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LA CLAVE CULTURAL
Desafíos para la transformación Argentina en el Siglo XXI

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Desafíos para la transformación Argentina en el Siglo XXI

Ricardo Luis Alfonsín es el tercer hijo de los seis que tuvieron Raúl Ricardo Alfonsín 4 • LA CLAVE CULTURAL y María Lorenza Barreneche. Nació el 2 de noviembre de 1951, en Chascomús, provincia de Buenos Aires, la que si bien por aquellos años ya había alcanzado el estatus de ciudad, conservaba aún el encanto de los típicos pueblos de clase media, forjados con el impulso de las corrientes inmigratorias. En su historia familiar se refleja la Argentina de la movilidad social ascendente que a principios del siglo XX constituía la esperanza de toda la Nación: bisabuelo inmigrante analfabeto vendedor de cueros, abuelo comerciante de ramos generales y padre abogado que llegó a Presidente de la Nación. Hasta iniciar su carrera universitaria, toda la educación escolar la recibió en la Escuela Normal N° 1 de su ciudad, donde se recibió de maestro. Luego llegó también a dictar clases de Educación Cívica en sus mismas aulas. Se trasladó a Buenos Aires para recibirse de de abogado en la Facultad de Derecho de la UBA, luego de lo cual empezaría a trabajar en el estudio jurídico de su padre. Por aquellos años también comenzó a militar en la Unión Cívica Radical, primero en su ciudad, y luego en la provincia de Buenos Aires. En agosto de 1982, pocos meses después de la Guerra de Malvinas, se casó con la artista plástica Cecilia Plorutti, también nacida en Chascomús, con quien tuvo cuatro hijos. Al año siguiente Raúl Alfonsín asumía el Gobierno de la democracia recuperada en la Argentina, tras siete años de dictadura militar. Durante ese período Ricardo desempeñó el rol discreto que el recato impone a los hijos de un presidente, más allá de que siempre se mantuvo atento a las problemáticas públicas. En 1993 obtuvo su primer cargo partidario a nivel nacional como convencional de la Unión Cívica Radical. Seis años más tarde su primer cargo electivo: diputado provincial por Buenos Aires. En medio del avance neoconservador, desde su banca se convirtió en claro defensor del Estado presente, al servicio de los más necesitados y del interés nacional. Al finalizar su mandato en la Legislatura bonaerense ocupó la Secretaría de Relaciones Internacionales de la Unión Cívica Radical. En 2007 fue candidato a gobernador, junto a Luis Brandoni. Aun cuando la derrota no fue una sorpresa, el ejercicio democrático de la campaña le permitió conocer cada ciudad, cada pueblo, cada historia de su provincia, lo que lo diferenció de aquellos que apostaban a la mediatización de la política. En las elecciones legislativas de 2009 fue electo diputado nacional por primera vez, al integrar la lista del Acuerdo Cívico y Social de la Provincia de Buenos Aires, como segundo candidato. A poco de asumir su banca el 10 de diciembre, fue elegido por sus compañeros de bancada y después por el resto de sus pares, como Vicepresidente Primero de la Cámara de Diputados de la Nación. Ahora, desde la Unión para el Desarrollo Social, impulsa su candidatura a Presidente de la Nación con vistas a las elecciones de 2011, con el objetivo de siempre: construir la Argentina de la movilidad social ascendente en la que él y muchos argentinos se criaron. Esta vez con la libertad conquistada y la igualdad como destino a alcanzar.

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Desafíos para la transformación Argentina en el Siglo XXI
Esta trabajo ha sido realizado por: Pablo Alessandrini Jorge Almeida Rodrigo Andrade Brenda Austin Rodolfo Bacciadonne Mónica Barbero Anibal Barengo Juan Beati Diego Berardo Tomás Binder Luis Brandoni Agustín Campero Alejandro Cheszes Jorge Covián Gustavo Cultraro Osvaldo Delgado Alejandro Ferrari

Gerardo Filippelli Pablo Galeano Jorge Goldenberg Esteban Lopresti Carlos Márquez Félix Memelsdorff Ana Sol Minervini Santiago Moscovich Esteban Moore Regina Nabhen Santiago Olivieri Juan José Pi de la Serra Diego Pimentel Luis Quevedo Pedro Sorrentino Ricardo Tejerina Facundo Vicente

20ll. ALFONSÍN.

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“Libertad e igualdad es el mandato que proviene desde lo más profundo de nuestra argentinidad, el mismo que refleja las estrofas de nuestro Himno, y que aún inflama nuestros corazones.” RICARDO ALFONSÍN

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Índice

PRÓLOGO ........................................................................................................ 13 UNA DEFINICIÓN DE CULTURA ................................................................. 18 Show y hegemonía o multiculturalidad, ecumenismo y diversidad. ................................................................................................... 20 LAS OTRAS EXPERIENCIAS ........................................................................... 23 De Malraux al hiperconsumo .................................................................... 25 LA NUEVA INSTITUCIONALIDAD DE LA CULTURA ................................. 29 RECURSOS Y PRESUPUESTO ....................................................................... 33 Aumentar la inversión con el propósito de hacer ................................ 33 LA ACCIÓN CULTURAL COMO EJE DEL DESARROLLO REGIONAL Y NACIONAL ............................................................................... 36 Desarrollo de corredores, polos y puntos de producción y difusión cultural ........................................................................................ 37 LA CULTURA EN LA ERA GLOBAL: DE ARGENTINA AL MERCOSUR Y AL MUNDO ...................................................................... 41 Mercosur Cultural ......................................................................................... 41 Política Cultural Externa Argentina ......................................................... 43 DE LA RECUPERACIÓN DE LA IDENTIDAD AL SOSTENIMIENTO DE LAS ARTES ........................................................... 46 Patrimonio ...................................................................................................... 47 Acción cultural y las minorías, los grupos de riesgo y la discapacidad ........................................................................................... 50 Pensando el arte no formal con voluntad federal ................................ 53

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UNA APUESTA ESTRATÉGICA: EL ROL DE LAS INDUSTRIAS CULTURALES. .............................................. 56 Políticas sectoriales ...................................................................................... 59 CULTURA EN LA ERA DIGITAL ..................................................................... 63 Nuevas Tecnologías ...................................................................................... 63 Diseño .............................................................................................................. 66 MEDIOS PÚBLICOS ........................................................................................ 69 ¿Medios públicos o medios del Gobierno? ............................................ 70 Un cambio a favor de la pluralidad y la democracia ........................... 71 Ley de publicidad oficial y Ley de acceso a la información ................ 73 Pensando en clave de futuro ..................................................................... 75 COROLARIO ..................................................................................................... 77 Anexo síntesis de propuestas ................................................................... 79 CULTURA ......................................................................................................... 81 MEDIOS PÚBLICOS ....................................................................................... 87

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PRÓLOGO

Cultura y Medios representan para mí dos pilares esenciales para la construcción democrática moderna. Me he impuesto el desafío de disputar la Presidencia de la Nación, convencido de que podemos cambiar la Argentina y sé que para ello necesitamos políticas culturales y de comunicación consecuentes con la pluralidad, la diversidad, la multiculturalidad, la promoción, la creatividad y la innovación. En tal sentido, lo que aquí desarrollamos es el fruto del trabajo serio y comprometido de los Equipos Técnicos que me acompañan, y se traduce en sólidas bases que fundamentan nuestra propuesta con ambición transformadora y perfil progresista. Sin otros prolegómenos, debo decir que las políticas culturales deben articularse en el universo tripartito del Estado, las Organizaciones y la Sociedad puesto que producen un corte transversal, multidireccional e interactivo de los tres campos. Devienen de la unidad que conforman las ideas y la voluntad y definen las formas en que fluirá la producción simbólica y la vocación por dar sentido y significado en el marco de la República y la democracia. La Unión Cívica Radical acredita una larga tradición fundada en convicciones como la diversidad cultural, la pluralidad expresiva, el respeto por las minorías, el reconocimiento de la identidad originaria y la conservación del patrimonio material e

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inmaterial de la Nación. Del mismo modo que se caracteriza por la fuerte incidencia que ha tenido a lo largo de la historia en el desarrollo de las industrias culturales de origen nacional y el impulso y promoción de los diferentes lenguajes del arte. Este ideario se completa con el cumplimiento demostrado por todos nuestros Gobiernos a los tratados, pactos y normas internacionales, que articulados con la legislación nacional, se orientan al reconocimiento de los derechos del hombre, ya sean ellos de carácter político, social o cultural. La huella de la UCR en cuestiones culturales y en la construcción de ciudadanía es profunda y permanente; y dada la transversalidad de la cultura, se compone de hitos fundamentales que abarcan cuestiones tales como el sufragio universal con Hipólito Yrigoyen, la defensa del patrimonio nacional con Arturo Illia y la recuperación de la democracia con Raúl Alfonsín. En suma, la acción cultural siempre estuvo dirigida a la construcción de valores comunes y a la movilidad social ascendente, objetivos insustituibles de las políticas culturales democráticas y participativas. Dado que entendemos a la cultura como un derecho humano básico y una herramienta de transformación e inclusión social, nuestro propósito será dar sentido progresista a este campo de acción a través de políticas públicas capaces de hacer efectiva la universalidad del derecho a la cultura y la plena defensa de la libertad de expresión. La comprensión del mundo contemporáneo globalizado constituye un desafío. Debemos buscar nuevos equilibrios y reparar las relaciones asimétricas que las nuevas tecnologías de la comunicación producen. Las transformaciones fluyen vertiginosamente a través de la híperconectividad. Hoy, los bienes y

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servicios simbólicos de las industrias culturales, creativas, turísticas y de las comunicaciones se erigen en el principal flujo económico mundial, superando con holgura a los bienes industriales, a la energía, o a los otros diversos y variados rubros de consumo. La cultura es la raíz de la lucha por el significado. A diferencia de los bienes corrientes, los culturales gozan de excepcionalidad, puesto que además incorporan ideología e identidad. La soberanía nacional ya no se basa solamente en la posesión y defensa del territorio, sino en la manera en que el Estado Nación se relaciona con el mundo a través del intercambio de bienes simbólicos o de la forma en que esos bienes circulan y se distribuyen. Si la cultura es la totalidad de la producción material y simbólica del hombre, a través del tiempo y del espacio, con la finalidad de comunicarse, interactuar y generar significación; nuestro cometido de gobierno consiste en afirmar los valores culturales nacionales, para integrarnos al mundo con identidad propia, a fin de de alcanzar el desarrollo y crecimiento de nuestro pueblo con igualdad y libertad. Desde la Unión Cívica Radical promovemos una propuesta cultural superadora, integradora y democrática, acorde con la historia partidaria que se emparenta con la nacional, producto de haber sido la UCR protagonista fundamental de la vida Argentina a lo largo de su centenaria existencia. En tal sentido es que aceptamos el desafío de los tiempos que corren y desde el Gobierno Nacional nos proponemos sentar las bases de una política cultural activa y federal –con categoría de política de Estado–, cuyo sujeto es el ciudadano; el propósito: el desarrollo social; el sentido: el reconocimiento de nues-

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tra identidad; el fundamento: la diversidad y la multiculturalidad, y el sostén ideológico: las convicciones que nos identifican inequívocamente con la libertad y la igualdad. Para concretar estas aspiraciones reformaremos las instituciones de la cultura y de la libertad de expresión, empezando por crear el Ministerio de Cultura y Medios de Comunicación; puesto que no hay posibilidad de transformación eficiente sin que ello se vincule con las formas en que el Estado se organiza. Pero sabemos que no es suficiente. Por ello, en esa misma dirección se orienta el incremento presupuestario que prevemos, tendiente a dotar de recursos progresivos y genuinos a las reformas estructurales que promovemos. Sólo así podremos tener verdaderas políticas culturales eficientes, capaces de colaborar, resolver o intervenir positivamente en el conflicto constante que se libra en el campo social, tanto por la definición del significado simbólico como por la propiedad y distribución de la riqueza material. Para ello habremos de reelaborar el Mapa Cultural de la Argentina, impulsaremos las regiones, relocalizaremos organismos, descentralizaremos entes, planificaremos las industrias, diseñaremos corredores, polos y puntos, asignaremos responsabilidades al sector privado y al estatal, censaremos al patrimonio cultural y a los artistas a fin de elaborar un Registro Nacional del Arte y la Cultura, promoveremos la difusión cultural, la pluralidad de voces, la producción, distribución y exhibición, y defenderemos y repararemos las deudas de nuestra identidad histórica, entre tantas otras cuestiones impostergables a las que nos abocaremos desde el primer día de nuestro Gobierno, mirando siempre hacia el futuro, pero a través de la conservación de la memoria y el aprendizaje de la historia.

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Párrafo aparte y final merecen las políticas de servicios audiovisuales y comunicacionales del Estado, dado que el debate sobre medios de comunicación se ha transformado en una trampa con derivaciones nocivas para las instituciones y la sociedad. Parecería que no se puede criticar lo actuado por el Gobierno sin pasar, automáticamente, a militar en las filas de intereses corporativos o del mercado de la información y las comunicaciones, y que no se pueden considerar aspectos que hacen a la pluralidad de mensajes y emisores, sin estar instantáneamente identificado con el oficialismo. Ambas cosas son falsas, pues los instrumentos actuales merecen ser perfeccionados y las voces diferentes no son atendidas y amplificadas, precisamente, por el supuesto Gobierno reformador. La Unión Cívica Radical tiene una definida posición histórica en defensa de la libertad de expresión, de la pluralidad de medios, de la existencia de medios públicos que pertenezcan al Estado y no al Gobierno de turno, y de que estos no deben existir para producir y hacer las mismas cosas que hacen los medios privados comerciales. En consonancia con estas ideas se orienta nuestra propuesta programática de cultura y medios, cuyos detalles y pormenores pongo a consideración de mis conciudadanos a través de esta publicación.

RICARDO ALFONSÍN

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UNA DEFINICIÓN DE CULTURA

Cuando participamos en una reunión por primera vez, y dependiendo del grado de formalidad o informalidad del encuentro, lo que hacemos es presentarnos, decir quiénes somos, a qué nos dedicamos o de dónde venimos. Si la entrevista es de orden laboral o profesional acreditamos nuestros dichos con recomendaciones, documentos, certificados o títulos. Si se tratase de una consulta médica incorporamos análisis, placas y estudios. Si el encuentro tiene un fin comercial destacamos, además, las bondades del producto que ofrecemos, nos detenemos en los detalles más sobresalientes y hacemos hincapié en las fortalezas del mismo. En paralelo, tratamos de asociarnos y colaborar con quienes tienen lazos en común con nosotros, estableciendo de este modo una red protectora ante todo aquello que pueda representar algún riesgo o peligro. En todos los casos nos damos a conocer y comentamos lo que hacemos, lo que producimos. Mientras tanto, nos relacionamos, desarrollamos e intercambiamos experiencias. De hecho, siempre se trata de una manifestación de la propia cultura e identidad, de la que se desprenderán –con mayor o menor grado de precisión– nuestras preferencias y gustos de consumo, o nuestras ideas y comportamientos sociales, o incluso nuestras visiones y temperamentos respecto de la política, la economía y las instituciones.

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Si llevásemos esta descripción a un plano macro, estaríamos hablando de lo mismo pero desde la perspectiva amplia del Estado, haciendo foco en la sociedad, las organizaciones y el mundo global. En ese contexto emerge la cultura como concepto integral y ocupa un lugar central, puesto que la referencia cultural será la que a menudo ayudará a definir fielmente el ordenamiento económico, social y político de la Nación. Así las cosas, definir cultura se vuelve necesario. Atravesando la aproximación poética con profundo trasfondo político de Edgar Morin1 que la entiende como todo aquello que media entre la realidad y los sueños, y la taxonomía rigurosa de los antropólogos clásicos, que la definían como todo lo existente que “no es naturaleza”, resultante que al decir de García Canclini ayudó a superar las formas primarias del etnocentrismo,2 diremos que cultura es aquello que involucra a todos los procesos de producción simbólicos y materiales del hombre, desarrollados a través del tiempo y el espacio, con el propósito de intercambiar, comunicar y dar significado. Es decir, exactamente lo mismo que planteamos con el ejemplo inicial, aunque con las formas y la rigurosidad exigibles a un marco conceptual. Asimismo, en términos más bien políticos nuestra idea de cultura es entenderla como un derecho humano básico y una herramienta de transformación e inclusión social. Pero cuidado, en tanto proceso de elaboración simbólicomaterial, derecho humano y herramienta transformadora, la

1 Filósofo y sociólogo francés. En 1999, auspiciada por Unesco, se creó la cátedra itinerante sobre pensamiento complejo que lleva su nombre. 2 Néstor García Canclini, Diferentes, desiguales y desconectados, GEDISA, Barcelona, 2004.

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cultura no es impermeable a las tensiones ideológicas y territoriales, ya que éstas estan implícitas en su tejido, el que se expande como una red que articula relaciones, produce conflictos y alcanza consensos. Así como hay quienes han querido apropiarse de ella como “patrimonio natural de una etnia”, o incluso como “privilegio integrador de una clase”, también hay quienes se han servido de las herramientas de difusión y multiplicación de la cultura para afianzar autocracias y hegemonías. En las antípodas de estas dialécticas, nuestro cometido radica en promover y afianzar la cultura como un derecho humano básico a través de políticas públicas diseñadas con ese propósito y fundamentadas en acciones cuyos objetos son la identidad, las instituciones, las artes y las industrias culturales; todo ello en pos de construir ciudadanía, inclusión, movilidad social ascendente y desarrollo económico. Por eso, en el tiempo histórico y contexto nacional, regional y global en que nos toca dar testimonio, el debate de las ideas vuelve a cobrar sentido.

Show y hegemonía o multiculturalidad, ecumenismo y diversidad.
Una arbitraria reducción de lo que es la cultura sería pensarla como sinónimo de alguna (o de todas) las formas del arte, o de las cuestiones eruditas, o de un espectáculo, o de un museo, o de una biblioteca, o de un comportamiento, o de un evento, o de una ideología y la enumeración podría seguir. Sencillamente, porque como hemos observado, la cultura es el continente de todo lo antedicho, no su igual.

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No obstante, estas valoraciones no son siempre inocentes ni un involuntario error conceptual, puesto que reducir la significación y alcance de la cultura es una política en sí misma; del mismo modo que lo es utilizarla como motor de la propaganda hegemónica. Entendemos que es más valioso y deseable promover y afianzar las concepciones más extendidas de la misma, como medio e instrumento, para construir la convivencia democrática en el marco de un encuentro multicultural, que integre a mayorías y minorías, ya sean éstas políticas, religiosas, étnicas o sexuales, poniendo fin a las pasiones hegemónicas. Es curioso, pero parecería que cuando hablamos de estos temas, implica hacerlo de cosas que suenan bien pero son muy intangibles, a veces decididamente abstractas o demasiado remotas, muy farragosas y demasiado complicadas; sin embargo nos hemos propuesto desarrollarlas de una manera más sencilla, puesto que, además, nos interesa sobremanera el componente popular de la cultura: lo preservado en las memorias locales de los lugares más recónditos y pequeños del país, lo que se expresa en los espacios públicos urbanos a través de colectivos anónimos que dejan su huella en graffitis, los niños y niñas jurando la bandera en una escuela rural o urbana, lo que cambia y se transforma con vértigo o con lentitud, o lo que conmueve al mismo tiempo al espíritu y a la razón Pensar una política cultural con rango de política de Estado, exige saber primero a qué concepto de cultura adscribimos. Esto es: a la del mero espectáculo, que lo que requiere son espectadores; o a la del autoritarismo y la hegemonía –que totaliza una parcialidad– y lo que demanda son fanáticos; o a la que proponemos, consistente en la legítima construcción de sentidos que vinculan, promueven, interrelacionan y nos ayudan a

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comprendernos y aceptarnos en una diversidad de alcance ecuménico, a través de instrumentos como las leyes, procedimientos como el diálogo y valores como el respeto. Si consideramos que los pueblos responden política y socialmente de acuerdo con sus referencias culturales, debemos dar un salto de calidad en lo que respecta a las políticas culturales en nuestro país, tendiendo a la alimentación del espíritu además del cuerpo, pues como decía Federico García Lorca: “Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social”.3 Ese salto debe orientarse en la homogeneización institucional de la cultura pública en base a un Plan Federal que promueva el dinamismo local y regional, pero que al mismo tiempo contemple la integración latinoamericana y las relaciones en el concierto mundial. En la generación de un presupuesto que permita el desarrollo efectivo de una acción cultural de alcance nacional que supere barreras espaciales, geográficas y simbólicas. En la preservación de nuestra identidad a partir de la revalorización de lo propio, la promoción de las artes, la planificación de las industrias culturales y el impulso de las nuevas tecnologías aplicadas a la difusión cultural. De tal modo, cuando hablemos de cultura, lo que en verdad estaremos haciendo es hablar de futuro.

3 Federico García Lorca, Medio pan y un libro, alocución al pueblo de Fuente Vaqueros (Granada). Septiembre de 1931.

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LAS OTRAS EXPERIENCIAS

Antes de desarrollar las ideas fuerza que nos lleven a las propuestas concretas, necesitamos comentar brevemente algunas otras experiencias en lo que respecta a políticas culturales, y con el mismo propósito la forma que adquiere la cultura en las estructuras gubernamentales. Esta descriptiva ayudará a entender el por qué de nuestras posiciones, reflexiones e iniciativas, ya que las características de los modelos organizativos son, en buena medida, determinantes de la gestión y consistentes con la idea de cultura del Estado en cuestión. En el mundo, a grandes rasgos, existen cuatro modelos de organización de la cultura como área de gobierno: el modelo ministerial (predominante en Europa), el de secretarías o subsecretarías de Estado (de fuerte incidencia en América Latina y el Caribe y variante del anterior), el de consejos o institutos (típico de los países nórdicos con mayor horizontalidad decisoria, funcional a tipos de gobierno más amplios y menos intervencionistas, aunque no ausentes) y, finalmente, el modelo estadounidense que carece de una cartera o ente concentrador estatal específico, pero que está presente a través de agencias federales autárquicas (National Endowment for the Arts y el National Endowment for the Humanities), cuyas autoridades, nombradas por el Presidente, deben ser ratificadas por la Cámara de Senadores), y una serie de agencias similares a las ya menciona-

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das pero de alcance local, además de un conjunto de organizaciones no gubernamentales que conforman un amplio sector filantrópico, que en no pocos casos se complementan con las poderosas industrias culturales de ese país. Asimismo, la multilateralidad del mundo globalizado discute estos temas imprescindibles e insoslayables para los Estados en los principales foros y organismos internacionales a nivel mundial. En la Unesco (Organización de Naciones Unidas en su orientación específica sobre temas de educación, ciencia y tecnología y cultura) por ejemplo, y –dada la incidencia económica que en progresivo aumento tienen los productos culturales– también en la Organización Mundial del Comercio, donde son ingentes los esfuerzos de EE.UU. para imponer la categoría de bien de consumo a los bienes culturales (a pesar del debate interno al respecto, sostenido entre las fuerzas creativas y las del mercado), cuestionando la excepcionalidad de la que gozan los mismos hasta el momento. En cuanto a la órbita regional la temática transcurre por las Cumbres Iberoamericanas, de las Américas, Mercosur, organizaciones no gubernamentales, etcétera. De alguna manera esta necesidad organizativa, que influye –en tanto modelos de gestión– sobre la política interior y exterior de las naciones, lo que demuestra es la importancia que tiene la producción de valores simbólicos en el mundo globalizado dado su impacto social, productivo, comercial, presupuestario y soberano. Para encarar con éxito la misión que tenemos por delante hay que saber de qué se trata, cómo funciona y qué cambios necesita la estructura local, cuál es la suerte corrida en la órbita

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regional y qué panorama encontraremos en el plano global. En paralelo, bueno es saber qué experiencias han atravesado otras naciones, pues las políticas públicas deben imbricar el relevamiento de la experiencia histórica con la potencialidad de la acción futura.

De Malraux al hiperconsumo
Tal vez una de las experiencias más paradigmáticas de transformación de la gestión cultural pública haya sido la que desarrolló André Malraux en la Francia de la incipiente Quinta República, iniciada a fines de la década del ’50 del siglo XX. Curiosamente, como creemos que ahora nos toca llevar a cabo a nosotros en la Argentina, la misión que tenía Malraux era salvar la cultura francesa.4 Su llegada implicó la creación del Ministerio de Cultura . El afamado escritor e intelectual devenido ministro, recibió una estructura pequeña y obsoleta, dedicada por entonces a una tarea de conservación precaria, carente de intenciones y presupuesto para pensar en la cultura como acción promotora de la integración nacional. Sin embargo, la convicción de Malraux y la decisión política del gobierno francés, produjeron lo que para muchos escépticos parecía una utopía: la transformación que recuperó a la cultura francesa y al mismo tiempo la irradió más allá de los límites de París, reuniendo nuevamente a una Nación atestada de un sinnúmero de barreras simbólicas.

4 Herman Lebovics, La misión de Malraux. Salvar la cultura francesa de la fábrica de sueños. Editorial EUDEBA, Buenos Aires, 2000.

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Aunque una interpretación ligera pueda considerarla como una declaración en extremo simple, la meta principal de la gestión Malraux era poner a la cultura disponible para la mayor cantidad de franceses, promover las obras de arte y del intelecto y enriquecerlas aun más.5 Por cierto que una lectura adecuada de ella lo que proporcionaría es la verdadera dimensión de esas propuestas en el tiempo y contexto histórico de su formulación, toda vez que no existían antes de su llegada ni la vocación, ni la estructura, ni los recursos para conseguir tales fines. En la práctica lo que hizo Malraux fue sembrar de Casas de Cultura la geografía francesa, diseñar políticas activas y revolucionarias para la época (que hoy llamaríamos en nuestro país: federales, aún a pesar de que el modelo francés hizo hincapié en la centralidad de la cultura de París), relacionar a la cultura con las otras áreas de gobierno con capacidad generadora (como las carteras políticas y económicas), y llevar adelante este gran desafío con un equipo idóneo, sin fisuras operativas y conocedores tanto de la función burocrática como el trabajo de campo en el territorio mismo. Cruzando el Atlántico y de vuelta en América, pero en Norteamérica en este caso y en particular en los EE.UU., la realidad es bastante diferente. El país que por volumen y penetración global posee la mayor industria cultural del mundo, no gestiona la cultura de manera muy diferente a lo que compete a cualquier otro sector de la producción (a pesar, insistimos, de las tensiones y debates que se dan en su interior). Los bienes culturales son parte fundamental de sus saldos exportables, generadores de grandes ganancias y efectivos difusores del ‘‘estilo
5 Op. Cit.

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de vida americano’’. La producción cultural de escala industrial está completamente ligada al sector privado y apunta a satisfacer la demanda de un mercado –propio y externo– que consume los bienes que su industria cultural produce en serie de modo masivo. El tratamiento diferente de la cultura en uno u otro lugar es, en cualquiera de los casos, una definición de la propia cultura, la que se mueve entre la prevalencia del ciudadano (es decir, reportando mayor interés sobre la condición sociopolítica del individuo), o del consumidor (cuando le asigna mayor importancia a la capacidad económica de éste último). El apretado resumen, si bien desprende nuestro juicio y valoración ideológica y política, no tiene por objeto principal calificar a los modelos enunciados, sino, más bien, clarificar el cometido de nuestra propuesta. Esta identificación de las otras posturas, formas y paradigmas, obedece a saber que en el mundo que se avecina, la revolución tecnológica –que avanza de modo vertiginoso– traerá consigo la complejización aun más definitiva de las relaciones culturales mundiales, puesto que los canales por donde fluyen los bienes culturales –cada vez con mayor velocidad y facilidades/dificultades de acceso– cambian permanentemente la relación entre productores, distribuidores y público. La era de la hiperconectividad ha inaugurado el consumo cultural a través de la pantalla portátil de una netbook o de un teléfono celular, dando una nueva vuelta de tuerca a la movilidad moderna, llevándola hasta el nivel de la hipermovilidad posmoderna, donde los contenidos culturales, creativos, o del entretenimiento, se descargan on-line y ya no sólo a domicilio – como permitía la TV– sino a la palma de la mano, en cualquier

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lugar del mundo o hasta donde llegue la Internet inalámbrica. Pensar la cultura estratégicamente requiere un profundo conocimiento anticipatorio del impacto que suponen las nuevas tecnologías, pero, al sólo efecto de seguir un orden, ello lo abordaremos en una capítulo posterior. En síntesis: identidad, modelo institucional, recursos presupuestarios, políticas activas, federalización, puntos de producción y difusión cultural, profesionalismo y mirada puesta en el porvenir, siguen siendo claves permanentes. En los tiempos actuales, y en el futuro próximo, las necesidades y urgencias que se ciernen sobre nuestro país, nos demandarán la creación de herramientas que posibiliten una gestión cultural pública y eficiente, reclamada desde hace mucho tiempo.

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LA NUEVA INSTITUCIONALIDAD DE LA CULTURA

Hemos definido una idea de cultura fundada en la diversidad y el ecumenismo, en la recuperación de los valores de la producción simbólica y, fundamentalmente, como un derecho humano básico y una herramienta de transformación e inclusión social. Repasamos las experiencias de organización gubernamental e internacional de la cultura que el mundo ofrece actualmente –o que ha ofrecido en la era contemporánea–, y destacamos la necesidad de diseñar políticas culturales y un modelo de gestión desde la órbita pública cuyos propósitos se enfoquen en preservar la identidad, planificar las industrias culturales y promover las artes. Pero, para lograr todo ello, necesitamos una nueva institucionalidad. Reformaremos pues las instituciones de la cultura y de la libertad de expresión a nivel nacional, empezando por crear el Ministerio de Cultura y Medios de Comunicación; puesto que no hay posibilidad de transformación eficiente sin que ello se vincule con las formas en que el Estado se organiza. En el marco de un Plan Federal discutiremos la necesidad de homogeneidad de las instituciones regionales y locales, a los efectos de poder llegar a todos lados en igualdad de condiciones y posibilidades. No obstante, sabemos que la imprescindible reforma burocrática-administrativa no es por sí sola suficiente. Por ello, en esa misma dirección se halla el incremento presupuestario que pre-

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vemos (ver Recursos y Presupuesto), orientado a dotar de recursos progresivos y genuinos a las reformas estructurales que promovemos. Elevar a categoría de Ministerio a la Cultura implica la materialización de la decisión política de transformación a nivel de las estructuras del Estado. Asignarle recursos para poder desarrollar la pretendida acción cultural, supone la efectividad conducente para poder llevar a cabo las ideas y las propuestas de las que hablamos. Ambas modificaciones funcionan juntas y resultan ser complementarias. Poder gubernamental formal para decidir y recursos genuinos para proceder y hacer. ¿Por qué un Ministerio y un Plan Federal? Partiendo entonces de nuestra concepción de cultura, creemos que debemos trabajar de manera conjunta la promoción de un espacio integral para la generación de políticas públicas nacionales en materia cultural y de medios, reformando la actual institucionalidad. A través de la creación del Ministerio de Cultura y Medios de Comunicación, generaremos un reconocimiento pleno del significado que la “cultura” tiene en la vida nacional. Lo hacemos con la convicción de poner fin a la postergación y a la falta de inversión en la materia, y fundamentalmente, estamos respondiendo a la necesidad de instalar un organismo público de alto nivel, con una amplia integración y participación, que tienda además, a ser funcionalmente descentralizado y territorialmente desconcentrado. Serán pues: la valorización de la diversidad cultural, el fortalecimiento de la cooperación y la consideración de la cultura como instrumento de cohesión social y desarrollo económico, los principales sostenes en la construcción de este ministerio, al

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que consideramos vía fundamental para potenciar el desarrollo de la cultura y la diversidad a nivel nacional. En su accionar el Ministerio de Cultura y Medios de Comunicación se centrará en principios tales como:
• El derecho a la cultura y a la libre expresión como derechos universales e inalienables de todos los ciudadanos. • La afirmación de la diversidad cultural como política de Estado, garantizando el derecho a conservar, enriquecer y difundir la propia identidad. • La valoración de la financiación pública y de la gestión estatal de la cultura y de las artes. • La promoción y desarrollo de las industrias culturales que aporten al crecimiento nacional y a la inclusión socioeconómica de los argentinos. • El fortalecimiento de las acciones y programas culturales a través de las redes sociales, activando políticas de gestión que procuren la interconexión, la integración territorial y la eliminación de barreras espaciales y geográficas.

Para lograr el efectivo cumplimiento de los principios básicos planteados anteriormente y en pos de promover una mayor representación y participación de la ciudadanía en su conjunto, el Ministerio contará con un nuevo Consejo Federal de Cultura con representación plural, democrática y de concepción federalista, el que tendrá a su cargo las siguientes tareas:
• Proponer y considerar las políticas culturales a desarrollar desde el sector público, procurando articular las mismas con el sector privado para asegurar la participación de las diferentes expresiones y protagonistas de la cultura nacional.

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• Establecer prioridades de la inversión pública y objetivos mínimos para los planes y programas nacionales de cultura, asegurando una equitativa distribución de los fondos entre distintas provincias del país. • Diseñar el Plan Anual de Cultura y elevarlo para su aprobación. • Apoyar a las regiones, provincias y municipios en la rehabilitación, remodelación y equipamiento de su infraestructura con fines culturales. • Propiciar la instrumentación de mecanismos de cogestión, en base a actividades afines, localización geográfica u otros criterios recurriendo a fórmulas interprovinciales e intermunicipales.

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RECURSOS Y PRESUPUESTO

El Presupuesto Nacional de Cultura es del orden de los 480 millones de pesos anuales,6 cifra que lo ubica en el 0,25 % del Presupuesto total. Es decir, un poco más de 11 pesos por habitante. La Unesco recomienda un mínimo del 1% para las naciones en desarrollo, por lo que nuestra primera decisión será triplicar el presupuesto anual destinado a Cultura, con el propósito de llevar adelante una gestión cultural pujante y eficiente, y acercarnos rápidamente a la pauta sugerida por el organismo multilateral de Naciones Unidas, referencia de la acción cultural y educativa a nivel mundial.

Aumentar la inversión con el propósito de hacer
Retomando los considerandos introductorios referidos a la magra inversión vigente, es apropiado considerar que la situación se agrava todavía más cuando se advierte que una gran parte de esos recursos están afectados a gastos corrientes como el pago de salarios, el sostenimiento de estructuras o requerimientos operativos de cada uno de los organismos o reparticiones relacionadas con el área (con un promedio que se ubica en el orden del 60%); lo que deriva, en el mejor de los casos, en la

6 Correspondiente al año 2009. Fuente SInCA.

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disponibilidad de algo más de un tercio del ya escaso presupuesto, para ser destinado a la promoción, fomento y desarrollo cultural, y a los fines propios de cada unidad, más allá de sus concretos funcionamientos. Asimismo, dado que las diferentes unidades componentes de la estructura de la Secretaría Cultura de la Nación tienen asiento en la ciudad de Buenos Aires, aunque jurisdicción nacional, la totalidad del gasto corriente (en personal y en servicios), tanto como la generación de empleo, opera en la órbita capitalina y subsidiariamente en la provincia de Buenos Aires, recibiendo cada una de ellas las ventajas de contar con un plan cultural que no ha puesto el acento en la federalización ni en el impulso al crecimiento regional. Está claro que cada provincia tiene su propio presupuesto cultural –cuya ejecución corresponde a cada gobernación y municipio–, pero no puede dejar de advertirse la desigualdad que supone que más de la mitad del presupuesto cultural nacional se vuelque en la ciudad cuyo promedio de inversión en cultura por habitante es de $ 169,25, es decir: 14 veces superior a la media del país. Por caso, el propio Presupuesto de Cultura en la ciudad de Buenos Aires (que asciende a 518 millones de pesos)7 supera largamente al de la Nación. El incremento presupuestario que prevemos no apunta a disminuir la oferta y la acción cultural que se desarrolla en la Ciudad, sino, por el contrario, el criterio en que nos basamos consiste en “igualar para arriba”. De esto surge que las otras regiones del país también accederán al desarrollo cultural en mejores condiciones y equilibrio de oportunidades.
7 Correspondiente al año 2009. Fuente Ministerio de Cultura de CABA.

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La escasez presupuestaria actual alcanza para verificar el poco interés por la cultura de la administración nacional (excepto en su variante de construcción hegemónica y discurso único propagado en los medios públicos) y la incapacidad para ver la potencialidad de desarrollo que la actividad cultural conlleva. Estas carencias suponen la no comprensión de los mensajes del mundo actual en donde existe un proceso creciente de carga simbólica en el conjunto de los bienes y servicios que se vuelcan al mercado, al punto tal que los productos de las industrias culturales, creativas y de las comunicaciones, superan ampliamente en valor, magnitud y significados a la producción manufacturera tradicional. De lo antedicho se desprende que las políticas culturales públicas deben atender al mismo tiempo el proceso material y simbólico de la cultura; esto es: enfocarse en la lógica de interpretarla como derecho (ciudadano) y como recurso (económico). Los desafíos que tenemos por delante son la recuperación de nuestra identidad y originaria por un lado, y el impulso de la múltiple producción cultural nacional por el otro. Ninguno de ellos puede enfrentarse con éxito sin la disponibilidad de recursos genuinos y presupuestos sostenibles que los contemplen.

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LA ACCIÓN CULTURAL COMO EJE DEL DESARROLLO REGIONAL Y NACIONAL

Incorporaremos ahora una nueva categoría de análisis, el de la acción cultural como uno de los ejes del desarrollo regional y nacional, valiéndonos de una idea muy precisa ya analizada, más abarcativa y en forma general por Agustín Campero, puesto que resulta mucho más apropiado proyectar y diseñar políticas viables para la cultura contando con una referencia más amplia de planificación política y económica, funcional a este enfoque que resignifica el valor de lo local/regional. El autor señala los escenarios ventajosos que pueden surgir a partir del aprovechamiento de una visión distinta del territorio más próximo. Del mismo modo que en un sentido más amplio también se infieren las potencialidades que advierte a partir del desarrollo regional y la incidencia de los procesos de aprendizaje y las nuevas tecnologías. Al respecto esto sostiene: “Las ventajas comparativas son de naturaleza dinámica y se pueden crear, y por lo tanto el conocimiento, la tecnología y los procesos de aprendizaje individuales y del entramado social del entorno en donde se ubica la actividad económica pasan a ser factores claves”.8

8 Agustín Campero, Desarrollo local e innovación, Congreso Doctrinario UCR, Buenos Aires, 27/10/2004.

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La cultura forma parte de la actividad económica y está inserta en esa lógica con su propia excepcionalidad, se encuentra coligada a todos los efectos de la modernidad y ayuda a crear ventajas y oportunidades en un mundo que demanda producciones simbólicas cada vez en mayor medida. Paralelamente, la vasta extensión territorial de nuestro país y las diferentes configuraciones existentes, producto de espacialidades diversas con focos culturales propios, exigen la interacción de memorias y territorios con una gestión cultural eficiente que atraviese lo más homogéneamente posible lo local, lo regional y lo nacional. Cuando pensamos en los problemas a enfrentar, en verdad lo que hacemos es considerar que se abren oportunidades a partir de la aplicación de soluciones consistentes. Si nuestro objetivo es que la cultura sirva a la construcción de ciudadanía y a la inclusión social: lo que debemos garantizar es el pleno goce del derecho a la cultura y la facilitación de todos los recursos materiales que el Estado pueda brindar para cumplir con dichos objetivos. Por ello, a todas las cuestiones conceptuales, institucionales y presupuestarias descriptas precedentemente, las complementaremos con una acción efectiva sobre el territorio que tienda al desarrollo con equidad y a la igualdad de oportunidades. En esa dirección se inscriben los puntos, polos y corredores culturales, cuya creación o recreación proyectamos.

Desarrollo de corredores, polos y puntos de producción y difusión cultural
El futuro de la gestión cultural pasa por un cambio de paradigma. Una idea de producción y difusión cultural capaz de

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ser centrífuga en los recursos y centrípeta en las manifestaciones. Esto es, poder sembrar el territorio nacional con puntos culturales y recoger la cosecha de la multiculturalidad que caracteriza a nuestro país. La propuesta que hacemos tiene en cuenta experiencias de las distintas políticas de gestión cultural de América y Europa y también de la nuestra, adaptadas todas ellas a las necesidades actuales de la Argentina. Tanto Francia como Brasil (por citar dos ejemplos) han construido redes culturales cuya unidad son los Puntos en el país vecino o las Casas de la Cultura en el caso francés. Claro que, ambos modelos son bastante diferentes, porque mientras las Casas de Cultura replican mayormente la cultura parisina, los Puntos Culturales expresan la diversidad brasileña. No obstante, en los dos casos la idea de avanzar sobre el territorio es no sólo compartida sino considerada indispensable. En la Argentina la experiencia de dinamismo cultural más significativa (como política pública) fue el Programa Cultural en Barrios creado en la ciudad de Buenos Aires con el advenimiento de la democracia pos última dictadura. Esta suerte de torbellino cultural y liberador intentó desde sus inicios instaurar la idea de la cultura como construcción colectiva desde los diferentes barrios de la ciudad. Nació con pocos centros culturales que funcionaban en las escuelas municipales, en el horario en que los edificios escolares se encontraban vacíos. Esta iniciativa del Gobierno radical fue acompañada con fervor y entusiasmo por los vecinos de todos los barrios. La propuesta de descentralización cultural implicaba la apropiación del espacio público por parte de la ciudadanía y la

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gratuidad del acceso a la cultura. Si bien era una propuesta propiciada desde la Municipalidad porteña, casi la mitad de los participantes provenían del conurbano bonaerense. Así surgieron los talleres de teatro, música, danza, plástica, escritura y cine en una primera etapa. Luego, a propuesta de los talleristas, hubo una segunda oleada de actividades: murga, circo, acrobacia, comunicación, periodismo, radio, producción y escenografía. La gente se formaba cada vez más y mejor en los diferentes lenguajes del arte y la cultura. El concepto central que sostuvo durante aquellos años a este febril activismo cultural fue que la cultura no existía exclusivamente en el centro de la ciudad, sino, principalmente, en cada uno de los barrios. En los tiempos que corren nos corresponde ir por más, pero rescatando lo primordial de las propuestas que hemos comentado: multiplicación de puntos en el territorio y diversidad de producción y manifestación cultural. Creemos que la cultura es la herramienta principal para la construcción de ciudadanía. Para materializar este ideal es necesario disponer de los recursos adecuados. Cada punto cultural que creemos, recreemos o ayudemos a crear, será un lugar apto para el aprendizaje, la elaboración, la exposición y la exhibición de su propia producción o de la producción asociada. Estará dotado de los insumos materiales y de la tecnología indispensable para el mejor desenvolvimiento cultural que exige la actualidad. Consolas, proyectores, pantallas, islas de edición y de sonido, computadoras con conectividad a Internet, son hoy tan importantes como antes lo fueron el espacio mismo, el mobiliario o un escenario; ámbitos y elementos que, por cierto, también todos tendrán. Para cumplir estos objetivos articularemos

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el presupuesto público con las organizaciones del Tercer Sector civil y corporativo (ONG y fundaciones empresariales), y con las demás fuerzas vivas de la comunidad. La relación entre los puntos locales conformará los núcleos regionales y todos ellos una red federal multicultural. Apostaremos entonces no sólo a aprovechar la acción conjunta sino también a la capacidad de colaboración y control interdependiente entre los distintos componentes de este gran entramado de construcción de sentido ciudadano, puesta en valor y desarrollo creativo y social.

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LA CULTURA EN LA ERA GLOBAL: DE ARGENTINA AL MERCOSUR Y AL MUNDO

La declaración universal de la Unesco plantea: “La cultura adquiere formas diversas a través del tiempo y del espacio. Esta diversidad se manifiesta en la originalidad y la pluralidad de las identidades que caracterizan los grupos y las sociedades que componen la humanidad. Fuente de intercambios, de innovación y de creatividad, la diversidad cultural es, para el género humano, tan necesaria como la diversidad biológica para los organismos vivos. En este sentido, constituye el patrimonio común de la humanidad y debe ser reconocida y consolidada en beneficio de las generaciones presentes y futuras”. Nuestro país debe hacer lo mismo con sus múltiples culturas y a partir de ellas mirar hacia el Mercosur, América Latina toda y más ampliamente, al mundo. Lo que sigue es la impronta que pretendemos imprimirle a la política cultural, más allá de la frontera nacional.

Mercosur Cultural
En 1998 se creó la red cultural del Mercosur integrada por artistas, productores y gestores con la convicción de que el trabajo en red les permitiría capitalizar experiencias.

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La red articula y facilita la circulación regional de productos y servicios artísticos y estimula la formación y ampliación del público, de las artes y la cultura, reforzando la construcción de una ciudadanía democrática en la que la inserción social se combina con la inserción cultural. Propiciaremos que nuestro país apoye este proceso de integración regional, promoviendo su crecimiento cuantitativo y cualitativo, convirtiendo a la vez a esta iniciativa en política pública, con un Estado que se involucre y colabore a través de sus diferentes áreas y organismos en la dinamización de los procesos de cohesión, de identidad y productivos. La gran riqueza que posee nuestro país y el continente americano en su conjunto de sitios arqueológicos, implica una gran posibilidad para la región en términos de turismo movido por la atracción cultural. La conjunción del turismo con la cultura abre espacios de interacción donde los turistas y los habitantes se relacionan en torno a la valorización del patrimonio cultural. El camino del Inca, los carnavales autóctonos o las celebraciones tradicionales, son puntos de encuentro cultural que afirman la identidad latinoamericana. Impulsar la difusión de nuestras culturas y llevarlas al mundo –o atraer el mundo hacia ellas– es el camino continental inverso a la colonización y la conquista. Hay mucho por hacer en este sentido, y lo vamos a hacer.

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Política Cultural Externa Argentina
La cultura es uno de los recursos más eficaces en las relaciones internacionales. La historia es generosa en describir cómo las potencias han ejercido su influencia en el mundo mediante legiones, productos, flotas, capitales o misiles. Pero el recurso más sutil y perdurable ha sido y será siempre el de la cultura, en el sentido de la capacidad de un país para lograr que otros compartan sus criterios sobre artes, ciencias, ideología y valores. La trascendencia de la cultura en las relaciones externas radica, pues, en que a través de dichas manifestaciones, un país despierta en otros simpatía, admiración o adhesión, y por ende, proyecta un prestigio que luego influye favorablemente en otras dimensiones de esa relación, como la comercial, la política o la militar. Así se consolidan alianzas internacionales más sólidas e invisibles que cualquier acuerdo escrito. Antaño abundaron modelos legendarios del ejercicio de esta forma de poder. Hoy, basta con repasar cuántos de los contenidos culturales más difundidos del planeta se deben a la influencia de potencias actuales como los EE.UU., Francia, Reino Unido o Alemania. Desde hace más de un siglo nuestro país ha producido y exportado contenidos de calidad mundial en casi todos los ámbitos de la cultura, hecho que lo ha distinguido como un líder cultural en Hispanoamérica y potencia cultural de rango internacional. Esta calidad de la cultura argentina está reconocida mundialmente. Casi todos los grandes encuentros e instituciones culturales del mundo cuentan con una destacada presencia argentina. La mayoría de las referencias positivas de la Argentina que aparecen en los principales diarios del mundo aluden a

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temas culturales. Nuestra cultura es conocida y valorada entre personalidades y círculos extranjeros. Cuando se producen reuniones en foros internacionales sobre economía, la Argentina no suele tener protagonismo; cuando se habla de política, tampoco somos invitados de modo especial. Sucede que aún somos una pequeña economía con políticas externas erráticas. En cambio, cuando el mundo se reúne con fines culturales, la Argentina adquiere relevancia internacional, con méritos y antecedentes suficientes que justifican con holgura tal posicionamiento. No obstante, el prestigio de la cultura argentina se ha debido más a aleatorios esfuerzos públicos y espontáneos esmeros privados, que a una estrategia nacional, como las que implementan las potencias culturales mediante la asignación de cuantiosos fondos y poderosas estructuras. La Argentina ha carecido de una verdadera política cultural externa, no en un sentido gramsciano de hegemonía y dominación, sino en el de una verdadera política de Estado, que atraviese partidismos, coyunturas adversas y la pluralidad intrínseca del país. Cada administración ha volcado esfuerzos, pero desarticulados y discontinuos, desaprovechando el potencial propio y el prestigio internacional. Desde el nuevo Gobierno nos proponemos:
• Diseñar una Política Cultural Externa Argentina (PCEA) planificada, coherente, previsible, sustentable, consensuada, representativa, eficiente y pública. • Dotar a esa PCEA de una política de prestigio nacional y derrame hacia otros intereses de política exterior.

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• Apoyar la multiculturalidad y la tolerancia junto al respeto a la diversidad en el trato internacional. • Asignar más y mejores recursos humanos y materiales a esta tarea. • Promover la creación de Institutos de la Cultura Argentina en destinos y enclaves estratégicos del contexto mundial. • Transparentar el proceso de asignación de recursos oficiales, creando un sistema de selección de proyectos y asignación de fondos de apoyo a iniciativas culturales en el exterior. • Hacer una demostración constante del compromiso e interés de las autoridades nacionales y diplomáticas en la cultura propia y en la de los países con los que se mantienen relaciones.

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DE LA RECUPERACIÓN DE LA IDENTIDAD AL SOSTENIMIENTO DE LAS ARTES

En la actualidad no podemos considerar completa y apropiada a una política cultural que no se ocupe de la conservación de lo producido y del estímulo a lo nuevo por producir en el campo artístico. No hablamos puntualmente de las industrias culturales (lo haremos más adelante y de modo pormenorizado) sino que en este punto observamos el diverso y cambiante universo de los lenguajes del arte. Nos concentraremos en advertir al arte como acervo y riqueza patrimonial, como herramienta simbólica inclusiva y gratificadora del espíritu, y como expresión de la sensibilidad humana –generador de tensiones por la definición del gusto, el sentido y la preferencia estética–, tanto en ámbitos formales y legitimadores, como alrededor o fuera de ellos. Lo que a continuación detallamos son las líneas fundamentales de la visión que tenemos sobre el particular y las maneras que entendemos adecuadas para producir las transformaciones necesarias.

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Patrimonio
El patrimonio cultural es un recurso no renovable cuya jerarquización contribuye a la identidad nacional. Su valoración, cuidado y estudio son actividades convocantes que integran al conjunto de la sociedad. El simple hecho de tomar conciencia de su importancia implica un gran logro en términos sociológicos: sentido de pertenencia, sentimientos de solidaridad, fraternidad e inclusión social. Además, constituye un recurso genuino para las políticas de desarrollo, destacándose como una actividad notoriamente ligada al turismo cultural sustentable. Es importante señalar que las estadísticas internacionales indican que el turismo cultural prevalece sobre el comúnmente llamado veraniego o estacional. Repasemos algunos antecedentes constitucionales y legales, soportes del diagnóstico actual. El párrafo segundo del Art. 41 de la Constitución Nacional reformada en 1995, refiere al patrimonio cultural de la siguiente manera: “Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales.”. Asimismo el párrafo tercero señala que: “Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquéllas alteren las jurisdicciones locales.”. La Ley Nº 25.197 creó el Régimen del Registro del Patrimonio Cultural, pero no se ha puesto en práctica. La Ley Nº 25.743 de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico distribuye las competencias de las distintas au-

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toridades de aplicación de las diversas jurisdicciones, crea el Registro Oficial de Yacimientos Arqueológicos y Paleontológicos y de Colección u Objetos Arqueológicos o Restos Paleontológicos, establece limitaciones a la propiedad particular, infracciones, sanciones, delitos, penas y reglas para el traslado de los objetos. Todo lo cual no se ha cumplido por falta de asignación presupuestaria para la realización de la tarea de coordinar entre las autoridades de aplicación nacionales: el Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL), para el caso de los bienes arqueológicos, y el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, para los bienes paleontológicos. Por ello es que, atentos a esta problemática, y entendiendo que la recuperación institucional forma parte de nuestro ideario general, destinaremos los recursos necesarios para hacer cumplir las leyes existentes y dictar las nuevas normas complementarias que nos permitan avanzar en la tarea de tutelar nuestro desprotegido patrimonio cultural. Por otra parte, la Ley Nº 12.665 creó la Comisión Nacional de Museos y Monumentos y Lugares Históricos, que tiene por objeto identificar los objetos y lugares susceptibles de ser declarados “monumentos históricos” y ejercer la tutela de los mismos. De igual manera que en los casos anteriores, la falta de asignación presupuestaria convirtió a esta comisión en mero testigo del permanente deterioro de los bienes que por mandato legal debería cuidar; a tal punto que en la jerga patrimonialista se ha acuñado la frase: “Se ha declarado monumento histórico, pronto estará derrumbado.”. Es que las sucesivas administraciones culturales de órbita nacional no han entendido en qué

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consiste proteger el patrimonio cultural, hecho que dista mucho de la simple acción de ingresar objetos o lugares a una nómina. Lo que hace falta, y que desde estas líneas adelantamos como firme propuesta, es estudiar, restaurar, mantener, cuidar y promover. En síntesis, se trata de gestionar eficientemente el patrimonio cultural. Como hemos dicho, es necesario asignar el presupuesto necesario y poner profesionales idóneos a cargo de la tutela del patrimonio cultural, para que las leyes existentes no queden en letra muerta. Pero iremos más allá. Impulsaremos una Ley de Patrimonio Cultural a fin de establecer estímulos presupuestarios sujetos al cumplimiento de metas anuales, para guiar e incentivar a las provincias a gestionar su patrimonio y sancionar normas locales más profundas y específicas en la materia, en pleno cumplimiento de las facultades propias y concurrentes que establece la Constitución Nacional. Para cumplir los objetivos de la ley, la Nación debe contemplar un régimen especial de recursos mixtos, compuesto por aportes del Estado Nacional, de las provincias, de la ciudad de Buenos Aires y de otros fondos que pudieran lograrse de otras fuentes de financiamiento regional, internacional y de empresas privadas (a través de un nuevo marco para la responsabilidad social empresaria), con destino específico de protección del patrimonio cultural. La gestión del patrimonio cultural tal como la entendemos también es una gran fuente de recursos, no sólo por el turismo cultural, que como ya explicáramos es el más significativo, sino por el desarrollo local que produce, tanto como el rol inspirador que propicia en los diferentes lenguajes del arte, pues-

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to que resulta imbricado como tema en las diferentes formas de manifestación estética, al generar una relación insoslayable, material y simbólica, con los artistas y la comunidad. Por último destacamos que nos ocuparemos de coordinar la gestión patrimonial de manera integral, sin olvidar la preservación del vasto universo del patrimonio inmaterial, esa riqueza no tangible compuesta por los usos y costumbres, las lenguas, los ritos y las tradiciones propias de nuestros pueblos originarios, las que, de conjunto, integran nuestro acervo cultural. Nuestra Constitución responde a las nuevas tendencias internacionales cuando consagra la preservación del patrimonio natural y cultural, dado que el contorno que ambos aspectos patrimoniales configuran se integra a la conformación de nuestra identidad, requiriendo por ello de un tipo de gestión coordinada, de similares características y homogéneos propósitos.

Acción cultural y las minorías, los grupos de riesgo y la discapacidad
A partir del concepto ya planteado respecto a reconocer a la cultura como un derecho, no podemos pasar por alto la importancia de ella como herramienta idónea en todo lo que hace a la integración de sectores en riesgo, vulnerables o marginados de la sociedad. Si entendemos como una problemática social a todo aquello que conforma una condición que afecta a un importante número de personas, de un modo apreciado como inconveniente, y que según se considera: debe ser corregida mediante acciones colectivas, el trabajo con las diferentes formas del arte es la propuesta que difundiremos a lo largo del país procurando su

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interrelación en la lucha contra las desigualdades, las descalificaciones y las discriminaciones de todo tipo. Las personas con cualquier discapacidad encuentran en la cultura un necesario puente que les permite trascender su limitación. Es la acción formativa, fundada en valores como la multiculturalidad y la diversidad, un aliado inmejorable en cuanto al trabajo para oponerse a la xenofobia, la marginalidad y las intolerancias más acendradas. Trabajar por la integración en estos tiempos, supone relativizar lo que no puede hacer una persona, y poner el acento en lo que sí puede efectuar, con las herramientas adecuadas y la capacitación conveniente. Desde esta base propiciaremos las posibilidades de hacer arte, convocando a capacitadores diestros y disponiendo herramientas útiles que coadyuven a este impostergable objetivo. Si acordamos que la discapacidad es una realidad del mundo contemporáneo, que crece producto de la interacción de los individuos, de sus carencias, deficiencias y barreras, y más de las veces profundizada por las actitudes y las praxis, más que por las propias condiciones de la misma discapacidad: es indisimulable el rol fundamental de la cultura como instrumento superador de barreras simbólicas, materiales o ideológicas. Lo mismo pasa con las diferentes problemáticas sociales que afectan a nuestro país. La Unión Cívica Radical siempre ha tenido una visión krausista9 antropocéntrica, es decir: el hom-

9 Hipólito Yrigoyen fue el político krausista por excelencia y el ejemplo más característico de esa corriente reformista y democrática en la Argentina. El krausismo es la doctrina filosófica que defiende la tolerancia y la libertad del hombre frente a las diferentes formas del dogmatismo. Debe su nombre al filósofo alemán postkantiano Karl C. F. Krause (1781-1832).

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bre como centro de todas las políticas y objetivos. Por ello, nos resulta inaceptable el paisaje actual. La sociedad está en deuda con las personas discriminadas y éstas, a su vez, tienen mucho por dar a la sociedad. Si el centro de toda política social es el hombre, y si por definición amplia la cultura es el hombre en todas sus definiciones, orientado a la búsqueda del límite de su razón y sentidos y pujando por el significado; es entonces la cultura el eje de cualquier política social. Si alcanzamos el ‘‘estado de hombres cultos’’ en pleno goce de derechos y respeto de las obligaciones, daremos el salto cualitativo que nos proponemos para todos, el que consiste, simplemente, en formar mejores personas, sensibles y activas respecto de su entorno y circunstancias. Como cualquier ser humano del mundo los argentinos somos productores de cultura. Nuestros antecedentes se basan en la tradición originaria y en la variopinta producción desarrollada a partir del mestizaje. Ello constituye una riqueza culturalpatrimonial que trasciende lo tangible, pues la matriz vive en ese hombre y es el gen de la cultura que queremos preservar, que pretendemos elucidar, exportar y distinguir. Así, es nuestro cometido generar espacios donde los excluidos por implicaciones o derivaciones de cualquier discapacidad puedan formarse, trabajar, producir, realizarse y superarse. En definitiva, que sean parte absoluta y definitivamente incluida de la cultura nacional que en ellos también se refleja y proyecta.

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Pensando el arte no formal con voluntad federal
Los lenguajes artísticos son las diferentes formas de expresión que tiene el arte. Abarcan la totalidad de las artes y artesanías y tienen la capacidad de multiplicarse a través de las épocas, acuñando géneros y subgéneros. Una política cultural completa debe interesarse por el derrotero de los distintos lenguajes, que es sinónimo de interesarse por el derrotero de los artistas y artesanos, distribuidos a lo largo y ancho del país. Entendemos que necesitamos saber más al respecto. Saber más acerca de la formación y producción artística, y saber más acerca de quiénes son, qué hacen y qué necesitan nuestros artistas, puesto que, en muchos casos, son ellos quienes deben pagar para poder expresarse y difundir su arte. Dicha situación es penosa y lastima a nuestra cultura. Perfeccionaremos las herramientas orientadas a la promoción, los subsidios y la financiación a través de la cercanía territorial y la descentralización de gestión que suponen los puntos culturales. Porque creemos en nuestros artistas, vamos a invertir en ellos. En cuanto a la formación, si bien tenemos en la Argentina instituciones de diferente grado dedicadas a ello, hace falta una política articulada con Educación que revalorice la actividad y que saque a la formación en el arte de la precariedad y vulnerabilidad por la que atraviesa casi de manera crónica. Buena parte de esta problemática encontrará soluciones a partir de los puntos culturales cuyas potencialidades ya hemos analizado, pero el resto también debe desarrollarse en el circuito formal del aprendizaje. Paralelamente, preservar el capital cultural y desarrollar la actividad artística no formal es una deuda que debemos sal-

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dar urgentemente. Para ello, hace falta profesionalizar la gestión cultural realizada desde la órbita pública, a través de gestores culturales competentes y aptos para enfrentar estos desafíos irresueltos. Asimismo, a fin de dinamizar aún más las expresiones artísticas locales, estimularemos la implementación de leyes de mecenazgo provinciales, en sintonía con una Ley Nacional de Mecenazgo; las que de conjunto permitirán a los Estados (provinciales y también al nacional) disponer de exenciones impositivas para la promoción y financiamiento de todo aquello que es necesario hacer surgir, visibilizar y difundir, puesto que dichos objetivos son inmanentes de estas políticas culturales. Relativo a quiénes son nuestros artistas: implementaremos la confección de un Registro Nacional del Arte, a los efectos de poder direccionar y administrar adecuadamente las políticas y los recursos, pues tanto unas como otros deben estar al servicio de la cultura y no de los productores de insumos o de los desarrolladores de externalidades operativas de la actividad cultural. Esta definición es conteste con la idea de show y de cultura ya descripta, en la que nos inclinamos sin medias tintas por menos artificio y más sentidos. No queremos que buena parte del gasto en cultura (de lo que queda una vez despejados los gastos funcionales para bien decir) sea para proveedores ocasionales que ven en cada evento un mero negocio comercial, en lugar de apoyar y financiar el arte, la cultura y a los artistas propiamente dichos. Saber de nuestros artistas, de su realidad y de sus proyectos, es saber de las semillas de las que nacen buena parte de las plurales manifestaciones de nuestra cultura. Más aun, tanta es nuestra convicción y determinación respecto del arte como elemento transformador, que nos propone-

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mos delinear –en el marco de las políticas culturales públicas– un amplio movimiento artístico-cultural que desemboque en una Bienal del Sur (con sedes itinerantes, que promuevan lo localregional), con el objeto de constituir un espacio simbólico imprescindible para la proyección del arte nacional.

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UNA APUESTA ESTRATÉGICA: EL ROL DE LAS INDUSTRIAS CULTURALES.

Entendemos genéricamente por industria cultural a todos aquellos bienes culturales de carácter masivo y reproductivo como ser el cine, la música, el libro y la TV (junto a la pluralidad de sus múltiples derivados y complementarios); aunque también consideraremos en este segmento algunos aspectos de lo referente al teatro (por cuestiones de política integral de sectores), si bien comprendemos la diferencia de dicha actividad, que encuadra mucho mejor en las llamadas artes tradicionales que en las industrias culturales. Asimismo, debemos destacar que: a pesar del “ruido” que a algunos pueda hacerle la integración de dos conceptos que en apariencia son tan distintos como “cultura” e “industria”; dado que la primera se vincula más con la creación subjetiva y espiritual y la segunda con la producción material, tal como lo sostiene Norberto Griffa,10 no se trata de nada intrínsicamente peyorativo ni en oposición al simbolismo del arte, sino de una amalgama producida por el mundo moderno y los fenomenales avances de los que somos tributarios; mecánicos primero y tecnológicos en la actualidad.

10 Norberto L. Griffa, “Las industrias culturales en debate”, en Artes e industrias culturales. Debates contemporáneos en la Argentina, Oscar Moreno coordinador, Eduntref, Caseros, 2010.

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Dicho esto, entendemos que existe el ciudadano y que ese ciudadano también es consumidor. En paralelo, se verifica un universo privado de industrias culturales cuya incidencia económica ha crecido de modo significativo en el PBI (a pesar de que en la Argentina, lamentablemente, las cifras que se disponen han dejado se ser confiables, habida cuenta que los organismos oficiales como el INDEC las han manipulado o, incluso, dejado de publicar). Asimismo, la transacción de productos de matriz simbólica –junto a sus redes y soportes– representa una proporción cada vez mayor en el volumen económico del comercio internacional; siendo para los países desarrollados uno de los principales sectores de la economía (superando muchas veces a las industrias tradicionales), o bien, como en el caso de los EE. UU. donde los productos de sus de industrias culturales lideran las exportaciones. Este desarrollo veloz y exponencial ha generado una gran concentración oligopólica donde las prioridades culturales nacionales no son las que se han destacado o multiplicado con la misma rapidez y beneficios. El modelo de políticas respecto de las industrias culturales que tenemos en la actualidad carece de eficiencia y legitimidad. En ocasiones es netamente propagandístico y costoso, como en el caso de los contenidos audiovisuales por ejemplo; en otros el Estado es funcional a la industria (subsidiando con lógicas parciales, sesgadas y poco transparentes); y en los peores ejemplos está ausente sin atinar respuesta a flagelos como el de la “piratería” –que no es lo mismo que “informalidad”– y que supone un riesgo creciente y altamente perjudicial para los creadores. Todo ello repercute en la merma de la calidad cultural que padecemos y en los cuantiosos recursos

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que perdemos y que debieran servir para dinamizar la Nación a través de la cultura. Los países que pugnan por el liderazgo cultural mundial han planificado muy inteligentemente sus industrias culturales. En muchos casos el Estado participa de modo más o menos directo de dicho cometido, o bien porque es parte de la producción de significados (Francia, España, Alemania, Gran Bretaña, etc.), o bien porque es beneficiario directo de la renta cultural (EE.UU.). En cualquiera de los casos, ya sea que se trate del modelo europeo o norteamericano, las industrias culturales de unos y otros son generadoras de grandes recursos y se ubican privilegiadamente en las respectivas economías y balanzas comerciales. En consecuencia, planificar y expandir las industrias culturales no sólo es necesario para la cultura, sino para el crecimiento y el desarrollo del país. La producción y exportación (también el propio consumo desde ya) de bienes culturales suponen una gran cadena de valor agregado allende al contenido identitario, conceptual y estético que implican las producciones en cuestión.

Políticas sectoriales
A continuación, y a los efectos de una más apropiada exposición, nos explayaremos en particular sobre los lineamientos fundamentales que proponemos para cada uno de los sectores que componen el entramado diverso de las industrias culturales. Como podrán observar, en algunos casos pondremos el énfasis en las cuestiones institucionales, en otros en las procedimentales y también –como en el caso de la música– avanzare-

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mos fundacionalmente. No obstante, el hilo conductor de todas las variantes será la eficiencia de gestión, la vocación plural y el objetivo impulsor y desarrollador. El cine:
• Modificaremos la Ley de Cine y sus decretos reglamentarios con el objetivo de democratizar la exhibición haciendo cumplir las cuotas de pantalla y abaratar los costos de acceso a las películas, atendiendo los tres eslabones de la cadena cinematográfica: producción, financiamiento y políticas de subsidios, distribución y cuotas. • El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) tendrá como objetivo la transparencia y la diversidad, para que el nuevo cine llegue a todo el país de manera fluida y habitual. Nuestro propósito es “visibilizar el cine nacional”. Pues no se trata de producir sin importarnos quién mira, sino de facilitar la exhibición de películas. Por ello, apoyaremos la producción con políticas públicas para la distribución y exhibición. • Reconoceremos las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías. Con la gran cantidad de excelentes directores y técnicos que existen en la Argentina, el Estado promoverá la variedad y la diversidad, y no a la homogeneidad, como sucede hoy día. • A través de políticas diferenciadas consideraremos al cine independiente –o de producción menos industrial– como un cine no masivo. El carácter alternativo de sus formas de producción está en estrecha relación con la singularidad de su estética y, por lo tanto, con la particularidad de su público. • Desarrollaremos más y mejores circuitos de exhibición para este cine y para toda la producción nacional en todo el territorio del país, conjuntamente con políticas de formación de público, para que las producciones de este tipo no caigan en saco roto.

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LA CLAVE CULTURAL

• Complementaremos el mercado de consumidores culturales que eligen y prefieren entre toda la oferta existente, con una vocación estatal interesada por el ciudadano; dado que pretendemos un cine nacional que vuelva a los argentinos y contribuya a la formación y a la construcción de ciudadanía. • Analizaremos de forma pormenorizada las producciones que corresponden al ámbito estrictamente cinematográfico y aquéllas que se realizan orientadas a la televisión, a los efectos de establecer las formas más adecuadas de llevarlas a cabo.

La música: Crearemos del Instituto Nacional de la Música con el objeto de promover las actividades musicales consideradas de interés cultural por el organismo, a través del otorgamiento de préstamos, becas y subsidios, y la preservación del acervo musical. También se dedicará a la edición de material bibliográfico y de difusión vinculado a la música, y a la generación de auspicios y declaraciones simbólicas, como así también será facilitador de capacitación y perfeccionamiento musical en el país o en el extranjero. Promoveremos su interactuación con los puntos de promoción cultural a los efectos de la producción, distribución y exhibición de las propuestas musicales que correspondan. El libro: Impulsaremos la creación del Instituto Nacional del Libro Argentino e incrementaremos la publicación y traducción de autores nacionales junto a la multiplicación y puesta en valor de planes nacionales de fomento a la lectura.

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Devolveremos a los editores el IVA que pagan como consumidores finales en la cadena de producción, para impulsar a los nuevos autores nacionales. Creemos en el objeto libro (tanto en su modalidad tradicional como electrónica) como en el valor simbólico del bien cultural transmisor y conservador del conocimiento humano por excelencia. Las nuevas tecnologías están modificando las formas de la lectura y los modos de producción editorial, sin embargo, estamos seguros de que el libro impreso en papel convivirá con las nuevas modalidades. El teatro: Consideramos al teatro un vehículo de expresión imprescindible, que siempre cumplió un rol esencial en la construcción de sentido. Por sus características, en la actualidad no es un arte masivo, sino artesanal y también costoso. Pero nos interesa profundamente porque creemos que “la escena es el ámbito de la mayor libertad”. Nuestro cometido es pues: un teatro más equitativo, más inclusivo y más participativo. El Instituto Nacional del Teatro tiene un presupuesto general de unos 50 millones de pesos. Buena parte de esa suma se gasta en organización y gestión administrativa. En principio esto no está mal ni bien, pero nuestro interés es que la inmensa mayoría de esos recursos se destinen a los fines propios de la actividad. Por tal razón, a través del incremento presupuestario y de una aplicación eficiente y racional del mismo, podremos enfocar una política pública de verdadero fomento a la puesta de obras, las becas, el equipamiento, la formación y la contratación de salas.

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Vamos a mejorar sustancialmente la actual gestión para lo cual implementaremos mayores y mejores controles (por ejemplo: las salas subsidiadas no deberían cobrar seguros y lo hacen). Seleccionaremos mejor y trabajaremos sobre la calidad de los elencos y de las propuestas, descentralizando en la práctica los recursos, para que realmente sea una institución autónoma pero eficiente y controlada. Avanzaremos en la democratización del funcionamiento del Instituto para lograr una profunda cohesión y representatividad de todas las partes constitutivas de la actividad. En paralelo, reafirmando nuestra convicción respecto del rol social que cumple el ejercicio del arte escénico, impulsaremos la incorporación al plan educativo nacional de la asignatura Teatro para el nivel medio.

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CULTURA EN LA ERA DIGITAL

Durante el siglo XX se produjeron más transformaciones que las registradas en la totalidad de la historia de la humanidad. En apenas cien años el hombre fue capaz de cambiar radicalmente los modos de vida producto de la revolución tecnológica, la que va desde la forma de producción de los alimentos hasta la sofisticación espacial o la intervención genética. Todo indica que este camino recorrido al ritmo y la velocidad de las nuevas tecnologías continuará su rauda marcha. La cultura siempre ha sido dúctil respecto de estos cambios, pues cada manifestación de progreso ha tenido siempre su componente cultural, como una suerte de signos de una época.

Nuevas Tecnologías
No existe posibilidad de analizar la cultura contemporánea, sus implicancias y su difusión, sin advertir la revolución que han producido –y continuarán haciéndolo– las nuevas tecnologías. Estos cambios que operan sobre las formas de producción y circulación de los bienes simbólicos son el eje de la nueva era de la cultura digital. En consecuencia, entendemos por ella –sucintamente– a toda producción cultural que esté creada, mediada, influida o amplificada a través de una plataforma tecnológica de diseño, comunicación, interactividad o distribución.

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Como ya hemos visto, sabemos que tenemos mucho por hacer por las industrias culturales, pero también, por la inercia de estos cambios, han surgido otras industrias propias de la tardía modernidad como lo son las “creativas”, verdaderas nuevas vanguardias de nuestro tiempo. La explosión de las comunicaciones y la conectividad (fibra óptica, banda ancha, Wi-Fi, enlace satelital, plataformas 2.0 y otras) trajo consigo un cúmulo de nuevas actividades ligadas al arte y la cultura, aunque sensiblemente distintas: esto es todo el universo del entretenimiento y el software para computadoras personales, tabletas, e-books, teléfonos celulares, etcétera. Del mismo modo, propició el crecimiento de la consideración simbólica y el producido económico de la publicidad, la propaganda y todo lo relativo a la imagen (institucional, corporativa o individual), tanto como los dispositivos, soportes y formatos digitales por los que circula una parte cada vez mayor de la cultura propia, regional y global. De ese escenario surge una nueva necesidad: entender al mundo conectado por la web y resolver de un modo democrático, inclusivo y moderno, las cuestiones que ese crecimiento de escala exponencial supone para la circulación de los contenidos, atendiendo los dos extremos de la misma, es decir: los derechos intelectuales y autorales de los artistas y productores, y toda la gama de derechos culturales de los ciudadanos –resumidos en la promoción del acceso universal a la cultura– que, por cierto, alentamos con absoluta convicción. Habiendo superado la primera década del siglo XXI nos damos cuenta de que la forma en que algo circula lo influencia y lo define. Nos referimos a que las tecnologías modernas distribuyen todo sin reparar en las barreras espaciales. Las distancias

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se han acortado y hasta desaparecido. Pero, esa vertiginosidad conectiva –que es la marca del presente– hace que el que no acceda al “distribuidor de los contenidos” no acceda al mundo interconectado y a una absoluta mayoría de la producción simbólica. En definitiva, hoy en día advertimos una nueva forma de marginación que es de carácter tecnológico y que profundiza al extremo las formas tradicionales de marginación, convirtiéndolas en exclusión lisa y llana. Recordamos que: según el último Censo Nacional (2010) el 41 % de los argentinos entre 25 y 50 años no usan la computadora. La ampliación de ciudadanía que proponemos nos insta a entender la nueva categoría que se ha conformado y que Ana Rosas Mantecón llama el ciberciudadano.11 Se trata del individuo activo y comprometido que participa on-line y cuyo perfil etáreo se ubica mayormente en la adolescencia o la temprana mayoría de edad. Del mismo modo que las distancias se han estrechado, también las edades de los actores sociales se han modificado, reposicionando el valor de la juventud, producto del universo informativo-cultural del que disponen aquellos que sí pueden. Como bien sabemos que cualquier política cultural pública que se promueva de cara a las mayorías debe atender esta doble realidad, es que nuestros esfuerzos más grandes estarán dirigidos a:
• Habilitar y facilitar el acceso a los bienes y servicios tecnológicos y la operación de los mismos por parte del
11 Ana Rosas Mantecón, Ejes de reflexión/Cultura e inclusión y transformación social, “Consumos culturales y ciudadanía en tiempos de globalización”, México.

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conjunto de la sociedad sin descuidar al artista-productor, generador del contenido de lo que circula. • Hacer hincapié en la niñez y la juventud, ya que son los grupos más demandantes, necesitados y relacionados con el nuevo mundo que se despliega con todos sus sentidos en una pantalla a través de la simple pulsación de una tecla.

Para ello, imaginamos un sistema abierto que conviva con la venta en línea de contenidos, mediante el cual se permita el acceso libre a obras intelectuales y se recompense a los autores y productores que autoricen estos usos, con recursos que surjan a partir de los proveedores de servicios de Internet y de la publicidad digital; con una administración que garantice absoluta transparencia en la gestión y percepción, elaborándose y estableciéndose cuidadosamente los criterios de participación, recaudación y distribución de derechos. Nos proponemos acompañar con políticas públicas esta gran oportunidad de época. Inadvertir las posibilidades que se nos abren, más que una omisión coyuntural, implicaría la pérdida del lugar que nos asiste en el tren del progreso.

Diseño
A principios del siglo XX surgieron distintos movimientos artísticos que como característica común tuvieron la intención de relectura del pasado clásico y una nueva interpretación –diferente y polisémica en cada caso– del arte mismo. A estos movimientos como el impresionismo, el expresionismo, el cubismo, el dadaísmo o el neoplasticismo (por citar sólo algunos) se los conoce genéricamente como “las Vanguardias”.

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La Bauhaus –la escuela de artes y oficios de la República de Weimar (hoy Alemania) fundada por Walter Gropius en 1919– fue contemporánea e influyente en la mirada de muchos artistas, artesanos y producciones de la época. Su idea básica era el concepto de arte total, es decir, un arte que estuviera presente en todos los aspectos de la vida cotidiana a través del diseño, el trabajo de las formas y el manejo de los materiales. Para lograr su cometido la Bauhaus fue taller, escuela y factoría, pero también atelier y centro de exposiciones. Sus propios edificios –el original y los que vendrían luego– expresaban también esa vocación por diseñar cada objeto, cada ambiente, cada momento. El espacio y el tiempo eran, entonces, asibles para la luminosa escuela de artes y oficios por donde pasaron lo que hoy llamamos verdaderas leyendas del arte moderno. Tanto la Bauhaus en la preguerra, como la Escuela de Ulm (Hochschule für Gestaltung) en la posguerra, fueron antecedentes de la gestación de las primeras carreras universitarias de diseño en la Argentina, entre fines de la década del ‘50 y principios de los ’60, en la Universidad Nacional de Cuyo y de La Plata. Con la recuperación democrática, a partir de 1983, se reabrieron las aulas de la universidad pública, aquélla que fuera silenciada y vaciada intelectualmente por décadas, desde la tristemente célebre “Noche de los bastones largos” de 1966. Esa apertura posibilitó la creación de las carreras de Diseño Gráfico y Diseño Industrial en la Universidad de Buenos Aires y posteriormente en muchas otras universidades nacionales. Así surgieron carreras como Diseño de Indumentaria y Textil, Diseño de Imagen y Sonido, Diseño del Paisaje o Diseño Multimedial. Con ellas comenzó la diversificación de la oferta universitaria, de la mano de las nuevas tecnologías y de la inci-

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piente recuperación de la industria nacional, desmantelada durante la década neoliberal. Hoy, las industrias culturales se nutren de diseño. Los diseñadores argentinos son reconocidos en el mundo, y muchos de los profesionales e intelectuales formados en nuestro país, enseñan o dirigen los destinos académicos en muchas instituciones del exterior. En la Argentina del siglo XXI nos proponemos potenciar todas estas experiencias. Rescatar ese concepto de arte total y aprovechar al máximo la capacidad creativa a partir de la formación y el despliegue en el diseño. Es fundamental comprender que el arte, la creatividad y el diseño son fuentes de valor agregado para cualquier manufactura. Básicos insumos como el papel, los géneros o los metales, en manos de artistas y diseñadores, se convierten en productos que multiplican su valor. El diseño marca grandes diferencias entre bienes de calidad similar. Los países que le han dado al diseño un valor estratégico han acertado con esa decisión. Nosotros alentaremos a la industria y a los centros de formación en diseño a trabajar en conjunto para lograr, de tal modo, sinergia y desarrollo en ambos campos. Las posibilidades de emprendimientos como estos son extraordinarias en su capacidad de promoción del arte, los oficios y el aumento de valor –material y simbólico– de los objetos y las locaciones, además del prestigio que supone la construcción de una suerte de marca registrada que asocie Argentina & Diseño.

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MEDIOS PÚBLICOS

En la Argentina, el debate sobre medios de comunicación se ha transformado en una trampa con derivaciones nocivas para las instituciones y la sociedad. Según el relato construido desde el Gobierno, no se puede criticar lo actuado por éste sin pasar, automáticamente, a militar en las filas de intereses corporativos o del mercado de la información y las comunicaciones; y no se pueden considerar aspectos que hacen a la pluralidad de mensajes y emisores, sin estar instantáneamente identificado con el oficialismo. Ambas cosas son falsas, pues los instrumentos actuales merecen ser perfeccionados y las voces diferentes no son atendidas y amplificadas, precisamente, por el supuesto Gobierno reformador. Los medios audiovisuales son la fuente más importante de formación para la mayoría de las personas y los distribuidores de contenidos simbólicos por excelencia. Es por eso que resulta fundamental contar con medios que no dependan de la influencia política del Gobierno ni de las reglas que rigen el mercado. Distintos documentos de organizaciones de derechos humanos y vinculados a la libertad de expresión, como las Relatorías Especiales ante la OEA y ante la ONU, establecen la necesidad de la independencia de los medios públicos de los gobiernos. Tomando como ejemplo experiencias exitosas en la relación entre el Estado, los medios y la ciudadanía, como el

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caso de la BBC, impulsaremos la reconstrucción y rediseño de los medios públicos, orientados a un funcionamiento y a una producción de contenidos consistentes con la libertad de expresión, la pluralidad de voces, los valores republicanos y la no injerencia de los intereses comerciales. Dada su importancia y su rol estratégico, los medios públicos merecen una ley específica en lo relativo a sus objetivos y formas de gestión. A diferencia de países donde el apoyo a estos sistemas forma parte de la cultura política de la comunidad, es también importante que la independencia de estas emisoras quede establecida por ley en forma expresa.

¿Medios públicos o medios del Gobierno?
Existe una gran diferencia entre el significado del vocablo “gobierno” y lo que significa “público”, aunque este problema trasciende lo semántico. Si la resultante de la Ley de Medios12 es la utilización de los medios públicos con fines discrecionales y propagandísticos por parte del Gobierno, lo que se produjo fue la “partidización” de los mismos, situación que se halla muy lejos de la democratización de opiniones y la pluralidad de voces. Pluralidad es diferencia y tolerancia. Diversidad es la convivencia de los distintos. Una única voz (la del Gobierno) que resuena en los medios del Estado, y en todos aquellos a los que controla o ejerce influencia de modo más indirecto, es hegemonía. A propósito de ello, así planteaba la relación cultura-hegemonía la antropóloga social británica Susan Wright en un muy difundido artículo publicado en 1998: “En su forma más segura,
12 Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual N° 26.522/09

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una ideología aparece como hegemónica. Esto es, se torna tan naturalizada, dada por hecho y ‘verdadera’ que las alternativas están por fuera de los límites de lo imaginable. (…) en su dimensión hegemónica, la cultura aparece como coherente, sistemática y consensuada. Procura aparecer como objeto, una cosa más allá de la acción humana, no ideológica en lo más mínimo: en pocas palabras, como la vieja idea de cultura auténtica”.13 Como puede advertirse, “la construcción del relato oficial”, no se trata de nada revolucionario ni renovador. Por el contrario, remite a las formas más cuestionables, superadas y reaccionarias del ejercicio hegemónico de las clases y los sectores dominantes, en la misma dirección de lo anticipado por Gramsci14 en la primera mitad del siglo XX.

Un cambio a favor de la pluralidad y la democracia
Para resolver esta problemática tan delicada que erosiona a la República, impulsaremos un modelo de gestión de los medios oficiales tomando como ejemplo aquellas experiencias que han sido exitosas en la relación: Estado, medios y ciudadanía. Como ya hemos dicho, la BBC15 es una referencia sostenible para

13 Susan Wright, “La politización de la cultura”, publicado en Anthropology Today, Vol. 14, N° 1, febrero de 1998. 14 Antonio Gramsci (1891-1937), filósofo, teórico y político de extracción marxista y origen italiano. 15 British Broadcasting Corporation (Corporación Británica de Radiodifusión) con ocho décadas de trayectoria, es el servicio público de radio, televisión e Internet del Reino Unido y opera bajo un Estatuto Real que garantiza la independencia de controles comerciales y/o políticos. http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/international/newsid_3431000/ 3431507.stm

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la conformación de una radio, televisión e Internet Argentina con formas y encuadres de raíz democrática. En tal sentido, algunas de nuestras propuestas son:
• Reconstrucción y rediseño de los medios de comunicación públicos, orientados a un funcionamiento y a una producción de contenidos consistentes con la libertad de expresión, la pluralidad de voces, los valores republicanos y la no injerencia de los intereses comerciales. • Reforma de las estructuras de conducción, del modo de designación y de la duración de los mandatos de las autoridades de los medios públicos y sus organismos de control, orientada a la transparencia, la responsabilidad de gestión, la idoneidad y el control institucional y social. • Sanción de una Ley de publicidad oficial, que establezca los límites imprescindibles para la difusión de los actos de gobierno por parte del Estado y que no sea la publicidad oficial un recurso partidario (ver desarrollo). • Sanción de una Ley de acceso a la información que garantice la totalidad de los nuevos derechos ciudadanos (ver desarrollo). • Acceso gratuito por parte de los ciudadanos a las transmisiones de fútbol y otras actividades deportivas y culturales de interés público; pero éstas serán licitadas en forma transparente para que uno o varios operadores privados se hagan cargo de su costo y riesgo. • Definición acerca de los contenidos de los medios públicos, los que tendrán en cuenta la construcción de la memoria cultural federal de los argentinos. Asimismo, la red pública difundirá, conservará y archivará las manifestaciones artísticas de toda índole y de todo el país.

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Ley de publicidad oficial y Ley de acceso a la información
Las presiones a los medios de comunicación mediante la asignación o el retiro de la pauta publicitaria han cobrado especial notoriedad en los últimos tiempos. En este contexto, resalta la ausencia de un marco normativo que otorgue transparencia y claridad a los fondos públicos destinados a publicidad. Debe establecerse un mecanismo que tenga por objetivo reducir la discrecionalidad, evitar actos de corrupción y evitar los favoritismos. La función primordial de la publicidad oficial es informar sobre cuestiones de interés público y actos de gobierno. No debe promover los intereses de ningún partido político, ni estar al servicio de una determinada gestión. La ley deberá exigir que los gobiernos realicen una adecuada planificación anual de las campañas publicitarias, que responda a necesidades reales y concretas de comunicación. Los criterios y su forma de evaluación deberán estar claramente expuestos y fundados, y su asignación deberá estar a cargo de especialistas idóneos y funcionarios técnicos, mientras que los funcionarios políticos sólo podrán estar involucrados en el momento de decidir las características generales de las campañas. Es recomendable también que se efectúen evaluaciones técnicas posteriores para medir los resultados. Por otra parte, se deberá tener en cuenta no sólo al Estado sino también a las empresas privadas cuya actividad sea una concesión del Estado, o dependan de decisiones regulatorias del gobierno. Por último cabe diferenciar entre la publicidad oficial y los subsidios, destinados a promover medios de comunicación cuya existencia se considera valiosa, y a favorecer la pluralidad

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de voces. Estos deberán ser asignados por organismos independientes y no políticos. El libre acceso a la información pública es un derecho humano vinculado a la libertad de expresión, reconocido por tratados internacionales que en la Argentina cuentan con rango constitucional. En forma subsidiaria, se fundamenta también en el principio republicano de la publicidad de los actos de gobierno. Contar con una ley de acceso a la información pública establecerá mecanismos de participación que permitirán el ejercicio de una verdadera cultura democrática. La Organización de Estados Americanos (OEA) ha establecido recientemente una ley modelo para la región. Allí se incluye a las organizaciones privadas que reciben fondos públicos, o desempeñan funciones o servicios públicos –sólo con respecto a los fondos recibidos o a los servicios desempeñados–, y a los fideicomisos formados con recursos estatales. Con respecto al organismo de control, propone una Comisión con presupuesto y estructura propios, ya que considera que para asegurar el cumplimiento pleno y permanente de la ley se requiere un instrumento específicamente dedicado, con soberanía presupuestaria. Dentro del derecho a la información deberá incluirse también la obligación de los organismos públicos de implementar una página web donde se detallen los servicios ofrecidos, la normativa aplicable, la estructura organizativa, el funcionamiento, los contratos celebrados, el modo de financiamiento, el presupuesto y los antecedentes de las respectivas autoridades. También la publicidad oficial y la operatoria de los medios públicos, al ser información pública, deberán estar a disposición de cualquier interesado a través de Internet.

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Pensando en clave de futuro
Dado que nuestra idea sobre medios y comunicación no se agota en los límites estrechos propuestos por el actual Gobierno, sino que se proyecta con un espectro mucho más amplio, queremos hacer una reflexión final tomando lo que planteaba Ederyn Williams16 en su trabajo “El futuro en los medios de comunicación”. En él, el autor se preguntaba acerca de cuáles serían los efectos del desarrollo de las comunicaciones, tanto en cada una de las sociedades, como en el mundo entero. Al respecto señalaba tres tendencias principales:
• La visión del planeta como “aldea global”, tal como lo entendía Marshall McLuhan.17 • La profundización de las desigualdades sociales por carencias de acceso a la tecnología. • El nuevo paradigma de la sociedad de la información.18

Siguiendo pues la huella de los desafíos propuestos, podemos establecer un esquema básico para el desarrollo de las futuras políticas públicas de este campo disciplinar, las que apuntarán a:

16 Raymond Williams (Ed.), en Historia de la Comunicación, “El futuro de la comunicación” por Ederyn Williams, Bosch Casa Editora S. A., Barcelona, 1992. 17 Marshall McLuhan (1911-1980), educador y filósofo canadiense especializado en comunicación. Conocido mundialmente por su definición: “El medio es el mensaje”. 18 Se trata de un marco teórico que entiende que las nuevas tecnologías de producción y distribución de la información inciden de modo determinante en las cuestiones sociales, económicas, políticas y culturales de la sociedad. Se la considera continuidad de la sociedad industrial.

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• La integración cultural-comunicacional con eje en Latinoamérica. • La democratización y masividad de la disponibilidad de conectividad. • La estimulación del pensamiento crítico y la conciencia ciudadana, atendiendo el rol que les cabe a los medios sobre el particular.

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COROLARIO

Tenemos una gran responsabilidad en la construcción de la Argentina futura. Pensarla desde todas las aristas que tratamos en este libro implica honrar ese compromiso. Es hora de elegir caminos. Éste es el camino propuesto para las acciones culturales porque, como señala Manuel Antín, la cultura junto con la ética (nunca está de más reiterarlo) son los valores más significativos de la condición humana.19 En suma, el proyecto cultural que estas páginas difunden es la forma en que una democracia social entiende a la cultura, puesta ella al servicio de la construcción de una sociedad mejor donde prevalezcan, juntos y al unísono, los valores de la libertad ciudadana y de la igualdad de oportunidades. Éste es el debate que proponemos, ésta es nuestra propuesta. La combinación de libertad e igualdad para nuestro pueblo es el mandato que surge desde lo más profundo de nuestra argentinidad, el mismo que se ve reflejado en las estrofas del Himno Nacional y que al decir de Ricardo Alfonsín “aún inflama nuestros corazones”. Sencillamente, he allí clave cultural.

19 Ricardo Alfonsín, La Argentina moderna. Del crecimiento al desarrollo, Buenos Aires, El Ateneo, 2011.

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anexo síntesis de propuestas CULTURA MEDIOS PÚBLICOS

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CULTURA
Crearemos el Ministerio de Cultura y Medios de Comunicación. Elevar a categoría de ministerio a la cultura implica la materialización de la decisión política de transformación, a nivel de las estructuras del Estado. Garantizaremos el derecho a la cultura y a la libre expresión como derechos universales e inalienables de todos los ciudadanos. Afirmaremos la diversidad cultural como política de Estado, garantizando el derecho a conservar, enriquecer y difundir la propia identidad. Pondremos en valor la financiación pública y la gestión estatal de la cultura y de las artes. Promoveremos y desarrollaremos las industrias culturales que aporten al crecimiento nacional y a la inclusión socioeconómica de los argentinos. Fortaleceremos las acciones y programas culturales a través de las redes sociales, activando políticas de gestión que procuren la interconexión, la integración territorial y la eliminación de barreras espaciales y geográficas. Incrementaremos el Presupuesto destinado a Cultura, orientado a cumplir con el 1% recomendado por UNESCO. Asignarle recursos para poder desarrollar la pretendida acción cultural (independiente de lo que corresponde a Medios), supone la efectividad conducente para poder llevar a cabo las ideas y las propuestas de las que hablamos. Reelaboremos el Mapa Federal de la Cultura. Nueva regionalización cultural con el objetivo de articular políticas nacionales, provinciales y municipales que se orienten a la promoción, producción y difusión de bienes culturales con valor económico dentro de las economías regionales.

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Estableceremos objetivos y estándares mínimos de producción y gestión cultural, y diseño de indicadores que cuantifiquen, midan y ponderen acertada y confiablemente el impacto de las políticas culturales. Crearemos y desarrollaremos polos, corredores y puntos de producción cultural local y regional, aptos para la difusión cultural, la exposición y la representación artística, y el impulso y fomento de la enseñanza taller. Promoveremos la constitución de puntos culturales en todos los pueblos y ciudades de nuestro país, los que funcionarán como nodos de una red cultural federal interactiva al servicio de la creatividad artística, la promoción cultural, el desarrollo social y la ejecución práctica del proyecto federal de cultura. Aprovecharemos, para fomentar el desarrollo económico y la inclusión social, la sinergia entre turismo y cultura. A partir de la revalorización de las culturas locales y regionales propondremos un trazado de corredores culturales, complementarios de las atracciones naturales y turísticas locales y regionales, y también del Mercosur en un contexto latinoamericano más general. Cada punto cultural que creemos, recreemos o ayudemos a crear, será un lugar apto para el aprendizaje, la elaboración, la exposición y la exhibición de su propia producción o de la producción asociada. Estará dotado de los insumos materiales y de la tecnología indispensable para el mejor desenvolvimiento cultural que exige la actualidad. Articularemos el presupuesto público con las organizaciones del Tercer Sector civil y corporativo (ONG y fundaciones empresariales), y con las demás fuerzas vivas de la comunidad. Promoveremos un Plan de Recuperación de las memorias locales, patrimonios materiales e inmateriales y reparación histórica de la identidad originaria, situacional o de adhesión o preferencia. Impulsaremos la Ley de Patrimonio Cultural a fin de establecer estímulos presupuestarios sujetos al cumplimiento de metas anuales, para guiar e incentivar a las provincias a gestionar su patrimonio y sancionar normas locales más profundas y específicas en la materia, en pleno cumplimiento de las facultades propias y concurrentes que establece la Constitución Nacional.

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Crearemos el Registro Nacional del Patrimonio Cultural y de nuevos tipos penales para la protección de bienes culturales y especialización en seguridad del patrimonio cultural. MERCOSUR Cultural. En 1998 se creó la red cultural del MERCOSUR integrada por artistas, productores y gestores con la convicción de que el trabajo en red les permitiría capitalizar experiencias. La red articula y facilita la circulación regional de productos y servicios artísticos, y estimula la formación y ampliación del público de las artes y la cultura, reforzando la construcción de una ciudadanía democrática en la que la inserción social se combina con la inserción cultural. Convertiremos en política de Estado el apoyo público a este proceso de integración regional. Avanzaremos en la Reforma cualitativa de las bibliotecas populares, de la acción de la CONABIP y del Fondo Nacional de las Artes, consistente con el nuevo modelo federal de cultura y de políticas activas de promoción cultural. Desarrollaremos la actividad artística formal y no formal. Integración federal a partir de campeonatos, concursos y encuentros nacionales de arte y cultura. Generación de la Bienal del Sur y revalorización de nuestros artistas a partir del Censo Nacional del arte y la cultura. Generaremos espacios donde los excluidos por implicaciones o derivaciones de cualquier discapacidad puedan formarse, trabajar, producir, realizarse y superarse. Trabajar por la integración en estos tiempos, supone relativizar lo que no puede hacer una persona, y poner el acento en lo que sí puede efectuar, con las herramientas adecuadas y la capacitación conveniente. Propiciaremos las posibilidades de hacer arte, convocando a capacitadores diestros y disponiendo herramientas útiles. Tendremos una nueva estrategia para las industrias culturales: la cultura como recurso para la generación de empleo y crecimiento económico. Incentivos, localización y análisis de factibilidad y oportunidad del mercado interno y externo. La industria cultural y la participación y el rol del Estado.

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Crearemos la Unidad Externa de Difusión Cultural. En articulación con la actividad de Cancillería se promoverá la exportación de toda la producción simbólica nacional de naturaleza pública y privada, del mismo modo que se pondrá el énfasis en el desarrollo de las formas de producción y distribución de dichos bienes. Promoveremos la creación de Institutos de la Cultura Argentina en destinos y enclaves estratégicos del contexto mundial. Transparentaremos el proceso de asignación de recursos oficiales, creando un sistema de selección de proyectos y asignación de fondos de apoyo a iniciativas culturales en el exterior. Definiremos la responsabilidad social empresaria con una Ley Nacional de Mecenazgo. Vincularemos el arte con la obra pública. A través de establecer la incorporación del componente “obra de arte” dentro del presupuesto y diseño de la obra pública nacional. Modificaremos la Ley de Cine y sus decretos reglamentarios con el objetivo de democratizar la exhibición haciendo cumplir las cuotas de pantalla y abaratar los costos de acceso a las películas, atendiendo los tres eslabones de la cadena cinematográfica: producción, financiamiento y políticas de subsidios, distribución y cuotas. El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) tendrá como objetivo la transparencia y la diversidad, para que el nuevo cine llegue a todo el país de manera fluida y habitual. Nuestro propósito es “visibilizar el cine nacional”. Pues no se trata de producir sin importarnos quién mira, sino de facilitar la exhibición de películas. Por ello, apoyaremos la producción con políticas públicas para la distribución y exhibición. Reconoceremos las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías. Con la gran cantidad de excelentes directores y técnicos que existen en la Argentina, el Estado promoverá la variedad y la diversidad, y no a la homogeneidad, como sucede hoy día.

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A través de políticas diferenciadas consideraremos al cine independiente –o de producción menos industrial– como un cine no masivo. El carácter alternativo de sus formas de producción está en estrecha relación con la singularidad de su estética y, por lo tanto, con la particularidad de su público. Desarrollaremos más y mejores circuitos de exhibición para este cine y para toda la producción nacional en todo el territorio del país, conjuntamente con políticas de formación de público, para que las producciones de este tipo no caigan en saco roto. Complementaremos el mercado de consumidores culturales que eligen y prefieren entre toda la oferta existente, con una vocación estatal interesada por el ciudadano; dado que pretendemos un cine nacional que vuelva a los argentinos y contribuya a la formación y a la construcción de ciudadanía. Analizaremos de forma pormenorizada las producciones que corresponden al ámbito estrictamente cinematográfico y aquéllas que se realizan orientadas a la televisión, a los efectos de establecer las formas más adecuadas de llevarlas a cabo. Crearemos el Instituto Nacional del Libro Argentino a fin de incrementar la publicación y traducción de autores nacionales junto a la multiplicación y puesta en valor de planes nacionales de fomento a la lectura. Se impulsará la devolución del IVA a los editores (que pagan como consumidores finales en la cadena de producción), para impulsar a los nuevos autores nacionales. Crearemos el Instituto Nacional de la Música con el objeto de promover las actividades musicales consideradas de interés cultural por el organismo, a través del otorgamiento de préstamos, becas y subsidios; y a los efectos de la preservación del acervo musical, edición de material bibliográfico y de difusión vinculado a la música. Generación de auspicios y declaraciones simbólicas, como así también ser facilitador de capacitación y perfeccionamiento musical en el país o en el extranjero. Interactuación con los puntos de promoción cultural a los efectos de la producción, distribución y exhibición de las propuestas musicales que correspondan.

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LA CLAVE CULTURAL

Alentaremos a la industria y a los centros de formación en diseño a trabajar en conjunto para lograr, de tal modo, sinergia y desarrollo en ambos campos. Las posibilidades de emprendimientos como estos son extraordinarias en su capacidad de promoción del arte, los oficios y el aumento de valor –material y simbólico– de los objetos y las locaciones, y construiremos la marca estratégica que asocie Argentina & Diseño. Programa “Una casa, una biblioteca”. Reforma práctica de anuncios que se hicieron en diferentes momentos por parte del área y que se discontinuaron o abandonaron. Ningún tema es más importante en el imaginario de las necesidades populares como la vivienda propia, la casa. Hay que dar la batalla contra el déficit habitacional. En cada casa habrá una biblioteca con los libros imprescindibles (no cuadernillos ni material de propaganda), para que cada familia construya la suya. Esta propuesta permite poner el tema cultural en la agenda en los sectores más desprotegidos de la sociedad. Programa de “Asignaciones Culturales No Monetarias”. En el marco del incremento presupuestario y atento entender a la cultura como derecho humano básico, se promoverán las acciones para el efectivo goce del derecho cultural a través de acciones específicas de estos programas de beneficios culturales directos e indirectos. Programa de “Cultura Digital Siglo XXI” y difusión cultural por conectividad, comunicación, innovación y diseño, y nuevas tecnologías, consistente en políticas públicas, marcos de referencia, normas y leyes que nos permitan incursionar con éxito en el mundo global mediado por la cultura digital, aprovechando las oportunidades productivas y cuidando los derechos ciudadanos. Habilitaremos y facilitaremos el acceso a los bienes y servicios tecnológicos y la operación de los mismos por parte del conjunto de la sociedad sin descuidar al artista-productor, generador del contenido de lo que circula. Haremos hincapié en la niñez y la juventud, ya que son los grupos más demandantes, necesitados y relacionados con el nuevo mundo que se despliega con todos sus sentidos en una pantalla a través de un simple enter.

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MEDIOS PÚBLICOS
Reconstruiremos y rediseñaremos los medios de comunicación públicos, orientados a un funcionamiento y a una producción de contenidos consistentes con la libertad de expresión, la pluralidad de voces, los valores republicanos y la no injerencia de los intereses comerciales. Promoveremos un nuevo modelo de gestión de los medios oficiales tomando como ejemplo aquellas experiencias que han sido exitosas en la relación: Estado, medios y ciudadanía. Como ya hemos dicho, la BBC es una referencia sostenible para la conformación de una radio, televisión e Internet Argentina con formas y encuadres de raíz democrática. Reformaremos las estructuras de conducción, del modo de designación y de la duración de los mandatos de las autoridades de los medios públicos y sus organismos de control, orientada a la transparencia, la responsabilidad de gestión, la idoneidad y el control institucional y social. Impulsaremos la integración cultural-comunicacional con eje en Latinoamérica. Avanzaremos en la democratización y masividad de la disponibilidad de conectividad. Estimularemos el pensamiento crítico y la conciencia ciudadana, atendiendo el rol que les cabe a los medios sobre el particular. Sancionaremos una Ley de publicidad oficial, que establezca los límites imprescindibles para la difusión de los actos de gobierno por parte del Estado y que no sea la publicidad oficial un recurso partidario.

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LA CLAVE CULTURAL

Sancionaremos una Ley de acceso a la información que garantice la totalidad de los nuevos derechos ciudadanos. Acceso gratuito por parte de los ciudadanos a las transmisiones de fútbol y otras actividades deportivas y culturales de interés público; pero éstas serán licitadas en forma transparente para que uno o varios operadores privados se hagan cargo de su costo y riesgo. Definición acerca de los contenidos de los medios públicos, los que tendrán en cuenta la construcción de la memoria cultural federal de los argentinos. Asimismo, la red pública difundirá, conservará y archivará las manifestaciones artísticas de toda índole y de todo el país.

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LA CLAVE CULTURAL

Entendemos a la cultura como un derecho humano básico y una herramienta de transformación e inclusión social, nuestro propósito será dar sentido progresista a este campo de acción a través de políticas públicas capaces de hacer efectiva la universalidad del derecho a la cultura y la plena defensa de la libertad de expresión.

20ll. ALFONSÍN.