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EL SÍNDROME DE ASPERGER EN LA ESCUELA

Este curso tengo la oportunidad de trabajar con un niño muy especial por su
forma distinta de percibir, sentir y entender el mundo. Además, es especial para mí
porque me ha hecho reflexionar, reordenar mis valores y replantearme la respuesta
educativa que doy a mis alumnos/as. He aprendido a mirar de otro modo mi trabajo.

Francisco es un niño de seis años que está en primero de educación primaria.


Su nivel de competencia curricular es el adecuado, incluso destaca en algunas áreas,
pero tiene dificultades en el aprendizaje de habilidades sociales. Fue diagnosticado
como Síndrome de Asperger a los cinco años.

Yo soy su tutora y os quiero hablar de la enriquecedora experiencia que ha


supuesto compartir con él este curso, de la búsqueda de estrategias, de las dudas, de
los aciertos y de los errores que no han sido pocos.

Para mí, el Síndrome de Asperger empezó a existir en los primeros días de este
curso. Nunca antes había oído hablar de él. Mi primera reacción fue buscar
información, intentar descubrir que se escondía detrás de ese nombre. Fue una
semana de lectura intensiva, pero para cuando empezaron las clases yo “creía” saber
como iba a ser ese niño. Mentiría ahora si dijera que estaba tranquila y confiada. Lo
que sentía estaba muy lejos de esas sensaciones. Tal vez miedo a lo desconocido y
ansiedad ante una situación nueva para mí. Las cosas no resultaron como yo
suponía. Las primeras semanas fueron muy difíciles, y si lo fueron para mí, estoy
segura que para él lo fueron mucho más. Cuando intentas entenderle te das cuenta
del enorme esfuerzo que le debe costar a él entendernos a nosotros.

LAS DIFICULTADES
Al principio todos teníamos problemas para comprender.

SUS DIFICULTADES

Enfrentarse a una situación nueva: cambio de infantil a primaria.


La situación le provocaba inseguridad e incomprensión. Estaba muy tenso y
tenía rabietas a diario.

Inflexibilidad.
Cualquier cambio, por imperceptible que fuera para nosotros, le ponía muy
nervioso.

Comportamientos inapropiados.
Pegar, morder, empujar… De alguna forma era su manera de expresar lo que
sentía, de comunicar su enfado a un mundo que le era hostil.

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Sentimiento de incomprensión.
Se sentía incomprendido y tampoco nos comprendía a nosotros. A veces
gritaba en medio de una rabieta: “es que mis compañeros no me entienden” o “estáis
todos locos”.

Tiempo de juego.
Era incapaz de jugar más de cinco minutos con los demás. Los tiempos de
juego libre en la clase eran caóticos. En el recreo, la mayoría del tiempo, lo pasaba
sentado en el suelo tirando tierra hacia arriba. También solía tirar piedras a los que
se acercaban

Conductas agresivas.
Tenía este tipo de conducta con los compañeros/as en situaciones compartidas
(filas, juegos, etc.…) sin ningún motivo aparente. Bueno, en aquellos momentos yo
no veía los motivos, ahora creo que sí. También tenía conductas agresivas cuando
alguien hacía o decía algo que no le gustaba. Se expresaba pegando en lugar de con
palabras.

Fuera de la tutoría los problemas se acentuaban.


La clase de educación física era especialmente problemática. Suponía un
espacio abierto, sin estructura física, donde se jugaba a juegos con unas reglas que
tenía dificultades para comprender. Era una situación muy estresante para él, por lo
tanto no quería ir. Estaba tenso desde el principio y cualquier cosa le hacía perder el
control. Se pasaba el tiempo enfadado y sin apenas querer participar. Además, tenía
conductas agresivas con sus compañeros/as.

NUESTRAS DIFICULTADES

Falta de información.
Carecíamos de información sobre lo que significa ser una persona con
Síndrome de Asperger. Eso implicaba no comprender su forma de ver, sentir y
percibir el mundo.

Sentimiento de ansiedad.
Ansiedad ante comportamientos que no sabíamos controlar. Miedo a sus
constantes desafíos a nuestra autoridad y a perder el control de la clase.
Sentimientos de inseguridad e impotencia.

Ideas equivocadas.
• Pensar que los niños/as se tienen que adaptar a la escuela y no la escuela a los
niños.

• Poca flexibilidad. Exigimos de los niños/as que respondan a nuestros


esquemas, que se adapten a ellos, pero el esfuerzo no debería ser sólo suyo. El
acercamiento tendría que ser mutuo.

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• Creer que no tenemos responsabilidad respecto a los problemas de los
niños/as, olvidando que todo caso problemático también manifiesta nuestra
propia deficiencia, nuestra incapacidad de entender, de aceptar y de tratar de
encontrar la respuesta educativa correcta.

• Estar más centrados en las dificultades que en las posibilidades (en lo de


positivo y potenciable que tenemos todos).

Hacer que participara en las actividades de clase.


Nos costaba conseguir su participación en muchas de las actividades. A
menudo se negaba a trabajar y en el aula de informática nunca quería compartir el
ordenador.

Dudas.
Muchas dudas. ¿Cuál será la forma correcta de tratarle? ¿Dará resultado esta
estrategia? Te cuestionas cada actuación, cada cosa que haces. Te lo cuestionas tú y
te lo cuestionan las personas de tu entorno.

Relación familia-escuela.
Situación muy tensa entre la familia y la escuela

RESPUESTA EDUCATIVA

Después del desconcierto y la impotencia en las primeras interacciones con


Francisco, me di cuenta de que la información que podía obtener de los libros no
bastaba para conocerlo y comprenderlo. En un primer momento me permitió
acercarme a su mundo, pero eso no bastaba. Tenía que aprender a mirar al niño único
e irrepetible que tenía a mi lado. Conocer como era él, como pensaba y como
aprendía. Esta idea es válida para todos, independientemente de que tengan más o
menos dificultades.” Hay que aprender de ellos, de todos”. Eso me ha ayudado a
buscar las estrategias más adecuadas para poder desarrollar sus capacidades, pero no
sólo las suyas, también he tenido que desarrollar algunas mías, como la capacidad de
observación e interpretación de conductas, y por supuesto la creatividad, tanto para
buscar estrategias como para intentar salvar situaciones problemáticas. Ciertamente
sólo se puede enseñar cuando se aprende y aprender es un proceso continuo que no
tiene fin.

OBJETIVOS INICIALES:

• Conseguir un ambiente estructurado, estable y predecible, dónde él se sienta


seguro.

• Crear un clima de afecto y comprensión y potenciar las relaciones positivas


con las personas que le rodeamos.

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• Buscar la manera apropiada de responder a sus frecuentes e intensas
rabietas.

• Ayudarle a comprender el mundo que le rodea y mejorar sus habilidades


sociales.

• Fomentar su participación activa en la clase y su deseo de relacionarse con


los demás.

• Intentar controlar y corregir sus comportamientos inadecuados y mejorar su


conducta social y emocional.

• Convertir el tiempo de recreo y de juegos en un tiempo de disfrute también


para él.

• Buscar estrategias metodológicas que le beneficien a él y al resto de la clase.

• Enseñar a sus compañeros/as a comprenderlo y a tratarlo.

• Intentar obtener la colaboración, el apoyo y la confianza de la familia.

Y ahora la gran pregunta: ¿Que hacer para conseguirlo?

Al principio tuve muchas dudas, y nunca la certeza de estar adoptando la


actitud adecuada. Desarrollé a marchas forzadas la capacidad de observación, análisis
e interpretación de comportamientos, descubriendo que no existen recetas únicas,
aunque intentara buscarlas en un principio. Las estrategias de los demás te sirven
inicialmente, pero conforme lo vas conociendo y comprendiendo empiezas a
desarrollar estrategias propias más eficaces que te permiten, a su vez, seguir
aprendiendo de él y conocerlo aún mejor. Es un camino largo y no muy fácil, pero en
cierto modo fascinante.

ESTRATEGIAS PARA LA ESTRUCTURACIÓN DEL ESPACIO Y EL TIEMPO.

Elaborar las normas de la clase entre todos/as.


Durante un tiempo las repasábamos a diario. Las completé con dibujos alusivos
a cada norma para aprovechar su estupenda memoria visual. Las sanciones también
están puestas por escrito para que las sepan y no sean una decisión arbitraria mía.

Reforzar las conductas positivas.


Adoptando un sistema de economía de fichas. Una cara alegre por cumplir las normas
y una cara triste sino las cumplimos. Por cada cara alegre ganan una ficha. Por cada
cara triste tienen que pagar una multa también de una ficha. Cuando consiguen tener
veinte fichas pueden cambiarlas por un sobre sorpresa que yo les preparo. Las caras
se van apuntando durante la semana en unos paneles. Los viernes las contamos y
hacemos reparto de fichas y pago de multas. El sistema da resultado para toda la
clase, y no sólo para el control de conductas, también es una actividad estupenda para
el área de matemáticas.

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Además de este sistema, Francisco tiene una “libreta viajera” que va todos los
días de casa a la escuela y de la escuela a casa. Al final del día revisamos entre los dos
sus comportamientos, los escribimos y les ponemos la cara alegre o triste
correspondiente. Está siendo útil para corregir conductas muy específicas suyas,
además de mantener informada a la familia. Aquí los premios son diarios si consigue
tener todas las caras alegres y suelen ser cosas relacionadas con su tema de interés
que es la astronomía (información de un planeta o satélite, llevarse un libro a casa,
etc.)

Elaborar un horario.
Uno grande para la clase con dibujos y colores distintos para cada asignatura y
otro similar, pero más pequeño, para que cada uno lo tenga en casa.

Utilizar el reloj para que el controle el tiempo dedicado a cada actividad.


Es útil, entre muchas otras cosas, para marcarle el momento en el que puede
coger un libro que le gusta, hablar del tema que le interese o saber cuando acaba la
sanción que tiene cuando incumple una norma.

Poner por escrito instrucciones que hay que recordar.


Por ejemplo la lista de cosas que puede hacer cuando se pone nervioso. Le
resultó tan útil que me pidió que le hiciera otra para casa y, durante un tiempo, se la
llevó, por iniciativa propia, a clase de los especialistas. Mi sensación era que le
transmitía seguridad porque algo escrito no podía cambiar.

Organizar el orden de la fila y los responsables de la clase.


La fila de entrada y salida del aula sigue un orden que cambia cada semana y
que también está relacionado con el sistema de responsables de la clase. Ellos pueden
controlar perfectamente cual es su lugar esa semana y las siguientes con sólo mirar el
panel. Además es una buena actividad para matemáticas porque se trabajan los
números ordinales.
Todas las actividades de la clase que lo requieren están reguladas por listas en
las que se especifican los turnos de cada uno. Con esto se consiguió, por ejemplo que
fuese capaz de compartir ordenador en el aula de informática la semana que le tocaba
ir acompañado.

ESTRATEGIAS PARA MEJORAR LAS HABILIDADES SOCIALES

Incluir entre los objetivos del curso habilidades básicas de interacción social
Las habilidades sociales las trabajamos en el contexto de la clase. Aprender a
saludar, respetar turno de palabra, pedir favores, cooperar, compartir, unirse al juego
con otros, pedir y dar ayuda, etc. es algo de lo que todos se benefician.

Aprovechar las situaciones naturales que surgen en la clase


A lo largo del día surgen un gran número de situaciones que pueden ser muy
útiles. Siempre que observo una conducta inapropiada y puedo, trato, en ese mismo
momento, de enseñarle la forma correcta de comportarse. Tanto sus compañeros/as
como yo le felicitamos cuando consigue mejorar alguno de esos comportamientos.

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Priorizar comportamientos que se le quieren enseñar.
Aunque las situaciones surgen de forma espontánea, siempre tengo priorizados
tres o cuatro comportamientos que quiero enseñarle y procuro buscar o crear
situaciones en las que pueda hacerlo.
Evidentemente no es algo que se pueda lograr en una sola vez. El proceso es
lento y hay que repetirlo en situaciones distintas, pero con constancia y paciencia se
consigue.

Trabajar la comprensión y expresión de sentimientos de forma sistemática.


La comprensión y expresión de sentimientos y emociones las trabajamos, de
manera sistemática, con ideas e imágenes del libro “En la mente” de Marc Monfort.
Lo hacemos en el área de lengua, como una actividad más de toda la clase. Los
comentarios de sus compañeros/as le ayudan a comprender y a estar bastante atento a
lo que dicen sobre los sentimientos y emociones de los personajes que aparecen en las
viñetas Aunque hemos cambiado el enfoque de la actividad varias veces para intentar
hacerla más motivadora, nos parecía que funcionaba, pero cuando sentimientos y
emociones se han complicado( por ejemplo llorar de alegría), tanto la maestra de
pedagogía terapéutica como yo hemos observado que francisco se siente inseguro
porque no comprende, le asusta y le hace ponerse nervioso. Cuando le pregunto me
contesta que no le gusta hacer eso porque no sabe que pasa en los dibujos. Tenemos
claro que a partir de ahora habrá que buscar otras estrategias para seguir trabajando
este tema.

Fomentar la comprensión, la colaboración y la ayuda entre todos


La maestra no es la única que puede ayudar. A Francisco, ser ayudante de
ordenador le encanta. Los demás le ayudan en los juegos porque, a veces, no los
entiende bien.

Otra forma de trabajar las habilidades sociales: Los juegos.


Un día a la semana tenemos una hora en clase dedicada a los juegos de reglas
(oca, parchís, damas y otros de fabricación casera). Todos tienen sus normas por
escrito. Yo hice las de la oca, y luego él me pidió que hiciera las del resto. Con la
práctica se ha ido sintiendo más seguro y ya prescinde de ellas.Al principio era muy
rígido y cogía una rabieta si las cosas no eran como quería o si perdía. La hora de
juegos era un momento bastante tenso para él y para mí. Desde entonces ha cambiado
mucho. Ahora, la mayoría de las veces, mientras estamos jugando, no es fácil
diferenciarlo de cualquier otro niño.

Además de estos juegos estructurados, todos los días tienen 15 ó 20 minutos de


juego libre en la clase. Las primeras semanas este era un tiempo caótico que le
producía ansiedad y acababa teniendo conductas agresivas con sus compañeros y con
los juegos. Quería jugar pero no entendía, no sabía. Había que guiarle paso a paso y
estar a su lado para ayudarle a interactuar con los demás. Muy lentamente va
aprendiendo. Está más relajado en este tiempo y disfruta jugando

En cuanto al recreo, la estrategia seguida fue organizar juegos dirigidos por mí.
Al principio eran muy sencillos. Yo proponía el juego en el patio y el que quería
participaba. Conseguí que jugara, pero sólo quería hacerlo si iba cogido de mi mano.
Fue emocionante para los dos descubrir que se lo pasaba bien. Todos los días me

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arrastraba literalmente al recreo para que fuéramos a jugar. Estuvimos repitiendo el
mismo juego más de un mes porque se ponía muy nervioso si intentaba cambiar.

Yo juego con ellos e intento enseñarle como comportarse en las situaciones que
se van presentando. La mayoría de sus compañeros participan en estos juegos e
incluso se nos suman niños de otras clases. Ya no juega cogido de mi mano y muchas
veces se integra con los demás sin necesidad de que yo intervenga, siempre que sea
un juego que él conozca bien.

APOYOS

Francisco es un niño con un nivel de competencia curricular adecuado a su


edad e incluso superior en algunas áreas. Es inquieto y se distrae con facilidad. Le
suele costar centrarse en el trabajo, pero a nivel académico no necesita ningún tipo de
apoyo específico. Sólo es necesario enseñarle de manera explicita las habilidades
sociales.

Debido a que en las clases de los especialistas su comportamiento era bastante


inapropiado y se ponía nervioso sólo con pensar que tenía que ir, el equipo directivo
decidió que yo le acompañara siempre a ellas. Además, Francisco siempre me pedía
que fuese con él. Parecía sentirse más seguro si yo estaba allí. Ahora, después de ver
los resultados, estoy segura que fue una medida muy acertada.

Dos horas a la semana la maestra de pedagogía terapéutica viene a nuestra clase.


Él no sale del aula para recibir este apoyo, pues no tiene sentido sacarlo de la clase
cuando su principal problema son las relaciones sociales, y el ambiente del aula, con
sus compañeros/as, es la mejor manera para trabajarlas dentro de un contexto natural.
Durante ese tiempo, la intervención de la maestra de pedagogía terapéutica no es
exclusiva para él, sino que se hace extensiva a todos los alumnos/as.

PROGRESOS
Hay que recorrer el camino paso a paso, planteándose pequeñas metas,
valorando los progresos y siendo conscientes de que mientras avanzamos irán
surgiendo nuevos problemas.

SUS PROGRESOS

• Está más relajado, alegre y comunicativo. Le gusta venir al colegio.

• Han disminuido las conductas agresivas hacia sus compañeros. Está


aprendiendo a decir lo que le molesta “con palabras” en lugar de
pegando o empujando.

• Las rabietas son muy esporádicas. Lucha por controlarse

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• Participa en todas las actividades de clase.Ya no se niega a hacer los
trabajos como al principio, aunque en determinados momentos, haya que
estar cerca de él motivándole y animándole para que los termine.

• Es capaz de participar en juegos de mesa con los compañeros/as y


aceptar cuando pierde (unas veces lo acepta mejor y otras peor, pero sin
grandes rabietas).

• Es más flexible. Le afectan menos los cambios, aunque necesita que se


le expliquen.

• En la clase de educación física, ahora participa en los juegos y acepta


mejor cuando pierde su equipo. Se le nota que está más relajado y que
disfruta de las actividades.

• Juega en el recreo con sus compañeros/as, aunque es mejor estar


supervisando el juego para prevenir conductas inapropiadas que puedan
provocar que sea rechazado. Además es un contexto que ofrece grandes
posibilidades para trabajar las habilidades sociales de una forma natural.

• Está integrado en la clase. Es uno más. Los compañeros/as no sólo no le


rechazan sino que le felicitan y le animan cuando se comporta de forma
correcta y le piden ayuda en las cosas que él domina más, como por
ejemplo el manejo del ordenador.

NUESTROS PROGRESOS

• Empezamos a conocer lo que significa ser una persona con Síndrome de


Asperger.

• Estamos aprendiendo a tener actitudes más positivas y flexibles hacía él


y el resto de los alumnos/as.

• Valoramos más las diferencias y la importancia de conocer como son


los niños/as, como piensan y como aprenden pues es el único camino
para ofrecerles una respuesta educativa adecuada.

• Nos sentimos más seguros y menos ansiosos ante su comportamiento.

• Nos hemos enriquecido con la aportación de una persona que ve, siente
y percibe el mundo de otra manera.

• Estamos aprendiendo a mirar a un niño, no a un problema.

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• Hemos trabajado para mejorar la relación familia-escuela. Su
colaboración, su apoyo y su confianza nos ha ayudado a mejorar día a
día. Es algo que consideramos muy valioso y que agradecemos
inmensamente.

CONCLUSIONES

Aunque no creo mucho en las recetas, conocer lo que a otros les ha funcionado
me ha ayudado a buscar mis propias estrategias. Se que no existen soluciones rápidas
ni respuestas aplicables a todas las personas y situaciones, pero de mi experiencia he
extraído algunas cosas que me han funcionado, entre ellas las siguientes:

• Creer por encima de todo en sus posibilidades y no centrarme en sus


dificultades.

• Aceptarlo positivamente como parte enriquecedora del grupo.

• Acercarme a él con afecto sincero.

• Creer que se pueden romper las barreras de sus dificultades sociales con el
entrenamiento

• No dejarme llevar por los juicios a priori que se hacen sin escuchar y sin
comprender.

• Creer en lo que hago, y sobre todo creer en ellos. Si algo falla la culpa no
es suya. Tal vez no he sabido dar la respuesta educativa correcta

• Valorar las diferencias entre las personas y respetarlas. No hay que negar
el derecho a ser diferente.

• Respetar, comprender y tener en cuenta a los padres. Intentar crear un


ambiente de confianza y colaboración.

• Ver, escuchar y aprender de los alumnos/as. Eso nos ayuda a conocerlos y


a comprenderlos, y por tanto, también a darles una respuesta educativa
más adecuada.

Y para acabar algo en lo que creo firmemente. Los niños que tienen Síndrome de
Asperger, con la ayuda necesaria, aprenden mucho y mejoran sus habilidades
sociales. Espero que desde la escuela seamos capaces de intentarlo y de conseguirlo.

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