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INTRODUCCIÓN A LA SOCIEDAD TEOSÓFICA Y

LA TEOSOFÍA

COMPILACIÓN

Por qué no imponemos creencias? Annie Besant

Qué es la S. T.
El trabajo esencial de la S. T. Radha Burnier
La tarea de la S. T. Annie Besant
Palabras de H. P. B. sobre la S. T.
Propósito fundamental de la S. T. – A. Suryanarayam Moorti
El objeto de la S. T. – A. Suryanarayam Moorti
El papel de la S. T. – Norbert Laupert
Los propósitos de la S. T. – Radha Burnier
El Propósito de los objetivos de la S. T. – Joy Mills

El descubrimiento revolucionario de la Teosofía. – Geoffrey Hogson

La Teosofía, una síntesis comprensiva. – N. Sri Ram


Los fundamentos de la Teosofía. – John Algeo
¿Qué es la Teosofía? – H. P. Blavatsky
Teosofía y Verdad. – John Algeo

Los Teósofos. - Radha Burnier


¿Qué son los Teósofos? – H. P. Blavatsky
No hay otro camino por seguir. – Radha Burnier
El miembro de la S. T. y su vida diaria. – Radha Burnier
El trabajador teosófico. – N. Sri Ram
¿Soy yo un Teósofo? - S. Narayan
El Teósofo equilibrado. – John Coats

Los poderes latentes en el hombre. – Radha Burnier

No hay religión más elevada que la Verdad. – Radha Burnier

La escala de oro. – Narayan Mahapatra


La escala de oro y nuestra tarea. – Radha Burnier

El emblema de la S. T.

Frutos del estudio teosófico. - C. W. Leadbeater

POR QUÉ NO IMPONEMOS CREENCIAS


Annie Besant

La Sociedad Teosófica existe para estudiar y difundir Teosofía. Esto significa:


1°, difundir el pensamiento de que el hombre puede obtener el conocimiento directo de
Dios; 2°, indicar el camino abierto hacia los Maestros de la Sabiduría, el cual pueden
recorrer todos los que lo quieran; y, 3°, mostrar que las religiones del mundo tienen una
base común y tratar de evocar tolerancia mutua a base de comprensión. En estos tres
puntos está lo que significamos por Teosofía.
Ahora bien, a algunas personas les parece raro que una Sociedad que existe para
estudiar y difundir Teosofía, no ponga como condición para ser admitido a sus filas la
aceptación de ciertas creencias. Esto lo consideran muy extraño y excéntrico. Y nos
preguntan “¿Cómo esperan entonces que sus miembros difundan la Teosofía? ¿Qué
garantía tienen ustedes de que su Sociedad triunfará en la tarea para la cual existe?”
Estas preguntas son muy naturales, pues estamos muy acostumbrados a la
imposición de credos. Como se nos dice tan a menudo que debemos creer esto y no
creer aquello, cuando nos encontramos ante un grupo de personas presumiblemente
sanas, reunidas para un objetivo particular, para recopilar, estudiar y difundir ciertas
ideas, naturalmente decimos: “bueno, ustedes deben hacer de la aceptación de esas ideas
una condición para ser admitidos”. ¿Qué sería una Sociedad Química si sus miembros
no fueran químicos? ¿De qué serviría una Sociedad Geográfica si sus miembros no
viajaran por el mundo ensanchando los límites del conocimiento de la geografía? Y así
sucesivamente. Por eso parece por el momento que somos extraños, con nuestra
carencia de una base dogmática o de credo sobre la cual pueda edificarse nuestra
Sociedad.
Y no obstante tenemos una razón muy real y muy seria para no preguntarle a
ningún ser humano, cuando solicita admisión, “Qué cree usted?” No le preguntamos si
es hindú o budista, o parsi, o musulmán, o jaino o cristiano. No le preguntamos sino una
sola cosa: “¿Está dispuesto a aceptar nuestros objetivos?” Y el primero de ellos es
formar un núcleo de fraternidad universal sin distinción de credo, de sexo, de raza, de
casta o color. Vivir con los hombres como formando una Hermandad, ese es el gran
objetivo de nuestra Sociedad. Y los otros objetivos son: estudiar religión y mitología
comparadas, y estudiar los poderes latentes en la naturaleza y en el hombre. Tales son
nuestros objetivos formulados.
¿Cómo, entonces, suponemos que nuestros miembros llegarán a aceptar la
Teosofía y difundirla? Porque sostenemos que ningún hombre debe aceptar la
formulación de una verdad que él mismo no ha estudiado, y que ha recibido porque ve
que es cierta. Porque creemos que la única condición para el adelanto intelectual es el
ejercicio libre de la inteligencia sobre cualquier tema que se le someta. Porque
pensamos que profesar una creencia sin investigación, muestra una concepción
enteramente falsa de lo que realmente es el ser humano, especialmente si esa profesión
de creencia es impuesta por autoridad, o es una condición para ganar alguna ventaja.
Con el conocimiento no se trafica. La verdad no se compra. Que uno realmente
crea o no en algo, depende enteramente de que uno vea que es verdad. Y solamente
puede verlo si usa su razón para juzgarlo, y si por propio estudio lo asimila hasta que se
vuelve parte de su mente. La verdad se ve en el momento en que, al trepar por el monte
del conocimiento, llega uno a un punto en donde esa verdad se hace visible a sus ojos.
¿Qué pensaríamos de alguien que , señalándonos un lado del monte, antes de
permitirnos ascenderlo, nos dijera: “usted tiene que creer que cuando vaya en la mitad
verá tal y tal aldea allá abajo”. Como hombres le diríamos: “Déjeme trepar y entonces
yo sabré si existe o no una aldea donde usted dice; yo nunca he estado allí, nunca la he
visto; no me interesa aceptar la autoridad de su declaración, y mientras yo no la haya
visto no hay razón para que usted me exija que crea que existe.”
A medida que uno crece en conocimiento, una verdad tras otra entra dentro del
alcance de su inteligencia. Profesar creencias antes de haber estudiado, es irracional y
necio. Primero estudiar y luego creer.
Pero podría decirse: “Cómo puede uno estar seguro de que llegará a la verdad?”
Primero, tenemos fe en la verdad. Tenemos fe en que no se necesita más que verla para
aceptarla. Y creemos que así es, porque el hombre por la naturaleza de su constitución,
tiene como un aspecto de su consciencia el poder de conocer lo que está fuera de él. Sus
sentimientos están dentro de él, como determinación propia a la acción. Pero su
intelecto tiene ojos que se abren hacia fuera, al mundo que lo rodea. Y por eso es capaz
de conocer. En uno de los Upanishadas se dice con relación al intelecto, “su naturaleza
es el conocimiento”.
Somos un reflejo de la Naturaleza Divina, y un aspecto de es esa Naturaleza es
el conocimiento. Ese aspecto divino de conocimiento responde a Dios en el universo
externo, en donde El está velado en los objetos del conocimiento. El Dios interno mira
al Dios externo y conoce los objetos, los asimila, los reproduce. Pero la condición para
ello es la acción de la inteligencia, sin ningún soborno que la tiente, y sin ninguna
amenaza que la paralice. De ahí que estemos a favor de la libre investigación. Nos
damos cuenta de que la verdad es una cosa tan grande, que responde de tal manera a la
índole humana que es verdad, que cuando la verdad interna ve la verdad externa, el
intelecto es como la cuerda que responde a una nota sola. Tal como uno afina el violín
con otro violín, o con el piano que va a acompañarlo, y tal como el pulsar las notas es
suficiente para saber si están o no a tono, así también al pulsar la nota de la verdad en el
hombre por un hecho externo, suena un acorde o una discordancia que el hombre puede
notar, pues toda falsía es discordancia y toda verdad es acorde. Y cuando lo externo y lo
interno se corresponden entre sí, se tiene la verdad. Nunca de otra manera. Esa es una
razón para que no exijamos profesión ninguna de creencia.
Hay otra razón. Somos criaturas en evolución. No hemos llegado al final de la
evolución. No conocemos el total de la verdad. La verdad es infinita como Dios es
infinito; y un universo infinito dentro y fuera de nosotros se extiende más allá de todos
los límites de espacio y tiempo. ¿Cómo hemos de atrevernos en esta temprana etapa de
evolución, a formular una verdad para imponerla a nuestros hermanos, cuando no
conocemos sino un fragmento de cualquier verdad, y a menudo no lo conocemos sino
imperfectamente?
Podemos presentar una verdad. Es una piedra miliar en el camino de la
evolución, y como tal es interesante. Muestra el punto hasta donde ha llegado el
pensamiento humano sobre alguna verdad particular. Pero el sitio de la piedra miliar
está al lado del camino para indicar qué tanto ha viajado un hombre. Y si en vez de
poner la verdad como una piedra miliar en el camino, la ponemos como un dogma,
como una barrera a través del camino, entonces cómo podrán las generaciones futuras
conquistar verdades más elevadas y conocimientos más amplios? Primero tendrían que
detenerse y volver añicos el obstáculo.
Esto es lo que muchos de nosotros hemos hecho, en aquel día amargo cuando
descubrimos que lo que se nos había enseñado como verdad se desmoronaba al toque de
la razón, y se rompía bajo nuestros pies como un puente carcomido, en la hora en que
más dolorosamente lo necesitábamos. ¿Volveremos a cometer ese error? Tuvimos que
romper los dogmas de nuestros antepasados. ¿Construiremos nuevos dogmas para que
nuestros descendientes tengan que romperlos, y sufrir al hacerlo como sufrimos
nosotros?
En vez de ello, confiemos en la verdad como confiamos en la luz solar. No
necesitamos probar que el sol existe. Se prueba él mismo al iluminar todo el universo en
su ámbito. No se necesita prueba alguna para la verdad. Se prueba ella misma por su
propia luz inherente.
Por eso entre nosotros ninguno habla con autoridad de compulsión. Los que más
saben no pueden forzar a los que saben menos, a aceptar lo que dicen. Tal es el principio
general de nuestra Sociedad.

The Theosophical Review mayo 1971


QUÉ ES LA S.T.?

"La S.T. es un instrumento para producir la regeneración y una nueva mente humana."
Radha Burnier

Declarar lo que la S.T. no es, se hace necesario porque ha sido identificada con ciertos
tipos de actividades que no forman parte de su propósito.
La Sra. Radha Burnier decía en su libro "Regeneración Humana": "No está destinada a
ser una sociedad filosófica. No es ninguna religión (...), como tampoco algún estamento
científico (porque no puede limitarse sólo al plano físico de investigación). No es una
entidad filantrópica en el sentido exacto, que practique la caridad externa. No es una
sociedad de investigaciones psíquicas. La característica especial de la S.T. se deriva de
la aceptación de que el ser humano es un ente complejo que funciona en diferentes
niveles: físico, emocional, mental, intelectual, moral y espiritual. Debe comprenderse el
ser humano completo para producir la regeneración. No hemos de limitarnos solamente
al bienestar físico del hombre, o a los avances en el campo intelectual.
El carácter más bien sutil de la Sociedad es también un problema, en cierto modo. Si
tuviera un carácter más fácilmente definible, sería fácil comprender y explicar qué es la
Sociedad. Por el hecho de tener un trabajo más bien complejo y amplio, es difícil ayudar
a la gente a comprender cuál es su trabajo.
La S.T. es una fraternidad mundial no sectaria de personas que están buscando
seriamente el camino para que toda la humanidad alcance un verdadero estado de
felicidad." Diversos elementos extraídos de las religiones, filosofías y ciencias están
involucrados en la búsqueda de ese camino. No obstante, ninguno de ellos está resaltado
y en todo caso deben ser tomados como hipótesis a verificar.
Analicemos esto con mayor profundidad: la S.T. no es una sociedad religiosa. No tiene
Iglesias, Sacerdotes ni gurúes, no posee escrituras consideradas sagradas ni un dogma
de fe. Tampoco practica algún tipo de rito ni establece un culto que separe a las
personas. Por el contrario, es el punto de encuentro en donde sus miembros, de las más
variadas religiones y creencias a lo largo del mundo, aúnan sus esfuerzos en nombre de
lo que todos tenemos en común -La Vida Divina- respetando todas las creencias y
aprendiendo de cada una de ellas. En la S.T. se estudian e investigan las distintas
religiones en forma comparada, más allá de que sus miembros puedan o no sentirse
identificados con Jesús, el Buddha, Zoroastro, Mahoma, o cualquier otro gran Ser que
haya realizado alguna labor en el mundo. Cada uno puede seguir perteneciendo a su
propia religión, si así lo desea, pues esto es independiente del Trabajo Teosófico siempre
y cuando se muestre respeto por cualquier otra opinión. Con respecto a esto la Dra.
Annie Besant decía : "La Teosofía nos pide que vivamos nuestra religión, no que la
dejemos".
La S.T. también tiene una perspectiva filosófica que no se limita a una escuela en
particular, sino que, del modo antes descrito, estudia y compara las distintas filosofías
rescatando de cada una de ellas aquello que contribuya a nuestra propia comprensión y a
tornarnos más altruistas e inegoístas.
Por otro lado, existe además un elemento científico, ya que nuestro concepto del
universo no es irracional y muchas explicaciones de la ciencia nos permiten comprender
el funcionamiento del mismo. En este momento se está dejando la materialista teoría
mecanicista de Newton y se comienza a inquirir en conceptos mucho más "reales",
desde la teoría de la relatividad de Einstein y el advenimiento de la mecánica cuántica.
No obstante admitimos que hay profundidades que trascienden lo racional,
consideramos que la mente tiene su propio papel en el desarrollo espiritual por medio de
la comprensión, siempre que se mantenga abierta a examinarlo todo sin conclusiones
preconcebidas, dogmas o deseos personales que distorsionen la percepción del
conocimiento.
"El equilibrio entre todos estos elementos proporciona a la S.T. su carácter" dijo R.
Burnier, pues tanto la religión, como la filosofía y la ciencia forman el camino hacia la
Verdad y no son antagónicos sino complementarios.
En nuestra Sociedad, no intentamos imponer ningún dogma ni principio a los miembros;
a cada individuo se le confiere la libertad de investigar, de ver qué es aceptable para él
en el momento presente. "Creemos en la investigación, en la búsqueda del camino para
experimentar la Verdad. Hay una aparente debilidad en este planteamiento, pero en
realidad confiere fortaleza."
Cada uno de nosotros es distinto y podemos sentirnos más atraídos por alguno de estos
tres aspectos de la Verdad que por otros, según sea nuestra naturaleza mística, científica,
filosófica... por tanto, cada cual puede necesitar distintos caminos para crecer, para
llegar a ser seres humanos más fraternos. Esta libertad de los miembros, sólo es limitada
por el principio de la fraternidad. "Sería más fácil decir: esto es la Teosofía; acéptalo y
como buen estudiante que ha aprendido su lección, repítela a los demás. Pero ese no es
nuestro modo de proceder."
La Libertad y la Fraternidad son los pilares fundamentales de la S.T.; y el anhelo sincero
y desinteresado por la Verdad, lo que une a sus miembros.
Entre los miembros normalmente se maneja un cuerpo básico de enseñanzas que son
parte de la Teosofía, sin ser expuesto para aceptarse en forma de dogma. Estos
conceptos representan los principales temas de estudio sugeridos. Sin embargo, la
actitud del teósofo debe ser la de buscar la Verdad en todo lo que lo rodea, y no
limitarse a esta visión necesariamente incompleta del Universo y de su funcionamiento.
Por otro lado, de ningún modo la S.T. afirma poseer la Verdad en exclusiva o ser la
única organización "inspirada" a través de la cual se hayan enunciado los grandes
principios. Su particularidad es que intenta establecer la Fraternidad Universal sin
ningún tipo de distinción religiosa, ideológica, etc., y que en ella existe la libertad de
pensamiento como una resolución oficial, ofreciendo un espacio con todos los
elementos necesarios para investigar y construir así nuestro camino de crecimiento. En
este sentido, ninguna de las actividades debe dar como resultado una mente cerrada, o
que deje que los demás piensen por ella declarando cuál es la verdad.
A través de los años transcurridos desde la fundación de la S.T. miembros como la
Señora H.P. Blavatsky nos legaron obras de inmensa sabiduría; sin embargo, según esta
resolución oficial, ni H.P.B. ni ninguna otra persona es autoridad cuyas palabras deban
ser aceptadas por todos los miembros como una verdad.
Lo que algunas personas han dicho puede ser muy valioso, pero todo se expone a la
consideración individual. Cada presentación debe ser investigada, meditada y
experimentada en nuestra propia vida; y si luego descubrimos que (al menos para
nosotros) tiene sentido, en ese momento adquiere real significado. Con respecto a ésto,
el Sr. C.W.Leadbeater decía que "una verdad sostenida sin ninguna base propia, es una
superstición".
Podemos decir que la S.T. está compuesta por estudiantes cuyo lazo de unión no está en
la profesión de un credo común, sino en la aprobación de sus objetivos, y en su deseo de
investigar la Teosofía y de realizar una transformación interna que les permita vencer el
egoísmo. Como su asociación se basa en el fundamental respeto del derecho a la libre
investigación, los miembros tienen la libertad de aceptar, rechazar, o reinterpretar las
enseñanzas de acuerdo con su propio y personal entender.
Debe quedar claro que la S.T. no hace Teósofos. Esto es un trabajo interno y personal
que nadie puede hacer por nosotros, como tampoco puede alguien alimentarse por
nosotros. El Teósofo se forma a sí mismo en el laboratorio de la vida asimilando las
experiencias que le proporcionan los acontecimientos, para lograr la transformación
interna.
Dentro de la S.T. hay quienes lo logran y quienes no, pero ella mantiene sus puertas
abiertas a todos los que quieran intentarlo. Es el trabajo de cada uno de nosotros el
llegar a ser "verdaderos teósofos" y ayudar a los que están a nuestro alrededor a lograrlo
también en un marco de comprensión y fraternidad.

EL TRABAJO ESENCIAL DE LA SOCIEDAD TEOSÓFICA


Radha Burnier
“The Theosophist” Agosto de 1988.

Es más difícil decir lo que la Sociedad Teosófica no es que lo que es, porque
la Sociedad tiene un carácter que es una síntesis de una cantidad de diferentes
elementos. Su objetivo es ayudar a la elevación del ser humano en todos los
niveles: físico, cultural, moral, intelectual y espiritual, y su trabajo tiene
que ver con muchos aspectos de la vida, no estando limitada a un único
aspecto o nivel de la existencia y de la actividad humana.
La Sociedad Teosófica no es, por ejemplo, una sociedad filosófica en el
sentido ordinario de la palabra. Hay una filosofía profunda que nosotros
llamamos Teosofía y que, de alguna manera, está expuesta en la literatura de la
Sociedad, y que es la base de su trabajo. Pero esa filosofía no se limita a un
ejercicio especulativo o teórico. En todo el mundo hay personas ilustradas que
son capaces de discutir sobre sutiles cuestiones metafísicas o de pronunciar
eruditas conferencias, pero cuya conducta es exactamente la misma que la de la
gente corriente ante la vida diaria. Cuando hay un problema, si una esposa o un
hijo muere, por ejemplo, es probable que ante tal circunstancia sean tan poco
filosóficos como los demás. Pero la Sociedad Teosófica está interesada en
una filosofía que profundice en la naturaleza del hombre y del Universo
con el fin de producir un cambio en el ser humano y en la sociedad.
Igualmente, aunque hay una vertiente religiosa profunda en el trabajo de la
Sociedad Teosófica, no puede llamársela sociedad religiosa en el sentido
ordinaria de la palabra. HPB afirmó que la teosofía no es una religión, sino que
es religión en sí, pero no está relacionada con ninguna tradición ni con ninguna
creencia. En la Sociedad Teosófica no hay iglesias, sacerdotes ni escrituras y, al
contrario que la religión convencional, no establece un culto que separe a unas
personas de otras. La Sociedad es religiosa sólo en el sentido de que su
trabajo está relacionado con la elevación del espíritu humano al nivel más
alto.
El primer objetivo de la Sociedad Teosófica es formar un núcleo de
fraternidad universal sin distinciones. Algunos interpretan este objetivo
diciendo que los miembros de la Sociedad tienen que trabajar para aliviar la
miseria, abrir orfanatorios, salvar a los delincuentes, etc. Sin embargo, la
Sociedad Teosófica no es una organización filantrópica en ese sentido, aunque
apoye todo trabajo que se realice en beneficio de la humanidad.
Como HPB escribió: “Los teósofos son ineludiblemente los amigos de todos
los movimientos del mundo, tanto a nivel intelectual como sencillamente a
nivel práctico, que contribuyan al mejoramiento de la condición humana.
Somos amigos de aquellos que ejercen la caridad práctica, que buscan aligerar
un poco la tremenda carga que soportan los pobres. Pero en nuestra calidad de
teósofos no podemos comprometernos en ninguna de estas grandes obras en
particular. Como individuos, sí podemos hacerlo, pero como teósofos tenemos
un trabajo más grande, más importante y mucho más difícil de llevar a cabo. La
función de los teósofos es abrir el corazón y el entendimiento de los hombres a
la caridad y a la justicia, atributos que pertenecen específicamente al reino
humano y que son naturales al hombre cuando ha desarrollado las cualidades de
un ser humano. La Teosofía enseña al animal hombre a ser hombre humano;
cuando la gente haya aprendido a pensar y a sentir tal como realmente un ser
humano debería sentir y pensar, actuará humanamente y el trabajo de caridad,
justicia y generosidad se hará espontáneamente por parte de todos. “ (Mensaje a
la Convención Americana)
También podemos decir que, aunque el enfoque teosófico de estas
cuestiones de la vida es científico, es decir, basado en un espíritu racional e
investigador, no se trata de una sociedad científica con una esfera de
interés limitada al mundo de los sentidos. Similarmente, aunque el
desarrollo cultural entra dentro de la competencia de los objetivos de la
Sociedad, no puede equiparársela a organizaciones que promuevan la
cultura.
La filosofía, la religión, la ciencia, el trabajo filantrópico, la cultura, la
investigación y la búsqueda, todos estos elementos forman parte del
trabajo de la Sociedad. Tienen que combinarse en un equipo tal, sin
acentuar ninguna de las partes ni concentrarse en un solo nivel de la
existencia humana, que el trabajo de la Sociedad contribuya al bien de la
humanidad en un sentido integral. Si no se hace así, la Sociedad perderá su
carácter esencial.
Es importante reconocer que este enfoque hacia la universalidad es
fundamental para el trabajo de la Sociedad a cualquier nivel. Tanto si se trata de
una Rama, de una Federación, de una Sección o de la Sociedad en general.
Esta ha sido organizada de tal modo que no se trata simplemente de predicar la
fraternidad, sino que se trata de aunar una organización mundial de personas
que se sienten unidas unas con otras y aprendan a cooperar y a trabajar juntas
para el bienestar común. Los hombres y las mujeres de todo el mundo viven en
condiciones muy diversas que modifican su comportamiento externo de
diversas maneras, de suerte que el punto central de compartir un destino se
pierde totalmente de vista y las relaciones están llenas de tensiones y de
conflictos. El contacto con la Sociedad Teosófica debe ayudar a la gente a
darse cuenta de que cuando dañan a los demás se dañan a ellos mismos, y
que cuando aman a los demás crean felicidad para el mundo en general.
La Sociedad tiene que ser un ejemplo de cómo la humanidad puede estar unida
en sus preocupaciones mutuas.
Para lograr esto, debe mantenerse una atmósfera de universalidad donde
quiera que existan miembros. El trabajo de la Sociedad debe ayudar a la gente
a cambiar sus costumbres y modos de pensar. La costumbre más perniciosa
de la mente es dividirlo todo. Esta división es la base del conflicto y del
sufrimiento que ha sido causa de aflicción en la sociedad humana durante
siglos. La gente ha estado condicionada pensando en sí misma y en términos
de tribus, raza, nación, religión, familia, lo inferior y lo superior, etc. Por eso
uno de los Mahatmas describió a la humanidad como “pobre, pobre
humanidad” y como “la huérfana humanidad”.
El Maestro M escribió: “me viene a la memoria la antigua fábula de la
guerra entre el cuerpo y sus miembros: en este caso también, cada
miembro de esta vasta humanidad huérfana, sin padre ni madre, sólo se
preocupa egoístamente de sí misma. El cuerpo desamparado sufre
eternamente, tanto si los miembros están en guerra como en paz”.
La fragmentación de la que hemos hablado ha sido creada por la mente. A
menos que la mente abandone su costumbre de pensar en términos de
diferenciación en lugar de emprender la tarea de realizar la unidad de vida, no
puede haber un cambio fundamental en la sociedad humana, ni puede
establecerse ninguna relación basada en la verdad y en la bondad. El cambio
desde los viejos esquemas de pensamiento a los que la mente está acostumbrada
hacia una aceptación de la unidad como la verdad de la vida es un cambio
radical y conlleva una calidad creativa y una vitalidad para la mente que puede
describirse como regeneración. Por eso, desde los primeros días de la
Sociedad, la Fraternidad Universal, que es el objetivo de la misma, fue descrito
como “fraternidad regeneradora”.
Hay muchos senderos trillados en los que la mente cae, sin saber por qué lo
hace. La gente repite, inconscientemente, ideas y adapta actitudes, prejuicios y
animosidades que están en su medio ambiente. Los males que existen en la
atmósfera de una determinada sociedad son absorbidos inconscientemente por
cualquiera que no esté alerta. Por este motivo HPB insistió en que quien quiera
que busque la sabiduría debe esforzarse en liberar su mente de toda idea que
pueda haber adquirido por herencia, por educación, por el medio ambiente o de
otras personas. Esto implica que debe haber una cualidad de mente diferente
como resultado del estudio teosófico y de la comprensión, una cualidad que
encuentre su expresión natural en la acción y en la relación.
Muchas personas pueden aceptar teóricamente que, aunque existen
diferencia físicas entre los seres humanos –unos altos, otros bajos, de piel
negra, blanca o amarilla-, éstas no tienen importancia, porque todos son seres
humanos y todos experimentan las mismas penas y tienen las mismas
aspiraciones. Cuando sólo se trata de una aceptación meramente intelectual de
esta realidad, la acción en la vida diaria y la relación con los demás contradicen
el concepto de unidad. Cuando actitudes de diferenciación condicionan la
relación diaria es que la vieja mente está actuando. La fraternidad
regeneradora sólo existe cuando existe un sentido realmente profundo de
no separatividad.

La regeneración es la clave del trabajo de la Sociedad. Indica la pauta a


seguir con relación a la naturaleza del trabajo, clasifica lo que debe hacerse y
qué programas no son compatibles ni útiles. Todas las actividades de la
Sociedad Teosófica deben ir en una dirección y esa dirección debe ser la del
cambio interno hacia la Unidad, hacia la cooperación y la relación
afectuosa. En las Ramas Teosóficas y en los Grupos, muy a menudo se
realizan estudios y tienen lugar discusiones sobre los temas. ¿Cuál es el
propósito del estudio?
El estudio puede ser un mero pasatiempo o una preocupación intelectual, en
cuyo caso está vacío desde el punto de vista teosófico. O bien el estudio y la
discusión pueden ser de tal naturaleza que ayuden a la mente a liberarse de sus
prejuicios y condicionamientos y a conseguir la transformación.
Los Tres Objetivos de la Sociedad no mencionan la palabra “TEOSOFÍA”.
De modo que podemos preguntarnos qué lugar ocupa la teosofía en la
promoción de los objetivos de la Sociedad. Teosofía es sabiduría, no mero
conocimiento; es la clase de conocimiento que encuentra expresión en la recta
acción. La acción incluye no sólo la acción física, sino los pensamientos, los
sentimientos y, en realidad, todo movimiento de conciencia en el interior de
cada persona. Por lo tanto, el descubrimiento de la Sabiduría no es otra cosa
que la propia regeneración.
Puesto que el trabajo de la Sociedad debe ser llevado a cabo en una
atmósfera de universalidad, la atmósfera de cualquier Rama o Grupo debería
ser tal que cualquier persona, de Occidente o de Oriente, cristiana o
musulmana, negra o blanca, se sintiera bien recibida para participar. Los
programas no deben ser de tal naturaleza que solamente atraigan a un grupo en
particular. Hay miembros que dicen que Occidente tiene una tradición de
sabiduría, por lo cual no es necesario mirar hacia el pensamiento de Oriente.
Hay otros que son de la opinión de que en el pensamiento de la India se puede
encontrar todas las enseñanzas esenciales y que, por lo tanto, es suficiente
estudiar los Upanichads y el Bhagavad Gita. En tales casos cada grupo se
mantiene dentro de sus propios límites y cierra la puerta a los demás. Esto es
una contradicción con los propósitos esenciales de la Sociedad.
Cada Sección, Federación y Rama es la representante en su propia área de la
Sociedad en conjunto. Por lo tanto, debe encarnar las características esenciales
de la Sociedad, incluyendo la universalidad de enfoque. Sin embargo,
universalidad no significa que toda clase de ideas equivocadas,
supersticiosas o actividades frívolas tengan que ser fomentadas o incluidas
como parte del trabajo de la Sociedad. La Sociedad no puede convertirse
en un foco para toda clase de cultos, filosofías o actividades. Tiene que
utilizarse el discernimiento, y esto significa hallar aquello que aporte
calidad a la nueva mente, de la que ya hemos hablado.
El estudio comparado de la religión, que es el segundo objetivo de la
Sociedad, no implica que todas las religiones y todas las enseñanzas sean
igualmente buenas. En todas las religiones hay supersticiones y aportaciones
inútiles o realmente indeseables. Si a los seguidores de las distintas religiones
se les pidiera que dieran charlas en una Rama Teosófica y lo hicieran desde un
punto de vista estrecho o dogmático, ¿en qué ayudaría esto al trabajo de la
Sociedad?. Es bueno apreciar todo lo que hay de valioso en todas las
religiones; es igualmente necesario tener discernimiento y promover solamente
aquello que ayudará a la gente a ser más sabia, más altruista y más amable. Los
que entran en una Rama teosófica deben ser capaces de alcanzar nuevas
visiones internas relativas al hombre y a su relación con la creación. Las
conferencias que tratan de un tema de tal forma que promuevan la división, la
fe ciega o el dogmatismo, no son apropiadas para la Sociedad Teosófica.
Otro punto de importancia se deriva del hecho de que la verdad sólo puede
verla cada persona por sí misma. La belleza de una puesta de sol descrita por
cualquiera nunca aportará la experiencia de esa belleza. La descripción sólo
puede dar un indicio. La repetición de las ideas de otros, o el adaptarse a una
creencia en una tradición particular no es lo mismo que ver. El instrumento
para ver es la visión de la propia conciencia. Hay algunas cosas que nadie
puede hacer por otro. Si uno está enfermo, no dejará de estarlo porque otro se
tome la medicina en su lugar. Igualmente, nadie más puede impartir las
verdades más profundas a otro, a menos que trabaje en su propia
naturaleza y se prepare a ser receptivo. Sólo cuando su conciencia sea
pura, limpia, sensible y capaz de responder a un nivel sutil y profundo,
puede conocer realmente las verdades de la vida. Así pues, cada persona
debe purificar su propia conciencia para recibir la luz. Pureza significa
falta de egolatría. Por eso HPB dice: La ética del alma es la teosofía. La
mente impura puede ser inteligente y realizar una bella exposición de
ideas, pero eso es todo.
Por lo tanto, la auto-preparación es un aspecto importante del trabajo
teosófico. Es importante porque cuando una persona llega al umbral de la
perfección de la verdad, todo cambia en su vida y tiene además el poder de
inducir cambios a su alrededor. Hay muchas cosas en la vida para ver y para
conocer. La más importante de todas es tomar conciencia de sí mismo del
significado de la vida y percibir la verdadera relación entre muchas existencias
entre sí. El que ve este significado no puede ser destructivo. Una persona que
percibe la belleza en una flor –la belleza siempre es un medio para ver el
significado- trata a la flor con cuidado y delicadeza, y su relación con ella es
importante. Pero el que no ve la belleza, la gloria y el significado de la flor, la
arroja lejos de sí. Los que descubren la verdad de la vida jamás pueden ser
destructivos. Los que ven la verdad son personas amantes y compasivas. La
mayor parte de la gente da un valor especial a algunas personas o a alguna cosa
y entonces queda apegado a ella. Este no es el verdadero despertar de su
naturaleza esencial. Pues este apego da nacimiento a un deseo para obtener
algún beneficio –físico o psicológico- de esa persona o cosa. Cuando la mente
es sensible y diáfana, es decir, cuando es realmente capaz de ver, ve un
significado en toda vida porque toda la vida está llena de significado. Por eso
la mente debe aprender a ver esa visión que tiene que llegar de dentro.
Por lo tanto, cualquier clase de actividad, cualquier programa o enseñanza
que ignore la necesidad de la auto-purificación y de la verdadera visión y que
en cambio anime a los demás a la conformidad, a la creencia, a la obediencia y
a la dependencia, no está sincronizada con el espíritu de la Sociedad Teosófica.
Ninguna de nuestras actividades debería dar como resultado la cerrazón de la
mente, dejando que los demás piensen por nosotros, diciéndonos lo que es la
verdad. Hay una declaración oficial de la Sociedad según la cual ni HPB, ni
nadie es una autoridad en la Sociedad Teosófica cuyas palabras deban ser
aceptadas por todos los miembros como la verdad. Lo que algunas personas han
dicho puede ser muy valioso, pero toda literatura de la Sociedad se expone sólo
a la consideración de los demás. Cada presentación debe ser investigada,
experimentada y comprendida en relación a las situaciones y a los problemas de
la propia vida. Si a través de este testimonio se descubre que vale la pena, o
que es verdad, entonces tiene un significado diferente. Por lo tanto, una parte
esencial del trabajo teosófico es mantener el espíritu de la libre
investigación, del pensamiento profundo, de la mente abierta y de la
disposición a hacernos responsables de nosotros mismos.
Todo el trabajo dentro de la Sociedad tiene que hacerse con un espíritu de
anonimato y no con una sentido de la propia importancia. No queremos crear
dentro de la Sociedad personalidades en las cuales depositemos toda la
responsabilidad de nuestro propio progreso. Cada persona es responsable de
sus propios actos. La naturaleza de la mente no regenerada puede resumirse en
la palabra “egoísmo”. La esencia de la ignorancia es el sentimiento de
“yoidad” que se expresa de muchas maneras diferentes. Se demuestra no sólo a
través de ataques y prejuicio, sino también en forma de la propia satisfacción y
el propio interés. Y aún cuando exista en forma artera y disimulada, puede
ponerse de manifiesto en cualquier momento y hacer estragos. El deseo de ser
conocido como persona capacitada, como guru, como buen conferenciante o
buen líder, etc, sólo es egoísmo. Es una acción egoísta que está destruyendo la
estructura social. Por lo tanto, nuestra Sociedad no debería crear una
plataforma para el egoísmo. Un espíritu de autosacrificio, de trabajo altruista, es
esencial para que triunfen los objetivos de la Sociedad.
A menos que los elementos esenciales se mantengan en el trabajo de la
Sociedad, ninguna propaganda favorecerá la causa. Pero si el espíritu que anida
el trabajo es recto, entonces adoptara medidas adecuadas que puedan servir al
propósito. Por lo tanto, la comprensión del verdadero carácter de la Sociedad es
de primordial importancia. No es precisamente lo que hacemos lo que hace
que el trabajo de la Sociedad sea teosófico, sino la calidad de nuestra
mente y el espíritu de comprensión y de altruismo que le aportamos.
Cuando esa calidad existe, una influencia espiritual invade el trabajo y afecta a
los demás, ayudando a conseguir la transformación del mundo. Por eso los
miembros de la Sociedad tienen que ser personas que trabajen para la liberación
de la mente y estén llenas de espíritu de cooperación y de afecto en sus
relaciones. En la India existen templos con una estructura de miles de
columnas. Cada columna es importante porque sostiene una parte del peso del
templo. El trabajo de la Sociedad Teosófica debe ser así, con cada miembro
compartiendo la responsabilidad.

LA TAREA DE LA SOCIEDAD TEOSÓFICA


Annie Besant The Theosophist, agosto 1897.
H. P. Blavatsky, nuestra reverenciada instructora, trazó con claridad y firmeza las
líneas por las cuales intentaban que trabajara la S. T. aquellos que la utilizan como uno
de sus canales para llevar ayuda espiritual al hombre. El Maestro conocido por las
iniciales K. H. le escribió:
“Puede usted hacer un inmenso bien ayudando a dar a las naciones
occidentales una base segura sobre la cual reconstruyan su tambaleante fe. Lo que
necesitan es la evidencia que sólo puede darles la psicología asiática. Désela y hará
felices a miles de almas...
“este es el momento de guiar el impulso recurrente que ha de venir pronto, y
que empujará la era hacia el ateísmo extremo o la arrastrará al sacerdotismo extremo,
si no es conducida por la filosofía de los Arios que satisface el alma. Usted y sus
colegas pueden ayudar a proveer los materiales para una filosofía religiosa universal
como la que se necesita; una filosofía inexpugnable a los asaltos de los científicos
porque es ella misma la culminación de la ciencia absoluta; y una religión que sea en
verdad digna de ese nombre porque incluye las relaciones del hombre físico con el
hombre psíquico, y de ambos con todo cuanto está por encima y por debajo de ellos...
“El propósito principal de la S. T. es extirpar las supersticiones y escepticismos
corrientes, y extraer de antiquísimas fuentes seguras la prueba de que el hombre puede
configurar su propio destino futuro y saber con certeza que puede vivir eternamente.”
Darle un sólido cimiento a las tambaleantes religiones, y destruir las
supersticiones y la incredulidad, tal fue el deber que le impusieron a la S. T. Aquellos
que enviaron a H. P. Blavatsky como su mensajera al mundo moderno. Su proclamación
de la fraternidad se basa en el hecho de que todos los hombres comparten una misma
naturaleza espiritual y han de alcanzar finalmente una meta espiritual. Y su apelación a
los hombres de todas las fees, a unirse en una única plataforma de respeto mutuo y
tolerancia, se substancia en las pruebas de que todas las religiones surgieron de una
fuente común.
La idea de que los males del mundo surgieron de la ignorancia, ya sea que esa
ignorancia tome la forma de superstición o de incredulidad, le dio a los métodos de la S.
T. la marca distintiva de que lo que ha de buscar es extirpar la ignorancia más bien que
destruir uno a uno los innumerables males que van apareciendo en la superficie de la
sociedad moderna. En vez de podar la maleza dejando que las raíces sigan produciendo
nuevos retoños, la Teosofía extirpa las raíces mismas y de este modo evita que crezca
una nueva cosecha de maleza.
El trabajador teosófico dejará que los que no comparten sus conocimientos de
las causas luchen perpetuamente contra los efectos; y se ocupará principalmente de
erradicar las causas mismas. Enseñará que todas las malas obras surgen del mal pensar;
que cada vida está ligada por una ley inviolable con las vidas que la precedieron y las
que han de seguirla; que comprendiendo los principios subyacentes en todos los
fenómenos, se puede edificar el carácter; que el destino puede ser controlado; que
rastreando las fuentes de las dificultades actuales se las puede encarar con inteligencia y
fortaleza, y utilizarlas en servicio de los propósitos del Alma.
Este método diferencia al trabajador teosófico de los que están dedicados
únicamente a aliviar las dolencias físicas del hombre. A ambos los mueve el
reconocimiento de la hermandad humana, y se acompañan en el trabajo por la
humanidad; ambos son necesarios como auxiliares de la humanidad en la época actual.
La filantropía que se ocupa de alimentar al hambriento, de vestir al desnudo, de dar
abrigo a los que carecen de hogar, está haciendo trabajo útil y noble al encarar los
efectos de causas pretéritas.
La Teosofía, que ilumina las mentes pensantes revelándoles las causas ocultas
del dolor, y predica a todas las doctrinas simples y sublimes la fraternidad,
reencarnación y karma, está haciendo el trabajo mucho más duro e ingrato de extirpar
las causas del hambre y de la miseria, y de este modo tapona el arroyo de donde brota la
corriente de males que afligen a la humanidad.
En todo caso, los Teósofos individuales que no hayan dominado todavía
suficientemente los principios de la profunda filosofía teosófica para poder ayudar a
otros a entenderlos, bien pueden tomar parte en planes de beneficencia física activa;
ninguno está exento del deber de la caridad personal y de responder prestamente a toda
solicitud de ayuda que sea capaz de dar.
“El que no practica el altruismo, el que no está preparado a compartir su
último bocado con alguien más pobre o más débil que él; el que descuida ayudar a su
hermano de cualquier raza o nación o credo, y se hace sordo a los clamores de la
miseria humana; el que oye que se calumnia a un inocente, sea o no Teósofo, y no se
atreve a salir en su defensa como si se tratara de él mismo, no es un Teósofo.”
Todo Teósofo individual debiera ser un “hermano” que presta ayuda fraternal a
todos los que encuentra, conforme a sus capacidades físicas, emocionales, mentales y
espirituales.
Pero el trabajo de la S. T. como institución no es el de alimentar los cuerpos,
sino el de alimentar las almas con el pan de sabiduría; debe ser portadora de la luz de
verdad y conocimiento que disipa las tinieblas de la ignorancia; debe, como los
Apóstoles del Cristo, preferir la enseñanza de la Palabra de Dios a servir en las mesas.
El método del trabajador teosófico se diferencia del de el religionista exotérico
en su poder de justificar ante el intelecto lo que las religiones enseñan dogmáticamente.
Demuestra las bases científicas en que se fundamentan todos los preceptos morales, y
de este modo suministra el “imperativo categórico” que responde a la pregunta “¿Por
qué debo hacer esto cuando los impulsos de mi naturaleza me llaman a lo contrario?”
Explica la constitución del hombre en sus aspectos superior e inferior, y da el
conocimiento exacto que lo capacita para purificar lo inferior y desarrollar lo superior.
En vez de repetir máximas morales, “sé bueno, haz bien”, muestra los pasos por los
cuales el hombre puede volverse bueno con seguridad y puede hacer el bien con
precisión.
Sabiendo que las masas humanas obedecerán siempre a la autoridad que
intuitivamente reconocen, el Teósofo enseñará las doctrinas de la fraternidad,
reencarnación y causación, que son fáciles de entender; pero también pondrá filosofía y
ciencia en su ayuda a la religión entre las gentes pensantes y educadas que están
cayendo en el escepticismo porque sus intelectos no están satisfechos.
El Teósofo sabe que los hombres pueden lograr conocimiento directo de los
mundos invisibles, y que las enseñanzas de sabios y videntes pueden ser comprobadas
hoy tanto como en la antigüedad; que la vida del hombre espiritual puede estar llena de
sabiduría y poder ahora tanto como cuando Buda recorrió las llanuras de India o como
cuando Cristo caminaba por Galilea.
Poniendo de este modo al alcance de los hombres la comprobación de verdades
espirituales y las pruebas de fuerzas espirituales, y la naturaleza experimental de la vida
espiritual, el Teósofo cumple la tarea encargada a la Sociedad Teosófica y muestra por
todas partes que es amiga de la religión y enemiga del materialismo.
Por consiguiente, los Teósofos deben ser estudiantes, y deben equiparse para su
gloriosa tarea dominando los principios expuestos en su filosofía y aprendiendo a
aplicarlos a las circunstancias de la vida individual, de familia, social y nacional.
Toda religión exotérica envía centenares de jóvenes que pueden repetir con
alguna elocuencia las enseñanzas de la moral y que pueden hacer labor útil entre los
ignorantes repitiéndoselas de modo impresionante, introduciéndolas en sus mentes a
fuerza de promesas y amenazas tales como las que sus religiones aprueban.
La S. T. debiera entrenar en sus Ramas para enviarlos al mundo, instructores
bien preparados en la Sabiduría Divina. Las enseñanzas que en tiempos antiguos fueron
dadas al mundo por Kapila y Sankaracharya, por Pitágoras y Platón, por Valentino y
Plotino, por Bruno y Parascelso, por Boheme y H. P. Blavatsky, no deben ser
presentadas en nuestro siglo de modos incompetentes e irresponsables. Algo más se nos
exige a nosotros si queremos aventurarnos a presentarnos ante el mundo como
exponentes de la Teosofía.
La misma H. P. Blavatsky nos muestra un ejemplo que haríamos bien en tratar
de seguir. Se entregó totalmente, sin reservas, al trabajo de adquirir y difundir el
conocimiento de verdades espirituales. Enseño con infatigable energía, con la pluma y
con su voz; erigió el espléndido monumento de la Doctrina Secreta como su mejor
dádiva al mundo; se opuso con toda su energía al materialismo de la ciencia, y luchó por
revivificar las antiguas religiones del Oriente. Siempre estuvo dispuesta a dar hasta su
último centavo a un pordiosero hambreado que se le atravesara; pero jamás tomó parte
en organizar instituciones de caridad pública, y aunque siempre estimulaba a los que le
hablaban de planes de caridad, prefería alentar a aquellos de sus discípulos que
mostraban alguna aptitud para adquirir conocimientos, a dedicarse con todas sus
energías concentradas al estudio y la divulgación de la Teosofía.
H. P. Blavatsky sabía que el futuro dependía de la buena difusión de estas
enseñanzas, de impregnar la mente moderna con Teosofía; y alentaba a sus discípulos a
entregarse totalmente a esta única tarea.
Los que sepan leer los signos de los tiempos comprenderán que la importancia
vital de la Teosofía para el futuro depende de la dirección que ahora se le dé al trabajo
de la S. T. Estamos recorriendo un ciclo similar al que recorrió el Cristianismo en sus
primeros siglos, y millares de las Almas que participaron en los conflictos de esa época
están renaciendo en los tiempos actuales. Hubo entonces una pugna entre los educados
y los ignorantes; los comparativamente pocos que entonces poseían la verdad se
esforzaban por preservarla en el Cristianismo, fueron aplastados por el entusiasmo mal
regulado y el fanatismo de las masas ignorantes. Se introdujeron en las formas cristianas
las enseñanzas orientales, y los Gnósticos y Neoplatónicos ilustrados se esforzaron por
mantener viva la Sabiduría Antigua y difundirla de modo que pudiera sobrevivir a la
revolución social y a la invasión de los bárbaros, y triunfar en su empeño por modelar la
nueva civilización Occidental que había de venir.
El fanatismo ciego de los monjes egipcios obró sobre las masas insensatas del
populacho ignorante; se tuvo a la ignorancia como un signo de religiosidad; se hizo
mofa del conocimiento y se renegó de él y se le pisoteó; estudiar y educarse se
consideró como carnal, mientras que dejarse arrastrar por emocionalismos se exaltó
como señal de iluminación espiritual. Nada podía ser más agradable para el hombre
ignorante y ocioso que considerar sus propias desventajas y vicios como una señal de
grandeza celestial, y en cambio ver el estudio dignificado y la cultura que no podían
alcanzar, como signos de intelecto oscurecido y de vana sabiduría del mundo. Cualquier
jovenzuelo ignorante podía erigirse como un instructor en donde las simples pláticas
emocionales pasaban como inspiración, y la repetición de axiomas morales pasaba
como enseñanza. Andanadas de injurias servían como argumentos, y los insultos se
utilizaban como razones. A los mejores tipos de Cristianos se les atraía con simulacros
de amor fraternal y caridad y perdón; a los pobres se les engañaba con limosnas y ritos y
ceremonias ostentosas. Largo tiempo duró esta enfurecida lucha, hasta que al fin se
declaró la victoria del lado de la ignorancia y la cantidad. El Cristianismo entró en su
Era Oscura, y los tesoros de la Verdad desaparecieron.
Ahora ha llegado el momento, en la lenta revolución de los siglos, en que el
renovado esfuerzo de la Gran Logia Blanca por difundir la Sabiduría Antigua por medio
de todos los organismos religiosos, está mostrándose como Teosofía, y muchos de sus
antiguos instrumentos están volviendo a usarse para promulgarla. Hasta el momento el
trabajo ha prosperado, a pesar de los desesperados esfuerzos que se han hecho por
derrotarlo; las clases pensantes que guían el progreso intelectual del mundo están
recibiendo esta influencia de un modo mucho más fuerte y definido que nunca antes
jamás.
Se perciben oscuras amenazas de revolución social en el futuro cercano, y otra
vez surge el interrogante de si los Guardianes de la Teosofía en este mundo son
suficientemente fuertes y numerosos para proteger el tesoro y conservarlo a través del
torbellino de convulsiones sociales, para modelar la civilización que brotará de las
ruinas de la actual.
Están volviendo a surgir las mismas fuerzas que se oponen a la difusión de la
Sabiduría Divina, incluso entre algunos que se llaman “Teósofos”, como las que
triunfaron entre los que se llamaban “Cristianos”: glorificación de la ignorancia,
llamamientos a las pasiones, exaltación del fanatismo como devoción, y de la
credulidad como fe. Se hace mofa de la educación y se combaten todos los intentos por
apelar a las personas pensantes y cultas. También se hacen llamados falsos a las
emociones más nobles de amor humano y fraternidad, y la filantropía “práctica” es
exaltada a expensas de la Sabiduría. La virtud rígida y la entereza se consideran como
menos valiosas que el entusiasmo ciego, y el juicio calmado y equilibrado se piensa que
no “es espiritual”.
¿Son suficientemente fuertes los miembros de la S. T. para aguantar este
torrente, suficientemente clarividentes para discernir lo recto, y suficientemente firmes
para permanecer inconmovibles, y así hacer de la S. T. el arca en la cual se conserven
los tesoros de la Sabiduría Antigua y se transmitan al mundo luego del diluvio? No lo
sé. Pero sí sabemos que se necesita todo el esfuerzo, y que ningún esfuerzo se
desperdicia; que estamos lado a lado de muchos antiguos camaradas, resistiendo los
asaltos de muchos antiguos antagonistas, y que de los resultados de la batalla actual
depende el destino de la civilización que sigue. “Felices los guerreros que militan en tal
lucha que espontáneamente se les ofrece como una puerta abierta al cielo!” (Bhagavad
Gita, I-32-37)
Algunas palabras de HPB sobre la S. T.

" La Sociedad Teosófica es un gran cuerpo de hombres y mujeres, compuesto de los


elementos más heterogéneos.

La Sociedad Teosófica puede ser considerada como la personificación de la Teosofía


sólo en sus motivos abstractos ; nunca puede pretender el ser denominada su vehículo
concreto, mientras estén presentes en su cuerpo las imperfecciones y debilidades
humanas.

Si se nos permite una comparación Oriental, la Teosofía es el océano infinito de la


verdad universal, del amor y la sabiduría, reflejando su resplandor en la tierra, mientras
que la Sociedad Teosófica es solamente una burbuja visible en ese reflejo.

La Sociedad Teosófica no tiene una sabiduría propia que apoyar o enseñar. Es


simplemente el repositorio de todas las verdades proferidas por todos los grandes
videntes, iniciados y profetas de las épocas históricas y aún prehistórica; por lo menos
tantas como puede lograr. Por lo tanto, es meramente el canal a través del cual es
vertida en el mundo, más o menos de la verdad encontrada en las acumuladas
expresiones de los grandes maestros de la humanidad. "

Propósito Fundamental de la Sociedad Teosófica


Indian Theosophist. Junio 1981.
A. Suryanarayan Moorti

Afiliarse a la S. T. es un privilegio extraordinario. Su importancia no puede


apreciarla plenamente un miembro mientras no haga un estudio profundo de la
Teosofía y comprenda el propósito para el cual fue fundada la S. T., y conozca el
carácter único y el sabor distintivo de esta organización.
El primer objeto de la S. T. es formar un núcleo de la Fraternidad Universal de la
humanidad. Esa fraternidad es un hecho de la naturaleza. La S. T. no se ha
establecido para promover fraternidad entre los miembros de la S. T. como si fueran
un grupo de personas apartadas del resto de la humanidad. Sino para formar un
núcleo entre toda la humanidad en conjunto. Un núcleo es un organismo viviente
que está en proceso constante de expansión.
La S. T. está destinada a ser una entidad orgánica de viviente influencia
humanitaria. La calidad única de este organismo ha de encontrarse en las
contribuciones vivientes de sus miembros. La característica especial de la S. T. es la
de ser un centro, no una circunferencia. Jamás puede degenerar en un grupo
estrecho o sectario. H. P. B. exhortaba a los miembros a no trabajar simplemente por
la S. T. sino por la humanidad por medio de la S. T.
Hugh Shearman dice: “La Fraternidad es el principio fundamental de la S. T. Se
dice a menudo que muchas organizaciones y movimientos están predicando y
practicando la fraternidad, y que si la S. T. no va a hacer algo más original que eso,
bien podría cerrarse. Pero semejante modo de pensar se basa en una noción
superficial y demasiado convencional de lo que profesamos y entendemos con
respecto a la fraternidad. Lo que pretendemos es entrar en una experiencia más y
más honda de aquellas verdades fundamentales de las cuales la fraternidad es
solamente la expresión externa. La fraternidad de que nos ocupamos tiene que
trascender aquellas formas externas de acción fraternal en que se ocupan muchos de
nuestros miembros, tales como el servicio social, el esfuerzo por lograr comprensión
internacional, aliviar a los que sufren, o desenvolver actividades culturales y
artísticas. La fraternidad puede incluir todas esas cosas, pero también es algo
muchísimo más grande basado en las realidades más hondas del hombre y del
universo.
“La impersonalidad es una cualidad que debe pertenecer a los niveles más hondos
de la fraternidad, y es muy importante en nuestra tarea. La fraternidad, en su aspecto
mejor y más sabio, es ciertamente impersonal, porque implica librarse u olvidarse
del yo más personal. A esto se le llama a veces liberación.
“Esta liberación puede venirnos al darnos cada vez más cuenta del escenario y
conjunto dentro del cual vivimos. Es lo único que da sentido y valor a nuestras
vidas. Ante esa comprensión pueden desaparecer nuestras mezquindades,
ambiciones y resentimientos, y puede hacerse más realista y más efectivo nuestro
servicio a otros.”
Puede verse, pues, que la Fraternidad Universal de la Humanidad que la S. T.
propugna, no es un concepto sociológico sino un concepto de naturaleza
esencialmente espiritual.
Ordinariamente se espera que cuando una persona se afilia a una sociedad siga a
alguna autoridad. El jefe es generalmente la autoridad suprema cuya palabra es ley y
a quien se considera como un privilegio poder servirle. Ese jefe puede ser alguien
que se da el título de “gurú” o de un “avatar” divino. Sus discípulos se aglomeran en
torno suyo a adorarle. Se espera que le sigan ciegamente y se le sometan
completamente sin ninguna reserva. Cualquier duda de parte de un seguidor se
considera sacrílega. En cambio, en la S. T. todo miembro goza de absoluta libertad
para pensar.
“Ningún instructor o escritor desde H. P. Blavatsky para abajo tiene autoridad
alguna para imponer sus enseñanzas y opiniones a los miembros. A todo miembro
de la S. T. se le pide encarecidamente mantener, defender y actuar sobre estos
principios fundamentales, y también ejercer sin temor su propio derecho a la libertad
de pensar y expresarse, dentro de los límites de la cortesía y la consideración por los
demás.”
Comentando sobre esta provisión de libertad de pensamiento dentro del marco de
la S. T., Hugh Shearman anota: “En todas las discusiones en la S. T. es necesario que
el respeto por la libertad de todos los miembros sea mucho más que una mera
concepción formal o un acuerdo para diferir. Debe incluir cierta reverencia por la
naturaleza humana y una delicadeza de sentimientos que se expresa de un modo
paciente y apreciativo, tratando de descubrir las contribuciones más finas y a
menudo inexpresadas que otros quieren dar.”
Citando la observación hecha por H. P. Blavatsky de que “la idea radical misma de
la S. T. es la investigación libre y sin temor,” la Sra Radha Burnier dice que en la S.
T. “no hay lugar para los que están encerrados en credos y dogmas, y cuya adhesión
a su religión, a su ambiente y convenciones sociales es tan fuerte que les prohibe
examinar cualquier cuestión. Sólo cuando el estudiante abandona el viejo y trillado
camino de la rutina, y entra en la senda solitaria del pensamiento independiente, es
un Teósofo. Ser Teósofo exige que uno sea un pensador original preparado a
eliminar la superstición, a prescindir de la credulidad, y a descubrir la verdad por
experimentación práctica, en vez de aceptar pasivamente opiniones y patrones de
pensamiento y conducta.”
La libertad de pensamiento para los miembros es el principio cardinal y el
cimiento mismo de la S. T. El lazo de unión entre los miembros de la S. T. no es la
profesión de una creencia en común, sino una búsqueda en común de la Verdad. La
búsqueda de la Verdad, la “investigación libre y sin temor” de la Verdad, no es
posible a menos que exista una atmósfera de perfecta libertad de pensar. Cualquier
coacción por medio de autoridad, tradición, o convención, o credo o dogmas, milita
en contra de esa libertad.
Esta libertad se requiere que la ejerza todo miembro desde el momento de afiliarse
a la S. T. se espera que se afilie a la S. T. por su propia voluntad libre sin ser
influido por ninguna campaña proselitista. Es por esta razón que se nos ha
aconsejado que no recurramos a hacer campañas para obtener miembros para
nuestra Sociedad, aunque conseguirlos sea una parte natural de nuestra tarea.
Reclutar grandes números meramente para obtener más suscripciones y fortalecer
el poder de votos para controlar las finanzas y propiedades de una Logia, no es
consistente con la misión y el carácter de la S. T. El motivo en el trabajo de la S. T.
debe ser puro, porque determina la dirección de las energías que se ponen en
movimiento. Actuar de otra manera es siempre contraproducente, pues es contrario a
la ética y resulta invariablemente en aumentar la discordia y la desarmonía en la
Logia, y en traer descrédito. Los miembros que obren tan torpemente le causarían
daño incalculable a la reputación de la Sociedad. Los meros recursos económicos o
el número de miembros no desarrollan aquella calidad espiritual o fortaleza de la S.
T. sin la cual todo lo demás es vano.
Aún sin hacer tales campañas, a veces se introduce en la Sociedad un nuevo
miembro por simple curiosidad o interés pasajero, o por cualquier otra razón. Es
deber de los miembros estimular a tales personas a desarrollar sus cualidades
intelectuales, morales y espirituales. Pero la responsabilidad principal descansa en el
nuevo miembro. Él debiera avanzar desde su motivo inicial hacia una apreciación
más honda de la importancia y el sentido de su afiliación. La mejor invitación a un
nuevo miembro y el mejor atractivo de la S. T., debe estar en sus miembros mismos.
Hugh Shearman observa con mucha razón: “Es por el tejido mismo de nuestras
vidas, por el conjunto de nuestros pensamientos y sentimientos y actos, que
construímos el núcleo de fraternidad y le damos un futuro seguro. No es por
programas políticos, o por influir en las opiniones o votos de la gente que creamos
un bello futuro. Es por nuestro amor e integridad e inegoísmo, por la plenitud de
nuestra dedicación al servicio de la humanidad. Cuando nuestro trabajo por la
Sociedad está realmente establecido sobre esas cualidades en nosotros mismos,
habremos descubierto algo que nos capacitará para vivir y actuar sin hacer o siquiera
pensar injustamente de otros, y sin agitación o ansiedad.”

Traducción de Walter Ballesteros.

EL OBJETO DE LA SOCIEDAD TEOSÓFICA


Indian Theosophist. Agosto 1981
A. Suryanarayan Moorti

La Sociedad Teosófica no fue fundada para hacer servicio social por el mundo.
Aunque su primero y principal objeto es la formación de un núcleo de la fraternidad
universal de la humanidad, la actividad de la S. T. no es establecer escuelas, orfanatos,
hospitales y otras instituciones de caridad por el estilo. Pero los miembros en su
capacidad individual pueden participar en tales actividades.
El objeto de la S. T. es, como lo indica la palabra Teosofía, propagar la Sabiduría
Divina que trata de los problemas fundamentales del hombre. La Fraternidad de la
Humanidad que defiende la S. T. no es un concepto sociológico. Es esencialmente
espiritual en su naturaleza. La estricta adhesión a los objetos declarados de la Sociedad,
puede quizá llevarlo a uno a su objetivo no declarado.
Las Logias como epítomes de la S. T. deben reflejar la naturaleza esencial de la
Sociedad. Deben ser lugares donde se cumple una actividad de una índole fundamental
que puede llamarse sagrada. Deben ser templos, no en el sentido convencional de la
palabra sino en su sentido real: Templos espirituales de naturaleza universal. Todo
miembro de una logia es un sacerdote en este templo único. El cual, por ser un lugar
sagrado, debe mantenerse limpio y puro. La limpieza física es importante para que la
pureza invisible impregne la atmósfera total del local. Los pensamientos de los
miembros deben contribuir a la pureza del lugar. La logia debe también mantenerse
bella. Si el espacio lo permite, cultivar un jardín a su alrededor. Quien visite una logia
debe sentir la pureza y la belleza. Si el local se mantiene descuidado, con telarañas, etc.,
es difícil crear una atmósfera favorable a las influencias espirituales.
Es necesario ponerle un nombre a la logia para identificarla, pero en esto hay
que tener mucho cuidado. No ponerle nombres de dioses locales, pues pueden ahuyentar
a personas de diferentes creencias. La Logia debe reflejar el carácter universal de la S.
T. en todo aspecto. El nombre de una logia no debe mitigar este carácter universal de la
S. T. en todo aspecto. Lo mejor puede ser darle el nombre del lugar donde está
localizada la logia, pues así se le da la identidad necesaria sin restringir su naturaleza
universal.
En algunas logias acostumbran colocar retratos de varias personas santas,
arguyendo que como la S. T. es universal puede admitir un retrato de cualquier persona
santa. Este argumento se sale del marco. La S. T. existe para propagar la Teosofía y no
para propagar una mezcla de enseñanzas dadas por toda clase de gurúes. Semejantes
retratos crean una impresión confusa. Es absolutamente necesario por tanto que
tengamos discernimiento para escoger estos retratos. Retratos de los fundadores de las
grandes religiones pueden colocarse en la logia. Retratos de los líderes de la S. T.
naturalmente tendrán preferencia. Pero toda clase de objetos o retratos que no se
relacionan con el trabajo de la logia, no deben ocupar lugar en ella.
El propósito principal de una Logia Teosófica es estudiar y entender la Teosofía
y reflejar esa comprensión en las relaciones entre los miembros y con el público en
general, y sobretodo propagar la Teosofía. Aunque la Teosofía no ha sido definida “ sin
embargo en su sentido literal puede ser una estrella resplandeciente en el horizonte
hacia la cual podamos orientar nuestro trabajo, y cuyas vibraciones puedan penetrar
nuestros corazones y transmitirse por medio de nuestras vidas, nuestras palabras y
nuestros actos”. Como dice Hugh Shearman:
“En quienes son profundamente sabios, verdaderos Maestros de Sabiduría, aunque la
Teosofía se expresará ciertamente en sus palabras, se mostrará principalmente en la
belleza de sus vidas, en la perfecta claridad de sus propósitos, en la rectitud completa
de sus relaciones con otros seres. La finalidad de una Logia de la S. T. debiera ser la de
reflejar no sólo el alto propósito de la Sociedad Internacional como un todo, sino
reflejar también algunas de las cualidades de la Gran Fraternidad en la que todos los
verdaderos Maestros de la Sabiduría son como uno solo. De esa manera, una Logia
puede acercarse a la Gran Fraternidad, compartir su bendición, y pasar esa bendición
al mundo.”

EL PAPEL DE LA SOCIEDAD TEOSÓFICA


The Theosophist, Dic. 1982
Norbert Laupert

En la conclusión de su libro La Clave de la Teosofía, la Sra. H. P. Blavatsky


esboza dos cuadros del futuro de la S. T. : o bien degenerará en una secta y “encallará en
algún banco de arena mental y permanecerá allí hasta convertirse en polvo y perecer”, o
sobrevivirá a través del siglo veinte y “gradualmente fermentará e impregnará la gran
masa de gente inteligente y pensante, con sus ideas amplias y nobles. Lenta pero
seguramente romperá las férreas cadenas de credos y dogmas y de prejuicios sociales y
de casta; derruirá las barreras y antipatías raciales y nacionales, y abrirá el camino a la
realización práctica de la Fraternidad de todos los hombres. Por medio de sus
enseñanzas el Occidente aprenderá a comprender y apreciar al Oriente en su verdadero
valor. Además, el desarrollo de los poderes psíquicos proseguirá sana y normalmente. El
crecimiento mental y psíquico del hombre proseguirá en armonía con su mejoría moral,
a la vez que sus ambientes materiales reflejarán la paz y buena voluntad fraternal que
reinará en su mente, en vez de la discordia y pugna que por todas partes nos rodea hoy.”
El Mahatma K. H. también le atribuía un gran papel a la S. T. en la prevención
de los graves males que amenazan a la humanidad. En una carta de 1885 al Sr. Sinnet le
decía: “Ojalá su Logia de Londres pudiera comprender que la crisis actual que está
sacudiendo a la Sociedad Teosófica hasta sus cimientos, es una cuestión de perdición o
de salvación para miles: una cuestión del progreso o retroceso de la raza humana, de su
gloria o su deshonra, y para la mayoría de esta raza, de ser o no ser, de aniquilación...”
(Carta 65).
¿Preveía él, al escribir estas líneas, un desastre nuclear? El curso de los sucesos
durante las últimas décadas parece justificar las dudas del Mahatma. Disputas absurdas
sobre frioleras de prestigio nacional, son como una resurrección del espíritu del siglo
diecinueve; estados permanentes de belicosidad tienen sus raíces en antiguos fanatismos
religiosas, incitados quizá por los intereses creados de ciertas super-potencias. Existe,
además, la permanente tensión entre Oriente y Occidente, y el estancamiento
insatisfactorio en los intentos por resolver el problema de la injusta distribución de la
riqueza entre los países ricos y pobres de Norte a Sur.
Pero por otro lado existen otros signos que parecen mostrar que , a pesar de todo
ello, se está acercando la hora en que el brillante cuadro esbozado por Madame
Blavatsky se convertirá, por lo menos parcialmente, en una realidad. Los esfuerzos
ecuménicos entre Cristianos, la impregnación del pensamiento Occidental con ideas de
las religiones orientales, el crecimiento de una consciencia ecológica entre los líderes en
ciencia y política, todo esto está en línea con las aspiraciones de los Teósofos.
Asociaciones científicas tales como el Club de Roma dan campanadas de alerta contra
el estrecho egoísmo en política y economía, y están construyendo puentes nuevos entre
la ciencia y la religión. Un libro como el Tao de la Física por el Dr. Fritjof Capra no
podría haber sido escrito un año atrás.
Mucho en verdad ha cambiado desde los días de H. P. Blavatsky. Pero como dice
un antiguo refrán, cuando Dios revela una verdad el diablo está listo para usarla en sus
propios fines. Con el crecimiento del conocimiento los problemas no se han resuelto
sino se han acentuado. Una especie de consciencia mundial ha entrado a la existencia, y
hoy comprendemos que nada en la tierra está tan lejos que no pueda afectarnos. El
mundo se ha empequeñecido; las noticias y los y los nuevos conocimientos circulan
hoy cien veces más veloces que hace un siglo. Pero la tierra sigue siendo un campo de
batalla, un “Kurukshetra” donde las potencias mayores y menores, las fuerzas que
dividen y las que unen, están luchando por aventajarse mutuamente, y esa lucha ha
adquirido dimensiones globales.
Qué pueden hacer la Teosofía y la S. T. bajo las condiciones del mundo actual?
Respecto a la Teosofía no hay duda. La Teosofía no está sujeta al tiempo; existía
largo tiempo antes de que los Neoplatónicos acuñaran ese nombre; existía antes de la
fundación de la S. T. actual, y continuará existiendo cuando hasta el recuerdo de esta
Sociedad pueda haberse borrado. Pues como escribe H. P. Blavatsky en su Clave de la
Teosofía: “Teosofía es Sabiduría Divina, o el conjunto de conocimientos y sabiduría que
sostiene el universo,... y su sentido concreto es la suma total de sabiduría que la
naturaleza ha asignado al hombre en esta tierra...” La forma actual de la Teosofía, tal
como fue presentada en las obras de H. P. Blavatsky, en las Cartas de los Mahatmas, y
en todas partes, es sólo un modo particular de formular esa Sabiduría Eterna, una faceta,
como si dijéramos, de la joya misma de la sabiduría.
La Teosofía, ya sea en su forma actual o bajo algún otro nombre, será siempre la
fuente del saber en la tierra, la influencia inspiradora del Espíritu sobre la mente, de
Atma-Buddhi sobre Manas. Su doctrina principal es “la unidad radical de la esencia
primaria de cada parte constituyente de los compuestos en la Naturaleza, desde la
estrella hasta el átomo mineral, desde el más elevado Dhyan Chohan hasta el infusorio
más pequeño, en la acepción más plena del término, y ya se aplique a los mundos
espiritual, intelectual o físico”, como dice la Doctrina Secreta.
Por eso es que, como dice la Carta del Mahachohan, “una vez despojadas de los
grilletes y del peso muerto de interpretaciones dogmáticas, de nombres personales, de
conceptos antropomórficos y sacerdotes asalariados, las doctrinas fundamentales de
todas las religiones probarán ser idénticas en su sentido esotérico, y se mostrará que
Osiris, Krishna, Buddha, Cristo son nombres diferentes para el único camino real hacia
la bienaventuranza final: Nirvana.”
Lo que caracteriza a la Teosofía es esta visión amplia que le muestra al hombre
cómo cumplir su tarea en este mundo, abarcando todo en la unidad sin excluir nada,
reconociendo hasta el papel de las fuerzas negativas del universo. C. Jinarajadasa
acostumbraba decir que la consciencia humana es como una pirámide: si queremos que
su pináculo llegue hasta el centro espiritual del ser, infinito y eterno, debemos hacer que
su base sea infinita e incluya todo.
No hay duda de que este concepto superior de la Teosofía es todavía tan
relevante para el mundo como siempre; en verdad hasta más aún en estos tiempos de
problemas acentuados. Pues aunque hay en algunos campos un despertar de la
humanidad a la interdependencia resultante de su unidad fundamental, las fuerzas
separatistas son todavía fuertes. Incluso en las Naciones Unidas que fueron fundadas
con semejantes altas intenciones, los intereses particulares prevalecen más y más y
hacen inefectiva su labor en muchos casos.
Decididamente, es una gran ventaja que las religiones orientales sean más
conocidas ahora en occidente, pues han ensanchado las opiniones estrechas de la
religiosidad Cristiana, y han suministrado mejores instrumentos para vencer el
materialismo huevo, pero desafortunadamente los tesoros de la filosofía oriental son a
menudo oscurecidos por los tropeles de falsos “gurúes” que inundan los países
orientales con sus opiniones y prácticas más o menos sectarias. Entretanto, la gran
mayoría de la gente está todavía enredada en sus mezquinos afanes por más riqueza y
confort, indiferente ante los grandes problemas que amenazan a la humanidad.
En esta situación, la humanidad necesita más que nunca esta sabiduría que tiene
sus cimientos muy por encima de todas estas manifestaciones de un mundo separado;
una sabiduría capaz de curar, de hacer al hombre verdaderamente bueno, de recordarle
la necesidad de la mutua comprensión, como se enseña en Luz en el Sendero, en estas
palabras:
“Considera seriamente toda la vida que te rodea. Aprende a ver
inteligentemente dentro de los corazones de los hombre... desde un punto de vista
absolutamente impersonal; de otra manera tu visión está coloreada... Ningún hombre
es tan enemigo; ningún hombre es tu enemigo; ningún hombre es tu amigo. Todos
igualmente son tus instructores.”
Hace un siglo que los Mahatmas y H. P. Blavatsky nos dieron el ABC de esa
filosofía. Nos toca a nosotros aprender a leerlo. En la Carta del Mahachohan de 1881 se
nos pedía mostrarle al mundo “las explicaciones correctas y lógicas sobre el tema de los
problemas de los grandes principios duales, lo recto y lo torvo, el bien y el mal, la
libertad y el despotismo, el dolor y el placer, el egoísmo y el altruismo...” Se afirmaba
que la religión y la filosofía estaban todavía “tan lejos de la solución como siempre lo
estuvieron”, pero que e esperaba que las doctrinas enseñadas por los Mahatmas
ofrecieran una solución. Y veinte años después el Mahatma K. H. escribió en la última
carta que de él tenemos (la única que fue dirigida a Annie Besant): “La ola mayor del
adelanto intelectual debe ser aprovechada y guiada hacia la espiritualidad. No se le
puede forzar hacia creencias y cultos emocionales”.
Es evidente que todo esto es de la máxima importancia para la humanidad,
especialmente dentro de la crisis por la que está pasando el mundo en estos días. Y es
claro que este trabajo todavía incompleto fue la tarea asignada a la S. T. por los Grandes
Seres que inspiraron a sus fundadores.
En un mundo estructurado, cualquier tarea que haya que hacerse necesita una
organización que la apoye. Los pensamientos solos no son suficientes para cambiar las
circunstancias físicas o para afectar a personas cuya conciencia interna no está aún
despierta. La S. T. fue fundada para difundir estas verdades en forma visible y audible,
como lo indican sus segundo y tercer objetos a los cuals les impartió una direcci´n más
detallada la Carta del Mahachohan así: “Es absolutamente necesario inculcar nuestra
doctrina gradualmente, reforzando sus teorías, que son hechos irrecusables para los que
saben, con inferencias directas deducidas y corroboradas por las pruebas suministradas
por la moderna ciencia exacta.”
Esto hace que la tarea de la S. T. no sea fácil. Necesitará en el futuro más y más
trabajadores que estén no sólo espiritualmente despiertos para que puedan extraer las
aguas de ese manantial interno de vida ininterrumpible, sino que estén bien versados en
algo del conocimiento científico o práctico del mundo externo. Se necesita cierta
capacidad intelectual y trasfondo cultural para encontrar un terreno común en el que el
adelanto intelectual del mundo pueda encontrarse con la sabiduría espiritual de la
Teosofía.
Es cierto que por el momento tenemos pocos miembros capaces de hacer esto.
En el primer cuarto de nuestro siglo la elocuencia de Annie Besant y las facultades
clarividentes aparentemente infalibles de C. W. Leadbeater atrajeron a muchos
miembros que buscaban no un grupo de investigadores de la verdad sino un cuerpo
religioso que ofreciera un nuevo credo. Esta actitud se encuentra todavía en varios
lugares entre demasiados miembros.
Pero la mera aceptación de las palabras de un conferencista o de las afirmaciones
en libros, la mera confianza en investigaciones clarividentes, no puede llenar el lugar
del pensamiento personal e independiente. No sin razón “La Voz del Silencio” no
previene; “Si quieres cruzar a salvo la segunda sala, no te detengas a inhalar la fragancia
de sus soporíferos botones... No busques a tu Gurú en esas mayávicas regiones. Los
prudentes no escuchan a las arrulladoras voces de la ilusión... Huye de esta sala...” y A
Los Pies del Maestro da esta alerta: “No desees poderes psíquicos... A menudo su
poseedor es extraviado por engañosos espíritus de la naturaleza, o se envanece y piensa
que él no puede equivocarse...”
Y la presidente Sra. Radha Burnier, escribió en el número de Abril de 1982 (The
Theosophist) lo que sigue: “Los poderes psíquicos y el conocimiento de lo
extrasensorio, no se diferencian en calidad del conocimiento y el poder que el hombre
tiene a nivel físico. Son simplemente una extensión de los poderes físicos, comparable,
por ejemplo, al aumento de la visión mediante el uso de instrumentos tales como el
microscopio y el telescopio... Ver por medio de un telescopio o de un microscopio, o
volverse clarividente, no libera al hombre ni le ayuda a liberarse de sus motivos
egoístas.... Es importante, especialmente en este punto crucial en la historia de la
humanidad, que los miembros de la S. T. se interesen en lo que es esencial, más bien
que en lo que se carece de importancia desde el punto de vista de la transformación
moral y espiritual... El mundo moderno ofrece testimonio continuo de que el
crecimiento en erudición no crea un mundo mejor. Lo que es esencial no es más
información, ya sea en el campo físico o en el psíquico, sino un crecimiento en amor y
sabiduría, en tranquilidad e inegoísmo; por cuyo poder y virtud la humanidad pueda
redimirse ella misma.”
Estas palabras señalan hacia el corazón mismo del problema. Pues lo que el
Mahatma K. H. escribió a la Logia de Londres hace un siglo es válido todavía: “El
único objeto por el cual luchar es el mejoramiento de la condición del Hombre, por la
difusión de verdades adecuadas a las diversas etapas de su desenvolvimiento.” (Carta
86)
La S. T. existe por voluntad de sus fundadores, y sus objetos fueron trazados
para ayudarla en su tarea, y aunque sus métodos de trabajo y sus objetivos inmediatos
pueden variar de vez en cuando, su importancia para la humanidad no ha disminuido; la
Sociedad continuará siendo importante si tan solo nosotros, sus miembros,
permanecemos fieles a su verdadero objetivo.

LOS PROPÓSITOS DE LA SOCIEDAD TEOSÓFICA


Radha Burnier
Conferencia dictada en la sede de la S. T., en Bogotá
el 13 de mayo de 1983

La Sociedad Teosófica tiene tres objetos:


1. Formar un núcleo de la Fraternidad Universal de la Humanidad, sin distinción
de raza, credo, sexo, casta o color.
2. Fomentar el estudio comparativo de religiones, filosofías y ciencias.
3. Investigar las leyes inexplicadas de la naturaleza y los poderes latentes en el
hombre.
Es importante darse cuenta de que tras estos tres objetos hay un gran propósito. Si
no nos damos cuenta de eso no comprenderemos cual es la tarea de la Sociedad
Teosófica. El propósito único de la S. T. es producir un cambio total en la mente
humana. Desde este punto de vista no hay tres objetos sino uno solo.
Podemos estudiar la historia de la humanidad desde muchos ángulos diferentes:
económico, político o cultural; pero desde cualquiera en que la estudiemos podemos ver
que la vida del hombre ha sido una lucha constante consigo mismo, con su ambiente,
con la gente que le rodea, y que la humanidad en conjunto ha vivido en una condición
de infelicidad.
Claro que hay muchísima belleza en el mundo y también hay gozos. La tierra es
extraordinariamente bella. El cielo, las puestas de sol, las estrellas, la infinita variedad
de vida sobre la tierra; todo eso es una maravilla; y cuando los seres humanos miramos
esa maravilla, gozamos. Pero en medio de toda esa belleza y gozo el hombre ha estado
perpetrando una gran cantidad de crueldad. Ha creado inmenso sufrimiento para sí
mismo. Externamente el mundo ha cambiado muchísimo. Hay satélites, cohetes
dirigidos a la luna, etc. la revolución científica ha producido muchos milagros y todo un
extraordinario modo de vivir; pero internamente la vida del hombre sigue siendo igual:
incertidumbre, temor, sospecha de los demás, odios contra todos los que sean diferentes
a uno, luchas para obtener ventajas par sí mismo, para tener más éxito que los demás,
para proteger la propia vida a costa de los otros, orgullo, celos, envidia, crueldad,
dureza. Esta ha sido la vida del hombre internamente, no sólo por siglos sino por
milenios. ¿Ha de continuar así la vida, o puede haber un modo diferente de vivir para el
hombre, en el que no se haga infeliz ni cause dolor a los demás?
El hombre es la única criatura capaz de experimentar lo intangible; belleza, verdad,
paz, la naturaleza de la libertad, orden, bondad. Estas palabras tienen un sentido para el
hombre, porque se da cuenta de que contienen verdades. Esas verdades no son
tangibles, pero de todos modos son reales. Le es posible al hombre crear una sociedad
en la cual él pueda realizar en su totalidad esos valores, y también libertarse de todas
esas tendencias egoístas que crean infelicidad.
Las crueldades del hombre son muchas, pero la causa es siempre la misma. Es la
ignorancia lo que lo hace egoísta. Ignorancia de la naturaleza de la vida, de su propia
vida y del lugar que él ocupa en la totalidad de la vida. Por consiguiente debe haber un
cambio total a fin de que el hombre pueda lograr su plena estatura. Producir ese cambio
significa pasar de un estado de egoísmo a otro de altruismo, de un estado de ignorancia
a otro de iluminación, de un estado de infelicidad a otro de felicidad. Ese es el trabajo
de la S. T.
Lo que llamamos los objetos de la S. T. tienen por finalidad producir este cambio. Si
no estuvieran relacionados con este objeto fundamental parecerían unos objetivos
demasiado comunes y corrientes, pero en realidad no lo son. Hay muchas sociedades
que promueven relaciones internacionales. La S. T. no es una más de esas sociedades.
No tiene por finalidad producir una fraternidad a un nivel simplemente externo. Es fácil
ser fraternal bajo ciertas condiciones. Ser amistoso con alguien a quien conocemos
ocasionalmente, ser sociable y estrecharse las manos. Pero esa clase de fraternidad no
soporta la prueba; cuando intervienen intereses personales esa fraternidad no funciona.
Es por eso que incluso dentro de las familias surgen querellas, en todo país hay bandos,
y el mundo mismo está dividido en innumerables grupos, políticos, económicos,
religiosos, y así sucesivamente.
De modo pues que una visión superficial de la fraternidad no va a producir ningún
cambio. La realización de la fraternidad debe basarse en algo mucho más profundo.
Hablamos de la ignorancia. Esa ignorancia que hace infeliz al hombre, es la
ausencia de conocimiento acerca de lo que la vida realmente es. En la S. T. se dice con
frecuencia que la fraternidad es un hecho en la naturaleza. Eso significa que la vida es
indivisible, sólo que nosotros nos imaginamos que es divisible.
En la antigua India se dio una analogía sobre esto. El espacio es indivisible, pero
puede dividirse construyendo ciertas cosas. Puede uno construir una casa e imaginar que
el especio contenido en ella es diferente del resto; pero no lo es. Más tarde o más
temprano la casa se acabará, pero el espacio continuará como era: siempre indivisible.
La vida es como esto, la vida es indivisible. Somos incapaces de percibir este hecho
porque pensamos que las formas en que la vida está envuelta son más importantes que
la vida misma. Pero la forma es simplemente un vaso. Consideremos a un ser humano:
es humano no por causa del cuerpo que usa. En el momento mismo en que muere, o sea
en el momento en que la vida lo abandona, ya no vemos un ser humano sino solamente
un cuerpo muerto. De modo que el ser humano existe solamente porque tiene vida, y lo
que importa es esa vida. Sin esa vida nada que pueda ser valioso existe. Pensamos, por
ejemplo, que el placer es importante, pero el placer no es posible cuando no hay vida.
Podemos pensar que el contacto con el mundo es importante, pero lo que hace posible
ese contacto es la vida. Los órganos de los sentidos existen, pero ellos no pueden
percibir el mundo. Es solamente la consciencia, que es vida, la que percibe el mundo.
Pero nosotros le damos importancia a los vehículos externos, o sea el cuerpo; y esos
cuerpos externos tienen muchas diferencias.
El científico de la era actual se ha dado cuenta de que toda la materia es energía. La
materia tiene múltiples formas, muchísimas características. La forma, el peso, el color,
la textura, son diferentes; innumerables combinaciones pueden existir en la materia;
pero si desmenuzamos todo esto no hay sino energía. Se ha dicho que la materia es
energía cristalizada. La esencia de toda la materia es energía, y así como la energía es
una unidad y no una diversidad, podemos considerar que la esencia de todas las cosas
que existen es vida, y que la vida es una unidad y no una diversidad. En realidad lo que
llamamos energía no es sino un aspecto de la vida. La consciencia es energía. Pero no
nos damos cuenta de que todas las cosas que vemos son una manifestación de esa vida
indivisible.
Esa es la ignorancia primaria de que sufrimos todos los seres humanos, que nos
incapacita para ver el hecho del factor de fraternidad en la humanidad. Si el hombre
pudiera ver eso se daría cuenta de que no pude causarle sufrimiento a otros seres o a
otros grupos sin causarse sufrimiento a sí mismo, porque todo es uno. No podemos
dañar una parte del cuerpo sin perjudicar la totalidad del cuerpo. Y la humanidad
todavía ano se ha dado cuenta de que toda acción destructiva en que vive siempre
ocupada está perjudicando a la humanidad en conjunto y por tanto perjudicando a cada
uno de nosotros. Esta es la ignorancia de que sufre el género humano, y si el hombre se
da cuenta de esto sus acciones cambiarán.
Ver rectamente es de extrema importancia porque todos actuamos de acuerdo con
nuestra visión. En tiempos antiguos se dio una ilustración acerca de la importancia de
ver rectamente y no sufrir de ilusiones. Es la ilustración acerca de la serpiente y el rollo
de cuerda. Imaginemos una persona que ve un objeto y piensa que es una serpiente.
Puede entonces sentir temor o volverse violento; puede correr de un lado a otro
empujando a las personas que se le atraviese porque quiere escapar de ese peligro, y
puede seguir actuando de muchas maneras agresivas. Pero si es capaz de percibir que no
hay tal serpiente, que lo que tomó equivocadamente por una serpiente no es sino un
rollo de cuerda, entonces no podrá seguir actuando de esa manera. Nadie podría sentir
miedo de una cuerda o salir corriendo para escaparse de ella, ni habría razón alguna en
ponerse agresivo con respecto a una cuerda. Todos estos tipos de acción se volverían
imposibles cuando uno empieza a ver la realidad. De modo similar, mientras uno siga
pensando que hay divisiones, lo cual sucede cuando con nuestros ojos no vemos sino
las formas materiales, entonces nuestras acciones se vuelven competitivas, agresivas,
violentas. Pero cuando uno ve que en toda la materia hay sólo una entidad, una vida,
una conciencia, y esa es la realidad, entonces las acciones serán diferentes, ya no habrá
rivalidad ni agresividad. Y esta es la nueva visión que el hombre está necesitando.
Esa es la verdad de que todas las antiguas enseñanzas han hablado, y que la antigua
sabiduría que llamamos Teosofía ha estado declarando siempre. Esto lo está
descubriendo ahora la ciencia, poco a poco. En años recientes algunos científicos muy
eminentes han hablado de que la tierra entera está actuando como una sola entidad,
incluyendo en el término tierra a todos los seres humanos. Por esa razón es que la
sabiduría antigua ha estado declarando siempre que es muy importante que
consideremos cuidadosamente qué es lo que uno hace sobre la tierra. Los sabios
siempre encontraron que había un eslabón invisible entre todas las criaturas vivientes.
Estuve hablando con un científico hace algún tiempo, un hombre muy inteligente
que trabaja con computadoras y que no tenía ningún interés en fenómenos psíquicos, en
lo se llama ocultismo o cosas por el estilo. Era simplemente un científico. Me contó que
él y otros científicos han hecho un experimento: mantuvieron una planta en una
habitación, y uno de ellos dejó allí pequeñas hojas de papel con diversas instrucciones
escritas. Luego pedía a diversas personas que entraran una tras otra al salón del
experimento, leyeran uno de esos papeles y actuaran de acuerdo con las instrucciones en
él. La mayoría de los papeles no decían nada; simplemente, miren la planta y sálganse.
Pero uno de los papeles decía: destruya la planta. Cuando se leyó este papel se vió que
la planta se agitaba. De modo que los científicos están descubriendo que existe una
conexión entre los seres humanos y las plantas, entre las plantas y los animales; de
hecho entre todas las cosas vivientes. Pero esto que empiezan a conocer los científicos,
es una verdad que ha sido conocida por los hombres sabios en muchas edades
diferentes. Y saber esto es sabiduría, es espiritualidad.
Como ya dije, la materia siempre es diferente, con una variedad de características.
Pero la vida o el espíritu, que es la esencia de la materia, es siempre única. Ver ese
espíritu, que es único, eso es espiritualidad. No ver sino simplemente materia y actuar
de acuerdo con el sentimiento de división, eso es materialidad. Y lo que le interesa a la
S. T. no es una fraternización externa sino ayudar a la gente a que se dé cuenta de este
hecho, de que no hay sino una esencia, una sola vida. Desde este punto de vista la
Teosofía es Yoga. Yoga es ver la integridad. La palabra yoga significa eso, y también
significa armonía. Yoga no es cuestión de hacer ejercicios o hacer ciertas prácticas
peculiares, sino de entrenarse uno mismo para ver esa unidad intangible, la integridad
de cuanto existe. Y la Sociedad Teosófica está interesada en hacer un experimento para
crear un núcleo de fraternidad de personas que por lo menos vean esto a un nivel
intelectual pero que también traten de verlo desde un nivel más profundo. Es importante
que se trate de ver esto desde un nivel más hondo porque, como ya dije, si no es sino
apenas una ida, entonces no puede soportar pruebas y tensiones.
De modo que crear una fraternidad de la humanidad sin distinciones de ninguna
especia, es uno de los propósitos de la Sociedad. Es parte del propósito mayor que es el
de disipar la ignorancia de que sufre el género humano, para libertarlo de las
penalidades que él se atrae sobre sí mismo, y crear las condiciones en que pueda crecer
a la plenitud de su estatura.
De manera que este primer objeto tiene una profundísima significación y está
conectado con los otros dos objetos. No son tres objetos aislados, en los cuales los
miembros pueden ocuparse indistintamente según sus intereses. Como dije antes cada
uno de esos tres objetos está conectado con el propósito global que podemos expresar
en una sola palabra como Regeneración. En los primeros días de la S. T., los que
tuvieron la responsabilidad de fundarla no hablaban de la fraternidad de la humanidad o
de crear un núcleo de fraternidad. Hablaron de que tenía que ser una fraternidad
regeneradora. Quizá en años posteriores se ha olvidado esto y por tanto se han dado
otras interpretaciones superficiales a ese objetivo de la fraternidad. La fraternidad que la
S. T. quiere producir no debe fallar en ninguna condición, no puede desmoronarse si uno
entiende la verdad que hay tras ella.
Hay muchas personas que actúan muy apacibles cuando no hay tensión y hablan de
la necesidad de que haya paz en el mundo, pero cuando surgen intereses opuestos,
nacionales o de grupo, entonces ya no se preocupan de la paz, piensan que se justifica la
guerra y que el lado en que ellos están es el correcto. Tenemos, por ejemplo, el incidente
acerca de las Malvinas. Los argentinos piensan que están justificados en pelear; los
ingleses piensan igualmente que están justificados en esa guerra; y ambos encuentran
razones para matarse mutuamente. Estoy segura de que ambos hablarían mucho de la
paz mundial y se imaginan que están a favor de la paz. Pero cuando se tocan sus
intereses particulares esa paz desaparece, porque los intereses propios se vuelven más
importantes. Esto es cierto en todas las naciones y en todos los grupos y en todos los
individuos. Serán fraternales y amistosos mientras no sean tocados sus intereses
personales.
Pero la fraternidad que la S. T. trata de producir es una en que los intereses
personales quedan totalmente abolidos; y sólo debe quedar el interés global. Si tenemos
ese interés global entonces no sólo nuestras acciones con nuestros prójimos serán
diferentes, sino nuestras relaciones con las plantas y los animales, con la tierra y con
todas las cosas, serán diferentes, porque estaremos viendo todo desde un punto de vista
global, que es el punto de vista unitario que pude conducirnos al punto de vista
espiritual.
Ahora bien, el segundo objeto de la S. T. es fomentar el estudio de religiones
comparadas, ciencias y filosofías. Es imposible para una persona estudiar todas las
religiones, filosofías y ciencias. En los tiempos actuales es hasta imposible estudiar una
sola ciencia. Antiguamente se acostumbraba estudiar un tema, por ejemplo la física, y
hoy nadie puede estudiar sino una pequeña porción de la física porque el conocimiento
es demasiado grande. Hay numerosas escuelas de filosofía con diversas teorías y
sistemas; hay muchas escrituras y literatura religiosa. Nadie puede estudiar todo eso. Y
el estudio que se hace de esas cosas es normalmente académico, no es sino un
pasatiempo intelectual. Y la S. T. no es una sociedad intelectual o un grupo académico o
una organización que tenga por objeto promover investigación en sentido general.
Existen muchas universidades y sociedades eruditas que pueden hacer todo eso.
Actualmente hay muchas universidades en donde se estudian las religiones mundiales, y
también innumerables grupos en donde se estudian las ciencias. No hay propósito
alguno de que hagamos eso mismo en la S. T. La S. T. no tiene ni el dinero ni los
recursos para hacer lo que las universidades deben hacer.
Pero el propósito de la Sociedad al fomentar esos estudios es el de descubrir en la
religión, en la filosofía y en la ciencia, aquellos pensamientos y enseñanzas que pueden
tener un efecto regenerador. Lo que significa ayudar al hombre a que se de cuenta de la
unidad de la existencia, para producir un cambio total dentro del hombre mismo, desde
el interés en sí mismo al interés en la totalidad. Y por eso es que la S. T. no alienta las
religiones convencionales que están basadas en creencias y en divisiones. No
estudiamos las religiones para decir que todas son buenas, como se puede decir desde
un punto de vista académico. Todo cuanto hay en las religiones divide a la gente y las
hace competitivas, crueles, y sentirse superiores a los demás. En otras palabras, todo eso
lo que hace es fomentar la ignorancia. Y todo eso debe rechazarse, porque no podemos
reconciliar el establecimiento de un núcleo de fraternidad universal con lo que hace que
la gente se sienta separada.
Un verdadero Teósofo, desde este punto de vista, no se coloca rótulos, porque un
rótulo es un modo de separarse. Un rótulo significa que mis intereses son diferentes a
los de usted, y cuando surja un conflicto yo debo apoyar a mi grupo y estar en contra de
los otros grupos. De modo que un Teósofo debe ser una persona “a-religiosa”; que es lo
mismo que decir que es una persona espiritual. Una persona espiritual es una que se da
cuenta de la unidad del espíritu, de la unidad de la vida, y no una persona que actúa
sobre la base de diversidades. Y una persona que ve esa unidad es en realidad una
persona “a-religiosa”; porque no es competitiva; es amable, es considerada con los
demás, porque se da cuenta de que todos somos parte de una sola vida.
Por eso la Sra. Blavatsky, fundadora de la S. T., dijo que la Teosofía no es una
religión, sino que es Religión, Religión por sí misma. Definió la Religión como aquello
que une a todos los seres humanos y de hecho a todas las criaturas en un conjunto. Es en
esa enseñanza religiosa esencial que la S. T. está interesada y no en todos aquellos otros
rasgos en las religiones que hacen lo contrario.
De modo similar en el estudio de las ciencias y la filosofías uno tiene que descubrir
cuáles son los elementos que pueden producir una vida mejor, el bienestar de toda la
humanidad. El estudio filosófico puede ser enteramente especulativo sin ninguna
relevancia para la vida diaria. Pero la Teosofía no es una filosofía de ese tipo. La
Teosofía es una filosofía en el sentido de que trata de dar una comprensión de lo que es
el universo y el hombre, una comprensión que lo haga vivir una vida mejor, una vida
armoniosa y no una vida de separatividad. Así pues, la ciencia, la filosofía y la religión,
están todas interesadas en la verdad; y en el descubrimiento de la verdad está el
descubrimiento de la totalidad. Si no hay ese descubrimiento entonces podemos decir
que la ciencia y la filosofía están extraviadas. Afortunadamente en la era actual muchos
científicos están descubriendo esa verdad.
Existe también el tercer objeto de la S. T. que es el de investigar los poderes latentes
en el hombre. No se refiere a los poderes psíquicos. El poder es una cosa muy peligrosa,
cualquiera que sea. El conocimiento es poder. En la era actual el hombre tiene
conocimiento de muchas cosas que antes no sabía. Tiene conocimientos que le permiten
tratar de averiguar cuál es la raíz de la materia, y ha descubierto que existe enorme
energía en el corazón de la materia. Ese descubrimiento le ha dotado de poder
extraordinario.
El hombre está tratando también de penetrar en la raíz de la vida tal como se
encuentra en los organismos, y así está haciendo investigaciones en genética; y piensa
que por medio de la genética puede re-crear diversas cosas. Quizá obtenga grandes
poderes en esa dirección, pero no le servirá tener poder sin sabiduría. Debe volverse un
individuo muy maduro antes de pretender tener poder, poderes de cualquier clase,
poderes de conocimiento de cualquier tipo. Pude haber muchos otros campos en los
cuales puede él obtener conocimiento, y obteniendo ese conocimiento lo único que
conseguirá será hacerse daño así mismo.
Ahora se está haciendo muchísima investigación en el campo de la percepción
extrasensorial. Hay personas que piensan que pueden retrotraerse al pasado y reconocer
sus encarnaciones pasadas. Este puede ser una especie de poder psíquico. ¿Pero le hace
algún bien en realidad al ser humano? ¿Cuál es el resultado de los recuerdos que
tenemos de nuestra vida actual? La memoria también es un poder. Tenemos el recuerdo
de diversos eventos que nos han producido daño, que nos han creado animosidades.
Muchísimos seres humanos llevan esas cosas en su corazón durante mucho años,
detestan a las personas que parece que les han causado mal y, debido a su memoria, no
pueden ser amigos. Y si tenemos recuerdo de las vidas pasadas crearemos mucho más
odio, muchas más divisiones en este mundo. De modo que este tipo de poder no servirá.
El tercer objeto de la S. T. no es meramente averiguar cuáles son los poderes que el
hombre puede obtener, sino comprender qué poderes puede utilizar en relación con las
leyes del universo. Cuando el hombre actúa en contra de las leyes del universo, él se
hace daño y causa dolor.
¿Qué es la Ley? La Ley es una cosa abstracta. No todas las leyes del universo están
escritas. La Ley existe en la naturaleza. El hombre las descubre y las pone en palabras, y
ese descubrimiento es el descubrimiento de relaciones. Toda Ley es una declaración de
una relación entre ciertos objetos y cosa de la vida. Actuar en contra de la Ley no sirve,
porque la naturaleza siempre es más poderosa que el hombre. El hombre puede
comprender la Ley y utilizarla, pero no puede violarla. La Ley existe en muchos
niveles, no sólo a nivel físico sino también al psíquico, al mental y a otros. Y cualquier
poder que el hombre tenga o pueda obtener, debe utilizarse son el conocimiento de las
leyes de la naturaleza. Sólo entonces podrá ser benéfico y traer el verdadero progreso y
perfección de la humanidad.
La S. T. no está interesada simplemente en aumentar los poderes del hombre, sino en
investigar cuáles son las leyes de la naturaleza que capacitan al hombre para hacer recto
uso de sus poderes y de sus conocimientos. De modo que este tercer objeto está
también conectado con el objeto principal, que ya dijimos es el bienestar “real” del
hombre. El hombre es tan ignorante al presente que ni siquiera se da cuenta de qué es
progreso. Piensa que progreso es tener más dinero, más cosas. Esta idea equivocada de
progreso es la que ha pervertido este mundo, porque el hombre ha pensado que progreso
es tener más fábricas, más textiles, más objetos, pero en prosecución de este tipo de
progreso está envenenando la tierra en que vive. De modo que esa idea de progreso está
equivocada. De manera que el hombre tiene que investigar cuál es la naturaleza del
verdadero progreso, un progreso que traiga el bien para toda la humanidad.
La S. T. está interesada en el descubrimiento de qué es verdadero progreso. No es un
cuestión fácil. Los ingenieros genéticos piensan que pueden producir un buen ser
humano; algunos psicólogos han dicho también que pueden crear un nuevo tipo de
hombre por un sistema de recompensas y castigos. Logran que los animales hagan lo
que ellos quieren dándoles premios y castigos, y así hay psicólogos que creen que
pueden hacer que el hombre se comporte de una manera particular y que entonces no
habrá más problemas en el mundo.
Entonces surge la pregunta, ¿cuál es el verdadero progreso para el hombre? ¿Está
haciendo progresos si simplemente lo obligan a obedecer, como aun ratón en una
trampa? ¿O es el desarrollo de su inteligencia, de su consciencia de las verdades de la
naturaleza, de las verdades más profundas de la vida, lo que constituye el verdadero
progreso y perfección? El objeto de la S. T. es encontrar qué es el verdadero progreso y
perfección para el hombre y promover ese tipo de progreso y perfección.
Los tres objetos de la S. T. están redactados con el fin de producir este propósito
central. Como dijimos en el principio no son tres objetos aislados. Si se les considera de
una manera aislada entonces la Sociedad no estará cumpliendo su función. El verdadero
propósito de la S. T. es un gran propósito, es un trabajo para pioneros, aquellos pioneros
capaces de producir una nueva humanidad.

El Propósito de los Objetivos de la Sociedad


Joy Mills

Recientemente un amigo me pidió que le diera mi opinión sobre el trabajo actual de la


Sociedad Teosófica. Era miembro de varios años, y seguía convencido del valor de la
Sociedad, de su importancia como organización dedicada a la diseminación de la
Teosofía, pero le preocupaba un comentario hecho por otro miembro importante según
el cual se tardaría siglos antes de poder alcanzar el ideal de la fraternidad. Mi amigo
creía que aquello era una actitud derrotista. Además, dijo, ¿por qué tendría que seguir
insistiéndose en el ideal de la fraternidad en nuestro Primer Objetivo, si este ideal era
virtualmente inalcanzable? Como yo había viajado tanto, ¿sentía yo que la fraternidad
era una causa perdida, un ideal que nunca alcanzaríamos durante nuestra vida?
Poco tiempo antes de que esta conversación tuviera lugar, otro miembro me había
preguntado sobre el propósito e intención del Tercer Objetivo. En este caso, la pregunta
se refería a lo que estaba haciendo la Sociedad o lo que había estado haciendo para
"investigar las leyes inexplicadas de la naturaleza". ¿No era esta investigación el campo
de la ciencia y, dado que la mayoría de los miembros no son científicos, no éramos algo
presuntuosos pensando que podríamos alcanzar ese objetivo? Además, siguió diciendo,
¿qué pasa con esos "poderes" latentes en los seres humanos? ¿Estábamos haciendo algo
para "investigar esos poderes, fueran cuales fueran?
Un examen de las preguntas hechas por estos dos miembros en dos ocasiones totalmente
distintas revela la necesidad que tiene cada miembro de reflexionar sobre el propósito y
significado de los tres Objetivos de la Sociedad. El centenario de su adopción en su
forma actual nos da la oportunidad de iniciar una exploración en cierta profundidad
precisamente de lo que se quiere conseguir con los Objetivos, así como de ver hasta qué
punto son realizables o alcanzables. Un aspecto interesante de esta exploración sería un
estudio histórico del desarrollo de los Objetivos, señalando los distintos cambios que
han ocurrido durante los años de formación de la Sociedad desde 1875 hasta 1896. Por
ejemplo, el objetivo de la Sociedad tal como se estableció en 1875 estaba comprendido
en una sola frase: "Los objetivos de la Sociedad son recoger y difundir un conocimiento
de las leyes que gobiernan el universo". Sin embargo, esa frase debería leerse bajo la luz
del preámbulo de los estatutos o reglas originales adoptadas en esos momentos de la
fundación de la Sociedad; ese preámbulo empieza con las palabras "El Título de la
Sociedad Teosófica explica los objetivos y deseos de sus fundadores".
Sin citar el documento de 1875 (preámbulo y estatutos) en detalle, se puede ver que de
una lectura suya completa se sacan tres puntos esenciales que tienen que ver con el
trabajo de la Sociedad. Primero y tal vez un punto primordial, especialmente bajo la luz
de numerosas otras afirmaciones hechas por H.P. Blavatsky y por H.S. Olcott, así como
presentes en Las Cartas de los Maestros a A.P. Sinnett, el ideal de la fraternidad tuvo un
papel preponderante desde el principio. En el preámbulo, se hace la afirmación
siguiente: "Al tener en cuenta los méritos de los que quieren ingresar, la Sociedad no
conoce ni raza, ni sexo, ni color, ni país ni credo."
La segunda característica que puede señalarse es la importancia que se da en preámbulo
a la política de libertad de pensamiento. Entre otras frases, se puede citar la siguiente: El
único axioma de la Sociedad es la omnipotencia de la verdad, su único credo una
profesión de devoción incondicional a su descubrimiento y propagación".
El tercer punto más notable es el contenido en la primera frase del preámbulo, como
hemos citado antes. Es evidente que el mismo nombre de la Sociedad indicaba su
propósito, sus fines y objetivos. Aunque no se hizo ningún intento en ese documento de
1875 para definir el término "teosófico" y nunca se ha impuesto ninguna definición
oficial de la Teosofía a los miembros, resulta claro que existe "una cosa como la
Teosofía", para citar a la misma H.P. Blavatsky. Esta frase se encuentra en una respuesta
que dió en La Clave de la Teosofía: La Sociedad, decía allí, "se formó para ayudar a
demostrar al hombre que una cosa como la Teosofía existe y para ayudarles a llegar a
ella estudiando y asimilando sus verdades eternas".
Estos tres puntos esenciales, sobre los que se insistió en el primer documento publicado
por la Sociedad en su fundación en 1875, puede decirse que encontraron su expresión
explícita en los Tres Objetivos, tal como se definieron finalmente en 1896. Es obvio, por
ejemplo, que el primer principio, la fraternidad, que en 1875 fue considerado como el
requisito básico para hacerse miembro, se convirtió finalmente en el pilar más
consistente sobre el que se apoyaba la Sociedad. No sólo era un reconocimiento del
ideal el que se le considerara fundamental para cualquier mérito, sino que acabaría
siendo el fin al que los miembros aspirarían por sí mismos convirtiéndose en un núcleo
de fraternidad universal. Casi me inclino a sugerir que la realización de este ideal
universal difícilmente puede verse alcanzado por la humanidad globalmente, ¡cuando
los mismos miembros de la Sociedad que defiende este fin tienen dificultades para
formar incluso un núcleo (que sin duda significa un centro vivo) de una fraternidad
genuina! Lo que se intenta conseguir es ciertamente algo más que un sentimiento mutuo
de buena voluntad, aunque incluso un sentimiento así sea a menudo difícil de conseguir
en las relaciones diarias de todo tipo de personas cuyo comportamiento, opiniones y
apariencias pueden todas parecer con demasiada frecuencia totalmente contrarias a las
nuestras. ¿Cuánto hemos avanzado hacia ese ideal? podemos preguntarnos. ¿Hasta qué
punto nos hemos dedicado a formar un verdadero núcleo de fraternidad? ¿Son acaso
nuestras ramas, grupos y centros, un ejemplo de lo que debería ser un núcleo así? No
existe un sitio mejor para poner a prueba nuestro Primer Objetivo que la rama local a la
que pertenecemos, y sin embargo, ¡cuántas veces nuestras Ramas han vacilado, han
tropezado e incluso caído sobre los obstáculos creados por malentendidos entre los
miembros, por opiniones intolerantes y afirmaciones dogmáticas propuestas en el
nombre mismo de la fraternidad? Si nuestros grupos teosóficos no pueden ser talleres
donde practicar la destreza de la fraternidad (porque el ideal es una destreza además de
un arte), entonces ¿podemos aprender a desarrollar la destreza de las relaciones
armoniosas en medio de los asuntos diarios? ¿Acaso el Primer Objetivo no nos lleva a
examinar nuestra propia conducta, nuestras propias reacciones, nuestras propias
relaciones con los demás y con todas las formas de vida, para ver si nos hemos acercado
más a la realización de la verdadera naturaleza de la fraternidad basada en un absoluto
conocimiento de la naturaleza unitaria de toda la existencia?
La libertad de investigación, el segundo principio enunciado en la fundación de la
Sociedad, está englobado en el Segundo Objetivo, y nos anima a ampliar nuestros
horizontes, a incrementar nuestras simpatías, a profundizar en nuestra apreciación de los
senderos de los demás, estudiando todos los campos de los intereses humanos
representados por las tres grandes categorías de la religión, la filosofía y la ciencia. Este
estudio, emprendido no para poder convertirnos en "enciclopedias andantes" o en
eruditos gigantescos, sino más bien para poder profundizar en nuestra comprensión de
los distintos caminos que llevan a un conocimiento de la Realidad Una, requiere una
genuina libertad de pensamiento. El estudio tiene que hacerse sin ideas preconcebidas,
sin prejuicios ni tendencias, y sin creencias ciegas en la superioridad de un camino
sobre otro, si tiene que apoyar el primer principio de la fraternidad. Y no puede haber
otra razón para este estudio, porque ese ideal es indudablemente el principio
fundamental por el que se fundó la Sociedad.
Si, entonces, el principio fundamental de la fraternidad, tan a menudo reiterado por los
fundadores, H.P. Blavatsky y H.S. Olcott, y por sus Maestros los Mahatmas, queda
definido en el Primer Objetivo y si el principio de la libertad de investigación está
implícito en el Segundo Objetivo, ¿qué relación existe entre el nombre de la Sociedad y
el Tercer Objetivo? Porque, como se ha sugerido antes, la frase inicial del preámbulo de
las Reglas de 1875 indicaba que la designación de la Sociedad como "Teosófica"
señalaba su propósito, su finalidad y sus objetivos. Por consiguiente, podemos muy bien
preguntar si existe realmente una relación entre el Tercer Objetivo, que parece enlazar
dos temas muy dispares ("leyes inexplicadas de la naturaleza" y "poderes humanos
latentes") y el término "teosófico", un término que en su mayor parte ha quedado
oficialmente sin definir. Responder a esa pregunta requiere un examen minucioso de
todo lo que está implícito en el Tercer Objetivo bajo la luz, primero, del ideal de la
fraternidad y, segundo, del nombre de la Sociedad. Como se ha señalado ya, no existe
una definición oficial de la Teosofía, ninguna definición se les ha impuesto nunca a los
miembros de la Sociedad, ninguna a la cual tengan que rendir ninguna fidelidad.
¿Cuántas veces se ha dicho que nuestro único lazo de unión es nuestra búsqueda de la
verdad, nuestro único objetivo la realización de la fraternidad, nuestro propósito
esencial despertar en nosotros y en los demás la realización intuitiva de la unidad de
toda existencia? ¿Podría ser que investigando esas "leyes inexplicadas" hasta ahora,
impresas tanto en el universo como en nuestra propia naturaleza (puesto que todo lo que
está dentro del macrocosmo está o tiene que estar en el microcosmo), nosotros
inevitablemente despertamos nuestros propios poderes latentes, poderes que son un
reflejo directo de las potencias creadoras por las que un universo manifestado (y todo
cuanto hay en él) llega a la existencia? ¿Podría ser que las mismas leyes por las que
todo este vasto sistema empieza a existir sean "inexplicadas" hasta que las hayamos
revelado en nuestra vida, ya que somos verdaderos co-creadores con el Uno (pues nada
existe fuera de ese Uno Ultimo), co-partícipes en los procesos creativos por los que el
Uno se revela a Sí mismo en los muchos? Y ¿podría ser que en esto se encuentre la cima
de nuestro potencial humano, siendo todos los poderes dentro de nosotros nada más que
reflejos del poder universal uno en sus muchas permutaciones y manifestaciones a
través de todos los dominios de la existencia, a través de todos los reinos de la
naturaleza?
En cierta ocasión, a una pregunta referente al Tercer Objetivo, la Presidenta, la señora
Radha Burnier, respondió (Regeneración Humana):

Este objetivo implica el estudio no sólo de la Naturaleza en su


manifestación externa sino de la relación con todas las cosas, porque
toda ley es una afirmación de relaciones. El conocimiento de las leyes es
el poder de acelerar el progreso... la comprensión de nosotros mismos
está conectada con la comprensión de las leyes, y de las fuerzas que
funcionan detrás de ellas.

La ley última, podemos sugerir, es la ley de la relación correcta, que tiene que
prevalecer en todo el universo, manteniendo el orden y revelando tanto el significado
como el propósito. Ninguna palabra describe la belleza y poder de esa relación mejor
que la de la fraternidad, la expresión en el reino humano de ese amor que un poeta
describió como "la unidad ardiente que lo une todo".
Y ¿de qué otra manera conoceremos esa ley y todas las "leyes inexplicadas" que
proceden de ella, si no despertamos dentro de nosotros esos potenciales ocultos de
nuestra naturaleza que llevan a una realización total y completa de nuestra unidad? El
neoplatonista Iamblico, lo espresó bien:

Hay una facultad de la mente humana, que es superior a todo lo que ha


nacido o se ha manifestado. Por ella somos capaces de alcanzar la unión
con las inteligencias superiores, de ser transportados más allá de las
escenas y situaciones de este mundo, y de tomar parte en la vida superior
y en los poderes peculiares de los Seres celestiales. Con esta facultad nos
liberamos de los dominios del Destino y nos convertimos, por así decirlo,
en los árbitros de nuestros propios destinos.

En la primera carta de su Adepto, corresponsal, al Sr. A.P. Sinnett se le aconsejó que


considerara las "preguntas más profundas y más misteriosas que pueden remover la
mente humana, los poderes deíficos en el hombre y las posibilidades contenidas en la
naturaleza". Cuando esos "poderes deíficos" se mueven en nosotros, cuando
despertamos a la maravilla y a la gloria y misterio de nuestra humanidad, con todas sus
responsabilidades así como a su enorme potencial para hacer el bien, llegamos a
reconocer que los Objetivos de esta Sociedad Teosófica están todos interrelacionados e
interconectados hacia el propósito único de producir la transformación de nosotros
mismos y con ello, del mundo. Los Objetivos nos señalan la dirección que nosotros, y
un día toda la humanidad, tiene que seguir, la dirección de ser hermanos, de conocer
nuestra fraternidad no sólo como una teoría sino también como una realidad, actuando
en cada momento en armonía con nosotros mismos, con los demás y con toda la vida
que nos rodea. Sí, un ideal tal vez no fácil de conseguir en una sola vida, tal vez ni en
los siglos venideros, pero verdaderamente un ideal por el cual no puede perderse ningún
esfuerzo; ningún fracaso en su persecución puede ser nunca definitivo, ninguna acción
hacia su consecución puede ser nunca demasiado pequeña o insignificante.
Se nos han puesto unos magníficos objetivos ante nosotros. El propósito de los
Objetivos es claro: recordarnos constantemente el por qué estamos aquí, no sólo como
miembros de esta Sociedad, sino como hombres y mujeres que andan por los caminos
de la humanidad hacia los dioses.

EL DESCUBRIMIENTO REVOLUCIONARIO
DE LA TEOSOFÍA

GEOFFREY HODSON
Theosophy in New Zealand, Sept. 1980.
Si podemos descubrir cómo ser felices como Miembros de la Sociedad
Teosófica, sabremos ser felices en todas las faces de nuestra vida. El valor de la
Teosofía puede juzgarlo el mundo por la vida, el carácter, las maneras de los teósofos.
La jovialidad inteligente produce una radiación natural de simpatía. El Teósofo ideal
debiera ser un individuo internamente feliz, para quien el hecho mismo de existir es una
inspiración y un gozo, para quien la belleza de la naturaleza y la camaradería de los
hombres son una fuente infalible de felicidad.
El descubrimiento interno de la Teosofía puede traer consigo una gran felicidad
para miembros que pueden haber pasado por dificultades tales como oscuridad
espiritual, la angustia mental, la desilusión, la búsqueda infructuosa de la verdad, y las
adversidades kármicas. Este descubrimiento que soluciona los problemas del vivir,
puede en consecuencia ser un maravilloso aliento.
Generalmente puede ser un re-descubrimiento y a la vez como un estallido solar
interno, después del cual comienzan a perder su poder opresivo las adversidades
kármicas y a disiparse las nubes espirituales y mentales. Ese primer re-descubrimiento
de la Teosofía puede ser para muchos una experiencia inolvidable. Después de él podrá
venir una prolongada fiesta intelectual y espiritual. Los principios básicos iluminan el
intelecto y resuelven lógicamente problemas hasta entonces insolubles. La desesperanza
se desvanece al nacer la esperanza, y el sentimiento de caos es reemplazado por el
descubrimiento del orden.
Enseñanzas ocultas revelan las maravillas de la Naturaleza visible e invisible. El
futuro se abre con todas sus infinitas posibilidades. Se realiza el poder interno para
triunfar. El vivir con un propósito reemplaza el mero flotar. Se restaura la dignidad. Se
siente el despertar espiritual. Comienzan a gozarse las experiencias espirituales. Nuevas
facultades del corazón y de la mente germinan y se expresan. El cerebro muestra signos
de nueva vida intelectual y más capacidad. Se descubre la realidad de los Maestros de
Sabiduría, y uno dedica su vida a Ellos y a hollar el Sendero que conduce hasta sus pies.
De todos estos modos el re-descubrimiento de la Teosofía puede producir una
revolución en nuestra vida. El individuo toma la irrevocable decisión de unirse a las
filas de los que aman al mundo y le sirven. Afortunados aquellos que a lo largo de todos
los años siguientes conservan y transmiten a otros la felicidad interna y el entusiasmo de
los primeros días teosóficos. Desdichados aquellos para quienes esa primera experiencia
de gratitud, de asombro, de deleite y re-descubrimiento, esa determinación interna de
coronar las alturas, se extingue y desaparece.
Esto último puede ocurrirle a cualquiera, especialmente cuando experimenta los
golpes del karma adverso; pues algunas veces el Ángel del Dolor arroja su magia sobre
nosotros para que nos volvamos más prudentes, más humildes y más compasivos.
Desgraciadamente algunos pierden entonces el interés y renuncian. Sin embargo,
muchos mantienen su afiliación a la Sociedad Teosófica y continúan exaltados por el re-
descubrimiento de la Teosofía, viendo crecer firmemente su entusiasmo y gratitud a
medida que pasan los años.
Semejantes afortunados han encontrado en la Teosofía una fuente inagotable de
inspiración y gozo. Han entrado a una fraternidad mundial, gozan de libertad absoluta
para opinar y pensar, y han descubierto completa seguridad espiritual, aquella Roca de
las Edades que es la verdad eterna, y han cimentado sobre ella su morada mental y
espiritual.
¿No es ésta la fuente de la felicidad interna de los Miembros de la Sociedad
Teosófica? ¿Cómo puede conservarse esta felicidad, y recuperarla cuando se pierde, y
compartirla con todos? La respuesta a estos interrogantes está tal vez en el aforismo
“feliz el hombre que ha encontrado su tarea, su Dharma”, la cual para el Teósofo es
“popularizar el conocimiento de la Teosofía” y de este modo iluminar las mentes y las
vidas de otros con la Antigua Sabiduría. Practicarla y compartirla son las salvaguardias
que provee el conocimiento de la Teosofía contra todos los peligros.
El mundo está pasando una gran crisis y transmontando un gran peligro: el de la
esclavitud al mal. Pero otros graves peligroso lo amenazan. Veamos algunos de ellos y
observemos las oportunidades que ofrecen al trabajador teosófico.
En el campo de la ciencia, existen peligros porque el hombre está éticamente
impreparado para usar bien sus conocimientos adicionales, debido a que la moral va
retrasada con relación al progreso científico. La única salvaguardia es la Teosofía con
sus enseñanzas de la Divinidad moradora en todo cuanto existe y el carácter sacrosanto
de la vida; la Unidad, y por tanto la fraternidad del hombre, y la perfección como meta
por la cual deben regirse todos los propósitos espirituales.
En el campo de la educación tenemos los peligros del aturdimiento, la
memorización, los castigos corporales, la masificación, el materialismo, el cinismo, el
egoísmo y la complacencia de sí mismo. Las salvaguardias incluyen el conocimiento
teosófico del alma inmortal evolucionante, la singularidad del hombre, su meta de
perfección, el servicio a Dios y a todas sus criaturas, la educación como una vocación
elevada, el reconocimiento de la juventud actual como la constructora de la civilización
del mañana, y de sus mentores como los que han de prepararlos para hacer de la vida
cívica la más grande de todas las carreras; el desarrollo global del carácter humano y no
sólo de los aspectos mentales y físicos, y la suprema importancia de una educación
Teosófica iluminadora y bien motivada.
En el campo de la política los peligros incluyen el abuso de poder, la corrupción
y los intereses clasistas de preferencia al bienestar nacional. Las salvaguardias consisten
en reconocer la fraternidad humana, el verdadero idealismo en el cumplimiento de los
cargos públicos; escuelas y universidades donde se entrenen hombres y mujeres para el
servicio cívico; enseñar a los niños y adolescentes a ver en la vida cívica la más grande
de todas las carreras para contribuir al bienestar humano en lo nacional y en lo
internacional.
En el campo de la religión, los peligros incluyen la desunión entre las distintas
fées mundiales, y, dentro de las religiones ortodoxas, el formalismo, la casta sacerdotal,
y la dependencia en observancias externas únicamente. Las salvaguardias son: unidad
en religión; un Parlamento de Religiones Mundiales dedicado a la iluminación y
salvación individual con reducción del temor, y una interpretación filosófica y mística
de las Escrituras de todas las Religiones.
Tales son ciertos campos maravillosos que están listos para ser administrados
Teosóficamente, y que urgentemente necesitan ese tipo de administración y guía.

LA TEOSOFÍA, UNA SÍNTESIS COMPRENSIVA


N. Sri Ram

La Teosofía, como lo indica la palabra, es la Sabiduría Divina; pero sólo


podemos tener un concepto de esa Sabiduría de acuerdo con nuestras propias
capacidades. Para nuestros propósitos, pues, podemos definirla como la Sabiduría
declarada en todas las cosas; una Sabiduría que debe tener una relación con las cosas
que observamos, con nuestra experiencia práctica.
En cualquier concepto que nos formemos de Dios como Realidad, o del hombre
y el universo en relación con Dios, no podemos ir en contra de los hechos, o sea de
nuestras experiencias, cualquiera que sea la explicación de esas experiencias. Entre esos
hechos innegables se cuentan las observaciones de la Ciencia; pero no las deducciones
de ellas, de las cuales hay muchas, ni tampoco las teorías, que cambian de cuando en
cuando, y que deben seguir cambiando a medida que se despeja algo más de esa “X”
que la Ciencia deja por fuera. Varias de esas incógnitas se han ido presentando ante la
Ciencia en su progreso. Las deducciones y teorías deben juzgarse sobre sus propios
méritos, y cada uno de nosotros debe sentirse libre para juzgarlas. Bien puede ser que
ciertas teorías científicas concuerden con la opinión oculta en ciertos puntos, o que hasta
se identifiquen esencialmente con esa opinión oculta, aunque se expresen en otros
términos. La palabra “oculta” suena misteriosa, pero significa solamente “lo oculto”; y
lo que está oculto a nuestra limitada visión y percepción en la Naturaleza es
inmensamente más que lo que está descubierto y patente en la superficie.
La Ciencia, en el sentido moderno, se basa en observaciones y ha crecido sobre
ellas. Pero lo que se observa no es sino una apariencia, una forma. Detrás del frente o
fachada de esa forma hay una serie de factores causativos. Y el intento de conocer algo
de esos factores y de sus creaciones a diferentes niveles, es lo que da origen a lo que se
llama Ocultismo.
Hay algo que trasciende a las formas que podemos observar en cualquier plano
de materia; y ese algo pertenece a la naturaleza de la vida o consciencia, al lado
subjetivo. El Ocultismo estudia tanto ese lado subjetivo como el objetivo. Cuando la
vida o consciencia se manifiesta por medio de una forma, en cualquier clase de
actividad observable, entonces la Ciencia puede tomar esas actividades y hablar de esa
vida o consciencia en términos de esas actividades. Pero la visión científica está
limitada por el hecho de que existen límites definidos para las facultades de observación
física que el hombre ejerce. Sólo conocemos el mundo externo dentro de ciertos
sectores definidos en una escala de vibraciones que se extiende por cada uno de sus
extremos mucho más allá de nuestro actual alcance normal. Teóricamente, esta escala
puede ser infinita. Puede existir en algún medio desconocido una onda que corresponda
a cualquier longitud que podamos postular, hasta donde sabemos.
Si tal es el caso, ¿no es posible que lo que consideremos como experiencias
subjetivas de una persona, por ejemplo sus sentimientos místicos o religiosos, tengan
también un lado objetivo, pero que ese lado objetivo esté en un nivel más sutil o más
elevado que el de las vibraciones que afectan nuestros sentidos normales?
La Ciencia construye desde abajo. El edificio Oculto incluye los cielos en
expansión, la vida y la Tierra. Pero el fundamento de la estructura global debe consistir
en datos objetivos; fundamento en el sentido no de un comienzo, sino de lo que es real
para todos nosotros, es decir, los hechos objetivos. La estructura bien puede tener su
origen en la cúspide, en el ápice del coronamiento de la cúpula central. En otras
palabras, puede ser una estructura colgante de un punto en la cúspide, una estalactita
muy notable. Esto nos parece absurdo. Es tan absurdo como la idea de que la gente al
otro lado de este globo está colgando con la cabeza hacia abajo, y los pies hacia arriba.
Arriba y abajo son términos relativos que deben entenderse como dentro y fuera, o
como lo unificado y lo diferenciado.
Si en esta visión de un movimiento desde el centro hacia la circunferencia,
introducimos el concepto de una disminución de espiritualidad y un aumento de
materialidad, obtenemos la verdad como la ve el Ocultismo. Si lo que llamamos
estructura es un movimiento desde arriba hacia abajo, sus extremos más bajos deben
concordar con los datos, colocados como bolos en este nivel que nos parece pequeño.
La Ciencia o Filosofía Oculta intenta transmitir los hechos, y explicar con la mayor
precisión todo lo que existe, todo lo que podemos observar, todos los fenómenos,
naturales y humanos.
El cimiento está correcto sólo cuando los datos están completos; entonces
pueden levantarse los muros; es decir, podemos hacer una estructura de deducciones
lógicas, hasta cierto punto y obtener alguna idea, si no de los diversos pisos de la casa
del Padre (para usar un término Cristiano), y de su techo o la forma del techo, por lo
menos sí un concepto unificado de la luz del techo. De esa manera obtenemos una idea
diagramática y necesariamente esbozada del edificio, idea que puede no estar
equivocada, hasta donde ello es posible. Cualquier declaración científica,
suficientemente amplia para definir un campo completo de hechos, tiende a volverse
abstracta -geométrica, ecuacional, etc.-, y falta de contenido vital, de experiencia y
consciencia vivas.
La Sabiduría Divina debe incluir todo lo visible y lo invisible, todo lo
perteneciente a la vida y a la forma, lo subjetivo y lo objetivo. Supongamos que
conocemos todo esto, en cierto grado; ¿formará ese conocimiento un todo completo,
una síntesis? Sólo puede haber una síntesis en el campo del conocimiento si hay cierta
coherencia o armonía en lo conocido, o sea en el Universo. Las cosas se mantienen
unidas de cierta manera bajo la presión de fuerzas que actúan con forme a ciertas leyes.
Podemos conocer esta condición, analizar sus partes. ¿Pero existe en el universo un
principio causante de una armonía mayor, más profunda y más fundamental, que
produzca una unión final de todas las partes, y las coloque dentro de cierto orden que
pueda describirse como una síntesis fiel y completa, poseedora del más alto significado?
La Teosofía, que es una versión moderna de la Sabiduría Antigua con respecto a
estas cosas, responde a esta pregunta en forma afirmativa. Einstein, antes de llegar a sus
teorías, se movía bajo el sentimiento de que la Naturaleza debe ser un todo, y de que
debe haber armonía y cierta uniformidad en sus operaciones. Esto era fe, y lo condujo a
un punto de vista que produjo notables resultados. Sean sus opiniones susceptibles o no
de radicales modificaciones, su fe la comparte plenamente el Teósofo. La explicación
Teosófica tiene el mérito de observar todo cuanto ocurre, a la luz de principios que,
partiendo del más elevado punto de auto-realización, y siendo deductivamente sólidos,
exhiben la más elevada armonía y proveen un esquema que no excluye ningún hecho
observado o experimentado. Estos principios constituyen un conjunto lógico y son una
especie de átomo metafísico indesintegrable. Mas es un átomo en el que cada uno de
nosotros tiene que soplar el aliento de sus propias realizaciones conscientes, y entonces
el átomo se ensanchará para formar un universo muy maravilloso.
Hay en el universo un principio de Unidad, que es la unidad de toda vida. Todo
lo que está manifestado surge de cierta polaridad entre este principio de Unidad y el
principio de Diferenciación, representado por la Materia en todos sus grados. Otros
nombres de esta polaridad son Espíritu y Materia, los cuáles son inseparables en todos
los niveles y en todas las formas. Es sólo la manifestación del Espíritu la que varía, en
grado y en calidad o naturaleza. Y esta suposición fundamental es la que distingue a la
Teosofía de todas las filosofías materia les y puramente empíricas. Debido a esta
suposición, puede describirse la Teosofía como una filosofía espiritual.
Existe vida por doquiera, aunque en grados diferentes, hasta en lo que
consideramos como materia muerta e inerte. La consciencia está inherente en la vida.
En el hombre esa consciencia se ha desenvuelto en auto-consciencia, y por ello el
hombre puede conocer ciertas verdades pertenecientes a su naturaleza psíquica y
espiritual, verdades que son subjetivas para su consciencia física. Es decir, el hombre
puede ahondar en su consciencia y descubrir la verdadera naturaleza de sí mismo.
La más importante de estas verdades es la de la unidad de todo cuanto existe. En
la verdad de esta unidad, que es dinámica, reposa la posibilidad de una síntesis perfecta.
Todas las cosas están evolucionando hacia un estado en que su alma, su verdadera
naturaleza vital, se hará más manifiesta; un estado más perceptivo, más dúctil y capaz
de auto-armonización. Cuando este proceso esté completo, todas las cosas habrán
alcanza do su propio orden, un orden que producirá cooperación mutua y mayor
solidaridad, sin que ninguna de las cosas sacrifique su propia calidad espiritual
distintiva,
Al evolucionar cada cosa de este modo, se hace más capacitada y alcanza sus
verdaderas relaciones con las demás, es decir, las mejores relaciones posibles. Nosotros
podemos realizar esta posibilidad en el género humano. En un sentido especial, todos
los hombres son uno. Dada la inteligencia necesaria y un espíritu de comprensión
mutua, es posible que los individuos, grupos y naciones, diferentes como lo son,
cooperen entre sí, con el efecto de enriquecer grandemente la vida de cada cual y de
constituir un espléndido conjunto humano,
La Teosofía extiende este concepto al universo entero. El Universo está animado
por la misma Vida, que es la Vida de Dios, aunque en el hombre está desenvuelta en
grado más alto que en los reinos inferiores. Existe una unidad de Espíritu. Este Espíritu,
reflejado en la materia, se manifiesta en múltiples aspectos. Cada aspecto es una
individualidad distinta que en cada caso se manifiesta en cierta forma. Nada puede
manifestarse sin una forma.
El Espíritu es trascendente y siempre intangible en todos los niveles objetivos.
Despide rayos infinitos que constituyen el alma de cada forma, aunque una forma
difiera de otra en capacidad y naturaleza. La manifestación de la individualidad, que es
la naturaleza de la vida encerrada, no es estática sino progresiva. Esto es evolución, la
cual, según la Ciencia, es una evolución de especies, y según la Teosofía es una
evolución de formas, compañera del desenvolvimiento de la vida.
La vida inmanente es una y múltiple. Una, desde el punto de vista del Espíritu
que es el centro; múltiple y diferente, desde el punto de vista de la Materia o expresión
que representa la circunferencia.
La síntesis de que hablo no es meramente una síntesis en nuestro conocimiento
que nos da una mejor comprensión, sino una síntesis en la Naturaleza misma. Si
pensamos en la vida que está dentro de las cosas, hay la posibilidad no meramente de
una síntesis que es una unión, sino hasta de una integración, la cual es más que unión e
implica una unidad. Puesto que el Uno se ha vuelto muchos, los muchos pueden volver
a convertirse en el Uno dentro de una consciencia realizada. Pero del lado de las
individualidades, que son distintas, la síntesis debe significar armonía perfecta,
productora de simpatía, cooperación y felicidad.
Siendo éste el punto de vista Teosófico, puede acoger todo cuanto haya de
verdadero en cualquier filosofía o religión o ciencia. Estas, especialmente la Religión y
la Ciencia, han parecido ser opuestas entre sí en el pasado, pero meramente representan
diferentes ángulos de acercamiento. La Ciencia se acerca desde afuera a las cosas del
universo y registra sus observaciones. Luego establece las relaciones en lo que ha
observado. También propone teorías para explicar esos hechos, tales como la Teoría de
la Relatividad. La Filosofía opera en el plano de la mente, tomando en cuenta todas las
experiencias mentales; examina la validez de esas experiencias, extrae de ellas
conclusiones, y trata de arreglar estas en cierto orden para iluminar los procesos
naturales. La Religión se ocupa de ciertos tipos de esas experiencias, los más profundos,
y formula teorías o ideas para explicarlos. Puesto que fuera de nuestras experiencias no
existe nada sobre qué construir, y toda experiencia es terreno de estudio, en Teosofía
estudiamos Ciencia, Filosofía y Religión.
Sabiduría es mucho más que conocimiento, el cual ordinariamente no es sino
conocimiento de hechos y procesos. Nuestra sabiduría consiste en el uso que hacemos
de esos hechos y procesos. La Sabiduría no consiste en mera ingeniosidad, ni siquiera
de parte de Dios. No hay nada más maravilloso que la ingeniosidad de la Naturaleza.
Mas todo, ¿con qué fin? Hay un hondo propósito en la Naturaleza, el cual es el auto-
desenvolvimiento de todas las cosas, de la naturaleza oculta en ellas. En este
desenvolvimiento hay Gozo, hay Creación, hay Belleza.
La Sabiduría de Dios está en Su naturaleza que se manifiesta a través del
universo y es inseparable de él. Esa Sabiduría es la que ha producido las muchas formas
con el impulso de la Vida Una. Las formas se hacen más y más significativas a medida
que se cargan con el poder de la unidad. Más significado, más poder más
individualidad, significa una integración más verdadera e íntima entre los elementos que
componen esa forma. La Sabiduría final de Dios está en la síntesis que resulta de todas
las formas en evolución: en cierto orden que alcanzan ellas, que es un orden perfecto.
Desde el punto de vista de esta Sabiduría, la construcción de todo el universo, su
naturaleza, puede expresarse en términos extremadamente simples. Puesto que todo es
lógico y procede en una ilación natural, todo es simple en el centro. Se complica en la
circunferencia. En el principio, Espíritu y Materia, los dos polos manifestados de la
única Realidad absoluta; toda vida es el juego del Espíritu sobre la Materia, o la
interacción entre ellos. Imaginemos al Espíritu como el centro, y la materia física densa
como la circunferencia. La Materia existe en grados diferentes de finura y sutileza,
sobre los radios que conectan el centro con la circunferencia. Y así hay en este universo
materia de diferentes grados y tipos, y hay formas de cada tipo de materia,
constituyendo mundos diferentes. Todos estos mundos son, como si dijéramos,
secciones relacionadas de un solo mundo.
La evolución es infinita, pues no hay límites para la potencialidad del Espíritu
que está realizándose cada vez más en las formas. Cada ser humano individual y cada
especie de vida, representa una manifestación progresiva del Espíritu, una manifestación
que continúa aún después de la muerte del cuerpo físico, porque el Espíritu es inmortal.
Deben existir en el universo, y los hay, Seres que habitan principalmente en los mundos
sutiles, y en quienes ese desarrollo que está ocurriendo por doquiera, ha alcanzado un
estado más alto; y quienes, por consiguiente, son semejantes a Dios en Poder, Sabiduría
y Amor. El Hombre está destinado a crecer de manera semejante. Todo esto, aunque
aparentemente teórico, se deduce en forma extremadamente lógica de premisas simples,
responde a innumerables preguntas, y tiene mucho terreno racional en qué apoyarse.
Nuestro conocimiento de la Sabiduría Divina tiene por fuerza que ser parcial y
limitado en extremo. Nuestro horizonte, desde cualquier altura de donde podamos
dominarlo, tiene que ser un fragmento minúsculo de una esfera infinita. Sin embargo, la
visión que logramos es amplia. Por lo menos tiene un contorno definido. Por lo menos
tiene un contorno definido. A ese contorno se le ha dado el nombre de Teosofía y dentro
de el podemos incluir cualquier conocimiento que nos venga. Pone todo nuestro saber
dentro de cierto orden, dándonos una idea cada vez más llena del significado de los
procesos en que nos vemos envueltos. Esta comprensión tiene que ser tanto de la vida
como de la forma. Pues la vida es el agente sintetizador. Y el conocimiento de la vida
puede venir solamente con la percepción de los demás, con una comprensión de ellos
que sea sensitiva, simpática e imaginativa, y con cierta liberación de las ataduras a
nuestro propio ser limitado y separado.
Es posible tener cierto conocimiento del todo, sin un conocimiento de las partes;
tener algún conocimiento de la vida, sin mucho estudio de las formas. Pero se conoce
más de lo que existe en la unidad cuando el conocimiento se despliega en acción,
cuando se objetiviza en formas. La forma perfecta es aquella por medio de la cual se
revela plenamente la naturaleza innata de una cosa. Hacia una forma así, perfecta en
todo sentido, están moviéndose firmemente el hombre y todas las cosas de la naturaleza
y del Universo.

LOS FUNDAMENTOS DE LA TEOSOFÍA

John Algeo
(Profesor de Inglés en la Universidad de Georgia, editor del periódico American Speech
para la Sociedad Americana de Dialectos; es el Secretario General de la Sociedad
Teosófica en los Estados Unidos)

The Theosophist, Mayo, 1981

Om mani padme hum – el antiguo mantra Budista, expresa profundas verdades


de una manera poética. El mantra puede ser traducido (tanto como es posible traducirlo)
como “Oh, la joya del loto, ¡ah!”. La primera y la última palabra, om y hum, son
realmente intraducibles; ellas son sílabas misteriosas que sugieren, pero no afirman
directamente, significados de tipo usual. Las dos palabras del medio, mani padme,
significando “la joya del loto”, son, de esa manera, un poema envuelto en un misterio.
Es un notable poema – una imagen maravillosamente extraña: dentro de los tiernos y
transitorios pétalos de la flor del loto reposa la gema diamantina y perdurable – el eterno
diamante-simiente del cual la pequeña flor surge.

Existen muchos significados de la imagen de la joya y del loto. Pero, tal vez, el
significado principal sea, lo que superficialmente diferentes ellos parezcan, la joya y el
loto son esencialmente uno. Cuando nosotros decimos que una cualidad es esencial,
queremos decir que ella es indispensable porque toca la esencia o el verdadero ser de
una cosa. Los fundamentos de una cosa son lo que ella realmente es. Debajo de la
superficie y apariencia del loto reposa su esencia – la joya-. Buscar los fundamentos es
buscar la joya en el loto y esto no es una tarea pequeña o fácil.

Buscar los fundamentos de la Teosofía es preguntar lo que la Sabiduría Divina


realmente es. ¿Cómo puede esta pregunta ser respondida? ¿Cómo nosotros podemos
sondear las profundidades de la sabiduría o retirar la joya del loto? Hubo una vez un
físico que, cuando al ser invitado a dar una conferencia para sus colegas científicos, dijo
que pensó que podría hablar sobre “El Universo y Otros Asuntos”. Cualquiera que
intente describir los fundamentos de la Teosofía puede parecer tan presuntuoso y tonto
como aquél físico. Por otro lado, hay un viejo dicho de que la Teosofía tiene bajíos en
los cuales una criatura puede andar, como también profundidades en las cuales un
gigante necesita nadar. Por más diferentes que sean en algunos aspectos, los bajíos y las
profundidades comparten la misma agua. Si remamos en los bajíos, nosotros podemos
saber algo de cómo son las profundidades. Al inquirir sobre los fundamentos de la
Teosofía, nosotros ciertamente no agotaremos las profundidades de la Sabiduría, pero
podemos mojar nuestros dedos y experimentar en el agua.

Existen dos aspectos de la Teosofía cuyos fundamentos necesitan ser


considerados: el aspecto teórico y el práctico. La palabra “teoría” viene del griego,
teoría, y quiere decir una visión o modo de mirar las cosas. Una teoría es una ventana
para el mundo. Algunas veces, en verdad, la palabra es usada para referirse a alguna
cosa irreal o no-práctica, como cuando nosotros decimos: “¡Oh!, Eso es apenas una
teoría”. Pero, rechazar teorías es rechazar ventanas y, por lo tanto, permanecer en un
cuarto cerrado y sin vista. Como nos dice “La Escalera de Oro” (1), nosotros
necesitamos de mentes abiertas y para que la mente esté abierta debe tener ventanas –
esto es, teoría – y ella necesita más de una ventana.

El hecho de que las teorías son ventanas significa que dos teorías diferentes
pueden estar correctas. Si dos ventanas proporcionan vistas de diferentes partes del
panorama o muestran la misma escena desde ángulos diferentes, nosotros no decimos
que una vista es correcta y la otra errada. Nosotros reconocemos que ellas son solo
maneras diferentes de mirar la misma realidad. Para estar seguros, una u otra ventana
puede ser más útil para un propósito particular, dependiendo de lo que nosotros
queramos ver; pero las vistas que ellas proporcionan son igualmente verdaderas. Así,
también las teorías sobre la naturaleza y el propósito de la vida pueden diferir, pero
pueden ser complementarias en vez de contradictorias. En la filosofía clásica hindú
existen seis escuelas: la Vaiseshika, la Nyãya, la Sãnkhya, la Yoga, la Mimãnsã y la
Vedãnta. El término sánscrito para una escuela de filosofía es darsana, de la raíz drs,
significando “ver”, es así equivalente al griego teoría, un modo de ver las cosas.

La Teosofía incluye una teoría o darsana – una ventana a través de la cual


nosotros podemos mirar hacia el mundo. Ninguna infalibilidad es reivindicada para la
teoría teosófica. Ella no es una verdad revelada que debe ser aceptada por la fe. En vez
de eso, es un descubrimiento realizado por generaciones de sabios, rishis y maestros –
un descubrimiento al cual estamos invitados a compartir, a confirmar por nosotros
mismos, a suplir y transmitir, no impensadamente sino críticamente. La teoría teosófica
es una de aquellas fascinantes ventanas mágicas, abriéndose a la espuma de mares
peligrosos en tierras encantadas y abandonadas.

Pero, los mares cuyas profundidades son peligrosas son también fuentes de agua
dadoras de vida, y las tierras abandonadas requieren ser exploradas y pobladas. La
teoría Teosófica es, en verdad, una ventana para un maravilloso y atractivo panorama.

Incluso siendo teórica, a su vez, la Teosofía también es práctica. La palabra


práctica viene del Griego praktike “una relación con la acción”, del verbo prassein
“pasar a través de, experimentar, actuar”. Teoría es mirar; práctica es hacer. Las dos son
complementarias, cada una es indispensable para la otra. Si nosotros deseamos navegar
a través de “mares peligrosos”, necesitamos tanto de los mapas para guiarnos como de
una tripulación hábil para mover el barco. Faltando una de las dos, el barco está
perdido. Así, teoría sin práctica es un mapa que no es seguido, mientras que práctica sin
teoría es una jornada sin dirección.

El Dr. Samuel Johnson observó que “un hombre puede ser muy sincero en
buenos principios sin tener buena práctica. Pero, en este caso, buenos principios (o
teoría) no valen nada”. Así, también, Leonardo da Vinci escribió: “la suprema
desventura es cuando la teoría supera a la ejecución”. Pero lo inverso es igualmente
malo – el elefante proverbial en un negocio de vajillas tiene un gran desempeño
potencial, pero sin teoría para guiarlo, el resultado es porcelana quebrada. El
emperador–filósofo Marco Aurelio reconoció la necesidad de una vida equilibrada
cuando, en sus Meditaciones, él se advirtió a sí mismo que debía “mirar la esencia de
una cosa, cualquiera sea el punto de vista de la doctrina (esto es, de la teoría), de la
práctica o de la interpretación”. Esto es lo que nosotros también necesitamos hacer –
mirar la esencia de la teoría y de la práctica teosófica y ver si podemos interpretar
aquellas cosas por nosotros mismos. La Sociedad Teosófica no posee dogmas, no posee
creencias requeridas; ella no posee un credo al cual sus miembros sean solicitados a
suscribirse. Pero la Teosofía es una teoría – un modo de mirar el mundo –que implica
una práctica – una manera de actuar, de pasar a través del mundo. Los fundamentos de
esta teoría y práctica pueden ser resumidos en tres afirmaciones.
Realidad y fraternidad

En el Proemio de La Doctrina Secreta (2), Helena P. Blavatsky nos dice que


“tres proposiciones fundamentales” forman la base de toda la teoría Teosófica. La
primera de éstas es que hay “un Principio Inmutable, Ilimitado, Eterno e
Omnipresente”, el cual es la “Realidad Única Absoluta”, abarcando todo el Ser
manifestado y condicionado. Esta Causa Eterna e Infinita es la Raíz sin Raíz de “todo lo
que fue, y lo que siempre será”. Esta Realidad Única es la fuente de toda conciencia,
materia y vida en el universo.

La ciencia ortodoxa ve la materia como la realidad básica. La materia está


organizada por leyes naturales en estados progresivamente complejos hasta que,
finalmente ella está tan altamente organizada que resulta en la vida y en la habilidad de
crecer y de reproducirse. Por otras leyes naturales, la materia viva es organizada en
estados cada vez más complejos, finalmente produciendo conciencia por la cual ella se
torna esciente del mundo en torno de ella. Así, desde este punto de vista, la vida es una
modalidad por la cual la materia actúa cuando llega a un cierto estadio de complejidad,
mientras que la conciencia no es más que el epifenómeno de la materia. Uno de los
fundamentos del universo, entonces, es la materia; la vida y la conciencia son sub-
productos incidentales.

La visión Teosófica es muy diferente. Ella sustenta que la realidad esencial es


diferente de cualquier cosa que nosotros conocemos o podamos conocer. Ella no es, dice
Helena Blavatsky, el “ser” absolutamente, pero, sí, la “divinidad” – la esencia de la
realidad, un principio. De ella viene la dualidad de la conciencia y la materia, cada una
implicando a la otra. La conciencia existe solamente en la medida que ella es reflejada
en la materia, y la materia existe solamente en la medida en que ella es concebida por la
conciencia. Sin materia para estar consciente de algo, la conciencia no podría existir,
esta afirmación es muy aceptable para la ciencia ortodoxa. La afirmación
complementaria, entretanto, es una de aquellas ventanas abriéndose hacia un mundo
encantado: sin conciencia para estar consciente de ella, la materia no podría existir.
Hace mucho tiempo atrás, la ciencia habría rechazado tal afirmación como puro
misticismo. Pero, a medida que los científicos investigan profundamente en el mundo
subatómico, la materia, como nosotros la pensamos, desaparece completamente,
dejando en su rastro partículas de energía o, más precisamente, probabilidades de
energía cuya propia existencia está misteriosamente envuelta con nuestra conciencia
respecto a las suyas – Fritjof Capra es uno de aquellos nuevos físicos que adoptan esta
visión aparentemente mística de la materia, por ejemplo, en su estimulante libro El Tao
de la Física (3). En esta visión, conciencia y materia parecen ser en verdad funciones
una de la otra, de la misma forma que la Sabiduría Antigua sustenta.

¿Y sobre la vida? La Teosofía la ve como la relación o interacción entre


conciencia y materia. Cuando la conciencia se somete a la materia y la materia responde
amoldándose a sí misma en formas conscientes, el resultado es la vida. Ninguna
partícula del universo, aunque sea pequeña o aislada, existe sin materia, conciencia y
vida – no completamente desenvuelta, tal vez, pero sí en esencia. De esta forma, dentro
de todo ser manifestado esta la divinidad única absoluta; detrás del universo múltiple y
variado esta la realidad única.
Cada teoría implica en acción. ¿Cuál, entonces, es la consecuencia práctica de la
primera proposición fundamental? La teoría es que hay una realidad subyacente a toda
existencia – toda materia, conciencia y vida. ¿Qué práctica esto implica? La unidad de
la realidad connota la unidad de humanidad. Y la unidad de humanidad requiere que
nosotros vivamos para honrar esta unidad, para promoverla, para ser fraternales con
nuestros semejantes. Así, la primera proposición fundamental de La Doctrina Secreta
implica el primer objetivo de la Sociedad Teosófica: “formar un núcleo de la
Fraternidad Universal en la Humanidad, sin distinción de raza, credo, sexo, casta o
color”. No es por accidente que el objetivo de fraternidad fue colocado en primer lugar
en la agenda teosófica, lo que los Maestros consideraron como la razón de ser de la
Sociedad. En 1880, el Maestro K.H. escribió a A.P.Sinnett: “Los Jefes quieren una
Fraternidad de la Humanidad, una real Fraternidad Universal iniciada” (Carta de los
Mahatmas, número 6). Si nosotros aceptamos la primera y fundamental proposición de
la teoría Teosófica – la unidad de la realidad – nosotros somos llevados,
inexorablemente, a la práctica de la fraternidad. Esposar la fraternidad sin saber por qué
es mero sentimentalismo. Proclamar nuestra creencia en la radical unidad de la realidad
sin vivir en fraternidad e hipocresía. La teoría y la práctica deben ir juntas. Así, la
primera proposición y el primer objetivo juntos implican un servicio. Como uno de los
aspectos de la vida teosófica.

Orden y Estudio

La segunda proposición fundamental – la segunda base de la teoría Teosófica –


es que La Doctrina Secreta afirma la Eternidad del Universo in toto como un plano
ilimitado, periódicamente “el escenario de innumerables Universos, incesantemente
manifestándose y desapareciendo”. Esta segunda aseveración de La Doctrina Secreta es
la “absoluta universalidad de aquella ley de periodicidad, de flujo y reflujo, menguante
y llena, que la ciencia física observó y constató en todos los departamentos de la
naturaleza. Una alternancia tal como es el Día y la Noche, la Vida y la Muerte, el Sueño
y la Vigilia, es un hecho tan perfectamente universal y sin excepción, que es fácil
comprender que en ella nosotros vemos una de las Leyes absolutamente fundamentales
del Universo”.

La segunda proposición afirma ciclos regulares o de repetición siguiendo un


padrón en todas las cosas – esto es, ley, orden, sistema. Ella afirma que el universo no es
un accidente, sino un lugar planificado y ordenado, que existe un designio gobernando
el proceso mundial. El universo no es solamente un “consumir el fuego”. El “Big-
Bang”, al cual la ciencia atribuye el comienzo de nuestro universo, no es una cosa que
sucedió una vez solamente. Los astrónomos están ahora debatiendo si el universo
continuará expandiéndose infinitamente, hasta que, finalmente, se disipe en lejanas
distancias en cualquier lugar, o si el se contraerá y retornará a alguna unidad densa y
compacta en el centro de algún lugar. La teoría teosófica predica un universo oscilante
que alternadamente, se expande y se contrae de una manera regular y ordenada.

Mirándonos a nosotros mismos, vemos la ley de periodicidad en la


reencarnación – la alternación de la Vida y la Muerte, como Helena Petrovna Blavatsky
la llamó. Y es el karma – la ley de causa y efecto que controla e induce el nacimiento en
el mundo físico – nosotros vemos el principio de orden, que es esencial a toda
periodicidad. En nosotros, pequeños seres humanos, como en el gran universo mismo,
hay un orden y repetición, hay karma y renovación cíclica; Ferdinand de Saussure, el
fundador de la lingüística moderna, dijo que un lenguaje es un sistema en el cual todo
permanece unido. Él podía haber dicho esto, tan verdaderamente, sobre cualquier otra
cosa en el universo o del propio universo. La palabra universo viene del latín,
significando transformado en uno. El universo es un todo combinando todas sus partes,
aparentemente separadas, en una unidad. Esta unidad no es tanto el material (relleno)
del que el universo está hecho, sino los modelos que adecuan el contenido material.
Norbert Wiener, el inventor de la cibernética, escribió: “Nosotros no somos un
contenido que sustenta sino modelos que se perpetúan a sí mismos”. Todo lo que más
sentimos acerca de nosotros es que no somos los pedazos que suponemos, sino modelos
perpetuándose a sí mismos.

La consecuencia práctica de la segunda proposición es que nosotros debemos


intentar descubrir el orden en el universo para que, así, podamos vivir de acuerdo con
él. Buscamos encontrar este orden en una variedad de maneras, las principales entre
ellas son las disciplinas de la ciencia, de la filosofía y la religión. El propósito de la
ciencia es estudiar el orden de la naturaleza física. El propósito de la filosofía es estudiar
el orden en los asuntos intelectuales. El de la religión es estudiar el orden en las cosas
espirituales.

Y así, la segunda proposición fundamental, que afirma la existencia del orden,


lleva naturalmente al segundo objetivo de la Sociedad Teosófica: “Encarar el estudio de
la Religión Comparada, la Filosofía y la Ciencia”. Tal estudio debe ser comparado
porque ninguna religión o rama única de la filosofía o de la ciencia tiene un monopolio
de la verdad. En consecuencia estas tres disciplinas cubren la totalidad del ser humano.

Existe, de acuerdo con un análisis de la constitución humana, exactamente tres


bases (o upadhis) para la conciencia. Hay el sthulopãdhi o base grosera, que es la
conciencia de vigilia normal funcionando en el plano físico. El sukshomopãdhi o base
sutil es la conciencia en el plano astral o emocional y mental inferior o concreto, la
personalidad que subyace a nuestra conciencia física. El karanopãdhi o base causal es
la conciencia en los planos mental superior o abstracto y búdico o intuicional, la
individualidad que sobrevive de encarnación en encarnación y subyace a todas nuestras
personalidades. Toda la vida humana está construida sobre estas tres bases.

La ciencia, al estudiar la naturaleza física, trata con el mundo de sthulopãdhi o


mundo que nos rodea en su forma grosera. La filosofía, al estudiar los asuntos
intelectuales, trata con el plano de sukshmopãdhi – o mundo sutil del pensamiento y
sentimiento, de la mente y las emociones. La religión, al estudiar los asuntos
espirituales, trata con el nivel de kãranopãdhi - o mundo causal de aquellas verdades
últimas que ligan al hombre de vuelta a sus orígenes. Así, ciencia, filosofía y religión
buscan el orden en todas las bases de la vida humana. Y habiendo descubierto el orden a
través de estas disciplinas, nosotros podemos interactuar con la periodicidad del
universo, conscientemente asistido y colaborando con el plan cósmico. Más de una vez,
teoría y práctica se funden: para cooperar con el orden universal, nosotros debemos
conocerlo, para descubrir ese orden, nosotros debemos vivirlo. La segunda proposición
y el segundo objetivo, juntos implican el estudio como un aspecto de la vida Teosófica.

Analogía y lo no – explicado
La primera proposición fundamental está relacionada con la absoluta unidad que
subyace al mundo de los fenómenos. La segunda proposición está relacionada con este
mundo y su orden cíclico. La tercera proposición está referida al relacionamiento que
hay entre la unidad absoluta y el mundo manifestado. Particularmente, ella está
relacionada con los seres humanos como expresión de esa relación.

La tercera proposición fundamental es “la identidad fundamental de todas las


Almas con la Super-Alma Universal, siendo esta última un aspecto de la Raíz
Desconocida; y la peregrinación obligatoria para cada Alma a través del Ciclo de
Encarnaciones o de Necesidad, de acuerdo con la Ley Kármica y Cíclica”. La tercera
proposición afirma la identidad de cada individuo con una única Super-Alma. Esta
Super–Alma, que nosotros llamamos Logos, es una conciencia que da vida a la materia
del universo. Básicamente, la tercera proposición afirma nuestra identidad con la
Realidad Única Absoluta. Ella dice, de hecho, que el ser humano es un microcosmos (o
pequeño mundo) correspondiendo al macrocosmos (o gran mundo), en el cual vivimos.
Ella muestra que el propósito de la existencia es un peregrinaje de regreso a nuestras
fuentes.

Esta es una proposición importante porque ella significa que, nosotros somos de
la misma naturaleza que el propio universo, nosotros podemos mirar hacia él y sacar
conclusiones sobre nosotros mismos e, inversamente, mirar dentro de nosotros mismos
para descubrir algo respecto al universo. Si los constructores de navíos quieren
proyectar un tipo completamente nuevo de navío o los ingenieros espaciales un nuevo
modelo de nave espacial, ellos no hacen más que diseñar los planos en un papel y luego
construyen un navío del tamaño del Reina Elizabeth o una nave espacial para
transportar hombres a la Luna. Primero ellos usan un modelo o una simulación de
computador para tener la certeza que el proyecto funcionará realmente, como ellos
pensaban que sería. El modelo es, así, un microcosmo que puede ser examinado y del
cual los ingenieros pueden descubrir algo acerca del proyecto para el receptáculo
propuesto. Esto es, ellos usan la ley de analogía y de la misma forma nosotros podemos
usarla. Por analogía o correspondencia, nosotros podemos penetrar lo desconocido y
desenvolver facultades que ahora están solamente latentes.

La tercera proposición también dice que las almas individuales, por ser idénticas
al deslumbrante Logos y ser básicamente expresiones de la Realidad Única, son como el
Logos, sujetas a la Ley de Periodicidad. El hombre funciona de acuerdo con las mismas
leyes y principios que guían al gran universo alrededor de él.

Cuando Edipo estaba viajando hacia Tebas, embistió contra la Esfinge, una
criatura que era mitad humana y mitad león y que tenía el hábito de formular enigmas.
Y era su hábito desagradable devorar, en el mismo momento, a quien no consiguiese
responder a su enigma. Así, la Esfinge cuestionó a Edipo: “Qué es lo que anda sobre
cuatro piernas de mañana, dos piernas al mediodía y tres piernas al atardecer?” Sin
ningún tipo de vacilación, Edipo respondió el acertijo correctamente: “El hombre, pues
él gatea sobre cuatro piernas en la mañana de la vida, camina erecto sobre dos piernas al
mediodía de la vida y marcha sobre dos piernas y un bastón en el atardecer de su vida”.
La Esfinge quedó tan agitada porque Edipo había resuelto lo mejor de ella que se arrojó
desde un alto peñasco y pereció. En años posteriores (de acuerdo con André Gide que
interpretó el mito para los tiempos modernos), Edipo dijo a sus dos hijos que como él
había adivinado la respuesta del enigma de la Esfinge, mientras los otros habían fallado:
“Ustedes deben entender, mis muchachos, que en el principio de su jornada, cada uno de
nosotros encuentra un monstruo que lo confronta con el enigma que puede impedirle de
continuar hacia adelante. Aunque para cada uno de nosotros la Esfinge pueda presentar
una pregunta diferente, ustedes deben persuadirse de que la respuesta es siempre la
misma. Si, hay solamente una respuesta para todos los enigmas, porque la humanidad es
el microcosmo y contiene dentro de ella misma todas las preguntas que la vida puede
formular y todas las respuestas que nosotros podemos dar. O, como dice Blavatsky en
Isis Sin Velo (4): “La trinidad de la naturaleza y la cerradura de la magia, la trinidad del
hombre es la llave que se ajusta a ella”. Nosotros miramos en el espejo del hombre y
vemos, reflejado de vuelta, el cosmos.

Finalmente, la tercera proposición dice que el proceso mundial no es casual, sino


con un propósito. La jornada en la cual nos encontramos tiene una meta: es un
peregrinaje – una jornada hacia un destino espiritual por causa de la salud del alma. De
acuerdo con algunos psicoterapeutas recientes, tales como V. Frankl, el mayor problema
que muchas personas enfrentan, hoy, es que les falta un propósito a su vida. La tercera
proposición nos asegura que nuestras vidas tienen significado, propósito y dirección;
que nos estamos moviendo deliberadamente en dirección a una meta –el
redescubrimiento de lo que nosotros realmente somos-. Debido al principio de analogía,
nosotros mantenemos dentro de nosotros mismos el mapa que vamos a seguir. Y si
nosotros lo seguimos, como T. S. Eliot dice en “Little Gidding”:

“...el final de toda nuestra exploración


será llegar donde nosotros comenzamos
y conocer el lugar por primera vez”.

¿Cuál es la consecuencia práctica de la tercera proposición? Si pudiéramos


aprender algo respecto al propósito de nuestra existencia, correlacionándonos con el
universo, nosotros deberíamos hacerlo. Por lo tanto el tercer objetivo de la Sociedad
Teosófica es “investigar las leyes no explicadas de la naturaleza y los poderes del
hombre”, pues estudiar las primeras es aprender alguna cosa de los segundos.

Se piensa del tercer objetivo como refiriéndose a la percepción extra-sensorial y


los fenómenos paranormales de varios tipos. En los primeros tiempos de la Sociedad
Teosófica tales fenómenos representaron un gran papel. Helena Blavatsky y el Coronel.
Olcott se encontraron en una sesión espiritista mientras que A. P. Sinnett, uno de los
más prominentes miembros ingleses de la Sociedad en la India, fue atraído,
principalmente, por los notables poderes de Blavatsky. Él quería promover la Sociedad a
través de tales maravillas, mientras tanto, como el Mahatma K.H. le escribió: “la
Sociedad Teosófica es antes que nada una Fraternidad Universal, no una sociedad para
fenómenos y ocultismo” (Cartas de los Mahatmas, número 138). La primacía de la
fraternidad sobre las prácticas ocultas dentro de la Sociedad había sido aclarada al
principio en 1881, de acuerdo con Old Diary Leaves, del Coronel Olcott (conocido
como La Historia de la Sociedad Teosófica, N.T.) (2:294), y fue reafirmada en el
discurso inaugural de Radha Burnier, presidente internacional de la Sociedad Teosófica:
“el trabajo de la Sociedad no está relacionado con los fenómenos y las artes ocultas,
aunque muchos fenómenos pertenecientes al mundo invisible pueden ser interesantes
para el psicólogo o incluso para el lego. Ellos son triviales bajo la perspectiva del
conocimiento necesario para regenerar la vida humana. No es el espiritismo sino, la
espiritualidad lo que el mundo necesita, no son las artes ocultas sino el ocultismo,
también llamado gupta-vidyã (la doctrina secreta) y el ãtma-vidyã (la verdadera
sabiduría)”.

Las más importantes Leyes no explicadas de la naturaleza son aquellas por las
cuales el hombre y todos los otros seres están relacionados los unos con los otros y los
más importantes poderes latentes del hombre son aquellos por los cuales es capaz de
comprender su identidad fundamental con la Super Alma Universal. Para realizar el
tercer objetivo, no se necesita “sentar para el desenvolvimiento” como los espiritistas
dicen; no se necesita tornarse un seguidor del Dr. Rhine en sus experiencias en PES
(Percepción Extra-Sensorial, N.T.), no se necesita, como uno de los astronautas,
practicar transferencia de pensamiento en el espacio exterior. La técnica principal para
investigar las leyes no explicadas de la naturaleza y los poderes latentes en el hombre –
para realizar nuestra identidad fundamental con la Super-Alma Universal – es la técnica
de la meditación.

La manera más efectiva de investigar las leyes no explicadas fuera de nosotros y


el potencial latente dentro nuestro es practicar y controlar la mente. Nuestras mentes
están sometidas a un dualismo de sujeto y objeto; nosotros, el sujeto, pensamos sobre
los objetos. El pensador y el objeto pensado son los dos elementos esenciales para que
la mente trabaje. Pero, atrás de esa mente dualista existe una conciencia no dual que es
consciente, pero sin un objeto externo o sentido de “yo”. Cuando la mente dualista se
torna quieta, la conciencia no dualista puede surgir. Para aquietar la mente, nosotros
necesitamos centrar nuestros pequeños yoes en el Super Yo que está alrededor y dentro
de nosotros. Este centrar del yo y aquietar la mente es meditación. De él proviene un
gran sentido de libertad y alegría. Aunque al meditar nosotros digamos que contenemos
a la mente, no hay sentido de esforzarse. Meditar es, en lenguaje actual, estar
“reclinado de espaldas”, pero es también ser vital, conciente, participante. Meditación es
tanto trabajo como relajación, recogimiento y participación, contención y libertad. El
estado meditativo está lleno de contradicciones que se deben esperar al aventurarse en
lo inexplicable y latente. La mayor frontera es el espacio dentro de nosotros. Él es el
panorama sobre el cual las “ventanas mágicas” de la teoría Teosófica se abren, éste es el
territorio a través del cual la práctica Teosófica nos invita a viajar en nuestra
peregrinación. La tercera proposición y el tercer objetivo, juntos implican la meditación
como un aspecto de la vida teosófica.

Los fundamentos y el sello

Teosofía, entonces, es tanto teoría como práctica. Los fundamentos de su teoría


son las tres proposiciones fundamentales de La Doctrina Secreta. Los fundamentos de
su práctica son los tres objetivos de la Sociedad que nos llevan a la vida triple de
servicio, estudio y meditación. La teoría y la práctica están interrelacionadas – cada una
de las proposiciones implica uno de los objetivos. Todo está simbolizado por los
triángulos en el sello de la Sociedad Teosófica.

El triángulo claro puede ser tomado para representar la teoría. El punto superior
se relaciona con la primera proposición: hay una Realidad Absoluta. El punto inferior
directamente se relaciona con la segunda proposición: hay un orden en el universo
revelado en ciclos. El punto inferior izquierdo se relaciona con la tercera proposición:
cada alma individual es idéntica a la Super-Alma: la humanidad cuyo propósito es el
peregrinaje, es un microcosmo del universo.
Estas tres proposiciones tratan, respectivamente, sobre Dios o la Realidad
Última, el universo y el hombre. En arreglos florales japoneses existen tres elementos –
un superior representando el cielo, el horizontal representando la tierra y el elemento
oblicuo, entre los otros dos, representando el hombre. El principio en el triángulo es el
mismo. Los tres elementos representados en el arreglo floral son los tres puntos del
triángulo – Dios, el universo y el hombre – constituyen todo lo que existe. Y así
nosotros superamos a aquel físico que habló sobre “el universo y otros asuntos”, los
“otros asuntos” son el hombre y Dios y nosotros tratamos con los tres en su totalidad.

Si el triángulo claro representa la teoría, el triángulo oscuro representa la


práctica. Su punto inferior representa al primer objetivo: formar un núcleo de la
Fraternidad Universal. Su punto superior izquierdo se relaciona con el estudio de la
religión, la filosofía y la ciencia. Su punto superior derecho se relaciona con la
investigación de las leyes no explicadas de la naturaleza y los poderes latentes del
hombre.

Religión, filosofía y ciencia representan la sabiduría acumulada en el pasado,


nuestra herencia intelectual de los sabios eruditos y santos que existieron antes de
nosotros. Las leyes no explicadas y los poderes latentes son lo que el futuro sustenta.
Ellas están para ser explicadas y ellos, para ser desenvueltos de ahora en adelante y
serán nuestro legado para las generaciones que vienen. La fraternidad es un hecho; ella
existe aquí y ahora. Los Teósofos no reivindican formar la fraternidad – esto sería
presuntuoso e insensato. Ellos intentan solamente formar un núcleo de fraternidad que
ya está en el presente. De esa manera, los tres objetivos cubren el pasado del género
humano, que nosotros estudiamos; su futuro, que nosotros formamos en la meditación;
su presente, que nosotros servimos.
Finalmente, los triángulos son entrelazados, mostrándonos que teoría y práctica
son interdependientes. Cada punto está reflejado en el opuesto. Así, la Unidad Absoluta
está reflejada en la fraternidad. Y de esta reflexión nosotros podemos sacar una
importante conclusión: nosotros no estamos solos. Cada uno de nosotros es parte de una
gran red, conectándose con todos los otros seres humanos y con todos los seres.
Nosotros estamos unidos, indisolublemente, en aquel estado de “transformando en una
unidad”, que es el universo.

Y la orden cíclica del universo está reflejada en la ciencia, en la filosofía y la


religión – una reflexión que nos recuerda que hay una continua Tradición en la
Sabiduría originándose en los guardianes de las razas, preservada y transmitida por una
cadena inmensamente larga de estudiantes y, finalmente llegando hasta nosotros. La
tradición interpreta todas las cosas analógicamente y, así, da una percepción de lo
desconocido. En el volumen I de The Theosophist (octubre, 1879, pp.2-3), Blavatsky
afirma que los antiguos Teósofos fueron llamados analogistas debido “a su método de
interpretar todas las leyendas sagradas, mitos simbólicos y misterios por una regla de
analogía o correspondencia, de manera que los eventos que habían ocurrido en el
mundo exterior fuesen considerados como expresando operaciones y experiencias del
alma humana”.

De ese modo, la analogía del universo y de la humanidad y la tarea de descubrir


el propósito de ambos están reflejadas en una investigación de las leyes naturales no
explicadas y los poderes humanos latentes. De esa reflexión, comprendemos que el
mundo en torno de nosotros está cargado de significado. El libro de la naturaleza quiere
ser leído y es como si fuese un gran holograma.

Hologramas son láminas fotográficas producidas por la luz coherente (por


ejemplo, un haz de rayo “láser”), y ellas tienen algunas propiedades notables, tales
como la producción de una imagen tridimensional cuando el mismo tipo de luz
coherente es proyectado sobre ellas. Pero una de las más increíbles propiedades es que
cada parte del holograma contiene toda la información presente en todo. Si usted
quiebra un holograma en dos partes iguales, cada mitad producirá el grabado original,
entero. Y si usted lo quiebra en cuatro, ocho o dieciséis partes, cada parte, incluso
pequeña, todavía proyectará el grabado entero. El todo está presente en cada parte. Cada
pedazo está cargado de significado.

La Tradición de la Sabiduría también es así. Si, mañana, a través de alguna gran


catástrofe, toda la Tradición debe ser perdida u olvidada excepto por una simple idea –
tal como el Karma – sería posible reconstruir la totalidad de la Tradición de aquella
parte. Es un ejercicio útil tomar tal idea y seguir sus implicancias para ver como el
resto de la Tradición surge de ella. Pero, incluso si la Tradición entera fuese perdida, sin
permanecer ni una simple idea, los seres humanos podrían todavía mirar dentro de sí
mismos, dentro y más allá de sus propias mentes y reconstruir la Tradición en todos sus
fundamentos. De cierto modo, esto es lo que sucede con generación tras generación de
estudiantes. Pues la tradición externa no es la Tradición real; ella es solamente la
muestra exterior. La Tradición real es la realidad interna, descubierta a través de la
meditación, por cada persona, por sí misma y para sí misma.

Así, en las reflexiones de los puntos de los triángulos entrelazados, nosotros


vemos tres grande verdades: nosotros no estamos solos: la Tradición de la Sabiduría es
continua; todas las cosas están cargadas de significado. Los triángulos entrelazados
forman una estrella – ¿o es un loto que tiene en su centro una joya? Todo el loto-estrella
es la Teosofía – una teoría sobre Dios, el hombre y el universo y una práctica
envolviendo el servicio, estudio y meditación. Estos son los fundamentos de la Teosofía.

Notas

(1) Texto escrito por Helena P. Blavatsky que enumera los pasos (o grados) que
serán vivenciados por el aspirante espiritual.
(2) Editora Pensamento, São Paulo-SP.
(3) Idem.
(4) Idem.

Traducción del inglés al portugués por Pedro R. M. de Oliveira MST de la Logia


Dharma, de Porto Alegre.
Revisión: Ismênia Maria Cavalcante Azmabuja
Extraído de O Teosofista, Janeiro/outubro de l990.

¿Qué es la Teosofía?
H. P. Blavatsky

Esta pregunta es tan consuetudinaria y las ideas erróneas al respecto son tan
prevalecientes, que los editores de una revista dedicada a la divulgación de la Teosofía
en el mundo serían negligentes, si en el primer número publicado, no consideraran estas
cuestiones. Sin embargo, el título implica dos interrogantes más, a las cuales
contestaremos debidamente, éstas son: ¿Qué es la Sociedad Teosófica? y ¿Qué son los
Teósofos?

Según los lexicógrafos: al término theosophia lo componen dos palabras griegas: theos,
"dios" y sophos, "sabio." Hasta aquí está correcto. Sin embargo, las siguientes
explicaciones distan mucho de impartir una idea clara de la Teosofía. Webster la define
de manera muy original como: "una presunta relación con Dios y los espíritus
superiores, permitiendo, entonces, el alcance del conocimiento superhumano mediante
procesos físicos, véase las operaciones teúrgicas de algunos antiguos platónicos o los
procesos químicos de los filósofos del fuego alemanes."

Esta es, en pocas palabras, una explicación insuficiente e impertinente. Atribuir tales
ideas a seres como Ammonius Saccas, Plotino, Jamblico, Porfirio y Proclo, implica una
interpretación errónea intencional o la ignorancia de Webster en lo que concierne a la
filosofía y a los motivos de los genios más grandes de la Escuela alejandrina más
reciente. Al achacar un propósito de desarrollar sus percepciones psicológicas y
espirituales mediante "procesos físicos," a aquellos que, tanto sus contemporáneos como
la posteridad, definieron "theodidaktoi," instruídos por dios, implica considerarlos unos
materialistas. En lo que concierne al golpe final asestado a los filósofos del fuego, ésto
rebota de ellos para repercutir entre nuestros científicos más eminentes, aquellos en
cuyas bocas el Reverendo James Martineau coloca la siguiente frase jactanciosa: "todo
lo que queremos es la materia, danos exclusivamente átomos y explicaremos el
universo."

La siguiente definición de Vaughan es mejor y más filosófica: "Un Teósofo es aquel que
presenta una teoría de Dios o de las obras de Dios, destituida de revelación, en cuanto
estriba en una inspiración propia." Según este punto de vista, cada gran pensador y
filósofo, especialmente todo fundador de una nueva religión, escuela de filosofía o secta
es, necesariamente, un Teósofo. Por lo tanto, el binomio Teosofía y Teósofos existió
desde que la primera vislumbre de pensamiento incipiente indujo al ser humano a
buscar, instintivamente, los medios para expresar sus opiniones independientes.

Los Teósofos anteceden a la era cristiana, a pesar de que los escritores cristianos
atribuyen el desarrollo del sistema teosófico Ecléctico al primer período del tercer siglo
de su Era. Diógenes Laetius hace remontar la Teosofía a una época anterior a la dinastía
de los Ptolomeos y menciona como su fundador a un Hierofante egipcio llamado Pot-
Amum, patronímico copto que significa un sacerdote consagrado a Amun, el dios de la
Sabiduría. Sin embargo, la historia muestra que, Ammonius Saccas, el fundador de la
escuela neoplatónica, fue el revividor de la Teosofía. El y sus discípulos se denominaron
"Philalethian," amantes de la verdad, mientras otros los llamaban "Analogistas," debido
a su método interpretativo empleado en todas las leyendas sagradas, los mitos y los
misterios simbólicos, el cual se basaba en la analogía y la correspondencia. Por lo tanto,
los eventos ocurridos en el mundo externo los consideraban como la expresión de las
operaciones y de las experiencias del alma humana. Ammonius se proponía reconciliar
todas las sectas, la gente y las naciones bajo una fe común: una creencia en un Poder
Supremo, Eterno, Incognoscible e Innominado, que gobernaba el Universo por medio
de leyes inmutables y eternas. Su objetivo consistía en probar un sistema teosófico
primitivo que, en sus albores, era esencialmente similar en todos los países, inducir a
cada ser a abandonar sus altercados y disputas, uniéndose en propósito y pensamiento
como los niños de una misma madre y purificar las antiguas religiones, paulativamente
corrompidas y opacadas por la escoria del elemento humano, ensamblándolas y
explicándolas recurriendo a principios puramente filosóficos. Por lo tanto, en la Escuela
Teosófica Ecléctica, se enseñaban los sistemas buddhistas, vedánticos, de los magos o
zoroastrianos, en concomitancia con todas las filosofías griegas, razón por la cual entre
los antiguos teósofos alejandrinos se denotan las características, preeminentemente
buddhistas e hindúes, del respeto hacia los padres y los ancianos, un cariño fraterno para
toda la raza humana y aún un sentimiento compasivo en favor de todos los animales.
Ammonius, mientras trataba de establecer un sistema de disciplina moral que infundiera
en la gente el deber de vivir conforme a las leyes de sus respectivos países, fomentando
sus mentes mediante la búsqueda y la contemplación de la Verdad Absoluta única, su
objetivo principal, que según creía, hubiera facilitado el alcance de los demás, consistía
en educir, de las varias enseñanzas religiosas, como de un instrumento multicuerda, una
completa armonía melodiosa que resonara en cada corazón amante de la verdad.

Por lo tanto, la Teosofía es la arcaica Religión-Sabiduría, la doctrina esotérica un tiempo


familiar en todo país antiguo considerado civil. Según nos muestran todas las escrituras
antiguas, esta "Sabiduría" era una emanación del Principio divino cuya clara
comprensión está representada en nombres como el hindú Buddh, el babilonio Nebo, el
egipcio Thoth, el griego Hermes y también en los patronímicos de algunas diosas:
Metis, Neitha, Atena, la Sophia gnóstica y finalmente los Vedas, cuyo nombre deriva del
verbo "conocer." Todos los antiguos filósofos orientales y occidentales, los hierofantes
egipcios, los rishis de Aryavarta y los theodidaktoi griegos incluían, bajo esta
designación, el conocimiento completo de las cosas ocultas y esencialmente divinas. Al
Mercavah de los Rabinos judíos, las series seculares y populares, se le designaba
simplemente como el vehículo, el recipiente externo que contenía el conocimiento
esotérico. Los Magos de Zoroastro recibían su instrucción e iniciación en las cuevas y
en las logias secretas de Bactria, los hierofantes egipcios y griegos tenían sus
apporrheta o discursos secretos durante los cuales el Mysta llegaba a ser un Epopta: un
Vidente.

Según la idea central de la Teosofía Ecléctica: existe una única Esencia Suprema,
Desconocida e Incognoscible. Desde luego: "¿cómo puede uno conocer al conocedor?"
pregunta el Brihadaranyaka Upanishad. Tres aspectos distintos caracterizaban el
sistema de la Teosofía Ecléctica: la teoría de la Esencia susodicha, la doctrina del alma
humana, una emanación de la primera, compartiendo con ella la misma naturaleza y su
teurgia, ciencia que ha contribuido, en nuestra era de ciencia materialista, a la
interpretación tan errónea de los neoplatónicos. La teurgia es, esencialmente, el arte de
aplicar los poderes divinos humanos a fin de subordinar las fuerzas ciegas de la
naturaleza; por lo tanto, sus devotos fueron objeto de burla, tildándolos, en primer lugar,
de magos, una distorsión del término "Magh" que significa sabio o erudito. Los
escépticos del siglo pasado se hubieran equivocado de manera análoga si hubiesen
escarnecido la idea de un fonógrafo o de un telégrafo. Por lo general, los seres
ridiculizados y motejados como "infieles" de una generación, se convierten en los
sabios y los santos de la siguiente.
En lo que concierne a la esencia Divina y a la naturaleza del alma y del espíritu, la
creencia de la Teosofía moderna corresponde a la creencia de la Teosofía de antaño. El
Diu popular de las naciones arianas era idéntico al Iao caldeo, hasta al Júpiter del
romano menos erudito y filosófico, al Jahve de los samaritanos, al Tiu o "Tiusco" de los
nórdicos, al Duw de los bretaños y a Zeus de los tracios. En lo que atañe a la Esencia
Absoluta, el Uno y el todo, ésta nos conducirá al mismo resultado ya que se acepte, al
respecto, la filosofía pitagórica griega, caldea cabalística o la ariana. La Mónada
Primordial del sistema pitagórico, la cual se retira a la oscuridad y es Oscuridad (para el
intelecto humano), constituye el cimiento de todas las cosas; idea ésta que es posible
encontrar en los sistemas filosóficos de Leibnitz y Spinoza en su integridad. Por lo
tanto, si un teósofo concuerda con cualquiera de los siguientes conceptos, éstos nos
pueden conducir a la Teosofía pura y absoluta. Nombraremos la Cábala que, hablando
de En-Soph, somete la interrogante: ¿quién puede comprenderlo dado que es informe e
Inexistente?" Incluiremos el magnífico himno del Rig Veda (número 129, Libro 10):

"¿Quién sabe de donde emergió esta gran creación?


Si su voluntad la creó o se quedó silenciosa.
El lo sabe o tal vez, tampoco El lo sepa."

Mencionaremos la concepción vedántica de Brahma, cuya representación en los


Upanishads es "sin vida, sin mente, puro" e inconsciente, ya que Brahma es
"Conciencia Absoluta" y, al final, citaremos los Svabhâvikas de Nepal según los cuales
hay únicamente "Svabhâvâta" (substancia o naturaleza) que existe por sí sola sin ningún
creador. Esta es la Teosofía que instó a hombres como Hegel, Fichte y Spinoza a
estudiar las obras de los antiguos filósofos griegos y a especular sobre la Substancia
Unica, la Deidad, el Todo Divino procedente de la Sabiduría Divina que toda filosofía
moderna o religiosa consideró incomprensible, desconocido e innominado, excepción
hecha por el cristianismo y el mahometismo. Entonces, cada teósofo, ateniéndose a una
teoría de la Deidad "desprovista de revelación y cuya base es una inspiración propia,"
puede aceptar cualquiera de las definiciones anteriores o pertenecer a cualquiera de
estas religiones, permaneciendo en las lindes de la Teosofía, ya que ésta es la creencia
en la Deidad como Todo, la fuente de toda existencia, el infinito que no puede
comprenderse ni conocerse, únicamente el universo Lo revela, mientras algunos
prefieren decir "revela a El," atribuyéndole entonces un pronombre masculino personal,
antropomorfizándolo, lo cual es una blasfemia. En verdad, la teosofía rehuye la
materialización brutal prefiriendo creer que el Espíritu de la Deidad, recogido en sí
desde la eternidad, no desea ni crea. Sin embargo, lo que produce todas las cosas
visibles e invisibles irradiando de la efulgencia infinita del Gran Centro, es simplemente
un Rayo que contiene en sí el poder generador y conceptivo que, a su vez, produce lo
que los griegos llamaban Macrocosmos, los cabalistas Tikkun o Adam Karmon, el
hombre arquetipo y los arianos Purusha, El Brahm manifestado o el Macho Divino. La
teosofía cree también en la Anastasis o existencia permanente y en la transmigración
(evolución) o una serie de cambios en el alma,1 abogables y explicables valiéndose de
principios filosóficos rigurosos; y sólo distinguiendo entre Paramâtma (alma
transcendental suprema) y Jivâtmâ (alma animal o consciente) de los vedantinos.
A fin de dar una definición exhaustiva de la Teosofía, debemos considerarla bajo cada
uno de sus aspectos. El mundo interior no ha sido ocultado a todos por una obscuridad
impenetrable. Algunas veces, en cada era y en cada país, el ser humano ha podido
percibir las cosas en el mundo interior o invisible mediante esa intuición superior
adquirida por la Teosofía o la sapiencia de Dios, la cual trasladaba la mente del mundo
de la forma a aquel del espíritu informe. Por lo tanto, aunque el "Samadhi" o Dyan Yog
Samadhi de los ascéticos hindúes, el "Daimonion-photi" o iluminación espiritual de los
neo-platónicos, la "confabulación sideral del alma" de los rosacruces o filósofos del
fuego y los trances extáticos de los místicos y de los mesmeristas y espiritistas
modernos, varien en su manifestación, son idénticos en naturaleza. La búsqueda del
"ser" más divino en el hombre, que a menudo se ha interpretado tan erróneamente como
una comunión individual con un Dios personal, era el objetivo de todo místico. Además,
creer en su posibilidad parece remontarse al génesis de la humanidad, aunque cada
pueblo le ha dado un nombre diferente. Así, Platón y Plotino llaman "trabajo Noético"
lo que el Yogui y el Shrotiya definen Vidya. Según los griegos: "Mediante la reflexión,
el autoconocimiento y la disciplina intelectual, el alma puede elevarse a la visión de la
verdad, la bondad y la belleza eternas, o sea la Visión de Dios, ésta es epopteia." Porfirio
dice: "A fin de unir el alma con el Alma Universal, es menester sólo una mente
perfectamente pura. A través de la autocontemplación, la castidad perfecta y la pureza
del cuerpo, podemos acercarnos más a Ella, recibiendo, en ese estado, el verdadero
conocimiento y una iluminación maravillosa. Swami Dayanand Saraswati, un profundo
erudito védico que no ha leído a Porfirio ni a otros autores griegos, en su Veda Bháshya
(opasna prakaru ank. 9), dice: "Para obtener Diksh (la iniciación más elevada) y Yog, se
debe practicar en conformidad con las reglas [...] El alma en el cuerpo humano puede
ejecutar los milagros más grandes conociendo al Espíritu Universal (o Dios) y
familiarizándose con todas las propiedades y las cualidades (ocultas) de cada cosa en el
universo. Así, un ser humano (un Dikshit o un iniciado), puede adquirir un poder de ver
y oír a larga distancia." Finalmente, Alfred R. Wallace, F.R.S., (Miembro de la
Sociedad Regia), un espiritista y también un gran naturalista declarado, con impávido
candor dice: "Es únicamente el 'espíritu' que siente, percibe, piensa, adquiere
conocimiento, razona y aspira [...] no es atípico que en individuos dotados de cierta
constitución, el espíritu pueda percibir independientemente de los órganos de los
sentidos corporales o sea capaz, completa o parcialmente, de abandonar su cuerpo por
un momento, volviendo a éste después [...]; el espíritu [...] se comunica más fácilmente
con el espíritu que con la materia." Actualmente, podemos ver como, después de un
lapso de millares de años entre la edad de los gimnosofistas 2 y nuestra era, altamente
civilizada, más de veinte millones de personas creen en esos mismos poderes
espirituales, si bien bajo una forma distinta de la que creían los Yoguis y los pitagóricos
hace casi tres mil años. Quizá ésto dependa de tal iluminación que infunde su luz
radiante en los reinos tanto psicológicos como físicos de la naturaleza. Por ende, al igual
que el místico ariano alegaba poseer el poder de solucionar todos los problemas de la
vida y de la muerte, una vez obtenida la habilidad de actuar independientemente de su
cuerpo a través de Atmân "ser" o "alma" y los antiguos griegos buscaban a Atmu, el
Escondido o el Alma-Dios del ser humano con el espejo simbólico de los misterios
Themosforianos, los espiritistas actuales creen en la facultad de los espíritus o de las
almas de las personas desencarnadas de comunicarse, visible y tangiblemente, con sus
seres queridos en la tierra. Todos éstos: los yoguis arianos, los filósofos griegos y los
espiritistas modernos, afirman esa posibilidad apoyándose en el hecho de que el alma
encarnada y su espíritu que nunca se encarna, el ser real, jamás están separados del
Alma Universal o de otros espíritus por el espacio; sino simplemente por la
diferenciación de sus cualidades; ya que en la interminable expansión del universo no
puede haber ninguna limitación. Tal unión entre espíritus encarnados y desencarnados
llega a ser posible sólo cuando se elimina esta diferencia que, según los griegos y los
arianos, es viable mediante la contemplación abstracta, produciendo la liberación
temporal del alma encarcelada; mientras, según los espiritistas, es mediante la
mediumnidad. Razón por la cual los yoguis de Patanjali seguidos por Plotino, Porfirio y
otros neo-platónicos, sostenían que varias veces en su vida, durante la hora de extasis,
se habían unido con Dios o más bien, se convirtieron uno con El. Como una profusión
de grandes filósofos afirmó y afirma esta idea, no se puede arrinconar considerándola
totalmente quimérica, no obstante su aparente aspecto erróneo al aplicarla al Espíritu
Universal. En el caso de los Theodidaktoi, el único punto controvertible, la mancha
lóbrega en esta filosofía extremadamente mística, consistía en su pretensión de incluir lo
que es simplemente iluminación extática en la percepción sensoria. Mientras en el caso
de los yoguis, la lógica cabal de Kapila refutó sus afirmaciones según las cuales tenían
la habilidad de ver Iswara "cara a cara." En lo que concierne a la declaración similar
expresada por sus seguidores griegos, por una larga serie de extáticos cristianos y
finalmente, en los últimos cien años, por Jacob Böhme y Swedenborg que afirmaban
"ver a Dios," tal pretensión se hubiera podido y se hubiera debido cuestionar filosófica y
lógicamente, si algunos de nuestros grandes científicos, que son espiritistas, se hubiesen
interesado más en la filosofía que en los meros fenómenos del espiritismo.
Los teósofos alejandrinos se dividían en neófitos, iniciados y maestros o hierofantes.
Sus reglas se habían copiado de los antiguos Misterios de Orfeo; el cual, según
Herodoto, las había traído de la India. Ammonio obligaba a sus discípulos, bajo
juramento, a no divulgar sus doctrinas superiores, exceptuando a aquellos que habían
demostrado ser muy dignos e iniciados y que habían aprendido a considerar a los dioses,
los ángeles y los demonios de los otros pueblos, según la hyponia esotérica o el
significado oculto. Epicuro dice: "Los dioses existen, sin embargo, no son lo que la
multitud ignorante supone que sean. Un ateo no es aquel que niega la existencia de los
dioses que las masas adoran; sino es aquel que atribuye a estos dioses las opiniones de
la multitud." En su momento Aristóteles declara: "Como la Esencia Divina permea todo
el mundo de la naturaleza, a lo que se le define como dioses son simplemente los
primeros principios."
Plotino, el discípulo de Ammonio: "aquel que Dios instruyó," nos dice que la gnosis
secreta o el conocimiento de la Teosofía, tiene tres grados: opinión, ciencia e
iluminación. "Los medios o el instrumento del primero son el sentido o la percepción,
del segundo la dialéctica y del tercero la intuición, a la cual está subordinada la razón.
La intuición es el conocimiento absoluto que se cimienta en la identificación de la
mente con el objeto conocido." Podríamos decir que la teosofía es la ciencia exacta de la
psicología. Su relación con la mediumnidad natural, no cultivada, es análoga a la
relación que subsiste entre el conocimiento de Tyndall y aquel de un simple estudiante
de física. Esta desarrolla en el ser humano una visión directa que Schelling denomina:
"una realización de la identidad entre el sujeto y el objeto en el individuo." Por lo tanto,
bajo la influencia y el conocimiento de hyponia, el ser contempla pensamientos divinos,
ve todas las cosas en su aspecto real y termina "convirtiéndose en el depositario del
Alma del Mundo," usando una de las expresiones más hermosas de Emerson, el cual, en
su espléndido ensayo sobre El Alma Universal, afirma: "Yo, el imperfecto, adoro lo
perfecto que yo soy." Además de este estado psicológico o anímico, la teosofía cultivaba
cada rama de las ciencias y de las artes. Estaba profundamente familiarizada con lo que
hoy se conoce comúnmente con término mesmerismo. Los teósofos descartaron la
teurgia práctica o la "magia ceremonial" que a menudo el clero católico romano emplea
en sus exorcismos. Unicamente Jamblicus agregó a la Teosofía la doctrina de la Teurgia,
trascendiendo, entonces, a los demás Eclécticos. Cuando el ser humano, ignorando el
verdadero significado de los símbolos esotéricos de la naturaleza, propende a calcular
erróneamente los poderes de su alma y en lugar de comulgar espiritual y mentalmente
con los seres celestiales superiores, los espíritus buenos, (los dioses de los teurgos de la
escuela platónica), evoca los poderes malvados y tenebrosos que están latentes en la
humanidad, las creaciones macabras de crímenes y de vicios humanos, puede caer de la
teurgia (magia blanca) en la goetia (magia negra, hechicería). Sin embargo, el binomio
magia blanca y negra no es lo que la superstición popular entiende con estos términos.
La posibilidad de "evocar los espíritus" según la clave de Salomón, es el ápice de la
superstición y de la ignorancia. Sólo la pureza en la acción y en el pensamiento puede
elevarnos a interactuar "con los dioses" y permitirnos el alcance de la meta deseada. La
Alquimia, que según muchos había sido una filosofía tanto espiritual como física,
perteneció a las enseñanzas de la escuela teosófica.
Es notorio que Zoroastro, Buddha, Orfeo, Pitágoras, Confucio, Sócrates, y Ammonio
Sacas no escribieron nada. La razón de ésto es obvia. La Teosofía es un arma de doble
filo e inadecuada para el ignorante o el egoísta. Análogamente a cada filosofía antigua,
tiene sus defensores entre los modernos; sin embargo, hasta recientemente, sus
discípulos eran un grupo muy exiguo y procedían de las sectas y opiniones más
variadas. "Eran completamente especulativos y aunque no fundaron ninguna escuela,
lograron ejercer una influencia silenciosa en la filosofía. Indudablemente, en el
momento propicio, muchas ideas así tácitamente propagadas, podrán impartir nuevas
direcciones al pensamiento humano." Esta observación es de Kenneth R. H. Mackenzie
IX, un teósofo y místico, el cual la inserta en su extensa y valiosa obra: La Enciclopedia
Masónica Real (artículos: "La Sociedad Teosófica de Nueva York" y "La Teosofía," pag.
731).3 Desde los períodos de los filósofos del fuego, jamás se ensamblaron en
sociedades; ya que hasta el siglo pasado el clero cristiano los perseguía como fieras
salvajes y, a menudo, ser teósofo equivalía a una sentencia de muerte. Según las
estadísticas: en un lapso de 150 años, en Europa se condenaron a las piras a no menos
de 90 mil hombres y mujeres por presunta hechicería. En la Gran Bretaña solamente,
desde 1640 hasta 1660, 20 años, se aniquilaron tres mil personas por haber sellado un
pacto con el "Diablo." Sólo recientemente, en la última parte de este siglo: en 1875,
algunos místicos y espiritistas adelantados, insatisfechos por las teorías y explicaciones
que los feligreses del espiritismo originaron y discerniendo su gran deficiencia en cubrir
el campo completo de la amplia gama de fenómenos, formaron, en Nueva York,
América, una asociación que ahora se le conoce mundialmente como la Sociedad
Teosófica. Ahora bien, después de haber explicado lo que es la Teosofía, en otro artículo
dilucidaremos cuál es la naturaleza de nuestra Sociedad, llamada también la
"Hermandad Universal de la Humanidad."
Theosophist, Octubre de 1879

Notas
1
En una serie de artículos titulados "Los Grandes Teósofos del Mundo," nos
proponemos mostrar que desde Pitágoras, el cual obtuvo su sabiduría de la India, hasta
nuestros filósofos y teósofos modernos más conocidos: David Hume y el poeta inglés
Shilley, incluyendo los espiritistas franceses, muchos creían y aún creen, en la
metempsícosis o reencarnación del alma, a pesar de lo rudimental que se considere el
sistema de los espiritistas.
2
Muchos escritores griegos y romanos, entre los cuales Strabo, Lucano, Plutarco,
Cicero (Tusculano), Plinio, etc., afirmaron la realidad del poder Yoga llamando
Gimnosofistas a los Yoguis hindúes.
3
La Enciclopedia Masónica Real, Ritos, Simbolismo y Biografía, cuyo editor es
Kenneth R. H. Mackenzie IX (Cryptonymous), Miembro Honrado de la Logia de
Canongate Kilwinning, Número 2, Escocia. Nueva York, J. W. Bouton, 706 Broadway,
1877.

TEOSOFÍA Y VERDAD
John Algeo
American Theosophist Dic/1984
Ni el horizonte tiene límites, ni la Verdad tiene un punto final. Como dice la
Doctrina Secreta la Verdad “está más allá del campo del alcance del pensamiento”. Esta
misma idea está expresada en Luz En El Sendero (regla 12) así:
“Porque dentro de ti está la luz del mundo, la única luz que puede difundirse en
el Sendero. Si eres incapaz de percibirla dentro de ti, es inútil que la busques en otra
parte. Está más allá de ti, porque cuando la alcances habrá desaparecido tu propio yo.
Es inasequible porque siempre se aleja más. Entrarás en la luz, pero nunca tocarás la
Llama.”

Hay algo inefable en la Verdad y por tanto también en la Teosofía cuyo ideal es
la devoción a la Verdad. Y por esa razón se la ha llamado “Doctrina Secreta” o
“Tradición Esotérica” o “Sabiduría Oculta”. No es porque algún grupo de iniciados la
mantenga en secreto, sino porque esa Verdad primaria es inexpresable en palabras por
su misma naturaleza, y de esa manera resulta secreta, esotérica u oculta.
La Verdad no tiene marca de fábrica; no pertenece a nadie. Debe expresarse en
formas adecuadas a las diversas etapas del desarrollo humano y a los diversos países en
que vivimos. Tiene que adaptarse a las limitaciones de nuestras mentes, a nuestras
culturas, a las etapas de nuestro desarrollo.
Los tres tipos de verdad (verdad cerebro – mental, verdad de la mente pura, y
verdad intuitiva) son análogos a los tres esquemas de evolución de que habla H. P. B. en
el Vol. I de la Doctrina Secreta:
1- Evolución Física, la evolución de la materia y de las formas
materiales. El cerebro físico pertenece a este esquema de evolución, y
también pertenecen a él las verdades que el cerebro percibe.
2- Evolución Intelectual, el desarrollo de manas. Este esquema de
evolución dice H. P. B. que “está representado por los Agnishvattas,
los dadores de inteligencia y de consciencia al hombre”. A este
esquema pertenecen las verdades de la mente pura, las ideas innatas.
3- Evolución Espiritual que H. P. B. llama “el crecimiento y desarrollo
en planos aún más altos de actividad de la Mónada”. Esta es la
evolución que se fomenta por la percepción de la verdad intuitiva.
Los tres esquemas de evolución dice H. P. B. que están “inextricablemente
entretejidos y entremezclados” y “cada uno tiene sus propias leyes. Cada uno de ellos
está representado en la constitución del hombre, el Microcosmos del gran
Macrocosmos, y la unión de estas tres corrientes en él es lo que hace del hombre el ser
complejo que ahora es”.
Cosas exactamente paralelas pueden decirse acerca de los tres niveles de
consciencia del ser humano que nos permiten concebir los tres tipos de verdad: están
inextricablemente entretejidos.
La mente cerebral no es sino un reflejo de la mente pura. Y la intuición es la
antorcha que lanza sus rayos sobre esa mente.
La mente cerebral describe hechos y aprende verdades específicas (tales como
los hombres de las capitales de los países y cosas por el estilo).
La mente pura infiere por lógica y conoce verdades generales (tales como la de
que 1+1=2). K. H. llamó “toda verdad primera” (tales como la unidad de todo cuanto
existe).
La unión de estos niveles de consciencia y de estos tres tipos de verdad es lo
que hace de nosotros los seres complejos que ahora somos.
La Teosofía no es la totalidad de la “Doctrina Secreta” o de la “Sabiduría
Divina”, sino una declaración parcial de ella.
A veces pienso en lo mucho que A. P. Sinnett y A. O. Hume influyeron en la
Teosofía moderna. Ellos en su correspondencia con los Adeptos Kuthumi y Morya
presentaron ciertos temas de interés primordial.
Por ejemplo, les interrogaban sobre ciertos temas como los ciclos y la pre-
historia de la humanidad en razas y susbrazas. Y los Adeptos les contestaban sobre esos
temas.
El libro Las Cartas de los Mahatmas es muy incompleto por cuanto no nos da
sino la mitad de la correspondencia, o sea las respuestas a las preguntas y objeciones y
observaciones de los dos ingleses, las cuales no se encuentran en el libro. En todo caso
ese libro nos permite ver cuáles eran los temas que a Sinnett y a Hume les interesaban.
Cuando H. P. B. se propuso escribir su obra magna, La Doctrina Secreta, parece
que utilizaba la información que se había dado a los dos ingleses, parte de la cual
Sinnett había publicado en su libro Buddhismo Esotérico aunque en forma muy
incompleta que H. P. B. quería completar.
Después, Annie Besant y C. W. Leadbeater trataron de presentar el trabajo de
Blavatsky en una forma más clara y coherente. Otros, más adelante, (Steiner, Heindel,
de Purucker, y muchos más) han tratado de volver a presentar las ideas básicas.
Haciendo énfasis en algunas de ellas según sus opiniones personales; pero
siempre se han conservado las ideas originales, que son las que Sinnett y Hume pidieron
se les aclararan.
De suerte que si el temperamento y los intereses de estos dos ingleses hubieran
sido diferentes, hay una buena posibilidad de que la Teosofía que nos ha llegado hubiera
sido también algo muy diferente a lo que es.
Esa Teosofía que hemos heredado es una metáfora gloriosa, una analogía
sorprendente. Y si tomamos demasiado literalmente esa metáfora, si suponemos que lo
que aparece en los libros es idéntico a la Verdad Primaria, entonces habremos caído en
una trampa.
La Teosofía nos da algunas verdades; pero no nos dá, ni puede darnos, la Verdad
total.
Las verdades teosóficas son espléndidas, fascinantes, casi deslumbran nuestros
ojos. Pero si le prestamos tanta atención a la Verdad, convertiremos la Teosofía en una
religión, y estaremos traicionando nuestro lema de que no hay religión más elevada que
la Verdad.
La Teosofía no es simplemente la exposición de un conjunto de ideas, por
resplandecientes y brillantes que sean, ideas acerca de reencarnación y karma, acerca de
globos y cadenas y rondas, acerca de razas y continentes hundidos, acerca de cuerpos y
principios y chakras, acerca de auras y formas de pensamiento, acerca de iniciaciones y
el Sendero, acerca de Parabrahm y el Triple Logos, y todo ese montón de cosas a las que
cada uno puede añadir su resplandeciente idea favorita.
La Teosofía defiende la Verdad, la Verdad que no puede ponerse en palabras sino
que debe ser experimentada por cada persona dentro del santuario privado de su propia
alma.
Eso es lo cierto. Eso es el Ser, Tat Tvam Asi. Somos Eso.

LOS TEÓSOFOS

De la alocución presidencial en la 109


Convención Anual en Adyar el 26 Dic. 1984.
“The Theosophist” Enero 1985.
Con tanta frecuencia se ha llamado “Teósofos” a los miembros de la Sociedad
Teosófica, que ese apelativo ya no lleva siempre consigo el sentido de nobleza y
dignidad que debiera llevar. Ha sucedido como con la palabra arya que en un pasado
lejano se refería a una persona o cosa de una naturaleza elevada.
Cuando el Buda enseño el sendero para libertarse del dolor, se le dio a ese
sendero el nombre de arya o Camino Noble, porque el que huella esa senda se eleva del
dolor de la existencia mundanal al excelso reino de la Sabiduría. Pero esa palabra ha
perdido su significado con el paso del tiempo, y ha llegado a quedar asociada
simplemente con un grupo social. Los Nazis la degradaron aún más asociándola con sus
propias actividades malignamente innobles.
La palabra “Teósofo” también tiene un sentido elevado. Se refiere a aquellos que
por su modo de vida y de contemplación se acercan cada vez más al principio divino y
por ello adquieren más y más la luz de Sabiduría y Verdad. El sentido más reducido que
puede darse a esa palabra lo indicó H.P.B. al escribir: “Es fácil hacerse Teósofo.
Cualquier persona de capacidades intelectuales corrientes con inclinaciones hacia lo
metafísico; de vida pura e inegoísta; que halle más gozo en ayudar a su prójimo que en
ser ayudada ella misma; que esté siempre lista a sacrificar sus propios placeres en bien
de otros; y que ame la Verdad, la Bondad y la Sabiduría por lo que ellas valen, y no por
el beneficio que puedan conferirle, es un Teósofo.”
Un miembro de la Sociedad Teosófica que no haga ningún intento serio por
incorporar en sí mismo ni siquiera el mínimun indicado en estas palabras de H.P.B., no
ha ganado de ninguna manera el derecho a llamarse Teósofo. En efecto, la razón para
afiliarse a la Sociedad Teosófica debiera ser el deseo de convertirse en un Verdadero
Teósofo. Si la Sociedad llegara a quedar constituída por miembros que no se interesaran
en estos requisitos necesarios, sería una organización inútil que no haría otra cosa que
degradar el sentido de la palabra Teósofo.
No se puede esperar que todos los miembros de la Sociedad Teosófica estén
espiritualmente maduros y sean sabios; los que sean sabios puede que no necesiten ser
miembros de ninguna organización. Pero aunque pueden existir imperfecciones en los
que se unen, tienen que distinguirse por su sinceridad en la búsqueda de la Verdad,
Bondad y Sabiduría, por su conducta íntegra y su inegoísmo.
Recta percepción implica penetración en la naturaleza de lo real y de lo irreal.
Lo irreal carece de valor, naturalmente, para los que pueden ver. Para otros tiene un
valor ilusorio. El materialismo, el egoísmo, y el dolor son productos del conocimiento
falso. Si están aumentando es porque hay tan pocas almas que se toman el trabajo de
adquirir viveka o discernimiento espiritual por los medios necesarios. La vasta mayoría
de seres humanos aceptan impensadamente los valores prevalentes en su entorno
inmediato y en el grupo a que pertenecen. Pero los que entran a la Sociedad Teosófica
debieran ser como “recién nacidos” y poner en uso sus facultades espirituales.
El materialismo surge del apego a objetos inmediatamente perceptibles, y de
dudar o no creer en lo que no puede ser tomado y disfrutado en el presente y en el futuro
predecible. Conflictos egoístas y toda clase de sufrimientos son efectos inevitables de
las creencias materialistas. Por el contrario, la mente discernidora reconoce lo irreal por
lo que es, y adquiere penetración en lo que es de valor indestructible.
Los verdaderos miembros de la Sociedad Teosófica son aquellos cuya facultad
discernidora está creciendo de tal modo que ya no pueden adoptar las actitudes y los
empeños que promueven egoísmo y conflicto. La Teosofía tiene que inculcar ética y
purificar el alma, como lo declaró H.P.B.
La fortaleza de nuestra Sociedad depende muchísimo de la capacidad de sus
miembros para libertarse del egoísmo, del interés, y preocupación por sí mismos;
porque sólo una mente purificada puede tener acceso al conocimiento divino, o sea a la
Teosofía en el sentido más profundo del vocablo.
Esto nos lleva a la cuestión de qué clase de estudio y contemplación es más
deseable. En esto otra vez tiene que haber discernimiento, especialmente porque está
creciendo continuamente la cantidad de literatura e información, y no se debe
desperdiciar tiempo ni energía en la adquisición de conocimientos no esenciales. El
conocimiento esencial tiene que ver con la esencia de las cosas. No pertenece
meramente a las formas, sino que ve las formas en relación con la vida que las anima.
No es una recopilación y reunión de hechos, sino que ofrece penetraciones en la verdad
unitaria. La mente ya no sigue estancándose en sus perplejidades y antipatías, sino que
se eleva a un estado de armonía y paz. En resumen, el conocimiento esencial es el que
capacita a una persona para vivir de un modo totalmente diferente, dejando atrás todo
cuanto sea irreal e innoble.
Todo miembro de la Sociedad Teosófica tiene ante sí el dilema de ocuparse en
pensamientos e ideas que lo dejen en donde está, o de aplicar su mente a cuestiones
esenciales y contemplarlas de tal modo que él se convierta en una fuerza benéfica en la
naturaleza.
Es claro que el conocer la Teosofía debiera convertir a la persona en un Teósofo
como el que describe H.P.B. en las palabras citadas arriba, que como ya dije indican los
requisitos mínimos. Si no crece en inegoísmo y no aumenta sus cualidades de amor,
simpatía y armonía, hay que sacar la conclusión que lo que sabe no es Teosofía sino
alguna otra cosa. La prueba del verdadero conocimiento Teosófico está en la calidad del
vivir y en la índole de las relaciones correspondientes.
Es bien sabido que los conceptos mentales y los logros intelectuales pueden
extraviar a una persona, porque es tan fácil creer que los conceptos corresponden con la
verdad. Cierto tipo sutil de orgullo suele enturbiar la percepción de un individuo que
tiene capacidad mental. Es importante darse cuenta de este problema al estudiar la
considerable masa de literatura teosófica disponible. No es recomendable una mente
perezosa u obtusa. La esencia de las cosas está en lo profundo, y no puede ser captada
por una mente opaca. Por lo tanto, hay que mantener un fino equilibrio en la marcha
hacia la verdad. El Señor Buda enseñó que la nobleza está en el camino medio y no en
los extremos, enseñanza ésta que tiene implicaciones que hay que sondear y comprender
plenamente.
La Sociedad Teosófica procura reunir a buscadores sinceros de la verdad, que la
busquen para beneficio de todos y no apenas de ellos mismos. En las vidas de personas
así, el fin debe guardar relación con los medios. El modo de acercarse a la Verdad y al
conocimiento es tan importante como la verdad misma. Por lo tanto, todas las cosas de
la vida diaria tienen que estar relacionadas e integradas en un sentido de totalidad. Se ha
vuelto común y corriente considerar las actividades religiosas como separadas de los
procesos diarios de la mente y de los contactos emocionales que se hacen con otras
personas y cosas. Pero la Teosofía no puede ser colocada en un compartimiento. El
conocimiento teosófico no puede divorciarse de las motivaciones y emociones y
movimientos mentales subconscientes que existen en la persona.
Todas la percepciones reales y los conocimientos que brotan del discernimiento
espiritual, son de carácter indivisible. Cuando la mente tiene la tendencia a mantener sus
conceptos en compartimientos separados, a establecer divisiones entre los fines y los
medios, entre las actitudes y las metas, y cosas así, es porque está ausente la Teosofía.
Estamos viviendo en un mundo lleno de contradicciones. Hay mucha
conversación sobre la paz y muchas preparación para la guerra. Hay progreso en
campos tecnológicos y otros, y hay horrenda pobreza y extremada angustia en grandes
porciones del mundo. Hay aumento de conocimientos junto con rebajamiento de los
valores. Todo esto es un reflejo en gran escala de una ausencia de integración en la
mente humana. Cuando hay verdadero conocimiento teosófico, actúa como un antídoto
para semejantes males. De lo contrario no es Teosofía.
Ser miembro de la Sociedad Teosófica implica constante y seria atención a la
índole del infortunio humano y su problemas para ayudar a la mente humana a librarse
de ellos. El hombre promedio casi nunca se interesa en otra cosa que él mismo y su
propio adelanto. Aprender a ser Teósofo significa no vivir preocupado solamente por sí
mismo sino tener ampliamente abierto el corazón y la mente.
Con cierta frecuencia se hacen preguntas como estas: ¿en qué país está
trabajando mejor la Sociedad Teosófica? ¿Está teniendo buen éxito la Sociedad
Teosófica? No puede ser difícil contestar estas preguntas en términos de la cantidad de
miembros o actividades de las diferentes secciones de la Sociedad. Pero este tipo de
respuesta sería realmente insatisfactoria porque el progreso y la efectividad de la
Sociedad depende más del nivel de pureza y benevolencia y amor a la verdad en sus
miembros, que de simples cantidades y actividades externas. Probablemente el público
es el que puede juzgar mejor sobre esto. Si los miembros viven a la altura de los
elevados ideales que les dan derecho a llamarse Teósofos, se ganarán el respeto del
público. Pero si existe una tendencia a hablar de cosas nobles y elevadas sin tratar de
ponerlas en práctica, el público se sentirá indiferente o escéptico.
La tarea de la Sociedad Teosófica no está confinada a solo un plano de
existencia, físico, mental, moral o espiritual. Nuestra Sociedad se interesa por el
progreso del hombre en todos los niveles. De hecho, todos los niveles de existencia
forman parte de un mismo ser. Cualquier progreso espiritual que hagamos ha de causar
impacto sobre el modo como actuamos a otros niveles, desde el físico al mental y al
intelectual, pues la consciencia espiritual se traduce en compasión y sabiduría en el
vivir. Sentir indiferencia a lo que existe y ocurre en el nivel físico, ser impuros al nivel
emocional y mental, son cosas incompatibles con la consciencia espiritual. El modo
unitario de ver la vida, no sólo implica indivisibilidad de todo lo que existe en cualquier
plano, sino también sentir la unidad de todos los niveles o planos de existencia.
Teosofía es la perfecta realización de esa Unidad Absoluta.

Radha Burnier

¿Qué Son Los Teósofos?


(What Are the Theosophists?, Lucifer, oct. 1879)
H. P. Blavatsky

¿Son lo que afirman ser: estudiantes de la ley natural, de la filosofía antigua y


moderna y aún de la ciencia exacta? ¿Son deistas, ateos, socialistas, materialistas,
idealistas o son simplemente un cisma del espiritismo moderno, meros visionarios? ¿Se
les puede otorgar alguna consideración en cuanto a capacidad de discusión sobre la
filosofía y promoción de la ciencia auténtica o se les debería tratar con la tolerancia
compasiva que se proporciona a los "entusiastas inofensivos?" A menudo, a la Sociedad
Teosófica se le ha imputado el profesar una creencia en los "milagros, su producción" y
tener un objetivo político secreto, como los Carbonarios. Se le ha acusado de ser espía
de un Zar autocrático, de predicar doctrinas socialistas y nihilistas y, sorprendentemente,
de tener un tácito acuerdo con los jesuitas franceses a fin de debelar el espiritismo
moderno para recabar pingües ganancias! Los positivistas americanos, imbuídos por el
mismo paroxismo, los han motejado de soñadores; mientras la prensa newyorquina los
ha definido como adoradores de fetiches. Los espiritistas los han acusado de querer
resucitar "supersticiones anticuadas," la iglesia cristiana los considera infieles emisarios
de Satán, el profesor W. B. Carpenter, miembro de la Real Academia, los califica como
los auténticos cazamoscas. En fin, la imputación más absurda procede de los oponentes
hindúes los cuales, queriendo depauperar su influencia, los acusan, rotundamente, de
recurrir a los demonios para efectuar ciertos fenómenos. De esta carnucopia abigarrada
de opiniones se yergue claramente un hecho: a la Sociedad, a sus miembros y a sus
ideas se les otorga la suficiente importancia para considerarles como tema de discusión
y denuncia; ya que los seres humanos detractan sólo a aquellos que odian o temen.

Sin embargo, aunque la Sociedad Teosófica haya tenido sus enemigos y


detractores, cuenta también con amigos y defensores. A cada improperio le corresponde
una palabra lisonjera. Empezó con un grupo de casi doce hombres y mujeres dedicados;
después de un mes, el incremento de sus miembros fue tan considerable que se necesitó
alquilar una sala pública para sus reuniones. En el transcurso de dos años, constaba de
sucursales operativas en países europeos. Enseguida, se alió con la Arya Samaj de la
India, encabezada por el docto Pandit Dayanand Saraswati Swami y con los buddhistas
de Ceilán, guiados por el erudito H. Summangala, el Alto sacerdote de Adam's Peak y
Presidente de la Universidad Widyodaya en Colombo.

Aquel a quien le guste tratar de sondear, seriamente, las ciencias psicológicas,


debe acudir a la sagrada tierra de la antigua Aryâvarta. No existe lugar más antiguo en
lo que atañe a sabiduría esotérica y a la civilización, a pesar de lo degradado que pueda
ser su pobre sombra: la India moderna. Como consideramos a este país la caudalosa
cuna de la cual provinieron los siguientes sistemas filosóficos, una porción de nuestra
Sociedad ha acudido a esta fuente de toda sicología y filosofía para aprender su antigua
sabiduría, pidiendo la impartición de sus extraños secretos. El adelanto de la filología es
ya considerable para que, actualmente, necesite una demostración del hecho según el
cual Aryâvarta fue la nacionalidad primogénita. Las hipótesis no probadas y
preconcebidas de la cronología moderna, no merecen ninguna consideración y se
desdibujarán en el tiempo, análogamente a otras teorías no terminantes. La línea de la
herencia filosófica: de Kapila a través de Epicuro y hasta James Mill, de Patanjali a
través de Plotino y hasta Jacob Böhme, es trazable como el curso de un río a lo largo de
un paisaje. Uno de los objetivos de la organización de la Sociedad consistía en examinar
las ideas demasiado trascendentales de los espiritistas con respecto a los poderes de los
espíritus desencarnados. En seguida, después de haberle comunicado lo que, según
nosotros, una parte de sus fenómenos no son, nos corresponde mostrarles lo que son. Es
tan evidente que la llave de los presuntos fenómenos "sobrenaturales" debe buscarse en
oriente y especialmente en la India, que recientemente, también lo ha admitido el
Pioneer de Allahabad (11 de Agosto de 1879), un periódico anglo-indo cuya reputación
es la de ser muy franco. El rotativo, inculpando a los científicos por haberse "dedicado
al descubrimiento físico durante algunas generaciones, descuidando la investigación
super-física," menciona "la nueva ola de escepticismo" (el espiritismo), la cual
"recientemente ha estorbado esta convicción." Dirigiéndose a un amplio número de
personas, incluyendo a muchos eruditos y doctos, agrega: "Nuevamente, lo sobrenatural
se ha impuesto como un tópico adecuado para el análisis y la pesquisa. Además, existen
hipótesis plausibles en favor de la idea según la cual: entre los 'sabios' orientales se
encuentra una profusión de vestigios de tales peculiaridades personales, sean las que
sean, necesarias como condición antecedente al evento de un fenómeno sobrenatural,
mientras entre los habitantes modernizados del occidente, tales peculiaridades
decrecen." El escritor del editorial, ignorando que la causa que ampara es uno de los
propósitos y objetivos principales de nuestra Sociedad, hace notar que: "nos parece que
es la única dirección hacia la cual los esfuerzos de los Teósofos en la India puedan ser
útiles. Se sabe que los miembros guías de la Sociedad Teosófica en la India son ya
estudiantes muy adelantados de los fenómenos ocultos y esperamos que su interés
profesado en la filosofía oriental [...] pueda cubrir una intención reservada de explorar el
género de cosas que indicamos."

Como ya observamos, entre nuestros numerosos objetivos, uno de los más


importantes consiste en resucitar la obra de Ammonio Saccas y hacerle recordar a
muchas naciones que son la progenie de "una madre." En lo que concierne al aspecto
transcendental de la Teosofía antigua, ha llegado el momento en que la Sociedad
Teosófica lo explique. ¿En qué medida la Sociedad concuerda con la ciencia de los
antiguos místicos arios y griegos, propensa a investigar a la naturaleza y a Dios y con
los poderes de la mediumnidad espiritual moderna? Completamente, respondemos. Sin
embargo, si nos preguntan: en qué cree, contestaremos que: "como grupo, en Nada." La
Sociedad, como conjunto no tiene ningún credo ya que éstos son simplemente el
recipiente del conocimiento espiritual mismo, el verdadero meollo de la investigación
filosófica y teísta. La representante visible de la Teosofía Universal, no puede ser más
sectaria que una Sociedad Geográfica, la cual simboliza la exploración geográfica
universal sin interesarse en el credo de sus exploradores. La religión de la Sociedad es
una ecuación algebráica en la cual, mientras no se omita el signo de igualdad (=), cada
miembro puede sustituir cantidades propias que mejor colinden con las exigencias
climáticas y de su tierra natal, con las idiosincrasias de su pueblo o aún las suyas
propias. Como nuestra Sociedad no tiene ningún credo aceptado, está muy dispuesta a
dar y recibir, aprender y enseñar, valiéndose de la experimentación práctica, la antítesis
de una aceptación simplemente pasiva y crédula de un dogma impuesto. Está abierta a
aceptar cualquier resultado que alguna de las anteriores escuelas o sistemas afirme,
siempre que pueda demostrarse lógica y experimentalmente. Por lo tanto: no puede
acoger nada, basándose en la simple fe, no importando quién lo proponga.

Sin embargo, el asunto cambia al considerarnos individualmente. Los miembros


de la Sociedad representan las nacionalidades y razas más heteróclitas. Además,
nacieron y se educaron en los credos y condiciones sociales más disímiles. Algunos
creen en una cosa otros en otra. Algunos se inclinan hacia la magia antigua o la
sabiduría secreta que se enseñaba en los santuarios, la verdadera antítesis del culto a lo
sabrenatural y lo diabólico. Otros están interesados en el espiritismo moderno o la
relación con los espíritus de los fallecidos. Otros más propenden hacia el mesmerismo o
el magnetismo animal o sólo la fuerza oculta dinámica en la naturaleza. Un cierto
número aún no ha adquirido una creencia terminante; sin embargo, se encuentra en un
estado de atenta espera. Hay también aquellos que, en un cierto sentido, se llaman
materialistas. La Sociedad no incluye a ateos ni a fanáticos sectarios de ninguna
religión; ya que el simple hecho de ser parte de ella, implica una búsqueda hacia la
verdad final en lo que concierne a la esencia última de las cosas. Si un ateo especulativo
existiese, cosa que los filósofos pueden negar, debería rechazar el binomio causa y
efecto, tanto en este mundo material como en aquel espiritual. Puede haber miembros
que, análogamente al poeta Shelley, han dejado que su imaginación se elevara a una
sucesión de causas infinitas; ya que cada una, por turno, se convertía, lógicamente, en
un resultado que necesitaba una causa previa, hasta que han enrarecido al Eterno en una
escueta neblina. Sin embargo, aún ellos, no son ateos en el sentido especulativo; ya sea
que identifiquen las fuerzas materiales del universo con las funciones que los teístas
atribuyen a su Dios, o no. En cuanto, una vez que no pueden emanciparse de la
concepción del ideal abstracto del poder, de la causa, de la necesidad y del efecto,
pueden considerarse ateos sólo con respecto a un Dios personal y no al Alma Universal
del panteísta. En cambio, el fanático sectario, atrincherado en su credo, en cuya estacada
se lee el aviso: "se prohibe el tránsito," no puede salir de su baluarte para unirse a la
Sociedad Teosófica y aunque pudiera, ella no tendría espacio para aquel cuya religión le
veda todo examen. La verdadera idea eje de la Sociedad es una investigación libre e
intrépida.

La Sociedad Teosófica, como grupo, considera que los Teósofos, propiamente


dichos, fueron y son, todos los pensadores e investigadores originales del lado oculto de
la naturaleza; ya sean materialistas: los que encuentran en la materia "la promesa y la
potencia de la vida terrestre completa" o espiritualistas: aquellos que disciernen en el
espíritu la fuente de toda energía y materia. Desde luego, para ser un teósofo, no es
menester reconocer la existencia de algún Dios o deidad particular. Simplemente hay
que adorar el espíritu de la naturaleza viviente y tratar de identificarse con ésto. Se debe
respetar esa Presencia: la Causa invisible que está siempre manifestándose en sus
resultados incesantes, el Proteo intangible, omnipotente y omnipresente que, siendo
indivisible en su Esencia, elude la forma, aún apareciendo bajo cada una de éstas. Se
encuentra aquí y allá, por todas partes y en ninguna, es el Todo y la Nada, ubicuo, mas
sin embargo uno, la Esencia que llena, vincula, deslinda y contiene el todo y está
contenida en el todo. Por lo tanto, es evidente que estos hombres, a cualquier clase que
pertenezcan: teístas, panteistas o ateos, son equiparables con el resto. Sea como fuere,
una vez que el estudiante abandona el antiguo y transitado sendero de la rutina y entra
en el camino solitario del pensamiento independiente hacia Dios, es un Teósofo, un
pensador original, un buscador de la verdad eterna con una "inspiración propia" para
desenmarañar los problemas universales.

La Teosofía es la aliada de todo individuo que busca independientemente y con


ahínco, un conocimiento del Principio Divino, las relaciones humanas con éste y sus
manifestaciones en la naturaleza. Es análogamente, la aliada de la ciencia honrada para
distinguirla de la gran cantidad que pasa por ciencia física exacta, siempre que ésta no
incursione en los reinos de la sicología y de la metafísica.

Es también la aliada de toda religión íntegra: una religión dispuesta a ser juzgada
conforme los mismos parámetros que implementa para las demás. Según la Teosofía: los
libros que contienen la verdad más evidente son inspirados y (no revelados). Sin
embargo, a causa del elemento humano que encierran, los considera inferiores al Libro
de la Naturaleza, cuya lectura y comprensión correcta implica el necesario desarrollo
elevado de los poderes innatos del alma. Sólo las facultades intuitivas pueden percibir
las leyes ideales, las cuales trascienden el campo de la argumentación y de la dialéctica
y nadie puede comprenderlas o apreciarlas correctamente mediante las explicaciones de
una mente ajena, aunque ésta afirme tener una revelación directa. Además, la Sociedad
en cuestión, que permite la más amplia investigación en los campos del ideal puro,
sostiene una actitud igualmente firme en la esfera de los hechos. Así, su respeto por la
ciencia moderna y sus justos representantes es sincero; no obstante que carezcan de una
intuición espiritual superior, el mundo les debe mucho. Por lo tanto, la Sociedad ampara
de corazón la protesta noble e indignada del Reverendo O. B. Frothingham, predicador
dotado y elocuente, el cual pugna contra aquellos que procuran menospreciar los
servicios de nuestros grandes naturistas. En una reciente conferencia presentada en
Nueva York exclamó: "Habláis de la ciencia como si fuera irreligiosa y atea. La Ciencia
está creando una idea de Dios viviente. Si en el futuro no llegamos a ser ateos bajo los
efectos exacerbantes del Protestantismo, será gracias a la ciencia; ya que está
emancipándonos de las horribles ilusiones que nos importunan y nos confunden,
colocándonos, entonces, en el estado que nos enseña como razonar acerca de las cosas
visibles [...]"

Al mismo tiempo, gracias a la obra incesante de orientalistas como W. Jones, Max


Müller, Burnouf, Colebrooke, Haug, St. Hilaire y muchos más, la Sociedad, como
grupo, siente un respeto y una veneración equiparable hacia las antiguas religiones del
mundo, véase el Vedanta, el Buddhismo, el Zoroastrianismo y otras y un sentimiento
fraterno hacia sus miembros hindúes, singaleses, parsis, jainos, hebreos y cristianos,
como estudiantes individuales del "ser," de la naturaleza y de lo divino en ella.

La Sociedad, nacida en los Estados Unidos de América, fue constituida según el


modelo de su tierra madre, cuyas leyes otorgan absoluta igualdad a todas las religiones,
omitiendo el nombre de Dios de su constitución para que no se proporcione el pretexto
que un día se establezca una religión de estado. El estado las sostiene y las protege a
todas. La Sociedad, plasmada según tal constitución, puede ser llamada justamente: una
"República de la Conciencia."

Pensamos que ahora hemos dilucidado por qué nuestros miembros, como
individuos, son libres de participar o no en cualquier credo que les plazca, siempre que
no pretendan ser los únicos que gozan del privilegio de la conciencia, imponiendo sus
opiniones a los demás. En este respecto, las Reglas de la Sociedad son muy rígidas y
trata de implementar la sabiduría del antiguo axioma buddhista: "Honra tu fe y no
denigres la fe ajena," que reverbera, en nuestro siglo, en la "Declaración de Principios"
del Brahmo Samaj, cuya noble afirmación dice: "ninguna secta será objeto de
denigración, burla u odio." La sexta Sección de las Reglas Revisadas de la Sociedad
Teosófica, recientemente adoptadas en el Concilio General en Bombay, ordena:

Ningún oficial de la Sociedad Madre tiene el derecho de


expresar, oral o físicamente, hostilidad o preferencia hacia
alguna sección (división sectaria o grupo dentro de la
Sociedad), más bien que a otra. A todas se les debe considerar y
tratar de manera ecuánime según los objetivos de la solicitud y
ejercicio de la Sociedad. Todas tienen igual derecho de
presentar los aspectos esenciales de su creencia religiosa
frente de un tribunal o de un mundo imparcial.
Cuando los miembros son el blanco de ataques, ocasionalmente pueden, en su
capacidad individual, infringir esta Regla; sin embargo, como oficiales deben reprimir
esta violación y durante las reuniones la Regla se implementa rígidamente; ya que la
Teosofía, en su sentido abstracto, se yergue sobre todas las sectas humanas. La Teosofía
es demasiado extensa para que algunas de ellas la contengan, sin embargo puede,
fácilmente, contener a ellas.

Concluyendo, podemos afirmar que sus ideas son mucho más amplias y
universales que alguna Sociedad científica existente. Además, incluye algo que la
ciencia no contempla: una creencia en toda posibilidad y una voluntad determinada para
penetrar en esas regiones espirituales desconocidas que, según la ciencia exacta: sus
miembros no tienen ninguna razón para explorar. También tiene una cualidad más que
cualquier religión; ya que no fomenta ninguna diferencia entre los Gentiles, los Judíos y
los Cristianos. Este es el espíritu con el cual se ha establecido la Sociedad estribándose
en la Hermandad Universal.

La Sociedad, desinteresada en la política, hostil hacia los sueños insensatos del


socialismo y del comunismo, al que detesta, siendo ambos simplemente conspiraciones
solapadas de fuerza brutal e indolencia contra los laboradores honestos, no reza mucho
con la guía del aspecto humano externo del mundo material. Todas sus aspiraciones
están dirigidas hacia las verdades ocultas de las esferas visibles e invisibles. Vivir bajo
un régimen imperial o republicano, circunscribe simplemente al individuo objetivo. Su
cuerpo puede encontrarse en esclavitud, sin embargo, en lo que concierne a su alma,
tiene el derecho de contestar a sus regentes reverberando la orgullosa respuesta que
Sócrates dió a sus jueces. Ellos no tienen ningún control sobre el ser interior.

Entonces, esta es la Sociedad Teosófica, sus principios, sus metas polifacéticas y


sus objetivos. Por lo tanto, las pasadas ideas erróneas del público en general y la palanca
que el enemigo ha logrado ejercer para rebajarla en la estima pública, no nos
sorprenden. El verdadero estudiante ha sido siempre un recluso, un ser silencioso y
meditabundo. Sus hábitos y sus intereses tienen muy poco en común con el mundo en
constante actividad, por lo tanto, mientras él estudia, sus enemigos y detractores gozan
de oortunidades imperturbadas. Sin embargo, el tiempo sana todo y las mentiras son,
simplemente, efímeras. Unicamente la Verdad es eterna.

Enseguida, hablaremos acerca de algunos miembros de la Sociedad que han


efectuado grandes descubrimientos científicos y otros más hacia los cuales los
psicólogos y los biólogos deben mucho por la nueva luz irradiada en los problemas más
recónditos del ser interno. Actualmente, nos proponíamos probar al lector que la
Teosofía no es una "nueva doctrina," ni una conspiración política y ni una de esas
sociedades de entusiastas que nacen hoy y desaparecen mañana. Las dos grandes
Divisiones: oriental y occidental, en que se ha organizado la Sociedad, demuestran que
no todos sus miembros pueden pensar de manera análoga. El sector occidental está
dividido en numerosas secciones según las razas y las ideas religiosas. El pensamiento
de un individuo, a pesar de sus manifestaciones, infinitamente multiformes, no lo abarca
todo y, siendo limitado, necesariamente especula en una sola dirección. Una vez
trascendidos los lindes del conocimiento humano exacto, debe errar y vagar; ya que las
ramificaciones de la Verdad Central y absoluta son infinitas. Por lo tanto, de vez en
cuando, discernimos que aún los filósofos más grandes se pierden en los laberintos de
las especulaciones; provocando, entonces, la crítica de la posteridad. Sin embargo,
como todos trabajan para el único mismo objetivo: la liberación del pensamiento
humano, la eliminación de las supersticiones y el descubrimiento de la verdad, los
acogemos calurosamente. Todos concordarán que para mejor alcanzar y asimilar estos
objetivos, es menester convencer a la razón y fomentar el entusiasmo de la generación
de mentes nuevas y frescas, las cuales están madurando y preparándose para sustituir a
sus padres con ideas preconcebidas y conservadoras. Como cada ser, tanto los grandes
como los pequeños, ha recorrido el camino maestro hacia el conocimiento, los
escuchamos a todos y los aceptamos como miembros, ya sean los grandes o los
pequeños. Desde luego, ningún buscador honesto regresa con las manos vacías y aún
cuando el favor popular ha sido parco con un individuo, él puede, por lo menos, colocar
su óbolo en el único altar de la Verdad.

Theosophist, Octubre de 1879

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NO HAY OTRO CAMINO POR SEGUIR


Radha Burnier
The Theosophist. Feb/1984.

El hecho de que afiliarse a la Sociedad Teosófica sea importante o no, depende


completamente de uno mismo. Es importante si significa un nuevo giro en la propia
vida. No es importante en absoluto si consiste tan solo en firmar una solicitud de
admisión y luego seguir pensando y obrando exactamente como se ha hecho siempre.
A algunas personas les gusta citar lo que se supone que Madame Blavatsky dijo:
que incluso si una persona es miembro solamente por un corto tiempo, o si firma una
solicitud de ingreso, eso es importante porque crea un lazo kármico. Pero si una persona
pendenciera firma una solicitud y después trae sus pendencias a la Sociedad, con
seguridad que su afiliación no tiene ninguna importancia positiva.
En la época de Madame Blavatsky, cuando la Sociedad era mucho más reducida,
se necesitaba coraje para aceptar sus enseñanzas y hacerse miembro, especialmente en
Occidente. Cuando Annie Besant quiso ingresar, Madame Blavatsky le aconsejó que lo
pensara muy detenidamente, que se enterara de los ataques que se lanzaban contra ella,
y que si después de esto todavía quería afiliarse, lo hiciera. En esas circunstancias, el
que firmaba una solicitud de ingreso era porque probablemente ya existía un cambio
dentro de él y evidentemente existía un lazo kármico. Pero esa no es la cuestión ahora.
Existen actualmente muchos organismos como las Naciones Unidas, que tienen
el propósito de trabajar por la cooperación y la unificación. Y no se necesita valor para
ingresar a la S. T., especialmente en India donde la filosofía ha enseñado siempre la
unidad de la vida, la reencarnación y karma. En India hay cierto trasfondo en el
pensamiento que hace muy fácil unirse a nuestra Sociedad. No implica necesariamente
un cambio interno.
Afiliarse a nuestra Sociedad es importante, únicamente si uno tiene el valor de
vivir de un modo diferente y no según las normas establecidas, muchas de las cuales son
inmorales y faltas de ética. En India fue norma aceptada la de despreciar a las personas
de casta inferior. En otros países también, se aprecia a la gente según su cuna, riqueza,
etc. Pero un miembro de la S. T. debe dejar de pensar en los demás en términos de
nacionalidad, casta, raza, posición social, riqueza y demás, y tiene que considerar a cada
ser humano como eso: como un ser humano.
¿Puede un miembro prescindir de toda evaluación basada en las condiciones
externas? Esas condiciones son accidentales. Uno no nace en India, China, Rusia o
Estados Unidos por causa de algún mérito particular. Entonces, ¿podemos prescindir de
pensar si somos Indos, etc., y sentirnos universales, internacionales? ¿Podemos
deshechar toda idea de color y circunstancias sociales?
Liberar la mente de todo eso es realmente sannyasa. La persona que se convierte
en un sannyasi, prescinde simbólicamente de su nombre de pila y de toda idea de
catalogarse; ya no tiene familia, posición, casta u hogar. Todo el mundo es para él su
hogar, toda la humanidad es su familia, toda la tierra es su heredad.
De modo similar, un miembro de nuestra Sociedad debe tener una mentalidad
amplia y universal. Para lograr esto tiene que prescindir de toda idea trivial sobre
nacionalidad, familia, amistades particulares, gentes que le gustan o le chocan. Ser
Teósofo implica, pues, un gran esfuerzo.
La mayoría de la gente valora a los demás según las circunstancias externas; se
inclina ante el rico y el poderoso, y trata con desdén a los que no son tan importantes.
En algunos países se trata con muy poca consideración a la servidumbre. Las mujeres
son subordinadas, hechas para la obediencia. Semejantes actitudes debieran haber
desaparecido en los que se afilian a la S. T.; pero después de ingresar tiene que haber un
cambio todavía más definido.
Una persona espiritual no compara. El Bhagavad Gita dice que yoga es Samatva,
palabra que significa considerar a todo el mundo del mismo modo. Como ya vimos, no
hay ningún mérito particular en el nacimiento de uno, el color, etc. Ni tampoco lo hay
en las características internas. Yo puedo tener habilidad para hacer esto, aquello, o lo de
más allá, mientras que otra persona puede que no tenga esas capacidades; y entonces yo
puedo imaginarme que soy superior.
Personas eruditas pueden ser un poco distraídas o disparatadas al nivel
puramente mundano; pero, ¿es mejor que ellas el hombre práctico? Puede que hasta sea
más distraído. De modo similar, una persona mira a otra y piensa: “¿Qué clase de
persona es ésta? Parece fatua y necia; debería ser diferente”. Y mientras está pensando
así, no se da cuenta de sus propios defectos, de que es indiferente a los demás, o tonto, o
lerdo. ¿Es su estupidez o su insensibilidad pero que el orgullo de esa otra persona?
Puede que no. Pero el hecho es que hacemos estas divisiones y comparaciones.
Puede que yo no reconozca mi estupidez; pero aunque la reconozca, pienso que
no soy tan mala como otros, y que otro es mucho peor porque es engreído. Si soy
celosa, puedo pensar que tengo buenas razones par serlo, pero que el otro no tiene
ninguna para ser engreído y por tanto no debiera serlo.
En la escala de valores que cada hombre se traza, se coloca él mismo en la cima.
Krishnamurti dice que debemos aprender a no comparar. De la comparación surge la
idea de desigualdad: “aquel tiene más, ¿por qué no tengo más yo? Aquel es virtuoso y
yo no, de suerte que soy un miserable; aquel es engreído y yo no, luego soy mucho
mejor que él.”
Este es un mal común del que todos padecemos. Pero un verdadero Teósofo no
juzga. La Biblia que enseña “no juzgues y no serás juzgado”, está diciendo lo mismo
que el Bhagavad Gita que declara que yoga significa observar todo “con igual ojo”.
En todo ser humano existe una semilla divina; pero el que cree que esa semilla
ha brotado y fructificado en él más que en los demás, está bajo una ilusión. Ese mismo
sentido de superioridad muestra que la semilla no ha brotado. Se ha dicho que el más
sabio es el más humilde. El que cree que sabe más, no sabe; el que cree que es superior,
no lo es. Pero el que puede ver el elemento divino, la posibilidad que ha de desarrollarse
en los demás, es un verdadero Teósofo.
Para ser verdaderos Teósofos debemos vivir inteligentemente, vernos
objetivamente, notar cómo trabajan nuestros pensamientos y cómo no deben contradecir
el principio fundamental de la Teosofía. Ese principio es la fraternidad, que implica
reconocer la naturaleza inmortal de cada persona y darse cuenta de que eso vale
muchísimo más de su apariencia externa.
No siempre queremos ver lo que está ante nosotros. Pero es esencial que veamos
lo que es, no lo que nos dicen otros, no lo que sólo está en la superficie. Los Vedantistas
dicen que cualquiera que sea la forma que se le dé a la arcilla, ésta sigue siendo arcilla.
Al reconocer la “arcillosidad” del objeto, lo conocemos mejor que si simplemente
observamos su apariencia externa.
Si no podemos ver la naturaleza inmortal que existe en los demás, eso muestra
nuestra propia ceguera y falta de desarrollo. Únicamente el que mira a los demás “con
igual ojo” es el que está creciendo en espiritualidad.
En los primeros años de la S. T., había ciertos signos y palabras secretas para que
los miembros se reconocieran entre sí. Pero lo que necesitamos no es esa clase de
“secreto”. El secreto de todos los secretos está oculto profundamente dentro de cada
persona. Incrustado en cada forma de vida y en lo que denominamos materia. Y el
conocimiento de ese secreto nos revela la verdad de que no hay nada material ni
inorgánico.
Cuanto más penetra uno en el interior, más claro ve que lo que parece inorgánico
o inanimado está lleno de aquella vitalidad y divinidad y belleza con que todo el
universo está impregnado. Es nuestra propia torpeza la que nos ciega a este hecho.
Lo que consideramos materia depende por entero de nosotros. Para la mayoría
de la gente, una piedra es “materia”; pero no lo es para el ojo del hombre espiritual. En
la antigua India se enseñaba que todo es Shiva, o sea aquel Poder Eternamente benéfico
del cual y en el cual todas las cosas existen, en el cual “vivimos, nos movemos y
existimos”. No existe nada más que Shiva. Esta es la verdad. Pero nosotros no vemos a
Shiva en la piedra y en la roca, y por eso destruímos la tierra.
Hay mucha gente que no ve la divinidad en el animal, y por eso lo tratan como
“materia, le arrancan la piel, le clavan aguijones y realizan con él diabólicos
experimentos para ver hasta dónde pude soportar el dolor. ¿Por qué hace esto la gente?
Porque para ellos estos animales no son criaturas vivientes como ellos mismos, sino
simple materia. Y así, cuando muere un becerro en el campo, no lo ven como un
becerro, sino como “carne de ternera”.
Y hay otros que han hecho con seres humanos, lo que hacen con los animales.
En campos de concentración han vivisectado a hombres y mujeres, y los han llamado
“leños de madera”.
La idea de “materia” que cada persona tiene depende, pues, de su propio
despertar o adormecimiento espiritual. Madame Blavatsky proclamó una verdad
fundamental cuando dijo que no existe materia sino únicamente consciencia. Esa
Consciencia es una cosa divina, magnífica, de muchos esplendores.
De suerte, pues, que el secreto de los secretos que está por descubrir, es el de
nuestra propia naturaleza oculta. Cuando se la conoce, se escucha resonar “un nuevo
nombre” a través de la creación. Pues todo tiene un nombre verdadero que proclama
unicidad, su divinidad e inmortalidad. Poder oir ese nombre y ver esa divinidad, es el
secreto que busca el Teósofo. Y “no hay otro camino por seguir”, dicen los
Upanishadas.

EL MIEMBRO DE LA SOCIEDAD TEOSÓFICA


Y SU VIDA DIARIA
Radha Burnier
Conferencia dictada en la S. T. Bogotá, 18 mayo 1983.

La S. T. no tiene como única mira hablar acerca de la Fraternidad Universal o


enunciar la necesidad de semejante fraternidad como cuestión simplemente teórica. La
S. T., tiene por objeto llegar a ser un núcleo verdadero de fraternidad. Esto no significa
que los miembros de la S. T. deben tratar de ser fraternales únicamente entre ellos
mismos, sino que deben ser un conjunto de personas que tratan de llevar una vida
fraternal, aún en circunstancias muy difíciles, sin distinción de ninguna clase. Vivir una
vida de fraternidad no es meramente una cuestión externa, sino que internamente debe
haber un sentimiento de no estar separados de nadie, y jamás sentir que los intereses
propios son distintos de los ajenos.
En personas de buenas intenciones suelen surgir pensamientos de distinta clase.
Una persona a quien le está yendo muy bien en la vida puede sentir cierta especie de
repugnancia por los que son pobres, porque los pobres con frecuencia no están muy
limpios ni tienen mucha cultura. Puede sentir como una especie de barrera. Una persona
que es muy intelectual puede sentir algo así de esa clase hacia las personas que no son
tan listas; puede existir en ella un sentimiento inconsciente de superioridad; incluso
puede hablar inconscientemente, sin quererlo, contra personas que pertenecen a otras
culturas; puede haber ciertos sentimientos de sospecha o de duda acerca de otras
personas.
Formar un núcleo de fraternidad significa que ni siquiera en los pensamientos
debe existir este tipo de barreras. No debe haber una barrera contra lo que se llama los
pecadores. Uno puede sentirse repelido por las personas que le parece obran mal, pero si
esas personas en realidad están obrando mal, lo que necesitan es simpatía y
comprensión más que cualquier otra cosa. En el pequeño libro A Los Pies Del Maestro
hay una frase acerca de esto. Si en nuestra mente estamos condenando al que obra mal,
entonces lo que hacemos es aumentar esa tendencia en él por medio de nuestros
pensamientos; pensamos en él como uno que obra mal, y al hacer eso nosotros creamos
en nuestra propia mente cierta impureza y llenamos la atmósfera mental con esas clase
de pensamientos. De modo que ni le ayudamos a él ni nos ayudamos a nosotros mismos,
ni tampoco ayudamos a la atmósfera general del mundo.
En toda persona hay lo que se llama bueno y también cosas que no son tan
buenas. Es posible que en nuestras mentes le demos más importancia a lo malo que a lo
bueno. Ser fraternal significa tratar de fortalecer lo que hay de bueno en la otra persona,
de modo que lo que haya de negativo vaya desapareciendo por sí solo. Pues si las
virtudes principales se desarrollan, encontramos que cada una de esas virtudes contiene
a todas las demás. Si una persona, por ejemplo, es pura, si la pureza está desarrollada en
ella al máximo grado, entonces contiene dentro de sí todas las demás virtudes, porque la
pureza en esencia es ausencia del sentido de separatividad. Cuando ese sentido de
separatividad disminuye, entonces la simpatía, la bondad, el afecto, se van
desarrollando. La sabiduría también se desarrolla porque lo que disminuye su desarrollo
es que uno busca sus propios intereses.
Así pues, en toda persona hay los buenos puntos. Si la ayudamos a que
desarrolle sus buenos puntos, si pensamos más en esos buenos puntos, entonces esa
persona superará lo que tenga de malo en sí misma. Pero cuando pensamos en lo que
tiene de malo y hablamos acerca de ello, entonces le estamos haciendo un mal y
también estamos haciéndonos daño a nosotros mismos. De modo que para vivir una
vida de fraternidad tenemos que ver qué hay en nosotros que sea contrario a ese espíritu.
Y si estamos levantando muros de sospecha, si nos estamos dando mucha importancia
nosotros mismos en relación a los demás. Debemos vigilar nuestras motivaciones.
Un miembro de la S. T. debe estar tratando de aprender a vivir fraternalmente en
su vida diaria, y no simplemente hablar de fraternidad. Cuando realmente exista un
núcleo de fraternidad podrá afectar toda la consciencia mundial. Ahora los científicos ya
están empezando a hablar de esto. Han descubierto que cuando cierto número de
personas o hasta de animales, actúan de una cierta manera particular, eso afecta la
consciencia de la totalidad. Claro que el científico no lo pondrá en esas palabras, pero
los biólogos están hablando de lo que llaman “el fenómeno de los miles de monos”.
Ellos han encontrado que un mono aprende a hacer algo, y entonces los otros monos de
su mismo grupo hacen la misma cosa. Pero lo más interesante es que si cierto número
de monos hace esa cosa, entonces todos los monos de todas partes del mundo de alguna
manera aprenden lo mismo como si la consciencia de los monos fuera una sola. Si cierto
cambio ocurre en su consciencia, afecta a la totalidad. Es algo así como lo que puede
ocurrir en un balde de agua. Si echamos una gota de color en ese balde, el agua puede
que no parezca diferente aunque hay una gota de color en ella; pero si ponemos no una
gota sino cien gotas, el color del agua cambiará un poco; si más gotas de color echamos,
entonces el agua llegará a coger el color definitivamente. Lo mismo ocurre si hay un
cambio en la consciencia de un número suficiente de individuos. Eso podrá afectar la
totalidad de la consciencia humana. Esto no es imposible, porque una pequeña cantidad
de algo puede lograr un cambio muy grande. Ponemos nada más que un poquito de
levadura en la harina y ella se crece para hacer pan. No necesitamos poner sino una
pequeñísima cantidad de algo en leche para convertirla en yogurt. Una inyección de una
pequeña cantidad de algo en el cuerpo afecta la totalidad del cuerpo.
De manera que si un número suficiente de gente cambia en dirección hacia la
verdadera fraternidad, lo cual significa que sus pensamientos, sus sentimientos, sus
motivos, deben ser fraternales, con nada de separatividad ni de agresión, entonces la
consciencia humana comenzará a cambiar. En ese sentido todos y cada uno de nosotros
tiene una responsabilidad. Yo pienso que un miembro de la S. T. debe ser una persona
responsable. Todos nosotros nos sentimos responsables, por lo menos espero que así
sea, de unos pocos individuos: de la esposa o del esposo o de los hijos. Pero fuera de ese
pequeño círculo no nos sentimos muy responsables, porque básicamente somos
materialistas. Pero si comprendemos que existen fuerzas de una naturaleza invisible, de
lo cual hay muchísimas pruebas ahora, eso será básico para nuestra comprensión
teosófica. Entonces nos daremos cuenta de que somos mucho más responsables, porque
comprendemos que nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestro ser interno, es
todo energía. A cada momento estamos irradiando algo bueno o algo malo en la
atmósfera psíquica del mundo. Cuando somos separativos en nuestras actitudes,
estamos agregando un poquito al veneno de la atmósfera del mundo; cuando somos
realmente fraternales, en el sentido de no erigir barreras entre las personas, ni
animosidades, ni sospechas, ni sentir intereses separados, entonces estaremos librando
esa atmósfera mental de un poco de veneno.
Todos somos responsables del mundo. Lo que está en la atmósfera psíquica del
mundo está afectando a la gente a todo momento, está afectándonos a nosotros mismos
si se lo permitimos. Hay mucha violencia y vulgaridad en la atmósfera del mundo, hay
mucho pensamiento materialista, y si no vivimos con una consciencia mayor que la que
estamos empleando, si no usamos nuestra inteligencia para pensar en las cuestiones
importantes de la vida, entonces seremos afectados por esa atmósfera total. Y eso ocurre
muchísimo en donde hay tensiones. Por ejemplo, cuando hay un estado de guerra o de
malas relaciones entre dos países, incluso personas que normalmente son correctas
empiezan a sentir odio, porque se dejan afectar por la atmósfera que las rodea. Cuando
ocurrieron cosas tan terribles durante la época de los nazis, no fue porque los alemanes
fueran personas particularmente malas, sino porque los seres humanos fácilmente se
dejan afectar por esas manías de la masa. Incluso la pasión consumidora es una especie
de manía de masa; tratamos de imitar las cosas que creemos que los demás hacen.
De modo que si la atmósfera psíquica del mundo no es buena, afecta a todas las
personas. Y podemos estar acrecentando o fortaleciendo esa atmósfera psíquica, con lo
que hacemos, con lo que pensamos, etc. Pero podemos hacer todo lo contrario. Un
grupo mayor de personas, como los miembros de la S. T., pueden estar viviendo de tal
manera, día tras día, que ayuden a esclarecer o limpiar esa atmósfera mental. Entonces
será como un rayo de luz solar que dispersa las nubes y gradualmente brilla más y más.
Pero para hacer eso debemos estar realmente comprometidos en nuestra vida diaria, en
algo que es un ideal universal y no de la persona. Por tanto la vida de un miembro de la
S. T. debe ser una vida de responsabilidad.
En muchos grupos se está hablando acerca de karma. La literatura teosófica ha
estado hablando acerca de karma durante largo tiempo. Pero hace muy poco bien estar
hablando de karma si lo que nos preocupa son los detalles, estar pensando en cuáles
serán los resultados de los actos que vendrán de cierto curso particular. Si vemos que
una persona comete crueldades, pensamos en cuál será el sufrimiento que le
sobrevendrá. Es posible que esa clase de especulaciones no haga mucho bien. Pero lo
que es importante al estudiar karma es darnos cuenta que eso implica mayor
responsabilidad.
Uno ha comprendido muy poco acerca de karma si no muestra que es cada vez
más responsable de sus actos. El Sr. Krishnamurti a veces dice en sus pláticas a la
gente: “Ustedes dicen que creen en karma pero de hecho no creen en él. Si ustedes
creyeran realmente en karma tendrían muchísimo cuidado con todo lo que hacen: qué
piensan, qué sienten, cuáles son sus actitudes hacia la gente, cuáles son sus
motivaciones ocultas”. Así las personas se vuelven responsables, porque saben que
están afectando al mundo en general para bien o para mal. Si uno realmente comprende
karma se da cuenta de que toda circunstancia es buena. Karma es la ley del bien. Le trae
a cada persona lo que necesita aprender.
En alguno de los libros que se han escrito en años recientes por algunos médicos,
sobre la vida después de la muerte se han dicho algunas cosas muy interesantes. Hay un
libro del Dr. Raymond Moody que se llama “Vida después de la vida”. Él ha hecho
muchísimas investigaciones en casos de personas que estuvieron a punto de morir.
Personas que casi murieron en una mesa de operaciones, en donde cínicamente el
cuerpo estaba muerto, pero que resucitaron después de dos o tres horas. El Dr. Moody y
otros médicos han hablado a muchas de esas personas y les han preguntado cuáles
fueron sus experiencias. Una de las cosas que todas dicen es que en el momento de la
muerte ven todo lo que les ha ocurrido durante la vida. Esto también se menciona en
algunos libros teosóficos como una revisión o repaso de la vida que acaba de pasar. Esas
personas afirman que en esos momentos se dan cuenta de qué cosas han aprendido y
cuáles han dejado de aprender. No tienen ningún sentimiento de culpa o de infelicidad,
pero ven que muchas cosas les han ocurrido de las cuales no han aprendido nada. Y una
de las cosas que dejaron de aprender es amor, que incluye el amor fraternal. Todo el
libro trata solamente de eso. La vida es un proceso de aprender. Una persona que
comprende realmente lo que es karma entenderá esto, y por tanto no tratará de escaparse
de nada sino de descubrir qué puede aprender de ello. Si lo que está aprendiendo es lo
contrario del amor y de la fraternidad, entonces realmente no está aprendiendo nada.
Los budistas dicen que las personas que consideramos hostiles son en realidad
nuestros mejores amigos. ¿Cómo puede uno aprender paciencia si no hay alguna
dificultad? Decir que uno es paciente cuando todo le va muy bien, no tiene sentido.
Decir que yo soy muy fraternal cuando todo el mundo está de acuerdo conmigo,
tampoco tiene sentido. Podemos pensar en un árbol que crece muy fuerte cuando es
capaz de resistir el sol, los vientos, o quizá las lluvias torrenciales. Todas estas
experiencias son las que le dan fortaleza al árbol par que crezca muy grande, fuerte y
bello. De modo que para que nuestra naturaleza interna crezca fuerte y bella tiene que
encararse con las pruebas y contra cierta cantidad de oposición y de dificultades.
Entonces solamente surgirá o nacerá la fortaleza en uno mismo. Uno se fortalece si
encara cada situación correctamente; y correctamente significa con cierto sentido de
universalidad, de no separatividad, con mayor armonía y mayor afecto. De modo que
una persona que aparentemente es dificultosa está dándonos una oportunidad para
fortalecernos, para crecer o desarrollar alguna virtud, y por eso es que los budistas dicen
que esa persona es un amigo. Si respondemos a esa persona como a un buen amigo, eso
por sí nos ayuda a crecer.
Comprender karma significa no estar huyendo de nada. Y todo eso es parte de la
vida diaria de un Teósofo. No pretender que la responsabilidad es de los demás y decir
que esa persona debiera comportarse de tal o cual modo. Entonces ninguno de los dos
será fraternal. La fraternidad no debe establecer condiciones o poner la responsabilidad
en algún otro. Cada cual es responsable de sí mismo. Bajo cada circunstancia puede
crecer a un estado de bondad y de perfección o quedarse frustrado y limitado. Eso
depende de cómo use su inteligencia.
De modo que debemos sentirnos responsables de la atmósfera mundial y
también de nuestra propia vida. No volvernos dependientes; dependientes de algún gurú
o de alguna escritura para que produzca ese cambio en nosotros. La persona que
realmente entiende la Teosofía no confía esa responsabilidad a ninguna otra persona. No
hay ningún Maestro, ningún Instructor, que pueda actuar en cambio de nosotros. Y los
que dicen que pueden, no están diciendo realmente la verdad. Cada persona está
creando su propio destino, y crece a la plenitud del poder espiritual que tiene en sí
mismo, respondiendo en su vida diaria de una manera correcta a todo lo que ocurre y
haciéndose responsable de su propia vida. Alguna otra persona le puede dar
indicaciones, tal vez cierta ayuda, ciertas líneas guiadoras. Se ha dicho que un
Instructor puede indicar el camino, pero cada hombre debe recorrer el camino por sí
solo. No hay ningún camino fuera de uno mismo. El camino es lo que está ocurriendo
en nuestro propio interior.
Así pues, que lo que ocurre dentro de nosotros es nuestra propia responsabilidad.
De tal manera que, desde todo punto de vista, los que quieran ser Teósofos deben vivir
una vida de responsabilidad. Quizá a algunos esto puede parecerles como una especie de
carga más; pero de hecho no es así, es un gozo. Cuando quiera que uno actúa
rectamente, tiene un sentimiento de armonía; son las barreras las que crean sentimientos
de infelicidad. Es la ausencia de responsabilidad la que hace que las personas obren
distraídamente, perturbadamente. Si uno es responsable, es un individuo limpio.
La fundadora de la S. T., la Sra Blavatsky, habló de los peldaños que conducen a
la sabiduría. El primero que mencionó es “Una Vida Limpia”. Una vida limpia no es
simplemente estar físicamente limpio, lo cual obviamente debemos tratar de hacerlo,
sino estar internamente limpio. Incluso en las enseñanzas de yoga se menciona eso. Se
denota con la palabra sánscrita “Shausha” que significa limpieza. Estar limpio significa
no caer en ninguna especie de transgresión. Puede que uno no sea tramposo en el
sentido lato del término, pero todos caemos en pequeños engaños para promover
nuestras propias ventajas. Si hay una persona que no nos gusta y hablamos de ella,
podemos cambiar ligeramente nuestro relato acerca de lo que esa persona hace,
recalcando ciertas cosas y dejando de mencionar otras, con el fin de presentarla bajo
cierto cariz a los demás. Esta especie de engaño es una cosa muy común: cambiar un
poquito los hechos a nuestro acomodo, decir cosas que no son mentiras positivas pero
que tampoco son ciertas.
Hay también otra clase de engaño que es el de querer parecer distintos de lo que
realmente somos. Podemos tratar de impresionar a la gente de distintas maneras. En el
libro “A los pies del Maestro” se habla de la falla tan corriente de querer aparentar que
uno es muy listo, o tratar de aparecer como virtuoso o bondadoso. ¿Por qué ha de tratar
uno de aparecer distinto de cómo es? Una vida limpia significa que uno no debe tratar
de hacer que los demás crean cosas distintas. Significa también no tomar parte ni directa
ni indirectamente en lo que sea malo. Hay personas que pretenden que están
defendiendo ciertas cosas. Hay millones de personas que dicen que creen en Ahimsa, o
sea indañabilidad; dicen que ellos no matan ni a un mosquito; pero comen carne porque
el animal fue matado por otra persona y no por ellos mismos. Esa es una clase de
engaño. Es mejor decir que no creen en Ahimsa que estar pretendiendo eso.
No debe pues haber ninguna pretensión o simulación en nuestras vidas con el fin
de mostrar que nuestra naturaleza es limpia e inocente. Uno no debe tomar parte ni
siquiera indirectamente en lo que se considera malo. En la S. T. ha sido política no
invertir nunca dinero en cosas que parecen malas, por ejemplo en un negocio que
consiste en la producción de explosivos. Podemos decir que creemos en la paz, pero si
ponemos nuestro dinero en una industria que viola la paz, que tiene por objeto matar a
la gente, eso indica que realmente no creemos en la paz. Estamos indirectamente
apoyando esa industria. Uno puede excusarse diciendo: pero qué importa el poco dinero
mío. Pero el estado de su mente sí importa. Y no es una sola persona sino muchísimas
las que obran así, creando de esa manera cierto efecto en la atmósfera. De modo que yo
creo que los miembros de la S. T. deben ver si están apoyando indirectamente cosas que
son malas, apoyando indirectamente las guerras o crueldades de alguna clase,
discriminaciones contra algunos grupos como en el caso del “Apartheid”.
El Buda habló sobre los rectos medios de ganarse la vida y eso es muy
importante, y yo creo que un Teósofo en realidad no debe ganar dinero por medio falsos,
o tener una profesión por tomar ventajas mundanales cuando sabe que eso es malo. No
podemos entrar aquí en detalles, pero cada persona debe ver por sí misma.
Llevar una vida teosófica significa también tener una mente abierta. Una mente
abierta significa escuchar opiniones que son diferentes a las nuestras. La Dra. Annie
Besant, que fue una gran presidenta de la S. T., escribió sobre lo mucho que aprendió
ella leyendo opiniones opuestas a las suyas propias. Todos tendemos a adherirnos a
personas que piensan como nosotros mismos, y quizás a pensar mal de personas que
tienen opiniones diferentes. Pero podemos estar abiertos para algunos puntos que
pueden ser buenos en las opiniones de los demás. Una mente abierta no significa aceptar
todas las opiniones, sino estar dispuestos a examinarlas, como un científico examinará
cualquier cosa que se le ponga por delante para ver si existe en ella algún elemento de
verdad. Significa libertar la mente de preconceptos y de prejuicios. Uno no debe sacar
en conclusión que todo lo que está en los libros teosóficos es lo único que vale la pena
de mirar. Eso no sería una mente abierta. Uno debe tener una mente que sea libre y que
esté dispuesta a considerar cosas diferentes. Eso es parte del interés de la verdad.
Y podemos decir que la S. T. tiene dos propósitos muy importantes: el uno es la
fraternidad y el otro la verdad. La Sra. Blavatsky decía que damos por sentado
fácilmente que todo el que entra en la S. T. está interesado en la verdad. Pero buscar la
verdad significa una mente que está preparada a investigar, no una mente que ya está
configurada y que ha llegado a sus propias conclusiones sobre cualquier cosa. Es fácil
estar abierto a opiniones simplemente teóricas, pero ¿podemos estar abiertos a otras
cosas, como por ejemplo a los individuos, mantener nuestras mentes libres de
conclusiones acerca de estos individuos? Toda persona está cambiando continuamente.
Si llegamos a conclusiones acerca de ella, podemos estar completamente equivocados.
Puede haber dentro de ella muchos factores ocultos de los cuales no conocemos nada, y
sacamos conclusiones sin saber. En todos nosotros hay cosas que aparecen
momentáneamente, pero hay también muchas partes de nuestra psique que no están
revelando su índole; y dentro de todo eso está el espíritu inmortal, del cual no tenemos
ninguna idea. Uno debe estar abierto para ver lo que la persona realmente es, y eso
significa no sacar conclusiones acerca de los demás. Alguna vez en un cargo
administrativo uno puede tener que tomar decisiones; puede uno tener que evaluar de
qué es capaz una persona o qué es ella. Incluso si uno hace eso, debe hacerlo de un
modo tentativo, sin juzgar psicológicamente a esa persona.
Tener una mente abierta significa no juzgar a los demás, tener la humildad par
darnos cuenta de que somos incapaces de juzgar. Por otra parte tener un sentimiento de
respeto por toda persona; y no sólo por toda persona sino por toda forma de vida. Creo
que nuestra vida diaria debe ser también cuestión de aprender a respetar a los demás,
porque toda vida es una expresión de una realidad infinita, de una verdad infinita; son
nuestros ojos los que fallan, somos incapaces de ver esa vida que está expresándose, que
está tratando de expresar su verdad. El concepto básico de la Teosofía es que toda
persona es una existencia inmortal con una índole gloriosa y maravillosa. En una de las
declaraciones de las verdades teosóficas se dice que “el alma del hombre es inmortal y
su futuro es el de algo cuyo crecimiento y esplendor no tiene límites.” Si tenemos un
sentido de eso, aún cuando sea una idea intelectual de eso, aprenderemos a tratar todas
las cosas con respeto. Se dice acerca de un Maestro del Zen que rociaba las plantas de
su jardín todos los días con inmenso cuidado y las trataba con gran ternura. Y alguien le
preguntó: “Maestro, ¿por qué gasta usted tanto tiempo en esto?” Y él mencionó que la
naturaleza Búddhica estaba en todas esas plantas. Y esa es una parte esencial de las
enseñanzas teosóficas: que la naturaleza Búddhica o la naturaleza inmortal está por
doquiera, en cada brizna de hierba, en cada planta, en cada persona, en cada animal.
Así pues que la vida diaria de un Teósofo debe ser tal que haya mucho respeto
hacia todo, y sentir cada vez menos y menos indiferencia e insensibilidad hacia otras
formas de vida. Podríamos decir muchísimas cosas más acerca de lo que nuestra vida
diaria necesita ser. Naturalmente los miembros de la S. T. no somos perfectos, pero aún
siendo imperfectos, debemos esforzarnos por vivir la teosófica.
Con frecuencia se ha hecho la distinción entre ser miembro de la S. T. y ser
Teósofo. Yo creo que cada miembro de la S. T. debe estar tratando de vivir una vida
diaria que le ayude a ser Teósofo; si así es día tras día, ayuda a traer mayor bondad,
mayor amor y sabiduría al mundo. Todo eso requiere cierta aplicación de inteligencia y
energía a la manera como uno está viviendo su propia vida. Uno puede hacer una misma
cosa con diferentes actitudes internas. Uno puede aparentar externamente ser un gran
servidor, pero internamente ser muy ambicioso, tratar de que se le reconozcan sus
servicios; y eso en realidad no es servir. Pero ese mismo acto de servicio puede hacerse
de una manera totalmente diferente, con puro desinterés y sentimiento de altruismo.
Uno que esté tratando de ser Teósofo no debe preocuparse solamente de los
actos externos sino de la condición interna con que se hace esa acción. Si hay la recta
condición interna, entonces eso es lo que la gente llama consciencia divina. Y esa clase
de consciencia divina puede existir en todo lo que estamos haciendo. Uno puede hacer
cualquier cosa teosóficamente o no teosóficamente. Claro que en esto hay un poquito de
exageración; cuando digo “cualquier cosa”, no estoy pretendiendo decir, por ejemplo,
darle una bofetada a otro, sino las cosas ordinarias de la vida: ya sea enseñando o
cocinando, cuidando el jardín o dando conferencias. Todo esto puede uno hacerlo
actuando desde un estado puro, un estado que es de profunda no separatividad, una
consciencia de la propia responsabilidad; o puede hacerlo uno con absoluta ceguera.
Uno tiene que aprender a no actuar ciegamente, sino actuar desde esa condición interna
que es la correcta.
La vida de un miembro de la S. T. debe ser una gran aventura, una aventura para
llegar a ser el tipo más perfecto de ser humano; y esa es una aventura quizá más grande
que cualquier otra.

EL TRABAJADOR TEOSÓFICO
N. Sri Ram

Personalmente no considero que el número de asistentes a una conferencia o


reunión es de tanta importancia como el espíritu que los inspira. Un árbol puede quedar
desnudo de todas sus hojas durante el invierno, y no tener quizá sino unas pocas hojas o
retoños cuando la primavera vuelve. Pero estas pocas no son menos preciosas que las
abundantes hojas que cubrirán el árbol más adelante, porque en esas hojas nuevas y
retoños hay un frescor y una vitalidad de buen augurio para el futuro. Lo que realmente
importa es la condición del árbol, sus propiedades, sus frutos, hojas y flores, su sombrío
y su belleza, y la fragancia con que llena el aire.
Puede que en una reunión no haya sino unas pocas personas, pero si cada una de
ellas está llena del recto espíritu e irradia la recta clase de pensamientos, se logrará
mucho más por el bien del mundo en general que por medio de una multitud de
personas que asisten con diversos motivos y aspiraciones, o que quizá están presentes
sólo de forma y escuchan lo que se dice con poco atención, o hasta opacan la reunión
con su falta de interés y sus preocupaciones.
Ya seamos pocos o muchos, lo que se pide de nosotros es que traigamos al
trabajo toda la atención, devoción, sinceridad, comprensión y ayuda que esté en nuestras
capacidades. Ese es el espíritu que promoverá el trabajo Teosófico y lo hará efectivo
para la clase de progreso que se necesita fomentar en el mundo.
Todo el que se considere un trabajador de la Teosofía, debiera estar
profundamente afianzado en la Sabiduría. No es cuestión de leer libros, de acumular una
cantidad de datos pertenecientes a lo que se llama Ocultismo, y de luego divulgar esos
datos embelleciéndolos con frases finas y atrayentes. La índole del trabajo, si es que
hemos de emprenderlo con sinceridad, es mucho más exigente que eso. Se le debe
dedicar el corazón, comprendiendo lo que es de importancia fundamental y lo que no lo
es, cuáles son los valores únicos que colocarán en recta perspectiva los problemas de la
vida y su significado. Semejante comprensión vendrá naturalmente si la persona es
realmente sincera.
Si fuera meramente cuestión de dictar conferencias con habilidad y erudición o
con brillo oratórico, podríamos dedicar una buena suma de dinero a contratar un número
de universitarios graduados y comisionarlos para llevar “la palabra” a todo rincón y
lugar. Pero si ellos simplemente hablan de acuerdo con el libro, como habla un abogado
en las cortes, no estarán sino distribuyendo bagazo en vez de grano. El impacto que
causen será solamente superficial, atrayente sólo para el intelecto, como una más entre
tantas otras filosofías. La Teosofía no se aprende con la cabeza, sino que es una
Sabiduría del alma. Ha de haber una chispa de esta Sabiduría en los que quieran
propagarla.
Cuando hablamos acerca de la Teosofía tal como se la encuentra en varios libros,
ya sea La Doctrina Secreta o cualquier otro, debemos recordar que lo que tiene la
mayor importancia son aquellas verdades que pertenecen a la naturaleza fundamental de
las cosas, y no los detalles, los cuales en su mayor parte no importan. Existen ciertas
verdades que tienen una significación que pertenece a nuestra misma constitución, al
corazón de nuestro ser. Esas verdades son las que debiéramos esforzarnos más por
comprender tan profundamente como podamos por nosotros mismos. Y se llega a
semejante comprensión, no por el mero leer, sino por una especie de estudio que
equivale a meditar sobre estas verdades y sobre el acceso a ellas.
Si uno tiene sus raíces en la Sabiduría y habla con una comprensión, un
sentimiento y una sinceridad muy genuinas, ayudará muy ciertamente a los que estén
listos a considerar la verdad que uno proclama. ¿Para qué hablamos o escribimos?
Desde un punto de vista Teosófico sólo puede ser para ayudar a nuestros prójimos.
Entonces, ¿qué clase de ayuda estamos dando, o cómo vamos a darla? Hay muchas
organizaciones en el mundo dedicadas a ayudar a su manera. ¿Cuál es nuestra misión
especial y el modo como nos proponemos ayudar?
Todo el objeto del movimiento Teosófico es difundir una comprensión que
capacite a los que viven en tinieblas, a los que están luchando, para encarar
inteligentemente los problemas de la vida, con valor y sabiduría, y de este modo
hacerles la vida diferente de lo que hasta ahora les ha sido. Esta es la única aspiración
válida y realmente noble con la cual trabajar, una aspiración que puede encender los
corazones y las almas. Como lo dijo una vez Madame Blavatsky, nuestra misión es
“trabajar por la humanidad por medio de la Sociedad Teosófica” y de la Teosofía.
Entonces, si nuestra aspiración es la de comunicar a los que estén receptivos,
cierta Sabiduría que los capacite para sobreponerse al tumulto de la vida y alcanzar algo
de iluminación y paz, ¿cómo podremos hacer eso si nosotros mismos no lo hemos
alcanzado? Luego es necesario, primero que todo, que uno llegue a una comprensión
propia que sea tan honda como uno pueda alcanzar. No ha de ser un mero malabarismo
con palabras y frases prestadas. Uno puede impresionar a la gente si es listo, pero
producir una impresión es muy diferente de ayudar a los que están en necesidad de
ayuda.
Después de escuchar a un conferenciante, el auditorio puede decir que estuvo
brillante, que habló magníficamente. ¿Pero qué efecto ha tenido la conferencia en sus
vidas? Si siguen siendo las mismas personas y con las mismas situaciones que antes,
con los mismos problemas, nada diferentes internamente de lo que eran antes, ¿les ha
servido de algo la conferencia? El mérito supremo de la Dra. Annie Besant era que los
que la oían se sentían frecuentemente conmovidos hasta lo más hondo, sacudidos y
elevados a un plano de pensamiento y sentimiento que parecía transformarlos, al menos
por el momento.
Uno tiene que hablar desde su propio corazón, con un espíritu, permítanme decir,
de afecto, de querer servir porque ha encontrado dentro de sí mismo cierta medida de
realización de la verdad. Para entrenarnos como trabajadores de esa clase es que
celebramos estas diversas conferencias y Escuelas de Verano y Campamentos en
diferentes lugares. El espíritu con que hacemos cualquier trabajo que acometemos es lo
que primordialmente importa, y no la proficiencia o destreza técnicas.
La Teosofía ha sido descrita por H. P. Blavatsky como Conocimiento Sagrado o
Divino. Si es esa clase de conocimiento, ¿no deberá ser cada acto de transmitirla o
expresarla, un acto santificado? Pero sólo podemos sentir lo que tiene de sagrado, en la
medida en que nos demos cuenta de su verdad interna, de la contraparte espiritual de lo
que se expresa concretamente. Debemos sentir la calidad de santidad, pero esto no
puede hacerse meramente por la pronunciación de una fórmula.
A veces en India la gente comienza ciertas tareas con una fórmula aprobada, tal
como “En Su Nombre”. Pero el mero decir esas palabras o cualquier otra frase a la que
le atribuyamos un efecto mágico, ¿modificará la índole de lo que se esté haciendo?
Puede ser que a veces lo que hacemos o los métodos que adoptamos no merezcan la
bendición que pretendemos invocar. La índole de una cosa se describe por su nombre.
Por tanto, cuando decimos “En Su Nombre”, la índole de El (sea quien sea El, el
Maestro o algún otro Ser) debe reflejarse en nuestros corazones, en nuestra actitud
interna, en la calidad del trabajo que ejecutamos, en lo que ese trabajo ha de lograr. A
menos de que la índole de esa Entidad espiritual se refleje así, el mero uso de Su
nombre puede hasta ser blasfemo; pues entonces le atribuimos a lo que hacemos cierta
santidad, o tratamos de darle cierto timbre, que quizá no corresponde con su valor
intrínseco.
Es costumbre en India entre personas de mentalidad religiosa, colocar al
comienzo de una carta un símbolo que se considera sagrado. Pero una cosa no se vuelve
sagrada por cualquier acto formal o mecánico así. Tiene que ser realmente sagrada por
su calidad, por su propia índole, por lo que expresa. El símbolo puede sugerir algo,
indicar cierta verdad o señalar una actitud o mentalidad con que debiéramos actuar; en
ese caso debiera primero existir esa mentalidad o la realización de esa verdad, para que
el símbolo fuera significativo.
Hay mucha fuerza en la prevención bíblica contra “la letra que mata el espíritu”.
Claro que tenemos que usar letras. ¿Cómo podríamos escribir frases sin palabras, o
palabras sin letras, o comunicar sin frases lo que tenemos en mente? De modo que la
letra tiene su lugar, pero no debe volverse cosa muerta, desprovista de vida y
significado. Al usarla debemos impartirle la realidad que yace en la naturaleza esencial
de lo que queremos transmitir o hacer.
Si trabajamos con un espíritu de filantropía o altruismo puro, por un amor
genuino a nuestro prójimo, habrá armonía entre nosotros como trabajadores. Podremos
cooperar unos con otros libre y felizmente. Semejante armonía entre trabajadores
Teosóficos es esencial, pero desgraciadamente hay muchas Logias en donde existen
grupos o facciones que siempre están criticándose, auque no se ataquen positivamente.
Eso no debiera ocurrir en una Sociedad que proclama la Fraternidad Universal y se
llama Teosófica. Una Logia Teosófica no es un partido político; no debe haber facciones
en ella, ni intento alguno de usar los recursos o facilidades de la Logia para uno mismo
o sus amigos o parientes, o para beneficio personal de cualquier clase. A menos que
exista un espíritu de armonía entre los estudiantes de un grupo, no puede haber la
condición necesaria para la realización de la verdad en su sentido más profundo o
espiritual. Debemos acercarnos a esta Sabiduría con un espíritu diferente al de adquirir
conocimientos puramente formales.
Lo esencial es el espíritu de trabajar por amor al trabajo, realizando su belleza,
su importancia, el valor que tiene para nosotros y los demás. Si ustedes sienten que ha
sido de valor en su propia vida, que ustedes han cambiado de alguna manera gracias a
esta Sabiduría, entonces desearán naturalmente que otros encuentren la misma fuente
donde ustedes se han refrescado y fortalecido.
La mayoría de las dificultades en Logias o Secciones de la Sociedad Teosófica,
nacen del hecho de que cierta persona piensa que no se le ha dado la importancia
necesaria, que sus ideas no han prevalecido, que alguna otra persona se ha vuelto más
prominente y se le ha dado un sitio superior. Yo pienso realmente que un verdadero
Teósofo debe dejar de lado completamente la idea de autoimportancia. Debiera tener
aquella cualidad que se considera tan necesaria para un estudiante que se acerca a un
gurú o maestro, o sea, humildad. Solamente en la medida en que esa cualidad se
manifieste en nuestra índole, nos haremos realmente sabios. Cuando seamos humildes y
no meramente afirmemos “soy humilde”, o parodiemos o finjamos humildad,
encontraremos que la Sabiduría brota de nosotros sin saber de dónde, como desde una
fuente escondida. No tenemos que correr tras ella; ella viene a nosotros.

The Theosophist –junio1971

¿SOY YO UN TEÓSOFO?
Surendra Narayan
(ex vicepresidente internacional)

The indian Theosophist, feb/1985.

Es difícil detallar en qué consiste ser Teósofo. No se puede sino tratar de


referirse a una actitud básica hacia la vida, a un principio guiador y a algunas
aplicaciones de este principio en la vida diaria.
Yo diría que un Teósofo no necesita ser miembro de la Sociedad Teosófica, y que
los miembros de esta Sociedad no siempre son Teósofos. Un Teósofo tiene la Teosofía
en el corazón mismo de su ser.
La Teosofía es Sabiduría Divina, y el corazón de esa sabiduría es la unidad de
toda vida. Con este concepto uno puede ver todas las formas de vida, mineral, vegetal,
animal y humana, como expresiones de esa misma unidad.
Como dice la filosofía Vedanta, Dios no crea el universo sino se convierte en él,
de modo que el universo es una proyección del Ser Supremo.
Esa unidad o integridad no significa una uniformidad opaca, pardusca. Tampoco
significa falta de aprecio por la belleza existente en las variadísimas formas de la
naturaleza y del género humano.
El Todo en el Uno y el Uno en el Todo están en constante entrejuego, de suerte
que cada forma de vida es un reflejo de la Divina gloria, una expresión de la belleza
pura y del amor universal.
En su bello libro Joya Suprema de la Sabiduría, Shankaracarya expresa el
concepto de la unidad así: “Tal como un jarro hecho de arcilla ha de considerarse como
arcilla, así mismo lo que ha salido del Espíritu es siempre Espíritu. Todo es Espíritu, y
nada existe fuera y aparte del Espíritu Divino; por tanto, tú eres esa paz absoluta sin
tensión, ese Brahmán sin segundo.”
Con el crecimiento de esta percepción de la unidad, brota de dentro de nosotros
la cualidad de compasión, de amor que abarca a toda la humanidad y a toda vida. Esta
es la cualidad que se muestra tan potente y tiernamente en las vidas de todos los grandes
seres de todas las religiones.
¿Cómo puede uno ser feliz cuando su prójimo gime de agonía? ¿Cómo puede
complacerse mientras los pobres continúan sufriendo?
Un Teósofo será también un verdadero ciudadano del mundo. Su corazón latirá
al unísono con el corazón de toda la humanidad. Lleno de compasión y amor por los
demás, ejercerá al mismo tiempo el discernimiento y usará su cabeza tanto como su
corazón.
Tratará de ser práctico y prudente en sus juicios, no por razones egoístas sino
pensando en el bien de todos.
Amará a todos, pero no dejará de corregir a aquellos que estén bajo su
responsabilidad; mas lo hará sin sentir ira o condenarlos.
Un juez pronuncia una sentencia contra un hombre que ha cometido un crimen,
pero lo hace porque es su deber con la sociedad y con el criminal mismo.
Un médico corta un tejido enfermo del cuerpo de un paciente, pero lo hace por
compasión y pensando en la salud del paciente.
Un Teósofo trata de usar este mismo sentido de discernimiento en su labor de
ayudar a otros.
Si bien el trabajo por aliviar los sufrimientos físicos es bueno y muy útil, tiene
sus limitaciones. El trabajo a nivel psicológico es quizá más útil y durable y sin tantas
limitaciones.
Arrojar luz sobre el misterio y el propósito de la vida, sobre las causas del dolor
y el remedio del mismo, sobre las actitudes íntimas que ayudan a traer paz y esperanza
y fe en el futuro, con frecuencia trae mucho más alivio.
Como dice un proverbio bíblico, los labios del justo alimentan a muchos.
Los pensamientos son cosas, y mucho trabajo útil para ayudar a individuos y a
causas buenas puede hacerse desde el plano del pensamiento.
Hasta de modos pequeños puede uno ayudar a todo momento. Enviar
conscientemente pensamientos de alivio al escribir una carta a alguien que lo necesita, o
enviar pensamientos de amabilidad a uno que está irritado, son ejemplos de esas cosas
pequeñas que uno puede hacer.
La Dra. Besant escribió una vez en un libro de autógrafos de un joven Teósofo:
“Ama a los que son menos amables, porque su necesidad de amor es mayor”.
En su libro Los Maestros y el Sendero el Sr. Leadbeater cita un consejo que dice:
“Amasa amor en el pan que vas a hornear; envuelve fuerza y valor en el paquete que
atas para esa mujer de rostro cansado.”
El Teósofo usa discernimiento en sus estudios también. Todo conocimiento es
útil, y el Teósofo tiene que tratar de cultivar un intelecto despierto y agudo y buscar
incansablemente más conocimiento.
Esto es tan evidente en el mundo actual en el que casi a diario hay algo nuevo,
excitante, fascinante y fantástico en todos los campos del saber, ya sea en ciencia o
psicología, en medicina o nutrición.
Uno puede pasarse no sólo una existencia sino muchas, estudiando más y más
sin llegar nunca al final.
Por lo tanto, uno debe escoger lo más importante, lo más útil de acuerdo con su
propio temperamento y su comprensión.
Cuando alguien le preguntó a un sabio qué debía hacer para alcanzar la
realización del Ser, su respuesta fue: “Tu pregunta connota una dualidad; pero no existe
dualidad alguna; tú eres el Ser”.
“Dime con quien andas y te diré quien eres”, es un dicho antiguo. Pero yo diría
que es más válido decir que el hombre se conoce por la vida que lleva.
Es bueno leer libros sobre religión, ética y filosofía y cosas por el estilo que a
uno le gusten.
Es bueno ir al templo, a la iglesia, a la mezquita o la logia, si a uno le interesa
hacerlo. Es bueno meditar todos los días.
Es bueno escuchar conferencias o participar en sabias disquisiciones sobre
religión, ética y metafísica.
Pero me parece que es mucho más importante vivir una vida buena. Todas esas
cosas, si las hacemos con sinceridad, irán afectando inevitablemente e
imperceptiblemente nuestra vida diaria, mejorándonos y purificándonos.
La vida es integral y no puede dividirse en compartimientos. No se pueden
separar el hogar, la meditación, la oficina o el taller.
Un sabio dijo una vez que no se fijaba en la reputación que un esposo tuviera ni
en la religión que profesara, sino en si sus hijos temían que llegara a su casa y su esposa
se sintiera descorazonada cada vez que necesitaba alguna ayuda; ése hombre sería un
fraude, aunque se mantuviera orando todo el día.
Si nos examinamos nosotros mismos con cuidado y conciencia, veremos que la
mayor parte del tiempo estamos pensando en nosotros mismos; juzgamos y actuamos
sobre la base del efecto que creemos que nuestros pensamientos y actos tienen sobre
nosotros mismos y no el que puedan tener sobre otros.
Como confesó alguien, mi dentífrico es más importante para mí que un
terremoto en un lugar lejano.
Mi comodidad, mis necesidades, mis sentimientos, mis opiniones, deben tener
precedencia y prioridad; y si no la tienen, nos sentimos heridos, infelices, coléricos.
Lo mismo ocurre a menudo en la esfera del trabajo de caridad o filantropía que
escogemos; queremos que debe llevarse a cabo el modo que nos parece mejor a
nosotros; que siempre se nos consulte y que nuestros consejos sean aceptados
invariablemente. Si no se hace así, nos sentimos contrariados, resentidos, y hasta
renunciamos a esa actividad.
Un Teósofo debe vigilar y observar estas tendencias de sus sentimientos y
pensamientos que lo desvían. Debe acoger de buen grado toda crítica, porque le ayuda
a ver cómo lo ven otros, y esto le permite pulir aristas de su carácter.
Debe tratar de bajarse él mismo del pedestal que consciente o inconscientemente
ha ocupado en el centro de su círculo, y ayudar a entronizar allí a otros que puedan
merecerlo.
El orgullo y el egoísmo no tienen sitio en la vida de un Teósofo. En una de las
Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett leemos: “Amigos, guárdense del orgullo y el
egoísmo, dos de las peores trabas para los pies del que aspira a trepar por las altas
sendas del conocimiento y la espiritualidad.”
Un Teósofo, a la vez que trata de vivir conforme a sus ideales, no descuida sus
deberes con el mundo, con su familia y demás. En verdad trata de cumplirlos mejor, con
más atención y mayor dedicación.
En A Los Pies Del Maestro hay un pasaje en que se invita al aspirante a prestar
toda su atención a cada pieza de trabajo que ejecuta de modo que quede lo mejor que le
sea posible.
Uno de los Maestros escribió un consejo muy similar a un aspirante, así: “¿Te
parece poca cosa que el año pasado se te haya ido en cumplir tus deberes de familia?
Créeme: el hombre o la mujer que es puesto por karma en medio de pequeñas tareas
comunes y sacrificios y bondades, se elevará, si los cumple plena y fielmente, hasta la
mayor altura de deber, de sacrificio y de caridad.”
A la vez que se sumerge en el cumplimiento de sus deberes en el mundo, ya sea
de familia o del trabajo o de obras de caridad, un Teósofo trata de no apegarse a ellos.
Trabaja con entusiasmo pero con un sentimiento de desapego incluso en medio de un
aparente envolvimiento en el mundo.
Este sentimiento de desapego ha sido descrito de diferentes modos en diferentes
libros. En La Voz Del Silencio la Sra. Blavatsky dice: “Las ramas del árbol son
sacudidas por el vendaval, pero el tronco permanece firme. Tanto la acción como la
inacción pueden hallar campo en ti, pero tu cuerpo ha de mantenerse no agitado, tu
mente tranquila, tu alma tan límpida como un lago de montaña.”
Un Teósofo debe ser siempre caballeroso. No simplemente esa gentileza que
indica que una persona es caballero. Debe considerar constantemente a los demás, pero
esto debe nacerle de dentro de sí mismo y no simplemente por una etiqueta superficial
que se lleva como una máscara en muchas ocasiones. Debe ser consciente de cómo cada
acción u omisión suya afecta a otros.
Debe ser paciente y tolerante, sabiendo que no hay dos personas iguales o que
piensen o actúen iguales; y por tanto, a pesar de las diferencias de temperamento y
actitud, trabajar con otros con espíritu de cooperación.
A cualquiera de nosotros nos queda fácil decir que no la vamos bien con Fulano
o Fulanita. Eso no requiere esfuerzo. Lo que se necesita es que podamos decir: puedo
irla bien con Fulano o Fulanita a pesar de nuestras diferencias.
Un Teósofo tiene la mente abierta y por lo tanto cree en la libertad de
pensamiento tanto para sí mismo como para otros.
Examina y juzga toda nueva idea, toda nueva presentación de una verdad, sin
nociones preconcebidas, sin rigidez de actitud.
Examina de buen grado todo intento de revelar los misterios de la vida, ya
vengan de ocultistas o de científicos, y se siente feliz sea cual sea el lugar de donde
vienen.
No trata de imponer sus opiniones a otros, sino los deja libres para que juzguen
por sí mismos.
No reclama superioridad alguna para sus opiniones o sus métodos de trabajo.
Respeta todas las que representan esfuerzos desinteresados para el mayor bien de todos.
Pero tampoco le otorga carácter infalible a lo que cualquiera diga, por muy alta y
poderosa que esa persona pueda ser.
Cree que la libertad de pensar es como una corriente de agua pura que apaga la
sed, mientras que el dogmatismo es como un pozo estancado donde no puede crecer
vida alguna.
Cree también que la verdad sólo puede encontrarse por esfuerzos personales. No
se la puede servir en bandeja de plata, ya sea por un dios o un gurú.
Como se ha dicho, es ley eterna que el hombre no puede ser redimido por nada
externo a él mismo; él es el camino y el caminante, y es una lámpara para sí mismo.
El Señor Buddha dijo en uno de sus últimos sermones: “Así como el oro es
probado por el fuego y frotándolo, así han de ser probadas mis palabras por cada uno”.
Un Teósofo cree que es mucho mejor confiar en sí mismo aunque dé tropezones,
que buscar que otro lo lleve en su regazo como a un bebé; pues está seguro de que si es
sincero, inegoísta y puro en sus empeños, alcanzará ciertamente la meta.
Inteligencia es su lámpara; inegoísmo es su palabra de paso, y determinación es
su fuerza, con lo cual se abrirá paso hacia la gloria, no sólo para sí mismo, sino para
todos.
Al tratar de llevar una vida pura, un Teósofo desarrolla gradualmente un sentido
de permanente serenidad y gozo. Pero no en el sentido de que le sean indiferentes las
penas y dolores de los que le rodean (y que también le vienen a él a menudo) sino en
que sabe que son cosas inevitables en un proceso de crecimiento desde la ignorancia
hacia la sabiduría y el conocimiento propio.
Ve la pena y el dolor dentro de la perspectiva de las leyes universales de la vida
que seguramente conducen todo hacia el bien y la belleza y la felicidad pura.
El conocimiento propio es un estado de gozo innato, y como lo dijo H. P. B., el
conocimiento propio es hijo de actos amables.
Un Teósofo no puede ser egoísta; el altruismo es su palabra de paso. Busca
conocimientos porque sólo el que sabe puede ayudar efectivamente.
Avanza por la senda de la realización directa para poder ser un instrumento más
útil para ayudar a los que están en tinieblas e ignorancia.
Al progresar en el sendero, un Teósofo avanza desde el altruismo (en el cual hay
dualidad), hacia el sacrificio y abnegación de sí mismo. Ya no es simple altruismo, sino
la visión integral de la vida.
Como lo dijo Plotino, cada ser contiene en sí mismo todo el mundo inteligible.
Incluso un leve destello de semejante visión produce una diferencia total en la actitud
que uno tiene hacia la vida y el mundo.
Cito otra vez la Biblia: “Así como Cristo fue levantado de los muertos por la
gloria del Padre, así también nosotros andaremos en novedad de vida”.
La Sra. Blavatsky dijo en su primer Mensaje a los Teósofos Americanos
reunidos en convención en 1888: “Todos los hombres no pueden ser ocultistas, pero
todos pueden ser Teósofos. Muchos que nunca han oído hablar de la Sociedad Teosófica
son Teósofos sin saberlo ellos mismos. Pues la esencia de la Teosofía es la armonización
perfecta de lo divino con lo humano en el hombre.”
He enumerado algunas cualidades y virtudes de importancia para un Teósofo.
Podríamos sentir que es tarea demasiado pesada para uno poseerlas todas ellas, o
incluso algunas de ellas a perfección.
Pero no se espera perfección de nosotros. Sólo necesitamos volver nuestros ojos
hacia la perfección y tratar de llevar una vida inegoísta, una vida pura, a nuestro modo
humilde y frágil.
Como alguno dijo, un Teósofo sigue siendo un pecador, pero está tratando de
mejorar.
Lo inspira una visión de gloria. No le importa cuán largo y arduo es el camino, y
cuán imperfecto y débil es su cuerpo.
Esa visión de gloria lo fortalece, y todo su ser encuentra instintivamente una
expresión natural en su vida diaria.
Nuestro crecimiento o desenvolvimiento debe encontrar expresión en nuestras
vidas, si es crecimiento real y no meramente imaginario y fantástico.
(Estas son notas de una conferencia pronunciada en la Sede de la Sección
Estadounidense de la S. T., y que esa Sección publicó luego en su Revista de Enero de
1984).

EL TEÓSOFO EQUILIBRADO
John Coats
Salzburgo 1966.
Ciertamente el teósofo equilibrado es aquel que va hacia adentro y también hacia
fuera. No es una persona que ha cortado con el mundo en el cual vive. Está interesado
en ir hacia adentro para ponerse n contacto con la vida en su esencia, y hacia fuera
también para servir a la manifestación de esa vida tal como la encuentra en el mundo
que le rodea. Algunas veces no estamos completamente seguros de hasta dónde
podríamos ser activos. Hay miembros que nos dicen que podríamos estar usando el
pensamiento más de lo que lo hacemos. Esto es muy cierto, y una persona que a través
de muchos años ha entrenado su pensamiento, puede estar haciendo el mejor uso de sus
poderes en servicio del hombre. Pero es probable que muchos miembros de la Sociedad
Teosófica tengan aún que adentrarse de alguna manera en el campo del poder del
pensamiento, y no debiéramos temer comprometernos nosotros mismos en esas cosas
que encontramos para hacer a nuestro alrededor. ¿No se nos ha ordenado enjugar las
lágrimas de todos los ojos? Puede ser correcto decir que cuanto más sabios seamos tanto
más sensatos seremos en nuestra ayuda, pero, ¿nos quedaremos sentados simplemente
porque no somos aún muy sabios, sin hacer siquiera lo poco que podemos hacer? Pienso
que tenemos que ser activos cuando se presenta la oportunidad, mientras tratamos de
capacitarnos para ser más útiles a otros niveles de consciencia.
Lo que a mí me parece la cosa importante y real acerca de la fraternidad, es que
uno tiene que ser hermano. Nada se saca con hablar y escribir acerca de ella, si quien lo
hace no está preparado para ser un hermano. Ahora bien, la fraternidad puede tomar
muchas formas, pero me parece que nuestro primer objetivo nos pide que vivamos
como hermanos con todo el mundo, que vivamos positivamente para ayudar en todas las
formas posibles, usando tanta sabiduría como tengamos, cuidando de no interferir en la
libertad de otra persona, mientras hacemos al mismo tiempo todo lo que sentimos que
podemos hacer legítimamente.
También es útil, en un sentido muy positivo, el estar suficientemente alertas de
tal manera que no hagamos la vida más difícil para nadie. Debiéramos ser considerados
con otras personas y, por tanto, tomar la práctica de la fraternidad muy seriamente.
Muchos miembros son individualmente activos en el servicio, pero el trabajo de grupo
es a menudo más efectivo y provee también una respuesta útil para aquellos que
preguntan: ¿Qué hace la Sociedad Teosófica? Hay también aquellos que nos recuerdan
que en el Evangelio Jesús dice: “Lo que haces a uno de estos mis pequeños, a mí me lo
haces”. Supongo que el mi en este sentido no debe tomarse como refiriéndose sólo a
Jesús como un hombre, sino más bien al Espíritu Crístico, el espíritu de unidad, el
espíritu de amor, el espíritu universal. Por tanto yo quisiera terminar con algunas
palabras tomadas del libro “Ocultismo Práctico” de H. P. Blavatsky:
“Quien no practica el altruismo, quien no está preparado para compartir su
último bocado con uno más débil o pobre que él, quien se niega a ayudar a su hermano,
de cualquier raza, nación o credo dondequiera o cuando quiera que encuentra
sufrimiento, quien pone oído sordo al clamor de la miseria humana, quien sabe que se
calumnia a una persona inocente y no toma su defensa de la misma manera que
tomaría su propia defensa, un hombre así no es Teósofo”.

LOS PODERES LATENTES EN EL HOMBRE


The Theosophist. Abril 1982
Radha Burnier

La crueldad, la opresión y la miseria, forman una gran parte de la vida y


actividad humana. En gran medida, la codicia de poder es responsable de este estado de
cosas. La codicia de poder suele ir mezclada con el deseo de placeres y ganancias de
varias clases. En la tradición oriental, el deseo por estas tres cosas (poder, placer y
riqueza mal habidas) es considerado como la fuente del sufrimiento y el dolor. La mente
que pide con vehemencia alguna de estas cosas, o todas ellas, se ve arrollada y llevada a
empeños que son destructivos, pero que a veces parecen loables. Ciertos actos parecen
meritorios desde afuera, pero en realidad cuando se examinan sus motivos se ven
innobles y manchados.
El hombre se jacta del gran conocimiento que ha obtenido en diversos campos;
pero uno piensa, qué tanto de su búsqueda de conocimiento representa un interés puro
por la verdad, y qué tanto de ese conocimiento se busca para propósitos disfrazados, con
el fin de dominar a otros.
Aunque no muchas personas han cavilado sobre el propósito y la validez ética de
buscar el conocimiento de las cosas más comunes, existen dudas graves acerca del
deseo de adquirir poderes psíquicos. Los poderes psíquicos y el conocimiento de lo
extra-sensorio, no se diferencian en calidad del conocimiento y el poder que el hombre
tiene a nivel físico. Los poderes psíquicos o extrasensoriales son simplemente una
extensión de los poderes físicos; comparable, por ejemplo, al aumento de la visión
mediante el uso de instrumentos tales como el microscopio y el telescopio. De este
modo, la clarividencia, cuando es exacta y confiable, es un ensanche del campo de la
visión.
Ver por medio de un telescopio o de un microscopio, o volverse clarividente, no
liberan al hombre ni le ayudan a liberarse de sus motivos egoístas. Por otra parte, el
amor al poder y la codicia de nuevas experiencias, ha movido a la gente a buscar
conocimientos en el campo psíquico.
Por tanto, se han dado muchas advertencias contra la adquisición de los poderes
psíquicos o siddhis, mientras quede siquiera una gotita de impureza en la mente. La
verdadera meta espiritual es un estado de perfecto inegoísmo.
El hombre espiritual es aquel en quien no existe ni el más leve rastro del deseo
de poder o de ventaja personal. “No vive para sí mismo sino para el mundo.” No busca
dominar a otros, ni ocupar una posición de mando. Una lectura de las Cartas de los
Mahatmas a A. P. Sinnett muestra con claridad que su autor está lleno de humildad y no
hace ningún esfuerzo por someter la voluntad de otro. Como ha dicho H. P. B., todos
los siddhis afloran en semejante persona, y queda naturalmente dotada de fuerza interna.
Es una fuerza que busca servir, y no obligar o reprimir.
La S. T. existe para promover la regeneración del hombre, lo cual implica la
realización de la profunda armonía y unidad que sostiene la existencia y da el
significado a la vida.
Como se dijo arriba, la extensión del conocimiento obtenido y la obtención de
poder por medio del conocimiento en los campos físico y psíquico, no produce ningún
cambio radical en la naturaleza del hombre. Un mago, un brujo, un clarividente, o un
investigador en el campo psíquico, está tan confundido y tan egocentrado como
cualquier otro ser humano. Sus actos no tienden a volverse menos contradictorios, o
más amables y armoniosos, porque el sepa más sobre P.E.S. o tenga habilidad para
producir fenómenos.
El Tercer objeto de la S. T. es con frecuencia mal entendido. Se piensa que la
investigación P.E.S., fenómenos psíquicos y cosas por el estilo, es parte del trabajo que
debe emprender la Sociedad. Pero el significado del Tercer objeto debe considerarse en
el contexto de la razón de ser de la Sociedad Teosófica, que es la de efectuar un cambio
radical en la humanidad, desde el estado de egoísmo, al de absoluto inegoísmo, desde
el estado de conflicto y discordia, a la realización de la total armonía e integración.
Proseguir la investigación de los P.E.S., o aumentar la capacidad visual y otras
respuestas en un área ligeramente mayor, es cosa trivial desde el punto de vista del alto
propósito asignado a la S. T. , el cual requiere investigar a un nivel mucho más hondo
que el físico o el psíquico.
En lo profundo de la conciencia humana yacen potenciales ocultos que pocas
personas siquiera sueñan. Estos potenciales florecen de lleno en los hombres liberados,
que son perfectos en amor, sabiduría y pureza inegoísta. El que está interesado en la
regeneración de la humanidad, debe aprender a dejar que se desenvuelva el poder que
es puro amor y sabiduría, de modo que pueda convertirse en un benefactor, en el
sentido real.
Los poderes latentes en el hombre no se pueden “adquirir”, porque la búsqueda
de poder es destructiva y causa sufrimiento. Los poderes espirituales se manifiestan de
por sí y naturalmente, a medida que una persona aprende a desprenderse del egoísmo
con que ha tratado de protegerse durante largas edades y muchas encarnaciones.
Es importante, especialmente en este punto crucial en la historia de la
humanidad, que los miembros de la S. T. se interesen en lo que es esencial, más bien
que en lo que carece de importancia desde el punto de vista de la transformación moral
y espiritual.
Hay una infinidad de hechos acerca del universo que todavía no se conocen. De
suerte que podríamos buscar interminablemente los detalles de información que
puedan obtenerse a diversos niveles, pero que nos dejarían inmodificados.
El mundo moderno ofrece testimonio continuo de que el crecimiento en
erudición no crea un mundo mejor. Quizá no hace sino acentuar los problemas. Lo que
es esencial no es más información, ya sea en el campo físico o en el psíquico, sino un
crecimiento en amor y sabiduría, en tranquilidad e inegoísmo; por cuyo poder y virtud
la humanidad puede redimirse ella misma.

NO HAY RELIGIÓN MÁS ELEVADA QUE LA VERDAD


The Theosophist. Marzo 1982
Radha Burnier

Una frase bien conocida de los Upanishadas, dice que la mente es dual. Una
parte de ella es impura pues tiende a vivir en la ilusión; la otra parte, llamada “mente
pura”, busca lo que es real y verdadero. A causa de la presión que ejerce ésta última, el
hombre siempre ha deseado conocer la verdad y la ha buscado a través de las tres
avenidas de la filosofía, la ciencia y la religión.
No siempre se ha dado por sentado que lo que se ve es la realidad. El que piensa
y observa descubre pronto que lo que parece como un hecho para algunos, es irreal para
otros. Incluso el proceso de la percepción ordinaria contiene muchas trampas y
limitaciones. En el libro La Inteligencia Vino Primero se indica que hay varias etapas en
la conciencia, entre la percepción de un objeto y la formulación de un concepto acerca
de él.
Nadie ve ni siquiera un objeto físico ordinario como es en realidad, pues sólo
ciertos aspectos, colores y características pueden ser captados por los sentidos. En los
órganos sensoriales mismos existe un proceso de selección e interpretación. Cuando el
ojo mira algo, selecciona sólo rasgos particulares; luego transmite un mensaje a la parte
correspondiente del cerebro, en donde tiene lugar más interpretación, antes de que el
perceptor adquiera una impresión del objeto que ve. Nada más que una aproximación
imaginaria es, por tanto, la que puede obtenerse de cualquier objeto. Este hecho simple
deja claro que nadie puede dar por sentado que conoce la verdad ni siquiera acerca de
cosas físicas. Por tanto, los que a través de las edades han buscado ardientemente la
Verdad, se han dado cuenta de su carácter elusivo.
Así la gente se aferra a cada momento de placer, y se ha creado una sociedad
altamente consumista y buscadora de placeres. El materialismo burdo lleva a la
crueldad, no sólo con seres humanos compañeros sino con animales, pues las vidas
ajenas no importan en la implacable lucha por la vida. El materialista rinde culto al
triunfo. Para elevarse tiene que pisotear a otros, o él mismo se desmorona si no puede
obtener reconocimiento, fama y posición.
El punto de vista hedonista no es nuevo; se mantuvo en Grecia y en muchos
otros pueblos. Pero hoy está más extendido que nunca antes, porque el mundo moderno
puede producir una variedad sin precedentes de goces y diversiones para excitar los
sentidos. La contraparte del placer es la frustración y el temor; temor de no poder
disfrutar de lo mejor de la vida dentro del término que a uno se le ha concedido. Y el
temor y la frustración llevan a la violencia, como se ve claramente por todo el mundo en
la actualidad.
Una segunda forma de ilusión nace de las creencias. El materialista no cree en lo
que no puede conocerse por medio de los sentidos. Nada existe para él excepto lo que
está dentro del campo de su experiencia. Pero hay otros que están listos a imaginar la
existencia de muchas cosas que no pueden ver. La religión es con frecuencia el producto
de los temores y esperanzas del hombre; una estructura de ilusión basada en creencias.
Cuando se está descontento con la pequeña parte que a uno le ha tocado, cuando las
relaciones no son satisfactorias, cuando hay el miedo a la muerte y a la sociedad y a la
incapacidad de abrirse paso en la vida, se alivia esa frustración con la esperanza de otros
mundo que ofrecerá satisfacciones más durables.
El hombre se siente confortado al imaginar que un poder superhumano puede
salvarlo del sufrimiento y la lucha, y de los desengaños que son parte de la vida
cotidiana. Y por tanto imagina un Dios o Dioses que responden a sus necesidades
particulares y lo arropan con muchas clases de aparejos. Como dijo Voltaire, Dios ha
sido creado por el hombre a su propia imagen. Las escrituras y mitologías de las
diferentes religiones dan amplio testimonio de esto. La lucha por la vida ha vuelto
tiránico al hombre, y así su fantasía ha construido la imagen de un déspota superhumano
a quien se puede apelar para que retire los obstáculos y enemigos del camino de uno.
Como el hombre es mezquino, su Dios es también mezquino: sus favoritos van al
paraíso, y a sus enemigos los envía a la perdición según sus caprichos y antojos.
En la literatura temprana de la S. T. se encuentran referencias al mal que ha
surgido de las imaginaciones e ilusiones del hombre que circulan bajo el nombre de
religión. En Cartas de los Maestros podemos leer:
“la principal causa de casi las dos terceras partes de los males que afligen a la
humanidad... es la religión en todas sus formas y en todos los países. Es la casta
sacerdotal, el clero y las iglesias. En las ilusiones que al hombre le parecen sagradas,
está la fuente de la multitud de males que son al gran maldición de la humanidad y que
casi abruman al género humano. La ignorancia creó los dioses, y la astucia aprovechó la
oportunidad. La impostura de los sacerdotes hace a aquellos dioses tan terribles para el
hombre. La religión convierte al hombre en un fanático egoísta que odia a cuantos no
pertenecen a su secta, sin mejorarlo moralmente. La creencia en los dioses esclaviza a
los dos tercios de la humanidad, en manos de quienes los engañan con el falso pretexto
de salvarlos. ¿No está el hombre siempre dispuesto a cometer cualquier crímen si se le
dice que su Dios o sus dioses lo exigen? Durante 2000 años gimió India bajo la
pesadumbre de las castas, y sólo los Brahmines se hartaban con lo más rico de la tierra;
y hoy día los seguidores de Cristo y de Mahoma se degüellan mutuamente en el nombre
y a la mayor gloria de sus respectivos mitos. Recordad que el total de las miserias
humanas no menguará hasta el día en que la mejor porción del género humano destruya
en nombre de la Verdad, de la moral y de la caridad universal, los altares de sus falsos
dioses.” (Carta X).
Estas palabras fueron fuertes, pero por desgracia son todavía ciertas. Hay
antagonismo hoy entre Hindúes y Musulmanes, entre Musulmanes y Judíos, y
conflictos de muchas otras clases debidos al fanatismo religioso. Millones de personas
pobres e ignorantes se esclavizan a la voluntad de sacerdotes que asumen para sí
mismos el rol de intermediarios de la ley y estimulan el crimen en el nombre de la
religión.
Hay una tercera clase de ilusión, producida por el intelecto. Al tratar de
comprender la naturaleza y las leyes del universo tan vasto y complicado y sutil, se han
postulado teorías de muchas clases. Esas teorías se convierten en sistemas filosóficos y
escuelas de pensamiento que viven en conflicto entre sí y engendran fanatismo. Cada
una cree que su sistema es superior. Cada una está bajo la ilusión de que conoce la
verdad mejor que las demás.
Este choque de opiniones e ideologías, ya sean filosóficas, políticas o religiosas,
produce odio, fanatismo y mala voluntad, y divide a la gente. Pero si el hombre
estuviera verdaderamente interesado en encontrar la verdad, el mundo entero sería
diferente. Si la religión alentara a los hombres a buscar la verdad, en vez de decirles lo
que deben creer, el mundo sería u lugar más pacífico, pues la tolerancia acompaña al
deseo de encontrar lo que es verdadero. Hoy día la ciencia aclara que la misma
percepción de los objetos físicos no corresponde a las cosas como son. Pero la
existencia no consiste de objetos físicos solamente. La materia es sólo una
representación de fuerzas que se originan en lo desconocido y que dan lugar a las
apariencias que pensamos son la realidad. Los conceptos humanos no pueden
corresponder exactamente a las cosas como son, porque antes de que el hombre forme el
concepto ya ha interpretado lo que percibe de acuerdo con sus prejuicios y
acondicionamiento anterior. Por tanto, el hombre sabio no llega a ninguna conclusión
acerca de la verdad de las cosas, sino que establece apenas un postulado sobre el cual
trabaja. Cuando el científico forma una hipótesis, la pone a prueba experimentalmente y
de continuo, y a medida que va conociendo nuevos hechos, presenta nuevos postulados.
De ahí que hay un progreso continuo en el campo de la ciencia.
Lo que es cierto con respecto a la ciencia es también cierto en el campo de lo no
material, pues lo material y lo no material son parte de la existencia única. “Como
arriba, así abajo”. Solamente el que mantiene su mente continuamente abierta puede
encontrar la Verdad.
Cuando hay un acercamiento verdaderamente científico, no puede haber
intolerancia, porque uno sabe que su concepto de la verdad es probablemente limitado y
hasta erróneo, y le extiende a otros buscadores de la verdad la tolerancia que uno espera
recibir de ellos.
Si la humanidad estuviera realmente interesada en la Verdad, y estuviera
preparada a desechar sus ilusiones, habría un mundo pacífico en donde reinaría la
cooperación porque se acepta que hay muchos caminos a la Verdad. Existen los caminos
del científico, del místico, del artista, del sabio, todos conducentes al punto central que
es la Verdad. Más aún, cuando se reconoce la posibilidad de errar, y que el conocimiento
tiene sus limitaciones, nadie depende de una autoridad. La autoridad surge cuando hay
la creencia en una clase privilegiada que se presume tiene acceso a la verdad que otros
no poseen.
Pero por muy ilustrado o sabio que un hombre pueda ser, no puede hacer que
otro vea. Cada persona puede ver solamente lo que sus ojos son capaces de ver. Ni el
más grande matemático o científico puede hacer que los que no han aprendido
aritmética elemental entiendan las leyes más hondas del universo. Cada persona tiene
que prepararse ella misma para más conocimiento; no hay ningún atajo. Hay
condiciones a todo nivel, que deben llenarse antes de que el estudiante esté en posición
de saber.
Todos sabemos que al nivel de los sentidos físicos, ciertas condiciones son
necesarias para la percepción exacta. Los ojos deben estar sanos y libres distorsiones.
Incluso el ojo sano debe ser entrenado en observar. El artista ve muchísimo más en un
objeto que la persona corriente, porque ha entrenado su vista a observar detalles,
sombras, tonos, etc. similarmente, al nivel mental buena salud y entrenamiento son
necesarios. Una mente que no ha sido cultivada, que no ha aprendido a ser aguda y
alerta, fallará en captar ideas sutiles o verdades profundas. La recta educación debiera
interesarse en la preparación de la mente y de las facultades para recibir conocimiento.
Debiera haber entrenamiento en claridad de pensar, en lógica, en captar detalles y
relaciones, en ver lo sutil. Mientras la mente no sea capaz de funcionar de esta manera,
será incapaz de captar enseñanzas más elevadas.
Esto es cierto también en aquellos campos de conocimiento que existen más allá
de la mente. Las profundas experiencias de la vida, de las que han dado pruebas muchos
místicos y sabios, no pueden ser captadas por la mente. Como declaran los
Upanishadas, la realidad no puede alcanzarse ni por conceptos ni por palabras. Para
conocer lo que está más allá de la mente, hay que llenar condiciones rigurosas. La
verdad está a muchos niveles, físico, mental y más allá. Puede ser descubierta solamente
por el que esté dispuesto a hacerse merecedor. No puede obtenerse ni a la fuerza ni por
persuasión.
El verdadero papel de la religión es guiar a los hombres y mujeres a encontrar
cuáles son esas condiciones y ayudarles a llenarlas. La primera y primordial condición
para el que quiera seguir la religión de la Verdad, es un interés profundo y persistente en
encontrarla. Esto implica no tener prejuicios ni estar convencido de que ya uno sabe. La
Verdad no puede ser descubierta por una mente llena de fijaciones, prejuicios y
parcialidades de cualquier cosa.
En el Bhagavad Gita, como también en los Yoga Sutras de Patanjali, se dice que
se necesita Abhyasa para progresar espiritualmente. Esta palabra es frecuentemente
traducida como práctica, pero práctica es la repetición de una fórmula que se ha
aprendido. Y Abhyasa es el constante ejercicio del discernimiento. Esto significa que
debe haber un interés permanente y sincero en encontrar qué es la Verdad. No puede
haber en el camino de ascenso a la cúspide de una montaña, ningún punto en donde el
viajero pueda descansar satisfecho. El buscador debe estar ocupado continuamente en
investigar y sondear profundamente.
J. Krishnamurti dice que aprender es una cualidad de la mente verdaderamente
religiosa. He aquí sus palabras:
“Una mente religiosa es una mente joven, una mente que está aprendiendo y por tanto
está más allá del tiempo. Sólo una mente así es una mente religiosa, y no la mente que
va a templos: esa no es una mente religiosa. No es la mente que lee libros y está siempre
citando, moralizando. Esa no es una mente religiosa. La mente que dice oraciones, que
repite y repite, está amedrentada de corazón y cegada con conocimientos. Por tanto no
es una mente religiosa. La mente religiosa es la mente que está aprendiendo, y por tanto
nunca está en conflicto en ningún momento, y es una mente joven e inocente.”
Otra condición para la búsqueda exitosa de la Verdad es una serenidad
imperturbada. Sólo en una mente quieta puede reflejarse la verdad de los mundos
invisibles. Muchos factores hacen que la mente pierda su serenidad y se mantenga
agitada. El miedo es uno de ellos. Cuando la mente es impelida a moverse por miedo, ve
de acuerdo con lo que existe dentro de ella misma. El hombre que tiene miedo ve
reflejos de su propio temor por todas partes en el universo. El que tiene miedo mira con
sospecha, toma cada sombra por un enemigo. Lo mismo es cierto de todas las pasiones
que agitan la mente, celos o envidia, amor u odio. Las opiniones también tuercen la
habilidad de la mente para ver los hechos como son. Opiniones preconcebidas la
aconsejan estar en guardia contra esta o aquella clase o casta. Clasificando a los seres
humanos en Musulmanes, Hindúes, Rusos o Americanos, la mente queda coloreada y no
puede ver correctamente.
Por tanto, Madame Blavatsky decía repetidamente que el que quisiera conocer la
Verdad debe remover de su mente todo preconcepto y todo lo que ha prendido de sus
educadores, sus padres, escrituras, ambiente; sólo entonces puede “aprender un nuevo
alfabeto en el regazo de la Madre Natura”.
De suerte que la mente debe volverse pura y serena, libre de opiniones,
parcialidades y emociones egocéntricas, pues sólo en ese estado puede haber percepción
de la Verdad. Los que están buscando sinceramente la Verdad, están creando ya un
mundo mejor, pues la precondición para hallarla es la pureza y un discernimiento
despierto. Donde existe semejante discernimiento y desinterés, el ambiente comienza a
cambiar, porque es el egoísmo lo que ha creado un mundo caótico y cruel. De modo que
la búsqueda de la Verdad no está ajena de ningún modo al establecimiento de un mundo
pacífico. Si la humanidad adoptara como lema “No Hay Religión Más Elevada Que La
Verdad”, se aseguraría un mundo justo y bello para todos.

LA ESCALA DE ORO
Narayan Mahapatra
Indian Theosophist. Sept. 1982

La Escala de Oro comienza con “Vida limpia, mente abierta, corazón puro”. En
estas tres frases está condensada toda la disciplina espiritual que uno puede sobrellevar
en el término de una vida. Lo que sigue después de eso no es sino una elucidación de
esa disciplina. Examinemos estos tres peldaños en detalle.
“Vida limpia” significa obviamente una vida virtuosa en la que predominan la
bondad, la simpatía y una actitud de servir, como también tolerancia por las flaquezas
de otros. Muy a menudo estamos dispuestos a encontrar faltas en los demás, a recalcar
los defectos de otros, a exponer el lado sombrío del carácter o personalidad de otro. Esta
actitud es contraria a una vida limpia. Darse uno cuenta de sus propios defectos,
debilidades y fallas, le ayudará. En la literatura Teosófica se nos pide frecuentemente
examinar nuestra naturaleza inferior a la luz de la superior. El propósito de esto es poner
la naturaleza inferior a tono con la superior.
Los remordimientos, lamentaciones y arrepentimientos son parte de unan vida
no limpia. Son inevitables cuando nos damos cuenta de nuestros errores y actos
equivocados, pero es inútil hacer de ello un fetiche. No sirve para nada. Son inevitables
mientras no somos perfectos. Debiéramos sacar provecho de ser conscientes de nuestras
equivocaciones, en vez de sentirnos deprimidos y agobiados por ellas. A menudo hay
algo bueno oculto tras lo malo, en el sentido de que aprendemos a conocer lo bueno por
la comisión de lo malo. De suerte que no es correcto lamentarse y enojarse por los
errores de otros, ni remorderse inútilmente por los propios. Lo bueno y lo malo tienen
su utilidad en el eterno plan cósmico, y como sucede con todos los pares de opuestos el
uno no puede existir sin el otro.
Los malos actos son el resultado del mal pensar. El “recto pensar” tiene, por
tanto, un sitio en el noble óctuple sendero del Señor Buddha. En la filosofía hindú se ha
sostenido que “Avidya” o ignorancia es la base de todo mal y la causa de los
sufrimientos del hombre. Avidya es carencia de sabiduría. Una vida no limpia se debe a
esta Avidya y cuanto más podamos eliminar esa Avidya de nuestro modo de pensar, más
se limpiará nuestra vida.
Sabiduría significa recta aplicación del conocimiento divino a la vida mundana.
En el mundo moderno la sabiduría consiste en adoptar cualesquiera medios, buenos o
malos, para adquirir, riqueza, poder y posición, en el tiempo más corto posible. Pero en
el sentido espiritual es la antítesis de esta actitud; consiste en adquirir aquellas
cualidades y facultades que lo lleven a uno a la paz eterna, la iluminación y la felicidad.
La sabiduría espiritual debiera conducirlo a uno a la realización de la Verdad. La
bella invocación en los Upanishadas, que citamos en seguida, señala la meta a que
primordialmente lleva la sabiduría o la vida limpia: “Condúceme de lo ilusorio a lo
Real, de las tinieblas a la Luz, de la muerte a la Inmortalidad.”
Pasemos ahora a “mente abierta”. No significa sólo una mente libre de prejuicios
y creencias falsas. Es mucho más que eso. Según Krishnamurti, una mente abierta es
una mente desacondicionada, una mente que está libre de todas las ideas fijas, creencias
e impresiones. Una mente abierta está libre también de deseos y codicias. Tiene la
misma actitud hacia el gozo y el dolor, hacia la alabanza y el vituperio, hacia la victoria
y la derrota. En breve, una mente abierta permanece calmada y equilibrada bajo todas
las circunstancias de la vida. Debe significar también que juzgamos todas las
cuestiones, eventos y acciones sobre sus propios méritos. Nuestros juicios son a menudo
influidos por nuestro sufrimiento o gozo. Pero una acción que nos ha proporcionado
gozo puede que no sea necesariamente una acción correcta. De hecho podría ser causa
de dolor para otra persona y ésta la considerará incorrecta. Es difícil, por tanto, ver
desapasionadamente. Sólo puede hacerlo el que tenga mente abierta.
El sufrimiento suele anublar nuestra visión. Mientras uno está sufriendo, juzga
mal a todo mundo. Hacemos responsables de nuestro dolor a personas inocentes.
Encontramos faltas no sólo en otras personas sino en Dios mismo que pensamos es
injusto, cruel y caprichoso. Olvidamos que todo lo que ocurre en este mundo obedece a
leyes cósmicas inmutables, y que nuestras penas y gozos en esta vida tienen sus raíces
en nuestras acciones previas. Nuestra ignorancia de las leyes cósmicas, tales como la de
Karma y Reencarnación, nos lleva a juicios errados sobre nuestros sufrimientos y gozos.
Pero no hay campo para tales juicios falsos en quien juzga las cosas con mente abierta.
Al ensancharse nuestra mente con nuevas facultades nos damos cuenta de la ley
espiritual y aprendemos a actuar de acuerdo con ella. Comprendemos que el alma crece
en el sufrimiento y que visto desde un nivel superior el sufrimiento no es malo en
absoluto. Un hombre de mente abierta debe evaluar correctamente su sufrir. Lo
soportará como ha dicho el Maestro K. H., con “serena fortaleza” y lo convertirá en una
“ventaja espiritual”. Todo sufrimiento es una oportunidad de progreso espiritual, pero
sólo un hombre que tenga una mente realmente abierta puede usar su sufrimiento para
beneficio espiritual.
En la literatura teosófica se ha llamado a la mente la matadora de lo Real, lo que
significa que la mente nos impide experimentar la Realidad. Esto se aplica a una mente
cerrada y no a una mente abierta. De hecho una mente abierta ayuda enormemente a
despertar la visión espiritual. Un Upanishada dice: “La mente es responsable de la
esclavitud del hombre, tanto como de librarlo de sus ataduras. El apego al mundo es
atadura, y el desapego del mundo es libertad.”
Una mente abierta no puede tener ataduras, está libre de deseos y codicias. Es el
deseo lo que ata, y por tanto una mente abierta ayuda a la liberación porque está libre de
deseo.
Lleguemos ahora a “corazón puro”. Un corazón puro significa un corazón que
ama, un corazón que no siente ira, ni animosidad, ni depresión ni ánimo de venganza o
retaliación. El intelecto y las emociones se desarrollan independientemente en un
hombre. El corazón no tiene nada que ver con el intelecto en ese hombre, que puede ser
un gigante intelectual y no obstante ser despiadado. Puede ser un erudito, autor de
mucho libros, buen orador, y sin embargo carecer de sentimientos tiernos, de un corazón
responsivo que haga la vida digna de vivirse.
La Sra. Annie Besant ha dicho: “Las funciones del intelecto son comparar y raciocinar;
el conocimiento espiritual está mucho más allá de su alcance.” Un hombre intelectual no
aprende ninguna lección en la escuela de la vida. Solamente un hombre que posea un
corazón sensitivo puede aprender lecciones espirituales de las experiencias de la vida.
Un corazón impuro no pede compartir el dolor o el gozo de otros, porque un corazón
impuro es un corazón egoísta. De suerte que cuando decimos corazón puro ello tiene
todas las implicaciones de un corazón amante, afectuoso y bondadoso.
De todo lo dicho arriba no debe entenderse que el intelecto no tiene ningún papel
útil que desempeñar en la vida del hombre. El intelecto tiene su propia utilidad. La
comprensión intelectual de verdades filosóficas precede a menudo a la iluminación
espiritual. Sin intelecto no tendríamos el progreso científico y tecnológico actual, ni los
adelantos del arte y la arquitectura, ni toda la rica literatura del mundo que encontramos.
No puede haber duda de que el intelecto juega un papel importante en la vida del
hombre. De hecho, el intelecto es indispensable para nuestro diario vivir.
Puede notarse que en la Escala de Oro ocupa un lugar el “intelecto despierto”
inmediatamente en seguida de los tres peldaños que hemos analizado. Eso muestra que
el intelecto tiene un papel importante en la vida del hombre. Pero lo que hay que
comprender claramente es que uno ha de ir más allá del intelecto para adquirir
iluminación espiritual. Entre la cabeza y el corazón, el corazón es seguramente el
instrumento más importante en la senda espiritual. Hay casos de personas con muy poca
educación y muy poco desarrollo intelectual que han alcanzado sorprendente progreso
espiritual. Esto ocurre particularmente entre personas de temperamento devocional.
Un corazón puro está libre de todos los vicios tales como la codicia, la lujuria, el
egoísmo, etc. De hecho, toda la naturaleza inferior del hombre tiene que ser purificada
antes de que pueda decirse que tiene un corazón puro. Y en relación con esto debemos
recordar lo que se conoce como intención pura. A veces hacemos algo con la mejor
intención pero la acción resulta mal. Esto no se debe a impureza de corazón sino a un
mal cálculo de los resultados posibles, o a una evaluación equivocada de las
circunstancias que condujeron a la acción. En semejante caso no hay razón para
remorderse o lamentarse. En tanto que el motivo sea puro y la intención sea inegoísta, la
acción no trae impureza al corazón aunque no resulte bien. Lo que hace impuro el
corazón es la motivación egoísta y no la acción misma.
Se verá claro por lo que se ha dicho que las tres primeras frases de la Escala de
Oro tienen importancia e implicaciones mucho más hondas de lo que parece en la
superficie. Entonar mecánicamente la Escala de Oro, será por tanto de poca monta en la
senda espiritual. Solamente cuando se perciben realmente los aspectos más profundos
de la vida espiritual tocados por la Escala de Oro, especialmente los tres primeros
peldaños, es cuando podemos beneficiarnos de ellos.

LA ESCALA DE ORO Y NUESTRA TAREA


Radha Burnier
The Theosophical Journal, Inglaterra, oct. 1979
Los miembros de la Sociedad Teosófica somos pocos en número; quizá menos
de lo que parece, pues muchos lo son apenas de nombre. Pero hasta unos pocos pueden
hacer mucho. Para levar la masa del pan, un poco de levadura basta. Una pequeña
cantidad de una substancia adecuada puede producir la cristalización de un líquido.
Si existe dentro de nosotros la recta comprensión y la recta actitud hacia el
trabajo de la S. T., hacia esa Sabiduría que llamamos Teosofía, lo que hagamos y lo que
seamos puede tener un efecto incalculable.
Es importante, pues, que tratemos de comprender bien qué tipo de trabajo
debiéramos realizar, y cómo llevarlo a cabo.
No es muy fácil saber cómo debiera hacerse el trabajo de la S. T. Es un Sociedad
en la que hay libertad de opinar, libertad de pensar. Se estimula en ella una mente
abierta, un espíritu de investigar y descubrir. Pero al mismo tiempo uno tiene que
discernir la verdad en las distintas opiniones.
Hay algunos miembros que piensan que la S. T. debe convertirse en una
plataforma abierta para exponer cualquier clase de ideas, toda clase de supersticiones y
pretensiones, revelaciones psíquicas y comunicaciones disfrazadas de verdades. Pero
ese no es el interés de la S. T. Su interés es la verdad.
Sólo si la mente está muy abierta, despierta y clara, puede encontrarse la Verdad.
Si la mente está confusa, puede tomar equivocadamente lo ilusorio por verdadero.
Como se indica en La Escala de Oro, el aspirante debe estar alerta para aprender.
Nuestra actitud debe ser la de aprendices. No somos sabios capaces de decir que vamos
a iluminar a otros. ¿Quiénes somos para poder iluminar a otros, si nosotros mismos no
vemos con claridad?
Pero sí podemos compartir con otros el deseo de ser aprendices, el deseo de
ascender por la Escala que conduce al Templo de la Sabiduría y Luz. Y para eso
tenemos que estar llenos de ese espíritu de aprender. Ser estudiantes alertas, brillantes;
no haraganes opacos; no sentirnos satisfechos con lo poco que sabemos, ni con las ideas
que tenemos. Pues cuando la mente se siente satisfecha, es señal de que ha entrado en
sueño. Sentir que uno ha encontrado algo, que ha logrado algo, es una forma de
adormecerse.
Para mantenerse alerta, uno no debe contentarse fácilmente, sino estar a todo
momento indagando y aprendiendo más, ahondando en comprensión, ensanchando su
visión.
Para ascender hacia el Templo de Sabiduría, uno tiene que vivir el recto tipo de
vida. Se nos ha indicado un camino: “Vida limpia, mente abierta, corazón puro,
intelecto despierto, percepción espiritual sin velos.” Todo eso lo necesitamos.
Vida Limpia significa muchas cosas. Significa que todo cuanto hagamos debe
ser estrictamente recto. Una persona puede pensar que es recta, pero puede haber
muchas cosas nimias en que no es absolutamente recta, estricta y abierta. Tenemos que
limpiar toda nuestra vida. Todos los medios y métodos que adoptemos en nuestro
trabajo teosófico, en nuestro hogar y en nuestra profesión, deben ser rectos y limpios.
Uno tiene que actuar a conciencia, y no hacer ciertas cosas simplemente porque
es lo acostumbrado, pues puede que no sea lo justo.
La historia de la S. T. muestra que ninguno de sus líderes fue convencional.
Ciertamente H. P. B. no lo fue, ni tampoco la Dra. Besant ni varios otros. Ellos
rechazaban lo convencional, no por mostrar rebeldía sino porque las convenciones de su
tiempo no estaban en armonía con la verdad como ellos la veían.
Mente Abierta implica muchísimo: la capacidad y la disposición para considerar
muchos puntos de vista diferentes, especialmente los contrarios a los nuestros o a
nuestro temperamento. La Dra. Besant dice en su autobiografía que ella aprendió de
Charles Bradlaugh a estudiar con mayor cuidado las opiniones contrarias a las suyas que
las que coincidían con ellas. Ese es un buen entrenamiento para la mente, para volverla
más alerta y vigilante: buscar qué hay de válido en los puntos de vista de los demás.
Muchos de nosotros nos creamos prejuicios muy rápidamente, y así no podemos
evaluar bien lo que otros dicen y en lo cual puede haber algo digno de considerarse. Si
uno tiene una mente perfectamente abierta, debe estar dispuesto a escuchar, a considerar
una cuestión, a reexaminarla y ver si se justificaba rechazarla.
Mente abierta, no sólo con respecto a cuestiones filosóficas sino a todo.
Entiendo que la Dra. Besant llevaba varios años como Presidenta cuando le dijo que era
muy autoritaria. Ella era amplia y altamente respetada por todo el mundo; había luchado
con toda energía por la libertad; de modo que hubiera podido responder
inmediatamente: “No, esa es una afirmación absurda, yo siempre he sido una defensora
de la libertad.” Pero en vez de responder así, dijo: “¿Cree usted que soy autoritaria? Voy
a examinarme a ver si lo soy.” Pues mente abierta significa estar libre de prejuicios aun
con respecto a uno mismo.
Corazón Puro significa que las motivaciones deben ser justas. Para que el trabajo
que hacemos beneficie al mundo, ya sea trabajo social, o de enseñar, o de dar clases de
Teosofía, etc., tiene que tener el timbre del inegoismo. Si no hay inegoismo en los
miembros de la S. T., el trabajo de la S. T. no prosperará. Esta Sociedad tiene que ser un
canal para los poderes del bien que actúan en el nivel espiritual. Y esos poderes no
pueden fluir cuando son obstruidos por actos voluntariosos y egocéntricos.
No debemos dar por sentado que somos desinteresados. Puede que algunas veces
actuemos inegoístamente en apariencia; puede que a todos nos guste servir y ayudar.
Pero tener un corazón puro y poder afirmar “ no hay mácula en mi corazón”, es cosa
muy difícil. Es un signo de perfección.
Los Adeptos están completamente libres de motivaciones personales. Si
queremos trabajar para Ellos aquí en la tierra, debemos tener algo de esa cualidad, como
grupo, como Sociedad, como miembros individuales. Es posible desarrollar ese estado
inmaculado en el que no haya nada que deseemos para nosotros mismos.
Intelecto Despierto implica que hay que desarrollar el intelecto y no
menospreciarlo. El aspirante debe crecer como una flor de muchos pétalos hermosos, y
no caer en un surco estrecho.
Percepción Espiritual puede haberla entonces, y el que la tenga puede ayudar a
otros. Es el medio real de atraer la luz. Pero implica muchísimo esfuerzo. No es
cuestión simplemente de resolvernos a traer luz y comprar para ello una lámpara en
cualquier parte.
Cuando hay luz, esa luz no tiene que hacer nada para disipar la oscuridad: ésta
desaparece sola. Si un individuo tiene percepción espiritual sin velos, la oscuridad se
disipa automáticamente en torno suyo. Y entonces todo lo que diga y haga será una
fuente de luz para otros.
Esa es la clase de luz que debemos atraer e irradiar. Significa vivir la Teosofía, o
sea todo lo que está implícito en La Escala de Oro. Significa habilidad para cooperar
con los demás, prescindiendo de nuestros deseos y diferencias personales.
Recuerdo que cuando siendo niña me afilié a la S. T. oí decir que en una causa
como esta nadie debe decir nunca “quiero esto”, o “me gusta este clima y por tanto voy
a trabajar aquí”, o “no me gustan estas gentes y no voy a cooperar con ellas”, etc.
Todos los deseos personales de esa clase deben dejarse de lado. Si apreciamos la
magnitud de la tarea, la belleza de descubrir y compartir el esplendor y la luz, estos
deseos personales se vuelven muy insignificantes.
Si aprendemos a trabajar con esa clase de espíritu, entonces aunque no haya sino
unos pocos miembros en la S. T. podremos constituir un grupo maravilloso. Y la S. T.
será lo que se quiere que ella sea, y no una Sociedad ordinaria.
Hay muchas organizaciones ordinarias que buscan crear buena voluntad
internacional. Y hay muchas personas que dicen que el trabajo de la S. T. lo han
asumido otras organizaciones ahora. Eso muestra que esas personas no entienden cuál
es el verdadero trabajo de la S. T., y piensan que su tarea es a nivel externo.
Pero en la S. T. tiene que haber algo más: un modo de vivir, una actitud, una
llama que no puede ser extinguida por que está alimentada por la Verdad.
La llama de la Verdad debe arder en el corazón de cada uno de nosotros, aunque
sea tenuemente. Avancemos, pues, llevando en alto semejante llama. Vigilemos para que
esa Llama no se extinga. Que ningún viento pueda apagarla. Que esa Llama crezca y
traiga luz y calor a este mundo desdichado.

EL EMBLEMA DE LA SOCIEDAD TEOSÓFICA.

El sello de la Sociedad de Teosófica está compuesto de varios símbolos. Todos


ellos han sido usados desde épocas muy remotas para expresar profundos conceptos
espirituales y filosóficos acerca de la humanidad y el universo. Se los encuentra en
variedad de formas en las grandes religiones del mundo y su universalidad es
demostrada aun más por aparecer en culturas muy distantes. Cada símbolo,
estudiado separadamente, nos aporta una rica comprensión. Tomados juntos, como
en este emblema, sugieren un vasto esquema evolutivo, abarcando toda la
naturaleza física y espiritual. Su estudio puede llevar al investigador serio a
contemplar alguno de los más profundos misterios de la existencia. La
interpretación ofrecida aquí tiene que ser tomada como sugestiva de las verdades
que ellos buscan transmitir, más que una interpretación exacta de su significado.

La serpiente o Dragón en todas las simbologías y religiones arcaicas se la ha asociado a


la Sabiduría o al conocimiento de cosas ocultas. Los “Dragones de Sabiduría” se
denominaban antiguamente a los Grandes Iniciados, a Instructores o Maestros en
Religión, Filosofía y el Arte de Curar. En el Sello teosófico alude al conocimiento que
es posible obtener en este Universo, es decir LA TEOSOFÍA. Es el símbolo eterno de la
Sabiduría espiritual más alta. Se le asocia con el conocimiento arcano. Es conocida
como Ouroboros, símbolo de fuerza, de la naturaleza encadenada o de la materia sin
forma. Cuando, como aquí, se representa tragándose su cola, se convierte en un
símbolo de la Eternidad, sin comienzo ni fin; es un símbolo de regeneración. Representa
al Ego que evoluciona y se traga al fin su propia personalidad acabando con todos sus
deseos; y por otra parte, es la personalidad venciendo al Ego y arrastrándolo al ciclo de
reencarnaciones por el karma engendrado en la satisfacción del deseo y de la vida
separada. El propio círculo es un símbolo antiguo de eternidad y representa lo Absoluto,
lo inmanifestado que contiene los potenciales de toda la forma. Por la forma circular de
su conjunto, simboliza también el movimiento perpetuo y el proceso circulatorio. Es un
modelo de la bipolaridad, con la cabeza, inteligente, activa y la cola material, pasiva.
En el antiguo Egipto, era un emblema del "eterno ciclo", representando la naturaleza
cíclica y eterna del universo, (desde el Uno hacia el Uno), significado posteriormente
adaptado por los gnósticos, cabalistas y alquimistas. En algunos escritos se presenta
bajo la forma de una dragón, el "dragón alquímico", que significa la acción de devorar,
fundir, digerir, coagular o fijar. Como representante de la esfera infinita, el "huevo
mundial" de cosmología arcaica, es un símbolo que se encuentra en toda religión
mundial y filosofía.

Los triángulos entrelazados, como todos los símbolos más importantes, lo


encontramos grabados en todos los templos y obeliscos egipcios, rodeado de leyendas
explicativas. En la India se le llama “Sello de Vishnu” y es usado como talismán. En el
buddhismo simboliza el Nirvana. No se sabe la razón de que en Occidente sea conocido
como sello de Salomón, aunque se supone que debe ser porque llegó a Europa junto con
otras tradiciones referentes al Rey de Israel. Los dos triángulos enlazados forman el
Doble Triángulo, uno (más claro) apuntando hacia arriba y el otro (más oscuro)
apuntando hacia abajo, simbolizan el descenso del espíritu en la materia y su emerger de
los límites confinantes de la forma. Al mismo tiempo sugieren el conflicto constante
entre las fuerzas de la luz y las fuerzas oscuras, en la naturaleza y en el hombre. Es el
símbolo más perfecto de la involución y de la evolución realizada rítmicamente. Energía
y materia se entrelazan y producen el ritmo. La dirección que suele tener un triángulo
determina su significado. Si esta dirigido hacia arriba significa el elemento masculino y
el Fuego Divino; si está dirigido hacia abajo representa el elemento femenino y las
aguas de la materia. Cuando, el triángulo doble está ubicado dentro del círculo de la
Serpiente, representa el universo circunscrito a las limitaciones de tiempo y espacio.
Las tres líneas y tres ángulos de cada uno de los dos triángulos pueden recordarnos los
aspectos triples del espíritu: la existencia, la conciencia y la beatitud, y los tres aspectos
de la materia: la movilidad, resistencia y ritmo.

La cruz ansata o Ankh. Es un símbolo egipcio antiguo de resurrección. Está


compuesto del Tau o cruz en forma de T, coronada por un pequeño círculo. Se la puede
ver a menudo sostenida en la mano de las estatuas egipcias y en las pinturas murales de
las tumbas. El Ankh, por lo tanto, expresa el triunfo del espíritu sobre la materia, de la
vida sobre la muerte, del bien sobre el mal. Es la Cruz de la Vida, el símbolo de la
Resurrección y la inmortalidad. La TAU formada por la línea horizontal Materia o
principio femenino y por la línea transversal, Espíritu o rayo descendente masculino,
coronado por el Circulo del Mundo, era en Egipto atributo de Isis. Así como la palabra
OM era la palabra sagrada de la Raza Indoeuropea, la palabra sagrada de los Atlantes
era TAU. Los Pitris solares han otorgado a la Humanidad entre otras múltiples cosas el
símbolo de la Tau o “Balanza de la Justicia” como cruz y como medio de glorificación.
Sopesando todo acto en nuestra vida, buscando el equilibrio, la armonía con el medio y
con nosotros mismos, lograremos esa glorificación, el contacto con nuestro Maestro
interno. La Tau simboliza el divino andrógino o sexualidad indiferenciada. Los griegos
la llamaban Aupt. El nombre Tau es hebreo y de ese idioma lo tomaron los griegos que
designaron con él a una consonante de su alfabeto, la T de los occidentales. Según H. P.
Blavatsky significa “Sendero” El Tau simboliza la materia o el mundo de la forma; el
círculo pequeño representa el espíritu o la vida. Representa además al Hombre,
encerrado y sujeto por las limitaciones y que sin embargo contiene en germen todas las
potencias, las fuerzas, el poder, la belleza del Universo. Así que puede decirse que la
figura de los triángulos entrelazados que adjuntan el ankh representa al humano
triunfante y lo divino triunfante en el humano.

La esvástica, aparece en el emblema entre la cabeza y la cola de la serpiente. En la


filosofía esotérica es el diagrama más antiguo y de significado más místico. Se la
encuentra en la India, con el nombre de esvástica, de la raíz "svash" que es una forma
de saludo, similar a la persignación de los cristianos. Se la conoce también en India,
como cruz Jaina. Se la encuentra en la China, Tibet y Siam y entre las antiguas naciones
germánicas y escandinavos, en la forma de Martillo de Thor. Se le llama también "Sello
del Corazón" porque en muchas representaciones de Budha figura en el centro de su
corazón. Es una de las numerosas formas en que se encuentra el símbolo de la cruz. Es
la cruz Ígnea, ardiente, con los brazos de flama que giran en el sentido de las agujas del
reloj, para representar las tremendas energías de la naturaleza, que incesantemente
crean y disuelven las formas a través de las cuales tiene lugar el proceso evolutivo. En
las religiones que reconocen los tres aspectos de la Deidad, la esvástica está asociada
con la Tercera Persona de la Trinidad quien es a la vez, el Creador y el Destructor: Shiva
en el Hinduismo y el Espíritu Santo en el Cristianismo. Aplicándolo al Hombre o
Microcosmos se presenta como un enlace entre el Cielo y la Tierra donde el Principio
Dios está en la Humanidad como todo el resto está en El. La figura muestra al humano
como el eslabón entre el cielo y tierra, una "mano" que apunta hacia cielo o espíritu y el
otro hacia la tierra o materia. Rodean a la esvástica dos círculos concéntricos. En el
aspecto macrocósmico el interior significa el Universo y el exterior, el Cosmos, mayor
conteniendo a aquél, pero sometidos ambos a las mismas leyes. En el aspecto
microcósmico o humano, el círculo interior es el campo de la manifestación egoica y el
exterior el de la monádica, o, lo que es lo mismo, la esfera de la Inteligencia y de la
intuición.
OM, la palabra sagrada del Hinduismo, corona el emblema de la Sociedad
Teosófica. La sagrada palabra Aum u Om, está en caracteres Sánscritos, y tiene una
importancia profunda, pues es la síntesis de todo sonido creador, de toda manifestación.
Simboliza el verbo creador o Logos, la Realidad inefable que es la fuente de toda la
existencia. Nos recuerdan la declaración: "al principio era la Palabra, y la Palabra estaba
con Dios, y la Palabra era Dios." Om es una palabra de poder y sólo debe proferirse con
la mayor reverencia. Colocado encima de la serpiente, es el lazo que une al Universo
con el Cosmos. En cierto sentido, une lo inmanifestado con la pequeña fracción de
Eternidad manifestada. Es una especie de canal por el que fluye en perpetuo vaivén la
energía espiritual, probando que lo uno no puede estar desligado del otro. Todos
nuestros esfuerzos están abocados a mantener libre de obstáculos el canal.

El lema: "Satyat nasty paro dharmah", que se traduce como "No hay Religión más
elevada que la Verdad" , escrita en letras sánscritas, (en el original) y ubicada alrededor
del sello, en su parte externa, dice que la Verdad, es la búsqueda de todos los teósofos,
cualquiera sea su fe. Todas las grandes religiones, son la incorporación de esa Verdad
y un sendero hacia su comprensión, ya que reflejan en alguna medida, la luz de una
Sabiduría eterna y espiritual. EL EMBLEMA ENTERO habla a una percepción interna,
a la intuición y al corazón, sacando el divino en cada individuo que lo contempla. En su
totalidad, representa una síntesis de grandes principios cósmicos que operan a través de
los ciclos involutivos y los ciclos evolutivos, que nos traen, en el correr del tiempo, la
realización de nuestra naturaleza divina.

FRUTOS DEL ESTUDIO TEOSOFICO


C. W. Leadbeater.
Capítulo 10 del libro “Un Libro de Texto de Teosofía.

"Los miembros de la Sociedad Teosófica estudian estas verdades y los teósofos se


esfuerzan en practicarlas". Así pues, ¿qué clase de hombre es el verdadero teósofo a
consecuencia de este conocimiento? ¿Qué fruto da este estudio en su conducta diaria?
Convencido el teósofo de la existencia de un supremo Poder infinitamente sabio y
amoroso que dirige el curso de la evolución, ve que todo cuanto este plan abarca está
encaminado a su progresivo desenvolvimiento. Comprende el teósofo que el pasaje de
la Escritura según el cual "todas las cosas propenden al bien" no es un poético arranque
de la fantasía ni expresa una piadosa esperanza sino que afirma una científica verdad. El
logro final de inefable gloria es absolutamente seguro para todo hijo de hombre
cualquiera que sea su presente condición. Pero aún hay más. En el momento actual
todos están en camino de su gloria y las circunstancias en que cada cual se halla
propenden a favorecerle y no a perjudicarle, con tal que acertadamente las comprenda.
Triste verdad es que en el mundo hay mucha malicia, aflicción y sufrimiento; pero
desde su alto punto de mira, ve el teósofo que a pesar de lo muy terribles son
temporáneos y superficiales, y pueden aprovecharse como elementos de progreso.
Cuando en los días de su ignorancia contemplaba el teósofo desde su bajo nivel los
males del mundo, le era imposible comprender esta verdad ni descubrir el genuino
significado del aparente mal que veía al clavar sus ojos en el inferior aspecto de la vida.
Pero una vez se ha levantado de su bajo asiento para subir a los altos niveles de la mente
y la conciencia y desde allí mira los males del mundo con los ojos del espíritu y
descubre su significado, se convence de que en verdad todo es bueno; pero no que será
bueno en algún lejanísimo período, sino que aun en el presente momento, en el fragor
de la lucha y en medio del aparente mal, sigue fluyendo la caudalosa corriente de evo-
lución y por lo tanto todo es bueno, porque todo mar cha hacia la meta de perfección.
Elevando así su conciencia sobre las borrascas y tribulaciones de la vida mundana,
advierte el teósofo que lo que miraba como mal, parece oponerse a la caudalosa
corriente de progreso; pero también se da cuenta de que el impulso de la divina ley de
evolución es respecto de aquel somero mal como las formidables cataratas del Niágara
respecto de las espumosas vedijas que flotan en la superficie. Así es que mientras
simpatiza profundamente con todo lo que sufre, sabe cuál será el fin de este sufrimiento
y son para él imposibles la desesperación y el desaliento. Además aplica estas
consideraciones a sus propias penas y disgustos así como a los del prójimo; y por lo
tanto, allega del estudio de la Teosofía una perpetua serenidad y más todavía, incesante
placidez y jovialidad. No conoce el tedio, pues no tiene en verdad motivos para
entediarse desde el momento en que sabe que todo ha de acabar en bien. Su elevada
ciencia le convierte en firme optimista, porque le enseña que cuanto de malo pueda
haber en una persona o en una colectividad ha de ser necesariamente transitorio por
oponerse al irresistible impulso de la evolución, mientras que cuanto de bueno haya ha
de ser por necesidad permanente y útil, porque está apoyado por la omnipotencia de
aquel impulso y por lo tanto ha de persistir y prevalecer. Sin embargo, no cabe imaginar
ni por un momento que porque el teósofo esté absolutamente seguro del definitivo
triunfo del bien, mire con pasiva indiferencia los males del mundo. Sabe que es su deber
combatirlos con todas sus fuerzas, pues así coadyuva a la acción de las energías
evolutivas y adelanta la hora de su victoria final. Nadie será tan activo como él en
trabajar por el bien, aunque se vea libre de las desazones y angustias que suelen afligir a
quienes se esfuerzan en auxiliar al prójimo. Otro valiosísimo fruto del estudio de la
Teosofía es la carencia de temor. Muchas gentes están de continuo anhelosas e inquietas
por talo cual cosa y temen que les suceda esto o lo otro, que les falle tal o cual
combinación o que fracasen en sus proyectos, por lo que no tienen ni un momento
tranquilo y lo más temible para la mayoría es la muerte. El teósofo transciende todos
estos sentimientos, porque conoce la capital verdad de la reencarnación, ha desechado
ya varios cuerpos físicos y sabe que la muerte no difiere esencialmente del sueño, pues
así como el sueño sobreviene entre nuestros días de actividad y nos proporciona
descanso y refrigerio, así entre los días de trabajo aquí en la tierra, a que llamamos
vidas, sobreviene una larga noche de existencia astral y mental para damos descanso y
refrigerio y ayudarnos en nuestro camino. Para el teósofo equivale la muerte a
despojarse por largo tiempo de su carnal vestidura. Sabe que es su deber conservada
todo lo posible para adquirir por su medio cuantas experiencias pueda; pero cuando le
llegue la hora, la desechará agradecido, porque seguro está de que la nueva etapa será
mucho más gozosa que la pasada. Por lo tanto, no teme a la muerte, aunque conoce que
ha de seguir en el mundo hasta el término natural de su vida física, pues en el mundo
está para progresar y su progreso es cosa de formidable importancia. El teósofo tiene de
la vida un concepto muy distinto del de la generalidad de las gentes. No es su objeto
amontonar riquezas materiales ni obtener honores. Lo importante para él es llevar
adelante el divino plan. Sabe que para esto se halla en el mundo y que a ello ha de
supeditar todo lo demás. También está libre el teósofo de cavilaciones, temores,
sobresaltos e inquietudes de carácter religioso. Nada de esto le conturba, porque ve
claramente que el progreso hacia la perfección es la divina voluntad respecto del
hombre, que nadie puede substraerse a este progreso y que todo cuanto encontremos en
nuestro camino, todo cuanto nos suceda está destinado a favorecer nuestro adelanto. Ya
no se conturba ni experimenta temor alguno respecto de sí mismo. Se contrae a cumplir
lo mejor posible los deberes que le van saliendo al paso, seguro de que así todo le
resultará en bien sin necesidad de inquietarse. Se satisface tranquilamente con realizar
su labor y ayudar a los hombres sus hermanos, convencido de que el supremo poder le
impulsará firme y lentamente y hará por él todo cuanto necesite, con tal que se man-
tenga en el recto sendero y mientras por su parte haga cuanto buenamente le sea posible.
Puesto que el teósofo sabe que todos formamos parte de una magna evolución y
literalmente somos hijos de un mismo Padre, ve que la confraternidad universal de la
humanidad no es imagen poética sino un hecho positivo; no un sueño de algo que haya
de realizarse en una vaga y lejana Utopía, sino una condición ya existente. La certeza de
esta omniabarcante fraternidad le da al teósofo una más dilatada perspectiva de la vida y
un amplio punto de mira desde donde ver todas las cosas. Advierte que son idénticos los
verdaderos intereses de todos los seres humanos que a costa del quebranto o del
sufrimiento ajeno, nadie logrará positivas ganancias. Esto no es para él artículo de fe
religiosa sino una verdad científica comprobada por el estudio. Echa de ver que la
humanidad constituye un todo, no puede ser bueno para la colectividad nada de lo que
perjudique al individuo, porque el perjuicio no sólo afecta a quien lo infiere sino a
cuanto le rodean. Comprende el teósofo que el verdadero beneficio para él es el que
comparte con los demás, y que todo adelanto que realice en el orden espiritual es algo
que consigue para sí y también para los demás. Si adquiere conocimiento o dominio
propio, logra con ello en verdad mucho sin quitarle nada a nadie, antes al contrario
auxilia y fortalece a los demás. Conocedor de la absoluta unidad espiritual del linaje hu-
mano, sabe que aun en este bajo mundo ningún positivo provecho puede obtenerse que
no resulte al propio tiempo provechoso para toda la humanidad y se obtenga en su
nombre; que el progreso del hombre debe consistir en aliviar las cargas del prójimo; que
su espiritual adelanto implica un leve, pero no imperceptible adelanto de la humanidad
en general; y que cuantos sobrellevan noblemente las penalidades y aflicciones en sus
esfuerzos hacia la luz, alivian con ello la carga y consuelan los dolores del prójimo. Al
reconocer la fraternidad humana, no como una halagüeña esperanza acariciada por el
abatimiento sino como un positivo hecho derivado científicamente de una serie de
hechos naturales; al convencerse de la absoluta certeza de esta verdad, cambia
radicalmente su actitud hacia todas las cosas y siente profundamente simpatía y se
dispone a prestar auxilio, porque ve que nada debe hacer de cuanto entrechoque con sus
altos intereses. De aquí se sigue que ha de estar henchido de amplísima tolerancia y viva
caridad. No puede menos de ser tolerante porque sabe que más importa la conducta que
las creencias. También ha de tener caridad porque su mayor conocimiento le capacita
para no mostrarse riguroso con cosas que el hombre ordinario no comprende. La norma
del teósofo respecto al bien y al mal, a lo justo e injusto, es siempre más elevada que la
de las gentes vulgares y sin embargo es mayor su indulgencia con el pecador porque
penetra más en lo hondo de la naturaleza humana. Se da cuenta de lo que era el pecado a
los ojos del pecador en el momento de cometerlo y así es más indulgente que quien
nada sabe de todo esto. Pero el teósofo Va aún más allá de la tolerancia, caridad y
simpatía. Siente verdadero amor a todos los seres humanos y por ello está siempre
dispuesto a prestar auxilio, porque sabe que cada contacto con el prójimo le deparará
oportunidad de auxiliarlo y el mayor conocimiento adquirido por sus estudios lo
capacitará para dar consejo y auxilio en casi todos los casos que se les presenten. No se
empeña en que los demás piensen como él, pues sabe que tal empeño es uno de los más
comunes errores entre las gentes vulgares y que argumentar equivale a consumir energía
mental y así no se enzarza en discusiones; pero si alguien desea de él consejo o
instrucción está siempre pronto a dárselos, aunque sin el menor intento de ganar
prosélitos. La idea de auxilio predomina en todas las relaciones de su vida, no sólo
respecto del prójimo sino también en conexión con el vasto reino animal que le rodea.
Algunos seres de este reino están en íntimo contacto con el hombre y con ello tiene
ocasión de favorecerlos. Reconoce el teósofo que también los seres del reino animal con
sus hermanos, aunque mucho más jóvenes y que también les debe fraternal cariño, de
modo que su relación con ellos sea siempre para favorecerlos y nunca para
perjudicarlos. Ante todo y sobre todo, la Teosofía es para el teósofo una doctrina de
sentido común, que le enseña hasta el punto en que por ahora es capaz de compren-
derlas, las verdades referentes a Dios y al hombre y las relaciones entre ambos. Después
reflexiona sobre estas verdades y obra de conformidad con ellas, guiado por la razón y
el discernimiento. Acomoda su conducta a la ley de evolución que le enseñó la Teosofía
y le proporciona una nuevo punto de vista y una piedra de toque en donde comprobar
todas las cosas; ante todo, sus pensamientos, emociones y obras y después cuanto le
quepa experimentar en el mundo exterior. Siempre aplica el siguiente criterio:
"¿favorecerá o dificultará esto la evolución? ¿Es justo o injusto?". Con arreglo a este
criterio ve desde luego si debe alentar o reprimir cualquier pensamiento o emoción que
se levante en su interior. Si ha de beneficiar a la mayoría de la humanidad será bueno. Si
ha de perjudicar a alguien o entorpecerle en su adelanto será malo y debe evitarlo.
Exactamente el mismo criterio ha de seguir al juzgar de las cosas exteriores. Si
sometida a la piedra de toque resulta favorable a la evolución ha de admitirla y de lo
contrario rechazarla. Los intereses personales no le preocupan en ningún caso. Sólo
piensa en el bien de la evolución general y así se asienta en sólido fundamento con claro
criterio que le libra de las angustias de la incertidumbre y la indecisión. Dios quiere que
el hombre evolucione; y por lo tanto todo lo que favorezca esta evolución ha de ser bue-
no y todo lo que a ella se oponga o la retarde debe ser malo aunque tenga en su apoyo la
creencia de las multitudes o la inmemorial tradición. Sabedor el teósofo de que el
verdadero hombre es el ego y no el cuerpo, comprende que lo importante es la vida del
ego y que a estos altos menesteres ha de subordinar todo cuanto se relaciona con el
cuerpo. Reconoce que se halla en la vida terrena para progresar y que este progreso es lo
único importante. La verdadera finalidad de su vida es la educción de sus inherentes
cualidades y el perfeccionamiento de su carácter en los tres aspectos físico, mental y
espiritual. Advierte que en este progreso se espera de él no menos que la absoluta
perfección; que en su mano están las fuerzas necesarias y dispone de la eternidad para
conseguirlo, aunque cuanto más pronto la alcance mayor será su individual eficacia para
colaborar en el divino plan. Sabe que su vida terrena es como un día de escuela y su
cuerpo físico una temporal vestidura en que se ha envuelto para aprender las lecciones
de la experiencia. Comprende que estas lecciones son el único propósito de verdadera
importancia y que obra con inconcebible estupidez quien por cualquier consideración se
desvía de tal propósito. La vida dedicada exclusivamente a la adquisición de riquezas o
de fama le parece juego de chiquillos y un insensato sacrificio de todo cuanto es
verdaderamente valioso, por fugaces momentos de engañosa satisfacción para la
naturaleza inferior pone sus afectos en las cosas espirituales y no en las terrenas, porque
comprende que tal es la rectitud de conducta y conoce cuán deleznables y fútiles son las
cosas de la tierra. Siempre procura colocarse en muy alto punto de vista, pues sabe que
no son de fiar los inferiores, donde los pasionales deseos y sentimientos forman una
nube que le ciega la visión. Cuando se entabla una lucha en su interior, recuerda que su
verdadero ser ha de triunfar, porque la naturaleza pasional no es el verdadero hombre
sino tan sólo la indómita porción de uno de sus: vehículos. Sabe que aunque caiga mil
veces en el camino hacia su meta, sus motivos para alcanzada son tan poderosos
después de la milésima caída como eran al principio; de modo que sería inútil a más de
insensato y perjudicial entregarse al abatimiento y la desesperación. Emprende desde
luego la marcha por el sendero de perfección porque sabe que no le será tan penosa
como si la demorara para más tarde y sobre todo porque si se esfuerza en realizar algún
progreso y lo consigue, estará en disposición desde un superior nivel de tender una
mano auxiliadora a quien no ha llegado todavía al peldaño de la escala a que él
ascendió. Echa de ver que llegó al punto de adelanto en que se halla, por lento proceso
de mejoramiento, y así es que no espera el instantáneo logro de la perfección. Considera
cuán inevitable es la magna ley de causa y efecto y que una vez comprendida la
actuación de esta ley puede valerse inteligentemente de ella para su adelanto mental y
moral, de la propia suerte que en el mundo físico nos aprovechamos de las leyes cuya
operación hemos logrado comprender. Como sabe qué es la muerte no la teme ni se
aflige por la suya ni por la de aquellos a quienes ama, pues ya murieron varias veces en
otros tiempos y están familiarizados con ella. Considera la muerte como el tránsito de
una incompleta vida física a otra completa y superior, por lo que sinceramente la recibe
y cuando mueren sus allegados reconoce que es un beneficio para ellos, aunque no
pueda por menos de experimentar algo de pena al verse separado siquiera
temporalmente de ellos por lo que respecta al mundo físico. Sin embargo, sabe que los
llamados muertos están todavía cerca de él y que le basta con desprenderse
interinamente de su cuerpo físico durante el sueño para estar junto a ellos como antes.
Ve claramente que el universo es uno y que todo él está regido por la misma ley divina,
tanto en lo visible como en lo invisible a la vista física. Así es que no experimenta
nerviosidad ni extrañeza al pasar de una a otra región del universo ni está inseguro
acerca de lo que ha de encontrar allende el velo. Sabe que en la vida superior se le
dejarán admirables ocasiones de adquirir nuevos conocimientos y realizar utilísima
obra; que la vida fuera de este denso cuerpo físico tiene una intensidad y refulgencia
con las que en comparación se anonada todo goce terreno. De esta suerte, a favor de su
claro conocimiento y completa seguridad reciben cuantos le rodean el poderoso influjo
de la vida eterna. Es imposible en él la duda respecto de su destino, pues así como
mirando al salvaje se percata de lo que fue en el pasado, así contemplando a los
primates de la humanidad en grandeza y sabiduría comprende lo que será en el porvenir.
Ve ante sí una continua cadena de progreso, una escala de perfección en cada uno de
cuyos peldaños hay seres humanos, de modo que conoce que puede subir por ellos,
según la inalterable ley de causa y efecto, que obra siempre de la misma manera y por lo
tanto puede confiar en ella y utilizarla como utiliza las leyes del mundo físico. El
conocimiento de la ley de causa y efecto amplía su perspectiva y le demuestra que si
algo ha de sucederle le sucederá por haberlo merecido a consecuencia de alguna acción
cometida, de alguna palabra hablada, de algún pensamiento sostenido en pasados
tiempos o en precedentes vidas. Comprende que toda tribulación equivale al pago de
una deuda; y por lo tanto, cuando le sobreviene una tribulación la recibe y acepta como
una enseñanza, pues sabe por qué le ha sobrevenido y se alegra de que le depare
coyuntura de satisfacer alguna de sus obligaciones. Además, considera la tribulación
como otra índole de oportunidad, esto es, lo que le permite verla por su aspecto
beneficioso si la sobrelleva dignamente. No malgasta tiempo en anticipar posibles infor-
tunios ni cuando le alcanza la desdicha la agrava insensatamente con lamentaciones,
sino que se dispone a sufrir con paciencia y fortaleza lo que en ella haya de inevitable.
Sin embargo, no se somete al infortunio con fatalista resignación. Recibe la adversidad
como un estímulo para prosperar en términos que sea capaz de vencerla y así de un
remotísimo mal extrae la semilla del futuro perfeccionamiento. Porque para pagar la
deuda pendiente actualiza cualidades de valor y resolución que serán para siempre suyas
en venideras edades. Se distingue el verdadero teósofo del resto de las gentes, por su
inalterable júbilo, su indomable valor en las dificultades, su franca simpatía y positivo
auxilio; pero al propio tiempo toma muy por lo serio la vida y reconoce que cada cual
tiene mucho que hacer en este mundo, por lo que no hay tiempo que perder. Sabe el
teósofo con absoluta seguridad que además de labrar su propio destino influye
poderosamente en el de quienes le rodean y por ello ye la gravísima responsabilidad que
le acarrea el ejercicio de su poder. También sabe que los pensamientos son cosas y que
por medio de ellos se puede hacer mucho bien o mucho mal. Comprende que nadie vive
independientemente porque cada uno de sus pensamientos influye también en los demás
y las vibraciones emitidas por su mente se reproducen en las mentes ajenas, de suerte
que es un foco de salubridad o de infección mental para todos aquellos con quienes se
pone en contacto. De aquí que su código de ética sea muy superior al vigente en el
mundo profano, porque sabe que no sólo ha de regir sus palabras y acciones sino
también sus pensamientos, puesto que pueden tener más graves y transcendentales
efectos que su externa expresión en el mundo físico, ya que aunque un hombre no
piense concretamente en otro puede afectarlo con su pensamiento en bien o en mal.
Aparte de esta inconsciente influencia de su pensamiento en los demás, lo emplea
conscientemente para el bien, emitiendo corrientes mentales de auxilio y consuelo hacia
los menesterosos y afligidos, con lo que se le abre un nuevo mundo de útiles servicios.
Sus pensamientos son siempre nobles, armónicos y elevados. Se coloca en actitud
optimista respecto de todas las cosas y en disposición de auxiliar. Repudia los
pensamientos viles y siniestros, las actitudes pesimistas y el desdén ante el dolor.
Continuamente busca el bien en todas las cosas para intensificarlo en cuanto pueda y se
esfuerza en favorecer sin nunca perjudicar. Así llega Ir ser utilísimo para los hombres
sus hermanos y en modesta esfera un colaborador del plan de evolución. Se olvida
completamente de sí mismo y sólo vive para beneficiar a los demás, reconociéndose
como una partícula del plan de evolución. Ve a Dios en su interior, aprende a ser fiel
expresión de Dios y cumpliendo así la voluntad de Dios llega a ser bendición de sí
mismo y de toda la humanidad.