Dagón. Dagon, H.P.

Lovecraft (1890-1937) Escribo esto bajo una fuerte tensión mental, ya que cuando llegue la noche habré dej ado de existir. Sin dinero, y agotada mi provisión de droga, que es lo único que me hace tolerable la vida, no puedo seguir soportando más esta tortura; me arrojaré des de esta ventana de la buhardilla a la sórdida calle de abajo. Pese a mi esclavitud a la morfina, no me considero un débil ni un degenerado. Cuando hayan leído estas pág inas atropelladamente garabateadas, quizá se hagan idea (aunque no completa) de po r qué debo buscar el olvido o la muerte. Fue en una de las zonas más abiertas y menos frecuentadas del anchuroso Pacífico don de el paquebote en el que iba yo de sobrecargo cayó apresado por un corsario alemán. La gran guerra estaba entonces en sus comienzos, y las fuerzas oceánicas de los h unos aún no se habían hundido en su degradación posterior; así que nuestro buque fue cap turado legalmente, y nuestra tripulación tratada con toda la deferencia y consider ación debidas a unos prisioneros navales. En efecto, tan liberal era la disciplina de nuestros opresores, que cinco días más tarde conseguí escaparme en un pequeño bote, con agua y provisiones para bastante tiempo. Cuando al fin me encontré libre y a la deriva, tenía muy poca idea de cuál era mi situ ación. Navegante poco experto, sólo sabía calcular de manera muy vaga, por el sol y la s estrellas, que estaba algo al sur del ecuador. No sabía en absoluto en qué longitu d, y no se divisaba isla ni costa alguna. El tiempo se mantenía bueno, y durante i ncontables días navegué sin rumbo bajo un sol abrasador, con la esperanza de que pas ara algún barco, o de que me arrojaran las olas a alguna región habitable. Pero no a parecían ni barcos ni tierra, y comencé a desesperar en mi soledad, en medio de aque lla ondulante e ininterrumpida inmensidad azul. El cambio ocurrió mientras dormía. Nunca llegaré a conocer los pormenores; porque mi s ueño, aunque poblado de pesadillas, fue ininterrumpido. Cuando desperté finalmente, descubrí que me encontraba medio succionado en una especie de lodazal viscoso y ne gruzco que se extendía a mi alrededor, con monótonas ondulaciones hasta donde alcanz aba la vista, en el cual se había adentrado mi bote cierto trecho. Aunque cabe suponer que mi primera reacción fuera de perplejidad ante una transfor mación del paisaje tan prodigiosa e inesperada, en realidad sentí más horror que asomb ro; pues había en la atmósfera y en la superficie putrefacta una calidad siniestra q ue me heló el corazón. La zona estaba corrompida de peces descompuestos y otros anim ales menos identificables que se veían emerger en el cieno de la interminable llan ura. Quizá no deba esperar transmitir con meras palabras la indecible repugnancia que puede reinar en el absoluto silencio y la estéril inmensidad. Nada alcanzaba a oírse; nada había a la vista, salvo una vasta extensión de légamo negruzco; si bien la absoluta quietud y la uniformidad del paisaje me producían un terror nauseabundo. El sol ardía en un cielo que me parecía casi negro por la cruel ausencia de nubes; e ra como si reflejase la ciénaga tenebrosa que tenía bajo mis pies. Al meterme en el bote encallado, me di cuenta de que sólo una posibilidad podía explicar mi situación. Merced a una conmoción volcánica el fondo oceánico había emergido a la superficie, sacan do a la luz regiones que durante millones de años habían estado ocultas bajo insonda bles profundidades de agua. Tan grande era la extensión de esta nueva tierra emerg ida debajo de mí, que no lograba percibir el más leve rumor de oleaje, por mucho que aguzaba el oído. Tampoco había aves marinas que se alimentaran de aquellos peces mu ertos. Durante varias horas estuve pensando y meditando sentado en el bote, que se apoy aba sobre un costado y proporcionaba un poco de sombra al desplazarse el sol en el cielo. A medida que el día avanzaba, el suelo iba perdiendo viscosidad, por lo que en poco tiempo estaría bastante seco para poderlo recorrer fácilmente. Dormí poco esa noche, y al día siguiente me preparé una provisión de agua y comida, a fin de empr

escrutando desde e l mismo canto hacia un caos insondable de noche eterna. Al otro lado del ab ismo. ahora casi en su cenit. las pequeñas olas bañaban la base del ciclópeo monolito. y reveló un anc ho curso de agua que discurría por el fondo formando meandros. Sin el sol abrasador. El hedor a pescado era insoportable. decidido a no dormir más. La escritura pertenecía a un sis tema de jeroglíficos desconocido para mí. Al atardecer del cuarto día llegué al pie de dicha elevación. Confuso y asustado. A la mañana del tercer día comprobé que el suelo estaba bastante seco para andar por él con comodidad. pero antes que la luna mengu ante. No tardé en comprobar que era tan sólo una piedra gigantesca. la marcha me habría r esultado menos fatigosa. me sentí de nuevo lo bastante fuerte como para acometer el ascenso que por la tarde no había sido capaz de emprender. crustáceos. Al elevarse más la luna en el cielo. y la espantosa ascensión de Satanás a través de remotas regiones de tinieblas. pero me tenían preocupado cosa s más graves para que me molestase este desagradable inconveniente. pues pese a su enorme magnitud. pulpos. Demasiado cansado para emp render el ascenso. aunque no sin cierta emoción de científico o de arqueólogo. el declive se hacía más gradual.ender la marcha en busca del desaparecido mar. hubiese subido muy alto por el este de la llanura. asomaba espectral y vívida por encima de los gigantescos peldaños que rodeaban el abismo. anguilas. distinto de cuantos yo había visto en los li bros. aunque parecía escasamente más cerca que la primera vez que la desc ubrí. Recogí mis co sas e inicié la subida a la cresta de la elevación. No sé por qué. objeto q ue brilló con un resplandor blanquecino al recibir de pronto los primeros rayos de la luna ascendente. Durante todo el día caminé constantemente en direc ción oeste guiado por una lejana colina que descollaba por encima de las demás eleva ciones del ondulado desierto. examiné mis alrededores con atención. el cual se erguía enhiesto como a un centenar de yardas de donde estaba yo. d e que el extraño objeto era un monolito perfectamente tallado. p ero tuve la clara impresión de que su posición y su contorno no eran enteramente obr a de la Naturaleza. dormí a la sombra de la colina. En mi terror se mezclaba n extraños recuerdos del Paraíso perdido. A la luz de la luna comprendí lo i mprudente que había sido al viajar de día. Algunos de los ca . perdiéndose en ambas direcciones. fantásticamente gibosa. La luna. pero creo que mi horror aumentó cuando llegué a lo alto del mon te y vi. al otro lado. empecé a observar que las laderas del valle no eran tan completamente perpendiculares como había imaginado. me llamó la atención un objeto singular que había en la ladera opuesta. y me puse en m archa hacia una meta desconocida. y consistente en su mayor parte en símbolos acuáticos esquematizados tales com o peces. mis sueños fueron extravagantes esa noche. moluscos. sin dejar de mirar hacia las profundidades estig ias donde aún no había penetrado la luz. en cuya superficie podía distinguir ahora inscripciones y toscos relieves. Las visiones que había t enido eran excesivas para soportarlas otra vez. Ya he dicho que la ininterrumpida monotonía de la ondulada llanura era fuente de u n vago horror para mí. me di cuenta. cuya oscura concavidad aún no ilumina ba la luna. Me pareció que me encontraba en el borde del mundo. bajé trabajosamente por las r ocas. De repente. ballenas y demás. y a partir de unos centenares de pies. Movido por u n impulso que no me es posible analizar con precisión. una inmensa sima o cañón. cuya imponente masa había conocido el arte y quizá el culto de criaturas vivas y pensantes. sin posibilidad de duda. que resultó ser mucho más alta de lo que me había parecido de lejos. m e desperté cubierto de un sudor frío. de hecho. Acampé esa noche. hasta el declive más suave. Un examen más detenido me llenó de sensaciones imposibles de exp resar. y su situación en un abismo abierto en el f ondo del mar cuando el mundo era joven. y al día siguiente proseguí la marcha hacia la colina. La roca formaba corni sas y salientes que proporcionaban apoyos relativamente cómodos para el descenso. tenía un valle delante que hacía más pronun ciado el relieve respecto del resto de la superficie. y casi lamiéndome los pies donde me había detenido. y de un posible rescate.

per o en seguida me di cuenta de que era un hombre irremediablemente convencional. al menos. cierta clase de hombres. cuando escapé del barco de guerra alemán.. Creo que canté mucho. He intentado olvidarlo con la morfina. Muchas veces m e pregunto si no será una fantasmagoría. y que reí i nsensatamente cuando no podía cantar. la entidad surgió a la vista sobre las aguas oscuras. de una tribu cuyos últimos descendientes debie ron de perecer antes que naciera el primer antepasado del hombre de Piltdown o d e Neanderthal. a causa de sus enormes proporciones. Un día fui a ver a un famoso etnólogo. Más grotescos de lo que podría concebir la imaginación de un Poe o de un Bulwer. en todo caso. No me atrevo a descubrir con detalle sus rostros y sus cuerpos. Aterrado ante esta visión inesperada y fugaz de un pasado que rebas aba la concepción del más atrevido antropólogo. Tras una leve agitación que delataba su ascensión a la superficie. Los que me habían rescatado no sabían nada sobre la aparición de una zona d e fondo oceánico en medio del Pacífico. o rindiendo homenaje a algún monumento monolítico. como digo. Curiosamente. pero averigüé que nadie había hecho caso de las palabras. estaba en un hospital de San Francisco. parecían cincelados sin la debida proporción con los escenarios que se rvían de fondo. aquella especie de Polifemo saltó hacia el monolito como un monstruo formidab le y pesadillesco. e ran detestablemente humanos en general. aunq ue aparecían retozando como peces en las aguas de alguna gruta marina. lo vi. fueron los relieves los que más me fascinaron. Inmenso.. Creo que enloquecí entonces . ni de mi delirante regreso al bote varado. ya que uno de los seres estaba en actitud de matar una ballena de tamaño ligeramente mayor que él. un producto de la fiebre que sufrí en el bote a causa de la insolación. Hablé de muchas cosas en mis delirios. una visión monstruosamente vív ida. pero la droga sólo me proporc iona una cesación transitoria. mientras la luna bañab a con misterioso resplandor el silencioso canal que tenía ante mí. convirtiéndome irremi siblemente en su esclavo. en respuesta. s us labios espantosamente anchos y fláccidos. Creo que est os seres pretendían representar hombres. y no juzgué necesario insistir en algo que sabía que no iban a creer. sus formas grotescas y sus extrañas dimensiones. No recuerdo muy bien los detalles de mi frenética subida por la ladera y el acanti lado.racteres representaban evidentemente seres marinos desconocidos para el mundo mo derno.. ya que el mero recuerdo me produce nause as. Cuando salí de las sombras. poco después de llegar al bote. repugna nte. Entonces. pero siempre se me aparece. y lo rodeó con sus brazos enormes y escamosos. sé que oí el estampido de los truenos y demás ruidos que la Naturaleza profiere en sus momentos de mayor irritación. Sin embargo. Es de noche. y dejé de preguntar. Así que voy a poner fin a todo esto. cuando v eo a ese ser. el Dios-Pez. ahora que he contad o lo ocurrido para información o diversión desdeñosa de mis semejantes. especialmente cuando la luna se vuelve gibosa y menguante. y demás rasgos de recuerdo menos agradable. me había llevado allí el capitán del barco norteamericano que había recogido mi bote en medio del océano . de repente. me quedé pensativo. al tiempo que in clinaba la cabeza y profería ciertos gritos acompasados. bajo el agua también. Tengo el vago recuerdo de una tormenta. Claramente visibles al otro lado del curso de agua. pero un momento después decidí que se trataba de dioses imaginarios de alguna tribu pescadora o marinera. y lo divertí haciéndole ext rañas preguntas sobre la antigua leyenda filistea en torno a Dagón. pero cuyos cuerpos en descomposición había visto yo en la llanura surgida del océano. No puedo pensar en las profundidades del mar sin estremecerme ante las espantosa . había una serie de bajorrelieves cuyos temas habrían despertado la envidia de un Doré. Me lo pregunto mu chas veces. sus ojos abultados y vidriosos.. Observé. y me ha atrapado en sus garras. a pesar de sus manos y pies palmeados.

y emerja el fondo del océano en medio del universal pandemonio.. en el día en que se hunda la tierra. Oigo ruido en la puerta. Pienso en el día que emerjan de las olas. Se acerca el fin. ¡Dios mío. adorando a sus antiguos ídolos de piedra y esculpiendo sus propias imágenes detes tables en obeliscos submarinos de mojado granito. Lovecraft (1890-1937) .. No me encontrará. y se lleven entre sus garras de vapor humeantes a los endebles restos de una humanidad exhausta por la guerra. como si forcejeara en ella un cuerpo inmenso y resbaladizo. esa mano! ¡La ventana! ¡La ventana! H.P.s entidades que quizá en este instante se arrastran y se agitan en su lecho fangos o.

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