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LA GRAN POLÉMICA

SOBRE EL AGUA
Por
T. C. FRY
EL DR. HERBERT M. SHELTON
EL DR. JOHN H. TILDEN
EL DR. WILLIAM ESSER
JETHRO KLOSS
EL DR. JOHN H. TILDEN
JOHN A. VANCE
OTTO CARQUE
HEREWARD CARRINGTON
RAYMOND W. BERNARD

ESTE LIBRO LE ENSEÑA:


*Que el agua pura es la única clase de agua que debe usar.
*Que los seres humanos no son criaturas que tengan que beber de manera
natural.
*Por qué el agua del mar no es nutritiva, sino venenosa.
*Por qué las aguas mineralizadas no son salubres.
*Cuándo y qué cantidad debemos beber.
*Por qué los compuestos de fluoruro no mejoran nuestros dientes y la salud,
sino que los empeoran.

Cómo usar correctamente el agua


Exposición de los mitos y de las falacias sobre el agua
ÍNDICE de
LA GRAN POLÉMICA SOBRE EL AGUA

* Objetivos del libro


* El agua, el segundo factor esencial para la salud
* La gran polémica sobre el agua: ¿Qué clase de agua
necesitamos? ¿Agua dura o agua blanda?
* ¿Qué es el agua pura?
* La importancia del agua pura
* ¿Son los seres humanos criaturas que beben?
* ¿Cuándo deberíamos beber agua?
* ¿Debemos beber ocho vasos de agua al día?
* El agua en la dieta
* El agua y su salud
* Beber por placer: otros líquidos además del agua
* El fraude de la fluorización
* ¿«Cura» el agua cualquier cosa? La hidroterapia
* El baño
* El agua que usted utiliza
* Las propiedades saludables del agua destilada
* Algunos hechos fundamentales acerca del agua
* Las bebidas

LA GRAN POLÉMICA SOBRE EL AGUA


EL HIGIENISMO
Objetivos del libro

Este libro intenta presentar las diversas cuestiones acerca del agua, de
tal manera y hasta tal punto que no quede duda alguna del papel que
desempeña el agua en nuestros cuerpos. También debe quedar claro qué
tipo de agua debemos usar y cómo debemos obtenerla.

Debido a una costumbre, la mayor parte de nosotros bebe tanta agua


que mantiene nuestras entrañas «flotando» y nuestros riñones están
cargados con un exceso de trabajo. La mayor parte de las veces que
bebemos se debe a una situación patológica que es, en sí misma, una causa
patológica.

Este libro le enseñará que los seres humanos no son criaturas que
necesiten beber agua por una razón natural. Esto impresionará a muchos,
pero ¿no nos damos cuenta de que los seres humanos beben otras cosas,
durante casi todas las horas al día que están despiertos?

Muchos no pueden ver la lógica de hacer algo diferente de lo que están


acostumbrados a hacer. Incluso si lo hacen, muchos se niegan a cambiar, ya
que prefieren la inmolación a causa de los estragos de las enfermedades que
ellos mismos se han causado, antes que cambiar sus hábitos cotidianos,
aunque su razón les dicte que es lo mejor.

Algunos se aferran a los malos hábitos que generan enfermedades,


basándose en cuestiones emocionales ─ debido a su marco social ─. Se
niegan incluso a considerar todos los aspectos o cualquier aspecto de la
salud. Muchos lo saben bien y se niegan a hacerlo mejor. Afortunadamente,
usted no pertenece a estos grupos. El hecho de que esté leyendo este libro
así lo indica.

El primer objetivo de este libro es transmitir un único mensaje sobre el


agua: Asegúrese de que SOLAMENTE bebe agua pura. Evite el agua impura
cualquiera que sea su origen.

Esta admonición suena así de simple, pero, conforme vaya examinando


este libro, podrá ver que hay muchas ocasiones que hacen de ésta una
crítica conjunta nada fácil.

En esta gran polémica sobre el agua, muchos son parciales,


apoyándose en algunas de las escuelas que tratan sobre esta materia.

En este volumen, nosotros hemos presentado los principales


argumentos, con el fin de que despierten aquellos que insisten en defender
la postura del agua impura.

Esperamos que este libro sea claro y que tenga sentido para usted.

EL AGUA
EL SEGUNDO FACTOR ESENCIAL PARA LA SALUD

Nadie puede negar la absoluta necesidad del agua para nuestro


bienestar. Sin ella, moriríamos en cuestión de días. A pesar de esto, hay un
tema más que polémico dentro del alcance de la nutrición humana,
exceptuando los alimentos.

Aunque se ha demostrado que sólo hay UN TIPO de agua que el cuerpo


puede utilizar y que CUALQUIER otro tipo de agua que no sea ésta es
dañina, ¡todavía continúa la polémica!

El cuerpo sólo puede utilizar el agua pura

La única clase de agua que puede usar nuestro cuerpo es el AGUA


PURA ─ EL AGUA EN SU ESTADO MÁS PURO ─ EL AGUA DESTILADA.
Podemos tomar agua pura de manera incidental en nuestros alimentos, pero
cualquier otra cosa que esté en el agua que no sean los alimentos sanos es
contaminante.

El agua impura es una de las causas que contribuyen al senilismo,


aunque en ello también intervenga el hecho de cocinar los alimentos.

El agua es un disolvente. Tendrá casi todos los minerales en solución.


Si el agua no disolviera o transportara los minerales, no existiría la vida
vegetal. Además de ser un constituyente importante del cuerpo humano,
éste la usa para transportar y deshacerse de los desechos.

Pero hemos comenzado mencionando el carácter pendenciero sobre el


tema por parte de varias partes. La polémica gira en torno al uso del agua
mineralizada frente al del agua pura.

Dos posturas respecto al agua diametralmente opuestas

Una escuela (la que lleva razón) sostiene que CUALQUIER mineral
contenido en el agua es inorgánico y que, por lo tanto, el cuerpo no puede
asimilarlo. De hecho, es un contaminante que el cuerpo debe expulsar. Sin
embargo, si el cuerpo no puede expulsar los minerales «puros», «los meterá
debajo de la alfombra» o, hablando de otra manera, en cualquier otra parte
del sistema. Dichos minerales depositados en nuestro sistema contribuyen a:

La artritis, piedras en el riñón, endurecimiento de las arterias, cálculos


en la vesícula biliar, la enfermedad de Bright, problemas del corazón,
senilismo, osificación, o calcificación del cerebro y muchas otras
enfermedades.

Las otras escuelas sostienen que el agua es una fuente importante de


minerales y que es un medio idóneo para la administración de
medicamentos (venenos). Normalmente, los que opinan así tienen intereses
económicos que proteger.

Unas cuantas preguntas bien planteadas espantan a los que sostienen


esta postura; pero el hecho triste es que la mayor parte de la gente acepta la
máxima de los intereses económicos sin plantearse ninguna duda.
LA GRAN POLÉMICA SOBRE EL AGUA:
¿QUÉ CLASE DE AGUA NECESITAMOS?
¿AGUA DURA O AGUA PURA?

El americano medio no se preocupa por su salud, y mucho menos por lo


que se mete en el cuerpo. En el cuerpo del americano medio entran todo
tipo de cócteles químicos y de pócimas de brujas. Así que este asunto del
agua sólo concierne a individuos que se preocupan por la salud. Entre ellos,
a veces surge la cuestión con vehemencia y con mucha emoción. Los hechos
son fáciles de comprobar y deben triunfar.

Tanto la parte que defiende el agua dura como la que defiende la pura
cuentan con «autoridades» que las respaldan. Veremos sus razones, aunque
nos limitaremos a los hechos que nos sirven para hacer nuestras
comprobaciones y con los que hemos llegado a nuestras conclusiones.

He a continuación lo que alegan los defensores del agua dura:

1. El cuerpo necesita agua dura y los minerales contenidos en el agua dura.


2. El agua blanda provoca ataques de corazón.
3. El agua pura lixivia los minerales del cuerpo.
4. El agua dura fortalece los huesos y los dientes. El agua blanda es la causa
de la caída de los dientes, de la piorrea y de la osteoporosis.

5. Los hunzas, probablemente la gente más sana del mundo, beben un agua
espumosa blanca y mineralizada que obtienen del deshielo glacial y a ella le
deben su magnífico estado de salud.

6. El agua pura es mortal. Ni siquiera los peces pueden vivir en ella.

Estas son las principales razones aducidas para apoyar la postura del
agua mineralizada.

¿Qué alegan los defensores del agua pura? La lista que aparece a
continuación es tan sólo una exposición y será desarrollada en capítulos
posteriores.

1. Los seres humanos no son criaturas que normalmente tengan que


beber agua. La mayor parte de las veces que bebemos agua se debe al
reflejo de una disposición patológica, a una mala dieta, o a ambas. Los seres
humanos están adaptados a una dieta con el suficiente contenido de agua tal
y como lo están muchos miembros del reino animal. Toda el agua que
normalmente se necesita se obtiene de una alimentación correcta.

2. La sed es un indicador de que se necesita agua como tal ─ no de que


se necesiten los contaminantes o impurezas que pueda contener, como los
minerales inorgánicos ─.

3. El cuerpo humano es incapaz de utilizar los minerales inorgánicos.


No puede ni digerirlos ni asimilarlos. Si pudiera, la bebida más sana sería el
agua del mar, ya que contiene todos los minerales que el organismo
necesita. No obstante, el agua del mar es tóxica para los humanos. Sólo las
plantas pueden aprovechar los minerales. Los seres humanos obtienen todos
los minerales que necesitan a partir de los alimentos de origen vegetal, en
forma orgánica.
4. Los minerales inorgánicos obtenidos del agua son un veneno, no una
bendición. Los minerales inorgánicos que no se expulsan del cuerpo se unen
al colesterol y forman placas que conducen a problemas cardiovasculares y,
más adelante, se unen al ácido úrico y, al depositarse en las articulaciones y
en los músculos, causan artritis y enfermedades reumáticas.

5. Si el cuerpo necesitara agua dura, ¿qué clase de minerales debería


contener? El agua de cada zona contiene diferentes minerales, entre los que
se incluye el hierro, el yeso, el calcio, el azufre, el arsénico, el magnesio, por
nombrar sólo algunos. Sólo el agua del mar contiene todos estos minerales.
Si el cuerpo necesitara los minerales del agua, ¿cuáles y cuántos?

6. Los minerales disueltos en el agua no tienen propiedades en comparación


con las que se encuentran en polvo o en la tierra. Da igual la cantidad de
mineral que necesite el cuerpo para cubrir sus necesidades, porque el
mineral en forma inorgánica es un veneno, no un nutriente.

Los seres humanos no tienen por qué beber agua

El cuerpo humano está adaptado a una dieta de frutas, verduras


suculentas, frutos secos y semillas. Bajo circunstancias normales, esta dieta
contiene la cantidad suficiente de agua para cubrir las necesidades del
cuerpo. El agua de las frutas es pura. La fruta es el producto acabado de la
Naturaleza y, por lo tanto, contiene SOLAMENTE agua pura.

Sin embargo, las plantas son fábricas que procesan materias primas.
Toman minerales a través del agua y los usan o los rechazan. Las plantas
asimilan SOLAMENTE el agua pura. Pero, a diferencia de las frutas, hay
normalmente algunas materias primas durante todo el proceso, y el agua
dura es una de ellas. No obstante, la cantidad es relativamente pequeña en
cualquier momento. Por ello, el agua que contienen las frutas y las verduras
es, con fines totalmente prácticos, absolutamente pura.

Los seres humanos beben agua porque siguen una dieta antinatural, es
decir, porque comen:
A. Alimentos que contienen una cantidad insuficiente de agua.
B. Sal, especias y otros condimentos.
C. Alimentos cocinados que han perdido su agua al hervir y que
requieren agua EXTRA por dos razones: 1. Para compensar la deficiencia de
agua, y 2. para mantener en solución los minerales inorgánicos resultantes
del proceso de cocina. Se necesita esta agua extra, en el caso de los
alimentos cocinados, para mantener en suspensión las sustancias molestas
que englobarían las células y las irritarían o las matarían.

Cuando cambiamos nuestra dieta por una normal, se reduce de manera


considerable la necesidad de agua, a veces del todo.
Además, es evidente que los seres humanos no son criaturas que
normalmente tengan que beber agua, debido a que nos falta el equipo
necesario para procurárnosla, como el que tienen otros animales. Entonces,
¿por qué nuestra salud necesita no sólo una cantidad extra de agua, sino
que además ésta debe contener una cantidad extra de minerales?

La sed indica una necesidad de agua en calidad de agua ─ no en


calidad de alimento líquido o de cóctel químico venenoso ─. Esta
observación nos conduce al papel que desempeña el agua en el cuerpo
humano.
El papel del agua en el cuerpo

El agua que el cuerpo necesita y los alimentos que éste requiere son
dos cosas completamente distintas. La digestión metaboliza las sustancias
alimenticias ─grasas, proteínas, féculas─ y las convierte en sustancias
utilizables por el organismo para construir células, tejidos y estructuras. El
agua no es metabolizada ni digerida. Podría ser reducida para que se
separaran el hidrógeno y el oxígeno, pero ninguno de estos dos
componentes se utiliza en el sistema digestivo.

Por lo tanto, el agua "como tal" es útil y aprovechable por parte del
cuerpo. Su papel principal es servir como sistema de transporte, o medio,
para llevar a cabo procesos vitales. Transporta nutrientes y desechos en
suspensión y en solución. Cualquier movimiento del agua en el cuerpo está
bajo estricto control de éste. Su circulación está determinada por las
necesidades del cuerpo. El cuerpo toma agua y la utiliza para sus propios
fines.

El agua se combina con cualquier constituyente del cuerpo. De nuevo,


esta combinación se lleva a cabo bajo estricto control de los mecanismos del
cuerpo. El poder de funcionamiento del agua está determinado únicamente
por su poder disolvente. El agua, que está previamente saturada con
minerales, no puede funcionar bien en el cuerpo porque no puede, de
manera eficaz, ni transportar los nutrientes ni disolver y expulsar los
desechos de nuestro cuerpo. Si por medio de la sed se pide agua y se toma
impura para mitigarla, el cuerpo tiene primero que purificarla antes de
completar su finalidad. Y el proceso de purificación ocasiona un gran gasto
vital, mientras que las impurezas y los minerales del agua obstruyen e
intoxican el sistema porque no se eliminan en seguida.
Así que, si la finalidad primera del agua es transportar desechos y
nutrientes, ¿cómo podemos justificarnos diciendo que el agua ya «ocupada»
lleva a cabo dicho transporte mejor? ¿Qué tiene mayor poder de
combinación y de transporte? ¿El agua cargada de minerales o el agua
pura? ¿Puede tener mucha fuerza para transportar el agua tan
sobrecargada de minerales, que no puede ni hacer espuma de un jabón ni
limpiar la ropa?

Obviamente, cuanto más cargada esté, menos le servirá al cuerpo para


transportar cosas. Por el contrario, cuanto más pura sea, tendrá más fuerza
para transportar. La mejor forma en la que puede servir al cuerpo es en su
forma pura.

Los seres humanos no pueden hacer uso


de los minerales inorgánicos

Los defensores del agua dura deben superar varios obstáculos para
apoyar su postura de que el cuerpo necesita agua dura.

En primer lugar, tienen que demostrar que el cuerpo puede usar los
minerales que se hallan en dicha agua. Es desde luego cierto que los
humanos necesitan muchos minerales que se encuentran en el suelo y que
se toman a través del agua en solución. Sin embargo, dichos minerales son
inorgánicos e inútiles como elementos de nutrición. Por ejemplo, el hierro,
muy necesario para el cuerpo humano, se utiliza si lo obtenemos de un
alimento vegetal en forma orgánica. Pero el hierro, en forma inorgánica, es
un veneno. El yodo, como parte de la vida vegetal, es un mineral esencial,
pero en forma inorgánica lleva el signo de la calavera y de los huesos
cruzados. Y esto mismo sucede con todos los minerales inorgánicos. El mar
es un depósito de todos y cada uno de los minerales que necesitamos. Sin
embargo, el agua del mar es letal para los seres humanos. También hay en el
agua dura otros muchos minerales que el cuerpo no puede utilizar de
ninguna forma. Bajo ninguna circunstancia, el cuerpo no puede utilizar el
yeso, el calcio y el azufre, que tanto abundan en las aguas del medio oeste
estadounidense. Incluso ni los defensores del agua dura se atreverían a
beber esta solución de sabor asqueroso.

En segundo lugar, los defensores del agua dura se enfrentan al


problema de que la mayor parte del agua contiene sólo uno o dos o, a lo
más, tres o cuatro minerales diferentes. Si el cuerpo obtuviera los minerales
que necesita a través del agua, obviamente sería deficitario de todos los
minerales que su agua particular no contiene. Seguimos repitiendo que
únicamente el agua del mar contiene todos los complementos necesarios.

En tercer lugar, ¿qué hacemos con todos los estadounidenses


─millones─ que beben agua destilada debido a que el agua de su tierra es
tan dura y tan asquerosa que se niegan a beberla? Obviamente, éstos no
sufren ninguna deficiencia de minerales a causa de ello.

En cuarto y último lugar, los defensores del agua dura dejan en el aire
la cuestión de los que no beben agua. Los gorilas y muchos seres humanos
no beben nada de agua. Su dieta contiene la cantidad suficiente de agua. Si
no obtuvieran los minerales que necesitan de los alimentos, tendrían,
lamentablemente, una falta de minerales. Como le diría cualquier biólogo,
este grupo es el más sano de todos. El gorila medio, que pesa alrededor de
tres veces el peso de un humano, ¡tiene treinta veces más fuerza!

Si grandes segmentos de la población y muchas otras criaturas pueden


crecer sin el consumo de agua dura, sería lógico afirmar que no hay ninguna
necesidad biológica para beber agua. No sólo son inútiles los minerales de
dicha agua, sino que además son dañinos. Y sea lo que sea aquello que el
cuerpo no puede aprovechar, tiene que deshacerse de ello de alguna
manera, con el fin de conservar su integridad y su pureza.

El agua dura provoca enfermedades

¿Qué ocurre con los minerales inorgánicos que el cuerpo no puede


aprovechar?

La disección de cadáveres ha revelado la existencia de depósitos de


minerales y de sustancias inútiles en las arterias, venas, corazón, hígado,
riñones, articulaciones, cerebro y, en general, por todo el cuerpo. Dichos
depósitos son el resultado del consumo de alimentos cocinados y de origen
animal, además del agua mineralizada contaminada. Y quedan retenidos en
el cuerpo a causa de la imposibilidad de expulsarlos: tienen los cuerpos
saturados.

Todos sabemos que la mayor parte del agua, sobre todo la tratada con
productos químicos que sale de nuestros grifos, contiene minerales e
impurezas en mayor o menor medida. Si usted bebe dicha agua, las
impurezas no se expulsarán y se acumularán en el interior del organismo. A
medida que ocurre esto, se irán apagando las actividades y la vitalidad
decrecerá.

La gradual osificación de membranas y órganos va apagando la vida


poco a poco y disminuyendo la función. Dicha disminución de la función
resulta evidente en enfermedades tales como la artritis, los cálculos renales,
el endurecimiento de las arterias, los cálculos en la vesícula biliar, la
enfermedad de Bright, problemas cardíacos, senilismo, osificación o
calcificación del cerebro.

Si se detiene la causa de la osificación, se pueden eliminar del cuerpo


los depósitos dando la vuelta al proceso que es responsable de su presencia.

El remedio es simple y natural. Debido a que la mayoría de estos


depósitos provienen del agua, se pueden disolver y eliminar por medio del
agua pura, agua que posee un gran poder disolvente. El agua cargada de
minerales tiene menos poder para disolver los minerales del cuerpo. Si no
tomamos otra cosa que no sea agua pura durante días o semanas (bajo la
supervisión de un buen especialista en ayunos, si se lleva a cabo durante
más de una semana) y nos abstenemos de toda actividad, excepto de lo más
necesario ─es decir, si seguimos un ayuno completo─ el cuerpo empezará a
expulsar toda la basura acumulada.

No es el agua blanda, sino la dura, la que provoca


ataques de corazón

La opinión de que el agua blanda provoca ataques de corazón es


absurda, puesto que se escapa por completo de la realidad. Incluso si
bebemos agua dura, las células rechazarán los minerales y tomarán el agua
en su forma pura. Se eliminarán los minerales a través de los órganos
eliminadores, en la medida en la que el cuerpo tenga la fuerza suficiente
para hacer esto. Si la fuerza hubiera disminuido a causa de unos malos
hábitos de vida, sobre todo el consumo de grandes cantidades de minerales
inorgánicos, tal y como se encuentran en el agua y en los alimentos
cocinados, los órganos eliminadores podrían no llevar el proceso a cabo de
la misma manera. Además, estos minerales, que no han sido excretados, se
combinan con el colesterol y, así, forman placas en el sistema circulatorio.
Esta es una de las primeras causas de problemas cardiovasculares.

Es muy fácil demostrar el carácter patológico de los minerales


inorgánicos en el cuerpo humano. Cuente la cantidad de glóbulos blancos
que se posee el organismo seis horas después del último alimento o bebida
que haya tomado. Debería haber unos 6.000 por mililitros. A continuación,
beba una buena cantidad de agua dura. ¡El cómputo de glóbulos blancos se
disparará hasta alcanzar más del doble! Ocurrirá lo mismo cuando coma
alimentos cocinados. Sin embargo, no se producirá este efecto ni al beber
agua pura ni al comer frutas y verduras crudas. Esto se llama leucocitosis y
es un indicador de la naturaleza patogénica del agua dura.

Se ha señalado que, en las ciudades, el agua dura que se bombea


frente al agua blanda que se bombea a través de miles de tuberías provoca
menos muertes por problemas cardiovasculares. Al menos, así se demostró
en el único estudio que se hizo. Dos ciudades del Reino Unido fueron el
objeto de este estudio. Se hizo mucho a partir de las diferencias obtenidas.
Pero, ¿qué pasa con esta diferencia? ¿Qué significa que el 42% de los
habitantes de la ciudad en la que se bebía agua dura murieran por
problemas cardiovasculares, frente al 42,6% que murió del mismo problema
en la ciudad en la que se bebía agua blanda? ¿Podemos atribuir la culpa de
esto al agua blanda? El mismo estudio también informó que había menos
plomo en el agua blanda que en la dura. En otras palabras, la ciudad del
agua blanda no tenía agua pura. Si dicha ciudad hubiera tenido agua pura,
quizá los resultados habrían sido distintos.

En Estados Unidos, alrededor del 55% de la población muere por


problemas cardiovasculares ─sin tener en cuenta los suministros de agua─.
Los problemas de corazón son peores en algunas áreas que en otras. Sin
embargo, hay que señalar que ¡aquellos que no beben nada de agua son los
que tienen menos problemas de corazón!

El agua dura aporta una «dieta desequilibrada» de minerales

Nosotros, los defensores del agua pura, sostenemos que nuestros


cuerpos ni necesitan ni pueden aprovechar los minerales que se encuentran
en el agua dura. El complemento de los minerales necesarios lo obtenemos
de los alimentos. Y variamos para estar muy seguros de que no nos faltará
ninguno de los que son necesarios. Comemos naranjas de California,
plátanos de Latinoamérica, arándanos de Nueva Jersey, nueces negras de
Tennessee y apio de Florida1. Aunque creamos que podemos vivir bien y de
manera sana con lo que se producen en nuestras propias huertas, la mayoría
de nosotros quiere estar seguro de tomar una gran variedad de alimentos
cultivados en distintos sitios. Nos imaginamos que al tomar esta precaución
nos aseguramos de que ninguna posible deficiencia de la tierra local hará
que nos falte ningún tipo de mineral.

Pero, ¿qué pasa con los defensores del agua dura? Nos dicen que
nuestros cuerpos necesitan los minerales que se hallan en el agua dura. Si
esto fuera verdad, y sabiendo que ningún agua, excepto la del mar, contiene
todos los minerales necesarios (y recordemos que el agua del mar es
venenosa), ¿cómo se consiguen todos los minerales que el cuerpo necesita?
Es un hecho que la mayor parte de las aguas contienen sólo tres o
cuatro tipos diferentes de minerales, y a veces sólo uno o dos tipos.
¿Depende esta gente de esta «dieta desequilibrada»? Si así fuera,
¡seguramente desarrollarían todo tipo de enfermedades de carácter
deficitario! ¿O importan agua de diferentes partes del país? Por ejemplo,
¿beben agua de las montañas Rocosas los lunes, agua del lago de Florida los
martes, agua de un manantial de Virginia los miércoles y agua de un pozo de
Tejas los jueves2? Si no, ¿qué quieren decir con la afirmación de que
nuestros cuerpos necesitan los minerales que se hallan en el agua que
bebemos? ¿Qué minerales y de qué agua y en qué cantidad? Obviamente, tal
afirmación es vaga y absurda.

1
Estos alimentos son propios de Estados Unidos, sería conveniente que se nombraran
alimentos que se pudieran conseguir en nuestro país (Nota del revisor).

2
Al igual que sucede con los alimentos, resulta chocante hablar de agua procedente de
regiones estadounidenses. (Nota del revisor).
¿Es nutritiva la suciedad?

Si nuestros cuerpos pudieran utilizar los minerales inorgánicos tal y


como se encuentran en el agua dura, podríamos ir directamente a la tierra a
cogerlos. O tomarlos en forma de polvo. Podríamos empezar con los
desechos del interior de una tetera. Al principio, la tetera tiene un interior
brillante y reluciente, pero después de hervir agua durante un momento,
descubrimos que se han acumulado depósitos de minerales en el fondo y en
las paredes. ¿De dónde provienen? Del agua, por supuesto. Estos depósitos
son los mismos minerales que los defensores del agua dura nos aseguran
que necesitamos. ¿Este material es sano y nutritivo para nosotros?

¿Y qué ocurre con el hierro? Si echara unos cuantos clavos en el pozo,


tendría un agua oxidada que sería de «alto contenido férreo». Sin embargo,
¿es éste el tipo de hierro que usa el cuerpo, o es mejor usar el hierro tal y
como se encuentra en las espinacas? En realidad, existen industrias que
capitalizan esta absurda creencia comercializando el hierro en polvo en
forma de tabletas hierro bajo la presentación de que «fortalecerán su
sangre».

La escuela de pensamiento del agua pura sostiene que los minerales


procedentes de cualquier manantial que no sean las plantas son inútiles
para el cuerpo. De hecho, son auténticos venenos. Esto incluye los minerales
del suelo o del agua o de la farmacia, en donde se venden como
suplementos.

Las propiedades del agua pura se atribuyen al agua dura

Es totalmente absurdo el que el agua dura fortalezca los huesos, los


dientes, etc. y que el agua blanda provoque la caída de los dientes, la
osteoporosis, etc. Con sólo fijarnos en las sociedades primitivas que no
bebían agua sino que vivían de su dieta natural, descubriremos que son
personas sanas con una dentadura casi perfecta. Lo mismo ocurre con los
gorilas. Pero si nos fijamos en el hombre moderno y civilizado,
descubriremos que alrededor del 15% no tiene ningún diente y que el 99%
tiene problemas periodontales, tanto si beben agua dura como si beben
blanda. Las secciones más mineralizadas son las que contienen los peores
dientes del país. Los seres humanos son incapaces de recibir sustento de los
minerales inorgánicos. Sería difícil encontrar más casos de osteoporosis que
entre los residentes de algunas áreas, sobre todo Saint Davids, Arizona,
donde el agua está altamente mineralizada.

La opinión de que el agua dura fortalece los dientes y los huesos es sólo
una opinión fruto de la imaginación de alguien que no tiene ninguna base
para opinar así.

La salud de los Hunzas no tiene nada que ver con el agua dura

La opinión de que los Hunzas deben su estupenda salud al agua


mineralizada que reciben del deshielo glacial es completamente absurda.

En primer lugar, el agua glacial no puede coger muchas sustancias


minerales en el poco tiempo (de unos minutos a una hora) que tarda en caer
miles de metros por la ladera de la montaña. Por supuesto, el agua estaría
espumosa; pero el agua pura que se lanza al aire coge también el aire
suficiente para estar espumosa.

Los Hunzas tiene una salud fuerte a pesar del agua mineralizada, no
debida a ella. Ellos toman alimentos sanos. Duermen y descansan de manera
adecuada. Toman muchísimo aire fresco y hacen mucho ejercicio. Siguen
ayunos durante largos períodos con el fin de almacenar alimentos. No tienen
aire contaminado, alimentos de desecho, etc. Los Hunzas deben la salud que
tienen al hecho de vivir de una manera tan sana, no al agua dura.

¿Existe algo así como «el agua de la vida»?

Los partidarios del agua dura dicen que el agua pura es el agua de la
muerte. Si existiera algo así como el agua de la muerte, también tendría que
haber un agua de la vida. Hablamos de cuerpos muertos, de peces muertos y
de árboles muertos. Lo que queremos decir es que estuvieron vivos una vez
pero que ya no lo están. No decimos que las piedras están muertas, ya que
nunca han estado vivas. La «vida» y la «muerte» son atributos de las
criaturas biológicas. El agua no es nada de esto. El agua que contenga
minerales no está «viva». Es, simplemente, impura.

Es cierto que los peces no pueden vivir en agua pura. Pero tampoco
pueden vivir en el agua que ha pasado por tuberías de cobre. El cobre que
se disuelve en el agua hace que ésta sea tan tóxica que si los peces de
colores tuvieran que vivir en ella, se morirían. No obstante, el que los peces
no puedan vivir en agua pura no quiere decir necesariamente que dicha
agua no sea la apropiada para otros usos. Hay algunas diferencias entre
usar el agua como un medio para vivir y usarla como un medio de limpieza
─ya sea limpieza de la ropa o limpieza de los materiales tóxicos del cuerpo─.
No quiere decir que lo que valga para uno tiene que valer, necesariamente,
para otro.

El agua pura no contiene aire, y los peces no pueden vivir sin este
elemento. Además, los peces obtienen sus nutrientes de su entorno acuático.
Si el agua fuera pura, obviamente no habría nada para ellos. Los peces
crecen en el agua del río que los seres humanos tanto aborrecen. Los peces
crecen en el agua del mar que los seres humanos no pueden beber sin que
tenga efectos perjudiciales. La noción del agua «de la muerte» no tiene
sentido y está basada en una falsa terminología.

El agua no controla las funciones del cuerpo

Se puede demostrar que no tiene sentido la opinión de los defensores


del agua dura, según la cual el agua pura lixiva los minerales del cuerpo. Los
cuerpos de los que beben agua dura eliminan más minerales que los que
beben agua blanda por la siguiente razón: el cuerpo, a lo largo de su normal
funcionamiento, elimina regularmente los minerales. Los usa y los elimina
como una función del metabolismo. El proceso es idéntico tanto si ocurre en
el cuerpo de uno que beba agua blanda tanto como si bebe agua dura. Pero
este último, tanto si se da cuenta como si no, también elimina los minerales
inorgánicos. Los minerales que no se eliminan y que el cuerpo no puede
utilizar se acumulan como veneno en el tejido adiposo, o se combinan con el
ácido úrico y el colesterol, obstruyendo el sistema.

Hemos señalado que el agua pura tiene mayor poder de solubilidad que
el agua dura y que tiene más fuerza para funcionar como un medio de
transporte para eliminar las sustancias de desecho y para transportar los
nutrientes. Nuestros oponentes pueden, por lo tanto, señalar que este gran
poder de solubilidad, de hecho, disuelve, lixiva y priva al cuerpo de los
minerales necesarios. Incluso si esto fuera cierto, tampoco su agua
mineralizada estaría libre de culpa a este respecto, ya que tiene todavía un
grado de solubilidad, dependiendo del grado de saturación mineral. ¿En qué
punto pierde el agua dura su poder de solubilidad? (incluso el agua del mar
tiene mayor índice de solubilidad). Si el agua mineralizada no tuviera un
índice, mayor o menor, de solubilidad, ¡los que beben agua dura ni siquiera
estarían discutiendo sobre esto!

Por supuesto que el agua blanda no lixiva los minerales necesarios, por
la sencilla razón de que el cuerpo ─el organismo vivo─ es el que controla la
absorción química y los procesos de expulsión que van dentro de él. Decir
que el agua lixiva los minerales es atribuirle al agua ─una sustancia inerte─
ciertos poderes de acción que son inherentes sólo a los organismos vivos. El
cuerpo es el que manda. El agua no decide lo que va a transportar o no va a
transportar en el cuerpo.

Ahora, estos defensores del agua dura tienen además un gran


problema técnico. Si el cuerpo usa los minerales del agua dura tal y como
ellos sostienen, entonces el agua tiene que volverse blanda, tras la
apropiación de los minerales. ¿Acaso no es un estorbo esa agua blanda en el
sistema? ¡Se acabó la discusión! El declarante no tiene más que decir.

Resumen

Y así dejamos el caso del agua pura, por oposición al agua


mineralizada, para beber.

1. El cuerpo obtiene todos los minerales orgánicos que necesita a


partir de una dieta sana a base de frutas, frutos secos y verduras.

2. El cuerpo no puede usar los minerales orgánicos bajo ninguna


circunstancia. El cuerpo tiene que purificar el agua mineralizada
antes de poder aprovecharla. Esto sólo sobrecarga los poderes vitales
del cuerpo, porque hará falta realizar un gran esfuerzo para expulsar
los residuos minerales; incluso algunos no se expulsarán del
todo.

3. El agua mineralizada es venenosa para el cuerpo. Entre los 30 minutos y


las 3 horas después de la ingestión, el agua mineralizada ocasiona
leucocitosis (proliferación de glóbulos blancos, la primera línea
de defensa del cuerpo contra los «invasores»). El agua mineralizada no es
beneficiosa sino patogénica.

4. No se debería beber agua excepto en circunstancias


inusuales o extraordinarias. La dieta debería proporcionarnos el
agua necesaria. Sin embargo, si se necesita beber, beba únicamente
agua pura. Es la única manera de que el cuerpo pueda utilizarla. No
haga que el cuerpo tenga que purificar el agua mineralizada y
que tenga que tratar después sus minerales como venenos
inoportunos.
¿QUÉ ES EL AGUA PURA?

Hemos analizado las opiniones de los que están a favor del agua pura,
dentro de la polémica del agua, y las hemos desarrollado. También hemos
refutado las opiniones del punto de vista opuesto. Esperamos que ahora,
querido lector, se haya convencido de la sabiduría que supone escoger sólo
agua pura para cubrir las necesidades del cuerpo.

Así pues, si vamos a utilizar agua pura, debemos saber qué es y cómo
la podemos obtener. Hoy en día, la única agua pura con la que contamos es
la destilada. Hay demasiados factores contaminantes en el aire para que se
pueda considerar el agua de la lluvia como agua pura.

Una tormenta de verano que caiga sobre una ciudad envuelta en niebla
y en humo siempre limpia el aire; por ello, los factores contaminantes del
aire tienen que haberse ido a alguna parte. Incluso en invierno, la nieve
recién caída actúa como una esponja en su viaje hacia la tierra. Si se derrite
y se prueba dicha nieve, se descubrirá que es un auténtico cóctel químico.
La cantidad de impurezas que se encuentran en el agua de la lluvia varía de
acuerdo con el lugar. No obstante, en un desierto aislado, el agua de la lluvia
sí se podría comparar en pureza al agua destilada.

Hay grandes zonas del mundo en donde la única manera de obtener


agua, además de los alimentos, es por medio de la lluvia ─por ejemplo, en las
islas Bermudas y en muchas otras islas oceánicas─. En estos lugares, hay
pocos casos de ataques al corazón, artritis, dientes caídos y deformados.
Casi no se conocen deficiencias de minerales entre los que beben esa agua y
comen los alimentos autóctonos.

El agua destilada, más pura que la del rocío de la montaña, tiene un


gran poder de absorción. Podemos comprobarlo si destilamos la nuestra y
examinamos el residuo. Éste es tan repulsivo como cualquier inmundicia, y
podemos estar contentos de que esa porquería no se encuentre dentro de
nuestro cuerpo.

La única agua pura, por lo tanto, es la destilada, que puede obtenerse


por medio de los destiladores caseros o comprándola.
La mayor parte del agua que bebemos no es pura

Aunque los seres humanos no tienen por qué beber agua, el hombre
medio de hoy en día es una criatura que bebe mucha agua. Lo hace por
placer, así como para satisfacer su sed. Sin embargo, la sustancias ingeridas
en la actualidad contribuyen a provocar numerosas enfermedades y la
aparición de una muerte prematura.

¡La mayor parte del agua que se bebe en nuestro país está
contaminada! Contiene cloro, fluoruro de sodio, alumbre, ácido sulfúrico,
carbonato sódico, calcio, etc. Los venenos que se usan para «purificar» el
agua son más peligrosos que las bacterias que se suponen tienen que
erradicar.

Incluso las aguas que no han sido tratadas pueden ser igualmente
insalubres, ya que no hay prácticamente ninguna agua que no contenga
algunos minerales en solución o en suspensión. El agua de los manantiales y
de los pozos se carga de minerales a medida que va pasando por debajo de
la tierra; el agua de la lluvia se carga de minerales a medida que va pasando
a través de la atmósfera; el agua de los ríos contiene todo esto, así como
toda las sustancias nocivas que se genera y se vierte en forma de desechos
industriales, aguas residuales, productos químicos de la agricultura
(pesticidas, fertilizantes, etc.). Y, por último, el agua del mar contiene
muchos minerales, todos los que necesita el cuerpo y muchos más. Pero,
todos son inorgánicos.

El agua del mar es venenosa debido a que el cuerpo no puede utilizar


los minerales inorgánicos. Incluso los niños en edad escolar saben que los
marineros prefieren morirse de sed antes que morir envenenados por el
agua del mar.

Mientras que ni el agua de la lluvia, ni la del pozo, ni la del manantial ni


la del río nos matan por completo, el agua del mar sí, aunque la amenaza
sutil que supone para nuestra salud está en proporción directa a la cantidad
de sustancias minerales y de venenos que contenga. Todos los que beben
dicha agua, simplemente añaden a su cuerpo una carga de minerales
inorgánicos derivados de alimentos impuros, productos «enriquecidos» y los
que tienen sus minerales orgánicos convertidos en inorgánicos porque han
sido cocinados, procesados o fragmentados.

Originalmente, los seres humanos no eran criaturas que bebieran. De


manera ideal, obtenemos el agua que necesitamos por medio de una dieta
ideal de frutas y verduras tomadas sin preparación alguna. Excepto bajo
condiciones extraordinarias, tales como vivir en un desierto, un trabajo muy
duro, un período de ayuno, etc., los seres humanos que tengan una dieta
correcta no tendrán sed. Pero si, por circunstancias extraordinarias, hay que
añadir a esta dieta agua suplementaria, la única agua que deberíamos tomar
es agua pura: agua destilada.

Este que escribe sólo bebe agua cuando está en un período de ayuno.
Hay muy pocas ocasiones en las que un trabajo largo y arduo a una
temperatura de 30 ó 40 grados le provoque una sed por la que tenga que
beber. Obtiene el agua que necesita de los alimentos que consume, los
cuales contienen suficiente agua. Cuando este escritor bebe agua, sólo bebe
UN TIPO de agua: el agua destilada. Aunque beber agua sea, en la mayoría
de los casos, un resultado de la manipulación de los alimentos (están
cocinados, la sal, las especias, etc.), habría que señalar que siempre debería
aplacarse la sed, sin tener en cuenta ni cuando se presente ni por qué lo
haga. Bajo cualquier circunstancia, beba sólo cuando el cuerpo le pida agua.
Y cuando beba, beba sólo un tipo de agua: ¡agua pura!

Mantenga su cuerpo libre de toda contaminación. Si tiene que beber,


beba agua pura. Procure vivir con una dieta que contenga suficiente agua.
Ésta es la fuente del agua más pura de todas.
LA IMPORTANCIA DEL AGUA PURA

Dr. John H. Tilden

Los profanos en la materia no consideran el agua como un alimento,


aunque debería ser clasificada como tal. Es tan completa como importante.
Un individuo puede vivir entre 40 y 100 días sin alimentos, mientras que es
raro que sobreviva más de siete días sin agua.

El agua se puede obtener de los alimentos normales, mejor cuanto


mayor sea la cantidad. Es muy fácil obtener el agua que necesitamos de
frutas y verduras frescas, ya que la mayor parte de estos alimentos
contienen alrededor de un 90% de agua.

La cantidad de agua que una persona media se introduce en el sistema


es alrededor de un litro y medio o de dos litros al día. Esto puede variar de
acuerdo con las circunstancias. En verano se pierde más líquido que en
invierno. El cuerpo utiliza el agua como un medio de refrigeración por medio
de la evaporación y, por ello, necesitamos más. Por otro lado, en verano
solemos consumir alimentos que tienen un mayor contenido acuoso, tales
como el melón, el melocotón, las uvas, los tomates, etc.

La gente que trabaja consume más agua, ya que el trabajo físico


genera un calor interior que debe eliminarse a través del agua evaporada de
los pulmones y de la piel.

El agua es, en realidad, un alimento

El agua entra en la composición de cualquier tejido, y supone alrededor


del 65% del peso del cuerpo. Obviamente, este porcentaje puede variar
según los individuos debido a muchas razones.

Se debería reconocer el agua como uno de los alimentos más


importantes, puesto que es esencial para el cuerpo.

El agua debería ser pura

El agua de la lluvia es blanda, y se supone que es el agua natural más


pura, aunque es algo dudoso debido a la contaminación del aire. Sin
embargo, muy poca gente disfruta con el sabor del agua de la lluvia, ya que
no tiene sabor propio característico. El hecho es que la gente está
acostumbrada al agua que contiene minerales, lo que hace que tenga un
poco de sabor, pero, por otra parte, la gente evitará el agua con un alto
contenido en minerales, sobre todo si estos minerales son el yeso, el azufre,
el hierro, etc.

Los minerales que contiene el agua obstruyen el organismo

Lo que se llama «agua dura» es, de hecho, agua que está muy cargada
de minerales. Los pozos de las zonas calizas del mundo producen un agua
con un alto contenido en cal. No es bueno beber esta agua. La gente que
vive en estos lugares padecerá diversos trastornos ocasionados por su
acumulación en el organismo.

Es necesario asegurarse de que el agua sea tan pura como sea posible.
Es tan necesario como asegurarse de que los alimentos sean puros. No se
debería tomar nada que no fuera todo lo puro que podría ser. El agua
impura es el origen de muchas enfermedades y de la degeneración general
del cuerpo.
¿SON LOS SERES HUMANOS CRIATURAS QUE TENGAN QUE
BEBER?

Dr. Herbert M. Shelton

«¡Menuda tontería! ─Exclama el lector─. Todo el mundo sabe que los


seres humanos son y han sido siempre criaturas que han tenido que beber».

Es cierto de manera universal, a través de la historia, en todos los


países, en todos los climas, en todas las estaciones del año, y a todas las
edades, que los seres humanos han sido animales que beben. También es
verdad que todas las pruebas que nos aporta la proto-historia nos revelan
que a lo largo de todo el período proto-histórico, los seres humanos fueron
siempre animales bebedores. A veces se ve las llamadas culturas salvajes
existentes como supervivientes de la prehistoria. Si esta postura fuera
válida, las pruebas que nos aportan de las prácticas de los seres humanos
prehistóricos nos revelaría que todos ellos eran criaturas bebedoras.

El acto de beber no es natural en los seres humanos

Si observamos el reino animal, descubriremos que hay animales que


beben y animales que no beben. Incluso muchos de los animales que habitan
en el desierto no beben agua. También hay animales que no viven en el
desierto y que no beben. Se ha sugerido que, por su naturaleza constitutiva,
el hombre pertenece al grupo de los que no beben dentro del reino animal.
Dicho de otra manera, el hecho de que el hombre beba agua no es una
práctica natural sino adquirida. Muchos se han tomado esta opinión en serio
y se han abstenido de beber agua durante períodos de años y han
recomendado esta práctica a todo el mundo.

El protoplasma deshidratado es polvo sin vida. Parece ser cierto que


cuando no hay agua, no hay vida. Las plantas, los animales y los seres
microscópicos necesitan agua para poder llevar a cabo las funciones vitales,
y así poder vivir. Nadie niega esto. La cuestión no es la necesidad del agua,
sino la fuente de la cual se deriva y la manera en la que se toma.
Las pruebas indican que beber es una perversión

En 1815, se publicó un libro del doctor William Lambe, de Londres, con


el título Water and Vegetable Diet (El agua y la dieta vegetal). En dicho libro,
el Dr. Lambe intentó demostrar las ventajas de una dieta de verduras frente
a una dieta de carne o a una dieta mixta, y las ventajas del agua blanda
frente al agua dura. Al mismo tiempo, en el mismo libro, preguntó: ¿es el
hombre un animal bebedor?

Quizá nadie se había preguntado esto con anterioridad. Sin embargo,


muchos hombres y mujeres inteligentes han debatido la cuestión con sus
pros y sus contras desde que el Dr. Lambe la propusiera, y hoy en día
todavía es tema de debate, algunos de ellos muy acalorados. Consideremos
ahora algunas de las razones que da el Dr. Lambe para considerar el hecho
de beber agua como una práctica adquirida.

Actitudes históricas hacia el agua

Como era costumbre en su tiempo, Lambe empieza su exposición con


citas de los trabajos antiguos atribuidos al legendario Hipócrates y revela el
miedo al agua en enfermedades graves que sujetaron la profesión desde el
mismo comienzo del sistema médico. La cita de «Hipócrates» es la
siguiente:

«No tengo nada que decir en favor de beber agua en casos de


enfermedades graves: ni alivia la tos, ni estimula la expectoración en el caso
de inflamación de los pulmones; y, sobre todo, en aquellos que están
acostumbrados a ella. No aplaca la sed, sino que la aumenta. En hábitos
biliosos, aumenta la bilis y oprime el estómago; y es lo más peligroso y
debilitante en estado de inanición. Aumenta la inflamación del hígado y del
bazo. Pasa lentamente, debido a su frialdad y a su crudeza; y no encuentra
un pasaje ni por los intestinos ni por los riñones.»

Siguiendo a la cita de Hipócrates, cita a Van Swieten:

«Si las chicas beben agua, ¡cuán débiles y delgadas se quedan!». Lambe
afirma: «Y el mismo escritor afirma a ciencia cierta que, debido al abuso del
té, del café y de bebidas similares, él ha visto muchos cuerpos tan
debilitados que apenas podían arrastrar los miembros; y muchos sufrían,
debido a ello, de apoplejías y parálisis».
Así pues, se verá que los males originados por el té y el café se
atribuyen, no a los venenos que contienen dichas bebidas, sino al agua que
compone la mayor parte de las bebidas. El agua es el mal, y no la cafeína ni
la teína ni los otros venenos del té y del café.

Las aguas impuras son patogénicas

A continuación, Lambe considera los prejuicios populares y los gustos


en lo que se refiere al agua y a su salubridad o falta de ésta, ya que se deriva
de varias fuentes y contiene, según su naturaleza, diferentes sustancias
orgánicas y minerales. Señala que mucha gente es muy exigente a la hora de
escoger el agua que van a beber: prefieren el agua proveniente de un pozo,
de una corriente o de un manantial y rechazan la proveniente de otros sitios.
El mismo Lambe achaca muchos males al hecho de beber agua cargada de
minerales de los pantanos y ciénagas, así como agua estancada. Hoy en día,
se sabe que muchas de las cosas que él atribuía al beber dicha agua son
debidas a otras causas. Pero incluso si hubiera acertado en todo lo que
propuso, no se podrían utilizar estos hechos para condenar el consumo del
agua. No se condena el agua, sino las impurezas que a veces contiene y que
forman una base para condenar, no el agua, sino el agua impura.

Lambe sugiere que los efectos dañinos del agua han sido la causa
principal que ha inducido al hombre a volcarse hacia las bebidas alcohólicas.
Con el fin de escapar de los males causados por beber agua, el hombre se
hundió en los males mayores del alcoholismo. No debe dudarse de que, en
algunas partes del mundo donde los habitantes beben mucha cerveza y
mucho vino, hay una fuerte tendencia a abstenerse de beber agua, no
porque el agua se considere algo insalubre, sino porque se consideran
impuras e insanas las aguas de dichas áreas. Volvamos al esfuerzo del Dr.
Lambe para establecer la salubridad de su plan de no beber. Dice:

«Tras haber condenado el agua e intentado demostrar, de manera


experimental, su influencia nociva sobre el sistema; tras haber condenado
las bebidas alcohólicas y fermentadas, desde la autoridad de los escritores
médicos más ilustres y de la experiencia común de la humanidad, no
apruebo que haya ninguna especie que beba. Y, por supuesto, ya me he
aventurado a afirmar que beber es un hábito anormal; en otras palabras, el
hombre no es un animal que tenga que beber por motivos naturales.

»Yo sé que esto puede parecer extraño, si no ridículo, a todos aquellos que
no puedan elevar sus puntos de vista por encima de todo, que piensen que el
ser humano tiene que actuar en cada situación de la misma manera que se
haga en su propio pueblo o ciudad; a todos aquellos que buscan los
conocimientos en las charlas de salones, o en los cotilleos de la tienda.
»De hecho, sabemos muy poco de las costumbres de los animales, excepto
de aquellas cuya naturaleza hemos cambiado y corrompido por mor de la
domesticación. Todo lo que el historiador natural puede hacer con respecto
a las especies salvajes es describir sus formas, las de sus cualidades tal y
como están bajo observación; estas últimas tienen que ser necesariamente
imperfectas. Sin embargo, tan imperfectas como son, sabemos lo suficiente
para asegurar que la afirmación de la necesidad del uso del agua para los
animales es absolutamente infundada.»

Muchas especies animales no beben agua

«'He conocido un búho de estas especies' (el búho marrón) ─dice M.


White─ 'que puede vivir un año entero sin nada de agua. Quizá puede
ocurrir lo mismo con todas las aves de rapiña'. En Londres, hace uno o dos
años, se exhibía una llama de Perú que vivía sin tomar líquido alguno; ni
siquiera podía tocar el agua. Me han dicho que hay conejares en algunas de
las pequeñas islas de nuestra costa, en las cuales es imposible hallar una
sola gota de agua. Bruce dice 'Que aunque se diga que en Zimmer (una isla
del Mar Rojo) no hay ni una gota de agua, hay antílopes así como un gran
número de hienas'. Teniendo en cuenta esto, él sospecha que debe de haber
agua en algunas cuevas subterráneas o en grietas en las rocas. No obstante,
esto no es más que una suposición. Es cierto que el argalí, un oveja salvaje,
del país del cual es originario, no bebe. Mr. Pallas dice al respecto: 'Este
animal vive en las montañas desiertas, que son áridas y no tienen árboles, y
en las rocas, donde hay muchas plantas amargas y ácidas'. Más adelante,
continua: 'No hay un bóvido tan salvaje como el argalí; es casi imposible
acercársele en la caza. Tienen una gran ligereza y rapidez, y la conservan
por mucho tiempo'. Sin embargo, ¡qué bien se deteriora este animal debido
a la domesticación y a que se le fuerza a vivir en situaciones y a adoptar
hábitos para los que no está preparado!»

Los seres humanos no están físicamente preparados para beber

«Por lo tanto, consideremos de nuevo, por un momento, que el hombre


está libre, suponemos, de su Creador y que depende sólo de sus poderes
físicos para subsistir. Debemos suponer que la naturaleza ha suministrado a
todas las criaturas órganos que se adecuan a sus necesidades físicas.
Observo que el hombre tiene la cabeza elevada sobre el terreno, y que para
llevar la boca hacia el suelo tiene que llevar a cabo un esfuerzo fuerte y
doloroso. Además, la boca es plana y la nariz prominente, circunstancias
estas que hacen que el esfuerzo sea aun más difícil. Desde esta posición, el
acto de absorber un líquido es tan doloroso y tan molesto que casi no puede
llevarlo a cabo. Por lo tanto, no tiene ningún órgano natural preparado para
beber. Ni siquiera puede llevarse ningún líquido a la boca sin la ayuda de
algún instrumento artificial. Es cierto que el artificio es muy simple. Pero el
cuerpo tiene que ser alimentado antes de cualquier conocimiento artificial.
La naturaleza, por lo tanto, parece haber hecho lo que le correspondía para
mantener al hombre alejado de la ingestión de líquidos. Y, sin duda alguna,
siguiendo una dieta de frutas y verduras, no habría necesidad de ningún tipo
de líquidos.»

«Si fuera cierto que otros animales necesitan agua, el hombre no


estaría entre ellos, ya que tiene una organización diferente. Sin embargo,
nosotros, de hecho, sabemos muy poco de las costumbres de los animales.
Desde luego, nuestros animales domésticos beben. Pero, parece, por lo
menos en cuanto a mi información se refiere, que el agua común tiene el
mismo efecto sobre ellos que sobre el hombre; y que ellos están más o
menos sanos, según la pureza del agua que beban».

Observaciones sobre las necesidades de agua


de los seres humanos

El Dr. Lambe viola uno de los principios cardinales de la lógica, a saber:


nada puede ser usado como prueba hasta que se sepa, cuando expone su
opinión de que el hombre es un animal que no bebe en relación a lo que se
sabía acerca de los hábitos de los animales. Algunas de las observaciones de
las que tomó nota eran erróneas y éstas constituyen una base insegura
sobre la que se apoyan conclusiones importantes. Es bien sabido que
muchos de los animales que él considera animales no bebedores no beben
en estado salvaje. También habría que tener en cuenta que los animales que
no beben (muchos de ellos viven en el desierto) no se deshidratan por falta
de agua, mientras que el hombre, en las mismas circunstancias, muere de
deshidratación, tal y como lo haría la vaca o el caballo. Su opinión de que si
el hombre tuviera que beber habría nacido con una pajita de plástico en la
boca o con un cáliz de plata en las manos es difícilmente válida.

Sin embargo, es cierto, como él señala, que el hombre puede pasar, en


circunstancias normales, largos períodos de tiempo sin beber, siempre y
cuando incluya en su dieta una gran cantidad de frutas jugosas y de
verduras suculentas. Al hacer esto, no deja de beber agua; es sólo que
obtiene el agua libre de contaminación inorgánica y mineral, en forma de
zumos de frutas y de verduras. Es dudoso que esto fuera suficiente en el
desierto; por otra parte, es cierto que un arduo trabajo físico al sol del
verano demandará más agua de la que esta dieta aporta. En tales
circunstancias, uno puede obtener todo el líquido que necesita bebiendo
zumos de frutas y de verduras entre las comidas, aunque esto suponga
comer entre comidas. Esto es mucho peor que lo que sería beber de vez en
cuando vasos de agua blanda.

Los zumos son alimentos

Habría que considerar los zumos de frutas y verduras como alimentos,


no como bebidas, y habría que tomarlos como parte de la comida,
preferiblemente como parte de las frutas y verduras que los contienen. Al
ser separados de la combinación orgánica en la que aparecen, pierden
mucho valor.

Definitivamente, beber zumos de frutas y de verduras entre las


comidas conduce a comer en exceso y trastorna el proceso de la digestión.

Sería una locura intentar proporcionar la cantidad necesaria de agua a


un paciente en un proceso febril dándole zumos de frutas y de verduras. En
realidad, el agua pura y blanda no tiene en estos casos el efecto descrito por
el legendario Hipócrates. Tampoco el agua afecta a los individuos que
ayunan en la manera descrita en los llamados escritos hipocráticos.
Condenar el hecho de beber agua debido a que en ciertos estados
patológicos el agua debilite al paciente, es como condenar los alimentos
debido a que en ciertos estados patológicos el comer causa debilitación. Sin
lugar a duda, sería como culpar a la luz del sol porque en ciertas
enfermedades del ojo, la exposición al sol causa debilitación y dolor. Como
todos los higienistas saben, la mejor prueba del valor de cualquier sustancia
o práctica es el uso o el rechazo que de ella haga un organismo sano.
¿CUÁNDO DEBERÍAMOS BEBER AGUA?

Dr. Herbert M. Shelton

Con el aumento de la contaminación de los suministros de agua y la


consecuente carencia de ésta, tenemos la importancia de este néctar de las
nubes impresa sobre nosotros. El agua es el constituyente más importante
del cuerpo, supone 7/8 del peso total del cuerpo. El alimento es transportado
a todas las partes del organismo en este líquido; las células rojas, que llevan
el oxígeno, van por una corriente de agua; los desechos son también
transportados en una corriente de agua desde las células hasta el sistema
excretorio; todos los procesos vitales del cuerpo tienen lugar en este líquido.
El cuerpo aguanta las altas temperaturas de los meses estivales sólo porque
la superficie de la piel se mantiene fresca gracias a la evaporación del agua
a través de los poros de la piel.

La dieta de los higienistas contiene normalmente


la cantidad suficiente de agua

El cuerpo pierde continuamente grandes cantidades de agua a través


de la piel, de los riñones, de los intestinos y de los pulmones. La pérdida de
agua a través de la piel es mucho mayor en verano que en invierno, ya que
se necesita mucha agua para refrescar el cuerpo. Como se está
constantemente perdiendo agua, hay que reponerla de vez en cuando. Al
cuerpo llega mucha agua a través de los alimentos, sobre todo de los zumos
de frutas y de verduras. Desde luego, en la mayor parte de las
circunstancias de la vida, habría que recibir el agua que necesitamos de esta
manera. Si uno suda demasiado, como cuando se trabaja al sol en el verano,
no es necesario beber más o menos agua a intervalos durante el día.

La cantidad de agua que se necesita varía

La cantidad de agua que uno debería beber depende de una gran


variedad de circunstancias: la cantidad de trabajo físico que se realice, la
temperatura, el carácter de la dieta que se siga, la edad y el sexo del
individuo y, quizá, el tamaño y el peso del individuo. Cuanto más zumo uno
incluya en su dieta, menos agua necesitará tomar; cuanto más calor haga y
más trabajo realice, sobre todo físico, más agua necesitará. Así pues, no se
puede establecer una regla fija en cuanto a la cantidad de agua que se
necesita. Aquellos que dicen que habría que tomar seis vasos o más de agua
al día no consideran otras fuentes de abastecimiento. Hay mucha gente que
casi nunca bebe agua.
La regla de oro para beber

La única regla segura es beber sólo cuando se tenga sed y beber sólo
lo suficiente para aplacar la sed. El beber en exceso no comporta ninguna
ventaja. No se puede limpiar el sistema de esta manera. El beber exceso no
beneficia ni a la piel, ni a los riñones ni a los intestinos, aunque para
mantener un equilibrio normal del agua dentro del cuerpo, tengan
rápidamente que excretar el exceso. Puede resultar pernicioso el tomar
grandes cantidades, tanto en las comidas como entre ellas. Si no se tiene
sed, no beba agua.

Hay una única excepción a esta regla: la persona nerviosa que no bebe
agua, o cantidades inadecuadas, o que no toma el agua suficiente con los
alimentos. Esta gente tiende a estar en un estado de deshidratación crónica.
Su orina está super concentrada, muy coloreada, tiene un fuerte olor e irrita,
más o menos, la vejiga y los conductos urinarios.

Beber alimentos líquidos ─zumos de verduras y de frutas, leche, sopas,


etc.─ entre comidas supone comer en exceso y entre comidas. Aquellos que
han cultivado una fobia al agua se permiten esto. Es mejor tomar pequeñas
cantidades de agua pura ─agua blanda de manantiales, agua filtrada, agua
destilada, o agua de la lluvia, si es posible─ que estar siempre bebiendo
zumos u otros alimentos líquidos entre comidas. El prejuicio contra el agua
destilada es infundado. Se le ponen objeciones al agua destilada porque
hace todo el bien que debería hacer en el cuerpo. Absorbe los alimentos y
los desechos.

No se debería tomar agua ni en las comidas ni durante algún tiempo


después de éstas. Si se toma cuando no se debe, interfiere con la digestión.
Se puede tomar toda el agua que se quiera entre diez y quince minutos
antes de las comidas, treinta minutos después de una comida compuesta de
frutas, dos horas después de una comida que contenga féculas, y cuatro
horas después de una comida que contenga proteínas. El agua fría suspende
el proceso de la digestión. Lo mismo ocurre con los alimentos fríos, los
zumos fríos, los helados, los sorbetes, los hielos, etc. Lo mejor es el agua
fresca.

La persona que esté en ayuno no puede tomar ningún líquido en forma


de zumo y puede que necesite beber más agua de la que toma cuando come.
Sin embargo, la mayoría de los que están ayunando suelen beber más agua
de la que deberían. En lugar de dejarse guiar por la sed, beben para pasar el
tiempo, para limpiar los tejidos, para aumentar la eliminación, porque es la
hora de la comida, como rutina, o porque han oído o leído en algún sitio que
deberían beber mucha agua. Muchos de ellos beben tanta agua de noche
como de día. El beber una cantidad tan excesiva de agua no reporta ningún
beneficio.
¿DEBEMOS BEBER OCHO VASOS DE AGUA AL DÍA?

A menudo nos aconsejan beber entre seis y ocho vasos de agua al día.

Para un higienista que NO BEBE NADA DE AGUA durante la mayor


parte del tiempo, tal consejo es sospechoso. Los higienistas sostienen que la
mayor parte del agua que bebemos es patológica.

Si el cuerpo pide agua, désela por cualquier medio. Si el cuerpo no pide


agua, absténgase de ella. No fuerce el cuerpo.

Los que defienden que hay que tomar mucha agua sostienen que ésta
«limpia» el cuerpo y lo mantiene limpio. Dicha idea es falsa ya que el cuerpo
se autolimpia, si su funcionamiento no está deteriorado, y el agua no es sino
uno de los componentes esenciales no sólo para la función eliminativa, sino
también para la vida misma.

La cantidad normal de agua que un cuerpo sano necesita es mucho


menor de lo que la mayoría de nosotros pensamos. Dicha cantidad varía de
acuerdo con muchos factores. Se necesita más agua en la estación cálida
que en la fría. Un trabajador manual necesita más agua que uno sedentario.

Sin tener en cuenta sus propias circunstancias, SOLAMENTE hay una


ocasión en el que debería beber agua: cuando la sed lo pida. El cuerpo
solicitará en todo momento la cantidad de agua requerida a través de la sed.

Los higienistas rara vez tienen sed porque siguen, como norma, una
dieta que contiene la cantidad suficiente de agua.

Aquellos que beben mucha agua porque tienen mucha sed siguen una
dieta deficitaria en agua o se encuentran en la categoría en la que se
encuentran la mayoría de los estadounidenses. Consideremos las
condiciones que provocan la necesidad de beber agua:

Las personas que toman sal tienen un necesidad anormal de agua


─cuanta más sal tomen, más agua necesitarán─. El cuerpo no puede ni
digerirla ni usarla, y debido a que es venenosa, el cuerpo necesita agua para
mantenerla tan débil en solución como para que no suponga ningún peligro
para el cuerpo.

Las personas que toman alimentos cocinados necesitan bastante agua.


Normalmente, un alimento que contenga la cantidad suficiente de agua en
estado crudo necesita más de su peso en agua si se cocina. Cocinar
convierte en inorgánicos muchos de los minerales y en nocivas, muchas
otras sustancias del alimento. Por ello, el cuerpo necesita mucha agua para
combinarla con las sustancias nocivas y mantenerlas en solución hasta que
sean expulsadas del cuerpo.

Las personas que aliñan sus alimentos con condimentos desarrollan


una sed intensa. Los condimentos son irritantes y se necesita mucha agua
para mantenerlos en solución o en suspensión y, así, supongan el menor
peligro posible para las células. Este escritor ha conocido a gente que
tomaba sopas bastante acuosas y que, sin embargo, tenían que
acompañarlas con agua adicional porque estaban demasiado condimentadas
y, además, contenían las sustancias nocivas de los alimentos cocinados.

Las personas que tienen situaciones patológicas en el cuerpo necesitan


mucha más agua, por lo general.

Los seres humanos no son, por naturaleza, animales bebedores. Su


dieta constitutiva correcta contiene la cantidad suficiente de agua que se
necesita en circunstancias normales.

Los higienistas normalmente no tienen sed pero, durante períodos de


ayuno, de una actividad rigurosa o exposición al calor, hay una pérdida
extraordinaria de agua y se tiene sed. En tales casos, beberemos el agua que
se necesite para aplacar la sed.
EL AGUA EN LA DIETA

John A. Vance

El agua que hay en el cuerpo se agota rápidamente; habrá que


reponerla en cuanto se agote. El cuerpo usa más agua en el verano que en el
invierno; por lo tanto, se debería tomar más agua en verano que en invierno.
Los órganos digestivos fabrican alrededor de siete litros de jugos gástricos
al día. Por supuesto, el cuerpo recicla gran parte del agua, pero no puede
funcionar correctamente con una cantidad escasa de agua.

Las frutas y las verduras suculentas están compuestas principalmente


de agua ─agua destilada en su forma más pura─. Si la dieta de uno está
compuesta principalmente de frutas y verduras, no será necesario beber
mucha agua, o casi ninguna. El tipo de alimentos que tomemos determina
casi en su totalidad la cantidad de agua que necesitamos. Si vivimos de
manera natural, no necesitaremos beber agua. Pero si comemos féculas,
necesitaremos más agua. Y si, además, comemos alimentos cocinados,
necesitaremos ingentes cantidades de líquidos.

Sólo se debería tomar agua pura. Si no está seguro de su pureza,


destílela. Usted puede destilar su propia agua, pero entonces tendrá que
tener cuidado con que el equipo para destilar no esté contaminado.
EL AGUA Y SU SALUD

Jethro Kloss

El agua dura, así como la mineral, contienen soluciones de sales de


magnesio, hierro, calcio y otros, además de yodo, arsénico y azufre, lo que
les confiere un sabor «medicinal».

Durante años, las personas la han utilizado como «curas» de dolencias


crónicas. Estas aguas son absolutamente inadecuadas para su consumo.
Tienen muy pocas cualidades de limpieza. La inteligencia rápidamente se
percata de que las aguas que son inadecuadas para limpiar el exterior del
cuerpo no son muy beneficiosas para el interior. Con la excepción del aire
puro, no hay ningún otro elemento de la naturaleza tan importante en el
mantenimiento de la vida como el agua pura, o que tenga una relación tan
importante para el sistema humano.

Una persona puede vivir del agua y de las reservas del cuerpo durante
mucho más tiempo que de una dieta de sustancias nocivas. Una buena dieta
contiene la mayor parte de la cantidad de agua que nuestro cuerpo necesita.

El agua no provoca ningún cambio en el cuerpo, pero es absolutamente


esencial para llevar a cabo las funciones vitales, ya que desempeña el papel
principal del sistema de transporte del cuerpo, así como muchos papeles
secundarios. El sistema circulatorio depende por completo del agua. El agua
es el solvente en el que flotan los glóbulos rojos. Transporta la carga
nutritiva y los desechos hasta los órganos encargados de su eliminación.
Como componente primario de la saliva, es de gran ayuda para la digestión.
En la sangre, transporta y distribuye los nutrientes por las células
encargadas de la reparación y del crecimiento.

No hay ningún otro elemento tan preparado para desempeñar el papel


del agua. Circula a través de los capilares más delicados sin roce alguno, e
incluso pasa a través de las membranas a partes inaccesibles.

El agua es esencial para la nutrición y para la eliminación

El agua se elimina continuamente del cuerpo a través de los órganos de


eliminación, ya sea la piel, los riñones o los pulmones. Si se obstruyen los
riñones, habrá serios problemas.
El aire seco que entra en los pulmones absorbe constantemente
humedad de las membranas pulmonares. Por lo tanto, es necesario
proporcionarle al cuerpo mucha agua pura en todo momento. Una persona
media elimina alrededor de dos litros y medio de agua en veinticuatro horas,
y necesitará una cantidad idéntica para conservar la fluidez de la sangre. La
gente cuyo trabajo sea laborioso o que haga mucho ejercicio necesitará más
agua que aquellos que no lo hagan.

Una dieta adecuada contiene la cantidad suficiente de agua

Muchas personas no necesitan agua suplementaria para completar su


dieta. Las personas que coman mucha cantidad de alimentos cocinados,
productos de origen animal, alimentos feculentos así como aquellas que
usen sal, pimienta, especias, hierbas y otros condimentos necesitarán
cantidades extraordinarias de agua para disolver y limpiar el sistema de
estas sustancias insalubres. Las personas que comen frutas y verduras en su
estado natural y que evitan el consumo de productos de origen animal, de
alimentos cocinados y feculentos, así como de condimentos, necesitan
menos agua. Las frutas y las verduras contienen, aproximadamente, un 85%
de agua.

El agua es la única sustancia que sacia la sed. Otras bebidas la aplacan


sólo en proporción a la cantidad de agua que contienen, pero son insalubres
hasta el extremo de que contienen elementos dañinos.

La obstrucción de los poros de la piel provoca la muerte

La piel realiza varias labores esenciales para el cuerpo; la más


importante de ellas es la excreción. El hecho se puede demostrar fácilmente
si se aplica por todo el cuerpo una capa de pintura o de barniz, el organismo
morirá rápidamente como si se hubiera administrado un fuerte veneno. Los
millones de pequeñas glándulas sudoríparas están siempre funcionando
para separar las impurezas y los desechos de la sangre, ya que la
acumulación de residuos provoca la muerte.

La piel es un órgano de respiración, aunque ésta sea el trabajo


principal de los pulmones. La piel absorbe oxígeno y exhala gases
venenosos. En algunos animales menores, la piel realiza todo el trabajo de la
respiración. La piel no sólo absorbe oxígeno sino que también absorbe
grandes cantidades de líquidos. Si una persona toma un baño cálido durante
un período de tiempo, se aumenta de manera considerable el peso del
cuerpo. Los marineros, cuando se quedan sin agua fresca, mojan sus ropas
en el agua del mar y la piel absorbe el agua, mientras que rechaza lo que
contiene en solución.
El agua es esencial
para un correcto funcionamiento de la piel

La piel sirve también para regular la temperatura del cuerpo. Es no


conductora y densa, lo que evita, en un alto grado, que se escape el calor
necesario para el cuerpo. Cuando éste se sobrecalienta debido a una
actividad física intensa, a la fiebre o al calor externo, la piel libera los
tejidos, transformando el exceso de calor en agua y evaporándola, proceso
este que en sí mismo consume calor. Cuando se toma mucha agua durante
los procesos febriles, se facilita la limpieza y se aumenta la perspiración. La
humedad se evapora a través de las glándulas sudoríparas y así se consigue
una sensación de frescor.

La piel es asimismo el órgano principal de la sensación del tacto y de la


temperatura: es el órgano de mayor sensibilidad del cuerpo. Tiene gran
cantidad de nervios. Por ello, el agua es muy beneficiosa para mantener el
equilibrio nervioso.

Cualquier abertura del cuerpo al exterior está cubierta por una


membrana mucosa. Las membranas mucosas cubren los conductos por los
que pasa el aire, los pulmones, el tracto intestinal, urinario y genital, es
decir, cualquier conducto interior que esté en contacto con el aire, con los
alimentos y con los desechos. La membrana mucosa es una piel interna y,
como la piel externa, segrega y excreta. Excreta sustancias inservibles y
segrega sustancias útiles.

Los venenos se eliminan a través de la piel

El olor tan horroroso producto de la perspiración es la muestra del


papel tan importante que desempeña la piel en la eliminación de desechos y
venenos. Tiene olor a tabaco, si una persona fuma, o a otras sustancias
repugnantes, tales como los aceites, la mostaza, cebollas, ajo, etc. El
metabolismo continuo e incesante del cuerpo deja gran cantidad de
sustancias venenosas. Si no se eliminan, pueden causarnos la muerte en
cuestión de segundos.
Los venenos sistémicos provienen de los conductos de la orina, de la
bilis y de la glándula biliar, etc. Tienen que ser rápidamente eliminados.
Aquí es cuando se demuestra el maravilloso uso que el cuerpo hace del
agua. El agua pura disuelve estas sustancias venenosas cuando entra en
contacto con ellas y las transporta a través del torrente circulatorio a los
órganos pertinentes para su eliminación ─el hígado, la piel, los riñones, los
intestinos y los pulmones─, desde donde son conducidos al exterior del
cuerpo.

El agua mineralizada ensucia el cuerpo

Las células del cuerpo sólo usan agua pura y rechazan las sustancias
no utilizables, como los minerales inorgánicos.
Habrá que eliminar éstos y los que no se eliminen se acumularán en algún
lugar del sistema para procurar que causen el menor daño. La perspiración
de una persona que toma sal es pesada y podemos ver que su ropa se pone
blanca, prueba de que se elimina sin digerirse y sin ser utilizada a través del
sistema. Las aguas que previamente están cargadas de minerales tienen
poco poder de absorción y, por ello, tienen poca o ninguna utilidad para el
cuerpo, a menos que el cuerpo la limpie de contenidos minerales, algo que
realiza en detrimento de un gran gasto vital y no siempre de modo eficiente.
El cuerpo rechaza algunos de estos minerales inútiles directamente a través
de la piel.

La piel tiene millones de poros de los que fluye un torrente constante


de sustancias venenosas. A medida que perspiramos, estas sustancias van
quedando en la piel, y el aire se va apoderando del vapor del agua. A medida
que pasa el tiempo, se acumulan cada vez más sustancias venenosas. Si la
piel funciona con toda normalidad, tendrán que pasar algunos días o
semanas para que dichas sustancias creen una capa que provoque picores,
prueba de la toxicidad. A menos que la persona se bañe correctamente y a
menudo, estos desechos venenosos se acumularán hasta que provoquen la
destrucción del tejido y la consecuente descomposición bacterial.

Un baño frecuente es una gran medida de salud

Todos sabemos que las personas que no se bañan a menudo despiden


un olor desagradable y asqueroso. Por otra parte, el baño no es de gran
ayuda para aquellos cuyos cuerpos estén muy intoxicados. La acumulación
de toxinas obstruye y dificulta el trabajo de los millones de poros de la piel,
lo que causa la retención de las sustancias venenosas. Una limpieza
frecuente con agua mantendrá la piel totalmente libre de impurezas.

Se debe comprender fácilmente por qué hay personas que tienen la piel
con un brillo saludable. El estado de la piel es un reflejo de la salud del
cuerpo o de la falta de ésta. Uno debería bañarse a diario, si su cuerpo está
muy intoxicado, y todo el mundo debería hacerlo al menos tres veces a la
semana, lo que mantendría la piel flexible y limpia. El baño debería ser tan
indispensable como el espejo para una mujer. Muchas personas muy
refinadas y melindrosas pasan horas cuidándose la piel con jabones,
lociones, cremas, etc. Éstas se sorprenderían si supieran lo que le están
haciendo a la piel ─quitándole las capas y las sustancias químicas
protectoras y tapando las sustancias venenosas que normalmente habría
que eliminar─. El agua es el único disolvente que necesita la piel y es el
único medio sano para que ésta lleve a cabo la función de limpieza. Una piel
sana es más saludable y atractiva que todos los cuidados y cosméticos.

La inactividad de la piel es una de las causas principales de todas las


enfermedades de epidérmicas. Los mismos factores que causan la
enfermedad destruyen el poder de funcionamiento de la piel. La disminución
de dicha función provoca una gran retención de desechos venenosos. Por
ello, a medida que pase el día, nos iremos debilitando a causa de una crisis
de curación, es decir, de una crisis de purificación y de restauración.

Los riñones y la piel mantienen una relación muy próxima, y existe una
fuerte vinculación entre ambos órganos. Las complicaciones de una función
pobre de estos órganos entorpece el sistema y desarrolla otras
malfunciones, sobre todo de los pulmones.

Durante la era clásica, las personas reconocieron el valor del agua para
mantener la salud, por lo que se bañaban mucho más de lo que se hace hoy
en día. Las grandes plagas no afectaron a los antiguos tanto como lo
hicieron a nuestros antepasados durante la Edad Media. La época oscura de
la historia descubre a nuestros antepasados huyendo de los baños y
muriendo a miles a causa de las plagas. El verdadero Renacimiento comenzó
con la reintroducción de la práctica del baño.

Moisés, el gran legislador de los judíos, ordenó a su pueblo que


estuvieran escrupulosamente limpios y que hicieran del baño una práctica
más de sus obligaciones religiosas. Su ejemplo fue seguido por Mahoma,
quien pidió a su gente que se bañara antes de cada una de las cinco
oraciones diarias. «La limpieza nos acerca a la divinidad».

Los griegos y los romanos eran conocidos por las lujosas instalaciones
para los baños. Consideraban el baño diario como el medio principal para
asegurarse una buena salud física.
Los médicos más famosos, desde Hipócrates hasta Galeno,
recomendaron los baños en un programa de salud. Es un dilema el por qué,
a medida que avanzamos, el baño cayó en desgracia.

Con la caída de la institución del baño como cura en la Edad Media,


creció al otro lado de la lápida, la práctica de drogarse para curarse de las
consecuentes enfermedades. Son los únicos responsables de la terrible peste
y de las plagas.

El bañarse es un instinto natural. La lluvia es una baño natural. Hace


maravillas con las plantas, las cuales ofrecen un aspecto más fresco y
brillante cuando llueve. Los pájaros y los animales se bañan a diario como
parte de su rutina. Si nuestros instintos no estuvieran tan pervertidos, nos
bañaríamos más, tal y como hacen los humildes seres de la naturaleza.

Nuestra inteligencia ha hecho posible que rechacemos nuestras


prácticas instintivas y que gradualmente nos pervirtamos con cada cosa que
hacemos ─alimentos, ejercicio, dormir y descansar, bañarnos─. Vamos por
mal camino, nos separamos de la naturaleza porque cultivamos perversiones
adquiridas y estamos más pendientes de gratificarlas que de seguir las
prácticas que nos aseguren un estado de bienestar.

El agua desempeña una papel esencial en los seres humanos y


deberíamos reconocer sus muchos usos beneficiosos.
BEBER POR PLACER:
OTROS LÍQUIDOS ADEMÁS DEL AGUA

LOS EFECTOS NOCIVOS DEL CAFÉ

Dr. Herbert M. Shelton

Si tuviéramos una bebida nacional, ésta sería el café. Nuestro consumo


de café per cápita es mayor que en ninguna otra parte del mundo. No sólo
tomamos café con las comidas, sino descansamos en el trabajo o en nuestra
actividad diaria para tomar café entre las comidas. El consumo de café ha
ido en aumento en este país durante más de sesenta años.

El café no es un alimento en ninguna circunstancia

El café no es, en ningún aspecto, un alimento. No contiene nada que el


cuerpo pueda aprovechar para la reparación de los tejidos o para realizar
alguna función. No contiene ningún alimento. Al decir esto, no tenemos en
cuenta ni el azúcar ni la leche que se toman con el café, sino el café per se.
Su único efecto en el cuerpo es destruir. Es una droga que se usa a lo largo y
ancho del mundo por su efecto estimulante. Pero, como todos los
estimulantes, al efecto primario estimulante le sigue uno secundario, uno
deprimente.

El café contiene diversas sustancias venenosas

Aunque los aceites volátiles y otras sustancias son muy perniciosos, el


efecto principal del café se debe a la cafeína que contiene. El efecto de la
cafeína recae directamente en el estómago, el hígado, el corazón, el sistema
nervioso y los riñones. Como droga, los médicos ha utilizado la cafeína
durante mucho tiempo como un «estimulante del corazón».

También se ha dicho que estimula las facultades intelectuales. Excita


los centros nerviosos, que trabajan de manera inusual y peligrosa.
Demasiada estimulación por parte del café provoca temblores en los
músculos; aunque a menudo dichos temblores son bastante aparentes, en la
mayoría de las personas, que toman el café en pequeñas cantidades, sólo se
pueden observar los temblores con una examinación cuidadosa.
El «efecto estimulante» de los intoxicantes
acorta la vida y provoca terribles efectos secundarios

Como todos los intoxicantes, la cafeína ocasiona una sensación de


estimulación de los centros intelectuales. Sus efectos secundarios son
depresión mental, agotamiento nervioso, menor fuerza muscular y daños en
el hígado y en los riñones. Afecta al corazón de la misma manera en que lo
hace a los centros nerviosos. En primer lugar, el corazón late con más fuerza
(el llamado efecto estimulante), pero, como el cuerpo elimina todas las
sustancias tóxicas, le sigue la correspondiente depresión del corazón ─late
con menos fuerza─.

Cuando se toma el café por primera vez, aumenta la presión sanguínea;


el corazón y las arterias tienen que hacer un esfuerzo adicional; a medida
que se va eliminando la cafeína, la presión sanguínea desciende por debajo
de los niveles normales.

La cafeína destruye los riñones

La cafeína provoca la congestión de los riñones. En personas que no


están acostumbradas a tomar café, esta congestión renal tiene lugar tras un
aumento de la producción de orina, ya que los riñones intentan eliminar el
veneno. A medida que se continúa bebiendo café, la congestión debilita los
riñones de tal manera que se disminuye la eliminación de desechos a través
de este canal. Así se sientan las bases de alguna enfermedad crónica, que no
tiene necesariamente que ser de los riñones, aunque éstos queden
afectados. El último efecto de beber café es la degeneración renal.

Los aceites volátiles del café irritan tanto el estómago como los
intestinos. Los individuos con estómagos sensibles tienen a menudo que
suspender el consumo de café, debido a lo extendida que está la irritación.
Precisamente, es este efecto irritante lo que usan como excusa para beber
café aquellos que descubren que sin él están estreñidos. La gastritis y la
irritación de los intestinos la desarrollan aquellas personas cuyos órganos
digestivos no son fuertes, como resultado de esta continua irritación.
Algunos efectos dañinos derivados del café

Como con todos los demás abusos del organismo humano, los efectos
últimos del café varían de acuerdo con las características de los individuos.
Estos efectos se pueden clasificar, más o menos, en dos grupos principales.
En el primer grupo, el de los neuróticos, los efectos son: nerviosismo,
insomnio, agotamiento nervioso, dolores de cabeza cuando no se toma café,
que finalmente acaban siendo continuos, pérdida de memoria, debilitación
general muscular y «debilitación cardiovascular» que se manifiesta en que
los pies y las manos se quedan fríos. En el segundo grupo, el café parece no
tener efectos inmediatos aparentes. Debido a la escasa sensibilidad del
corazón, de las arterias y de los riñones, se puede estar abusando del
consumo del café durante años sin causar daño aparente, hasta que el
consumidor de café se encuentre a pocos meses de la muerte. Como
consecuencia de la estimulación del corazón, de la hipertensión y de la
congestión de los riñones, estos órganos experimentan una degeneración.

Las sustancias venenosas son siempre dañinas


a pesar de las apariencias

Debido a estos efectos tan variados y a la lentitud que revisten en


muchos casos, la gente suele pensar que el café no los perjudica. Pero si se
pararan y consideraran que el café no es un alimento sino un veneno,
entenderían en seguida que beberlo produce un daño inevitable.

En el mercado hay muchos «refrescos» conocidos como «refrescos de


cola», nombre derivado del hecho de que la cafeína que contienen estas
aguachirles se derivaba de los granos de cola. Buena parte todavía tiene
este origen, pero mucha se obtiene del café en un proceso descafeinante.
Estas bebidas pueden ser, debido a sus otros elementos constituyentes,
incluso más dañinas que el café. La teína del té y la teobromina del
chocolate y del cacao son similares a la cafeína del café y tienen los mismos
efectos. La teobromina es incluso peor para los riñones.
El chocolate y el té también son venenosos

Todas las sustancias tóxicas son más dañinas en los niños que en los
adultos, hecho este que convierte la permisividad de los refrescos para los
niños en algo inquietante. Comer y beber chocolate puede convertirse en
una costumbre y provocar en los niños erupciones cutáneas, vómitos y
síntomas parecidos a los del sarampión y a los de la fiebre del heno. Las
bebidas de chocolate y de cacao, los caramelos de chocolate, los helados de
chocolate, etc., tan populares entre los niños y las mujeres gordas, causan
un gran daño. Ni el chocolate ni el cacao tienen algún valor alimenticio y su
carácter amargo obliga a utilizar grandes cantidades de azúcar. E incluso
cuando lleven bastante azúcar, siguen siendo repugnantes para el sentido
del gusto del bebé.

Interrumpa todas las prácticas nocivas

¿Qué lógica puede tener la inclinación que tiene el hombre hacia las
costumbres nocivas de este tipo? Todas ellas debilitan, causan
enfermedades, degeneran y acortan la vida. Nada bueno se deriva de ellas.
Una persona inteligente y bien informada las evitará. Otros desarrollarán
enfermedades nerviosas, enfermedades coronarias y arteriales, apoplejías o
la enfermedad de Bright.
EL FRAUDE DE LA FLUORIZACIÓN3

Al exponer la postura que adopta el Higienismo frente a la fluorización,


intentaré demostrar, más allá de toda duda razonable, que esta práctica es
un fraude desde el principio hasta el final y que es, por lo tanto, un crimen
atroz contra la humanidad.

Demostraré que es biológicamente imposible que la fluorización del


agua no sea más que algo nocivo para los seres humanos.

Digo esto sabiendo que hay mucha gente aparentemente sincera que se
ha dejado engañar por las opiniones a favor de la fluorización.

¿Hay algún lector que no sepa que las grandes compañías de aluminio
y de productos químicos, así como las azucareras, han promovido la
fluorización para su beneficio, sin preocuparse lo más mínimo por la salud
de los seres humanos?

¿Hay algún lector que no sepa que el fluoruro de sodio y los


compuestos de fluoruro son venenos letales?

¿Cree usted que una sustancia venenosa es productiva para la salud o


incluso para unos dientes sanos?

En mi exposición, no me referiré a la parte económica del fraude. Hay


docenas de libros que tratan sobre ello. Sólo expondré los aspectos
fisiológicos de este gigantesco fraude.

Son pocos los libros que han analizado lo que le ocurre al cuerpo
cuando es asaltado por los fluoruros. Muy poca gente comprende este
aspecto del tema y, por supuesto, menos aún los profesionales de la
medicina y de la odontología, aunque lo que sabemos proviene de los
renegados de estas profesiones.

3
OJO. Este capítulo habla exclusivamente de los E.E.U.U, utilizando como ejemplo
simplemente ciudades y estados estadounidenses. Sería conveniente cambiarlos. (Nota del
revisor.)
Para presentar mis pruebas, elaboraré distintas proposiciones, entre
las que se encuentran las siguientes:

1. La salud del cuerpo y la salud dental son dos cosas y una a la misma
vez, son inseparables, lo que deteriora una deteriora la otra. Esto equivale a
decir que el cuerpo humano es una entidad orgánica ─un sistema de
funcionamiento completo fundamentalmente unificado en todos los aspectos
entre los 125 trillones aproximados de células que lo forman.

2. El estado de máxima salud, de la cual los dientes sanos forman parte,


proviene SOLAMENTE de prácticas sanas. Del mismo modo, las
enfermedades ocurren SOLAMENTE si consentimos sus causas.

3. Las causas de una mala salud y de unos dientes malos son las mismas.
Para lograr un magnífico estado de salud, no tenemos más que abandonar
todas las malas prácticas y decantarnos por las buenas.

4. El hombre no es una criatura que tenga que beber agua por naturaleza,
sino que pertenece a una clase de frugívoros adaptados de forma natural a
una dieta que contiene la cantidad suficiente de agua.

5. Todo el montaje de que el fluoruro de sodio es un elemento sano es


completamente absurdo. La gente no puede tomar sustancias venenosas
para estar sana.

6. Absolutamente nada en este mundo puede evitar la caída de los dientes


mientras se consientan, sin darles importancias, las causas que originan
dicha caída. No se puede esperar que alguien esté sobrio si continúa
bebiendo alcohol.

7. La ingestión de fluoruro es una práctica patogénica. Todos los minerales,


independientemente del tipo que sean, son venenosos para el cuerpo en
estado inorgánico e independientemente de la cantidad que se tome.

8. El flúor no es un constituyente necesario para tener unos dientes y unos


huesos sanos. Mucha gente sana tiene cantidades de fluoruro, la misma que
tomaron como parte de una sustancia orgánica. Sin embargo, también hay
mucha gente que no tienen rastro de fluoruro ni en los dientes ni en los
huesos.

9. El cuerpo no puede, bajo ninguna circunstancia o condición, digerir,


asimilar o utilizar ninguna sustancia inorgánica, con la excepción del
oxígeno, el agua y la luz del sol. Todo lo demás es veneno.

10. Todos los minerales que el cuerpo necesita (calcio, fósforo, hierro,
magnesio, arsénico, etc.) son venenosos si se toman en estado inorgánico.
Son únicamente constituyentes de un cuerpo sano si se toman en estado
orgánico a través de las plantas.

Afortunadamente, hay un libro que corrobora la mayor parte de estas


proposiciones. Se llama Nutrition and Physical Degeneration (Nutrición y
degeneración física), del Dr. Weston A. Price, dentista de dentistas.

En el libro, podemos ver cientos de fotografías en las que documenta,


de manera irrefutable, que unos dientes buenos son el resultado de una
buena dieta y de unas prácticas de salud correctas, mientras que los dientes
malos son el resultado de una dieta basada en porquerías y de unas
prácticas incorrectas de salud. El Dr. Price demuestra que la dieta que los
estadounidenses siguen es patogénica y que es la causa principal de sus
enfermedades y de unos dientes malos.

El Dr. Price viajó por el mundo entero, a todos los continentes y a


cientos de islas. Comparó pueblos que seguían su dieta autóctona frente a
los que se habían pasado a la llamada dieta civilizada, con un alto contenido
en azúcar, harina blanca, sal, grasas animales, carne, etc.

Entre los nativos que nunca se habían cepillado los dientes y que nunca
habían ido al dentista, descubrió que alrededor del 98% no tenían cavidades
en la dentadura. Entre los que seguían una dieta civilizada, le costó
encontrar un desarrollo facial o dental normal. Alrededor del 99% de los
estadounidenses tienen cavidades o anormalidades faciales. Encontró una
característica común entre éstos y los nativos que habían adoptado la dieta
«civilizada»: tenían muchas caries dentales.

La primera proposición resulta muy evidente después de leer este libro,


es decir, que cualquiera que haga alarde de seguir una práctica correcta de
salud sufrirá de ello a través de las enfermedades, de un desarrollo pobre
del organismo y de una muerte prematura. Ninguna cantidad de
medicamentos, ni de fluoruro de sodio ni de nada más podrá sustituir unas
prácticas correctas. El fluoruro de sodio y otros medicamentos pueden
llegar a ser el medio por el que se acabe destruyendo la salud y la vida.
Además, no tienen ni una pizca de poder para restaurar la salud o aumentar
la vida.

Probablemente haya oído usted hablar de los informes de muchas


sustancias carcinógenas encontradas en los suministros de aguas
municipales en un estudio llevado a cabo en 80 ciudades. Sólo el agua de
Nueva Orleans tiene 66 tipos diferentes de productos químicos. Sí, pero tan
carcinógeno como eso son los compuestos de fluoruro que se encuentran en
el agua de estas ciudades.

Hoy en día, la causa principal de mortalidad entre los niños es el


cáncer. Además, el cáncer es la segunda causa de mortalidad en todos los
Estados Unidos. Uno de cada tres estadounidenses lo desarrollará si las
cosas continúan tal y como están. Sus oportunidades son muy escasas a
menos que se tomen medidas para eliminar las influencias y las sustancias
patogénicas de la vida.

Es el momento de preguntarse qué es lo que provoca el cáncer.

La respuesta es: ¡cualquier cosa que entre en el organismo que no sean


alimentos sanos puede provocar cáncer! Cualquier cosa que su cuerpo no
pueda utilizar como alimento nutritivo puede ser la causa del cáncer.

Además, incluso comiendo lo mejor, una situación patogénica puede


conducir al desarrollo de un cáncer. Cualquier situación de estrés y de
problemas emocionales, que trastornen las actividades normales del
metabolismo, deja un rastro patológico que puede conducir al cáncer, si se
continúa con ella.

Sigamos, pues, las distintas etapas patológicas que conducen al cáncer.

¡Se puede decir que el cáncer comienza con el primer resfriado! La


primera etapa del cáncer comienza con una toxicosis o toxemia. Se llega a
dicho estado debido a la debilitación y a la consecuente incapacidad para
eliminar los derivados venenosos del metabolismo o debido a que hay en el
cuerpo más elementos venenosos de los que se pueden eliminar antes de
que se produzca el daño. Cuando se acumulan las sustancias tóxicas y las
auto-generadas, se llega a una crisis de toxemia. El cuerpo se halla
incapacitado en muchos aspectos. Pone en marcha sus fuerzas para
rechazar la acumulación extraordinaria de sustancias tóxicas que amenazan
la integridad del cuerpo.

Un resfriado es una de estas crisis. La gripe, la neumonía, etc. son


otros tipos de crisis.

Las etapas patológicas que desembocan en un cáncer son las


siguientes:

1. DEBILITACIÓN, que disminuye la capacidad de eliminación, por lo que


se acumulan los desechos tóxicos del metabolismo. Con esta excusa, se
permite el consumo por vía oral o la inoculación de medicamentos y de otras
sustancias insalubres que se acumularán también y desembocarán en una
crisis de toxemia.
2. TOXEMIA, toxicosis o intoxicación. Estado que precede a la irritación.

3. IRRITACIÓN, cuyos síntomas son hormigueo, picor, hiperactividad,


nerviosismo, intranquilidad, tirones, desasosiego, etc. Si las causas
continúan, pasaremos a la siguiente etapa, la inflamación.

4. INFLAMACIÓN, en donde el cuerpo es incapaz, en parte o en su


totalidad, de dedicar la energía que le queda al proceso de autolimpieza. Si
las causas continúan, morirán los tejidos inflamados y estarán ulcerados.

5. ULCERACIÓN. Esta condición está muy extendida en nuestro país, tanto


si son conscientes de ella como si no. Muchos de nuestros dolores
desconocidos se deben a esta etapa patológica. El cuerpo intenta por sí
mismo arreglar el tejido ulcerado mediante un proceso conocido con el
nombre de fibrosis.

6. FIBROSIS, induración o cicatrización. Sin embargo, aquí no termina el


problema, a menos que corrijamos nuestro estilo de vida. En esta etapa, la
patología es todavía reversible; sólo quedarán como restos un tejido
cicatrizado y algún tipo de deterioro. Pero, si continuamos con los mismos
hábitos patogénicos y/o con los hábitos envenenadores, del que la ingestión
del fluoruro sódico es uno de ellos, se entrará en la última etapa, el cáncer.

7. CÁNCER. Es un estado en el que el tejido cicatrizado deja de estar bajo


el control del cerebro y del código genético. Empieza a tomar nutrientes de
la sangre y a desarrollarse rápidamente. Ésta es una etapa terminal en la
mayoría de los casos ─al menos, si se siguen los tratamientos ortodoxos─.
Los tumores, etc. no son cánceres, ya que representan una etapa que puede
ser fácilmente corregida con un simple cambio del estilo de vida. El ayuno
normalmente permitirá al cuerpo reponerse, a través de la autolisis, de la
mayoría de los tumores en el plazo de pocos días o de pocas semanas.

Repito que todos los compuestos de fluoruro son carcinógenos, de la


misma manera en que lo son todos aquellos elementos que entren en
nuestro cuerpo y que no debieran estar ahí. Cualquier cosa que sea
patogénica desembocará en un cáncer si se permite que continúe afectando
al cuerpo.

Los porcentajes de cáncer son alrededor del 40% entre los habitantes
de ciudades como Baltimore, Pittsburgh y Grand Rapids, en donde se ha
llevado a cabo una fluoración del agua durante mucho tiempo. Estas
ciudades también exceden la media nacional en otras enfermedades. La
esperanza de vida en estas ciudades es, aproximadamente, del 12% menos
que la media nacional. ¿No indica esto que algo va mal? ¿No tiene esto que
ver con la práctica de la fluoración?
Este negocio de envenenar a la gente se remonta a la publicación en el
Reader's Digest de un artículo sobre Hereford, Tejas, anunciándola como la
ciudad en la que no se sufrían dolores de muelas. Por supuesto, esto no era
cierto entonces y mucho menos lo es ahora.

La realidad es que en West Tejas tienen unos dientes extraordinarios.


Sin embargo, también tienen manchas que estropean la apariencia de
cualquiera que abra la boca.

El agua de la mayor parte de las zonas de West Tejas está altamente


mineralizada y es bastante inadecuada para su uso o consumo, incluso para
el riego (arruina los cultivos en algunas áreas). Algunas de estas aguas están
cargadas de fluoruro cálcico (¡atención!, no es fluoruro sódico u otros
fluoruros empleados en el proceso de fluoración), un compuesto de fluoruro
que es sólo 1/80 de tóxico de lo que lo es el fluoruro sódico.

En lugar de atribuir los dientes sanos al calcio, que compone la mayor


parte de los dientes, los ineptos lo atribuyeron al flúor, ¡que supone sólo una
mínima parte del diente! Por supuesto, los dientes contienen flúor si
tomamos flúor. Éste se combina con el calcio con mayor rapidez que con
ninguna otra sustancia. El resto de los huesos del cuerpo también
contendrán flúor. ¿El flúor que contienen los huesos y los dientes es una
ventaja o una responsabilidad?

El hecho de atribuir la salud de los dientes al flúor del agua combinado


con el calcio era una estupidez. ¿Por qué no se tuvo en cuenta el alto
contenido de calcio en el agua?

No obstante, como cualquier fisiólogo con un mínimo de entendimiento


podría decirle, el cuerpo humano es incapaz de aprovechar los minerales en
estado puro, es decir, los minerales inorgánicos. Ni somos rocas ni nos
alimentamos a través del suelo. El hierro, el arsénico, el calcio, el potasio, el
sodio, el cloro, el fósforo, el magnesio (todos los minerales que necesitamos)
son venenosos para el cuerpo en estado inorgánico. Sólo la vida vegetal, con
muy pocas excepciones, puede aprovechar los minerales inorgánicos.

Así que, ¿por qué tendría nadie que atribuir los dientes sanos de los
habitantes de West Tejas al flúor o al calcio tal y como se encuentran en el
agua? ¿Por qué no atribuirlo quizá a la mayoría de las frutas y verduras
sanas que crecen en el mundo y en algunos de los mejores terrenos
─terrenos que, por supuesto, contienen flúor y calcio?─ ¿No parecería esto
más razonable? Después de todo, ¿no nos alimentamos, en primer lugar,
gracias a los alimentos que tomamos y no a las sustancias venenosas que
podrían entrar en nuestros organismos?

Sin embargo, como ya he dicho, hoy en día no se da la situación de


1942 de aquellos dientes increíbles, aunque con manchas.

En 1942 West Tejas pasaba por un período de depresión, por lo que los
residentes vivían, en la práctica totalidad, de los productos locales. En
realidad, fue una convención ya que la depresión acabó en 1941.

Hoy en día, viven de manera más próspera y comen los mismos


productos tóxicos que el resto de la nación. Así que no es una sorpresa que
hoy veamos por allí muchas bocas, no sólo destrozadas por la terrible
enfermedad de la fluorodosis, sino también muchas bocas con empastes,
fundas metálicas, coronas, aparatos ortopédicos, etc. ¿Ha dejado la gente de
beber aquella agua tan estupenda con fluoruro de cálcico? Sólo los dientes
manchados demuestran que no. Sin embargo, ¿qué ha pasado con estos
dientes malos?

Sí, ¿y qué pasa con el empeoramiento progresivo de los dientes de


todos los habitantes de todas las ciudades, ya esté o no fluorada el agua?

El fraude de la fluoración no tiene nada que ver con que los


compuestos de fluoruros sean o no buenos para nuestros dientes. Antes de
que los golosos estadounidenses empezaran a tragar fluoruro, las industrias
del aluminio y de productos químicos tenían importantes problemas de
destrucción con los compuestos de fluoruro, subproductos de sus industrias.
Era algo tan serio como los residuos atómicos.

Imagine la buena fortuna de estas industrias cuando descubrieron que


podían transformar esta responsabilidad en una ventaja muy lucrativa.
¿Cómo se sentiría usted si de repente descubriera que podría labrar una
fortuna a partir de sus aguas residuales? ¿Consideraría, aunque fuera por
un momento, sacarle beneficio convenciendo al populacho de que se tragara
sus aguas residuales? Esto es lo que estas industrias han hecho. Sólo que las
aguas residuales son maravillosas en comparación con sus desechos.

La industria azucarera, culpable de muchos de los casos de trastornos


dentales, también se apuntó al vagón de la fluoración. Pretendía que los
estadounidenses continuaran comiendo sus productos perniciosos,
asegurando que no pasaba nada si se tomaban con agua fluorada. Y así, los
fluoruros y el azúcar se hicieron compañeros inseparables.
Hoy en día, como resultado de esto, alrededor del 99% de los
estadounidenses están condenados a tener problemas dentales.

Si usted piensa que la fluoración es beneficiosa, fijémonos en la


situación de Saint Davis, Arizona. El agua contiene alrededor de 8
miligramos de fluoruro cálcico por litro. Desde la edad de 14 años, es difícil
encontrar una boca que no tenga prótesis, coronas, aparatos metálicos,
puentes, etc. Y recuerde que éste es el resultado del fluoruro cálcico, no del
fluoruro sódico, que es incluso más tóxico.

Si quiere creer que la fluoración es saludable, sólo tiene que ir a


Baltimore. El agua de esta ciudad se ha estado fluorando desde 1952. Los
dentistas continúan haciéndose de oro, como en cualquier otra parte. Los
dientes de las personas son peores que los del resto del país. Además, tienen
una salud débil, más cálculos renales, más cálculos en la vesícula biliar, más
riñones enfermos, más casos de cáncer, más problemas cardíacos.

Desde el punto de vista químico, el flúor es la sustancia no mineral más


activa. Es un gas altamente inestable y venenoso. Se puede combinar con
muchos minerales, pero tiene una especial afinidad hacia el calcio. En el
cuerpo humano, destruye las enzimas implicadas en la digestión y en la
asimilación. Se combina con el calcio y ello es causa directa de la
osteoporosis de los huesos y de los dientes.

El llamado efecto beneficioso del fluoruro no es, en realidad,


beneficioso. Se ha dicho que el endurecimiento de los dientes era una
ventaja. Esto es como decir que el tejido cicatrizado resultante de una
herida es mejor que el tejido original, suave y sano.

Cuando el cuerpo es atacado por un veneno, hace todo lo que puede


para defenderse y expulsarlo rápidamente. A menudo acumula la porquería
y crece un tejido protector alrededor, como ocurre en el caso de los tumores
y de los hongos.

Los dientes y los huesos dependen mucho de la combinación dañina de


los compuestos de fluoruro. El endurecimiento de los dientes y de los huesos
es una manera que tiene el cuerpo de reaccionar. Este endurecimiento se
llama osteoesclerosis. Bajo el ataque continuado del fluoruro, los dientes
perderán la batalla y se harán frágiles y, finalmente, de desmenuzarán
incluso con alimentos ordinarios. De esta manera es como tiene lugar la
osteoporosis de huesos y dientes.

En vista de los resultados desastrosos, es criminal atiborrarnos de


fluoruros y decir que son beneficiosos. ¿Desde cuándo es beneficioso un
veneno? Desde nunca, por supuesto.

No deberíamos beber agua, ya que una dieta natural debería contener


la cantidad suficiente de agua. Si tuviéramos que beber, aunque siguiéramos
una dieta natural y trabajáramos bajo condiciones en las que se pierden
cantidades anormales de agua, tendríamos que beber agua pura, sin ningún
agente contaminante de ningún tipo. Recuerde que el agua es necesaria.
Cualquier otra cosa que necesitemos, la obtendremos del aire, del sol o de
los alimentos sanos. El ser humano no está adaptado a ningún otro esquema
de sustento.

Confío en que haya comprobado que la fluoración no es más que un gol


comercial que nos han colado, no por mor de nuestra salud, sino por mor de
los beneficios económicos que aporta. Es una trampa y un fraude si nos
presentan esta práctica como un juego beneficioso.
¿"CURA" EL AGUA CUALQUIER COSA?

LA HIDROTERAPIA

Dr. Herbert M. Shelton

El médico Joel Shew introdujo en Estados Unidos la hidroterapia en


1844. Dicho médico había estado en Austria para estudiar la hidroterapia en
Priessnitz.

Muchos médicos habían perdido la fe en los medicamentos y estaban


sacándole partido a la hidroterapia como un medio de evitar el sistema de
medicamentos. Aunque adoptaron más o menos el higienismo en relación a
las prácticas de la cura mediante el empleo del agua, llamaron a su práctica
hidroterapia y se llamaron a sí mismos hidroterapeutas. Sólo hay que
considerar la hidroterapia como una puerta de salida, ya que muchos de los
médicos que se dedicaron a la hidroterapia pensaron que el agua era un
agente que podría utilizarse en total sustitución de todos los medicamentos.
En otras palabras, aseguraron que eran capaces de hacer con el agua
cualquier cosa que antes habían pretendido hacer con los fármacos. El Dr. A.
J. Compton escribió en el Journal en diciembre de 1858: «Algunos
hidroterapeutas utilizan el agua como si fuera un medicamento; sin
embargo, sólo están siguiendo el camino trazado por los farmacéuticos».

Houghton declaró que el agua era el mejor, el más seguro y el más


universal de «nuestros agentes curativos». En enero de 1854, el Dr.
Kittredge escribió en el Journal: «Sólo quiero decirles ─y sé lo que digo─ que
el agua y todo lo que conlleva sirve para curar todos los casos». En este
ejemplo, lo que Kittredge considera "lo que conlleva" el agua no eran más
que medios higiénicos. Fue tan grande la importancia, que algunos
hidroterapeutas afirmaron que el éxito se debía a unos hábitos correctos y
que el proceso hidroterapéutico no valía para nada. Lo normal fue que los
hidroterapeutas de pura cepa negaron esto, aunque concedieron gran
importancia a la adopción de unos hábitos correctos de vida. Si se hubieran
divulgado más en Estados Unidos los trabajos de Jennings y los resultados
que los Grahamitas obtuvieron antes de que se introdujera la hidroterapia
en Estados Unidos, se habría convencido de validez de esta posición incluso
a los más apasionados de la hidroterapia.

Por otra parte, había muchas instituciones hidroterapéuticas e


hidroterapeutas que no confiaban en la corrección del estilo de vida. R. B.
Gleason, quien, junto con su marido, dirigía uno de los establecimientos
hidroterapéuticos más importantes del país, dijo de los muchos especialistas
que visitó: «Para la mayoría de ellos, el agua es el remedio, el único que
emplean».
Había mucha polémica en aquel entonces entre los hidroterapeutas
acerca de la cuestión de qué tipo de agua, la blanda o la dura (cargada de
minerales), era la mejor para emplearla en las prácticas hidroterapéuticas.
Algunos defendieron el agua blanda, mientras que otros señalaron que los
minerales que contenía el agua dura tenían un gran poder curativo. El Dr.
Jackson reprobó a los hidroterapeutas que usaban el agua dura, alegando
que él no conocía a ninguno de ellos que no hubiera usado a la vez
medicamentos. Asimismo, indicó que prestaban muy poca atención a la
dieta, que alimentaban a sus pacientes con carne proveniente de los
establos. Por otra parte, aquéllos calificaron de «radicales» a los que
rechazaron los medicamentos.

Muy pocos hidroterapeutas se preocupaban del higienismo, tal y como


hacían los hombres de medicina de aquellos tiempos. Curaban a sus
pacientes con aplicaciones de agua sin necesidad de ninguna otra ayuda. Un
higienista se quejó de que a los hidroterapeutas les gustaba mucho intentar
efectuar los cambios necesarios en el organismo enfermo «regulando las
funciones del cuerpo», con aplicaciones calientes y frías, violando así la gran
propuesta de la naturaleza de que hay que eliminar las causas. Los
hidroterapeutas negaron que fuera suficiente con eliminar la causa de la
enfermedad y con aportar las condiciones de salud necesarias,
argumentando que las causas de la enfermedad habían producido
verdaderos efectos, de manera que había dolor y sufrimiento, una situación
mórbida que necesitaba de medidas activas curativas para superarla.

El Dr. Jackson, en su conversión a la hidroterapia, dijo que había visto


cómo un número de pacientes había recobrado la salud desde condiciones
aparentemente desesperanzadoras. Sin ningún medicamento, a los pocos
meses, los llamados incurables caminaban con bastante energía y
finalmente volvían a casa en un perfecto estado de salud. Ante la pregunta,
«¿Qué poder ha conseguido hacer esto?», respondió: «Naturalmente, podría
decir, ante el resquicio de luz que yo he visto, que el resultado se debe a
algún agente específico. Pegué un salto, como muchos lo han hecho desde
entonces, cuando estuve pensado sobre ello y llegué a la conclusión de que
todo se debía al agua. En otras palabras, lo comprendí tal y como lo hacen
muchas personas y como usted mismo lo hace al pensar en la eficacia de los
medicamentos».

De esta manera, Jackson repetía un error común muy antiguo: la


coincidencia errónea para establecer la causa. Todos los llamados medios
curativos se han establecido de la misma manera. Si se usa y el paciente se
cura, la curación se atribuye a su uso y siempre se ignora el poder de
curación del cuerpo. No hay ninguna razón más para pensar que el agua
usada con fines hidroterapéuticos devuelve la salud a los enfermos más que
los medicamentos.

Como el Dr. Tilden muy bien lo expresó: «Todas las curas cabalgan
hacia la gloria a la grupa de las crisis de
auto-limitación y de auto-curación».

Trall se quejó en una ocasión en un editorial de que «las personas


enfermas y las inválidas nos están continuamente escribiendo de todas
partes del país hablándonos de sus enfermedades y pidiéndonos que les
mandemos un remedio; que les digamos cómo usar el agua en cada caso
determinado; que les aconsejemos sobre el tipo de baño aplicable a cada
tipo de dolencia; que les informemos de la manera en la que hay que usar el
agua para aliviar una dolencia hepática, un reumatismo, una fiebre
intermitente o una parálisis. Ignoran o desconocen el hecho de que hay una
docena de remedios tan importantes como el agua en cada caso
mencionado».

Pero esto era justo lo que los defensores de la hidroterapia querían que
la gente creyera. Todos sus libros, artículos de revista e «informes» estaban
llenos de instrucciones para la aplicación del proceso terapéutico, con
escasa mención a otros «remedios curativos». El suyo era un remedio
mediante el empleo del agua y no se debería culpar a la gente por
entenderlo así. Trall cometió un error en aquel entonces al incluir la
hidroterapia entre los métodos del higienismo, y al considerarla como un
remedio. En el mejor de los casos, es un medio de paliación relativamente
inofensivo; cuando se aplica de manera represiva, puede llegar a tener
efectos desastrosos.

Trall añadió que algunos hidroterapeutas y seguidores de esta práctica


llegaron a sus conclusiones «a partir de las ideas de las escuelas y los libros
alopáticos» en lugar partir de «la verdad y la naturaleza». Dijo que éstos
«intentan sustituir el agua por los medicamentos. Reconocen que las
propiedades residen en los calomelanos y en el agua ─en todas las cosas,
excepto en la constitución humana─ y prefieren únicamente el agua para
estar así más seguros. Parece que creen que los medicamentos tienen
muchas propiedades, pero que de alguna manera son difíciles de manejar».

Trall escribió un editorial en agosto de 1861 en el que decía: «El agua


no tiene ningún tipo de poder para curar ninguna enfermedad. La
naturaleza es el principal remedio». Se había dado cuenta de que la
hidroterapia era un sistema de paliación o, en otras palabras, de supresión
de los síntomas. Afirmó que cuando se reducía la fiebre con aplicaciones
frías o calientes, «se moría o se curaba» siguiendo el principio de inducir
acciones vitales en otra dirección. Si la fiebre era un mal, la reducción de
esta acción vital podía ser un beneficio; pero si la fiebre era parte de un
proceso curativo, la redirección consistía en la supresión del esfuerzo
curativo.

Fue tan grande la crítica que Trall hizo de la hidroterapia que fue
acusado de intentar destruirla. En un editorial del ejemplar del Journal de
agosto de 1858 respondió a la acusación de un hidroterapeuta de que «casi
había arruinado la hidroterapia». Dijo : «Lo hemos intentado con todas
nuestras fuerzas». Esto nos indica que se había alejado mucho desde los
tiempos en los que empezara a aplicar la hidroterapia.

Precisamente en este punto vamos a cerrar nuestra historia de la


hidroterapia o hidriatría. En lugar de ser un movimiento revolucionario,
resultó ser un simple movimiento de reforma; en lugar de proponer cambios
radicales en los modos de vida, sólo intentó que los medicamentos fueran
sustituidos por el agua, en forma de baños, de aplicaciones frías y calientes,
de lavativas, duchas, paños mojados, compresas de agua, sábanas que
gotean, etc. Dichos tratamientos no tienen cabida legítima en el sistema del
higienismo.
EL BAÑO

William L. Esser

A lo largo de toda la Edad Media, el cuerpo humano pasó por un


período sin baños. El cuerpo desnudo era considerado pecado y, como
resultado, la causa de la limpieza sufrió mucho. Bañarse, si acaso se hacía,
era un asunto reservado que hacían los cuidadosos y los que pertenecían a
familias ricas.
Los médicos alertaron, de manera amenazadora, contra la limpieza del
cuerpo con agua, ya que era una manera rápida de morir. Fueron muchos
los casos de personas que vivieron sin lavarse en toda su vida más que la
cara, las manos y los pies.

Actualmente, se ha mejorado mucho la situación en las comunidades


más modernas.

Son pocos los que no se bañan al menos una vez a la semana, pero son
muchos los que abrigan la superstición de que lavarse el pelo es un modo
seguro de pillar un resfriado, por lo que se lo lavan una vez al mes, cada
medio año, o nunca y simplemente se frotan el cuero cabelludo con grasa o
con alguna loción de las que se anuncian.

En el otro extremo, se encuentran los que se bañan hasta tres y cuatro


veces al día.

El baño tiene que ser rápido y simple, no un eterno proceso de


restregarse y frotarse. La temperatura del agua debe ser tibia.
Temperaturas extremas de calor o de frío causan debilitación. Las fuerzas
vitales estabilizantes del organismo se ponen en marcha para mantener una
temperatura regular a toda costa y evitar, así, una alteración. La capacidad
de adaptación es increíble, ya que los hombres pueden estar expuestos a un
calor seco y a temperaturas de hasta 125 grados sin que la temperatura del
cuerpo aumente por encima de lo normal. Asimismo, bajo temperaturas
extremas, dos o tres grados bajo cero, la temperatura corporal se mantiene
estable.

A pesar de esta gran capacidad de adaptación, el cuerpo sufre graves


alteraciones ante tales exposiciones. A pequeña escala, el organismo sufre
una pérdida comparativa de energía cada vez que se le somete a un baño o
ducha demasiado fría o demasiado caliente. Los culturistas y muchos
defensores de la escuela hidroterapéutica no dudarán en mostrar su
desacuerdo con esto, aunque un estudio más profundo demuestre que dicha
afirmación es cierta. El calor del cuerpo puede mantenerse
aproximadamente en 36 grados para un funcionamiento normal de los
procesos vitales. Si al meternos en la ducha, el agua está a 4,4 grados, el
cuerpo tendrá que hacer un gran reajuste. Lo mismo ocurrirá con los baños
muy calientes.

La sensación de estimulación es un signo activo de que se está


gastando energía. En los individuos jóvenes y fuertes, esta sensación no va
seguida de ninguna manifestación desagradable; pero, en el caso de los
mayores y de los que tienen menos fuerza todo es distinto, puesto que
siempre aparecen síntomas relacionados con la debilidad, cansancio,
somnolencia, temblores y otros síntomas de debilitación. Las reacciones se
parecen en muchos aspectos a las que aparecen tras la ingestión de bebidas
alcohólicas.

La finalidad del baño debe ser exclusivamente la limpieza del cuerpo.


Un excesivo olor del cuerpo es síntoma de una circulación sanguínea
cargada de toxinas. Los que no tengan ocupaciones como la minería o el
trabajo en molinos o los que no vivan en zonas llenas de humo no
necesitarán jabón, o muy poco. La mayoría de los jabones se hace con
sustancias alcalinas y, por ello, habría que evitarlos. Una ablución diaria es
suficiente para que esté limpio el cuerpo sin usar jabón. Cuando sea
necesario, se podrá usar champú para el pelo, que habrá que lavarlo tan a
menudo como el cuerpo. El cuerpo acumula mucha más suciedad y habrá
que lavarlo con agua templada (nunca caliente).

Nadar es un ejercicio excelente, pero es una tontería nadar en un agua


que esté muy fría o en piscinas en las que se use una gran cantidad de
sustancias químicas.
EL AGUA QUE USTED UTILIZA

Dr. Hereward Carrington

Probablemente usted no se haya dado cuenta de que alrededor de 3/4


partes de su cuerpo están compuestas sólo de agua. La sangre y el cerebro
tienen alrededor de 4/5 partes compuestas de agua, mientras que las
secreciones y excreciones líquidas contienen más de 9/10 partes de su peso
en agua.

El agua está constantemente saliendo del cuerpo en forma de orina,


perspiración, etc., mientras que las heces y la respiración también contienen
un gran porcentaje de ésta. Por lo tanto, resulta evidente que hay que
reponer constantemente el agua que se pierde. Esto sólo se puede hacer al
beber y al comer, ya que la cantidad que se absorbe por la piel o a través de
los pulmones es insignificante en su conjunto en comparación con la
cantidad que el cuerpo necesita.

Todos los alimentos contienen una cantidad, mayor o menor, de agua,


desde el 2% de algunos frutos secos hasta el 90% de algunos alimentos tales
como los espárragos, el apio, los pepinos, la lechuga, los melones, los
tomates, etc. Las frutas contienen una gran cantidad de agua, por lo que se
ha sostenido muchas veces la postura de que las personas que siguen
exclusivamente, o casi exclusivamente, una dieta de frutas necesita muy
poca agua, o ninguna, además de la que le aportan los alimentos. Sin
embargo, esta cuestión no nos concierne en estos momentos.

Cuando consumimos una dieta «mixta» normal ─compuesta


simplemente de alimentos «secos»─, necesitamos aportar una cantidad
adicional de líquidos, para conservar el cuerpo en un estado de salud. La
cantidad dependerá en parte de la naturaleza de la dieta y en parte de la
condición corporal del individuo.

Perdemos al día una media de un litro sólo en la perspiración, por no


hablar de lo que se pierde a través de la orina, de las heces, de los
pulmones, etc. El agua es necesaria para disolver las impurezas, facilitar el
funcionamiento, limpiar el sistema y transportar los residuos a los distintos
órganos excretorios para que así sean eliminadas.
El agua es muy beneficiosa para los enfermos

Si beber agua es muy importante mientras el sistema está «sano»,


¿cuánto más lo será en caso de enfermedad y, sobre todo, de enfermedad
aguda ─cuando todo el funcionamiento se retrase de manera anormal y los
desechos se transporten a los órganos excretorios con mayor rapidez de la
que estos órganos tardan en eliminarlos? En tales circunstancias, beber
agua es lo más importante. En todas las enfermedades graves, la
administración rápida de agua, interna y externamente, salva, sin duda,
más vidas que cualquier otra medida que se adopte.

Los médicos y los estudiantes del higienismo están reconociendo cada


vez más la importancia de beber más agua de la que tomamos en la
actualidad, hecho que además se convierte en una necesidad vital en caso
de enfermedades graves. Con raras excepciones, los escritores modernos
que tratan estos temas están de acuerdo al afirmar que «menos alimentos y
más agua» sería más beneficioso para toda la humanidad. Se sabe que una
de las enfermedades más extendidas y más dañinas, el estreñimiento, se
debe en gran medida a que se bebe una cantidad insuficiente de agua. Casi
todos los casos de este terrible desorden (la bestia negra de las sociedades
modernas) se aliviarían si se aumentara la cantidad de agua ingerida así
como si se cambiaran los hábitos alimenticios.

En seguida, aparecen tres cuestiones importantes en relación con este


tema del agua: ¿qué clase de agua es la mejor?, ¿en qué cantidad? y
¿cuándo? En otras palabras, las cuestiones de calidad, cantidad y
periodicidad.

CALIDAD

La respuesta se puede dar en cuatro palabras: ¡cuanto más pura,


mejor! Pero, en términos absolutos, el agua pura no existe en la naturaleza.
La más pura es el agua de la lluvia que se recoge en recipientes limpios,
aunque ésta también está contaminada, ya que al pasar por el aire absorbe
impurezas, gases nocivos, etc.

Los filtros son un gran timo. Separan las impurezas mecánicas del
líquido, pero no pueden tocar los minúsculos organismos (la «vida»), ya que
se encuentran disueltos en el agua. Hervir el agua matará, por lo general,
los microorganismos (aunque esto es muy dudoso), pero seguro que no
eliminará las sustancias orgánicas (ahora muertas) del agua, ¡por lo que se
quedarán ahí! Además, el proceso tiene otros inconvenientes.

El agua que contienen las frutas y las verduras


es completamente pura

La única agua verdaderamente pura es el agua destilada; es decir, el


agua que se ha evaporado, dejando atrás las sustancias sólidas, y que se ha
reconvertido de nuevo en agua, al hacer pasar el vapor por un recipiente
más frío. Este proceso no comporta grandes inconvenientes (aunque se
afirma que varios gases, que antes estaban en solución, pasan por el vapor);
en todo caso, es el mejor método conocido para obtener un agua libre de
todas las impurezas químicas, mecánicas y orgánicas. De todas maneras,
habría que mencionar que el agua contenida en frutas y verduras y otros
compuestos orgánicos es completamente pura.

El agua mineralizada es nociva

Hoy en día, se puede sobrevalorar la importancia del agua pura. Como


diluyente, es más eficaz que el agua que contiene en solución cualquier
sustancia mineral o de otro tipo. Hay que desaprobar la ingestión de agua
que contiene grandes cantidades de distintas sales, gases, sustancias
minerales, etc., en solución, tal y como se hace en Saratoga, Carlsbad, etc.,
bajo prescripción facultativa. Todas estas sustancias son nocivas para el
organismo vivo. El Dr. Trall dice al respecto:

«El agua mineral artificial, así como los compuestos salinos, alcalinos,
ferruginosos, sulfurosos de los "manantiales médicos" son bebidas
perniciosas para los enfermos y para los sanos. Los venenos que contienen
no son mejor, ni tienen un efecto diferente a los venenos que se compran en
las farmacias. Se puede tachar de complacientes con los prejuicios
populares a aquellos médicos que permiten a sus pacientes que la tomen;
pero recomendarla es algo completamente distinto y demuestra un extraño
desconocimiento de la salud, o quizá un motivo peor.

»Todos los manantiales medicinales y minerales, desde Saratoga hasta


White Sulphur y desde Cheltenham hasta Vichy, son sólo modificaciones de
los océanos, las grandes reservas de las impurezas que el agua puede
disolver. Nadie puede pensar en beberlas cuando esté sano, ni siquiera
enjuagar en ella los alimentos. Sin embargo, cuando se está enfermo,
¡enseguida se toma! ¡Cuanto más ingredientes calcáreos, salinos, alcalinos y
minerales contenga, mejor! ¡Así son las modas!»

Como el Dr. James C. Jackson muy bien señaló: «Todas las mujeres
saben que no pueden 'lavar' la ropa en agua dura. Por lo tanto, tiene que ser
menos factible lavar la sangre en ella».

El cuerpo no puede aprovechar los minerales inorgánicos

Al considerar esta cuestión del valor del agua que contiene sales
minerales en solución, simplemente nos tenemos que hacer la siguiente
pregunta: ¿Aprovecha el sistema las sales minerales y los gases contenidos
en dicha agua? O bien pueden ser utilizados como alimentos (en cuyo caso,
tendrán que tener lugar cambios químicos que alteren la naturaleza y la
composición de las sales contenidas en solución), o bien no pueden ser
aprovechados (en cuyo caso tendrán que atravesar todo el sistema en su
condición mineral, implicando una considerable pérdida de energía en su
eliminación, y atascando todo el sistema con desechos). Éstos actuarán, de
hecho, como lo haría cualquier veneno o sal mineral tomada en otra forma.

Debido a que no pueden ser de ninguna manera beneficiosos, tienen


que ser nocivos por fuerza; y las «curas» realizadas de manera ineficaz en
distintos centros se llevan a cabo, sin duda alguna, a pesar del agua mineral
nociva que se bebe, y a causa de una mejora de los hábitos alimenticios y de
otras normas higiénicas que los pacientes adoptan durante el período del
tratamiento. Como el Dr. Rausse dice:

«Si, durante una cura en la que se emplea agua mineral de algún


manantial, tiene lugar una recuperación temporal, ésta no se deberá a los
minerales del agua, sino al agua en sí, al ejercicio realizado al aire libre y a
un estilo de vida correcto y sano».

El agua mineral acarrea problemas

No se sabe hasta qué punto sirve beber sólo agua mineral. Por su
parte, el doctor Arany admite que la dieta es una característica muy
importante en la cura en Carlsbad. Si no fuera tan trágico, sería muy
divertido saber que los pacientes que visitaron los manantiales minerales y
se «curaron» gracias a ellos necesitaron una «cura posterior» ─¡una cura
para curar la cura! En las páginas 86-90 del British-American Guide to
Carlsbad (Guía anglo-americana de Carlsbad) se indican una serie de
lugares a los que habría que ir después de la cura.

Si se bebiera la misma cantidad de agua pura que la que eliminamos de


agua mineral, se conseguirían sin lugar a dudas mejores resultados. Y, para
corroborar esto, puedo afirmar que:

«Merece la pena señalar que, en algunos lugares en los que se dice que el
agua hace verdaderos 'milagros' (como, por ejemplo, en Malvern), el agua
que se usa se caracteriza por su gran pureza y por carecer casi por
completo de ingredientes minerales».

Por el contrario, los efectos directos y nocivos del agua que contiene
cal u otras sales en solución se demuestran en el siguiente extracto que cito:

«La sustancia calcárea sólida que, debido a una acumulación gradual en el


cuerpo, desemboca en una osificación, rigidez, decrepitud y muerte, es
principalmente fosfato cálcico, o sustancia ósea; carbonato cálcico, o tiza
común, y sulfato cálcico o yeso de París, a veces con magnesio y otras
sustancias calcáreas.

»Hemos visto que los procesos de consolidación comienzan en épocas muy


tempranas y que continúan sin interrupción hasta que el cuerpo cambia de
un estado comparativamente fluido, elástico y vigoroso a una situación de
solidez, tosquedad, rigidez e inactividad, que desemboca en la muerte. La
infancia, la niñez, la juventud, la madurez, la vejez y la decrepitud son sólo
diferentes estados del cuerpo o etapas del proceso de osificación. La única
diferencia en el cuerpo entre la vejez y la juventud es la mayor densidad,
dureza y rigidez y la mayor proporción de materia calcárea que entra a
formar parte de la composición.»

Los minerales inorgánicos producen osificación,


senilismo y la muerte

De nuevo surge la pregunta: ¿cuál es el origen de la materia calcárea


que se acumula en el sistema? Parece que hay que tener en cuenta el
axioma de que todas las sustancias sólidas del cuerpo crecen y se renuevan
a partir de la sangre. Si esto es así, cualquier cosa que contengan estas
sustancias sólidas provendrá de la sangre. Dichas sustancias contienen
fosfatos y carbonato cálcico, que son, por lo tanto, derivados de la sangre, y
en los que, como ya se ha demostrado, se encuentran estas sustancias en
mayor o en menor medida. La sangre se renueva a partir del quilo, que se
encuentra siempre en los análisis. El quilo se renueva a partir del quimo, y
en último término a partir de los alimentos y de las bebidas. Por lo tanto, lo
que comemos y lo que bebemos, que nutre el sistema, tiene que ser a la vez
el origen principal de la materia calcárea que entra a formar parte de la
composición del quimo, del quilo y de la sangre. es depositado en todos los
tejidos, membranas, vasos sanguíneos y en las partes sólidas del cuerpo,
produciendo envejecimiento, decrepitud y la muerte natural.

«La sal de mesa común, que se usa en la preparación de casi todos los
tipos de comidas, contiene una gran cantidad de materia calcárea y produce
un gran perjuicio para el cuerpo».

Una aclaración sobre el consumo de sal

No puedo extenderme aquí sobre la cuestión del consumo de sal, pero


tampoco puedo evitar ofrecer una o dos consideraciones sobre esta práctica
tan dañina. La sal nunca es necesaria, bajo ninguna circunstancia, para el
organismo humano; además, es dañina en proporción a la cantidad que se
consuma. Los fisiólogos nunca han dado ninguna razón por la que debamos
tomar sal, o por la que el cloruro sódico (sal común) sea necesario en la
forma inorgánica en la que se toma.
No es más necesario que el calcio, la potasa, el hierro, el azufre, el
fósforo o cualquier otro elemento mineral. No obstante, todos ellos,
incluyendo la sal común, son necesarios para nuestro estado de salud y se
toman en su forma orgánica y aprovechable a través de todo tipo de
verduras y frutas. El simple hecho de que la sal sea una sustancia mineral y,
como tal, totalmente inútil para el organismo, es una prueba positiva de que
ni que se necesita ni si puede utilizar en esa forma. Tendrá el mismo efecto
sobre el organismo que si se rociaran limaduras de hierro sobre los
alimentos; sin embargo, como ocurre con las limaduras de hierro, atascan el
sistema y, finalmente, acortan la vida. No experimentan ningún tipo de
cambio en el cuerpo y no sirven para nada, tal y como ya se ha dicho.

«El agua de los manantiales contiene una cantidad horrible de


ingredientes calcáreos. Es verdad que esto varía mucho según las distintas
zonas, pero se ha calculado que el agua de una calidad media contiene tanto
carbonato y otros compuestos calcáreos que si una persona bebiera una
cantidad media cada día, pasados cuarenta años, habría tomado tanta como
para formar un pilar de tiza sólida o de mármol del tamaño de una persona.
Es tan grande la cantidad de cal contenida en el agua de los manantiales
que sólo la cantidad que se toma a diario sería suficiente para obstruir el
sistema, así como para provocar decrepitud y la muerte mucho antes de que
llegásemos a cumplir los veinte años, si los riñones y otros órganos
excretores los eliminaran en grandes cantidades. Sin embargo, estos
órganos eliminan sólo una parte de estas sustancias; por ejemplo, si
suponemos que tomamos diez partes al día, se eliminarán ocho o nueve, y
una o dos quedarán perdidas en algún lugar del cuerpo. El proceso continúa
así día tras día, año tras año y la materia sólida se seguiría acumulando
hasta que la actividad y la flexibilidad del niño se pierden y se acaba en la
débil rigidez de lo que entonces se llama (de manera errónea) 'vejez'.

»Podemos ver un ejemplo casero, de la descomposición y la incrustación


del agua, en una tetera o en una caldera de vapor. Cualquier ama de casa
sabe que un recipiente que se usa constantemente «se cubre de sarro» o de
cal por el fondo y los laterales. Se sabe que en un período de doce meses
pueden acumularse entre 250 y 300 gramos de esta sustancia. El lector no
debe dejarse llevar por la idea de que si se encuentra esto en la tetera, el
agua, después de hervir, estará libre de cal. Es cierto que al hervir el agua
se produce un poco de carbonato cálcico, pero queda la mayor parte del
sedimento (el resto se va con el vapor). Esto se puede demostrar fácilmente
con sólo probar el agua antes y después de hervirla. Se descubrirá que
siempre contiene algunas partículas, por mucho tiempo que se tenga
hirviendo el agua. El filtro tampoco sirve aquí para nada, ya que sólo elimina
lo que puede estar flotando o que puede estar mezclado de manera
mecánica en el agua, mientras que la materia calcárea de la que
hablábamos está en solución. De esta manera, por muy limpia y
transparente que parezca el agua de los manantiales, siempre contendrá
una cantidad considerable de sustancias sólidas y, por lo tanto, será
inadecuada o, por lo menos, no la mejor, para el uso interno. La destilación
es el único medio por el cual se puede conseguir un agua pura y adecuada
para el consumo».
CANTIDAD

La cantidad de agua que hay que tomar al día depende, tanto si se está
sano como si se está enfermo, de muchas circunstancias diversas ─la
naturaleza de la dieta, la temperatura de la atmósfera, la cantidad de
«sequedad» o de humedad, la cantidad de ejercicio que se realice, la
situación del organismo─. Si la dieta está compuesta principalmente de
frutas o de otras sustancias que contengan un gran porcentaje de agua, es
obvio que se necesitará beber menos que si los alimentos fueran de tipo
seco. En las estaciones cálidas, todos bebemos mucha más agua que en las
frías, debido a la gran pérdida que se ocasiona a través de la perspiración; el
mismo efecto resulta a causa de un ejercicio fuerte. La humedad atmosférica
o la sequedad afectan a la sed de manera indirecta debido al efecto que
tiene sobre la evaporación corporal. Pero en todas las enfermedades,
cualquiera que sea su origen, se debería tomar agua en las cantidades que
se quisieran. De hecho, deberíamos alentar el deseo por ella de cualquier
manera, y no hay ninguna enfermedad en la que el agua pura no sea
beneficiosa ─suponiendo que la dieta esté suficientemente restringida─.

El temor a beber agua es una de esas extrañas supersticiones que han


enviado, sin duda alguna, a miles de enfermos desafortunados o engañados
a un estado más grave. Sin lugar a dudas, cualquiera puede beber el agua
que quiera, sobre todo si está a una baja temperatura. Siempre habría que
determinar la cantidad de agua que se tiene que beber en función del grado
de sed, y una persona normal no debería desear más de lo que es bueno
para ella.

También hay que entender que yo no estoy defendiendo la práctica de


beber grandes cantidades de agua en cualquier momento del día; de
«encharcar el estómago», como afirmara un autor.

Sin embargo, nos queda todavía una cuestión pendiente: la cantidad de


agua que hay que beber, ya que debe ser posible determinar una cantidad
aproximada.

Por lo que se refiere a esta cuestión, las opiniones son de lo más


variadas. Pero, sin entrar en detalles, en los pros y los contras, se puede
afirmar, de manera aproximada, que, en condiciones normales y ordinarias,
se necesitan entre un litro y medio y dos litros de agua al día. Toda esta
cantidad de agua se obtendrá a través de los alimentos si seguimos una
dieta correcta. Si se reduce de manera gradual y prolongada la cantidad
mínima que se necesita, se acabará desarrollando alguna enfermedad grave
o crónica.

PERIODICIDAD

Llegamos ahora a la cuestión de cuándo se debería beber agua. Como


norma, diremos que nunca se debe beber en las comidas, y que es mejor
dejar pasar por lo menos una hora después de la comida antes de beber.
Cuando bebemos durante la comida, mojamos los alimentos de manera
artificial, dificultando así el proceso normal que lleva a cabo la saliva y otros
jugos digestivos. Asimismo, diluimos los diferentes jugos hasta cantidades
anormales. Y, en tercer lugar, limpia los alimentos a través del estómago y
los intestinos antes de haberse licuado y digerido.

Los efectos que todo esto produce sobre el estado de salud del
organismo sólo pueden ser descritos como horribles.

En cualquier otro momento del día y de la noche, se puede beber agua


con una mayor o menor libertad, siempre y cuando la cantidad sea la que
dicte la sed.
LAS PROPIEDADES SALUDABLES DEL AGUA DESTILADA

Dr. R. W. Bernard

El agua es otra fuente de impurezas inorgánicas en la sangre, sobre


todo el agua de las ciudades, que ha sido tratada con cloro, con flúor y que
ha sido «purificada» añadiéndole compuestos alumínicos. En el agua,
incluida la de los manantiales y la de los pozos, hay minerales inorgánicos
que el cuerpo no puede aprovechar y que son más o menos dañinos. El agua
más pura es la que no tiene minerales, ni sustancias químicas ni metálicas,
es decir, el agua destilada. Lo mejor es destilar cada uno su propia agua en
casa con un aparato de destilación.

Para destilar el agua, primero hay que calentar el agua hasta que se
transforme en vapor, puesto que así se quedan en el recipiente todas la
impurezas orgánicas e inorgánicas. A continuación se enfría y se condensa,
transformándose en agua destilada pura. Todas las materias sólidas se
quedan en los restos, y el resultado es sólo agua pura, compuesta de
hidrógeno y de oxígeno.

Muchos de los que se oponen al consumo del agua destilada afirman


que es un agua «mortal» y que el proceso de destilación ha acabado con los
elementos vivos del agua. Para refutar esta opinión, tendríamos que señalar
que los minerales que se encuentran en el agua ordinaria (en los
manantiales, en los pozos y en los grifos de las ciudades) son inorgánicos.
Dicha agua no contiene más vida que el agua mineral que compone el suelo,
cuando se encuentra en solución. Con los minerales del agua de los
manantiales ocurre lo mismo que con los minerales del suelo, ya que al ser
inorgánicos, no pueden ser asimilados por el cuerpo y, en caso de ser
ingeridos, pueden resultar dañinos.

Primero es necesario que la planta, a través de la raíz, absorba estos


minerales y los transforme en minerales o compuestos orgánicos. Ésta es la
única manera en la que el cuerpo puede aprovecharlos. De otra manera, uno
podría disolver cierta cantidad de tierra en un vaso y beberse el líquido
resultante y así creer que uno está tomando minerales importantes. La idea
de obtener minerales bebiendo el agua de los manantiales es irracional. Los
minerales de este tipo de agua sólo representan una solución más diluida
que la de los minerales del suelo, disueltos directamente o depositados por
la lluvia, después de que hayan pasado a través de la tierra.

El agua de los manantiales no contiene ningún tipo de «vida», excepto


gérmenes ─los microorganismos que la inundan─. Aunque al hervir el agua
se están matando los gérmenes, no se eliminan los «cadáveres» de éstos.
El agua hervida contiene los cuerpos descompuestos de millones de
gérmenes muertos. La única manera de librarse de ellos es a través de la
destilación del agua. Los productos finales de la descomposición de las
bacterias y gérmenes muertos, así como sus cuerpos, producen indol,
escatol, purinas y otras sustancias venenosas.

Mientras que el agua de los manantiales y pozos, debido a los


minerales orgánicos que contiene, tiene sus más y sus menos, el agua
tratada con cloro de las ciudades es mucho peor. El cloro fue el gas
venenoso que se usó durante la primera Guerra Mundial. Algunas
autoridades dicen que el vapor que se escapa de los radiadores que
funcionan con agua con cloro provoca enfermedades en el hombre y mata
las plantas que se encuentren en la habitación en donde esté instalado el
aparato.

En las ciudades en las que el agua haya sido tratada con flúor, ésta
contiene pequeñas cantidades de fluoruro sódico, un veneno para ratas, que,
aunque no produce un efecto dañino inmediato, puede producir una acción
acumulativa gradual, cuyos efectos están aún por determinar.

Todas las grandes ciudades añaden productos químicos a los


suministros de agua para «purificarla», sobre todo alumbre. Todas estas
sustancias químicas están presentes en el agua cuando la bebemos. El Dr.
Holder afirma que el aluminio contenido en el agua, debido a su acción
acumulativa, puede contribuir a la aparición del cáncer.

Pero incluso el agua de los manantiales, sin sustancias químicas


añadidas, es dañina, debido a la cal y a otros minerales inorgánicos. La
diferencia entre la juventud y la vejez no es más que una diferencia en la
cantidad de sustancias minerales calcáreas que han sido depositadas en los
tejidos del cuerpo, haciéndolos tensos y rígidos. La acumulación gradual y
continua de estas sustancias inorgánicas en el cuerpo causa senilismo.
Según el Dr. Robatham, el agua de los manantiales contiene tanta cantidad
de carbono y de sulfato cálcico que una persona que beba una cantidad
media al día, en cuarenta años, se habrá metido en el cuerpo tanta como
para convertirse en una estatua de tamaño real, por lo menos si no se
elimina la mayor parte de dicha cantidad. Sin embargo, una parte se va
quedando en el cuerpo, provocando el endurecimiento de las arterias y el
anquilosamiento de los tejidos y las articulaciones, a pesar del trabajo
continuo de eliminación que llevan a cabo los riñones y la piel.
El Dr. de la Torre escribe:

«¿Se ha fijado alguna vez en la capa de minerales endurecidos que se


depositan en el fondo de su tetera, causada por la deposición e incrustación
de las sustancias minerales que quedan cuando se ha hervido y evaporado el
agua? Ahí tiene un buen ejemplo de lo que ocurre en su organismo cada día
de su vida cuando bebe agua dura. El agua se satura con minerales en
solución hasta cierto punto. Más allá de dicho punto, los minerales añadidos
de más se precipitarán, es decir, se depositarán en el fondo del recipiente.
Cuando hervimos agua, la mayor parte de ella se evapora. Por lo tanto, parte
de los minerales en solución se precipitarán al fondo del cazo o de la tetera
que estemos usando.

»Lo mismo ocurre en nuestro cuerpo. El calor del cuerpo evapora, de


manera lenta pero continua, parte del agua del cuerpo. Una determinada
cantidad de materia sólida se va consolidando y depositando en los tejidos, a
menos que tengamos un potente sistema excretorio y a menos que la
cantidad de sustancias minerales que tomamos esté por debajo de la
cantidad que podamos eliminar.

»Para concluir, déjeme decirle una cosa más. Si pone agua destilada en su
vieja tetera, se dará cuenta de que gradualmente el agua destilada pura,
debido a que tiene una fuerte afinidad hacia los minerales, comienza a
disolver los depósitos calcáreos incrustados en el fondo y en los laterales de
la tetera. Y si cambia el agua cada vez que se sature con los minerales
calcáreos, será sólo cuestión de tiempo que los minerales incrustados se
disuelvan.

»Lo mismo ocurrirá en su cuerpo. Cuando bebemos agua y aportamos


métodos naturales de eliminación, lentamente se empezarán a disolver y a
eliminar los antiguos depósitos que habían endurecido las arterias, músculos
y articulaciones, que habían provocado arteriosclerosis, reumatismo, artritis
y cálculos renales y en la vesícula biliar. De esta manera, se empezará a
superar la causa de vejez prematura y de enfermedades, sobre todo si, junto
al uso del agua destilada, adoptamos una dieta de alimentos naturales. Se
llevará a cabo un proceso purificador gracias al ayuno y a la aplicación del
higienismo.
»Usemos únicamente agua destilada en vez del agua dura y de la tratada
con cloro (en el caso de que tengamos que usar agua)».

Otra causa de los depósitos y del endurecimiento de los tejidos, que


conducen a distintas enfermedades y al senilismo prematuro, es el depósito
de urato en el interior del organismo. Los uratos son sales de ácido úrico. Se
producen por el consumo de algunos alimentos, como las carnes, de ave y de
pescado, que introducen el ácido úrico en el cuerpo.

La infiltración urática es una forma de petrificación de algunos tejidos,


debido a la formación de depósitos de uratos sódicos, junto con algunos
carbonatos y fosfatos. Los uratos se hallan normalmente en la orina, pero en
condiciones patológicas se depositan en los cartílagos, en los ligamentos y
en las membranas articulares. Los uratos se depositan en la vesícula biliar
en forma de piedras o cálculos uráticos. Se pueden asentar en las manos y
provocar así la petrificación de las articulaciones de los dedos, aunque
normalmente se asientan en los pies, sobre todo en el dedo gordo. Este tipo
de degeneración es la causa de enfermedades como la gota, el reumatismo y
la artritis. Los urates también pueden depositarse en el endocardio (la
membrana que recubre el interior del corazón), en las arterias y en los
riñones.

Los cálculos uráticos son sales formadas a partir de la combinación de


ácido úrico con sodio, magnesio y calcio, que se encuentran con
determinadas cantidades de cloruro sódico, carbonato y fosfato cálcico y
ácido hipúrico. La sangre pierde soda y calcio con el fin de neutralizar el
ácido úrico.

Estos depósitos puede redisolverse de la misma manera en la que se


precipitan de la sangre. El primer paso que hay que dar es evitar que se
formen más, suspendiendo el consumo de carne. El siguiente paso es tomar
medidas para disolver y eliminar los depósitos de ácido úrico, los cuales,
según el Dr. Cajal, se disuelven si se tratan con ácidos. De esta manera, se
transformarán primero en cristales y así se podrán eliminar a través de los
riñones. La mejor manera de hacer esto es con una dieta especial de frutas
ácidas y con el consumo de agua destilada. Ambos procedimientos ayudan a
disolver y eliminar los depósitos uráticos de las arterias y de otras partes del
cuerpo.
ALGUNOS HECHOS FUNDAMENTALES ACERCA DEL AGUA

Dr. Otto Carque

El agua es una de las sustancias más características del planeta. Puede


aparecer en estado sólido, líquido y gaseoso.

Se ha adoptado como unidad de medida de la gravedad específica de


todas las demás sustancias. Desempeña un papel importante en la
circulación de los elementos por la superficie de la tierra. Desde los océanos
y lagos, campos y bosques, se eleva una corriente continua de agua en
forma de vapor en dirección a la atmósfera, para que luego se recondense
en las regiones más frías y se precipite en forma de lluvia o nieve. 3/4 partes
de estas precipitaciones van directamente a los océanos, pero el resto cae
sobre la tierra, se recoge en ríos y lagos o penetra a través del suelo, quizá
para que vuelva a salir a la superficie a través de manantiales o pozos.
Cuando el agua cae a la tierra en forma de lluvia, absorbe dióxido de
carbono, amoníaco y, si hay, otros gases solubles, y limpia la atmósfera de
partículas de polvo y de impurezas. Por lo tanto, esta agua meteórica (lluvia
o nieve), aunque casi no contiene sustancias minerales disueltas, no es pura
en absoluto, excepto en las grandes altitudes y por debajo de la línea del
hielo perpetuo.

Entre el 25% y el 40% de las precipitaciones anuales en las zonas


templadas se filtra a través del suelo y pasa a capas arcillosas o
impermeables, o a la superficie de las rocas. A través de las grietas, de las
juntas rotas o de los depósitos de agua glacial llega a las capas friáticas.
Desde aquí, puede fluir a lo largo de las laderas durante kilómetros, hasta
que encuentre la forma de volver a la superficie, ya sea desde el fondo de un
lago, el lecho de un río, la falda de una colina o de una montaña, o desde un
pozo. Al reaparecer como agua de un manantial, está libre de sustancias
orgánicas, pero a menudo es rica en gases y en minerales. La dureza de la
mayoría de las aguas de los manantiales se debe principalmente a que
contienen bicarbonato cálcico, el cual se forma a partir de la acción del
ácido carbónico al caer el agua de la lluvia sobre materiales calcáreos.

Se puede obtener agua absolutamente pura mediante repetidos


procesos de destilación de agua más o menos pura en recipientes de plata.
Aunque se almacene el agua destilada en porcelana o en vidrio, poco a poco
va absorbiendo pequeñas cantidades de silicatos, de los que están hechos
los recipientes. El agua más pura que podemos obtener en la naturaleza es
el agua de la lluvia que cae en las altas montañas, o en el campo después de
varias horas de fuertes precipitaciones.
Sin embargo, incluso el agua de la lluvia contiene algunas diminutas
partículas sólidas, que son necesarias para la condensación del vapor de
agua en la atmósfera. Sin embargo, la materia calcárea del agua de lluvia es
mínima en comparación con la del agua dura. Las bacterias también están
presentes en el agua de la lluvia, por lo que habrá que filtrarla si se
pretende beberla. El mejor lugar para almacenar el agua de la lluvia es en
pozos recubiertos de cemento, ya que, si no, podría iniciarse un
envenenamiento metálico a partir del agua almacenada en tanques
galvanizados.
La disminución de la materia orgánica hace que aumente el poder
disolvente del agua para los metales; por lo tanto, los contenedores y las
tuberías de transporte se corroerán. Hemos tenido noticias de casos aislados
de envenenamiento por plomo y zinc causado por el agua almacenada
durante demasiado tiempo en tanques galvanizados, por lo que nunca
deberían utilizarse con este fin.

El agua de todos los manantiales es más o menos dura; el grado de


dureza viene generalmente determinado por la capacidad que tiene para
que un jabón haga espuma. En el agua blanda, como por ejemplo la de la
lluvia o la destilada, el jabón hace espuma inmediatamente, mientras que en
el agua dura hay que gastar una cantidad considerable de jabón antes de
que se forme algo de espuma. Esto se debe a las sales de calcio, a los
carbonatos y al sulfato cálcico, que se unen con los ácidos grasos del jabón y
producen nuevas combinaciones. Sólo se puede conseguir espuma después
de que estas sales se combinen químicamente con los ácidos grasos.

El carbonato cálcico se forma en el agua de los manantiales debido a la


presencia de gas de ácido carbónico (recogido durante la caída por el aire
en forma de lluvia), el cual se combina con el calcio, absorbido del suelo. Al
hervir el agua, el carbonato cálcico se divide en sus componentes. El ácido
carbónico se escapa hacia el aire y el calcio se precipita. Sin embargo, a
menos que el carbonato cálcico fuera el único mineral presente, el agua
todavía será dura, aunque menos que antes. Al hervir, no se pueden eliminar
ni el cloruro cálcico ni el sulfato cálcico, y no hay mejor remedio para
separar estas sustancias que la destilación. Si se usa un alambique para
purificar el agua, dicha agua, a la que se le ha quitado parte de las
impurezas tras haberla hervido o filtrado, ni obstruirá ni cubrirá el aparato
con cal tan rápidamente como ocurre cuando se emplea agua dura.

No tienen ningún tipo de fundamento las creencias de que el agua dura


es beneficiosa porque aporta el calcio necesario para el sistema humano, ni
la de que el agua blanda resblandece los huesos y provoca la caída
prematura de los dientes o disuelve algunos de los elementos necesarios de
las membranas mucosas. El agua destilada no privará a los tejidos vivos de
las sales orgánicas, como se cree a veces.
El calcio, en el caso de que suponga algún beneficio para el sistema,
debe ser provisto en forma orgánica, tal y como se encuentra en frutas y en
verduras. No se puede justificar, desde el punto de vista de la química
fisiológica moderna, la práctica común de dar de beber a los niños agua con
calcio. De hecho, muchas aguas duras a menudo causan dispepsia y
estreñimiento, situaciones que se mejoran con el uso de agua blanda o
destilada.

Las verduras cocinadas en agua dura se quedan duras e indigestibles.


Esto ocurre sobre todo con el caso de las legumbres, ya que el sulfato
cálcico del agua, cuando hierve, forma compuestos indigestibles con la
legumina, provocando flatulencia. No hay duda alguna de que el uso del
agua destilada suele prolongar la vida ya que evita en buena parte la
osificación de las arterias y disminuye el trabajo de los riñones.

El Dr. Luther L. Von Wedekind, de los Astilleros de la Marina de


Brooklyn, Nueva York, quien ha estado experimentando con el agua
destilada (ésta se usa en la Marina estadounidense) escribe lo siguiente:

«Cualquier persona que piense, ya sea médico o profano en la materia,


que tenga un conocimiento normal del proceso de eliminación, no sólo de las
toxinas, sino también de los excrementos del cuerpo humano, reconocerá en
seguida el valor terapéutico del agua pura; ya que, si piensa sólo un poco, se
dará cuenta que el excedente de líquidos no sobrecarga los riñones, sino que
los alivia de su carga mandando a este filtro una solución diluida, en lugar
de concentrada. De esta manera, también se mejora el proceso de
eliminación a través de los poros».

No hay lugar a dudas de que el agua destilada bien oxigenada, es decir,


el agua purificada, es preferible al agua dura de los manantiales. Aquellos
que viven lejos de los centros de población en los que se puede encontrar el
agua destilada a un precio razonable, y que tienen dudas acerca del
suministro de agua, se procurarán una pequeña cantidad de esta agua para
beberla al día.

El agua es necesaria para todas las formas de vida vegetal y animal,


incluso para las más simples. El cambio de materia que produce la energía
humana depende de la presencia del agua en los tejidos. No es posible
ninguna acción vital sin ella. Constituye alrededor de 2/3 partes del cuerpo
humano. En la siguiente tabla se dan los porcentajes de agua en distintas
partes del cuerpo:

Dientes 10,0
Huesos 13,0
Cartílagos 55,0
Glóbulos rojos 68,7
Hígado 71,5
Tejidos musculares 75,0
Bazo 75,5
Pulmones 80,0
Cerebro 80,5
Bilis 86,0
Plasma sanguíneo 90,0
Suero sanguíneo 90,7
Linfa 94,0
Saliva 95,5
Jugo gástrico 99,5

La presencia del agua es esencial en los procesos de digestión y


absorción, ya que actúa como un disolvente de los alimentos. Asimismo, es
necesaria para disolver las distintas sustancias que tienen que ser
eliminadas a través de los órganos excretores. Más de la mitad de la
cantidad de agua total que entra en el cuerpo es de nuevo descargada a
través de los riñones, alrededor de 1/4 a través de la piel, un 17% a través
de los pulmones y un 4% a través de los intestinos. Por lo tanto, estamos
constantemente perdiendo agua de distintas maneras. El aire que espiramos
está saturado con humedad y la piel libera diariamente entre medio litro y
uno de agua en forma de sudor durante la realización de un ejercicio
intenso.
En condiciones normales, los riñones descargan diariamente un litro o
un litro y medio de agua, pero hay personas que normalmente toman
bebidas alcohólicas ligeras, tales como la cerveza, y que a menudo
consumen entre 4 y 5 litros de líquidos durante un único día. De esta
manera, se sobrecargan y se debilitan los riñones y a la vez se empobrece la
sangre.

La cantidad de agua real que necesita el cuerpo depende de varias


circunstancias, principalmente del clima y de la ocupación. Cuanto mayor
sea la actividad funcional del organismo, mayor será la cantidad de líquido
que se necesite. Esta necesidad viene indicada por la sed, que se sacia mejor
con agua pura. Sin embargo, la mayor parte del agua necesaria para las
funciones fisiológicas del sistema se puede obtener de nuestros alimentos, si
se eligen de manera juiciosa. Así, las frutas contienen un gran porcentaje de
agua, entre el 80 y el 90%; por ello, las personas que toman frutas y
verduras frescas necesitan muy poca agua (o ninguna) aparte de la que les
aportan los alimentos. Además, en los productos naturales, tomamos el agua
en su forma más pura, destilada en su propio laboratorio, y esto es sin lugar
a dudas la mejor manera y la más higiénica en la que se debe tomar el agua.
Asimismo, en las frutas y verduras, el agua está en una combinación
orgánica con otros elementos y este estado supone la acción más beneficiosa
para nuestro sistema. Una persona que viva a base de estos alimentos
necesita muy poco líquido. Es sólo el consumo excesivo de carne y de otros
alimentos muy aliñados lo que produce una sed anormal. Algunos animales,
tales como las liebres y los conejos, que se alimentan de hierbas que
contienen alrededor del 85% de agua, nunca beben a menos que no
encuentren su alimento natural. La leche materna contiene alrededor del
87% de agua, y lo mismo ocurre con las frutas jugosas y con las verduras
suculentas. Una persona que consuma alrededor de kilo y medio de frutas
frescas al día toma, además de unos 250 gramos de alimento sólido, al
menos 1 litro y medio de agua de una calidad insuperable.

Como ya se ha afirmado, en el caso de una dieta con un alto contenido


en proteínas, se necesitará más agua que en el caso de una dieta basada
principalmente en alimentos en los que predominan las grasas y los hidratos
de carbono, porque los productos de desecho procedentes de lo anterior
necesitan una gran cantidad de agua para su disolución y posterior
excreción. Sin embargo, no deberíamos albergar la idea de que bebiendo
grandes cantidades de agua seremos capaces de limpiar el sistema como si
se tratara de una alcantarilla. Esta es una opinión errónea resultante de una
falta de comprensión de las funciones fisiológicas del organismo. La
purificación del organismo humano es un proceso electro-químico de las
células vivas. Los productos de desecho, tales como el ácido úrico, el ácido
sulfúrico, el ácido carbónico, etc., tienen que combinarse primeramente con
algunos de los elementos alcalinos, principalmente el sodio, antes de que
puedan ser absorbidos por la corriente sanguínea y excretados. Si a la dieta
le faltan las sales orgánicas necesarias, las grandes cantidades de agua sólo
complicarán las cosas al empobrecer la sangre y reducir así aún más el
porcentaje de elementos minerales. De manera similar, se empobrecerán los
jugos digestivos y otros líquidos del cuerpo. Se deteriorará la digestión y la
eliminación, mientras que el corazón y los riñones se sobrecargarán de
trabajo. Por otra parte, una mejora bien planeada de la dieta enriquecerá la
sangre con las sales orgánicas necesarias y ayudará al sistema en la
realización de las funciones fisiológicas, sobre todo en la digestión más
completa de los alimentos y en la excreción de las sustancias de desecho.

El uso excesivo de la sal de mesa (cloruro sódico inorgánico), que se


usa a menudo como una ayuda para la indigestión, no puede ser condenado
severamente. Crea una sed anormal, ya que resta a los tejidos una gran
cantidad de agua a causa sus propiedades diuréticas. Además, una persona
que tome una bebida, no porque tenga sed, sino porque dicha bebida sea
sabrosa, se estará excediendo de las necesidades reales del sistema y
sobrecargará sus órganos excretorios. Desde luego, un gran número de
personas piensa que no pueden aplacar su sed sólo con agua, sino que ésta
tiene que tener algo más que les guste. Este tipo de antojos, adquiridos
sobre todo debido a una mala alimentación, es responsable en buena parte
de un exceso de bebida con sus consecuencias fatales.

La persona que tiene sed y que no puede saciarla a menos que la


bebida contenga un verdadero veneno, ha adquirido una perniciosa
costumbre. Entre estas bebidas antihigiénicas están las distintas bebidas
intoxicantes, incluso si sólo contienen un pequeño porcentaje de alcohol, así
como el café, el té, la soda y las numerosas bebidas gaseosas que se pueden
encontrar en los estantes de los refrescos. Todas estas bebidas, si se
consumen de manera regular, aportan al organismo algo que va más allá de
la simple agua, algo que no es sólo dañino para el sistema, sino que además
desvía la acción beneficiosa del agua. Asimismo, las bebidas alcohólicas
estimulan los riñones y una excesiva excreción de orina que constantemente
elimina elementos minerales necesarios de la sangre y la linfa.

Todos los líquidos tienen que pasar a través de los conductos


sanguíneos del estómago y de los vasos lácteos del intestino delgado hacia la
cavidad torácica, que va a lo largo de la espina dorsal y que, en la base del
cuello, se abre en el gran vaso sanguíneo que va hacia el corazón. Por lo
tanto, la sangre pasa por todas las partes y órganos del cuerpo, alimentando
y limpiando las células y formando jugos digestivos y secreciones
glandulares. Las sales orgánicas que llevan a cabo sus funciones agotan la
electricidad y el magnetismo del organismo, y tiene que ser renovada por
medio de alimentos naturales. El agua mineral, el café, el té y las bebidas
alcohólicas no aportan estas sales, sino que contaminan aún más la sangre y
la linfa ya empobrecidas. En todas estas situaciones, un dieta
exclusivamente de frutas será más beneficiosa que tomar cinco litros de
líquido al día, para lo que no existe ninguna necesidad fisiológica.

También existe una noción muy extendida y sin fundamento alguno


acerca de que las sales contenidas en el agua mineral aporta los elementos
necesarios para las funciones fisiológicas de nuestro organismo.
Investigaciones detalladas han demostrado que las sustancias inorgánicas,
tales como el calcio, la soda, la potasa, el hierro, el sílice, etc., contenidas en
este tipo de agua, siempre que puedan entrar en la circulación y producir
algún tipo de acción química, no pueden llevar a cabo los procesos vitales en
lugar de las sales de los alimentos naturales. Se deben atribuir las curas
maravillosas anunciadas desde los manantiales renombrados al aumento de
ejercicio al aire libre y a una dieta más o menos restringida, más que a
beber mucho de ciertos manantiales. La mayoría de las aguas minerales que
se usan como laxantes mejoran sólo de manera temporal y, si se toman
regularmente, producen una situación de catarro de los conductos por los
que pasan los alimentos. El agua pura, junto con algunos zumos de frutas sin
fermentar, es mucho más beneficiosa en estos casos, ya que los ácidos
orgánicos de las frutas aumentan la acción normal de los órganos digestivos
y ayudan a superar el estreñimiento.

Tal y como ya se ha señalado, la mejor manera de regular el suministro


de agua al sistema es adoptar una dieta simple y frugal, libre de sales
inorgánicas, especias y condimentos. Así, se reducirán en buena parte la
sed, y siempre que aparezca, lo mejor será saciarla con agua pura y blanda
en cantidades moderadas.

Si normalmente se toman líquidos que no se necesitan


fisiológicamente, estaremos violando las leyes del higienismo. No se pueden
dictar normas estrictas en lo que respecta a la cantidad de agua, excepto
que se debe evitar beber durante las comidas, o al menos hacerlo lo mínimo.
Si hay alguna señal que indique que se tiene sed, la comida debería consistir
principalmente en frutas frescas. Nunca se debe beber agua helada; la
temperatura del agua que se va a beber nunca debería estar por debajo de
los 10 grados. Cuando se necesite beber agua caliente, la temperatura debe
estar entre los 43 y los 48 grados, o ligeramente por encima de la
temperatura de la sangre.
LAS BEBIDAS

Dr. Herbert M. Shelton

El agua pura es la única bebida por definición. Ningún otro líquido,


excepto el agua, se merece el nombre de bebida. Los demás líquidos, a los
que normalmente nos referimos como bebidas, son alimentos o venenos y
habría que clasificarlos en alguno de estos grupos. La sed indica una
necesidad de agua ─no de alimentos o de las llamadas bebidas─. Los zumos
de frutas, la leche, etc. son alimentos, y habría que tomarlos como tales.

El cuerpo es casi todo agua y su contenido en agua es mayor durante el


período de mayor crecimiento que en otros períodos. El agua es vital para
todos los procesos nutritivos, desde la digestión, pasando por la absorción y
circulación por el cuerpo, asimilación y catabolismo, hasta la excreción. Es
el agente principal en la regulación de la temperatura del organismo,
funcionando como lo hace el agua en el radiador del automóvil.

Algunas de las funciones más importantes del agua en el organismo


son:

1. Ser un constituyente esencial de todos los tejidos y células y de todos los


líquidos del cuerpo: sangre, linfa, secreciones glandulares, etc.

2. Contener en solución los materiales nutritivos y servir como medio para


transportar los alimentos a las distintas partes del cuerpo.

3. Contener en solución los desechos y las toxinas y servir como medio para
transportarlos fuera del cuerpo.

4. Mantener suaves las distintas membranas mucosas del cuerpo y evitar la


fricción de sus superficies.

5. Regular la temperatura del organismo.

El cuerpo está constantemente eliminando agua y, por lo tanto, hay que


reponerla. La mayor parte se obtiene por medio de los alimentos en forma
de zumos. A veces se bebe. Una buena parte del agua ingerida pasa a
formar parte de los tejidos, es decir, se convierte en «agua viva».

Las mejores aguas son la de la lluvia y la destilada. El agua destilada no


está muerta, tal y como dicen muchos tontos. El agua que se bebe debería
ser lo más pura posible. El agua dura, la mineral, etc. contienen sustancias
minerales y son perjudiciales en relación a la cantidad de minerales que
contengan. La ilusión de que el agua mineral es curativa viene de antaño y
ha supuesto un daño incalculable para miles de personas.
Uno de los dogmas de la llamada ciencia moderna es que el hombre
debería beber mucha cantidad de agua al día. Se aconseja a la gente que
beba al menos una cantidad dada al día, sin tener en cuenta ni la calidad ni
la cantidad de la dieta, ni la naturaleza de su entorno (clima, estación,
ocupación, etc.) y sin contar con las necesidades instintivas de sus cuerpos.
Aunque no tengan sed, se les aconsejan que beban de todas maneras; se les
insta a que cultiven la costumbre de beber un vaso de agua a intervalos
regulares. El consejo que normalmente se da es beber por lo menos seis
vasos de agua entre las comidas al día.

No creo en beber de manera rutinaria como tampoco creo en comer de


la misma manera. No hay, y nunca ha habido, una necesidad de beber
ningún número determinado de vasos de agua al día. Desde luego, muchos
se han pasado años enteros sin beber agua como tal.

Una característica peculiar acerca del dogma «beba mucha agua» es


que lo defiende aquellos que aconsejan que nunca se debe comer a menos
que se tenga mucha hambre y aquellos otros que predican el culto al vientre
bien lleno y al dejarse llevar por el apetito. ¿Por qué debería uno beber
cuando no se tiene sed? ¿Es más apropiado que comer sin hambre? ¿No
sabe el cuerpo cuando se necesita agua?

Habría que reconocer la gran importancia que tiene el agua pura, pero
ninguno de los hechos que se dan sobre el agua en este capítulo nos dice
que deberíamos llenar constantemente nuestros estómagos.

La cantidad de agua que se necesita varía con la estación y con la


actividad, así como con otros factores. El hombre que se dedica a un trabajo
físico activo al sol del verano necesita más agua que el oficinista que trabaja
a la sombra, a lo mejor cerca de un ventilador, que utiliza un lápiz o hace
funcionar una calculadora. Necesitamos más agua en verano que en
invierno, más durante las actividades del día que mientras dormimos por la
noche. Cuanto más alimentos tomemos, mayor será la cantidad de agua que
necesitará nuestro sistema. Los individuos que siguen un ayuno tienen
menos sed. Las personas que siguen una dieta basada principalmente en
frutas frescas y verduras obtienen, a partir de éstas, grandes cantidades de
agua en su forma más pura. Dichas personas necesitarán beber menos agua
que aquéllas cuya dieta sea principalmente seca.

La cantidad de agua que el cuerpo necesita depende de la edad, del


sexo, de las actividades, de la estación, del clima, etc. Se necesita una
cantidad determinada en condiciones determinadas, pero no importa de
donde se obtenga. La sed se sacia perfectamente con zumos de frutas y
verduras o con el agua de la leche y, según esto, descubrimos que los niños
que siguen un dieta exclusiva de leche y los adultos que consumen muchos
zumos de frutas y verduras suculentas tienen poca o ninguna sed.

La cantidad de materia sólida que contiene la leche es mínima. Es casi


toda agua. El porcentaje de agua en la leche es mayor que el porcentaje de
agua en los niños. Por lo tanto, no hay ninguna razón por la que se deba dar
mucha agua a los niños que sólo toman leche. Si además de la leche, se le
dan a los niños zumos de frutas (que también son casi todo agua), habrá
todavía menos razones para darles más agua. He comprobado esto en varios
niños. No necesitan agua, excepto la contenida en la leche y en los zumos de
frutas, durante su primer año de vida y, por ello, crecerán por encima de la
media.

¿Y qué pasa con los adultos? La mayor parte de las verduras y de las
frutas frescas contiene un porcentaje de agua mayor que el del cuerpo de un
adulto. Si la dieta contiene abundantes alimentos de estos tipos, no se
necesitará más agua que la que aporten.

El Dr. Lamb, de Inglaterra, defendió la postura de que el hombre no es


por naturaleza un animal que tenga que beber. El Dr. Alcott y otros
miembros de la escuela vegetariana demostraron, mediante experimentos
directos, que aquéllos que adoptaron un régimen exclusivamente
vegetariano y cuya dieta consistía sobre todo de frutas jugosas y verduras
suculentas, vivirían de manera sana y se alimentarían sin tener que beber
agua. Sophie Lepel, de Inglaterra, también condenó el uso del agua.

Si ponemos el óvulo fertilizado de cualquier animal en agua del grifo y


lo observamos, veremos cómo aumenta su peso multiplicado por mil. El
óvulo se desarrolla a pesar de la ausencia de cualquier nutriente que no sea
el agua. Obviamente, dicho crecimiento no es normal y las células que se
forman en tales condiciones son deficientes y débiles. El crecimiento de este
tipo tiene lugar sólo dentro de unos límites estrechos y esas células
saturadas de agua quedan lejos de lo que sería ideal.

Una saturación excesiva del protoplasma de las plantas sumergidas en


el agua las debilita o incluso las mata. El exceso de agua encharca y tupe la
vegetación, mientras que la estancia prolongada en agua matará la mayor
parte de la vegetación con mayor seguridad que lo que haría una sequía.

Si se mete una cantidad determinada de agua en el hombre o en el


animal, producirá todos los síntomas de una intoxicación alcohólica. No se
consigue nada bebiendo agua a todas horas. El beber grandes cantidades de
agua suele encharcar los tejidos y líquidos del hombre así como debilitar la
energía de las células. Se disminuye el poder de la sangre para absorber y
transportar el oxígeno y, por ello, el cuerpo se debilita. Sólo con observar se
comprobará que los que sufren más calor en verano beben más cantidad de
agua. Podemos llegar a la conclusión de que ellos beben más porque el calor
produce sed. Si se consiguiera que estos individuos bebieran menos,
disminuiría su sudoración, y ello nos demostraría que la excesiva cantidad
de agua era la responsable principal de la sudoración.
No creo que un pequeño exceso de agua sea dañina, pero creo que la
regla más segura para beber es: beba sólo cuando la sed se lo pida.

Nunca he podido encontrar ninguna razón seria por la que debiéramos


beber un número determinado de vasos de agua al día, simplemente porque
alguien haya decidido por su cuenta que necesitamos esa cantidad de agua.
Tampoco conozco ninguna razón seria por la que debiéramos tomar agua
aunque físicamente no la necesitemos. Estoy completamente convencido, a
partir de mis propias observaciones, de que hay mucha gente que se está
haciendo daño a sí misma por beber demasiada agua.

El Dr. Trall condenó la «práctica indiscriminada de beber mucha


agua», y dijo: «no he visto el más mínimo resultado beneficioso de ello». Los
doctores Shew, Cully, Johnson, Wilson y Rausse, de la escuela
hidroterapéutica, han rechazado la recomendación extravagante de beber
grandes cantidades de agua, que aparece en muchos trabajos sobre la
hidroterapia. El Dr. Tilden, aunque fuera una vez, como este autor, un
defensor de beber agua en exceso, ha condenado durante los últimos años
dicha práctica. Por último, el Dr. Lindhar tampoco ha apoyado la práctica.

¿Podremos entonces afirmar que se debe beber toda el agua que el


cuerpo pida? Y si es así, ¿cuánta es la cantidad que pide? ¿Qué parte de la
sed que tenemos se debe a una costumbre?

Beber agua se ha convertido en una costumbre más. Los que han


cultivado el hecho de beber grandes cantidades de agua sentirán mucha
«necesidad» de agua. Por otra parte, tomar sal, especias, condimentos,
platos grasientos, alimentos concentrados, carnes, huevos, queso, azúcar,
féculas, etc. produce una irritación que normalmente se confunde con la
sed. Sin embargo, el agua no calmará este tipo de «sed». Uno puede inundar
su estómago con agua cada cinco minutos y tener todavía «sed». Si se
abstiene de beber, se dará cuenta de que su supuesta sed se calmará mucho
antes. Se ha planteado la cuestión de que la gente consuma bebidas fuertes
debido a que el agua no calma esta "sed". Quizá sea cierto a veces. Pero, si
aumenta la supuesta sed, se calmará con las secreciones normales, y así
desaparecerá este deseo irresistible por beber agua4.
4
Nota: Nosotros, los miembros del Higienismo, tenemos muy en cuenta las observaciones del
Dr. Shelton. Es cierto que las secreciones del cuerpo se "encargarán y contendrán" los
irritantes de los alimentos incorrectos y de los condimentos si no se toma agua. Sin embargo,
la sensación producida por dicha irritación es una sed real, aunque tal sed "insaciable"
requiera cantidades anormales de agua. El agua reclama el agua para mantener las sustancias
nocivas en una solución lo bastante débil como para que los condimentos perniciosos no dañen
los tejidos. La llamada sed falsa es una necesidad anormal que tiene su origen en una situación
anormal. No es normal que se necesite "mucha agua". Sabemos que los alcoholes amortiguan los
¿Cuánta agua deberíamos beber? No lo sé. ¿Cuánto debería uno comer,
o respirar, o dormir? La respuesta es: «Lo que la naturaleza pida».
Supongamos que decimos lo mismo en lo que al agua se refiere. ¿Cuánto
pide la naturaleza? Dependerá de un número de circunstancias y de
situaciones, tales como la cantidad y la calidad de los alimentos, la cantidad
y la calidad del trabajo que se realice, el clima, la edad, el sexo, etc. No se
pueden fijar reglas estrictas para este asunto. La persona inteligente ni lo
intentará. Se afirma a menudo que nuestros cuerpos necesitan una cantidad
mínima de agua al día. Esto es cierto sin lugar a dudas, pero de ninguna
manera quiere esto decir que tengamos que beber siempre la misma
cantidad. 2/3 de esta cantidad ya la tomamos en los alimentos.

efectos dañinos de estos irritantes, aunque acarreen por sí mismos otros muchos males, uno de
los cuales es narcotizar los nervios de tal manera que ya nunca "transmitan" al cerebro lo que
verdaderamente pasa, en caso de que "transmitan" algo.
Todas estas matizaciones se obvian en un único ataque. No se arriesgue a encontrarse en
una situación como ésta. No siga más que una dieta natural de frutas, frutos secos, semillas y
verduras. No irritan y, a menos que coma demasiados frutos secos, no tendrá sed.
Beber en las comidas

Hay muchos que defienden la costumbre beber durante las comidas,


aunque ni los propios animales lo hacen. Beber en las comidas o a
continuación no es compatible con una buena digestión.

Mientras comemos, están llegando al estómago grandes cantidades de


jugos digestivos. Si se bebe ─agua u otras bebidas─, éstos se diluirán. El
agua atraviesa el estómago en diez o quince minutos y se lleva consigo los
jugos gástricos. A los alimentos se les priva de estos jugos y se retarda
mucho la digestión. Lo que sigue son la fermentación y la putrefacción.

Beber agua y otras bebidas conduce a engullir los alimentos. Los


alimentos se lavan en vez de que sean correctamente masticados e
insalivados. Muchos alimentos son secos y necesitan mucha insalivación
antes de que los podamos tragar. El remojarlos antes con las bebidas impide
que se complete este primer paso tan necesario en la digestión. Renuncie a
la bebida y las glándulas de la boca proporcionarán el líquido necesario en
forma de fluidos digestivos.

Beber agua en las comidas justo después de éstas conduce a una


dilatación del estómago. En un orden lógico le siguen una indigestión
crónica, gastritis, úlceras e incluso cáncer.

La persona que coma frutas y verduras suculentas, que evite los


condimentos y que haya superado la costumbre de beber necesitará beber
muy poco a cualquier hora, y menos a la hora de comer o inmediatamente
después. No le hagamos temer que su salud sufrirá por todo ello. Le puedo
asegurar que, por el contrario, mejorará rápidamente.

Beber en las comidas es responsable en buena parte de comer en


exceso. Estimula el apetito y a veces hasta lo aumenta. Trall dice: «Algunas
personas presumen de tener un 'apetito voraz', producido por beber veinte o
treinta vasos de agua al día; sin embargo, yo no puedo entender las ventajas
de los 'apetitos voraces'; normalmente, son indicativos de que existe una
excesiva irritación patológica del estómago».
El agua mineral

«Según la teoría de los anti-naturalistas ─afirma el Dr. Oswald─ los


instintos del hombre conspiran para llevarle la ruina; cualquier cosa que nos
guste, tiene que ser dañina; la repulsión y la salud son términos sinónimos.
Atribuyen propiedades remediales a todos los venenos conocidos en química
o en botánica; a las carnes, dulces, frutas, aire fresco y agua de los
manantiales, todas las cualidades patológicas. Pero, por mor de la
coherencia, se hace una excepción con el agua mineral. Por lo tanto, serán
muy sanos los manantiales de agua mineral, impregnados con una cantidad
suficiente de hierro o azufre como para producir náuseas. Las regiones
montañosas solitarias en las que se encuentran estos manantiales se
convierten en el refugio favorito de los inválidos; los dispépticos viajan miles
de kilómetros para llegar a estos manantiales que saben a una mezcla de
huevo podrido y aguarrás».

El agua de los manantiales, que contiene sales y azufre, es un


purgante, ya que los intestinos se apresuran a librarse de estas aguas
perniciosas. Una estancia en estos lugares acostumbra al colon a confiar en
estos excitantes minerales, por lo que, a la vuelta, se tendrá un
estreñimiento crónico; además, se retirarán los excitantes y los órganos
agotados necesitarán un descanso. «Desde un punto de vista higienista»,
dice el Dr. Oswald, «un sanatorio sin uno de estos manantiales no tiene por
qué ser como un Hamlet sin príncipe».

En 1930, los gobernantes de la ciudad de Seaton Delaval, en Inglaterra,


desearon anunciar las propiedades curativas de sus suministros de agua y,
para ello, contrararon a un químico para que la analizaran. El químico
descubrió que su sabor característico se debía a que los mineros de los
alrededores lavaban sus perros de raza en los tanques con jabón de la
cocina. Hace algunos años un maravilloso manantial en uno de los muchos
barrios de Gotham curaba a sus clientes a diario. Se ganó la fama de que lo
curaba todo. Tal era su renombre que se inició un movimiento para mejorar
sus propiedades. Mientras se llevaban a cabo las mejoras, se descubrió una
rotura en las alcantarillas. Se reparó rápidamente y, para pena de los
explotadores y disgusto de los bebedores, el manantial se secó en seguida.

Así van y vienen las curas y ni los profesionales ni las personas


renuncian a sus creencias supersticiosas acerca de las curas. Los que
bebieron aquellas aguas residuales y los que se bañaron en el agua de Fido,
así como aquellos que confían en los medicamentos venenosos, en la pus
asquerosa, en los sueros de animales enfermos, en las máquinas y aparatos
maravillosos, en las luces coloreadas, en las corrientes eléctricas, en las
fórmulas metafísicas, en los puñetazos en la espalda, simplemente fueron a
otro sitio a curarse.

La sopa de caniche de Seaton Delaval y las aguas residuales de Gotham


curaron de la misma manera en la que lo hace la famosa agua mineral
proveniente de pozos y manantiales. Todos los métodos de cura, por muy
absurdos o fantásticos que sean, por muy perniciosos o sanos que sean,
pueden proporcionar curas aparentes. Pero antes o después durante el
curso del experimento, todas las curas explotarán.
¿QUÉ ES EL HIGIENISMO?

Todo lo que es bueno y maravilloso en la vida es una manifestación de


las fuerzas que lo originan. Al averiguar cuáles son estas fuerzas y al
hacernos con ellas, podremos tener una vida dichosa y gloriosa. En esto
consiste el HIGIENISMO.

El higienismo no es la profesión fría y desapasionada que nos han


hecho creer a muchos de nosotros. En realidad, es muy cálida y personal,
además de que está muy relacionada con todo lo que hacemos. Cuando
dirigimos nuestros estudios hacia nosotros mismos de manera que tengamos
una ciencia muy personal, estaremos empezando a llegar a la esencia del
HIGIENISMO.

Hemos de admitir que no es en estos momentos ese medio práctico y


tan cálido del que hablamos. La ciencia de la que no podemos hacer uso y
obtener beneficio alguno casi no es ciencia. EL HIGIENISMO tiene por
objetivo la exploración y la elaboración de esos elementos e influencias que
podemos invocar para mejorar nuestra vida y nuestro ser.

Algunas verdades son aplicables a nuestro ser. El propósito del


HIGIENISMO es estudiar y sistematizar dichas verdades, de manera que
puedan servirnos de guía.

Todo aquello que produce resultados correctos es higiénico; por el


contrario, todo lo que produce resultados incorrectos es poco higiénico.

El HIGIENISMO trata de esas verdades y principios aplicables a la vida


humana de manera que podamos cumplirlos y hacernos con ellos. Estamos
firmemente convencidos de que sólo mediante un modo de vida higiénico
podremos descubrir las mayores alegrías y el destino al que tenemos un
merecido derecho.

Los animales de la naturaleza son animales que se dejan guiar por el


instinto, el cual les conduce a saciar sus necesidades para que puedan
desarrollarse de manera óptima de acuerdo con las posibilidades de su
entorno. De hecho, la orientación innata es el equivalente al HIGIENISMO
para las criaturas de la naturaleza.

Los seres humanos tienen mucha más capacidad para alcanzar la


felicidad y la bondad que las formas de vida más simples de la naturaleza.
Estamos dotados de unas facultades mucho más complejas, que nos pueden
mantener en un estado de euforia desde que nacemos hasta cuando sea. El
HIGIENISMO debe ser, para los seres humanos, lo que es la orientación
innata para los animales. Aunque nosotros también tenemos instintos,
tenemos algo más que una serie de impulsos básicos para vivir. Sin
embargo, desgraciadamente, no seguimos nuestro instintos. Éstos han sido
viciados y pervertidos. Las distintas perversiones de los seres humanos son
contrarias a nuestros instintos. ¡Esto es anti-higiénico!
Obedecer a nuestros instintos naturales es una parte del HIGIENISMO.
Estamos convencidos de que la naturaleza no se equivocó al inculcarnos los
instintos que nos guían. Estamos convencidos de que los seres humanos, con
su inteligencia inexperta, son los que se han equivocado.

El HIGIENISMO es un intento intelectual, sí. Pero hemos avanzado


bastante como para decidir qué es lo que está bien y qué es lo que está mal.
Tenemos el suficiente conocimiento para construir una ciencia de la vida que
nos guíe en nuestro camino hacia la felicidad y hacia el destino que debería
ser nuestro.

El HIGIENISMO trata todo aquello que está relacionado con todas las
facetas de la vida humana, con cada aspecto del bienestar humano. Es una
auténtica ciencia de la vida.
LA MÁXIMA DEL HIGIENISMO

El HIGIENISMO abarca todo aquello relacionado con el bienestar del


ser humano. Por definición, no puede ser nada malo. Pero podemos
equivocarnos. Y si lo que le presentamos no es cierto, entonces tampoco
será higiénico.

Como el HIGIENISMO está en deuda con los seres humanos, que no


son perfectos, pueden aparecer errores. Mientras procuramos mostrarle la
verdad, ésta no le irá mejor que las capacidades de los que se la mostramos.

Tampoco ninguna verdad le irá mejor que su capacidad para


reconocerla y aplicarla.

Usted crecerá mientras siga a la verdad en su vida. Sufrirá mientras


ignore o huya de la llamada de la naturaleza.

Los miembros del HIGIENISMO nos dejamos llevar por esta máxima:

Nunca comprometa la verdad para ganarse un amigo. Nunca oculte una


información errónea por miedo a ganarse un enemigo.

Lo bueno sólo proviene de la verdad. Nosotros, los miembros del


HIGIENISMO, estamos considerados como los que dicen la verdad. Es
nuestro empeño mostrarle la verdad lo mejor que podamos para que pueda
comprobarlo.

La máxima audaz del HIGIENISMO nos enfrentará a muchos, ya que


éstos son los que confunden sus nociones y opiniones con la verdad.
Nosotros pisotearemos a muchos. No nos abandone si también le pisoteamos
a usted. Si lo hacemos, podemos estar equivocados o en lo cierto. Si no
llevamos razón, estaremos equivocados y necesitaremos su inestimable
ayuda. Pero si llevamos razón, será su obligación con usted mismo y con la
sociedad corregir su punto de vista y las prácticas en él basadas.

Nuestro propósito no es dictar. Nosotros sólo intentamos revelar. El


HIGIENISMO está aquí para usted. Se lo presentaremos de manera honesta
y lo mejor que podamos. Sólo nos guiarán nuestros principios, la verdad y
sólo la verdad. Usted decidirá si quiere hacer uso de ellos o ignorarlos. La
decisión está en sus manos.