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UNA IDENTIDAD CON SENTIDO

IDENTIDAD:
concepto lógico, muy empleado en filosofía, que designa el carácter de
todo aquello que permanece único e idéntico a sí mismo, pese a que
tenga diferentes apariencias o pueda ser percibido de distinta forma. La
identidad se contrapone, en cierto modo, a la variedad, y siempre supone
un rasgo de permanencia e invariabilidad. En la historia de la filosofía,
la afirmación de la identidad como uno de los rasgos del verdadero ser ha
sido muy utilizada desde Parménides, que ya afirmó el carácter idéntico del
ser. Por el contrario, otras posturas filosóficas han afirmado que es
precisamente la posibilidad de variación y modificación (es decir, la ausencia
de identidad) la que caracteriza el verdadero ser (tal es el caso de Heráclito
y de las filosofías que admiten el cambio y el devenir como rasgos
esenciales de la realidad).

¿QUIENES SOMOS?

Familia Nativa
Los orígenes de la familia nativa, del actual territorio colombiano, se
vislumbran en el mito y se afianzan en la historia. De Bachué se originan los
hombres y de Bochica la protección y la organización social; ellos dictaban
las leyes y formas de vivir. (Arango, 1976; Triana, 1984). De allí surge la
gran sujeción del súbdito al cacique; las ordenes eran emanadas por él,
quien, entre otras cosas, aceptaba el incesto de padres e hijas, lo mismo la
poligamia (Rodríguez, 1985, p. 63). Según Hernández (1978), era un tipo
de incesto particular a su mismo sistema, pues éste prohibía casarse con
miembros de un mismo clan, quedando ciertas formas de incesto
salvaguardadas; de hecho los demás tipos de incesto eran cruelmente
castigados por la leyes de Nemequene, en términos de clan, porque en
términos de medios hermanos y de tíos a sobrinos consanguíneos el sistema
lo permitía, pues no había manera de restringirlos (pp. 129-130). Este
autor aclara que, la poliginia en los chibchas, se presentaba como un
privilegio aristocrático, los más pudientes podían tener un mayor número de
mujeres y los más pobres eran reducidos a la monogamia, cuando no, por
su estado total de pobreza a ser solteros forzados (p. 135). En cambio la
infidelidad de la mujer chibcha era castigada con su propia muerte; o en su
debido caso, a petición del ofendido y posibilidades del ofensor, podía ser
resarcida la falta por medio del pago de una multa al marido cornudo (pp.
135-137).
De las mujeres chibchas dice Triana que, ofrendaban sus cabellos a los
dioses, acendraban su cuerpo a partir de un baño en agua, refiriendo que
este elemento jugó siempre un papel importante como método de
purificación; por ejemplo, tenían sus hijos a la orilla del río sin ayuda de
nadie (pp. 60-62). Refiere Fernández Piedrahíta que la mujer chibcha
estaba obligada a querer en primer lugar a su dios, en segundo lugar a su
esposo, en tercer lugar a sus hijos y por último a ella misma; además debía
tal sumisión a su esposo que si él no la llamaba a compartir su cama ella no
podía hacerlo por voluntad propia (Citado por Hernández, p. 129).

Vale la pena rescatar varios elementos presentes en la familia y cultura


nativa. La diferencia económica, que permitía a unos de sus miembros
tener mientras otros debían someterse a la falta, hasta tal punto de quedar
célibes por la ausencia de recursos para formalizar una familia. La
preeminencia del hombre ante la mujer, que le permitía ciertos
comportamientos de diferencia ante la institución familiar, tales como la
poliginia. La identificación de familia en términos de clan, donde los
parientes por vía materna detentaban el poder y la autoridad de sus
miembros hasta el punto de determinar el género que debían asumir y con
quien podían tener sus hijos. La sumisión de la mujer a los dictados de sus
dioses, su clan y del hombre. La poca o ninguna consideración de respecto
por las instituciones familiares nativas de parte de la cultura española que
se asienta en sus territorios.

Familia Negra
La historia del negro en nuestro territorio, tradicionalmente se empieza a
contar con los primeros barcos negreros llegados al puerto de Cartagena;
ellos -los negros- venían contra su voluntad para cumplir labores duras y
necesarias pero despreciadas por el blanco; las cuales habían acabado con
el nativo que no estaba acostumbrado a esfuerzos tan grandes. El ingreso
de esclavos negros a territorios colombianos se da con la autorización
monárquica de 1516 (Rodríguez, 1973, p.27).
La situación del negro en estos territorios empezó y por mucho tiempo
fue lastimera, la gente de raza negra no tenía libertad de locomoción; el
negro que se atreviera a circular en las noches por las rancherías o se
fugara era azotado, mutilado o muerto; por ser negros se les negaba el uso
de joyas, ropa fina, armas, mucho menos podían montar a cabello, a no ser
como parte de su oficio obligado; si un hombre y una mujer querían
contraer matrimonio, sólo lo podían hacer con la autorización de su dueño,
so pena de pagar su ignominia con la cercenación de sus testículos. Aún en
calidad de cimarrón, -negro que asumía su libertad mediante la fuga-, no se
podía ser libre y mostrar su cultura, pues siempre encontró quien le
impusiera criterios en contra de su propia voluntad (Citada por Umaña,
1997, pp. 46-47). Nos recuerda De Roux, que el europeo siempre adujo su
vocación civilizadora cuando esclavizó al negro; de ello, fácilmente, se
entiende que el ¨negro llegó a ser sinónimo de inferior y de inteligencia
reducida¨.
Señala Jaramillo (1990) que en 30 años (1789-1821), -nótese que ya
éramos libres de la corona española- la población esclava en Colombia se
duplicó, pasando de 45.000 a 90.000 (pp. 23, 29); en 1850 aún quedaban
20.000 esclavos (p. 40). Según González (1984) para el siglo XVIII,
Popayán, Antioquia, Cartagena y Chocó, eran las provincias con mayor
población esclava de nuestra actual república (p. 263).
Es José Antonio Galán, en su ímpetu revolucionario, el 18 de junio de
1781 quien tras ocupar las propiedades de un acaudalado terrateniente de
la zona de Mariquita, libera por primera vez a un grupo de esclavos negros,
esto sucede en las Minas de Malpaso (Rodríguez, 1973, p. 70).
El desprecio y utilización del negro en las gestas revolucionarias y
contrarrevolucionarias de la independencia quedan patentados en la
tristemente celebre Noche de los Negros, referida al 22 de julio de 1810; el
pueblo enardecido y temeroso, asume que 300 negros venían en su contra
a libertar a la destituida administración monárquica. La realidad les
demuestra que no eran negros, pero queda el referente de la percepción de
los emancipados de que el negro estaba en contra de la independencia.
(Tomado del relato histórico del Sabio Caldas en Academia de Historia,
1960). Por su parte Bolívar, en 1819, en su cruzada independentista,
manifestaba la necesidad de una igualdad de razas en Colombia y
Venezuela, donde los odios raciales y las diferencias sociales eran muy
profundas en la sociedad (González, p. 197). Dice González que fue sólo
mediante el proyecto de ley, aprobado en 1821 que se dan los primeros
pasos para abolir la esclavitud. Con todo y sus fallas, pues se sigue
aceptando de forma abierta y soterrada, se logra que los hijos de los
esclavos no sean separados de sus padres hasta tanto no sean púberes y
adquieran su libertad alcanzado los 18 años de edad (pp. 132-135). Pero
aún en ese mismo año, en recompensa a los propietarios de las esclavas,
que daban los alimentos a los hijos que nacieran libres, éstos últimos
debían permanecer sirviéndoles hasta los 16 años (p. 224). Como quien
dice, la esclavitud seguía pero ahora era a término.
Sigue comentando González que con la ley del 22 de julio de 1843, aún
se permite la venta de esclavos hacia fuera de la Nueva Granada con tal
que la venta de esclavos casados se hiciera sin dividir los matrimonios y
bajo la condición de que los hijos de tales esclavos, nacidos libres, no se
extrajeran contra la voluntad de sus padres (p. 242). “Más bien lo que se
permitía con esta estipulación, era la separación de hijos y padres” (p.
224). Es sólo hasta la ley emanada en 1848, que se propicia la unión de la
familia del esclavo negro (pp. 279-283).
Para González, en 1851, se declara definitivamente la abolición de la
esclavitud en Colombia. No obstante señala lacónicamente: “Por lo que se
refiere al esclavo y al liberto colombianos, estos hallaron su redención más
que con la ley con el producto de su propio trabajo” (pp. 282-296). Lo
cierto es que la esclavitud del negro fue abolida definitivamente, sólo hasta
bien entrada la época de la república en 1852 (Jaramillo, p. 41); siendo un
proceso lento en la práctica debido, en parte, a las marrullerías de los amos
y hacendados blancos criollos
El negro no vino a nuestro territorio por voluntad propia como sí lo hizo
el español; el negro traído contra su voluntad, a la fuerza y sin ningún
consentimiento tuvo negado el derecho a formar una familia hasta bien
entrada la independencia (1848); la autoridad de los negros, fueran hijos,
padres o hermanos, fueron siempre los dueños o amos, acostumbrados a
tratarlos como semovientes más, existentes en sus haciendas.
Familia Española
Por información que brinda Camilo Torres se sabe que los nativos
venidos de España eran una mezcla de cartagineses, romanos, godos,
vándalos, suevos, alanos y mauritanos (Academia de Historia, 1960). Esta
mezcla de razas fue la que llegó a América y posteriormente fue
denominada casta de blancos, o sencillamente blancos. Refiere Aguilera en
el prefacio y biografía, en la obra el Carnero, que Rodríguez Freyle señala la
existencia de una cédula monárquica, según la cual a las Indias sólo
pasaban cristianos viejos, y si eran casados debían traer a sus esposas; no
obstante, en su negro humor completa, que todo el mundo pasaba (p. 11).
Recordemos que cristiano viejo se le llamaba a todo aquel que pudiese
demostrar una larga tradición familiar de acatamiento a los mandatos de la
iglesia católica.
De igual manera se expresa Umaña (1997): Convencidos de la
omnipotencia de su raza, de la superioridad de inteligencia,
inferiorizando y subvalorando a los indígenas, desconociendo las
dificultades de su medio, del clima, del abastecimiento, el europeo se
lanzaba por los mares desconocidos con irresponsable sentido de
aventura (p. 35).
Dice Rodríguez (1973) que la España cristiana, no solamente trajo al
Nuevo Mundo sus instituciones políticas y económicas, sino que transportó
también el espíritu feudal, traducido en un desprecio hacia el trabajo
manual o de otro tipo. Los conquistadores, de extracción popular en su
mayoría, labriegos, vagos, mendigos, vasallos, etc., utilizaban la
envestidura de emisarios monárquicos en estas tierras americanas para
materializar el anhelo, que por su condición de inferioridad económica, no
pudieron satisfacer en su vieja España: ¨imitar el ¨modus vivendi¨ de la
vieja nobleza española¨. Su objetivo, centrado en acumular grandes
cantidades de tierra, los hacía sentir como señores feudales habitando
nuevas comarcas con todo y los honores merecidos (p. 27). Recordemos
algunos conceptos propios del mandato cristiano, sacados de la Encíclica
Rerum Novarum (1891): el hombre es la cabeza y poder de la familia quien
debe defender y cuidar a los hijos que lo perpetuarán; en la sociedad civil
no pueden ser todos iguales, esto se da en todos los aspectos físico,
psicológico y económico; por pecadores los hombres deben soportar los
sufrimientos, las necesidades eternas y los trabajos; no se puede evitar las
clases sociales y, por tal motivo, deben vivir los ricos y los pobres en paz, el
pobre pone su fuerza de trabajo y el rico debe tratarlo con piedad,
adiestrarlo en la fe cristiana y darle lo que es justo (Tomado de la Voz de la
Iglesia, pp. 17-35).
Familia Mestiza
El proceso de mestizaje fue característico y particular en nuestro actual
territorio, dando lugar a la actual familia colombiana. En el presente
colombiano son pocos, o ninguno, quienes pueden tener certeza de su
pureza de sangre o raza. Desde los comienzos de la conquista la mezcla de
razas y culturas es una constante, con diferentes propósitos; pero a la
postre, el principal era el elevamiento del estatus económico y social
(Jaramillo, citado por Umaña, 1997, p. 44). El supuesto blanco, venido de
España, se mezcló con el indio, dando lugar al mestizo; con la llegada de la
raza negra, se mezclan el indio y el negro, y el negro y el blanco, dando
lugar así al zambo y el mulato. Mestizaje significa cruce entre dos razas, sin
embargo, sólo se reconoce como mestizo al producto de la mezcla del
blanco y el indio; mula define el cruce entre caballo y asno, siendo mulato
la definición que se le da al cruce entre la raza blanca y la raza negra; así
también zambo viene del latin strambus que significa vista torcida, y zambo
se le dice a la mezcla de la raza india con la raza negra. No debemos olvidar
que los primeros humanos que pisaron territorio americano fueron
españoles, pues pasaría mucho tiempo y la ayuda de Fray Bartolomé de las
Casas para que se le otorgara la calidad de humanos (cristianos) a los
indios. Tendrán que pasar muchos años más para que se le reconozca el
mismo derecho y estatus al negro.
Otro elemento que ayudó al proceso de mestizaje fue el acercamiento
forzado entre blancos e indios, producto de las relaciones económicas
coloniales. Junto a la mezcla de sangre, también la mezcla de culturas se
fue finiquitando; más que la desaparición de una cultura, se presenció el
sincretismo entre las culturas nativas y las importadas, venidas de España y
África, entre los dominantes y los dominados. La iglesia católica juega un
papel preponderante es este proceso de aculturación y sincretismo. Desde
la conquista, el nativo politeísta es llevado por los evangelizadores a
reconocer un solo dios (Rodríguez, 1973, p. 100); luego son los negros
quienes deben renunciar a sus cultos animistas. No obstante, los nuevos
rituales y creencias tienen el sello de la unión entre las culturas y sus
creencias. Los resultados del buen servicio de la Iglesia a la Corona se
percibieron con todo su rigor en la Independencia. Señala Rodríguez (1973)
cómo la ignorancia y la falta de información en las zonas rurales hacía difícil
la empresa libertadora; allí los indios encomendados, los labriegos libres,
los jornaleros y los negros fueron un obstáculo, que tuvieron que vencer los
criollos, pues la lealtad al Rey y a la Iglesia estaba muy arraigada en ellos
(p. 105).
Nuestros próceres independentistas tenían una visión particular de lo
que iría a ser en adelante la familia; una institución donde los hijos se
podían tener a granel para beneficio y lucro de la nueva república. En su
preludio al grito de independencia de 1810, el Sabio Caldas arenga: ¨Un
peso inmenso se ha quitado de nuestros hombros (...); ya no tememos la
fecundidad de nuestras esposas; los hijos, este dulce lazo conyugal, no será
ya una carga pesada para el padre; será sí una prenda más dada a la
Patria, esta patria los alimentará y satisfecha con este tributo, llenará de
honores y de bienes a los que le han dado ciudadanos¨ (Academia de
Historia). No obstante los padres fueron solícitos en su encargo de traer
nuevos ciudadanos al naciente país, sin embargo la patria se olvidó de su
parte en el compromiso adquirido.
El cambio de gobierno, ocasionado en la independencia, no rompe con
los esquemas del dominante y el dominado, y allí la familia colombiana
sigue su paso.
Así mismo Rodríguez (1973) refiere sucesos, relacionados con la huelga
de las bananeras de 1928, donde la familia de los trabajadores sufren el
rigor del poder gubernamental: ¨decenas de humildes trabajadores, fueron
arbitrariamente encarcelados, la mayor parte de sus líderes reducidos a
prisión y sus familias amenazadas y coaccionadas¨ (...) ¨Ni sus familias se
salvarían: jóvenes violadas, esposas y madres, ultrajadas en su dignidad¨
(pp. 212, 219).

Familia Actual
Una semblanza del hombre colombiano de donde vale la pena rescatar
ciertas características, para así comprender la familia colombiana, a través
de su proceso histórico de mestizaje refiere que el colombiano no tiene el
sentido de conquista del anglosajón, ni el ¨sentido épico de la vida¨, en
cambio sí es pesimista y melancólico. Su filosofía es trágica y escéptica (p.
37). Para el colombiano, la ciencia no ocupa un lugar importante, no es de
gran valor cultural, en cambio sí precia la literatura y, en general, las bellas
artes. Debemos apuntar que también sí fervientemente religioso. El
colombiano es verbalista por antonomasia, centrado en el uso ¨correcto¨
del lenguaje, en la plástica y en la belleza (p. 28). En un estudio, hecho por
el autor a partir del 16PF, la personalidad del hombre y la mujer muestran
ciertas particularidades que los hacen diferentes en algunos rasgos. La
mujer se muestra más estable y segura en sus propósitos de vida, más
sociable y espontánea, dominada por el sentido del deber, responsable y
organizada, propensa a dejarse llevar por los sentimientos, soñadora,
colaboradora, confiada, preocupada por los demás, con mucha confianza en
sí misma, poco ansiosa, trabajadora en grupo y preocupada por la
aceptación social; en cambio el hombre muestra rasgos que lo caracterizan
como inestable, despreocupado, racional, realista y práctico, egocéntrico,
calculador, independiente, estresado y depresivo (Báez, 2001b).

En la actualidad, a pesar del aumento de las vías y medios de


comunicación, se siguen presentando costumbres muy particulares a
determinadas regiones del país. Como ejemplo tomemos el dato de
González, (Citado por Ardila), quien halló que el 42% de los hombres
solteros y el 59% de los casados, en Barranquilla, habían tenido relaciones
sexuales con animales (p.81). Así, también, del santandereano se dice que
es machista, patriarcal, belicoso, y defensor del honor (Serpa, 1989). La
ausencia de una identidad étnica y cultural se trasluce en la cotidianidad
colombiana, allí es común escuchar peyorativos regionales tales como la
pereza del opita, la flojera del costeño, el oportunismo del paisa, la falta de
higiene del cachaco, la hipocresía del boyacence, la lascivia de la pereirana,
la falta de inteligencia del pastuso, etc.

De los análisis hechos por el autor al censo de 1993 se puede colegir


que la familia colombiana se mueve en una economía donde son 42
millones sus habitantes, de los cuales por cada 49 hombres se tiene 51
mujer; 69% vive en la ciudad y 31% en el campo; 29% vive en la miseria,
57% viven en la pobreza; el porcentaje restante tiene el capital. De la
población empleada dos terceras partes son hombres; al contrario, en los
puestos de la administración pública y de servicios el 73% está ocupado por
mujeres (Rodríguez, 1992); Según Ramos (1999), 17 de cada 100
colombianos están desempleados y 14 de cada 100 no tiene forma de
acceder a la educación; cinco grupos controlan el 80% de los medios de
comunicación, cuatro grupos controlan el 92% de los activos financieros,
1.3% de los colombianos posee el 48% de la tierra en el país. En una de las
encuestas hechas por el diario El Tiempo (1999), el 72% de los colombianos
se declara descontento con la situación de su país y el 65% refiere que
tiene demasiadas responsabilidades en su vida para preocuparse de la
pobreza de los demás.

En su salud física la esperanza de vida para el hombre colombiano es de


70 años mientras para la mujer es de 76 (Televisa, 2000); siendo el cáncer
más común en las mujeres, el de cerviz, y en los hombres el gástrico
(Revista Muy Interesante).

En el consumo de psicoactivos se ha dicho del colombiano que empieza su


uso y abuso entre los 12 y los 17 años, siendo mayor el consumo de
alcohol, cigarrillo, basuco y cocaína en los hombres; el 82% de la población
productiva consume alcohol (Rodríguez, 1992); 3 por cada 200 consumen
alguna sustancia psicotrópica; 21 de 100 consumen tabaco, 1 de 100
consume marihuana (Rodríguez, 1997).
Con respecto a la pareja del colombiano, algunas encuestas a nivel
nacional sugieren que las mujeres prefieren, en estatura, a los hombres
más altos que ellas, mientras los hombres se inclinan a formar pareja con
mujeres iguales a ellos; en contextura, la mujeres prefieren el hombre
¨relleno¨ y el hombre la mujer delgada; en color, las mujeres tanto como
los hombres prefieren su pareja de piel trigueña; las mujeres y los hombres
paisas son los preferidos para conformar una pareja (Cromos y CNN, 1997).
Las parejas colombianas se formalizan en un 73% por matrimonio católico
y el 23% por unión libre (Zamudio y Rubiano, 1995). Sólo un 20% de las
parejas que se separan lo hacen motivadas en las relaciones sexuales; el
grado de satisfacción sexual con la pareja va en descenso (Gallup, 1999); el
30% de los hombres y el 39% de las mujeres, que se separaran lo hacen
motivados en la infidelidad de su cónyuge (Zamudio y Rubiano).

En su actitud ante la sexualidad se notan cambios intrageneracionales


y de generación a generación; es así como la cantidad de hombres y
mujeres que empieza a tener relaciones sexuales entre los 12 y los 17 años
es cada vez mayor, siendo en promedio 78% para el hombre y 27% para la
mujer; no obstante, en 1997 el 73% de los colombianos aceptaban las
relaciones prematrimoniales y el 1999 sólo el 60% muestra su aceptación.
El 73% de los hombres y 13% de las mujeres declaran haber sido infieles;
sin embargo, en general, tiende a aumentar el comportamiento infiel en la
población colombiana; el 23% de los adultos refieren haber tenido
relaciones sexuales con menores de edad; el hombre colombiano tiende a
ser más promiscuo que la mujer. Mientras, en promedio, un hombre ha
tenido relaciones sexuales con diez mujeres, una mujer sólo ha tenido
relaciones con dos hombres; el 62% de los adolescentes hombres declara
que se masturba mientras en las mujeres sólo el 13% lo hace (Gallup,
1999). En los años 70, el 95% de los hombres y el 68% de las mujeres
declaró haberse masturbado alguna vez en su vida (Alzate, 1982). En
complemento Ardila (1988) refiere estudios donde el 97% de los hombres y
el 58% de las mujeres colombianas refiere hacer uso de la masturbación (p.
82). Las actividades que predisponen a la mujer para tener relaciones
sexuales son el baile, el trago y conversar, al hombre lo predisponen, a este
respecto, los mismos acontecimientos pero ubicándose el trago en primer
lugar; las mujeres en el acto sexual prefieren al hombre activo, ardiente y
lanzado con el pene mediano y los hombres, al respecto, prefieren las
mujeres activas, ardientes y lanzadas con los senos medianos; las mujeres
tanto como los hombres se sienten desestimulados sexualmente ante los
malos olores, el mal aliento y la barriga del compañero; tanto al hombre
como a la mujer colombiana los inhibe en su actividad sexual el estrés, el
temor al sida y la rutina (Cromos y CNN, 1997). La práctica del sexo oral
está aumentando entre las parejas. En cuatro años pasó del 29% al 35%;
la fantasía del hombre colombiano es tener una relación sexual con una
persona distinta a su pareja. La fantasía de la mujer colombiana es tener
una relación sexual en un lugar inusual. A nivel general el hombre
colombiano se diferencia de la mujer por su mayor aceptación de diferentes
actividades de tipo sexual. Es más propenso a practicar la homosexualidad,
el sadomasoquismo, ver pornografía, utilizar la tecnología en su satisfacción
(teléfono, cine, internet), etc., (Gallup, 1999). Señala Ardila que el 19%
de los hombres y el 12% de las mujeres reportan haber tenido al menos un
contacto homosexual (p. 82).

Ya en relación con los hijos, y en su relación familiar, los padres


colombianos muestran que su tendencia a aceptar el aborto disminuye. De
una aceptación del aborto del 19% en 1997 bajó a un 13% en el año de
1999. El 82% de los colombianos está a favor del uso de anticonceptivos
(Gallup, 1999). En 1985, Rico de Alonso (Citada por Londoño, 1993, p. 41)
encontró que la familia colombiana se ubicaba en un 65% nuclear y en un
25% extensa. Para 1995, Zamudio y Rubiano muestran que El 57% de los
hogares colombianos se conforman por familias nucleares y el 30% por
familias extensas; estos datos señalan cómo la familia colombiana va,
aceleradamente, en contra de la nuclearización y formalización de pareja
para asumir diferentes y otras formas, entre ellas volver a la familia
extensa. Sin embargo, para valorar la creencia de la tendencia a la
extensión de la familia, se debe tener presente, también, que estas últimas
autoras reportan, en promedio, en cada hogar colombiano 4.6 personas. El
56% de los hijos vive con ambos padres, el 34% con la madre solamente, y
el 4% con la abuela; los padres que crían solos a sus hijos se distinguen, de
los que los crían en pareja, por su menor edad; de una generación a otra el
promedio de hijos disminuyó de 3 a 1.5 por familia (Báez, 2001a). En los
estudios de Ardila se señala que, en sus pautas de crianza, sólo el 43% de
los niños colombianos son amamantados con las frecuencia suficiente por
sus respectivas madres (p. 115); mientras sólo la mitad de los padres, el
47%, colabora adecuadamente a la madre en la crianza de ellos (p. 117).

Los niveles de violencia que soporta la familia colombiana señalan que


por cada 13 hombres que mueren por arma de fuego muere una mujer en
igual condición. Para 1996 murieron por esta causa 19407 hombres y 1453
mujeres; por cada 10 hombres que mueren por arma blanca muere una
mujer en igual condición. Para 1996 murieron por esta causa 2856 hombres
y 265 mujeres: por cada 4 hombres que mueren en accidente de transito
muere una mujer en igual condición. Para 1996 murieron por esta causa
3415 hombres y 817 mujeres (DANE, 1999); por cada 4 hombres que se
suicidan, se suicida una mujer. Para 1997 se suicidaron 1692 colombianos,
los meses del año preferidos por los colombianos para suicidarse son
septiembre y diciembre (Coperías y Chávez); uno de cada cinco hombres le
ha pegado, alguna vez, a sus cónyuge. (Profamilia, 1995). Comparadas las
estadísticas del año 2000, las tendencias de muerte violenta se mantienen
estables.

La familia colombiana actual, no obstante los elementos de encuentro


señalados, sigue estando marcada por el policlasismo, la pluriétnia y la
diversidad cultural, tal y como lo plantea el profesor Umaña Luna. En
Colombia no podemos, aún, hablar de una sola familia sino de la diversidad
de familias; los medios de comunicación y la globalización, aunque
muestran su incidencia al interior de la familia, todavía no logran acentuar
la unidad e identificación como una sola institución. En la clínica de la
familia colombiana es normal encontrar una mujer gravemente afectada en
su emocionalidad debido a la infidelidad de su esposo, tanto como aquella
que no le da la mayor importancia al hecho; así mismo se puede encontrar
el hombre con clara percepción de la mujer como objeto tanto como un
hombre que la valora como su igual, reconociéndole igualdad en sus
derechos. Y esto, no necesariamente debido a su grado de educación formal
o profesional, ni correlativo con su poder adquisitivo.

Con los nuevos espacios, -trabajo asalariado, estudios académicos- la


mujer se aleja cada vez más de la casa. El hogar, la casa, el cuidado de los
niños, las labores domésticas son espacios que nadie quiere ocupar; los
hijos se crían cada vez más alejados de sus padres, pasan menos tiempo
juntos y más tiempo con personas extrañas a la familia o con familiares en
segundo grado. La mujer ocupa espacios que antes no le eran permitidos,
el discurso de género se acentúa, surgen especializaciones universitarias y
grupos de trabajo e investigación liderados por ellas, con ánimos de lograr
su total emancipación de lo que antes fuera su yugo. El machismo y la falta
de reconocimiento a su potencial siguen siendo temas que aún no se agotan
en su discurso. El hombre colombiano actual sigue siendo percibido como el
victimario y nunca la víctima; sin embargo, el estrés, la hipomanía, la
drogadicción y la violencia cobran más hombres que mujeres en su
morbilidad y mortalidad.
En conclusión, podemos decir que la familia colombiana -o mejor dicho
las familias colombianas- pasa por un momento particularmente álgido,
caracterizado por la trasmutación de roles y funciones de sus integrantes y
valores a su interior. No se tiene claridad sobre la conveniencia de la
nuclearización o la extensión, la convivencia en pareja, la separación o el
madresolterismo, la dependencia o independencia familiar: Las políticas
estatales no son claras con la familia, por un lado coaccionan a los padres
para que abandonen el hogar, obligándoles a trabajar para lograr el
sustento diario y por el otro, siguen manifestando la defensa de la familia
como núcleo fundamental del Estado colombiano.
EL ORIGEN DE UNA VIDA SIN SENTIDO

La respuesta al problema de nuestros actos está enraizada profundamente


en el hecho de descubrir quien soy, este descubrimiento resuelve el
problema de vivir la vida sin propósito y sin visión

Para que se inquiete saber de donde viene y hacia donde va. El hombre
tiene la facultad de pensar en términos de su propia identidad

¿Quién es usted?, ¿Alguna vez ha pensado acerca e esto?, ¿Cuál es su


respuesta?

Respondemos en términos de alguna posición en particular que tengamos


o esperamos tener. Padres o madres, estudiantes o profesores, jugadores
de futbol o agricultores, cuando pensamos acerca de nuestra identidad
pueden ser muy frágiles o tenues.

Nuestra valía depende de lo que ¿realizamos o lo que somos en esos


momentos?

Los roles son tan frágiles que nunca nos darán la seguridad de nuestra
identidad.

Suponga por un momento que usted es un hombre de negocios y que


somos el número uno en la empresa, pero un día el negocio se acaba
dejando grandes pérdidas; entonces ¿Quiénes somos en estos momentos?,
así sucede en nuestras vidas

TODOS BUSCAMOS UN SENTIDO PARA VIVIR

Imaginemos por un momento una galería de amplios y largos corredores,


con millones de marcos sin ningún retrato, completamente vacíos, todo ser
humano fue destinado para ser una marco de una obra de arte , inimitable
e individual, pero este marco ha permanecido vacío y de una u otra forma
el hombre día tras día ha tratado de llenar . Así el individuo vive alrededor
de su propia persona , con la esperanza de hallar felicidad y el verdadero
sentido de vida.
FORMAS ERRONEAS DE ENCONTRARLE SENTIDO A LA VIDA

TENER
Limbania: una mujer que tenía una posición social, casa,
apartamentos y dos carros además una fabrica de camisas, las cuales
exportaba a los EEUU, en los tiempos de la apertura económica se fue a
pique las exportaciones y quedó sin un peso para cubrir los compromisos
que había adquirido, su sueño de tener se fue al piso, toda su vida cayó.

HACER
Todas las obras que una persona realiza no generan paz ni libertad
en su vida, es más no proveen de sentido de vida.

CONOCER
Muchos hombres tienen las posibilidades de viajar y lo hacen pero sus
vidas siguen inermes ante los problemas y el sufrimiento.

PLACER
Cuando nos dedicamos a vivir la plenitud de nuestros deseos llegamos
a hartarnos de las situaciones o aun peor a adquirir costumbres que
atentan contra nuestra integridad física y emocional.

SABIDURIA
Encontramos hombres que solo desean capacitarse y asi escuchar las
voces culturales como “Sea alguien en la vida”

VERDADES SOBRE LA IDENTIDAD

Cuando una persona no conoce o valora lo que es su identidad vive en


varias condiciones

VERDAD POSICIONAL
Conozco intelectualmente la identidad, mas no la vivo, simplemente
de posición me encuentro con solo el conocimiento, mas no de una
vivencia, es tener la herencia, pero no poderla disfrutar; las leyes me
pueden expresar un poco lo que significa, existe una ley que me puede
beneficiar pqro por su desconocimiento no la disfruto para mi vida

VERDAD EXPERIMENTAL

Todo se hace cierto cuando estamos conscientes en el proceso del


diario vivir de quienes somos y cual es el sentido de nuestra vida; la ley
muestra su claridad en mi beneficio y entonces exijo la aplicación de esta.
VERDAD ACTUAL

La verdad actual me lleva a tener una vivencia y un convencimiento


real de lo que soy, no necesito buscar el agrado de nadie, solo determino
bajo la concepción real de quien soy, vivir para lo cual fui diseñado y tengo
la habilidad para realizarlo

Ejemplo del águila entre los pollos

CUANDO SE OLVIDA LA IDENTIDAD

La identidad se olvida cuando empiezo a vivir como la gente que me


rodea, sin esperanza, sin anhelos, sin saber quienes son, dejándome llevar
por la sociedad que no sabe para donde va, ni que fin tendrá su vida.

EN BUSCA DE UN SENTIDO MÁS PROFUNDO

Cuando una persona no sabe quien es y de repente alguien se le acerca y le


dice usted tiene facultades para el atletismo, porque no se da la
oportunidad y practica, prontamente sería un medallista; el joven empieza
a considerarlo y a entrenar, ve videos, lee sobre atletas, se entrena y ve
que le va muy bien, entra a el equipo de la universidad y de repente se le
acerca la chica que más le ha gustado y le dice toma este pastel, el sabe
que le puede hacer daño, pero tiene dos opciones, olvidarse de la identidad
que ha adquirido o ceder ante la tentacion de aceptarle a la amiga o
simplemente decir ¡soy un atleta y no debo tomarlo!

Si no le imprimo sentido a cada acción que realizo fortaleciendo mi


identidad, siempre estaré variando en conceptos de otros y no los propios.

LA ESENCIA DE LA PERSONALIDAD

IDENTIDAD Y SENTIDO

Estructura de la Teoterápia
El hombre es un ser tridimensional espíritu – alma –cuerpo en una
identidad inseparable.

Explicar Cuerpo – alma y espíritu


Identidad en el cuerpo: No podemos evadir la genética, nuestros ancestros
que grabaron en mi sus característica, quien no acepte a los antepasados
no se acepta a si mismo.

Identidad en el alma: muchos buscan encontrar una identidad en sus


profesiones o el reconocimiento del medio circundante, emocionalmente
encuentran identidad en una relación o el disfrute placentero de
experiencias de vida , otros en su decisión arrolladora no evalúa como
seran los efectos de sus hechos buscando siempre tener esa identidad ante
los demás.

Identidad en el espíritu: la gran mayoría de los seres humanos no


reconocen el diseño de un espíritu que lleva al hombre a encontrarle sentido
a la vida, saliendo de la angustia existencial que les acosa

Blass Pascal
formuló la teoría matemática de la probabilidad (estadísticas), cálculos de la
física teórica moderna. ‘principio de Pascal’, que establece que los líquidos
transmiten presiones con la misma intensidad en todas las direcciones

dijo “En el corazón del hombre existe un vació con la figura de Dios que
solo, que no puede ser llenado con ninguna cosa creada, sino por Dios
mismo, el creador revelado en Cristo Jesús”

San Agustín filósofo dijo “Pues nos hiciste para ti Oh Dios y nuestro
corazón andará en desasociego, hasta que descanse en ti”

Albert Einstein

Mi fe conciste en la humilde adoración de Dios, quien se revela en los más


insignificantes detalles de la materia. Mi profunda convicción intuitiva de la
existencia de Dios, que se manifiesta en todos los lugares del universo,
constituye el fundamento de mi existencia y de mi fe”… “soy judio, cierto,
pero la figura radiante de Jesús ha producido en mi una impresión
fascinadora… nadie se ha expresado como él. En realidad solo hay un lugar
en el mundo donde no vemos ninguna oscuridad. Es la persona de Cristo,
en él se ha presentado Dios ante nosotros con la máxima claridad”

Nuestro verdadera IDENTIDAD

Al se constituidos por un espíritu yn alma y un cuerpo, cada parte de


nuestro ser debe cumplir sus funciones adecuadamente, cuando nos
olvidamos del área espiritual llegamos necesariamente a un desajuste que
produce en nosotros crisis y desasociego espiritual y moral

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