PALERMOS ILUSTRES

Palermos ilustres, Ayuntamiento de Palos de la Frontera, Huelva, 2003. ISBN: 84-606-3612-7.

MARTÍN ALONSO PINZÓN Martín Alonso nació por el año de 1440 y navegó desde niño en las carabelas palermas como grumete. Vivía en el antiguo Camino Real a la Rábida, y contrajo matrimonio con una vecina de la localidad llamada María Álvarez. Tuvieron cinco hijos. Dos varones : Arias Pérez y Juan Pinzón, que participarían en varias expediciones por tierras americanas, y tres niñas : Mayor, Catalina y Leonor, la pequeña, que sufría frecuentes ataques de lo que ellos llamaban "gota coral" y nosotros epilepsia. Su enorme experiencia náutica y audacia le proporcionaron buenos rendimientos en sus viajes de cabotaje, llegando a tener una holgada situación económica. Tuvo embarcaciones propias en las cuales se afanaban por enrolarse los marinos de toda la comarca. Su fama y prestigio crecían gracias al éxito de sus expediciones comerciales y al valor que demostró en las armadas de guerra durante el conflicto entre Castilla y Portugal. Cuando el 23 de Mayo de 1492 se leyó a los vecinos de Palos la Real Provisión por la cual se les ordenaba entregar dos carabelas a Colón y partir con él en el viaje que iba a realizar por mandado de Sus Altezas, la villa

acata la decisión real pero no la cumple. Los palermos no estaban dispuestos a embarcarse en tan gran aventura con un desconocido sin prestigio. Independientemente de la mayor o menor credibilidad de las ideas colombinas, los hombres de Palos nunca secundarían al genovés a no ser que le acompañara algún navegante respetado en la villa.

La aventura, arriesgada y, sobre todo, de ganancia incierta, no presentaba grandes atractivos. La oposición y la indiferencia por el proyecto colombino debieron ser generalizados, ya que el mandamiento real implicaba

suficientes razones para sembrar el descontento en el puerto palermo. Esa era la situación cuando Martín Alonso Pinzón regresó de Roma de uno de sus habituales viajes comerciales. Como ya hemos apuntado, era un hombre pudiente, diestro en el arte de navegar y de gran prestigio en la comarca. En definitiva, Pinzón poseía los atributos de los que carecía Colón, presentándose, por tanto, como el complemento ideal del futuro Almirante para realizar la expedición. Fueron los franciscanos de La Rábida los que pusieron en contacto al genovés con el marino palermo. También Pero Vázquez de la Frontera, viejo marino de la villa muy respetado por su experiencia, y amigo de Martín Alonso, influyó de manera importante para que Pinzón se decidiera a apoyar la empresa. En los Pleitos Colombinos, el testigo onubense Alonso Gallego recordaba haber oido decir a Colón : "Señor Martín Alonso Pinçón, vamos a este viage que, si salimos con él y Dios nos descubre tierras, yo os prometo por la Corona Real de partir con vos como un hermano". Sea cual fuere el motivo del palermo, lo cierto es que, cuando decide incorporarse a la expedición, inicia una

enérgica campaña de apoyo al viaje, animando a enrolarse a los más destacados marinos de la zona. Desechó los barcos embargados por Colón, contratando navíos más adecuados, y aportó de su hacienda medio millón de maravedíes, la tercera parte de los gastos en metálico de la empresa. Ultimados los preparativos, el 3 de Agosto la Santa María, la Pinta y la Niña partieron del Puerto de Palos. Colón en su Diario sólo tiene palabras de elogio para Pinzón, que se muestra muy eficaz en la resolución de los problemas que van surgiendo. Así, en los primeros días de Octubre, cuando el malestar, el cansancio y los deseos de regresar, que el cauto ligur preveía, comenzaron a cundir entre los tripulantes de la Santa María, las dotes de mando y la capacidad resolutiva de Martín Alonso quedaron expuestas al abordar esta situación, que Colón no supo atajar, restableciendo la disciplina en la armada y propiciando decisivamente la continuación del viaje, cuando estaban a escasas jornadas de tierra americana. Hasta ese momento, las relaciones entre ambos líderes eran buenas. Circunstancia que acabará cuando, tras el Descubrimiento, el ya Almirante Colón se muestra excesivamente celoso de su gloria y privilegios. Así, al adelantarse el 21 de Noviembre Pinzón con la Pinta,

separándose de las otras naves y llegando antes a la isla que buscaban, Colón no duda en hacer contra él las más graves e infundadas acusaciones. La enemistad entre ambos marinos se mantuvo ya hasta el regreso. Martín Alonso llegó enfermo y murió a los 15 o 20 días, enterrándosele, probablemente, en la Iglesia del Monasterio de La Rábida según su voluntad. VICENTE YÁÑEZ PINZÓN

Vicente Yáñez debió nacer en 1462, por lo que era el más joven, con diferencia, de los hermanos, siendo muy probable que tomase el apellido de Rodrigo Yáñez, un alguacil de Palos que sería su padrino. La tradición en Palos señala su solar en calle de la Ribera. Desde muy niño aprendió el arte de navegar de su hermano mayor, sin duda uno de los mejores navegantes de la época, y participó desde su adolescencia, que fue tiempo de guerra, en combates y asaltos. Se casó dos veces, la primera con Teresa Rodríguez, que le dio dos hijas: Ana Rodríguez y Juana González . La segunda, al regreso de su último viaje a Yucatán, en 1509, con Ana Núñez de Trujillo, con la que convivió en Triana hasta su muerte.

Vicente Yáñez fue el primero en aceptar la invitación de enrolamiento de su hermano cuando Martín Alonso decide apoyar la expedición de Cristóbal Colón. Juntos fueron visitando, casa por casa, a sus parientes, amigos y conocidos, animando a embarcarse a los más destacados marinos de la zona. Rechazaron los barcos embargados por Colón, contratando navíos más adecuados, y aportaron de su hacienda medio millón de maravedíes. Como capitán de la Niña sus intervenciones fueron fundamentales durante el viaje, animando a proseguir la expedición cuando hasta el propio Colón quería volverse,

sofocando las protestas de los marinos de la Santa María, acudiendo al salvamento de éstos cuando la nao naufragó y trayendo al Almirante de regreso a España. A la muerte de Martín Alonso, le sucedió en el liderazgo de la familia, y de la marinería palerma. El Capitán de la Niña, que no se había separado de Colón en todo el viaje, y que oportunamente le salvó tras el naufragio de la Santa María, abandonó prudente y discretamente las relaciones con el entonces triunfador y soberbio Almirante. En 1495 lo encontramos preparando dos carabelas, la Vicente Yáñez y la Fraila, para participar en la Armada que Alonso de Aguilar, hermano del Gran Capitán, iba a dirigir contra el Norte de África, pero sobrevienen las guerras de Nápoles y se dirigen a Italia, desde donde no retornan hasta 1498, recorriendo de paso las costas de Argel y Túnez. Este mismo año de 1498 la Corona, impaciente por potenciar la colonización de las Indias, decide permitir a particulares que realicen viajes de descubrimiento. El 19 de Noviembre de 1499, con cuatro carabelas, salió Vicente Yáñez del Puerto de Palos. Le acompañaban gran cantidad de parientes y amigos, entre ellos Arias Pérez, hijo primogénito de Martín Alonso, y su hermano Francisco Martín Pinzón. La importancia de este último era grande,

ya que había acompañado a Colón en su tercer viaje y estaba al tanto de sus hallazgos. (Francisco fue el único, de los tres hermanos, que mantuvo contactos con el Almirante. También le acompañó en el cuarto y último, en el cual murió). Pasadas las Canarias, las naves de Vicente Yáñez tomaron rumbo S.O. hasta perder de vista la Estrella Polar. Por primera vez, los marinos españoles pasaban el Ecuador y se adentraban en el Hemisferio Sur. Contingencia grave, porque lógicamente no sabían guiarse por las estrellas del cielo austral. Después de sufrir un temporal, toman tierra en la costa brasileña el 26 de Enero de 1500, en la zona del actual Cabo de Santo Agostinho (Recife). La hostilidad de los indígenas le decide a embarcar y dirigirse hacia el N.E., por la costa de Rostro Hermoso, hasta que con asombro comprueban un día que el agua del mar se había tornado dulce. Vicente Yáñez acababa de encontrar el más caudaloso río de la Tierra: el Amazonas, y con grave riesgo decidió explorarlo adentrándose en su estuario, desde son rechazados por los indígenas. Costeando llegan a la isla de Trinidad, de la que tenía el monopolio comercial, como descubridor, el Almirante, así que se dirige a Puerto Rico, descubierta por Martín Alonso en 1493, y después a La Española, desde donde, al perder dos naves en unos bajíos, decide regresar a Palos.

Este viaje, que fue el más largo e importante realizado en la época por sus resultados geográficos, que aprovecharán Américo Vespucci y Juan de la Cosa, fue en cambio un desastre económico. Sólo trajeron un regular cargamento de palo de tinte, piedras topacio, canela, animales raros, etc., de modo que fueron embargados por sus acreedores y tienen que pedir ayuda a la Corona. Los Reyes, el 5 de Septiembre de 1501, le nombran Capitán General y Gobernador del territorio que había descubierto, desde el Amazonas hasta Recife, en Brasil, y le conceden todas las ganancias que obtenga, siempre que colonizara por su cuenta en el plazo de un año. Como no contaba con recursos para hacerlo, perdió estos derechos. Tampoco realizó Yáñez el viaje que en 1505, por iniciativa de la Corona, le encomendaba encontrar el ansiado paso hacia las Islas de las Especias, en Malasia, en compañía de Vespucci, ya que las naves, una vez preparadas, fueron destinadas a la empresa de Cisneros en África. En 1507, Fernando el Católico le encarga de nuevo esta misión, ahora conjuntamente con Solís. Y en esta ocasión si partieron con dos carabelas desde Sanlúcar de Barrameda el 29 de Junio de 1508. Es el último viaje de Vicente Yáñez Pinzón a América. Recorrió las costas de Darién, Veragua y Paria, actuales de Venezuela,

Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y Guatemala. Al no encontrar el paso buscado, rodean la Península de Yucatán y se adentran en el Golfo de México hasta los 23,5 º de latitud Norte. Pero por motivos que se ignoran, decidieron dar por terminada la expedición y vuelven a Cádiz en Octubre de 1509. Hubo una investigación oficial en la que se ratifica a Pinzón como Capitán General y Corregidor de la isla de Puerto Rico, y que llevó a la cárcel a Solís. Lo cual parece indicar que fue él quien interrumpió el viaje. Por esta época se establece en Triana, y en 1513 testifica en los Pleitos Colombinos contra el Almirante con su acostumbrada moderación. En 1514 se le ordena acompañar a Pedrarias Dávila al Darién, pero Vicente Yáñez se encuentra enfermo y pide que se le excuse. Era el 14 de Marzo de 1514, y éste es el último documento en que se le menciona. Según su amigo, el cronista Fernández de Oviedo, Vicente Yáñez murió este mismo año con la misma discreción que vivió, sin que se sepa la fecha exacta ni el lugar donde fue enterrado, no pudiéndose descartar, dada su segura pobreza, que fuera a parar a una fosa común del cementerio trianero.

FRANCISCO MARTÍN PINZÓN Es sin duda el menos recordado de los tres famosos hermanos Pinzón codescubridores de América con Cristóbal Colón. Nació en Palos alrededor de 1445. Era, pues, el segundo de los hermanos por nacimiento, tras Martín Alonso, y fue efectivamente “segundón”, no sólo respecto al primogénito, sino también en relación al más pequeño Vicente Yáñez, mucho más emprendedor. De ahí que siempre se le olvide. Un olvido injusto porque fue siempre un ejemplar colaborador de sus hermanos y, en algunos casos, su participación fue decisiva en varios viajes. Fue maestre, o sea, segundo de a bordo, en la carabela Pinta cuando desde ésta se descubrió América. Posiblemente no participó en el préstamo

que los Pinzón hicieron a Colón para fletar estas naves – por un total de medio millón de maravedíes- ya que económicamente nunca estuvo tan bien como sus hermanos. Pero era un marino experto y leal, que contribuyó con su esfuerzo y conocimiento al éxito final de la empresa: el hallazgo de la ruta hacia el continente americano. El 21 de noviembre de 1492 se apartó con la Pinta, junto a su hermano y capitán Martín Alonso de las otras dos naves. Esto hizo que al regreso de la expedición el Almirante Cristóbal Colón le tuviese entre las personas no gratas. Por eso, cuando muere Martín Alonso, pasa a ocupar su sempiterno rol de “segundón” con Vicente Yáñez. Con su hermano pequeño hizo varios viajes a Italia y África en servicio de la Corona. En noviembre de 1493 protagonizó un asalto en la costa de Argel, junto a Juan de Sevilla, Rodrigo de Quexo y Fernando Quintero. En 1496 llevó dineros y bastimentos a las tropas españolas que combatían en Nápoles. Los Pinzón parecían haberse olvidado de América. Sin embargo, en 1498 participó en el tercer viaje de Colón, en el que el Almirante llegó por primera vez al

continente. ¿Qué había cambiado para que un Pinzón, olvidando viejas rencillas, se enrolara en tal viaje? Muy probablemente debió ser la decisión que la Corona tomó en 1498 de acabar con el monopolio descubridor de Colón y permitir que otros marinos fueran a descubrir. Seguramente, ya entonces, Vicente Yáñez Pinzón pensó en ir a descubrir por cuenta propia, para lo cual necesitaría información de primera mano sobre las navegaciones del Almirante. Esta información, por haber participado en el tercer viaje colombino, fue la importantísima aportación de Francisco Martín Pinzón al viaje de Vicente en 1499, cuando ambos, al mando de una escuadra de cuatro naves descubrieron el Brasil y el río Amazonas. El viaje descubridor más importante desde el punto de vista geográfico de su época. Sin embargo fue un fracaso económico, máxime cuando posteriormente se demuestra que las tierras brasileñas halladas correspondían, por el reparto que habían acordado Portugal y Castilla en el Tratado de Tordesillas, al vecino reino lusitano. Rodrigo Álvarez, su compañero de muchas expediciones, cuando declaró en 1514, a causa de los Pleitos Colombinos, dijo que Francisco Martín Pinzón ya “era difunto”. Según su testimonio, en 1502 Francisco

vuelve a embarcar con el Almirante Colón en su cuarto y definitivo viaje, al cual Rodrigo no pudo ir por quedarse enfermo en Cabo Verde, y fue en esta expedición en la que el mediano de los Pinzón murió ahogado. Su historia personal y familiar es confusa, ya que tuvo varios parientes que llevaban su mismo nombre, por lo que los investigadores suelen confundirse entre ellos. Sin embargo, esta ambigüedad le permite ser el favorito de los genealogistas, ya que cuando buscan entroncar algún heredero con tan ilustres marinos, nada más fácil que encontrar alguno de los varios Francisco Martín Pinzón que en esta tierra fueron. No obstante, muy probablemente estuvo casado con Juana Martín y tuvo al menos una hija, que encontramos en la documentación como “huérfana y pobre”.

ANTÓN DE ALAMINOS Entre los numerosos marinos de Palos que destacaron en la colonización de América, existen algunos de especial relevancia como Antón de Alaminos, el hombre que verdaderamente podemos considerar descubridor de México, de las culturas maya y azteca, después del primer contacto que con ellas tuviera su paisano Vicente Yáñez Pinzón. Antón de Alaminos nació en Palos prácticamente en vísperas del primer viaje colombino, por lo que su infancia debió transcurrir entre relatos de aventuras y viajes. Probablemente, este singular ambiente le llevó a enrolarse,

cuando apenas era un niño en el cuarto viaje de Colón (15021504). Ya en este viaje, arrastrados por Colón que desesperadamente busca el ansiado paso a la Isla de las Especias, navegaron sin rumbo ni orientación por el archipiélago del Jardín de la Reina, intentaron fundar una colonia en la rica Veragua y bajaron hasta el Golfo de Darién, ya bien conocido, desde donde dejan el continente con rumbo a Cuba. Posteriormente, fue piloto con Juan Ponce de León, gobernador de Puerto Rico, y le acompaña a la expedición que descubre Florida en 1513. Avecindado en Cuba, va como Piloto Mayor de Hernández de Córdoba con tres navíos hacia una de las islas Bahamas (8 de Febrero de 1517), pero, después de tres semanas de navegación, el viento les empuja hacia una costa desconocida. Cuando desembarcan y preguntan a los indígenas por el nombre de la zona, éstos les respondieron "Tectecán", que significa "no entendemos", aunque los españoles creyeron que era el nombre del país, transformando el término en "Yucatán". Habían desembarcado en la costa noreste de la península, en el Cabo Catoche, y después de contornearla hasta Campeche, habiendo perdido la mitad de los

hombres, decidieron regresar a Cuba, donde Diego Velázquez, entusiasmado por los adornos de oro que trajeron, dispuso enviar otra expedición rápidamente. El primero de Mayo de 1518, una pequeña pero bien equipada flota, compuesta de cuatro naves, partía de Santiago de Cuba al mando de Juan de Grijalba y con Antón de Alaminos nuevamente como Piloto Mayor. Siguieron el mismo rumbo que Córdoba, más la deriva les hizo desviarse al sur y llegar a la isla de Cozumel, desde donde recorrieron los mismos puntos que la expedición anterior. Grijalba dio a la península el nombre de "Nueva España", que luego se extendería a un territorio mucho más extenso. En el río de Banderas, llamado así por los estandartes que los indígenas desplegaron en sus orillas, tuvo lugar el primer contacto en el que se limitaron a los intercambios, ya que Grijalba, tal vez impresionado por el poderío y grado de civilización de esta cultura decidió regresar sin fundar colonia alguna, lo que recriminó Velázquez, que enseguida comenzó a buscar al hombre con el temple necesario para hacerlo. Laszlo Passuth, en su obra El dios de la lluvia llora sobre México, narra un encuentro, imaginario pero muy probable, en el que Alaminos, el marino palermo descubridor de la corriente del Golfo, el hombre que mejor

conocía esas costas del imperio azteca, interviene decisivamente en el destino de un hombre y de la historia: "Paróse (Cortés) ante un piloto a quien conocía y le saludó amigablemente. Se trataba de Alaminos, que había tomado parte en todas las expediciones hacia Occidente desde el tiempo de Colón. Presentó a Cortés su timonel, un joven de barba negra llamado Bernal Díaz que por sus habilidades era alabado por todos los que le rodeaban. Pocos minutos después, los tres habían desaparecido dentro de una tasca; y allí, frente a un vaso de vino aguado comenzaron a charlar. Señor: aborrezco ya el aguardiente de pulque; no puedo ya con él, paréceme sentir en la boca el sucio sabor de la palma. ¡Mi primer vaso de este vino, a vuestra salud! Escucha Alaminos: nadie habla francamente en el Consejo; nadie deja allí conocer exactamente su pensamiento. Y cuando uno empieza a hablar, otro interrumpe con alguna pregunta. Creo que tú más que nadie es quien puede juzgar rectamente si allí en aquella costa comienza o no un gran continente. Estuve allí con el Almirante Colón en su último viaje. Llegamos alrededor del mediodía a esa tierra

inmensa que se extiende hacia el Oeste. El Almirante continuó navegando hacia el Sur. La tierra es firme; evidentemente es un continente. Los indígenas son también muy diferentes a los de las Antillas, no son ciertamente salvajes desnudos y simples. No, ellos, los de allí, tienen sus dioses, llevan vestidos y usan excelentes flechas y lanzas. En la espesura, pudimos ver casas de piedra; eran templos donde ofrecen sacrificios a sus dioses. Marcan sus fronteras por medio de montones de piedras y con montones de piedras miden también el tiempo. Lo más maravilloso, sin embargo, son sus horribles ídolos. Los otros, mis compañeros, al verlos hicieron el signo de la cruz y se alejaron. Pero yo ya he ido mucho por el mundo y me gusta verlo y curiosearlo todo, así que me arrimé y miré los ídolos y los toqué a mi placer. Son extrañas figuras con cabeza de animal. Están tallados en piedras brillantes de apretado grano y van adornados con lanzas y serpientes. Cuando niño husmeaba yo a menudo en el taller de mi tío, que era labrador de piedras, así que conozco algunas cosas de tal oficio. Aquellos indios no trabajaban con herramientas de hierro, sino que sus cinceles son de una piedra negra, una especie de pedernal, y de esa manera hacen trabajos magníficos.

Encontré allí también mazas con cabezas de cobre que supuse empleaban seguramente como martillos. Llegué a entrar en uno de sus templos, están llenos de esculturas y tallas. Encontramos allí oro y trabajos diversos hechos de plumas. Estaba el templo en una pequeña isla que llamábamos Isla de los Sacrificios porque ante el altar manchado de sangre veíanse restos de miembros humanos; en la parte de fuera había un enorme montón de calaveras blanqueadas por el sol y algunas de ellas estaban cubiertas de pinturas y colorines semejantes a los que cubren las paredes del templo. Os cuento eso, noble señor, para convenceros de que aquel continente no está poblado por cuatro pobres diablos como son los indios de aquí. Aquellos son muy diferentes, profesan evidentemente otras creencias, lo cual ciertamente no tiene por qué admirar a un viejo hombre de mar. Solamente el señor Velázquez y sus secuaces creen que un indio es forzosamente igual a otro, que todo indio ha de huir atemorizado cuando nos ve y ha de sufrir de espanto al oír las detonaciones de nuestros mosquetes. Debo entender, pues, Alaminos, que en tu opinión es aquello un país con su rey, su kan o algo semejante.

Aquella gente sólo con signos podían darse a comprender por nosotros; pero ¿cómo entender su modo de hablar? Los caballeros se dedicaron tan sólo a buscar ansiosamente oro; ninguno se aventuró por el interior y menos aún se preocupó por indagar sus costumbres o modo de vivir. Detrás de la costa ¿existe un continente?. Observé aquellos hombres; cuando dos de ellos se encontraban, se inclinaban a modo de saludo repetidas veces. Había entre ellos evidentemente nobles y siervos y vimos algunos que eran llevados en literas o sillas adornadas con hermosas plumas; al pasar, bajaban los demás la vista y hasta alguno, de aspecto más miserable, llegaban a postrarse a su paso. Según el modo de reunirse, de separarse y de aparecer al siguiente día en otro sector de la costa en correcta formación y ordenadamente, deduje que aquello debía ser un reino. Los caballeros no repararon en eso, pero un marino como yo ha visto mucho, se ha fijado en las cosas, sabe pescar una ramita que llevan las olas y observar el vuelo de un ave... ¿Es cierto que Grijalba no se atrevió a internarse en el país?

Dijo que éramos pocos para ello. El capitán Pedro Alvarado, que mandaba nuestro segundo buque, disputó con Grijalba. Quería quedarse allí y recuerdo que dijo "Dejadme algunos hombres y tres culebrinas; me fortificaré y esperaré que volváis. No huyamos indignamente". Pero Grijalba sacudió la cabeza y dijo secamente "Es preciso regresar Pedro". La mirada de Cortés estaba como perdida en la lejanía. Sentía como si el mundo le ahogase, como si le resultase pequeño. Como un viejo profeta del Antiguo Testamento hubiese querido luchar con ángeles y diablos. Cuando salieron, Alaminos le miró al marcharse y luego sonrió. ¿ Has observado Bernal cómo ha mordido el cebo?. Un hombre bravo, de buen temple, sólo que tiene muy poco, muy poco dinero... ¿Irías tú con él?." Antón de Alaminos,el marino de Palos, no sólo fue con Cortés. Se convirtió en su brazo derecho y tuvo la máxima responsabilidad de la expedición en asuntos náuticos.

FRAY JUAN IZQUIERDO. OBISPO DE YUCATÁN Segunda Mitad del Siglo XVl. La Evangelización de América. Cuando se habla del papel que ha desarrollado el pueblo de Palos de la Frontera en la Historia de América, suele pensarse, casi exclusivamente, en los acontecimientos relacionados con la preparación y ejecución del primer viaje colombino. Pero, poco a poco, la investigación y el estudio nos van perfilando múltiples actuaciones en las que los palermos se muestran como destacados protagonistas en la colonización del Nuevo Mundo, siempre pioneros, construyendo los pilares de una nueva sociedad, de una nueva cultura, y participando activamente en la Evangelización. Desde el fundamental apoyo que Fray Antonio de Marchena y Fray Juan Pérez prestaron a Cristóbal Colón cuando su ánimo desfallecía ante la adversidad, el Convento franciscano de Santa María de La Rábida siguió atentamente la evolución de los acontecimientos, erigiéndose en uno de los primeros focos de la evangelización americana. Como es lógico, la influencia del convento rabideño, propició que destacaran especialmente los franciscanos entre los primeros evangelizadores de América palermos, como Fray Juan de

Palos, Fray Juan Cerrado, Fray Pedro Salvador, Fray Alonso Vélez de Guevara, Fray Juan Quintero, Fray Thomás de Narváez y Fray Francisco Camacho, que tomaron en su mayoría los hábitos en México y Lima.

Palermo y franciscano fue también Fray Juan Izquierdo, Obispo de Yucatán entre 1587 y 1602. Personaje controvertido, pues le tocó vivir momentos críticos de enorme tensión y responsabilidad, logró la consolidación de la Iglesia yucateca mediante una acertada

reorganización de su Obispado y la introducción de importantes innovaciones y reformas. La fundación en su sede de Mérida de un Seminario, verdadero centro cultural de la zona; la terminación de la Catedral, en cuya cripta yace enterrado; sus frecuentes visitas controlando su Obispado; su preocupación porque los misioneros aprendieran el chontal, la lengua nativa, para que fueran más eficaces en su evangelización, salvándola al mismo tiempo del olvido conjuntamente con tradiciones y costumbres de la cultura indígena; su obsesión porque los escasos recursos de una Iglesia ubicada en una tierra pobre y marginada estuvieran mejor distribuidos, nos definen a un Fr. Juan Izquierdo dinámico y efectivo, riguroso y enérgico, preocupado por llevar a cabo siempre las medidas que, a su juicio, iban a redundar en beneficio de la Iglesia que le había sido encomendada

JUAN RODRÍGUEZ MAFRA Juan Rodríguez Mafra nació en Palos en 1470, según se desprende de su declaración en los Pleitos Colombinos el 16 de Febrero de 1515, cuando afirma tener más de 45 años. Era por tanto un joven marino de 22 años cuando las naves Santa María, Pinta y Niña se disponían a zarpar del Puerto de Palos. No obstante, pese a su juventud, debía ser bastante juicioso y práctico, pues se mostró reacio a participar en el proyecto colombino aún sabiendo que lo avalaba Pinzón, por el que muestra admiración y respeto cuando dice "Que muchos no osaban venir (habla desde América) porque tenían por vana aquella empresa, e que si no

viniera (Colón) con Martín Alonso Pinçón, que era hombre rico y emparentado, no viniera (Colón) con la gente que vino. Y que (esto) lo sabe porque se halló en Palos cuando el dicho Almirante armó la dicha armada y no quise ir por lo tener por cosa vana", o quizás por estar en esa época recién casado con Catalina Ruiz. Cuando el éxito de este viaje le demuestra que está en un error, cambia radicalmente su actitud, pasando a ser uno de los más activos descubridores palermos. Tomó parte en el segundo y tercer viaje de Colón (1493 y 1498). Seguidamente con su hermano Diego de Lepe viaja a Tierra Firme en 1499, tras la estela de la expedición de Vicente Yáñez que descubre el Brasil, al que sobrepasan cuando Pinzón se detiene en la exploración de la desembocadura del río Amazonas, por lo que fueron Rodríguez Mafra y Diego de Lepe los verdaderos descubridores de esta costa, desde el Amazonas hasta las tierras descubiertas por el Almirante. A continuación, embarcó en la expedición de Rodrigo de Bastidas al Darién (1500 - 1502). Y de regreso en Palos, cuando se dispone a realizar un nuevo viaje a las Indias, tuvo que hacer un breve paréntesis en su aventura americana, ya que en 1505 fue enviado, con cargo de

maestre de la Carabela Santa Cruz, a la toma de Mazalquivir. Los grandes méritos realizados y la inmensa experiencia acumulada, hacen que le nombren Piloto de Su Majestad, por Real Cédula a los Oficiales de la Casa de Contratación de 23 de Mayo de 1512. En 1513 le encontramos como piloto de la Santa Cruz, junto a Juan Bermúdez, piloto de la Santa María de la Antigua y propietario de ambas carabelas, que había comprado el año anterior en Portugal, dirigiéndose rumbo a Cuba y La Española a donde llevan "ropa de mercaderes" y pasajeros. En este viaje les acompaña Juan Martín Pinzón, el hijo de Martín Alonso. A esta tarea de transportar hombres y mercancías para aprovisionar las islas debió dedicarse en esos años, ya que aparece nuevamente en Cuba (1515) y San Salvador (1516). En años posteriores (1517 - 1518) debió conocer en Sevilla a Magallanes, que preparaba su viaje con el objetivo de encontrar un paso que le permitiera salvar el continente americano para llegar a tierras asiáticas por Occidente, convenciéndole el portugués de que lo acompañara, para lo cual tuvo interesantes razones: una Real Cédula ofrecía conceder a los pilotos y maestres de naos que acompañaran a Magallanes privilegios de

Caballería, y otra similar aumentaba en 6.000 maravedíes el sueldo anual de Juan Rodríguez Mafra, el tiempo que estuviera embarcado. Pero antes de zarpar, encabeza la petición para que Su Majestad conceda Escudo de Armas a los Pinzón y otros marinos de Palos, exponiendo la lamentable situación en que se hallaban los descendientes de estos marinos, que tantos y tan valiosos servicios habían ofrecido a la Corona. Después de estos preparativos, se embarca en la expedición de Magallanes junto a su hijo Diego, que va como paje, y Ginés de Mafra, un pariente suyo natural de Jerez de la Frontera y vecino de Palos. Zarpó como piloto de la San Antonio, la mayor de las naos de la flotilla con sus 120 toneladas, y pusieron rumbo a Tenerife, donde arribaron el 26 de Septiembre, para proseguir el viaje el 3 de Octubre de 1519. Llegaron a Río de Janeiro el 13 de Diciembre, en un viaje deliberadamente lento porque Magallanes desconfiaba de algunos de los Oficiales que llevaba y quería probar su lealtad antes de llegar al estrecho entre el Atlántico y el Pacífico, su pretendido "secreto". En realidad, lo que Magallanes buscaba como Estrecho era la enorme desembocadura del Río de la Plata. Ante tal contrariedad, no pudiendo continuar hacia el Sur en

aquella época, tuvieron que invernar. El desánimo cundió entre la tripulación, fomentado por los oficiales de los que Magallanes sospechaba desde el inicio del viaje, circunstancia que le permitió abortar la rebelión desde el comienzo, ejecutando a estos cabecillas. Deseosos de abandonar cuanto antes aquella exasperante inactividad, envían a la Santiago a explorar y naufraga, por lo que prosiguen anclados hasta el 18 de Octubre de 1520, ya en plena primavera austral, en que reanudan el viaje. Juan Rodríguez Mafra va entonces como piloto de la Concepción, pues en la San Antonio el ambiente de rebeldía no le resultaba nada tranquilizador. Y, en efecto, esta nao no siguió a las demás una vez hallado el Estrecho de Magallanes, sino que dio la vuelta y regresó a España, donde serían juzgados a su llegada. Las tres naves restantes de la expedición, después de más de tres meses de navegación por el enorme Océano Pacífico, sin ver más tierra que la de algunos islotes, llegaron el 6 de Marzo de 1521 a la Isla de los Ladrones y comienzan a explorar el archipiélago de Filipinas, hasta que Magallanes muere a manos de los indígenas en una emboscada que les tendieron en Mactán (27 de Abril de 1521). A los pocos días es quemada la nao Concepción. Juan Rodríguez Mafra, probablemente ya enfermo, inicia,

en la Trinidad o la Victoria, un largo periplo de más de seis meses hasta que al fin llegan a la meta: Tidore, las Molucas, las islas de las Especias, el objetivo de todos los descubridores de la época. Era el 8 de Noviembre de 1521. Mes en que moría, al parecer de fiebres, Juan Rodríguez Mafra. Cuando la nao Victoria entra en Sevilla el 8 de Septiembre de 1522, después de dar la primera vuelta al Mundo, sólo 18 hombres cadavéricos, casi espectros, desembarcan encabezados por su capitán Juan Sebastián Elcano. De los Mafra, Ginés fue uno de los supervivientes, según se desprende de la documentación originada de su proceso de separación matrimonial, ya que la que fue su esposa, dándole por muerto, se había casado de nuevo. Ginés Mafra, hombre muy culto, nos legó una interesante historia del viaje más fantástico que la humanidad había realizado nunca.

DIEGO DE LEPE Nacido en Palos alrededor de 1460, fue uno de los primeros marinos que, tras los tres primeros viajes colombinos, en ninguno de los cuales se enroló, participaron en los llamados “viajes andaluces”. Diego de Lepe, hermano de Juan Rodríguez Mafra y cuñado de los Pinzón, organizó un viaje al Nuevo Mundo en diciembre de 1499. Firmadas las capitulaciones con la Corona para ir a descubrir, zarpó del Puerto de Palos con dos carabelas tripuladas por parientes y amigos. Entre ellos contó con hábiles pilotos que habían acompañado a Cristóbal Colón, como

Bartolomé Roldán, y expertos marinos de Palos como Juan Rodríguez Mafra (su hermano), Alonso Rodríguez de la Calva, Juan González Portugués, García de la Monja, Cristóbal García, Luis del Valle, Pedro Medel, Pedro Sánchez y Hernando Esteban. Siguió la derrota de Vicente Yáñez Pinzón, quien había partido un mes antes, hasta doblar el Cabo de San Agustín, tomando posesión de esta costa brasileña a la que llamó Rostro Hermoso. Corrió luego por el suroeste más que ningún otro, y aún hubiera llegado a mayores distancias por el hemisferio Sur, pero, falto de provisiones y medios para una exploración tan dilatada y nueva, puso rumbo a España, donde llegaron en octubre de 1500 con un regular botín de mercancías, algunos indios tomados en el Marañón que entregaron al obispo Fonseca, y con un gran caudal de observaciones, notas y cartas geográficas de las regiones exploradas. También la expedición de Lepe fue un fracaso económico, máxime considerando la prioridad en el descubrimiento de esa costa de Vicente Yáñez y del Almirante Colón. No obstante, sí fue el verdadero descubridor del litoral comprendido entre las desembocaduras de los ríos Amazonas y Orinoco, según dejó constancia la carta náutica de Andrés Morales,

encargada por el obispo Fonseca para dilucidar esta cuestión. Además, esta expedición fue importantísima porque Diego de Lepe navegó más al sur que ningún otro marino hasta entonces, siendo pionero en la exploración de las costas al sur del cabo de San Agustín, y descubriendo que la costa a partir de ese punto tomaba dirección suroeste, tierras que exploraría el navegante portugués Pedro Álvares de Cabral, injustamente considerado como descubridor oficial de Brasil. El 14 de septiembre de 1501 firma una nueva capitulación para ir a descubrir con tres carabelas “por donde había ido anteriormente”. Diego de Lepe solicitó llevar una carabela más, petición que en principio le fue denegada y posteriormente se le concedió, pero ya en diciembre de 1502 expiraba el plazo de las capitulaciones, por lo que este viaje no se realizó. Probablemente disgustado por estas contrariedades administrativas, se dirigió más tarde a Portugal, donde en 1515 le sorprendió la muerte cuando preparaba una nueva expedición.

GONZALO GUERRERO Un jefe maya nacido en Palos Natural de Palos. Arcabucero en Nápoles y Granada. En 1510, o antes, va con Diego Nicuesa a América. Con Pedro de Valdivia, capitán de Núñez de Balboa, enemigo de Nicuesa, va desde Darién a Fernandina, Santo Domingo, como oficial a cargo de esclavos y tripulación de la nao Santa María de Barca, armada en Almería. Pretende ver a Almagro en la Española y presentarle recomendación de Nicuesa para ser oficial en el galeón San Pelayo de Antequera.

Parten de Darién el 15 de Agosto de 1511. Naufragan en los bajos de las Víboras o de los Alacranes, frente a la isla de Jamaica. De dieciocho supervivientes en un batel, llegan ocho a la costa de Yucatán. Tienen un primer contacto con los Cocomes, que sacrifican a cuatro, entre ellos a Valdivia, y los comieron. El resto logra escapar cuando los llevaban a la Ciudad para engordarlos. Llegan a la tribu de los Tutul Xiúes, enemiga de los Cocomes, Ciudad-Estado de Maní, a la que pertenecía Xamanha, donde el cacique Taxmar los entrega a Teohom su sacerdote como esclavos, quien, con duros trabajos y malos tratos, acaba con todos excepto Guerrero y Jerónimo de Aguilar. Compadecido Taxmar los reclama. Sobre todo los quiere como consejeros de guerra. Gonzalo forma una rudimentaria y peculiar falange macedónica, suficiente para derrotar a los Cocomes, con lo que alcanza un gran prestigio. Taxmar regala a Guerrero al sabio jefe Na Chan Can, cacique de los Cheles en la ciudad de Ichpaatún, al Norte de la Bahía de Chetumal, que lo regala a su Nacom (jefe de guerreros) Balam, al que Gonzalo salva de un caimán, por lo que se le otorga la libertad.

blancos, intentando salvar ese Paraíso, hoy Parque Natural, de Champotón. Muere en 1536, de un tiro de arcabuz, cuando se enfrentaba a las tropas del Capitán Lorenzo de Godoy. También es llamado Gonzalo de Aroca y Gonzalo Marinero, el Renegado.

Participa con gran éxito en varias expediciones guerreras, se acultura, asciende, y llega a Nacom al casarse con la princesa Ix Chel Can, hija de Na Chan Can. Consiente en hacer a sus hijos bizcos y que le aplanen la frente con tablilla (belleza para los mayas),sufre los rituales de mutilación. Incluso su primogénita Ixmo fue sacrificada en Chichén Itzá, para acabar con una plaga de langostas. Rechaza regresar con varias expediciones cristianas, y apoya la expulsión de Grijalva, Fernández de Córdoba (1517) y Cortés (1518). Combate a los conquistadores Montejo (padre e hijo) y a su capitán Dávila. Instruye a sus guerreros para que no teman a los caballos y armas de fuego, aconsejando siempre no dar tregua ni fiarse de los

JUAN BERMÚDEZ Natural de Palos. Piloto y Capitán de Nao que realizó numerosos viajes de avituallamiento de La Española, primer asentamiento español en América. En uno de ellos descubre las islas Bermudas, llamadas así por su apellido, en 1502. Vuelve de la Española en Junio de 1503, como maestre de uno de cinco navíos. Inmediatamente, como Maestre de la Trinidad, que partió junto a la San Cristóbal de Sanlúcar de Barrameda el 22 de Noviembre de 1503, vuelve a La Española con ropa de Sus Altezas. Maestre de la carabela Garza, que con otras cuatro de Palos, van en 1505 a abastecer a la colonia de vituallas. Por primera vez se llevan esclavos negros a América, procedentes de Guinea y comprados en Lisboa, para que supiesen a los indios en los trabajos de las minas: "A Pedro de Llanos 10.335 mrs. que hizo de costas para los esclavos negros y yeguas y bestias asnales que se enviaron a la Española este año de 1505 en la nao de Alfón Núñez, de que fue por maestre Juan Bermúdez. Al dicho Juan Bermúdez 17.695 mrs. que hobo de haber por

fletar a matrimonios de 17 esclavos negros que llevó a la Española en dicho viaje". Posteriormente transporta otros 16 esclavos negros para las minas de cobre de La Española, propiedad de la Corona, en la nao Santa María de la Antigua, que llevaba por maestre a Alfonso Rodríguez, por lo cual ambos recibieron de Su Alteza 25.000 maravedíes. Maestre de la carabela Santa María de la Regla, va a la Española en 1507, donde Juan Bermúdez recibe 1.500 maravedíes por flete de llevar a La Española y dar de comer por el camino a Diego, “yndio cacique que el gobernador había enviado a Castilla, y se le torna a llevar". Lo encontramos por última vez como Maestre de Carabela en Sevilla (Jamaica ) en 1515.

JUAN ESCALANTE Nació en 1479, año en que los Reyes Católicos firmaron con Portugal el Tratado de Alcáçovas, que ponía fin a cinco años de guerra entre los reinos ibéricos, al mismo tiempo que suponía el comienzo de la ruina de Palos, ya que Castilla cedía en este tratado las colonias africanas, menos Canarias, a los lusitanos, privando así a los palermos de sus ricas pesquerías y próspero comercio. Cuando era apenas un joven de catorce años, fue con Colón al segundo viaje, en 1493. También acompaña al Almirante en su tercer viaje, de 1498, "cuando se descubrió Paria”. Apenas regresado de esta expedición, el 5 de octubre de 1500, quiso aprovechar la liberación de la empresa descubridora y capituló con la Corona para ir a descubrir en las Indias con tres carabelas, como Capitán, obligándose, como hicieran también Vicente Yáñez Pinzón y Diego de Lepe, a proporcionar y costear los gastos de hombres y barcos. Declara en los Pleitos Colombinos desde San Salvador el 16 de Febrero de 1515, afirmando entonces ser vecino de Cuba, en cuya conquista había participado, entrando a continuación al servicio del gobernador Diego Velázquez. En Cuba se encontraba en 1518. Allí contactó con Hernán Cortés, quien le convenció para abandonar a Velázquez y seguirle, junto con Antón de Alaminos y otros palermos, en su expedición hasta las costas aztecas. Realizó un papel muy destacado en la conquista de México, llegando a Capitán y Primer Alguacil de Villa Rica de la Veracruz. Cuando apenas contaba cuarenta años, murió a manos de los indígenas en la batalla de Almería (Mexico).

PALERMOS ILUSTRES

Seleccionar un número relativamente pequeño de palermos que destacaron en la Historia es una tarea fácil, pues no en vano Palos de la Frontera es conocida internacionalmente como Cuna del Descubrimiento de América. Los hombres de Palos quedaron subyugados por el Nuevo Mundo. Del puerto de la villa partieron algunos de los llamados viajes andaluces, que contribuyeron en gran medida al mejor conocimiento de aquellas nuevas tierras y mares. Más de doscientos marinos de Palos pilotaron o capitanearon las naves españolas en los más destacados viajes de descubrimiento y conquista hasta mediados del XVI. Palermos había entre los hombres de Cortés en México, y también fueron con Pizarro al Perú. Los hombres de Palos siempre estuvieron en los lugares precisos en los momentos claves, cuando eran necesarios por su valor y experiencia náutica. De ellos hemos destacado, como no podía ser de otro modo, a los tres hermanos Pinzón que fueron

codescubridores de América con Cristóbal Colón: Martín Alonso, Francisco Martín y Vicente Yáñez, quien además completó su gigantesca biografía de navegante descubriendo el Brasil y explorando el río Amazonas. Les siguieron muchos, pero hemos considerado como los más notables a Antón de Alaminos, navegante y cartógrafo, descubridor del mundo azteca, jefe náutico de la expedición de Cortés en la conquista de México; a Diego de Lepe, descubridor de la costa brasileña entre el Amazonas y el Orinoco; a Juan Rodríguez Mafra, quien, después de varios viajes por América, fue piloto en la expedición de Magallanes que dio la primera vuelta al mundo; y a Juan Bermúdez, descubridor de las islas Bermudas. También hemos querido destacar a Gonzalo Guerrero, un palermo que llegó a ser jefe maya, durante siglos conocido y vituperado como “el renegado” -y por el contrario muy respetado en México-, a fin de ofrecer otra perspectiva del descubrimiento y la conquista de América, en la que también destacaron los hombres de Palos. Igual que sobresalieron en el lado contrario, el de los colonizadores, entre los que elegimos a Juan Escalante, capitán muy destacado en la conquista de México y Primer

Alguacil de Villa Rica de la Veracruz. Sin olvidar el importante papel de los palermos en la evangelización del Nuevo Mundo, que hemos reflejado a través del obispo Juan Izquierdo, forjador de la Iglesia en Yucatán. Así pues, todos los que aquí están, son. Merecen sin duda aparecer en estas páginas y un lugar en nuestra memoria y reconocimiento. Lo difícil en Palos, al hacer estas selecciones, es no traer a la memoria colectiva a otros muchos hombres y mujeres cuyas vidas y obras, tal vez no tan espectaculares, constituyeron la cotidianeidad, la dura lucha por la supervivencia a uno y otro lado del Atlántico, el singular heroísmo del día a día, de los que no llegaron los primeros ni más lejos, pero regaron las tierras, viejas y nuevas, con su sangre, sudor y lágrimas, todos esos “soldados de Salamina”, que, finalmente, son los que consiguen que nuestro mundo pueda ser un poco más libre, más justo, más humano... Seguro que pronto les dedicaremos también la atención que merecen. Julio Izquierdo Labrado Historiador

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