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NACIMIENTO DE LOS PÁJAROS Y SUS CUIDADOS EN LOS PRIMEROS

DÍAS

A partir del día decimotercero (13) de incubación, los embriones que los huevos
fecundados contienen se habrán desarrollado al máximo y tendrá lugar la eclosión, es
decir, el momento del nacimiento de los polluelos.

Si se han tomado las precauciones anteriormente indicadas (especialmente la de


retirar los huevos, sustituyéndolos por otros artificiales), los polluelos nacerán casi
simultáneamente y tendrán las mismas posibilidades de sobrevivir.

Aunque este sistema se ha tildado de antinatural, no se puede negar que gracias


al mismo se han podido salvar innumerables ejemplares. Por lo tanto, hemos de deducir
que tal artificio hecho por los criadores redunda ciertamente en provecho de la cría.

Los canarios vienen al mundo completamente desprovistos de pluma, estando en


cambio recubiertos parcialmente por una especie de plumoncillo lacio y húmedo en el
momento de nacer, que pronto se seca al calor de la madre.

Dicho plumoncillo es blanco en los pichones que van a ofrecer tonalidades claras, y
gris o negruzco en los futuros pájaros de plumaje oscuro. Los ojos cerrados no se
abrirán hasta el quinto o sexto día de vida. Por lo tanto, los pichones son ciegos en las
primeras jornadas de su existencia.

Los canarios pertenecen, al igual que el resto de las paseriformes, al grupo de


aves denominadas "nidófilas", las cuales, completamente indefensas al nacer, se ven
incapaces de abandonar el nido en un tiempo de quince, veinte e incluso más días,
siendo en este período alimentados por los padres.

En efecto, el día del nacimiento es muy emocionante para el criador, en especial si


éste es nóvel. Impulsado por la lógica curiosidad, suele acercarse a la jaula o
departamento de cría, levantando a la canaria del nidal para investigar el contenido del
mismo. No obstante, si siempre es recomendable la prudencia en el cuidado de los
pájaros, en esta ocasión habrá que extremarla más que nunca. En primer lugar, la
canaria puede asustarse fácilmente ante la inesperada intrusión en su nido, y
abandonando éste de un salto, no es difícil que arrastre consigo algunos de los recién
nacidos pichones, los cuales pueden morir de un golpe o bien de frío si el cuidador no se
apercibe inmediatamente del accidente y los devuelve al nidal con toda prontitud.

Por otra parte, los "aterrizajes forzosos" de los pichones son más frecuentes de lo
que sería deseable que fuesen. En el caso de que al inspeccionar en el piso de la jaula
se hallara alguno de ellos todavía con vida, deberá calentarse entre las manos o en una
fuente moderada de calor, durante algunos segundos, antes de devolverlo al nidal, al
amparo de su madre.

Para atenuar el golpe, es una buena medida extender por el suelo del
departamento de cría una capa de arena o aserrín muy fino.

Unas horas antes de que comiencen los nacimientos, deberá suministrarse a la


pareja de reproductores algún alimento verde fresco, como por ejemplo, una hoja de
lechuga, así como la pasta para cría preferida por el criador.
Un descuido acerca de este particular puede ser fatal para la nidada, la cual
estaría en gran riesgo de perecer.

En el momento mismo de la eclosión comienzan las dificultades para los canarios,


en su lucha por la existencia. En efecto, un número bastante considerable de pichones
carece de fuerza para picar la cáscara del huevo
y romperla, bien por falta de vitalidad o porque aquella se halla excesivamente
impregnada de carbonato cálcico, esto es, demasiado dura.

Si pasa el momento adecuado para el nacimiento y el pichón no logra verificar la


eclosión, morirá irremisiblemente por asfixia.

El criador, con su intervención, puede salvar la vida de alguno de estos ejemplares


retrasados. Si se observa que el período de incubación ha pasado ya con toda seguridad
y el pichón se retrasa uno o dos días en nacer, se hará un pequeño orificio con un palillo
o alfiler, en el polo más ancho del huevo, agrandando éste con mucho cuidado hasta
dejar al descubierto la segunda membrana vitelina.

Al ser ésta casi transparente, se podrán observar pequeños movimientos en el


interior del huevo- en el caso de que el pichón continúe con vida, volverá a dejarse en el
nido, donde probablemente termine de romper el cascarón.

Antes de decidirse a realizar esta manipulación, casi siempre difícil, el criador ha


de asegurarse de que en realidad es completamente necesario, por haber transcurrido
en efecto un tiempo anormal.

Si dejándose llevar por la impaciencia, abriera un huevo antes de lo debido, podría


matarse en el interior al pichón antes de nacer. Por consiguiente, hemos de hacer
constar que la operación, además de ser difícil, no da siempre los resultados apetecidos.
Sólo debe emplearse como último recurso para salvar la vida del pájaro.

Por el contrario, si como es de esperar, los pequeños canarios superan las


dificultades de la eclosión y vienen al mundo con normalidad, casi inmediatamente de
secarse al calor irradiado por la madre que permanece sobre ellos cubriéndolos,
comienzan a levantar sus cabezas abriendo el pico, en espera del alimento salvador que
la canaria depositará en su buche.

Este es el segundo momento crítico en la existencia de los pichones, puesto que


algunas hembras, movidas por la excesiva fiebre incubadora, permanecen echadas casi
constantemente en el nido, sin sentir por instinto la necesidad de cebar a sus pajarillos.
Si esta actitud de la canaria se prolongara durante los primeros dos días del nacimiento
de los pichones, éstos morirían de inanición al agotarse las reservas alimenticias que
tomaron del vitelo nutritivo del huevo, a no ser que el criador intervenga de una manera
rápida.

Desgraciadamente, existe un elevado porcentaje de estas criadores malas o


deficientes. Algunas de ellas se recuperan durante la temporada o aun en la nidada
siguiente, resultando entonces aceptables e incluso buenas madres. Sin embargo, como
esto no suele ser frecuente, las canarias que se nieguen a cebar a sus pichones deben
ser rechazadas como criadoras, pues sólo causarían disgustos al canaricultor. En el caso
de que se trate de extraordinarios ejemplares de los que desee obtener descendencia,
deberán encomendarse sus hijos recién nacidos, o bien ya en el huevo, al cuidado de
otras hembras reconocidas como buenas criadores, que harán el papel de "nodrizas" de
los pajarillos.

Aquellos que deseen iniciarse en la cría del canario, no deben desanimarse por las
dificultades que tal dedicación encierra. En contrapartida, existen multitud de hembras
que alimentan a sus pichones maravillosamente, sobre todo durante los cuatro o cinco
primeros días de su existencia, y a partir de estos días empieza a ser ayudada por el
macho, el cual asume entonces un importante papel en el desarrollo de sus hijos.

El motivo por el cual los padres extraen el alimento de su buche para verterlo en
el de sus pichones es uno de los misterios más apasionantes del mundo de las aves.
Parece ser que ejerce una gran atracción para los reproductores, el brillante colorido
rojo del interior de la boca de los pequeños.

CUANDO LOS HUEVOS SE ABREN

No hay razón para que los huevos tengan que abrirse por la mañana mejor que
por la tarde; todas las horas son buenas para que un pollito se asome a la vida. En
general, esta operación se efectúa sin dificultad y gradualmente: el pequeño empieza a
moverse en el interior huevo provocando la rotura de la cáscara, que poco a poco se va
abriendo hasta que la avecilla, ya preparada para respirar, asoma la cabeza y, ayudada
por la madre, se libera de ella piando.

Desde el inicio de la rotura hasta su total aparición pueden transcurrir incluso tres
horas. El criador atento debe-controlar continuamente el desarrollo de la operación, ya
que puede ser necesario que intervenga; en efecto, puede suceder, y no es muy raro,
que el polluelo esté demasiado débil para conseguir hacer por sí mismo el agujero de
salida, o bien que la cáscara sea resistente. En estos casos, la avecilla pierde las fuerzas
y acaba por sucumbir prisionera de su cáscara.

Si después de unas tres horas de iniciada la ruptura el criador observa que la


apertura y el agujero inicial están igual que al principio, es decir que no se ha
agrandado, debe ensanchar un poco la abertura, poco a poco, suavemente y
ayudándose con un pequeño pedazo de madera que no tenga protuberancias.

De este modo posibilitará que la pequeña ave pueda continuar esta operación para
la conquista de la vida. En ningún caso el criador debe sustituir al canario procediendo a
abrir la cáscara para liberarlo: el pequeño, atacado de improviso por el aire y la luz se
moriría instantáneamente.

La operación de ayudar al pollito a nacer ensanchando el agujerito inicial debe ser


efectuada con la máxima prudencia, para que un gesto demasiado brusco no provoque
una herida o la muerte del pequeñísimo ser. De cualquier manera esta operación
representa siempre un riesgo. Cuando el pollito se ha liberado de su envoltura, suceden
en la jaula delicadísimas escenas: los dos canarios, asomados sobre el nido y piando
dulcemente, miran al recién nacido y se intercambian gestos cariñosos.

SI NO SE ABREN LOS HUEVOS, ¿QUÉ HACEMOS?

La no ruptura de los huevos se puede atribuir, como hemos visto, a la falta de


fecundación, pero también a que el feto se haya muerto por exceso de calor, por calor
insuficiente, por falta de tranquilidad en el ambiente, por ruidos imprevistos que asusten
a la madre cuando está incubando, por sacudidas en la jaula al trasladarla a otro lugar,
por molestias ocasionadas por las frecuentes miradas del criador o de otras personas,
por el nido mal preparado o con material inadecuado, por los parásitos, por las hembras
no preparadas para la incubación, por ser éstas demasiado jóvenes, o por la escasa o
inapropiada alimentación de la madre.

El criador debe tener en cuenta todos estos motivos, examinando cada vez cuál de
ellos puede ser causa de la no apertura de los huevos. Además deberán observar las
más elementales normas de higiene, alimentar a sus canarios según los consejos del
veterinario, elegir bien a los ejemplares para la reproducción y respetar su tranquilidad;
siguiendo al pie de la letra todo esto, sus fracasos quedarán reducidos al mínimo.

ALGUNOS CONSEJOS QUE OS PUEDEN SERVIR DE AYUDA

Si moviéndose por el interior del nido la hembra rompe un huevo, su contenido


ensucia a los demás huevos, las plumas de la hembra y el nido. Además, el líquido,
secándose y endureciéndose, forma una especie de capa sobre los otros huevos que
hace que la ruptura de los mismos sea más difícil.

Cuando ello suceda preparad un nuevo nido, limpio y bien provisto del mismo
material que la hembra utilizó para la construcción del anterior; esperad que la hembra
baje un momento del nido, coged los huevos delicadamente con una cucharita, ponerlos
en un recipiente con agua caliente a una temperatura de unos 400 C, y colocarlos de
nuevo sobre el nido limpio. Si la hembra se ha ensuciado las plumas, ya se las limpiará
ella misma; procurad que en la jaula haya siempre un recipiente con agua tibia para el
baño, pero que no sea demasiado fría.

Para facilitar el trabajo, anotad en una agenda todo lo concerniente a la vida


fisiológica de vuestros canarios, sus características, gustos y vuestras experiencias y
observaciones. En lo que concierne a los amores, nidadas y apertura de los huevos, la
actividad de la madre de los canarios os será muy útil en vuestro trabajo de criador.

Alrededor de vuestros canarios recién nacidos estableced una zona de silencio, y


una vez se hayan puesto los huevos o las crías hayan nacido, evitar que se sitúen ante
las jaulas los niños curiosos o personas que no sepan permanecer silenciosas y
molesten.

La hembra que incuba es, un ejemplo admirable de amor y de deber materno,


pero desea ser ignorada. Si para vigilar la ruptura de los huevos estáis obligados a
permanecer ante la jaula, hacedlo con discreción y hablad dulcemente a la hembra. No
dejéis que esta vigilancia la ejerza una persona a la que los canarios no están
acostumbrados a ver.

Tampoco dejéis sin agua el recipiente del baño de las hembras que están
incubando. Estas se bañan para lavarse; además, el calor de su cuerpo y la humedad de
sus plumas mojadas provocan un vapor que hace que los huevos se mantengan suaves.

Si la hembra que incuba manifiesta todavía deseos del macho y abandona el nido,
trasladar los huevos y confiadlos a otra hembra. Esta operación debe ser efectuada
rápidamente para evitar que se enfríen. En esta operación os podéis ayudar con una
cucharita. Antes de poner los huevos en otro nido debéis observarlos al trasluz de una
lamparita encendida. En efecto, puede ser que la hembra, con su instinto infalible, haya
abandonado la incubación porque sabía que sus huevos eran infecundos.
Nunca dejéis que la habitación en que se encuentran las hembras esté en una
corriente de aire, ni trasladéis con frecuencia las jaulas de un sitio a otro. Formar con
mantas unas zonas de resguardo, abrir la ventana durante cinco minutos como máximo,
cerrarla y esperad otros cinco minutos antes de sacar las mantas de la jaula.

Finalmente, tener en cuenta que una hembra cansada y sometida al esfuerzo que
representa una nueva nidada daría por resultado una nidada de canarios enfermizos, o
el desinterés de la madre y consiguiente necesidad de trasladar las crías a otro nido.

Asimismo, es preciso tener mucho cuidado durante los primeros días de vida de
los pichones. En primer lugar, la limpieza, siempre necesaria, deberá extremarse en esta
ocasión, a fin de evitar la proliferación de toda clase de gérmenes nocivos que pudieran
provocar infecciones. El alimento, a ser posible, deberá ser renovado a menudo. Con
esta medida se consigue un doble beneficio: en primer lugar, no se corre el peligro de
que las sustancias fermenten o se alteren, en especial si se trata de sustancias húmedas
o formadas por huevos. Asimismo, es preciso recordar que la época de cría suele ser
calurosa, Septicemia, tifus, salmonelosis y otras muchas infecciones funestas para los
pichones pueden ser evitadas mediante una cuidadosa higiene de los alimentos y de las
jaulas.

Por otra parte, cada vez que la comida es renovada, se incita a los padres a
probarla, y al volver al nido suelen empapuzar a sus pichones, con el consiguiente
beneficio para el rápido desarrollo de éstos.

Tomando todas estas precauciones y contando con la buena calidad de los


reproductores, es de esperar que los pichones sobrevivan los cinco primeros días, con lo
cual se habrá salvado una de las barreras más difíciles que se oponen en su lucha por la
vida.