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Cambio climático: entre lo posible y

lo necesario
José Ignacio Pérez de Arriaga

Coincidiendo con el tramo final de la Conferencia de Naciones Unidas sobre


Cambio Climático de Nairobi de la semana pasada, tuvo lugar en Madrid un
encuentro internacional de expertos sobre economía, ciencia y regulación del
cambio climático, organizado por la Cátedra del Desarrollo Sostenible en la
Universidad Pontificia Comillas. Interesante contraste entre la realpolitik de
Nairobi y un análisis académico y neutral sobre el alcance y los mecanismos
de implantación de las medidas necesarias para mitigar en lo posible el
cambio climático y para adaptarse a sus consecuencias.
Los objetivos de Nairobi eran modestos y se han alcanzado en buena parte,
aunque tras complicadas negociaciones. Al menos se ha conseguido establecer
un (lento) calendario para debatir los términos de un acuerdo sobre el futuro
del actual compromiso derivado del Protocolo de Kioto tras 2012 y -lo que era
el objetivo más inmediato de la reunión- acordar los términos del Fondo de
Adaptación, que financiará ayudas a los países más pobres para adaptarse a
plagas, inundaciones y sequías, aunque su puesta en marcha se demorará otro
año hasta que se concreten más sus términos.
En la reunión de Madrid se examinaron las evidencias científicas más recientes
sobre las perspectivas e implicaciones del cambio climático, los mecanismos
que -como el mercado europeo de emisiones- actualmente ya se han puesto
en marcha para hacerle frente, y las medidas que habría que adoptar
realmente para reducir los previsibles graves impactos negativos sobre una
buena parte de la población mundial. A continuación se exponen las
conclusiones más destacadas:

- Hay unanimidad acerca de la gravedad de la amenaza del cambio climático y


de la necesidad de adoptar urgentemente las medidas necesarias para
mitigarlo y adaptarse al mismo. Es muy improbable que, incluso con las
medidas drásticas que los más optimistas consideran que se podrían aplicar en
las próximas décadas, se consiga limitar el incremento medio global de la
temperatura respecto a la época preindustrial al umbral de 2º C, a partir del
cual muchos consideran que las consecuencias del cambio climático serán
particularmente graves e imprevisibles. Las estrategias para hacer frente al
cambio climático deben contemplar tanto medidas para tratar de reducirlo
como para adaptarse al mismo.

- Se necesitará una reducción radical -más del 80%, frente al 5% del Protocolo
de Kioto y aún sólo para los países industrializados- de las emisiones de gases
de efecto invernadero para estabilizar el efecto de la acción humana sobre la
temperatura terrestre. Y una buena parte de esa reducción habrá de
conseguirse para 2050, para no exceder en mucho el umbral de los 2º C. Hay
que limitar el consumo de energía final, descarbonizar su producción y evitar
la deforestación. Es esencial que las decisiones de inversión en
infraestructuras energéticas en los próximos años sean las correctas, pues van
a condicionar el patrón de emisiones durante la crítica primera parte de este
siglo. No se debe excluir ninguna tecnología potencialmente beneficiosa a
priori, a la vista del enorme esfuerzo por realizar. Pero cada país debe definir
su futuro modelo energético adoptando decisiones estratégicas relevantes. Así
lo han hecho por ejemplo Francia, Alemania o Inglaterra, pero aún no España.

- Los recursos -tanto públicos como privados- dedicados a I+D en energía han
disminuido sistemáticamente en todo el mundo durante los últimos 15 años.
Es hora de invertir drásticamente esta tendencia. El precio del carbono será
de ayuda pero, al menos inicialmente, habrá que suplementarle con medidas
regulatorias, tales como estándares, incentivos económicos o programas
públicos y privados de investigación con objetivos específicos orientados a una
mayor sostenibilidad del modelo energético.
- Es imprescindible que todos los países, tanto los industrializados como los
que están en vías de desarrollo, acuerden cuanto antes un marco de acuerdo,
en el que se establezca una visión común de lo que se quiere conseguir y una
estructura para coordinar los esfuerzos de cada uno, según el principio de
responsabilidades compartidas pero diferenciadas. Esto hace muy complicado
el llegar a un acuerdo satisfactorio sobre el reparto de las cargas, atendiendo
a criterios éticos y de equidad que son muy difíciles de concretar.

- Los países en desarrollo, en particular los más pobres, tienen necesidades


más acuciantes que tratar de resolver el problema del cambio climático
-aunque se estima que van a ser los más afectados negativamente-, sobre
todo cuando apenas han contribuido a su creación. Es esencial incorporar los
mecanismos de ayuda económica y transferencia tecnológica, para reducir
emisiones y adaptarse al cambio climático, a las líneas maestras de desarrollo
económico y social de estos países.
- Flexibilidad es la clave. Hay que evitar la imposición generalizada de
esquemas que no han alcanzado un consenso general, incluido el Protocolo de
Kioto, que en sus actuales términos -y contrariamente a lo expresado por Al
Gore en su gira europea- parece muy improbable que sea ratificado por EE
UU, independientemente de que la Administración sea demócrata o
republicana. Tendrá que ser 'algo parecido a Kioto', pero no Kioto. El mercado
europeo de emisiones, precursor de la aplicación del Protocolo de Kioto, es un
prototipo valioso pese a sus actuales -y corregibles- defectos, y tiene el
potencial de convertirse en una referencia útil en los futuros esquemas de
coordinación de ámbito global.
- La reciente cumbre de Nairobi es, sin duda, un paso hacia delante. Pero
todavía demasiado pequeño y demasiado despacio como para atajar
eficazmente la amenaza que se nos viene encima.
José Ignacio Pérez de Arriaga es el Director de la Cátedra del Desarrollo Sostenible en
la Universidad Pontificia Comillas (http://www.upcomillas.es/
catedras/bp/Foro_06.asp), miembro de la Real Academia de Ingeniería y director del
Libro Blanco de la energía