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Literatura Latinoamericana I

Teórico N° 13

Secretaría de Publicaciones
Materia: Literatura Latinoamericana I

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Cátedra: Colombi
Teórico: N° 13 – 12 de noviembre de 2007
Tema: Los de Abajo, de Mariano Azuela

Hola, buenas tardes.


En esta última clase vamos a trabajar con la novela Los de abajo, que es el último
tema del programa. Antes de comenzar me gustaría comentar el último texto de la antología
de cuentos de Rubén Darío. El cuento es una actividad que Darío desarrolla a lo largo de su
vida. El tuvo ciertos ejercicios en la prosa de novela, pero no fue tan exitoso como en el
cuento. Esto tal vez tenga que ver con su actividad periodística, donde había ejercitado la
narración breve.
Este cuento, cuyo título es “Huitzilopochtli”, que es una divinidad del antiguo
panteón azteca. El cuento alude a un sustrato, al que alude el subtrítulo: “Leyenda
mexicana”. Darío, desde sus primeras narraciones, inscribe su producción dentro de lo
legendario y lo mágico. En este caso usa la palabra “leyenda” para resolver un cuento
fantástico, ambientado en México, en la época de la Revolución. La trama es muy breve y
no tiene demasiados elementos. El eje del cuento es cómo interviene lo misterioso en un
suceso. Para que sea un cuento fantástico, obviamente, ese misterioso puede tener distintas
explicaciones. La explicación que esboza el cuento es la posibilidad de una alucinación. La
narrativa fantástica, cuando necesita resolver cosas que no se entienden busca una
resolución por medio de alguna lógica. En este caso la lógica es que el personaje pueda
haber tenido alguna alucinación debido al consumo de alcohol y marihuana.
El cuento tiene un narrador en primera persona, lo cual es muy propio de muchos
relatos de Darío y de muchos relatos fantásticos. Este es un caso distinto al de “El Rey
Burgués” o al de “La muerte de la emperatriz de la China”, donde hay un narrador que
abría y cerraba el marco, pero trataba con protagonistas otros. En este caso hay una
coincidencia narrador-personaje. Lo que cuenta es la llegada a la frontera de México, de un

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periodista, que viene en compañía de un colega. Allí tenemos conocimiento del que, en
realidad, es el personaje central del cuento, que es el Padre Regueras. Este es el personaje
más misterioso de los que va a presentar, porque es el que da pie a las situaciones de
violencia y de alucinación. Además es el personaje que sustenta la trama política del
cuento. Darío caracteriza a este personaje en su doble faz de sacerdote y militar. Pero lo
más interesante de este personaje es su carácter de hombre que ha pasado por todas las
administraciones de México. Se remonta incluso a la época de Maximiliano. Maximiliano
fue el emperador francés de México durante unos años.
El Padre Regueras ha estado tanto con Maximiliano como con Porfirio Díaz, el
dictador que cae por la Revolución Mexicana. Actualmente este padre-coronel está en las
filas de Pancho Villa. Se mencionan varios personajes históricos, pero sin dar mayores
indicaciones. El cuento en este sentido es muy moderno: trabaja con un sistema del iceberg,
que sólo muestra ciertos indicios. Pero hay muchísimas cosas que no se están contando
(que tienen que ver con la trama de la Revolución) y que nosotros, como lectores, tenemos
que reponer. El Padre Regueras es importante porque caracteriza al personaje acomodaticio
que vamos a encontrar en Los de abajo. Es el personaje que, de acuerdo a la situación, va a
cambiar de bando, de simpatías políticas y de pareceres. Azuela va usar para designar a
estos personajes una palabra local como logrero que, supongo, que tiene que ver con
logros.
Lo más moderno del cuento es esta información cercenada que se nos da para que
nosotros reconstruyamos. El cuento es sostenido en base a un diálogo muy lacónico, donde
se dice poco. Entre las cosas que se hablan está el tema de la religión, que es uno de los
temas que acompañó a todos los procesos políticos de México. En México hubo un fuerte
laicismo y, cuando la Revolución Mexicana, los sectores vinculados al clero tuvieron
actitudes muy reaccionarias.
Este personaje, por su pertenencia a los fueros de la Iglesia, se enfrenta a un
interrogatorio del narrador, respecto al misterio, a si aún perduran las creencias de la época
de los aztecas. El cuento ofrece muchas claves del orden de lo contextual, como el hecho de
este personaje que va acompañando al personaje en su desplazamiento. Otro aspecto clásico
de la narrativa revolucionaria es que los personajes están siempre en situación de tránsito.
Este personaje que lo acompaña es americano y su nombre, Perhaps, significa “Quizás”. Yo
creo que este nombre tiene que ver con la situación ambigua del gobierno norteamericano
que, por momentos, apoyó y, por momentos, estuvo en contra y llegó a invadir Veracruz.
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Este personaje ambiguo es, tal vez, la víctima propiciatoria del texto. Porque después de
este diálogo entre el narrador y Regueras, donde se discute el tema del misterio y de la
supervivencia de los mitos aztecas en la actualidad, el cuento concluye con una caminata en
la que el narrador y Regueras consumen alcohol y luego marihuana. Hay un momento en
que el narrador se levanta y encuentra a Perhaps sacrificado en un ídolo.
Hay muchos elementos (como el coyote) y palabras muy locales, lo cual llama la
atención. En Los de abajo ustedes van a ver que hay una alta incidencia de léxico localista.
El cuento concluye con el sacrificio de este personaje, que queda en la ambigüedad, porque
el narrador dice que no sabe si esto ha sido una alucinación. Hay un doble final, donde dice:
“Al día siguiente, cuando llegamos al campamento, hubo que llamar al médico por mí.
Pregunté por el Padre Regueras. ‘El coronel Regueras –me dijo la persona que estaba
cerca de mí- está en este momento ocupado. Le faltan tres por fusilar”. Ese es el fin del
cuento. Además de esta situación ambigua en torno a este ambiguo sacrificio, está la
presencia de este personaje fusilador, que es muy propio de la narrativa de la Revolución.
Creo que el cuento, en su brevedad, entrega muchas claves de lo que, paralelamente,
está pensando esta narrativa, como la de Azuela en Los de abajo. Me parece muy
coincidente esta situación. Además entrega claves de ciertas condiciones en las cuales se
desenvolvieron los enfrentamientos de esos años.
Esto fue como una introducción al tema que nos brinda la posibilidad de ver
proximidades cronológicas entre el Darío de sus últimos años y Azuela. Este cuento sale
publicado en el diario La Nación en 1915 y Darío muere en 1916. La novela de Azuela fue
publicada en periódicos, en 1915, cuando estaba en El Paso y apareció en 1916. Azuela en
ese momento estaba autoexiliado en Estados Unidos.
Azuela adeuda en la resolución de su novela a dos vertientes importantes: la veta
narrativa realista-naturalista y la veta modernista, en cuanto al afán de un cierto lirismo.
Hay una escritura que, si bien se resuelve en base a modelos del Realismo, ha sido tamizada
por el gran aporte del Modernismo a la conformación de la prosa española e
hispanoamericana. Hay varios procedimientos, sobre todo del orden de lo descriptivo, que
podemos relacionar perfectamente con estas nuevas búsquedas del Modernismo.
Mariano Azuela nació en 1873 y murió en 1952. Fue una figura muy conocida en
base a esta novela, pero era un novelista con una producción muy importante. Antes de Los
de abajo ya había escritos cuatro novelas breves y después escribirá muchísimas más. Sin
embargo, la pieza que lo proyecta dentro del ámbito nacional e internacional, es esta
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novela. Los de abajo, además, es la primera novela del ciclo de la Revolución Méxicana. Se
puede decir que en esta novela ya están definidas las características de las novelas del ciclo
de la Revolución Mexicana.
La novela fue publicada en 1916, pero recién es reconocida y aceptada hacia 1925.
Hay una segunda edición en 1920, pero no tiene una gran repercusión en la capital. Recién
1925, a partir de una serie de polémicas, es recuperado Azuela y su novela cobra la fama de
que aún goza. El Ciclo de la Revolución está compuesto por una cantidad enorme de textos.
Yo les voy a dejar una muy buena caracterización que hace Carlos Mosivais de la
Novela de la Revolución. Es una parte de un trabajo de él, mucho más extenso, que se
llama Notas sobre la cultura mexicana. Yo les dejo sólo la caracterización de la Novela de
la Revolución y un breve análisis de Los de abajo. Este artículo ofrece varias pistas para
pensar este tema. Un tópico importante, por ejemplo, es el tema del pesimismo. Esta
narración tiene un eje importante basado en la decepción. Es la decepción del proceso
revolucionario.
Otra característica que da Monsivais es que es una desmitificación y una
desglamorización de una épica. Esta es una característica que se atribuye a esta narrativa.
También les voy a dejar un artículo de Carlos Fuentes, que se llama “La Iliada descalza”,
cuyo título ya lo dice todo. Es como que esta novela es una suerte de épica descalza o
“vacilante”, lo cual trabaja contra el concepto de lo épico. Hay una mirada tan crítica sobre
el hecho mismo de la Revolución, que le vale este título que da Fuentes.
Otro elemento que señala Monsivais es el tema de la violencia. La violencia es un
elemento implícito al concepto de revolución. De hecho, uno de los elementos que definen
los procesos revolucionarios es el elemento de la violencia. Lo interesante es que esa
narrativa se encarga de hacer esta representación y de un modo muy cruel. Se puede aludir
y no representar, como sucede en el cuento de Darío, pero esta novela muestra la violencia
directa y explícitamente. Acá no hay paños tibios.
Yo voy marcando los elementos que señala Mosivais porque después los vamos a
recuperar a medida que veamos la novela. Otro elemento, ya desde el punto de vista de lo
formal, es el diálogo. Los de abajo es una novela que trabaja de modo muy preciso con los
diálogos. También observa y critica, dice que normalmente tienen una estructura demasiado
lineal. Porque la narración es tipo crónica. Los sucesos se suceden en su orden cronológico;
no hay flashbacks. El también ve un cierto moralismo, que puede estar tanto en los
discursos de los personajes como en el propio narrador.
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Un elemento que me parece importante y que aparece particularmente importante en
la novela de Azuela es el habla nacional. Esto es fundamental, porque se trata de una novela
donde la pretensión de representación de la oralidad es muy alta. Inclusive, somete al lector
a una cierta exigencia de codificación, de localismos, etc. Estas novelas requieren un uso
bastante intensivo del diccionario. Hay una edición crítica de la Colección Archivos, que
viene con algunos artículos, que es muy interesante. Es un libro caro y no sé si se consigue,
pero de todas formas ustedes lo pueden consultar en el Instituto. La edición crítica es de
Jorge Guttinelli. Esta edición no incluye un glosario, pero tiene anotaciones sobre
localismos, giros, palabras, etc.
La novela pretende hacer una reproducción bastante fiel del habla local y popular.
En uno de los artículos que les voy a dejar, de Mónica Mansud, hay un muy buen análisis
de este aspecto. Ella hace un análisis muy detallado de distintas búsquedas de Azuela en
relación a la lengua. Hay hasta una transcripción fonética, porque se representa el habla de
los sectores del trabajo, de los campesinos y de los más empobrecidos.
Otro elemento que marca Monsivais es la figura central de Pancho Villa. Esta figura
en esta novela está referida, pero en otras novelas directamente aparece. Hay una novela
muy linda, titulada El Águila y la Serpiente, de Martín L. Guzmán. Es una autobiografía
que no tiene los elementos ficcionales de la novela de Azuela. En El Águila y la Serpiente
la presencia de Villa es mucho más intensa. En Los de abajo Villa está mencionado, pero
queda identificado como la figura del gran revolucionario.
Tendríamos que ver cuáles son las distintas facciones que se enfrentan acá, porque
desde el comienzo de la novela se alude a “los federales”. Los federales son los soldados de
Victoriano Huerta, que es un usurpador del poder. El hecho de que se aluda a Pancho Villa
de un modo muy elogioso es muy significativo. En un momento está hablando de la
frontera y dice: “Allí se me dio una recomendación y un salvoconducto para penetrar en la
parte del territorio dependiente de Pancho Villa, el guerrillero y caudillo militar
formidable”. Esta es una imagen bastante construida por los propios intelectuales de la
Revolución.
Esto nos lleva a mencionar el tema de antiintelectualismo, que es otro de los
aspectos que marca Monsivais. Esto tiene que ver con la desconfianza hacia el accionar de
los sectores letrados. Hay que ver qué tipo de pactos y gestiones hicieron los intelectuales
dentro de la revolución y ver si su trabajo fue decisivo para el éxito o fracaso de las
distintas situaciones. El período de la Revolución va desde 1910 hasta 1920, cuando toma
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un carácter un poco más estable. Fueron muchos años de enfrentamientos entre distintos
bandos, en los cuales las funciones de los intelectuales fue muy importante. De hecho,
vamos a ver que en la novela la representación de los intelectuales es fundamental. Y van a
aparecer distintos letrados. Nosotros nos vamos a detener en ellos porque puede pensarse
que allí hay un cuestionamiento de Azuela a esas capas letradas.
Yo quería señalar estos puntos del texto de Monsivais, que me parecen muy
importantes para describir lo que fue la Novela de la Revolución y nos sirven para leer la
novela de Azuela. Yo les había dicho que esta novela se inscribe dentro de la vertiente del
pesimismo, del desencanto. Yo les voy a dejar un texto de Azuela, que se llama “Cómo
escribí Los de abajo”, donde establece una relación muy estrecha entre los sucesos de la
época, su ficción y su propia participación en esos sucesos.
Tendríamos que ver a la figura de Francisco Madero, que supo concitar el interés de
todos aquellos sectores que estaban en contra de Porfirio Díaz. Nosotros vamos a dar
algunos nombres porque yo que este proceso es complicado. Francisco Madero es como el
padre de la Revolución, porque fue la figura que se plantó frente al régimen de Porfirio
Díaz, que había estado en el poder durante casi tres décadas. Azuela adhiere a la figura de
Madero y luego va a adherir al Villismo.
Otra edición de Los de abajo, que viene con una buena edición crítica y muy buenas
notas es la Edición de la Colección Ayacucho, que está en esta biblioteca y está en el
Instituto. Ahí tienen cronologías que permiten interiorizarse en los aspectos biográficos o
contextuales más interesantes. Cuando Azuela escribe esta novela Pancho Villa ha sufrido
una derrota importante y Azuela huye juntos con las tropas derrotadas. Una vez en Estados
Unidos, en El Paso, publica la novela en un periódico. Un aspecto interesante es que la
novela está escrita en la marcha. Es una novela que va haciendo como una suerte de
registro de los mismos sucesos. Incluso dice Azuela que las últimas páginas las escribió en
la redacción del propio periódico que publica la novela. Esto nos permite establecer algunas
relaciones con los diarios de Martí, que también fueron escritos sobre las marcha.
Además esta novela tiene un elemento ficcional alto y esto Azuela lo defiende
cuando se enfrenta con sus críticos. Muchos críticos dicen que Los de abajo es una crónica
o un texto periodístico. Pero Azuela sostiene que su texto es una novela, que está inspirada
en sujetos reales. El hace un correlato entre los sujetos que conoce en la Revolución y los
personajes que elabora para la novela, muchas veces fundiendo dos o tres personajes reales.

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Esto nos lleva a plantearnos que es una novela en la que también hay un deseo de verdad y
de testimonio muy importante.
Habíamos dicho que Azuela era un gran heredero de toda la corriente del Realismo.
Recuerden las técnicas del Realismo en una novela como Martín Rivas, donde vimos los
retratos, la representación del ambiente, etc. Estas técnicas están tamizadas en la novela de
Azuela. Pero hay una lectura que marca Azuela, que es el Naturalismo. El tiene una
importante lectura de Zolá y tiene un artículo al respecto. Esta es una marca insoslayable de
los modos de descripción y de las situaciones de extremo verismo que tiene la novela.
Otro elemento que tendría en común con la estética naturalista realista, es el pensar
una serie, un ciclo. Podemos pensar en La comedia humana, que piensa una serie unida por
un mismo eje. Esta es la propuesta primera de Azuela, pero luego las novelas que va a
producir no tienen personajes en común, que el rasgo más distintivo de una serie. Pero sí
existe el afán de la Serie Revolucionaria, que está constituida por una cantidad de textos,
como Andrés Pérez, Maderista (1911), Los Caciques (1914), Los de abajo (1916) y
después viene una serie de textos del ’18, que son Las tribulaciones de una familia decente,
Las moscas, Domitidio quiere ser diputado y el cuento Cómo al fin lloró Juan Pablo.
Son todos textos bastante breves, de los cuales el más logrado es, sin duda, Los de
abajo. Lo interesante es el pensar una cantidad de materiales que están unidos por este
mismo eje. Un texto que me interesa en particular es Los caciques, que es una novela muy
corta, relacionada con el eje central de Los de abajo, que es el tema de la concentración del
poder en estas figuras de los caciques. Es el sistema al que se alude como “caciquismo”,
que es el sector de la sociedad que aúna el poder político, económico y de la tierra. Los
caciques son amos y señores de los pueblos. Este fue uno de los elementos más difíciles de
revertir para la Revolución, porque el caciquismo estaba muy comprometido con Porfirio
Díaz. En esta novela lo que presenta Azuela es el poder de una familia, en un pequeño
pueblo. Ese poder abarca desde la distribución de los granos de maíz hasta los delegados
políticos y las relaciones con la Iglesia.
El caciquismo es un tema central a Los de abajo, porque el personaje central es una
víctima de ese sistema. Demetrio Macías sería el representante de los sectores victimados y
explotados por los caciques. A pocos capítulos del comienzo se nos explica por qué
Demetrio Macías se ha plegado a la Revolución: él ha tenido un enfrentamiento con el
cacique de su pueblo, que lo ha denunciado por partidario de Madero. Cuando se hace esta
denuncia, el que está en el poder ya no es Madero sino Huerta. A partir de esa denuncia este
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personaje se pliega a la Revolución. Es un tema que inclusive está tratado en la novela por
una de estas figuras de intelectuales, que es Cervantes. El pensar en una serie está inscripto
en el subtítulo de la novela, que es “Cuadros y escenas de la Revolución Mexicana”. Este
subtítulo después desaparece y vuelve a aparecer en otras novelas.
La orientación estética de Mariano Azuela, como dijimos, está marcada por su
contacto con la escuela Realista-Naturalista. El tiene una actividad periodística interesante
y, en unas conferencias que da en los años ’40, va a hablar de grandes novelistas. Acá uno
puede ver sus simpatías, porque entre esas figuras elige a Zolá, a Balzac, a Galdós y a
Proust. Me llama la atención esta fuerte vocación de representación de lo real en Azuela,
que es muy fuerte. En estas conferencias dice: “Si lo que más me atrae en la novela es la
ilusión perfecta de la realidad, nadie ni el mismo Balzac me la ha dado tan honda, tan
acabada y tan exquisita como Marcel Proust”. Acá ya está en el otro extremo, después de
hacer un largo recorrido en cuya base está la presencia de Zolá, por el cual siente una gran
admiración. Estas notas sobre novelistas están en el volumen III de las Obras Completas,
de Mariano Azuela, que pueden consultar en la Biblioteca Central de la Facultad.
En esta conferencia Azuela va repasando las figuras de Zola y la escuela Naturalista,
y uno puede encontrar muchos elementos de conexión con su propio proyecto. Un ejemplo
es el pesimismo en la naturaleza humana, que es un principio naturalista. También en
cuanto a lo que hace al método, Azuela resalta muy bien el tema de la observación y de la
experiencia. La observación y la experiencia es el camino que lo habilita a la escritura de
esta serie de Novelas de la Revolución. Otro elemento bastante coincidente con el proyecto
de Zolá es el procedimiento objetivo, directo, que no se pierde en redundancias
psicológicas.
Si bien las coincidencias son muchas, uno también podría marcar diferencias.
Azuela toma del Naturalismo esta crudeza descriptiva, esta capacidad de representación de
los aspectos más abyectos, violentos e incómodos de la realidad. Pero, paralelamente,
podríamos decir que en Azuela no está funcionando la idea de la herencia, propia de
cualquier novela naturalista. Y otra diferencia es que tampoco hay una caída de los
personajes. Los personajes nacen ya como seres caídos, son los de abajo, la última escala
social.
Sí creo que el Naturalismo está muy presente en los retratos y en las comparaciones.
Cuando se describe a los de abajo, estas descripciones van acompañadas de comparaciones
que los asemejan al orden de lo animal, de lo bestial. Ese es el tipo de comparación por
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excelencia al Naturalismo. Estos sujetos siempre son asemejados en sus acciones (y acá
estaría incluido hasta un cierto discurso del criminalismo) a personajes con aspectos
criminales. Este fue uno de los elementos que le valió muchas críticas a Azuela. Es una
novela, en este sentido, ambigua. Por un lado, ilumina a estos personajes de abajo y, por el
otro, los presenta con un grado de animalismo muy alto.

[Pregunta inaudible]

Profesora: No, no me refería a la herencia económica, sino a lo que es la herencia


biológica. En Zolá, Naná es Naná, porque su madre y su padre son, a su vez, hijos de
alguien que también tiene algún vicio. Es el determinismo y la herencia, que siempre
aparece en escritores como Zolá o Cambaceres. Tampoco aparece la ciencia, que es otro
elemento fuerte del Naturalismo.

Alumna: ¿Esto tiene que ver con el Positivismo?


Profesora: Lo que sucede es que en México, se conoce como Los Positivistas, a un grupo
de intelectuales que apoyó a Porfirio Díaz. Entonces, estos intelectuales de la Revolución,
como Mariano Azuela, tienen mucha distancia con el Postivismo. Toman algunos
elementos, como por ejemplo el tema de las razas, pero siempre mantienen una distancia
clara. En ese sentido es paradójico que Azuela introduzca el elemento de la raza, que era
justamente el argumento que esgrimía el Postivismo para la segregación. Lo que sucede es
que son las coordenadas de la época, porque Azuela forma parte de un horizonte de alta
complejidad ideológica.
La novela toma como eje la historia de Demetrio Macías, que termina siendo un
líder del grupo villista. Es un personaje que tiene características positivas frente a su grupo.
Esto se trasluce inclusive en el modo de hablar de Demetrio que, si bien tiene una lengua
coloquial, incurre en menos errores que quienes lo rodean.
La acción transcurre toda en pequeños poblados de Zacatecas, que fue uno de los
espacios donde se dirimieron muchas batallas de la Revolución Mexicana. Demetrio
Macías va a aparecer, ya desde el principio, con una aureola de valiente, de héroe. Y a lo
largo de la novela se irá construyendo como el único personaje rescatable. Este personaje
aparece rodeado por el pequeño grupo de sus adeptos, pero este grupo poco a poco va
creciendo.
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Demetrio Macías había apoyado a Madero. Pero Madero había sido derrocado por
Huerta, que va a poner a su disposición a los Federales. El enfrentamiento, durante toda la
novela se produce con este sector. Es importante el contacto con los sectores letrados y,
sobre todo, la aparición de Cervantes, que aparece en el capítulo V. Es un periodista y, por
lo tanto, pertenece a la esfera de los intelectuales. Es por ello el que lleva la voz y el crítico
objetivo. Lo que sucede es que Cervantes es presentado como un personaje cínico. Es el
típico logrero, el aprovechador. En ese sentido es bastante antagónico a Demetrio Macías,
que es la figura más heroica de toda la trama. Muchos acontecimientos se van desarrollando
en base a los objetivos que va fijando el intelectual. Cervantes es el que le dice a Macías a
dónde tienen que ir, a quién tienen que apoyar, etc. Ahí está funcionando esa relación de la
Revolución con las armas y las letras. Está quien fija los objetivos y quien pone el cuerpo.
La novela va avanzando en términos de confirmación del poder de Demetrio, hasta que
llega a ser una suerte de personaje con fama. El va progresando militarmente, sobre todo
por su participación en la caída de Zacatecas. Por esto recibe un ascenso a general, dentro
de las tropas villistas.
La segunda parte de la novela es como el climax, porque es el momento en que se
asienta este grupo, que ha logrado triunfos militares importantes. A partir de aquí empiezan
a operar dentro de la lógica de la violencia y así empiezan los bandalismos, los robos, las
muertes, etc. La segunda es la parte más violenta de la novela. En la última parte, Cervantes
se escapa de la Revolución y se va a El Paso. Ahí se han visto algunas proyecciones
autobiográficas del propio Azuela, que es muy crítico consigo mismo. El grupo queda
desarticulado luego del fracaso de Pancho Villa.
Demetrio Macías vuelve a su pueblo, después de haber participado en sucesos
históricos. La novela continuamente trabaja con la trama de los sucesos efectivos de la
Revolución Mexicana, entre 1910 y 1915. Se hace alusión a sucesos y personajes puntuales.
Demetrio vuelve a su tierra a reencontrarse con su mujer y cae en una emboscada. Por eso
se dice que la novela tiene una estructura circular, porque Demetrio parte de su tierra y
vuelve a ella para morir. Esa circularidad se ve en relación a lo épico del personaje que,
como una suerte de Ulises, retorna a su tierra. Esa sería, muy reducida, la trama de la
novela.
Comencemos el análisis de la novela por el título: Los de abajo. Este título nos
habla de estos sectores del pueblo (campesinos, indios, mestizos), con lo cual podemos
decir que la novela espacializa los conflictos. Están los de abajo y están los de arriba. Hay
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como dos connotaciones porque, por un lado, está la connotación del lugar social y, por el
otro, está la connotación de la topografía. En la novela hay una representación del espacio,
como un espacio muy escarpado. Es un espacio de barrancos, de cortadas, de perspectivas,
de sierras. La espacialidad, arriba-abajo, se trabaja todo el tiempo en la novela, porque esta
es una zona montañosa. Tenemos entonces esta connotación topográfica, que tiene que ver
con las subidas y bajadas en un terreno escarpado; pero también tenemos la espacialización
de los conflictos en términos sociales (conflictos de raza, de clase, de género, de poder,
etc.).
El conflicto básico es el tema del caciquismo, la relación entre el cacique y el
pueblo. El cacique, en la novela, aparece en una sola escena, pero ya vencido y despojado
de sus posesiones. Pero en los parlamentos, sobre todo de Cervantes, está la teoría de la
Revolución Mexicana, como la Revolución del pueblo contra los caciques. Esa fue una de
las teorías importantes de la lucha. Estos caciques son los sectores que detentan todo el
poder social y había establecido una relación de mutuo favorecimiento con Porfirio Díaz. El
tema es que cuando Madero es asesinado estos sectores caciquistas se vuelven a favor de
Huerta. En esta relación de fuerza se entiende por qué el caciquismo aparece varias veces
en los parlamentos de Cervantes.
El subtítulo es “Cuadros y escenas de la Revolución Mexicana” que, en las
ediciones posteriores fue retirado por el propio Azuela. Pero, en el origen, estaba la idea de
abarcar una amplia narración de estos sucesos. Nos entrega una clave importante para la
lectura de la novela, que es su carácter fragmentario. Los capítulos son muy breves y no se
cuenta todo (hay sucesos que se pasan por alto) y tiene un agregado importante del diálogo.
La novela, de hecho, comienza con un diálogo en medias res, porque no estamos al
tanto de lo que está ocurriendo. La novela nos introduce, desde el comienzo, con un diálogo
entre Demetrio y su mujer. La novela empieza diciendo:

“-Te digo que no es un animal… Oye cómo ladra el Palomo… Debe ser algún
cristiano…
La mujer fijaba sus pupilas en la oscuridad de la sierra.
-¿Y que fueran siendo federales? –repuso un hombre que, en cuclillas, yantaba en
un rincón, una cazuela en la diestra y tres tortillas en taco en la otra mano.
La mujer no le contestó; sus sentidos estaban puestos fuera de la casuca.

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Se oyó un ruido de pezuñas en el pedregal cercano, y el Palomo ladrón con más
rabia.
-Sería bueno que por sí o por no te escondieras, Demetrio.
El hombre, sin alterarse, acabó de comer; se acercó un cántaro y, levantándolo a
dos manos, bebió agua a borbotones. Luego se puso en pie.
-Tu rifle está debajo del petate –pronunció ella en voz muy baja.
El cuartito se alumbraba por una mecha de sebo. En un rincón descansaban un
yugo, un arado, un otate y otros aperos de labranza. Del techo pendían cuerdas
sosteniendo un viejo molde de adobes, que servía de cama, y sobre mantas y desteñidas
hilachas dormía un niño”.
En esta escena ingresamos in medias res a la trama. Vean cómo, con muy pocos
elementos, con muy poca descripción de los objetos, se va creando un ambiente de pobreza.
Este primer capítulo nos introduce en la técnica de la novela, que trabaja con una gran
economía de los elementos que se entregan. La primera construcción del personaje se hace
a partir de sus enemigos, que son los federales que irrumpen. Cuando los federales
encuentran a Demetrio lo saludan como respetando al valiente. El capítulo concluye con la
separación de Demetrio y su mujer. La separación del guerrero y su esposa es un elemento
épico importante. A continuación se cuenta el desplazamiento de Demetrio por la montaña
y el capítulo termina diciendo: “Cuando después de muchas horas de ascenso volvió los
ojos, en el fondo del cañón, cerca del río, se levantaban grandes llamaradas. Su casa
ardía…”. El capítulo nos presenta la escena, el personaje se desplaza y luego nos muestra el
incendio de la casa. Pero no nos muestra, por ejemplo, la llegada de los federales a quemar
la casa. Eso le da al relato una gran capacidad de condensación, de economía. Eso es
definitorio para el desarrollo posterior.
La novela está estructurada en tres partes. Mónica Mansud dice que hay una
escritura matemática, porque la primera parte tiene veintiún capítulos, la segunda tiene
catorce y la tercera tiene siete. Esto le da al texto forma de embudo. A su vez, cada parte
responde a un momento de la Revolución. Hay un momento de conformación, de un cierto
idealismo y optimismo; hay un momento de violencia y de exceso; y hay un momento de
derrota. Estos momentos guardan una cierta simetría con los sucesos mismos de la
revolución.

Alumna: Se cuestiona el sentido de la Revolución…


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Profesora: Sí, y eso va a estar en las voces de los protagonistas: ¿qué significa la
Revolución? Se toma a la Revolución como una factor todopoderoso, un ciclo inevitable,
que decide sobre la vida la gente.
Para entender estos tres momentos, hay que tener presentes los sucesos de la
Revolución, porque a ellos están referidos. Un suceso importante sería el asesinato de
Madero, en 1913, y el ascenso de Huerta. Otro suceso importante es la Convención de
Aguas Calientes, en 1914. En esta convención se enfrentan Villa y Carranza. El otro suceso
importante es la derrota de Pancho Villa, en 1915. Villa luego vuelve, pero para nuestro
pequeño calendario de la novela, con estos datos nos alcanza. Yo no quiero ahondar mucho
en esto porque realmente se complica mucho. Quien lea sobre la Revolución Mexicana verá
el drama de las facciones que se unen, se separan y se vuelven a enfrentar. Más allá de los
nombres hay que ver qué elementos se están poniendo en juego. Es evidente que todos
luchan por el poder, pero hay factores que hacen que se armen y desarmen alianzas, que son
bastante complejos. En torno a estos tres sucesos, la novela tiene esta articulación tripartita.
La novela va acompañando estos distintos momentos y plantea el problema de qué es la
Revolución o a dónde lleva la Revolución. Esta definición muchas veces va a estar dadas
por los intelectuales, aunque algunas veces excepcionales la definición la van a dar también
los de abajo.
Hay un énfasis de la novela en la representación de este sector, que está
multiplicado en distintos personajes. Hay una referencia muy importante de Ángel Rama,
en La ciudad letrada (que es una crítica de los intelectuales en la tradición
latinoamericana), que dice respecto de la presencia de estos personajes en la novela:
“Mariano Azuela se especializó en la requisitoria contra los intelectuales, parte
sobresaliente de la clase media, a la que perteneció y aborreció de tal modo que, en Los de
abajo, puso a su protagonista revolucionario, Demetrio, dentro de un triángulo intelectual,
cuyos ángulos ocupaban Luis Cervantes, Alberto Solís y el loco Valderrama, para ofrecer
así la representación simbólica de una plural participación de intelectuales en la
Revolución”.
Y luego agrega Rama: “Conocemos ahora mejor la progresiva elaboración de Los
de abajo, desde la inicial publicación en folletín, en El Paso, en 1915. Y sabemos, por lo
tanto, la importancia que a este tema concedió Azuela, para acentuar hasta la caricatura
el retrato del intelectual oportunista [Luis Cervantes], en oposición al idealista
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Literatura Latinoamericana I
Teórico N° 13
decepcionado [Alberto Solís]”. Y luego dice respecto del loco Valderrama: “Para
incorporar una versión de su amigo José Becerra, del grupo maderista, bajo el nombre de
Valderrama, en el retrato de un intelectual auténticamente partícipe del impulso
revolucionario, pero que sólo puede vivir sus vicisitudes a través de una enajenación
mental que hace de él un ser puro y grotesco, un loco, dentro de es a larga tradición
literaria, que hace del loco el único capaz de conocer la verdad y el único que puede
resistir indemne la aberración de la realidad”.
Este planteo que hace Rama me parece muy inspirador, porque la novela es sobre
los de abajo, pero hay un enorme protagonismo, una focalización del lugar de los
intelectuales. Yo voy a sumar un personaje que Rama no incluye, que aparece como un
personaje letrado del pueblo. Me refiero al personaje de Venancio, el barbero, que sería el
intelectual orgánico que representa efectivamente a los de abajo.
Habría que decir que la novela representa en varios momentos una suerte de ruptura
de los símbolos letrados. En el capítulo XIX de la primera parte, por ejemplo, uno de los
integrantes del grupo de Demetrio Macías ha tomado como botín una máquina de escribir.
Es una máquina muy pesada que, como es incómoda de transportar, se va vendiendo entre
la tropa hasta que la terminan tirando por un barranco contra las rocas. En la segunda parte,
donde se incrementa el aspecto violento de la Revolución, aparece la escena de la quema de
los libros. No se dice que se quemen los libros para destruir la cultura letrada sino para
alimentar el fuego. En ese capítulo II de la segunda parte hay una mención a la Divina
Comedia, que no me parece menor, por la connotación del Inferno. Pero además, de esa
Divina Comedia, se destruyen los grabados, que era lo único que tenía algún interés para el
personaje que lo había robado.

[La pregunta de un alumno escapa al registro de audio]

Profesora: No, el lugar de Azuela dentro de los intelectuales de México es muy


complicado. Es una figura que no participa de los debates de la capital sino hasta el año
’25. Azuela permanece al margen y son los demás los que lo levantan. Luego sí hay un
intento de cooptación de Azuela por parte de la Revolución. Pero Azuela siempre aparece
como un sujeto muy independiente, tanto en su etapa inicial como cuando ya es un escritor
consagrado.

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Teórico N° 13
[Participación inaudible de una alumna]

Profesora: En una novela ninguna escena es gratuita, lo relacioné con la cosa quijotesca.
Porque el letrado se llama Cervantes, hay una quema de libros, hay un letrado que es
barbero (Venancio) y el mismo Demetrio Macías es quijotesco. También está el intelectual
loco, que es Valderrama. Hay elementos que pueden llevar a pensar en guiños o referencias
al Quijote. Estas escenas no son gratuitas y están sostenidas por la actuación de cada uno de
estos personajes que tienen a su cargo la definición del sentido de la Revolución.

[Se realiza un breve receso]

Quiero aclararles que para el Examen Final no deben preparar un tema, porque
hemos cambiado el sistema y ahora es con preguntas. Para la primera pregunta van a tener
unos quince minutos para poder organizarse. Deben traer el Programa preparado, con todos
los textos que se han visto en Prácticos y en Teóricos. Recuerden que los módulos que
hemos armado componen la bibliografía obligatoria. Además de los textos, ustedes deben
traer una lectura crítica de esa bibliografía. Les decía que les va a dar un tema de
exposición, para el cual ustedes dispondrán de quince minutos de organización. Después
que exponen ese tema les vamos a hacer una o dos preguntas sobre los otros temas.
Recomendamos que traigan los textos escritos, subrayados, etc. porque eso da cuenta de
una lectura.
Estábamos viendo el tema de la representación de los intelectuales y habíamos visto
cuatro personajes, cada uno de los cuales tiene una peculiaridad. La figura más importante
es la de Luis Cervantes, que sería la representación más fidedigna del logrero, de aquel que
persigue el triunfo a partir de un ejercicio premeditado. En todo momento Cervantes deja
claro cuál es su tesitura y su grado de falsedad. Cervantes se presenta como un desertor de
las fuerzas de Huerta, como el hombre que pasa de bando. Es alguien que cambia de
elección política y se presenta a sí mismo como un estudiante y un periodista. El va a
ocupar el lugar del secretario de Demetrio Macías, que es una función importante dentro
del ciclo de la Novela de la Revolución Mexicana. La dupla jefe militar - secretario
intelectual aparece en varias de las novelas.
A Cervantes se lo puede ver como un alter ego de Azuela, en una mirada muy
crítica de sí mismo, sobre todo porque en la tercera parte de la novela envía esta carta a
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Teórico N° 13
Venancia, desde El Paso, Texas, que es el lugar donde se asiló Azuela luego de la derrota
de Pancho Villa.
Hay mucha burla del narrador y mucha ironía hacia Cervantes. Esta ironía, sobre
todo, está depositada en su propio lenguaje. El lenguaje de Cervantes es exasperado,
declamatorio, etc. Cuando se preparan para tomar Zacatecas, que es un momento
importante para la afirmación de la fama de Demetrio Macías como revolucionario, en el
capítulo XVIII de la primera parte, el narrador dice: “Luis Cervantes brindó ‘por el triunfo
de nuestra causa, que es el triunfo sublime de la justicia; porque pronto veamos realizados
los ideales de redención de este nuestro pueblo sufrido y noble, y sean ahora los mismos
hombres que han regado con su propia sangre la tierra los que cosechen los frutos que
legítimamente les pertenecen’ ”. Ahí el narrador transcribe el discurso exagerado y
populista de Luis Cervantes que representa una suerte de oratoria desmedida.
Ahí se estaría trabajando también el antiintelectualismo que Monsivais señala como
propio de la Novela de la Revolución. Casi todos los discursos son parodiados dentro de la
novela; y los otros personajes tienen alocuciones mucho más breves que las de los
intelectuales. Hay otro elemento conflictivo, que es cuando él quiere sumarse a las fuerzas
de Macías siendo un desertor. Al comienzo no le creen, porque pensaban que era un
infiltrado que servía al bando contrario. El entonces hace una pregunta muy definitoria:
¿qué gano con que la Revolución triunfe o no? Se está colocando como por fuera de los
acontecimientos. Los que realmente van a tener alguna ganancia son los otros; mientras que
el intelectual está como por arriba de los conflictos. Es una suerte de ideología del
intelectual que el está personificando.
También es interesante el retrato físico que hace Azuela de los personajes de
Cervantes. Cuando se lo describe, en el capítulo XI de la primera parte, se lo compara con
un muñeco de porcelana, con piel blanca. Hay también varios elementos del orden de lo
femenino y, adelantada la trama, los hombres de Macías sugieren su homosexualidad. Luis
Guzmán, en realidad, rechaza a las mujeres por una cuestión de raza y de clase, pero
pareciera que va un poco más allá.
El papel de Cervantes es importante porque, en muchos pasajes, fija el sentido de la
Revolución. Pero también fija los objetivos hacia donde dirigirse. El es, por ejemplo, el que
convence a Macías de unirse al jefe villista que obtiene el triunfo en Zacatecas. Luego lo
convence de participar de esta Convención de Aguas Calientes. Es un personaje porque fija

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los objetivos políticos y los desplazamientos geográficos de este grupo que lidera Demetrio
Macías.
En sus discursos, Cervantes también fija el discurso de la Revolución, porque él es
el que dice que la Revolución sirve para que unos cuantos se enriquezcan y todo quede
igual. Es interesante porque el gatopardismo tampoco es una forma tal alejada de la
Revolución. Es también quien señala como responsable de todos los males al caciquismo.
Ese es el rol que juega: el de letrado que crea conciencia en los de abajo. El va
reinterpretando los hechos y fijando los sentidos. Me parece que un personaje así es muy
importante dentro de una novela, porque relativiza las acciones y coloca en primer plano el
sentido de la Revolución. Luego vamos a ver que la Revolución es una fuerza desenfrenada
que va más allá de los hombres.
El cinismo de Luis Cervantes pasa por el doble discurso. En la segunda parte de la
novela, donde yo les dije que hay una exacerbación de la violencia, él roba y, al mismo
tiempo, le pide a Demetrio que frene los robos. Permanentemente se encuentra en este
espacio de ambigüedad, que lo convierte en el personaje más cuestionado de la novela. Si
Azuela pretendió desnudar relaciones y situaciones para crear un héroe, también construyó
un antagonista con figura negativa, que sería Cervantes.
Si Cervantes es el cínico y el logrero, Alberto Solís es el intelectual desencantado,
que aparece como un personaje idealista. En realidad, sus parlamentos son bastante
objetables, porque sostiene la teoría racial. Es un intelectual impregnado por el Positivismo
y eso se ve en la imposibilidad que plantea para una organización nacional en base a una
raza contaminada. De todas maneras se destaca por su idealismo y porque muere al final de
la primera parte. También es interesante que la novela hace desaparecer a los intelectuales
al final de cada parte. Los intelectuales van desapareciendo porque su función es desarrollar
un rol determinado
El tercer letrado es Valderrama, que aparece en la tercera parte. Cervantes
acompaña la primera y la segunda parte; Alberto Solís muere al final de la primera parte; y
Valderrama aparece en la tercera parte, como sustituyendo a Cervantes. Valderrama tiene
una gran vehemencia declamatoria y hace una defensa muy populista de los serranos y del
pueblo. Este es un intelectual adjetivado como vagabundo, loco, poeta y también fusilador.
Hay un grado mayor de deterioro con respecto a Cervantes porque en el caso de él se dice
que es loco. El también podría ser pensado como la imaginación de los intelectuales de la
Revolución. Yo creo que podría ser pensado en esos términos. Valderrama también es
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cínico porque dice que le da lo mismo Villa que Obregón o Carranza. Finalmente este
intelectual huye de las filas.
El último, que no menciona Rama en su estudio, es Venancio, una figura muy
interesante. Él es de los primeros que rodean a Demetrio Macías y es de los últimos que
caen, porque muere en la misma emboscada que Demetrio. El acompaña la Revolución
desde el comienzo hasta el final de la novela. Así como Valderrama esta en paralelo con
Cervantes, Venancio estaría en paralelo con Alberto Solís. A diferencia de los otros Solís y
Venancio mueren.
Lo que caracteriza a Venancio como sujeto letrado es su procedencia de las capas
bajas. Se dice que es barbero y que las tropas lo llaman “Doctor”. Venancio, además, es
lector y a partir de él surgen dos citas: El judío errante y Sol de Mayo. Estos dos textos
aparecen citados en la novela y me parece que ahí hay una suerte de clave, porque estas son
novelas históricas. Ahí habría una suerte de guiño hacia la consideración de un paradigma
histórico de fondo que sostiene la trama de la novela. Si nosotros no tenemos en cuenta a
Madero, a Huerta a Villa y a la Convención de Aguas Calientes, nos perdemos buena parte
del sentido de la novela.
Venancio es un personaje interesante, a pesar de no tener gran protagonismo. Detrás
de él hay una historia oculta, porque en un momento uno de los compañeros lo acusa de
haber envenenado a la novia. Es también el que tiene la mirada crítica hacia los sectores
que no son los de abajo, esos que son mencionados como los “curros”. Cervantes es
catalogado como curro, que son los elegantes, los que no son de abajo. Y es Venancio el
que enuncia esta idea de que por los curros se han perdido los frutos de la revolución. Es la
profundas desconfianza de un intelectual orgánico (en este caso del pueblo) hacia estos
sectores que pretenden liderar ideológicamente los rumbos de las revoluciones.
Antes decíamos que una de las cuestiones que la novela presenta es cuál es el
sentido de la Revolución. Hay varias definiciones dadas por estos personajes. Por ejemplo,
Solís, en el capítulo XVIII de la primera parte define a la Revolución como un huracán.
Dice: “La Revolución es el huracán y el hombre que se entrega a ella no es el hombre, sino
la miserable hoja seca arrastrada por el vendaval”. Esta definición va a ser coincidente
con la que va a dar Valderrama en la tercera parte, porque él va a ver a la Revolución como
un volcán. La Revolución no depende de los hombres sino que es una fuerza desatada. Esa
es la idea que sostiene la novela. La definición de Valderrama está en el capítulo II de la
tercera parte y dice: “¿Villa?… ¿Obregón?... ¿Carranza?... ¡X… Y… Z…! ¿Qué se me da a
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mí? Amo la Revolución como el volcán que irrumpe. ¡Al volcán porque es volcán! ¡A la
Revolución porque es Revolución! Pero las piedras que quedan abajo después del
cataclismo ¿qué me importan a mí?”. Nuevamente tenemos la idea de una fuerza superior,
en este caso el volcán.
Dentro de estas definiciones, por último, me interesa la que da el propio Demetrio,
hacia el final de la novela, cuando se encuentra con su mujer. La mujer le pregunta: “¿Por
qué pelean ya, Demetrio”. Y “Demetrio, la cejas muy juntas, toma distraído una piedrecita
y la arroja al fondo del cañón. Se mantiene pensativo, viendo el desfiladero, y dice: -Mira
esa piedra cómo ya no se para…”. La piedra, como el volcán o el huracán, tiene una
inercia, una fuerza ciega, que ya se ha desencadenado y odebece sólo a sus propias leyes.
Eso sobre determina a los hechos, a los hombres a las circunstancias.
También mencionamos el tema de la violencia, que es uno de los aspectos en los
cuales la novela alcanza su punto más expresivo. Esta es la primera novela que se hace
cargo de la representación de la violencia. Esta violencia, que se desencadena en la segunda
parte, está representada o es narrada. Muchas veces aparece el relato de los protagonistas de
la Revolución, ufanándose de haber participado de hechos de esta naturaleza. En el capítulo
I de la segunda parte aparece el relato de la muerte. Lo primero que se dice es: “Yo maté” y
ahí cada uno va dando sus razones. El comentario del narrador es: “el tema es inagotable”.
Allí se ve además la gratuidad de las motivaciones por las cuales cada uno ha
matado. Llegamos a una escalada que incluye el robo, el saqueo, la destrucción sin objeto,
etc. Esto se ve en una escena típica de la Revolución, que es el ingreso a las casas
abandonadas. Hay muchas casas abandonadas por gente que ha tenido que huir. Cuando
entran a casas abandonadas se ve la ruptura de objetos de valor, como un espejo. Hay un
momento en que la Pintada ingresa al comedor de una de estas casas con un caballo. No
sólo está la violencia del despojo y del saqueo, sino que también está la violencia sexual. Es
acá donde se desata mucho más, sobre todo a partir del personaje femenino de la Pintada.
Ella finalmente es expulsada del grupo por el propio Demetrio Macías.
Todas estas escenas vienen acompañadas por una representación de los de abajo
como tumba. Este es un elemento del orden de la representación que ha sido leído con
cierta incomodidad por parte de la crítica. Algunos críticos, cuando la novela empezó a
tener éxito, repararon en esta representación virulenta que hace Azuela de estos sectores.
Acá están operando parámetros del Naturalismo. Se los ve bestializados y estigmatizados
por sus rasgos físicos, por su color, por su ropa, etc. Azuela hace una representación
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desagradable de los de abajo. Es como un tratamiento de rechazo en la propia descripción.
Eso se ve incluso en el modo en que describe a las mujeres. Es como que se sobrecarga la
adjetivación para lograr este efecto.
Uno se pregunta por qué Azuela hace esto. Bueno, en principio están las influencias
del Naturalismo. Los personajes de las novelas de Zolá también son retratados en sus
pasiones más elementales. En el texto que él escribe sobre Zolá, hace un recorrido de su
obra y valora el no tener una mirada idealizada. Él pretende enfrentarse a las
representaciones de lo popular que estén atravesadas por el patriotismo. En ese punto se
aparta violentamente de la oratoria de Cervantes. Creo que hay una elección de Azuela de
no glorificar o de desmitificar a los personajes. Uno de los procedimientos para no hacer
del relato de la Revolución un relato idealizante es a partir de una descripción muy cruda de
los personajes que participan de la Revolución. Mónica Mansud sostiene que este elemento
en Azuela revela la tremenda ambigüedad ideológica del autor. Ahí tenemos las dos
repuestas: ambigüedad ideológica y proyecto preconcebido para no hacer de este relato un
relato épico.

[Participación inaudible de una alumna]

Profesora: No, esa lectura biografista no la hace Azuela sino que la hacen los otros sobre
él. Evidentemente es más legítimo el discurso crudo de la representación naturalista que el
discurso falso de Cervantes. Entre esas dos opciones la novela apuesta a la primera. Como
intelectual él hace su autocrítica desdoblando distintas facetas del rol del intelectual en la
Revolución, a partir de estos distintos protagonistas.
De todas maneras hay algo interesante, enunciado por Solís, que es el límite entre
revolucionario y bandido. Tengamos en cuenta que el bandidismo es una corriente
importante tanto dentro de la Historia de México como dentro de su literatura. Hay un
personaje muy importante que es El zarco, de Altamirano, que representa el epítome de la
figura del bandido. Pero la novela trabaja en ese límite y también se beneficia de esa
tradición. Para nosotros resulta mucho más difícil reponer ese contexto. A mí me parece
que no es un elemento que está demás; además está enunciado dentro de la novela.
Ya vimos las representaciones femeninas, de las soldaderas y demás mujeres.
Inclusive en su descripción física se dicen que tiene ojos lascivos y pelo hirsuto. Además
son aludidas como “hembras de caras oscuras y cenicientas” y una de ellas es vista como un
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mono. Allí es donde están más depositadas estas observaciones pseudonaturalistas de
Azuela.
Contra todos estos personajes, el que resalta y merece un lugar especial es
Demetrio. El puede ser pensado como una suerte de metáforas de la propia revolución. El
no entra por una propia opción militante sino por un enfrentamiento con un cacique. El
propio Demetrio es el ejemplo más cabal del hombre subordinado a la fuerza
inquebrantable y desatada de la Revolución. Esto lo pueden ver en el artículo de Seymour
Menton, que pretende demostrare que Demetrio Macías está construido con los cánones de
cualquier personaje épico, como el Cid o como Ulises. El menciona la despedida de la
mujer, el hecho de que parte y luego regresa, etc. El coteja la despedida de Demetrio con su
hijo con la escena de la despedida, en la Iliada, de Héctor y su hijo. Recuerden que el hijo
de Héctor se asusta cuando ve a su padre con todos los atributos del guerrero.
La lectura opuesta es la que hace Carlos Fuentes, que trabaja el tema del caudillismo
pero desde otra perspectiva, relacionándolo con un concepto que toma de Max Weber. Y
me parece que le da una vuelta de tuerca político-ideológica bastante interesante. El habla
de una épica vacilante. (…) Por eso Fuentes retoma esta idea de una Iliada descalza. En
este sentido, la novela trabaja a contrapelo de cualquier epicidad. Esto es interesante para
tener diferentes lecturas.
Sí creo que es claro en la Azuela la intención de crear un personaje que sustente
valores. Yo creo que el único personaje que en esta novela sustenta algunos valores es
Demetrio Macías. Él en un momento detiene los saqueos y cuando puede tomar venganza
sobre el cacique que lo ha perseguido, en lugar de matarlo opta por incendiarle la casa.
Independientemente de lo que digan Fuentes o Menton, podemos leer a este personaje
como el lugar donde se depositan ciertos valores. Además tiene el aditamento de que
Demetrio “tiene sus mejillas cobrizas de indígena”. Esto llama la atención porque el héroe
es un indígena. Esto es interesante cruzarlo con las descripciones tendenciosas de Azuela.
Además Demetrio Macías representa el valor sin reflexión, sin orientación política. El
siempre necesita de algún tipo de orientación por parte de los intelectuales.
Creo que este es un texto que, más allá de su aridez, tiene un sustento estético
interesante. Hay ciertas descripciones donde está haciendo un recurso al lirismo. Acá está
esa defensa de Azuela de una novela de creación, que no es sólo registro documental ni
periodismo. Es la idea de una creación literaria que, en gran medida, pasa por esta
ambientación, que es bastante detallada y, al mismo tiempo, muy eficaz narrativamente.
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Por ejemplo, en el capítulo XXI de la primera parte dice: “De lo alto del cerro se veía un
costado de La Bufa, con su crestón, como testa empenachada de altivo rey azteca. La
vertiente, de seiscientos metros, estaba cubierta de muertos, con los cabellos enmarañados,
manchadas las ropas de tierra y sangre, y en aquel hacinamiento de cadáveres calientes,
mujeres haraposas iban y venían como famélicos coyotes esculcando y despojando”. Ahí
está la imagen de la similitud de los personajes con animales.
También tenemos la descripción del vagón del tren. Dice: “Humo de cigarro, olor
penetrante de ropas sudadas, emanaciones alcohólicas y el respirar de una multitud.
Hacinamiento peor que el de un carro de cerdos. Predominaban los de sombrero tejano,
toquilla de galón y vestido azteca”. En la tercera parte también tenemos una descripción de
los pueblos en ruinas, que es bastante memorables. “Igual que los otros pueblos que venían
recorriendo desde Jalisco, Aguas Calientes y Zacatecas, Hutchipila era una ruina. Las
huellas negras de los incendios se veían en las casas destechadas, en los pretiles ardidos.
Casas cerradas y una que otra tienda, que permanecía abierta, como por sarcasmo”.
Hay mucha elaboración, y yo creo que la novela busca ciertas notas altas, sobre todo
hacia el final. La propia descripción del espacio contribuye al final de la muerte de
Demetrio. El último capítulo tiene un trabajo muy estilizado del paisaje. Veamos el
comienzo del capítulo: “Fue una verdadera mañana de nupcias. Había llovido la víspera
toda la noche y el cielo amanecía entoldado por blancas nubes. Por la cima de la sierra
trotaban potrillos brutos de crines alzadas y colas tensas, gallardos con la gallardía de los
picachos que levantan su cabeza hasta besar las nubes”. Y el párrafo final de la novela
dice: “El humo de la fusilería no acaba de extinguirse. Las cigarras entonan su canto
imperturbable y misterioso; las palomas cantan con dulzura en las rinconadas de las
rocas; ramonean apaciblemente las vacas. La sierra está de gala; sobre sus cúspides
inaccesibles cae la niebla albísima como un crespón de nieve sobre la cabeza de la novia.
Y al pie de una resquebrajadura enorme y suntuosa como pórtico de vieja catedral,
Demetrio Macías, con los ojos fijos para siempre, sigue apuntando con el cañón de su
fusil”.
En este final, con todas estas imágenes bastante estetizadas de la naturaleza, se
intensifica la nota lírico-descriptiva, para acompañar la fatalidad del fin del personaje.

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Alumno: En 1915, cuando algunos intelectuales empezaban a entrever la necesidad de que
se institucionalice la Revolución, el hecho de que quede apuntando para siempre con el
fusil es bastante significativo…

Profesora: Sí, es una buena observación. Esto tiene una enorme proyección hacia las
demás novelas de la Revolución. En muchas cosas uno puede entrever la veta de Rulfo o de
Fuentes. Es como que acá están todas las novelas de la Rvolución, no sólo El águila y la
serpiente sino también las posteriores, como Pedro Páramo, y las últimas, como La muerte
de Artemio Cruz, que supuestamente cerraría el ciclo. Es una novela que no sólo articuló el
ciclo de la revolución desde el comienzo, sino que también dio cimiento a las novelas
contemporáneas. De hecho ésta fue una novela muy bien leída por las vanguardias.
Por hoy vamos a dejar acá. Les deseo suerte y nos vemos en el final.
Hasta la próxima.

Versión CEFyL

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