Está en la página 1de 8

Vida a toda prueba; vida en toda prueba

9 Por lo cual también nosotros, desde el


día que lo oímos, no cesamos de orar por
vosotros, y de pedir que seáis llenos del
conocimiento de su voluntad en toda
sabiduría e inteligencia espiritual, 10 para
que andéis como es digno del Señor,
agradándole en todo, llevando fruto en
toda buena obra, y creciendo en el
conocimiento de Dios; 11 fortalecidos con
todo poder, conforme a la potencia de su
gloria, para toda paciencia y
longanimidad; (Col. 1:9-11)

Introducción

“Todos queremos más, más y más y mucho más”. Así


rezaba el estribillo de una canción conocida de hace unos
pocos años. Y es una realidad en la vida que nos ha tocado
vivir: el que tiene un buen coche, quiere uno mejor; el que
tiene un buen piso, desea una casita en la playa; quien tiene
una carrera, quiere tener otra. Esto, si no lo convertimos en
lo más importante en nuestra vida, no es malo. “Tanto
tienes, tanto vales” reza el refrán español. ¿Es esto así?
Sinceramente creo que no. Yo más bien diría “así eres, eso
vales”. Por eso el apóstol Pablo, después de elevar una
acción de gracias por los colosenses, eleva una petición a
Dios rogándole que puedan crecer más y más en ese camino
que han conocido.

I. La oración

9 Por lo cual también nosotros, desde el


día que lo oímos, no cesamos de orar por
vosotros, y de pedir que seáis llenos del
conocimiento de su voluntad en toda
sabiduría e inteligencia espiritual,

El informe recibido de Epafras, lejos de dejarle en su


gozosa contemplación, estimula a Pablo a rogar a Dios que
les conceda un mayor crecimiento en el conocimiento de la
voluntad de Dios y en su aplicación.

El gran objeto de la oración es, y debe ser, conocer la


voluntad de Dios. En la oración no intentamos tanto que
Dios escuche nuestras peticiones como escuchar nosotros
mismos la voz de Dios; no tratamos de persuadir a Dios
para que cambie su voluntad sino de persuadirnos a
nosotros mismos para hacernos conformes (“con la misma
forma”) a la voluntad de Dios.

Aprendemos aquí de Pablo dos grandes verdades acerca


de la oración, los dos grandes propósitos de la oración de
intercesión:

• Discernir, conocer la voluntad divina, y


• Poder para cumplir la voluntad divina.
Por eso la petición es “que seáis llenos del
conocimiento de su voluntad”. Pablo está hablando aquí de
un “superconocimiento”, de un conocimiento superior al
meramente intelectual porque su finalidad no es una
adquisición de conocimiento, sino

que andéis como es digno del Señor,


agradándole en todo, llevando fruto en
toda buena obra, (v. 10)

La frase “que andéis como es digno del Señor” es una


frase que usaban incluso los paganos de Asia Menor para
referirse a la clase de tributo que debían a sus dioses. ¡Y
ciertamente así vivían y viven los paganos! Sólo tenemos
que recordar las prostitutas sagradas, o las bacanales en las
que incurrían “por precepto divino”. Hoy pasa lo mismo:
¡cuántas personas demuestran dónde están realmente sus
intereses por sus actitudes!

• Dios dinero: hacen cualquier cosa para conseguirlo;


• Dios trabajo: viven para trabajar y no trabajan para
vivir;
• Dios conocimiento: se “tragan” todo el conocimiento
del mundo y se convierten en “doctores en todo pero
obreros de nada”...

No pretendo decir que el dinero, el trabajo, el


conocimiento y otras cosas sean malas en sí mismas, sino
que si todas estas cosas no nos sirven para vivir mejor, no
“nos sirven”, sino que nos convertimos en sus servidores.
Este conocimiento de Dios debe traducirse en sabiduría
concreta en una situación concreta. Es fácil que uno se
convierta en doctor en teología y sea un fracasado en la
vida. Si esto es así, esta teología, este conocimiento, es
vano, no sirve para nada.

Oramos por sabiduría e inteligencia espiritual.


Deseamos que el Espíritu nos capacite para saber aplicar la
verdad de Dios a cada situación concreta que nos presente
la vida; no se trata de un examen puntual y por escrito, sino
de un examen diario y vivido.

II. La finalidad

10 ...agradándole en todo, llevando


fruto en toda buena obra, y creciendo en el
conocimiento de Dios;

Este conocimiento de la voluntad de Dios y esta


sabiduría e inteligencia deben engendrar una conducta
recta. Pablo ora a favor de los colosenses para que se
conduzcan de tal modo que agraden a Dios y le glorifiquen.
Esta es la enseñanza del mismo Jesús:

Así alumbre vuestra luz delante de los


hombres, para que vean vuestras buenas
obras, y glorifiquen a vuestro Padre que
está en los cielos. (Mt. 5:16)
Esta es la conclusión de Jesús después de exponer las
bienaventuranzas y declarar que nosotros, los cristianos,
somos la luz del mundo y la sal de la tierra. Y es también la
petición que nuestro Señor elevó en nuestro favor:

4 Yo te he glorificado en la tierra; he
acabado la obra que me diste que hiciese. 5
Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado
tuyo, con aquella gloria que tuve contigo
antes que el mundo fuese. 6 He manifestado
tu nombre a los hombres que del mundo me
diste; tuyos eran, y me los diste, y han
guardado tu palabra. 7 Ahora han
conocido que todas las cosas que me has
dado, proceden de ti; 8 porque las palabras
que me diste, les he dado; y ellos las
recibieron, y han conocido verdaderamente
que salí de ti, y han creído que tú me
enviaste. 9 Yo ruego por ellos; no ruego
por el mundo, sino por los que me diste;
porque tuyos son, 10 y todo lo mío es tuyo,
y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos.
11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos
están en el mundo, y yo voy a ti. Padre
santo, a los que me has dado, guárdalos en
tu nombre, para que sean uno, así como
nosotros. (Jn. 17:4-11)

¡Qué precioso pasaje! El Señor glorifica al Padre al


acabar la obra que le fue encomendada y eso mismo hace
con nosotros; el mismo Señor ora por nosotros para que
podamos cumplir con nuestra misión.

Por eso debemos “llevar fruto en toda buena obra”


pues aunque como fruto es fruto del Espíritu en nosotros,
como buena obra es necesario que los creyentes nos
ejercitemos en ellas (las buenas obras).

La oración no es un escape de la realidad. Oración y


acción van de la mano. Las acciones son como los cuatro
dedos de la mano que necesitan el dedo pulgar (la oración)
que nos permiten coger las cosas que Dios tiene para
nosotros. Oramos no para escapar de la vida, sino para
hacernos más capaces de enfrentarla. Oramos no para
apartarnos del mundo, sino para vivir en el mundo como se
debe vivir.

III. La consecuencia

11 fortalecidos con todo poder,


conforme a la potencia de su gloria, para
toda paciencia y longanimidad;

Esta clase de “superconocimiento” nos capacita para el


ejercicio de dos virtudes en la resistencia a los obstáculos
que se presentan en la vida cotidiana: la paciencia y la
longanimidad (fortaleza en algunas versiones).

Recordemos que paciencia es “la persistencia bajo el


peso de las dificultades” y longanimidad es “aguantar con
firmeza la oposición y la provocación que viene de los
hombres”. Sinónimos de longanimidad son fortaleza,
entereza, valor, firmeza, perseverancia y constancia.

Creo que esto pinta un cuadro muy completo: ¿Quién no


ha tenido dificultades jamás en su vida? ¿Quién no ha
sentido la oposición y la provocación de los hombres?

Paciencia no es sentarse cabizbajo esperando que pase


la tormenta. Eso no produce paciencia sino artrosis.
Paciencia no es sólo capacidad para soportar las pruebas,
sino también la habilidad para que, soportando, lo negativo
se convierta en positivo. Esto lo produce ese
“superconocimiento”, la inteligencia espiritual de la que
hablaba antes. Esta paciencia es la que nos hace salir
triunfantes en cualquier situación por la que pasemos en
nuestra vida.

La longanimidad (o fortaleza) es también esa cualidad


de la mente y del corazón que nos capacita para soportar a
la gente de tal forma que:

• su antipatía y crueldad no nos arrastren a la


amargura;
• que su dureza y terquedad no nos lleve a la
desesperación;
• y que su indiferencia no altere nuestro amor

Así pues, la paciencia y la longanimidad hacen que nada


ni nadie pueda vencernos. Este es un pensamiento muy
paulino:
35 ¿Quién nos separará del amor de
Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o
persecución, o hambre, o desnudez, o
peligro, o espada? 36 Como está escrito:
Por causa de ti somos muertos todo el
tiempo; Somos contados como ovejas de
matadero. 37 Antes, en todas estas cosas
somos más que vencedores por medio de
aquel que nos amó. 38 Por lo cual estoy
seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni
ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo
presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo
profundo, ni ninguna otra cosa creada nos
podrá separar del amor de Dios, que es en
Cristo Jesús Señor nuestro. (Ro. 8:35-39)

Conclusión

Para que todo esto sea una realidad, necesitamos poder.


Necesitamos ser fortalecidos con todo el poder de Dios.

El gran problema de la vida no es saber qué es lo que


debemos hacer, sino hacerlo; el problema es llevar el
conocimiento a la práctica. Lo que necesitamos es poder y
lo que recibimos en la oración es poder. Si Dios sólo nos
mostrara cuál es su voluntad para nosotros causaría en
nosotros frustración. Pero Dios no sólo nos muestra su
voluntad sino que nos capacita para realizarla.

Por medio de la oración recibimos los mayores bienes


del mundo: conocimiento espiritual y poder transformador.