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· · · · · Obras de · Kahlil Gibran · 1 De 525 -
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Obras de
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Kahlil Gibran
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1 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
· Khalil Gibran · (Líbano, 1883-1931) · Poeta, filósofo y artista, nacido en el Líbano,
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Khalil Gibran
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(Líbano, 1883-1931)
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Poeta, filósofo y artista, nacido en el Líbano, una tierra que
ha producido muchos profetas, su fama y su influencia se esparce más allá del Oriente
Próximo. Su poesía se ha traducido a más de veinte idiomas y sus dibujos y pinturas se
han expuesto en las grandes capitales del mundo. En los Estados Unidos, que él hizo
su hogar durante veinte años de su vida, comenzó a escribir en inglés. El Profeta y sus
otros libros de poesía, ilustrados con sus dibujos místicos, son conocidos por
innumerables estadounidenses, quienes encuentran en ellos una expresión de los
impulsos más profundos del corazón y de la mente humana.
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Gibran Khalil Gibran nació en Bcherri el 6 de diciembre de 1883, la ciudad
típicamente libanesa que se levanta sobre una pequeña meseta, junto a uno de los
acantilados de Wadi-Quadisha (Valle sagrado). Durante dos décadas atrás, el país había
obtenido una cierta autonomía, apuntalada en buena medida por su larga tradición
católica maronita que le había mantenido aislado durante siglos frente al dominio
oscurantista y cerril del imperio turco. Los años de la infancia de Gibran son los
mismos en que surge una nueva clase dirigente de influencia francesa, proyectada hacia
europa, mediadora comercial e intelectual entre el sector sometido a la opresión turca y
las nuevas corrientes de opinión que soplan hacia el Mediterráneo, desde Londres,
Viena o Paris.
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Gibran, nieto de un sacerdote maronita, hijo de un
propietario de ganado, es un símbolo vivo de ese cruce de
culturas que es su país de origen. Con sólo trece años marcha
con su madre y sus hermanos a Boston, atraído por las
oportunidades que parece ofrecer el Nuevo Mundo, mientras su
padre permanece en el Líbano, manteniendo su pobre
propiedad. El adolescente Gibran entra en una escuela privada
donde se educan americanos de adopción procedentes de
diversas naciones. Más tarde, por consejo de su hermanastro,
regresa a Beirut, donde se matricula en la Escuela Maronita
para estudiar árabe y francés. Durante las vacaciones, redescubre
con su padre las montañas, los bosquecillos umbríos, las venerables ruinas que dejara la
antigüedad y los parajes pedregosos de su tierra natal. En el abandonado monasterio de
Mar-Sarkis, su espíritu ya cultivado despierta a una intensa sensibilidad sazonada de
sabiduría popular que, acrisola tras siglos de cultura, se halla impregnada de un
naturalismo soberbio y triunfante. Nuestro autor sueña, empero, con volver a América,
etapa imprescindible para conseguir fama y dinero, y poder regresar
definitivamente al Líbano.
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Mas a su retorno a América, la desgracia, revestida de enfermedad
incurable, se cierne sobre su madre y sus hermanos. Con su hermana
superviviente, Mariana, trata de abrirse camino, sintiéndose responsable
del sacrificio de su familia para que el triunfara en el difícil mundo del
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arte. A la sombra de los rascacielos americanos -indignos sustitutos de los milenarios cedros de
arte. A la sombra de los rascacielos americanos -indignos sustitutos de los milenarios
cedros de su patria-, empieza a escribir para los periódicos árabes de Nueva York.
Simultanea la pluma con los pinceles, y en ambas artes su exquisita sensibilidad pugna
por superar una técnica todavía no dominada. En los albores de su producción pictórica,
expone su obras en un estudio de Boston, pero un voraz incendio arrasa su colección,
negándose al artista la gloria y el beneficio. Años después, Gibran se alegraría del
accidente que puso fin a su etapa todavía inmadura, permitiéndole mejorar una obra
pictórica que hoy se halla diseminada por todo Oriente Medio, Europa y América.
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Breves libros, poemas y artículos en árabe marcan el
inicio de su carrera literaria. Fue en esta época cuando conoció
a
Mary Haskell, mujer de extraordinaria sensibilidad, que supo
intuir el genio de Gibran, animándole a que estudiara en el
extranjero y a que escribiera en inglés, tras dominar mejor este
idioma, para llegar a un público más numeroso. De 1908 a
1910 estudia arte en París, luego regresa a Boston y finalmente
se instala en Nueva York. Treinta y cinco años tiene cuando
resume sus pensamientos y su filosofía en La procesión, escrita
en forma de versos árabes. Dos años después, da a conocer su
obra más madura: El profeta, convertido en bestseller
internacional durante cuarenta años. Las opiniones de los críticos
son contradictorias. Mientras unos consideran sus pensamientos "nocivos, revolucionarios
y
peligrosos para las mentes juveniles", otros juzgan que en ellos "coexisten resonancias
de Jesucristo y de los Evangelios".
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Gibran, que nunca había sido fuerte ni física ni psíquicamente, se halló siempre
expuesto con facilidad al dolor desde su más temprana niñez. Su gigantismo se debe,
pues, al esfuerzo sobrehumano de su voluntad, empeñada en una actividad casi
compulsiva, por depurar técnicas, combinar estilos, dominar idiomas y servir de vehículo
de emociones universales entre pueblos de distintas culturas. Durante los cinco años que
siguieron a la publicación de El profeta, Gibran alcanza el pináculo de su fama y de su
productividad. Su obra es conocida tanto en el mundo árabe como en los sectores más
cultos de habla inglesa. El loco había sido precisamente su primer libro en esta lengua.
Gibran ponía en boca de un demente una serie de lúcidos discursos que recuerdan los
del Zaratustra nietzscheano. La procesión, su obra principal de poesía arábiga, es un
diálogo entre un sabio y un joven, en el que uno expresa su irritación ante la vida, el
mal y la represión, acusando al hombre de ser una simple marioneta manejada por la
ambición (es el aspecto crítico y negativo del poema), y el otro alaba la vida sencilla
del campesino, en la que no existen dolores ni castigos ni opresiones.
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''La Tempestad'', aparecida en 1920, es una obra con ecos de
Valery y de Nietzsche, en la que se ensalza a los fuertes y se ofrecen
técnicas para endurecer la voluntad de los débiles, El precursor,
editada el mismo año, es el libro que Gibran dedicó a exponer su
antidogmatismo, ridiculizando a los que se creen en posesión de una
única verdad. Tres años más tarde nuestro autor da a conocer la obra
en la que había estado trabajando durante largo tiempo: El profeta. El
amor, el matrimonio, la ambición de poder y de dinero son los temas fundamentales
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que Gibran desarrolla en este libro, traducido a más de veinte idiomas. Su obra editada
que Gibran desarrolla en este libro, traducido a más de veinte idiomas. Su obra
editada a título póstumo es El jardín del profeta (1933), y en ella describe nuestro
autor la relación íntima entre el hombre y la naturaleza.
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Hacia el fin de su vida, Gibran escribió Jesús, el hijo del Hombre,
interpretación muy personal de la figura de Cristo, presentado como
el hombre que vivió plenamente la vida con todo lo que ella
contiene de dolores y alegrías. Pese a que el autor niega en ella la
divinidad de Cristo, Arnold Bennett señaló que los árabes deberían
sentirse orgullosos de que Gibran hiciera recordar la Torah, los
salmos y las enseñanzas de Jesús al pueblo materialistas de los
Estados Unidos.
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Aquejado de una terrible enfermedad, Gibran se esfuerza en donar a la
humanidad lo mejor de sí mismo, cristianizándolo en literatura y en pintura.
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El 9 de abril de 1931, un amigo le encuentra sumido en
el dolor y pálido por la enfermedad, pese a que continúa
sonriendo con valentía. Se niega a que le lleven a un hospital;
quiere vivir sus últimos días entre sus dibujos y los esbozos de
sus obras. Al día siguiente, muere en el hospital neoyorquino
de San Vivente. Sólo tiene cuarenta y ocho años de edad.
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· INDICE · 1.- ALAS ROTAS (1912) pgs. 6 a 39 2.- ARENA Y ESPUMA
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INDICE
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1.- ALAS ROTAS (1912) pgs. 6 a 39
2.- ARENA Y ESPUMA (1926) pgs. 40 a 60
3.- DICHOS ESPIRITUALES (
)
pgs. 61 a 90
4.- EL JARDÍN DEL PROFETA (1933) pgs. 91 a 108
5.- EL LOCO (1918) pgs. 109 a 123
6.- EL PRECURSOR (1920) pgs. 124 a 134
7.- EL PROFETA (1933 -obra póstuma-) pgs. 135 a 158
8.-EL VAGABUNDO (1932) pgs. 159 a 179
9.- ESPÍRITUS REBELDES (1908) pgs. 180 a 209
10.- JESÚS, EL HIJO DEL HOMBRE (1928) pgs. 210 a 283
11.- LA PROCESIÓN (1918) pgs. 284 a 295
12.- LA TEMPESTAD (1920) pgs. 296 a 339
13.- LA VOZ DEL MAESTRO (1959) pgs. 340 a 371
14.- LAGRIMAS Y SONRISAS (1914) pgs. 372 a 412
15.- LAZARO Y SU AMADA(1925) 413 a 420
16.- LOS DIOSES DE LA TIERRA (1931) pgs. 421 a 446
17.- LOS SECRETOS DEL CORAZÓN (1931) pgs. 447 a 461
18.- NINFAS DEL VALLE (1948) pgs. 462 a 482
19.- PENSAMIENTOS Y MEDITACIONES (1961) pgs. 483 a 504
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· GIBRÁN KHALIL GIBRÁN · ALAS ROTAS (1912) · Revisado por: Carlos J. J. ·
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GIBRÁN KHALIL GIBRÁN
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ALAS ROTAS (1912)
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Revisado por: Carlos J. J.
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PREFACIO
Tenía yo dieciocho años de edad cuando el amor me abrió los ojos con sus
mágicos rayos y tocó mi espíritu por vez primera con sus dedos de hada, y Selma
Karamy fue la primera mujer que despertó mi espíritu con su belleza y me llevó al
jardín de su hondo afecto, donde los días pasan como sueños y las noches como bodas.
Selma Karamy fue la que me enseñó a rendir culto a la belleza con el ejemplo de su
propia hermosura y la que, con su cariño, me reveló el secreto del amor; fue ella la
que cantó por vez primera, para mí, la poesía de la vida verdadera.
Todo joven recuerda su primer amor y trata de volver a poseer esa extraña hora,
cuyo recuerdo transforma sus más hondos sentimientos y le da tan inefable felicidad, a
pesar de toda la amargura de su misterio.
En la vida de todo joven hay una "Selma", que súbitamente se le aparece en la
primavera de la vida, que transforma su soledad en momentos felices, y que llena el
silencio de sus noches con música.
Por aquella época estaba yo absorto en profundos pensamientos y
contemplaciones, y trataba de entender el significado de la naturaleza y la revelación de
los
libros y de las Escrituras, cuando oí al Amor susurrando en mis oídos a través de
los
labios de Selma. Mi vida era un estado de coma, vacía como la de Adán en el
Paraíso, cuando vi a Selma en pie, ante mí, como una columna. de luz. Era la Eva de
mi
corazón, que lo llenó de secretos y maravillas, y que me hizo comprender el
significado de la vida.
La primera Eva, por su propia voluntad, hizo que Adán saliera del Paraíso,
mientras que Selma, involuntariamente, me hizo entrar en el Paraíso del amor puro y
de
la virtud, con su dulzura y su amor; pero lo que ocurrió al primer hombre también
me
sucedió a mí, y. la espada de fuego que expulsó a Adán del Paraíso fue la misma
que atemorizó con su filo resplandeciente y me obligó a apartarme del paraíso de mi
amor, sin haber desobedecido ningún mandato, y sin haber probado el fruto del árbol
prohibido.
Hoy, después de haber transcurrido muchos años, no me queda de aquel
hermoso sueño sino un cúmulo de dolorosos recuerdos que aletean con alas invisibles
en
torno mío, que llenan de tristeza las profundidades de mi corazón, y que llevan
lágrimas a mis ojos; y mi bien amada, la hermosa Selma, ha muerto, y nada queda de
ella
para preservar su memoria, sino mi roto corazón, y una tumba rodeada de cipreses.
Esa
tumba y este corazón son todo lo que ha quedado para dar testimonio de Selma.
El silencio que custodia la tumba no revela el secreto de Dios, oculto en la
oscuridad del ataúd, y el crujido de las ramas cuyas raíces absorben los elementos del
cuerpo no des cifran los misterios de la tumba, pero los suspiros de dolor de mi
corazón anuncian a los vivientes el drama que han representado el amor, la belleza y la
muerte.
¡Oh amigos de mi juventud, que estáis dispersos en la ciudad de Beirut!: cuando
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paséis por ese cementerio, junto al bosque de pinos, entrad en él silenciosamente, y caminad
paséis por ese cementerio, junto al bosque de pinos, entrad en él silenciosamente, y
caminad despacio, para que el ruido de vuestros pasos no, turbe el tranquilo sueño de
los muertos, y deteneos humildemente ante la tumba de Selma; reverenciad la tierra
que cubre su cuerpo y decid mi nombre en un hondo suspiro, al tiempo que decís
internamente estas palabras:
• "Aquí, todas las esperanzas de Gibrán, que vive como prisionero del amor más
allá de los mares; todas sus esperanzas, fueron enterradas. En este sitio perdió
Gibrán su felicidad, vertió todas sus lágrimas, y olvidó su sonrisa.
• "Junto a esa tumba crece la tristeza de Gibrán, al mismo tiempo que los
cipreses, y sobre la tumba su espíritu arde todas las noches como una lámpara
votiva consagrada a Selma, y entona a coro con las ramas de los árboles un
triste lamento, en lastimero duelo por la partida de Selma, que ayer, apenas
ayer, era un hermoso canto en los labios de la Vida, y que hoy es un silente
secreto en el seno de la tierra."
¡Oh camaradas de mi juventud! Os conjuro, en nombre de aquellas vírgenes que
vuestros corazones han amado, a que coloquéis una guirnalda de flores en la
desamparada Tumba de mi bien amada, pues las flores que coloquéis sobre la tumba
de Selma serán como gotas de rocío desprendidas de los ojos de la aurora, para
refrescarlos pétalos de una rosa que se marchita.
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Vecinos míos, vosotros recordáis. con placer la aurora de vuestra juventud, y
lamentáis que haya pasado; pero yo recuerdo la mía como un prisionero recuerda los
barrotes y los grilletes de su cárcel. Vosotros habláis de aquellos años entre la infancia y
la juventud como de una época de oro, libre de confinamientos y de cuidados, pero
aquellos años. yo los considero una época de callada tristeza que caía como una semilla
en mi corazón, y crecía en él; y que no encontraba salida hacia el mundo del
conocimiento y la sabiduría, hasta que llegó el amor y abrió las puertas de mi corazón,
e iluminó sus recintos.
El amor me dio lengua y lágrimas. Seguramente recordáis los jardines y los
huertos, las plazas públicas y las esquinas que presenciaron vuestros juegos y oyeron
vuestros inocentes cuchicheos; yo también recuerdo hermosos parajes del norte del
Líbano. Cada vez que cierro los ojos veo aquellos valles, llenos de magia y dignidad,
cuyas montañas, cubiertas de gloria y grandeza, trataban de alcanzar el cielo. Cada vez
que cierro mis oídos al clamor de la ciudad, oigo el murmullo de aquellos riachuelos y
el crujido de aquellas ramas. Todas esas bellezas a las que me refiero ahora, y que
ansío volver a ver como niño que ansía los pechos de su madre, hirieron mi espíritu,
prisionero en la oscuridad de la juventud como el halcón que sufre en su jaula al ver
una bandada de pájaros que vuela libremente por el anchuroso cielo. Aquellos valles y
aquellas montañas pusieron el fuego en mi imaginación, pero amargos pensamientos
tejieron en torno de mi corazón una red de negra desesperanza.
Cada vez que iba yo a pasear por aquellos campos volvía decepcionado, sin
saber la causa de mi decepción. Cada vez que miraba yo el cielo gris sentía que el
corazón se me encogía. Cada vez que oía yo el canto de los pájaros y los balbuceos de
la primavera, sufría, sin comprender la razón de mi sufrimiento. Dicen que la
simplicidad hace que un hombre sea vacío, y que ese vacío lo hace despreocupado.
Acaso sea esto cierto entre quienes nacieron muertos y viven como cadáveres helados;
pero el muchacho sensible que siente mucho y lo ignora todo es la más desventurada
criatura que alienta bajo el sol, porque se debate entre dos fuerzas. La primera fuerza
lo impulsa hacia arriba, y le muestra lo hermoso de la existencia a través de una nube
de sueños; la segunda, lo arrastra hacia la tierra, llena sus ojos de polvo y lo anonada
de temores y hostilidad.
·
La soledad tiene suaves, sedosas manos, pero sus fuertes dedos oprimen el
corazón y lo hacen gemir de tristeza. La soledad es el aliado de la tristeza y el
compañero de la exaltación espiritual.
El alma del muchacho que siente que el beso de la tristeza es como un blanco
lirio que empieza a desplegar sus pétalos. Tiembla con la brisa, abre su corazón en la
aurora, y vuelve a cerrar sus pétalos al llegar las sombras de la noche. Si ese muchacho
no tiene diversiones, ni amigos, ni compañeros de juegos, su vida será como una
reducida prisión en la que no ve nada, sino telarañas, y no oye nada, sino el reptar de
los insectos.
Tal tristeza que me obsesionaba en mi juventud no era por falta de diversiones,
porque si hubiera querido las habría tenido; tampoco era por falta de amigos, porque
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habría podido tenerlos. Tal tristeza obedecía a un dolor interno que me impulsaba a amar
habría podido tenerlos. Tal tristeza obedecía a un dolor interno que me impulsaba a
amar la soledad. Mataba en mí la inclinación a los juegos y a las diversiones, quitaba
de mis hombros las alas de la juventud, y hacía que fuera yo como un estanque entre
dos montañas, que refleja en su quieta superficie las sombras de los fantasmas y los
colores de las nubes y de los árboles, pero que no puede encontrar una salida, para ir
cantando hacia el mar.
Tal era mi vida antes de que cumpliera yo dieciocho años. El año que los cumplí
es como la cima de una montaña en mi vida, porque despertó en mí el conocimiento,
y me hizo comprender las vicisitudes de la humanidad. En ese año volví a nacer, y a
menos que una persona vuelva a nacer, su vida seguirá siendo una hoja en blanco en
el libro de la existencia. En ese año vi a los ángeles del cielo mirarme a través de los
ojos de una hermosa mujer. También vi a los demonios del infierno rabiando en el
corazón de un hombre malo. Aquel que no ve a los ángeles y a los demonios en toda
la belleza y en toda la malicia, de la vida estará muy lejos del conocimiento, y su
espíritu estará ayuno de afecto.
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En la primavera de aquel maravilloso año, estaba yo en Beirut. Los jardines
estaban llenos de flores de Nisán, y la tierra tenía una alfombra de verde césped; y era
como un secreto de la tierra revelado al Cielo. Los naranjos y los manzanos, que
parecían huríes, o novias enviadas por la Naturaleza para inspirar a los poetas y excitar
la imaginación, llevaban blancas vestiduras de perfumados capullos.
La primavera es hermosa en todas partes, pero es más hermosa en el Líbano. Es
un espíritu que vaga por toda la Tierra, pero que hace su morada en el Líbano,
conversando con reyes y profetas, cantando con los ríos los Cantares de Salomón, y
repitiendo con los sagrados cedros del Líbano los recuerdos de las antiguas glorias.
Beirut, libre de los lodos del invierno y del polvo del verano, en la primavera es como
una novia, o como una sirena que se sienta a orillas de un arroyo, y que se seca la
suave piel a los rayos del sol.
Un día, en el mes de Nisán, fui a visitar a un amigo cuya casa estaba algo
apartada de la brillante y hermosa ciudad. Mientras charlábamos, un hombre de aspecto
digno, como de unos sesenta años de edad, entró en la casa. Al levantarme para
saludarlo, mi amigo me lo presentó como Farris Efendi Karamy, y luego mi amigo
pronunció mi nombre, con palabras elogiosas. El anciano me miró un momento, y se
tocó la frente con las puntas de los dedos, como si estuviera tratando de recordar algo.
Luego, se acercó a mí sonriente, y me dijo:
-Es usted hijo de un amigo mío muy querido y me da mucho gusto ver a ese amigo
en la persona de usted-.
Muy conmovido por las palabras del anciano, me sentí atraído hacia él como un
pájaro cuyo instinto lo lleva a su nido antes de la inminente tormenta. Al sentarnos, me
contó su amistad con mi padre, y recordó el tiempo que habían pasado juntos. Los
ancianos gustan de remontar sus recuerdos a los días de su juventud, tal como los
extranjeros que ansían volver a su propio país. Se complacen en referir anécdotas del
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pasado, así como el poeta se complace en recitar su mejor poema. El anciano vive
pasado, así como el poeta se complace en recitar su mejor poema. El anciano vive
espiritualmente en el pasado, porque el presente pasa para él velozmente, y el futuro
le parece una aproximación al olvido de la tumba. Así transcurrió una hora llena de
viejos recuerdos, como las sombras de los árboles sobre el césped. Cuando Farris Efendi
se levantó para marcharse, me puso la mano izquierda en el hombro y estrechó mi
mano derecha, diciendo:
-No he visto a tu padre desde hace veinte años. Espero que lo sustituyas, con
frecuentes visitas a mi casa-.
Agradecido, le prometí cumplir ese deber de amistad hacia un querido amigo
de mi padre.
Al salir el anciano, le pedí a mi amigo que me contara algo más acerca de él.
-No conozco a ningún hombre en Beirut cuya riqueza lo haya hecho amable, y cuya
bondad lo haya hecho rico -me dijo-. Es uno de esos raros hombres que vienen a este
mundo y se van de él sin hacer daño a nadie, pero las personas de esa clase
generalmente sufren mucho, y son víctimas de la opresión, porque no son lo
suficientemente hábiles para salvarse de la maldad de los demás. Farris Efendi tiene una
hija, de carácter muy parecido al suyo, cuya belleza y gentileza están más allá de toda
descripción; y también ella sufrirá mucho, porque la riqueza de su padre ya la está
colocando al borde un horrible precipicio. -Al pronunciar mi amigo estas palabras, noté
que su rostro se ensombrecía. Luego, mi amigo continuó: -Farris Efendi es un buen
anciano, de noble corazón, pero le falta fuerza de voluntad. La gente lo maneja como a
un ciego. Su hija le obedece, a pesar de ser orgullosa e inteligente, y tal es el secreto
que gravita en la vida de padre e hija. Este secreto lo descubrió un mal hombre, que
también es obispo, y cuya maldad se cobija a la sombra del Evangelio. Este prelado
tiene apariencia de ser amable y noble. Es la cabeza religiosa de esta tierra de gente
piadosa. La gente le rinde obediencia y lo venera. Y conduce a esta gente como un
rebaño de ovejas hacia el matadero. Este obispo tiene un sobrino, lleno de odio y de
corrupción. Más tarde o más temprano, día llegará en que colocará a su sobrino a su
derecha, y a la hija de Farris Efendi a su izquierda, y, al alzar su impura mano y al
pronunciar los votos del matrimonio sobre las cabezas de estos dos jóvenes, unirá una
virgen pura a un sucio degenerado, colocando el corazón del día en las entrañas de la
noche.
"Es todo lo que puedo decirte acerca de Farris Efendi y de su hija, así que te ruego
que no me hagas más preguntas al respecto.
Al decir esto, mi amigo volvió la cabeza hacia la ventana, como si estuviera
tratando de resolver los problemas de la existencia humana y de concentrarse en la
belleza del universo.
Al salir de esa casa, le dije que pensaba visitar a Farris Efendi unos días
después, con el propósito de cumplir mi promesa, y por la amistad, que había unido a
él y a mi padre. Se quedó mirándome un momento y noté un cambio en la expresión
de su rostro, como si mis escasas y simples palabras le hubieran dado una nueva idea.
Luego, me miró a los os de extraña manera, con una mirada en que se
mezclaban amor, la piedad y el temor; con la mirada de un profeta que prevé lo que
nadie más puede anticipar. Luego, sus labios temblaron levemente, pero mi amigo no
dijo nada al dirigirme yo a la puerta. Esa extraña mirada se grabó en mí, y no pude
comprender su significado hasta que maduré en el mundo de la experiencia, donde los
corazones se comprenden uno a otro intuitivamente, y donde los espíritus maduran con
el conocimiento.
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Unos cuantos días después, la soledad hizo presa de mí, y me cansé de los
estultos rostros de los libros; alquilé un carruaje y me dirigí a la casa de Farris Efendi.
Cuando llegamos al pinar en que la gente solía realizar meriendas campestres, el
conductor del carruaje tomó un camino privado, bajo la sombra de los sauces, que lo
bordeaban a cada lado. Al atravesar el pinar, pudimos ver la belleza de los verdes
prados, los viñedos, y muchas flores de Nisán, de colores vivos, que empezaban a
abrirse.
Unos cuantos minutos después, el carruaje se detuvo ante una casa solitaria, en
medio de un hermoso jardín. Saturaban el aire los aromas de las rosas, de las gardenias
y del jazmín.
Al bajar del carruaje y entrar en el espacioso jardín, vi a Farris Efendi, que salía
a mi encuentro. Me invitó a entrar en la casa cordialmente y se sentó a mi lado, como
un padre feliz que vuelve a ver a su hijo, y me abrumó con preguntas acerca de mi
vida, de mi futuro y de mi educación. Le contesté, y mi voz estaba llena de ambición
y
celo; porque en mis oídos repicaba con campanas el himno de la gloria, y sentía que
me lanzaba en mi velero por el calmado mar de los sueños esperanzados. En eso
estábamos, cuando una hermosa joven, vestida con bellísimo vestido de seda blanca,
apareció tras las cortinas de terciopelo de la puerta, y caminó hacia mí. Farris Efendi y
yo nos levantamos de nuestros asientos.
-Mi hija Selma -dijo el anciano. Luego, me presentó, diciendo: - El destino me ha
devuelto a un querido viejo amigo, en la persona de su hijo.
Selma se quedó mirándome un momento, como si dudara que un visitante
pudiera entrar en su casa. Sentí la mano de la muchacha como un blanco lirio, y un
extraño sobresalto agitó mi corazón.
Volvimos a tomar asiento en silencio, como si Selma hubiese llevado a aquel
aposento un espíritu celestial digno de mudó respeto. Al darse cuenta de aquel súbito
silencio, la joven me sonrió, y dijo
-Mi padre me ha, contado muchas veces las anécdotas de su juventud y de los viejos
tiempos en que él y el padre de usted llevaban estrecha amistad. Si el padre de usted
le" ha contado lo mismo, este encuentro no es el primero entre nosotros.
El anciano estaba complacido de oír a su hija expresarse así.
-Selma es muy sentimental. Todo lo ve con los ojos del espíritu -dijo.
Luego, reanudó su conversación, con mucho tacto, como si hubiera encontrado en mí
un hechizo mágico que lo hubiera llevado, en alas del recuerdo, a los días pasados.
Mientras lo miraba, pensando en cómo sería yo en mis años posteriores, él se
quedó mirándome, como un sereno y viejo árbol que ha soportado muchas tormentas,
y
al que la luz solar le proyectara la sombra sobre un renuevo que se estremeciera ante
la brisa de la aurora.
Pero Selma permanecía silenciosa. De vez en cuando, me miraba a mí, luego a
su padre, como si estuviera leyendo al mismo tiempo el primero y el último capítulo
del drama de la vida. El día transcurrió rápidamente en aquel jardín, y podía yo ver a
través de la ventana el fantasmal beso amarillo del ocaso sobre las montañas del
Líbano. Farris Efendi siguió relatando sus experiencias, y yo le escuchaba absorto, y
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había tanto entusiasmo en mí, que su tristeza se convirtió en alegría. Selma estaba sentada
había tanto entusiasmo en mí, que su tristeza se convirtió en alegría.
Selma estaba sentada cerca de la ventana, mirándonos con sus tristes ojos y sin
hablar, aunque la belleza tiene su propio lenguaje celestial, más misterioso que las
voces de las lenguas y de los labios. Es un lenguaje misterioso, intemporal, común a
toda la humanidad; un calmado lago que atrae a los riachuelos cantarines hacia su
fondo, y los hace silenciosos.
Sólo nuestros espíritus pueden comprender la belleza, o vivir y crecer con ella.
Intriga a nuestras mentes; no podemos describirla con palabras; es una sensación que
nuestros ojos no pueden ver, y que se deriva, tanto del que observa, como de quien
es
observado. La' verdadera belleza es un rayo que emana de lo más santo del
espíritu, e ilumina el cuerpo, así como la vida surge desde la profundidad de la tierra,
para dar color y aroma a una flor.
La verdadera belleza reside en la concordancia espiritual que llamamos amor, y
que puede existir entre un hombre y una mujer.
¿Acaso mi espíritu y el de Selma se tocaron aquel día en que nos conocimos, y
aquel anhelo de llegar hasta ella hizo que la considerara la más hermosa mujer bajo el
sol? ¿O acaso
¿Estaba yo intoxicado con el vino de la juventud, que me hacía imaginar lo que
nunca existió?
¿Acaso mi juventud cegó mis ojos naturales y me hizo imaginar el brillo de sus
ojos, la dulzura de su boca y la gracia de todo su cuerpo? ¿O acaso fueron ese brillo,
esa gracia y esa dulzura, los que abrieron mis ojos y me mostraron la felicidad y la
tristeza del amor?
Difícil es dar respuesta a estas preguntas, pero puedo decir sinceramente que en
aquella hora sentí una emoción que nunca había tenido; un nuevo cariño que se posaba
calmadamente en mi corazón, como el espíritu que vagaba sobre las aguas en el
momento de la creación del mundo, y también puedo decir que de ese cariño nacieron
mi
felicidad y mi tristeza. Así terminó la hora de mi primer encuentro con Selma, y así
quiso el cielo libertarme de las cadenas de mi solitaria juventud, para permitirme
caminar en la procesión del amor.
El amor es la única libertad que existe en el mundo porque eleva tanto al
espíritu, que las leyes de la humanidad y los fenómenos naturales no alteran su curso.
Al levantarme de mi asiento para marcharme, Farris Efendi se acercó a mí y me
dijo serenamente:
-Ahora, hijo mío, ya conoces el camino a esta casa. Considérame tu padre y a Selma,
como tu hermana. La miré como pidiéndole a ella que confirmara aquella declaración.
La joven movió la cabeza en señal de asentimiento, y me miró como quien
vuelve a ver a una persona que se conoce desde hace mucho.
Aquellas palabras que pronunció Farris Efendi Karamy me colocaron al lado de su
hija, en el altar del amor. Fueron palabras de un canto celestial que terminó tristemente,
aunque había empezado en la más viva exaltación; elevaron nuestros espíritus al reino
de
la luz y de la trémula llama; fueron la copa de la que al mismo tiempo bebimos la
felicidad y la amargura.
Salí de aquella casa. El anciano me acompañó hasta el borde del jardín, mientras
mi
corazón se agitaba como los labios temerosos de un hombre sediento.
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Acaba de terminar el mes de Nisán, y yo seguía visitando la casa de Farris

Efendi, y seguía viendo a Selma en aquel hermoso jardín, contemplando su belleza, maravillándome de su inteligencia y oyendo los silentes pasos de la tristeza. Sentía que una mano invisible me llevaba hacia ella. En cada visita percibía un nuevo significado de su belleza, y una nueva intuición de su dulce espíritu, hasta que la joven llegó a ser como un libro cuyas páginas pude entender, y cuyos elogios podía yo cantar, pero que nunca podría terminar de leer. Una mujer a la que la Providencia ha dotado de belleza espiritual y corporal es una verdad,

a

la vez manifiesta y secreta, que sólo podemos comprender mediante el amor, y a la

que sólo podemos tocar con la virtud; y cuando hacemos el intento de describir a tal mujer, su imagen se desvanece como la niebla. Selma Karamy poseía la belleza corporal y espiritual, pero, ¿cómo describirla a quien no la haya conocido? ¿Puede un hombre muerto recordar el canto de un ruiseñor,

y

la fragancia de una rosa, y el susurro de un arroyo? ¿Puede un prisionero cargado de

pesadas cadenas seguir a la brisa de la aurora? ¿Acaso el orgullo me impide hacer la descripción de Selma sólo con palabras ya que no puedo pintarla con luminosos colores? El hombre hambriento en el desierto no se negará a comer pan duro, si el cielo no hace llover sobre él el maná y las codornices. En su blanco vestido de seda, Selma estaba esbelta como un rayo de luz de luna que pasara a través del cristal de la ventana. Caminaba graciosa y rítmicamente. Hablaba en voz baja y con dulces entonaciones; las palabras salían de sus labios como gotas de rocío que cayeran de los pétalos de las flores, al agitarlas el viento. Pero, ¡qué decir del rostro de Selma! Ninguna palabra podría describir su expresión, que reflejaba, ora gran sufrimiento interno, ora exaltación celestial. La belleza del rostro de Selma no era clásica; era como un sueño de revelación que no se puede medir ni circundar, ni copiar con el pincel de un pintor, ni con el cincel de un escultor. La belleza de Selma no residía propiamente en sus cabellos de oro, sino en la virtud y en la pureza que los rodeaban; no en sus labios, sino en la dulzura de sus palabras; no en su cuello de marfil, sino en el suave arco de su frente. Tampoco residía su belleza en la línea perfecta de su cuerpo, sino en la nobleza de su espíritu, que ardía como una blanca antorcha entre la tierra y el cielo. Su belleza era como el don de la poesía. Pero los poetas son personas desventuradas, pues, por más alto que se eleven sus espíritus, siempre estarán envueltos en una atmósfera de lágrimas. Selma era muy pensativa, más que parlanchina, y su silencio era como una música que lo llevaba a uno a un mundo de sueños y que lo hacía escucharlos latidos del propio corazón, y ver los fantasmas de los propios pensamientos y sentimientos al lado de uno, como si nos miraran a los ojos. Selma tenía un aura de profunda tristeza que la acompañó toda su vida y que acentuaba su extraña belleza y su dignidad, como un árbol en flor que nos parece más bello cuando lo vemos envuelto en la niebla del alba. La tristeza fue un lazo de unión para su espíritu y para el mío, como si viéramos en el rostro del otro lo que el corazón sentía, y como si oyéramos al mismo tiempo el eco de una voz oculta. Dios había creado dos cuerpos en uno, y la separación no podría ser sino una cruel agonía. Los espíritus melancólicos reposan al reunirse con otros espíritus afines. Se unen

 

15 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación

afectuosamente, como un extranjero al ver a un compatriota suyo en tierras lejanas. Los corazones
afectuosamente, como un extranjero al ver a un compatriota suyo en tierras lejanas. Los
corazones que se unen por la tristeza no serán separados por la gloria de la felicidad.
El amor que se purifica con lágrimas seguirá siendo eternamente puro y hermoso.
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Un día, Farris Efendi me invitó a cenar en su casa. Acepté, y mi espíritu,
hambriento del divino pan que el Cielo había puesto en las manos de Selma, estaba
hambriento, sobre todo, de ese pan espiritual que da más hambre a nuestros corazones
mientras más comemos de él. Era ese pan que Kais, el poeta árabe, Dante y Safo
probaron, y que incendió sus corazones; el pan que la Diosa prepara con la dulzura de
los besos y la amargura de las lágrimas.
Al llegar a la casa de Farris Efendi vi a Selma sentada en un banco del jardín,
descansando la cabeza en el tronco de un árbol, y con el aspecto de una novia ataviada
con su blanco vestido de seda, o como un centinela que custodiara aquellos parajes.
Silenciosa y reverentemente me acerqué a ella, y me senté a su lado. No podía
yo hablar, así que recurrí al silencio, único lenguaje del corazón, pero sentí que Selma
estaba escuchando mi mensaje sin palabras, y que observaba el fantasma de mi alma en
mis ojos.
Al cabo de unos minutos, el anciano salió de la casa y me saludó, con la
cordialidad de siempre. Al extender la mano hacia mí, sentí como si estuviera
bendiciendo los secretos que nos unían a mí y a su hija.
-La cena está servida, hijos míos -dijo el anciano-; entremos a comer.
Nos levantamos de nuestros asientos y lo seguimos; había ojos de Selma
brillaban, pues un nuevo sentimiento se había añadido a su amor, al oír que su padre
nos decía "hijos míos".
Nos sentamos a la mesa y disfrutamos de la buena comida y del vino añejo,
pero nuestras almas estaban viviendo en un mundo muy lejano; éramos tres personas
inocentes, que sentían mucho y sabían poco; se estaba desarrollando un drama entre un
anciano que amaba a su hija y quería su felicidad, una joven de veinte años que miraba
hacia el futuro con ansiedad, y un joven que soñaba y se preocupaba, y que aún no
probaba el vino de la vida, ni su vinagre, y que trataba de llegar hasta la altura del
amor y del conocimiento, pero que era incapaz de alzarse a sí mismo. Allí estábamos
los tres, sentados a la luz del crepúsculo, comiendo y bebiendo en aquella casa
solitaria, custodiada por los ojos de Dios, pero en los fondos de nuestras copas se
ocultaban la amargura y la angustia.
Al término de la cena, una de las criadas anunció la presencia de un hombre en
la puerta que deseaba ver a Farris Efendi.
-¿Quién es? -preguntó el anciano.
-El mensajero del obispo -dijo la criada. Hubo un momento de silencio, durante el cual
Farris Efendi miró a su hija, como un profeta que consultara el firmamento para adivinar
su secreto. Luego, dijo:
-Que entre.
Poco después, un hombre, en uniforme oriental, y que llevaba un gran bigote
retorcido en las puntas, entró al aposento, y saludó al anciano con estas palabras:
-Su Ilustrísima, el obispo, le ha enviado a usted su carruaje particular; desea tratar
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asuntos importantes con usted. El rostro del anciano se ensombreció, y su sonrisa se borró.
asuntos importantes con usted.
El rostro del anciano se ensombreció, y su sonrisa se borró. Tras un momento de
honda reflexión, se acercó a mí, y me dijo en tono amistoso:
-Espero encontrarte aquí cuando vuelva, pues Selma disfrutará de tu compañía en este
lugar solitario.
Y
diciendo esto, se volvió hacia Selma, y al tiempo que sonreía le preguntó a la
muchacha si estaba de acuerdo. La joven asintió con la cabeza, pero sus mejillas se
tornaron rojas, y, con voz más dulce que la música de la lira, dijo:
-Padre, haré lo posible para que nuestro huésped esté contento.
Selma observó el carruaje que llevaba a su padre a casa del obispo, hasta que
desapareció de nuestra vista. Luego, se sentó frente a mí en un diván forrado de seda
verde. Parecía un lirio doblado hacia la alfombra de verde césped por la brisa de la
aurora. Fue voluntad del Cielo que aquella noche estuviera yo a solas con Selma, en su
hermosa casa rodeada de árboles, donde el silencio, el amor, la belleza y la virtud,
moraban juntos.
Ambos guardábamos silencio, esperando que el otro hablara, pero no es el
lenguaje hablado el único medio de comprensión entre dos almas. No son las sílabas
que salen de los labios y de las lenguas las que unen a los corazones.
Hay algo más alto y puro de cuanto la boca puede pronunciar. El silencio
ilumina nuestras almas, susurra en nuestros corazones, y los une. El silencio que separa
de nosotros mismos, nos hace viajar como en un velero por el firmamento del espíritu,
y nos acerca al Cielo; nos hace sentir que los cuerpos no son más que prisiones, y que
este mundo es sólo un lugar de exilio transitorio.
Selma me miró, y sus ojos reflejaban el secreto de su corazón. Luego, me dijo,
en voz alta:
-Vayamos al jardín, sentémonos bajo los árboles y contemplemos la luna saliendo de las
montañas. Obedecí, y me levanté de mi asiento, pero vacilé.
-¿No crees que es mejor permanecer aquí, y esperar a que la luna esté alta e ilumine
el jardín? -le dije, y añadí-: La oscuridad oculta los árboles y las flores. No podremos
ver nada.
-Si la oscuridad oculta los árboles y las flores a nuestros ojos, no podrá ocultar el amor
a nuestros corazones -contestó ella.
Y
al pronunciar estas palabras en un extraño tono de voz, Selma volvió la mirada
hacia la ventana. Guardé silencio, pesando cada palabra de mi amada y saboreando el
significado de cada sílaba. Luego, me miró como si lamentara lo que acababa de
confesarme, y trató de alejar esas palabras de mi oído con la magia de sus ojos. Pero
aquellos ojos, en vez de hacerme olvidar lo que la joven acababa de expresar,
repitieron en la profundidad de mi ser, más clara y eficazmente, las dulces palabras que
ya se habían grabado en mi memoria, para toda la eternidad.
Cada belleza y cada grandeza de este mundo es creada por una sola emoción, y
por un solo pensamiento en el interior del hombre. Cada cosa que vemos hoy, realizada
por pasadas generaciones, fue, antes de adquirir su apariencia, antes de aparecer, un
solo pensamiento en la mente de un hombre, o un solo impulso en el corazón de una
mujer. Las revoluciones que han, derramado tanta sangre, y que han transformado las
mentes humanas para orientarlas hacia la libertad, fueron una idea de un hombre, que
vivió entre miles de hombres. Las devastadoras guerras que han destruido imperios
fueron un pensamiento que existió en la mente de- un individuo. Las supremas
enseñanzas que han cambiado el destino de la humanidad fueron inicialmente las ideas
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de un hombre, cuyo genio lo distinguió de su medio. Un solo pensamiento hizo que
de
un hombre, cuyo genio lo distinguió de su medio. Un solo pensamiento hizo que se
construyeran las Pirámides, un solo pensamiento fundó la gloria del Islam, y un solo
pensamiento causó el incendio de la biblioteca de Alejandría.
Un solo pensamiento acudirá en la noche a la mente del hombre, y ese
pensamiento puede elevarlo hasta la gloria, o reducirlo al asilo para locos. Una sola
mirada de mujer puede hacer del hombre el más feliz del mundo. Una sola palabra de
un
hombre puede hacernos ricos o pobres.
La palabra que pronunció Selma aquella noche me suspendió entre mi pasado y
mi
futuro, como un barco anclado en medio del océano,. Aquella palabra despertó a mi
ser del letargo de la juventud, del sueño de la soledad y me lanzó al escenario de la
vida, en que la vida y la muerte representan sus respectivos papeles.
El aroma de las flores se mezclaba con la brisa cuando salimos al jardín y nos
sentamos silenciosamente en un banco, cerca de un arbusto de jazmín a escuchar la
respiración de la Naturaleza durmiente, mientras en el azul del cielo los ojos de lo
inefable presenciaban nuestro drama.
La luna salió desde el monte Sunín y alumbró las costas, las colinas y las
montañas. Y podíamos ver las aldeas desparramadas por el valle como apariciones que
de
pronto surgieran ante algún conjuro de la nada. Podíamos contemplar la belleza de
todo el Líbano bajo los plateados rayos de la luna. Los poetas occidentales piensan en
el
Líbano cono en un sitio legendario, olvidado, puesto que por allí pasaron David,
Salomón, y los profetas;.como el jardín del Edén, perdido tras la caída de Adán y Eva.
Para estos poetas occidentales, la palabra Líbano es una poética expresión, que asocian
a
la montaña cuyas laderas están perfumadas por el incienso de los Cedros Sagrados.
Les recuerdan los templos de cobre y mármol, erectos, firmes e impenetrables, y los
rebaños de ciervos pastando en los verdes valles. Aquella noche, yo mismo vi al Líbano
de
ensueño, con los ojos de un poeta.
Así cambia la apariencia de las cosas según las emociones, y así vemos la magia
y
la belleza en las cosas, pero lo que sucede es que la belleza y la magia están
realmente en nosotros mismos.
Mientras los rayos de la luna brillaban en el rostro, en el cuello y en los brazos
de
Selma, parecía una estatua de marfil, esculpida por los dedos de algún adorador de
Ishtar, la diosa de la belleza y del amor. Y, mirándome, mi amada me dijo
-¿Por qué callas? ¿Por qué no me cuentas algo de tu pasado?
Al mirarla, mi mutismo desapareció, y mis labios se abrieron.
-¿No oíste lo que te dije al encaminarnos a este huerto? El espíritu que oye el susurro
de
las flores y el canto del silencio, también puede oír el estremecimiento de mi alma,
y
el clamor de mi corazón.
Selma ocultó el rostro en las manos, y me dijo, con voz vacilante:
-Si, te oí: oí una voz que venía del seno de la noche, y un clamor surgiendo del
corazón del día.
Y
olvidando mi pasado, mi existencia misma, todo lo que no fuera Selma, le repliqué:
-Y
yo también te oí, Selma. Oí una música regocijante que vibraba en el aire, y que
hizo que todo el universo se estremeciera.
Al oír estas palabras, mi amada cerró los ojos, y en sus labios vi una sonrisa de
placer, mezclada con tristeza. -Ahora sé que hay algo más alto que el cielo, y más
hondo que el océano, y más extraño que la vida, la muerte y el tiempo. Ahora sé lo
que no sabía antes de conocerte
-me susurró suavemente.
En aquel momento, Selma llegó a ser para mí una persona más querida que una
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amiga, más íntima que una hermana y más adorable que una novia. Llegó a ser
amiga, más íntima que una hermana y más adorable que una novia. Llegó a ser
amiga, más íntima que una hermana y más adorable que una novia. Llegó a ser
amiga, más íntima que una hermana y más adorable que una novia. Llegó a ser
amiga, más íntima que una hermana y más adorable que una novia. Llegó a ser
amiga, más íntima que una hermana y más adorable que una novia. Llegó a ser
amiga, más íntima que una hermana y más adorable que una novia. Llegó a ser

amiga, más íntima que una hermana y más adorable que una novia. Llegó a ser un pensamiento supremo; una emoción incontrolable; un hermoso sueño que vivía en mi espíritu. Nos equivocamos al pensar que el amor nace de una larga camaradería y de perseverante enamoramiento. El amor es el renuevo y el vástago de la afinidad espiritual, y a menos que se cree esa afinidad en un momento dado, no se creará en años, ni en generaciones. Luego, Selma alzó la cabeza y miró al horizonte, en el que el monte Sunín se encuentra con el cielo. -Ayer eras como un hermano para mí -dijo- con el que me sentaba calmadamente a charlar, bajo los cuidados de mi padre. Ahora siento la presencia de algo más misterioso y dulce que el cariño a un hermano: un sentimiento de naciente amor que no había conocido, y un temor que al mismo tiempo embarga a mi corazón de tristeza y felicidad. -Esta emoción que nos llena de temor y que nos estremece cuando traspasa nuestros corazones es la ley de la Naturaleza -respondí- que guía a la Luna alrededor de la Tierra, y al Sol alrededor de Dios. Enseguida mi amada me puso una mano en la cabeza y me acarició el pelo. Su rostro brillaba, y caían lágrimas de sus ojos, como gotas de roció en los pétalos de un lirio. -¿Quién creerá nuestra historia? -me dijo-. ¿Quién creerá que en estas horas hemos franqueado los obstáculos de la duda? ¿Quién creerá que el mes de Nisán, que nos unió, es el mes que nos detuvo en el recinto más santo de la Vida? Su mano estaba todavía en mi cabeza mientras decía esto, y no habría cambiado esa mano por una corona real, ni por una guirnalda de gloria; nada me parecía más valioso y amable que aquella hermosa y suave mano, cuyos dedos jugueteaban con mi pelo. -La gente no creerá nuestra historia -le dije-, porque no sabe que el amor es la única flor que crece y florece sin el concurso de las estaciones; pero ¿fue realmente el mes de Nisán, que nos reunió, y es esta hora la que nos ha suspendido en el recinto más santo de la Vida? ¿No es la mano de Dios la que nos acercó, y la que hizo que seamos prisioneros uno del otro, hasta que terminen nuestros días y todas nuestras noches? La vida del hombre no empieza en el seno materno, y nunca termina con la muerte, en la tumba; y este firmamento, lleno de luz de luna y de estrellas, no está ayuno de almas que se aman, ni de espíritus intuitivos. Al retirar Selma la mano de mi pelo, sentí una vibración eléctrica en las raíces de los cabellos, y la sensación se mezcló a la suave caricia de la brisa nocturna. Y como un devoto que recibe la bendición divina al besar el altar, en su santuario, tomé la mano de Selma, y mis ardientes labios depositaron un largo beso en ella, y aún ahora el recuerdo de aquel beso funde mi corazón y su dulzura me extasía. Transcurrió así una hora, y cada minuto de ella fue un año de amor. El silencio de la noche, la luz de la luna, las flores y los árboles nos hicieron olvidar toda la realidad que no fuera el amor, cuando, de pronto, oímos el galope de unos caballos y el chirrido de las ruedas de un carruaje. Despertados de nuestro placentero arrobamiento, y vueltos bruscamente del mundo de los sueños al mundo de la perplejidad y de las penas, nos dimos cuenta que el anciano había regresado de su visita. Nos levantamos de nuestros asientos, y caminamos por el huerto, para salir a su encuentro. Al llegar al carruaje a la entrada del jardín, Farris Efendi bajó de él, y caminó

huerto, para salir a su encuentro. Al llegar al carruaje a la entrada del jardín, Farris

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Efendi bajó de él, y caminó 19 De 525 - 22 de febrero de 2006 -
Efendi bajó de él, y caminó 19 De 525 - 22 de febrero de 2006 -
Efendi bajó de él, y caminó 19 De 525 - 22 de febrero de 2006 -
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Efendi bajó de él, y caminó 19 De 525 - 22 de febrero de 2006 -
lentamente hacia nosotros, con la cabeza inclinada hacia adelante, como si estuviera llevando una pesada
lentamente hacia nosotros, con la cabeza inclinada hacia adelante, como si estuviera
llevando una pesada carga. Se acercó a Selma, le colocó las manos en los hombros, y
la miró profundamente. Las lágrimas corrían por el arrugado rostro del anciano, y sus
labios temblaban con forzada sonrisa triste. Con voz quebrada por la emoción, le dijo
-Amada Selma, hija mía, muy pronto, te alejarán de los brazos de tu padre, para que
vayas a los brazos de otro hombre. Muy pronto el Destino te arrancará de esta solitaria
casa, y te llevará al espacioso mundo, y este jardín perderá la presión de tus pasos, y
tu padre será un extraño para ti. Ya está decidido. ¡Que Dios te bendiga!
Al
oír estas palabras, el rostro de Selma se ensombreció, y sus ojos se helaron,
como si hubiera sentido una premonición de la muerte. Luego, lanzó un grito, como un
ave a la que se abate un tiro, y con visible dolor, temblando, dijo, con voz quebrada:
-¿Qué dices? ¿Qué quieres decir? ¿Adónde me vas a enviar? -Luego, miró a su padre
como tratando de descifrar su secreto. Un momento después, dijo: - Comprendo. Lo
comprendo todo. El obispo te ha pedido mi mano, y ha preparado una jaula para este
pajarillo de alas rotas. ¿Es ese tu deseo, padre?
La
respuesta del anciano fue un profundo suspiro. Condujo a Selma al interior de
la casa, con ternura, y mientras, yo permanecía de pie en el jardín, sintiendo que la
perplejidad me invadía en oleadas, como una tempestad sobre las hojas de otoño.
Luego, los seguí hasta la sala, y para evitar una escena molesta, estreché la
mano del anciano, dirigí una larga mirada a Selma, mi hermosa estrella, y salí de la
casa.
Cuando iba yo llegando al extremo del jardín, oí la voz del anciano que me
llamaba y me volví para ir a su encuentro. Me tomó de la mano y se disculpó.
-Perdóname, hijo mío. Te he echado a perder la noche con mis lágrimas, pero por favor
ven a verme cuando mi casa esté vacía, y me encuentre yo solo y desesperado. La
juventud, mi querido hijo, no armoniza con la noche; pero tú tendrás la bondad de
venir a verme y de recordarme aquellos días de mi juventud compartidos con tu padre,
y me darás las noticias que haya en la vida la cual ya no me contará entre sus hijos.
¿Vendrás a visitarme cuando Selma se vaya y me quede aquí completamente solo?
Mientras el anciano pronunciaba estas tristes palabras, estreché su mano
silenciosamente y sentí que unas lágrimas tibias caían de sus ojos hasta mi mano.
Temblando- de tristeza y de afecto filial, salí de aquella casa con el corazón inundado
de pena. Pero antes de salir alcé el rostro, y él vio lágrimas en mis ojos; se inclinó
hacia mí, me dio un beso en la frente.
- ¡Adiós, hijo mío! ¡Adiós! -me dijo.
Las lágrimas de un anciano son más potentes que las de un joven, porque
constituyen el residuo de la vida en un cuerpo que se va debilitando. Las lágrimas de
un joven son como una gota de rocío en el pétalo de una rosa-, mientras que las de
un anciano son como una hoja amarillenta que cae al embate del viento cuando se
aproxima el invierno.
Cuando salí de la casi de Farris Efendi Karamy, la voz de Selma aún vibraba en
mis oídos; su belleza me seguía como un espectro y las lágrimas de su padre se iban
secando en mi mano.
Mi
vida fue como la salida de Adán del Paraíso, pero la Eva de mi corazón no
estaba conmigo para hacer del mundo entero un Edén. Aquella noche, en que había yo
nacido por segunda vez, sentí también que había visto el rostro de la muerte por vez
primera.
Así, el sol puede dar la vida y matar poco después, con su calor, los sembrados
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Todo lo que hace el hombre secretamente en la oscuridad de la noche será
revelado claramente a la luz del día. Las palabras que se pronuncian en privado se
convertirán inesperada mente en conversación común. Los actos que hoy escondemos
en los rincones de nuestra casa mañana serán pregonados en cada calle.
Así los fantasmas de la oscuridad revelaron el propósito de la entrevista del
obispo Bulos Galib con Farris Efendi Karamy, y la conversación que sostuvieron fue
repitiéndose por todo el vecindario, hasta que llegó a mis oídos.
La discusión que tuvo lugar aquella noche entre el obispo Bulos Galib y Farris
Efendi no fue acerca de los problemas de los pobres, de las viudas y de los huérfanos.
El propósito principal de mandar llamar a Farris Efendi y de llevarlo en el coche del
obispo fue pedir la mano de Selma para el sobrino del obispo, Mansour Bey Galib.
Selma era la única hija del acaudalado Farris Efendi, y la elección del obispo
recayó en Selma, no por su belleza y su noble espíritu, sino por el dinero de su padre,
que garantizaba a Mansour Bey una gran fortuna y haría de él un hombre importante.
Los jefes religiosos del cercano Oriente no se conformaban con su propia
opulencia, sino que tratan de que todos los miembros de sus familias tengan posiciones
de dominio y formen parte de la clase opresora. La gloria de un príncipe se transmite
por herencia a su primogénito, pero la exaltación de un jefe religioso debe ser como
un contagio entre sus hermanos y sobrinos. Así, los obispos cristianos, los imanes
mahometanos y los sacerdotes brahmanes se convierten en pulpos que atrapan a sus
presas con muchos tentáculos, y succionan su sangre con muchas bocas.
Cuando el obispo pidió la mano de Selma para su sobrino, la única respuesta
que recibió del anciano fue un profundo silencio, y amargas lágrimas, pues le dolía
perder a su hija única. El alma de cualquier hombre tiembla cuando se lo separa de su
hija única, a la que ha criado amorosamente y que ya se ha convertido en joven
hermosa.
La tristeza de los padres cuando se casa una hija es igual a su felicidad cuando
se casa un hijo, porque un hijo aporta a la familia un nuevo miembro, mientras que una
hija, al casarse se aleja de la familia.
Farris Efendi tuvo que plegarse a la petición del obispo, aunque con renuncia,
porque Farris Efendi sabía muy bien que el sobrino del obispo era un hombre peligroso,
lleno de odio, malvado y corrompido.
En el Líbano, ningún cristiano puede oponerse a la voluntad de su obispo sin
perder su buena fama. Ningún hombre puede desobedecer a su jefe religioso sin perder
su buena reputación. El ojo no podría resistirse a la amenaza de una lanza sin recibir
cruel herida, y la mano que empuñara la espada contra el jefe espiritual sería arrancada
del brazo.
Supongamos que Farris Efendi se hubiera opuesto a la voluntad del obispo y que
no hubiera obedecido a su deseo; la reputación de Selma se habría enlodado y su
nombre habría corrido de boca en boca, irreparablemente sucio. Porque, para la zorra,
los racimos de uvas que están demasiado altos están verdes y no son apetecibles.
De esta manera, el destino hizo presa de Selma y la condujo, como a una
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humillada esclava, a la numerosa procesión de las sufridas mujeres orientales, y así cayó ese
humillada esclava, a la numerosa procesión de las sufridas mujeres orientales, y así cayó
ese noble espíritu en la trampa, después de haber volado libremente con las blancas
alas del amor, bajo un cielo nimbado de luz de luna y aromatizado con la esencia de
las flores.
En algunos países, la riqueza de los padres es una fuente de sufrimientos para
los hijos. El fuerte y pesado cofre que el padre y la madre han utilizado como garantía
de seguridad y de riqueza llega a ser una estrecha y oscura prisión para las almas de
sus herederos. El todopoderoso Dinar, la moneda a la que la gente rinde culto, llega a
ser un demonio que castiga el espíritu y aniquila a los corazones. Selma Karamy fue
una de esas víctimas de la riqueza de sus padres y de la voracidad de su prometido.
Si no hubiera sido por la riqueza de su padre, Selma viviría aún, sana y feliz.
Transcurrió una semana. El amor de Selma era mi único pensamiento, que por la
noche me cantaba canciones, y que me despertaba al alba para revelarme el misterio
de la vida y los secretos de la Naturaleza. Un amor como el que yo le tenía a Selma
es un amor celestial, desprovisto de celos, rico, y que nunca hace daño al espíritu. Es
una profunda afinidad que sumerge al alma en una fuente de alegría; es un gran
hambre de afecto y ternura que, cuando se satisface, llena el alma de bondad y
riqueza; es una ternura que crea esperanza sin agitar el alma, transformando la tierra en
paraíso y la vida en un dulce y hermoso sueño. Por las mañanas, cuando caminaba yo
por los campos, veía un signo de la Eternidad en el despertar de la Naturaleza, y al
sentarme en la playa escuchaba yo las olas, entonando el cántico de la Eternidad. Y al
caminar por las calles veía la belleza de la vida y el esplendor de la humanidad, en la
apariencia de los transeúntes y en los movimientos de los trabajadores.
Aquellos días pasaron como fantasmas y desaparecieron como nubes, y pronto
no dejarían en mí sino tristes recuerdos. Los ojos con los que solía yo mirar la belleza
de la primavera y el despertar de la Naturaleza ya no podían ver sino la furia de la
tempestad y la miseria del invierno. Mis oídos, que antes oían con agrado el canto de
las olas, ya sólo oían el ulular del viento y el embate del mar contra los acantilados. El
alma que antes observaba feliz el vigor incansable de la humanidad y la gloria del
Universo, sentía la tortura del conocimiento de su decepción y frustración. Nada había
sido más hermoso que aquellos días de amor, y nada era más amargo que aquellas
horribles noches de tristeza.
Un
fin de semana, no pudiendo ya contenerme, me dirigí una vez más a la casa
de Selma, al santuario que la Belleza había erigido y que el Amor había colmado de
bendiciones, en la que el espíritu podía rendir culto y el corazón podía arrodillarse
humildemente, y orar. Al entrar nuevamente en el jardín, sentí que un poder ignoto me
sacaba de este mundo y me colocaba en una esfera sobrenatural, liberada de la lucha y
de las penalidades. Como un místico que recibiera una revelación celestial, me vi a mí
mismo entre los- árboles y las flores, y al aproximarme a la casa vi a Selma sentada en
un banco a la sombra del jazmín, donde habíamos estado juntos hacía una semana,
aquella noche que la Providencia había elegido para que nacieran al unísono mi
felicidad y mi tristeza.
Mi
amada no hizo ningún movimiento, ni habló, al acercarme a ella. Parecía
saber intuitivamente que iba yo a llegar y al sentarme a su lado, me miró un momento
y exhaló un profundo suspiro; luego, volvió la cabeza y miró hacia el cielo. Y, al cabo
de un momento lleno de mágico silencio, se volvió hacia mí y, temblando, tomó mi
mano en las suyas, y me dijo con desmayada voz:
-Mírame, amigo mío: examina mi rostro y lee en él lo que quieres saber y lo que no
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puedo decirte. Mírame, amado mío: mírame, hermano mío. La miré atentamente y vi que aquellos
puedo decirte. Mírame, amado mío: mírame, hermano mío.
La miré atentamente y vi que aquellos ojos que días antes habían sonreído como
labios felices, y que habían aleteado comes un ruiseñor, estaban hundidos y helados con
la tristeza y el dolor. Su rostro, que había sido como un lirio que abriera sus pétalos
bajo la caricia del sol, se había marchitado y no mostraba ningún color. Sus dulces
labios eran como dos rosas anémicas que el otoño ha dejado en sus tallos. Su cuello,
que había sido una columna de marfil, se inclinaba hacia adelante, como si ya no
pudiese soportar la carga del dolor que albergaba su cabeza.
Observé todos estos cambios en el rostro de Selma, pero para mí eran como
una nube pasajera que cubre el rostro de la luna y la hace más bella. Una mirada que
revela un dolor interno añade más belleza al rostro, por más tragedia y dolor que
refleje; en cambio, el rostro que silencioso no exterioriza ocultos misterios, no es
hermoso, por más simétricas que sean sus facciones. La copa no atrae a nuestros labios,
a menos que veamos el color del vino a través del cristal transparente.
Aquella tarde, Selma era como una copa rebosante de vino celestial, especiado
con lo amargo y lo dulce de la vida. Sin saberlo, mi amada simbolizaba a todas las
mujeres orientales, que no abandonan el hogar de sus padres hasta que les echan al
cuello el pesado yugo del esposo, y que no salen de los amantes brazos de sus madres
hasta que van a vivir en calidad de esclavas a otro hogar, donde tienen que soportar
los
malos tratos de la suegra.
Seguí mirando a Selma, y escuchando los gritos de su espíritu deprimido, y
sufriendo junto con ella, hasta que sentí que el tiempo se había detenido, y que el
universo había vuelto a la nada. Lo único que podía yo ver eran sus grandes ojos que
me miraban fijamente, y lo único que podía sentir era su fría, temblorosa mano, que
apretaba la mía.
Salí de mi letargo al oír que Selma decía con voz queda:
-Ven, amado mío; hablemos del horrible futuro antes de que llegue. Mi padre acaba de
salir para ver al hombre que va a ser mi compañero hasta la muerte. Mi padre, al que
Dios escogió como autor de mis días, se entrevistará con el hombre que el mundo ha
elegido para que sea mi amo por el resto de mis días. En el corazón de esta ciudad,
el
anciano que me acompañó en mi juventud verá al hombre joven que será mi
compañero en los años futuros. Esta noche, ambas familias fijarán la fecha del
matrimonio. ¡Qué extraña e impresionante hora! La semana pasada, a esta misma hora,
bajo este mismo jazmín, el Amor besó mi alma por vez primera, mientras el Destino
estaba escribiendo la palabra decisiva de mi vida en la mansión del obispo. Y ahora,
mientras mi padre y mi pretendiente están fijando el día de matrimonio, veo que tu
espíritu vaga en torno a mí como un pájaro sediento, que aletea desesperado sobre un
manantial, vigilado por una hambrienta serpiente. ¡Ah!, ¡cuán grande es esta noche, y
cuán hondo es su misterio!
Al oír esas palabras, sentí que el oscuro fantasma de la desesperanza se
apoderaba de nuestro amor, para aniquilarlo en su infancia.
-Este pájaro seguirá aleteando sobre ese manantial -le dije- hasta que la sed lo aniquile,
o hasta que caiga en las fauces de una serpiente, y sea presa del reptil.
-No, amado mío -me replicó Selma-; ese ruiseñor debe seguir viviendo y cantando,
hasta que llegue la oscuridad; hasta que pase la primavera; hasta el fin del mundo, y
debe seguir cantando eternamente. Su voz no debe sofocarse, porque da vida a mi
corazón, y sus alas no deben quebrarse porque su movimiento ahuyenta las nubes de
mi
corazón. -Selma, amada mía, la sed matará a ese ruiseñor, y si no la sed, el miedo
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-susurré. Y ella me respondió inmediatamente, con labios temblorosos: -La sed del alma es más
-susurré.
Y ella me respondió inmediatamente, con labios temblorosos:
-La sed del alma es más dulce que el vino de las cosas materiales, y el temor del
espíritu es más valioso que la seguridad del cuerpo. Pero escucha, amado mío:
escúchame con atención: este día estoy en el umbral de una nueva vida, de la que
nada sé. Soy como un ciego que camina a tientas y que procura no caer. La riqueza de
mi
padre me ha llevado al mercado de las esclavas, y ese hombre codicioso me ha
comprado. No lo conozco ni lo amo, pero aprenderé a amarlo, lo obedeceré, le serviré,
y lo haré feliz. Le daré todo lo que una débil mujer puede darle a un hombre fuerte.
"Pero tú, amado mío, aún estás en lo mejor de la vida. Puedes caminar libremente por
la senda espaciosa de la vida alfombrada de flores. Eres libre para atravesar el ancho
mundo, haciendo de tu corazón una antorcha que ilumine tu camino. Puedes pensar,
hablar, y actuar libremente; puedes escribir tu nombre en el rostro de la vida, pues eres
hombre; puedes vivir como un amo, porque la riqueza de tu padre no te llevará al
mercado de esclavos, y no te comprarán ni te venderán; puedes casarte con la mujer
que elijas, y antes de que viva en tu hogar puedas albergarla en tu corazón, y puedes
intercambiar confidencias con ella, sin ningún obstáculo.
Reinó un momento el silencio, y luego Selma continuó:
-Pero, ¿es hora de que la Vida nos aparte para que tú puedas alcanzar la gloria del
hombre, y para que yo me vaya a cumplir con los deberes de la mujer? ¿Para esto el
valle se traga en sus profundidades la canción del ruiseñor, y para esto el viento
esparce los pétalos de la rosa, y para esto los pies han apisonado el vino? ¿Fueron en
vano todas esas noches que pasamos a la luz de la luna bajo el jazmín, donde nuestras
almas se unieron? ¿Hemos volado velozmente hacia las estrellas hasta que se cansaron
nuestras alas, y estamos descendiendo ahora al abismo? ¿O acaso el Amor estaba
dormido cuando vino a nosotros, y al despertar montó en ira, y decidió castigarnos? ¿O
quizá nuestros espíritus transformaron la brisa de la noche en un viento huracanado que
nos hizo pedazos y nos barrió, como si fuéramos polvo, a la profundidad del valle?
Nosotros no hemos desobedecido a ningún mandamiento, ni hemos probado el fruto
prohibido, así que, dime, ¿qué nos obliga a abandonar este paraíso? Nosotros nunca
hemos conspirado ni nos hemos rebelado; entonces, ¿por qué estamos bajando al
infierno? No, no; los momentos que nos unieron son más grandes que los siglos, y la
luz
que iluminó nuestros espíritus es más fuerte que la oscuridad; y si la tempestad nos
separa en este océano borrascoso, las olas nos unirán nuevamente en la playa tranquila;
y si esta vida nos mata, la muerte nos unirá. El corazón de una mujer no cambia con el
tiempo ni con las estaciones; e incluso si muere cada día, en la eternidad, nunca
perece. El corazón de una mujer es como un campo, convertido en campo de batalla:
después que los árboles se han desarraigado y que el césped se ha quemado, y que
las
rocas se han teñido de roja sangre, y después de que la tierra se ha sembrado de
huesos y de cráneos, ese campo permanece quieto y silencioso, como si nada hubiera
pasado; porque la primavera y el otoño vuelven a su, debido tiempo, y reanudan su
labor.
"Y ahora, amado mío, ¿qué haremos? ¿Cómo nos separaremos, y cuándo volveremos a
encontrarnos? ¿Hemos de considerar que el amor fue un visitante extranjero, que llegó
en
la noche y nos abandonó por la mañana? ¿O supondremos que este cariño fue un
sueño que llegó a nosotros mientras dormíamos, y que se marchó cuando despertamos?
"¿Consideraremos que esta semana fue una hora de ebriedad, a la que seguirá la
serenidad? Alza el rostro y mírame, bien amado; abre la boca y déjame oír tu voz.
24 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
¡Háblame! ¿Te acordarás de mí después de que esta tempestad haya hundido el barco de
¡Háblame! ¿Te acordarás de mí después de que esta tempestad haya hundido el barco
de
nuestro amor? ¿Oirás el susurro de mis alas en el silencio de la noche? ¿Oirás mi
espíritu vagando y aleteando en torno a ti? ¿Escucharás mis suspiros? ¿Verás mi sombra
aproximarse a ti con las sombras del anochecer, y verás que luego se desvanece con el
resplandor de la aurora? Dime, amado mío, ¿qué serás después de haber sido un
mágico rayo de luz para mis ojos, una dulce canción para mis oídos, y unas alas para
mi
alma? ¿Qué serás después?
Al oír estas palabras, sentí que mi corazón se deshacía. -Seré lo que tú quieras
que sea, amada mía -le contesté. -Quiero que me sigas amando como ama un poeta
sus melancólicos pensamientos -me dijo ella a continuación. Quiero que me recuerdes
como un viajero recuerda el quieto estanque en que se reflejó su imagen, al saciar la
sed en cristalinas aguas. Quiero que me recuerdes como recuerda una madre a su hijo
muerto antes de nacer, y quiero que me recuerdes como un rey misericordioso
recuerda a un prisionero, muerto antes de que llegara el perdón real. Quiero que seas
mi
compañero y que visites a mi padre, y lo consueles en su soledad, porque pronto
lo abandonaré, y seré una extraña para él.
-Haré todo lo que me has dicho -le contesté-, y haré de mi alma un abrigo para tu
alma, y de mi corazón una residencia para tu belleza, y de mi pecho una tumba para
tus
penas.
Te amaré, Selma, como las praderas aman a la primavera, y viviré en ti la vida
de
una flor bajo los rayos del sol. Cantaré tu nombre como el valle canta el eco de las
campanas de las iglesias aldeanas; escucharé el lenguaje de tu alma como la playa
escucha su amado país, y como un hambriento recuerda un banquete, y como un rey
destronado recuerda los días de su gloria, y como un prisionero recuerda las horas de
su
libertad. Te recordaré como un labrador recuerda las gavillas de trigo en su era, y
como un pastor recuerda los verdes prados y los alegres arroyos.
Selma escuchaba mis palabras con el corazón palpitante.
-Mañana, la verdad será fantasmal, y el despertar será como un sueño -agregó.-.
¿Acaso un amante estará satisfecho con abrazar a un fantasma, o acaso un hombre
sediento saciará la sed con el manantial de un sueño?
-Mañana -contesté-, el destino te colocará entre una familia pacífica, pero- a mí me
enviará al mundo lleno de luchas y guerras. Tú estarás en el hogar de una persona cuya
buena suerte lo ha hecho el más afortunado de los hombres, al gozar de tu belleza y
de
tu virtud, mientras que yo llevaré una vida de sufrimientos y temores. Tú entrarás
por la puerta de la vida, mientras que yo entraré por la puerta de la muerte. A ti te
recibirán con hospitalidad, mientras que yo llevaré una existencia solitaria, pero erigiré
una estatua de amor y le rendiré culto en el valle de la muerte. El amor será mi único
remedio para mis penas, y beberé el amor como un vino, y lo llevaré como un traje.
En
las auroras, el amor me despertará de mi sueño y me llevará a un campo lejano, y
al mediodía me llevará a la sombra de los árboles, donde me guareceré, junto con los
pájaros, del calor del sol. Por la tarde, el amor me hará hacer una pausa antes del
ocaso, para oír el adiós de la Naturaleza, que se despide cantando de la luz del día, y
el amor me mostrará fantasmales nubes que surcarán el cielo. Por las noches, el amor
me abrazará y dormiré, soñando con el mundo celestial donde moran felices los
espíritus de los amantes y de los poetas. En la primavera, caminaré al lado del amor
entre violetas y jazmines y beberé las últimas gotas del invierno en los cálices de los
lirios. En el verano, haremos almohadas con heno, y el césped será nuestro lecho, y el
cielo azul nos cobijará mientras contemplamos las estrellas y la luna.
25 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
"En el otoño, el amor y yo iremos a los viñedos y nos sentaremos cerca
"En el otoño, el amor y yo iremos a los viñedos y nos sentaremos cerca
"En el otoño, el amor y yo iremos a los viñedos y nos sentaremos cerca
"En el otoño, el amor y yo iremos a los viñedos y nos sentaremos cerca
"En el otoño, el amor y yo iremos a los viñedos y nos sentaremos cerca
"En el otoño, el amor y yo iremos a los viñedos y nos sentaremos cerca
"En el otoño, el amor y yo iremos a los viñedos y nos sentaremos cerca

"En el otoño, el amor y yo iremos a los viñedos y nos sentaremos cerca del lugar, y observaremos cómo se desnudan las uvas de sus adornos de oro, y las aves migratorias pasarán en bandadas sobre nosotros. En el invierno, el amor y yo nos sentaremos cerca del fogón, a contarnos historias de hace mucho tiempo, y crónicas de lejanos países. Mientras dure mi juventud, el amor será mi maestro; en mi edad madura, será mi auxiliar, y en mi vejez será mi delicia. Amada Selma mía, el amor estará conmigo hasta el fin de mi vida, y después de la muerte, la mano de Dios nos volverá a unir. Todas estas palabras salieron de lo profundo de mi corazón, como llamas que salen, ávidas, de una fogata para luego desaparecer, convertidas en cenizas. Selma lloraba, como si sus ojos fueran labios que me contestaran con lágrimas. Aquellos a quienes el amor no ha dado alas no pueden volar detrás de la nube de las apariencias, para ver el mágico mundo en que el espíritu de Selma y el mío existían unidos en aquella hora, al mismo tiempo triste y feliz. Aquellos a quienes el amor no ha elegido no oyen cuando el amor llama. Esta historia no es para ellos. Porque, aunque comprendieran estas páginas, no serían capaces de captar los significados ocultos que no se visten de palabras, y que no pueden imprimirse en el papel; pero, ¿qué clase de ser humano es aquel que nunca ha bebido el vino con la copa del amor, y qué espíritu es el que nunca ha acudido reverentemente al iluminado altar del templo, cuyo piso está constituido por los corazones de los hombres y de las mujeres, y cuyo techo es el secreto palio de los sueños? ¿Qué flor es esa en cuyos pétalos la aurora nunca ha dejado caer una gota de rocío? ¿Qué arroyuelo es ése que perdió su curso sin llegar hasta el mar? Selma alzó el rostro hacia el cielo, y se quedó contemplando las estrellas que tachonaban el firmamento. Extendió las manos; sus ojos parecieron agrandarse, y sus labios temblaron. En su pálido rostro podía yo ver los signos de la tristeza, de la opresión, de la desesperanza y del dolor. - ¡Oh, Señor! -exclamó-, ¿qué ha hecho esta pobre mujer para ofenderte? ¿Qué pecado ha cometido para merecer tal castigo? ¿Por qué crimen se le ha infligido este castigo eterno? Señor, tú eres fuerte, y yo soy débil. ¿Por qué me has hecho sufrir este dolor? Tú eres grande y todopoderoso, mientras que yo no soy más que una insignificante criatura que se arrastra ante tu trono. ¿Por qué me has aplastado con tu pie? Tú eres la estruendosa tempestad, y yo soy como el polvo; ¿por qué, mi Señor, me has arrojado a esa fría tierra? Tú eres poderoso, y yo soy desvalida; ¿por qué me combates? Tú eres misericordioso, y yo soy prudente; ¿por qué me estás destruyendo? Tú has creado a la mujer con amor; entonces, ¿por qué, con amor, la aniquilas? ¿Por qué con tu mano izquierda me precipitas al abismo? Esta pobre mujer lo ignora. En su boca Tú soplaste el aliento de la vida, y en su corazón sembraste las semillas de la muerte. Le mostraste el camino de la felicidad, pero la has conducido al camino de la miseria; en su boca pusiste un canto de felicidad, pero luego cerraste sus labios con la tristeza, y paralizaste su lengua con el dolor de la agonía. Con tus misteriosos dedos curas sus heridas, pero con tus manos también das dolor a sus placeres. En su lecho pusiste el placer y la paz, pero a su lado eriges obstáculos y temor. Hiciste que en ella surgiera el afecto, por tu voluntad, y de su afecto surge la vergüenza. Tu voluntad le mostró la belleza de la Creación, pero su amor por la belleza se ha convertido en un hambre terrible. Le hiciste beber 1a vida en la copa de la muerte, y la muerte, en la copa de la vida. "Tú purificaste a esta mujer con lágrimas, y con lágrimas su vida transcurre. ¿Oh, Señor! Tú me has abierto los ojos con amor, y con amor me has cegado. Tú me has besado con tus divinos labios y me has golpeado con tu divina mano poderosa. Tú has

y con amor me has cegado. Tú me has besado con tus divinos labios y me

26 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación

tu divina mano poderosa. Tú has 26 De 525 - 22 de febrero de 2006 -
tu divina mano poderosa. Tú has 26 De 525 - 22 de febrero de 2006 -
tu divina mano poderosa. Tú has 26 De 525 - 22 de febrero de 2006 -
tu divina mano poderosa. Tú has 26 De 525 - 22 de febrero de 2006 -
tu divina mano poderosa. Tú has 26 De 525 - 22 de febrero de 2006 -
tu divina mano poderosa. Tú has 26 De 525 - 22 de febrero de 2006 -
tu divina mano poderosa. Tú has 26 De 525 - 22 de febrero de 2006 -
plantado en mi corazón una rosa blanca, pero alrededor de la rosa has puesto una
plantado en mi corazón una rosa blanca, pero alrededor de la rosa has puesto una
plantado en mi corazón una rosa blanca, pero alrededor de la rosa has puesto una
plantado en mi corazón una rosa blanca, pero alrededor de la rosa has puesto una
plantado en mi corazón una rosa blanca, pero alrededor de la rosa has puesto una
plantado en mi corazón una rosa blanca, pero alrededor de la rosa has puesto una
plantado en mi corazón una rosa blanca, pero alrededor de la rosa has puesto una

plantado en mi corazón una rosa blanca, pero alrededor de la rosa has puesto una barrera de espinas. Tú has unido mi presente con el espíritu de un joven al que amo, pero has unido mi vida al cuerpo de un hombre desconocido. Así pues, Señor, ayúdame a ser fuerte en esta lucha mortal, y asísteme para que pueda ser veraz y virtuosa hasta la muerte. ¡Hágase tu voluntad, oh Dios! Hubo un gran silencio. Selma miró hacia abajo, pálida y cansada; sus brazos cayeron, y su cabeza se inclinó, y me pareció como si una tempestad hubiera roto la rama de un árbol, y la hubiera arrojado al suelo, seca y muerta. Le tomé la fría mano y se la besé, pero cuando traté de consolarla, era yo el que necesitaba más consuelo. Guardé silencio, pensando en nuestro dolor y escuchando los latidos de mi corazón. Ni ella ni yo dijimos nada más. El dolor extremo es mudo, por lo que nos sentamos en silencio, petrificados, como columnas de mármol enterradas bajo la arena después de un terremoto. Ninguno quería escuchar al otro, porque las fibras de nuestros corazones se habían debilitado, y sentíamos que hasta un suspiro podría romperlas. Era la media noche, y podíamos ver la luna creciente alzándose detrás del monte Sunín, y parecía la luna, en medio de las estrellas, como el rostro de un cadáver en un ataúd rodeado de las vacilantes luces de unos cirios. Y el Líbano parecía un anciano cuya espalda estuviera doblada por la edad, y cuyos ojos fueran un golfo de insomnio, observando la oscuridad y esperando a la aurora; como un rey que estuviera sentado sobre las cenizas de su trono, en las ruinas de su palacio. Las montañas, los árboles, los ríos, cambian de apariencia con las vicisitudes de los tiempos, y con las estaciones, así como el hombre cambia con sus experiencias y sus emociones. El solitario chopo que a la luz del día, parece una novia vestida, parecerá una columna de humo en la noche; la gigantesca roca que se yergue desafiante en el día, parecerá un miserable mendigo en la noche, con la tierra como lecho y el cielo como frazada; y el riachuelo que vemos saltando en la mañana y al que oímos cantar el himno de la eternidad, por las noches nos parecerá un río de lágrimas, llorando como una madre que ha perdido a su. hijo, y, el monte Líbano, que una semana antes nos parecía majestuoso, cuando la luna era llena y nuestro espíritu estaba gozoso, nos parecía triste y solitario aquella noche. Nos pusimos en pie y nos dijimos adiós, pero el amor y la desesperación estaban entre nosotros como dos fantasmas, uno de ellos extendiendo sus alas, y con los dedos en nuestras gargantas, el otro; llorando, uno, y el otro riendo sarcásticamente. Al tomar la mano de Selma y llevarla a mis labios, mi amada se me acercó y me dio un beso en la frente, para luego dejarse caer en la banca de madera. Cerró los ojos suspirando quedamente - ¡Oh Dios, ten piedad de mí, y cura mis alas rotas! -dijo. Al dejar a Selma en el jardín, sentí que todos mis sentidos se cubrían con espeso velo, como un lago cuya superficie está oculta por la niebla. La belleza de los árboles, la luz de la luna, el profundo silencio que reinaba, todo en torno de mí me pareció feo y espantoso. La verdadera luz que me había mostrado la belleza y la maravilla del universo se había convertido en una gran llama que consumía mi corazón y la música eterna que antes escucharon mis oídos, se volvió un estruendoso grito, más aterrorizante que el rugido de un león. Llegué a mi habitación, y como un pájaro herido derribado por el cazador, me dejé caer en el lecho, repitiendo las palabras de Selma:

y como un pájaro herido derribado por el cazador, me dejé caer en el lecho, repitiendo

27 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación

repitiendo las palabras de Selma: 27 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras
repitiendo las palabras de Selma: 27 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras
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repitiendo las palabras de Selma: 27 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras
-¡Oh Dios, ten piedad de mí, y cura mis alas rotas! V I I ·
-¡Oh Dios, ten piedad de mí, y cura mis alas rotas!
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El matrimonio, en estos días, es una farsa en manos de los jóvenes casaderos y
de los padres. En la mayoría de los países, los hombres casaderos ganan, y los padres
pierden el juego. La mujer se considera como un bien de consumo, se persigue y pasa
de una casa a otra, como algo que se compra. Con el tiempo, la belleza de la mujer se
marchita, y llega a ser una especie de mueble viejo al que se abandona en un rincón
oscuro.
La civilización moderna ha hecho a la mujer un poco más lúcida, pero ha
incrementado sus sufrimientos, por la codicia del hombre. La mujer de épocas pasadas
solía ser una esposa feliz, pero la mujer de hoy suele ser una miserable y desventurada
amante. En el pasado, caminaba ciegamente en la luz, pero ahora camina en la
oscuridad con los ojos abiertos. Antes era hermosa en su ignorancia, virtuosa en su
simplicidad y fuerte en su debilidad. Hoy, se ha vuelto fea en su ingenuidad, y
superficial e insensible en su conocimiento. ¿Llegará el día en que la belleza y el
conocimiento, la ingenuidad y la virtud, y la debilidad del cuerpo, aunada a la fuerza
espiritual, se conjuguen en una mujer?
Soy de los que creen que el progreso espiritual es la norma de la vida humana,
pero el avance hacia la perfección es lento y doloroso. Si la mujer se eleva en un
aspecto y se retrasa en otro, es porque el áspero sendero que conduce a la cima de la
montaña no está libre de las emboscadas que le tienden los ladrones, los mentirosos y
los lobos.
La extraña generación actual existe entre el sueño y la vigilia activa. Tiene en
sus manos el suelo del pasado y las semillas del futuro. Sin embargo, en cada ciudad
encontramos a una mujer que simboliza el futuro.
En la ciudad de Beirut, Selma Karamy era el símbolo de la futura mujer oriental,
pero, como muchos que viven adelantándose a su tiempo, fue víctima del presente; y
como una flor arrancada de su tallo y barrida por la corriente de un río, tuvo que
caminar en la doliente procesión de las derrotadas.
Mansour Bey Galib y Selma se casaron, y se fueron a vivir en una hermosa casa
en Ras Beirut, donde residían los acaudalados dignatarios. Farris Efendi Karamy se quedó
en su casa solitaria, en medio de su jardín y de sus huertos, como un pastor solitario
entre su rebaño.
Pasaron los días y las noches festivas de las bodas, pero la luna de miel dejó
recuerdos de amarga tristeza, así como la guerra deja calaveras y huesos muertos en el
campo de batalla. La dignidad de la ceremonia del matrimonio, en Oriente, inspira
nobles ideas en los corazones de los desposados, pero al terminar las fiestas, tales
nobles ideas suelen caer en el olvido como grandes rocas al fondo del mar. El
entusiasmo primero se convierte en huellas sobre la arena, que sólo durarán hasta que
las barran las olas.
Se fue la primavera, y pasaron también el verano y el otoño, pero mi amor por
Selma crecía cada vez más, hasta que se convirtió en una especie de culto mudo, como
lo que siente un huérfano por el alma de su madre que se ha ido al Cielo. Y mi
sufrimiento se convirtió en una ciega tristeza que sólo podía verse a sí misma, y la
28 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
pasión que había arrancado lágrimas a mis ojos fue substituida por una depresión que succionaba
pasión que había arrancado lágrimas a mis ojos fue substituida por una depresión que
succionaba la sangre de mi corazón, y mis suspiros de cariño se convirtieron en una
constante oración por la felicidad de Selma y la de su esposo, y por que su padre
tuviera paz.
Mis esperanzas y mis oraciones fueron vanas, porque el dolor de Selma era una
enfermedad interna que sólo la muerte podía curar.
Mansour Bey era un hombre al que todos los lujos de la vida le habían llegado
fácilmente; pero a pesar de ello, era insaciable y rapaz. Después de casarse con Selma
este hombre no se condolió de la soledad del anciano padre de su esposa, y deseaba
secretamente su muerte, para poder heredar lo que quedaba de la fortuna del anciano.
El carácter de Mansour Bey era muy parecido al de su tío; la única diferencia entre
ambos era que el obispo lo obtenía todo secretamente, al amparo de sus ropas talares
y
de la cruz de oro que llevaba colgada al cuello, mientras que su sobrino cometía sus
fechorías sin recato alguno. El obispo iba a la iglesia por las mañanas, y pasaba el resto
del día robando a las viudas, a los huérfanos y a los ignorantes. En cambio Mansour
Bey ocupaba sus días en la búsqueda continua de placeres sexuales. Los domingos, el
obispo Bulos Galib predicaba el Evangelio; pero durante el resto de la semana nunca
practicaba lo que predicaba, y sólo se ocupaba de las intrigas políticas de la región. Y
por medio del prestigio y de la influencia de su tío, Mansour Bey hacía un gran
negocio, consiguiendo puestos políticos a quienes pudieran proporcionarle, a cambio,
considerables sumas de dinero.
El obispo Bulos era un ladrón que se ocultaba en la noche, mientras que su
sobrino Mansour Bey era un timador que caminaba orgullosamente y hacía todos sus
tortuosos negocios a la luz del día. Sin embargo, los pueblos de las naciones orientales
confían en hombres como éstos: lobos y carniceros que arruinan a sus países con sus
codiciosas intrigas, y que aplastan a sus vecinos con mano de hierro.
¿Por qué lleno estas páginas con palabras acerca de los traidores que arruinan a
las naciones pobres, en vez de reservar todo el espacio para la historia de una
desventurada mujer de corazón roto? ¿Por qué derramo lágrimas por los pueblos
oprimidos en vez de reservar todas mis lágrimas para el recuerdo de una débil mujer
cuya vida fue aniquilada por los dientes de la muerte?
Pero, mis queridos lectores, ¿no creen ustedes que tal mujer es como una nación
oprimida por los sacerdotes y por los malos gobernantes? ¿No creen ustedes que un
amor frustrado que lleva a una mujer a la tumba es como la desesperación que aniquila
a
los pueblos de la Tierra? Una mujer es; respecto a una nación, como la luz a la
lámpara. ¿No será débil la luz si el aceite de la lámpara escasea?
Pasó el otoño, y el viento hizo caer de los árboles las hojas amarillentas, dando
paso al invierno, que llegó con aullidos de fiera. Aún vivía yo en la ciudad de Beirut,
sin más compañía que mis sueños, que antes habían elevado mi espíritu hacia el cielo,
y
que luego lo enterraron profundamente en el seno de la tierra.
El espíritu triste encuentra consuelo en la soledad. Aborrece a la gente, como un
ciervo herido se aparta del rebaño y vive en una cueva, hasta que sana o muere.
Un día, supe que Farris Efendi estaba enfermo. Salí de mi solitaria morada y
caminé hasta la casa del anciano, tomando una nueva ruta; un sendero solitario entre
olivos, pues quería evitar el camino principal, muy transitado por carruajes.
Al llegar a la, casa del anciano, entré y encontré a Farris Efendi acostado en el
lecho, débil y pálido. Sus ojos estaban hundidos, y parecían dos profundos, oscuros
valles, poblados por fantasmas de dolor. La sonrisa que siempre había dado vida a
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aquel rostro estaba distorsionada por el dolor y la agonía; y los huesos de sus
aquel rostro estaba distorsionada por el dolor y la agonía; y los huesos de sus nobles
manos parecían ramas desnudas temblando ante la tempestad. Al acercarme y pedirle
noticias de su salud, volvió el pálido rostro hacia mí, y en sus temblorosos labios se
esbozó una sonrisa, y me dijo, con débil voz:
-Ve, hijo mío, al otro cuarto, a consolar a Selma, y dile que venga a sentarse a mi
lado.
Entré en la habitación contigua a la del anciano, y encontré a Selma recostada en
un diván, con la cabeza entre los brazos, y con el rostro pegado a una almohada, para
que su padre no oyera sus sollozos. Acercándome sigilosamente, pronuncié su nombre
con voz que más parecía un suspiro que un susurro. Se volvió atemorizada, como si
despertara de una pesadilla, y se sentó mirándome a los ojos, dudando si era yo un
fantasma o un ser viviente. Tras un profundo silencio, que nos llevó en alas del
recuerdo a la hora en que estábamos embriagados con el vino del amor, Selma se secó
las lágrimas.
-
¡Ve cómo el tiempo nos ha cambiado! -dijo-. ¡Ve cómo el tiempo ha cambiado el
curso de nuestras vidas, dejándonos con este aspecto ruinoso! En este mismo sitio, la
primavera nos unió con lazos de amor, y en este sitio nos ha conducido ante el trono
de la muerte. ¡Qué hermosa era la primavera, y qué terrible es el invierno!
Y
al decir esto, Selma volvió a cubrirse el rostro con las manos, como si quisiera ocultar
sus ojos del espectro del pasado que estaba ante ella. Le puse una mano en la cabeza,
y
le dije
-Ven, Selma; ven, y seamos dos fuertes torres ante la tempestad. Enfrentémonos al
enemigo como valerosos soldados, y opongámosle nuestras almas. Si resultamos
muertos en la batalla moriremos como mártires; si vencemos, viviremos como héroes.
Retar a los obstáculos y a las dificultades es más noble que retirarse a la tranquilidad.
Las palomillas que revolotean alrededor de la lámpara hasta morir son más admirables
que el topo, habitante de oscuro túnel. Ven, Selma, y caminaremos por este áspero
sendero con firmeza, con los ojos hacia el sol, para que no veamos las calaveras ni las
serpientes entre las rocas y entre las espinas. Si el miedo nos detiene en medio del
camino, sólo oiremos burlas de las voces de la noche, pero si llegamos valerosamente a
la cima de la montaña nos reuniremos con los espíritus celestiales, cantando en triunfo y
alegría. Ten valor, Selma; enjuga esas lágrimas y borra la tristeza de tu rostro.
Levántate, y sentémonos cerca del lecho de tu padre, porque su vida depende de tu
vida, y tu sonrisa es su único remedio.
Me miró bondadosa y cariñosamente.
-¿Me estás pidiendo que tenga paciencia, cuando eres tú quien más lo necesita? -dijo-.
¿Dará un hombre hambriento su pan a otro hombre hambriento? ¿O un hombre enfermo
dará su medicina a otro hombre, cuando él mismo la necesita desesperadamente?
Se levantó; inclinó ligeramente la cabeza, y caminamos hasta la habitación del
anciano, y nos sentamos a cada lado del lecho. Selma sonrió forzadamente y simuló
paciencia, y su padre trató de hacerle creer que se sentía mejor y que ya se estaba
poniendo bueno; pero padre e hija tenían conciencia de la tristeza del otro, y oían
suspiros no exhalados. Eran como dos fuerzas iguales, tirando una de otra
silenciosamente, y anulándose. El padre tenía el corazón transido por el dolor de la hija.
Eran dos almas puras, una que partía, y la otra que agonizaba de dolor, y que se
abrazaban con amor ante la muerte. Y yo estaba en medio de esas dos almas, con mi
propio corazón turbado. Éramos tres personas unidas y aniquiladas por la mano del
Destino: un anciano que parecía una morada en ruinas tras la inundación, una joven
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mujer cuyo símbolo era un lirio segado por el afilado borde de una segadora, y
mujer cuyo símbolo era un lirio segado por el afilado borde de una segadora, y un
joven que apenas era un débil retoño, marchitado por una nevada, y los tres éramos
juguetes en manos del Destino.
Farris Efendi hizo un débil movimiento y extendió la temblorosa mano hacia
Selma, y con la voz vibrante de ternura y amor, le dijo:
-Toma mi mano, hija mía.-Selma hizo lo que su padre le pedía, y el anciano dijo:-He
vivido lo suficiente, y he disfrutado de los frutos de las estaciones. He experimentado
todas las fases de la vida con ecuanimidad. Perdí a tu madre cuando tenías tres años, y
te dejó como un preciado tesoro en mis manos. Te vi crecer, y tu rostro reprodujo las
facciones de tu madre, como las estrellas se reflejan en un estanque de aguas
tranquilas. Tu carácter, tu inteligencia y tu belleza son los de tu madre, hasta tu manera
de hablar y tus gestos y ademanes. Has sido mi único consuelo en esta vida, porque
fuiste la imagen de tu madre en palabras y actos. Ahora, estoy viejo, y el único reposo
para mí está en las suaves alas de la muerte. Consuélate, hija mía, porque he podido
vivir hasta verte convertida en mujer. Sé feliz, porque viviré en ti después de mi
muerte. Mi partida de hoy no será diferente de mi partida de mañana u otro día
cualquiera, porque nuestros días son caducos, cual las hojas de otoño. La hora de mi
muerte se aproxima a grandes pasos, y mi alma ansía unirse al alma de tu madre.
Al pronunciar estas palabras dulce y amorosamente, la faz del anciano estaba radiante
de gozo. Luego, el anciano sacó de abajo de la almohada un pequeño retrato
enmarcado en oro. Con los ojos en el retrato, el agonizante dijo a su hija:
-Mira tu madre, hija mía, en este retrato.
Selma se enjugó las lágrimas y después de contemplar largo rato la foto, la besó
varias veces, y volvió a llorar.
- ¡Madre mía, amada madre mía! -exclamó, y luego volvió a posar los labios en el
retrato, como si quisiera imprimir el alma en esa imagen.
La más bella palabra en labios de los seres humanos es la palabra madre, y el
llamado más dulce es madre mía. Es una palabra llena de esperanza y de amor; una
dulce y amable palabra que surge de las profundidades del corazón. La madre lo es
todo; es nuestro consuelo en la tristeza, nuestra esperanza en el dolor, y nuestra fuerza
en la debilidad. Es la fuente del amor, de la misericordia, de la conmiseración y del
perdón. Quien pierde a su madre pierde a un alma pura que bendice y custodia
constantemente al hijo.
Todo en la Naturaleza habla de la madre. El Sol es la madre de la Tierra, y le
da su alimento de calor; nunca deja al universo por las noches sin antes arrullar a la
Tierra con el canto del mar y con el himno que entonan las aves y los arroyos. Y la
tierra es la madre de los árboles y de las flores. Les da vida, los cuida y los amamanta.
Los árboles y las flores se vuelven madres de sus grandes frutos y de sus semillas. Y la
madre, el prototipo de toda existencia, es el espíritu eterno, lleno de belleza y amor.
Selma Karamy no conoció a su madre, pero lloró al ver la fotografía de su progenitora,
y exclamó: ¡Madre mía! La palabra madre está oculta en nuestros corazones, y acude a
nuestros labios en horas de tristeza y en horas de felicidad, como el perfume que
emana del corazón de la rosa y se mezcla con el aire diáfano, así como con el aire
nebuloso.
Selma contempló la imagen de su madre, y la besó muchas veces, hasta que,
exhausta se dejó caer en el lecho de su padre.
El anciano le puso ambas manos en la cabeza.
-Hijita mía -le dijo-, te he mostrado un retrato de tu madre, en el papel; pero escucha
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bien, y haré que oigas sus propias palabras. Selma alzó la cabeza, como un pajarillo
bien, y haré que oigas sus propias palabras.
Selma alzó la cabeza, como un pajarillo en el nido que oye el aletear de su
madre, y miró atentamente a su padre. Farris Efendi abrió la boca, y dijo:
-Tu madre te estaba criando cuando perdió a su propio padre; gritó y lloró, pero era
una mujer sensata y paciente. Se sentó a mi lado, en esta misma habitación, en cuanto
terminó el funeral, me tomó la mano y me dijo: "Farris, mi padre ha muerto, y tú eres
mi
único consuelo en este mundo. Los afectos del corazón están divididos como las
ramas del cedro; si el cedro pierde una rama vigorosa, sufre, pero no muere. Dará toda
su savia a la rama contigua, para que crezca y llene el espacio vacío. Esto fue lo que
tu
madre me dijo cuando murió su padre, y tú deberás decir lo mismo cuando la
muerte se lleve mi cuerpo al lugar del descanso, y mi alma, a Dios.
Selma le respondió, con lágrimas y pesadumbre:
-Cuando mi madre perdió a su padre, tú ocupaste el lugar de mi abuelo; pero, ¿quién
tomará tu lugar cuando te hayas ido? Ella se quedó al cuidado de un amante y
verdadero esposo; ella encontró consuelo en su hijita, pero, ¿quién será mi consuelo
cuando mueras? Tú has sido mi padre y mi madre, y el compañero de mi juventud.
Y diciendo estas palabras, Selma volvió el rostro y me miró. Y tomando una
orilla de mi traje, dijo:
-Este es el único amigo que tendré después de que te hayas ido; pero, ¿cómo puede
consolarme, si él mismo sufre? ¿Cómo puede un corazón roto encontrar consuelo en un
alma atormentada y decepcionada? Una mujer triste no puede hallar consuelo en la
tristeza de su prójimo, ni un ave puede volar con las alas rotas. El es el amigo de mi
alma, pero ya he colocado una pesada carga de tristeza sobre él, y he oscurecido su
vista con mis lágrimas, al punto de que no puedo ver sino la oscuridad. Es un hermano
a quien quiero tiernamente, pero es como todos los hermanos; comparte mi tristeza y
mis lágrimas, con lo que aumenta mi amargura y quema mi corazón.
Las palabras de Selma apuñalaron mi corazón, y sentí que no podía soportar más
dolor. El anciano la escuchaba con expresión dolida, temblando como la luz de una
lámpara al viento. Luego extendió la mano, y dijo:
-Déjame irme en paz, hija mía. He roto los barrotes de esta jaula vieja; déjame volar y
no
me detengas, porque tu madre me está llamando. El cielo está claro y el mar está
calma, y mi velero está a punto de zarpar; no demores su viaje. Deja que mi
cuerpo repose con los que ya están gozando el reposo eterno; deja que mi sueño
en
termine, y que mi alma despierte con la aurora; que tu alma bese a la mía con el beso
de
la esperanza; que no caigan gotas de tristeza o amargura en mi cuerpo, pues las
flores y el césped rechazarían su alimento. No derrames lágrimas de dolor en mi mano,
pues crecerían espinas en mi tumba. No ahondes arrugas de agonía en mi frente, pues
el viento, al pasar, podría leer el dolor de mi frente, y se negaría a llevar el polvo de
mis huesos a las verdes praderas
Te amé mucho, hija mía, mientras viví, y te amaré
cuando esté muerto, y mi alma velará por ti y te protegerá siempre.
Luego, Farris Efendi me miró con los ojos entornados. Hijo mío -me dijo-, sé un
verdadero hermano para Selma, como tu padre lo fue para mí. Sé un amparo y su
amigo en la necesidad, y no dejes que lleve luto por mí, porque llevar luto por los
muertos es una equivocación. Relátale cuentos agradables y cántale los cantos de la
vida, para que pueda olvidar sus penas. Recuérdame, y dale más recuerdos a tu padre;
pídele que te cuente de nuestra juventud, y dile que lo quise en la persona de su hijo,
en la última hora de mi vida.
Reinó el silencio, y podía yo ver la palidez de la muerte en el rostro del
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anciano. Luego, nos miró a uno y otro, y susurró: -No llaméis al médico pues
anciano. Luego, nos miró a uno y otro, y susurró:
-No llaméis al médico pues podría prolongar mi sentencia en esta cárcel, con su
medicina. Han terminado los días de la esclavitud, y mi alma busca la libertad de los
cielos. Y tampoco llaméis al sacerdote, porque sus conjuros no podrían salvarme, si soy
un pecador, ni podría apresurar mi llegada al Cielo, si soy inocente. La voluntad de la
humanidad no puede cambiar la voluntad de Dios, así como un astrólogo no puede
cambiar el curso de los astros. Pero después de mi muerte, que los médicos y los
sacerdotes hagan lo que les plazca, pues mi barco seguirá con las velas desplegadas
hasta el lugar de mi destino final.
A la media noche, Farris Efendi abrió los cansados ojos por última vez, los
enfocó en Selma, que estaba arrodillada a un lado de la cama. Trató de hablar el
agonizante, pero no pudo hacerlo, pues la muerte ya estaba ahogando su voz. Sin
embargo, hizo un último esfuerzo.
-La noche ha pasado
-susurró- ¡Oh Selma!
Luego, inclinó la cabeza, su rostro se volvió blanco, y pude ver una última
sonrisa en sus labios, al exhalar el último suspiro.
Selma tocó la mano de su padre. Estaba fría. Luego, la joven alzó la cabeza y
miró el rostro de quien le había dado la vida. Estaba cubierto por el velo de la muerte.
Selma estaba tan anonadada por el dolor, que no podía derramar más lágrimas, ni
suspirar, ni hacer movimiento alguno. Por un momento se quedó mirándolo como una
estatua, con los ojos fijos; luego, se inclinó hacia adelante hasta tocar el piso con la
frente, y dijo:
- ¡Oh Señor, ten misericordia de nosotros, y cura nuestras alas rotas!
Farris Efendi Karamy murió; su alma fue abrazada por la eternidad, y su cuerpo
volvió a la tierra. Mansour Bey Galib se posesionó de su fortuna, y Selma se convirtió
en una prisionera de por vida; una vida de dolor y sufrimientos.
Yo me sentí perdido entre la tristeza y la ensoñación. Los días y las noches se
cernían sobre mí como el águila sobre su presa. Muchas veces traté de olvidar mi
desventura ocupándome en la lectura de libros y escrituras de generaciones pasadas,
pero era como tratar de extinguir el fuego con el aceite, pues no podía yo ver en la
procesión del pasado sino tragedias, y no oía yo sino llantos y gemidos de dolor. El
libro de Job me atraía más que los Salmos, y prefería las elegías de jeremías al Cantar
de Salomón, Hamlet estaba más cerca de mi corazón que todos los demás dramas de
los escritores occidentales. Así, la desesperación debilita nuestra vida y cierra nuestros
oídos. En tal estado de ánimo, no vemos más que los espectros de la tristeza, y no
oímos más que el latir de nuestros agitados corazones.
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En medio de los jardines y colinas que unen la ciudad de Beirut con el Líbano
hay un pequeño templo, muy antiguo, cavado en la roca, rodeado de olivos, almendros
y sauces.
Aunque este templo está como a un kilómetro de la carretera principal, en la
época de mi relato muy pocas personas aficionadas a las reliquias y a las ruinas
antiguas habían visitado ese santuario. Era uno de los muchos sitios interesantes
escondidos y olvidados que hay en el Líbano. Por estar tan apartado, se había
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convertido en un refugio para las personas religiosas, y en un santuario para amantes solitarios.
convertido en un refugio para las personas religiosas, y en un santuario para amantes solitarios.
convertido en un refugio para las personas religiosas, y en un santuario para amantes solitarios.
convertido en un refugio para las personas religiosas, y en un santuario para amantes solitarios.
convertido en un refugio para las personas religiosas, y en un santuario para amantes solitarios.
convertido en un refugio para las personas religiosas, y en un santuario para amantes solitarios.
convertido en un refugio para las personas religiosas, y en un santuario para amantes solitarios.

convertido en un refugio para las personas religiosas, y en un santuario para amantes solitarios. Al entrar en este templo, el visitante ve en el muro oriental, un antiguo cuadro fenicio esculpido en la roca, que representa a Ishtar, diosa del amor y de la belleza, sentada en su trono, rodeada de siete vírgenes desnudas, en diversas actitudes. La primera de ellas lleva una antorcha; la segunda, una guitarra; la tercera, un incensario; la cuarta, una jarra de vino; la quinta, un ramo de rosas; la sexta, una guirnalda de laurel; la séptima, un arco y una flecha; y las siete miran a Ishtar reverentemente. En el segundo muro hay otro cuadro, más moderno que el primero, que representa a Cristo clavado en la cruz, y a su lado están su doliente Madre, María Magdalena, y otras dos mujeres, llorando. Este cuadro bizantino tiene una inscripción que demuestra que se esculpió en el siglo XV o en el XVI. En el muro occidental hay dos tragaluces redondos, a través de los cuales los rayos del sol entran en el recinto e iluminan las imágenes y dan la impresión de estar pintadas con agua dorada. En medio del templo hay un altar rectangular, de mármol, con viejas pinturas a los lados, algunas de las cuales apenas pueden distinguirse bajo las petrificadas manchas de sangre, que demuestran que el pueblo antiguo ofrecía sacrificios en esa roca y vertían perfume, vino y aceite sobre ella. No hay nada más en ese pequeño templo, excepto un profundo silencio, que revela a los vivientes los secretos de la diosa y que haba sin palabras de pasadas generaciones y de la evolución de las religiones. Tal espectáculo lleva al poeta a un mundo muy lejano, y convence al filósofo de que los hombres nacieron con tendencia hacia la religiosidad; sintieron los hombres la necesidad de lo invisible, y crearon símbolos, cuyo significado divulgó los secretos, los deseos de su vida y de su muerte. En este templo casi desconocido, me reunía yo con Selma una vez al mes, y pasaba varias horas: en su compañía, contemplando esas extrañas imágenes, pensando en el Cristo crucificado, y meditando en los jóvenes y en las ,jóvenes fenicios que vivieron, amaron y rindieron culto a la belleza en la persona de Ishtar, quemando incienso ante su estatua y derramando perfume en su santuario, es un pueblo del que no ha quedado más rastro que su nombre, repetido por la marca del tiempo ante el rostro de la eternidad. Resulta difícil describir con palabras los recuerdos de aquellas horas de mis encuentros con Selma; aquellas celestiales horas, llenas de dolor, felicidad, tristeza, esperanza y miseria espiritual. Nos reuníamos secretamente en el viejo templo a recordar los viejos días, a hablar de nuestro presente, a atisbar con recelo el futuro, y a sacar gradualmente a la superficie los ocultos secretos de las profundidades de nuestros corazones, ex uniéndonos las quejas de nuestra frustración y nuestro sufrimiento, tratando de consolarnos con esperanzas imaginarias y sueños melancólicos. De vez en cuando nos calmaban, enjugábamos nuestras lágrimas y empezábamos a sonreír, olvidándonos de todo, excepto del amor; nos abrazábamos hasta que nuestros corazones se enternecían; luego, Selma me daba un casto beso en la frente, y llenaba mi corazón de éxtasis; yo le devolvía el beso al inclinar ella su cuello de marfil, mientras sus mejillas se coloreaban ligeramente de rojo, como el primer rayo de la aurora en la frente de la montaña. Contemplábamos silenciosamente el lejano horizonte, donde las nubes se teñían con el color anaranjado del ocaso. Nuestra conversación no se limitaba al amor; de vez en cuando hablábamos de diferentes temas, y hacíamos comentarios. Durante el curso de la conversación Selma

de vez en cuando hablábamos de diferentes temas, y hacíamos comentarios. Durante el curso de la

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curso de la conversación Selma 34 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras
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curso de la conversación Selma 34 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras
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curso de la conversación Selma 34 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras
curso de la conversación Selma 34 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras
hablaba del lugar de la mujer en la sociedad, de la huella que la generación
hablaba del lugar de la mujer en la sociedad, de la huella que la generación pasada
había dejado en su carácter, de las relaciones entre marido y mujer, porque la miran
detrás del velo sexual, y no ven en ella sino lo externo; la miran a través de un lente
de aumento de odio, y no encuentran en ella sino debilidad y sumisión.
En otra ocasión, me dijo, señalando los cuadros esculpidos en el templo:
-En el corazón de esta roca están dos símbolos que reflejan la esencia de los deseos de
la mujer, y que revelan los secretos de su alma, que oscila entre el amor y la tristeza,
entre el cariño y el sacrificio, entre Ishtar sentada en su-trono y María al pie de la cruz.
El hombre adquiere gloria y fama, pero la mujer paga el precio.
Sólo Dios supo el secreto de nuestros encuentros, además de las bandadas de
pájaros que volaban sobre el templo. Selma solía ir en su coche a un sitio llamado
Parque del Pachá, y desde allí caminaba hasta el templo, donde me encontraba,
esperándola ansiosamente.
No temíamos que nos observaran, ni nuestras conciencias nos reprochaban nada,
el espíritu purificado por el fuego y lavado por las lágrimas está por encima de lo que
la gente llama vergüenza y oprobio; está libre de las leyes de la esclavitud y de las
viejas costumbres que ponen trabas a los afectos del corazón humano.
Ese espíritu puede comparecer orgullosamente y sin vergüenza alguna ante el
trono de Dios.
La sociedad humana se ha plegado durante setenta siglos a leyes corrompidas,
hasta el punto de no poder entender el significado de las leyes superiores y eternas.
Los ojos del hombre se han acostumbrado a la pálida luz de las velas, y no
pueden contemplar la luz del sol. La enfermedad espiritual se hereda de generación en
generación, hasta llegar a ser parte de la gente, que la considera no una enfermedad,
sino un don natural, que Dios impuso a Adán. Si estas personas encuentran a alguien
liberado de los gérmenes de tal enfermedad, piensan que ese individuo vive en la
vergüenza y en el oprobio.
Los que piensan mal de Selma Karamy porque salía del hogar de su esposo para
entrevistarse conmigo en el templo están enfermos, y forman parte de esos débiles
mentales que consideran a los sanos unos rebeldes. Son como insectos que se arrastran
en la oscuridad por miedo a que los pisen los transeúntes.
El prisionero oprimido que puede escapar de su cárcel y no lo hace, es un
cobarde. Selma, prisionera inocente y oprimida, no pudo libertarse de sus cadenas. ¿Se
la puede censurar porque mirara a través de la ventana de su prisión los verdes
campos y el espacioso cielo? ¿Dirá la gente que Selma fue infiel por salir de su casa
para ir a sentarse á mi lado ante Cristo e Ishtar? Que la gente diga lo que quiera:
Selma había pasado por los pantanos que sumergen a otros espíritus, y había llegado a
un mundo que no podían alcanzar los aullidos de los lobos, ni el cascabeleo de las
serpientes.
Que la gente diga lo que quiera de mí, porque el espíritu que ha visto el
espectro de la muerte no puede atemorizarse con los rostros de los ladrones; el
soldado que ha visto brillar sobre su cabeza las espadas, y correr arroyos de sangre
bajo sus pies, camina imperturbable, a pesar de las piedras que le arrojan los niños
callejeros.
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Un día, a fines de junio, cuando la gente salía de la ciudad para ir
Un día, a fines de junio, cuando la gente salía de la ciudad para ir a la montaña
huyendo del calor del verano, fui, como siempre, al templo a reunirme con Selma,
llevando conmigo un librito de poemas andaluces. Al llegar al templo, me senté a
esperarla, leyendo a intervalos mi libro, recitando aquellos versos que llenaban mi
corazón de éxtasis, y que traían a mi memoria el recuerdo de los reyes, de los poetas
y
caballeros que se despidieron de Granada, y que tuvieron que dejarla, con lágrimas
en los ojos y tristeza en los corazones; que tuvieron que dejar sus palacios, sus
instituciones y sus esperanzas. Al cabo de una hora, vi a Selma que caminaba por los
jardines y se acercaba al templo; se iba apoyando en su paraguas, como si estuviera
soportando todas las preocupaciones del mundo sobre sus hombros. Al entrar en el
templo, y sentarse a mi lado, noté un cambio en sus ojos, y me apresuré a preguntarle
qué le ocurría.
Selma intuyó mi pensamiento, me puso una mano en la cabeza y me dijo:
-Acércate a mí; ven, amado mío, y deja que sacie mi sed, porque la hora de la
separación ha llegado.
-¿Se enteró tu esposo de nuestras citas aquí? -le pregunté.
-A mi esposo no le importa nada de mi persona -me respondió-, ni se molesta en
averiguar lo que haga, pues está muy ocupado con esas pobres muchachas a las que la
pobreza ha llevado a las casas de mala fama; esas muchachas que venden sus cuerpos
por pan, amasado con sangre y lágrimas.
-¿Qué te impide, que vuelvas a este templo a sentarte a mi lado, reverentemente, ante
Dios? -le pregunté-. ¿Te exige tu conciencia que nos separemos?
Y
Selma me contestó, con lágrimas en los ojos:
-No, amado mío, mi espíritu no exige que nos separemos, porque tú eres parte de mí.
Mis ojos nunca se cansan de mirarte, porque tú eres la luz de mis ojos; pero si el
Destino dispuso que yo tuviera que caminar por el áspero sendero de la vida cargada
con cadenas, no es justo que tu suerte sea como la mía. No puedo decirte todo,
porque mi lengua está muda de dolor; mis labios están sellados por la pena, y no
pueden moverse; sólo puedo decirte que temo que caigas en la misma trampa en que
yo caía
-¿Qué quieres decir, Selma, y de quién tienes miedo? Mi amada se llevó las manos al
rostro.
-El obispo ya ha descubierto que cada mes he estado saliendo de la tumba en que me
enterró -dijo.
-¿El obispo descubrió que nos vemos aquí?
-Si lo hubiera descubierto, no me estarías viendo sentada aquí a tu lado; pero algo
sospecha, y ha ordenado a sus sirvientes y espías que me vigilen bien. He llegado a
sentir que la casa en que vivo y el sendero por el que camino están llenos de ojos que
me vigilan, y de dedos que me señalan, y de oídos al acecho de mis pensamientos.-
Guardó silencio un momento, y luego añadió, con lágrimas que mojaban sus mejillas:
-No temo al obispo, pues el agua no asusta a los ahogados, pero temo. que tú caigas
en una trampa y seas su víctima; tú aún eres joven y libre como la luz del sol. No
temo al oscuro destino qué ha disparado todas sus flechas a mi pecho, pero temo que
la
serpiente muerda tu pie y detenga tu ascensión hacia la cima de la montaña en que
el futuro te espera con sus placeres y sus glorias.
-Quien no ha sido víctima de las mordeduras de las serpientes del día, y quien no ha
sentido las tarascadas de los lobos de la noche, puede decepcionarse ante los días y las
noches. Pero escúchame, Selma; escucha bien: ¿Es la separación el único medio de
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evitar la maldad de las personas? ¿Acaso se ha cerrado la senda del amor y
evitar la maldad de las personas? ¿Acaso se ha cerrado la senda del amor y
evitar la maldad de las personas? ¿Acaso se ha cerrado la senda del amor y
evitar la maldad de las personas? ¿Acaso se ha cerrado la senda del amor y
evitar la maldad de las personas? ¿Acaso se ha cerrado la senda del amor y
evitar la maldad de las personas? ¿Acaso se ha cerrado la senda del amor y
evitar la maldad de las personas? ¿Acaso se ha cerrado la senda del amor y

evitar la maldad de las personas? ¿Acaso se ha cerrado la senda del amor y de la libertad, y no queda más salida que la sumisión a la voluntad de los esclavos de la muerte? -No queda más remedio que separarnos, y decirnos adiós. Con espíritu rebelde, le tomé la mano. -Nos hemos sometido a la voluntad de la gente durante mucho tiempo -dije, nervioso-, desde que nos conocimos hasta este momento nos han dirigido los ciegos, y junto con ellos, hemos rendido culto a sus ídolos. Desde que te conocí hemos estado en manos del obispo como dos pelotas con las que ha jugado a su antojo. ¿Nos hemos de someter a su voluntad hasta que la muerte nos lleve? ¿Acaso Dios nos dio el soplo de la vida para colocarlo bajo los pies de la muerte? ¿Nos dio El la libertad para hacer de ella una sombra de la esclavitud? Quien extingue el fuego de su propio espíritu con sus propias manos, es un infiel a los ojos del Cielo, pues el Cielo encendió el fuego que arde en nuestros espíritus. Quien no se rebela contra la opresión, es injusto consigo mismo. Te amo, Selma, y tú me amas también; y el amor es un tesoro precioso; es el don de Dios a los espíritus sensibles y de altas miras. ¿Desperdiciaremos tal tesoro, para que los cerdos lo dispersen y lo pisoteen? Este mundo está lleno de maravillas y de bellezas. ¿Por qué hemos de vivir en el estrecho túnel que el obispo y sus secuaces han cavado para nosotros? La vida está llena de felicidad y de libertad; ¿por qué no quitamos este pesado yugo de tus hombros, y por qué no rompemos las cadenas de tus pies, para caminar libremente hacia la paz? Levántate, y dejemos este pequeño templo, para ir al templo mayor de Dios. Salgamos de este país y de toda esta esclavitud e ignorancia, y vayamos a otro país muy lejano, donde no nos alcancen las manos de los ladrones. Vayamos a la costa al amparo de la noche, y tomemos un barco que nos lleve al otro lado del océano, donde podamos llevar una nueva vida de felicidad y comprensión. No vaciles, Selma, porque estos minutos son más preciosos para nosotros que las coronas de los reyes, y más sublimes que los tronos de los ángeles. Sigamos la columna de luz que nos conduzca, desde este árido desierto, hasta los verdes campos donde crecen las flores y las plantas aromáticas. Selma movió la cabeza negativamente, y se quedó mirando el techo del templo; una triste sonrisa apareció en sus labios. -No; no, amado mío -dijo-. El Cielo ha puesto en mi mano una copa llena de vinagre; me he obligado a beberla hasta las heces; hasta que sólo queden unas cuantas gotas, que beberé pacientemente. No soy digna de una nueva vida de amor y paz; no soy suficientemente fuerte para gustar de los placeres y de las dulzuras de la vida, porque un pájaro con las alas rotas no puede volar por el espacioso cielo. Los ojos acostumbrados a la débil luz de una vela no son lo bastante fuertes para contemplar el sol. No me hables de felicidad; su recuerdo me hace sufrir. No menciones en mi presencia la paz; su sombra me aterroriza; mírame, y te mostraré la santa antorcha que el Cielo ha encendido en las cenizas de mi corazón. Tú bien sabes que te amo como una madre a su único hijo, y que el amor me ha enseñado a protegerte hasta de mí misma. Es el amor purificado con fuego, el que me impide seguirte a tierras lejanas. El amor mata mis deseos, para que puedas vivir libre y virtuosamente. El amor limitado exige la posesión del amado, pero el amor ilimitado sólo pide para sí mismo. El amor que aparece en la ingenuidad y el despertar de la juventud se satisface con la posesión y se reafirma con los abrazos. Pero el amor nacido en el firmamento y que ha bajado a la tierra con los secretos de la noche no se satisface sino con la eternidad y la inmortalidad; no hace reverencias sino a la deidad.

los secretos de la noche no se satisface sino con la eternidad y la inmortalidad; no

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reverencias sino a la deidad. 37 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras
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"Cuando supe que el obispo quería impedirme salir de la casa de su sobrino y
"Cuando supe que el obispo quería impedirme salir de la casa de su sobrino y
despojarme de mi único placer, me paré ante la ventana de mi habitación y miré hacia
el mar, pensando en los vastos países que hay más allá, y en la libertad real y en la
personal independencia que se puede encontrar allá. Me vi a mí misma viviendo a tu
lado, protegida por la sombra de tu espíritu, y sumergida en el océano de tu cariño.
Pero todos estos pensamientos que iluminan el corazón de una mujer y que la hacen
rebelarse contra las viejas costumbres, y desean vivir a la sombra de la libertad y de la
justicia, me hicieron reflexionar que así nuestro amor será limitado y débil, indigno de
alzarse ante el rostro del sol. Grité como un rey despojado de su reino y de sus
tesoros, pero inmediatamente vi tu rostro a través de mis lágrimas, y tus ojos que me
miraban, y recordé lo que un día me dijiste:
"Ven, Selma, ven y seamos fuertes torres ante la tempestad. Enfrentémonos como
valerosos soldados al enemigo y opongámonos a sus armas. Si nos matan, moriremos
como mártires; y si vencemos, viviremos como héroes. Retar a los obstáculos y a las
penalidades es más noble que retirarse a la tranquilidad. Estas palabras, amado mío, las
pronunciaste cuando las alas de la muerte se cernían sobre el lecho de muerte de mi
padre; las recordé ayer, mientras las alas de la desesperación se cernían sobre mi
cabeza. Me sentí más fuerte, y sentí incluso en la oscuridad de mi prisión, una especie
de preciosa libertad que paliaba nuestras dificultades y disminuía nuestras tristezas.
Descubrí que nuestro amor era tan profundo como el océano, tan alto como las
estrellas, y tan espacioso como el Cielo. Vine a verte, y en mi débil espíritu hay una
nueva fuerza, esta fuerza es la capacidad de sacrificar algo muy grande, para obtener
algo todavía más grande; es el sacrificio de mi felicidad, para que puedas seguir siendo
virtuoso y honorable a los ojos de la gente, y para que estés lejos de sus traiciones y
de
su persecución
"En otras ocasiones, al venir a este sitio, sentía yo que pesadas cadenas me impedían
caminar; pero hoy, vine con una nueva determinación que se ríe de las cadenas y
acorta el camino. Venía yo a este templo como un fantasma asustado, hoy vine como
una mujer valerosa que siente lo imperioso del sacrificio, y que conoce el valor del
sufrimiento; como una mujer que quiere proteger a su amado de la gente ignorante y
de su propio espíritu hambriento. Me sentaba yo a tu lado como una sombra
temblorosa, hoy vine a mostrarte mi ser verdadero, ante Ishtar y ante Cristo.
"Soy un árbol que ha crecido en la sombra, y hoy extendí mis ramas para temblar un
poco a la luz del día. Vine a decirte adiós, amado mío, y espero que nuestra
despedida sea tan bella y tan terrible como nuestro amor. Que nuestra despedida sea
como el fuego, que funde el oro y lo hace más resplandeciente.
Selma no me permitió hablar ni protestar, sino que me miró, con. los ojos
brillantes, con una gran dignidad en el rostro, y parecía un ángel que impusiera silencio
y respeto.
Luego me abrazó fuertemente, lo que nunca había hecho antes y puso sus
suaves brazos alrededor de mi cuello, y estampó un profundo, largo, dulcísimo beso en
mi
boca.
Al irse ocultando el sol, retirando sus rayos de aquellos jardines y de aquellos
huertos, Selma caminó hacia la parte central del templo, y contempló largamente sus
muros y sus ángulos, como si quisiera verter la luz de sus ojos en las imágenes y en
los símbolos. Luego, dio otros pasos al frente, y se arrodilló con reverencia ante la
imagen de Cristo, besó sus pies, y susurró:
- ¡Oh, Cristo!, he escogido tu cruz y he abandonado el mundo de los placeres y
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felicidad de Ishtar; he llevado la corona de espinas y he rechazado la corona de
felicidad de Ishtar; he llevado la corona de espinas y he rechazado la corona de laurel;
me he bañado con sangre y lágrimas, y he rechazado el perfume y el incienso; he
bebido vinagre de la copa que tendría que dar vino y néctar; acéptame, Señor, entre
tus fieles, y condúceme a Galilea, junto con los que han elegido tu camino, contentos
en sus sufrimientos, y gozosos en sus tristezas.
Luego, Selma se levantó y me miró.
-Ahora, volveré feliz a mi oscura cueva, donde reside el horrible fantasma. No me
tengas lástima, amado mío, y no te entristezcas por mí, porque el alma que ve una vez
la sombra de Dios no volverá a tener miedo, desde entonces, a los fantasmas de los
demonios. Y el ojo que ha visto el cielo no será cerrado por los dolores del mundo.
Y al acabar de decir estas palabras, Selma salió del santuario; permanecí allí, perdido en
un hondo mar de pensamientos, absorto en el mundo de la revelación, donde Dios se
sienta en su trono y donde los ángeles registran los actos de los seres humanos, donde
las almas recitan la tragedia de la vida, y donde las novias del Cielo cantan los himnos
del amor, de la tristeza y de la inmortalidad.
La noche ya había llegado cuando salí de mi meditación, y me encontré
estupefacto, en los jardines, repitiendo el eco de cada palabra que había pronunciado
Selma, recordando su silencio, sus actos, sus movimientos, sus expresiones y el toque
de sus manos, hasta que me di cuenta cabal del significado de la despedida y del
dolor de la soledad. Me sentí. deprimido y con el corazón roto. Fue entonces cuando
descubrí que los hombres, aunque nazcan libres, seguirán siendo esclavos de las
estrictas leyes que sus mayores promulgaron, y que el firmamento, que imaginamos
inmutable, es la sumisión del día de hoy a la voluntad del día de mañana, y la
sumisión del ayer a la voluntad del presente.
Muchas veces, desde aquella noche, he pensado en la ley espiritual que hizo
que Selma prefiriera la muerte a la vida, y muchas veces he comparado la nobleza del
sacrificio con la felicidad de la rebelión para saber cuál de las dos actitudes es más
noble y más hermosa; pero hasta ahora he obtenido sólo una verdad de todo ello, y
esta verdad es la sinceridad, que es la que puede hacer que todas nuestras acciones
sean hermosas y honorables. Y esta sinceridad estaba en Selma Karamy.
X
·
L
A
L
I
B
E
R
T
A
D
O
R
A
Cinco años del matrimonio de Selma transcurrieron, sin que hubiera hijos que
reforzaran los lazos espirituales entre ella y su esposo, lazos que hubieran podido
acercar a sus almas contrastantes.
La mujer estéril es vista con desdén en todas partes, porque la mayoría de los
hombres desean perpetuarse en su posteridad.
El hombre común considera a su esposa, cuando no puede tener hijos, como a
un enemigo; la detesta, la abandona y desea su muerte. Mansour Bey Galib era de esa
clase de hombres; en lo material, era como la tierra, duro como el acero y codicioso
como un sepulcro. Su. deseo de tener un hijo que llevara su nombre y prolongara su
reputación hizo que odiara a Selma, a pesar de su belleza y de su dulzura.
Un árbol que crece en una cueva no da fruto; y Selma, que vivía en la parte
oscura de la vida, no concebía
El ruiseñor no hace su nido en la jaula, a menos que la esclavitud sea el sino de
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su raza Selma era una prisionera del dolor, y era voluntad del Cielo que no
su raza
Selma era una prisionera del dolor, y era voluntad del Cielo que no hubiese
otro prisionero que le hiciera compañía. Las flores del campo son hijas del afecto del
sol y del amor de la Naturaleza; y los hijos de los hombres son las flores del amor y
de la compasión.
El espíritu del amor y de la compasión nunca reinó en su hermosa casa de Ras
Beirut. Sin embargo, se arrodillaba Selma todas las noches y pedía a Dios un hijo en
quien encontrar compañía y consuelo
Oró hasta que el Cielo oyó sus plegarias.
El árbol de la cueva floreció y, al fin dio fruto. El ruiseñor enjaulado empezó a
hacer su nido con las plumas de sus alas.
Selma extendió los encadenados brazos hacia el Cielo, y recibió el precioso don,
y
nada en el mundo pudo hacerla más feliz que saber que iba a ser madre
Esperó ansiosamente, contando los días, y ansiando el tiempo en que el canto
más dulce del Cielo, la voz de su hijo, sonara como campanitas de cristal en sus oídos.
Empezó Selma a ver la aurora de un futuro menos negro, a través de sus lágrimas
Era el mes de Nisán cuando Selma estaba en el lecho del dolor y del trabajo de
parto, donde luchaban la vida y la muerte. El médico y la comadrona se preparaban a
entregar al mundo a un nuevo huésped. Pero a altas horas de la noche, Selma empezó
a
gritar, con gritos que eran una separación de la. vida
Un grito que se prolongó en
el firmamento de la nada
Un grito de fuerza debilitada ante la quietud de fuerzas
superiores
El grito de mi pobre Selma, que se debatía entre los pies de la vida y los
pies de la muerte
Al alba, Selma dio a luz un varón. Al abrir los ojos la madre, vio rostros
sonrientes en toda la habitación, y luego vio que la vida y la muerte aún luchaban en
su lecho. Cerró los ojos, y exclamó, por primera vez:
-
¡Oh, hijo mío!
La comadrona envolvió al recién nacido en pañales de seda, y lo puso junto a su
madre, pero el médico se quedó mirando a Selma, moviendo tristemente la cabeza.
Gritos de gozo despertaron a los vecinos, que se precipitaron a felicitar al padre
por el nacimiento de su heredero, pero el médico miró a Selma y al hijo, y movió
tristemente la cabeza.
Los sirvientes corrieron a dar la buena nueva a Mansour Bey sin saber que el
médico seguía considerando a Selma y al niño con honda preocupación.
Al salir el sol, Selma se llevó el niño al pecho, y el niño abrió los ojos y miró a
su madre. El médico tomó al niño de los brazos de Selma y con lágrimas en los ojos,
dijo:
-Es un huésped que se va
El niño falleció mientras los vecinos celebraban con el padre en la gran sala de la casa,
y
mientras bebían vino a la salud del heredero. Selma miró al médico, y le rogó:
-Deme a mi hijo, y deje que le de un beso
Y
aunque el niño estaba muerto, los sonidos de las copas entrechocando por los brindis
de alegría, resonaban en la gran sala.
El niño nació al alba, y murió al llegar los primeros rayos del sol
No vivió para consolar y acompañar a su madre.
Su vida había empezado al terminar la noche y cesó al principiar el día, como
una gota de rocío vertida por los ojos de la oscuridad y secada al contacto de la luz.
Fue una perla que la marea arrojó a la costa y que la misma marea devolvió a
las profundidades del mar
Un lirio que acababa de abrirse del capullo de la vida y que aplastó el pie de la
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muerte. Fue un huésped querido que iluminó un instante el corazón de Selma, y cuya
muerte.
Fue un huésped querido que iluminó un instante el corazón de Selma, y cuya
partida mató su alma.
Tal es la vida de los hombres, la vida de las naciones, la vida de soles, lunas y
estrellas.
Y
Selma miró intensamente al médico.
-
¡Deme a mi hijo y déjeme abrazarlo -gritó-; deme a mi hijo, y déjeme darle el
pecho!
Pero el doctor inclinó la cabeza y su voz se quebró al decir:
-Señora, su hijo está muerto; tenga paciencia.
Al oír estas palabras del médico, Selma dio un terrible grito. Luego, permaneció
inmóvil un momento, y sonrió, como con alegría. Su rostro se iluminó como si hubiera
descubierto algo, y dijo dulcemente:
-Denle a mi hijo; quiero tenerlo cerca de mí, aunque esté muerto.
El médico le llevó el niño muerto a Selma y se lo puso en los brazos. Selma lo
abrazó, luego volvió el rostro a la pared, y le habló a su hijo, en estos términos:
-Hijo mío, has venido por mí; has venido a mostrarme el camino que conduce a la
playa. Aquí estoy, hijo mío; llévame, y salgamos de esta oscura cueva.
Y
un minuto después, un rayo de sol penetró entre las cortinas de las ventanas
e
iluminó dos cuerpos inmóviles, que yacían en la cama, custodiados por la profunda
dignidad del silencio y protegidos por las alas de la muerte. El médico salió de la
habitación con lagrimas en los ojos, y cuando llegó a la gran sala, la celebración se
convirtió en un funeral; pero Mansour Bey Galib nunca pronunció una palabra de
lamento, ni derramó una sola lágrima. Se quedó de pie, inmóvil como una estatua, con
una copa de vino en la mano derecha.
Al día siguiente, Selma fue amortajada con su blanco vestido de novia y puesta
en un ataúd; la mortaja del niño fueron sus pañales de seda; sus ataúd, los brazos de
su madre; su tumba el calmado pecho que no lo alimentó. Eran dos cuerpos en un solo
ataúd. Seguí reverentemente el cortejo que acompañó a Selma y a su hijo hasta su
último reposo.
Al llegar al cementerio, el obispo Galib empezó a cantar los salmos funerarios,
mientras los demás sacerdotes oraban, y en los indiferentes rostros de todos ellos vi un
velo de ignorancia y vacuidad.
Al bajar el féretro, uno de los asistentes dijo en voz baja: -Es la primera vez que
veo a dos cuerpos en un ataúd. -Parece que el niño hubiera venido a rescatar a su
madre de un esposo inmisericorde -dijo otra persona.
Y
otra persona exclamó:
-Miren a Mansour Bey: dirige la vista al cielo, como si sus ojos fueran de hielo. No
parece que haya perdido a su esposa y a su hijo en un solo día.
Y
otra persona más, comentó:
-Su tío, el obispo, volverá a casarlo mañana con una mujer más rica y más fuerte.
El obispo y los sacerdotes siguieron cantando y murmurando plegarias hasta que
el
sepulturero terminó de llenar la fosa. Luego, todos se fueron acercando uno a uno, a
ofrecer sus respetos y sus condolencias al obispo y a su sobrino, con tiernas palabras,
pero yo me quedé aparte, solitario, sin un alma que me consolara, como si Selma y su
hijo no hubieran significado nada para mí.
El cortejo salió del cementerio; el sepulturero se quedó cerca de la nueva
tumba, sosteniendo una pala en la mano. Me acerqué al sepulturero y le pregunté:
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-¿Recuerda usted dónde enterró a Farris Efendi Karamy? Me miró un momento, y luego señaló
-¿Recuerda usted dónde enterró a Farris Efendi Karamy? Me miró un momento, y luego
señaló la tumba de Selma. -Allí mismo; puse a su hija sobre él, y en el pecho de su
hija reposa su nieto, y encima de ellos llené la fosa con tierra, con esta pala.
-En esta fosa -le dije- también ha enterrado usted mi corazón.
Y mientras el sepulturero desaparecía detrás de los álamos, no pude más; me
dejé caer sobre la tumba de Selma, y lloré.
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43 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
· GIBRÁN KHALIL GIBRÁN · ARENA Y ESPUMA (1926) · Revisado por Carlos J.J. Siempre
·
GIBRÁN KHALIL GIBRÁN
·
ARENA Y ESPUMA
(1926)
·
Revisado por Carlos J.J.
Siempre estoy vagando en esta playa
Entre la arena y la espuma.
La
marea borrará las huellas de mis pies
Y
el viento esparcirá la espuma.
Pero el mar y la playa continuarán por siempre jamás.
Un día encerré en mi mano un poco de niebla.
Y
al abrir el puño, ¡ay!, la niebla
Se había convertido en gusano.
Volvía cerrar y abrir el puño, y ¡Albricias!,
En mi palma había un pájaro.
Nuevamente cerré y abrí el puño, y
Vi
que en mi palma había un hombre,
De pie, de rostro triste, que me observaba.
Y
volví a cerrar el puño; al abrirlo,
No había más que niebla.
Pero escuché un canto de inenarrable dulzura.
Apenas ayer me sentía una partícula
Oscilando sin ritmo en la espera de la vida.
Ahora sé que soy la espera, y toda
La
vida palpita en rítmicos fragmentos
En mi interior.
Me dicen, en su vigilia:
"Tú y el mundo en que vives no sois
Más que un grano de arena en la
Infinita playa de un mar infinito".
Y
yo les digo, en mi sueño: "Soy
El
mar infinito, y todas las palabras
No son más que granos de arena
En mi playa".
Sólo una vez me quedé sin palabras.
Fue cuando un hombre me preguntó:
"¿Quién eres?"
El
primer pensamiento de Dios fue un ángel.
La
primera palabra de Dios fue un hombre.
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Fuimos criaturas ondulantes, vagarosas, ansiosas, un millón de años antes de que el mar y
Fuimos criaturas ondulantes, vagarosas, ansiosas, un millón de años antes de que el mar
y
el viento del bosque nos dieran palabras.
Ahora bien, ¿cómo podremos expresar lo muy antiguo que hay en nosotros, sólo con
los sonidos de nuestros recientes ayeres?
La esfinge habló sólo una vez, y dijo: "Un desierto es un grano de arena, y un grano
de arena es un desierto; y ahora, volvamos a guardar silencio".
Oí lo que dijo la Esfinge, pero no lo comprendí.
Una vez miré el rostro de una mujer y en, él vi a todos sus hijos aún no nacidos.
Y
una mujer me miró a la cara, y conoció a todos mis antepasados, muertos antes de
que ella naciera.
Ahora me realizaría plenamente. Pero, ¿cómo, a menos que llegue yo a ser un planeta
con seres inteligentes que moren en él?
¿No es esta la meta de todos los hombres?
Una perla es un templo, construido por el dolor en torno a un grano de arena.
¿Qué ansiedad construye nuestros cuerpos, y en torno a qué granos?
Cuando Dios me arrojó, a mí, una piedrecilla, a este maravilloso lago, turbé la superficie
del agua con incontables círculos.
Pero cuando alcancé la profundidad, me quedé en gran quietud.
Dadme silencio y desafiaré a la noche.
Conocí mi segundo nacimiento cuando mi alma y mi cuerpo se amaron y casaron.
Una vez, conocí a un hombre de oído sumamente fino, pero mudo. Había perdido la
lengua en una batalla.
Ahora sé en qué batallas combatió ese hombre antes de llegar el gran silencio. Y me
alegré de que ese hombre estuviera muerto.
El mundo no es, suficientemente vasto para que cupiéramos él y yo.
Largo tiempo yací en el polvo de Egipto, silente, y ajeno a las estaciones.
Luego, el Sol me hizo nacer, me erguí, y caminé por las riberas del Nilo, cantando con
los días y soñando con las noches.
Y
ahora, el Sol me persigue con mil pies, para que caiga nuevamente en el polvo de
Egipto.
Pero, ¡oíd la maravilla y el acertijo!: ni el Sol mismo, que unió mis elementos, puede
esparcirlos.
Aún estoy levantado, y mi pie es seguro; sigo caminando por las riberas del Nilo.
Recordarse es una manera de encontrarse.
El olvido es una forma de libertad.
Medimos el tiempo según el movimiento de incontables soles; y ellos miden el tiempo
con pequeñas máquinas que llevan en los bolsillos.
45 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
Ahora, decidme: ¿cómo podremos reunirnos alguna vez, en el mismo sitio y a la misma
Ahora, decidme: ¿cómo podremos reunirnos alguna vez, en el mismo sitio y a la misma
hora?
El Espacio no representa espacio alguno entre la Tierra y el Sol, para quien mira desde
las
ventanas de la Vía Láctea.
La
humanidad es un río de luz, que corre desde la ex eternidad hasta la eternidad.
¿No envidian los espíritus que moran en el éter el dolor del hombre?
Camino a la Ciudad Santa, encontré a otro peregrino, y le pregunté
-¿Es éste verdaderamente el camino hacia la Ciudad Santa?
Y
aquel peregrino me dijo:
-Sígueme, y llegarás a la Ciudad Santa dentro de un día y una noche.
Y lo seguí. Y caminamos muchos días y muchas noches, pero llegamos a la Ciudad
Santa.
Y
lo que más me asombró fue que aquel peregrino se enojara conmigo, por haberme
desorientado.
¡Oh, Dios!, hazme presa del león, antes de que hagas que el conejo sea mi presa.
No
se puede llegar al alba, sino por el sendero de la noche.
Mi
casa me dice: -No me dejes, aquí mora tu pasado.
Y
el camino me dice: -Ven, y sígueme, soy tu futuro.
Y
yo digo, tanto a mi casa como al camino:
-Yo no tengo pasado ni futuro. Si me quedo aquí, hay un deseo de marcharme, en mi
estancia; y si voy allá, hay un deseó de estancia en mi partida. Sólo el amor y la
muerte transforman todas las cosas.
¿Cómo perder la fe en la justicia de la vida, si los sueños de quienes duermen sobre
plumas no son más hermosos que los sueños de quienes duermen sobre la tierra?
Es extraño, pero el deseo de algunos placeres forma parte de mi dolor.
Siete veces he despreciado a mi alma:
La
primera vez, cuando la vi desfalleciente, y debía llegar a las alturas.
La
segunda vez, cuando la vi saltar ante un inválido.
La
tercera vez cuando le dieron a elegir entre lo arduo y lo fácil, y escogió lo fácil.
La
cuarta vez, cuando cometió una falta y se consoló pensando que los demás también
cometen faltas.
La
quinta vez, cuando se abstuvo por debilidad, y atribuyó su paciencia a la fortaleza.
La
sexta vez, cuando despreció un rostro feo, sin saber que tal rostro era una de sus
propias máscaras.
Y
la séptima vez, cuando entonó un canto de alabanza, y lo consideró una virtud.
Ignoro la verdad absoluta. Pero soy humilde ante mi ignorancia, y en ello residen mi
honor y mi recompensa.
46 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
Hay un espacio entre la imaginación y los logros del hombre que sólo puede atravesar
Hay un espacio entre la imaginación y los logros del hombre que sólo puede atravesar
su
ansiedad.
El
paraíso está ahí, detrás de esa puerta, en la habitación contigua; pero he perdido la
llave.
O
acaso únicamente la haya extraviado.
eres
ciego,
y
yo soy sordomudo,
así que, toquémonos
las-
manos, y
comprendámonos.
La
importancia del hombre no reside en lo que logra, sino en lo que ansía lograr.
Algunos hombres somos como tinta, y otros somos como papel.
Y
si no fuera por la negrura de unos, algunos seríamos mudos.
Y
si no fuera por la blancura de unos, otros seríamos ciegos.
Dadme un oído y os daré una voz.
Nuestra mente es una esponja; nuestro corazón un río. ¿No es extraño que a la mayoría
nos guste más succionar que correr?
Cuando ansiáis bendiciones que no podéis nombrar, y cuando pensáis sin saber la causa,
entonces, verdaderamente, estáis creciendo con todo lo que crece, y elevándoos hacia
vuestro yo superior.
Cuando alguien está embriagado con una visión, cree que la vaga expresión de ella es
el
vino mismo.
Bebéis vino para embriagaros; y yo bebo vino para que me desintoxique de aquel otro
vino
Cuando mi copa está vacía, me resigno a su vaciedad; pero cuando está a la mitad, me
duele que no esté llena.
La
realidad de la otra persona no está en lo que te revela, sino en lo que no puede
revelarte.
Por lo tanto, si quieres entender a esa otra persona, no escuches lo que dice, sino lo
que calla.
La
mitad de lo que digo carece de significado; pero lo digo, para que la otra mitad
pueda llegar a ti.
El
sentido del humor es el sentido de la proporción.
Mi
soledad nació cuando los hombres elogiaron mis parlanchinas faltas, y censuraron mis
calladas virtudes.
47 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
Cuando la Vida no encuentra a un filósofo que cante al corazón de la Vida,
Cuando la Vida no encuentra a un filósofo que cante al corazón de la Vida, produce un
filósofo que habla de la mente de la Vida.
Una verdad hay que conocerla siempre, y sólo a veces hay que decirla.
Lo real, en nosotros, guarda silencio. Lo adquirido es lo que habla mucho.
La
voz de la Vida, en mí; no puede llegar al oído de la Vida, en ti: pero hablemos,
para que no nos sintamos solos. Al hablar dos mujeres, no dicen nada; cuando una
mujer habla, revela todo lo de la vida.
La
voz de las ranas acaso sea más intensa que la del buey, pero, las ranas no pueden
tirar del arado en el campo, ni mover la rueda del molino, y con las pieles de las ranas
no se pueden hacer zapatos.
Solamente los mudos envidian al parlanchín.
Si
dijera el Invierno: "La Primavera está en mi corazón", ¿creerías al Invierno?
Toda semilla es un anhelo.
Si
abrieras realmente los ojos, y vieras, verías tu imagen en todas las imágenes.
Y si abrieras tus oídos para oír, oirías tu propia voz en todas las voces.
Para descubrir la verdad, se necesitan dos personas; una, para decirla, y otra, para
escucharla.
Aunque las ondas de las palabras están siempre sobre nosotros, en nuestra profundidad
siempre reina el silencio.
La
abundancia de doctrina es como el cristal de una ventana; vemos a través, pero nos
separa de la verdad.
Ahora, juguemos al escondite. Si te escondes en mi corazón, no será difícil encontrarte.
Pero si te escondes tras tu concha, será en vano que te busquen.
La
mujer puede ocultar su verdadero rostro tras el velo de una sonrisa.
¡Qué noble es el corazón apesadumbrado que acepta entonar una alegre canción en
compañía de corazones alegres! Quien lograra entender a una mujer, o describir el
genio, o descifrar el misterio del silencio, sería un hombre que, al despertar de un
hermoso sueño, podría disfrutar tranquilamente de su desayuno.
Quiero caminar junto a los que caminan. No quiero permanecer inmóvil, contemplando
la procesión.
A quien te sirve, le debes algo más que oro; dale una parte de tu corazón, o tus
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servicios. No; no hemos vivido en vano; ¿no han construido ellos torres con nuestros huesos?
servicios.
No; no hemos vivido en vano; ¿no han construido ellos torres con nuestros huesos?
No seamos limitados y discursivos. La mente del poeta y la cola del escorpión se
yerguen gloriosamente desde la misma tierra.
Todo dragón da el ser a un San Jorge, que lo mata.
Los árboles son poemas
que
escribe la
tierra
en
el
cielo.
Los
abatimos y los
transformamos en papel, para consignar en él nuestro vacío interior.
Si quieres escribir (y sólo los santos saben por qué lo harías) debes tener conocimiento,
arte y magia: conocimiento de la música de las palabras, el arte de ocultar tu arte y la
magia de amar a tus posibles lectores.
Algunos mojan la pluma en nuestros corazones, y creen que están inspirados.
Si un árbol escribiera su autobiografía, ésta no sería diferente de la historia de toda una
raza.
Si se me diera a elegir entre la capacidad de escribir un poema, y el éxtasis de un
poema no escrito, elegiría el éxtasis. Es mejor poesía.
La poesía no es opinión explícita. Es una canción que surge de una herida sangrante o
de una boca sonriente.
Las palabras son intemporales. Debes pronunciarlas o escribirlas, recordando que son
intemporales.
Un poeta es un rey destronado que se sienta entre las cenizas de su palacio, tratando
de formar una imagen con esas cenizas.
La poesía es labor de gozo, dolor y maravilla, con sólo algún signo del diccionario.
En vano buscará un poeta a la madre de los cantos de su propio corazón.
Una vez le dije a un poeta: -No sabremos lo que vales, hasta que mueras.
Y me contestó: -Sí; la muerte es la gran reveladora. Y si en verdad sabes lo que valgo
cuando yo muera, es que habré tenido más poesía en mi corazón que en mi lengua, y
más en mi deseo, qué en la mano.
Si cantas a la belleza, aunque estés solo en el corazón de un desierto, tendrás público.
La poesía es sapiencia que encanta al corazón.
La, sapiencia es poesía que canta en la mente.
Si pudiéramos encantar el corazón del hombre, y al mismo tiempo cantar en su mente,
en verdad viviríamos a la sombra de Dios.
La inspiración siempre cantará; nunca dará explicaciones.
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A menudo entonamos canciones de arrullo a nuestros hijos, para poder dormir nosotros. Todas nuestras
A
menudo entonamos canciones de arrullo a nuestros hijos, para poder dormir nosotros.
Todas nuestras palabras no son sino migajas que caen del banquete del intelecto.
Pensar es siempre el escollo máximo de la poesía.
El
mayor poeta es el que canta nuestros silencios.
¿Cómo podrás cantar, si tu boca está llena de comida? ¿Cómo podrá alzarse tu mano
para bendecir, si está llena de oro?
Dicen que el ruiseñor se hiere el pecho con una espina cuando entona su canción de
amor.
Y
todos hacemos lo mismo. ¿De qué manera podríamos cantar?
El
genio no es más que el ritmo de un jilguero al principio de una lenta primavera.
Ni los más alados espíritus pueden escapar de las necesidades físicas.
Un loco no es menos músico que tú o que yo; lo que sucede es que el instrumento en
que toca está algo desafinado.
La canción que alienta silenciosa en el corazón de una madre, canta en los labios de su
hijo.
Ningún anhelo puro quedará insatisfecho.
Nunca he podido ponerme de acuerdo con mi otro yo. La verdad parece estar entre él
y yo.
Tu otro yo siempre se compadece de ti. Pero tu otro yo crece en la compasión, así
que todo está bien.
La pugna entre alma y cuerpo sólo existe en las mentes de aquellos cuyas almas están
dormidas y cuyos cuerpos están desafinados.
Cuando llegues al corazón de la vida, descubrirás belleza en toda cosa; incluso en los
ojos ciegos a la belleza.
Vivimos sólo para descubrir la belleza. Todo lo demás es una forma de la espera.
Siembra una semilla y te dará una flor. Eleva tu sueño al cielo y te devolverá al ser
amado.
El
Demonio murió el mismo día que naciste. Ahora, no tienes que pasar por el infierno
para conocer a un ángel.
Muchas mujeres toman prestado el corazón de un hombre; muy pocas pueden poseerlo.
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Si quieres poseer, no puedes reclamar. Cuando un hombre toca la mano de una mujer,
Si quieres poseer, no puedes reclamar.
Cuando un hombre toca la mano de una mujer, ambos tocan el corazón de la eternidad.
El amor es el velo entre los que se aman.
Todo hombre ama a dos mujeres: la que ha creado en su imaginación, y la que todavía
no ha nacido.
Los hombres que no perdonan a las mujeres sus pequeños defectos nunca gozarán con
sus grandes virtudes.
El amor que no se renueva cada día, se vuelve un hábito y una esclavitud.
Los amantes abrazan lo que está entre ellos,. más que abrazarse uno al otro.
El amor y la duda nunca han armonizado.
El amor es una palabra luminosa, escrita por una mano luminosa, en una página
luminosa.
La amistad es siempre una dulce responsabilidad, nunca una oportunidad.
Si no comprendes a tu amigo en toda circunstancia, jamás lo entenderás.
Tu más radiante traje fue tejido por otro. Tu alimento más sabroso es el que comes en
la mesa de otra persona.
Tu lecho más cómodo es el de la casa de otra persona. Ahora, dime: ¿cómo puedes
separar tu ser interior de las demás personas?
Tu mente y mi corazón no se pondrán de acuerdo hasta que tu mente deje de vivir
entre números, y mi corazón, en la niebla.
No llegaremos a
palabras.
entendernos tú y yo hasta que reduzcamos
el lenguaje
a siete
¿Cómo podrá abrirse mi corazón, a menos que se rompa?
Sólo una gran tristeza o una gran alegría pueden revelar tu verdad.
Y si revelas tu verdad, debes, o danzar al sol, o llevar tu cruz.
Si la Naturaleza se detuviera a escuchar todo lo que decimos acerca de nuestra
satisfacción, ningún río buscaría el mar, y ningún invierno se tornaría primavera. Y si
escuchara la Naturaleza todo lo que decimos acerca del ahorro, ¿cuántos de nosotros
estaríamos respirando este aire?
Cuando das la espalda al sol, no ves más que tu sombra.
Eres libre a la luz del sol y libre ante la estrella de la noche.
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Y eres libre cuando no hay sol, ni luna, ni estrellas. Incluso eres libre cuando
Y
eres libre cuando no hay sol, ni luna, ni estrellas. Incluso eres libre cuando cierras los
ojos a todo lo que existe.
Pero eres esclavo de quien amas, por el hecho mismo de amarlo.
Y
eres esclavo de quien te ama, por el hecho mismo de dejarte amar.
Todos somos mendigos a la puerta del templo y todos recibimos nuestra parte de la
riqueza del rey, arando éste entra en el templo, y cuando sale de él.
Pero nos envidiamos unos a otros, lo cual es otra manera de rebajar al rey.
No puedes consumir más allá de tu apetito. La otra mitad de la hogaza de pan
pertenece a otro, y debe quedar otro poco de pan para el huésped inesperado.
Si
no fuera por los huéspedes, todas las casas serían tumbas.
Un magnánimo lobo dijo a una humilde oveja: -¿Te servirías honrar mi casa con tu
visita?
Y
la oveja respondió: -Hubiéramos tenido un gran honor en visitar tu casa, si no fuera
por tu estómago
Detuve a mi invitado en el umbral de mi casa, y le dije: -No, no te limpies los pies al
entrar, sino al salir.
La
generosidad no estriba en que me des lo que necesito más que tú, sino en que me
des lo que tú necesitas más que yo.
En
verdad sois caritativos cuando dais, y cuando al dar, volvéis el rostro para no ver la
timidez de quien recibe.
La
diferencia entre el hombre más rico y el más pobre no es sino un día de hambre y
una hora de sed.
A
menudo pedimos prestado a nuestro mañana, para pagar las deudas de nuestros
ayeres.
A
mí también me visitan ángeles y demonios, pero me deshago de ellos.
Cuando es un ángel, recito una vieja oración, y el ángel se aburre.
Cuando es un demonio, cometo un viejo pecado, y el demonio se aleja de mí.
Después de todo, no es esta una mala prisión; pero no me gusta éste muro entre mi
celda y la del recluso de al lado.
Sin embargo, os aseguro que no es mi intención hacer reproches, ni al alcalde, ni al
Constructor de la prisión.
Los que te dan una serpiente cuando les pides un pescado, acaso no tengan más que
serpientes. Por lo tanto, si esto te dan, es generosidad de parte de ellos.
El
engaño tiene éxito a veces, pero siempre termina por suicidarse.
En realidad sabes perdonar cuando perdonas a los asesinos que nunca derraman sangre,
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a los ladrones que nunca roban y a los mentirosos que jamás dicen una falsedad.
a los ladrones que nunca roban y a los mentirosos que jamás dicen una falsedad.
Quien pueda poner el dedo en la línea que separa el bien del mal, es el que podrá
tocar la orla de la túnica de Dios.
Si tu corazón es un volcán, ¿cómo esperas que florezcan rosas en tus manos?
¡Qué extraña forma de autocomplacencia! Hay veces en que me hacen daño y me
engañan, y río a expensas de quienes creen que no me doy cuenta de que me hacen
daño y me engañan.
¿Qué diré de aquel perseguidor que representa el papel de perseguido?
Deja que el que se limpia las manos sucias en tu traje se lleve ese traje. Quizás él, lo
necesite alguna vez; tú seguramente no.
Es una lástima que los cambistas no puedan ser buenos jardineros.
Por favor, ¡no blanquees tus defectos congénitos con tus virtudes adquiridas! Prefiero tus
defectos; son como los míos.
¡Qué a menudo me he atribuido crímenes que nunca cometí, para que la otra persona
se sintiera cómoda en mi presencia!
Incluso las máscaras de la vida son máscaras de un misterio más profundo.
Puedes juzgar a los demás sólo según el conocimiento que tengas de ti mismo.
Dime, ahora: ¿quién de nosotros es culpable, y quién, inocente?
El verdadero justo es aquel que se siente culpable, a medias, de tus faltas.
Sólo el idiota y el genio infringen la ley hecha por el hombre; y son los que están más
cerca del corazón de Dios.
Sólo cuando te persiguen te haces veloz.
No tengo enemigos, ¡oh Dios!, pero si es preciso que tenga un enemigo, que su fuerza
sea igual á la mía, y que sólo la verdad triunfe.
Serás bastante buen amigo de tu enemigo actual, cuando ambos mueran.
Es posible que un hombre se suicide en defensa propia.
Hace mucho vivió un Hombre al que crucificaron por amar demasiado, y por ser
demasiado adorable.
Y aunque os parezca extraño, ayer me encontré con él, tres veces.
La primera vez, Él pedía a un policía que no se llevara a una prostituta a la cárcel; la
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segunda vez, bebía en compañía de un forajido; y la tercera vez, estaba boxeando con
segunda vez, bebía en compañía de un forajido; y la tercera vez, estaba boxeando con
un promotor de peleas, en el interior de una iglesia.
Si todo lo que dicen del bien y del mal fuera cierto, toda mi vida no sería más que un
largo y constante crimen.
La piedad o conmiseración, es justicia a medias.
El único que ha sido injusto conmigo es aquel con cuyo hermano he sido injusto.
Cuando veas que a un hombre lo llevan a prisión, di en tu corazón: "Acaso escape de
una prisión más estrecha". Y cuando veas a un hombre ebrio, di en tu corazón: "Acaso
trate de escapar de algo aún menos bello".
Muchas veces he odiado en defensa propia; pero si fuera yo más fuerte, no habría
utilizado un arma tan vil.
¡Qué tonto es el que quiere ocultar el odio que asoma por sus ojos con la sonrisa de
sus labios!
Sólo quienes se sientan por debajo de mí podrán envidiarme u odiarme.
Nunca me han envidiado ni odiado; no estoy por encima de nadie.
Sólo quienes se sientan por encima de mí podrán elogiarme o vituperarme.
Nunca me han elogiado ni minimizado; no estoy por debajo de nadie.
Cuando me dices: "No te comprendo", es un elogio que va más allá de mi valer y un
insulto que no mereces.
¡Qué mezquino soy cuando la Vida me da oro, y te doy plata, y todavía me considero
generoso!
Cuando llegues al corazón de la Vida, sabrás que no estás por encima del felón, ni por
debajo del profeta.
Es extraño que te conduelas del lento de pies, y no del lento de intelecto.
Y
que tengas lástima del ciego, y no del de corazón ciego.
Es sensato que el cojo no rompa sus muletas en la cabeza de su enemigo.
¡Qué ciego es el que te deja algo de su bolsillo, para poder tomar algo de tu corazón!
La Vida es una procesión. El de pies lentos la considera demasiado veloz, y se aparta
de ella.
Y
el de pies veloces la encuentra demasiado veloz, y también se aparta de ella.
Si existe lo que llaman "pecado", algunos de nosotros lo cometemos siguiendo los pasos
de nuestros antepasados.
Y
otros lo cometemos adelantándonos, siendo demasiado exigentes con nuestros hijos.
El hombre verdaderamente bueno es aquel que es uno con todos los considerados
malos.
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Todos somos reclusos de alguna prisión, pero algunos estamos en celdas con ventanas, y otros
Todos somos reclusos de alguna prisión, pero algunos estamos en celdas con ventanas,
y
otros no.
Es extraño que todos defendamos nuestros errores con más ahínco que nuestros
derechos.
Si unos a otros nos confesáramos en voz alta nuestros pecados, todos reiríamos unos de
otros, de nuestra falta de originalidad.
Y
si nos reveláramos unos a otros nuestras virtudes, también reiríamos por la misma
causa.
Un individuo está por encima de las leyes hechas por el hombre hasta que comete un
crimen contra las convenciones humanas.
Después de eso, ya no está, ni por encima de nadie, ni por debajo de nadie.
El Gobierno es un acuerdo entre tú y yo. Y, a menudo, tú y yo nos equivocamos.
El crimen es, u otro nombre de la necesidad, o bien un aspecto de la enfermedad.
¿Hay falta mayor que estar consciente de las faltas de los demás?
Si la otra persona se ríe de ti, puedes tenerle lástima; pero si tú te ríes de esa
persona, acaso nunca te lo perdones. Si la otra persona te hiere, puedes perdonarla.
Pero si eres tú el que hiere, siempre lo recordarás.
En verdad la otra persona es tu yo más sensible, al que se le ha dado otro cuerpo.
¡Qué atolondrado eres cuando quieres que los hombres vuelen con tus alas y ni siquiera
puedes darles una pluma!
Una vez un hombre se sentó a mi mesa, comió mi pan y bebió mi vino, y al marcharse
hizo mofó de mí.
Luego, el mismo hombre acudió a mí nuevamente, en busca de pan y vino, y lo
rechacé.
Y
los ángeles se rieron de mí.
El odio es una cosa muerta. ¿A quién de vosotros le gustaría ser una tumba?
El honor del asesinado estriba en no ser el asesino.
La tribuna de la humanidad reside en su silente corazón; nunca en su parlanchina
mente.
Me juzgan loco porque no vendo mis días por oro.
Y
yo los juzgo locos, porque piensan que mis días tienen precio.
Ellos despliegan frente a nosotros sus tesoros de oro y plata, de marfil y de ébano, y
nosotros desplegamos ante ellos nuestros corazones y nuestros espíritus.
Sin embargo, ellos piensan que son anfitriones, y nosotros los huéspedes.
55 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
Sería yo el último entre los hombres que sueñan, y que tienen el deseo de
Sería yo el último entre los hombres que sueñan, y que tienen el deseo de realizar sus
sueños, y no el más encumbrado, sin sueños ni deseos.
El
hombre más digno de lástima es el que convierte sus sueños en oro y plata.
Todos vamos subiendo hacia la cumbre del deseo de nuestro corazón. Si tu vecino, al
subir, te roba tu talego y tu bolsa, y con ello agrega peso a su carga, debes tener
piedad de él.
Porque la subida será más ardua para su carne, y la carga alargará su camino.
Y
si tú, en tu ligereza, ves que jadea ese ladrón y que su carne flaquea al subir,
ayúdalo un poco; así serás más veloz.
No puedes juzgar a ningún hombre más allá de tu conocimiento de ese hombre. ¡Y
cuán reducido es tu conocimiento!
No escucharía al conquistador que predice a los conquistados.
El
verdadero hombre libre es el que soporta el peso de su cadena con paciencia.
Mi
vecino me dijo hace mil años: -Odio la vida, porque no es sino motivo de dolor.
Y ayer, al pasar por el cementerio, vi a la Vida bailando sobre su tumba.
La
lucha, en la Naturaleza, no es sino desorden, ansioso de orden.
La soledad es una callada tempestad que rompe y derriba todas nuestras ramas
muertas, pero que envía nuestras raíces vivas a mayor profundidad en el viviente
corazón de la viviente tierra.
Una vez hablé del mar a un arroyuelo, y el arroyuelo pensó que mi imaginación
exageraba.
Y
en otra ocasión
hablé del arroyuelo al mar,
y
el
mar
pensó
que
yo
era
un
despreciativo difamador.
¡Qué estrecha es la visión que exalta la laboriosidad de la hormiga por encima del
canto del grillo!
Es
posible que la más alta virtud aquí, sea la menor, en otro mundo.
Lo
hondo y lo alto son a la profundidad o a la altura, sólo lo espacioso puede moverse
en
círculos.
Si
no fuera por nuestra noción de las pesas y las medidas, nos quedaríamos atónitos
ante la luciérnaga, como ante el Sol.
Un científico sin imaginación es un carnicero, con cuchillos mellados y balanzas
desequilibradas.
56 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
Pero, ¿qué hacer? No todos somos vegetarianos. Cuando cantas, el hambriento te escucha con el
Pero, ¿qué hacer? No todos somos vegetarianos.
Cuando cantas, el hambriento te escucha con el estómago
La muerte no está más cerca del anciano que del recién nacido; tampoco la vida.
Si
de veras tienes que ser franco, hazlo humanamente; si no, guarda silencio, porque en
nuestro barrio hay un hombre que está muriendo.
Acaso un funeral entre hombres sea una celebración de bodas entre ángeles.
Una realidad olvidada puede morir, y dejar en su testamento mil hechos y realidades,
para que se gasten en su funeral y en la construcción de su tumba.
En realidad, sólo hablamos para nosotros mismos, pero a veces hablamos en voz
suficientemente alta, para que los demás puedan oírnos.
Lo evidente es eso que no se ve si no se expresa con sencillez.
Si la Vía Láctea no estuviera dentro de mí, ¿cómo hubiera podido verla o conocerla?
A menos que sea yo un físico entre físicos, nadie creerá que soy astrónomo.
Acaso la definición del mar, respecto a la concha, sea la perla.
Y
acaso la definición del tiempo, respecto al carbón, sea el diamante.
La fama es la sombra de la pasión que se yergue a la luz.
Una raíz es una flor que desprecia la fama.
No hay religión ni ciencia más allá de la belleza.
Todo gran hombre que he conocido tenía alguna pequeñez; y fue esa pequeñez la que
impidió que el gran hombre se volviera inactivo, o loco, o que se suicidara.
El
verdadero gran hombre es el que no se enseñorea de nadie, ni permite que nadie lo
domine.
No creeré que el hombre es mediocre, simplemente porque mata a los criminales y a
los profetas, enfermo de arrogancia.
La tolerancia es amor.
Los gusanos volverán; pero ¿no es extraño que hasta los elefantes yazcan en la tierra?
Un desacuerdo puede ser el más corto atajo entre dos mentes.
Soy la llama y la mecha; y una parte de mí mismo consume la otra.
57 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
Todos vamos en pos de la, cumbre de la montaña sagrada; pero, ¿no sería más
Todos vamos en pos de la, cumbre de la montaña sagrada; pero, ¿no sería más corto
nuestro camino si consideráramos el pasado un mapa, y no una guía?
La sabiduría deja de ser sabiduría cuando es demasiado orgullosa para llorar, demasiado
grave para reír y demasiado llena de sí misma para buscar a los demás.
Si me llenara de todo lo que sabes, ¿qué espacio quedaría para todo lo que no sabes?
He aprendido a callar de los parlanchines; a tolerar de los intelectuales, y a ser
bondadoso de los duros de corazón. No obstante, es extraño que no sienta gratitud
hacia tales maestros.
Un fanático es un orador más sordo que una tapia.
El silencio del envidioso produce demasiado ruido.
Cuando llegues al final de lo que debes ser, estarás al principio de lo que debes sentir.
Una exageración es una verdad que ha perdido la compostura.
Si sólo puedes ver lo que revela la luz, y oír solamente lo que anuncia el sonido,
entonces, en verdad, ni ves, ni oyes.
Un hecho es una verdad asexuada.
No puedes reír y ser despiadado al mismo tiempo.
Los más cercanos a mi corazón: un rey sin reino y un pobre que no sabe mendigar.
Un tímido fracaso es más noble que un éxito inmodesto.
Cava en cualquier parte de la tierra y hallarás un tesoro. Pero debes cavar con la fe del
campesino.
Dijo una zorra a la que seguían veinte jinetes y una jauría de veinte perros: -Por
supuesto, me alcanzarán y me matarán. Pero, ¡qué torpes son! Seguramente, no valdría
la pena que veinte zorras, montadas en veinte asnos y acompañadas por veinte lobos,
cazaran y mataran a un hombre.
Es la mente la que se pliega a las leyes que hemos hecho, pero nunca el espíritu que
mora en nosotros.
Soy un viajero y navegante, y cada día descubro una nueva región de mi alma.
Una mujer protestó, diciendo:
-¡Por supuesto que fue una guerra justa! ¡Mi hijo cayó en ella!
Dije a la Vida: -Me gustaría oír hablar a la Muerte.
58 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
Y la Vida levantó la voz un poco más, y dijo: -La estás oyendo ahora
Y
la Vida levantó la voz un poco más, y dijo: -La estás oyendo ahora mismo.
Cuando hayas resuelto todos los misterios de la vida, anhelarás la muerte, porque ésta
no es sino otro misterio de la vida.
El nacimiento y la muerte son las más nobles expresiones de la osadía.
Amigo mío, tú y yo seguiremos siendo ajenos a la vida, y ajenos el uno al otro, y cada
cual ajeno a sí mismo, hasta el día en que hables y yo te escuche, considerando que tu
voz es mi propia voz. Y hasta el día en que yo esté de pie frente a ti y piense que
estoy frente a un espejo.
Me dicen: -Si te conocieras a ti mismo, conocerías a todos los hombres.
Y
yo digo: -Sólo cuando busque el conocimiento de todos los hombres, me conoceré a
mí mismo.
El hombre es dos hombres: uno de ellos está despierto en la oscuridad, otro dormido
en la luz.
Un ermitaño es aquel que renuncia al mundo de los fragmentos, para poder gozar del
mundo, plenamente, y sin interrupción.
Hay un prado verde entre el sabio universitario y el poeta; si el sabio lo cruza, se
convierte en verdadero sabio; si el poeta lo cruza, llega a ser profeta.
Ayer vi a unos filósofos en el mercado, que llevaban sus cabezas en cestos, y gritaban:
-¡Sabiduría! ¡Se vende sabiduría!
¡Pobres filósofos! ¡Necesitan vender sus cabezas para poder alimentar sus corazones!
Dijo un filósofo a un barrendero: -Me inspiras lástima; tu trabajo es arduo y sucio.
Y
el barrendero de calles le respondió: -Gracias, señor. Pero, decidme, ¿cuál es vuestro
trabajo?
Y
el filósofo le contestó: -Estudio la mente del hombre, sus actos y deseos.
El barrendero siguió con su trabajo y dijo, sonriendo: -También me inspiras lástima.
Aquél que escucha la verdad no es inferior al que dice la verdad.
Ningún hombre puede trazar la línea que separa lo necesario de lo superfluo. Solamente
los ángeles pueden hacerlo, y los ángeles son sabios y pensativos.
Es posible que los ángeles sean nuestros mejores pensamientos, que vagan en el
espacio.
El verdadero príncipe es aquel que encuentra su trono en el corazón del derviche.
La generosidad consiste en dar más de lo que puedes, y el orgullo, en tomar menos
de lo que necesitas.
En verdad, no debes nada a ningún hombre en particular. Lo debes todo, a todos los
hombres.
59 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
Todos los que han vivido en el pasado, viven ahora con nosotros. Y seguramente ninguno
Todos los que han vivido en el pasado, viven ahora con nosotros. Y seguramente
ninguno de nosotros sería un anfitrión poco atento
Aquel que anhela más, vive más.
Me dicen: "Más vale pájaro en mano, que ciento volando".
Pero yo digo: "Un pájaro y un plumaje en vuelo, vale más que ciento en la mano".
Buscar ese plumaje en vuelo es buscar la vida con pies alados; es más, tal búsqueda es
la
vida misma.
Sólo hay dos elementos en la vida: la belleza y la verdad. Belleza, en los corazones de
los amantes; verdad, en los brazos de los labradores.
La gran belleza me extasía, pero una belleza aún mayor me libera, incluso de mí
mismo.
La belleza brilla más en el corazón del que anhela, que en los ojos de quien la
contempla.
Admiro al hombre que me revela su mente; honro a quien me revela sus sueños. Pero,
¿por qué me siento cohibido y hasta un poco humillado, ante quien me sirve?
Los bien dotados, en otras épocas se enorgullecían de servir a los príncipes.
Ahora, consideran un honor servir a los pobres.
Los ángeles saben que muchísimos hombres prácticos se ganan el pan con el sudor de
la frente del soñador.
El ingenio es, a menudo, una máscara. Si pudieras quitársela al ingenioso, descubrirías,
o
un genio irritado, o un talento juguetón.
El comprensivo me atribuye capacidad de comprensión y el hastiado me considera
aburrido. Creo que ambos están en lo cierto.
Sólo quienes tienen secretos en sus corazones pueden adivinar los secretos de nuestros
corazones.
Aquel que comparte tu placer, pero no comparte tu dolor, perderá la llave de una de
las siete puertas del Paraíso.
Sí; hay un Nirvana; consiste en llevar tus ovejas a un verde pastizal, y en llevar a tu
hijo a la cama, y en escribir la última línea de tu poema.
Elegimos nuestras alegrías y nuestras penas mucho antes de sentirlas.
La tristeza no es más que una pared entre dos jardines.
Cuando tu alegría o tu tristeza se vuelven grandes, el mundo se vuelve pequeño.
60 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
El deseo es la mitad de la vida; la indiferencia, la mitad de la muerte.
El deseo es la mitad de la vida; la indiferencia, la mitad de la muerte.
Lo
más amargo de nuestra pena de hoy es el recuerdo de la alegría de ayer.
Me dicen: "Tienes que elegir entre los placeres de este mundo y la paz del otro
mundo".
Y yo les digo: "He elegido, tanto los placeres de este mundo, como la paz del otro
mundo. Porque sé en mi corazón que el Supremo Poeta no escribió sino un poema, de
cadencia perfecta, y de rima perfecta".
La
fe es un oasis en el corazón, al que nunca llegará la caravana del pensar.
Cuando llegues a lo más alto de ti mismo, sólo desearás por desear; y sólo tendrás
hambre por el hambre misma; y tendrás sed de una sed mayor.
Si revelas tus secretos al viento, no debes culpar al viento por revelarlos a los árboles.
Las flores de la primavera son los sueños del invierno, narrados en la mesa del
desayuno de los ángeles.
Un
zorrillo dijo a un nardo:
-Mira cuán velozmente corro, mientras que tú no puedes caminar y ni siquiera
arrastrarte.
Y contestó el nardo al zorrillo:
-¡Oh muy noble y veloz corredor, por favor, corred velozmente!
Las tortugas pueden decirnos más acerca de los caminos que las liebres.
Es extraño que las criaturas sin columna vertebral tengan las conchas más duras.
El más parlanchín es el menos inteligente, y casi no hay diferencia entre el orador y el
director de subastas.
Agradece que no tengas que vivir del renombre de un padre, ni de la riqueza de un
tío.
Pero, más que nada, agradece que ninguno tenga que vivir de tu renombre, ni de tu
riqueza.
Un
malabarista sólo me atrae cuando falla al atrapar una pelota.
El envidioso me alaba, sin saberlo.
Por mucho tiempo fuiste un sueño en el sueño de tu madre, luego despertó y te dio el
ser.
El germen de la raza estaba en el anhelo de tu madre.
Mi
padre y mi madre deseaban un hijo, y me procrearon. Y yo deseé una madre y un
padre, y engendré la noche y el mar.
61 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
Algunos de nuestros hijos son nuestras justificaciones, y otros no son sino nuestros remordimientos. Cuando
Algunos de nuestros hijos son nuestras justificaciones, y otros no son sino nuestros
remordimientos.
Cuando llegue la noche y tú también estés oscuro, reposa en la cama y acepta estar
oscuro.
Y
cuando llegue la mañana y todavía estés oscuro levántate, y di voluntariamente al
día: "Todavía estoy oscuro". Es tonto representar un papel ante el día y ante la noche.
Ambos se reirán de ti.
La montaña envuelta en bruma no es una colina; un roble bajo la lluvia no es un sauce
llorón.
He aquí una paradoja: lo hondo y lo alto están más cerca uno del otro, que lo que lo
está el nivel medio.
Cuando estuve frente a ti, como un nítido espejo, miraste dentro de mí y viste tu
propia imagen.
Luego, dijiste: -Te amo.
Pero, en verdad, te amaste a ti misma, en mí.
Cuando disfrutas amando a tu prójimo, el amor deja de ser una virtud.
El
amor que no está brotando continuamente, está muriendo continuamente.
No puedes tener juventud y conciencia de ella, al mismo tiempo; porque la juventud
está demasiado ocupada en vivir, para saber, y el conocimiento está demasiado
ocupado en buscarse a sí mismo, para vivir.
Acaso te sientes a la ventana a observar a los transeúntes. Y al observar, acaso veas, a
tu mano derecha, a una monja que pasa, y a tu izquierda, a una prostituta.
Y
acaso, en tu ingenuidad, digas: " ¡Qué noble es una, y qué innoble la otra!"
Pero debieras cerrar los ojos, y seguramente escucharías una voz que susurra en el éter:
-Una de ellas me busca en la oración, y la otra, en el dolor. Y en el espíritu de cada
una de ellas hay una reverencia para mi Espíritu.
Una vez cada cien años, Jesús el Nazareno se reúne con el Jesús de los cristianos en un
jardín, entre los cedros del Líbano. Y hablan largamente; a cada vez, Jesús el Nazareno
se despide del Jesús de los cristianos, diciendo: "Amigo mío, temo que nunca, nunca,
nos pondremos de acuerdo".
¡Que Dios alimente a los demasiado opulentos!
Todo gran hombre tiene dos corazones: el uno sangra y el otro late con clemencia.
Si alguien dice una mentira que no te hiere a ti, ni a nadie más, ¿por qué no decir
que la casa de sus hechos es demasiado pequeña para sus fantasías, y que tiene que
salir de ella, en busca de mayor espacio?
Tras toda puerta cerrada hay un misterio sellado con siete sellos.
62 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
La espera son los cascos del caballo del tiempo. ¿Cómo sabes si la dificultad no
La espera son los cascos del caballo del tiempo.
¿Cómo sabes si la dificultad no es sino una nueva ventana en el muro de tu casa que
da al oriente?
Puedes olvidar a aquel con quien has reído, pero nunca a aquel con quien has llorado.
Debe de haber algo extrañamente sagrado en la sal. Está en nuestras lágrimas y en el
mar.
Nuestro Dios, en su magnánima sed, nos beberá a todos: a la gota de rocío y a la
lágrima.
No eres sino un fragmento de tu ser gigantesco; una boca que busca el pan y una
ciega mano que sostiene la copa a una boca sedienta.
Si te alzaras un codo por encima de la raza, del país y del yo, ciertamente serías
parecido a los dioses.
Si estuviera en tu lugar, no advertiría el problema mientras el barco estuviera en marea
baja.
Es un buen barco y nuestro Capitán es hábil; sólo nuestro estómago está desordenado.
Lo que anhelamos y todavía no logramos es más valioso que lo que ya hemos logrado.
Si te sentaras en una nube, no verías las líneas divisorias entre país y país, ni los
mojones entre granja y granja.
Es una lástima que no puedas sentarte en una nube
Hace siete siglos, siete blancas palomas surgieron de un profundo valle para volar hasta
la nevada cumbre de una montaña. Uno de los siete hombres que observaban el vuelo
dijo:
-Veo una mancha negra en el ala de la séptima paloma.
Hoy, la gente de ese valle habla de siete palomas negras que volaron hasta la nevada
cumbre de la montaña.
En el otoño reuní a todas mis tristezas, y las enterré en mi jardín.
Y cuando regresó abril y la primavera llegó a celebrar sus bodas con la tierra, crecieron
en mi jardín flores hermosísimas, como ningunas otras flores.
Y mis vecinos acudieron a contemplarlas, y todos me dijeron:
-Cuando llegue el otoño, en la época de la siembra, ¿nos darás semillas de esas flores,
para que también crezcan en nuestros jardines?
En verdad, es lastimoso que extienda yo la mano vacía a los hombres y no reciba nada;
pero es más desesperante que extienda yo la mano llena de dones, y no encuentre a
nadie que los reciba.
63 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
Ansío la eternidad, porque ahí encontraré mis poemas no escritos, y los cuadros que no
Ansío la eternidad, porque ahí encontraré mis poemas no escritos, y los cuadros que no
he pintado.
El arte es un paso de la Naturaleza al infinito.
Una obra de arte es una niebla, tallada en una imagen.
Incluso las manos que hacen coronas de espinas son mejores que las manos ociosas.
Nuestras más sagradas lágrimas nunca acuden a nuestros ojos.
Todo hombre es descendiente de todos los reyes y de todos los esclavos que han
vivido en todas las épocas.
Si el bisabuelo de Jesús hubiese sabido lo que había latente en él, ¿no hubiera sentido
compasión de sí mismo?
¿Fue menor el amor de la madre de Judas por su hijo, que el de María por Jesús?
Hay tres milagros de nuestro hermano Jesús que no consigna ningún libro: primero, que
fue un hombre como tú y como yo; segundo, que tenía sentido del humor; y tercero,
que sabía que era un conquistador, aunque conquistado.
Crucificado, estás crucificado en mi corazón; y los clavos que taladran tus manos
taladran las paredes de mi corazón. Y mañana, cuando un forastero pase por este
Gólgota, no sabrá que dos hombres sangraron aquí.
Creerá que es la sangre de un solo hombre.
Es posible que hayáis oído hablar de la Montaña Sagrada.
Es la montaña más alta de nuestro mundo.
Si llegas a la cumbre, sólo tendrás un deseo: descender y morar con los que viven en
el valle más profundo.
Por eso la llaman la Montaña Sagrada.
Debo liberar con mis hechos cada palabra que he encarcelado en la expresión.
64 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
D I C H O S E S P I R I T U A
D
I
C
H
O
S
E
S
P
I
R
I
T
U
A
L
E
S
·
Khalil Gibrán
Descubrí el secreto del mar meditando sobre una gota de rocío.
¿Dónde puedo encontrar un hombre gobernado por la razón y no por los hábitos y
los
deseos?
A
medida que los dones se acrecientan, decrecen los amigos.
Si eres pobre, rehuye asociarte con aquel que mide a los hombres con la vara de la
riqueza.
Prefiero ser un soñador entre los más humildes, con visiones por concretar, que
señor entre los carentes de sueños y deseos.
De las dos principales recompensas de la vida, la belleza v la verdad, encontré la
primera en un corazón amante v la segunda en la mano de un trabajador.
La
gente habla de las plagas estremeciéndose de temor, aunque de destructores
como Alejandro y Napoleón habla con estática veneración.
El
ahorro es ser generoso, para todos excepto para con los avaros.
Los vi comiendo y supe quiénes eran.
Un
hombre no puede descender más bajo que cuando convierte sus sueños en oro y
plata.
Alguien dijo a un terco parlanchín:
-Tu conversación alivia y cura el doliente corazón. Entonces éste enmudeció y
pretendió ser médico.
¿Qué puedo decir del hombre que me abofetea cuando beso su rostro y que besa
mi
pie cuando lo abofeteo?
¡Qué dura es la vida de aquel que pide amor y recibe pasión!
Para aproximarte a Dios, aproxímate a la gente.
El
matrimonio es la vida o la muerte; no hay término medio.
Guardadme del hombre que dice: "Soy el candil que ilumina el camino de la gente";
pero acercadme a aquél que busca su camino a través de la luz de la gente.
Vivir en la mente es esclavitud, a menos que ésta se haya convertido en una parte
del cuerpo.
Algunos piensan que les hago un guiño cuando cierro los ojos para no verlos.
Mis evidencias convencen al ignorante, y las evidencias del sabio me convencen a
mí. Pero a aquel cuyo razonamiento está entre la sabiduría y la ignorancia, a ése no
puedo convencerlo, ni él puede convencerme a mí.
Si
la recompensa es la meta de la religión, si el patriotismo sirve a intereses
egoístas, y si se persigue la educación para medrar, entonces prefiero ser un
descreído, un apátrida y un humilde ignorante.
65 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
El tiempo llegará en que la gente niegue parentesco con nosotros, así como nosotros negamos
El tiempo llegará en que la gente niegue parentesco con nosotros, así como nosotros
negamos parentesco con los monos.
Algunos oyen con las orejas, algunos con el estómago, algunos con el bolsillo; y
algunos no oyen en absoluto.
Algunas almas son como esponjas. Al exprimirlas, no se puede obtener nada de
ellas, excepto lo que han absorbido de ti.
Si hubiera dos hombres semejantes, el mundo no sería suficientemente grande para
contenerlos.
Esta es la historia del hombre: nacimiento, matrimonio y muerta; y nacimiento,
matrimonio y muerte; y nacimiento, matrimonio y muerte. Pero entonces un loco con
ideas extrañas aparece ante la gente y cuenta un sueño de un mundo diferente
cuyas criaturas, más ilustradas, ven en sus sueños algo más que nacimiento,
matrimonio y muerte.
Trae el desastre a su nación aquél que nunca siembra una semilla, o pone un ladrillo,
o
teje una prenda, pero hace de la política su ocupación.
Adornándose, uno reconoce su fealdad.
Dicen que el silencio reside en el contentamiento; pero yo os digo que la negación,
la
rebelión y el desprecio moran en el silencio.
Aún tengo que encontrar al ignorante cuyas raíces no estén enclavadas en mi alma.
La Verdad es la hija de la Inspiración; el análisis y la discusión mantienen a la gente
alejada de la Verdad.
Aquel que te perdona un pecado que no has cometido, se perdona a sí mismo su
propio crimen.
El expósito es un infante cuya madre lo concibió entre el amor y la fe, y lo dio a luz
entre el miedo y el desvarío de la muerte. Lo envolvió con un resto viviente de su
corazón, lo . dejó en la puerta del orfanato y partió con la cabeza gacha bajo la
pesada carga de su cruz. Y para completar su tragedia, tú y yo la vituperamos. "
¡Qué desgracia, qué desgracia!"
La ambición es una especie de trabajo.
La división entre sabio y necio es más delgada que la tela de araña.
Algunos buscan el placer en el dolor; y otros no pueden limpiarse sino con suciedad.
El miedo al infierno 'es el infierno mismo, y el anhelo del paraíso es el paraíso
mismo.
66 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
No debemos olvidar que todavía existen habitantes de las cavernas; las cavernas son nuestros corazones.
No debemos olvidar que todavía existen habitantes de las cavernas; las cavernas son
nuestros corazones.
Podemos cambiar
nosotros.
con las estaciones, pero las estaciones no nos cambiarán
a
Tres cosas me gustan en la literatura: la rebelión, la perfección y lo abstracto. Y las
tres cosas que odio en ella son la imitación, la distorsión y la complejidad.
Si eliges entre dos males, deja que tu elección recaiga sobre lo obvio antes que
sobre lo oculto, a pesar de que lo primero aparezca más grande que lo segundo.
Libradme de aquel que no dice la verdad a menos qué esté atormentado; y del
hombre de buena conducta y malas intenciones; y de aquel que adquiere autoestima
criticando a los demás.
La canción del mar, ¿termina en la costa o en el corazón de aquellos que la
escuchan?
El rico reclama parentesco con aquellos de noble origen; y el de noble casta busca
matrimonio entre los ricos; y uno desprecia al otro.
La mayoría de nosotros oscila dudosamente entre la muda rebelión y la parlanchina
sumisión.
El mal intencionado nunca alcanza su propósito.
El supremo estado del alma es obedecer aún a aquello contra lo que la mente se
rebela. Y el más bajo estado de la mente es rebelarse contra aquello que el alma
obedece.
Me alimentan con la leche de su compasión; si solamente supieran que fui destetado
de ese pezón desde el día de mi nacimiento.
El hombre espiritual es aquel que ha experimentado todas las cosas terrenales, y se
ha rebelado contra ellas.
Es extraño que la virtud no me cause nada más que daño, mientras que mi maldad
nunca me ha ocasionado perjuicio. Aún así, continúo siendo fanático de mi virtud.
Oh, corazón, si el ignorante te dice que el alma perece con el cuerpo, tú respóndele
que la flor perece, pero la semilla permanece. Esta es la ley de Dios.
Si deseas ver los valles, trepa a la cima de la montaña; si deseas ver la cima de la
montaña, elévate a las nubes; pero si aspiras a entender las nubes, cierra los ojos y
piensa.
La vida nos besa en ambas mejillas
67 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
De día y de mañana, Pero ríe de nuestros actos De tarde y de madrugada.
De día y de mañana,
Pero ríe de nuestros actos
De tarde y de madrugada.
Escucha a la mujer cuando te mira, pero no cuando te habla.
El afecto es la juventud del corazón, y el pensamiento es la madurez del corazón;
pero la oratoria es su senilidad. ¿Quién de nosotros escucha el himno del arroyo
cuando habla la tempestad?
Dura es la vida para aquel que desea la muerte pero continúa viviendo por el bien
de sus seres queridos.
Vagaba por inexplorados lugares de la tierra cuando fui apresado y convertido en
esclavo. Luego fui liberado y me convertí en un ciudadano común y, a su tiempo, en
mercader, erudito, ministro, rey, tirano. Después de ser destronado me convertí en
agitador, maleante, impostor, vagabundo, luego en un esclavo perdido en el
inexplorado reino de mi alma.
Así como entre cuerpo y alma hay un lazo, así también el cuerpo y su medio
ambiente uno a otro están ligados.
No te contentes con poco; aquel que lleve a la fuente de la vida una jarra vacía,
retornará con dos jarras colmadas. Aquel que nos mire a través de los ojos de Dios,
verá nuestra desnuda realidad esencial.
Dios hizo la Verdad con muchas puertas para dar la bienvenida a todos los creyentes
que llamaran a ellas.
La flor que crece por encima de las nubes no se marchitará jamás. Y la canción
cantada por los labios de las novias del alba no se desvanecerá jamás.
Aquél que filosofa es como un espejo que refleja los objetos que no puede ver,
como una caverna que devuelve el eco de las voces que no oye.
Poeta es aquél que te hace sentir, tras haber leído su poema, que sus mejores
versos aún no han sido compuestos.
El tirano reclama vino dulce de uvas ácidas.
¿Quién entre los hombres puede vagar por el fondo del mar como si estuviera
paseando por un jardín?
¿Crees que puedes comprender la sustancia preguntando sobre los propósitos?
¿Puedes reconocer el sabor del vino mirando la jarra?
De mi oscuridad surgió una luz e iluminó mi sendero.
68 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
   
Nuestras almas atraviesan espacios en la Vida que no son mensurables en Tiempo, esa invención

Nuestras almas atraviesan espacios en la Vida que no son mensurables en Tiempo, esa invención del hombre.

Aquel que se revela a sí mismo lo que su conciencia ha prohibido, comete un

Aquel que se revela a sí mismo lo que su conciencia ha prohibido, comete un pecado.

Y es también un pecador aquel que se niega a sí mismo lo que su

Y

es también un pecador aquel que se niega a sí mismo lo que su conciencia ha

 

revelado.

La Poesía es el secreto, del alma. ¿Por qué entonces balbucearla en palabras?

La Poesía es el secreto, del alma. ¿Por qué entonces balbucearla en palabras?

La Poesía es una llama en el corazón, pero la retórica e, copos de nieve.

La Poesía es una llama en el corazón, pero la retórica e, copos de nieve. ¿Cómo pueden reunirse la llama y la nieve? La Poesía es la comprensión del todo. ¿Cómo puedes entonces comunicársela a aquél que no comprende sino una parte ?

Qué gravemente el glotón aconseja al hambriento que soporte los tormentos del hambre.

Qué gravemente el glotón aconseja al hambriento que soporte los tormentos del hambre.

Los gobiernos representativos eran, en el pasado, el fruto de las revoluciones; hoy son una

Los gobiernos representativos eran, en el pasado, el fruto de las revoluciones; hoy son una consecuencia económica.

Una nación débil debilita a sus fuertes y fortalece a los débiles de una nación

Una nación débil debilita a sus fuertes y fortalece a los débiles de una nación poderosa.

El pesar del amor canta, la tristeza del conocimiento habla, la melancolía del deseo susurra

El pesar del amor canta, la tristeza del conocimiento habla, la melancolía del deseo susurra y la angustia de la pobreza llora. Pero hay una pena más profunda que el amor,más sublime que el conocimiento, más fuerte que el deseo y más amarga que

la

pobreza. Es muda y no tiene voz; sus ojos resplandecen como estrellas.

El secreto de cantar se encuentra entre la vibración de la voz del cantante y

El

secreto de cantar se encuentra entre la vibración de la voz del cantante y el latido

del corazón del oyente.

El amor es una trémula felicidad.

El

amor es una trémula felicidad.

Un cantante no puede deleitar con su canción a menos que a sí mismo le

Un cantante no puede deleitar con su canción a menos que a sí mismo le deleite cantar.

Cuando, en la desgracia, buscas la comunicación de tu vecino, le das una parte de

Cuando, en la desgracia, buscas la comunicación de tu vecino, le das una parte de tu corazón. Si es bondadoso, te lo agradecerá; si es insensible, te desdeñará.

No progresas mejorando lo que ya está hecho, sino esforzándote por lograr lo que aún

No progresas mejorando lo que ya está hecho, sino esforzándote por lograr lo que aún queda por hacer.

La verdad que necesita prueba es sólo verdad a medias.

La verdad que necesita prueba es sólo verdad a medias.

Libradme de la sabiduría que no llora y de la filosofía que no ríe y

Libradme de la sabiduría que no llora y de la filosofía que no ríe y del orgullo que no inclina la cabeza ante un niño.

 

69 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación

   
Hay entre la gente asesinos que aún no han derramado sangre, y ladrones que no

Hay entre la gente asesinos que aún no han derramado sangre, y ladrones que no han robado nada, y mentirosos que hasta ahora han dicho la verdad.

Con marea baja escribí

Con marea baja escribí

Una línea sobre la arena

Una línea sobre la arena

Y puse todo mi corazón en ella

Y

puse todo mi corazón en ella

Y mi alma toda.

Y

mi alma toda.

Con marea alta regresé

Con marea alta regresé

A leer lo que había inscrito

A

leer lo que había inscrito

Y sólo hallé mi ignorancia.

Y

sólo hallé mi ignorancia.

Es corto de vista aquel que sólo mira el sendero que transita y el muro

Es corto de vista aquel que sólo mira el sendero que transita y el muro en el que se reclina.

Piensan que la virtud es aquello que me acosa y alivia a mi vecino, y

Piensan que la virtud es aquello que me acosa y alivia a mi vecino, y que el pecado es aquello que me alivia y acosa a mi vecino. Que sepan que puedo ser tanto santo como pecador, lejos de ellos, en mi ermita.

Examina tus cuentas de ayer y encontrarás que aún estás en deuda con la gente

Examina tus cuentas de ayer y encontrarás que aún estás en deuda con la gente y con la vida.

La ternura y la amabilidad no son signos de debilidad o desesperación, sino manifestaciones de

La ternura y la amabilidad no son signos de debilidad o desesperación, sino manifestaciones de fuerza y resolución.

La pobreza puede velar la arrogancia, y el dolor de la calamidad trata de buscar

La pobreza puede velar la arrogancia, y el dolor de la calamidad trata de buscar la máscara de la simulación.

El hambriento salvaje arranca una fruta del árbol y se la come. El hambriento ciudadano

El hambriento salvaje arranca una fruta del árbol y se la come. El hambriento ciudadano de la sociedad civilizada le compra una fruta a uno que se la compró a otro que se la compró a aquél que la arrancó del árbol.

Cuando planté mi dolor en el campo de la paciencia, dio frutos de felicidad.

Cuando planté mi dolor en el campo de la paciencia, dio frutos de felicidad.

El Arte es un paso en lo conocido hacia lo desconocido. Desdichada la nación en

El Arte es un paso en lo conocido hacia lo desconocido. Desdichada la nación en que cada tribu afirma ser una nación.

La educación no siembra semillas en ti, pero hace que tus semillas crezcan.

La educación no siembra semillas en ti, pero hace que tus semillas crezcan.

Comes apresurado pero caminas pausadamente. ¿Por qué entonces, no comes con los pies y caminas

Comes apresurado pero caminas pausadamente. ¿Por qué entonces, no comes con los pies y caminas con las manos?

Al erudito que estaba hecho de pensamiento y afectividad, el habla le fue concedida. Al

Al erudito que estaba hecho de pensamiento y afectividad, el habla le fue concedida. Al investigador que estaba hecho de habla, un poco de pensamiento y afectividad le fueron concedidos.

El entusiasmo es un volcán en cuya cima no crece jamás la hierba de la

El

entusiasmo es un volcán en cuya cima no crece jamás la hierba de la indecisión.

Puede romperse la piedra del molino, pero el río continúa su curso hacia el mar.

Puede romperse la piedra del molino, pero el río continúa su curso hacia el mar.

 

70 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación

La inspiración está en ver una parte del todo con la parte ¡el todo que
La inspiración está en ver una parte del todo con la parte ¡el todo que hay en ti.
La contradicción es la forma más baja de la inteligencia.
Ver que los ardides del zorro triunfan sobre la justicia del león, lleva al creyente a
dudar de la justicia.
Temerle al demonio es una manera de dudar de Dios. "Los esclavos son la
imperfección de los reyes.
La dificultad con que nos encontramos para alcanzar nuestra meta es el sendero más
corto para llegar a ella.
Me dicen: "Si encuentras un esclavo dormido no lo despiertes, puede estar soñando
con la libertad." Y yo respondo: "Si encuentras un esclavo dormido, despiértalo y
háblale de la libertad."
Bajo la luz del ojo del hombre, el mundo parece más grande de lo que es.
Cuando la tierra exhala, nos da la luz. Cuando inhala, la muerte es nuestro sino.
Eso que llamamos inteligencia es, en la mente de algunos, sólo una inflamación local.
El arte surge cuando la visión secreta del artista y la manifestación de la naturaleza
concuerdan para hallar nuevas formas.
El martirio es la caída voluntaria del alma suprema hasta el nivel del caído.
La compulsión es un espejo en el cual aquél que mire largo rato verá su yo interior
intentando suicidarse.
Aquello que crees feo, es nada más que la felonía de lo externo dirigida al yo
interior.
Todos somos prácticos para con nuestro propio interés e idealistas con el que le
concierne a otros.
Tengo lástima de aquel cuyos labios y lengua se retuercen con palabras de elogio,
mientras su mano se extiende para mendigar.
Es virtuoso aquel que no se absuelve a sí mismo de las imperfecciones de los
demás.
Descubrir que la profecía en la gente es como el fruto en el árbol, es conocer la
unidad de la vida.
La Historia no se repite excepto en las mentes de aquellos que no saben Historia.
71 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
El mal es una criatura incongruente, perezosa para obedecer la ley de continuidad de la
El mal es una criatura incongruente, perezosa para obedecer la ley de continuidad de
la congruencia.
¿Por qué algunos extraen agua de tu mar y alardean de su riachuelo?
Libre aquel que soporta con paciencia la carga del esclavo.
La belleza en el corazón que la ansía es más sublime que en los ojos del que la ve.
Los proverbios carecen de sentido hasta que no se encarnan en hábitos.
La necesidad de explicación es un signo de debilidad del texto.
La fe es una certeza dentro del corazón, que trasciende toda comprobación.
La humanidad es una divinidad escindida por fuera y unida por dentro.
Aquel que viene con sus mejores galas al funeral de su vecino usará harapos en la
boda de su hijo.
De acuerdo al proverbio árabe, no existen tales cosas como el Fénix, el Vampiro o el
Verdadero Amigo del Alma; pero yo os digo que a todos ellos he encontrado entre
mis vecinos.
El creador no presta atención al crítico, a menos que se convierta en un inventor
estéril.
La prosperidad llega a través de dos cosas: la explotación de la tierra y la
distribución de su producción.
El justo está próximo al corazón de la gente, pero el misericordioso está próximo al
corazón de Dios.
Los excesos provienen de la locura o bien del ingenio. Aquel que compadece a la
mujer, la desprecia.
Aquel que le atribuye los males de la sociedad, la oprime. Aquel que piensa que la
bondad y la maldad de la mujer derivan de su propia bondad y maldad, es
descaradamente pretencioso. Pero aquel que la acepta tal como Dios la hizo, le hace
justicia.
La pobreza es una temporaria imperfección,
padecimiento perdurable.
pero la riqueza
excesiva es un
Los recuerdos son un traspié en el sendero de la Esperanza.
Nuestro peor error es preocuparnos por los errores de los demás.
72 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
Siempre que hablo cometo errores, porque mis pensamientos se originan en el mundo de las
Siempre que hablo cometo errores, porque mis pensamientos se originan en el
mundo de las abstracciones y mis afirmaciones en el mundo de las relaciones.
La poesía es un relámpago; se convierte en una mera composición cuando es una
combinación de palabras.
Si no fuera por la vista y el oído, la luz y el sonido no serían nada más que
confusión y pulsaciones en el espacio. De la misma manera, si no fuera por el
corazón que amas, tú hubieras sido un leve polvo llevado y desparramado por el
viento.
El amor apasionado es una insaciable sed.
Nadie cree en el sincero excepto el honesto.
Si deseas entender a una mujer, observa su boca cuando sonríe; pero para estudiar a
un hombre, observa el blanco de sus ojos cuando está enojado.
Alguien me dio un cordero y yo le di un camello hembra. Luego me ofreció dos
corderos y yo le devolví con dos camellos hembras. Tiempo después vino a mi corral
y contó mis nueve camellos. Entonces me dio nueve corderos.
El más útil entre la gente es aquel que está distante de la gente.
Tu yo consta de dos partes: una imagina que se conoce a sí misma y la otra que la
gente la conoce.
La ciencia y la religión están en pleno acuerdo, pero la ciencia y la fe están en
completo desacuerdo.
Los sometidos son los más ansiosos por saber acerca de los reyes.
Cuidar a un paciente es una forma de conservación.
Si la existencia no hubiera sido mejor que la no-existencia, no existiría el ser.
Cuando llegues al fin de tu peregrinaje, todo lo verás bello, aun cuando tus ojos
nunca hayan visto la belleza.
Arrojaré mis alhajas a los cerdos para que las devoren y mueran de glotonería o de
indigestión.
¿Puede cantar aquel cuya boca está repleta de suciedad?
Hay dos clases de poetas: el intelectual con una personalidad adquirida, y el
inspirado que era un yo aún antes de que comenzara su adiestramiento humano.
Pero la diferencia entre la inteligencia y la inspiración en la poesía es como la
diferencia entre las afiladas uñas que desgarran la piel y los labios etéreos que besan
73 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
y curan las llagas del cuerpo. Para entender el corazón y la mente de una
y
curan las llagas del cuerpo.
Para entender el corazón y la mente de una persona, no te fijes en lo que ha
logrado sino en lo que aspira a hacer. Aquel que contempla las imágenes pequeñas
y
cercanas, tendrá dificultad para ver y distinguir aquellas grandes y remotas.
Me avergüenzan los elogios, pero el panegirista continúa declamando y me hace
parecer desvergonzado ante el mundo entero.
Cuando meditaba acerca de Jesús, siempre lo veía como un pequeño en el pesebre
mirando el rostro de Su madre María por primera vez, o mirando desde la Cruz el
rostro de Su madre María por última vez.
Todos somos guerreros en la batalla de la Vida, pero algunos guían y otros siguen.
Las almas son fuegos cuyas cenizas son los cuerpos.
La pluma es un cetro. ¡Pero cuán escasos reyes hay entre los escritores!
Aquel que oculta sus intenciones detrás de floridas palabras de elogio, es como una
mujer que busca esconder su fealdad detrás de los cosméticos.
Si supiera la causa de mi ignorancia sería un sabio.
La mariposa continuará revoloteando sobre el campo y las gotas de rocío brillarán
aún sobre la hierba, cuando se hayan aplanado las pirámides de Egipto y los
rascacielos de Nueva York ya no existan.
¿Cómo podemos oír la canción de los campos si nuestros oídos tienen que contener
todo el clamor de la ciudad?
El comercio es un robo, a menos que sea un trueque.
El mejor de los hombres es aquel que se sonroja cuando lo elogias y permanece en
silencio cuando lo difamas.
El dolor que acompaña al amor, a la invención y a la responsabilidad, también
provoca deleite.
Lo que un hombre revela se diferencia de lo que oculta, como la lluvia que cae
sobre los campos se diferencia de la nube que se vislumbra amenazante por encima
de las montañas.
El químico que pueda extraer de los elementos de su corazón compasión, respeto,
añoranza, paciencia, compunción, sorpresa y clemencia, y combinarlos a todos para
formar uno solo, podrá crear ese átomo llamado AMOR.
Aquél que necesite apremio para realizar un acto noble no podrá realizarlo jamás.
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El fuerte crece en soledad mientras que el débil se marchita.

El

fuerte crece en soledad mientras que el débil se marchita.

Dicen que si uno se comprende a sí mismo, comprende a todos los demás. Pero

Dicen que si uno se comprende a sí mismo, comprende a todos los demás. Pero yo os digo, cuando uno ama a los demás aprende algo acerca de sí mismo.

Nunca nadie me ha impedido hacer aquello en lo que él mismo no tuviera interés.

Nunca nadie me ha impedido hacer aquello en lo que él mismo no tuviera interés.

La fama agobia los hombros de un hombre excelente, y por la forma en que

La fama agobia los hombros de un hombre excelente, y por la forma en que lleva su carga la gente lo juzga. Si la lleva sin detenerse, será promovido al rango de héroe; pero si su pie resbala y cae, se lo cuenta entre los impostores.

El optimista ve la rosa y no sus espinas; el pesimista ve las espinas, ajeno

El

optimista ve la rosa y no sus espinas; el pesimista ve las espinas, ajeno a la rosa.

Los anhelos y los deseos son la ocupación de la Vida. Debemos luchar para concretar

Los anhelos y los deseos son la ocupación de la Vida. Debemos luchar para concretar los anhelos de la Vida y ejecutar sus deseos, aún en contra de nuestra voluntad.

Aquél que no logra entender el carácter de Sócrates, es hechizado por Alejandro; cuando no

Aquél que no logra entender el carácter de Sócrates, es hechizado por Alejandro; cuando no puede comprender a Virgilio, elogia a César; si su mente no puede discernir el pensamiento de Laplace, sopla su cuerno y toca su tambor por Napoleón.

Y

he notado que en la mente de aquellos que admiran a Alejandro, a César o a

Napoleón, siempre encuentro un atisbo de servilismo.

Cuando el hombre inventa una máquina, la maneja, luego la máquina comienza a manejarlo a

Cuando el hombre inventa una máquina, la maneja, luego la máquina comienza a manejarlo a él, convirtiéndolo en esclavo de su esclavo.

La virtud de algunos ricos es que nos enseñan a despreciar la riqueza.

La virtud de algunos ricos es que nos enseñan a despreciar la riqueza.

La oratoria es un ardid con que la lengua engaña al oído, pero la elocuencia

La oratoria es un ardid con que la lengua engaña al oído, pero la elocuencia es la unión del alma con el corazón.

La civilización comenzó cuando por primera vez el hombre cavó la tierra y plantó una

La civilización comenzó cuando por primera vez el hombre cavó la tierra y plantó una semilla.

La religión comenzó cuando el hombre discernió la compasión del sol por la semilla que

La religión comenzó cuando el hombre discernió la compasión del sol por la semilla que él había sembrado en la tierra.

El arte comenzó cuando el hombre glorificó al sol con un himno de gratitud.

El

arte comenzó cuando el hombre glorificó al sol con un himno de gratitud.

La filosofía comenzó cuando el hombre comió el producto de la tierra y se indigestó.

La filosofía comenzó cuando el hombre comió el producto de la tierra y se indigestó.

La valía de un hombre radica en las pocas cosas que crea y no en

La valía de un hombre radica en las pocas cosas que crea y no en las muchas posesiones que acumula.

No hay riqueza verdadera que trascienda las necesidades de un hombre.

No hay riqueza verdadera que trascienda las necesidades de un hombre.

Toda nación es responsable de cada acto de sus individuos. ¿Quién puede separarse de sus

Toda nación es responsable de cada acto de sus individuos. ¿Quién puede separarse de sus pesares y su soledad sin que su corazón sufra?

 

75 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación

Porque la voz no necesita llevar lengua ni labios en sus alas, es que penetra
Porque la voz no necesita llevar lengua ni labios en sus alas, es que penetra los
cielos; de la misma manera, no lleva su nido de águila sino que se remonta solitaria
en el vasto firmamento.
El amor no conoce su profundidad hasta la hora de la separación.
La Fe percibe la Verdad antes de lo que puede hacerlo la Experiencia.
La mayoría de los escritores remiendan sus andrajosos pensamientos con remiendos
de los diccionarios.
Las inhibiciones y las prohibiciones religiosas ocasionan más daño que la anarquía.
Las redes de la ley están ideadas para atrapar sólo a criminales de poca monta.
La modestia fingida es imprudencia embellecida.
El coraje, que es el sexto sentido, halla el camino más corto hacia el triunfo.
La castidad del cuerpo puede ser la mezquindad del espíritu.
Sálvame, Señor, de la lengua de la víbora, y de aquel que no logra obtener la fama
que ansía.
Aún no he encontrado a un hombre fatuo que no esté internamente desconcertado.
Tememos a la muerte, aunque ansiamos el letargo y los bellos sueños.
Algunos que son demasiado escrupulosos para robar tus posesiones, no ven, sin
embargo, nada malo en manosear tus pensamientos.
Nuestra pena por los muertos puede ser una forma de los celos.
Todos admiramos la fuerza, pero ésta impresiona más a la mayoría cuando no tiene
forma ni estabilidad. Pocos son aquellos que respetan la fuerza cuando está
claramente definida y tiene metas significativas.
La luz de las estrellas extinguidas hace mucho tiempo aún llega hasta nosotros. Lo
mismo ocurre con los grandes hombres que murieron siglos atrás, pero que aún
hacen llegar hasta nosotros las radiaciones de su personalidad.
Sultán de sultanes es aquél que ha ganado el amor de los pobres.
No hay ninguna comodidad en la civilización de hoy que no cause incomodidad.
Tu confianza
en
la
gente,
y
tus
dudas
acerca
de ella, están estrechamente
relacionadas con tu autoconfianza y con las dudas que de ti mismo tengas.
76 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
   
Requerimos libertad de palabra y libertad de prensa, aunque no tengamos nada que decir ni

Requerimos libertad de palabra y libertad de prensa, aunque no tengamos nada que decir ni nada que valga la pena imprimir.

A vosotros que alabáis ante mí el "feliz término medio" como modo de vida, os

A

vosotros que alabáis ante mí el "feliz término medio" como modo de vida, os

replico: "¿Quién quiere estar tibio entre frío y caliente, o temblar entre la vida y la

muerte, o ser gelatina, ni líquida ni sólida?"

La fuerza y la tolerancia son socios.

La

fuerza y la tolerancia son socios.

El amor y la vacuidad en nosotros son como el flujo y el reflujo del

El

amor y la vacuidad en nosotros son como el flujo y el reflujo del mar.

La pobreza se oculta en el pensamiento antes de rendirse al dinero.

La

pobreza se oculta en el pensamiento antes de rendirse al dinero.

El hombre solamente descubre, nunca puede inventar, ni inventará.

El

hombre solamente descubre, nunca puede inventar, ni inventará.

El trabajo de la filosofía es descubrir el camino más corto entre dos puntos.

El

trabajo de la filosofía es descubrir el camino más corto entre dos puntos.

¿No sería más económico que los gobiernos construyeran asilos para los sanos en vez de

¿No sería más económico que los gobiernos construyeran asilos para los sanos en vez de para los dementes?

La piedra más sólida de una estructura es la que está más abajo en los

La

piedra más sólida de una estructura es la que está más abajo en los cimientos.

Cuando no recompensé

Cuando no recompensé

A aquel que me elogió,

A

aquel que me elogió,

Refunfuñó y se quejó.

Refunfuñó y se quejó.

Yo lo sufrí en silencio

Yo lo sufrí en silencio

Y la gente se rió de él.

Y

la gente se rió de él.

Hasta las leyes de la Vida obedecen a las leyes de la Vida. De la

Hasta las leyes de la Vida obedecen a las leyes de la Vida. De la indolencia de mi pueblo, aprendí a ser audaz.

El más digno de elogio es aquel a quien, injustamente, la gente se rehusa a

El

más digno de elogio es aquel a quien, injustamente, la gente se rehusa a elogiar.

El verdadero hombre religioso no abraza una religión; y aquel que la abraza no tiene

El

verdadero hombre religioso no abraza una religión; y aquel que la abraza no tiene

 

religión.

La mayoría de los hombres de sentimientos delicados se apresuran a herir tus sentimientos para

La mayoría de los hombres de sentimientos delicados se apresuran a herir tus sentimientos para impedir que te les adelantes y hieras los de ellos.

El escritor que extrae su material de un libro es como aquel que pide dinero

El

escritor que extrae su material de un libro es como aquel que pide dinero en

préstamo para volver a prestarlo.

Cuando sobre mi puerta escribí:

Cuando sobre mi puerta escribí:

”Deja afuera tus tradiciones,

”Deja afuera tus tradiciones,

Antes de entrar"

Antes de entrar"

Ni un alma se atrevió

Ni un alma se atrevió

A visitarme o a abrir mi puerta.

A visitarme o a abrir mi puerta.

 

77 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación

Distingue entre el obsequio que es un insulto y el obsequio que es una manifestación
Distingue entre el obsequio que es un insulto y el obsequio que es una
manifestación de respeto.
Se habla más de aquel que está en desacuerdo que de aquel que está de acuerdo.
Nunca dudé de una verdad que necesitara explicación, a menos que descubriera que
debía analizar la explicación.
La dulzura está más próxima a la amargura que a la decadencia, no importa qué
dulzona huela.
La esencia de todo lo que hay sobre la tierra, lo visible y lo oculto, es espiritual. Al
entrar a la ciudad invisible, mi cuerpo se cubre con mi espíritu. Quien busque
escindir el cuerpo del espíritu, o el espíritu del cuerpo, aleja su corazón de la
verdad. La flor y su fragancia son una; ciegos son aquellos que niegan el color y la
imagen de la flor, diciendo que posee sólo la fragancia vibrando en el éter. Son
como aquellos deficientes en el sentido del olfato, para quienes las flores no son
nada más que formas y matices desprovistos de fragancia.
Todo lo creado existe dentro de ti, y todo lo que hay en ti existe en la creación.
Estás en contacto ilimitado con las cosas más próximas, y, más aún, la distancia no
es suficiente para separarte de las cosas distantes. Todo, desde lo más bajo hasta lo
más sublime, desde lo más pequeño hasta lo más grande, existe en ti por igual. En
un átomo se encuentran todos los elementos de la tierra. Una gota de agua contiene
todos los secretos de los océanos. En un impulso de la mente se encuentran todos
los impulsos de todas las leyes de la existencia.
Dios ha puesto en cada alma un apóstol para que nos guíe por el sendero de la
iluminación. Sin embargo, muchos buscan la vida en lo externo sin reparar en que
está dentro de ellos.
En la educación, la vida de la mente avanza gradualmente del experimento científico
a
la teoría intelectual, al sentimiento espiritual, y luego a Dios.
Aún seguimos examinando las conchas marinas como si fueran todo cuanto emerge
del mar de la vida a la costa del día y de la noche.
El árbol que planea engañar a la vida viviendo a la sombra, se marchita al ser
arrancado y replantado bajo el sol.
Los idiomas, los gobiernos y las religiones se forman del polvo dorado que se eleva
a
ambos lados del camino por el que la noble vida del hombre avanza.
El Espíritu de Occidente es nuestro amigo si lo aceptamos, pero nuestro enemigo si
nos dejamos poseer por él; nuestro amigo si le abrimos nuestros corazones, nuestro
enemigo si se los entregamos; nuestro amigo si tomamos de él lo que nos conviene,
nuestro enemigo si dejamos que nos use a su conveniencia.
78 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación
El agotamiento condena a todas las naciones y a todos los pueblos; es una agonía
El agotamiento condena a todas las naciones y a todos los pueblos; es una agonía
somnolienta, la muerte en una especie de letargo.
El alfarero puede modelar una jarra de vino con arcilla, pero no con arena ni con
grava.
La aflicción y los lamentos son propios de aquellos que, hallándose ante el trono de
la vida, parten sin dejar en sus manos ni una gota del sudor de sus frentes ni de la
sangre de sus corazones.
Devoramos el pan de la caridad porque estamos hambrientos; nos revivifica, luego
nos mata.
¡Qué horrible es el afecto que pone un ladrillo en un lado de una estructura y
destruye una pared en el otro lado!
¡Qué salvaje es el amor que planta una flor y desarraiga un campo; que nos revive
por un día y nos confunde por una eternidad!
Los medios para revivir una lengua están en el corazón del poeta y en sus labios y
entre sus dedos. El poeta es el intermediario entre el poder creador y la gente. Es
el telégrafo que transmite las noticias del mundo del espíritu al mundo de la
investigación. El poeta es el padre y la madre de la lengua, que va donde él vaya.
Cuando el poeta muere, la lengua permanece postrada sobre su tumba, gimiendo
abandonada, hasta que otro poeta viene y la levanta.
La calamidad de los hijos estriba en las dotes de los padres. Y aquél que no las
niegue, permanecerá esclavo de la Muerte hasta que muera.
Los estremecimientos de la gente sacudida por la tormenta de la vida los hace
parecer vivos. Pero en realidad han estado muertos desde el día de su nacimiento y
yacen insepultos, y el hedor de la decadencia emana de sus cuerpos.
Los muertos tiemblan ante la tempestad pero los vivos caminan con ella.
Extraños son los que se adoran a sí mismos, puesto que adoran carroña.
Hay misterios en el alma que ninguna hipótesis puede descubrir ni ninguna conjetura
revelar.
Porque nació del miedo y vive como un cobarde, el hombre se esconde en las
grietas de la tierra cuando ve acercarse la tempestad.
El pájaro posee un honor que el hombre no posee. El hombre vive atrapado por sus
leyes y tradiciones fabricadas; pero los pájaros viven de acuerdo con la ley natural
de Dios, que hace que la tierra gire alrededor del sol.
Una cosa es creer, y otra es hacer. Muchos hablan como el mar pero sus vidas son
79 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación

pantanos estancados. Otros elevan sus cabezas por encima de las cumbres de las montañas, mientras sus almas se adhieren a las oscuras paredes de las cavernas.

La adoración no requiere reclusión ni soledad.

La

adoración no requiere reclusión ni soledad.

La plegaria es el canto del corazón que se abre paso hasta el trono de

La

plegaria es el canto del corazón que se abre paso hasta el trono de Dios aún

cuando se enmarañe entre los lamentos de miles de almas.

Dios hizo que nuestros cuerpos fueran templos para nuestras almas, y deben mantenerse fuertes y

Dios hizo que nuestros cuerpos fueran templos para nuestras almas, y deben mantenerse fuertes y limpios para ser dignos de la deidad que los ocupa.

¡Qué distante me siento de la gente cuando estoy con ella, y qué próximo cuando

¡Qué distante me siento de la gente cuando estoy con ella, y qué próximo cuando estoy lejano!

La gente respeta la maternidad solamente cuando usa el ropaje de sus leyes.

La

gente respeta la maternidad solamente cuando usa el ropaje de sus leyes.

El amor como la muerte, todo lo cambia.

El amor como la muerte, todo lo cambia.

Las almas de algunos son como pizarras escolares donde el Tiempo escribe signos, reglas y

Las almas de algunos son como pizarras escolares donde el Tiempo escribe signos, reglas y ejemplos, inmediatamente borrados con una esponja húmeda.

La realidad de la música está en esa vibración que permanece en el oído después

La

realidad de la música está en esa vibración que permanece en el oído después

de

que el cantante termina su canción y el músico no pulsa ya las cuerdas.

¿Qué diré de aquel que me pide prestado dinero para comprar una espada con la

¿Qué diré de aquel que me pide prestado dinero para comprar una espada con la que atacarme?

Mi enemigo me dijo: "Ama a tu enemigo." Y yo le obedecí y me amé

Mi

enemigo me dijo: "Ama a tu enemigo." Y yo le obedecí y me amé a mí mismo.

El negro le dijo al blanco: "Si fueras gris sería indulgente contigo."

El negro le dijo al blanco: "Si fueras gris sería indulgente contigo."

Muchos que conocen el precio de todo, de todo ignoran su valor.

Muchos que conocen el precio de todo, de todo ignoran su valor.

La historia de todos los hombres está escrita sobre sus frentes, pero en un idioma

La

historia de todos los hombres está escrita sobre sus frentes, pero en un idioma

que nadie, excepto aquél que recibe una revelación, puede leer.

Muéstrame el rostro de tu madre; yo te diré quién eres. Conozco a tu padre;

Muéstrame el rostro de tu madre; yo te diré quién eres. Conozco a tu padre; ¿cómo pretendes que no lo conozca a él?

La libertad de aquel que de ella alardea es una esclavitud.

La

libertad de aquel que de ella alardea es una esclavitud.

Algunos me agradecen públicamente, no para expresarme su gratitud, sino para hacer público que han

Algunos me agradecen públicamente, no para expresarme su gratitud, sino para hacer público que han percibido mi talento y ser, así, admirados.

El buen gusto no estriba en elegir correctamente, sino en percibir en algo la unidad

El buen gusto no estriba en elegir correctamente, sino en percibir en algo la unidad natural entre sus cantidades y cualidades.

La vulgaridad de algunos es preferible a la delicadeza de otros.

La vulgaridad de algunos es preferible a la delicadeza de otros.

 

80 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación

Cuando la gente aborrece aquello que no puede comprender, es como aquel que arde de fiebre y a quien el manjar más exquisito le resulta insulso.Amo a los niños de rostro lampiño, y también a los barbados hombres maduros, si

Amo a los niños de rostro lampiño, y también a los barbados hombres maduros, si es que en verdad han dejado la cuna y los pañales.y a quien el manjar más exquisito le resulta insulso. El lobo devora al cordero en

El lobo devora al cordero en la oscuridad de la noche, pero las manchas de sangre subsisten al día siguiente.si es que en verdad han dejado la cuna y los pañales. Las épocas en marcha

Las épocas en marcha pisotean las obras del hombre, pero no arrasan con sus sueños ni debilitan sus impulsos creadores. Estos permanecen porque forman parte del Espíritu Eterno, aunque se oculten o se duerman de tanto en tanto, imitando al sol en el crepúsculo, y a la luna al alba.pero las manchas de sangre subsisten al día siguiente. La joven libanesa es como una fuente

La joven libanesa es como una fuente que mana del corazón de la tierra y fluye a través de sinuosos valles. Como no puede hallar salida al mar, se convierte en un calmo lago que refleja sobre su creciente superficie las resplandecientes estrellas y la brillante luna.imitando al sol en el crepúsculo, y a la luna al alba. ¿Acaso no he sobrevivido

¿Acaso no he sobrevivido al hambre y la sed, sufriente y burlado por el bien de la verdad que el cielo ha despertado en mi corazón?las resplandecientes estrellas y la brillante luna. La verdad es la voluntad y el propósito de

La verdad es la voluntad y el propósito de Dios concretados en. el hombre. 

 

Seguiré el sendero hasta donde mi destino y mi pasión por la Verdad me lleven.y el propósito de Dios concretados en. el hombre.   El hombre que hereda su riqueza

El hombre que hereda su riqueza construye su mansión con dinero arrebatado al débil y al pobre.hasta donde mi destino y mi pasión por la Verdad me lleven. Los últimos pasos del

Los últimos pasos del pájaro asesinado son dolorosos, involuntarios y ciegos; pero aquellos que presencian esa espantosa danza, saben qué la causó.su mansión con dinero arrebatado al débil y al pobre. Es un traidor aquel que utiliza

Es un traidor aquel que utiliza las Sagradas Escrituras como una amenaza paraque presencian esa espantosa danza, saben qué la causó.   obtener dinero un hipócrita aquel que

 

obtener dinero

un hipócrita

aquel

que usa

 

la

cruz

como espada

un lobo

disfrazado de cordero

 

un glotón aquel que adora la buena mesa más que los

altares

una criatura hambrienta de riqueza aquella que corre detrás de una moneda

que rueda hasta las más remotas tierras

un tramposo aquel que hurta a las viudas

a los huérfanos. Ese es un ser monstruoso, con pico de águila, garras de tigre, dientes de hiena, y colmillos de víbora.

y

Dios ha hecho alados vuestros espíritus para volar por el vasto firmamento del Amorde tigre, dientes de hiena, y colmillos de víbora. y   y la Libertad. Qué lamentable

 

y

la Libertad. Qué lamentable es que cercenéis vuestras alas con vuestras propias

manos y que vuestro espíritu sufra arrastrándose sobre la tierra como un gusano.

 

L

A

S

N

U

E

V

E

D

E

S

D

I

C

H

A

S

Desdichada la nación que abandona la religión por la creencia, el sendero en el campo por el callejón en la ciudad, la sabiduría por la lógica.E V E D E S D I C H A S   81 De 525

 

81 De 525 - 22 de febrero de 2006 - Obras de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - Recopilación

Desdichada la nación que no hila lo que usa, ni planta lo que come, ni
Desdichada la nación que no hila lo que usa, ni planta lo que come, ni prensa la uva
para el vino que bebe. Desdichada la nación conquistada que ve la pompa del
vencedor como la perfección de la virtud, y ante cuyos ojos la fealdad del
conquistador es belleza.
Desdichada la nación que combate los agravios en sueños, pero se doblega ante el
mal en la vigilia.
Desdichada la nación que no eleva su voz salvo en los funerales, que sólo ante la
tumba muestra aprecio, que espera para rebelarse hasta que su cuello está bajo el
filo de la espada.
Desdichada la nación cuya política es sutileza, cuya filosofía es prestidigitación, cuya
industria es remiendos. Desdichada la nación que recibe a un conquistador con
pífanos y tambores, y que luego lo abuchea para recibir a otro conquistador con
cantos y trompetas.
Desdichada la nación cuyo sabio no tiene voz, cuyo campeón es ciego, cuyo abogado
es un charlatán.
LAS ARTES DE LAS NACIONES
El arte de los egipcios está en lo oculto.
El arte de los caldeos está en el cálculo.
El arte de los griegos está en la proporción.
El arte de los romanos está en el eco.
El arte de los chinos está en la etiqueta.
El arte de los hindúes está en sopesar el bien y el mal.
El arte de los judíos está en su sentido de la predestinación.
El arte de los árabes está en la reminiscencia y la exageración.
El arte de los persas está en la melindrosidad.
El arte de los franceses está en el refinamiento.
El arte de los ingleses está en el análisis y la autocomplacencia.
El arte de los españoles está en el fanatismo.
El arte de los italianos está en la belleza.
El arte de los alemanes está en la ambición.
El arte de los rusos está en la tristeza.
EL FEZ Y LA INDEPENDENCIA