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“NOCIONES FUNDAMENTALES DE LAS CULTURAS ORIGINARIAS DE CHILE AL CONTACTO CON EL EUROPEO” 1

I N T R O D U C C I O N

La multiplicidad de mundos ecológicos, donde se desenvolvió la vida del aborigen prehispano, permite vislumbrar a grupos humanos circunscritos a su hábitat. El medio físico restringe a los pueblos que no han alcanzado cierto grado de desarrollo tecnológico, a extraer primariamente de su contorno los elementos imprescindibles para su supervivencia. Ser indígena es ser primitivo, es ser primigenio. La comunicación es casi directa con la naturaleza, no la trasforma, no la cambia; se adapta. Un contexto o complejo cultural constituye una de las posibles respuestas que un grupo humano da a su ambiente natural. En esta idea, se presenta una visión general de la organización social, política, económica y religiosa de las comunidades aborígenes que habitaban el actual territorio de Chile al contacto con el hispano, por áreas ecológicas señaladas como norte, central, sur y montaña, insular occidental y extremo sur.

1 Este texto,

contenida en diversas publicaciones tanto nacionales como extranjeras, por lo que no se citan las referencias. Solo se señala la bibliografía tenida a la vista.

preparado con fines exclusivamente docentes, es una recopilación de información

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ANTECEDENTES PRELIMINARES:

Respecto a la ocupación del actual territorio de Chile existe consenso de que éste se produce en dos direcciones, la clásica de norte a sur y la “variante brasileña”, que explicaría la data de ocupación, a un mismo tiempo cronológico- aproximadamente entre 14.000 y

15.000

años antes de la era cristiana - de Chinchorro, Gatchi y Fell. Esta etapa, hasta el

10.000

a.c., recibe la denominación genérica de Paleoindio.

De este tiempo, como es natural; subsisten escasos vestigios, siendo los de mayor peso científico y mejor nivel de conservación, los de la Cultura de Chinchorro o Arica, que tienen una datación de a lo menos 4.000 años, ya que ocuparon su hábitat, la franja costera de la Región de Tarapacá; entre los 7.000 y 2.000 a.c. Los restos humanos de Chinchorro, descubiertos en 1917 por Max Hule, pero dados a conocer solo en 1983, se caracterizan por una momificación compleja, consistente en un vaciado de las vísceras, reemplazo de partes perdidas y recubrimiento del cuerpo con un tipo de lodo. La práctica de momificación se condice con la necesidad de llevar a sus muertos en los periplos, dado que estamos frente a grupos nómades trashumantes. El enterramiento transversal denuncia claramente un nivel alto de desarrollo por su culto a los muertos, de una antigüedad superior en más o menos 5.000 años sobre Egipto Antiguo. Según la arqueóloga peruana Ruth Shady, que logró sustentar la antigüedad de 5.000 años del complejo urbano de Caral, 200 kilómetros al norte de Lima; en la tradición Chinchorro hay un trabajo especializado en los muertos para hacer de ellos esculturas e íconos artísticos representativos. En ninguna parte de América hay un tratamiento tan sofisticado. El trabajo de los antropólogos físicos chilenos del museo San Miguel de Azapa, demuestra que esta práctica se aplicó por igual a hombres, mujeres y niños, sin discriminaciones aparentes, en una práctica que revela el respeto hacia quien fallecía y que pervivió durante 4.000 años. Las radiografías han confirmado que pequeñas estatuillas Chinchorro eran en realidad fetos y recién nacidos momificados, en una prueba mas que sugiere que quizá la momificación surgió de la mortalidad infantil causada por al ambiente contaminado de arsénico. En opinión de Danielle Stordeur, de la Universidad de Lyon, la intensidad y duración del fenómeno Chinchorro es una expresión muy fuerte de un sentido de trascendencia y la esperanza de inmortalidad, con una identidad único.

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Su origen genético podría relacionarse con pueblos del Amazonas, ya que el tránsito entre Selva y Costa fue siempre muy fluido. La principal actividad desarrollada fue la pesca y recolección de productos del mar, lo que se deduce de las afecciones de delatan los restos estudiados: mujeres con deformación y escoliosis en su columna vertebral y varones con sordera prematura.

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I.- AREA ECOLOGICA NORTE:

A.- ATACAMEÑOS:

Indígenas que al arribo de los hispanos poblaban los oasis circundantes del salar de Atacama y los valles precordilleranos del área. Su influencia se puede determinar entre los 18° y 24° Lat. Sur y entre el Océano Pacífico y las cumbres del macizo andino; zona que aproximadamente corresponde a las actuales I, II y III regiones. Esta área es considerada una de las regiones de máxima aridez en el mundo. Respecto a su origen y etnia, la arqueología se divide en dos corrientes de opinión:

Los que los identifican con un grupo de origen remoto denominado “Likan-antai”, parlantes del dialecto kunza, sin parentesco con los idiomas andinos conocidos. Ello implicaría resabios de un grupo paleo-indígena. Su afán de poblamiento habría abarcado desde el sur de Perú hasta Antofagasta y los valles de Jujuy y Huamaca en Argentina, terminando por replegarse al área del salar y a lo largo del río Loa, asiento probable de su origen. Su cultura habría evolucionado desde cazadores-recolectores hasta el total dominio de la agricultura del maíz. Los mas modernos, para quienes el término “atacameño” no tiene significación étnica, sino solo geográfica; para circunscribir a todos los grupos indígenas que poblaron las áreas del salar y valles vecinos, desde tiempos remotos hasta el siglo XVI de nuestra era. Es difícil pronunciarse sobre la organización social y política en base a los datos disponibles. Sin embargo, sabiendo que el oasis carecía de precipitaciones suficientes para el cultivo; seguramente, la población debió explotar el “recurso agua” y eso requiere disciplina, lo que hace suponer un cierto grado de integración social y control político, eficaz para la adquisición, por trueque, de productos y materias primas de diversas procedencias, situadas, a veces, muy distantemente. Esto significó gran movilidad, lo que se aseguró mediante el uso de “recuas de llamas”. Sea como fuere, hay que suponer que la organización social requerida para realizar muchas de estas actividades se relacionaría con la existencia de una elite incipiente, a cargo de señores que centralizaban la autoridad religiosa y política en los diversos oasis de la puna Esta cultura alcanzó su apogeo hacia los siglos 9 y 11 de nuestra era. Los artesanos, en el florecimiento cultural; confeccionaban tiestos de cerámica roja y negra, caracterizados por su decoración grabada con diseños geométricos de puntos y

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líneas, curvas o rectas y llamas estilizadas. Hilaban y tejían lana de sus auquénidos, trabajaban minas y su metalurgia producía un bronce casi tan duro como el acero. En sus adornos personales utilizaron la plata y eventualmente el oro. Según Vivar, su vestimenta era similar a la de los indígenas del Perú; o sea, un sayo ancho que les cubría los brazos hasta los codos y las piernas hasta bajo de las rodillas. Hombres y mujeres usaban el cabello largo. Sus viviendas estaban construidas esencialmente de adobes y madera de algarrobo, con techo de barro. En algunas localidades, especialmente oasis, se usó el coirón. Generalmente se dividía en dos ambientes, en uno los moradores tenían la habitación donde dormían y el menaje de casas; el otro se destinaba a cementerio de los ancestros. Usualmente sobre el techo se construían graneros. Acostumbraban a enterrar a sus muertos con un rico ajuar, lo que señala su preocupación por la vida después de la muerte. En este contexto se debe aclarar que los objetos funerarios no son para el uso del muerto, lo que parece obvio; sino que “significan” la vida de la persona. Los objetos cotidianos, como el vestuario y las pinturas personales se pueden “leer”, o sea tienen significado. El ser un punto obligado de abastecimiento de los viajeros y, por lo tanto, concentración de influencias culturales llegadas de todas partes, permitió la formación de una rigurosa cultura local y regional: El complejo cultural San Pedro de Atacama. A través de su largo desarrollo pasó por diferentes fases, sin perder nunca la continuidad de las manifestaciones que la caracterizaron como unidad. Las influencias de Tiahuanaco e Incásica se notan en la cerámica y la práctica de la deformación tabular oblicua del cráneo. El uso de implementos del “complejo cultural rapé”, sugiere que los sacerdotes y chamanes en el auge cultural, aspiraban polvos estimulantes y alucinógenos como parte de un acto ritual dentro de las ceremonias, que incluía además uso de máscaras, decapitación, etc. Por la presencia de cucharas con motivos simbólicos, se infiere la distribución de comidas y bebidas a los participantes. Recuerdo de sus cualidades guerreras, expresadas en la resistencia al Inca e hispano, son los pukaras. La Comisión de Monumentos Nacionales se ha preocupado de la restauración de los de Lasana y Quitor. En esta transferencia cultural adquiere especial relevancia el camino del Inca 2 , que según información del Consejo de Monumentos Nacionales de Chile, se abría extendido en

2 El camino imperial QHAPAQ ÑAN- que comenzaba y llegaba a Cusco (ombligo del mundo), cubriendo desde Pasto (Ecuador) a Rancagua (Chile) constituye la base del aparato administrativo, y recorrer toda la ruta

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nuestro actual territorio hasta la altura de Rancagua, seccionado en seis tramos: Putre a Zapahuira; Miño a Lasana; Cupo a Incahuasi; Camar a Peine; Portal del Inca a Sierra de Capis; Valle de Copiapó. El tramo Pitre a Zapahuira, atraviesa el altiplano luego de la entrada del Qhapaq Ñan a Chile. Posee un tramo de camino ancho y empedrado de carácter único. De Miño a Lasana, se dirige desde el poblado prehispánico de Lasana hacia el norte, con importantes sitios de arte rupestre como Santa Bárbara, Incahuasi y Cerro Colorado. Cupo a Incahuasi, posee importantes sitios arqueológicos como el poblado de Turi y el centro minero y ceremonial de Cerro Verde. Camar a Peine, representa la parte norte del desierto de Atacamam cruzando por los últimos oasis antes de atravesar una geografía de extrema aridez. Destaca el tambo de Peine y el poblado del siglo XVI denominado Peine Viejo. Portal del Inca a Sierra de Capis, es la parte sur del cruce del desierto de Atacama, con diversos tambos 3 , arte rupestre, el oasis de la Finca de Chañaral, y poblados mineros como Inca de Oro. Valle de Copiapó, posee importantes silos como el pukara de Punta Brava, el tambo de La Puerta, el centro metalurgista de Viña del Cerro y el poblado de Iglesia Colorada, cada cual unido en su época por el Qhapaq Ñan.

B.- CHANGOS:

El término, de origen lingüístico desconocido; fue aplicado al grupo de individuos que se ubicaron en el litoral sudamericano desde el sur de Perú hasta la zona central de Chile, encontrándose su radio de acción mas intenso en el área Arica Copiapó. En el Chile actual se datan vestigios de su presencia desde hace aproximadamente 10.000 años, tiempo en el cuál evolucionaron desde simples recolectores hasta pescadores que utilizaron básicos pero útiles instrumentos: redes, chopes (instrumento de hueso usado para extraer lapas, locos y otros moluscos adheridos a la roca), anzuelos y sedales. Los Aimaraes, desfavorablemente impresionados por su tez obscura, curtida por el sol y el mar, les dieron el apelativo de “Camanchangos”, que significaría repugnante. También los llamaron “puquinas”, que significa colorados, por las manchas rojizas de su piel, derivadas de su ictiofagia.

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Fueron por lo general pescadores nómades y sólo en forma ocasional se conocen establecimientos. El lobo marino constituyó su fuente de alimento y materia prima: el estómago, como recipiente para guardar agua y su cuero para fabricar balsas. Socialmente se agruparon en clanes, a cuya cabeza se encontraba un jefe de familia reconocido por los demás integrantes; el que recibía apoyo de los ancianos. Al alcanzar una mayor extensión en el dominio del ecosistema, el pueblo Chango estableció contactos de intercambio con otros contemporáneos. De los Diaguitas conocieron el uso del cobre y las nociones básicas de agricultura, que practicaron en escasas ocasiones. Subsistieron hasta las primeras décadas del siglo XX. Desde entonces, con el desarrollo minero e industrial de las provincias del norte, los Changos fueron desapareciendo al irse incorporando a las formas de vida general de la zona. Estudios antropológicos reciente (José Berenger, Phd.) han puesto de manifiesto una faceta desconocida, su arte rupestre. La mejor muestra es la quebrada del Médano, 75 kilómetros al norte de Taltal, uno de los yacimientos de arte más singulares del Pacífico sudamericano, donde se encuentran aproximadamente 1.500 imágenes pintadas en rojo, donde se reconocen cetáceos como el calderón negro, el cachalote y la ballena, lobos de mar, albacoras, peces martillo, rayas, tortugas y otras criaturas del mar. Lo mas intrigante es que quienes iban a la quebrada del Médano desde la playa, debían escalar mas de mil metros de acantilado y cruzar una espesa capa de bruma, para llegar recién al ambiente seco, silencioso y siempre soleado de la quebrada. Solo sujetos especialmente dotados deben haber plasmado las imágenes que aseguraban simbólicamente la subsistencia del grupo y si reproducción como sociedad.

C.- DIAGUITAS:

Nombre genérico, convencional; para los indígenas que a partir del siglo VI de nuestra era, poblaron las actuales regiones de Atacama y Coquimbo, extendiéndose por todos los valles de cordillera a mar. Su procedencia es desconocida, aún cuando se ha afirmado con cierta propiedad que serían originarios del noroeste argentino, específicamente de las “provincias diaguitas” (Salta, Tucumán, Catamarca). Según Latcham, sería argumento valedero de parentesco el uso del dialecto kakán.

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Otro antecedente que se maneja para vincularlos con poblaciones pampeanas, es el uso del tembetá, pieza de madera o piedra que puesta en el labio inferior generaba una deformación. Seguramente era signo de pertenencia a alguna elite, ya que los restos encontrados no lo presentan como de uso masivo. Ocuparon un área privativa de la cultura El Molle, mezclándose con ella. De este mestizaje derivarían las diferencias que presenta respecto a sus más inmediatos parientes. Recibieron influencia incaica, la que se reconoce a través de la cerámica y del culto solar. Su vestimenta era similar a los atacameños, aún cuando usaban también fibras vegetales. Eran por excelencia polígamos, dependiendo de su disponibilidad económica el número de esposas. La mujer fue considerada propiedad del esposo, como sus herramientas, cántaros y vestimenta; razón por la cuál, era práctica corriente que al morir éste, la mujer le acompañase, junto a sus pertenencias mas valiosas, bebidas y alimentos. Quizás, esta práctica de enterrar a las mujeres junto al esposo, haya sido inconscientemente una válvula para equilibrar el constante aumento de ellas. Otra costumbre fue la mutilación de los dedos en señal de duelo. Las falanges eran colocadas en la tumba del ser querido, simbolizando amistad. A la llegada del hispano practicaban la agricultura en excelente forma. Opusieron resistencia al conquistador, lo que les valió el calificativo de “gente belicosa”.

D.- AYMARAES:

Comunidad característica del Altiplano. Su medio geográfico fue la meseta y faldas occidentales de los Andes, desde los 23° lat.sur. Sus rasgos físicos ofrecían algunas particularidades; tronco de una extensión poco común en proporción a su altura, con un sorprendente desarrollo del pecho y en sus cortas extremidades. Los escritos primitivos suministran poca información al respecto, sabiéndose que a la época de la conquista estaban bajo dependencia Quechua, aún cuando muchos investigadores señalan que los Aimaraes habrían sido sus inspiradores, antecedente basado en las tradiciones orales y la existencia de ciclópeas construcciones. Tenían una religión Sabeísta, lo que denota un avanzado nivel de desarrollo intelectual.

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Cada ayllú (familia, tribu) adoraba a un antepasado imaginario, representado por los Malaquis (momia). Cada familia tenía dioses domésticos (conopas), representados por el maíz, frutos, animales, etc., productos de los que dependía su destino y bienestar. Los sacerdotes recibían el nombre de Villcas, y las ceremonias y fiestas públicas tenían referencia con las funciones de las estaciones del año, según éstas afectasen más o menos las operaciones agrícolas. Se fijaba para ello la época de solsticios y equinoccios, de manera que para el sacerdote era indispensable poseer sólidos conocimientos astronómicos. En su hinterland es posible encontrar claros indicios de la presencia Incaica, como el tambo albergue y centro de acopio Inkamarca, construido sobre un afloramiento rocoao con fuentes de agua dulce, a 4.238 metros de altitud, en la cuenca de Cariquina. Inkamarca es uno de los ejemplos de arquitectura incaica probablemente mejor preservados del norte de Chile. Consta de más de treinta estructuras, incluyendo una plaza o aukaipata con muro de contención del lado de la quebrada y una gran estructura rectangular con techo a dos aguas o kallanka. Todos los muros de los edificios son de hilada doble de piedra con relleno, algunos con más de 5 metros de altura y 14 metros de largo.

En su área ecológica se ubican las grandes y altas montañas ceremoniales, entre ellas el Llullaillaco; donde los Inkas realizaron sacrificios de niños en homenaje al sol, acto demostrativo de su convicción. En opinión de la antropóloga Constanza Cerutti, de la Universidad de Salta, lo destacable es que hayan ascendido sobre 6.000 metros solo con fines religiosos, con los limitados medios con que se contaba en la época. Allí se han descubierto dos vestigios: la niña del rayo y la doncella. La niña del Rayo tenía cerca de seis años. Fue llamada así por los investigadores porque su cuerpo recibió una descarga eléctrica que quemó parte de su rostro, cuello. Hombros y brazos, así como sus ropas. La doncella, en cambio, tenía quince años. Los investigadores especulan con que se trataría de una aclla o virgen del sol, educada en la casa de las escogidas a aclla huasi, un lugar privilegiado para las mujeres en tiempos del tawantinsuyu. Los niños de Llullaillaco murieron como consecuencia de la Capacocha o Capac Hucha, la “obligación real”. En tiempos de cosecha, desde los cuatro suyus, eran enviados hasta Cusco algunos hijos de jefes locales, escogidos por su belleza. Después de una ceremonia, los niños eran llevados a los centros ceremoniales más importantes en extenuantes jornadas a pie. La comitiva subía la montaña y dejaba a los niños sedados con chica y hojas de coca.

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Para los incas, los niños no morían, sino que se reunían con sus antepasados y visitaban sus aldeas para protegerlas. Algunos antropólogos ubican al Niño del Plomo en esta área ecológica. Por razones didácticas, nosotros preferimos asociarla al área ecológica central.

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II.- AREA ECOLOGICA CENTRAL:

A) PICUNCHES:

Aunque arbitraria, es la única denominación que existe para llamar a los naturales que habitaron la zona comprendida entre los ríos Choapa e Itata (31° a 36° lar. Sur). Significa “hombres del norte”, que deriva de la división a que fueron afectos los naturales del centro (léase Mapuches), a consecuencia de la invasión de tribus nómades procedentes de las pampas. La región Picunche suele dividirse en 3 zonas geográfico-cultural:

a) Choapa-Maipo: Zona colindante con los diaguitas. Su influencia se hizo sentir en la cerámica y uso esporádico del metal.

b) Maipo-Maule: Decrece influencia diaguita. Se denota en el empobrecimiento de la alfarería.

c) Maule-Itata: Influencia diaguita casi imperceptible. Zona de menor población, que fue

invadida periódicamente por nómades del oriente de la cordillera o con asiento en el área ecológica Sur y Montaña. Según los cronistas, estos naturales fueron denominados por los Incas como “promaucaes”, voz quechua que significa “gente alzada” o los “no conquistados”, debido a la resistencia que opusieron. Eran agricultores y ganaderos, conocían la alfarería y tejeduría. El cultivo del maíz fue la base de su alimentación. La vestimenta tradicional eran mantas y fajas tejidas, la que cayó en desuso por la influencia del camisón quechua. Las mujeres ejercían atracción por el modo de vestirse, al dejar sus senos al desnudo, y el cabello, que usaban suelto y en gran cantidad, considerándose ofensivo su corte.

No tenían gobierno central y vivían en pequeñas agrupaciones para defenderse contra el común agresor. Según parece el sistema imperante era matriarcal, encontrándose en un estado de transición al patriarcado cuando los hispanos se pusieron en contacto con ellos. El cacicazgo era hereditario a los hijos varones de la primera esposa, mientras que los jefes militares eran elegidos en asambleas. En el orden religioso pueden señalarse varias manifestaciones: chamanismo, hechicería, sabeísmo, ritos fúnebres. Las creencias mortuorias estaban relacionadas con su

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creencia en otras vidas, donde continuaban con las mismas necesidades que en su primera existencia, lo que explica el ajuar funerario. El luto se exteriorizaba simbólicamente con pinturas faciales. La forma de sepultar era en talegas, llevando semillas en las manos. Hasta esta zona se puede apreciar, objetivamente, la presencia e influencia incaica, siendo el vestigio más emblemático el caso del “Niño del Plomo”. Ofrendado al sol hace más de 550 años de acuerdo a un ritual religioso del Tawantinsuyu, el Niño contaba con aproximadamente 0cho años de edad al momento de ser ofrendado Acompañado de sacerdotes y oficiantes, habría ascendido al cerro del Plomo, hasta el sector hoy denominado “El Adoratorio” ubicado a 5.200 msnm. Ataviado para la ceremonia con una camisa o unku de lana oscura con adornos de piel color blanco ribeteados con flecos de lana roja y cubriendo su espalda una manta o yakolla, sus pies fueron calzados con mocasines de cuero, o hissku, adornados con una cinta de lana bordada. Su rostro fue pintado de color rojo con franjas amarillo ocre, en tanto que su cabello fue peinado con trenzas en un número superior a las doscientas, sobre las cuáles le colocaron un adorno llamado llautu, consistente en un cordón de pelo humano fuertemente torcido que da cinco vueltas alrededor su cabeza y que desciende por debajo de la barbilla como un fijador que sostenía un adorno laminar de plata. Sobre su cabeza un tocado con flecos de lana destrenzada de color negro y coronado con un penacho de plumas de cóndor en la parte frontal terminaba de engalanar al Niño, que en su antebrazo derecho, lucía un ancho brazalete de plata laminada. Adormecido mediante la ingesta de chicha o de alguna otra sustancia narcótica, el Niño fue depositado en una cámara, excavada previamente en el piso congelado de una estructura de planta rectangular y con muros de piedra de aproximadamente 80 centímetros de alto, la que fue sellada posteriormente con piedras laja. En el mismo recinto, conocido como “El Enterratorio” ubicado a una altura de 5.400 msnm, se colocó la ofrenda funeraria, de las que se recuperaron dos figuras de camélido, una de aleación oro plata, y otra de concha de spondylus (roja, existente en el trópico), una bolsa de lana recubierta con plumas de parina que contenía hojas de coca, un conjunto de bolsas pequeñas de cuero, que guardaban recortes de cabello, de uñas y dientes temporales del Niño, así como hebras de lana roja y una figura antropomorfa de plata, de sexo femenino, vestida con prendas textiles y coronada su cabeza con un tocado de plumas rojas y amarillas. Otro antecedente importante de tener en cuenta es la ocupación del área de la laguna de Tagua Tagua (San Vicente, Sexta Región), donde en 1967 se encontraron restos líticos

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atribuibles a una economía de cazadores recolectores, estimados en una data de 6.130 años antes del presente. También se hallaron instrumentos de hueso asociado e fauna pleistocénica extinta, con data de 11.380 años antes del presente. En estas excavaciones no se encontraron huesos humanos ni algún sitio habitacional que tuviera relación con estos vestigios. Sin embargo, en la localidad de Cuchipuy, ubicada a siete kilómetros de San Vicente de Tagua Tagua, se encontró un cementerio que presenta cuatro niveles esqueletales, con ajuares mortuorios diferentes. En el nivel 1 (50 centímetros de profundidad) los esqueletos se encuentran depositados en posición flectada y uno de ellos presenta deformación craneana intencional. Se estima de antigüedad alrededor de 1.320 años antes del presente. En el nivel 2 (hasta 1.60 metros), se encuentran enterramientos en acumulaciones de piedras que contienen varios cuerpos. Se estima una antigüedad de 5.760 años antes del presente. En el nivel 3 (hasta 2 metros), se encuentran escasas muestras humanas, pero hay punzones, leznas, manos de moler, piedras horadadas, etc. Se estima una antigüedad de 7.000 años antes del presente. En el nivel 4 (hasta 3 metros), se presentan tumbas bien definidas. Ha sido fechado en 8.070 años antes del presente, y presenta la evidencia ósea más antigua de Chile central. Otro sitio en la misma zona es Santa Inés, lamentablemente muy intervenido. Sin embargo en este lugar se encontró la base de una punta de proyectil acanalada, conocida en la arqueología americana como puntas cola de pescado. Estas puntas son muy escasas en América Central y Sur, y generalmente están asociadas a los cazadores especializados del Paleoindio.

B.- CHIQUILLANES:

Grupos indígenas que habitaron los altos valles de ambas bandas de la cordillera central; razón por la cuál muchos investigadores los sitúan entre los pueblos de montaña. Eran nómades y vivían, preferentemente, de la caza del guanaco. Los primeros cronistas los incluyen dentro del grupo “Puelche”, comenzando a diferenciarse notablemente solo en el siglo XVII.

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III.- AREA ECOLOGICA SUR Y MONTAÑA:

A.- ARAUCANOS:

Nombre dado por los españoles a los indígenas que poblaban la zona entre los ríos Itata y Toltén (36° a 39° lat. Sur). El término es una posible derivación del vocablo “Auka” de origen quéchua, con que los Incas los denominaron y que Ercilla inmortalizó. Su origen ha sido muy discutido. Según Latcham, parece derivar de una mezcla entre un pueblo nómades invasor procedente de las pampas orientales- Moluches y los mapuches agricultores asentados en la región que los españoles no tardaron en llamar Araucanía. Otros autores, Guevara y Medina; con concuerdan con el planteamiento precedente, abogando a favor de la unidad étnica del mapuche y su parentesco con las culturas del norte. Los historiadores decimonónicos sostuvieron que su rasgo definitorio la belicosidad tendría fundamentos genéticos, derivados de la mezcla de varones transhumantes y féminas s agricultoras. Sin embargo, hoy existe un meridiano acuerdo en que dicha conducta responde más a su falta contacto con terceros, o sea social, que a una cuestión biológica. La organización social se basaba en la familia, dado que los consanguíneos se agrupaban en el Levo. La poligamia era aceptada, dependiendo de la capacidad económica y animada por móviles vitales, ya que la mujer, lejos de ser una carga, constituía la fuente básica de la producción: cultivaba la tierra, tejía, hacía alfarería, elaboraba bebidas, etc. Incide también en esta costumbre la desproporción entre los sexos. Al igual que otros pueblos mapuches practicaban la poliginia sororal, por ser símbolo de prestigio. Esta variante de la poligamia se constituía cuando la primera esposa traía a su residencia a hermanas u otras mujeres del clan, para asistirla en las funciones del hogar, pasando éstas a constituirse en concubinas del esposo. El matrimonio entre miembros del mismo tótem era tabú, estableciéndose por contrato entre el varón y el padre de la mujer. La primera esposa Unendomo era la dueña del hogar y las siguientes la reconocían como tal, aceptando como primogénito a su hijo varón, aún cuando hubiese nacido después de otros. La Unendomo quedaba libre en la viudez, mientras que las demás formaban parte de la herencia del primogénito, según la práctica del levirato.

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El adulterio era castigado no por consideraciones morales, sino por el hecho de atentar contra el derecho de propiedad exclusiva. Los adolescentes al llegar a determinada edad (12 para las mujeres y 14 para los hombres), eran iniciados en el Admapu, conjunto de tradiciones y normas que regulaban la conducta en la sociedad y se les instruía en la historia de sus antepasados, las interdicciones totémicas, religiosas y ritos esotéricos. Después de tres años de aprendizaje y tras las pruebas de rigor, el joven varón era admitido en la casta de los conas o guerreros. Sobre la base del levo se estructuraron otros tipos de reuniones: los Cahuines, para discutir asuntos internos de la comunidad; el Rehue, que tomaba medidas y decisiones que afectaban a toda la comunidad; los Aillerehues o reunión de varios rehues, para acontecimientos excepcionales o grandes calamidades y Vutalmapus o reunión de Aillarehues, institución generada para combatir al español. A pesar del desarrollo alcanzado por estas instituciones, el pueblo araucano careció de cohesión política y social; uniéndose solo ante el peligro común. Dentro de su economía, se pueden establecer dos etapas: antes del contacto con el español, su principal actividad fue la caza y recolección; después del contacto se destacan ganadería y agricultura. En los trabajos de relativa complejidad o tamaño, se recurría a la práctica del Mingaco. La ruca era el prototipo de vivienda, tratándose de una habitación espaciosa, de planta rectangular u ovalada, cuya armazón estaba hecha de troncos atados y cubiertos de paja y siempre orientada. Tenía tantas puertas como esposas poseía el propietario. La vestimenta genérica tenía aspecto de camisón sin mangas y se complementaba con ponchos. Los hombres usaban chiripá. Creían en la existencia de vida post mortem, lo que explicaban mediante la fábula de que al morir las almas eran llevadas a la isla Mocha por una ballena. De allí el tabú existente respecto a las islas mar afuera. Investigaciones llevadas acabo recientemente (2000 2007) por científicos chilenos en el Complejo El Vergel, sitio arqueológico ubicado en el Golfo de Arauco, donde hay vestigios de asentamientos mapuches prehispánicos, permitieron descubrir huesos de una gallina polinésica cuyo ADN demostró ser de entre 1.304 y 1.424, reactivando la propuesta del origen polinésico de los mapuches, o al menos el contacto con dicha cultura. Los huesos probarían - según José Miguel Ramírez, arqueólogo- que navegantes de Oceanía que habrían traído las gallinas, tuvieron contacto con América antes que los

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españoles, toda vez que no habría otra explicación para que un ave asiática que no tiene capacidad de vuelos largos ni es migratoria, hubiese estado acá. En este contexto surge también la voz “toki”, el hacha ceremonial de piedra que usaban los guerreros mapuches, que también se usa para designar a igual elemento en Polinesia y China. Otro antecedente que llama la atención es la existencia en Polinesia del tubérculo de origen americano denominado “camote”, el que luego se dispersó por las islas de Oceanía con el nombre protoquéchua “Kumanka”. Este hecho hace sostener a Ramírez que “ Lo mas probable es que hayan sido polinesios los que llegaron a América y volvieron, porque no hay ninguna evidencia de culturas precolombinas en Polinesia”. En su opinión, la ruta colonizadora del Pacífico se inició en el sudeste asiático, partiendo en Taiwán, pasando por las islas de la Melanesia, hasta Tonga y Samoa. Desde allí, habría seguido hacia Tahiti, y luego Hawai, Rapa Nui, Nueva Zelandi y América.

B.- HUILLICHES:

El nombre deriva de la voz araucana “willi-che”, que significa gente del sur. Su hábitat estuvo centrado entre el río Toltén y la Isla de Chiloé y por razones de subsistencia habitaron cercano a la costa, practicando la pesca y agricultura. Para surcar las aguas del sector, sujetas a fuertes mareas y corrientes; empleaban la “dalca” o piragua, hecha de tablas dobladas a fuego y agua, cosidas con lianas y calafateadas con cortezas machucadas. Su unidad política era el levo, formado por parcialidades o unidades llamadas “cabíes”. Colocaban postes totémicos en las puertas de sus rucas, como emblemas de linaje. Tanto este grupo como el araucano, por ser eminentemente sedentarios, desarrollaron una religiosidad compleja, que subsiste hasta hoy, objetivada por medio de los kuel , montículos de tierra que se hacían usualmente sobre un sepulcro, y cuya función iba desde lo espiritual hasta lo práctico. Se señala que albergan los espíritus de la machi, nutren la relación entre los vivos y sus ancestros, transportan los espíritus de los ahí sepultados al mundo de las deidades y los ancestros, son mapas o hitos espaciales que marcan la identidad de las familias y linajes, son escenario de rogativas y danzas de las machis en nguillatunes u otras reuniones públicas, y guían a las personas en su comportamiento.

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C.- PEHUENCHES:

Etimológicamente significa “hombres o indios del pehuén”, ocupando la región pre- cordillerana desde Chillán hasta el volcán Lonquimay. Dado su nomadismo ha sido dificultoso es establecer su origen, aunque Latcham lo sitúa en las pampas argentinas, aceptando la posibilidad de su arranque de una de las ramas de los Huarpes, de las actuales provincias de San Javier y Mendoza. Fue una de las pocas razas altas de nuestro mapa etnográfico, midiendo aproximadamente 1.70 mts. Un rasgo característico eran los ojos hundidos, lo que les daba un aspecto de impresionante fiereza. Los bosques de Araucaria proporcionaron al pehuenche uno de sus principales alimentos: el piñón, que utilizaron para innumerables fines culinarios. Otra fuente de su existencia está dada por la caza del guanaco. Dieron gran importancia al comercio, por medio del cuál se abastecían y obtenían sus mujeres. Fueron los “señores” del comercio de la sal durante todo el período colonial. Su vivienda, fácilmente movible, estaba compuesta de una estructura cónica, que cubrían con cueros de caballares; animal que les dio mayor independencia y que se transformó en un valioso medio de intercambio.

D.- PUELCHES:

Grupo indígena cordillerano que habitaba los altos valles orientales andinos, entre los 36° y 38° lat. Sur. Su denominación significa gente del este y fue dado por los que habitaban la cordillera de Valdivia (Tehuelches). Pueblo nómade por excelencia, recolector en lugares agrestes; se desplazaban según lo hiciesen los guanacos o fructificara alguna especie vegetal estacionaria. La densidad poblacional era baja, ya que cada parcialidad no sobrepasó los 30 individuos; siendo la mejor explicación las difíciles condiciones geográficas que debían soportar. Esta etnia tuvo escasa comunicación con los españoles y en el siglo XVII es posible encontrarlos al oriente de los Andes, posiblemente debido a la presión militar a la que fueron sometidos, por sus lacerantes incursiones a las haciendas de la frontera.

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E.- POYAS:

Grupo que habitaba las cercanías del lago Nahuelhuapi, pero que en sus correrías alcanzaban la costa, de donde se proveían de productos del mar. Cazadores de guanacos, animal al que dieron total aprovechamiento, incluso confeccionando balsas con sus cueros inflados. En señal de duelo se sajaban los brazos con cuchillos de piedra.

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IV.- AREA ECOLOGICA INSULAR OCCIDENTAL:

A.- RAPA NUI:

Rapa Nui o Isla de Pascua, es, sin duda, la más enigmática de todas las islas de la Polinesia Esto se debe principalmente a que su cultura fue casi totalmente destruida antes de que se pudieran recoger registros acuciosos de ella. Como muchas de las crónicas existentes son contradictorias y poco confiables, la Isla de Pascua se vio trasformada en el punto focal de teorías extravagantes. Existen muchos escritos fantasiosos que se refieren a ella como un continente sumergido o un lugar visitado por seres extraterrestres. Las investigaciones arqueológicas, lingüísticas y antropológicas sugieren que los antepasados de los polinesios viajaron desde algún punto en el sureste de Asia, pasando por las islas de la Melanesia en dirección oriente por un período de varias generaciones. Las islas de la Melanesia estaban ya habitadas por grupos humanos de tez oscura, de rasgos físicos y culturales muy distintos a los polinesios ancestrales. Pero fueron grupos polinesios los que nuevamente levantaron velas para descubrir y colonizar el vasto territorio del Pacífico oriental, llegando a las islas Tonga allá por el año 1500 a.c. Durante los siguientes 2000 años sus descendientes colonizaron el resto de la Polinesia y visitaron hasta casi el último y más diminuto pedazo de tierra dentro del triángulo formado por las islas de Hawai, Nueva Zelandia y Pascua. Al igual que el resto de los habitantes de la cuenca del Pacífico, los polinesios eran agricultores y pescadores. Cultivaban varios tipos de tubérculos, tales como el Taro, Camote, Plátano, árbol del Pan y Cocotero. Además criaban perros, cerdos y gallinas. Complementaban su alimentación con especies marinas, recolectadas en las playas y rocas, y pescaban en alta mar. Los primeros conocimientos que el mundo occidental tuvo de la Isla de Pascua fueron después de su descubrimiento por el holandés Jacob Roggeween, el día de Pascua de Resurrección en 1722. Roggeween notó que los pascuenses se extendían los lóbulos de las orejas y que se colocaban orejeras a modo de adornos. Observó también las grandes estatuas con su sombrero de piedra, a las que rendían culto u homenaje. Sin duda, los restos arqueológicos más importantes en la Isla de Pascua son sus templos al aire libre. Eran plataformas de piedra que se denominaban “ahu”, sobre las cuales se colocaban estatuas de piedra volcánica. Sin embargo, existe un sinnúmero de

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otras evidencias de la ocupación prehistórica, generalmente poco conocidas y muchas veces totalmente ignoradas, tales como pinturas rupestres, petroglifos, habitaciones de diversos tipos, sitios agrícolas y canteras. A lo largo de las costas de la isla y dispersos en algunos puntos del interior, existen unos 300 ahu, una estructura de piedra, muchas veces utilizada como enterratorio y como base para las estatuas llamadas “moai”. Se cree que éstos representaban a antepasados importantes. Uno de los ahu mas grandes que se construyeron fue el de Tongariki, cuya plataforma alcanzaba una longitud total de 145 metros, y en donde se erigieron 15 moais. Se han encontrado más de 600 moais en la isla, algunas de las cuáles se encuentran todavía en la cantera del volcán Rano Raraku. Los moais se tallaban directamente en la roca, para luego ser alzados mediante cuerdas de fibra vegetal. Una vez realizada esta operación, se terminaba el tallado, agregándoles ojos y perfilando el cuello y la espalda Luego eran trasladadas a su asentamiento, siendo muchas de ellas coronadas con una especie de sombrero de escoria roja proveniente del cono Puna Pau. Se supone que ellas representaban cabezas de linajes. Mucho se ha especulado sobre el traslado de los moai. Sin duda, era uno de los problemas técnicos más difíciles. Se han planteado varias hipótesis que intentan explicar como se trasladaron. Según la leyenda, los moai caminaron hacia sus respectivos ahu, impulsados por el “mana” o poder espiritual de un ariki o jefe. W. Mulloy propuso un ingenioso modelo para explicar su traslado, postulando que al moai se le amarraban troncos a manera de trineo que se impulsaba por palancas. Recientemente Heyerdahl y Pavel propusieron que los moai fueron trasladados mediante el uso de cuerdas, valiéndose del centro de gravedad de la estatua, la que se movía en oscilaciones horizontales. Los trabajos en las canteras fueron abandonados repentinamente, alrededor del 1680 d.c. Se ha postulado que ello fue resultado del rompimiento del rígido sistema de organización social, en el cuál los grupos de especialistas, tales como los maestros canteros, eran mantenidos por el resto de la población. La sobre utilización de recursos naturales y la consiguiente extinción de especies vegetales pudieron haber intensificado las luchas tribales al hacerse insuficientes los recursos para alimentar la población. Las comunidades pascuenses se componían de un número de familias emparentadas que descendían de un antepasado común. El grupo de familias emparentadas formaban un linaje, cuyo jefe era descendiente directo del antepasado común. La información

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etnográfica, corroborada por la arqueología, indica que un asentamiento se componía de su centro ceremonial y varias unidades domésticas con sus respectivos campos de cultivo y gallineros. Las casas de habitación eran construidas de madera y/o piedra laja. A orillas del cráter del volcán Rano Kao, al sudeste de la isla, se ubicaba el centro ceremonial de Orongo, aldea que está rodeada de acantilados casi verticales de cerca de 300 metros, que desciende por un lado hacia el mar y por otro hacia el fondo del cráter. Allí se realizaba la ceremonia relacionada con el pájaro Manutara. Para este rito, los jefes de varios clanes se reunían una vez al año, en primavera, para desarrollar una serie de ceremonias que culminaban en una disputa entre los jefes o sus representantes compitiendo por la captura del primer huevo del Manutara del islote Motu Nui, frente a Orongo. Una vez obtenido el huevo, el jefe del clan ganador era nombrado “Tangata Manu” (hombre pájaro), debía raparse la cabeza y pintarse de negro y rojo. Por el tiempo de su mandato vivía recluido en un lugar especial rodeado de restricciones y su clan obtenía una serie de privilegios. En 1864 el misionero Eugene Eyraud encontró unas tablillas de madera, que aparentemente ya nadie podía leer. Han sobrevivido 21, además de un bastón y cuatro pectorales, cubierto con inscripciones. La escritura se conoce como Rongo Rongo, y habría sido utilizada por un pequeño grupo de especialistas (Tangata Rongo Rongo). Se cree que los textos incluyen nombres de dioses, cantos litúrgicos, genealogías y tradiciones sobre la creación del mundo.

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V.- AREA ECOLOGICA EXTREMO SUR:

A.- TEHUELCHES O AONIKENK:

Pueblo nómade de la región patagónica. Su hábitat estuvo determinado entre el río Cisnes (44° lat.sur) y el Estrecho de Magallanes. Se daban a si mismos el nombre de “Tonecas”, que significa hombre. Individuos de elevada estatura (1.70 mts.), la que fue disminuyendo paulatinamente, merced al contacto racial. La habitación familiar era un cobertizo sumamente primitivo, consistente en un armazón de postes cubierto de pieles. El guanaco fue la base de su economía, siendo complementada con la caza del ñandú y la recolección. No conocieron la agricultura y practicaron escasamente la pesca. Un detalle doméstico, como el de rellenar sus rudimentarias botas de cuero de guanaco con hierbas secas durante el invierno para evitar el frío y la humedad; lo que aumentaba considerablemente su volumen, determinó el nombre genérico de “Patagones”. La organización social tenía como base la horda, compuesta por varias familias con un jefe que dirigía las expediciones y evitaba disensiones. El cargo solía ser hereditario por línea paterna. La situación de la mujer era de absoluta sumisión, debiendo ocuparse, incluso; de transportar la tienda y los artefactos domésticos. Desarrollaron una expresión artística considerada la mas antigua de América del sur (+-10.000 años), “manos estarcidas”, mediante la técnica de aerografía, cuyos motivos se asociaban a la caza.

B.- CUNCOS:

Grupo indígena que originalmente pobló la región continental entre el río Bueno y el canal de Chacao. A fines del siglo XV se extendieron hasta el archipiélago de Chiloé, desalojando a sus primitivos habitantes más al sur y defendiéndose de los que allí permanecieron. Su mestizaje con los Chonos dio origen a los “chilotes históricos”. Los Cuncos llevaron a la isla el cultivo de la papa, el maíz y la quínoa e introdujeron la crianza de la llama Chilihueque.

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Pueblo de buenos navegantes, complementaron su alimentación con productos del

mar.

C.- CHONOS:

Se ubicaron entre los 43° y 48° lat. Sur, siendo los habitantes de la isla de Chiloé por excelencia. La denominación que se daban a si mismos era “Payo”. Poco se sabe de su organización social, aunque se supone eran monógamos, con la posible excepción de sus caciques. Como fueron un pueblo dedicado a las actividades de pesca, llevaron una vida de incesante nomadismo; recorriendo canales y senos, buscando los lugares que podrían ofrecerles algún resguardo y abundancia de alimentos. Por las condiciones climáticas y de relieve no desarrollaron la agricultura como medio de subsistencia, aun cuando los caciques poseían tierras, seguramente como símbolo de prestigio. Por su contacto involuntario con los Cuncos sufrieron fuertes cambios culturales, siendo desplazados hasta el grupo de islas que se extienden entre los 44° y 47° grados, incluyendo la península de Taitao. Acostumbraban a pintarse la cara con pigmentos y a practicar la escarificación. Vivían prácticamente en sus canoas, llevando consigo todo el material de sus viviendas, que eran fáciles de armar y desarmar. Sobrevivieron hasta el siglo XIX.

D.- ALACALUFES:

Denominación de origen desconocido que no corresponde al idioma del grupo indígena llamado así, quienes se reconocían a si mismos como “Kaweskar”, que significa “los que llevan una piel”. Poblaron en forma relativamente estable el grupo de islas Guayaneco hasta islas Madre de Dios; no obstante lo extenso que era su área de actividades, que tuvo como límite meridional la bahía de San Gregorio, en la ribera nororiental del Estrecho de Magallanes y la islas Dawson y el seno del Almirantazgo.

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La unidad básica es la familia, cuyos lazos se fundan en la consanguinidad real y cuya adhesión está asegurada por la subordinación de los miembros a la autoridad del jefe de familia que, por el vigor físico impone su voluntad. Esta voluntad incumbe al jefe de familia mientras conserve las fuerzas necesarias y cuando ya no la tenga se pone bajo la protección de uno de sus hijos o grupo de amigos. La edad del matrimonio se sitúa entre 15 a 16 años para los varones y 13 a 14 para las mujeres, quienes decidían libremente su vinculación. Este acto concedía un estatuto social nuevo, ya que liberaba al hombre de la sujeción de sus padres, teniendo en adelante la posibilidad de vivir independientemente, es decir, tener una canoa propia y adoptar decisiones de partida de caza o campamento cuando le pareciese. Su régimen alimentario era casi exclusivamente carnívoro: mariscos, pescados, ballenas y focas, las que le otorgaban pieles para sus toldos. La talla masculina variaba para los varones entre 1.54 a 1.58 mts. Y para las mujeres de 1.44 a 1.46 mts., siendo el rasgo sobresaliente de su constitución la robustez y anchura de tronco, que sostenido por una fuerte contextura ósea, contrasta con las piernas gráciles y cortas, aunque bien musculadas. Los brazos largos son notablemente musculosos, lo que proviene del manejo continuo del remo. Sus manos cortas y anchas se deformaban por este trabajo.

Su herramienta distintiva fue el cuchillo de concha, para lo cuál aprovechaban las valvas del choro zapato.

E.- YHAGANES O YAMANAS:

Indígenas nómades canoeros que poblaban las islas que se extienden entre el canal Beagle y el Cabo de Hornos. Las condiciones inhóspitas en las cuáles se desarrolló su vida, determinó el carácter de recolectores. Su estatura media alcanzaba en el hombre a 1.60 mts, y en la mujer a 1.47 mts. Su figura física se deformaba rápidamente por la permanencia continua en sus canoas y la exposición a la humedad, por la casi inexistente vestimenta. Se frotaban el cuerpo con grasa de foca para resistir mejor el contacto con heladas agua australes, lo que les daba un muy mal olor. Los alimentos preferidos eran las carnes muy grasosas, debido a la alta cantidad de proteínas que necesitaban consumir, producto del clima imperante.

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Su estructura social era simple, constituida únicamente por la familia, quienes confiaban la solución de sus dificultades al “Tiámuna”, anciano destacado por sus virtudes y méritos, quién solo tenía autoridad moral. Las relaciones eran regidas por claras normativas, especialmente la fidelidad conyugal, como una práctica básica para la subsistencia. El papel económico de la mujer era muy activo: colaboraba en la recolección de alimentos y dirigía la canoa mientras el varón practica la pesca mayor. Concibieron todo un mundo espiritual son la necesidad de imágenes, sacrificio ni culto formal, reconociendo la existencia de un ser superior que podía dictar leyes, era creador y providente. La ceremonia mas característica del pueblo yámana era el “Chiesjau”, relacionada con la formación de la juventud. En cuanto a la propiedad, al fallecer un yámana, todos sus bienes personales eran incinerados, pues se estimaba que nadie tenía derecho a ellos.

F.- ONAS:

En su propia lengua se denominaban “selknam”, lo que equivale a “los que somos iguales”; identificándose así como una unidad étnica diferente a los otros fueguinos con que estaban en contacto. Fue una cultura basada en una vida nómade de caza y recolección, que logró adaptarse a la Tierra del Fuego, pese a las adversidades climáticas. La extraordinaria adaptación de los Selknam al frío, muy superior a los esquimales; se explicaría con su prolongada permanencia en estas regiones. Autores clásicos como Rivet, y últimamente Rodolfo Lamas, de la Universidad de Roma; les asignan influencia - origen australiano, así también como a los Kaweskar, Yagán, Oanikenk y Haus, fundado en la medición cráneo métrica y grupos sanguíneos, con predominancia del grupo O y ciertas semejanzas lingüísticas. Existe además entre los dos continentes una serie de tierras que habrían podido servir de puente de conexión: Tasmania, islas Auckland, Campbell, Macquarie, Esmeralda, Tierra de Wilkes, Tierra de Eduardo VII, Tierra de Graham, etc., ya que se sabe que en el continente antártico hubo fases de extensión glacial mayores que las actuales, y que no es imposible que luego de la última máxima extensión haya ocurrido un período de regresión como en Europa y América del Norte. Tal regresión habría podido dejar en la costa

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antártica una franja libre de hielo, análoga a la que existe en Groenlandia, permitiendo así el aposentamiento humano. Se podría hacer retroceder este momento a más o menos 9.000 años del presente. La etnografía confirma el punto de vista de los antropólogos, mostrando la existencia de elementos culturales comunes a Australia y América, especialmente el uso de mantas de piel, el trenzado en espiral, barcas hechas con pedazos de pieles cosidas, e incluso ceremonias religiosas. Lo más relevante es el hallazgo de cerca de 100 similitudes entre el lenguaje Chon (local) y la lengua australiana, especialmente elementos muy estables como partes del cuerpo y fenómenos de la naturaleza. Los Selknam eran de estatura elevada y de contextura robusta, alcanzando un promedio de 1.75 mts. Generalmente se esmeraban por mantener una figura esbelta, lo que les permitía mayor agilidad y éxito en las expediciones de caza. La mujer, por su parte; era baja y mas propensa a aumentar de peso, siendo esta una característica muy apreciada, por cuanto demostraba que el esposo era un buen cazador y podía proporcionar alimento suficiente al hogar. La familiar nuclear era la unidad básica, donde el patriarcado estaba sólidamente constituido. Aunque el modelo matrimonial era monógamo, practicaron una poligamia sui generis, ya que era frecuente que una esposa pasado un tiempo de matrimonio, teniendo varias niños y excesivo trabajo, solicitara ayuda a su hermana o amiga, con lo cuál tácitamente se convertía en la segunda esposa. La estructura de sus relaciones sociales se basaba en el parentesco, adquiriendo la familia un papel predominante. Así, el territorio se dividía en distritos familiares , cada uno de los cuáles tenía límites conocidos y los miembros cada una tenían el derecho de realizar todas aquellas actividades necesarias para la subsistencia del grupo. La concurrencia a un funeral, una gran partida de caza o el varamiento de un cetáceo, propiciaban oportunidades para conocerse entre los grupos e iniciar a los jóvenes en la ceremonia del “Hain”, conocida también como “kloketén” desde que pasa a control de los hombres. No conocieron otra forma de liderato social que el “Kon”, especie de sumo sacerdote o hechicero. Confeccionaban sus vestimentas preferentemente con pieles de guanaco y utilizaban la pintura corporal sin distinción de sexo, la cual aparte de la finalidad práctica, cuál era protegerse del frío recubriendo su cuerpo con una gruesa capa de arcilla colorante mezclada con grasa animal; y por otra, un adorno, que mediante símbolos exteriorizaba estados de

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ánimo o bien reafirmaba el rol individual frente a una ceremonia social o una situación de incumbencia general del grupo. Su vivienda tipo la constituían estructuras de madera cubiertas por cueros de guanaco o ramas. Su religión era muy interesante, porque a pesar del estadio cultural en que se encontraban tuvo especial complejidad, aún cuando no practicaban rituales. Esta cultura tuvo representantes originarios hasta comienzos del siglo XX, cuando fue exterminada merced a dos situaciones diferentes. Por una parte la acción de los misioneros salesianos, quienes intentaron civilizarlos por medio de cambiar sus ancestrales costumbres a prácticas occidentales, ya que los hicieron vivir en casas, vestirse y comer sus alimentos cocidos, lo que les trajo enfermedades que fueron mortales. Por otra la acción de las compañías explotadoras de Tierra del Fuego, quienes para proteger sus ovejas cercaron la estepa y alejaron al guanaco, dejándolos sin carne y cueros. La solución por la que optaron fue cazar a las ovejas, con la consiguiente reacción de los concesionarios que contrataron sicarios a quienes pagaron por cabeza entregada.

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