CANTOS DE AMORES

Rafael Arenas García

(http://impresionesrimadas.blogspot.com/)

Río Recuerdo tu mano junto a la mía en el río. Recuerdo el aire frío, recuerdo el bosque y las nubes. Recuerdo la roca en la que apoyaba mi espalda torturada. Recuerdo aquella tarde y tus ojos. Recuerdo tus mejillas, tus negros cabellos. Recuerdo tu pierna blanca, casi la tocaba. Mil veces he muerto desde aquel día. Mil veces he disfrazado aquel momento. Mil veces he buscado, el río, el bosque, las nubes y el cielo. Mil veces he llorado sin motivo. Hoy lo escribo, algo me ha recordado que estuve vivo.

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Labios "Cuando dijiste: - Ahora que conozco tus labios, quiero conocer tu lengua... - ¿a qué lengua te referías?" (Lisi Prada, http://lacomunidad.elpais.com/lisiprada/2010/4/13/lenguas) ... ¿y a qué labios? Bien sabes los labios que conozco, princesa y reina, madre y hermana, amante, fuente, vaso y bebida; y bien sabes la lengua que ansío, la que tan bien ocultas y escondes, secreto de tu origen y hogar, lengua que tu corazón conforma, guía del mundo que compartimos, palabras mudas que me diriges y que no deberías callar. Quiero tu lengua, camino al alma que por derecho me debes dar esposa amada, mi enamorada. Calla necio, no quieras mi secreto tú robar. Has besado mis labios, y en mis ojos has visto el verde de la mar; Te has bañado en su orilla, con un escalofrío la espuma en tu cintura te ha hecho gozar. Tras la tercera ola se extiende el reino que no puedes hollar. Si mi lengua te diera a la mar irías sin poderlo remediar y allí morirías lejos de tu hogar. ¿Y no es muerte el silencio? No quiero olas ni espuma, no me sacian tus pechos ni los húmedos labios
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ni la leve cintura ahora que tus ojos son puerta de la mar. Ahora sólo ansío una palabra tuya, en esa lengua oscura, que quieres ocultar. Sé que cuando la oiga la vida vendrá y me dejará. Por ese instante cambio esta carne mortal. Sea pues como quieres. Y habló, y dijo palabras que sonaban a cielo, tierra y mar; viento y eternidad. Sones dulcísimos que ningún oído podría soportar. Todo desapareció y quedó tan sólo el mar. El agua le cubrió. Todo acabó.

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Batalla El campo de batalla desierto va quedando; brilla el sol de la tarde sobre la hierba y los escudos maltrechos; la brisa entre los árboles cercanos. Ni tú ni yo hemos sobrevivido a la batalla inexistente

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En la sombra del haiku Vente mi amor, vente del otro lado del negro mar. Vente mi amor, que se detenga ya este llorar. Vente mi amor, que en las olas comienza a sombrear. Vente mi amor, que empiezo ya a dejar de imaginar te.

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Bancos Alardean los chicos ante el banco adornado por muslos recién hechos; se demora la mirada en los pechos, se atreven a acercarse con un tranco. Coquetean con quienes miran franco, brillan gotas de agua en los helechos que bien podrían convertirse en lechos si la fortuna les llevara al blanco. La tierra palpita a través de ellos, el Sol y las estrellas se formaron, crecieron plantas y jardines bellos, animales y humanos bien gozaron para que las lenguas sean hoy sellos que junten los centros de los que amaron.

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Cactus "Te quiero mucho", y le regaló un cactus con sus espinas

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Amor indiferente La amistad del amado mueve al llanto de quien ni fuerzas tiene para odiar a quien bien quisiera poder amar igual que ama a Dios un mártir santo. Con leve sonrisa responde al canto de quien la vida podría entregar por unos labios altivos besar que son puerta del Cielo y de su encanto. Si amor te profesa el indiferente, y aun así quieres mostrarle amistad, hazlo; pero has de tener muy presente que lo que tú tienes por gran bondad herida es que marcará su frente, semilla de una siniestra maldad.

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Bar El calor del amor en un bar... siempre esperando el momento de decir: vámonos ya. Los ojos turbios de humo y pasión, la garganta en carne viva ya está; ansías el momento en que a este beso otro beso más hondo seguirá; te molesta el sudor en las axilas, de la noche el peso sobre los ojos. Ves cómo los ojos de ella brillan, y te animas a decirle bajito "En mi casa la última podemos tomar". Allí, piel contra piel recordarás la primera mirada en aquel bar y sonreirás.

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Pareja Mi mujer me quiere y yo la quiero. Lento, suave, la exploro hace diez años ya. Aguas claras y densas que aguardan que me sumerja cada día un poco más.

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Berlín en mayo Sale el sol temprano en Berlín en las mañanas frescas de mayo. Y aquel día salió aún más temprano. Me encontré en la calle a un borracho que, sin vergüenza, me pidió dos marcos. Se los dí, y más le hubiera dado. Tenía el corazón abierto, lleno de esperanza, entregado. A la noche había llovido y bajo el sol todo brillaba limpio, puro, recién fregado. Entretuve las horas caminando. Repiqueteaban mis pasos sobre las baldosas de piedra en la fría mañana de mayo. Todo salió como había pensado: A las once nos encontramos, comimos con un compañero y ya a la tarde juntos paseábamos. Se levantó un poco de viento, el cielo era ahora gris. Yo me sentía destemplado. La acompañé hasta una calle, la calle que era su calle. Allí me abrí las venas, y un chorrito de sangre me manchó los zapatos. Pensé por un instante que en mi alma entraría; pero ninguna mano me acarició temblando. Cuando me quedé solo supe que ya sabía, desde el rayo de sol primero, que aquello pasaría. Qué ridículo es llevar un paraguas en una tarde gris de mayo. La noche venía del este. El cielo negro devoraba las calles y mi corazón. Me senté en mi butaca. Rodeado de gente
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me sentía mejor. Sólo faltó un espectador, que era ¡mira por dónde!, justo el de mi costado. La ópera se me atragantó. Me reí del destino que tan claro dejaba lo solo que yo estaba. Hoy he recordado que fui yo quien compré aquella entrada junto a mí; cuando todavía pensaba que aquel día de mayo el sol luciría en Berlín.

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Diosa Cuando finalmente, oh diosa, te dignes a visitarme encontraras las puertas cerradas, los muros cubiertos de escarcha. Tan sólo el vaho responderá a tu aliento. El hielo será tu compañero. Yo, entretanto, te esperaré, inmóvil, con el corazón en la mano, latiendo.

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Lo que quiero Quisiera sentir tu voz, aunque sólo fuera por error. Quisiera que me rozaras, aunque ni siquiera tú lo notaras. Quisiera que en algún momento tu mirada y la mía se cruzaran; y si una sonrisa esbozaras... Quisiera que siempre existieras aunque nunca me conocieras.

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Restos Recuerdo aquel verano, aquel amor intenso, fuerte, no correspondido. Siento la llaga de lo no vivido, de la ausencia de una piel el dolor. Me falta haber sentido su calor, haberla amado en lecho compartido, olvidarla tras haberla perdido. Me falta haber probado su sabor. Flotan aún restos suyos en el mar, inmensidad de direcciones frías. Aún podría sus huellas encontrar. Quizá esté viva y haga poesías y en ellas llame a quien la quiso amar, quizá busque en la Red historias mías. Pero a mí ya ¿qué más me da?

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Amanecer Un manto negro pálido, rosado en azul se transforma poco a poco. Gotas de rocío en el pelo toco, vibra en el cielo un gemido ahogado, de los labios el hueco ya cerrado. Son dioses antiguos los que yo invoco, son males eternos los que revoco en este aire puro transfigurado. Que este primer rayo de la mañana selle el sacramento de nuestro amor. Que esta claridad sea luz que sana de olvidos y reproches el ardor y que al saber la oscuridad cercana la esperemos juntos y sin temor

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Playa Húmedos pañuelos abandonados, olas oscuras que baten la playa, el mar y la voz en sorda batalla. Miro sus ojos, fríos, concentrados, y adivino deseos murmurados. amor y ternura, pasión que estalla; también una casa blanca, una valla. Al mar escuchan los enamorados, que pondrían su hogar en esta arena, que entregan alma y cuerpo entre gemidos y saludan el día que se estrena. Nosotros recogemos los vestidos y abandonamos furtivos la escena, cansados ya de engaños consentidos.

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Luz Plena de rojo y azul, destaca tu figura entre la multitud. Las pupilas se avivan, penetran en tu luz. El mundo se ilumina; se para a contemplar y tú lo haces vibrar. Viento, césped, hojas y cristales, las cosas son más reales si viven en tu luz, si sólo son reflejo, de tu puro destello; si lo único cierto eres tú. ¿Qué importa que este cálido azul sea tan solo un eco, que seas tú un espejo que refleja la luz, intensa, fría, cierta, que, febril, yo te dejo?

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Rojo, verde Rojo, verde, negro y blanco colores de una bandera; de la bandera que miran extasiados quienes bajo el cielo gris, con el fusil en la mano, confían en el milagro. Bandera que ilumina vidas de tantos que en la pradera aguardan la luz que les regalan palabras engendradas con dientes, sangre y manos; palabras que se entregan al aire y a los vientos, que vuelan y penetran los oídos atentos y los corazones desamparados. Gozan pese al fusil entre las manos porque ahora comprenden el gris del cielo, el verde de los campos, el blanco de la carne, el negro de la muerte y el rojo de los labios

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Abismos Más allá de la piel se abren abismos donde se mezclan lo tuyo y lo mío, lo que se ha imaginado y lo vivido; la fuente secreta de la que nace un solo instante de felicidad, la eternidad

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Tres Me voy muy triste; supiste que estoy solo hoy ¿viniste? ¿dijiste me doy? no tal. y así letal me herí, carnal morí

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Don Juan Daréis gracias al Cielo si mujer encontráis que el daño que habéis hecho os quiera perdonar. Si tal bondad halláis ...los ojos llorarán, la boca temblará presa de una emoción que nada igualará. El amor de una mujer es gracia que Dios regala y tan sólo un malvado ese don despreciará. Una mano descansa en vuestra mano, un corazón que late junto a vos, los ojos que se fijan en los vuestros. Habéis de ser leal como un hermano, entregado como el dios del amor, humilde esclavo frente a su señor

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Villancico En esta noche te digo: por tu amor hubiera dado lo que Dios me ha regalado. Desde que te vi aquel día, ridículo desconcierto ante tu gesto despierto, supe que por tí vivía y por tus ojos moría; por tu amor hubiera dado lo que Dios me ha regalado. Rompí a reír y a rezar, que querer sin ser querido mucho es para el que ha vivido sin conseguir alcanzar que tú me quieras amar; por tu amor hubiera dado lo que Dios me ha regalado. Tanto deseé quererte que pensé en un arrebato que yo también te era grato; pobre quien sueña con suerte que causa será de muerte; por tu amor hubiera dado lo que Dios me ha regalado

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Verde y azul Bajábamos por la carretera; tras los árboles, el cielo. Al final una curva, entre el azul y el agua. Frescor en la mañana. Estaba fría el agua, cogía tu mano helada y la besaba. Un prado a lo lejos, los castaños y robles sombra nos daban. En la hierba yacer, abandonados. Tu carne blanca entre los verdes de las hojas, del agua. Tus labios blancos, tus ojos fríos; la curva junto al agua. Tu falda desgarrada, la sangre de mi frente que sin parar manaba; el coche que sacaron varios días después del fondo del regato. Cadáveres tumefactos.

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Destello Si te rozara el mundo brillaría en un destello.

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Amor y muerte ¿Qué metáfora se esconde en la muerte? ¿Existiría luz si no hubiera oscuridad? ¿Sabríamos que es de día sin la noche pasar? Y sin embargo la vida... en realidad nunca la podemos testar. Cuando nos durmamos ya no podremos despertar y con gozo renovado de la vida disfrutar. Mientras vivimos del dolor de una ausencia no podemos gozar. Cuando por amor morimos en realidad lo que decimos es que por amor vivimos más allá de lo que se puede contar. Cuando decimos que el amor nos mata, que el amor con fuerza nos hace gozar es lo que en verdad sentimos y queremos expresar. Alguno hubo que en serio se lo tomó y por amor murió. En su último aliento seguro que sintió el frío y el silencio, la soledad; la angustia y el llanto al pensar que el mundo dejaba para la Nada abrazar

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Toro Muere el toro en la plaza mirando al torero sus miradas se cruzan en el postrer momento. "Entonces dime, cruel, ¿no fue por cortejarme todo este devaneo?" El matador escupe saliva y sangre seca envuelto en silencio. De nuevo ha matado tras haber amado y se odia por ello. Arrastran al toro, ojos abiertos, corazón frío, muerto

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Noche y luna Rojo, verde, azul; colores primarios relucen bajo un cielo estrellado en la noche blanca y negra que iluminan tus muslos acerados. Descansa la luna en ellos y el reflejo tornasolado de sus rayos hace estallar campo y flores. ¿Quien pudiera contar lo que fue aquella noche, clara como el día, en que tus caderas fueron almohada y compañía? No recuerdo olores no recuerdo sabores, tan solo recuerdo colores en la noche blanca y negra

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Encarnación La ola que rompe en el acantilado, el pino que en la montaña se mece, el castaño que en el valle envejece; simples reflejos del Mundo vedado. Un recuerdo antiguo le ha despertado. Ya en lo profundo el espíritu crece; a su paso la roca se estremece, tiembla el aire al percibirse encarnado Se abrazan los amantes entre helechos; sus cuerpos desnudos, humedecidos, descansan junto al río, satisfechos. No saben que donde yacen, perdidos, agua, fuego y mar son de nuevo hechos y están en su amor por un dios servidos

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Tú Te echo de menos, mucho. Me falta algo dentro. Hay un hueco. Te llamo, luego, ahora no puedo. ¿Por qué te echo tanto de menos? Será porque te quiero

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