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Carlos Astarita, Desarrollo desigual en los orígenes del capitalismo.

El intercambio
asimétrico en la primera transición del feudalismo al capitalismo. Mercado feudal y
mercado protocapitalista. Castilla siglos XIII a XVI, Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad de Buenos Aires y Tesis 11 Grupo Editor, Buenos Aires, 1992.

Quien se encuentre con el libro de Carlos Astarita, director del Instituto de Historia
Antigua y Medieval de la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A., podría pensar, no sin
razón, que el mismo atañe al campo historiador. Sin embargo, y sin dejar de ser correcta, esa
impresión pecaría de estrecha: a partir de este trabajo, y entre otras cuestiones, el debate en
torno a la teoría de la dependencia debe ser reexaminado. Es que con la publicación de
Desarrollo desigual en los orígenes del capitalismo, no sólo los historiadores pueden reen-
contrarse con las "explicaciones globales", sino que las mismas implicancias de la obra exce-
den el campo de esa disciplina para despertar el interés de todo analista social, proyectándose
sobre el presente para abrir interrogantes de fondo sobre las "respuestas" predominantes que
dan cuenta de las causas y características del "subdesarrollo" en los países dependientes y
periféricos. Una salvedad obvia pero siempre necesaria: si reseñar una obra implica un
determinado recorte, en este caso, y aún cuando el estudio tiene un objeto preciso, la
multiplicidad de temáticas, aspectos críticos y derivaciones posibles sobre otras problemáticas
es tan amplia que acentúan la naturaleza parcial de esta reseña.
El libro es una original reinterpretación sobre el carácter y los mecanismos del
intercambio asimétrico entre diferentes áreas europeas en la primera transición al capitalismo
y la relación de causalidad entre dicho intercambio y el desarrollo de formaciones socioeco-
nómicas diferenciadas. Como elemento inseparable de esta problemática se plantea la cues-
tión de la transferencia de valor desde la regiones geoeconómicas periféricas a las centrales.
Al estudiar dicho intercambio, elemento generalmente tratado en forma descriptiva cuando no
directamente ignorado, la obra incursiona, y por su misma densidad argumental constituye un
aporte significativo, en los debates que sobre la transición iniciaran Maurice Dobb y Paul
Swezzy, los que, salpicados por grandes lagunas, retornan recurrentemente, aún bajo aspectos
diversos, expresando así su importancia actual.
Aún cuando importantes matices separen a los investigadores enrolados en cada inter-
pretación, los análisis circulacionistas y endogenistas polarizaron el entendimiento de la cues-
tión. En la opinión de los llamados endogenistas (Dobb, Laclau, Brenner, entre otros), las
causas del surgimiento del capitalismo deben buscarse en el mismo desenvolvimiento del
modo de producción feudal, y más precisamente en las correlaciones de fuerzas y en las
estructuras de clase de cada formación socioeconómica. Las contradicciones inherentes al
feudalismo, expresadas en distintas configuraciones de fuerzas sociales internas para cada
sociedad específica, donde el conflicto entre señores y campesinos aparece desempeñando el
papel central, explican tanto la transición al capitalismo como el desarrollo desigual entre
regiones. En la opción teórica de esta corriente, las transformaciones en las relaciones de
producción no pueden explicarse por el accionar de un capital mercantil restringido a la esfera
de la circulación y por tanto limitado en la influencia que pudiera ejercer. Así, comercio y
desarrollo desiguales no son integrados teóricamente en la interpretación endogenista de la
transición.
En el extremo opuesto, y pretendiendo enfocar el proceso globalmente, los circulacio-
nistas (Swezzy, Gunder Frank, Wallerstein) desplazan el eje explicativo al "exterior" de las
sociedades feudales: es el comercio, el intercambio entre regiones, la causa disolvente de las
relaciones feudales y de la creación de condiciones sociales y económicas para que cobre
preeminencia el capitalismo. En este análisis centrado en el mercado, que entiende el
comercio asimétrico como deterioro de los términos de intercambio, el desarrollo desigual era
una consecuencia directa de la acumulación de riquezas en el centro, transferidas desde la
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periferia. Desarrollo desigual que se origina en una coyuntura que dinamiza, a través del
comercio, aspectos diferenciales estratégicos entre regiones interconectadas, cuyo resultado
es el desarrollo de una región y el subdesarrollo de otra como aspectos del mismo proceso. 1
De tal forma, desde quienes abonaron las interpretaciones circulacionistas, el inter-
cambio fue elevado a la categoría de asignador de funciones diferenciadas en una globalidad
(economía-mundo en los términos de Wallerstein) que se desenvolvía orgánicamente produ-
ciendo desarrollo y subdesarrollo entre las áreas que la integraban. Al ser la circulación mer-
cantil el principal disolvente de relaciones precapitalistas -elemento "externo" al sistema
feudal- la interpretación circulacionista perdía de vista las relaciones internas de las for-
maciones transicionales vinculadas. Frente a ellos, quienes dieron prioridad a causalidades
endógenas de cada sociedad específica para explicar el desarrollo divergente entre regiones,
aún cuando acertadamente apuntaran su mirada a los ciclos reproductivos de cada estructura
socioeconómica, la búsqueda de una razón unívoca y exclusivamente interna los llevó a
ignorar cualquier tipo de incidencia del intercambio en el surgimiento del capitalismo y en su
desarrollo desigual.
Si bien más cercano a la posición endogenista, el planteo analítico de Astarita, desde
el universo conceptual del marxismo, produce un doble viraje y una novedad en el estudio de
los fenómenos y causas vinculadas a la transición. El primer viraje consiste en observar el
desarrollo desigual y su relación con el intercambio asimétrico desde la periferia. La ubi-
cación del autor no es ingenua ni atiende a las necesidades del estudio de "un caso concreto"
(la región castellana entre los siglos XIII y XVI). Por el contrario, implica una valoración
política de la producción historiográfica y su aporte a la comprensión de los problemas
presentes de un Tercer Mundo cuya condición dependiente y periférica es por todos
reconocida. La "inyección" de la problemática del "lugar de producción del cientista social",
frente a los abordajes comúnmente realizados desde el "centro", se reconoce explícitamente
en una tradición de investigación independiente que en nuestro país iniciara José Luis
Romero, siendo el trabajo de Astarita no sólo un elevado aporte a la historiografía argentina
sino también indicativo de uno de los caminos que ésta debiera seguir.
Un segundo viraje: en una fructífera alternacia y complementación entre descripción
factual y análisis teórico, Astarita rechaza la acumulación de una multitud de evidencias em-
píricas como único criterio de elaboración y compresión de lo general; inversamente, un de-
tenido estudio de las circunstancias de un caso "particular" le permiten hallar en el mismo los
rasgos centrales y construir teóricamente lo "general".
La novedad de la obra es, entre otras, abordar específicamente la relación entre inter-
cambio asimétrico y desarrollo desigual entre regiones. El trabajo lleva al autor a distinguir,
analítica e históricamente, en las formaciones transicionales periféricas, una yuxtaposición de
dos mercados diferentes: uno feudal y otro protocapitalista; este último surgido de condicio-
nes históricas gestadas por el primero.
El mercado feudal castellano aparece caracterizado por un comercio con otras regiones
europeas, basado en la exportación castellana de bienes primarios (hierro y lana, princi-
palmente) y la importación de productos manufacturados artesanales de lujo (textiles), que
originaba un intercambio asimétrico con déficit permanente en la "balanza comercial"
castellana y la consiguiente pérdida de valor, en moneda o metálico.

1.- El debate sobre la transición entre Maurice Dobb y Paul Swezzy, con aportes y comentarios de otros investigadores,
apareció por primera vez en las páginas de Science and Society, entre 1950 y 1953. Posteriormente fue reeditado por Rodney
Hilton bajo el título La transición del feudalismo al capitalismo,Barcelona, Crítica, 1977. La interpretación circulacionista más
sistemática y completa pertenece a Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial, México, Siglo XXI, 1979, 2 tomos. El
debate Brenner se publicó originalmente en Past and Present, entre 1976 y 1982; hay edición completa en castellano de T.H.
Aston y C.H.E. Philpin, El debate Brenner, Barcelona, Crítica, 1988. Respecto de la relación entre desarrollo y subdesarrollo,
la posición de André Gunder Frank en Capitalismo y subdesarrollo en América Latina, México, Siglo XXI, 1970; entre otras
respuestas al mismo, véase Laclau, Ernesto, "Feudalismo y capitalismo en América Latina", en Modos de producción en
América Latina, Cuadernos de Pasado y Presente, Nº40, México, 1973.

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En este punto, Astarita elabora su interpretación de la circulación mercantil en el


marco de las formaciones socioeconómicas feudales, otorgándole a ésta, por primera vez, un
lugar estructural propio. Enfocando el mercado feudal desde una perspectiva antropológica, el
consumo suntuario de la clase señorial constituía un subsistema simbólico con una función
discriminante y se inscribía en un discurso de poder: los bienes importados eran,
antropológicamente, "bienes de prestigio", dotados de una definida funcionalidad semiótica
en la reproducción del dominio político señorial, y en su uso aparecían no sólo como la
manifestación de la divisoria de clases sino también con la capacidad como para generarla.
Había un “fetichismo del valor de uso”: la sublimación de determinados bienes, su consumo
ostentoso (los señores consumían rápidamente sus ganancias y se "mostraban" en ese con-
sumo), consecuencia de que los mismos aparecían frente a la conciencia de los señores (y
también de los sectores subalternos) como dotados de una singular virtud en la discriminación
social y en la exteriorización del poder, hacían prescindir en grado importante al consumidor
señorial de la valoración monetaria en su adquisición. El resultado era un sobrevaloración del
bien de prestigio, que así no reflejaba la cantidad de trabajo socialmente invertida en su
producción. Tal sobrevaloración no ocurría en el caso de los bienes primarios de exportación,
desprovistos de connotaciones especiales en la reproducción de las relaciones de poder.
El intercambio mercantil, al igual que la manufactura artesanal urbana, se vincula
entonces con una necesidad de realización del dominio de la clase señorial, y encuentra su
lugar estructural como elemento necesario de la reproducción de las relaciones sociales en las
formaciones socioeconómicas feudales. Pero su "internalidad" a dicha formación no cambiaba
la característica básica del sistema: a diferencia del capitalismo, centralmente productor de
valores de cambio, el feudalismo se orienta a la producción de valores de uso, una producción
para el consumo. Ubicado entonces entre polos que no domina (producción y consumo), el
capital mercantil absorbía una parte del excedente (plustrabajo del artesano y parte de la renta
señorial) en el mismo proceso de circulación, al fundar sus ganancias en una diferencia de
precios originada en las mismas relaciones feudales. Pero al no transformar las condiciones de
la producción no alteraba el sistema feudal; por ello su "externalidad" al mismo. Esta
"exterioridad en el interior del feudalismo, implicaba la existencia de autonomías relativas de
cada sistema vinculado (feudal, artesanías y capital mercantil) y de accionar con lógicas
específicas propias". 2
El intercambio asimétrico en el mercado feudal se funda, entonces, en un intercambio
de no equivalentes que provoca una apropiación de valor en la circulación mercantil y lleva al
acrecentamiento del capital monetario de los mercaderes y a una pérdida de riquezas de las
regiones productoras de bienes primarios y a la reproducción en los mismos niveles de la
producción artesanal. Sin embargo, no es este intercambio el que provoca un desarrollo dife-
renciado entre las regiones que vincula: este último se debió a evoluciones históricas
anteriores, independientes de los movimientos comerciales, que el intercambio coadyuvó a
consolidar (lo que obliga a buscar las causas del desarrollo desigual en los procesos históri-
cos de cada región).
Dos fuertes conclusiones, opuestas a las nociones predominantes entre los estudiosos,
sobre las mentalidades de la época, se desprenden del análisis de Astarita. Respecto de la
mentalidad señorial, el gasto improductivo, la economía del gasto de la que hablan los histo-
riadores era entonces la "inversión" de los señores feudales, y no obedecía así a una actitud
prelógica, a una falta de racionalidad atentatoria de sus "intereses objetivos", sino a la
existencia de otra racionalidad, donde el mantenimiento del poder político e ideológico era
esencial para la apropiación del plustrabajo campesino. Por otro lado, la imbricación es-
tructural de la burguesía vinculada al comercio externo castellano en las relaciones sociales y
las relaciones de poder, desdibuja el papel ontológicamente "revolucionario" que muchos gus-
2. Astarita, Carlos, Desarrollo Desigual en los orígenes del capitalismo, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de
Buenos Aires y Tesis 11 Grupo Editor, Buenos Aires, 1992, pag. 74

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tan adjudicarle. La actitud dual de esta burguesía mercantil, que participa del despertar del
"espíritu burgués" pero que paralelamente es parte integrante de sistema social transicional y
alimenta su statu quo, será puesta a prueba en la crítica situación planteada por la rebelión de
las Comunidades: su alineamiento con el orden imperante resulta difícil de ser comprendido
apelando a una supuesta "traición" burguesa, como argumenta Braudel. 3
También en el análisis del mercado protocapitalista Astarita contraría las interpreta-
ciones vigentes que lo presentan como surgiendo de cambios en la estructura de la demanda.
Atendiendo a las relaciones capitalistas de producción del Verlagssystem (o industria rural a
domicilio, en la cual los instrumentos de producción y las materias primas pertenecen a un
mercader-empresario que contrata una fuerza de trabajo rural desprovista de reglamentaciones
gremiales), el enfoque del mercado debe virar hacia el papel de la oferta (producción) en su
creación. El beneficio del mercader-empresario no se funda ya en la apropiación de valor en
el proceso de circulación sino en el acrecentamiento del valor, por lo que la realización de la
plusvalía en el mercado es parte inseparable del sistema productivo: "el capitalismo creó su
propio mercado, su propia demanda" 4 , y el intercambio de bienes baratos de consumo
generalizado, sin función semiótica especial en la reproducción del dominio señorial, será
ahora un intercambio de equivalentes (sin apropiación de valor en la circulación).
Astarita no niega el papel clave que la propia evolución contradictoria del sistema feu-
dal desempeñó en la gestación de condiciones propicias para que el mercado protocapitalista
(de origen externo) emergiera. Por el contrario, plantea la concurrencia de ambas dinámicas,
la feudal y la capitalista, antagónicas y convergentes a la vez. Convergencia que implica que
la expansión del sistema capitalista, a través de las redes de comercialización preexistentes
del mercado suntuario feudal, no se desplegó disolviendo este último sino conservándolo. El
intercambio asimétrico se vincula así a los ciclos de reproducción de formaciones
socioeconómicas diferenciadas, reproducción tanto económica como del conjunto de las re-
laciones sociales. Esta complementariedad que permitía la reproducción combinada de
feudalismo y capitalismo en regiones vinculadas por el intercambio, fue el resultado de una
regionalización impulsada primero por la demanda señorial de bienes de prestigio, y luego
reconfigurada sobre la base de la penetración de las mercancías de consumo masivo provistas
por el sistema capitalista. Ambos impulsos a la regionalización, promoviendo una
determinada utilización del excedente agrario (exportación), actuaron como bloqueantes del
desarrollo del Verlagssystem castellano. Por eso, para Astarita, "el intercambio asimétrico en
el período transicional no se define tanto por la transferencia de valor, en la medida que ésta
permaneció como aspecto visible pero secundario y conexo al mecanismo de intercambio feu-
dal, como con los efectos de asimetría que el intercambio tuvo en una formación económica y
social y en otra" 5 .
El bloqueo del desarrollo de la producción capitalista castellana no obedece, pese a las
afirmaciones circulacionistas, a una transferencia de valor, sino a la particular configuración
de las relaciones de fuerza en cada formación específica que dieron origen a un desarrollo
diferenciado y complementario en el área económica europea y cuyos ciclos reproductivos el
intercambio asimétrico ayudó a cimentar. En otras palabras, este intercambio en el período
transicional, y esto tiene obvias connotaciones para nuestro presente, en lugar de ser un medio
de transferencia de excedentes de la periferia al centro capitalista, es un elemento que
coadyuva a la reproducción de la asimetría originaria históricamente constituida.
Desde el enfoque de Astarita, una ratificación de su propuesta se encuentra en la
misma rebelión de las Comunidades de 1521: encabezada por los mercaderes-empresarios del
Verlagssystem castellano, se enfrentó, en el plano político y militar, con un bloque sociopolí-
tico que alineaba a la Corona, los señores feudales y la burguesía exportadora-importadora.
3.- Braudel, Fernand, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, F.C.E., México, 1968.
4.- Astarita, Carlos, op. cit., pág. 133.
5.- Astarita, Carlos, op. cit., pág. 178.

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Esta alianza social manifestaba una solidaridad profunda de intereses, posible de gestar por la
posición de cada sector respecto de un intercambio asimétrico bifuncional en la reproducción
de las condiciones socioeconómicas de formaciones diferenciadas. Asimismo, la derrota de
Villalar explicita una advertencia ya formulada por Perry Anderson: el absolutismo español
fue el único que se constituyó sobre la derrota de la burguesía 6 , una burguesía "industrialista"
que es preciso diferenciar, incluso conceptualmente, de aquella vinculada sólo al comercio.
La obra de Astarita obliga a una mirada retrospectiva sobre las particulares
evoluciones históricas de cada formación social sin dejar de lado los condicionantes que
erigen las relaciones comerciales con otras formaciones socioeconómicas, a la par que
muestra la precariedad de la llamada teoría de la dependencia para explicar la actual situación
de las regiones que se encuentran en dicha condición. Pero quizás más significativo sea que
esta producción historiográfica realiza un doble aporte a los cientistas sociales de la
"periferia". Por un lado, el poder abordar "desde la orilla" un debate casi consagrado a una
historia occidental que prescindía de los "márgenes", siendo el "enfoque" de la problemática y
el criterio epistemológico adoptados, elementos determinantes a la hora de elaborar una nueva
interpretación. De otra parte, invita a revalorizar, a partir de la necesidad de analizar las
relaciones internas de cada país, la producción historiográfica y el estudio social de nuestro
pasado, sobre todo en su dimensión teórica y en la generación de hipótesis explicativas que
ayuden a su comprensión, la cual está, realmente, destinada a iluminar lo actual. Cómo
olvidar entonces la reflexión de Pierre Vilar cuando expresó que era necesario "comprender el
pasado para conocer el presente". 7

Roberto Pittaluga
(publicado en El Rodaballo. Revista de política y cultura,
Buenos Aires, nº 5, 1996, pp. 56-58)

6.- Anderson, Perry, El Estado Absolutista, México, Siglo XXI, 1990.


7.- Vilar, Pierre, Iniciación al vocabulario del análisis histórico, Barcelona, Crítica, 1982.