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Progresando en el Evangelio

3 Siempre orando por vosotros, damos


gracias a Dios, Padre de nuestro Señor
Jesucristo, 4 habiendo oído de vuestra fe en
Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos
los santos, 5 a causa de la esperanza que
os está guardada en los cielos, de la cual
ya habéis oído por la palabra verdadera
del evangelio, 6 que ha llegado hasta
vosotros, así como a todo el mundo, y lleva
fruto y crece también en vosotros, desde el
día que oísteis y conocisteis la gracia de
Dios en verdad, 7 como lo habéis
aprendido de Epafras, nuestro consiervo
amado, que es un fiel ministro de Cristo
para vosotros, 8 quien también nos ha
declarado vuestro amor en el Espíritu.
(Col. 1:3-8)

Introducción

Progreso, progreso, progreso... Parece que esta palabra


está de moda. Cerca de las elecciones generales, todas las
fuerzas políticas parecen definirse como una fuerza de
progreso. Progresar significa ir hacia delante, mejorar,
superar barreras, alcanzar nuevos retos, etc. Y eso está bien.

Parece que el progreso es el paradigma de nuestra


sociedad. Hemos de reconocer que científica y
tecnológicamente se ha progresado en el siglo XX como
jamás se había hecho antes. Y también humanamente: la
democracia es una realidad en muchos países del mundo, se
han proclamado la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, de los Niños, de las Mujeres, de los
Trabajadores, etc. Desgraciadamente esto, en muchas
ocasiones, sólo es eso: una declaración de principios, la
expresión de un deseo y no de una realidad.

Sin embargo, Pablo dice a los cristianos que el


Evangelio está progresando, que realmente hay una mejora
espiritual en el hombre que ha entrado en el Reino de Dios,
que en la iglesia está creciendo la fe, la esperanza y el amor.
Y por ello prorrumpe es una acción de gracias a Dios Padre
que hace eso posible.

I. La acción de gracias...

El apóstol no está usando una mera fórmula al empezar


una carta. Ni tampoco está formulando una oración
estereotipada a favor de los colosenses. Pablo está pensando
en la acción del Espíritu en la iglesia de Colosas y eleva
una alabanza a Dios.

Esta alabanza siempre es consecuencia de ver la acción


de Dios a favor de su pueblo, de cada uno de sus hijos;
Pablo sabe que es Dios quién está produciendo la fe, la
esperanza y el amor a través de su Espíritu (v. 8) en cada
uno de los miembros de la iglesia.
Es importante resaltar que Pablo no está alabando la
iglesia de Colosas, sino al Dios que produce ese
crecimiento en la iglesia de Colosas. El relato de “La
gallina de los huevos de oro” nos da una ilustración
magnífica: ¿de qué nos sirven los huevos de oro si nos
perdemos la “fábrica” de esos huevos? Las acciones de
gracias van dirigidas al Padre, el autor de la gracia y la paz
como comentábamos el domingo pasado, al ver los
resultados de Su acción en su iglesia.

¡En cuántas ocasiones erramos en nuestras acciones de


gracias, en nuestras alabanzas cuando se las damos a tal o
cual hermano, o cuando intentamos ser una fotocopia de tal
o cual iglesia! A veces intentamos reproducir modelos de
otras iglesias que están creciendo y nos equivocamos. No
porque tal deseo sea malo, que no lo es, sino porque
olvidamos que es Dios quién está produciendo ese
crecimiento y que es nuestro mismo Dios, nuestro mismo
Padre.

Pablo eleva una acción de gracias...

II. ... por nuestra confianza...

vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor


que tenéis a todos los santos, 5 a causa de
la esperanza que os está guardada en los
cielos (vv. 4-5)

¿Cuál es la confianza en la que reposan sosegadamente


los colosenses? En la fe en Cristo, el amor a los santos y la
esperanza que ya está reservada para ellos. Estas tres son
las virtudes cristianas que Pablo está enfatizando
constantemente en todas sus cartas.

Aquí las presenta de una forma diferente: la fe en Cristo


y el amor a los hermanos son una unidad, y la tercera no es
una virtud, sino la causa de las dos primeras; la fe y el amor
están fundamentados en la esperanza.

La fe de los colosenses no era una fe cualquiera; era una


“en Cristo Jesús”. Esta fe no se limita a lo que uno cree o
quiere obedecer y a lo que por ello se sujeta, sino que es
una forma de vivir. Cristo es la esfera en la que se ejercita
la fe; se trata de una unión vital (que da vida) con Cristo.

Pablo no está hablando de “creer en Cristo”, es decir,


tener un conocimiento más o menos histórico o intelectual
de Jesús, ni de “creer a Cristo”, es decir, creer en las
palabras que Cristo nos dejó, sino “creer dentro de Cristo”,
es decir, ejercitar nuestra fe en el Cuerpo de Cristo que es la
iglesia. Esta es la enseñanza de Jesús y de otros apóstoles:

En esto conocerán todos que sois mis


discípulos, si tenéis amor los unos por los
otros. (Jn. 13:35)

Si alguno dice: Yo amo a Dios, y


aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues
el que no ama a su hermano a quien ha
visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no
ha visto?(1ª Jn. 4:20)
Por eso el segundo elemento de esta trilogía es el amor.
La fe solamente actúa en el amor:

porque en Cristo Jesús ni la


circuncisión vale algo, ni la incircuncisión,
sino la fe que obra por el amor. (Gá. 5:6)

Y esto es posible sólo dentro de la iglesia. Tenemos que


desterrar de nuestra mente la fe etérea e irreal. La fe
verdadera es la que se ve principalmente en el amor. De ese
modo podemos decir que el vínculo entre los hermanos no
son meros “sentimientos” o “cosas espirituales”; el vínculo
entre los creyentes es al amor que se refleja en hechos.

Por eso es tan importante preocuparnos los unos por los


otros. Cuando nos llamamos por teléfono para interesarnos
por el hermano, o cuando no lo hacemos, simplemente
estamos mostrando la clase de amor que sentimos por los
demás. No quiero ser repetitivo, pero “amores son
acciones y no buenas razones”.

La esperanza la define más tarde el mismo Pablo en esta


carta:

A ellos, Dios quiso dar a conocer las


riquezas de la gloria de este misterio entre
los gentiles, que es Cristo en vosotros,
esperanza de gloria. (Col. 1:27)
La esperanza no es un optimismo por la vida, o
triunfalismo, o unos hechos que uno quiere que sucedan.
Nuestra esperanza es Cristo, o más propiamente, la
salvación que Cristo nos proporciona, liberándonos del
yugo del pecado y de la muerte y, como no, de los ataques
del Maligno.

Esta esperanza no es algo nebuloso que aguardamos


sino una certeza, una espera confiada (esperanza = espera +
confianza). ¿En qué? En un Reino que ya ha irrumpido en
la humanidad por medio de Cristo y al que ya hemos sido
trasladados. Este es el anuncio

de la cual ya habéis oído por la palabra


verdadera del evangelio

Esta Palabra fiel nos ha llegado...

III. ... en los ambientes en que nos movemos...

que ha llegado hasta vosotros, así como


a todo el mundo, (v. 6)

Pablo dice que este evangelio a llegado a ser parte de


los colosenses, de cada uno de los creyentes. Y es un
Evangelio dinámico: ha llegado a ellos, pero también a todo
el mundo. Este “todo el mundo” habla de la universalidad
del mensaje: es para todo aquél que quiera escucharlo. No
es un mensaje privado, sino público, para gritarlo bien alto
desde las azoteas y que pueda ser oído bien lejos.
Pero el Evangelio no es solamente un mensaje para el
no creyente; es el mensaje también para el creyente en
donde crece y lleva fruto. Recordemos la parábola del
sembrador: se esparce la semilla en varios tipos de tierra,
pero sólo fructifica en la “buena tierra”.

IV. ... y va progresando

y lleva fruto y crece también en


vosotros, desde el día que oísteis y
conocisteis la gracia de Dios en verdad, 7
como lo habéis aprendido de Epafras,
nuestro consiervo amado, que es un fiel
ministro de Cristo para vosotros, (vv. 6b-7)

¿Queréis una buena noticia? ¡El Evangelio progresa!


¿Dónde? En todo el mundo y ¡también en nosotros desde
que oímos y conocimos la gracia de Dios!

Llegados a estas alturas podemos preguntarnos dónde se


ve ese progreso o dónde debería verse. La respuesta más
inmediata es en el número; ¿hay crecimiento numérico o
no? El apóstol afirma que “ha llegado a todo el mundo”,
luego algo de crecimiento ha de haber. Pero si seguimos su
hilo argumental, veremos que ese avance se manifiesta en
los colosenses en la esperanza de gloria que produce en
nosotros la “fe en Cristo” y el “amor por todos los santos”.

Y considerémonos unos a otros para


estimularnos al amor y a las buenas obras,
(Heb. 10:24)
En estos versículos hay también una progresión:
“Oísteis... comprendisteis... aprendisteis”. No es suficiente
escuchar el Evangelio; hay que escuchar con atención, hay
que dejar que penetre en nosotros, que produzca una
transformación. Solamente así podemos decir que hemos
aprendido. Y al poner en práctica lo que se oye y se
comprende, entonces y sólo entonces, es cuando se vive le
Evangelio.

Conclusión

y que seáis fortalecidos con todo poder,


conforme a su gloriosa potencia, para toda
perseverancia y paciencia. (v. 11)

Este es el propósito de Pablo al escribir esta carta.


¿Cómo podemos ser fortalecidos? Cuando nos damos
cuenta de que el Evangelio progresa, produciendo en
nosotros una “esperanza de gloria” que nos lleva a crecer en
“la fe en Cristo Jesús” y nos mueve a sentir “amor por
todos los santos”. ¡Y todo por su gracia (v. 6)!

¡Y esto no es una declaración de principios, sino una


realidad!

¡A Él sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos!