Texto de María Teresa

Llopis Candelarese Historiadora

Enterramiento de la familia Velasco en la sacramental de San Isidro, galería 5, nicho n.º 2

Xilografía del Museo Antropológico del doctor Velasco

RESTOS MORTALES
Situado en la galería quinta y con el número dos del patio de la Purísima Concepción de la sacramental de San Isidro encontramos el enterramiento del doctor Velasco y familia. En la lápida puede leerse: «Excmo. Sr. Don Pedro González Velasco. Fundador del museo Antropológico. La Srta. Mª de la Concepción González Velasco y Pérez. Murió en 1864 a los 15 años y medio. Excma. Sra. Doña Engracia Pérez Cobo». Es decir, se cita como sepultada en este lugar a su joven y única hija de quince años, Conchita, protagonista involuntaria de la leyenda.

LA LEYENDA DE LA HIJA DEL DOCTOR VELASCO
La hija del doctor Velasco era delicada y enfermiza, una epidemia de tifoidea acabó con su vida, sin que los médicos de la época pudiesen atajarla. Su padre y el joven doctor Muñoz, ayudante del primero y prometido de su hija no salen del domicilio en varios días, al obtener un permiso especial –dado su prestigio científico– para embalsamar el cadáver de la joven. Días después comienza a circular la noticia de que la joven momificada era tratada como un ser vivo, la sacan a pasear en coche de caballos, la sientan a la mesa, la visten de novia… ante la angustia y dolor de su madre doña Engracia, que ve cómo su hija no puede descansar en paz, convirtiéndose la noticia en una leyenda en los mentideros de Madrid. Existe un dilema sobre si la infeliz quinceañera yace en el nicho junto con sus padres o se encuentran sus restos embalsamados en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense. Todos los datos señalan esta última dirección, aunque no hay documento alguno que lo demuestre, siempre existió el testimonio oral de que era así; un testimonio que todos los catedráticos de Anatomía han oído. La leyenda comenzó a tener visos de certeza cuando el nobel de literatura don Jacinto Benavente, al relatar la vida de su padre, también doctor, cita la desproporcionada persecución que sufrió este, al considerarle el doctor Velasco, asesino de su hija, a causa del tratamiento que le recetó.

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Panteón de D.ª María del Carmen Polo de la Barrera, viuda de Joaquín Aguado, (1856-1859) proyecto de Francisco Enríquez y Ferrer.
Es el más antiguo de los panteones de la sacramental que abrió para la burguesía y nobleza madrileña la nueva forma de enterramiento en panteones y dio lugar a que el patio de la Purísima Concepción que comenzaba su andadura pudiera contar con una de las arquitecturas funerarias más representativa de Madrid del pasado siglo xix. Se trata de una arquitectura románica con ligeras formas bizantinas, como la planta en cruz griega, que se encuentra totalmente restaurada, aunque la visita a estos patios claustrales no es pública.

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Texto de M.ª Teresa Llopis y Candelarese Historiadora Fotografías: Pasea por Madrid

UN PASEO POR EL ARTE FUNERARIO
DE LA SACRAMENTAL DE SAN ISIDRO
A partir del siglo xiii se generalizó en España la costumbre de realizar los enterramientos vecinales en el interior y aledaños de las parroquias de pueblos y ciudades y hasta finales del siglo xviii no se adoptaron las primeras medidas para trasladar los cementerios fuera de las poblaciones.
LA SITUACIÓN EN MADRID En Madrid, durante el siglo xviii, las parroquias y pequeños cementerios anexos eran insuficientes para prestar servicios en materia de sepultura a toda la población, además de ser reconocido el grave problema que representaba tener en el interior de las ciudades un probable foco de infección. Es en el reinado de Carlos III cuando, asesorado por Floridablanca y Jovellanos, se solicitan informes a diversas cortes europeas para conocer las soluciones que utilizaban para hacer frente a este importante problema de salubridad pública. En 1787 el rey Carlos III ordena la prohibición tajante de hacer enterramientos en las parroquias y la construcción de cementerios extramuros; esta orden fue muy mal recibida tanto por las autoridades eclesiásticas que veían una merma muy importante en sus ingresos parroquiales por los derechos de enterramiento que solicitaban a sus vecinos, como por los mismos feligreses que tenían muy arraigada una concepción de la muerte y unos ritos funerarios durante los enterramientos que les resultaba muy difícil cumplir fuera de los recintos parroquiales; el resultado fue una sucesión de solicitudes de excepcionalidad a la nueva norma que hizo imposible su implantación social. En el breve reinado de José Bonaparte, aprovechando la terminación en 1808 del cementerio público del Norte a las afueras de la Puerta de Fuencarral (proyectado por Villanueva en 1804), la prohibición de enterramientos en el interior de las ciudades se hace tajante y comienza la creación de más cementerios extramuros en Madrid y otras capitales de provincia de forma regular.

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En el frontis del pórtico está escrita la siguiente leyenda: «LA EMPERATRIZ DOÑA ISABEL EN ACCIÓN DE GRACIAS POR HABER SANADO SU ESPOSO EL EMPERADOR REY DON CARLOS I Y SU HIJO EL PRÍNCIPE DON FELIPE DESPUES QUE BEBIERON DE LA FUENTE MILAGROSA INSTAURO ESTA ERMITA RESTAURADA POR EL EXCMO. SR. DON BALTASAR DE ZÚÑIGA, MARQUES DE VALERO Y VIRREY DE NUEVA ESPAÑA. FUE BENDECIDA A 11 DE MAYO DE 1725. LA REAL ARCHICOFRADÍA SACRAMENTAL DE SAN PEDRO SAN ANDRÉS Y SAN ISIDRO PUSO ESTA MEMORIA, AÑO 1885.» Aunque no hay documento histórico alguno que avale este dato.

ARCHICOFRADÍAS Y SACRAMENTALES Junto a la nueva construcción de cementerios públicos comienza la creación de cementerios privados, como el caso que nos ocupa que con el nombre de Cementerio de la Archicofradía del Santísimo Sacramento, San Isidro Labrador y Ánimas del Purgatorio de las iglesias parroquiales de San Pedro y San Andrés refleja una larga trayectoria de anexiones de distintas cofradías y nos lleva a remontarnos prácticamente a los siglos xi y xii cuando se considera que pudo vivir san Isidro, en los albores del Madrid castellano.

Entre los fines religiosos y sociales de las archicofradías se encontraban el apoyo y socorro a los cofrades en momentos de enfermedad, orfandad y muerte, y gracias a las cuotas crearon un montepío, una casa asistencial de pobres, un hospital propio, colaboró activamente en las fiestas de canonización de san Isidro (1622), construyó el puente de Pontones frente a la ermita del Santo, para facilitar su acceso desde Madrid, así como la primera plaza de toros en madera –obra de Pedro de Ribera– próxima a la Puerta de Toledo, cuyos festejos ayudaban a los gastos de mantenimiento de sus estructuras sociales y religiosas. Lo cierto es que, al considerarse como fin último de una archicofradía el dar sepultura a sus asociados en suelo sagrado y utilizando el criterio imperante desde el Concilio de Nantes del año 895 que permitía la creación de «sacramentales» como lugares dependientes de las parroquias en donde podía darse culto al Santísimo Sacramento, se solucionaron las renitencias manifestadas a las ordenanzas de Carlos III en el siglo anterior, y el enterramiento en las nuevas sacramentales comenzó a extenderse por el Madrid dieciochesco. Otras nueve cofradías siguieron similares procesos y a lo largo del siglo xix se construyeron en Madrid nueve lugares de enterramiento privado, de los que aún perduran cuatro. El que hoy nos ocupa fue el primero en construirse, inaugurado hace ahora doscientos años con el enterramiento de Francisco López Ballesteros el 21 de julio de 1811, y hubo de ser ampliado en varias ocasiones.

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Nichos de párvulos adosados a la pared perimetral del primer recinto de los patios claustrales, en este caso corresponde al acceso del patio de San Pedro de 1811

Bajo estas líneas:
Escalera neoclásica de dos vías y tramos que salvan el desnivel de diez metros que existe entre los patios antiguos y el de la Purísima Concepción Puerta de acceso al patio de San Pedro que mantiene en todo su perímetro un claustro con nichos adosados y comunica con el patio de San Andrés

CONSTRUCCIÓN DE LOS PATIOS CLAUSTRALES En el corto periodo de tiempo en que reina José Bonaparte (1808-1813) se abordan diferentes reformas urbanas en Madrid impregnadas de un sentido higienista; por un lado, la creación de una buena cantidad de espacios públicos, con la eliminación de viejos edificios, generalmente de propiedad religiosa, que se transforman en plazas públicas, y por otro, la creación de cementerios tanto públicos como privados, entre ellos el de San Isidro construido en plena guerra de la Independencia con materiales muy perecederos iniciando los enterramientos en el patio de San Pedro (1811) y, después, en el de San Andrés durante el reinado de Fernando VII (1832-1837), situados exactamente detrás de la ermita de San Isidro y de su jardincillo adjunto. Fueron destinados exclusivamente a los católicos y, proyectados por José Llorente arquitecto de la Real Academia de San Fernando, ambos son de características similares, plantas rectangulares, limitadas en su perímetro por cuatro cuerpos de galerías porticadas que albergan nichos; presentan un arquitectura sencilla, prácticamente humilde a tenor de los materiales

a base de fábrica de ladrillos revocados, madera para zapatas, pies y vigas, y cubiertas a dos aguas de pizarra; apenas seis años después tuvieron que ser reforzados con fábrica de hormigón, vigas de hierro y tejas de cerámica. El espíritu que se quería dar a estos patios era el de igualdad ante la muerte, aunque una consideración tácita hacía los enterramientos en nichos como de mayor distinción social. Durante el periodo isabelino, entre los años 1842 a 1849, se construye el patio de San Isidro que suma el espacio de los dos anteriores; fue ejecutado bajo la dirección del arquitecto don José Alejandro Álvarez quien mantiene la planta rectangular, así como el sistema de galerías porticadas formando un claustro perimetral para enterramientos en nichos, perviviendo el sistema creado en el cementerio General del Norte por Juan de Villanueva entre los años 1808 al 1809. Este nuevo patio va a ser una referencia en este tipo de construcciones al plantear un estilo diferente a los anteriores patios, ya que ahora es preciso cubrir las necesidades de una burguesía moderna que, con la organización del sistema fiscal, las leyes
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bancarias y el desarrollo del ferrocarril de fondo, forma una elite social que ansía destacar por su poder económico, tanto en la ostentación de su existencia entre los vivos, con bellos palacetes, como en la construcción de sus últimas moradas; para estas últimas también quieren utilizar materiales de más prestancia como el granito o la piedra blanca de Colmenar, y las sencillas galerías porticadas de los patios anteriores se embellecen en este con arcos escarzanos y de medio punto, incluyendo en su parte central pórticos tetrástilos de un heterodoxo dórico que dan acceso en las galerías este y oeste a dos rotondas con pilastras y cúpulas encasetonadas de las que nacen galerías a ambos lados con bóvedas de medio cañón.

Amanecer desde el patio de la Purísima Concepción, con vistas a las cubiertas de los claustros pertenecientes a los patios de San Andrés y San Pedro, al fondo la cúpula de la ermita de San Isidro y en primer plano sepulturas del patio de Santa María de la Cabeza

Nicho adosado a la pared del patio de San Pedro, de don Francisco López Ballesteros primer enterramiento en esta sacramental

Los patios que hemos mencionada se encuentran en la actualidad en un lento proceso de rehabilitación; destaca en ellos el primer panteón con capilla funeraria, el de la viuda de Aguado, que como un pistoletazo de salida da origen a una serie de construcciones funerarias en el patio de la Purísima Concepción que cambian por completo el estilo de los patios claustrales anteriores para girar estilísticamente al modelo francés del parisino Père Lachaise de 1804. Este cementerio fascinó a las clases acomodadas del Madrid de mediados del xix al ofrecerles un sinfín de formas personales de entender la última morada, dentro de un conjunto funerario en donde el paisaje, la ornamentación vegetal, la libertad de perspectivas visuales, las características pintorescas del lugar, las asimetrías, el juego de estilos y materiales de construcción, les permitía unas singularidades arquitectónicas que ningún otro cementerio madrileño les podía aportar y decidieron mayoritariamente que el patio de la Purísima Concepción fuera el lugar idóneo para la construcción de su última morada, después de abandonar los lujosos palacetes que ocuparon en vida.

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PATIO DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN Este patio fue proyectado en 1852 por el arquitecto de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando don Francisco Enríquez Ferrer, quien estuvo en la ejecución de la obra hasta 1855; posteriormente, en 1860, se modificó substancialmente el trazado por el también arquitecto don José Núñez Cortés. En principio la topografía del terreno, en una colina con una importante pendiente, obligaba a la creación de un acceso independiente de los patios claustrales ya construidos, el desnivel entre las construcciones anteriores y el nuevo patio sobrepasaba la decena de metros; por otra parte, la superficie del nuevo patio, mucho más grande, impedía que pudiera continuarse con el concepto de planta rectangular; por último, el enterramiento en nicho, que era necesario continuar, obligaba a la creación de un cierre perimetral del nuevo patio. La solución proyectada fue la creación de dos rampas de acceso por los laterales de los patios claustrales existentes, unión mediante una bella escalera de dos alas de los antiguos

La configuración de los paseos, situados en ejes rectos y simétricos, con el paso de los años ha sido desbordada por la desordenada construcción de sepulturas y panteones con diferentes estilos, conceptos constructivos y materiales, produciendo un impresionante y bello aspecto caótico al que ayuda la vegetación de cipreses que los años han hecho inmensos patios con la nueva realización, quedando de este modo unidos las antiguas realizaciones con el nuevo proyecto, junto con la utilización de una planta semicircular, como sustitución de la rectangular que también sería delimitada por una construcción porticada; esta alternaría galerías para enterramientos en nichos con pabellones rectangulares que ayudarían a conseguir un ceñido poligonal a la planta en curva, dejando un espacio interior diáfano, con posibilidades de ejes rectos simétricos y la introducción de un elemento vegetal en la decoración dando gran protagonismo a las plantaciones de cipreses, tejos, evonimus y sóforas que hasta mediados del siglo xix solo eran de uso testimonial en los cementerios.

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Galería de nichos perimetral del patio de la Purísima Concepción, que repite los construidos en los patios anteriores

Panteón de Juan Bautista Peyronnet, 1860 Arquitecto que proyectó su propio panteón. Realizó trabajos de cimentación en el patio de la Purísima Concepción y un primer proyecto del mismo, en las obras de cimentación desapareció un teodolito de su propiedad y la Junta de la Archicofradía le compensó con este terreno. El panteón de estilo neoclásico estaba limitado por una verja de hierro hoy desaparecida y en su centro sobre un pedestal destaca una urna funeraria que luce sus instrumentos habituales de dibujo.

Estas innovaciones, la divulgación de dibujos, proyectos y planos de construcciones funerarias francesas y libros como Promenade spittores que saux cimetiéres du Père Lachaise, de Montmartre, de Mont-Parnasse et autres hicieron de la sacramental de San Isidro un lugar deseado para el descanso eterno por las oligarquías urbanas madrileñas. En las décadas finales del siglo xix y en el xx se amplió la sacramental con los patios de Santa María de la Cabeza y Santísimo Sacramento, con el patio de Nuestra Señora del Carmen a la izquierda de la rampa principal de acceso al patio de la Purísima Concepción, también con galerías porticadas y panteones singulares; en la actualidad ya está iniciado el nuevo patio de Santiago Apóstol que se unirá a la ermita de San Isidro por una plaza ajardinada.

UN PASEO POR EL ARTE FUNERARIO La posibilidad irrepetible de reunir en tan poco espacio tanta obra de arte obedece a las sinergias que durante los últimos treinta años del siglo xix se establecieron entre distintos factores; por un lado, la situación político-económica que dio apoyo a la aparición de una nueva clase social, la burguesía, y por otro, el concepto de esa nueva clase que consideraba las sacramentales como un espacio social de prestigio para el descanso eterno y encargaba a la misma elite de arquitectos y escultores que realizaban las obras de sus palacetes en los mejores emplazamientos de Madrid, las construcciones de sus moradas espirituales en los nuevos cementerios.

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Tumba de Francisca Martínez Moreno y Cándido Moreno, 1891 El arquitecto Enrique de Vicente y Rodrigo proyectó en superficie una tumba de suelo y un subterráneo panteón de planta rectangular con capacidad para catorce nichos. En la parte superior proyectó un grupo escultórico en mármol blanco representando las tres virtudes teologales sobre un pódium y a los lados, sobre dos sarcófagos profusamente adornados con motivos vegetales, dos alegorías representando al comercio y a la agricultura.

Panteón de la familia Perinat, 1897 Construido por Enrique Fort y Guyenet por encargo de la marquesa de Perinat, D.ª Carmen Terry y Dorticos. De planta octogonal sobre una base circular y cubierta de hiladas concéntricas de piedras y en su cúspide un ángel de bronce de alas desplegadas; junto a la entrada un segundo ángel.

Durante los años 1868, recién estrenado el nuevo patio de la Purísima Concepción, estalla la revolución de septiembre que será conocida como la Gloriosa, la reina Isabel II tiene que partir para París, mientras unas nuevas Cortes redactan la Constitución de 1869, que define el sistema político de España como una monarquía constitucional; el general Serrano es designado como regente y se recurre a Amadeo de Saboya para ser erigido rey en 1870, el sector más poderosos de la sociedad española, es decir, la burguesía urbana y los terratenientes, comienzan los intentos de un regreso de los Borbones en la figura del príncipe Alfonso, hijo de Isabel II, mientras los republicanos federales eran los más fervientes partidarios de llevar el proceso revolucionario hasta sus últimas consecuencias y Amadeo reconociendo la difícil situación en que se encontraba abdica en 1873, comenzando así una breve etapa republicana que un año más tarde termina con la Restauración monárquica en la figura de Alfonso XII.

La llegada del nuevo rey Alfonso XII y la posterior regencia de su esposa María Cristina de Habsburgo-Lorena hasta 1902, marcan un periodo de gran estabilidad política basado en la alternancia de gobierno de moderados y liberales, la Iglesia, amparada por el Estado confesional, vivió un momento de gran expansión, hasta el punto que podemos hablar de un neocatolicismo prácticamente institucional, la nobleza, tanto la antigua como la nueva, tuvo un gran prestigio, pues representaba el poder, el status social y la legitimidad histórica e hicieron una enorme exhibición de su poder y riqueza tanto en la construcción de sus palacios, situados en las vías más imponentes de la ciudad, como un símbolo de representación social y, a la hora de construir su última morada eligieron los cementerios privados de las sacramentales, como ya anticipábamos antes, al hablar de la eclosión artística del patio de la Purísima Concepción.

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Panteón de los marqueses de Amboage, 1890 Proyecto del arquitecto y decorador D. Arturo Mélida y Alinari, es uno de los panteones más espectaculares del conjunto de la sacramental por su estética y el empleo de cerámica y azulejo en su techumbre, la elevada aguja calada de hierro fundido es obra de José Pañeda y hace que la masa metálica de puntas múltiples ideada así por Mélida; sirviera de pararrayos que descarga en un pozo abierto en el centro de la cripta hasta encontrar el agua del manantial que va a la ermita, la aguja está recubierta de chapas repujadas de latón y cerámica y rematada por una ornamentada cruz, llegando a ser una pequeña catedral gótica funeraria.

FAMILIAS NOBLES
La representación de la nobleza de «viejo cuño» en el patio de la Purísima está representada por los duques de Sotomayor, marqueses de Riscal, condes de Oñate, condes de Santa Coloma, marqueses de Santa Marca, marqueses de Viana, condes de Plasencia, duques de Sueca, conde de Guaqui, marqueses de Aguilar de Campoo, duquesa de Castro-Enríquez… además de contar con los nuevos representantes de la nobleza, de «nuevo cuño», premiados por Alfonso XII con títulos nobiliarios por su labor en pro de la restauración y extraídos de los sectores económicos, políticos y militares entre ellos, la duquesa de Denia, la marquesa de Elduayen, el conde de Malladas, los condes de Crespo-Rascón, los marqueses de Revilla de la Cañada, los marqueses de Casa-Jiménez entre otros.

Panteón de Germán Gamazo, conde de Gamazo, 1898 Proyecto de Ricardo Velázquez Bosco autor de los edificios más significativos de las exposiciones internacionales del siglo xix que aún se conservan en el jardín del Retiro y de la Escuela de Minas y actual Ministerio de Agricultura. Trabajo muy raramente para proyectos particulares y posiblemente fue amigo personal del conde de Gamazo para el que proyectó un panteón carente de capilla funeraria, los enterramientos se hacen en una bóveda subterránea a la que se accede por una entrada en el suelo, en la superficie, un altar sustentado por unas columnas y un pedestal rematado por una cruz, delimitado por un pequeño muro con adornos de líneas rectas. El conjunto sugiere el altar de una pequeña iglesia.

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Sepultura de don Vicente Alonso Martínez, 1893 Proyecto del arquitecto D. Agustín Ortiz Villajos que según memoria depositada en la sacramental se cita: «Dicha construcción consistirá en fábrica de ladrillo con mortero de cal y arena, todos los cimientos y muros hasta llegar al nivel del terreno donde se construye, guarneciendo los paramentos interiores de las sepulturas con cemento Portland. El resto del Mausoleo ó sea toda la construcción exterior, será de piedra blanca de las canteras de Jumilla». La tumba consta de tres sepulturas de suelo con cabecera común de inspiración neogótica. Las losas que sirven de cubiertas a las sepulturas tienen grabada una gran cruz. En el centro de la hornacina hay un medallón con el busto de perfil del finado, tallado en mármol blanco.

FAMILIAS BURGUESAS
La configuración de las sacramentales como espacio social de prestigio atrae también a la alta burguesía, que bien alcanza la nobleza o forma una elite urbana, tal es el caso de marqués de Mudela, Mateo Murga, la familia Anduaga, Vicente Bertran de Lis, familia Norzagaray, familia López y López. Como también son fascinados por este lugar, los representantes del mundo de la política, como el conde de Malladas, José Díez Agüero Canalejas, Antonio Maura o Alonso Martínez e Intelectuales como Donoso Cortés, Meléndez Valdés. De esta manera, queda configurado el patio de la Purísima con personajes de gran trascendencia social, con un gran recuerdo histórico y como testimonio cierto de un momento de auge económico, anterior al desastre del 98.

Panteón de don Francisco Godia, 1954 Proyectado por el arquitecto D. José Marañón Richi, concebido con un gran criterio de modernidad utilizando cuatro pilastras de hormigón armado chapadas con piedra berroqueña y sobre ellas una cubierta asimismo de hormigón armado recubierta en su parte superior por un enlosado de granito y en la inferior por un chapado de piedra de Colmenar; en el centro del cual se sitúa el relieve del Espíritu Santo en forma de paloma que espera la llegada al cielo del alma. El simbolismo del paso a la Vida Eterna se logra con las esculturas de cuatro ángeles que descienden del cielo y tirando de fuertes cadenas tratan de llevarse el alma del difunto encerrado en un sarcófago. El frente del mismo lleva unos relieves que representan a un difunto rodeado de plañideras y en la tapa de la urna funeraria tiene grabada una cruz como símbolo de la muerte en Cristo. En el archivo de la sacramental consta memoria descriptiva firmada por el arquitecto:«ha de simbolizar ante todo la transición de la vida terrena a la vida etern». Es por su configuración uno de los mausoleos más originales del patio de la Concepción; concebido con un gran criterio de modernidad.

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Panteón del marqués de Casa Jiménez, 1889 Construido por Eduardo Adaro que empezó su carrera profesional con el proyecto del Banco de España y le sorprende la muerte con la elaboración del proyecto del Banco Hispano Americano. La sorprendente estructura piramidal, que parte de una base cuadrada en piedra berroqueña con una sola abertura, comunica una especial sensación de túmulo funerario y magnífica su solidez con la utilización de piedra de sierra Elvira de Granada.

Panteón de la familia Cuadrado y Arcos, 1890 Realizado por el arquitecto don José Grases Riera autor también del palacio de Longoria actual sede de la Sociedad General de Autores y Editores y del edificio de la Equitativa hoy Banco Español de Crédito. Según la memoria del proyecto de reforma que obra en poder de la sacramental, del 13 de julio de 1890, solamente se realizó la capilla exterior sobre la superficie o cubo de piedra de granito: «sin reformar ni variar en lo más mínimo la cripta o el espacio destinado a los enterramientos». Anteriormente hubo desde 1876 otra construcción compuesta por pedestal y figura alegórica representando la Religión con gran cruz y diadema de rayos (los planos y alzados del antiguo proyecto se conservan en el archivo de la sacramental, firmados por el arquitecto D. José Núñez Cortés).

ARQUITECTOS DEL MOMENTO Esta elite selecta de finales del xix encarga sus monumentos funerarios a los arquitectos más prestigiosos y artífices del nuevo Madrid monumental y cosmopolita entre ellos a Eduardo Adaro, autor del Banco de España; Repullés y Vargas de la Bolsa de Comercio; Grases Riera de la actual Sociedad General de Autores; marqués de Cubas autor del primitivo proyecto gótico de la catedral de la Almudena; Arturo Melida, arquitecto, pintor y autor del proyecto del monumento a Colón que inicia la Castellana; Velázquez Boscos autor de los edificios de las exposiciones internacionales en el Retiro que hoy conocemos como el palacio de Cristal y el de Velázquez; López Salaberry que firmó el proyecto del antiguo edificio de ABC; Urioste y Velada, arquitecto municipal artífice de las puertas monumentales del Retiro; Ortiz; Ruiz de Salces; Bautista Lázaro y Saínz de la Lastra, todos ellos constituyen una nómina de arquitectos 42 Madrid Histórico

realmente excepcional que también, en muchos casos eligieron esta sacramental para sus enterramientos. Esta pléyade de artistas, muchos de ellos provenientes de la Escuela de Arte de San Fernando y algunos otros formados en la nueva Escuela de Arquitectura que abre sus puertas en 1844, basan sus construcciones en un modelo neoclásico, inspirado en las formas del pasado alentando un clasicismo grecorromano, otros apuestan por el nuevo estilo romántico que reivindica tanto la recuperación del gótico, el estilo historicista y el regionalismo, sin olvidarnos del eclecticismo que une de forma armónica diferentes elementos de distintas corrientes artísticas, formando un nuevo estilo arquitectónico, y tal como lo hacen en sus obras urbanas, lo realizan también en el patio de la Purísima haciendo de este entorno un crisol de estilos difícilmente localizables en otro espacio de dimensiones similares en ninguna otra parte de España.

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[1] Excelente trabajo escultórico del italiano Lucheti (Pésaro 1823-Nápoles 1892) afincado en Madrid [2] Ángel en la entrada del panteón de la familia Perinat, obra que fue presentada a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1906 por su autor Luis Perinat Terry [3] Grupo de la tumba de Francisca Martines Moreno representando a las virtudes teologales, Palas Atenea y Mercurio

OBRAS Y ESCULTORES Como respuesta ornamental a las construcciones de los panteones se recurre a afamados escultores, que también son reconocidos artistas por sus realizaciones en la estatuaria urbana nacional, sus obras artísticas podemos dividirlas en tres categorías diferentes: la estatuaria con figuras alegóricas de ángeles y virtudes, bustos en bajorrelieves o en bulto redondo y los detalles simbólicos e iconográficos que adornan sepulturas y panteones y que ofrecen una gama variadísima de interpretaciones. De esta manera tenemos el espléndido ángel de bronce del panteón de los marqueses de Casa Riera, obra de Marinas y el grupo escultórico que coronaba el panteón de los Duques de Denia de M. Benlliure hoy desaparecido aunque se conserva el magnífico Cristo (Madrid Histórico n.º 34) y las sepulturas, todo ello fechado en 1904, de estética modernista el panteón de Guirao de A. Querol fe-

chado en 1909, de Ricardo Bellver, autor del Ángel Caído del Retiro madrileño, tenemos la imagen femenina de la Fama que remata el Panteón de Hombres Ilustres aunque hay que lamentar la desaparición de un ángel de bronce que adornaba el panteón de la Gandara, aunque se conserven la Esperanza de F Moratilla, la Religión de M. Oms, la Fe y la Caridad del italiano Tadolini, aunque se encuentren eclipsadas por el magnifico Ángel de Monteverde (Madrid Histórico n.º 32) que trabajó en escultura funeraria en el cementerio italiano de Staglieno. Obras de Estany, Folgueras, Clará, salpican también este patio de la Sacramental. Entre las obras de otros italianos podíamos citar Civiletti que firma el medallón del compositor Cristobal Oudrid, Arturo Luchetti que esculpe el sepulcro de los marqueses de Esteve de las Delicias y el de Milla García y Francisco Isidori que realizó el modelado de los capiteles que decoran el claustro del patio de la Purísima.

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[1] Clepsidra alada y adorno floral, motivos muy repetidos en la iconografía de muchos panteones [2] Capiteles que decoran la galería perimetral del patio de la Inmaculada Concepción obra de Francisco Isidori [3] Medallón con el busto de Goya, enmarcado con adornos de hojas de acacia, situado en el panteón de hombres ilustres de la sacramental

3 como formas sepulcrales y representaciones de animales como serpientes, cisnes, lagartos, cigüeñas, búhos, murciélagos. Los símbolos del mundo vegetal se encuentran representados en cestillos, guirnaldas y coronas florales simbolizando la fugacidad de la vida, siemprevivas, ramas de olivo, rosas, lirios, azucenas, perpetuas, pensamientos, pasionarias y, sobre todo, hojas de palma dan significados alusivos a la victoria de la vida eterna sobre la muerte, recuerdos eternos, inocencia castidad, sueño eterno, pasiones o triunfos. Toda esta simbología unida a la decoración vegetal del patio con elevados cipreses que hace elevarse la mirada al cielo, las marcas en las piedras de los panteones que sugieren el paso tranquilo del tiempo, al fondo un Madrid que parece alejado a pesar de estar tan cerca, hacen de este recinto un lugar ideal para el paseo que nos traslada a otras épocas. La espectacularidad de algunos de los panteones, más de trescientos, obligaría a un estudio pormenorizado de ellos, lo que se excede de las pretensiones de este articulo pero no podemos dejar de resaltar a modo del ejemplo dos de ellos, el Panteón de Hombres Ilustres y la única obra modernista de la sacramental, el panteón de la familia Guirao.

ICONOGRAFÍA Y SIMBOLISMO Desde el punto de vista de la iconografía simbólica funeraria tenemos representaciones muy frecuentes de la cruz, símbolo universal incluso por encima de planteamientos cristianos, de las virtudes cardinales, del cirio encendido, el cordero o el cáliz, el áncora de la esperanza y el ave fénix, junto con los símbolos específicos de la muerte, calaveras, guadañas, relojes de agua (clepsidras) inclusive los alados, mesa de altar, pirámides, obeliscos

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Detalle de la escultura que corona la columna funeraria del monumento

EL PANTEÓN DE HOMBRES ILUSTRES Fue erigido por orden del Ministerio de Fomento, bajo el Gobierno del liberal Mateo-Sagasta en el cementerio más importante de Madrid, bajo la dirección del arquitecto D. Joaquín de la Concha en 1885. Se realizó para albergar a cuatro destacados personajes de la historia de España que murieron en territorio francés. El pintor Francisco de Goya cuyos restos fueron traídos de Burdeos, posteriormente se trasladaron a la ermita de San Antonio de la Florida en 1918; el filósofo Donoso Cortés y los poetas Leandro Fernández de Moratín y Juan Meléndez Valdés. El monumento tiene forma triangular donde se adosan tres sepulturas en forma de aspa. Contando en las cabeceras, con los bustos de los personajes en relieve, dentro de medallones de 46 centímetros de diámetro (realizados en mármol de Rabbaggioni), que representan a los sepultados, rodeados de coronas de hojas de acacia y en la parte baja en la unión de ambas ramas la estrella flamígera o de cinco puntas. Cuando en 1900 se trae a L. Fernández de Moratín la reforma se lleva a cabo por el arquitecto D. Ricardo Velázquez Bosco (1843-1923) autor del palacio de Velázquez en el Retiro entre otras edificaciones. Arriba unas alegorías representan las habilidades que tenían estos grandes homenajeados, como la poesía, la elocuencia, la pintura y la literatura.

La columna funeraria sobre basamento octogonal está realizada en piedra con fuste estriado dividido en cuatro cuerpos, haciendo a su vez de monumento conmemorativo. Tiene en su cúspide la figura de la Fama (divinidad alegórica, mensajera de Júpiter, creada por la Tierra para dar a conocer los crímenes de los dioses después de la derrota de los Gigantes) realizada en mármol y piedra por Ricardo Bellver (autor de diferentes esculturas en la misma sacramental). Este tipo de recursos decorativos se utiliza ya en las antiguas civilizaciones griegas y romanas para recordar a sus difuntos. La escultura tiene forma de mujer alada que contornea el torso, otorgando movimiento y ligereza a la figura con una túnica de múltiples pliegues. ENTERRAMIENTOS POSTERIORES Actualmente reposan los restos del General Diego de León, conde de Belascoain, fusilado en la cercana pradera el 15 de octubre de 1841 (destacando la hermosa carta que deja a su esposa donde le insta a educar a sus hijos con honra) trasladado desde los antiguos patios, como también reposan los del músico D. Francisco Asenjo Barbieri y su esposa D.ª Joaquina Peñalver.

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EL PANTEÓN GUIRAO Es obra del escultor Agustín Querol (18601909), realizado en 1909, considerado sin lugar a dudas una obra maestra del arte funerario español junto con el magnífico mausoleo de su mecenas el político conservador D. Antonio Cánovas del Castillo en el Panteón Nacional de Hombres Ilustres. El arquitecto Ignacio de Aldama se ocupó de la parte básica y menos lucida de la edificación. La estancia de Querol en Roma le hace volver con una formación que lo encumbra obteniendo la fortuna y la fama con numerosos encargos de prestigio en diferentes lugares de España. La situación del monumento en el centro del eje principal del patio de la Purísima Concepción hace que se imponga sobre el resto de panteones, acompañándole y engalanándole cuatro cipreses centenarios. Fue un encargo del diputado a Cortes y concejal D. Luis Federico Guirao para su esposa Dª Luisa Sancho Mata. El conjunto de gran armonía y movimiento estaba rodeado de un trabajo de forja que delimitaba el terreno, hoy tristemente desaparecido. Se conserva la bellísima puerta de hierro que da acceso a la cripta (de forma circular, cubierta por bóveda semiesférica) con motivos vegetales silvestres entremezclados, de puntas y hojas con espinos. Aparece una cruz en la cabecera con un

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crismón grabado y en torno a ella se crea un gran escenario donde toman fuerza un total de catorce figuras; siete angélicas y siete humanas (destacar el misticismo del número siete en las Sagradas Escrituras), las formas angelicales de alas desplegadas, etéreas y celestiales se elevan hacia el cielo. El grupo más numeroso aparece al pie de la cruz donde un ángel conforta con sus enormes alas a un hombre, una mujer con su hijo y una mujer postrada de rodillas. El artista vigila y supervisa el efecto visual del conjunto, destacando como excelente modelador y aportando una técnica prodigiosa y modernista, a la vez que separa ampliamente las figuras humanas con el dolor y sufrimiento y los seres de luz confortándoles e iluminándoles. En niveles inferiores, y en diferentes alturas, se mezclan con seres terrenales que representan virtudes que el difunto ha podido practicar en vida como la caridad, el perdón, la compasión, la limosna…..La mala calidad de la piedra caliza hace que se estén perdiendo parte de sus formas, difuminándose las caras e inclusive se han desprendido algunas cabezas y piezas del grupo escultórico.
La autora agradece expresamente las facilidades aportadas por el presidente de la junta de gobierno de la Archicofradía de San Isidro para la consulta de su archivo histórico que permitió la elaboración de este articulo.

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