nº2

Revista Digital - OCTUBRE 2011

Mes de publicación: Octubre 2011 En la Isla, arte y literatura, número dos firmado por: Alejandro Gómez, David Yuste, Empréstito Malabares, Irel Faustina Bermejo Hernández, María Teresa Bravo Bañón, Marta Navarro, Raquel Egea, Raquel Sánchez, Raúl Rubio, Rubén Camacho Zumaquero, Santiago Pereira, Ingrid Booten, Irene Téllez, Sara Vallecillos Millera y Estefanía Riera. Diseño y maquetación: Brainstorming. Ilustración portada: David Yuste (www.yustecore.com) y Bewilders. Email: enlaislarevista@gmail.com

DISEÑO GRÁFICO&FOTOGRAFÍA

www.bewilders.es www.yustecore.com
&

www.eldesvandelasletras.com

brainstorming.dg@gmail.com

Editorial
El pasado 4 de julio nació En la Isla, revista digital de arte y literatura. Era una revista isla porque estaba protagonizada por autores isla, ajenos al mercado y libres de sus intereses. Una revista isla, también para lectores isla, porque sólo mostraban una porción de la obra sin más beneficio que el placer de compartir. En estas páginas virtuales no existe promoción, sino literatura y arte en distintos formatos. El objetivo del primer número, entonces, estaba enfocado a la calidad y no a la cantidad. Todos los autores que participaron hicieron de ella una revista de alta calidad, pero además, el primer número contó con más de mil descargas. Es un número muy modesto comparado con otras publicaciones. Pero es un número que nos deja más que satisfechos cuando recordamos que esto sólo es arte y literatura. Nada más que eso. Las publicaciones suelen tener temáticas, y En la Isla no cree en ellas. Cualquier creación artística o literaria no entiende de temáticas o categorías. Cohartar la espontaneidad del autor es mancillar su propio acto creativo. Por esta razón, cada número de En la Isla, así como la propia revista, no está determinada por temáticas, salvo la que cada autor quiera mostrar con su escrito o creación visual. Sin embargo, tampoco queríamos producir una serie de recopilatorios, sino dotar cada número de algún sentido. Por eso, elegimos como temática una palabra: sonido. La interpretación del Sonido es variada. El sonido puede sugerir silencio. Puede sugerir fotografía, puede sugerir tiempo, ritmo, melodía, estructura, e incluso matemática. Cada autor lo ha interpretado a su forma. Ha sido una simple excusa, pero una excusa más que válida. Los siguientes números también estarán basados en palabras, y en el futuro, también en imágenes. Todos los autores tienen las puertas abiertas de En la Isla. El único requisito es ser un autor isla, y regalarnos una pequeña porción inédita de sus tesoros. Este segundo número, como en el anterior, cuenta también con poesía, narrativa, artículo y apartados visuales. Algunos de los autores han publicado, otros aún están en vías de ello. Eso no es importante. Lo importante es lo que han construido entre todos, que es este modesto número de una nueva Isla, que ha dejado atrás el silencio acostumbrado para crear sonido. Un sonido compuesto por letras e imágenes.

Con la Vista

“Waterfall” por Ingrid Booten “Backstage” por Irene Téllez “Back to 50´s” por Sara Vallecillos “Disonancia” por Estefanía Riera

4 12 23 31

Poesía

Marta Navarro Santiago Pereira Raquel Egea Irel Faustina Bermejo Hernández

5 10 19 29

Artículo

“Ramita de almendro para la tumba de Miguel Hernández” por María Teresa Bravo Bañón 13 “Cuando el sonido truena” (John Cambpell) por Rubén Camacho Zumaquero 20 “Callado compañero eterno” por Raquel Sánchez Jiménez

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Gracias por las lecturas

Fuera de la Isla Narrando

“Nôtre Damme” por Alejandro Gómez

6

enlaislarevista@gmail.com En la Isla.

“Una ciudad hostil” por Empréstito Malabares “La Culpa” por Raúl Rubio

16 24

“Waterfall”
Por Ingrid Booten
Nacida en Bélgica, criada en Andalucía. Siempre rodeada de pintores desde la infancia hasta que ya, a los 38 años de edad, descubrí el arte y belleza de la no muy lejana cerámica. Fue amor a primera vista, una exposición en un antigüo convento en Coín, con un patio plagado de pequeñas fuentes de cerámica, cada uno con un sonido hipnotizador. Mis obras están inspiradas esencialmente en la naturaleza mozárabe y andaluza... el mar, la arena, el encanto de los pueblos, los animales... El material utilizado es casi siempre gres con chamota, que conjuntamente, con los esmaltes y el cristal, da mucho movimiento y textura a la cerámica. Gracias a mi Gran profesor y ceramista “Salvador Luna”, he conseguido crear unas piezas llenas de vida, que transmiten luz propia. www.ceramistasdelguadalhorce.com/curriculo_ esp.php?IdCeramista=39

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EN LA ISLA

Poesía

Marta Navarro García
La música del mar
Bajo una alfombra de ladrillos y humo la ciudad me muestra su código. Carreras de autobuses, el claxon de coches insomnes, aullidos de ambulancias, móviles que no duermen, la máquina del café ahogándose entre taza y taza y esa conversación en el trabajo que empieza con palabras albinas y acaba con sabor a sangre fermentada. Aguanta, ya queda menos, pienso, aguanta un poco más. Cruzo la calle deprisa, subo las escaleras de dos en dos, abro la puerta de casa y busco mi cedé favorito, el de las emergencias. Pongo el volumen al máximo. Acostada en el sofá, cierro los ojos, respiro el incienso de la noche abierta y espero a que el mar se lleve las horas naufragadas, que inunde la habitación con su piel de albatros, con su tacto de seres abisales. Le pido que me preste su voz repleta de oleaje, de islas, de náufragos y de misterios. Quiero escuchar todas las palabras invisibles y hacer míos todos los sonidos del mundo. Todos los sonidos del mundo... los sonidos del mundo… Marta Navarro García. Soy vegana y animalista. Quién soy y qué he hecho hasta ahora: he publicado los poemarios “Ocho islas y un invierno” (El Desembarco, Sevilla, 2008) y “La victoria del Heno” (Fundación “Victoria Kent de Cádiz” con el que obtuve el Premio de Poesía “Victoria Kent”, Málaga, 2007). También obtuve el accésit con “La espalda del viento” en el Premio de Poesía “Gabriel y Galán” en 2005. He participado en los siguientes libros colectivos: “Poesía Amorosa” (Certamen Internacional de Poesía Amorosa del Círculo de Bellas Artes de Palma de Mallorca en el año 2003 y en el año 2004).“Con buenas palabras” (Mención especial en el I Premio “Jirones de Azul”, Sevilla, 2006). “José Antonio Labordeta: creación, compromiso, memoria” (Rolde de Estudios Aragoneses, Zaragoza, 2008).“I Encuentro de poetas hispanomarroquí” (Tetuán-Sevilla, 2010). “Voyeur. Literatura y erotismo”, del pintor Pablo Gallo (Ediciones del Viento, 2010). “I Encuentro de poetas hispanomarroquí” (Tetuán-Sevilla, 2010) YIN, “Antología de poetas aragonesas” de la editorial Olifante. (2011). “Poesía en la frontera”, March Editorial (2011)Por otra parte, he publicado en la Revista de Cultura Aragonesa “Rolde” y en las revistas digitales “El Cronista de la Red” y “Narrativas Literarias” y en espacio “Luke Mis poemas se han publicado en la revista de literatura “Piedra de Molino”. Colaboro en la revista “PIKARA” (literatura, cultura queer y temas sociales) y en canal cultura de “Diario aragonés” . Soy autora de letras de canciones para los grupos de rock Anima mundi y Nadie. Además, edito el blog Entrenómadas”.

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EN LA ISLA

Fuera de la Isla

Nôtre Damme
Por Alejandro Gómez
¿Cuántos escalones tiene la torre Sur? Un amigo seminarista de la Universidad Pontifica de Comillas, que estaba terminando sus estudios de teología en la universidad Paris Ouest Nanterre la Defense, y yo habíamos terminado de comer en un antro de comida china en el Barrio Latino. Nos proponíamos bajar la comida dando un paseo por la orilla del Sena, cuando nos llamó la atención la pronunciación nasal exagerada de una turista americana: “¿cuántos escalones crees que tendrá la torre sur?” , preguntó a su acompañante. Inclinándose, mi amigo me dijo en voz baja: “unos 400 en espiral”. Anduvimos unos pocos metros más, cuando mi amigo se detuvo diciéndome: “Sabes, la sensación que me produjo la catedral al verla por primera vez, no es, en absoluto, la que me produce ahora. -¿Y eso?- le pregunté. -No sé –añadió-. Quizá después de haberla estudiado tanto y tan afondo, haberla visto por dentro y por fuera, casi cada semana, me hace no apreciarla como en realidad merece. A veces, incluso paso por delante y ni siquiera la miro. -Oye ¿y por qué no vamos y me cuentas un poco sobre ella? –propuse. -Por mí de acuerdo, pero ¿no estuviste ayer? -Sí, pero no se deben desaprovechar las visitas guiadas por expertos. -¿Y subiste a las torres? -me preguntó esbozando una sonrisa. -No, creo que había que pagar. -Sí, 8 euros por persona –aclaró- , si eres mayor de 26 años. -¿Y merece la pena? -No. Excepto por las vistas, las gárgolas, ah, ¡y el jorobado! Madrid ,1980. Cursó estudios de Arquitectura Técnica en la Universidad Politécnica de Madrid. Artista polifacético: poeta, fotógrafo, músico percusionista, pintor. Ilustrador de los libros : - Territorio Prohibido. Autora Teresa Arrazola. Editorial Beaumnont, Minnesota, USA 2009. - Es un crimen talar el almendro florecido. Autora María Teresa Bravo. Ediciones Silva, Tarragona 2010. - Susurros de Amor. Autora Jéssica Arias, Cuadernos del mar de Alborán , Málaga 2010. - La Cruz del verbo, Autora Rosario Bersabé. Editorial Silva , Tarragona 2010. Colaborador de diversas publicaciones poéticas internacionales en las que destacan: Gaceta del Centro Histórico Nacional de Guatemala, Estrellas poéticas, e Isla Negra (Argentina) En Long Island al día , diario de Nueva York tiene una columna los viernes y en Debatepress.com. Poemario Violeta malabar , Editorial Beaumont, Usa 2010. Autor Conjunto de textos con María Teresa Bravo de Violeta malabar. http://agomez-arte.blogspot.com/

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EN LA ISLA

Fuera de la Isla

-Subiremos entonces. Mientras nos dirigíamos a la fachada oeste mi amigo me contó que, hubo un tiempo en que se reunían alqumistas delante de ella, con la intención de descifrar el significado de sus símbolos y figuras, creyendo que en ellos se encontraba oculta la fórmula del elixir de la eterna juventud. Ya situados frente la fachada principal empezó a explicarme: -Como verás, la Catedral de Nôtre Dame es uno de los mejores ejemplos del estilo gótico. Dedicada a Nuestra Señora, tardó en construirse 182 años. Las obras comenzaron en el año 1163, en plena edad media, siendo Maurice de Sully, coparticipe del proyecto, quien mandó erigirla durante su gobierno episcopal. Pero, es mucho antes cuando se escoge este emplazamiento, por los celtas para practicar ceremonias rituales y por los romanos como lugar de veneración y culto. Incluso anteriormente a construirse la catedral de Nôtre Dame, aquí mismo se situó durante bastante tiempo la de San Esteban… -¿Y qué representan los pórticos? – interrumpí. -Ah, ¿los portales? Son representaciones alegóricas. El portal central, y quizá y el más significativo, representa el juicio final; el de su derecha, a Santa Ana, madre de la Virgen, y el de la izquierda hace referencia a la muerte y ascensión de la Virgen María. Mira, ¿ves el rosetón? –me preguntó dándome con el codo mientras me lo señalaba-. Mide alrededor de 10 metros de diámetro, y las tres figuras que se pueden observar son Adán y Eva, a los lados, y María con el Niño, en el centro. Dicen que el rosetón representa el halo de la Virgen, lo perfecto, el principio y el fin, Dios… -Y toda esa fila de estatuas entre el rosetón y los pórticos –dije señalando arriba-, ¿qué son? ¿santos ? -Esa gran hilera de estatuas, es la galería de los reyes bíblicos de Judá, o Judea, como la llamaron los romanos, destruidas durante la Revolución Francesa, al creer los revolucionarios que representaban a reyes franceses, y restauradas posteriormente. Y un poco más arriba del rosetón -señaló-, está la galería de las quimeras, donde se encuentran las famosas gárgolas. Luego subimos a las torres y les haces unas fotos, ¿vale? Vamos a entrar. -Me encantó la parte este de la catedral -le comenté mientras íbamos caminando hacia la entrada-. Creo que es menos impresionante que la fachada principal, por la cantidad de pináculos, arbotantes y contra-

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EN LA ISLA

Fuera de la Isla

fuertes que conforman de una manera sublime la cabecera de la catedral. Me parece que la fachada oeste es más estética, y la éste más rigurosa. Antes de cruzar la puerta, pude apreciar el aroma acre del incienso, que evoca y caracteriza a las iglesias. “Como huele a iglesia”, le dije. -Sí. Tenemos nuestra forma de hacer marketing –sonrió irónicamente. -¡Qué maravilla de rosetones! -exclamé. -A mí, personalmente, también fue lo que más me impactó del interior de la catedral. ¿Sabes que se mantienen prácticamente la totalidad de los vidrios originales?, estamos hablando de vidrios de más de 700 años. Los rosetones norte y sur miden unos 13 metros de diámetro, representando el Antiguo y el Nuevo Testamento respectivamente. Llegando al altar, no pude por menos de recordar el cuadro de Jean-Louis David representando la coronación de Napoleón. -Sabes, ser organista titular de Nôtre Dame –comentó mi amigo señalando uno de los dos órganos-, conlleva uno de los más altos honores a nivel mundial a los que puede aspirar un organista. ¿Qué te parece si subimos a las torres? 387… 388, ¡389!. Rondando los 400 y ¡a 43 metros de altura! Merece la pena contemplar Paris desde esta altura, sentir el corazón roto de Víctor Hugo cayendo por el abismo de la catedral. La luz de esta ciudad es algo único, no sé si será por el Sena, o qué se yo, pero es como estar dentro de una fotografía de Robert Doisneau. -Todo parece detenerse y convertirse en una postal desde aquí, ¿verdad? -me preguntó-. Mira, las gárgolas - señaló con un movimiento de barbilla. Me puse a tomar fotos, hasta que el encuadre de una de ellas me hizo pensar que el artesano había conseguido transmitir lo que pretendía en esa obra. “Es como si se pudiera llegar a saber lo que está pensando la gárgola” –comenté. -¿Vienes al ver la campana Emmanuel? –me reclamó mi amigo.

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EN LA ISLA

Fuera de la Isla

Una vez dentro de la torre sur, me comentó que las vigas interiores de las torres no eran las originales, pero que en la estructura de la cubierta sí, y que a ésta la llaman “el bosque”, porque probablemente hubo que talar uno entero para construirla. “La campana pesa 13 toneladas –explicó-, y suena en momentos muy puntuales, como Navidad, Semana Santa y visitas oficiales”. Después de buscar sin éxito al jorobado, entre la estructura de la torre, nos quedamos un buen rato contemplando las magnificas vistas de la ciudad, mientras atardecía. Después bajamos los 389 escalones y nos alejamos paseando por el Sena hacia el Louvre. -Oye, ¿crees que en la pirámide invertida del Louvre se encontrará oculto el Santo Grial?

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EN LA ISLA

Poesía

Santiago Pereira
Regicidio Music Glam
Rayo de Lord Byron al oscuro tuneado. Boris Karloff bajo formol sus ojos de frasco. ¡Oh, percanta! lengua de entraña, ojos los palmos, manos de Prometeo lujuriosas de párkinson. Decantar de los ojos al neófito verbo; concepto infundado del fundado concepto. La mirada al reverso del decoro inverso. El verso: pasta de sangre, de sangre y cabello. La facundia en cuello, la afasia del adefesio, acelerar de nucas de viruta al destello. ¡Crack! del hueso de arranque, funámbulo del fémur; iceberg de la piel, lengua misógina de Otelo. Filomeno cantare a dos graves de Strauss. Mp3 knife del regicidio music glam; del sintagma bacanal al aluvión broadcast; del “MÍ” sostenido a la autofagia de llorar. Lento de pixeles el absurdo en movimiento; de la flecha de Zenón al estúpido desmedro; del violar niños a ningún remordimiento. Yo verso: pasta de sangre, de sangre y baberos. Santiago nace en 1983 en Montevideo/ Uruguay, ciudad en la cual reside actualmente. Vivió su infancia en la ciudad de Melo, departamento de Cerro Largo. Estudia Licenciatura en ciencias de la comunicación (LICCOM). Escribe en los géneros lírico y narrativo donde a recibido importantes menciones y premios, tanto en lo nacional como en lo internacional: Mención en poesía en el año 2009 en el concurso de poesía “Pablo Neruda” organizado por la intendencia de San José (Uruguay) y la fundación Pablo Neruda (Chile); 1er premio del mismo certamen en la edición 2010; becado por la fundación Neruda con un viaje a Chile y como integrante del taller en la fundación al igual que otros dos poetas de Sudamérica. También fue invitado a participar del “V encuentro de poesía Latinoamericana” en el valle de Colchagua 2010, donde participaron importantes poetas Chilenos como Juan Cameron, Jaime Quezada y Andrés Morales entre otros de misma importancia.

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EN LA ISLA

Poesía

Lucille
¿Sofista, nihilista, terrorista del pan o simplemente un spam con la almohada off side? No es por pura gola, es ciclotimia chill-out; es quedar stand-by y ya nunca despertar. Pues, aquí voy, hacia el seño fruncido del sol, entre luces mortecinas y pasos sin son; baches llenos de colillas: escorias de Dios. La ingenua pitada y cáncer de pulmón. La noche que sentí la Lucille de B. B. King: un callejón, Roy keane, un scratching y el Spleen. Vivir sabiendo que siempre vas a estar ahí, en gurí de lustre moña y amargo reír. Dándole pecho al mismísimo Schopenhauer; quisiera hacerle el provecho y olvidarlo en la calle. ¡Quiero ser Shi Huang Ti, las manos de Prometeo, el morbo de Park Chan-Wook y no ser Odiseo! Flores que abren, y polen cerastas a mi hiel. Emana litio, mientras recuerdo Purple haze. Un delay de psicodelia fundamentalista; cierzo virgen que ya no manchará las cobijas. Con vasto espacio vacío de ojos de niño, cantinflear rellenos con bonito escrito. Me acelero a cero hasta lamer ceniceros; estoy dejando la piel en cualquier hormiguero. Una celda, diez presos y el pecho como Becho pero sigo firme y derecho por este trecho. Como Julio Sosa, el varón más maricón, cuando su boca, besaba en la boca al dolor. Mi Ann Landers ya se fue, me refugio en la TV; tropiezo con mis pies; me sigo viendo al revés. ¡Soy La naranja mecánica y voy por ti! ¡Soy un héroe pos-moderno, nada hago por mí! Colgado a mi lado, sin pecado ni razón, oscila Arquímedes tal péndulo de reloj. Mi vida en un marco y en la pared de mi cuarto; caso cerrado, diegético, y atiborrado.

“Backstage”
Por Irene Téllez
Estudiante malagueña de Historia del arte, me encanta la fotografía y me dedico a ella de forma autodidacta. Me gusta situarme delante y detrás del objetivo. http://irealpictures.blogspot.com/ irene88_2@hotmail.com

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EN LA ISLA

Artículo

Ramita de almendro para la tumba de Miguel Hernández
Por María Teresa Bravo Bañón
Y te veo así : tan lleno de vida y pienso ¿Qué hubiera sido de ti si esa tisis galopante no te hubiera “alhajado de carne de cementerio”? Hoy, día 28 de Marzo, moriste en el Hospital del reformatorio para adultos de Alicante (En Alicante, su pueblo y el mío). Lloro, cada vez que te pienso en el estertor de la muerte, el abandono y la miseria de esa cama de la enfermería en donde te dejaron morir con 31 años . ¡Tenías sólo 31 años: la vida por delante! Tantos libros por escribir, tanta vida que recorrer y tanto proyecto por cumplir! Una vida de amor al lado de tu mujer y de tu hijo Manolito! “Trágame, leve hoyo donde avanzo y me entierro. La losa que me cubra sea tu vientre leve, la madera tu carne, la bóveda tu ombligo, la eternidad la orilla”. Cancionero y romancero de ausencias” 1941 1942: España fratricida que nunca necesitó enemigos de fuera, que sus enemigos fueron las guerras cainitas. España masacrada, amordazada, vejada y expoliada por sus propios hijos. Miguel, Miguel, ¡Cuántos sueños tuyos se han cumplido!. Ya no hay niños yunteros en los campos de España que tanto te dolían, ni pobres cabrerillos que se queden con albarcas vacías en las mañanas de Reyes. Ya no hay abismo entre gente de “bota” y “alpargata”. Afortunadamente llegó un tiempo en que las Universidades fueron asequibles para los hijos de los campesinos y obreros. Fue por allá por los 60 que nuestros padres hicieron un gan esfuerzo para que tuviéramos estudios y fuimos protagonsitas de un inmenso cambio. Así se acabó esa barrera de ser “gente de bota o gente de alpargata “. Cuando la igualdad de oportunidades se niveló por el esfuerzo de la cultura universitaria. “Para el hijo será la paz que estoy forjando. Y al fin en un océano de irremediables huesos tu corazón y el mío naufragarán, quedando una mujer y un hombre gastados por los besos”.

Alicante (España) 1954 Maestra de Enseñanza Primaria. Antóloga de poesía universal, dinamizadora de bibliotecas escolares e institutos para el fomento de la lectura y la poesía como vivencia existencial. Fue Coordinadora de la Revista Literaria Generación. Profesora del Instituto de Ciencias de la Educación de talleres de Creatividad literaria y divulgación de la poesía. Colaboradora de numerosas revistas literarias y pedagógicas. Bibliografía: Sombras de la Razón, Colección Ibn Gabirol, Málaga 1981 Prólogo de Dionísia García. Entre las Crines del Viento, Editorial Salobe, Málaga 1984. Liturgias del Crepúsculo, Pliegos del Crotalón, Colección de Víctor Infantes, 1985. Invitación a la metáfora, Editorial Málaga-Marruecos, 2005 Prólogo de Juan Carlos Conde, Profesor Medievalista en Bloomington, Indiana, Estados Unidos. Es un crimen talar el almendro florecido, Editorial Silva, Tarragona. prologado por Ernesto Kahan Premio Nobel de la paz 1985. Violeta malabar (poemario conjunto con Alejandro Gómez García)Editorial Beaumont ( USA) 2010. Tiene una columna en Lialdia.com , en Debatepress, así como en Fumarola, la revista de la Universidad de Colima, México. Mantiene el blog: http://lasmanosdetiza.blogspot.com/ http://poetassigloveintiuno.blogspot.com /2010/11/1845-maria-teresa-bravo-banon. html

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EN LA ISLA

Artículo

Hubo paz, después de tanto tiempo y perdón y hasta olvido, sí, pero ese olvido duele aún, porque sigue siendo injusticia. Hoy se sigue buscando los huesos a Federico García Lorca en el barranco de Víznar, Machado contnúa en Colliure y a ti , el Tribunal Supremo ha revisado tus tres penas de muerte y reconoce que se te hizo esa injusticia, pero ahí quedan. Hace sólo un mes esto salía en la prensa : “El Tribunal Supremo no autoriza la revisión de la sentencia de Miguel Hernández” “Me sobra el corazón Hoy estoy sin saber yo no sé cómo… hoy sólo tengo ansias de arrancarme de cuajo el corazón y ponerlo debajo de un zapato.” Miguel Hernández. Miguel, Miguel ¡Qué inmenso homenaje se te hizo en 2010, en todo el mundo, conmemorando el centenario de tu nacimiento! pero después del homenaje, te han dejado la sentencia como estaba. Aún hay anónimos muertos que yacen en las cunetas de las carreteras esperando las pías manos de sus familiares,para ser sepultados en camposantos amados .Hay que devolver a cada uno su dignidad perdida, hasta entonces toda justicia quedará en la falacia de las palabras tueras . “hombres que entre las raíces, como raíces gallardas, vais de la vida a la muerte, vais de la nada a la nada” Vientos del Pueblo. Miguel, Miguel, siempre eres el POETA, así con mayúsculas. Yo apenas me puedo acercar a ti sin temblar ante tus versos. Te dejo esta ramita de almendro de mis versos. Canto a la vida, la que te robaron. Nunca en elegía porque tú escribiste la perfecta (Elegía a Ramón Sijé).

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EN LA ISLA

Artículo

La música del mar
“Sólo quien ama vuela. Pero ¿quién ama tanto que sea como el pájaro más leve y fugitivo?”. Miguel Hernández. Llegaste a la cumbre de mi corazón, me sacudiste como árbol de frutos deseados y caí en dulzor de maduras pulpas en tu boca. Soy la canción de amor que prendiste en mis oídos, el viento lunar de tus mareas y la estrella acunada en las orillas de tu pecho. Allí hechizo tus sueños con golondrinas santiguadoras de la amanecida en sus picos custodios. No les permito anclaje de raíz, los entrego a los seres del aire, a los hijos de los violines y de las flautas. Son arias de la luz para la dicha, cometas cabalgando entre nubes, aladas simientes del espíritu viajando entre los vientos de la Tierra.

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EN LA ISLA

Narrando

La Ciudad Hostil
Por Empréstito Malabares
Una estación. El tren acaba de llegar y el andén está lleno de pasajeros moviéndose de aquí para allá. El contraste de luces entre la marquesina, más oscura, y la claridad del fondo contrarresta en cierto modo el movimiento de la escena. Las pinceladas son más finas en la parte media del cuadro y más gruesas en el contorno, lo que obliga a fijar la mirada en los personajes del centro. En la esquina inferior derecha, un niño, casi arrastrado de la mano por una madre llena de prisa, mira directamente al espectador con la cabeza ligeramente torcida hacia atrás. Un poco más arriba se ve la estampa de un viajero de mirar desorientado y aire abatido, parado en el andén, totalmente ajeno al remolino de gente que le rodea y como esperando a que algo suceda antes de seguir caminando. La insoportable sensación de soledad y la carga tremenda de la culpa habían llevado a Anastasio Pantalones a dejar todo atrás y volver a la ciudad de su infancia, donde esperaba que al menos los buenos recuerdos le ayudaran a empezar de nuevo. Es demasiado duro para un alma sencilla descubrir de la noche a la mañana que todo cuanto creía sólido no era más que una enorme mentira, y la explicación que le dio ella antes de dejarle –eres tonto, simplemente eso, tonto- le bailaba en la cabeza impidiendo que ningún otro pensamiento ocupara su lugar. Si no llega a ser por la advertencia de otro pasajero al llegar a la estación “oiga, ¿no se bajaba usted aquí?” hubiera seguido kilómetros y kilómetros adelante, parada tras parada, sin bajarse del tren hasta el final de la vía. Ahora tenía por delante su ciudad, después de tantísimos años sin volver, y una necesidad imperiosa de sacarse de la cabeza esas últimas palabras de quien llenó su vida. La escena representa una habitación de aspecto sórdido y decoración vacía. Sentado en la cama se encuentra un hombre de aspecto fatigado, con los hombros caídos y la mirada perdida en la pared que tiene delante, adornada sólo por las manchas de humedad. La composición recuerda en cierto modo la habitación de Van Gogh, pero los trazos son mucho más precisos, los colores más uniformes y los volúmenes más recogidos. La iluminación, artificial, se cuela en colores chillones por una ventana al fondo. A los pies del hombre se encuentra una maleta todavía sin abrir. El choque con esa nueva realidad había sido brutal. Tan cambiada estaba la ciudad que no pudo reconocer nada. Desde la última vez, a la muerte de su padre muchos años atrás, todo había cambiado de manera radical. Allí donde estuvo su colegio había ahora un centro comercial. El parque donde jugaba había sido sustituido por una explanada de cemento duro y árboles tuberculosos. El viejo café donde solía leer el periódico los sábados mientras desayunaba había sido remplazado por una sucursal bancaria que anunciaba promesas de alegría a quien traspasara sus puertas. Su barrio, de casas pequeñas y aceras Empréstito Malabares nace en un pequeño pueblo de la Sierra de Gata cuando la posguerra castiga más duramente a los menos ricos. Desde pequeño descubre a palabra escrita como única vía de expresarse sin miedo a recibir un bofetón a cambio, eso siempre que nadie leyera sus escritos, en cuyo caso el bofetón podría ir fácilmente acompañado de una patada en las costillas. Sin dientes ni dinero llega a Madrid en los años 60 dispuesto a hacerse un hueco en la sociedad, encontrándolo como comerciante de paños hasta bien entrados los 90. Es entonces cuando muere de un catarro mal curado y es enterrado sin pompa en el cementerio de la Almudena, donde reposa hasta hoy. Sus obras combinan la magia de Borges con la sorpresa de Vian. Una casualidad ha permitido sacarlas a la luz para mostrarlas al gran público, ya que nunca antes fueron publicadas. El tiempo dirá si no estarían mejor bajo tierra haciendo compañía a su autor.

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EN LA ISLA

Narrando

refrescadas por la sombra de los plátanos se había convertido en una sucesión de moles enormes que se repetían como el hipo. ¿Qué había sido de la iglesia donde hizo su primera comunión? Y del paseo junto al río, convertido en un lugar aséptico de carril bici y farolas de diseño, no quedaba nada de su viejo encanto, de bancos modernistas y fuentes que escupían su agua por caños con cabeza de león. Nada era reconocible. Nada recordaba a la que fue su ciudad. Abatido y solo en la pensión, sentado sobre una cama de muelles como cuchillos, lloró de manera silenciosa, como quien llora por última vez. Quiso desahogarse maldiciendo, pero las palabras que pronunciaba salían de su boca en forma de pompas que quedaban flotando por el cuarto sin atreverse a estallar. Al rato, agotado de llorar quiso lavarse las lágrimas, pero al abrir el grifo sucio del lavabo sólo encontró un rebuzno largo y lleno de tristeza. El cuadro representa una escena costumbrista en el interior de una taberna. Un grupo de hombres de mediana ocupa el centro de la composición. Los colores encendidos de sus rostros, las risotadas impúdicas, y los gestos chabacanos llevan la imagen a lo grotesco. Destaca la preocupación del artista porque la escena aparezca bien iluminada, aunque el conjunto resulta de alguna manera oscuro y grotesco, como un grabado de Goya. En la esquina superior derecha casi pasa desapercibida una figura que observa la escena desde el fondo de la sala, de pie, quieta, sola, tan lejana a todo que parece estar fuera del cuadro. Pero no todo había cambiado. Tras muchas vueltas consiguió dar con el garito donde tantas tardes de chistes, alcohol y julepe había pasado en su juventud. Había cambiado de nombre y la decoración era otra muy distinta de la que él había conocido, recargada ahora con fotos y juguetes viejos, gramófonos y todo tipo de antigüedades falsas, compradas al por mayor en algún remoto lugar del planeta, pero entre la gente pudo distinguir a los que una vez habían sido sus amigos. Pacho se había quedado calvo y Julián se había dejado barba. Lolo había engordado de manera impresionante y estaba más envejecido que los otros. Todos tenían arrugas y canas, pero al menos seguían allí; no todo había cambiado en la ciudad. El recibimiento fue extraño al principio, desastroso después. Desde el momento en que no fue reconocido y tuvo que presentarse él mismo notó que volver a integrarse en el grupo no iba a ser nada fácil. Tras unos instantes de confusión general, empezó a notar entre sus antiguos amigos miradas cómplices, sonrisas maliciosas y codazos disimulados que le señalaban como una excelente oportunidad de reírse un rato. Sus explicaciones sobre dónde había estado todo ese tiempo, a qué se dedicaba, y cuáles eran los dolorosos motivos de su vuelta no consiguieron sino palabras de asentimiento forzado, como cuando se da la razón

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EN LA ISLA

Narrando

a un loco o a un niño. Sus intentos por iniciar una conversación agradable preguntando a los demás por sus vidas sólo lograron evasivas o chistes fáciles. Pronto empezaron las primeras puyas y en pocos minutos su miseria era el centro del choteo del grupo. La sensación al abandonar el garito no era mucho peor que la que traía al entrar. Algo en su interior le decía desde el principio que nada tenía que hacer en una ciudad que ya no era suya y que nunca volvería a serlo, al menos no lo suficiente como para permitirle vivir en ella. Tan abatido y desorientado como al principio se encaminó de nuevo a la estación para huir de aquel sitio que empezaba a volverle loco. Solo al llegar al pie de los andenes y leer los grandes rótulos que anunciaban el lugar se dio cuenta de qué había ocurrido y comprendió cuál era el motivo de tanto cambio. Ahora sabía que cuando ella le dejó tenía razón para decirle lo que le dijo, era tonto: había bajado del tren demasiado pronto. Se había confundido de ciudad. Fdo. Empréstito Malabares

Fotografía: Arbóreo Sugrañés http://arboreusfotografia.blogspot.com/

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EN LA ISLA

Poesía

Raquel Egea
Rompiendo la barrera del sonido*
1224 kilómetros hora el caos rompe en trozos inertes mis tímpanos tambores de hojalata sin vida sangre que explota en medio del rayo crujir de vértebras que al partirse devoran mi voz esa voz rompo la barrera del sonido en el límite físico de unas manos ya abandonadas reviento en un grito me precipito desde un techo de barro que chirría y vibro en una ausencia de días contados caigo rozando el aire que parte las falanges de mis dedos en miles de decibelios que tan sólo podrán oír los perros. * barrera omnipresente que viaja en todas direcciones a la velocidad constante de 1224km/h

Nací un 21 de marzo de 1979, en Granollers (comarca del Vallés Oriental, en la provincia de Barcelona). La vida me llevó a licenciarme en Historia, hace ya seis años. Desde siempre he escrito por necesidad, como liberación, como bálsamo para curar heridas. De formación autodidacta, he publicado algún poema en periódicos de tirada local como el Diario Canfali Marina Alta de Dénia (Alicante) y en alguna que otra revista literaria como Revista Literaria Aguamarina de Leioa (Bizkaia) e Iguazú Revista Artesanal de Literatura y Cultura (num.22) así como algún artículo en el magazine de un periódico de tirada autonómica Revista Zazpika (num. 513): El último viaje del San Sebastián. Mención especial Premio Poesía Sant Jordi 2005 del pueblo vallesano en el que crecí, Montornés del Vallés. En junio 2011, participé como poeta invitada vía Skype en el VII RECITAL INTERNACIONAL DE POESÍA DESDE EL SUR (Colombia). Actualmente gestiono mi blog poético: http://misparaisosdesiertos.blogspot.com/ El del grupo poetas silentes, junto a otros poetas: http://poetasilentes.blogspot.com/ Colaboro asiduamente en la revista on-line http://leptica.com/ Recientemente me han publicado en la revista online 22 de HYDE PARK GATE de la editorial andaluza Fin de Viaje http://www.edicionesfindeviaje. es/revista/ (página 27). En Julio 2011 he auto editado mis primeros versos: www.bubok.es/libros/204684/Dos-dias-y-medio-en-el-nido.

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Cuando el sonido truena (John Campbell)
Por Rubén Camacho Zumaquero
Todos los sonidos eran internos. No podía hablar, mirar, apenas podía moverse y cualquier expresión de su rostro estaba censurada por más de cinco mil puntos de sutura. No podía comunicar nada, salvo el silencio. En el interior de su cuerpo, el sufrimiento era incluso peor que el de su rostro, estático e inservible. Respiraba sólo con un pulmón, ya que el otro estaba colapsado. Nunca más volvería a servirle para nada. El corazón estaba débil. Le perseguiría una fragilidad constante, de por vida. A pesar de ello, el corazón continuaba bombeando sangre con esfuerzo, a la vez que el pulmón restante trataba de gestionar el aire. El ojo derecho, por el contrario, ya no le servía para nada. Sus únicos esfuerzos, en ese estado constante de letargo, le impulsaban a levantarse de la cama para quedar sentado en una de las esquinas, agarrar una guitarra y tocar acordes de Blues. Cada nota, cada acorde, cada grito del tubo metálico deslizándose por las cuerdas sonaban para él como un mantra, un eco constante que se repetía sin cesar en el aire y en su mente. Era su único medio de expresión. Era entonces, cuando hacía sonar la música, cuando el silencio pasaba a ser sonido, y ese sonido, el único que podía expresar mientras su rostro estaba cosido, tronaba tanto como su interior. Era en esos momentos cuando podía expresar algo, y la expresión tomó forma de sonido de Blues. John Campbell tenía 17 años cuando pasaba los días tumbado en la cama y sólo podía expresarse haciendo sonar su guitarra. Ya era un chico prometedor como músico antes de su accidente, pero su pasión por la velocidad era tan peligrosa para su cuerpo como la honestidad de la música que tocaba para el alma. El coche chocó contra un árbol a gran velocidad, John salió despedido tras romper el cristal, se golpeó contra el árbol y volvió a caer en el coche. Necesitó más de cinco mil puntos de sutura en el rostro. El ojo derecho y uno de los pulmones los perdió para siempre. El corazón se pararía en cualquier momento, como aseguraron los médicos. Los médicos no pudieron explicarse por qué no había muerto. El pronóstico para la convalecencia estaba claro: silencio. John no podría mover el rostro en largos meses, y apenas podría realizar cualquier tipo de esfuerzo físico. Sin moverse, sin poder hablar ni gesticular, John sólo tenía el sonido de su guitarra. Aún así, era un joven afortunado. El chico de Louisiana vivía un infierno, pero hasta los infiernos pueden ser fructíferos. John aprendió cómo comunicarlo todo a través de un sonido sin palabras. Un sonido reverberado y latente, como el de su guitarra metálica. Era afortunado, pues poseía una guitarra. Con el tiempo, conseguiría una National Steel del año 34 que había pertenecido al mismísimo Lightnin’Hopkins. Su infierno fue un periodo de transformación. Mientras en su rostro y en su voz todo era silencio, aprendió a hablar de

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una manera diferente, profunda y verdadera. Ya no tenía máscaras, pues ni su propio rostro podía crear una con sus gestos. Sólo estaba él y la música que comenzó a hacer sonar. Estudió a los clásicos del Blues día y noche. Años después, su rostro estaba curado, aunque las cicatrices serían un estigma perpetuo, que le recordarían frente a cada espejo por qué estaba allí y qué debía hacer. Su vida estaba destinada al reposo, pero John Campbell debía comunicar lo que había aprendido. Comenzó entonces un camino de peregrinaje y fue un nómada moderno. Cada día paraba en una ciudad distinta. Allí, en cualquier bar, sala de billar o gasolinera, tocaba música Blues. Preguntaba: ¿os gustaría oír algo de música?; y comenzaba a hacerlo sin que existieran condiciones. Si el dinero voluntario era suficiente para pagar una noche de hostal, dormía. Si apenas era suficiente para comprar el ticket del autobús, dormía allí camino a otro destino. Dicen que un día vendió un litro de su propia sangre para comprar cuerdas para su guitarra. Lo que John Campbell decía, con su guitarra de sonido casi esotérico y su voz grave, profunda y dolorida, iba más allá que los mensajes clásicos del folclor o de la música popular. Era el sonido de la victoria, una victoria melancólica sobre una muerte que le permitió vivir a cambio de su ojo, su pulmón y su rostro, pero dándole a su vez el don de decir la verdad a través del sonido. No existían máscaras, ni artificios ni extravagancias. Sólo la verdad. Al igual que en la leyenda de Robert Johnson, el músico que vendió su alma al diablo en un cruce de caminos para ser a cambio el mejor guitarrista de Blues del mundo, John grabó en unos pocos días su música a petición expresa de un productor, en Tyler y en Austin, ambas ciudades de Texas. En estas grabaciones emula a Robert Johnson y a otros clásicos. Continuó siendo un nómada. Se casó, tuvo una hija, pero se divorció a los dos años. En 1988 es convencido para grabar “A man and his blues”, su primer disco de larga duración. En este disco sonaba su guitarra, su voz, y la compañía de Ronnie Earl. Acostumbraba a tocar en locales de Louisiana, pero fue conocido por sus continuos viajes. Comenzó a tocar en festivales de Blues y como telonero de varios músicos de renombre. La discográfica Elektra, atraída por su leyenda, le contrata para grabar sus dos trabajos más antológicos: One Believer, de 1991, y Howlin Mercy, de 1993. En estos discos John se acompañó de una banda eléctrica y mostró su propia música, un Blues oscuro, tétrico, tan perturbador como honesto y profundo. John Campbell no tenía máscaras y los espejos no podían

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reflejarle. El propio brillo de su reflejo y su sonido quebraba cualquier vidrio. Era un hombre descubierto, y no existía en él artificio alguno. Era libre, y hacía sonar el Blues desde la alegría de haber experimentado el dolor y de haber continuado con vida. Volvió a casarse y tuvo una hija más. Giró por toda Europa, y la leyenda era ya reconocida. No hizo nada para ser conocido, salvo decir la verdad. Fueron los demás, los aficionados, los músicos y los productores, los que se acercaron a él, conscientes de estar ante una leyenda. John Campbell murió en su casa de New York el 13 de junio de 1993 a la edad de 41 años, de un ataque al corazón mientras dormía. El mismo corazón que debió pararse 25 años antes. El mismo corazón frágil que resistió para ver nacer un sonido honesto y puro. El sonido de una nueva leyenda. Rubén Camacho Zumaquero

Discografía 1975- Street Suite (Sync Records) 1988- A man and his blues (Cross Cut Records) 1991- One Believer (Elektra) 1993- Howlin Mercy (Elektra) 2000- Tyler, Texas Sessions (Sphere Sound Records)

“Back to 50´s ”
Por Sara Vallecillos Millera
Nací en Madrid. Estudié Artes en Marbella durante varios años. Actualmente me encuentro estudiando Bellas Artes e Ilustración en Granada. Estoy muy interesada en la pintura, el diseño, la animación y la ilustración. saravami@gmail.com

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Narrando

La Culpa
Por Raúl Rubio
Todavía hay noches en las que me despierto por el estruendo, como si las piedras aún estuvieran cayendo y chocando contra el suelo, la mole de cemento y los cristales rompiéndose, los primeros gritos, y al fondo, el lamento oscuro de la guitarra, el sonido de las cuerdas que no paran, que se empeñan en sonar a pesar de la catástrofe. He intentado asimilarlo, racionalizar los hechos. Lo he contado una y mil veces, qué más me dará hacerlo otra vez, sé que no servirá, que seguiré despertándome agitado, sudoroso, con la diferencia de que ahora no habrá nadie que me calme, ya lo sabe usted, ¿verdad? Pues sí, aún la oigo. Estábamos en la segunda mitad de los años noventa. La ciudad crecía a marchas forzadas, se modernizaba, y la Universidad, que aunque siempre había sido prestigiosa, se convirtió en un reclamo para estudiantes de todas partes, de España y del mundo. No sé por qué razón parecía que todo el mundo quería venir a estudiar a Granada, y así ha seguido siendo, usted lo sabe. Sí, sigo. Vi el negocio. Mi mujer, que en paz descanse, y yo ya estábamos un poco mayores para seguir trabajando, los hijos estaban todos fuera, el mayor incluso ya había aprobado las oposiciones de la policía y se había ido a la academia en Ávila; además teníamos casas en otros pueblos de la Vega, en Cúllar y en Churriana, así que decidimos comprar un piso y dejar la casa, nuestra casa de siempre, para alquiler. Está muy bien situada, ¿sabe usted?, en pleno centro, detrás del palacio de Santa Paula, que ahora es un hotel... vale, sigo. Como le decía, compramos un piso, cerca de la casa, no crea, a menos de cinco minutos. Llamé a un sobrino que trabajaba en la construcción y tenía una cuadrilla muy apañá y comenzamos la obra, según le fui indicando. En definitiva, que sacamos varias habitaciones por cada planta de la vieja casa. Por esa época el suelo ya empezaba a valer, no tanto como ha sido después, pero ya se iba viendo el negocio. Mi vecino de atrás, un hombre de Huétor, arisco pero trabajador como cien mulas, decidió que ya había llegado la hora de volver al pueblo, y vendió su finca a un tipo de esos trajeados, con el pelo pegado como si le hubiera dado un lengüetazo una vaca, y gafas oscuras y cochazo, usted ya me entiende. Ese, ese es el verdadero culpable. Yo lo avisé. A lo que iba, porque eso fue un par de años después de que alquilara los apartamentos, y la habitación. Porque si lo hubiese hecho de otra forma, si mi sobrino no se hubiese empeñado en que así se le podía sacar más dinero... Bueno, que llegaron unos muchachos con unas pintas... melenudos, barbudos, alérgicos Nací en Cádiz en 1979. Estudié Filología Hispánica y ahora trabajo como profesor de Secundaria. Así que vivo en el cuestionamiento constante de la realidad y del lenguaje. Admiro la actitud de extrañeza ante lo más simple, creer en la posibilidad de que exista algo más de lo que perciben nuestros sentidos. Y creo que la literatura, en todas sus manifestaciones y como todas las demás artes, es una herramienta excelente para diseccionar lo que nos rodea en busca de respuestas, aunque quizá no existan o no podamos encontrarlas.

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al agua, como digo yo, de esos que aún se pueden ver por La Cartuja si se da uno una vuelta, cosa que yo procuro evitar, porque es verlos y se me pone por delante... Sí, sí, perdone usted. Aún me acuerdo de los nombres de algunos: Pedro, Víctor, Alfonso... Damián. Todos chicos, ninguna chavala. Aunque claro, yo sabía. Eran muchas las horas que yo pasaba dando vueltas por la casa, de día y de noche. Y veía. Veía el trajín de idas y venidas, el humo que salía de las ventanas, las chiquitas que se escabullían del zaguán al poco de haberse levantado el sol. Es normal. Yo interpretaba mi papel, me hacía el antipático, el tipo duro. Siempre he admirado a Clint Eastwood, ¿sabe usted?, esa pose, ese careto que ponía para decirle... ¡exacto! ¡Qué frase! Seguro que se le ocurrió... Perdone, sigo. Pues en esas andábamos, como si fuésemos un matrimonio mal avenido, discutiendo por la luz, el agua, los destrozos... Pero no eran malos chavales, ¡qué va!, al contrario. Les tenía mucho cariño, mucho. La pena que nos dio que se fuera Mario, el que tenía arrendada la habitación, un muchacho estupendo, ¡más simpático!, un murciano de estos que no se olvidan fácilmente, ¿sabe? No recuerdo qué era lo que estudiaba... Pues se fue, y tuvimos que buscarle un sustituto. Lo dejé en mano de ellos, para que no dijeran. “Yo no quiero saber nada, mientras que pague”. Y así fue. Antes de que empezara el curso me presentaron a Damián. Sinceramente, me tuve que contener para no echarles la bronca allí mismo, delante del tipo. ¿Se lo puede creer? Un calor insoportable, de estos septiembres perros que nos toca vivir, usted sabe, y llevaba un abrigo hasta los pies, y unas botas como del ejército, además de las melenas y las barbas, claro. Una pinta... Quién hubiera sabido que... Al mes los compañeros empezaron con las quejas. Que sí, que no era mal chaval, raro como un demonio, pero no malo, eso no. Ahora, con una manía que hacía difícil la convivencia: la guitarra. Se ve que el muchacho tenía un especial apego a una guitarra que se había traído del pueblo, que le había regalado el abuelo, según me dijo, y que era la única compañía que tenía. Ellos no lo sabían, porque yo les daba largas de muy mala manera, pero Damián y yo hablábamos casi todos los días. Nos caímos bien, y como decía el chaval, estaba solo, muy solo, en esta ciudad que lo mismo te puede recibir como una gallina a sus polluelos, como te puede despreciar cual prole de sierpe. Eso es duro para un chico tan joven, usted comprenderá, y más cuando uno viene de tan lejos como él venía.

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A mi mujer, que era más sensible que uno y que en paz descanse, se le revolvían las tripas cuando veía al chico tan triste; por eso cuando llegaban los otros con sus protestas casi los echaba a escobazos. ¡Incluso llegaron a decir que estaba destrozando la habitación haciendo agujeros en la pared! Pero también tenían razón, y eso era lo que yo intentaba hacerle ver a Damián. Porque un poco de guitarra está bien, incluso gusta, pero a las seis de la mañana... o a la hora que fuera, porque él no miraba hora, si tenía que tocar tocaba, ¡y cómo tocaba! Yo no entiendo mucho de esto, ¿sabe usted?, pero cada vez que se ponía en el salón de mi casa a tocarla ni mi mujer ni yo podíamos aguantar las lágrimas, fíjese. Y él tampoco, aunque se tapara los ojos con los pelazos esos que llevaba. Un genio, el chaval tenía algo especial, se lo aseguro. Y ahora sí entra el tipo del pelo pegado y el cochazo. Suena muy típico, lo sé, pero a estas alturas, ¿para qué voy a mentirle? No merece la pena. Además, hágase usted cuenta del año del que le estoy hablando, cuando esta gentuza apareció como cucarachas, metiéndole miedo a las personas mayores... Veo que usted sabe de lo que le hablo, sí. Sigo. Como le dije, mi vecino vendió la finca. A la semana siguiente entraron las máquinas. Los chicos me lo dijeron, que el ruido que hacían no se podía soportar, que parecía que la casa temblara; y encima por la noche el Damiancete tocándoles los cojones con la guitarrita. Y los parciales de no sé qué, y los trabajos de no sé cuánto. En fin, que era verdad, que yo no les quitaba ni una miga de razón. Pasé una mañana con ellos, para comprobarlo. En mi ignorancia yo les decía “pero, ¿no deberíais estar en clase?”, y ellos se reían y me contaban cosas que yo no entendía, aunque sí comprendía que estaban hechos unos pájaros de cuidado, y les mandaba callar protestando, como siempre. Pues eso, que sufrí con ellos el ruido de las excavadoras, la hormigonera, las taladradoras... Dejaron la finca peor que un desierto, y al poco, ya estaban sacando tierra. Fui a ver al estirado. Me puso por delante mil papelajos, hablando todo muy bien hablado, con muchos artículos de leyes y gaitas. “A mí me la repampinflan esos papeles, señor mío, yo lo que le digo es que mi casa parece un flan, y que como los muchachos se vayan, ¿a quién le pido cuentas?”, le dije, o más o menos, que también ha pasado ya un tiempo. El tipo decía que estaba todo legal, que no habría ningún problema, que todo era normal.

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Dos o tres tardes después vino el chaval, Damián. Charlamos, se tomó un café, como siempre hacía, tocó un poco la guitarra, y saqué el tema. Primero le dije que los compañeros estaban muy enfadados, que si seguía con su manía de tocar a horas que no se debe, que al final... Él se disculpaba, y era sincero, de verdad que yo me lo creía, que se ve que no lo controlaba, que era una fuerza superior, como él decía, la que lo llevaba a hacerlo. “Además, ahora con lo de la obra de al lado están peor”. “De eso quería hablarle, don Manuel”, me respondió el chaval, nunca lo olvidaré, con su acento del norte y esa, ¿cómo decirlo?, musiquilla en el habla. Lo escuché, pero tampoco le eché mucha cuenta, porque como siempre estaba con sus cosas raras, místicas que decían los otros, ya me entiende, de la música y la poesía, en fin, que no le hice mucho caso y todavía hoy me arrepiento. Dicen que estaba tocando, como siempre. Alguno, incluso me dijo que le había deseado algo malo, imagínese el susto, la que se lió. No puedo evitar emocionarme, lo siento. No se lo podría describir de primera mano porque yo llegué al poco, pero según dicen los chavales ellos sintieron como que fuera el fin del mundo, del ruido que se formó, y más a esas horas de la noche. Imagínese: en plena madrugada y ¡pum!, una catarata de piedra, cristales y madera reventando contra el suelo. Arrasó con todo, como esas avalanchas que se ven en las películas. El armario y la cama, sus libros y el aparato de música... la guitarra. Incluso el sotano que estaba bajo la habitación. Todo convertido en nada. Es de hijo de puta, perdone usted que lo diga así. Y aún estamos liados con los juicios. Si le da curiosidad, si coge por la calle de atrás, la de la finca, puede ver algo, y si ya es muy curioso y le da por entrar en la obra - que está parada desde entonces -, entre el esqueleto de hormigón verá las vigas y los trozos de suelo y muro que no cayeron, incluso hay allí el calendario que tenía colgado el muchacho. Al poco murió mi mujer. Puede hacerse una idea del mal trago cuando llegaron los padres, los gritos que daba la mujer, y además a mí, porque me convirtieron en el culpable. Hasta los chavales, que me conocían. Se fueron de un día para otro, llegando a dejar cosas suyas en las habitaciones, libros, carpetas y demás. Que también lo entiendo, no vaya usted a creer otra cosa. Aunque, según llegué a enterarme, también metieron un cuento de que las noches siguientes a la tragedia, las pocas que se quedaron en la casa, seguía oyéndose la guitarra de Damián. Exacto, la impresión pensé yo también, que algo así...

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Narrando

Dicen que con el tiempo se asimila, que uno hace borrón y cuenta nueva. Por eso le digo, lo habré contado mil veces, mil millones de veces, pero aún lo sufro como si fuera el mismo día. Y encima eso de quedar yo como el malo... Tapiamos la entrada, nos aseguramos de que los cimientos del resto de la casa estuvieran bien y nada, que lamentablemente la vida sigue. Tardamos más de un año en volver a alquilar los apartamentos. Y por suerte, hasta el día de hoy y toco madera, no ha pasado nada más. También es cierto que la obra está parada, y que se atreva el mal nacido ese a encender una máquina que... Le teníamos mucho cariño, ¿sabe usted?, era tan buen chaval. De verdad, cuando me despierto es como si lo hubiera visto, segundos antes, tocando su guitarra en el salón de mi casa, que él decía que olía a vainilla, con el pelo volcado sobre su frente, como le gustaba ponerse. Le aseguro que puedo oírlo, que lo oigo como si no hubiese pasado la desgracia y estuviera allí, a mi lado. Pero quiero olvidarlo, necesito olvidarlo, de una vez por todas, y que se acaben ya las pesadillas, pero que acabe, que acabe por fin. Por eso, doctor, cuando el otro día vino a mi casa el tipejo ese al que le alquilé el apartamento del piso segundo, el de la habitación, hará algo menos de un mes, con la cara de tarado que tiene, diciendo que también él escucha por las noches la guitarra...

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Poesía

Irel Faustina Bermejo Hernández
El sonido de la lluvia
El silencio entre nosotros queda roto por un sonido que hace temblar todo el espacio. Gotas de agua que caen sobre la hojarasca. Dejo que resuene en mi cuerpo cada gota de lluvia mientras tus garras se proyectan y se clavan en mi corazón. Un revuelo de mariposas sobre tu pelo te asemejan a un hada de cuento. El pálpito del viento rodea las colinas y un verde brillante llena tus ojos de gata salvaje que teme la lluvia.

Últimos baños
Color diamantino del mar en la transparencia. Los niños resucitan recuerdos; alegría de ser paisaje. La isla y sus oquedades en la abrupta roca. La fuerza de la ola esculpe la belleza. Acróbatas del salto se lanzan al vacío. Los barcos de vela arrojan el ancla y las lanchas aminoran o apagan los motores. Los buzos descienden sumergiéndose en el abisal fondo, expertos exploradores de los peces, de los corales y de las algas. El sol deslumbra en la amplia bahía sobre el espejo del agua que permanece inalterable. Ni siquiera los brincos ni la algarabía infantil enturbian la pureza del fondo marino. Leves ondulaciones del mar propagándose con el sonido discordante del motor de las lanchas. Últimos baños de Agosto en apacible estampa. Las medusas aguardan para acercarse en oleadas de sueños e invasoras adueñarse del jade de las aguas hasta el próximo verano. Dos nombres, dos caras, dos sombras… una mujer o un poema convertido en una vida llena de pasión, de sueños rotos, reconstruidos una y otra vez. A través de mis recitales siempre he pretendido que la poesía se acerque al lector, al oyente, al espectador… He pretendido que la poesía esté viva, que se pueda palpar con todos los sentidos... Desearía que toda mi vida fuese un solo poema. No sabría vivir sin poesía, pero también necesito de la representación. Disponemos de una sola vida y en ella quisiera vivir todas las vidas. Nada mejor que el arte del teatro y de su magia para lograrlo. Entre sus poemarios: El Hombre era un Monte, El Río Blanco, Reloj de Candela, ¿Realidad Desvanecida?, ¡Realidad Recobrada!, Nieblas, Muros... Colabora en diferentes antologías de índole nacional e internacional: “Poesía Viva”, “Los Martes de Luna Llena”, “Tardes de luna y poesía”, “Tertuliemos, República poética,” etc… irel_faust@hotmail.com

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Artículo

Callado compañero eterno
Por Raquel Sánchez Jiménez
A lo largo de toda su historia, el hombre ha contado siempre con un curioso personaje en su vida, personaje al que con frecuencia no ha dado la relevancia que realmente merece. Este elemento que aparece en sueños, obras musicales, momentos emotivos o de suspense, en la propia naturaleza, este agujero del sonido que paradójicamente, como muy bien nos dice el ya conocido acertijo, desparece al pronunciar su nombre, es el silencio. No resultaría excesivo compararlo con oxígeno que entra y sale constantemente de nuestros pulmones, podría ser una suerte de oxígeno que entra y sale de nuestra mente, manteniéndola viva sin ser nosotros conscientes de ello. Nos encontramos en la vida cotidiana con silencios trágicos, silencios lúgubres, silencios en los que una mirada lo dice todo, silencios en las partituras, silencios incómodos, silencios anhelados, silencios enloquecedores, silencios respetuosos, silencios impuestos, silencios que acaban con vidas, silencios que se compran, que se venden, silencios que buscamos, que encontramos y que no. Ante esta variedad tan aplastante, tenemos por oposición que el hombre, contrariamente de lo que ocurre en la inmensa mayoría de su lenguaje, sólo dispone de una palabra en su extenso vocabulario para referirse a esta realidad. Porque, ¿existe acaso un sinónimo auténtico del vocablo “silencio”? No, debemos responder. Y esto es muy significativo, ya que otorga a esta palabra, y solo a ésta, el privilegio de nombrar este elemento tan mágico y misterioso, mientras otros cuentan con varios términos para su mención. Esto confiere al silencio un carácter aún más singular y poderoso. Es poca la gente que se detiene a reflexionar sobre el poderío del silencio: éste, junto con la soledad, es capaz de hacer enloquecer a una persona en determinadas situaciones, en contraste con la amenazante demencia que nos presenta esta ajetreada vida actual que nos priva de unos segundos necesarios de quietud, de calma. Y de silencio. Como el agua, el silencio nos provoca una agobiante sed si escasea, y nos aplasta y ahoga si está en demasía. Esto no deja de resultar estremecedor a personas, verbi gratia, que son sometidas a una intervención con riesgo de quedar sordas: la sola perspectiva de vivir en compañía del silencio para siempre resulta desoladora para el ser humano. Así, vista la inmensa capacidad de éste nuestro eterno compañero omnipresente, y ausente a la vez, palpable a veces pero siempre intangible, sólo me puedo sonreír al pensar que una simple letra, ni más ni menos, pronunciada bien en un susurro de enamorado, bien en un alarido de pavor, es capaz de vencer a un titán de semejantes dimensiones. No deja de ser una victoria dulcemente paradójica. Se trata, sin embargo, de una victoria momentánea, pues todo tiene un final, y todo final tiene un silencio. Silencio. Raquel Sánchez o Diciembre Verde; respondo a éstos y a multitud de nombres porque la intención de llamarme es lo que cuenta. Polifacética y versátil, por no decir cosas malsonantes. Nací en Valladolid en una fría mañana (pero soleada, dice mi madre) de diciembre del aún cercano (eso lo digo yo) año 1989. Ocho años más tarde comenzó a llamarme la atención el blanco del papel y, visto que sabía llenarlo un poco mejor con palabras que con dibujos, no he podido parar desde entonces. ¿Mi pasión? El arte por el arte, el arte en cualquiera de sus formas, el arte por amor al arte. Crear textos, poesías, canciones, aparcar los cachibaches de la cabeza en algún lugar exterior a ella. Estudiar Periodismo y Teoría de la Literatura. Tocar la guitarra, el banjo y cantar. Los conciertos, caminar descalza, el olor a pintura, los recuerdos, perder la noción del tiempo, el cine, el café, las tardes soleadas, las noches oscuras. Escuchar a la gente. Contar historias. Evocarlas. Intercambiarlas. diciembreverde.blogspot.com

“Disonancia de una vida”
Por Estefanía Riera
Estefanía Riera es licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, basando su propia obra en la fotografía.Actualmente cursa un máster de Producción Artística en la Universidad de Barcelona. Ha participado en varios seminarios de escenografía, pintura y fotografía. En 2011 participa en el curso de Photoespaña de fotografía social organizado por Caixa Forum y en el taller de la fotógrafa Concha Pérez “Una habitación propia”, en la Facultad de Bellas Artes de Madrid. Además, es elegida para un visionado de porfolios en el IED de Madrid con el fotógrafo Moritz Neumüller y la fotógrafa Michaella. Asiste de igual manera al taller organizado por el artista Francesc Ruiz llamado “Un profesor de visita” donde obtiene críticas constructivas de su dossier artítstico, además de su visionado delante de más gente. De acuerdo con ésto, es premiada por la Comunidad de Madrid donde obtiene la beca de excelencia durante este año. En el año 2010 cursa el taller de escenografía del Teatro Real de Madrid con la obra alemana “Der rosenkavalier” organizado por la UCM. Un año antes, en el 2009 obtiene una beca erasmus para irse a la ciudad alemana de Stuttgart, en concreto a la Akademie der Bildenden Künste, y donde experimenta con la pintura de la mano del artista Holger Bunk, yendo más allá de la objetividad de su obra fotográfica. Allí, asiste a un seminario de serigrafía donde ha aprendido la técnica de estampación sobre tela. En el año 2008, y de la mano de Catalina Ruiz Mollá, asiste a un seminario de pintura y danza llamado “Los trazos de la danza”.

“Disonancia es la palabra a la que se pueden atribuir muchas acciones de la vida. Disonancia es diferencia, es temor, es inconsciencia, es algo extraño y escéptico que las personas poseen sin tildar a ninguna de excepción. Es ese “no sonido” que mantiene a la pareja sin ese halo musical de armonía y a su vez de complicidad entre ellos. Pero disonancia es también esperanza, porque ellos tenían ilusión y tenían esperanza, son disonancias de la vida que llegan a buen puerto, donde hay algo esperando para empezar un largo viaje en la inmensidad de la vida. Quizás ese sonido especial que cada uno de ellos posee y que al final del puerto forma una pieza musical.”

El plazo para enviar propuestas para el Nº3 de En la Isla ya está abierto. En esta ocasión, la temática está relacionada con la palabra “Aire”. Recordamos que las secciones son: poesía, narrativa, artículo, fotografía e ilustración, aunque estamos abiertos a cualquier propuesta diferente. Los alumnos de “El Desván de las letras” también tienen las puertas abiertas.

Esperamos vuestras colaboraciones.

En la Isla

enlaislarevista@gmail.com (e-mail para enviar propuestas de colaboración, material, comentarios, sugerencias, etc.)”

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