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Felicitación para el Año Nuevo

5 Asimismo vosotros, jóvenes,


estad sujetos a los ancianos; y
revestíos todos de humildad unos para
con otros, porque: Dios resiste a los
soberbios pero da gracia a los
humildes. 6 Humillaos, pues, bajo la
poderosa mano de Dios para que Él os
exalte al debido tiempo. 7 Echad sobre
Él toda vuestra ansiedad, porque Él
tiene cuidado de vosotros. 8 Sed
sobrios y velad. Vuestro adversario, el
diablo, como león rugiente, anda
alrededor buscando a quién devorar. 9
Resistid al tal, estando firmes en la fe,
sabiendo que los mismos sufrimientos
se van cumpliendo entre vuestros
hermanos en todo el mundo. 10 Y
cuando hayáis padecido por un poco
de tiempo, el Dios de toda gracia,
quien os ha llamado a su eterna gloria
en Cristo Jesús, Él mismo os
restaurará, os afirmará, os fortalecerá
y os establecerá. 11 A Él sea el
dominio por los siglos. Amén. (1Pe.
5:5-11)
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Introducción

¡Feliz año nuevo! ¿Quién no ha empezado así este


año? Realmente esto expresa un deseo que hay en
todas las personas: que este año que empieza sea, al
menos, tan bueno como el anterior. Y si es posible
mejor. Es lógico que se desee así.

Pero no es más que un deseo porque todos somos


conscientes de que este nuevo año también va a ser un
año lleno de luchas; habrá momentos agradables, pero
también desagradables; momentos de alegrías, pero
también de tristezas; de victorias y de derrotas; tiempo
de reír y tiempo de llorar; tiempo de cantar y tiempo
de callar...

¿Podemos encontrar alguna directriz en la Palabra


de Dios que nos ayude a enfrentar todas estas cosas?
El apóstol Pedro nos muestra un camino, no una varita
mágica que nos puede ser de gran ayuda durante este
año. Sin pretenderlo, nos da la mejor felicitación para
este año nuevo.

I. La humildad (vv. 5-6)


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Este texto parece ir dirigido especialmente a los


jóvenes (tenemos que tomar nota), pero Pedro amplía
su sentido hasta involucrar a todos. El texto se podría
traducir literalmente por “ceñirse de humildad unos
con otros”. Visto así, presenta la imagen de un vestido
corto, propio de los esclavos, el cuál se ceñía a los
costados mediante un nudo. Es posible que Pedro
aluda aquí al gesto de Jesús en la Última Cena, que,
ciñéndose una toalla, se puso a lavar los pies de los
discípulos. Aquí vemos la humildad respecto a
nuestros semejantes.

Pero el cristiano debe humillarse también bajo la


poderosa mano de Dios. Esta frase es común en el
Antiguo Testamento y se usa frecuentemente en
relación con la liberación del pueblo de Dios de
Egipto:

Esto ha de ser para ti como una


señal sobre tu mano y como un
memorial entre tus ojos, para que la
ley de Jehová esté en tu boca, porque
con mano poderosa Jehová te sacó de
Egipto. (Ex. 13:9)

'Oh Señor Jehová, tú has


comenzado a mostrar a tu siervo tu
grandeza y tu mano poderosa. Porque,
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¿qué dios hay en los cielos o en la


tierra que haga como tus obras y
como tus proezas? (Dt. 3:24)

La idea es que la poderosa mano de Dios está en


el destino de su pueblo si ellos, humilde y fielmente,
aceptan su guía. El verdadero discípulo cristiano nunca
rechaza las experiencias de su vida porque sabe que la
poderosa mano de Dios está en el timón de su vida y
Dios le tiene reservado un destino.

II. La serenidad cristiana (v. 7)

Esto le sirve a Pedro para exhortar a sus lectores a


poner toda su confianza en ese Dios que cuida de
vosotros. El cristiano muestra así una excepcional
serenidad ante los embates de la vida.

Echa tu carga sobre Jehová, y Él te


sostendrá. Jamás dejará caído al
justo. (Sal. 55:22)

El mismo Señor Jesús nos enseñó a no afanarnos


por el día de mañana. Podemos aceptar esto
confiadamente porque tenemos la certidumbre de que
Dios cuida de nosotros. Podemos afirmar como Pablo:
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El que no escatimó ni a su propio


Hijo, sino que lo entregó por todos
nosotros, ¿cómo no nos dará
gratuitamente también con Él todas
las cosas? (Ro. 8:32)

Podemos tener la seguridad de que la vida no está


para destruirnos, sino para formarnos; y con esta
seguridad podemos aceptar cualquier experiencia que
os sobrevenga sabiendo que Cristo obra en todo para el
bien de aquellos que le aman.

Ahora bien, para que esto sea así es necesario un


cierto esfuerzo de nuestra parte: debemos echar,
arrojar nuestras cargas sobre Dios mediante un acto
decisivo de entrega y rendición a Dios por el que estas
cargas son echadas sobre Él y dejamos de llevarlas
nosotros. Los cristianos, a veces, hacemos esto sólo a
medias.
III. La vigilancia y la fe (vv. 8-9)

Pedro, que quizá estaba previendo que tal


exhortación podía llevar los cristianos a la indolencia
y al descuido, añade otra exhortación a la vigilancia, al
dominio propio y a resistir los ataques de Satanás. Esto
es necesario porque nuestro enemigo nunca duerme y
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busca cualquier ocasión para tentarnos y hacernos caer


atacándonos a cada uno por nuestro lado más débil.
Sabe sacar tajada de todo.

Tenemos que ser sobrios (serenos, tranquilos, tener


autocontrol, no como los borrachos) y estar alerta; el
hecho de echar nuestras ansiedades sobre Dios no nos
autoriza a ser unos perezosos. La confianza y el
esfuerzo deben ir juntos. Pedro sabía lo dura que era
esta vigilancia porque debía recordar cómo en el
Getsemaní él y sus compañeros se habían dormido
cuando deberían haber estado velando con Jesús. El
cristiano es una persona que confía, pero que al mismo
tiempo, dedica todo su esfuerzo y toda su vigilancia a
los asuntos de la vida cristiana.

Pedro tiene que haber recordado también cómo el


diablo lo había vencido y había negado a su Señor.
Pero también sabe que el diablo es un cobarde y, como
todos los cobardes, cuando se le hace frente con
valentía huye despavoridamente. De ahí la exhortación
a resistir con fe, sabiendo que si el que ha vencido a
Satanás está a nuestro lado, Satanás no tiene nada que
hacer con nosotros. Por eso hemos de procurar crecer
en nuestra fe en el Señor Jesús.
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IV. El sufrimiento (v. 10)

El sufrimiento es algo que repugna a todos, menos


a los masoquistas. Seguro que Dios no quiere que
nadie sufra pensamos muchas veces. Pero aquí el
apóstol dice algo diferente: el sufrimiento tiene un
propósito según Dios. Para ello usa cuatro imágenes
muy dinámicas. Estas imágenes son unas palabras de
aliento para los cristianos que sufren por ser cristianos,
y Pedro no expresa un simple deseo, sino que les
asegura que Dios obrará de esta forma:

A.Perfeccionará

A través del sufrimiento Dios perfeccionará o


restaurará al hombre. Esta palabra se refiere a soldar
una fractura y Marcos la usa cuando habla de reparar
las redes de los pescadores. Significa proveer de
aquello que falta, remendar lo que está roto, reponer
una parte que falta. Después de cualquier batalla,
podemos estar algo maltrechos, así que hace falta una
recomposición.

De esta forma el sufrimiento, si es aceptado con


humildad, puede proveerle a la persona de aquello que
le está faltando en su carácter; puede corregir la
debilidad y otorgarle una grandeza de la que carece. Es
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algo así como el carbón que, al ser sometido a una


gran presión, se convierte en un diamante.
B.Afirmará al hombre

El término griego significa hacer tan firme y sólido


como el granito. El sufrimiento corporal y la tristeza
de espíritu provocan una de dos cosas: o hacen que el
hombre sufra un colapso o que emerja con un sólido
carácter a prueba de bombas que de otra manera no
habría podido obtener. La imagen es la del acero
endurecido por ser templado al fuego.

Otra acepción igualmente válida es la de colocar


un objeto en su lugar. ¡Qué cierto es que cuando
estamos sufriendo nos damos cuenta de que no somos
ni tan perfectos ni tan invencibles como a veces nos
creemos! Ciertamente se nos bajan los humos y
entonces podemos volver a ser usados por el Señor en
lo que Él tiene preparado para nosotros.

C.Fortalecerá al hombre

Esta palabra significa llenar de fuerza o preparar


para el servicio activo. Otra vez la implicación es el
esfuerzo; una vida sin esfuerzo y disciplina casi
necesariamente se convierte en una existencia
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reblandecida y frívola. Sólo hay que pensar en los


atletas que practican la halterofilia durante un tiempo y
consiguen una gran musculatura que se convierte en
algo fofo al poco tiempo de dejar de practicarla.

Nadie conoce lo que significa realmente para él la


fe hasta que ha pasado por el crisol de la aflicción. El
viento apagará una llama débil, pero también avivará
la llama fuerte y la convertirá en un fuego cada vez
más fuerte. Así ocurre también con la fe.

D.Establecerá al hombre

Este verbo significa poner los fundamentos o


poner en un lugar inconmovible donde puedan resistir
los ataques del enemigo. Sólo cuando tenemos que
enfrentar la tristeza y el sufrimiento es cuando somos
asentados sobre el cimiento de la roca de la fe. Es
entonces cuando descubrimos qué cosas son realmente
importantes y cuáles son sólo decorativas;
descubrimos cosas que no pueden ser conmovidas, nos
conocemos mejor a nosotros mismos.

Debemos recordar que el sufrimiento está muy


lejos de producir estas preciosas experiencias a favor
de toda persona. Es posible que el sufrimiento
conduzca un hombre a la amargura, al resentimiento y
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a la desesperación; hasta puede arrebatarle la poca fe


que tenía. Pero si el sufrimiento es aceptado
humildemente en la confianza de que la mano
poderosa de Dios nunca hará derramar a su hijo una
lágrima innecesaria, entonces, como fruto de este
sufrimiento, vendrán cosas que una vida fácil jamás
habría producido. Otra vez es como el viento que
puede apagar una llama o avivar un fuego.

Conclusión

¿Cómo podemos vivir este año que acaba de


empezar? ¿Cómo enfrentar todos los problemas y
sufrimientos con los que nos podamos encontrar?

• Siendo humildes con nuestros hermanos y ante


Dios;
• Ejerciendo la serenidad cristiana que se deriva de
la confianza de que el Señor obra a nuestro favor
cuando echamos sobre Él toda nuestra ansiedad;
• Estando alerta para no caer en las tentaciones y,
cuando lleguen, combatirlas con fe, y
• Dejando que el sufrimiento produzca en nosotros
los frutos adecuado para la gloria de Dios y
nuestro propio beneficio.
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Esta es la conclusión a la que nos lleva el propio


texto:

A Él sea el dominio por los siglos.


Amén. (1Pe. 5:11)