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El debate entre formalistas y sustantivistas y sus proyecciones en la Antropología Económica.

Alejandro Balazote.*

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“A la mayoría de nosotros se nos ha acostumbrado a pensar que la piedra de toque de la economía es el mercado... Que
hacer, pues cuando topamos con economías que operan sobre bases totalmente distintas, sin ningún rastro de mercado o de
ganancia obtenida comprando o vendiendo? Es entonces cuando hemos de revisar nuestra concepción de economía”
(1976:47).
preguntas que resultarían centrales en el debate entre los antropólogos formalistas y sustantivistas, durante la década de los
sesenta.
-Como hacer para estudiar estas economías?
- Era aplicable la teoría económica que había surgido para analizar y explicar el funcionamiento del sistema capitalista?
- Los criterios de maximización eran aplicables en todas las formaciones socioeconómicas?
- Las diferencias entre la economía primitiva y la industrial capitalista eran de clase o de grado?

Ya en sus inicios la antropología se había preguntado por la utilización de conceptos económicos en el análisis de las
sociedades primitivas.
Si la economía política desde su surgimiento se presenta como el esfuerzo mas sistemático por parte de las clases sociales en
ascenso por racionalizar las nuevas condiciones sociales, la antropología clásica también emergía a fines del siglo XIX y
principios del XX como productora de conocimientos que justificasen el nuevo orden colonial en expansión
Firth algunos años mas tarde señalaría que el concepto básico de la economía, es la asignación de recursos escasos
disponibles entre las necesidades humanas.
El debate entre formalistas y sustantivistas se desarrolla década del sesenta fundamentalmente en los ámbitos académicos de
Estados Unidos. La cuestión disciplinar pasaba por definir si la Antropología se constituía como una teoría general o bien
reconocía su carácter regional.
Se construye un concepto de sociedad primitiva en donde aparecen todos los estigmas, estereotipos y limitaciones de las
escuelas dominantes en Antropología durante la primera mitad de siglo; al tiempo que se procede a la utilización del corpus
teórico producido por la economía (en realidad de una parte de ésta) para interpretar el inmenso contingente de datos
etnográficos acumulados.
Así, desde su obra fundacional, la antropología económica planteaba un tipo de relacionamiento entre la antropología y la
economía donde la segunda aportaba conceptos y modelos al tiempo que la primera brindaba numerosos estudios de campo.
En este intercambio se ponía en discusión la universalidad legitimadora vital para las aspiraciones de la economía (y también
porque no, para la antropología) y se vislumbraba la posibilidad de convertirse en ciencias regionales especificando los límites
de cada una de ellas. El eje de la controversia consistía en determinar que tipo de diferencias existían entre las economías
primitivas y las capitalistas.
Dalton, afirma:
“La economía primitiva es distinta del industrialismo de mercado no en grado sino en especie; la falta de tecnología mecánica,
de organización de mercado omnímoda y de moneda para todos los fines mas el hecho de que las transacciones económicas
no puedan entenderse fuera de la obligación social crean algo así como un universo no euclediano al que no puede aplicarse
fructíferamente la teoría económica occidental. El intento de traducir los procesos económicos primitivos en nuestros
equivalentes funcionales, inevitablemente, oscurece justamente aquellos rasgos de la economía primitiva que la distinguen de
la nuestra” (1976:205).
Para Dalton la economía primitiva se construye residualmente, mas por lo que no es que por lo que es. mientras que para
Leclair la economía primitiva no posee ninguna especificidad:
Los autores formalistas partieron de las definiciones subjetivas de la economía según las cuales “La economía es el estudio de
la asignación de medios escasos a objetivos múltiples, o mas ampliamente, la ciencia que estudia el comportamiento humano
como una relación entre fines y medios escasos que tienen usos alternativos”. Como señala Trinchero (1992) el objetivo de los
antropólogos enrolados en esta corriente consistió en demostrar la universalidad de los principios de escasez y elección.
La concepción formalista se centra en el análisis del comportamiento individual. Lo individual explica lo social porque la
sociedad es concebida como una sumatoria de individuos. Según Burling la sociedad es una colección de sujetos que hacen

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elecciones, cuya misma acción implica una elección conciente o inconsciente entre los medios alternativos. La cultura es
considerada como un escenario dentro del cual el “individuo operador” acciona de acuerdo a determinados objetivos. Para los
autores formalistas la economía no reside ni en una institución, ni en una estructura, ni en un sistema económico, lo económico
es un aspecto del comportamiento humano: el que se refiere a la elección y asignación de recursos a metas alternativas,
motivado por la situación de escasez. No todo comportamiento es económico, solo aquel que refiere a la toma de decisiones. La
característica distintiva del aspecto económico del comportamiento es su racionalidad, entendiendo la misma a partir de las
elecciones que se toman siguiendo el principio de maximización.
El punto de partida es que el individuo tiene necesidades ilimitadas mientras que los recursos para satisfacerlas son limitados.
Robbins plantea que si los recursos para alcanzar una meta no son escasos, no estamos en presencia de un problema
económico, dado que no nos coloca en una situación de opción. La universalidad de la propuesta formalista se centra pues en
la naturaleza maximizadora del hombre, mas allá de las formas que adquieran las especificidades económicas. La cuestión
crucial es el comportamiento del individuo ante las situaciones de opción.
Transpolar los principios microeconomistas de la escuela subjetivista y la racionalidad específica del empresario a cualquier
actividad económica sin tomar en cuenta las condiciones de surgimiento y evolución de los sistemas económicos impidió a los
autores enrolados en la corriente formalista cualquier aproximación que contemplase la dimensión histórica.

Los sustantivistas.
Karl Polanyi ha criticado la universalidad del principio de escasez y su vinculación forzosa con el criterio de elección. Según
este autor y sus seguidores resulta evidente que hay elección de medios sin insuficiencia así como también hay insuficiencia de
medios sin elección.
Plantea que existen dos maneras de definir lo económico: la formal y la sustantiva
El significado sustantivo de económico deriva de la dependencia del hombre, para sus subsistencia, de la naturaleza y de sus
semejantes. Se refiere al intercambio con el medio ambiente natural y social, en la medida que este intercambio tiene como
resultado proporcionarle medios para su necesaria satisfacción material.
El significado formal de económico deriva del carácter lógico de la relación medios-fines...” (1976:155)
El énfasis en lo empírico por sobre lo formal caracteriza a los autores de la vertiente sustantivista.
Para este autor el sistema económico es un proceso institucionalizado. El término “proceso” carece aquí de un sentido histórico
preciso y se refiere al movimiento de los bienes. La circulación de bienes se realiza a partir de cambios de apropiación (cambios
de manos) y modificaciones de localización. Todos los aspectos de la vida económica estan incluidos dentro este proceso.
Los sistemas económicos empíricos logran unidad y estabilidad mediante distintas formas de integración. En realidad, las
formas de integración resultan ser formas de intercambio. En las economías sin mercado, los mecanismos institucionales son la
reciprocidad que plantea movimientos de bienes entre puntos simétricos y la redistribución, en la que los movimientos se
realizan en principio hacia un centro concentrador. Desde esta perspectiva, la racionalidad económica se centra en la
satisfacción de las necesidades materiales según los distintos requerimientos institucionales y no sobre la maximización de los
beneficios individuales.
Desde la concepción sustantivista, la racionalidad económica no es comprendida sino desde las instituciones. La economía
primitiva se encuentra “incrustada”, enredada en instituciones económicas y no económicas. En este sentido, la inclusión de lo
no económico, resulta fundamental y constituye una de los ejes a partir de los cuales se sustenta la polémica. Las instituciones
cumplen mas de una función y en las posiciones mas extremas, se plantea la inexistencia de instituciones económicas
específicas en las economías primitivas.
La economía’ es algo que generaliza la función de los grupos sociales y de las relaciones, especialmente los grupos y las
relaciones de parentesco. La economía es mas bien una función de la sociedad que una estructura, porque el armazón del
proceso económico, la proporcionan los grupos concebidos clásicamente como ‘no económicos’ ” (1972:91).
La concepción de Dalton de economía primitiva se manifiesta (al igual que en otros autores sustantivistas) en la ausencia de
características de la economía industrial de mercado tales como la falta de tecnología mecánica, de organización de mercado,
de moneda, etc.
En las economías primitivas, las transacciones económicas no pueden entenderse fuera de las obligaciones sociales.

La critica neomarxista.
Godelier plantea acertadamente que la polémica entre formalistas y sustantivistas se refiere a dos problemas:
1. - La naturaleza de lo económico, ámbito en el cual se reproduce en la antropología las discusiones que se desarrollan en la
ciencia económica.
2. - La naturaleza de la antropología. Se trata de una disciplina regional que analiza algunos tipos de sociedad o es una ciencia
universal cuyas reflexiones abarcan todo tipo de agregados sociales, conteniendo así la posibilidad de convertirse en la síntesis
de todas las ciencias sociales (Godelier,1974).
Según este autor, los formalistas retoman la definición neoclásica de la economía cuyo sustento se encuentra en la relación
“medios escasos-fines alternativos”. De acuerdo a la misma, el objeto de la ciencia económica se disuelve, desde esta
concepción no es posible distinguir la actividad económica de cualquier otra actividad destinada a un fin.
Otro aspecto cuestionado de la construcción formalista es la concepción atomista. Los diferentes conjuntos sociales (mercados,
sectores económicos, economías nacionales e internacionales) son vistos como agregados de los comportamientos
individuales. Lo macroeconómico es resultante de un proceso de agregación microeconómico.
El formalismo confiere al individuo una psicología y comportamiento universal que se corresponden con determinado período
histórico y dentro del marco específico de relaciones de producción capitalistas-mercantiles.
La definición formal de la economía aparece como expresión ideológica de la sociedad capitalista proyectada sobre un conjunto
heterogéneo de formas sociales, desconociendo la particularidad y especificidad de sus relaciones sociales.
El análisis de sociedades concretas niega la hipótesis de la existencia de una escasez universal. Esta postulado ya había sido
rechazado por los sustantivistas. Godelier señala que en la práctica, los autores enrolados en la corriente formalista suelen
abandonar sus supuestos y de hecho analizan las relaciones sociales que rigen la producción, distribución y consumo de bienes
materiales en una sociedad determinada. Este no es ni mas ni menos que el objeto clásico de la escuela sustantivista que
retoma las tesis de la Economía Política Clásica. Para Polanyi y sus seguidores, el objeto de la Antropología Económica
consiste en estudiar las estructuras de la producción y distribución de los medios materiales necesarios para el funcionamiento
de una sociedad. Para la escuela neomarxista, la propuesta sustantivista resulta insuficiente, dado que solo proporciona
constataciones empíricas desprovistas de toda capacidad explicativa.
Las tres formas de integración económica (reciprocidad, redistribución e intercambio de mercado) constituyen tres formas de
reparto de bienes. Ya los fisiócratas y Ricardo habían demostrado que las estructuras productivas resultan de mayor relevancia
que las de distribución y desde el marxismo se planteaba que la distribución de los medios de producción marcaba el tipo de
relaciones sociales de producción. El rasgo específico de un sistema económico no es la circulación de sus productos sino el
modo social de producción. Existe un clara relación jerárquica entre el modo de producción y el modo de circulación.
Las proyecciones del debate
Ambas posturas planteaban una construcción dual: economías primitivas-economías de mercado, presentándolas como
compartimentos estancos. Martinez Veiga (1990) plantea que, en realidad, la concepción de los sustantivistas, cuyo énfasis esta
puesto en las economías primitivas, lleva al desarrollo de una “economía antropológica” de características absolutamente
regionales.
El discurso sustantivista se caracterizó por un halo romántico que cuestionaba las características de la economía de mercado,
al tiempo que denostaba acertadamente la posibilidad de considerar la tierra y la fuerza de trabajo como simples mercancías.
Por su parte el formalismo hacia suya cierta visión según la cual la racionalidad, la única racionalidad, se encontraba en la
economía de mercado.
Cuando los autores enrolados tanto en el formalismo como en el sustantivismo, realizaron investigaciones de campo,
abandonaron o relativizaron sus supuestos teóricos ante las dificultades metodológicas para confirmarlos.
El discurso de Godelier reproduce la construcción bipolar de la polémica entre formalistas y sustantivistas. Para Godelier, la
oposición se da entre las propuestas metodológicas de una economía marxista y otra no marxista. La primera provista de un
instrumental teórico capaz analizar las condiciones de surgimiento y evolución de los sistemas socioeconómicos, mientras que
la segunda, de características marcadamente residuales, resulta desprovista de cualquier capacidad explicativa.
Los formalistas intentaron analizar el proceso empresarial en “sociedades primitivas” , las respuestas a la introducción de
nuevas tecnologías y las motivaciones para el comercio mientras que los sustantivistas se concentraron en investigar los
mecanismos institucionalizados de intercambio , las características de los mercados y el impacto de la moneda en las
“economías primitivas”
Ambas corrientes se centraron en los procesos de intercambio, diferenciándose en que mientras los sustantivistas partían de
una concepción institucionalista, los formalistas lo hacían desde una posición atomista. Dicha posición atomista es retomada por
los continuadores de las escuela formalista, que realizan investigaciones enmarcadas en lo que Orlove denomina
acertadamente “teoría de la decisión”. El propósito de estos autores es analizar “en los términos mas amplios posibles”, en que
medida determinadas construcciones culturales, sociales y materiales influyen en el mecanismo de opción de los individuos
entre distintos comportamientos alternativos
Apoyados en el desarrollo de la antropología cognitiva estudian tanto el los procesos decisionales como los resultados que
generan.
La noción de racionalidad ocupa un lugar central en esta corriente teórica. La racionalidad del actor se da por descontada y
consiste en su capacidad para evaluar comparativamente las distintas opciones, su clasificación en una estructura jerárquica y
la acción en consecuencia del logro del objetivo seleccionado.
De esta manera cada elección es una privación (o mejor dicho, múltiples privaciones). De acuerdo con esto, la racionalidad es
de los actores (no de los sistemas económicos) y el costo de oportunidad, el sustento sus decisiones. Según Orlove el enfoque
de los “teóricos de la decisión” se diferencia del formalista por la adopción de modelos mas precisos de adopción de decisiones
debido al aporte de la Antropología cognitiva. En realidad, el enriquecimiento se debe que se complejiza el escenario de
elección del actor merced a la inclusión de un “cuadro de situación” mas amplio en el cual tienen mayor incidencia las
“preferencias personales” y la consideración de los “rendimientos sociales”.
Plattner se muestra en alguna medida coincidente con las posturas de los “teóricos de la decisión”, pese a rescatar el concepto
de incrustación( la economía esta incrustada que la economía es un aspecto de la vida social mas que un segmento de la
sociedad) cuyo origen, como ya hemos señalado, se encuentra en la escuela sustantivista. Para este autor, el debate entre
formalistas y sustantivistas pierde vigencia por la aceptación “generalizada” de ciertas premisas. La propuesta sustentada por
los teóricos de la decisión se muestra mas eficaz para analizar el fenómeno “precio” mientras que la desarrollada por los
culturalistas resulta pertinente para explicar las características del intercambio.
Si los formalistas encontraron en los teóricos de la decisión sus continuadores dado que recogieron con entusiasmo los
principales elementos desarrollados por esta escuela y las enriquecieron con modelizaciones mas amplias y complejas, las
investigaciones sustantivistas fueron continuadas por un grupo de antropólogos que plantearon la vigencia de un orden cultural,
cultural y cognoscitivo, valorativo y simbólico a partir del cual se debían interpretar los actos económicos.
Kopytoff señala que la producción de mercancías es también (además de un hecho económico) un proceso cultural y
cognoscitivo. Que cosas son consideradas mercancías y cuales no, es el resultado de un proceso clasificatorio. Para este autor,
“... las mercancías son un fenómeno cultural universal”; lo que es particular, singular y específico de cada construcción cultural
es el proceso mediante el cual son intercambiadas.
Por el contrario, Douglas e Isherwood consideran que los bienes resultan necesarios para hacer evidentes y estables las
categorías de la cultura. Alejándose de cualquier interpretación utilitarista e higienista las mercancías tienen, además de su
valor de uso, la cualidad de establecer y mantener relaciones sociales (1990:74-75). La función principal que tiene el consumo
de mercancías es la capacidad para crear sentido.
Para esos autores, el consumo de mercancías contribuye a la construcción de un orden simbólico y responde a la necesidad de
toda sociedad de disponer de ciertas formas convencionales para seleccionar y fijar significados que sean producto de un
acuerdo elemental. Esta selección y fijación se realiza en la sociedad mediante la práctica de rituales.
Orlove (1986) señala que la corriente culturalista entiende a las economías como sistemas, realizando esfuerzos por establecer
las correspondencias entre lo económico y el sistema social, recuperando de esta manera los postulados clásicos de la Escuela
Sociológica Francesa.
La preocupación de los autores enrolados en esta corriente consistió establecer la preeminencia de un orden cultural sobre el
sistema económico en sociedades particulares.
Los autores culturalistas no constituyen una corriente homogénea, ni tampoco representan la continuidad mecánica del
sustantivismo. Sin embargo, más allá de los matices, rechazan la concepción atomista de los económico y reconocen que el
orden cultural resulta altamente significativo para la determinación del valor.

Reflexiones finales.
El estigma de la Antropología como ciencia de las sociedades primitivas y consecuentemente la Antropóloga Económica como
la disciplina que estudiaba las “economías primitivas” conducía a caminos sin salida, no por la anunciada “pérdida del mundo
primitivo” (Kaplan y Manners,1981) sino por la imposibilidad de concebir procesos económicos en los que se relacionan una
multiplicidad de formas sociales y en los cuales prima la lógica de acumulación capitalista
Las ciencias sociales como señala Wolf, resultaron impotentes para la comprensión de un mundo interconectado. La Economía
Política, la Sociología, y la Historia centraron sus investigaciones en el “mundo civilizado”
El espacio de la Antropología Económica podrá consolidarse a partir de la redefinición de sus relaciones con otras ciencias
sociales, de su objeto de estudio y de sus planteos teórico-metodológicos antes que debido a su fusión en una “gran ciencia
social”. El materialismo histórico, mas que constituir un ámbito hegemónico al cual fueran anexadas las distintas ciencias
sociales, constituyó un paradigma que permeó las mismas sin que estas perdieran su especificidad.