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Entrañable amor

8 Pues Dios me es testigo de cómo os añoro a todos vosotros


con el profundo amor de Cristo Jesús. 9 Y ésta es mi oración: que
vuestro amor abunde aun más y más en conocimiento y en todo
discernimiento, 10 para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis
sinceros e irreprensibles en el día de Cristo, 11 llenos del fruto de
justicia, fruto que viene por medio de Jesucristo, para gloria y
alabanza de Dios. (Fil 1:8-11)

Introducción

Es maravilloso sentirse enamorado. Cuando una persona está enamorada es capaz de


ofrecer la luna a la otra persona, es capaz de los mayores sacrificios. Pero ese enamoramiento
puede marcharse tan rápido como llegó. Amar es mucho más que estar enamorado, aunque
las personas que se aman deberían mantener siempre ese estado de enamoramiento.

El verdadero amor implica dedicación y ejercicio de la sabiduría.

El amor puro es antes volitivo que emocional. La persona que ama, si lo hace de verdad
es porque así lo ha decidido; se ha comprometido a amar, con independencia de sus senti-
mientos amorosos. Siempre es mejor que los experimente, pero si no es así, el compromiso y
la voluntad de amar aún permanecen y pueden ser aplicados.

Por el contrario, no sólo es posible, sino también necesario, que una persona que ama
evite actuar motivada por sentimientos de amor. Mis sentimientos amorosos pueden ser ilimi-
tados, pero mi capacidad de amar es limitada. Por tanto, debo elegir a la persona en quien
concentraré mi capacidad de amar, hacia quien dirigiré mi voluntad de amar. El verdadero
amor no es un sentimiento que nos sobrecoja. Es una decisión reflexiva, de dedicación.

Esto es así en la relación de pareja y también en la relación que tenemos los creyentes
unos con otros y con los demás; amar a los demás es nuestra expresión práctica de nuestro
amor a Cristo.

Por eso no es extraño que el apóstol exhorte de este modo a los filipenses.

I. La carga (v. 9)
Y ésta es mi oración: que vuestro amor abunde aun más y
más en conocimiento y en todo discernimiento,

A. La sobreabundancia

w Novios. El hecho de que dos personas deseen casarse ya demuestra de por sí que
existe un amor, pero nuestro deseo es que ese amor no se quede estancado, in-
móvil, sino que siga creciendo día a día.
w Este amor es el inteligente e intencionado deleite del uno en el otro, la espontá-
nea y agradecida entrega de toda la personalidad que produce progreso y pros-
peridad en la pareja.
w En los creyentes. Pablo aplica todo esto a los creyentes y nosotros debemos
aplicárnoslo a nosotros mismos. No es que ese amor no exista Doy gracias a mi
Dios siempre que me acuerdo de vosotros (v. 3), sino que ese amor debe sobrea-
bundar, debe ser como un vaso que rebosa. Esta es mi oración por vosotros.
w Y en la iglesia, como Cuerpo de Cristo, también se manifiesta en el inteligente e
intencionado deleite de los unos en los otros como consecuencia de nuestro de-
leite en el Señor; es la espontánea y agradecida entrega de los unos a los otros
como consecuencia de nuestra entrega al Señor, y eso produce progreso y pros-
peridad en todo el Cuerpo. ¡El Reino de Dios se hace así presente en medio de
nosotros!
w Este anhelo se manifiesta en la actitud (humildad, ternura, perdón...), en pala-
bras (de ánimo, sinceridad y mansedumbre) y en hechos (abnegación, lealtad y
bondad). Esto significa un cambio para mejor de cada uno de los que ahora for-
man un solo cuerpo.

B. El acompañamiento

w Novios. El amor plenamente desarrollado nunca marcha solo, sino que va


acompañado por otras virtudes: obra en hermosa cooperación en conocimiento y
en toda comprensión.
w El amor tiene necesidad de un conocimiento real, pleno, maduro y espiritual.
Por eso afirmamos que el amor es más que un sentimiento; es un compromiso,
significa un esfuerzo. Es un conocimiento real porque no se basa en fantasías o
anhelos (romanticismo), pleno porque conoce toda la persona y no sólo la parte
agradable de ella, maduro precisamente por esa plenitud y porque ha sido medi-
tado y trabajado, y espiritual porque afecta también esta parte de la persona.
w En los creyentes esto también es así. El amor nunca marcha solo, sino que for-
ma parte del fruto (no frutos) del Espíritu.
w Ese amor tiene necesidad de un conocimiento real, pleno, maduro y espiritual.
Es un conocimiento real porque sabe de lo que está hablando, no es teórico, sabe
lo difícil que es mostrarlo en todo momento; es pleno porque ama en todo mo-
mento, en cada situación y a toda persona; es maduro porque a pesar de las difi-
cultades sigue amando, sigue esforzándose, y es espiritual porque cultiva de una
forma especial, aunque no única, este aspecto.

II. La finalidad de ese amor (v. 10a)

para que aprobéis lo mejor

w Novios. ¿Qué es lo excelente, lo mejor? Ninguno de los dos se ha conformado


con lo primero que han encontrado.
w Y se necesita discernimiento para encontrar a la persona adecuada que pueda re-
cibir ese amor y pueda responder positivamente y de una forma edificante ante
él.
w En los creyentes. Aprobar lo mejor es conocer cuál es la voluntad de Dios para
cada una de nuestras vidas. Y que esa voluntad se pueda ejercer con todo amor
porque la voluntad de Dios para nuestras vidas siempre repercute en las vidas de
los demás.
w Es necesario también el discernimiento para que el amor sea capaz de apreciar y
potenciar todo cuanto, en cualquier situación, sea espiritualmente hermoso y
digno de imitar. Es decir, es un amor juicioso.
w Este discernimiento, fruto de la experiencia puesto que nuestro amor ya está
amando, es la capacidad de la mente y del corazón (¡de los dos!) de distinguir
no sólo entre lo bueno y lo malo, sino entre lo bueno y lo mejor, es decir, elegir
lo pertinente, lo excelente. ¡Y esto es muy necesario hoy día!
w Una persona que tiene amor pero que carece de discernimiento puede mostrar
mucho ardor y entusiasmo, y entregarse a toda clase de empresas. Sus motivos
pueden ser dignos y sus intenciones honorables y, sin embargo, estar haciendo
más daño que bien, además de correr el riesgo de extraviarse o en su ortodoxia o
en su ortopraxis.

III. La consecuencia (vv. 10b-11a)

a fin de que seáis sinceros e irreprensibles en el día de Cris-


to, llenos del fruto de justicia, fruto que viene por medio de Jesu-
cristo

A. En el futuro

a fin de que seáis sinceros e irreprensibles en el día de Cris-


to,

w Novios. Si se ha usado el discernimiento para elegir lo mejor como consecuen-


cia podéis ser sinceros e irreprensibles. La sinceridad es quizá una de las cuali-
dades que aprecian más los novios. Esta sinceridad significa estar libre de impe-
dimentos para hablar con claridad, sin tapujos, sin mezclar cosas ciertas con co-
sas falsas. Y sea el tema que sea.
w En la iglesia. En la iglesia también ha de ser así. Si hemos elegido lo excelente,
hemos de portarnos de una forma excelente. Aquí también es necesaria la since-
ridad para poder hablar sin tapujos de temas que nos interesan y afectan a todos.
w La imagen que sugiere Pablo es la de los metales preciosos que han sido libra-
dos de sus escorias, de las impurezas, es decir, sin mezcla o aleación. ¿No es
esta una preciosa imagen de o que ha sucedido en la iglesia? ¡Nosotros hemos
sido purificados por la obra redentora de Jesús!
w Ser irreprensibles ilustra la idea de llegar a un destino propuesto sin contratiem-
pos, ilesos; moralmente significa sin mancha. ¿Cuál es ese destino? ¡Que el Rei-
no de Dios se haga presente en medio de nosotros y en el resto del mundo a tra-
vés de nosotros!

Esto no es solo algo que conseguiremos en el futuro, de una forma escatológica, sino
que también tiene su correspondencia en el presente.

B. En el presente

llenos del fruto de justicia,

w Novios. El deseo de los novios no es vivir un futuro más o menos mejor, sino
que el presente se alargue por todo el tiempo que hayan de vivir juntos y que se
vaya mejorando día a día.
w ¿Por qué se casa la gente? ¿Para procrear y tener hijos? ¡No, aunque eso sea una
bendición! El motivo es desarrollarse, tanto de una forma individual como pare-
ja, en el aspecto humano, psicológico y emocional. ¡Qué gran aventura!
w En la iglesia. También afecta al presente. Estos frutos de justicia se deben mani-
festar ahora. Estos frutos de justicia es una expresión tomada del Antiguo Testa-
mento y son los que producen una relación correcta entre Dios y el creyente.
w Este es, ni más ni menos, que el fruto del Espíritu que son por medio de Jesu-
cristo, v. 11) Y este fruto se evidencia en la vida actual del creyente. Por eso Je-
sús oró para que llevásemos más fruto.
w Este fruto se muestra en que, por nuestro testimonio, más personas son añadidas
a la iglesia.

IV. El propósito final (v. 11b)

Todo esto tiene un propósito final:

para gloria y alabanza de Dios.

w En la iglesia. Cuando el amor crece más y más entre nosotros, cuando profundi-
zamos en el conocimiento mutuo, cuando exploramos nuevos horizontes de
comprensión y así nuestra comunión es efectiva, cuando tomamos las decisiones
correctas y oportunas, cuando navegamos por los mares de la sinceridad y eso se
perpetúa durante toda nuestra vida produciendo frutos abundantes, ¡se está glo-
rificando a Dios!