sabe evitar clamores intitiles; consecuentemente, jamds se permite esos desarrollos pardsitos que tan a menudo proporcionan bellfsimos resultados. Mirese la tercera parte de esta obra y se descubrir4, bajo una apariencia completamente pintoresca, wna fuerza impuesta por la fantasia ritmica con la silenciosa seguridad de un mecanismo de acero. Esta misma fuetza es la que mueve el fragmento final, donde el arte de distribuir la emocién aparece en toda su pujanza; se puede decir, incluso, que esta emocién es «constructiva», en cuanto que evoca una belleza parecida a las lineas perfectas de una arquitectura —lineas que se fundamentan y armonizan con los espacios coloreados del aire y del cielo, al que abrazan en una armonia total y definitiva. Creo que era necesario hablar de esta obra un poco especial; ya sabe- mos, ademés, el lugar que el sefior P. Dukas ocupa en el arte actual, pero esta Ultima obra se eleva por encima de las habituales especulaciones por su significado de altiva devocién. Para concluir: la miisica, como la sentia Mussorgsky, o como la entienden Lukas y algunos otros, es acaso la tinica razén valida que justifica el titulo inscrito en la cabecera de estas notas. Conciertos sinfénicos del Vaudeville Ha habido estas ultimas semanas gran arribada de directores de or- questa alemanes. Es menos grave que una epidemia, pero hace mucho ruido, pues cada director hay que multiplicarle por noventa... Que Wein- gartner o Richard Strauss, que el nervioso Mottl o el gran Richter hagan 32 Claude Debussy reverdecer la belleza, demasiado harto insultada, de los grandes maestros, en eso no me meto, pero no hay que exagerar y tomar Paris por una sala de ensayos. Si, por lo menos, estos sefiores aportasen alguna novedad en sus programas, resultaria interesante, después de todo; pero, nada de eso, lo que nos viene es el viejo mundo sinfénico y asistiremos a los ejercicios habituales sobre las diferentes maneras de dirigir las sinfonias de Beethoven; unos «acelerarén», otros «retardarén» y es el bueno de Beethoven quien saldra perdiendo, ‘Personas graves e informadas declarardn que tal o cual director de orquesta posee el verdadeto «tempo», lo que, por otra parte, es un excelente motivo de conversacién. ¢Dénde adquirieron tanta seguridad estas personas? ¢Recibieron confidencias del mds Alld? Amabilidades de ultratumba que me extrafiarian mucho en Beethoven. Si su pobre alma deambula por una sala de conciertos, jno tardar4 en elevarse a toda prisa hacia ese mundo donde sdlo se oye la mnisica de las esferas! Y el gran antepasado, J. S. Bach, le dir4 un poco serio: «Mi pequefio Ludwig, veo en vuestta alma, un poco crispada, que seguis frecuentando lugares poco re- comendables.» Aunque quizd no se hablen nunca... P. $—Oi demasiada miisica el Viernes Santo como para que me sea posible resumir hoy tantas impresiones diversas. El sefior Chevillard diri- gid la novena sinfonia jde memoria!, con una seguridad admirable... ;Vaya!, sefiores directores de orquesta alemanes, no han perdido ustedes de todo el viaje... : La Revue Blanche, 15 de abril de 1901 - * Viernes Santo.—La «Novena Sinfonia» ' Viernes Santo En este dia, los conciertos sinfénicos se tornan «espirituales», jamds se ha sabido el porqué, dado que se tocan espiritualmente las mismas cosas. ste afio, el sefior Colonne estuvo