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75 AÑOS DESPUÉS, SEGUIMOS PUÑO EN ALTO Nos dicen que de la historia se aprende,

75 AÑOS DESPUÉS, SEGUIMOS PUÑO EN ALTO

Nos dicen que de la historia se aprende, y es verdad. Lo que no nos dicen es que la historia cambia dependiendo de quién te la cuente. En este pedazo de tierra que llaman España, hay una gran historia que pocas veces ha sido contada por sus protagonistas, y muchas veces ocultada por aquellos a los que no interesa contar la verdad. Corría la década de los treinta del pasado siglo, y en las calles de los pueblos y ciudades la gente soñaba con cambiar el mundo. La socie- dad se regía por normas parecidas a las actuales: unos pocos acumula- ban riqueza mientras que la gran mayoría se hacinaba rodeada de miseria. Había que trabajar mucho y muy duro para salir adelante, y los que levantaban la voz en contra de las injustas condiciones que habían si- do impuestas a los trabajadores, eran perseguidos, encarcelados o direc- tamente asesinados. El gobierno, tras el disfraz democrático que le otorgaba la Segunda República, ostentaba el poder sacudiendo a la clase trabajadora mediante mandatos que la perjudicaban. Las decisiones eran tomadas por una minoritaria clase política, que compinchada con la bur- guesía, cortaban las alas de una so- ciedad que aspiraba a vivir en libertad e igualdad. Sin embargo, nuestros abuelos y bi- sabuelos no se conformaban con las migajas de un pastel que se re- partían unos pocos. Eran conscien- tes de la fuerza de su número, y se organizaban. En la España de los años treinta, las huelgas, las mani- festaciones los sabotajes y la “gim- nasia revolucionaria” se respiraban en campos, fábricas y talleres. Los trabajadores comprendían que eran ellos quienes cultivaban la tierra, ac- cionaban las máquinas o fabricaban los útiles necesarios para que la eco- nomía funcionase. Sabían que ellos eran la pieza imprescindible, y que si se unían, podrían dar la vuelta a la si- tuación. Eran hijos del trabajo y no renegaban de él, pero entendían que el trabajo había que repartirlo. No aceptaban trabajar de sol a sol, pe-

ro tampoco aceptaban que hubiera gente que comiera sin trabajar. La clase obrera española se organizaba en sindicatos, en los que encontraban la herramienta que les permitía enfrentarse a gobierno y burguesía con garantías. El sindicato representaba la unión y la organi- zación del proletariado. Pero además de eso los sindicatos se con- vertían en las escuelas del pueblo, los obreros adquirían cultura y eran capaces de vislumbrar una sociedad más libre y más justa, en la que no hubiera patrones, gobiernos ni religiones que los sometieran. En Mayo de 1936, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) celebró un congreso en Zaragoza, en el cual declaró que su finalidad era realizar una revolución que cambiase la sociedad. El objetivo era abolir el gobierno y la propiedad privada e instaurar en su lugar un régimen asam- bleario y federalista, en el que todo el mundo tuviese el mismo derecho a decidir sobre su vida y tuviese garantizado el trabajo, las necesidades básicas y poder disfrutar de una vida digna en plena libertad. Al mismo tiempo, todo el mundo, pa- ra poder obtener las ventajas de esta sociedad, debía contri- buir con su trabajo. Se seguía la consigna “de cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades”, y lo llamaron el “Comunismo Libertario” o lo que es lo mismo: la sociedad anar- quista.

Hacia la primavera de 1936, los trabajadores españoles estaban preparándose para ha- cer la revolución. Se acababa la era de la explotación y de la au- sencia de libertad: los sindicatos hervían, las imprentas no para- ban de sacar publicaciones obre- ras, proliferaban centros de cultura obreros o “ateneos liber- tarios”… Pero no todo era bonito y del color de rosa. El gobierno de la república había intentado por todos los medios aplacar la rabia de los obreros. Había inclu- so llegado a cometer crímenes imperdonables como los sucesos

los medios aplacar la rabia de los obreros. Había inclu- so llegado a cometer crímenes imperdonables

de Casas Viejas (1933), en el que se masacró a un pueblo entero por negar- se a aceptar que la tierra perteneciera a unos pocos terratenientes en lu- gar de a los campesinos que la trabajaban; o la represión contra la Revolución de Asturias (1934), en la que el ejército republicano declaró la guerra a los mineros y otros trabajadores asturianos que, organizados en la CNT y la UGT, intentaron dar el paso hacia la libertad y la justicia. Una parte del ejército, viendo que la República era incapaz de so- meter a los trabajadores y así parar la revolución, empezó a preparar una sublevación fascista, con el objetivo de aniquilar las ilusiones y los proyectos revolucionarios, y someter al pueblo a la moral degradante im-

puesta por la Iglesia Católica. Es por ello que la clase obrera revoluciona- ria, organizada mayoritariamente en el sindicato anarcosindicalista CNT, comenzó a hacer acopio de armas y a preparar la defensa de la libertad y la justicia social.

El 17 de julio de 1936, los fascistas se sublevaron en Marruecos.

La CNT dio la consigna revolucionaria. Aquello por lo que se había luchado, los valores defendidos, las ideas y el amor a la libertad empiezan a tomar cuerpo. Ese mismo día, en Barcelona, los obreros tomaron los transpor- tes y los principales edificios públicos. La Generalitat de Cataluña intentó evitar que la chispa de la revolución prendiese en Barcelona, pero la fuer- za de los trabajadores organizados les desbordaba. Los obreros del trans- porte se apoderan de las armas que había en los barcos anclados en el

puerto. El objetivo: frenar a los fascistas y convertir a Barcelona en el fo- co desde el que se extendería la Revolución Social.

El 18 de julio el avance de los fascistas era importante. La CNT y

la UGT proclamaron la huelga general. En el caso de la CNT se trataba de la huelga general revolucionaria. En muchos lugares, la vuelta al trabajo después de ese paro no iba a ser en un régimen capitalista, sino en indus- trias, fábricas y tierras que pasarían a estar bajo control obrero. Llega- ba el momento esperado, tocaba a los trabajadores ser los protagonistas. Cuando la sublevación llegó a Barcelona, los militares se encon- traron con una clase obrera organizada sin dirigentes ni vanguardias. No tenían enfrente a un ejército republicano, sino a trabajadores normales y corrientes, con un armamento escaso, pero con la fuerza que les daba el luchar por sus ideas y por su libertad. La clase obrera barcelonesa era mayoritariamente anarquista, y el grado de conciencia de los trabajado- res era tal, que el ejército fascista no pudo hacer frente a esos humildes obreros y su revolución. En menos de 24 horas, los trabajadores, sin ayu- da alguna de gobiernos ni instituciones, habían barrido al fascismo de to- da Cataluña. El control ahora no lo tenía ni el ejército sublevado, ni la

República ni la Generalitat. El control ahora lo tenían los trabajadores, lo tenía la CNT.

A partir del 19 de julio, comenzó en España una Revolución So-

cial que por su magnitud y su contenido, se puede decir que es única en la historia de la humanidad. El pueblo organizado, de manera completamente independiente y autónoma, tomó las riendas de la economía y de la políti- ca, aboliendo en numerosos lugares al Estado y el Capitalismo. Al mismo tiempo, los trabajadores fueron capaces de formar milicias y parar el avance del fascismo, con un armamento escaso y defectuoso, y rechazan- do por propia elección el formar un ejército que les condenaría a someter- se de nuevo a una jerarquía. Ese pueblo en armas fue el que venció al

fascismo los primeros meses de lo que se llama “Guerra Civil”, siempre si- guiendo la consigna de que la revolución y la guerra eran inseparables.

El verano de 1936 fue único en la historia. En Cataluña y Levante

se socializaban fábricas e industrias. Los obreros tomaban las decisiones

sin necesidad de patrones, y eran capaces de aumentar la productividad y la eficiencia de una forma impresionante. Miles de personas adquirían cultura en centros obreros y proliferaban las escuelas libertarias. En Andalucía, algunos pueblos quemaban el dinero en la plaza entre vítores, proclamando el comunismo libertario. En Aragón y Cataluña se colectivi- zaron las tierras quedando abolidas las grandes propiedades y pasando a ser de las colectividades de trabajadores. En estas colectividades, los trabajadores se organizaban y tomaban las decisiones por asambleas, eli- minando cualquier signo de autoridad. Se hizo realidad la utopía anarquis- ta de que es posible vivir sin patrones ni gobiernos. George Orwell, en su libro “Homenaje a Catalunya” dice:

“Yo estaba integrando, más o menos por azar, la única comunidad de Europa occidental donde la conciencia revolucionaria y el rechazo del capita- lismo eran más normales que su contrario. En Aragón se estaba entre decenas de miles de perso- nas de origen proletario en su mayoría, todas ellas vivían y se trataban en términos de igual- dad. En teoría, era una igualdad perfecta, y en la práctica no estaba muy lejos de serlo. En algunos aspectos, se experimentaba un pregusto de socia- lismo, por lo cual entiendo que la actitud mental prevaleciente fuera de índole socialista. Muchas de las motivaciones corrientes en la vida civiliza- da —ostentación, afán de lucro, temor a los patro- nes, etcétera— simplemente habían dejado de existir. La división de clases desapareció hasta un punto que resulta casi inconcebible en la atmósfe- ra mercantil de Inglaterra; allí sólo estábamos los campesinos y nosotros, y nadie era amo de na- die.”

Entre tanto, el fascismo iba recibiendo ayudas internacionales como la de Italia, Alemania o Portugal. La revolución no recibía ayudas. Es más, la propia República se negaba en un principio a facilitar armas a los obreros, demostrando más temor hacia la propia revolución que hacia los militares sublevados. Lo mismo pasaba con las potencias extranjeras que supuestamente estaban del lado de la república. La clase obrera se enfrentó sola al fascismo y le venció las primeras batallas, pero pronto debió enfrentarse también con otros enemigos que amenazaban la mar- cha de la revolución. La contrarrevolución del partido comunista, las trabas impues- tas por la República y la infiltración del autoritarismo en los órganos de

"A partir del 19 de julio, comenzó en España una Revolución Social que por su magnitud y su contenido, se puede decir que es única en la historia de la humanidad. "

la CNT y la FAI comenzaron a dinamitar la obra constructiva de la revolu-

ción. Los comunistas, desde la retaguardia, fueron sometiendo la revolu- ción a la disciplina del partido, lo cual no era comprendido por los trabajadores. Ante esta situación, decidieron imponer su disciplina autori- taria por medio de la fuerza, disolviendo colectividades y tomando posicio- nes en el gobierno de la República gracias a la influencia de Stalin. Especialmente representativa es la figura del comandante Líster, del Par- tido Comunista, el cual fue responsable de la muerte de numerosos traba- jadores que se negaron a aceptar las imposiciones y defendieron la revolución. Todo ello, mientras los milicianos anarquistas luchaban con- tra los fascistas en el frente, sin conocer que detrás de ellos la revolu- ción estaba siendo traicionada. Incluso dentro de las organizaciones obreras, el autoritarismo hizo acto de presencia. Evidentemente, la fuerza de los trabajadores era tan grande que los oportunistas y los políticos intentaban sacar partido incluso de la propia revolución. Esto sin duda propició que la CNT y la FAI cayeran en errores y contradicciones históricos, como fueron a entrada en el gobierno de la República o la militarización de las milicias. Sin embar- go, ni todas las milicias pasaron por el aro, ni todos los trabajadores acep- taban las imposiciones de las cúpulas. La mayoría permanecían fieles a la revolución. Pese a ello, el daño estaba hecho. Muchos fueron los factores que determinaron la derrota de la Revolución Social de 1936. Sin embargo, el tiempo que duró, demostró ser

un ejemplo de que existe la posibilidad de vivir en una sociedad libre e igua- litaria, sin Estado ni capitalismo, en la que los individuos se desarrollen li- bremente y sin coacciones. Abel Paz, conocido militante de la CNT que participó en la Revolu- ción, decía que los trabajadores sabían que la Revolución estaba condena- da a fracasar. Su función sería, pues, la de servir de ejemplo a las generaciones futuras de que la anarquía no es imposible, sino que es nece- saria. Lo más importante no es recordar con añoranza el tiempo en que los trabajadores mantenían la cabeza alta y escupían sobre los privile- gios de los capitalistas, las riquezas de las Iglesias ardían en las plazas de los barrios y pueblos entre vítores y los campesinos trabajaban gusto- sos sabiendo que daban de comer a trabajadores y no a parásitos. Lo im- portante es que gracias a estas personas nosotros podemos aprender a hacer una revolución que no esté condenada al fracaso, pues ellos nos han allanado el camino. La Revolución Española no sale en los libros de historia pese a ha- ber sido un acontecimiento único. Quizás no sale porque los libros de histo- ria los escriben los vencedores, y en el episodio de la guerra de clases que se llamó “guerra civil” ganó el bando del poder y del dinero. Durante 40 años ese bando nos gobernó a base de violencia, humillación y silencio.

Y hoy, tras más de 30 años de democracia, los enemigos de la revolución

nos siguen gobernando. Se mantiene el silencio y el olvido porque la Revolu- ción Española asusta, ya que puso contra las cuerdas al fascismo y a la república, y hubiese hecho lo mismo con cualquier forma de gobierno y au- toridad.

75 años después debemos elegir: o seguimos humillados y degra- dados en nuestra vida y nuestros trabajos, o plantamos cara y les demos- tramos que, hoy como ayer, seguimos puño en alto.

Coordinadora Anarquista del Noroeste (www.anarquismo-noroeste.org)

 

¡PELIGRO, QUE VIENE EL PAPA!

Este próximo mes de agosto, el Papa Benedicto XVI visita Ma- drid. No nos resulta grata esta visita por varios motivos: en primer lu- gar, este viaje va a suponer un gasto para los madrileños que, sin haber sido preguntados, cederemos espacios e infraestructuras públicas para usos privados en condiciones privilegiadas a las que no podemos acceder otras asociaciones u organizaciones. Por otro lado, el Papa es el máximo jerarca de una organización religiosa cuya historia está llena de crímenes y por la que sentimos un fuerte re- chazo. Enemiga de la justicia social y del progreso humano, esta institu- ción también es enemiga de la igualdad social (y entre hombres y mujeres), del pensamiento crítico, de la libertad sexual, del humanismo, etc.

No podemos dejar a un lado un aspecto fundamental, no relacio- nado con el Papa Benedicto XVI o con la Iglesia Católica Apostólica y Ro- mana, sino con las religiones en sí mismas: ese aspecto es la crítica a una superstición que somete al ser humano a una voluntad superior, creadora y primigenia. Dicho sometimiento supone una negación del ser humano como ser libre.

1.

¡Peligro, que viene el Papa!/ La crisis no llega al Vaticano

La crisis causada por la banca y que estamos pagando los tra- bajadores no afecta a la Iglesia Católica. O al menos eso parece, porque de otro modo es injustificable el gasto que va a suponer la Jornada Mun- dial de la Juventud. A través de un periódico¬empresa cualquiera pode- mos observar que se está manejando un presupuesto de 47 a 54 millones de euros en esta jornada. Pero en estos cálculos no aparece lo que tie- nen que pagar los madrileños por este acontecimiento: el presupuesto pa- ra “seguridad” pagado por los madrileños, la limpieza pagada por los madrileños, la cesión gratuita del Paseo de Recoletos, la plaza de Cibeles, la sede del ayuntamiento, el aeródromo de Cuatro Vientos, el Palacio de Congresos o el Palacio de los Deportes; descuentos especiales en los transportes públicos para los asistentes; o la elaboración de un progra- ma específico para los Veranos de la Villa. Todo pagado por los madri- leños.

2.

¡Peligro, que viene el Papa!/ La Iglesia una organización criminal

Enumerar los crímenes de la Iglesia Católica desde la Edad Me- dia hasta la actualidad daría como mínimo para miles de páginas. De he- cho, para quien tenga un mínimo interés en conocer los crímenes perpetrados o amparados por la Iglesia recomendamos a Karlheinz Deschner, un autor que ha publicado obras como Historia criminal del Cristianismo o El anticatecismo: doscientas razones en contra de la Igle- sia y a favor del Mundo.

3. ¡Peligro, que viene el Papa!/ La Iglesia Católica y la religión contra el hombre

Que la idea de religión está estrechamente ligada a la supersti-

ción es evidente, pero obviamente siglos de oscurantismo hacen que la idea de Dios pese sobre casi toda la humanidad como una carga de la cual resulta casi imposible desprenderse por completo.

No es extraño encontrar en todas las religiones algunas virtudes comunes ensalzadas como deseables o incluso imprescindibles:

- La sumisión y el conformismo suelen ser virtudes muy bien consideradas por las distintas doctrinas religiosas del mundo. Así nos lo

recuerda Napoleón Bonaparte que señala que «La religión es un excelente material para mantener quieta a la gente normal».

- La fe y la devoción. Como la fe entra en constante conflicto con la razón, no es extraño que la religión considere como una virtud una cierta

forma de irracionalismo (aunque esto, evidentemente, nunca se hará de forma explícita). En este sentido, se construye una verdad absoluta e inamovible que es el dogma iluminado por el cual se ataca todo lo que pueda cuestionarlo. Debido a que la fe supone un sometimiento de la experiencia, de la razón, del conocimiento… se puede llegar a justificar cualquier acción como así lo demuestra la historia de la humanidad. Dice Julian Huxley:

«Recuerdo la historia del filósofo y el teólogo. Ambos se enzarzaron en una disputa y el teólogo recurrió a la viejafrase de que un filósofo es como un ciego en una habitación a oscuras, buscando un gato negro que no está allí. "Puede ser –dijo el filósofo–, pero un teólogo lo hubiera encontrado"». Además no queremos olvidar algo apuntado anteriormente: el principio religioso es la máxima expresión del principio de autoridad. Es el mayor de todos porque la idea de dios enajena al hombre pues aquél se erige en principio y fin de todas las cosas, convirtiendo al ser humano en poco más que un títere. La idea de dios supone el mayor de todos los sometimientos del ser humano en cuanto ser individual que busca el logro de su absoluto autogobierno y el control de todos los aspectos de su vida en sus vertientes individual y colectiva:

«La religión dejará de ser necesaria cuando el hombre sea lo suficientemente inteligente como para gobernarse a sí mismo.» (Francisco Ferrer Guardia)

CNT-AIT Madrid

hombre sea lo suficientemente inteligente como para gobernarse a sí mismo.» (Francisco Ferrer Guardia) CNT-AIT Madrid