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El costo de seguir a Cristo

6 No comas pan con el de malas intenciones, ni codicies sus


manjares delicados; 7 porque cual es su pensamiento en su mente, tal
es Él: "Come y bebe", te dirá; pero su corazón no está contigo. (Pr.
23:6-7)

INTRODUCCIÓN.

Durante estos días cualquiera que haya visto las noticias o leído los periódicos en sus
apartados de deportes, habrá podido observar las tensiones que existen en el mundo deportivo, y
particularmente en el "proclamado bien de la humanidad", el fútbol.

Toda la atención e intención de gran parte de nuestros conciudadanos está centrada en esta
competición deportiva que cautiva el intelecto nacional de grandes y pequeños.

Ser un buen seguidor de cualquier equipo de fútbol, requiere una alta dosis de entrega,
sacrificio y nada de nada de vergüenza o reparo para proclamar las grandezas del equipo al que
se admira. Hay que ser capaz de abandonar a la familia, el trabajo, las comodidades particulares
y aún si es preciso empeñarse para ocupar una posición privilegiada en el estadio a la hora del
partido.

Como en las guerras antiguas, todos reclaman el favor divino para poner a Dios, la virgen o
cualquier santo de primera o segunda a su favor.

Es irónico que cuando somos llamados a empresas importantes y trascendentes no


mostremos el mismo interés y nos llamemos a nosotros mismos seres inteligentes. Que a la hora
de entregarnos a una causa justa y honrosa seamos tan mezquinos. Que cuando Cristo nos llama
presentemos tantas excusas y no le entreguemos nuestras vidas. Y es que seguir a Cristo es
entregar la vida a su servicio y a su causa.

I. Significa una renuncia consciente.

57 Mientras ellos iban por el camino, cierto hombre le dijo: --


¡Te seguiré a dondequiera que vayas! 58 Jesús le dijo: --Las zorras
tienen cuevas, y las aves del cielo tienen nidos; pero el Hijo del
Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. 59 Dijo a otro: --Sígueme.
Pero Él dijo: --Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre. 60
Y Jesús le dijo: --Deja que los muertos entierren a sus muertos; pero
tú, ¡vé y anuncia el reino de Dios! 61 Entonces también dijo otro: --Te
seguiré, Señor, pero primero permite que me despida de los que están
en mi casa. 62 Pero Jesús le dijo: --Ninguno que ha puesto su mano
en el arado y sigue mirando atrás, es apto para el reino de Dios. (Lc.
9:57-62)

• Este primer hombre que quería seguir a Jesús era el tipo de hombre impulsivo y
fácilmente influenciable.

• Tal vez estaba entusiasmado con el carácter carismático de Jesús. Pero Cristo no
busca “fans”, personas fanáticas que sin entendimiento ni tolerancia estén dispuesta a
cualquier locura o temeridad.

• Quizá era una persona ambiciosa y pensaba que Cristo pronto iba a estar sentado en el
trono y que él podría ocupar un puesto relevante en su corte.

• El panorama cambia cuando Jesús le mostró la situación real en la que él mismo


vivía. Su camino era hacia Jerusalén, a la cruz y no al trono. Su vocación era la de
hacerse pobre y humilde para alcanzar a todos aquellos que estaban necesitados sin
hacer ningún tipo de distinción de personas.

• La grandeza en el reino de Dios es interior y no exterior, dependiente de la justicia


personal y no de la posición o posesiones.

II. Significa darle el lugar más importante en nuestra vida.

"Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, madre, mujer,


hijos, hermanos, hermanas y aun su propia vida, no puede ser mi
discípulo. (Lc. 14:26)

• Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que Jesús enseñó que seguirle a él es una
obligación aún más importante que los deberes familiares y sociales.

• Esto dicho así puede que suene fuerte. Pero Él llama a personas que no tenga su
lealtad dividida. Jesús no dice que exista conflicto entre la fidelidad al reino de Dios
y la lealtad y cuidado familiar. Lo que Cristo pretende es colocar cada cosa en su
lugar. Los compromisos con el mundo, sean sociales o familiares, no pueden
anteponerse a los valores del reino de Dios.

• Los primeros cristianos entendieron este principio. En un mundo que proclamaba


“señor” a Cesar, ellos no reconocían otro Señor que a Cristo. Los principios y valores
del reino de Dios les llevaron a muchos de ellos a la cruz o al circo romano, pero no
renunciaron a Cristo por los compromisos y demandas que el mundo les hacía.

• Es evidente que esos principios y valores se desarrollan en el mundo, en la familia, y


allí donde el cristiano esté. Pero obedecer a Cristo es más importante que consentir
con la mentira, con intereses particulares o sociales, con negocios o relaciones
afectivas. Si por seguir a Cristo me enfrento a un mundo hostil no debo llamarme a
engaño. Entre Cristo y el mundo hay un conflicto básico, y todo el que lo quiera
seguir será atrapado en el mismo conflicto.

17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al


mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. 18 El que cree en Él
no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque
no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19 Y ésta es la
condenación: que la luz ha venido al mundo, y los hombres amaron
más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20 Porque
todo aquel que practica lo malo aborrece la luz, y no viene a la luz,
para que sus obras no sean censuradas. (Jn. 3:17-20)

III. Significa entregarse a una nueva actividad que requiere toda la atención.

12 No quiero decir que ya lo haya alcanzado, ni que haya


llegado a la perfección; sino que prosigo a ver si alcanzo aquello
para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. 13 Hermanos, yo
mismo no pretendo haberlo ya alcanzado. Pero una cosa hago:
olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está por
delante, 14 prosigo a la meta hacia el premio del supremo
llamamiento de Dios en Cristo Jesús. (Fil 3:12-14)

• “Olvidando lo que queda atrás”. ¿Qué era aquello que pretendía olvidar?. Posición,
orgullo, intolerancia y fanatismo religioso. “Sigo adelante, para alcanzar aquello
para lo cual Cristo Jesús también me alcanzó.” ¿Para qué lo alcanzó Jesús a Pablo?.
Para no vivir como aquellos cuyo dios es su vientre, y su gloria es aquello de lo que
deberían avergonzarse y que sólo piensan el lo mundano. (v.19).

Despojémonos del peso del pecado que nos asedia y corramos


con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en
Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto
delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a
la diestra del trono de Dios. (He. 12:1-2)

• El hombre es el gozo de Dios; por quien Dios no tuvo en poco humanarse y llegar
hasta la cruz. Y Dios ahora requiere toda la atención para poner por obra su
enseñanza.

• El mirar atrás supone desviarse del objetivo. Al pueblo de Israel le sucedió lo mismo.
Salió de Egipto pero seguía añorando las verduras de Egipto. Ellos habían salido de
Egipto, pero Egipto no había salido de ellos.
• No podemos seguir a Cristo con un corazón dividido. No podemos ser sus amigos
por conveniencia. Cuando Cristo triunfa y reina estar a su lado, pero cuando es
abucheado, menospreciado y humillado negarle cobardemente. La imagen es la del
labrador que si mira atrás no puede hacer surcos derechos.

CONCLUSIÓN

Empezamos esta meditación haciendo referencia a la actitud y práctica de muchas de las


personas que son fans de equipos de fútbol. Creo que cualquier persona que no sea forofo del
fútbol estará de acuerdo conmigo que para ella le da lo mismo quien gane la copa de la liga.

El llamamiento que Dios hace en esta tarde no es algo tan intrascendente para la vida de las
personas como el que alguien gane un juego o lo pierda. Lo que podemos ganar o perder es la
vida misma. El sentido y propósito de nuestra existencia.

La vida que Cristo nos ofrece no es una pasión irracional que nos hace actuar de forma
temeraria e inconsciente. Él demanda de ti una vida de entrega, en la que la prioridad y el
compromiso sea seguirle a él por encima de las demandas sociales y culturales. Una vida en la
que la integridad y unidad de propósito manifiesten claramente que vivimos conforme a la
justicia de Dios y en la luz de la verdad.