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l.

2. Pensar en términos

relacionales

En ningún campo se aplican mejor estos principios que en la construcción del objeto, la operación sin duda más importante y, sin embargo, más ignorada, en particular en la tradición dominante, que se organiza en torno

a la oposición entre la "teoría" y la "lnetodología". El paradigma (en el

sentido de realización ejemplar) de la "teoría" teórica es la obra de Parsons,

un meltingpot conceptual resultante de la recopilación meralnente teórica (es decir, ~~jenaa cualquier aplicaciÓn) de algllHas grandes obras (Durkheim, Parcto, Weber, etc.) reducidas a su dimensión "teórica" o, mejor dicho,

profesoral o, tal vez, al \neofuncionalislTlo de Jeffrey Alexandcr, que es más

cercano a nosot.ros. Producto

y clasificatorj;ts sirven para la enseflanza, y solamente para ello. Por otra

parte,

a lat.epistemok>gía, como reflexiÓn encaminada

la

sus aciertos, 11itampoco a la teoría científica. Aquí, pienso en I:<lz;lrsfeld.La ¡ pare:ja Parsol1s-Lazarsfeld (y, entre ambos, Me!·I~m,con sus teorías de media-

no alcal]C-e) cOllstiruyÓ una

poderoso

mundial. La divisiÓn "teoría"-"rnet.oclología" constituye, por oposiciÓn epis-

de la enseflanza, estas recopilaciones

/ I1

cata ogo ( e prcceptos

eclécticas

HI .

de:

est.a ai, lnclo( o ogr;l)lln

/

1

\."

1

1

/"

que no compelen

a explicar los esquelnas

práctica

cicntífica,! desde el punto

de vista tanto de sus errores

como dc

cspecie de¡holding "cicntífico", socialmcnte muy

treindl

aÚos, el escenario

de la sociología

que dominÓ, durant.e

temológica,

una

oposición

constit.utiva

de

la división

social

del

trab<~o

científico

en

un

momento

dado

(como

la oposiciÓn

entrc

profesores

e

investigadores).

instancias separadas,

lo concreto

Creo que se debe rechazar categÓricamente

porque

estoy convencido

la combinación

esta divisiÓn en

de que no es posible restaurar

mediante

de dos abstracciones.

En efecto, las elecciones técnicas más "empíricas"

son inseparables

de las

elecciones más "teÓricas" de construcción del objeto. Siempre es en función (k cierta construcción del objeto que se impone tal método de muestreo, dclnlllin;\(];¡ l<-cnicade acopio o de análisis de datos, ete. Más precisamente, 11/1 dalo nllpírico cualquiera sÓlo puede funcionar como prueba o, como

1(.7

.--

I ()S

IU.\!'I iF\ 1.\',

dicen los anglosajoncs, COlllo1'1IÚII'IIU', (:11 IlIlIcj(·)II.k 1111(IWIP" de Illp"Ic:;IS derivado de un cOI~unto de pn:misas 1("("ricas. A hOLI 1>11" 11, (O( I 1111J( Ila frecuencia se procede COlTIOsi fuera evidcnte aquello (1'11" 1)\II".Ic CILllholarsc COlno p-oidence. Esto, en función de una rutina cultuiml illlpllCSLte inculcada,

las más de las veces, por la educación

(los famosos

cursos

de

"methodology"

de las universidades

estadounidenses).

El fetichismo

de la e-vidence conduce

a rechazar trab.uos empíricos que no aceptan como evidente la definición

misma de evid.ence: cada investigador no reconoce el estatus de datos (data)

sino a una fracción ínfirna de lo dado; tampoco lo hace como debiera ser, con aquello que tiene den:cho a la existencia científica en virtud de su

problemática (lo cual es perfectamente normal), sino sólo con lo que está

respaldado y garantizado

solarnente por ésta.

Resulta significativo que puedan construirse "escuelas" o tradiciones alre-

dedor de

algunos etnometodÓlogos sólo admiten el an;ilisis de conversaciÓn que se reduzca al análisis de un texto extraído de su contexto, ignorando por completo los datos que pueden calificarse de elllográficos relativos al entorno inrnediato (lo cual se designa, tradicionalmente, con el nombre de situación),

para no mencionar los datos que permitirían ubicar la siruaciÓn dentro de la estructura social. l~stos "datos", que suelen confundirse con lo concreto mismo, son en realidad producto de una formidable abstrau:iÓn -lo cual sucede invariablemente, puesto que lo dado siempre es construido-, pero

que, en este caso, se trata de una abstracciÓn que se desconoce como tal. Así,

tcndremosmonomaniacos

discurso, de la observación participante, de la entrevista libre (ojJen-ended) o

profundizada (in-rlejJth), de la descripciÓn etnogrMica, ete. La rígida adhesión

a uno u otro de estos métodos definirá la pertenencia a una escuela; por

ejemplo, los imeraccionistas se identifican por su culto a la "etnografía", los etnólogos, por su pasiÓn exclusiva hacia el an;ilisis de la conversaciÓn. iY

se considerará una ruptura radical con clmonoteísmo metodológico el hecho de combinar el an;í.lisis del discurso con el análisis etnográtlco! Habría que

por la tradiciÓn pedagógica

a la cual pertenece

y

una técnica de acopio de datos. Por ejemplo, en la actualidad,

de las distrihuciones

estadísticas, del análisis del

y

llevar a cabo el mismo análisis con respecto a lastécnicas de an;ilisis, el análisis

el

facto)' analysis. Aquí, nuevamente, impera el monoteísmo. Ello se debe, sin duda alguna, a que da la apariencia de una base metodolÓgica a la arrogancia propia de la ignorancia: la más elemental sociología de la sociología enseÚa que, con mucha frecuencia, las condenas metodológicas son una manera de convertir la necesidad en virtud, de aparentar ignorar (en el senrido activo

de la palabra) aquello que simplemente se desconoce. También habría que analizar la' retórica de la presentación de los resulta- dos que, cuando se transforma en exhibi<)ón ostentatoria de datos, métodos y procedimientos, sirve a menudo para enmascarar errores elementales de

de variables Imílliples, el de regresiÓn,

el jJath analysis,

el ndwo'J'k

anaJysis,

I'I',\;C;\I{ Er-; rf:RMINOS

REL.l.CIONALES

169

'''Il.,>lllheíoll

(olllonne

exposiciÓn riglllosa y económica de los resultados pe1'linentes

trn:uencia la desconfianza de los fetichistas del pmtocolo

de una forma de evidence

positivo todas estas críticas, me limitaré a decir que es necesario cuidarse

del

••1'1'1", ell

Lllllo que,

por

el contrario,

al

ser

nledida

al\>.\ P;lI,11111'1,••.\ de este

exhibicionisn10

del datll:m brutu'llt, la

suscita

con

(en el doble sentido)

en precepto

de

Pero, con el propósito

de convertir

 

,\

todos los rechazos sectarios que se ocultan detrás de las profesiones de fe demasiado exclusivas, e intentar, en cada caso, movilizar todas las técnicas que, dada la definición del ol~ieto, puedan parecer pertinentes y que, dadas

 

las condiciones prácticas de acopio de los datos, sean utilizables en la práctica.

Podemos, por (jemplo,

emplear

el an,íJisis de las correspondencias

para

llevar a cabo un an;iJisis del discurso (como lo hice en el caso de los discursos

publicitarios de \as diferentes empresas de producción de inmuebles indus-

triales), o combinar el análisis estadístico más clásico con un conjunto de

entrevistas profundizadas II observacioncs

etnográticas (como lo hice en La

distinción). En (in, la investigación es una cosa muy seria y difícil para que podamos darnos el h~io de confundir la rigidez-, que es 10 contrario de la

inteligencia y la inventiva, con eJligor, y prescindir de tal o cual de los recursos que puede obTcer el conjunto de las tradiciones intelectuales de la disciplina, y de las disciplinas afines, como la etnología, la economía y la historia. Me dan ganas de advertir: "prohibido prohibir" o "cuídense de los perros guardianes metodológicos". Desde luego, la extrema libertad que

predico,

y quc me parece ser mero sentido comÚn, tiene por contraparte

una

extrerna vigilancia sobre las condiciones de empleo de las técnicas,

sobre su pertinencia con respecto al problema planteado

y sobre las condi-

ciones de su aplicación. Descubro con frecuencia que nuestros apÓstoles del

rigor metodológico se muestran bastante indulgentes, incluso descuidados,

en el ernpleo mismo de aquellos métodos res

de los que prelelHkn

ser defenso-

Lo que

haremos

aquí

tal vez les parezca

irrisorio.

Pero,

anle

todo, la

construcción del ol~jeto -por lo menos de acuerdo con mi experiencia como

investigador-

no es algo que se lleva a cabo de llna vez por todas, mediante

una suerte de acto teórico inaug'ural, yel programa de análisis u observacio-

nes a través del cual se efeclíia dicha construcción no es un plan elaborado

de antemano, como el de un ingeniero: se trata de un trabajo de larga duraciÓn, que se realiza poco a poco, mediante retoques sucesivos y (o(\;¡ ulla serie de correcciones y rectificaciones dictadas por lo quc ILunamos la

experiencia, es decir, este cOI~junto de principios pr:1Cli,(l.\(1'1('

orientan las

elecciones

minÚsculas y, sin embargo, decisivas. Por 1;\111", 5(>10has;ílldosc

en una idea un tanto exaltada y muy poco n~ali~;L\,1<- b iI\\,'~,I i:~;\ci('llI,podr;í

alguien sOl'prenderse de que dediquemos tanlo 11011\1''' ,1.!i:',(1l1ir del ;dlcs en

apariencia Ínfimos

-incluso insignificanl ('s "1111< • h , Ileo,l ¡,)! 1 d(' s;I1)('1'si el

investigador debe proclamar su cali(bd ,1"',,,,1,,1,,;,," 11 "'1l11.1I5e.!elLis d('

-

~

I ¡,O

/'/

',/'!

1',

I

\',

una idcrllid;ld 111:1.'>;1.(·pLd./c- P('I '·Ielllj>l,., I.r .Ie 1'III<d,,)',"" 111,1'>11.1<1(>1--,o

si conviene

a

res, etcétera.

IJI;ís inclllir

estadístico

de(TIIIIII;)( b pn'gllllLl

o reservada

('11 1111, 11(",11,>11.111',(1(',>,1¡nado

••1<.,1 l. l.', 111I"llIlado-

un Inancjo

pa!;1 1111illl"'r('g.lI(

Esta atención

a los detalles

de los procedimientos

de Lt ill\ (',',1 Ig;l<i(')n, cuya

dimensión

dirigirse a ellos, cómo exponerles los propósitos

generalmente, cómo "penetrar" en el entorno estudiado, ete.) no es la menos

propiamente

social (cómo

encontrar

buenos

inl"oll 11;)(j. )fes, cómo

y, más

de la investigaciÓn

importante,

deb(Tía

tener

el

efecto

de

ponerlos

en

guanlia

contra

el

fetichismo de los conceptos

y de

la "teoría",

el cual

tiene

su origen

en

la

propensión a considerar los instnunentos

habitus,

capital,

nar,

mismos,

de aplicarlos.

campo,

cte.,

en

"teóricos""

en

vez

como

aquéllos

de

de

hacerlos

funcio-

La noción

de campo

es, en cierto

sentido,

la estenografía

conceptual

de

un modo

las decisiones pr;icticas de la investigación.

debo

una

del ol~jeto que

de construcción

habr;i

de regir

-u

orientar-

todas

Funciona

como

un recordatorio:

atrapado

en

A través

que red de relaciones

verificar

el objeto

que

a las cuales

rne propongo

deba

la esencia

estudiar

no esté

de sus propiedades.

de la noción

de campo,

se tiene

en cuenta

el primer

precepto

del

método,

que exige combatir

por

todos

los medios

la inclinación

inicial

a concebir

el

mundo

social

de modo

realista

o, como

diría

Cassirer,

de manera

slIstanr:ia-

lista

(véase

Substa1/zbegrilf

111ld FU1/htio1/sbeg'JiU): es menester

pensar

en téJ'mi-

nos

relru:io1/ales.

Ahora

bien,

resulta

m;is C;ícil pensar

grupos

en

términos

de

reali-

dades

hasta

cierto

punto

palpables,

como

e

individuos,

que

en

términos

de

relaciones.

Por

ejemplo,

resulta

más

accesible

concebir

la

diferenciación

social

en fÓnna

de grupos

definidos

como

poblaciones,

reco-

I

rriendo

a la noción

de

clase

o, incluso,

a

la

de

antagonismos

entre

estos

grupos,

que en forma

de un espacio

de relaciones!.

Los ol~jelos ordinarios

de

la investigación

son realidades

ser-¡aladas al invesligador

por

el hecho

de que

"se hacen

notar"

en cierta

fÓnna,

"al plarHear

problernas"

(por

ejemplo,

"las

madres

solteras

del ghetto

negro

de

Chicago").

Y, las m;ís

de

las veces,

los

investigadores

nes

delimitadas

toman

corno en UIla forma

objetos

los problemas

planteados

por

m;ís o menos

arbitraria,

obtenidas

poblacio-

mediante

divisiones sucesivas de una categoría prccslablecida, tales como "los ancia-

nos",

"los jóvenes",:

"los inmigrantes""

ele. Así tendremos,

por

ejemplo:

"los

jóvenes

de los suburbios

occidentales

de Villeurbanne".

(En todos

eslos casos,

lo primero

que

habría

que

hacer

sería

tomar

como

objeto

el trabajo

social

de construcción del objeto preconstruido:

ahí

es

donde

se

encuentra

el

verdadero punto de ruptura.)

 

~

Sin embargo,

no basta

con emplear

las grandes

palabras

de la "gran

teoría"

para escapar al modo de pensamiento realista. Por c;jemplo, con respecto al poder, se fÓnnularán intelTogantes sustancíalistas y realistas de localización

(a la manera de los antropólogos culturalistas que se preguntaban

sin cesar

el

el

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por averiguar

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el

('11111,1<'

IlIlgiiíSlico, si entre los burgueses o los pequeii.obur-

glleses, ete. A fin de J'()(uper con este modo de pensamiento -y no por el gusto de aplicar ulla nueva etiqueta a viejos odres teóricos-, hablaré del

campo de poder (en vez de clase dOlllinante, concepto realista que designa

a una población muy tangible de detentadores de esta realidad, igualmente

tangible, que recibe el nombre de poder): entendiéndose con ello las relacio-

nes de fuerza ~ntre las posiciones sociales que garantizan a sus ocuparlles un quantum suficiente de fuerza social-o capital- para que estén en condiciones de participar en las luchas por el monopolio del poder, del cual son una dimensión capital las luchas por la definición de la fonna legítima del poder

pIenso, por t:]emp o, en en el siglo XIX).

Dicho esto, una de las dificultades dd análisis relacional estriba en que, la mayor parte del tiempo, no se pueden aprehender los espacios sociales sino b<úo la forma de distribuciones de propiedades entre iudividuos. Esto,

porque

de su

reproducción, nos vemos obligados a interrogar a los doscientos ernpresarios franceses más importantes. Sin embargo, es indispensable cuidarse de la regresión hacia la "realidad" de las unidades sociales preconstruidas. Para ello, les sugiero que recurran a este instrumento muy sencillo y muy cómodo

de construcción

conjunto de agentes o instituáones; por (:jemplo, al analizar diferentes artes marciales (la lucha, e! judo, el karate, de.), distintos establecimientos de

enseii.anza superior o diferentes periódicos parisinos, escribiré el nombre de cada una de las instituciones en un renglón y abriré una llueva columna toda vez que descubra una propiedad necesaria para caracterizar a una de ellas,

lo cual me obligará a investigar, en todas las dem,Í,s, la presencia o ausencia

de dicha propiedad. Esto, en la fase puramente inductiva de localización. Luego, habrá que eliminar las superposiciones y reunir las columnas reser- vadas a rasgos estructural o funcionalmente equivalentes, de tal manera que pueda retener todos aquellos rasgos -y solamente éstos- que sean capaces de discriminar m,Í,so menos claramente a las distintas instituciones, o sea,

los rasgos pertinentes.

sociales consi-

deradas como sus propiedades,

de presencia

qtlc 110 sc lleva a cabo sino

a conceptualizar

el

(

I

I

os en rentanllentos

f'

,

y

"1

"

,

entre

".

anlstas

,

"

)urgueses

la información

de! poder

accesible está ligada a individuos.

económico

y las condiciones

Así, para entender

subcampo

socioeconÓmicas

del ol~jeto que

es el c1l(1.(l1'Ode los rasgos pertinentes

de un

Este instrumento

tan sencillo tiene la virtud de obligar

tanto las unidades

en términos

en términos

relacionales

las cuales pueden caracuTizarse

o ausencia (sí/no).

Al costo de semejante

trab~jo de construcción,

mediante una larga serie de tanteos, se construVCII, poco a poco, espacios sociales que, aunque sólo se pueden CO!l(l("1 !,;tío b l<lI'lna de relaciones

I' '<)

¡

L,

F ,. '.1'111

'.

I .\',

()I~jclivas IIIIIY;II>SII";ICI;IS,LIs C1laks 110 fll)('d(,11 lull',II'" 111' .• IId.I",'- ""1 el dedo, constituyen la esencia dclllllll\(lo s()(ial. I,().~1"11111('.1"'1 (Icllqll(l, a un trab~o que acabo de publicar accrca de las gl;lIld." (',( 1",LIS dondc explico, mediante una especie de crónica muy resumid;1 d(' 1111;1íllvntigación

cuya realización

tomó

cerca

de dos décadas,

cómo

se pasa

de la nH)I}ografía,

que

tiene

todo

e! aspecto

de cientificidad,

a un verdadero objeto construicic::

el campo

de las instituciones

escolares

asegura

la reproducción

del

campo

de!

poder.

Es menos

fácil evitar

la trampa

del objeto

preconstruido

cuando

se trata,

por

definición,

de un ol~jeto que

me interesa,

sin que

conozca

con

precisión

el verdadero

motivo

de este "interés".

Veamos

el caso de la Escuela

Normal:

el conocimiento

inicial

que

yo pueda

tener

de ella,

el cual

es tanto

más

pernicioso

cuanto

se experimenta

como

desmistificado

y desmistifica-

dor,

quier

genera

toda

estudiame

una de la Normal

serie

de interrogantes

encontrará

sumamente

interesantes

ingenuos

que

"se le ocurren

cua]-

espontáneamente"

a] normalista

que

se interrogue

porque de su escuela,

acerca

es

decir,

acerca

de sí mismo:

¿Tienen

los literatos

nOITnalistas

un origen

social

más

elevado

los ciemíficos?

¿Contribuye

el orden

de ingreso

a determi-

nar

que de las disciplinas,

la elección

¡natemáticas

o física, filosofía

o letras,

cte.?

De

hecho,

la problemática

espontánea,

en

la cnal

interviene

un

poderoso

factor

de complacencia

narcisista,

suele ser aÚn más ingenua.

Para corroborar

esto,

harán

bien

en consultar

las obras

con

pretensión

científica

que,

desde

hace

unos

veinte

aÚos, han

sido dedicadas

a talo

cual gTan escuela.

A] final,

se

podd,

escribir

un

grueso

volumen

repleto

de

hechos

en

apariencia

perféctament.e

científicos,

pero

que no tocarán

lo esencial,

a saber,

al menos

corno

lo

creo,

si

]a

Escuela

Normal,

a

la

cual

pueden

unirme

vínculos

afect.ivos,

positivos

y/o

negativos,

producto

de mis inversiones

anteriores,

no

es,

en

realidad,

m{ls que

un

punto

ubicado

ell

un

espacio

de

relaciones

ol~ietivas

(un punto

del que,

por

ot.ra pane,

habrá

que

det.erminar

el "peso"

en

la estructura);

y si,

más

precisament.e,

la verdad

de esta

instituciÓn

radi-

ca

en

]a red

de

relaciones

de

oposiciÓn

y competición

que

la asimilan

al

cor~junto

de

las inst.it.ucioncs

de

enseÚanza

superior,

y que

unen

est.a red

rnisma

al conjunto

de las posiciones

dent.ro

del campo

del pode¡',

posiciones

a las cuales

el paso

por

las grandes

escuelas

permite

el acceso.

Si es cieno

que

lo real

es relacional,

resulta

muy

faClible

que

yo no

sepa

nada

de

una

instituciÓn

de la cual

creo

saberlo

todo,

porquc

ella

no es nada

fuera

acerca de sus relaciones

con

el todo.

 

De ahí, los problemas de estrategia que siempre se present.an, y que habrán de resurgir una y otra vez en nuestras discusiones sobre proyectos de

investigaciÓn: ¿conviene más:esrudiar

mentos pertinentes del objeto cons/ruicIQ\ o estudiar imensivamemeun fragmento limitado de este cor~uT\to teórico que carece de justificación científica? La elección que cuent.a con mayor aprobación social, en nornbre

de rnanera extensiva el cor~junt.o deele-

de una idea ingenuamente positivista de la precisión y la "seriedad", es la

segunda:

opinarían los asesores

la de estudiar

PENSAR EN TÉRMINOS REL'\CIONALES

173

"a fonclo un objeto

de

muy preciso

y circunscrito",

como

las

tesis.

(Sería

demasiado

fácil demostrar

cómo

vinudes

pequefloburguesas

de

"prudencia",

"seriedad",

"honestidad",

ete.,

que

podrían

practicarse

por

igual

en

la

gestión

de

una

contabilidad

comercial

o

un

empleo

administrativo,

se

transforman

aquí

en

"método

científico".

)

En la práctica,

se planteará

la cuestión

de los límites

del campo,

asunto

en

apariencia

positivista,

al cual

es posible

dar una respuesta

teórica

(el límite

de

un

campo

es el límite

de

sus efectos

0,

en

el otro

sentido,

un

agente

o

una institución

forma

parte

de un campo

en la medida

en que suti'c y produce

efectos

en

el

mismo),

contestación

susceptible

de

orientar

estrateg'ias

de

investigación

encaminadas

a encontrar

respuestas

fácticas.

A consecuencia

de ello,

uno

casi siempre

se cnfrentará

a la alternativa:

<ln;í.lisis inrcnsivo

de

una fracción

prácticamenre

tangible del ol~jetoo análisis extensivo clel objeto

verdadero.

Pcro

la ganancia

científica

inherente

al conocimiento

clel espacio

dentro

del

cual

se

aisló

el

objeto

estudiado

(por

ejemplo,

una

escuela

particular),

a falta

que,

que es preciso

mejor,

de algo

al saber

mediante

tratar

de enrender,

informaciones

así sea somerarnente

de segunda

mano,

e, incluso,

radica

en

lo que uno

está haciendo

y conociendo

la esencia

de la realidad

de

las grandes

considerado

realizaban,

la cual

se abst'mjo

un fragmento,

se hace

posible

por

lo rnenos

identificar

líneas

(un

con

de fuerza

del espacio

cuya coacción

poco

a la manera

de los arquitectos

se c:ierce sobre el punto

quienes

del siglo

XIX,

carboncillo,

admirables

bocetos

del cor~junto del eclificio

donde

se encontraba

ubicada

aquella

parte

que

deseaban

representar

con

todo

detalle).

Y, sobre

todo,

se evita

el riesgo

de buscar

(v "encontrar")

en

el fragmento

estudiado

mecanismos

o prin(~ipios

que,

en j:ealidad,

se hallan

fuera

de él, en sus relaciones

con

otros

objetos.

Construir

el objeto

implicl

también

que

se asuma,

ante

los hechos,

una

postura

activa

y sistemática:

para

romper

con la pasividad

cmpirista,

que

tan

sólo ratifica

las preconstruccioncs

del sentido

comLÍn, no es menester

propo-

ner

grandes

construcciones

teóricas

vacuas,

sino

abordar

un

caso

empírico

con

la intenciÓn

de

c9nstruir

un

modelo

-el

cual

no

necesita

adoptar

una

forma

matemática

o 'formalizada

para

ser

riguroso-,

combinar

los

datos

pertinentes

de

tal

manera

que

funcionen

como

un

programa

de

investi-

gaciones

que

planteen

preguntas

sistern:llicas, aptas para suscitar respuestas

 

igualmente

sistemálicas,

en fin, construir

un sistema

coherente

de relaciones,

<¡ue deberá

probarse

como

tal.

Se trata

de

investigar

sistemáticamente

el caso

parl icular,

constituido

en

"caso

particular

de

lo posible"

como

dice

Bache-

Ltnl,

p;II'a despejar

SIlS

propiedades

generales

o

invariantes

que

sólo

se

Plw<len <lescnhril 11I(,<li:III«'eslc tipo de investigaciÓn (el hecho de que esta

inlel\('j"lJl ('si,', ,11I1C11I1(1,):111.',('111•. de !()s lr:tl);¡jos (k los historiadores

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que

se impone

al sociÓlogo).

 

EIJ'azonamiento

analógico,

que

CIl la illlll/'

1011 1.1I011;IlLi

de

las

homologías

(fundada,

ella misma,

se apoya en el cOllocimiento

de LI."I<-yesillvariantes

de

los campos),

es

un

formidable

instrumento

de cOllslrllu:iÓIl

del

o~jeto:

 

posibilita

sumergirse

por

completo

en

la particularidad

del

caso

estudiado

111

sin ahogarse,

como

lo hace la ideografía

empirista,

y cumplir

con el propósito

!I"

de

genemlizar:iÓn,

que

es

la ciencia

misma,

110 mediante

 

la

aplicación

de

!I.

grandes

construcciones

formales

y

vacuas,

sino

a través

de

esta

manera

'11

peculiar

de

conceptualizar

el

caso

particular,

consistente

en

concebido

1:1

realmente

como

tal.

Este

modo

de

pensamiento

se

aplica

en

una

forma

III totalmente

lÓgica dentro

y por

medio

del recurso

al método

('olllj){J'/'(llivo,

que

.1

11 permite conceptualizar CII términos relaciollales un caso particular

!II

consti-

tuido en caso particular de lo posible, apoy;índose en las homologÍas estruc-

111

turales

cxistentes

entre

campos

diferentes

(el campo

del poder

universitario

y

el

campo

del

poder

religioso,

a

trav(~s de

la

homología

propia

de

las

111

relaciones

profesor-illteleCl

ual y obispo-teÓlogo)

o entre

estados

dislilllos

del

mismo

campo

(el campo

religioso

Media

y eIl la actualidad).

 

\11

funciona

en la Edad

como

espero,

 

11

Si

este

seminario

lo

se

presentará

C0ll10 una

1 realización

11 charán

I!I

~I

11

fl

social

pr;Íctica

que,

del método

de

que

quc

intento

promover:

ustedes

ol~icros

escu-

extre-

a personas

a pesar

estén

trab;~jando

esta

con a ¡lIJa intcrrogación

manera,

cn

madamente

siemprc

ojJC'J'andi

variados,

ser;Ín sometidas

por

transmitir

los

mismos

-,v se someterán-

principios;

cn

dc

ulla

orientada

quc

dcsco

el < modw

modo

sc lranslllitir;í

forma

cicrto

 

práctica,

sin CJuc haya

neccsidad

de

explicitado

tcóricamente,

IlIcdialllc

su

111

1

   

repetida

aplicación

a casos

diferentes.

Cada

quien,

al escuchar

a los dcmás,

~

~

~

11

~

~

pensará

en

su

propIa

investigaciÓn,

y la situación

de

comparaciÓn

institu-

cionalizada

así crcada

(clnlÚodo,

 

al igual <¡\le la llIoral,

sÓlo funciona

si logra

inscribirse

en

los mecanismos

de

un

universo

social)

la obligará,

al mismo

tiempo

y

sin

contradicciÓn

alguna,

a particularizar

su oJ~jeto,

a percibido

como

un

caso

particular

(esto,

en

oposiciÓn

a

uno

de

los

errores

In;ís

1\1

I

comunes

de la ciencia

social,

a saber,

la universalización

del caso particular),

 

a generalizarlo,

ya descubrir,

mediante la ;¡plic:ación de prcgulltas generales,

 

~

los rasgos

invariantes

quc

pucda

ocultar

bajo

la apariencia

de singularidad.

 
 

(Uno

de

los efectos

lII;ís directos

de este

modo

de pensamiento

sería

el

de

excluir la sernigencralizaciólI, quc conduce a producir conceptos concrelos- abstractos, result.antes de la introducciÓn clandestina, en el discurso cientí-

fico, de palabras o hechos autóctonos

que

era más directivo, recomendaba

no analizados.)

insistencia

a

En la época

los

en que

yo

con

investigadores

estudiaran

por

lo menos

dos ol~jetos: por

t:jemplo,

en el caso

de los historia-

dores, aparte

de su objeto

principal,

es decir,

determinado

editol'

del siglo

~TVIII o los coleccionistas

del Segundo

Imperio,

el equivalente

contemporá-

neo de este objeto -una

editorial

parisina

o

un

grupo

de

coleccionistas-,

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