Historia corta #11: Cam se va de cacería

Traducido por: Staff Saga Oscuros Fuente: Amazon – Lauren Kate Via: Fallen Feller y Monica Giselt Rivera

Este texto no viola ningún derecho de copyright pues se encuentra totalmente disponible al público en su idioma original.

Todos los personajes y hechos pertenecen a Lauren Kate.

Cam se apoyó en el árbol de madera rojiza y cogió un cigarrillo de su pitillera de plata. En el borde del bosque, estaba fuera de la vista de la terraza de La Escuela de la Costa, en donde los Nefilim se dedicaban a otro de sus inútiles proyectos de clase. Podía vigilar desde ese lugar. Podía protegerla sin que ella lo supiera.

Una rama se rompió tras él y Cam se volvió hacia atrás con los puños cerrados y el cigarrillo entre sus labios. Interesante. Era una de las hembras, sola. No tenía sentido que estuviera allí, al otro lado del árbol. Su arco de plata no estaba ni siquiera en posición.

- ¿Tienes fuego, Proscrito?

La chica parpadeo sus ojos blancos, lo que hizo que Cam sintiera náuseas y casi un poco de lastima por ella. Casi.

- Los Proscritos no juegan con fuego – dijo ella con voz vacía moviendo sus pálidos dedos hacia el interior del bolsillo de su abrigo marrón - Ese siempre fue el problema de los Proscritos ¿A qué no? – Cam se hacia el relajado. No tenía intención de alarmarla. Eso solo haría que lanzara la flecha estelar más rápido. Chasqueo los dedos, encendiendo una pequeña llama y luego llevo los dedos hacia el cigarrillo. - La estas espiando – La chica levanto la cabeza rubia por encima de la terraza, donde estaba sentada Lucinda en un banco, viéndose sorprendente con un suéter de color rojo-rosa y con el cabello recién teñido. Estaba hablando con algún amigo Nefilim de la misma forma abierta y confiada a como hablaba con Cam. Sus ojos color avellana abiertos y sus labios fruncidos con esa antigua tristeza. Cam podría mirarla por el resto del día

Por desgracia, se forzó a dar la vuelta hacia la criatura sin vida que estaba frente a él.

- La estoy protegiendo de los que son como ustedes – espeto – Hay una diferencia, pequeña, que no serias capaz de notarla.

Miro rápidamente a Luce. Ella se había levantado del banco. Sus ojos iban de un lado para otro fijándose en las escaleras de la terraza, las cuales estaban muy cerca del lugar donde hacia guardia Cam, en el borde del bosque. ¿Qué estaba haciendo? Él se puso rígido ¿Venia hacia aquí?

La flecha estelar zumbo por el aire cuando Cam menos lo esperaba. Lo sintió en el último segundo y la esquivo moviendo su cabeza hacia la derecha, raspándose la mejilla contra el tronco de un árbol, y cogiendo la flecha por el mango con su mano enguantada de cuero. Temblaba, pero no podía darle la satisfacción a la Proscrita de saber cuan cerca había estado. Guardo la flecha en su bolsillo.

- Me gustaría utilizar esto para extinguirte – dijo rápidamente – pero sería perder una flecha estelar en perfecto estado. Especialmente cuando es mucho más divertido golpear a un Proscrito.

Antes de que la chica pudiera sacar otra flecha, Cam se abalanzo sobre ella y la agarro de su cola de caballo. Él le dio un duro rodillazo en el estómago. Luego, sacudió su cabeza hacia atrás y le dio un puñetazo al lado de la cara. Ella grito y algo se rompió, tal vez el hueso de su nariz, pero Cam seguía golpeándola, incluso cuando la sangre comenzó a salirle por la nariz y la boca, nunca dejo de hacerlo. Desde el momento en que Cam había comenzado la caza de Proscritos, se había obligado a sí mismo a no prestarle atención a los gemidos de chicas. De lo contrario, no habría podido seguir haciendo eso. Los Proscritos no tenían vida y carecían de valor; pero a pesar de todo eso, eran una amenaza para todo lo que le importaba a Cam.

- Tu – puñetazo – no – golpe con la rodilla – te quedaras con ella.

La Proscrito se atragantaba mientras expulsaba uno de sus dientes y escupía sangre en la camiseta de Cam.

- ¡Mira quién habla! Alguien que ni siquiera ha tenido nunca la oportunidad – la golpeo de nuevo, justo en el ojo - Yo si la tuve. ¿Escuchaste eso, Proscrito? Puede que ya no, pero solía tener la oportunidad.

Golpear a un Proscrito era fácil, demasiado fácil. Era un acto inútil, como un antiguo videojuego que ya habías superado pero lo jugabas de nuevo por aburrimiento. Ellos sanaban al igual que todos los caídos, no importaba cuánto daño se les causara.

La Proscrito gruño cuando Cam le dio en el cráneo la última patada que la tiro al suelo. Aterrizo boca abajo en un montículo de hojas. Después de eso, no se movió, por lo que Cam la tiro de sus pies llevando su ensangrentado cuerpo de vuelta por donde había venido

- Dile a tus amigos que no son bienvenidos en este bosque – le grito, mientras abría una Anunciadora y la metía dentro.

Se recostó contra la secuoya y tomo una larga y calmante aspirada de su cigarrillo justo cuando Lucinda comenzaba a bajar las escaleras.

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