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Agathon “Flecha de Acero” y Khara

La tundra es una patria difícil, no deja ni un momento de descanso, a cada instante lucha por superarte y tienes que mantenerte fuerte, levantarte por encima de sus nieves y demostrarle a la indomable tierra que tú tampoco te dejas amedrentar.

En una tierra tan inhóspita la debilidad es cribada, filtrada, convertida en pasto para las plantas y reintegrada en el ecosistema hasta que emerge como fuerza. En esta tierra, la debilidad es muerte, y por eso los orcos del clan Flecha de Piedra la conocen ambos conceptos como una misma palabra: Oriban.

El invierno en la tundra es malo, muy malo. ¿Para qué negarlo? Por la noche todas las capas de pieles de animal que puedas ponerte encima son pocas, y las hogueras deben ser atendidas constantemente porque los vientos y la humedad reinantes no son propicias para el fuego. Además estas atraen a los monstruos. Pero el calor es necesario para la supervivencia, así que hay que estar preparado para dormir poco, tener mucha leña seca para alimentar la hoguera, y un hacha preparada para cuando aparezcan (no “si aparecen”, sino “CUANDO”) los monstruos.

(no “si aparecen”, sino “CUANDO”) los monstruos. El verano, a pesar de lo que uno podría

El verano, a pesar de lo que uno podría pensar, es la peor época de todas. Si, hace más calor, no necesitas tantas capas por la noche y muchos monstruos dejan el lugar buscando un lugar que sea tan frio como ellos necesitan. Pero es una época de enfermedad y mucha escasez.

Con la cantidad de nieve que hay en invierno, al llegar el deshielo el terreno se empantana, y todo son lagos y ciénagas. Es cierto que en esa época el verde abunda, y los renos tienen comida, pero es la época en la que mas mueren, ¿Qué porque? El agua. La hierba está llena de agua y contiene muy pocos nutrientes. Los Renos comen básicamente agua, se llenan el estomago con esta, y no consiguen nutrientes.

Los pantanos y las ciénagas son el caldo de cultivo perfecto para las enfermedades y los insectos para transmitirlas. Añádele unos animales que se alimentan prácticamente solo de agua, y tienes un cóctel explosivo. Si algún orco o vikingo come de un animal enfermo, es muy probable que contraiga esa misma enfermedad, y los médicos y los clérigos no son precisamente algo que este a mano en la tundra.

Además están los Bullywug u hombres rana. Una pequeña raza de monstruitos apestosos, que generalmente viven más al sur, pero al convertirse la tundra en un cenagal, acuden por la

comida fácil (ellos comen insectos) y para aparearse. Estos seres exhuman un gas venenoso – y

mi nariz puede atestiguar que apestoso – que se suma a las enfermedades ya presentes, y

además cazan por deporte todo lo que se cruza en su camino.

La primavera y el otoño son en realidad las “buenas épocas”, el agua vuelve a congelarse en

muchos sitios, pero quedan bastantes lugares sin ella, pequeños oasis donde los animales se

alimentan, esta vez sin tanto porcentaje de agua en la hierba, los insectos portadores de enfermedades mueren con el frio, y los Bullywug vuelven al sur.

Pocos saben porqué - solo dos sabían: uno de ellos está muerto y el otro no lo dirá nunca - Ghema Flecha de Piedra escogió al humano Vyrkul Cabeza de Acero como pareja. ¿Un humano? ¿Qué podía tener de bueno un humano?

Orcos y Vikingos por igual son considerados bárbaros depredadores en las tierras de la Marca

de Hielo, en las Tierras de los Reyes del Linnorm. Siguen a los renos en sus migraciones,

protegiendo a los pequeños de otros monstruosos depredadores – para cazarlos cuando sean mayores y más aprovechables. Además, cuando las cosas van mal dadas, atacar una aldea de “sureños”, como son conocidos los “no-barbaros” por estos últimos, no está mal visto. Es su

culpa por ser débiles y tener la comida a mano.

Ghema – mi madre- siempre fue una de las orcas más poderosas del clan, una experta batidora

y cazadora. No había nadie como ella rastreando a los renos, manteniendo a ralla a quien sea.

Los Orcos compiten con los Vikingos, y si Ghema era la exploradora orca, Vyrkul era su homologo vikingo. Muchas veces su acero se habia cruzado, porque los dos reclamaban el mismo grupo de renos para su tribu. Hasta que un día, Ghema trajo a Vyrkul a la tribu de la Flecha de Piedra. Vyrkul se ganó su lugar en la tribu, y se apareó con Ghema. No conozco los

detalles, lo que sé es que yo nací, y el murió poco después.

Yo era un hibrido, vale que Vyrkul se había ganado su puesto en la tribu, pero yo no. Tuve que

hacerlo todo con mucho más esfuerzo que el resto. Si lo hacía bien era lo que se esperaba de mi, si fallaba era un semihumano, era de esperar, para ellos yo era otro Cabeza de Acero. No busco compasión, ni la buscaba entonces, quería hacerlo bien, quería ser el mejor, y sigo

queriéndolo.

Las pocas veces que tratábamos con los “sureños”, Ghema y yo nos encargábamos. Para ellos

yo era otro Flecha de Piedra. Por alguna razón me tenían pena y eso me hacía odiarles más.

Cuando crecí, me especialicé en cazarles. A veces se hacían los listos e intentaban cazar nuestras presas, entonces se encontraban conmigo y dejaban de tenerme pena. Me temían. Los Flecha de Piedra me reconocieron como uno más, y por un tiempo, eso bastó para mí.

Entonces, cazando a un sureño, encontré un espectáculo grotesco. Uno de ellos había matado

a una loba, y asesinado a sus cachorros recién nacidos. A todos, menos una. Los cachorros eran una mezcla del lobo domesticado de los sureños, y el lobo terrible o “oscuro” de la tundra.

Quizá por eso los sureños los mataron. Cogí a la cachorro y la cubrí con mis mantas, haciendo una mochila portátil donde no habría peligro de que cayera, y seguí rastreando al sureño. Pero

no lo maté directamente, le obligué a llevarme a su casa, y lo mantuve vivo el tiempo

suficiente para ver como morían sus seres queridos. Liberé al resto de lobos domesticados, si

sobrevivían o no, era cosa de la tundra, pero incluso una muerte en libertad es mejor que una vida en servidumbre.

Cuando volví con mi clan, se rieron de mí. Dijeron que la loba no viviría, que era medio débil, igual que yo lo había sido. La llamaron Oriban, y a mi volvían a llamarme semihumano Cabeza de Acero, porque había sido mi mitad humana, mi mitad débil, la que había acogido a la cachorro de lobo. Fue entonces cuando decidí irme de allí. No por despecho, ni por vergüenza. Me fui porque quise, y me llevé a Khara – que así llamé a la loba – conmigo. Cogí un barco de los sureños, y durante el trayecto oí que buscaban manos fuertes en la ciudad de Iceena. Me tomó varios meses llegar hasta aquí. Pero aquí me tienes.

¿Qué dices, Drugar? ¿Quieres a alguien como yo, Agathon Flecha de Acero – una mezcla de mis dos “nombres” – en esta misión?

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