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Cristianos jorobados

Y ahora, Señor, mira sus amenazas y


concede a tus siervos que hablen tu pala-
bra con toda valentía. Extiende tu mano
para que sean hechas sanidades, señales y
prodigios en el nombre de tu santo Siervo
Jesús." (Hch 4:29-30)

Introducción

Alguien ha descrito a los cristianos como a personas jo-


robadas. Llegan a este estado por el hábito de estar mirán-
dose continuamente el ombligo, lo que les crea una defor-
mación en la espalda. Esta imagen me ha hecho pensar mu-
cho porque puede que eso nos esté sucediendo a nosotros y
no es nada agradable.

En nuestras congregaciones estamos haciendo cosas que


no son malas en sí mismas ni mucho menos, pero hemos de
saber por qué las hacemos y con qué actitud las hacemos.
Ambas cosas son muy importantes; las hacemos para que el
Reino de Dios se extienda por toda la tierra y lo hacemos
con lo mejor que tenemos. Por eso hemos de intentar cam-
biar en muchas situaciones nuestras actitudes ante las difi-
cultades de la vida, especialmente en lo que se refiere a
nuestro testimonio y compañerismo cristiano.

Veamos la actitud de Pedro y Juan: están predicando a


los judíos con un mensaje duro (los judíos han matado al
único en el que hay salvación, su Mesías esperado), por lo
que son llevados ante el Sanedrín y, al ser interrogados, en
lugar de apocarse, vuelven a predicar con más fuerza sin
ningún temor. Podían haber acatado la imposición del Sane-
drín (que no predicasen más en el nombre de Jesús) o podí-
an haber sido más “diplomáticos”, pero ellos no esconden
sus intenciones.

Bueno, podemos decir, eso es lo que se espera de unos


grandes líderes como ellos. Además, ellos eran apóstoles y
tenían la capacidad para hacer sanidades. Era otra época.
Pero aunque eso es en parte una excusa que ponemos, noso-
tros podemos aprender también del resto de los cristianos,
anónimos esta vez, cuando oran tras la explicación de Pedro
y Juan.

I. Reconocen la soberanía de Dios

1. La invocación muestra a Dios como dueño de la


historia, y expresa confianza en que Él es suficien-
temente poderoso para derrotar todos los ataques de
los enemigos.
2. Viene luego la reflexión tocante a la muerte violen-
ta de Jesús, quien fue ungido por Dios. Y reconocen
que esto ya había sido profetizado acerca del Mesí-
as citando el salmo 2.
3. Pero dan un paso más allá: esta referencia al sufri-
miento de Jesús demuestra que los que así oran ven
en la persecución que acaba de desencadenarse en
contra de los apóstoles la continuación de la perse-
cución por la que tuvo que pasar el Maestro. Asu-
men que ellos también han de ser perseguidos.
4. Aquí puede estar la primera “joroba” o la deforma-
ción del cristianismo actual: queremos muchas ve-
ces ser cristianos sin ser como Cristo; queremos vi-
vir la vida que nos ofrece Cristo sin tener que pagar
el precio que eso significa; queremos recibir sus
bendiciones sin sufrir en nuestras propias carnes los
padecimientos de Cristo, queremos estar en esta
guerra espiritual pero usando nuestras armas terre-
nales...
5. Oímos hablar de la teología de la liberación y nos
parece demasiado “humana” quizá porque exige un
gran compromiso con el pueblo; por eso es más fá-
cil apuntarnos a la teología de la prosperidad. Por-
que aunque teológicamente digamos que no esta-
mos de acuerdo con ella, en la práctica muchas ve-
ces es eso lo que buscamos: comodidad, bienestar,
una vida fácil, etc... Por eso recibimos una gran en-
señanza de la oración de estos creyentes porque
ellos...

II. No se fijan en sus limitaciones o circunstancias

Y ahora, Señor, mira sus amenazas y


concede a tus siervos que hablen tu pala-
bra con toda valentía. Extiende tu mano
para que sean hechas sanidades, señales y
prodigios en el nombre de tu santo Siervo
Jesús.” (Hch 4:29-30)

1. Ellos son realistas. Se dan cuenta del alcance de las


amenazas de sus enemigos. Saben que el Sanedrín y
que los romanos no aprueban lo que están haciendo
y que tienen todo el poder político y militar para ha-
cer cumplir sus amenazas.
2. Pero su prioridad no son ellos mismos, su seguridad
o sus intereses, sino los intereses del Reino de Dios.
Por eso piden valentía para cumplir con la misión
que les ha sido encomendada.
3. Esperan confiados una respuesta poderosa del Se-
ñor en base a la confianza anteriormente manifesta-
da. Saben que Dios va a actuar. Piden que se hagan
sanidades, señales y prodigios en el nombre de Je-
sús, que es precisamente lo que ha desencadenado
la persecución.
4. Hermanos, nosotros muchas veces antes de empren-
der una empresa para el Señor nos fijamos en los
recursos con que contamos. Y eso está bien porque
el mismo Señor Jesús en una parábola dijo que de-
bíamos hacer un recuento de nuestros pertrechos
antes de ir a una batalla o construir una casa. Pero
el problema está cuando sólo nos fijamos en nues-
tros recursos humanos, es decir, cuando no conta-
mos con la asistencia y el poder del Espíritu Santo,
muy al contrario de lo que hacían estos creyentes.
¿No será esta otra joroba del cristianismo que es-
tamos viviendo?
5. En muchas ocasiones anteponemos nuestra seguri-
dad personal o nuestros intereses a la obra del Se-
ñor: Hoy necesito descansar y no voy a la iglesia...
no asisto a los cultos porque son poco interesan-
tes... no participo en ese proyecto porque tengo mu-
chas cosas que hacer... no apoyo la iniciativa de
ese hermano porque no comparto su visión... Pero
lo que realmente nos cuesta es dejar que Él sea el
que obre y que así sea sólo Él el que se lleve la glo-
ria. ¡Es tan difícil ver las cosas como Dios las ve!
¡Es tan difícil vencer la tentación de hacer todas las
cosas, incluso las espirituales, a nuestra manera!
6. Entonces, ¿qué es lo que hemos de hacer, siguiendo
el ejemplo de esos cristianos anónimos de hechos,
para poder predicar le evangelio con valentía? Sólo
tengo una respuesta: ¡Seguir trabajando para la ex-
tensión del Reino de Dios! “¡Pero si eso ya lo esta-
mos haciendo!” Dirán algunos. Y es cierto. Pero te-
nemos que hacerlo fijándonos también, y sobretodo,
en los recursos espirituales con los que contamos
por la gracia del Señor. El Señor ha capacitado a su
cuerpo con dones espirituales para que puedan de-
sarrollar este trabajo. Hemos de seguir buscando
nuestros dones si es que no los conocemos y poner-
los al servicio del Señor en la iglesia, que es su
cuerpo. Porque a veces, hermanos, dependemos ex-
cesivamente de nuestros líderes, sean pastores, diá-
conos, o lo que sea, olvidándonos de que el que re-
almente nos debe presidir es el Señor Jesús. ¿No
será esta otra joroba del cristianismo que estamos
viviendo?
7. Hemos de seguir orando, cayendo de rodillas supli-
cando al Señor Su poder y no el nuestro, como sa-
biendo que Él va a suplir nuestras carencias… Pero
sobretodo hemos de llorar ante la presencia del Se-
ñor al ver la situación de Cartagena, dejando que
esas lágrimas ardientes nos quemen el rostro y nos
recuerden la necesidad espiritual de los que nos ro-
dean. ¿No es así como oraron estos hermanos? Yo
al menos no me los imagino escogiendo cuidadosa-
mente sus palabras para ser políticamente correc-
tos…
8. Cuando los creyentes no se fijan en sus limitaciones
o en sus intereses sino en los intereses del Reino, y
buscan la asistencia del poder de Dios...

III. Son vindicados por el Espíritu Santo

Cuando acabaron de orar, el lugar en


donde estaban reunidos tembló, y todos
fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban
la palabra de Dios con valentía. (Hch.
4:31)

1. No fue sino hasta que oraron de esta forma, mos-


trando dónde estaban sus intereses reales y en qué
confiaban para poder alcanzarlos, que recibieron el
poder necesario para conseguirlo.
2. La experiencia que se relata aquí es idéntica a la
primera venida del Espíritu Santo sobre los apósto-
les: Temblor es sinónimo de poder.
3. Y sólo cuando recibieron ese poder se cumplió, se
hizo real su petición. Fue por obra del Espíritu San-
to, sí, pero también cuando los creyentes mostraron
un compromiso real cuando el Espíritu pudo actuar.
4. A veces la frase “por obra del espíritu Santo” es
mal entendida o es denostada; en la práctica, cuan-
do decimos que esperamos que el Espíritu Santo
haga su obra, lo que realmente estamos diciendo es
que deseamos que el Espíritu Santo lo haga todo
para que nosotros no tengamos que hacer nada.
Quizá en nosotros haya una falta de compromiso.
¿No será esta otra joroba del cristianismo que es-
tamos viviendo?

Conclusión

1. Debemos reconocer la soberanía de Cristo sobre


nosotros. Esto significa que Él es el dueño de nues-
tra vida y no nosotros mismos. Y esto conlleva par-
ticipar de su vida y de sus padecimientos.
2. Esto es así porque su prioridad no son ellos mis-
mos, su seguridad o sus intereses, sino los intereses
del Reino de Dios.
3. Cuando los creyentes no se fijan en sus limitaciones
o en sus intereses sino en los intereses del Reino, y
buscan la asistencia del poder de Dios son vindica-
dos por el Espíritu Santo y reciben todo el poder
para alcanzar las metas previstas.
4. Están haciendo esta oración unánimes, a una sola
voz. De nada sirve que sea una sola persona la que
tenga esta visión. No es Pedro o Juan los que lo ven
así: son los suyos, es decir, los creyentes quiénes
tienen esta visión. Se trata de un proyecto de igle-
sia, una visión de iglesia, no sólo de unos pocos. El
reto consiste en que éste sea también nuestro reto.
5. Tenemos, como iglesia en Cartagena, un tremendo
potencial. Lo sé porque estoy entre vosotros el sufi-
ciente tiempo como para poderlo comprobarlo en
mis propias carnes: he recibido consuelo, amor, áni-
mo, he sido pastoreado, escuchado, comprendido....
Así que ¡ánimo hermanos, adelante porque entre
nosotros hay el suficiente potencial como para rea-
lizar bien esta tarea! Sólo hay una cosa que no po-
demos olvidar: escuchar la voz de Dios para dejar-
nos moldear a su imagen y que desaparezcan nues-
tra jorobas.