2 El rol de los medios electrónicos y las reglas de juego en un país sin reglas.

El reflejo de una política, o de una ausencia: La ley que regula la comunicación Durante los años en que, tras la última dictadura militar, vivimos la democracia en la Argentina, la Ley de Radiodifusión ha sido un tema complejo y preocupante para el interés de muchos sectores de la sociedad. El paradójico hecho es que, al momento de terminar de redactar el presente trabajo, aún se halla vigente una ley sancionada, precisamente, en el gobierno de facto de Jorge Rafael Videla y el Ministro de Economía José Martínez de Hoz , ambos firmantes, entre otros, del Decreto-Ley 22.285 de 1980, que controlaba la posesión de licencias, los contenidos de las emisi ones, y el sistema de medios en su totalidad, bajo la fatídica doctrina de la “seguridad nacional”. Desde los inicios de la democracia, la esperada “nueva ley” jamás fue sancionada. Incesantes debates sobre la defensa de la libertad de expresión en la democracia se sucedieron, pero el enfoque central en la modificación del sistema de medios involucró principalmente la devolución de algunos de ellos (como el Canal 9 de Capital) a las manos de sus antiguos dueños, y la privatización de la mayoría en los primeros años de la democracia. Por supuesto, mucho agua ha corrido bajo el puente y la posesión de los medios ha cambiado a varias manos: grupos empresarios internacionales que aglutinan una gran cantidad de medios audiovisuales, empresas de comunicaciones que detentan el dominio de la totalidad de los servicios vinculados al área y, por supuesto, del entretenimiento más el soporte técnico necesario para él. Pero volvamos al inicio: al finalizar la dictadura militar se esgrimen varios proyectos, y la nueva ley de radiodifusión, o de comunicación (para estar más a tono con las necesidades de la sociedad y el avance tecnológico al mismo tiempo) nunca sale a la luz. Más tarde, el famoso inciso “e” del artículo 47 de la citada ley, fue derogado. En este punto, se impedía que los dueños de un medio gráfico poseyeran también la licencia de un medio de radiodifusión. Con esta modificación, se inició el vertiginoso proceso de concentración de medios en grupos cada vez más grandes y reconocidos. Los “multimedios” comenzaron a ser, desde entonces, sólo un aspecto del fenómeno en la carrera por el dominio de los mercados y tecnologías de comunicación. La telefonía celular, el satélite, y la informática, agregarían luego el resto de los condimentos a este plato para ojos de muchos y paladar de unos pocos. Según Margarita Graziano,

Políticas de Comunicación:

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"en las plataformas correspondientes a las elecciones del 30 de octubre de 1983, pocos partidos políticos definieron en forma concisa sus políticas a seguir en el área de medios de comunicación. Casi todas las propuestas se limitaban a terminar con las "listas negras" -herencia del gobierno militar- que impedían el acceso pluralista a los medios audiovisuales, sin avanzar en el diseño de su propio esquema de radiodifusión". Concretamente, la Unión Cívica Radical, que hablaba directamente sobre el tema en la plataforma, decía: 1) Se crearán tres sistemas para la explotación de la radio y la televisión: el reservado al Estado; el reservado a la gestión privada y el reservado a un ente autónomo de derecho público no gubernamental, al cual se incorporarán algunos medios intervenidos por el Estado. 2) Se creará una Comisión Bicameral permanente de Radio y Televisión. 3) Se integrarán al sistema de radio y televisión los programas de educación a distancia. Ahora bien: una Ley de Radiodifusión , puede resultar muy diferente a una Política de Comunicación. La ley es un cuerpo de carácter legal, una serie de regulaciones. La política se halla incorporada a una conciencia cultural y forma parte de una filosofía compartida, independientemente de regulaciones vigentes que terminan siendo generadas por esta cultura, por una política constitutiva de lo social. Construcción de la realidad: Los espacios sociales de la radio. En principio, la radio como medio tiene un posicionamiento legitimado en la "transmisión de la realidad", expresión que, aunque altamente discutible, define el lugar periodístico reconocido por la sociedad y, por ende, su carácter de "fuente" constante en el ritmo social que se vive. Eliseo Verón, en su libro "Construir el Acontecimiento", nos habla del "ritmo" , a nivel social. Sobre un acontecimiento tratado por los medios de comunicación, se edifica el tema. Verón determina "unidad" a la intervención de cada medio de comunicación sobre este tema. La cantidad de "unidades" sobre el tema en un tiempo

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específico, determina el "ritmo" social. Pero también, por supuesto, la dimensión de dicho ACONTECIMIENTO. En el capítulo siguiente, analizaremos el fenómeno de la transmisión radiofónica de La Guerra de los Mundos y ciertos fenómenos de tematización que se hallan vinculados tanto al medio de comunicación como a la respuesta social hacia estos temas. En un recorte que acompaña una nota del periodista Gustavo González en la revista "Noticias" del 16 de Febrero de 1992, se afirma bajo el título "La ley y la Multa: El COMFER y el Control de la TV": "Desde la recuperación constitucional de 1983, la censura no existe. Lo que sí existe, al menos en el terreno de los medios audiovisuales, es el contralor de lo que estipula le Ley 22.285 del año '80, y el ente encargado de que la norma se cumpla es el Comité Federal de Radiodifusión. El COMFER ejerce un análisis posterior a la emisión de los programas de TV, y lo hace a través del siguiente mecanismo: 1) Realiza una evaluación general de la programación, sus tendencias, la división de los programas por rubros y por procedencia (nacional o extranjera, en vivo o enlatados). 2) Su Departamento de Evaluaciones efectúa un análisis más específico, para definir supuestos incumplimientos de la legislación, como tiempos permitidos de publicidad (12 minutos por hora en TV), el cumplimiento de las pautas del horario de protección al menor y la detección de publicidades encubiertas. 3) El resultado se remite a las direcciones de Fiscalización y de Asuntos Jurídicos y, en caso de hallarse una infracción, se le informa al medio afectado para que realice su descargo. 4) De ratificarse la sanción, actúa la Dirección de Contabilidad y Finanzas, que decide el monto final de la multa." Notamos aquí que políticamente, a pesar del cambio de un sistema de poder a otro (en este caso, de una dictadura a una democracia) la base legal en cuanto a la regulación de los medios de radiodifusión no sufrió alteraciones en sustancia, ya que el control seguía -y sigue, aún extraoficialmente- vigente. Naomí Klein, en su libro No Logo, habla del otro tipo de censura vinculado a los entretenimientos, y que tiene profundo vínculo con los medios de comunicación electrónicos: La censura empresarial. Debido a los intereses del grupo empresario y las áreas sobre las cuales tiene dominio, los contenidos de ciertos mensajes deben ser alterados por sus productores, como por ejemplo los

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autores de un álbum musical. El grupo Nirvana ha debido cambiar, según describe Klein, la cubierta de su álbum, la cual que mostraba fetos, por algo “más suave” con el fin de adecuarse a las políticas de venta “familiar” de Wall-Mart. Es decir que la empresa distribuidora, obliga al artista, sea músico, escritor o cineasta, a modificar los contenidos o estética de sus propias creaciones para adaptarse a las vidrieras de estos lugares. Llevado al campo periodístico: ¿de qué puede hablarse al aire si el grupo empresario que maneja la emisora controla, también, los servicios de iluminación y agua potable? El periodista Jorge Lanata , sin embargo, a pesar de tener como anunciante a Edenor (empresa que controla el servicio de luz de cierta zona del país) en su programa radiofónico Rompecabezas por Rock & Pop en 1995, no dejaba de cumplir con su deber periodístico a la hora de hablar de los servicios públicos. La cuestión es “cómo”. El periodista Eduardo Aliverti es un ejemplo de coraje en épocas fatales de nuestra historia; también la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú. El primero, cuenta en dos maravillosas compilaciones de sus editoriales radiofónicos tituladas “El Archivo de la Década I y II”, uno de cuyos volúmenes (el segundo para ser más precisos) se correponde con lo emitido durante la última dictadura militar en Argentina, que su intención es “desde la profesión, dejar constancia de lo que se podía y lo que no, en tiempos en que buena parte de mi gremio sigue viendo como los del no se podía nada”. Pero con respecto a su programa de por entonces, Anticipos, él aseguraba que ante el asombro de muchos por estar vivo a pesar de decir lo que él quería decir, la respuesta era simple: “jamás nosotros dijimos mucho; es que los demás no se animaban a nada”. Para anexar estas consideraciones de Aliverti que sirven como prefacio para entrar en la lectura de aquellos editoriales, con la ética personal que puede manejar un periodista sujeto a los lineamientos de su empresa, es valiosa esta última explicación: “...Y si también es cierto... que en dictadura o democracia, muchas veces, los periodistas nos vemos obligados –por razones de dependencia laboral o estrategia profesional- a no decir todo lo que quisiéramos, lo es igualmente que nada ni nadie puede obligarnos a ponerle la voz o la firma a aquello que no nos convence. Y mucho menos, a lo que implique asociarse con una conciencia que corre el riesgo de quedar ensangrentada”. El ejemplo es claro. Lamentablemente, aún se dividen las aguas entre esta visión y aquella otra: la de resignación del “no se puede”. En 1995, existió un hecho vinculado a los concursos para la explotación de licencias de emisoras de radio que provocó una reacción social importante: en la frecuencia 1110 funcionó durante mucho tiempo

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Radio Argentina, que durante sus últimos años de existencia sub-alquiló (o vendió) los espacios a diferentes representantes de la iglesia evangélica. Por motivos no debidamente difundidos, la licencia ya no quedó en manos de quienes la explotaban. Un grupo empresario principalmente representado por el periodista Daniel Hadad y Marcelo Tinelli, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, detentaron la explotación de la frecuencia 710, correspondiente a Radio Ciudad (antes Radio Municipal) que se dedicaba a la difusión de cultura, y se consideraba “la radio de la gente de la Ciudad de Buenos Aires”. Según una nota publicada por el periodista Miguel Bonasso en el matutino Página 12 a propósito de la aquisición por parte de Daniel Hadad del Canal 9 de televisión,se revela que el grupo que detentaba la licencia “estaba constituido además por la esposa de DH, Viviana Zocco; el ex juez Oscar Salvi (actual abogado defensor de Carlos Menem) y Marcelo Tinelli, pero este último se abrió, para no ser salpicado por las escandalosas suspicacias que despertó la concesión. En agosto de 1996, cuando resultó electo jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Fernando de la Rúa calificó la adjudicación al grupo Hadad como "despojo y robo del patrimonio cultural de la ciudad". Y se comprometió a recuperar la radio metropolitana. No cumplió su promesa. En diciembre de 1996, en su programa "El primero de la semana", Daniel H. anunció que se proponía difundir una cámara oculta mostrando ñoquis en laflamante administración de Fernando de la Rúa. Pero no lo hizo. Nunca lo pasó. Unos meses más tarde, en marzo de 1997, De la Rúa aceptó que le entregaran la 710 a Daniel H. El abogado Juan Carlos Iglesias lo denunció entonces por extorsión, pero la Justicia sobreseyó al acusado”.

Hoy sabemos que esta emisora que finalmente terminó manejando el grupo Hadad, obligando a Radio Ciudad a “mudarse” al dial 1110 (mucho más difícil de sintonizar), es manejada mayoritariamente por intereses extranjeros. Según un trabajo realizado sobre los medios en Argentina por Gerardo López Alonso y Federico Rey Lennon, miembros del cuerpo académico de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Austral, y difundido por la agencia periodística alternativa La Vaca.org, “La Radio 10 AM (710) - Propietarios: el grupo norteamericano Emmis le compró el 75% a Daniel Hadad.”

Cuando este control se vincula con el rol de los medios de radiodifusión y la información, entran en juego factores aún más delicados. De por sí, el sistema periodístico en la Argentina carece de un código de

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ética, y la regulación más cercana al círculo profesional de los periodistas es el Estatuto del Periodista (Ley 12.908) sobre el cual una gran cantidad de profesionales tienen desconocimiento. John C. Merrill, en su libro "The Imperative of Freedom", afirma que "Cuando entramos en el campo de la ética periodística nos adentramos en un terreno cenagoso de especulaciones filosóficas, donde brumas aterradoras de juicios flotan sobre el pantano. A pesar de la inseguridad que crea el carecer de una superficie sólida donde apoyar el pie y la visibilidad escasa, no existe razón para desistir de la jornada. De hecho, es una jornada que vale la pena emprender, porque plantea el problema de la moralidad de la persona: obliga al periodista, entre otros, a considerar sus principios básicos, sus valores, sus obligaciones para consigo mismo y para con los demás." Por supuesto, debemos ubicar esta afirmación de Merrill en un ámbito de relatividad... ya que el periodista está sujeto a la empresa periodística, la cual mantiene una estructura jerárquica que determina no sólo quiénes tienen el poder de decisión política dentro del medio, sino quién tiene el costo político en el interior de dicho ámbito. Las presiones con respecto a la empresa periodística son internas y externas; empresariales y políticas. Y a la vez, la esfera política y la esfera de medios de comunicación se legitiman mutuamente. Una esfera no existe sin la otra; aún en las instancias de oposición, cada una necesita ser legitimada por la otra. No obstante, siempre es bueno considerar una serie de fundamentos más filosóficos, que podrían determinar la política empresaria de un medio, ya que la ética impregna -o por lo menos debería hacerlo- la filosofía de conducta de otro tipo de instituciones o empresas, ya se trate de laboratorios medicinales, de corporaciones gastronómicas, o sistemas de justicia. Según Merrill "la finalidad de la ética es el deber, el deber para consigo mismo o para con los demás. Es primariamente individual o personal, aún cuando se refiere a las obligaciones y deberes con otros". Afirma también que "Esta dualidad de moralidad individual y social está implícita en el concepto mismo de ética. El periodista, por ejemplo, no se limita a escribir simplemente para el consumo de otros; escribe para autoexpresarse, y pone su persona y todo su ser en su actividad periodística. Lo que comunica es, de una manera muy real, lo que él es. Se agrada o desagrada a sí mismo, no tan sólo a su público. Lo que hace para vivir de acuerdo con alguna norma interior no sólo afecta sus actividades y creencias en otros, sino, de una manera muy real, la esencia misma de su propia vida".

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Sin embargo, existen dos aspectos a considerar: En principio, que la primera elección del periodista tiene que ver con un juicio de valor a sí mismo, pensando en ser o no una persona ética . Y en segunda instancia, que la ética está emparentada con la autolegislación. Merrill continúa diciendo que "Siempre ha sido más fácil analizar el derecho que la ética; el derecho es más fácil de captar, porque lo legal está establecido por la ley. Lo ético rebasa el derecho, porque hay muchas acciones que son legales pero no éticas. Y no hay "códigos de ética" que puedan consultarse para resolver litigios morales. La ética es primariamente personal; la ley es primariamente social. La ética se ocupa de las acciones voluntarias. Si un periodista no tiene control sobre sus decisiones o sus acciones, no hay necesidad de hablar de ética. ¿Qué son las acciones voluntarias? Las que un periodista hubiera podido llevar a cabo de manera diferente, de haberlo querido". Una pregunta que cabe hacerse es: ¿qué sucede cuando debe cometerse un acto que podría no ser ético, por cumplir órdenes de quien decide, por ejemplo, la línea editorial en un medio? La búsqueda de esta respuesta se complica en el caso del medio radio. Básicamente porque, si bien es reconocido en su función informativa, es a la vez una forma de dispersión de contenidos, entre los cuales se encuentran distintos géneros. Las emisoras gozan del aura de "verosimilitud", pero otros programas se dedican a animar segmentos de tiempo, y en muchos casos los conductores no son "procesadores" de información. En los medios de comunicación electrónicos existe un doble juego: el servicio informativo y la responsabilidad civil y política que implica la emisión de los mensajes que lo constituyen, y el hecho de que los informativos y programas periodísticos son, tanto en radio como en televisión, un "género del espectáculo electrónico" . La radio, así como imprime cierto ritmo social sobre los temas que "despiertan el interés público" afirmación ésta que abre numerosas discusiones-, es también un gran condensador de los ritmos que viven las personas; intenta reflejarlos a veces acertada y otras toscamente. No olvidemos las dos visiones que las teorías de comunicación han desarrollado sobre estos medios: 1: Los medios como espejo. 2: Los medios como constructores de la realidad.

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En esta aparente dicotomía, existe un punto intermedio ligado a factores que pueden ser estudiados por la sociología, la psicología social y la antropología social y cultural; se trata de los códigos culturales, sus movimientos e influencias en la "cultura dominante", así como la forma en que cada actor social interviene en el proceso. En este sentido, las dos visiones sobre los medios resultan adecuadas, aunque no necesariamente totales. Si nos centramos en la importancia que el medio radiofónico tiene en la Argentina con respecto a la noticia, según analiza Miguel Rodrigo Alsina en "La Construcción de la Noticia", debemos tener en cuenta que los medios electrónicos trabajan sobre el valor que la misma representa. Los hechos primarios , aquellos hechos imposibles de ser previstos, se basan en casos excepcionales, en las llamadas noticias-ruptura , que obligan a un giro en la cobertura de escenarios acostumbrados. Los hechos secundarios están ligados a la atribución que puede otorgársele a estos hechos-ruptura, como por ejemplo en el caso de los acontecimientos producidos voluntariamente por actores políticos. Volvemos, de esta manera, a encontrar este carácter de legitimación que constantemente alimenta tanto a la esfera de la prensa como a la esfera de lo político. Sin embargo, existe un indicador fundamental en la construcción de lo que se da en llamar la "opinión pública": la decisión sobre qué hechos serán desarrollados se vincula a la cantidad de personas que involucra las consecuencias de un acontecimiento específico. Es por dicho motivo que constantemente existe un eclipsamiento entre la noticia de interés local e inmediata, sobre los acontecimientos más remotos. Entre el periodismo urgente al que nos acostumbran los medios electrónicos diariamente, con un frenesí informativo sobre escenarios ya fijados -política, economía y finanzas, deportes, etc.- y el periodismo necesario que se vincula a la comunidad, necesidades sociales y áreas "menos protagónicas" aunque decisivas en el destino de las personas, se privilegia el primer tipo de periodismo, ante necesidades de mercado, segmentación de audiencia, y una serie de códigos y expectativas que no sólo decide el medio, sino también el movimiento social que proyecta una cultura. La "noticia fidedigna" no resulta tan importante como lo "oportuno" de estar instantáneamente en el lugar de los hechos. Es la "evidencia protagónica" de la inmediatez, lo que pesa sobre la fundamentación de los argumentos y la contrastación de fuentes. En este despliegue, la velocidad otorga un valor a la noticia. Paradójicamente, la novedad, que representa en sí un valor en el medio radial -en cuanto a carga horaria destinada a la noticia y su

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desarrollo, más periodístico que en la televisión- se ajusta a un modelo de acontecimientos novedosos anterior. El relato periodístico contiene información que no se halla presente en los modelos actuales del oyente, pero sí permanece en los modelos de producción. Además de la novedad como valor, la actualidad es un aspecto determinante. A veces la puesta al día no puede permitirse el “lujo” del seguimiento de datos, noticias y estudio de noticias anteriores que puedan otorgar una visión más amplia y herramientas para un análisis más profundo en la investigación periodística. Los tiempos de la producción electrónica no permiten este seguimiento y profundidad. La investigación a fondo requiere otro tiempo: aquel que erradicaría el valor de la instantaneidad y simultaneidad en el ritmo de los acontecimientos. En esta planificación, se utiliza la presuposición acerca del conocimiento y creencias de la gente, lo que ayuda a construir la idea de opinión pública. ¿Cuáles son los factores de decisión de los medios sobre los acontecimientos a tratarse? El primero de ellos es el criterio de consonancia : tiene posibilidad de constituirse en noticia un acontecimiento que se encuentre en consonancia con normas, valores o actitudes socialmente compartidas. Esto se halla ligado, a su vez, a un criterio de relevancia , ya que como dijimos antes, es necesario preguntarse en qué forma un acontecimiento puede afectar la vida de las personas. Con la respuesta hipotética, se prevé si es posible o no una interacción inmediata. Esto también está relacionado con la consonancia, ya que constituye una perspectiva de valores que posibilitan la transformación de un acontecimiento en noticia. Todos estos elementos, sumados a condiciones de proximidad geográfica entre acontecimiento y público, determinan el modo de producción y estrategias de comunicación de una "realidad" que, en los medios electrónicos, funciona como espejo, y a la vez, un espectáculo que el oyente "no podría ver" a no ser por la radio o la televisión. La ética “bajada a la tierra” Es evidente, con todo lo anteriormente expuesto, que la "ética" se vincula, en cuanto a la producción de mensajes en los medios electrónicos, a factores que exceden el marco del "deber ser". La ética, según los filósofos, pueden estar ligadas a las teorías teleológicas o las teorías deontológicas.

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1. Ética teleológica Considera la corrección o incorrección de una acción en función del bien que generan. 2. Ética deontológica Sostiene que hay algo diferente de las consecuencias que determina cuáles son las acciones moralmente “rectas o buenas". No es difícil entender, entonces, que existe un concepto “moral” de la ética; aquel del cual todos hablan y muchos afirman que, debido a las reglas de juego en la sociedad moderna, son difíciles de aplicar. Sin embargo, es la “ética deontológica” la que está profundamente vinculada a la praxis profesional, y se enmarca en el paradigma de cada profesión: las premisas del médico, o el abogado. Aquello que puede ser ético a nivel profesional, en función del paradigma (conjunto de reglas, convenciones y conocimientos de un sector social o especializado) que comprende a un determinado grupo de personas, puede tener serios cuestionamientos desde la ética social. En general, cuando se les pregunta a los profesionales de los medios sobre "qué piensan de la ética", surge la visión del egotismo ético (una de las teorías teleológicas), la cual sostiene que el individuo tiene el deber de procurar su propio bien. "Una persona puede influir hasta cierto grado sobre las acciones de los demás, pero sólo puede controlar sus propias actividades”. La ética "del deber" de Kant tiene algunos puntos de conexión, cuando exhorta al hombre a buscar su propia perfección. La etica en las politicas de comunicación. Un repaso por los sistemas de medios electrónicos en algunos países con diferentes contextos sociales y políticos, y las políticas de comunicación aplicadas, nos servirán para ilustrar algunos de los conceptos sobre el "deber ser" de los medios. Veremos, además, que no necesariamente deben estar reñidos con el interés de "los públicos" y las exigencias del mercado, aunque éste sea modificado en los conceptos de “competencia” para sumar nuevas alternativas; entre ellas, la "complementariedad" .

Las Políticas de Comunicación:
El caso Venezuela, las “políticas” y lo “alternativo”.

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Oswaldo Capriles, en un estudio sobre la evolución de los medios de comunicación en Venezuela, se debate entre los conceptos de “política de comunicación” y “comunicación alternativa”. Según su propia sentencia, "La polémica contra el modo dominante de transmisión-recepción de signos difusión masiva, y no "comunicación de masas"- nace con el cuestionamiento de las teorías de la modernización, también -y no por casualidad- "difusionistas" primero en el contexto de una recusación pragmática por su incapacidad para ofrecer otra cosa que una legitimación a la incesante incorporación de tecnologías y técnicas de extensión, entrenamiento y formación; luego en el cuadro más serio de una creciente comprensión de la infuncionalidad misma del modelo de desarrollo en términos de ofrecer una mayor suma de felicidad a los pueblos; finalmente, en la conciencia de una estructura de poder que se reproduce en y por la comunicación, convirtiendo todo en espectáculo "comunicativo" soslayando lo realmente político, fuera del campo de la intervención social real y politizando en cambio, de mala y triste manera, todo lo social, haciendo consenso si no del conflicto, por lo menos acerca del conflicto, y por ello estableciendo en rutina la resolución simbólica de las contradicciones sociales". Capriles describe la forma en que surgió "la otra comunicación", como contraposición al modelo autoritario y manipulador de la massmediatización publicitaria y también de la propaganda "política", y frente a otras estructuras piramidales de agrupación y control burocrático de medios y procesos: "El modelo nace como una ética de la interrelación", con la premisa democrática del diálogo permanente y la participación espontánea y pertinente "nunca arbitraria ni condicionada, generadora de decisiones colectivas y de socialización de la producción y sus frutos." Oswaldo Capriles explica que en el campo educativo y de extensión tuvieron lugar las primeras experiencias de carácter "horizontal", que solía designarse como "uso alternativo de los medios de comunicación". Los fundamentos que se oponían al modelo de difusión dominante eran: 1 - Un uso educativo predominante. 2 - La búsqueda de una adaptación de la extensión a las necesidades reales de las comunidades. 3 - La búsqueda de un lenguaje sencillo y eficaz. 4 - El intento de fundar una relación de feed-back que permitiría ir reorientando el programa y acercándose al público.

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Cierto es que dichos fundamentos abrían otras problemáticas, ligadas al control del programa y uso de los medios en este contexto de participación y en cuanto a las toma de decisiones en el interior de estos procesos. Más allá del éx ito que las experiencias de índole educativa para el uso de los medios tuvieron lugar en los países socialistas -un ejemplo concreto es la campaña alfabetizadora de Cuba durante el año 1961-, la tendencia crítica que comienza a defender la idea de "Políticas de Comunicación" tiene lugar en la década del '70, con las reuniones de París y Bogotá, hasta culminar en la Conferencia de Ministros de San José de Costa Rica. Así, la planificación de políticas de comunicación empezó a tener lugar en esferas oficiales, privadas y "contestatarias". La pregunta a formular es, otra vez: ¿A qué se define como "Otra Comunicación"? Capriles establece bases para la confección de este "paradigma": “a) Se trata de establecer una interrelación dialógica, con igualdad de intervención de los participantes, la posibilidad permanente y factual de reversibilidad de los polos emisión -recepción, (posibilidad que para ser real debe fundarse en ciertas reglas del intercambio, no del todo fáciles a establecer para los grupos, o para la revisión de todas las relaciones no reductibles al modelo y por tanto, algún tipo de enfrentamiento con los modos de difusión dominantes, o con los modos de comunicación patológica o anómala que tienden a plantear los seudo-diálogos o falsa participación. No se olvide que es un modelo ético. b) Para que ese otro modelo se legitime plenamente, es necesario que se comunique sobre todo. Al menos sobre todo lo que reviste interés social o comunitario. De allí la pretensión exhaustiva y globalizante del modelo. Solo sería simulación si el modelo no estuviera al servicio de la discusión y manejo (toma de decisiones) de los asuntos comunitarios y sociales. En todo caso, se trata de la dimensión social dada por lo comunicado. Se trata del sentido de la producción, circulación y recreación del sentido. Y ese sentido que tiene tal producción, tal circulación y recreación, es el sentido político de la existencia social. c) Pero un modelo de comunicación alternativa sí recoge en su formulación el aquí y ahora de la existencia social, debe afrontar la existencia de las grandes redes institucionalizadas de difusión o de intercomunicación, con su componente técnico predominante, con su carácter burocrático, sus problemas de organización, su impacto social eventual, y su morfología relacional predominantemente unidireccional, no dialógica, en principio intransitiva y democrática”. Cabe destacar que en el análisis de Capriles, no obstante, existe un planteamiento de desarrollo del modelo al margen de los procesos dominantes, del uso oficial y del Estado. No obstante, un cuarto fundamento descripto por Capriles contempla el uso de los medios "dominantes" como posibles objetivos de la comunicación alternativa a partir de una política de asegurarse

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la participación de los ciudadanos en el manejo de los mismos. Así, se propone replantear el uso social general del aparato hasta ahora manipulador. Por supuesto, la práctica de este último postulado, principalmente en cuanto a la participación en la toma de decisiones en la organización de estos medios, no sólo es ambiciosa, sino que carece de experimentación en la realidad. Pero no toda forma "participativa" u "horizontal" constituye en sí un modelo planificado, ya que debe estar encuadrado en el ámbito del conocimiento sobre las redes, organización, empresas, responsabilidad en el manejo de las mismas, e idoneidad en dicho manejo. En la descripción que Capriles realiza sobre algunas experiencias y planteamientos teóricos dentro de los temas "políticas-experiencias alternativas" en Venezuela, destaca, por ejemplo, que la implantación de "alternativas" educativas a través del uso de medios masivos según el modelo difusionista, con el refuerzo-estímulo-ampliación de grupos ad-hoc no tuvo gran desarrollo en el país. Señala, además, que no obstante un movimiento relativamente permanente de apoyo a experiencias variadas se instala en ciertos grupos católicos, entre los que se destacan algunos grupos establecidos alrededor de ciertas parroquias urbanas de Caracas, en los años sesenta, grupos de investigadores como el Pellín, ya mencionado, y la iniciativa paralela de Cuadernos de Educación, perteneciente al mismo núcleo redactor de la revista SIC, órgano periodístico contestatario católico. El centro Pellín se caracterizaba por alentar y ayudar a numerosos grupos barriales y comunidades, suministrando programas audiovisuales, cassettes, diapositivas, materiales de apoyo y equipamientos en préstamo. Si bien la idea de "alternatividad" empieza a desarrollarse en los '60, Capriles marca acento en movimientos políticos y oposiciones culturales de toda índole a inicios de los '70, en parte suplantando a la "insurrección guerrillera de los '60". Revistas y experiencias cinematográficas comprometidas con sus posiciones políticas "alternativas" o de "oposición", son antecedentes de otro tipo de experiencias, como la proliferación de periódicos impresos de zonas urbanas y barrios, dedicados a problemas específicos y a la defensa de los intereses de sus habitantes; en algunos casos con características de distribución semejantes a las publicaciones "industriales". Proliferaron, además, juntas de vecinos, comités de barrio, y otro tipo de mini-organizaciones. Por supuesto, "Comunicación Alternativa" y "Políticas de Comunicación" no necesariamente son conceptos equivalentes, y durante los años '70, la discusión se centró principalmente en el segundo postulado. Muchos investigadores, como Antonio Pascuali, Luis Ramiro Beltrán, Romero San Jinés y Carlos Ortega elaboraron y diseminaron los planteamientos sobre este tema, bajo el patrocinio de la UNESCO. Según Capriles,

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"las políticas de comunicación se convierten pronto en un gigantesco campo de batalla entre los adalides de la empresa privada, empeñados en temer la estatización de los medios, y los zarandeados investigadores y planificadores, sacudidos entre embates de los medios masivos y marchas y contramarchas de los gobiernos. La primera batalla en forma de esa guerra ideológica fue la famosa Conferencia de Costa Rica, en la que Venezuela hacía un bonito papel de líder para las graderías, mientras claudicaban sus gobernantes en todo tipo de concesiones a la empresa privada de la difusión masiva en la política interna". Un proyecto muy importante fue el RATELVE, elaborado en 1975 por el CONAC, que generó una serie de autocríticas sobre el rol de los medios y las investigaciones de y sobre los mismos. Las conclusiones se vieron en el ámbito del III Encuentro de Investigadores de la Comunicación celebrado en Caracas, en Noviembre de 1976, así como en la Reunión de Expertos en Panamá de diciembre de 1978. ¿Cuál era el problema que impedía concretar la práctica de una política de comunicación? Los investigadores eran conscientes del mismo: se hacía difícil ofrecer un modelo que pudiera superar la vigente organización de difusión comercial característica de los medios masivos, además del poder acumulado allí, ya que el resultado podría haber sido caer en un estatismo difícil de justificar sino peligrosamente "corporativo", porque la formación social de por sí no tenía bases que acompañaran a una reordenación de la "difusión cultural" planificada desde los medios masivos. Justamente, más allá de los medios, existen temas que parten estrictamente de lo social, y de los cuales no está excluida la Argentina: se trata del acceso, participación y, principalmente, del derecho a la comunicación. Es por este motivo que no siempre es un equivalente hablar de experiencias alternativas y política comunicacional. Cabe destacar, aunque Capriles no haga mención de esto, que finalmente el proyecto RATELVE no se aplicó, pero algunos detalles fueron contemplados por las empresas privadas, para evitar, justamente, una estatización de dichos principios. Entre las acciones concretas, se halla la preservación de archivos y patrimonios culturales, así como servicios referentes a lo comunal y lo educativo. Aún sin el planteamiento "oficial" de una política, desde lo empresarial sí existió desde entonces una política de movimiento, dedicada a defender, desde el sector privado y con las reglas de competencia y mercado, lo social y sus intereses.

Los conceptos sobre Políticas de Comunicación de Margarita Graziano.

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Margarita Graziano, doctora en Sociología y coordinadora de la especialización en Políticas y Planificación de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, supo en su vida fusionar su tarea de lucha por la democratización de los sistemas de comunicación (lucha que no cesó durante su exilio en Venezuela, donde también trabajó en esta dirección y siguió su formación académica) y la docencia. El autor de estas líneas se ha visto sumamente influenciado por la visión y los conceptos políticos que la profesora Graciano ha compartido junto a sus compañeros de cátedra t carrera. Por este motivo, consideramos oportuno citar las directrices generales para una Política de Comunicación Social que ella ha expuesto en las aulas: • • Promover y defender la garantía constitucional del derecho ciudadano a la libre expresión del pensamiento. Propiciar el derecho a informar y a ser informado veraz y oportunamente como requisito fundamental en la consolidación de la estabilidad democrática y como factor de integración, formación de opinión y participación. Garantizar el acceso de los más amplios sectores de la población a los servicios de comunicación a través de una política de maximización de coberturas basada en el principio de la necesidad de dar respuesta a las necesidades de servicio por parte de la colectividad y no en los criterios comerciales del mercado. Promover la paulatina participación de la población en los procesos de producción y emisión de mensajes. Fomentar la producción nacional a través de la fijación de cuotas de participación de talento vivo del país. Revertir el agudo centralismo que afecta al sistema de medios en el país reivindicando la vigencia e importancia de la producción regional como requisito indispensable para la defensa de las identidades culturales propias de cada zona del país. Y como condición básica para el aprovechamiento del talento y de los recursos de las mismas. Vincular y articular los contenidos comunicacionales con los distintos esfuerzos que en el campo económico, social y cultural se efectúen con el objeto de mejorar la calidad de vid de los ciudadanos. Propiciar la presencia activa del país en el debate internacional para la búsqueda de un orden informativo más justo y equilibrado. Promover mecanismos de intercambio con el objeto de lograr una mayor presencia informativa del interior en los medios de capital Federal.

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Promover la búsqueda de fuentes alternas en el campo de la importación de programas, siempre de acuerdo con una selección que respete en el plano de los contenidos las metas fijadas para el sistema de medios. Regular y orientar la actividad publicitaria comercial en los medios, tanto desde el punto de vista de la fijación del tiempo asignado a la misma como desde la óptica de los contenidos. Diseñar e implementar programas de capacitación y reciclaje para los recursos humanos del sector. Promover la investigación en el área, orientándola básicamente hacia la detección de las necesidades sociales en materia comunicacional y hacia la formulación de proyectos de solución a dichas necesidades.

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Para culminar, cabe citar un concepto esgrimido por Ignacio Ramonet, a quien puede atribuirse la creación del concepto de “pensamiento único” que intenta imponerse en el sistema de medios y construcción ideológica, y director de Le Monde Diplomatique, en un panel que estuvo también integrado por Margarita Graziano, Carlos Gabetta (columnista Trespuntos; director, Le Monde Diplomatique en la Argentina), entre otros, titulado “Globalización de la información y concentración de la propiedad de los medios”, que: “Hoy en información se alcanza el límite posible de la velocidad: la instantaneidad. Es la velocidad de la luz. Esta velocidad crea problemas. Por ejemplo, una información en directo tiene un valor añadido. La prensa escrita tiene más dificultad de dar una información en directo. Esta velocidad hace que los periodistas, que antes representaban para el ciudadano una garantía en cuanto a la calidad de la información en la medida que filtraban y probaban la información para ver si no tenía elementos manipuladores, sean hoy instantaneístas, sólo retransmisores y mediadores de la información sin tiempo a probarla. Lo hemos visto en la Guerra del Golfo, en Ruanda y seguramente lo veremos en Kosovo. Estamos asistiendo a un fenómeno interesante. Las Malvinas es un caso testigo. No querían que fuera otro Vietnam entonces la relación de los poderes políticos con los periodistas cambió de manera radical y apareció lo que se llama hoy "el modelo Malvinas". El modelo Malvinas es el que los norteamericanos van a aplicar en Granada en el '83, en Panamá en el '89 y en el Golfo en el '91. Aparece un sistema en el que esta sobreabundancia se va a utilizar de una manera radicalmente nueva”. Pensar, entonces, en el derecho a la información, no es premisa de los periodistas y quienes controlan los medios de comunicación, sino una imperiosa necesidad de la sociedad, lo que lleva también a la obligación de adentrarnos en cuáles son esos derechos, qué podemos hacer y cuál es la ingerencia que el

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público puede tener en el sistema de comunicación cuando éste atenta contra la democratización de la información.

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