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Capítulo XI

CARTOGRAFÍA CATASTRAL

Según el Diccionario de la Lengua Española la palabra catastro define

el censo y padrón estadístico de las fincas rústicas y urbanas. El catas­

tro constituye un registro de la propiedad inmobiliaria, realizado y

representado sobre un mapa o plano topográfico. La información contenida en un catastro es de tipo literal y de tipo gráfico. En la pri­ mera, se recogen los datos de propiedad, dedicación o cultivo y des­ cripción de las fincas; la segunda denominada información gráfica está formada por los planos topográficos de los polígonos catastrales

y dentro de ellos el parcelario con la representación de las fincas y su número de referencia.

La base cartográfica del catastro urbano esta formada por los planos de detalle de las entidades de población, a escala 1:500 o 1:1.000, y reco­ ge el trazado de las calles, manzanas l edificaciones, viviendas y locales l

y mobiliario urbano. En el catastro rústico la base cartográfica se deno­ mina Mapa Topográfico Parcelario. Está constituido por planos a esca­ las comprendidas entre 1:500 y 1:5.000, en los que sobre la planimetría del territorio, se representan los linderos de las fincas rústicas.

Visión histórica

Los antecedentes remotos de trabajos relacionados con la toma de datos descriptivos de la distribución de la propiedad territorial pue­

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den atribuirse a Pedro Esquive!, que por encargo de Felipe II, en tomo al año 1575 hizo una primer relato de los pueblos y tierras de España. Se considera que las primeras iniciativas para llegar a tener un catas­ tro, en realidad un catastro de aplicación fiscal, se tomaron a comien­ zos del Siglo XVIII, en el reinado de Felipe V.

Se introducen entonces, en el año 1716, los primeros criterios que pudiéramos considerar, en términos actuales como de naturaleza catastral, que estaban orientados a la aplicación a los sistemas de con­ tribución directa sobre la riqueza, siguiendo el denominado catastro de Cataluña. Para ello se consideraba, por una parte, la valoración sobre las fincas urbanas y rústicas que se denominaba" contribución real", y por la otra la valoración sobre los beneficios estimados del comercio que se llamó 11 contribución personal".

El Marqués de la Ensenada, en el reinado de Fernando VI, ordenó el levantamiento de un catastro que se realizó entre los años 1749 y 1756. Conocido como el Catastro de Ensenada, es un documento fis­ cal que implantaba la "Única Contribución", con la estadística de la riqueza rústica y urbana y de la población, planteándose a través de la evaluación de la riqueza de las 22 provincias de la corona de Castilla. La información obtenida permite analizar de manera fide­ digna la composición social de la población así como la estructura y riqueza económica de la corona de Castilla.

En el año 1845 se promulga la reforma tributaria de Mon, que quie­ re sustituir el ya anticuado sistema tributario, introduciendo un nuevo concepto de contribución territorial consistente en la valora­ ción de las propiedades de cada contribuyente. De esta forma se crea el sistema de Contribución de Inmuebles, Cultivos y Ganadería, refundiendo la serie de tributos que estaban dispersos en todo el terri­ torio nacionaL Surge así la contribución territorial directa en todo el Estado a través del gravamen sobre el producto líquido de los bienes inmuebles, cultivos y ganadería.

Se ponen en marcha los primeros trabajos de amillaramiento que consistían en la determinación de las masas de cultivo sin descender a los detalles de delimitación geométrica de las parcelas. Se hace de

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esta forma una primera aproximación al conocimiento de la propie­ dad territorial, aunque de manera limitada ya que no permite des­ cender hasta el grado de su delimitación individual. El sistema de amillaramientos facilitaba la ocultación de la riqueza de manera gene­ ral, que afectaba a la estimación de las superficies parcelarias produ­ ciéndose errores generalizados de valoración.

~ros

Mas tarde, en el anteriormente citado decreto de septiembre de 1870, se suspenden transitoriamente los trabajos de catastro, con objeto de modificar el programa seguido hasta entonces para su formación y levantamiento gráfico. De esta forma se planteaba la necesidad de que la triangulación de base para el catastro fuese anterior a los propios trabajos catastrales. Se afirmaba con rotundidad, en el texto del decre­ to, que 11 tal y como hasta aquí se ha intentado formar el catastro, tarde o nunca se terminaría, y que aún terminado vendría a ser una obra ine­ xacta en sus detalles e inconexa en sus partes, que no representaría en modo alguno el verdadero estado de la propiedad territorial".

Desarrollo del catastro topográfico

El punto de referencia del desarrollo catastral en España se encuen­ tra en la Ley de 1906 y posterior de 1913, que definen con acierto y gran visión de futuro un modelo catastral de base geométrica y apli­ cación polivalente, modelo que vemos hoy implantado en los países mas avanzados, que cuentan con catastros efectivos en su relación y coordinación con el registro de la propiedad, la normativa urbanísti­ ca, la aplicación fiscal, y como base de la gestión de los servicios téc­ nicos municipales.

La Ley de 23 de marzo de 1906 establece el Catastro Parcelario de España, en ella se refunde el texto del sistema catastral desarrollado desde la segunda mitad del Siglo XIX, introduciéndose como requeri­ miento básico, para que el catastro pudiera reflejar de manera real el parcelario geométrico, que su levantamiento se efectuase a partir de un mapa topográfico apoyado en la triangulación geodésica nacional. En este sentido recoge el reglamento de operaciones topográfico­ catastrales de 1865, perfeccionando el sistema de catastro por masas de cultivos aplicado entre 1865 y 1901.

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y DESARROLLO INMOBILIARIO

Según lo dispuesto en el texto de esta Ley, el catastro tendrá carác­ ter parcelario y contendrá la relación numerada y descripción literal y gráfica de los predios rústicos y forestales, pertenencias mineras, sola­ res, edificios, salinas, etc., con expresión de superficies, situación, lin­ deros, cultivos o aprovechamientos, calidades, valores, beneficios y demás circunstancias que den a conocer la propiedad territorial y la definan en sus diversos aspectos y aplicaciones.

Se planteaba de esta forma un objetivo ambicioso y muy novedoso en aquellos momentos, que suponía llegar a la medición topográfica de todas las parcelas que quedaban unidas a la triangulación del terri­ torio, describiendo de manera gráfica su forma. Se abría así la posibi­ lidad teórica de replantear linderos y mojones que definían las fincas en caso de destrucción o desaparición.

Esta medida incrementaba, por lo tanto, la seguridad en la defini­ ción de la propiedad inmobiliaria con respecto a la simple descripción literal de las parcelas. La finalidad de esta medida era, sin duda, lle­ gar a establecer un catastro de carácter jurídico, coordinado con el registro de la propiedad, definiendo la parcela con la consideración de unidad catastral mínima, al tiempo que mantenía el objetivo de con­ tar con un catastro fiable con fines fiscales.

El catastro parcelario, según esta norma legal, tenía por objeto la determinación y representación de la propiedad territorial en sus diversos aspectos, con el fin de lograr que sirviese eficazmente para todas las"aplicaciones económicas, sociales y jurídicas, con especiali­ dad para el equitativo reparto del impuesto territorial, y, en cuanto sea posible, para la movilización del valor de la propiedad". Los tra­ bajos catastrales tenían que apoyarse a su vez en los geodésicos y topográficos, en la estadística agrícola y en las declaraciones de los propietarios.

La formación del catastro se programó en dos períodos de tiempo consecutivos. En el primero se llevarían a cabo los trabajos necesarios para realizar el avance catastral, entendido corno base del reparto equitativo de la contribución territorial. En el segundo período se obtendría el catastro parcelario, que trasladaría la información de las

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parcelas y los datos correspondientes a los propietarios sobre un Mapa Topográfico Parcelario Nacional

A partir de ese momento la parcela catastral quedaría definida

como la porción de terreno, cerrada por una línea poligonal, pertene­ ciente a un solo propietario o a varios proindiviso, dentro de un tér­ mino municipaL Se definió también como masa de cultivo, la parte de un término municipal cuyo sistema de explotación sea uniforme, ya se aplique a la misma especie vegetal o a especies asociadas de un mismo aprovechamiento.

Los trabajos topográficos que se debían abordar para la elaboración del avance catastral consistían en extender las triangulaciones topo­ gráficas hasta el entorno de cada término municipal, que de esta forma quedaban enlazados con la red geodésica, asegurando la conti­ nuidad, homogeneidad y precisión uniforme de los trabajos catastra­ les a lo largo de la totalidad del territorio.

Estos trabajos incluían el levantamiento del plano perimetral de cada término municipal, es decir la línea límite jurisdiccional de divi­ sión administrativa, y el trazado interior de la división de la superfi­ cie municipal en polígonos topográficos. Por último los trabajos car­ tográficos llegaban al levantamiento topográfico de los planos de población, aunque en esta fase quedaban limitados a la representa­ ción de las manzanas.

~ritorial

En el segundo período denominado como catastro parcelario se abordarían las triangulaciones topográfico-parcelarias interiores de cada uno de los términos municipales y los trabajos de subdivisión de los polígonos catastrales en los casos en que fuera preciso por su extensión superficiaL A partir estos trabajos previos era ya posible realizar el trabajo de formación de planos parcelarios, incorporando la delimitación real con los límites de las fincas.

El levantamiento del parcelario se hacía midiendo cada una de las

parcelas mediante itinerarios topográficos con brújula, en presencia de los propietarios de las fincas colindantes y prácticos conocedores

del terreno, designados por los ayuntamientos. De manera simultá­

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nea se debía efectuar, cuando era precisa la comprobación de la titu­ laridad de las fincas, la revisión de los documentos catastrales pre­ sentados por los ayuntamientos y propietarios.

Orientaciones del catastro en Europa

Dos concepciones diferentes sobre la orientación de los sistemas catastrales han imperado en Europa: el denominado modelo francés y el modelo germánico. En el primero de ellos, modelo francés, se pro­ ducía una visión del catastro como instrumento fiscal, que no plante­ aba ninguna relación con la definición jurídica de la propiedad ni con la coordinación con los Registros de la Propiedad. No precisaba, por lo tanto, la definición exacta de las fincas, requería sus linderos apro­ ximados y el titular a efectos del abono de la contribución establecida.

El modelo germánico planteaba un catastro riguroso bajo el punto de vista geométrico, que garantizase la exacta representación de los linderos de las fincas y la precisión de las coordenadas geográficas que localizaban espacialmente los marcos de las fincas. Este catastro tenía una finalidad polivalente, que al garantizar la precisión carto­ gráfica del dibujo del parcelario, hacía posible su coordinación con el Registro de la Propiedad y por lo tanto, le daba validez a sus aplica­ ciones con fines económicos, fiscales y estadísticos.

A pesar de la adecuada definición del proyecto catastral español de 1906, la realidad fue por otros derroteros. Se mantuvo la orientación de los trabajos con la simple finalidad de avance catastral hasta el año 1925, en que se pone en marcha un levantamiento topográfico de mayor precisión. Muy pronto, en el año 1932 se vuelve al avance catastral, decretándose en 1934 la vuelta a un catastro por masas de cultivos, lo que supuso un gran retroceso conceptual respecto a los planteamientos catastrales de los países de nuestro entorno geográfi­ co. Esta situación se mantiene hasta el año 1941, fecha en la que se retoma el criterio de formar un catastro topográfico parcelario, man­ teniéndose este proyecto hasta el año 1959.

Como puede verse, en la primera mitad del siglo XX, los avatares del Catastro en España han sido de todo tipo, con cambios profundos

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de los criterios políticos y del contenido y planificación de los dife­ rentes proyectos que se iban sucediendo en el transcurso del tiempo. La orientación de los proyectos catastrales evolucionó, en esos años con períodos alternativos de impulso y de retroceso, desde los prime­ ros sistemas de amillaramiento con determinación de masas de culti­ vos, pasando por imperfectos avances catastrales, hasta llegar por fin a plantear el ambicioso proyecto de un catastro topográfico parcela­ rio de rústica y urbana, que llevaban consigo cambios radicales en la metodología y los procedimientos de ejecución, con los consiguientes efectos negativos en la continuidad de los proyectos.

En este sentido, hay que entender las lamentaciones plasmadas por el profesor de la Universidad de Michigan Edward Malefakis, en su obra "Reforma agraria y revolución campesina en la España del Siglo XX", cuando afirma que el Catastro Topográfico Parcelario, técnica­ mente perfecto aunque muy lento en su ritmo de trabajo, se vio en 1925 recortado en su presupuesto, en aras de una política de levanta­ mientos más rápidos pero menos precisos, que pretendían únicamen­ te su finalidad fiscal. Se llegó a los años sesenta con el 80 % de la información catastral disponible sin soporte topográfico, en su mayor parte obtenida a partir de fotografías aéreas, sin proceso de restitu­ ción fotogramétrica, carente por lo tanto de rigor geométrico, que era conocida corno el catastro fotográfico.

~sentación

Puede afirmarse que el catastro español se ha planteado de manera exclusiva con una finalidad fiscal. Tan solo en determinados momen­ tos, corno se ha visto en las fechas antes señaladas, se formularon las bases y metodología de trabajo para darle una orientación de catastro topográfico parcelario, pero sin contar con la financiación adecuada para la envergadura del proyecto, ni la voluntad política de darle con­ tinuidad en los plazos de tiempo requeridos para su finalización.

Por lo contrario, en los países mas avanzados en estas materias ha primado el rigor en el establecimiento de una base topográfica, que es la condición necesaria para que llegue a tener naturaleza jurídica. Esta base complementa de manera gráfica las descripciones literales de las fincas, dando una mayor seguridad a su localización y posterior cono­ cimiento de sus linderos. En este sentido, la cédula catastral de cada

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finca es el documento que certifica su existencia, identificada por sus linderos, nombre del propietario y superficie. En este documento figura el plano individualizado de la misma, reproducido a partir del Mapa Topográfico Parcelario, por lo tanto situado por sus coordena­ das geográficas.

Características del Catastro Topográfico Parcelario

Hasta aquí nos hemos referido a los trabajos catastrales en los que la medición de las fincas se realizaba por topografía clásica, haciendo los itinerarios necesarios para el levantamiento de sus linderos con brújula. En la década de los años sesenta la utilización de fotografías aéreas permitió acortar los plazos de identificación parcelaria en campo, haciendo uso de ampliaciones fotográficas de vuelos fotogra­ métricos. Estas ampliaciones retintadas o dibujadas, siguiendo las lin­ des reales de las parcelas, servían de documento auxiliar para que el operador de restitución pudiera seguir las líneas del terreno que seña­ laban los linderos y trazar el plano exacto de las fincas.

En algún caso se ha empleado la parte central de las ampliaciones fotográficas para copiar directamente el parcelario retintado en campo, dibujando de esta forma un plano catastral aproximado, que se utilizó en trabajos de tipo fiscal, en tomo a los años 1965 a 1976. Con esta operación, en aras de un supuesto y ficticio ahorro de tiem­ po y coste económico, se pretendía evitar la fase del trabajo de resti­ tución fotogramétrica, copiando para ello la delimitación de las fincas en la zona central de las ampliaciones fotográficas, en la que las defor­ maciones y alteraciones de su forma eran menores, pero en todo caso apreciables y manifiestas, llegando finalmente un plano erróneo e ine­ xacto del parcelario.

Al comienzo de la década de los años setenta se implantó y genera­ lizó la utilización de equipos de ortoproyección de carácter analógico, que mediante la rectificación de elementos fotográficos diferenciales sobre un modelo estereoscópico, transformaban la fotografía aérea, con las deformaciones geométricas que les eran inherentes, en la denominada ortofoto, con características métricas que la hacían superponible y coincidente sobre un plano o mapa topográfico. En

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una ortofoto, por lo tanto, el retintado de los linderos de las parcelas representa su forma real a escala, proporcionando la información básica que constituye el mapa topográfico parcelario.

Los levantamientos catastrales se realizan en la actualidad a partir de ortofotos del terreno. La apariencia de una ortofoto es idéntica a la de una fotografía aérea, por lo tanto pueden interpretarse e identifi­ carse los diversos detalles de su contenido con gran facilidad puesto que se asimilan a los que podemos percibir a simple vista. La ortofo­ to, a diferencia de una fotografía, mantiene las características geomé­ tricas del terreno y por lo tanto tiene las mismas propiedades que un plano.

~lásica,

La documentación de base, a partir de la cual se elabora el mapa topográfico catastral, con sus detalles topográficos y parcelario, son las ortofotos que cubren el término municipal en que se va a realizar el trabajo de levantamiento catastral. El operador encargado de los trabajos debe dibujar o digitalizar la información correspondiente a la planimetría: edificaciones, carreteras y caminos, ríos, lagunas, vías férreas, cultivos, zonas de bosque, líneas de transmisión de energía y todos los detalles topográficos existentes en la zona. Este conjunto de elementos forma la cartografía catastral que sirve de apoyo a la repre­ sentación del parcelario.

~

~rreno

Una fase esencial de los trabajos catastrales la constituyen los tra­ bajos de campo en los que se determinan los linderos de las distintas parcelas y los propietarios de las mismas. Las mediciones de las par­ celas deben efectuarse, directamente en campo, con respecto a puntos perfectamente definidos en las ortofotos. La meticulosidad y preci­ sión con que se realice la toma de estos datos condiciona la calidad posterior del levantamiento y su carga en un Sistema o Base de datos de carácter catastraL El parcelario obtenido en los trabajos de campo se dibuja sobre las ortofotos completando la información procedente de construcciones, obras públicas y detalles naturales del terreno.

Los trabajos catastrales se realizan por términos municipales, que a su vez se dividen en polígonos catastrales delimitados por detalles permanentes en el terreno, generalmente vías de comunicación o cur­

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sos de ríos. En cada uno de los polígonos se lleva acabo la identifica­ ción parcelaria asignando un número correlativo a cada parcela vin­ culado a la identificación del propietario de la misma.

La documentación final que compone el catastro de un ayunta­ miento consta del conjunto de planos parcelarios, relación de parcelas e índice de propietarios correspondientes a cada uno de los polígo­ nos catastrales. En cada uno de los planos aparece reflejado el parce­ lario, con la delimitación de las fincas y un número de identificación de cada una de ellas. La relación de parcelas dentro de cada polígono, ordenadas de acuerdo a su numeración correlativa, figura con expre­ sión del propietario y la definición de su dedicación, cultivo o uso de suelo. Se elabora también, dentro de cada término municipal, un índi­ ce de propietarios, en que aparecen reflejados por cada uno de ellos las parcelas que le corresponden y el polígono en el que están situa­ das.

En lo que se refiere al catastro urbano los trabajos de formación se encuentran prácticamente ultimados en todo el territorio nacional. Contiene datos correspondientes a cada una de sus unidades urbanas, definiendo el carácter de viviendas o de locales susceptibles de utili­ zación independiente, que se utilizan para la elaboración de los padrones municipales dedicados la gestión del impuesto sobre bienes inmuebles.

Impuesto de Bienes Inmuebles

Con la publicación de la Ley 39/1988, de 28 de diciembre, Reguladora de las Haciendas Locales, se crea el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (lBI), suprimiéndose la Contribución Territorial Rústica y Pecuaria, la Contribución Territorial Urbana y el Impuesto Municipal sobre Solares. El lBI se define como un tributo directo de carácter real cuyo hecho imponible está constituido por la propiedad de los bienes inmuebles de naturaleza rústica y urbana situados en el término municipal.

Se consideran, a efectos de este impuesto, bienes inmuebles de naturaleza urbana el suelo urbano y las construcciones de naturaleza

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urbana. Se define el suelo urbano como el declarado apto para urba­ nizar por la normativa urbanística y el urbanizable que cuente con esa calificación de acuerdo con la legislación actual. Se entienden como construcciones los edificios, sean cualquiera los elementos de que estén construidos, y las instalaciones comerciales o industriales asi­ milables.

Tendrán la consideración de bienes inmuebles de naturaleza rústi­ ca los terrenos que no figuren como urbanos, y las construcciones de naturaleza rústica, considerando como tales a las que sean indispen­ sables para el desarrollo de las explotaciones agrícolas, ganaderas o forestales.

En el articulado de la Ley 39/1988 se dice que los Catastros Inmobiliarios Rústico y Urbano están constituidos por un conjunto de datos y descripciones de los bienes inmuebles rústicos y urbanos, con expresión de superficies, situación, linderos, cultivos o aprovecha­ mientos, calidades, valores y demás circunstancias físicas, económicas y jurídicas que den a conocer la propiedad territorial y la definan en sus diferentes aspectos y aplicaciones.

~ada

La formación, conservación, renovación, revisión y demás funcio­ nes inherentes a los catastros inmobiliarios, son competencia exclusi­ va del Estado y se ejercen por la Dirección General del Catastro, direc­ tamente o a través de convenios de colaboración con Ayuntamientos o, en su caso, Diputaciones provinciales o Cabildos. La notificación de los valores catastrales se realiza por parte del Centro de Gestión Catastral y Cooperación Tributaria, a través de las entidades locales o de empresas de servicios especializadas, llegándose a realizar, en este sentido, la gestión de estos tributos por parte de los diferentes muni­ cipios.

El valor catastral de los bienes inmuebles de naturaleza urbana esta integrado por el valor del suelo y el de las construcciones. En el caso del suelo la valoración se debe efectuar a partir de sus circunstancias urbanísticas. La valoración de las construcciones se efectúa en función de las condiciones urbanísticas y de edificación, su carácter histórico­ artístico, su uso o destino,la calidad y antigüedad de las mismas.

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En el caso de la determinación del valor catastral de los bienes de naturaleza rústica se considera que está integrado por el valor del terre­ no y el de las construcciones. El valor de los terrenos se calcula capitali­ zando el interés que reglamentariamente se establezca, las rentas reales o potenciales de los mismos, según la aptitud de la tierra para la pro­ ducción, los distintos cultivos o aprovechamientos y así mismo las mejo­ ras introducidas en los terrenos de naturaleza rústica. Para los que correspondan a explotaciones forestales se tendrá en cuenta la edad de plantación, estado de la masa arbórea y ciclo de aprovechamiento.

Este impuesto se gestiona a partir del Padrón que comprende los censos de bienes inmuebles, sujetos pasivos y valores catastrales, des­ glosando los de naturaleza rústica y urbana, elaborado anualmente para cada término municipal. En el caso del padrón de los bienes de naturaleza urbana se tienen que incluir la referencia catastral y la base liquidable del impuesto.

Catastro Polivalente

La base cartográfica catastrat en forma de mapa topográfico parce­ lario, constituye un soporte indispensable para la gestión urbanística de los propios ayuntamientos. Son ellos los primeros destinatarios de esta documentación y sin su participación y concurso en el proceso de elaboración, cualquier esfuerzo realizado en el proceso de formación catastral quedará limitado en el contenido de la información, que será incompleta para las finalidades catastrales.

De manera progresiva el Catastro evoluciona hacia una concepción polivalente, que contempla su utilización con finalidad urbanística, fiscal, jurídica, de gestión de los servicios técnicos municipales y de las estadísticas básicas. De manera especiat la planificación y gestión urbanística encuentra en la cartografía a escalas grandes, con la repre­ sentación de su parcelario, la información mas completa para la defi­ nición y comunicación de los proyectos urbanísticos. En definitiva, las aplicaciones que se han de realizar en estos trabajos tienen como uni­ dad elemental la dedicación de cada una de las parcelas o propieda­ des a un uso de suelo determinado. Y en este sentido el conocimiento preciso del parcelario tiene un valor insustituible.

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En el catastro polivalente no aparecen diferenciados los diferentes conceptos cartográficos y de la propiedad, antes al contrario los pri­ meros son el soporte de referenciación del parcelario, al que confieren la precisión métrica. La representación gráfica simultánea de datos topográficos y del trazado de las parcelas, permite su aplicación a la gestión de los proyectos técnicos que se refieran al territorio: urbanís­ ticos, viarios, reforma agraria, obras de construcción e infraestructu­ ras, así corno en el trazado de redes de servicios, electricidad, sanea­ miento, conducciones de gas y de transmisión por cable, en todos los cuales se precisan datos topográficos y de la distribución de la pro­ piedad en cada una de las parcelas que se ven afectadas por la obra o trazado de las redes de servicio.

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Estadísticas catastrales

La obtención de información geográfica y catastral constituye una tarea esencial cuando se tienen que realizar estudios territoriales de tipo urbanístico o de valoración inmobiliaria. El adecuado conoci­ miento de las características urbanísticas y de la realidad inmobilia­ ria de una zona puede alcanzarse a través de la información que facilita la cartografía de los planes de urbanismo y de los planos e información catastral.

Una primera aproximación a los datos generales de carácter inmo­ biliario puede conseguirse a partir de la información recopilada y publicada por la Dirección General del Catastro, en la Base de Datos de los Catastros Inmobiliarios, que pone a disposición pública, desde el año 1990, series estadísticas referidas a nivel municipal, del Catastro Inmobiliario Urbano, del Catastro Inmobiliario Rústico y del Impuesto sobre Bienes Inmuebles de naturaleza urbana y rústi­ ca.

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El acceso público a los datos catastrales, que debe garantizar la reserva de la información de tipo personal e individual, se facilita en estas series a través de la acumulación o agregación de la información de propietarios y parcelas en la unidad de referencia término munici­ pal, en el que se encuentran localizadas.

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282 CARTOGRAFÍA: URBAl'IISMO y DFSARROLLO INMOBILIARIO

Las cifras que se manejan para la elaboración de las series esta­ dísticas catastrales dan por si solas una primera idea de la impor­ tancia de la información disponible para analizar el mercado inmo­ biliario y su evolución anual. Se contabilizan en ellas, en cuanto a datos de base o de partida, 26 millones de inmuebles urbanos y 43 millones de inmuebles rústicos. Todos ellos están descritos por su titularidad, identificación, localización, superficie, uso y dedicación del inmueble.

Las series estadísticas proporcionan información actualizada con carácter anual. Las últimas disponibles, que corresponden al año 1999, han sido editadas en CD-ROM por la Dirección General del Catastro, en el mes de diciembre del año 2000. El conjunto de datos existente, y allí disponible, facilita una visión global de la actividad inmobiliaria así como de su detalle y distribución territorial por comunidades autónomas, provincias y municipios.

Catastro urbano

La serie Estadísticas Básicas por Municipios del Catastro Inmobiliario Urbano, viene publicándose, como las demás series antes citadas, desde el año 1990, aunque esta serie se completa desde el año 1994 con la esta­ dística de parcelas catastrales, en la que constan el número de parcelas construidas y el de solares. En su elaboración se han incluido los datos de todos los municipios españoles excepto los de la Comunidad Foral de Navarra y el País Vasco. Los datos de los municipios correspondientes a Navarra y Guipúzcoa se publican de manera separada como anexos a las series estadísticas.

Se incluyen en esta estadística todos los bienes inmuebles de natu­ raleza urbana. A efectos de consulta, siempre aconsejable, de los datos publicados por la Dirección General de Catastro conviene tener en cuenta que se define como unidad urbana todo inmueble con una relación de propiedad perfectamente delimitada a efectos fiscales. La unidad básica de información utilizada en esta estadística es la parce­ la catastral urbana, considerada como la unidad diferenciada de suelo con o sin construcción.

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Se aclara en las notas explicativas que el Catastro Inmobiliario Urbano da una información esencial sobre el suelo disponible a efec­ tos de edificación y sobre las características básicas de las edificacio­ nes existentes. En esta estadística se diferencia el concepto de catastral de suelo del concepto urbanístico de solar, en el sentido de considerar a este último como un suelo urbano que cumple con todos los requi­ sitos urbanísticos para que se pueda otorgar una licencia de construc­ ción. En el concepto catastral de parcela de suelo se incluyen todas las parcelas no edificadas que se encuentren localizadas en suelo consi­ derado de naturaleza urbana.

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El número total de parcelas catastrales es de 11,5 millones. Aparece reseñada su distribución por comunidades autónomas destacando el número de parcelas de Andalucía que cuenta con una cifra superior a los 2 millones, Castilla y León, Cataluña, Galicia y la Comunidad Valenciana que superan la cifra de un millón de parcelas. En el otro extremo citar a La Rioja y Cantabria que no llegan a las 150.000 par­ celas.

El número de solares alcanza la cifra total de 2 millones de unida­ des. Superan los 320.000 Castilla y León, y Cataluña. Andalucía tiene 298.000 y superan la cifra de 200.000 Castilla-La Mancha, Galicia y la Comunidad Valenciana. No llegan a la cifra de 25.000 solares la Comunidades de Cantabria y La Rioja.

Entrando ya en el contenido de la información estadística podemos obtener las cifras que reflejen la riqueza inmobiliaria en el ámbito urbano así como su evolución anual, a través de los siguientes datos expresados para cada uno de los municipios: número de unidades urbanas, valor catastral, valores anteriores medios por unidad urba­ na, parcelas de suelo, parcelas construidas, superficies de parcelas catastrales y fecha de la revisión de los valores catastrales.

La referencia catastral que identifica cada inmueble se compone de 20 caracteres, de los cuales los 14 primeros se refieren a la identifica­ ción de la parcela catastral, los cuatro siguientes definen la unidad urbana dentro de cada parcela catastral y los dos últimos son dígitos de control. Esta referencia tiene la consideración formal de identifica­

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dor oficial y obligatorio de los bienes inmuebles, de tal manera que cada uno de ellos tiene así una única referencia.

Una visión global de la distribución del valor catastral, a partir de los datos facilitados en esta publicación, permite afirmar que los municipios de mayor tamaño, el 10,3% del total acumulan el 86% del citado valor catastral del total del país. Por el contrario el 77% de los municipios, en los que se engloban los de menor tamaño, tan solo alcanzan el 5,2% del valor catastral.

La evolución de las grandes cifras que definen la estimación del valor inmobiliario, a partir de los datos de año 1990, en el que se contabilizaron 20,7 millones de unidades urbanas, con un valor catastral de 50,S billones de pesetas; señalaron un crecimiento abso­ luto hasta el año 1995 de 2,7 millones de unidades urbanas y 26,3 billones de pesetas; llegando a situarse en el año 1999 en los 25,9 millones de unidades urbanas valoradas en 112,5 billones de pese­ tas.

En este estudio se manejan como cifras globales un número de par­ celas urbanas de 11,5 millones de unidades, y la correspondiente superficie ocupada de suelo de 827.440 hectáreas. En relación con las grandes cifras es de destacar también que el numero de unidades urbanas situadas en los municipios en los que está enclavada la capi­ tal de la provincia, se estiman en 7,8 millones de unidades con un valor catastral de 43,4 billones de pesetas, que representa un 39% del total. También se deduce que el máximo valor catastral medio por unidad urbana se da en A Coruña con una cifra de 7,9 millones de pesetas por unidad urbana y el valor mínimo en Murcia con 2,9 millo­ nes de pesetas.

Catastro de rústica

La serie Estadísticas Básicas por Municipios del Catastro Inmobiliario Rústico, aporta una información de gran utilidad para la realización de trabajos de valoración inmobiliaria que se refieran a actuaciones en terrenos no vinculados directamente a los asentamientos de carácter urbano.

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Como antes se ha señalado, la existencia de una base topográfica del catastro es indispensable para que pueda considerarse su validez en aplicaciones jurídicas o urbanísticas, y en un sentido general como polivalente. Por ello es interesante citar la naturaleza de la documen­

tación gráfica que está disponible por municipios. Los datos globales indican que existen 61 municipios que tan solo cuentan con avance catastral y 1.400 con fotografías aéreas, el denominado anteriormente como catastro fotográfico, 2.483 con planos parcelarios, 3.045 con ortofotos y 583 con planos de concentración. Aparecen 6 municipios sin documentación y uno en amillaramiento.

~

La información estadística recogida se refiere a los datos siguientes:

tipo de cartografía o soporte fotográfico utilizado en la delimitación parcelaria, año de realización de los trabajos de renovación catastral, titulares catastrales, superficie en la que se realizaron los trabajos catastrales, número de parcelas y subparcelas y su valor catastraL

Agregando los datos de los 7.579 municipios se contabilizan un total de 8.087.215 titulares catastrales, con cerca de 43 millones de par­ celas y 56 millones de subparcelas, abarcando en su conjunto una superficie de 47,3 millones de hectáreas. Una parcela de rústica se define por el terreno delimitado por una línea poligonal, pertenecien­ te a un solo titular catastral. Dentro de una parcela quedan definidas las subparcelas por cada uno de los diferentes tipos de cultivo o apro­ vechamiento existentes.

La valoración de los bienes inmuebles de naturaleza rústica se rea­ liza por cada una de las subparcelas teniendo en cuenta su superficie, tipo de cultivo e intensidad productiva. El valor correspondiente a cada parcela es el resultante de la suma de los valores de sus subpar­ celas.

Se ha renovado la información con datos actualizados en 5.769 municipios del total de 7.579. Por su utilidad en la realización de estu­ dios de valoración inmobiliaria se debe tener en cuenta que existe información en soporte digital en 2.612 municipios, lo que representa una superficie de alrededor de 16 millones de hectáreas y 12 millones de parcelas.

286 CARTOGRAFíA: URBANISMO y DESARROLLO INMOBILIARIO

Presentan cifras próximas al 50% de los municipios con informa­ ción del parcelario de rústica en soporte digital las Comunidades Autónomas del Principado de Asturias, Canarias, Cantabria, Cataluña, Illes Balears y Madrid. El conocimiento del soporte gráfico con el que se realizaron los trabajos, cartografía de gran escala o bien ortofotos, permite determinar la calidad de estos documentos y su posible aplicación a los trabajos o estudios urbanísticos o inmobilia­ rios.

Se considera que la consulta a los datos de esta serie del catastro de rústica es muy recomendable para las personas relacionadas con tare­ as y proyectos urbanísticos y de valoración inmobiliaria, ya que la superficie ocupada por bienes de naturaleza rústica llega práctica­ mente al 97% de la superficie total del territorio.

La superficie media por parcela es de 1,11 hectáreas, si bien es pre­ ciso tener en cuenta las fuertes divergencias de esta cifra con las dedu­ cidas para cada una de las Comunidades Autónomas. En el caso par­ ticular de Canarias, Galicia, Asturias, La Rioja y Valencia el 70% de las parcelas son inferiores a esa cifra, están por debajo de una hectárea. Mientras que en Andalucía, Baleares, Cataluña, Extremadura y Madrid el 75% de las parcelas son superiores a la citada cifra de una hectárea.

Catastro y Registro de la Propiedad

La definición cartográfica del parcelario, delimitando con precisión y exactitud la forma y situación de las fincas rústicas y urbanas, es una necesidad ampliamente sentida en distintos sectores de nuestro país. Para profundizar en las condiciones de seguridad con que se efectúan las transmisiones inmobiliarias, se requiere la utilización de un mapa topográfico parcelario, continuo a lo largo de todo la geo­ grafía nacional, que sea el soporte y referencia de la identificación y delimitación territorial de la propiedad inmobiliaria rústica y urbana.

Es evidente que la identificación gráfica de una finca o parcela puede ser una ayuda muy estimable, y en muchos casos insustituible, para auxiliar a aquellas personas que tengan que efectuar la localiza­

CARTOGRAFÍA CATASTRAL

287

ción en campo de una finca y solo dispongan de documentación des­ criptiva sobre la propiedad. En este sentido se puede afirmar que la identificación de una finca a través de una descripción literal, en la que se especifiquen en un documento escrito, los trazados de los lin­ deros y la situación de sus marcos, presenta notables dificultades e inseguridad para su replanteo en campo.

~ran

En una descripción escrita, los parajes se mencionan por sus topó­ nimos, y los linderos por su descripción respecto a detalles geográfi­ cos, en aquellos casos en que estos pudieran existir, o por su simple relación con las fincas colindantes. Con esos datos puede resultar una tarea muy complicada identificar la finca descrita. Llevar el contenido de estos documentos a su realidad territorial exige, en la mayor parte de las ocasiones, contar con una persona que conozca la zona en que esta enclavada la finca, y su historia reciente, para auxiliamos en su localización e identificación.

Por el contrario la identificación de una finca que esté representa­ da en un plano topográfico o en una ortofoto presenta una gran faci­ lidad para cualquier persona. Una base cartográfica, cuando reúne requisitos métricos y se ha levantado siguiendo un proceso técnico correcto, que asegure su referenciación geodésica, permite dar fe de la situación de la finca, de sus marcos, de sus linderos y de su super­ ficie exacta.

Por otra parte, y ello es de una gran trascendencia para la seguridad jurídica de la propiedad, permite el replanteo topográfico de las fin­ cas en el caso hipotético de que hubieran desaparecido sus marcos, bien a causa de catástrofes naturales, inundaciones, o cualquier otra circunstancia que pueda provocar la destrucción o desplazamiento de los puntos que la delimitan en el terreno.

La creciente utilización de ortofotos en los trabajos catastrales, con la identificación y dibujo del parcelario sobre una imagen visual fácil­ mente reconocible por su inmediata relación con el paisaje, permite avanzar con seguridad en la generalización de la utilización de las representaciones cartográficas entre las personas relacionadas con esta actividad. Junto a ello, la facilidad y simplificación de los equi­

288 CARTOGRAF1A: URBANISMO y DESARROLLO INMOBILIARIO

pamientos informáticos, que han conseguido acercar a los usuarios el uso de mapas a través de ordenadores, nos sitúa ante una nueva posi­ bilidad de vinculación del catastro y los registros de la propiedad a través de la cartografía.

En este sentido hay que destacar y efectuar una valoración muy positiva de la iniciativa de la Dirección General de los Registros y del Notariado, sobre implantación de la base cartográfica en los Registros de la Propiedad, mediante una Instrucción de dos de marzo de 2000.

A estos efectos han suscrito un Convenio de cooperación para la rea­

lización de cartografía informatizada e intercambio de información gráfica con la Dirección General del Catastro y el Colegio de Registradores de la Propiedad y Mercantiles, que se iniciará en los Registros de las provincias de Jaén, Ciudad Real, Badajoz y Castellón.

Ley 48/2002, de 23 de diciembre, del Catastro Inmobiliario.

Con la reciente publicación de la Ley 48/2002, del Catastro Inmobiliario, se produce un importante y deseado cambio en la orien­ tación de la legislación catastral española. Se introduce junto a la clá­ sica concepción del catastro como instrumento esencial en aplicacio­ nes de finalidad fiscal su valor complementario en otras áreas de ges- . tión en las que puede ser utilizado como representación y referencia del territorio. En este sentido se expresan, en la exposición de motivos de la citada Ley, de manera detallada los criterios en los que se apoya

la elaboración del nuevo texto legislativo, afirmando que junto a la

finalidad tributaria, origen y principal uso del Catastro en España, aparecen en la actualidad nuevas orientaciones, que le aportan la con­

sideración de infraestructura de información territorial.

Considera, de esta forma, el legislador que la información que contie­ ne el Catastro se plantea como una necesidad para numerosas activida­ des, citando como usuarios a todas las administraciones públicas, feda­

tarios, empresas y ciudadanos en generaL En otras palabras evoluciona, en este sentido, la concepción de nuestro catastro hacia un planteamien­

to polivalente, en el que el mapa topográfico parcelario ha de ser uno de

sus pilares esenciales, en su propia condición de infraestructura en el que se sustenta la referenciación territorial y la de su parcelario.

CARrOCRAFfA CATASTRAL

289

Es evidente que el Catastro, contemplado en la dimensión geográ­ fica que le aporta la cartografía, al contar con la representación simul­ tanea de la topografía del suelo y de las parcelas que delimitan la pro­ piedad inmobiliaria, contiene los datos básicos que se precisan para desarrollar cualquier proyecto de ordenación o gestión territorial, en la mayor parte de los casos referidos a las competencias que corres­ ponden a la política municipal o local. Es en ese ámbito, en el que las empresas y organizaciones públicas, tienen que encontrar en la docu­ mentación cartográfica catastral el adecuado soporte a sus activida­ des, con la descripción precisa y detallada del territorio. Este es uno de los servicios esenciales que debe prestar un catastro moderno de carácter polivalente.

~ración

En cuanto infraestructura de información el Catastro tiene que jugar un papel relevante en la actividad profesional pública y privada rela­ cionada con el suelo y la distribución de su propiedad. El conjunto de datos catastrales, tanto de naturaleza cartográfica como relativos a la descripción de los bienes inmuebles, constituyen la mas amplia base informativa territorial que podamos tener ante nosotros. Su disponibi­ lidad es una condición necesaria para el desarrollo eficiente de las diversas funciones y responsabilidades relacionadas con numerosos campos, que no se limitan a aquellos de contenido únicamente tributa­ rio, entre los que cabe señalar como característicos por la adecuación de la información para su inmediata utilización el urbanismo, la clasifica­ ción de los distintos usos del suelo, el replanteo y ubicación en el terri­ torio de la propiedad inmobiliaria a partir de registros literales, y de manera plena en la gestión de la política territorial.

Se puede justificar la motivación y existencia de esta Ley, que tiene como objetivo establecer y regular la configuración y actividad catas­ tral, en el esfuerzo de superación de la concepción fiscal tradicional, para darle ese carácter polivalente que ha de permitir su utilización en múltiples actividades. Se ha de conseguir para ello, de manera progresiva, en un proyecto de futuro,la coordinación del catastro con la documentación territorial existente en los diferentes organismos de las administraciones públicas, asegurando con ello la debida identi­ dad y correspondencia entre la información catastral y la contenida en otros archivos relacionados.

290 CARTOGRAFÍA: URBAt'\IISMO y DESARROLLO INMOBILIARIO

De manera especial este proceso debe conducir a la concordancia de los datos catastrales, en especial los topográficos de delimitación de la propiedad inmobiliaria, con aquellos otros de esta misma naturaleza que figuran en los planos y normativa urbanística municipal, y en la documentación gráfica sobre que establezca la definición de los dife­ rentes usos y dedicaciones del suelo. De esta forma el parcelario catas­ tral tendrá la consideración de referencia documental sobre la que se elabora y ejecuta la planificación urbanística del territorio. También, en cuanto a la delimitación territorial, ha de procurarse la coinciden­ cia de las líneas límite de delimitación jurisdiccional de términos municipales, que figuran en la documentación catastral, con la corres­ pondiente a las actas oficiales y cuadernos de campo de deslinde municipaL

En particular debe contemplarse el caso de delimitación territorial de la zona marítimo-terrestre, y su representación en el parcelario catastral, cuando se trata de municipios costeros. De muy relevante es preciso calificar la contribución del parcelario topográfico para com­ plementar y dar dimensión geográfica a la descripción literal de los datos del Registro de la Propiedad. Avances importantes se han pro­ ducido en la coordinación con el Registro en la ejecución de proyectos de concentración parcelaria, mediante la inscripción, con documenta­ ción cartográfica, de la descripción de las fincas resultantes del proce­ so de concentración. Por otra parte la base catastral tiene un gran inte­ rés en el desarrollo de trabajos de infraestructuras viarias o de deslin­ de y delimitación territorial de la obra pública, tanto en los procesos de identificación de las fincas afectadas por sus trazados como en la delimitación del parcelario resultante.

Naturaleza de los datos catastrales.

Una primera consideración sobre la naturaleza de los datos catas­ trales viene establecida en la exposición de motivos de la Ley. En ella se expresa una precisión esencial para entender y valorar la relación

existente, en cada caso, entre ellos datos que figuran en el Catastro y los contenidos en el Registro de la Propiedad. De manera explicita se cita al Registro de la Propiedad como institución que tiene atribuida la responsabilidad de garantizar la protección de los derechos inscri­

CARTOGRAFíA

CATASTRAL

291

tos, del tráfico jurídico inmobiliario, con la consideración de único registro que tiene efectos de fe pública respecto de la titularidad y derechos reales sobre bienes inmuebles.

Se atribuye al Catastro la consideración de registro administrativo al servicio de los principios constitucionales de generalidad y justicia tributaria, que facilita la asignación equitativa de los recursos públi­ cos; configurando de manera precisa los conceptos catastrales de bien inmueble y de titular, al tiempo que se estable una regulación de la posición de este último ante la Administración. Por otra parte se acla­ ra en la Ley 48/2002 que, a los solos efectos catastrales, los datos con­ tenidos en el Catastro Inmobiliario se presumen ciertos, salvo prueba en contrario.

~rritorio.

Así mismo se determinan y establecen los procedimientos de incor­ poración de los bienes inmuebles al Catastro, apoyándolos en la cola­

boración municipal, dando por otra parte, de manera explícita, con­ tinuidad a la norma de actualización de titularidades catastrales que se sustenta en la eficiente colaboración de Notarías y Registros de la Propiedad, contenida en la Ley 13/1996.

~

Se define así el Catastro Inmobiliario como un registro administra­ tivo dependiente del Ministerio de Hacienda en el que se describen los bienes inmuebles rústicos, urbanos y de características especiales. Debe considerarse la referencia a la naturaleza del Catastro como un registro administrativo de bienes inmuebles, a diferencia de la defini­ ción antes realizada de atribuir al Registro de la Propiedad la consi­ deración de registro de derechos.

Los bienes inmuebles se clasifican a efectos catastrales, dependien­ do de la naturaleza del suelo en el que están enclavados en urbanos, rústicos o de características especiales.

En el Catastro figura la descripción de los bienes inmuebles a par­ tir de sus características físicas, económicas y jurídicas. Contiene por lo tanto datos diversos de la propiedad inmobiliaria que han de estar referidos a una base cartográfica, que en la Ley se califica con la con­ sideración de infraestructura territorial, debiendo reunir por ello los

292 CARTOGRAFíA: URBANISMO y DESARROLLO INMOBILIARIO

requisitos de precisión en su trazado topográfico, al vincularse a la red geodésica que, por otra parte, le proporciona la localización geo­ gráfica precisa de todos los elementos representados y de su parcela­ rio, asegurando, al mismo tiempo, su homogeneidad con otros levan­ tamientos cartográficos.

Se define, en el texto, el concepto de bien inmueble, con referencia exclusiva a efectos catastrales, como la parcela o porción del terreno de una misma naturaleza, enclavada en un término municipal y cerra­ do por una línea poligonal, que delimite el ámbito espacial del dere­ cho de propiedad de un propietario o de varios proindiviso y, en su caso, las construcciones enclavadas en dicha parcela, cualquiera que sea su dueño, y con independencia de otros derechos que recaigan sobre el inmueble. El carácter urbano o rústico del inmueble depen­ derá de la naturaleza del suelo en el que esté enclavado.

Se atribuye la condición de suelo de naturaleza urbana al que está clasificado por el planeamiento urbanístico como urbano. Se exceptúa de la consideración de suelo de naturaleza urbana el que integre los bienes inmuebles de características especiales. Es suelo rústico aquel que no tenga la consideración de urbano ni este integrado en un bien inmueble de características especiales.

Tienen la consideración de bienes inmuebles de características especiales aquellos dedicados a la producción de energía, presas, sal­ tos de agua y embalses, autopistas, carreteras y túneles de peaje, aero­ puertos y puertos comerciales.

Titularidad catastral.

Los titulares catastrales son aquellas personas naturales o jurídicas que figuran dadas de alta en el Catastro Inmobiliario por ostentar la titularidad de un bien inmueble sobre alguno de los siguientes dere­ chos: el de concesión administrativa sobre el bien inmueble o sobre los servicios públicos a que se halle afecto, el derecho real de superfi­ cie, el derecho de usufructo, considerado como el derecho a disfrutar de bienes ajenos con la obligación de respetar su forma y sustancia, y el derecho de propiedad.

CARTOGRAFÍA CATASTRAL

293

Cuando un bien inmueble o alguno de los derechos mencionados pertenezca pro indiviso a una pluralidad de personas, la titularidad catastral se atribuirá a la comunidad constituida por todas ellas.

Debe tenerse en cuenta que en caso de discrepancia entre la identi­ dad del titular catastral y la del propietario según el Registro de la Propiedad, se tomará en cuenta a efectos de Catastro, siempre que figure la referencia catastral en el citado Registro de la Propiedad, la titularidad que resulte del mismo.

La incorporación de los bienes inmuebles al Catastro y, en su caso la alteración de sus características cuando se produzca, debe ser reali­ zada con carácter obligatorio por parte de los titulares, y llevará con­ sigo, en todo caso la asignación de valor catastral por parte de la Administración. Esta obligación se extiende a la modificación de cuantos datos sea necesario para que la descripción de los inmuebles concuerde con la realidad.

La comunicación de estos datos debe realizarse mediante procedi­ mientos regulados de declaraciones, comunicaciones y solicitudes, o bien mediante los de subsanación de discrepancias, así como las que se deriven de las actuaciones de la inspección catastral y del procedi­ miento de valoración. En el procedimiento de declaración se mani­ fiesta o reconoce ante el Catastro Inmobiliario que se han producido un alta, una baja o bien la modificación de la descripción catastral de los inmuebles. Las solicitudes de incorporación de titularidad se for­ mularan por parte del titular del derecho correspondiente y las de baja por quien figurando como titular catastral hubiera cesado en el derecho que originó la titularidad.

~grado

Se definen como comunicaciones las realizadas por Notarios y Registradores de la Propiedad; las que formulen los ayuntamientos res­ pecto de aquellas actuaciones que supongan la concesión de licencias o autorizaciones municipales de actividades susceptibles de generar un alta, baja o modificación catastral; las que se realicen por parte de las Administraciones en los casos de concentración parcelaria, deslinde administrativo, expropiación forzosa y aquellos actos de planeamiento y de gestión urbarústica que se determinen de manera reglamentaria.

~recho

294 CARTOGRAFÍA: URBA::-.n:SMO y DESARROLLO 1"JMOBILlARIO

Es oportuno citar aquí la Ley 24/2001, que en su disposición adi­ cional vigésima octava hace una referencia al contenido y gestión de las denominadas bases gráficas por parte del Registro de la Propiedad. De hecho incorpora a la Ley Hipotecaria el siguiente con­ tenido: "Podrá completarse la identificación de la finca mediante la incorporación al título inscribible de una base gráfica o mediante su definición topográfica con arreglo a un sistema de coordenadas geo­ gráficas referido a las redes nacionales geodésicas y de nivelación en proyecto expedido por técnico competente". Finalmente dice que "los registradores dispondrán de aplicaciones informáticas para el trata­ miento de bases gráficas que permitan su coordinación con las fincas registrales y la incorporación a éstas de la calificación urbanística, medioambiental o administrativa correspondiente".

Son objeto de declaración o comunicación la realización de nuevas construcciones, ampliación, rehabilitación, demolición o derribo de las ya existentes, sin incluir aquellas que tengan como objeto la conserva­ ción o mantenimiento de los edificios o afecten a sus características ornamentales o decorativas. Por otra parte también se incluyen en este apartado la segregación, división, agregación y agrupación de bienes inmuebles y la adquisición de la propiedad por cualquier título.

Valor catastral

prote~

Se establece como valor catastral el determinado objetivamente para cada bien inmueble a partir de los datos obrantes en el Catastro Inmobiliario, y estará integrado por el valor catastral del suelo y el valor catastral de las construcciones. Para su determinación se fijan criterios relativos a la localización del inmueble, las circunstancias urbanísticas que afecten al suelo y su aptitud para la producción, así mismo el coste de la ejecución material de las construcciones, el uso. calidad y antigüedad de la edificación, su carácter histórico-artístico y las circunstancias y valores del mercado. En todo caso el valor catas­ tral de los inmuebles no podrá superar el valor de mercado.

En este sentido la determinación del valor catastral se efectuará mediante la aplicación de la correspondiente ponencia de valo:res que ha de recoger los criterios establecidos de manera reglamenta­

CARTOGRAFíA CATASTRAL

295

ria, los módulos de valoración, planeamiento urbanístico y aquellos otros que puedan resultar necesarios para llevar a cabo este cálcu­ lo.

La elaboración de las ponencias de valores se llevará a cabo por parte de la Dirección General del Catastro, bien directamente o a tra­ vés de los convenios de colaboración que puedan realizarse con otras Administraciones Públicas. Para su aprobación las ponencias han de someterse a informe del los ayuntamientos interesados. Los acuerdos de aprobación de las ponencias se publican en el Boletín Oficial de la Provincia respectiva, y pueden ser recurribles en vía económico­ administrativa.

Acceso a los datos catastrales

En relación con el contenido de esta Leyes preciso citar la disposi­ ción adicional segunda de la Ley 24/2001, de 27 de diciembre, de medidas fiscales, administrativas y de orden social, en la que se regu­ la el acceso a los datos catastrales. Se dice que todos podrán acceder a la información de los inmuebles de su propiedad y a la información de datos no protegidos contenidos en el catastro. Se atribuye la consi­ deración de datos protegidos al nombre, apellidos y domicilio de quienes figuren inscritos.

El acceso a los datos catastrales protegidos solo podrá realizarse mediante el consentimiento expreso, específico y por escrito del afec­ tado. También en aquellos casos que supongan la ejecución de pro­ yectos de investigación de carácter histórico, científico o cultural siempre que estén auspiciados por universidades o centros de inves­ tigación y hayan sido calificados como relevantes por parte del Ministerio de Hacienda.

Esta autorización también se contempla en los casos en que sea pre­ cisa la identificación de las parcelas colindantes por parte de aquellos que figuren en el Catastro como titulares del Impuesto sobre Bienes Inmuebles. Un último caso es el de los herederos y sucesores respec­ to de los bienes inmuebles del causante o transmitente que figure ins­ crito en el Catastro.

296 CARTOGRAFíA: URBA1\;lSMO y DESARROLLO INMOBILIARIO

Para efectuar la solicitud de documentación catastral hay que tener en cuenta que esta se elabora y gestiona por términos municipales. Su contenido queda determinado por un conjunto de documentos de naturaleza literal y de cartografía, con los datos siguientes: división municipal en polígonos, relación de parcelas y propietarios, referen­ cia catastral de cada una de las parcelas, los de su localización geo­ gráfica y los datos topográficos de descripción de los linderos de los bienes y su representación gráfica, la superficie de cada una de las parcelas, el uso o destino y la clase de cultivo o aprovechamiento, así como la calidad de las construcciones, el valor catastral y el titular catastral.

El acceso a los datos se facilita a través de la referencia catastral, que se define como el código alfanumérico que permite situar de manera inequívoca y localizar a cada uno de los bienes inmuebles sobre la car­ tografía catastraL A semejanza del NIF en el caso de las personas físi­ cas, puede considerarse que hace las funciones de identificador de cada uno de los bienes inmuebles. En el caso de los bienes de carácter urbano, la referencia catastral consta de 20 caracteres, los 7 primeros sirven para identificar la finca o parcela, los 7 siguientes expresan la hoja del plano que contiene a la finca o parcela, siendo los cuatro siguientes los que identifican el local o piso dentro de la finca. Los 2 últimos que completan los 20 números de la referencia son dígitos de controL

inm~

En el caso de la referencia catastral de rústica también consta de 20 caracteres, que en este caso determinan la identificación de la parcela en base a los datos del municipio y delegación de Hacienda a que per­ tenece, el número del polígono catastral, correspondiente a la subdi­ visión en polígonos efectuada en de cada uno de los términos muni­ cipales, y el número de la parcela dentro del polígono. También se mantienen los dos últimos números como dígitos de controL

Los documentos oficiales acreditativos de los datos que aparecen recogidos en las bases de datos del Catastro son los certificados catas­ trales. La información que se facilita en relación con los contenidos catastrales de tipo alfanumérico o gráfico tiene los siguientes sopor­ tes: certificaciones literales, certificaciones descriptiva y gráfica, car­

CARTOGRAFÍA CATASTRAL

297

tografía y ortofotografías en papel o versión digital ( en aquellos municipios en los que haya sido elaborada y esté disponible) y copia de fotografías aéreas.

Las ortofotos disponibles, bien en versión digital o papel, han sido obtenidas con carácter general a la escala 1:5.000. Una hoja del Mapa Topográfico Nacional a escala 1:50.000 se subdivide en 66 hojas de esta escala, lo que representa una superficie por hoja de 810 hectáre­ as. Los vuelos fotogramétricos utilizados en el proceso de ortopro­ yección se han realizado a escala 1:18.000. En determinadas zonas del territorio clasificado como de tipo rústico, en el que existan elevados grados de parcelación ,las ortofotos se obtienen a escala 1:2.000, par­ tiendo de vuelos a escala 1:15.000

Los datos en los modelos digitales se facilitan en raster. La proyec­ ción utilizada es la UTM, referida a los husos 29, 30 Y 31 Y sistema de referencia ED-50. En relación con estos productos debe añadirse que se señala en la Ley 24/2001, que "se considerará renovado el catastro de los bienes inmuebles de naturaleza rústica de los municipios en los que la rectificación de las características catastrales se haya realizado sobre ortofotomapas y dispongan, a la entrada de esta Ley, de carto­ grafía digitalizada".

La cartografía urbana, obtenida por restitución numérica, a escalas 1:500 o 1:1.000, para la identificación y localización de parcelas, se rea­ liza por municipios, figurando las líneas que definen las manzanas, edificios, ejes de calles, volúmenes edificados, alturas de los edificios, mobiliario urbano, puntos topográficos de control, se facilita en Formato de Intercambio de Cartografía Catastral-FrCC y mismo siste­ ma de proyección y referencia que el especificado en el caso anterior. La cartografía rústica a escalas 1:5.000 o 1:2.000, contiene información sobre el parcelario real, polígonos, toponimia, delimitación munici­ pal, provincial o autonómica, vías de comunicación, caminos, sendas e hidrografía.