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Los árboles y el bosque Cualquier aficionado a la observación del cielo nocturno sabe que,

Los árboles y el bosque

Cualquier aficionado a la observación del cielo nocturno sabe que, en condiciones óptimas -lejos de la contaminación lumínica de las ciudades, noche sin luna, cielo despejado-, se ven tantas estrellas que se hace difícil distinguir las constelaciones, en lo que constituye un claro ejemplo de que a veces es el bosque el que nos impide ver los árboles.

Una de las características definitorias de la sociedad contemporánea, al menos en occidente, es la democratización del acceso a la información que alcanza su expresión máxima con la expansión del uso de internet. Este aumento de la cantidad de información recibida por una persona a lo largo del día tiene, entre otras muchas, al menos un par de consecuencias indeseables: la dictadura del corto plazo -ya que, a mayor número de noticias, menor es el tiempo que se le dedica a cada noticia concreta- y el imperio del titular -poca gente invierte el tiempo necesario para leer una crónica o artículo completos-.

El pasado 19 de septiembre vio la luz en diferentes medios de comunicación una nueva noticia referente a la consecución de una de las quimeras de nuestra sociedad postindustrial: la vacuna contra el sida. Europa press, en una nota de prensa reproducida tal cual en numerosos diarios, titula:

“Identifican una prometedora vacuna contra el sida tras probarla en ratones”. La vanguardia dedica su editorial de dos días después al tema y lo titula: “Avances contra el sida”. ABC, por su parte, titula: “Una nueva vacuna preventiva se probará en humanos en 2013”. Ninguno de los tres titulares es falso y, sin embargo, ninguno dice la verdad -tampoco lo hacen en el cuerpo de la noticia-, porque la verdad es que, incluso si la vacuna pasa con éxito la siguiente fase y empieza a ser probada en humanos, a partir de ese momento pasarán un mínimo de nueve años hasta que la vacuna pueda, en caso de que se demuestre efectiva y carente de riesgos, empezar a administrarse.

El desconocimiento por parte del lector de a pie de los plazos que rigen el protocolo establecido para los ensayos clínicos puede fácilmente conducir a dar por supuesto que, en pocos años, contaremos entre nuestro arsenal farmacológico con la ansiada vacuna que hará del VIH un problema obsoleto como lo es hoy en día la viruela, una pieza de arqueología médica, una enfermedad superada, un anacronismo criogenizado a efectos museísticos en el interior de algunos laboratorios.

El peligro de esta visión de “problema casi solucionado” es que viene a redundar en la disminución de la percepción de riesgo con respecto a la enfermedad que, paradójicamente, ha venido asociada a la reconversión del sida que, gracias a los tratamientos antirretrovirales, de ser una enfermedad mortal ha pasado a ser una enfermedad crónica. La consecuencia evidente de esta baja percepción del riesgo es la prácticamente nula disminución en la cifra de nuevas infecciones por el virus, cifra que, en Cataluña, continúa alrededor de los 700 casos al año desde que se empezaron a recopilar datos en el 2001.

No es ni de lejos la primera ocasión en la que se lanzan las campanas al vuelo en lo referente a la vacuna: ya en 1984, un año después de que se consiguiese aislar por primera vez el virus de inmunodeficiencia humana, la secretaria de los servicios de salud del gobierno de Estados Unidos declaró que “esperamos tener lista una vacuna contra el sida en unos dos años”. De hecho, un rápido paseo por la red -basta teclear “vacuna del sida” en cualquier buscador- demuestra que el anuncio de una próxima consecución se ha convertido en una especie de mantra informativo que los medios lanzan periódicamente sin que, por lo general, se informe posteriormente de su fracaso.

En 2004 se publicó un informe de vigilancia tecnológica sobre vacunas de nueva generación realizado en colaboración por Genoma España y la Fundación General de la Universidad Autónoma de Madrid en el que se incluía un anexo con un listado de todas las investigaciones sobre nuevas

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vacunas que en aquel momento estaban en marcha. Ya entonces el VIH constituía con diferencia

vacunas que en aquel momento estaban en marcha. Ya entonces el VIH constituía con diferencia e l agente patógeno con un mayor número de candidatos: un total de 61 proyectos para conseguir la vacuna contra el sida estaban en marcha en el momento de redactar el informe, la mayoría de ellos - 41- se encontraban todavía en la Fase I, 9 en la Fase II y únicamente 3 habían alcanzado la Fase III - última etapa antes de la revisión y aprobación de la vacuna por parte de una agencia reguladora-. A día de hoy, siete años después de la realización del informe, ninguno de los candidatos se ha convertido en la tan ansiada vacuna.

Quizá convendría, en aras de la inteligibilidad, una aclaración semántica -la traducción al idioma de cada día de toda esa terminología que parece sacada de una película de ciencia ficción- y un ejercicio de contextualización -en qué punto, dentro de esa escala de fases, se encuentra nuestro último candidato-.

Las diferentes fases se refieren al estadio en el que se encuentra la investigación dentro del protocolo establecido para los ensayos clínicos:

-La fase I es la primera etapa en la que la vacuna se prueba en seres humanos con el objetivo de determinar la seguridad y dosificación del nuevo compuesto y se efectúa sobre una pequeña muestra de población que va de los 20 a los 100 individuos sanos; esta fase se alarga durante un año y medio. -La fase II, encaminada a evaluar la efectividad en tanto que vacuna y sus efectos colaterales, supone un aumento significativo con respecto a la fase anterior en la muestra de población a estudiar, constituida por entre 100 y 500 pacientes voluntarios sometidos a seguimiento durante dos años. -La fase III, cuando se alcanza, tiene como objetivo confirmar la efectividad de la vacuna y monitorizar las reacciones adversas a largo plazo, para lo cual se estudia una muestra de entre 1000 y 5000 pacientes voluntarios durante un periodo de tres años y medio.

Sólo después de esta fase se entra en el proceso de revisión y aprobación por parte de una agencia reguladora, proceso que se demora otro año y medio. En resumen: desde el inicio de los ensayos clínicos en seres humanos hasta la aprobación y posterior comercialización de la vacuna, transcurren un mínimo de ocho años y medio.

de la vacuna, transcurren un mínimo de ocho años y medio. Tabla 1 . Ensayos clínicos

Tabla 1. Ensayos clínicos necesarios para el desarrollo de una vacuna (Fuente: Vacunas humanas de nueva generación. GENOMA ESPAÑA/ CIBT-FGUAM, 2004)

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La pregunta que cabría hacerse cada vez que emerge en la prensa un titular sobre

La pregunta que cabría hacerse cada vez que emerge en la prensa un titular sobre un nuevo candidato a vacuna contra el VIH es la siguiente: ¿en qué fase de este proceso se encuentra este nuevo candidato? Pues bien, en el caso que nos ocupa, al nuevo candidato le faltan todavía un par de años -”el estudio en humanos no comenzará antes de dos años”, Europa press- para entrar en la fase I, de momento se ha probado su efectividad en ratones y aún quedan por hacer las pruebas pertinentes en cerdos y conejos antes de siquiera plantearse la posibilidad de realizarlas en personas.

¿A qué se debe entonces el amplio y acrítico tratamiento informativo que ha recibido la nueva pretendiente al trono? Para responder a esta pregunta quizá haya que tener en cuenta al menos dos factores; por un lado, la continua necesidad de titulares citada al principio de este artículo que genera nuestra sociedad de la información; por el otro, la potencia económica de la institución responsable del nuevo descubrimiento: HIVACAT.

HIVACAT es un consorcio público-privado constituido hace cinco años en Cataluña con el objetivo específico de desarrollar una vacuna efectiva contra el VIH y está formado por el Institut de Recerca de la Sida -IrsiCaixa- y el Servei de malalties infeccioses i Sida de l'Hospital Clínic de Barcelona en coordinación con los laboratorios ESTEVE. El consorcio cuenta con el apoyo económico de la Fundació “la Caixa” y la Generalitat de Catalunya.

Podría deducirse, de la constitución institucional del consorcio, que son ellos los responsables del exceso de triunfalismo que desprende el tratamiento informativo que se le ha dado al descubrimiento. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, el propio Bonaventura Clotet -director de IrsiCaixa- en una entrevista emitida por Catalunya Ràdio el mismo día del anuncio de la “prometedora vacuna”, insiste en lo lejos que se encuentra la investigación de alcanzar su objetivo - ens manquen encara 10 anys per poder afirmar que tenim una bona perspectiva- y en que, por lo tanto, no nos queda más camino que invertir recursos en prevención, gran asignatura pendiente, a tenor de las anteriormente citadas cifras de nuevas infecciones, de la lucha contra el VIH y el sida. Prevención que pasa por la sensibilización y la promoción de hábitos sexuales saludables que vayan más allá de las ocasionales charlas en los institutos de secundaria sobre la colocación del preservativo.

¿Se está diciendo con esto que no se debería informar de los nuevos avances que vayan ocurriendo en el campo de la investigación científica?¿Acaso no es importante la labor de instituciones como HIVACAT? No, no es eso lo que se defiende en este artículo. La labor investigadora no sólo es importante sino que, a la larga, es la única esperanza para una erradicación efectiva de la epidemia - que, no está de más recordarlo, afecta a más de 30 millones de personas en el mundo-.

Lo que se defiende desde estas líneas es que, además de intentar huir de triunfalismos excesivos al dar la información y que esta sea lo más ajustada posible a la realidad para no generar falsas expectativas que disminuyan la percepción de riesgo, se podrían aprovechar estos fogonazos de atención informativa para, desde los medios, incidir precisamente en la necesidad de poner especial atención y centrar los esfuerzos en una prevención efectiva que condujera a la disminución de nuevas infecciones ya que, a pesar de los extraordinarios avances científicos, aún estamos muy lejos de poder disponer de un remedio en forma de vacuna para la epidemia. Aprovechar que las miradas están dirigidas al bosque para poner en primera línea el árbol adecuado.

Raúl del Valle Actuavallès

línea el árbol adecuado. Raúl del Valle Actuavallès rdelvalle@actuavalles.org www.actuavalles.org 93 727 19

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